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martes, 24 de enero de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO: “EL DEVENIR DE LA EXISTENCIA HUMANA”

Entramos en  un nuevo año.  Nuevos sueños, nuevas expectativas, nuevas realizaciones y nuevas frustraciones. Es el devenir de la existencia humana. Es imposible que el ser humano se realice plenamente, siempre será un proceso, un deber ser, un proyecto a seguir. Unas metas y oportunidades.
Se habla de 2012 como año apocalíptico, de predicciones de todo tipo, de grandes desastres naturales, de malos augurios, etc.  En realidad, el mundo se comenzó a acabar desde que se inició y nuestra existencia-como dice el filósofo existencialista Frederick Nietzsche- es un tránsito y un acabamiento. Nadie puede negar el determinismo dialéctico en el sentido, que comenzar a vivir es comenzar a morir. El mundo se nos acaba desde el momento en que transitamos del ser al no ser, es decir, de la vida a la muerte.
Mientras tanto, debemos preocuparnos por la construcción de una sociedad mejor, con una profunda connotación ética y axiológica. Ética porque debemos procurar en todo aspecto el bien moral; y axiológica porque se necesita de una verdadera transmutación de valores que haga posible la formación de un hombre diferente, unido por lazos de solidaridad. El hombre  contemporáneo  está más motivado por los  apetitos relacionados con el  poder económico y político y se ha deshumanizado.
Encontramos un mundo  injusto, inequitativo, indiferente y por lo tanto tedioso. Todos ansiamos la felicidad pero desestimamos los medios para alcanzarla. La felicidad se encuentra en las cosas sencillas de la vida. En la cohesión familiar y social, en  la Naturaleza, en nuestras relaciones espirituales, en la presencia de Dios y  en todo aquello  capaz de hacernos mejores seres humanos.
Circunscribir la felicidad a las conquistas del poder económico y político es un grave error. La ciencia política nos enseña, que en donde más se siente la soledad es en el ejercicio del poder. Y peor cuando se deja de ejercer.  Precisamente, porque por  mucho que  se haya pretendido gobernar  lo mejor posible, habrá ingratitud.  Pero   quedará la satisfacción  del deber cumplido y eso solo es posible desde la ética. Los peores ‘amigos’  son los que se adquieren con y en  la política.
Hay que fomentar la amistad en la construcción de una nueva sociedad venezolana. La lealtad y la solidaridad contribuyen notablemente.  Sócrates, ese eminente filósofo griego sustentaba que una de las principales misiones del hombre es hacer amigos. Sin embargo, muchos piensan que ser amigos, es ‘tolerarles’ una serie de errores y actitudes que van en contravía de una sociedad feliz.
Los verdaderos amigos se dicen las verdades, así muchas veces esas verdades no sean las que los oídos quieran escuchar. Un connotado filósofo español como Fernando Savater con contundencia afirma que las amistades que no se adquieren y se mantienen con la nobleza del alma sino con el interés, jamás nos servirán en los momentos difíciles.
En un mundo globalizado y sistematizado como el actual, con aquello de las redes sociales, equivocadamente muchos ‘cuentan’ con muchas amistades, pero eso no es más que un sofisma. La vida misma nos da ocasiones para discernir y cernir las verdaderas amistades. Son escazas, hay que preservarlas y promoverlas para ir construyendo de manera paulatina el verdadero tejido social.

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domingo, 25 de diciembre de 2011

JESÚS F. BRICEÑO: JOSÉ MARÍA LASSALLE, UN LIBERAL MARIANISTA, PARA LIDIAR CON LA HERENCIA DE SINDE (DESDE ESPAÑA)

La Ley de mecenazgo, prioridad del nuevo Secretario de Estado de Cultura

José María Lassalle (Santander, 1966), diputado por Cantabria y responsable del programa electoral en materia de Cultura del PP, accede a la Secretaría de Estado de este departamento, antes con categoría de ministerio, en una fecha muy señalada para un liberal que se precie, justo cuando estamos a punto de conmemorar el 200 aniversario de las Cortes de Cádiz y de la promulgación de la primera Constitución democrática y liberal de nuestra historia.

Lassalle llega al puesto de vice-ministro de Cultura, bajo la dirección de José Ignacio Wert, envuelto en un halo de expectación, ya que pocos puestos en el Gobierno tienen tanta exposición pública como la suya y despiertan tantas pasiones encontradas. Hereda un ministerio devaluado a Secretaría de Estado, en aras del ajuste presupuestario, marcado por la impronta de su antecesora, Ángeles González-Sinde, que puso la prioridad de su gestión en las subvenciones al mundo del cine y que, además, dio nombre a una de las iniciativas legislativas más polémicas del gobierno Zapatero, la que trataba de regular y combatir las descargas ilegales en Internet, que ha pasado a la historia como la ley Sinde.

Pero esta cartera es algo más que cine e ilícitos en Internet, de ella depende, a pesar de que muchas de sus áreas de influencia están transferidas a las comunidades autónomas, la conservación del ingente patrimonio histórico; los grandes museos nacionales en donde se exhiben verdaderas joyas de la pintura, la escultura y las artes decorativas; la todopoderosa dirección general del libro, archivos y bibliotecas; los archivos históricos, especialmente el más sensible como es el de Guerra Civil radicado en Salamanca; el teatro y las artes escénicas y, como, no, el cine y ese complejo entramado de apoyos y subvenciones que ha desvirtuado la creación para convertirla en una ventanilla de acólitos agradecidos.

José María Lassalle va a tener que hacer gala de su mejor mano izquierda para templar y mandar en una Secretaría de Estado que se enfrenta, primero, a digerir su propia organización interna en un escalón más bajo en categorías laborales y sueldos y, en segundo lugar, utilizar la regadera de las subvenciones sin que ese método aniquile el talento inherente a cualquier iniciativa en el ámbito de la cultura y la creación artística.

En tercer lugar, debe desarrollar la creación de la industria cultural española en el ámbito exterior, en un complejo encaje de bolillos con el ministerio de Asuntos Exteriores. Cesar Antonio Molina perdió esa batalla frente a Moratinos y González-Sinde se abstuvo de presentar ninguna iniciativa en este sentido, volcada como estaba en otras prioridades. Recuperar la acción cultural en el exterior  desde una secretaría de Estado se antoja harto difícil, por mucho que se pretenda, como ya ha apuntado Lasalle, hacerlo a través del buque insignia del Instituto Cervantes.

