BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta ANIBAL ROMERO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ANIBAL ROMERO. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de febrero de 2015

ANIBAL ROMERO, LOS HÉROES SON NECESARIOS

Con cansona frecuencia es citada la siguiente frase de Bertolt Brecht: “Desgraciados los países que necesitan héroes”. Pienso que se trata de una aseveración equívoca y ambigua, en particular si tomamos en cuenta que desde las épocas homéricas los héroes y heroínas son hombres y mujeres que se destacan por su valor en defensa de la libertad.

Ciertamente, en condiciones ideales, en sociedades libres y democráticas los héroes y heroínas no hacen normalmente falta; pero en otras situaciones la valentía y el compromiso en la lucha por la libertad no sólo son necesarios sino imperativos, como fuente de inspiración y guía. Héroes y heroínas son los que no tienen miedo, o más precisamente: son los que doblegan lo suficientemente el miedo para derrotar la esclavitud, tanto en sus espíritus como en su entorno. Y no lo perdamos de vista: la esclavitud en nuestro tiempo y circunstancias se anida primeramente en el alma.

Lo anterior viene a cuento con respecto al caso de Venezuela y de los desafíos políticos y éticos que nos apremian. Recordemos en tal sentido que en El espíritu de las leyes Montesquieu insistía en distinguir entre la “naturaleza” del gobierno y su “principio”, precisando que la naturaleza de un gobierno se refiere a la particular estructura del mismo, en tanto que su principio es aquello que le inspira y le mueve a actuar. Según este gran maestro a las repúblicas las inspira (o debería inspirarles) la virtud, a las monarquías el honor y a las tiranías el miedo. Y cuando habla de miedo, Montesquieu incluye el miedo de la gente al tirano y del tirano a la gente.

El actual gobierno venezolano es republicano sólo en términos puramente formales, y su verdadero principio, el que mueve sus acciones, es el miedo. El uso creciente de la represión en contra de quienes le cuestionan no es un símbolo de fortaleza, sino que se ha convertido en síntoma de debilidad, de una debilidad acicateada por el miedo. Es un gobierno aprisionado por el temor a lo que ya ha hecho así como a lo que cada vez más se está viendo empujado a hacer, para sostener el día a día más precario poder que le sustenta. Hablamos de un poder que se fragmenta a consecuencia del fracaso de la ideología que el gobierno enarbola, de la esterilidad del odio que le motiva, y de la desilusión de las mayorías que le abandonan.

No habíamos tenido héroes y heroínas, o quizás habíamos tenido muchos pero relativamente anónimos, batallando sin cesar en diversos ámbitos durante estos años de oprobio y desvergüenza, pero sin alcanzar la plena repercusión que sus personales ofrendas merecían. Tal vez los momentos de su entrega no fueron los más fecundos para que germinasen las semillas de sus sacrificios. 

Los héroes anónimos son muy importantes, pero usualmente no bastan en las luchas históricas, especialmente en tiempos de globalización comunicacional como los que vivimos. La lucha de Venezuela por la libertad requería de figuras heroicas identificables por el resto del mundo, como en su momento lo fueron Lech Walesa, Vaclav Havel y Nelson Mandela, para mencionar tres casos.

La tiranía venezolana ha entendido claramente que en nuestro país han surgido nuevos héroes y heroínas, y que sus rostros identifican la lucha por la libertad. De allí que el miedo esté conduciendo al gobierno a intentar, por lo demás infructuosamente, que los héroes y heroínas claudiquen y que su ejemplo no se reproduzca. No creo que el régimen tiránico logre su objetivo.

María Corina Machado es una heroína, no me cabe al respecto la más mínima duda. Ha derrotado el miedo en el alma y ello se siente, se percibe, conmueve y a la vez inspira. Y Leopoldo López y Antonio Ledezma son igualmente héroes, que están finalmente derribando la férrea y deleznable muralla de egoísmo e indiferencia, con la que un mundo distraído y bastante oportunista había procurado ocultar la lucha tenaz, implacable e infatigable de los venezolanos por la libertad.