Me atrevo a vaticinar que la gestión de José María Lasalle no va a pasar inadvertida. Lasalle es un diputado con ideas propias dentro del  Partido Popular y un liberal atípico que es visto con cierto recelo por parte del ala “ortodoxa” que encabeza Esperanza Aguirre. En la batalla ideológica y personal desatada a raíz del Congreso de Valencia, Lasalle se decantó por los marianistas en un difícil equilibrio entre socialdemócratas y democratacristianos, amén de los reciclados del ala más dura del aznarismo.
Un liberal en busca de la virtud

Lasalle hace gala de un liberalismo económico que no huye de la regulación y lo ha dejado plasmado en su libro “Liberales, compromiso cívico con la virtud”. Ha sido profesor en varias universidades como la de Cantabria, CEU y Rey Juan Carlos, en la que imparte clases en la actualidad. Ha sido Director de la Fundación Carolina del Ministerio de Asuntos Exteriores, así como Secretario Nacional de Estudios del Partido Popular, Secretario Nacional de Cultura y portavoz adjunto del Cultura del Grupo Popular.

En su libro, que hoy se busca para conocer mejor al nuevo Secretario de Estado de Cultura, expone la necesidad de recuperar los principios del liberalismo del siglo XIX para volver a las ideas virtuosas de sus padres fundadores: John Locke, Adam Smith y Edmund Burke. Dice que los liberales tienen por delante  la responsabilidad de enfrentarse a sus propios fantasmas y liderar nuevamente la defensa de una política del deber, y no del beneficio. Se declara “tolerante” actitud que adquiere una seña de identidad cultural. Y  añade: “que ante la mayor crisis de las últimas décadas urge recuperar la virtud y los valores, una tarea para la que los liberales están mejor capacitados que nadie…”. Todas sus biografías destacan como un ejemplo práctico de convivencia tolerante la de su propio matrimonio con la diputada socialista (PSC) Meritxell Batet, así como sus planteamientos sobre libertades y reconocimiento de derechos individuales más próximos a la izquierda.

Su primer reto, redactar y presentar el Proyecto de ley de Mecenazgo Cultural anunciado por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, tras el primer consejo de ministros del nuevo Gobierno, así como impulsar una política de austeridad sin estrangular muchas iniciativas culturales generadoras de empleo, que pueden verse en peligro si los recortes anunciados se aplican de forma indiscriminada. La polémica Ley Sinde puede esperar…

Jesús F. Briceño

25 diciembre, 2011 | Por Logopress - Editor | Categoría: Noticia destacada | Imprime esta noticiaEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

domingo, 18 de diciembre de 2011

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: PIDO LAPALABRA / CUANDO IMPERA LA VILEZA

La vileza es propia de quien tiene por alma un acelerador de mala fe. Bajo la vileza se esconde todo lo que es despreciable y bajo. Por eso se vincula con la maldad y la traición.
Quien sigue esos caminos de bajeza y villanía, termina urdiendo canalladas y engaños ya que se convierte en un producto de la ociosidad social y de la incorrección política.
     Tanto que el novelista francés Víctor Hugo asentía que “cosa en verdad extraña es la facilidad con que los malvados creen que todo les saldrá bien”. Y tanto lo procuran quienes así se mueven, que hacen de la insolencia una virtud que hasta llega a caracterizar el oficio de político. Sobre todo quienes como políticos cometen el error de creer que su práctica no considera necesaria ninguna preparación. Salvo la que implica asegurar el poder por aquello que significa el usufructo desmedido del poder.
Este exordio vale para explicar lo que sucede en el caso de quienes llegan a gobernar sin el más mínimo sentido de ética, moralidad y civilidad. La historia política contemporánea es testigo de gobiernos (militares) que por obtusos y mediocres, sólo entienden que entre dos caminos malos deben tomar el peor. Y es el padecimiento de Venezuela por olvidar que todo gobierno (militar) ha traído tormento, hambre, opresión y mucho terror. Cualquier experiencia pasada es reveladora de la incapacidad del militar para comprender la complejidad de gobernar. Más aún en democracia.
Negar la magnificencia de la educación como pivote del desarrollo económico y social es condenar toda posibilidad de construcción de la nación sobre un fortalecido cimiento de valores y principios de justicia social y responsabilidad política. Obstruir el crecimiento de la institucionalidad sobre la cual se depara la educación en cualquiera de sus niveles de aplicación y estudio, es simplemente un ejercicio de vil conspiración contra la dinámica social y la movilidad política en el marco de la pluralidad y del respeto ciudadano.
Es confabularse con las fuerzas de la demagogia para contener las fuerzas de las libertades mediante la transferencia de migajas de un sector de la sociedad a otro.
 Pero también, a través de la villanía contenida en cada decisión disfrazada. Particularmente, aquellas envueltas por la maraña del denominado socialismo del siglo XXI.
Resistirse a seguir la pauta del desarrollo integral con el auxilio de represalias bajo la forma de amenaza, forjamiento de información pública, inclusive expoliaciones encubiertas a través de expropiaciones o confiscaciones, constituye un delito de lesa humanidad que bien merece la reprobación del mundo entero. Y es lo que, apesadumbradamente, vive Venezuela, razón por lo cual el gobierno (militar) busca contener y someter toda acción concebida bajo el concepto de libertad y autonomía pues esa tentatoria del autoritarismo que sirve de criterio funcional al hecho descarriado de gobernar apoyándose en criterios de crasa perversidad.
En medio de estas situaciones, el país está conduciéndose por la senda equivocada. Para poco o nada ha servido una normativa constitucional cuyos postulados exaltan procesos administrativos que podrían coadyuvar una justa y eficiente labor de gobierno. Sin embargo, el afán de lucro que incita un poder mal comprendido ha sido la causa de los problemas que agravan las realidades que confronta el país. Concretamente, cuando lo que domina la intención y acción de estos gobernantes militaristas es la ruindad de la nación. Es decir, cuando impera la vileza.
VENTANA DE PAPEL
“SI NO GANO, ARREBATO”
A lo Jalisco es cómo actúan las hordas del oficialismo cuando políticamente se ven derrotadas. “Si no gano, arrebato”, la cual como frase mexicana es toda una divisa, es el criterio a partir del cual los oficialistas ponen en práctica sus tácticas de violencia.
Así ha venido sucediendo a lo largo de estos años de gobierno militarista en cualquier  escenario institucional venezolano, cuando los afectos al régimen comienzan a reconocer que la victoria es inalcanzable. Saben que pueden obtenerla mediante argucias o trampas disfrazadas de legalidades. Sin embargo, la consciencia crítica democrática no lo permitiría.
Y en efecto, eso mismo fue lo que signó la violencia suscitada en la Universidad Central de Venezuela en días pasados toda vez que se vieron perdidos en medio del proceso eleccionario que determinaría el cuadro estudiantil que asumiría responsabilidades de cogobierno universitario para el lapso 2012-2015.
Con ínfulas de “guapetones de barrio” y provistos de bombas lacrimógenas, niples y armas de fuego, irrumpieron y afectaron ámbitos universitarios para interrumpir las elecciones y sus correspondientes conteos pues para estos personajes de pacotilla no valen los votos, sino la fuerza de la violencia ejercida con el fin de infundir miedo y así justificar mecanismos de intromisión que conduzcan a reducir la autonomía universitaria a su máxima expresión.
 Tan coordinadas son tales acciones, que en la Asamblea Nacional, la fracción del PSUV rechazó debatir los hechos acaecidos en la UCV. No obstante, se impuso la razón de la mayoría de estudiantes universitarios que apoyaron la disposición del movimiento democrático “Viva la U” con una votación que aventajó al oficialismo en casi un 98%.  Tendrán que cambiar su criterio por el de “si no gano, es porque he perdido”.
DECRETO POLUTO  Y EXTEMPORÁNEO
Aprovecharse de las facultades que le confiere la cuestionada Ley Habiltante sigue siendo una de las muchas debilidades que exhibe el presidente de la República cuando se trata de embestir la legalidad democrática venezolana.
Vuelve a pasarle por encima a la Constitución de la República cuando según decreto de la Presidencia de la República Nº 8627, del viernes 9 Diciembre 2011, decide la creación de “51 áreas vitales de viviendas y residencias (AVIVIR) las cuales estarán destinadas a la construcción de viviendas”.
Así que con el pretexto de “lograrla mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo (…)”, ordena destinar áreas universitarias a la edificación de viviendas familiares o multifamiliares. Ello al margen de dichos terrenos ubicados en zonas de La Liria y Campo de Oro, han sido dirigidos a la construcción de infraestructura académica y de servicio universitario necesaria para la funcionalidad de la Universidad de Los Andes.
Ahora pueden atarse cabos y entender cómo el gobierno central se vio en la necesidad de mandar la caterva de revoltosos, con el apoyo del gobierno regional, a entorpecer la movilidad universitaria y de la ciudad para de esa forma poder actuar a la sombra de la asechanza. Tal como actúan los pusilánimes de la política. Sin embargo no notó quien ordena tan grosera expropiación, que la misma peca de absoluta nulidad por cuanto el presidente carece de facultades para obstaculizar preceptos constitucionales que refieren el uso de suelos urbanos cuyo utilidad pública (sobre todo tratándose de terrenos para uso educativo) no puede verse afectada por otra motivación. Esto no es otra cosa más que usurpación de tierras dedicadas a este tipo de aplicación, lo cual es ilegal por donde se vea. No hay de otra. Por tanto puede concluirse que este es un decreto poluto (manchado de vicios) y además extemporáneo.
¡CHÚPESE ESA MANDARINA!
Habrá que retomar la expresión del periodista Oscar Yanes para desconfiar de la ecuanimidad del Tribunal Supremo de Justicia cuando ordenó desaplicar el artículo 471 del Código Penal de Venezuela, que define como delito la invasión de la propiedad privada.
Sin embargo, no ha de extrañar tal decisión toda vez que el régimen ha creído que Venezuela es un cuartel donde las órdenes no se discuten. Sólo se obedecen. A pesar de lo ridículas que son y de la impunidad bajo la cual las mismas se dan. De ahí que había que contar con cuadros sometidos en los poderes públicos para que así pudiera haber congruencia en cuanto al modo de destruir al país mediante ejecutorias absurdas e ilegales como éstas.
Razón hay en la opinión de Andrés Moreno Arreche para hacer ver que en lo sucesivo habrá que darle la bienvenida a Venezuela a toda persona que funja de invasor o usurpador. Es decir que cualquiera podría invadir la propiedad de otro, se arural o urbana, alegando la conditio legis como criterio judicial y así reclamar un trato similar a los dos beneficiarios que dieron origen a este exabrupto jurídico.
Tal como manifiesta Moreno Arreche, “no queda otra opción que darle la bienvenida oficial y legal, a todos los invasores y usurpadores, aunque yo no dejo de preguntarme, muy secretamente, si tal jurisprudencia podría aplicarse en el supuesto negado que los Yankees le tomen la palabra y la jurisprudencia a la señora Morales y se decidan de una buena vez invadir este mega predio rural que llamamos Venezuela”. ¿Entonces? ¡Chúpese esa mandarina!
¿LECCIÓN APRENDIDA?
En los albores de una campaña electoral se multiplican las promesas de un Chávez populista, demagogo. Un Chávez que juega con el dolor de la gente. Un Chávez que busca manipular a los más necesitados ya que lo único que en “por ahora” lo obsesiona son los votos.
Para él, cada pobre vale simplemente un voto. El “por ahora” presidente de Venezuela, se apresura a maquillar cifras con el concurso de sus genuflexos. Aunque en verdad, poco le importa que tal adulteración de las realidades contraste con la miseria, la inseguridad y la desigualdad que vive el país. Acaba de sacar debajo de la manga de su chaqueta de comandante edulcorado, cuanto regalito se le ocurre a cambio de un voto.
De niñas prematuramente convertidas en madres, pasó a hacer proselitismo con los ancianos a manera de mostrar una imagen de su persona que enamore políticamente a cuanto iluso pueda. Al mismo tiempo que ha sembrado odio y violencia, intenta revertir su discurso cambiándolo por el de un misionero de la paz. Cuando toda Venezuela ya conoce de sus mañas. Sin embargo, el país político está preparándose rebasar el vergonzoso período que ha durado en el poder. No hay duda de que Venezuela saldrá de esta situación. La lección se ha aprendido. La sociedad democrática está lista para iniciar la construcción de un futuro que promete aun cuando lleno de retos importantes. En el fragor de ese inaplazable esfuerzo, será necesario la contribución de todos para así llevar a Venezuela al sitial que por derecho y herencia histórica le corresponde Este pasado ha representado para el país, una lección aprendida.

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lunes, 12 de diciembre de 2011