Con lo dicho sobre Machado, López y Ledezma no pretendo desmerecer los empeños de otros dirigentes políticos durante estos pasados años. No obstante, mentiría si no afirmase que en no poca medida y en no pocas ocasiones, un sector de la dirigencia democrática venezolana ha banalizado y trivializado la lucha, no la ha colocado en el plano debido, que no es otro que el plano del combate entre libertad y tiranía, del combate por la democracia y la independencia nacional frente al dominio cubano y de los agentes de los Castro  en Venezuela.

La reiterada banalización y trivialización de la lucha ha asfixiado por años el impacto de los esfuerzos de la oposición democrática, dentro y fuera de nuestras fronteras. No deseo señalar a nadie en particular, pues no es momento de desunión y recriminaciones. Sólo pretendo decir la verdad como la veo. Por ello ratifico que se necesitaban héroes y heroínas con entidad y rostro definidos, a raíz de su sacrificio y de su voluntad de ubicar la lucha por la libertad sobre un terreno fértil y propicio. Ya Venezuela los tiene. Y como ciudadano común, como uno más de los numerosos venezolanos que aspiran y desean que nuestra Patria recupere la libertad, manifiesto mi reconocimiento a María Corina Machado, a Leopoldo López y Antonio Ledezma por su admirable heroísmo. Era y es necesario tenerles al frente de la lucha por la recuperación de nuestra dignidad. Ninguna cárcel les doblegará

Anibal Romero
aromeroarticulos@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, DIARIO DE OPINIÓN, SIN SOCIALISMO, OTRA VENEZUELA ES POSIBLE, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, ELECCIONES, UNIDAD, ALTERNATIVA, DEMOCRÁTICA, CONTENIDO NOTICIOSO,

jueves, 15 de mayo de 2014

ANIBAL ROMERO, REVOLUCIÓN Y MUERTE

Desde que hizo su aparición en la historia del país, la “revolución bolivariana” ha estado estrechamente asociada a la muerte. Todo comenzó con los golpes de Estado de 1992 y su cosecha de asesinatos, hasta este año que ahora transcurre como testigo de otras cruentas pesadillas, en un inagotable proceso de destrucción de vidas. La alianza de la revolución chavista con la muerte no ha dejado de lado a los propios cabecillas del régimen, comenzando por su máximo líder y su temprano fallecimiento.

A los casos políticos es imperativo añadir las decenas de crímenes violentos que acosan a diario a Venezuela, con cifras comparables a las que experimentan naciones sumidas en implacables guerras civiles, como Siria, por ejemplo. No dudo que la violencia existente en nuestra sociedad está vinculada a un proceso político basado en el odio de clases, al resentimiento y la corrupción de las sectas cívico-militares que detentan el poder.

A medida que transcurre el tiempo y avanzan la destrucción y la muerte, la “revolución bolivariana” pierde los pocos vínculos que alguna vez intentó establecer con una ideología y un sentido epopéyico de su propia historia, y deviene en lo que ya es obviamente una marcha sangrienta hacia la nada. Importa que la dirigencia democrática, y en general todos los venezolanos que nos oponemos al régimen, asumamos con serena lucidez que el proceso “revolucionario” se ha transformado en una aventura nihilista, es decir, en un rumbo hacia la nada, hacia un abismo sin sentido alguno.

Ante este sombrío panorama, resulta ineludible preguntarse si el grupo de veteranos políticos congregados en la MUD, se ha percatado de la razón profunda que seguramente explica el patente desencanto y cuestionamiento de que son objeto, por parte de numerosos venezolanos de buena voluntad. Parece obvio que la razón de fondo del descontento hacia la MUD tiene que ver con una ausencia de compromiso con la verdad, acerca de la real naturaleza del régimen y lo que ello significa. No es el “diálogo” como tal lo más relevante, sino el hecho de que la dirigencia democrática que conforma la MUD sigue comportándose las más de las veces como si viviésemos en una situación política normal, en la aparente expectativa de que los códigos de conducta que prevalecieron durante los tiempos de la República civil terminen por domesticar a los nihilistas al mando en el país. Me temo que se llevarán una inmensa decepción.