ZENAIR BRITO CABALLERO: ES PERENTORIO QUE RESCATEMOS LA ÉTICA Y LA MORAL PÚBLICA

Expresó hace algún tiempo el escritor mexicano Oscar Diego Bautista, que para gobernar y gobernar bien, es necesaria la máxima capacidad, lealtad y excelencia de quienes deliberan y ocupan los cargos en el Estado. Personas que, además, posean integridad acompañada de un conjunto de valores, hechos,  principios, una filosofía que contenga la idea de bien común, así como un espíritu de servicio. Personas que comprendan que el deber está por encima del poder.
Las anteriores palabras, cobran más vigencia que nunca hoy en Venezuela  y en nuestras ciudades, pues lastimosamente nos hemos convertido en la antítesis de lo que debería ser la administración pública. Solo basta observar los hechos a nuestro alrededor que lamentablemente ya se han vuelto cotidianos: Diputados, Gobernadores, Alcaldes, Ex alcaldes, Concejales, inhabilitados, suspendidos, con procesos judiciales, presos, funcionarios con órdenes de captura. Servidores públicos que alguna vez juraron ante Dios y las autoridades cumplir y hacer cumplir las leyes, pero que terminaron desviándose.
Al mirar estos casos, es inevitable lamentar a lo que puede llegar la condición humana con el fin de obtener poder y riqueza, las dos cosas que más anhelamos tener y que se han convertido en el estereotipo más atractivo para una sociedad venezolana carente de valores que ha consentido con prácticas y comportamientos amorales y delictivas, a las que con su silencio cómplice les ha hecho apología.
En los tiempos de antes, como dirían nuestros padres y abuelos, ser un servidor público, era un honor y cualquiera que cayera en desgracia, para utilizar el mismo lenguaje de los ancestros, se consideraba una afrenta no sólo para la familia, sino para la sociedad, hoy ni siquiera nos inmutamos cuando los funcionarios públicos son cuestionados y exhibidos ante la opinión pública, hoy ser servidor público  es solamente el  medio para obtener un fin, que no es precisamente el bien común sino personal.
El escenario actual, en el que diariamente un nuevo escándalo de corrupción aflora, no es más que la radiografía de una enfermedad que ha hecho metástasis en todo los estamentos públicos venezolanos, pero también privados, que han socavado los pilares de los principios, las buenas costumbres, el sentido del deber, la decencia, la honestidad y por supuesto los de la ética pública.
Sólo de esta manera puede entenderse como se fraccionan contratos, se piden sobornos, se ofrecen recompensas, se favorecen a amigos y familiares con contratos multimillonarios, se amañan licitaciones, se inflan precios, se paralizan las obras, disfrazan objetos contractuales, explotan a los trabajadores bajo las garras infames de las cooperativas, se arrastran para delinquir, se roban ó desvían los dineros de la salud, los de la educación, los impuestos, conductas todas ellas que además de delictivas que le causan un monumental detrimento al Estado, son signos de la decadencia total.
Por todo esto, es perentorio que volvamos a los cimientos, a esos que una vez nos hicieron una Venezuela honorable, donde se reprochaban públicamente a los delincuentes fueran del pelambre ó de la alcurnia, aquellos que enseñaban que los dineros públicos son sagrados.
Es perentorio que rescatemos la ética y la moral pública, y no es un discurso ó posición romanticona ó idealista, es que es la única manera en que no terminemos de perdernos y que dejemos las bases firmes para que las generaciones que se están levantando vean un buen ejemplo a seguir.
La administración pública para que sea una verdadera casa de cristal, debe ser transparente en su servicio con los ciudadanos, pues son ellos precisamente quienes justifican su existencia.
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viernes, 4 de noviembre de 2011

IVÁN OLAIZOLA D’ALESSANDRO: EL EJEMPLO DADO POR DIRIGENTES DEMÓCRATAS (PARANINFO)

No es la enfermedad, es el pueblo en las urnas que lo sacará.
En esta época de deterioro moral y ético de la actividad política, la actitud asumida por algunos dirigentes democráticos dentro de la MUD es digna de encomio y debemos resaltarla. Todos los precandidatos, con casi ninguna excepción, tenían suficientes credenciales y derecho a aspirar a ser el abanderado de las fuerzas democráticas del país, para derrotar al “comandante en jefe” de la llamada revolución socialista, eufemismos del castro comunismo más obsoleto que ´nos lleva por un despeñadero. Sin embargo muchos de ellos revisaron conscientemente cuales eran sus reales oportunidades y de esa evaluación prefirieron declinar sus legítimas aspiraciones, retirándose elegantemente, sin causar trauma alguno, para apoyar a otro compañero de lucha con mayores posibilidades o quedarse como una especie de agentes libres, con suficiente moral y autoritas, para emitir juicos importantes en la conducción y orientación de la campaña electoral que se  avecina y del respectivo programa de gobierno que se le deberá presentar al electorado.
El primero en tomar esa importante decisión fue Oswaldo Álvarez Paz, exitoso ex gobernador del Zulia, ex candidato presidencial y victima temporal de otro de los comandantes felones del 4F. Siguió el ejemplo otro socialcristiano, también ex candidato presidencial, que por cierto cuando compitió y llegó en segundo lugar obtuvo más votos que los que sacó el teniente coronel felón cuando ganó las elecciones  en 1998, siendo el padrón electoral mucho menor, nos referimos Eduardo Fernández a quien en buen media le debemos la derrota infringida a los facinerosos del 4F cuando salió pro TV a respaldar el gobierno constitucional y democrático de Carlos Andrés Pérez, el mismo que lo había derrota electoralmente y que era su contrincante ideológico, pero que en ese momento más pudo su convicción democrática y sus principios y su respeto a la institucionalidad del país que cualquier otra consideración. Paradójicamente muchos piensan que con esa actuación enterró definitivamente toda posibilidad de dirigir este país. A lo mejor se podría parafrasear que Eduardo es el mejor presidente que jamás tendremos. Luego vimos como un hombre batallador, el único que ha derrotado al teniente coronel en la capital de la república al ser electo Alcalde Mayor, gobernador y alcalde exitoso de la etapa democrática, nunca señalado, no por sus más acérrimos enemigos,  como corrupto o cosa similar, depuso sus aspiraciones presidenciales en una actitud que lo convierte en uno de los venezolanos que definitivamente debe ser referencia obligada para tratar las cosas públicas. Antonio Ledezma, mi candidato y creo que el de mayor experiencia política y administrativa en las cosas de gobierno, prefirió darse a un lado una vez conocida la decisión de su partido, porque él sigue siendo un adeco de corazón, de apoyar a otro candidato, también socialdemócrata salido de las filas del partido del pueblo, sin ningún reconcomio ni odio. Como un caballero, estoicamente, aceptó lo resulto por AD y tomó la decisión que consideró correcta, pero no solo eso, felicitó a quien salió favorecido y se puso a la orden de la Mesa de la Unidad Democrática, sin comprometerse con candidato alguno, sin pedir nada, sin exigir nada, para trabajar a tiempo completo por el triunfo de la democracia y la derrota del castro comunismo.
También declinó su postulación la Dra. Sosa, y cuando escribo este paraninfo no sé cuál será la decisión del ex ministro y ex embajador Diego Arria y del dirigente radical  Pablo Medina, pero seguro estamos que será la más conveniente para la unidad de la oposición democrática. Pero en todo caso, los candidatos de la oposición “si saben dónde están parados” y han estudiado mucho, no son lectores de tapas y contratapas de libros, ni tienen una indigestión bibliográfica, como parece ser el caso del candidato del gobierno. Y mucho menos son improvisados; improvisado es aquel que salió de un cuartel con las armas de la república a crea el caso y asesinar inocentes. Ente Pablo Pérez, Capriles, López o María Corina, estará el próximo presidente de Venezuela. Con cualquiera de ellos regresaremos a ser un país serio, de trabajo, de desarrollo y progreso, de respeto al Estado de Derecho, a la Constitución y a los derechos humanos, con instituciones y poderes autónomos e independientes, con un ciudadano presidente, no un “comandante presidente”, se erradicará el odio y la discriminación, el color y partido único, el disparate, la locura, el adulantismo. Volveremos a ser felices.
Iolaizola@hotmail.com
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martes, 1 de noviembre de 2011

ZENAIR BRITO CABALLERO: LA POLITICA ES UN ASUNTO MORAL Y UN COMPROMISO PÙBLICO

La política como el arte de influir en la conciencia de la gente es, por principio, asunto moral, dado que lo positivo o negativo de dicha práctica tiene consecuencias respecto a los intereses de la comunidad. La política es un compromiso público, que ha de hacerse de modo responsable y transparente, evitando ante todo el interés de lucro personal, la mezquindad y la manipulación de politiqueros de ocasión y la presencia de los delincuentes.

La política se dirige a la persona, para convencerla o persuadirla de las bondades de determinados proyectos relacionados con la sociedad, porque la política se sustenta en creencias, anhelos de vida y dignidad humana, que vienen a ser, a su vez, los fundamentos morales en los que se soporta la vida en comunidad.

La dirección del desarrollo social tiene lugar en comunidades particulares. Es función de la política, por tanto, hacer efectivo todo lo correspondiente con los planes y proyectos requeridos para tal propósito.

En razón a esto, y por la experiencia, se forja un carácter comunitario que define la forma en que se ejecutan los proyectos y se satisfacen las necesidades, y por cómo se resuelven los problemas que afectan la convivencia, pero, lo más significativo, por los mecanismos e instancias de participación en la cuestión pública para que se hagan posible las metas sociales que a todos conviene.

Con base en presupuestos filosóficos y morales la comunidad define el estilo de política que ha de orientar el proceso, que ha de promover la realización del bien social y el crecimiento de las personas en libertades y autonomía. Es lo ideal. 

Pero al igual, se corre el riesgo de incorporar en el estilo político actitudes belicosas y reaccionarias, por ejemplo, de aquellos que no aceptan acciones pacifistas o tolerantes de ninguno de sus miembros –se observa esta conducta en el debate actual sobre el aborto y la diversidad sexual-, y prefieren imponer en su lugar un pensamiento empobrecido, irracional y violento.

Entonces se corre el riesgo de encontrar manifestaciones autoritarias y dogmáticas en el entorno político que encuentran receptividad en el grupo social que prohíja estas conductas como si se tratara de lo más natural. Así que si una persona por libre elección se une a un grupo social (religioso, político, cívico…) se compromete con valores morales e ideales que regulan la convivencia de su miembros. En el mejor de los casos estos grupos obran para bien. Se espera de ellos que contribuyan al progreso intelectual, a la formación del buen carácter, a la firmeza moral y al desarrollo de una ética de vida buena.

Es una pena, entonces, que muchos de estos grupos se sostengan en la amenaza y el terror contra los que disienten y se oponen a la forma como se realizan los fines de la comunidad; práctica que se observa con frecuencia en la vida política, porque hemos llegado a creer que la política es asunto de unos pocos, de los más aviesos. Pero la política es asunto muy serio, pone en juego la autonomía, la dignidad y la condición del ser humano, no para la manipulación y el engaño, sino para el crecimiento individual y el disfrute del bien público.

britozenair@gmail.com

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lunes, 17 de octubre de 2011

CONSTANZA ESPINEL: REALIDAD Y ACTORES EN LA POLÍTICA III. (ENVIADO A NUESTROS CORREOS POR ELINOR MONTES

Sencillamente

“Son tiempos para líderes no para dirigentes. Al Líder la gente le preocupa y le ocupa, eso implica que en materia de ética, moral y dignidad no hay transacción, ni negociación posible.”

Continuamos con las reflexiones de Constanza Espinel quien con gran criterio ha analizado los tiempos de la política en la postmodernidad.

Realidad y Actores en la Política III

“El liderazgo. Gran reto que demanda la acción política de este tiempo. En la política, el asunto hoy, no es de dirigentes, ni de gerentes, sino de líderes con sentido de trascendencia. El bienestar vinculado a los objetivos de la política por mucho tiempo, exige ser revisado y complementado, está siendo superado por la necesidad de ser, de existir. 

En una sociedad decadente como la que estamos viviendo, caracterizada por el materialismo, hedonismo,  individualismo,  consumismo,  inmediatez y la intrascendencia, dirigentes sin ética, estimulados por la inmediatez y falta de trascendencia en su concepción del poder, han sustituido el valor intrínseco de la persona humana, gobernante del maravilloso planeta que habitamos, en algo desechable mediante decisiones vinculadas a una cultura de la muerte, como la legitimación del aborto, la eutanasia, la indiferencia a adicciones que esclavizan y el hambre, el tráfico de personas, el alquiler de vientres, el tráfico de órganos, las clonaciones sin regulación, el Internet sin límites para destruir, la coartación de la libertad en los sistemas no democráticos, las bombas humanas como consecuencia del adoctrinamiento, el reciente manejo del sistema financiero del cual la humanidad todavía no ha podido ni sabe cómo recuperarse, el desempleo y  el subempleo.

¿Por qué estas decisiones? Porque, entre otros aspectos, el objetivo del dirigentees tomar el poder, mantenerlo y para mantener el estatus quo, los tiempos en decadencia demandan líderes con visión trascendente, para quienes, en el contexto del planeta tierra, la persona humana sea el sujeto y el objeto de su visión, es decir, a él la gente le preocupa y le ocupa, eso implica que en materia de ética, de moral y de dignidad no hay transacción ni negociación posible.

El que estas condiciones sean requeridas para el liderazgo positivo, no significa que no existan líderes para dañar y hacer el mal porque grandes segmentos de la población se manejan en el relativismo moral, todo está permitido, no conocen ni practican los valores éticos y carecen de la noción de su propia dignidad; en consecuencia son seducidos por el populismo, la oferta de bienestar sin trabajar, la culpa en el otro como  causa de las dificultades de cada quien, más que su propia responsabilidad, el poder y el dinero fácil, entre otros. La apariencia y falta de criterio facilitan este proceso de seducción.”

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domingo, 12 de junio de 2011

ZENAIR BRITO CABALLERO: LA SOCIEDAD DE LA DESCONFIANZA

Es bien conocido el aprecio por las personas que con su ejemplo se convierten en modelos a seguir, sobre todo por los jóvenes, en el esfuerzo de hacer de la existencia la más alta expresión de grandeza, dignidad y realización bajo los preceptos de ética y exigencia moral. Se tiene confianza en ellas por su buen carácter, cultivo personal y buena educación.
Hoy se desconfía del otro porque la dignidad y el respeto no representan nada y pareciera que todo se oculta tras las palabras y los formalismos. Un manto de duda se extiende y cubre la vida social dado que vivimos en una sociedad de “la sospecha”. La transparencia, el valor de la palabra, la reputación personal, y hasta la buena educación no tienen el significado de antes cuando la sociedad valoraba las buenas maneras y el temperamento de las personas.
En la actualidad se piensa que por debajo de las apariencias las personas se inclinan por el engaño y la mentira. Esta es la razón del giro radical en los valores. No se trata de inculcarlos por medio de la educación, el ejemplo y el ejercicio de preceptos cívicos, porque como están las cosas, por las manifestaciones de tantas formas de delincuencia, la ética y la moral no tienen el alcance de antes. 
Así que para conservar la cohesión social se hace necesario el uso de lo que en retórica se llaman valores derivados. Consiste en un recurso al uso cuando los cimientos de una sociedad entran en una zona gris de irrespeto y falta de consideración por conductas inapropiadas que afectan la convivencia y la legitimidad de las instituciones. Puestos los valores en crisis no queda otra que la intervención de la autoridad. 
El problema se desplaza del conflicto entre deberes y el fuero interno de la persona a la solución tecnológica —caso del polígrafo con el mentiroso, programas de computación para pillar al tramposo, etc. —. La transferencia de valores por el recurso educativo, el ejemplo y las buenas acciones, da paso al poder de la tecnología y a la disuasión bajo la siguiente premisa: ¡No importa el modo de tu proceder, hagas lo que hagas, tarde que temprano se descubrirá el mal que hayas hecho!  Algo debió ocurrir para que esto haya sucedido. Es como si la preservación de la moral fuera asunto de funcionarios encargados de tal fin. No se hablaría entonces de conciencia y autonomía moral por cuanto la responsabilidad de las conductas ya no pertenece al fuero interno, sino a instancias de poder de carácter institucional. 
La misión de formar en valores sociales y autonomía moral se diluye, pues no logra inculcar el sentido de responsabilidad respecto a la conducta y las consecuencias de ciertas acciones en las que incurre la persona. Si es de esperar por una instancia de autoridad para la sanción de las acciones incorrectas, entonces diríase que se ha fallado en la formación del carácter para el libre albedrío y la ética que lo sustenta. No una sociedad de vigilancia y castigo, cada vez más sofisticada en el control social, sino una que minimiza las instancias y los mecanismos de represión porque las personas se consideran en igualdad de condiciones y procuran la interiorización consciente y voluntaria de los valores, por el bien común.
britozenair@gmail.com
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viernes, 25 de marzo de 2011

"MORAL Y LUCES...". BOLÍVAR TENÍA RAZÓN. RONNY PADRÓN

Eso necesitamos. Un Estado venezolano dedicado a sus funciones propias de: gobierno, administración pública, legislación y jurisdicción, al tiempo que, la generación de la riqueza económica sea labor de ciudadanos particulares, empresarios nacionales y foráneos, todos bajo tutela de la Constitución y la ley
No puedo llegar sino a esta conclusión, luego de intensa reflexión sobre el porqué de esta tragedia política nacional. Que a la fecha aún nos gobierne el teniente coronel Hugo Chávez con su régimen absurdo, cuyo reciente desatino lo hallamos en su apoyo a Muamar el Gadafi, es algo fuera de lo común.

Pero la causa del desastre no es exclusiva del socialismo; 12 años no bastan para que ese veneno político llegare a obtener por sí solo los resultados acá vistos. No. Hay algo más. Tampoco basta con la habilidad para el ardid del comandante de marras. Mucho menos se explica por el componente racial del gentilicio venezolano, ya la sociología se encargó de refutarlo.

Entonces me inclino por el pregón del Libertador: "Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades", frase dada ante el Congreso de Angostura, la mañana del 15 de Febrero de 1819 en Santo Tomás de Angostura, capital de la Provincia de Guayana, hoy llamada Ciudad Bolívar.

Estimo que fue demasiado el daño causado a Venezuela por la "partidocracia" de otrora, por cuanto debilitó en tal medida al cuerpo social, que hizo posible no solo el ascenso de esta desgracia "El socialismo", mediante trucos ahora sabidos, sino algo peor: continuamos siendo incapaces de restaurar la Constitución.

Porque resulta insensato sostener que la permanencia del régimen socialista en el poder, se deba únicamente al apoyo incondicional de la fuerza militar. Igualmente el creer, que su minoría popular, le alcance para tal permanencia. El problema es mayor, es general, es colectivo.

Es nuestra sociedad, que luego de 12 años de socialismo no ha merecido contar con una dirigencia demócrata de suficiente autoridad "moral" como para inspirar una lucha política eficiente contra los antivalores al mando. La generalidad de nuestros más conspicuos dirigentes resulta presa fácil ante las tratativas innobles del socialismo en gobierno, por cuanto la honradez y la valentía siguen siendo sus materias por aprobar. Verbigracia: La in-disimulada negación del común de nuestra dirigencia ante el espectro de una prisión política, o bien frente a cualquier investigación sobre su particular peculio.

Pero es que nuestro liderazgo político tampoco cuenta con las necesarias "luces" en la doctrina demócrata, que le permita proponer con éxito ante las mayorías decepcionadas, una alternativa política válida frente al absurdo hecho tiranía. Se conforman con plantear un "socialismo bueno" ante el "malo" ejecutado por Hugo Chávez, como si el socialismo no fuera doctrina intrínsecamente perjudicial para cualquier sociedad.

Nuevos paradigmas en relación a lo ya conocido y fracasado. Eso necesitamos. Un Estado venezolano dedicado a sus funciones propias de: gobierno, administración pública, legislación y jurisdicción, al tiempo que, la generación de la riqueza económica sea labor de ciudadanos particulares, empresarios nacionales y foráneos, todos bajo tutela de la Constitución y la ley. Porque el mejor momento para sembrar un roble ya pasó, fue hace 20 años, y la segunda mejor ocasión: la tenemos hoy. En fin, moral y luces. ORA y LABORA.

caballeropercival@hotmail.com

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lunes, 14 de marzo de 2011

EL PECADO ORIGINAL DE LA POLÍTICA. ALBERTO MEDINA MÉNDEZ (DESDE ARGENTINA)

Mucho se dice sobre la actividad política, las más de las veces con cierto desprecio. Queda claro que ha hecho méritos suficientes para gozar de ese desprestigio, y que ese resultado no es circunstancial ni aleatorio, sino la esperable consecuencia de tanta mala tarea y de sus aberrantes prácticas.

Buena parte de esa baja reputación tiene que ver con el modo de ejercerla y no con la actividad en sí misma. Sería bueno que quienes la han abrazado como vocación, asuman ese costo en vez de ofenderse con quienes hostigan a sus protagonistas. Algún famoso ex presidente dijo alguna vez “Se supone que la política es la segunda profesión más antigua de la Tierra. He llegado a la conclusión de que guarda una gran semejanza con la primera."Pero de todos los defectos que caracterizan a este oficio, tal vez uno de ellos sobresalga por su importancia, impacto y siempre sombría explicación. Se trata del origen de los dineros con los que se financian los partidos, con los que se hace viable la actividad política de modo cotidiano.

Si los partidos, si los dirigentes, no pueden explicar con transparencia y honestidad de donde salen los fondos que financian su actividad, mal pueden ser los motores del cambio, al menos no sin ser sospechados.

Preocupa la perversa relación entre dineros públicos y acción política, porque la sensación generalizada de la sociedad es que quien maneja el poder, quien detenta la caja del sector estatal, cuenta con una enorme ventaja, y esto pocas veces se contradice con la realidad percibida.

Es indiscutible que para hacer política hay que tener dinero. Pero este debe provenir del aporte propio o de la capacidad de reunir el de otros actores que deseen solventar esta actividad. Si bien existen normas al respecto y cada legislación, leída en abstracto, parece sensata y consistente, queda claro que la credibilidad pública de esa información es cercana a cero.

Habitualmente, el que ostenta alguna forma de poder se nutre de modo directo e indirecto, de los recursos públicos para llevar su acción partidaria. Ocupa los medios del Estado, pero también su tiempo, mirando el próximo turno electoral y haciendo proselitismo en vez de construir soluciones.

Se entremezclan tareas entre el deber del funcionario público, ese empleado de la sociedad toda que fue designado para cumplir un rol, y por el que recibe una retribución, con la del dirigente político que pretende darle continuidad a su gestión pensando solo en el siguiente escalón político.

Y entonces este pecado original, el del financiamiento de la actividad política termina constituyéndose en un círculo vicioso. Los que no tienen dinero suficiente no pueden acceder al poder porque se encuentran en condiciones de debilidad estructural y logística, y los que están gozan de inigualables ventajas porque se han apropiado de la “caja” y la van a usar en su favor.

Los menos deshonestos lo harán con prolijidad, sin dejar las huellas que los incriminen, respetando las formalidades que el sistema les exige a cambio de abusar de sus flaquezas. Otros, los más burdos, desplegarán su impunidad alardeando de ella. Es que para ellos, el poder es justamente eso, presumir con desvergüenza. Usan los recursos del erario público y disfrutan de ello sin sonrojarse. Se justifican usando el viejo, inmoral y paupérrimo argumento de que sus adversarios en su lugar harían lo mismo.

Como tanta otra legislación que redactamos en estas latitudes dice lo que supone debe ser, lo que creemos políticamente adecuado y no lo que precisamos para convivir en sociedad.

Los ciudadanos no solo necesitamos saber cómo se financia la política, sino que debemos conocer sus pormenores porque no se puede construir prestigio en la política si ella no se respeta antes un poco a sí misma.

En el caso de contribuciones privadas, no cambia mucho la cuestión. Es que no está mal apoyar al candidato que fuere con patrimonios individuales o desde el ámbito empresario. Lo incorrecto es ocultarlo, no jugar con las cartas sobre la mesa. Cualquier ciudadano debe poder expresar su simpatía por un alineamiento político, inclusive apoyando económicamente a esa tarea partidaria. Lo éticamente repudiable sería que ciertos intereses soporten económicamente a un sector partidario, a escondidas.

Los que proponen que el Estado debe subsidiar la actividad política con fondos públicos, son los que no son capaces de comprometer su patrimonio personal, ni tienen capacidad de seducir a los votantes, a los vecinos y a los empresarios para que apoyen sus causas. Si no saben hacerlo, si no tienen esa habilidad, no parece demasiado razonable que la sociedad toda deba subvencionarlos con favores públicos pagando impuestos para ello.

La política debe poder superar este escollo. Si no puede transparentarse, si no puede explicar de dónde sale tanto dinero que financia sus campañas y terminar con el mal hábito de corromperse para favorecer a la sociedad, no podremos dar un paso en positivo en esto que es central.

Y cuidado, que no se trata de leyes nomás, es bastante más profunda la temática. Saquear las arcas públicas es una cuestión moral no solo del que recurre a ese mecanismo como hábito, con cierta inercia. También tiene que ver con esa resignación social con la que nos estamos acostumbrando a convivir más de la cuenta. Debemos buscar pronto los mecanismo que nos permitan derrotar al pecado original de la política.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

CONCIENCIA EN VOTAR. ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ. CON VOZ PROPIA

Las elecciones de este domingo tienen una importancia que la propia sociedad ha puesto de manifiesto a través de los sondeos de opinión, los cuales revelan que el interés prioritario está en la selección de la Asamblea Nacional (AN) para el período 2011-2016

No restamos importancia al Parlamento Latinoamericano (Parlatino), entre cuyos propósitos proclama “Contribuir a la afirmación de la paz, la seguridad y el orden jurídico internacionales, denunciando y combatiendo el armamentismo y la agresión de quienes sustenten la política de la fuerza, que son incompatibles con el desarrollo económico, social, cultural y tecnológico de los pueblos”. Pero en nuestro territorio la AN, además de legislar, tiene entre sus funciones las de controlar al Gobierno y la Administración Pública.

Desde las primeras elecciones democráticas limpiamente realizadas en 1958 después del derrocamiento de la dictadura militar, hasta las de 1983, Venezuela mantuvo un promedio de participación electoral del 91.5%. Según ponencia de José Molina Vegas, del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos de la Universidad del Zulia, figuraba en quinto lugar en las 28 democracias del mundo.

La participación vino en declive y en escogencia de la AN y Parlatino a renovarse este 26S, se registró una concurrencia del 25%; es decir abstención fue del 75%.

Las encuestas predicen que el proceso de este domingo tendrá elevada participación. Uno de las últimas consultas indica que el 92% valora a la AN entre muy importante (77%) y algo importante (15%). Sólo para un 4% es poco importante.

Es que, tal lo expresó la Conferencia Episcopal ante elecciones de 1998, el voto “Para los ciudadanos y más aún para los cristianos… es un derecho y un deber, es un derecho irrecusable y un deber ineludible... el voto que demos los venezolanos será el que enrumbe los destinos de la nación. Por eso debemos estar guiados no por una emotividad irracional, sino por la conciencia y la responsabilidad personal que nos lleva a elegir a quienes sean capaces de ejercer una auténtica representación, de prestar un servicio para el bien común y de buscar armonía y colaboración en el respeto al pluralismo"

Algunos analistas estiman que en el actual proceso electoral la abstención no superará el 30%.

El Arzobispado de Caracas en comunicado firmado por el Cardenal Jorge Urosa Savino y los Obispos Auxiliares, advierte:

“No podemos abstenernos. Se trata de fortalecer la democracia y garantizar el futuro del país. Es la hora de la participación activa, decidida y solidaria para promover la fraternidad, la inclusión de todos sin discriminación alguna, la libertad y la justicia. ¡Es la hora de votar!”

Como medida de seguridad asienta:

“El voto es secreto. Solo Dios sabrá por quien votaremos. Por lo tanto, no hay razón para el temor ante amenazas indebidas. El voto libre y en conciencia es un derecho y al mismo tiempo una obligación cívica y también cristiana”.

Y como en su primer artículo la Carta Magna establece que nuestra Patria, irrevocablemente libre e independiente, fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, en la doctrina de Simón Bolívar, invoquemos a El Libertador elector:

Mi voto es sincero porque no tengo envidia de nadie.

NOTA MARGINAL: La incapacidad de la gerencia del servicio eléctrico acusa de sabotaje de la oposición los apagones, que según el Centro Nacional de Gestión, se vienen incrementando progresivamente. A tres meses de concluir este año, se han más que quintuplicado en relación con 2009. De 140 registrados ese año, en el presente hasta el este mes de septiembre llegan a 789. De ser saboteo, confirma el caos.

albertojordanhernandez@yahoo.es

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miércoles, 2 de junio de 2010

LOS MAGISTRADOS Y LA MORAL, SIXTO MEDINA

En el anterior artículo publicado en este diario, hacíamos hincapié en que ante los desvíos de poder, ante las recomendaciones o insinuaciones más audaces; ante las admoniciones más irrespetuosas, ante las amenazas de juicio político, ante estas y otras arremetidas del poder político, los jueces deben elevar la majestad de su independencia y la incoercibilidad de su espíritu.

Debe notarse, ciertamente, que la escalada de quien se propone conquistar terruños ajenos no se produce de un día para otro. Hoy una condescendencia; mañana, una tolerancia; después es un favor y tras éste, aparece, como en Château Thierry, el magistrado Magnaud, llamado el “buen Juez”, porque le hacía decir a la ley lo que lucía acorde con la urgencia del momento fugaz, para beneplácito de quien dispensa los premios o los castigos. Si el magistrado no es esclavo de la ley, no es “buen juez”, es “mal juez”, y como mal juez cosechará hoy el entusiasta aplauso del gobernante de turno, pero tendrá que enfrentar el juicio severo de la posteridad.

Los magistrados deben saber que la influencia moral irradiada por sus decisiones es tanta, que puede afirmarse que un pueblo se acostumbra a respetar la ley, o a burlarse de ella, según la conciencia en él plasmada por la actuación de aquellos.

Los magistrados en los cuales se descubre el temple de conciencia, la amplitud de espíritu y la energía de carácter que forman a los grandes jueces no deben ser expulsados de los tribunales por sola voluntad de quien no comulga con el contenido de sus sentencias, o porque no se rinden a designios externos. Cuando los magistrados flaquean y se someten, no hacen más que degradarse, por lo que se desnaturaliza su altísimo mandato.

Los abogados, por su parte, no pueden-no podemos- permanecer ajenos a esta situación. Deben oponerse tenazmente a que se facilite el servilismo de los magistrados. Es por ello por lo que uno de los deberes más importantes en el ejercicio de la abogacía es el de vigilar el rechazo por parte del órgano jurisdiccional de cualquier presión que puede afectar su independencia e imparcialidad. Después de todo es la ciudadanía la que sufre, directa y primariamente, las funestas consecuencias del entorpecimiento judicial. En suma, quienes les otorgan a los magistrados su investidura pueden-pero no deben- quitarles la independencia; de la libertad se despojan ellos mismos si no saben sacrificarse por ella.

El primer gran ámbito en que se consagra la independencia judicial es servir a la justicia sin subordinarla al gobernante ni a ningún otro interés espurio. El reiterado reclamo a favor de un cambio político y cultural que restablezca la independencia del Poder Judicial fuertemente mellada en los últimos años no va dirigido únicamente a quienes desempeñan hoy funciones en los poderes del Estado, sino que implica un llamado a la responsabilidad de todos los sectores de la sociedad.
sxmed@hotmail.com
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miércoles, 17 de marzo de 2010

ESPAÑA EN EL CORAZÓN, ANÍBAL ROMERO, (EL NACIONAL), CARACAS, 17.03.2010

Tomo prestado el título de un famoso poema de Neruda y lo utilizo, como en su momento procuró su creador, para expresar indignación: la que me embarga a causa de la cobardía del actual gobierno español ante el despotismo de Hugo Chávez en Venezuela.

Es cierto que la política exterior debe formularse en función de los intereses nacionales; pero un país como España, en particular en lo que se refiere a la América hispana, no debe en modo alguno reducir la definición de tales intereses a términos estrechamente económicos y comerciales. Existe un plano ético de la política y de las relaciones internacionales que una nación democrática y apegada a la libertad, como se presume es España, sacrifica a un elevado costo y con funestas consecuencias.

Para los que admiramos a España y su historia, y reivindicamos la importancia del legado cultural hispánico como parte esencial de la identidad latinoamericana, resulta doloroso y decepcionante constatar la deplorable alcahuetería, ciega tolerancia y sospechoso pragmatismo del gobierno de Rodríguez Zapatero y el desvergonzado ministro Moratinos ante Chávez y Castro. Mediante tan condenable postura el gobierno español traiciona los principios que proclama en su retórica, y se arrodilla frente a personajes que nunca admitiría en su propio contexto ni en el europeo.

Por desgracia, lo que hace España con relación a Chávez forma parte de una práctica bastante común en la política exterior de la Comunidad Europea en general y varios de sus integrantes en particular, política caracterizada por la brecha entre los valores que se enarbolan y las realidades que soterradamente se propician. La estrategia de España con Chávez fue la de Francia hacia Saddam Hussein y ahora de Alemania hacia Irán y Ahmadinejad, episodios donde igualmente los intereses económicos cortoplacistas han asfixiado sin contemplaciones los principios que se dice defender.

Lo que hace especialmente penoso el caso España y Chávez es, por un lado, que el gobierno de Rodríguez Zapatero ha llegado al extremo de colocar en entredicho al propio poder judicial español, sembrando dudas acerca de las motivaciones de los jueces, a pesar de que son públicas y notorias las simpatías del régimen venezolano hacia grupos extremistas alrededor del mundo, así como sus alianzas con los Estados forajidos del planeta. En segundo lugar semejante conducta pone de manifiesto una profunda ingratitud hacia la democracia venezolana, su pasado y menguado presente, pues Venezuela fue siempre solidaria con la causa de la libertad en España y ello deberían saberlo en el partido político que lidera Rodríguez Zapatero. Por último, resulta escandaloso que la izquierda europea continúe atada a los mitos del buen salvaje y el buen revolucionario, que les llevan a tratar a personajes como Chávez y Castro con desviada condescendencia.

Es cierto que en días recientes la Comunidad Europea ha mostrado algunos tímidos síntomas de clarividencia ante el militarismo populista de Chávez y la satrapía castrista en Cuba. El trato cruel, hasta matarles, infligido a los disidentes cubanos que luchan por la libertad ha despertado las conciencias bienpensantes en los cafetines parisinos, berlineses y madrileños. Sin embargo, en lo que respecta a España y Chávez un lamentable contubernio se acentúa, y es obvio que el gobierno socialista en Madrid está dispuesto a aceptar los abusos del caudillo “bolivariano”, y más que eso, a cambio del silencio y la protección a las inversiones españolas en Venezuela. Como para que se nos parta el corazón.

info@anibalromero.net
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