El problema central no es el salario mínimo, la tasa de inflación, el aumento de la gasolina o la escasez de alimentos. El problema central es el dominio del país por parte de un poder extranjero, la ilegitimidad de origen y ejercicio de los actuales gobernantes, y el esfuerzo sistemático para repetir en Venezuela la experiencia totalitaria que nuestros nuevos amos cubanos usaron para hundir a su nación y perpetuarse en el poder.
La dirigencia democrática tiene el deber ético de apegarse a la verdad y realizar una labor pedagógica hacia el pueblo llano, hacia esos sectores populares que todavía no alcanzan suficiente claridad acerca de lo que está en juego en Venezuela. Se impone dejar de lado la ficción de una política “normal” ejercida en circunstancias que no lo son. Se impone apartarse de negociaciones puramente puntuales y secretas con un régimen criminal y nihilista, y empeñarse a plenitud en difundir sin ambigüedades un mensaje de lucha por la independencia nacional frente al dominio cubano, así como de liberación frente a los designios mortales impulsados por el legado político de Hugo Chávez.
Anibal Romero
aromeroarticulos@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

viernes, 11 de octubre de 2013

ANIBAL ROMERO, EL APACIGUAMIENTO A HITLER

El pasado mes de septiembre se cumplió otro aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial. La guerra fue detonada por la invasión alemana a Polonia en 1939 y la reacción británica y francesa. Tal coyuntura crítica resultó de los avances de Hitler a partir de 1933, cuando alcanzó el poder en Alemania, hasta el momento en que sus adversarios no tuvieron otra salida que admitir que el líder nazi jamás aceptaría detenerse frente a meras presiones diplomáticas. Sólo una guerra sería capaz de poner fin a la amenaza nazi.

La Gran Bretaña y Francia no querían la guerra y buscaron evitarla. Ese objetivo definió la política de apaciguamiento que orientó la estrategia anglo-francesa entre 1933 y 1939. El apaciguamiento significa hacer concesiones a un contrincante peligroso, pero todavía en apariencia controlable, con la esperanza de que sus aspiraciones queden satisfechas sin necesidad de ir a la guerra o entregarle intereses vitales. El apaciguamiento, por tanto, se sustenta en la expectativa de que el adversario evalúe racionalmente las diferencias en juego y sea capaz de llegar a compromisos mutuamente aceptables. En sí misma, una política de apaciguamiento no es buena ni mala; todo depende de las circunstancias y de la naturaleza del contrincante con el que se negocia. El desafío fundamental para toda política de apaciguamiento consiste entonces en comprender la naturaleza del enemigo.

En su libro de 1957, titulado “Un Mundo Restaurado”, Henry Kissinger desarrolló un brillante análisis del apaciguamiento, pero no en relación con Hitler sino en torno a Napoleón. En esa obra Kissinger hace dos importantes observaciones. En primer lugar,  resulta siempre difícil determinar a tiempo quién es un verdadero revolucionario, pues si la respuesta fuese clara las fuerzas del status lo detendrían antes de que adquiriese el poder para realizar sus fines. En segundo lugar una política de apaciguamiento está condenada al fracaso ante un verdadero revolucionario, pues por definición un revolucionario de verdad desarrolla una estrategia de objetivos ilimitados y no acepta compromisos, excepto como medidas tácticas para ganar tiempo, confundir a sus adversarios, reponerse y volver a la carga cuando las condiciones luzcan favorables.

Napoleón y Hitler fueron ambos, en sus contextos, actores políticos verdaderamente revolucionarios, empujados por ambiciones desbordadas y objetivos de conquista jamás satisfechos, pues su esencia consistía precisamente en la ausencia de límites.

Son evidentes las analogías que pueden formularse, salvando las necesarias distancias, con relación por ejemplo a los casos de personajes como Fidel Castro, Hugo Chávez y en estos momentos al Irán de los Ayatolas. Castro no mostró sus reales intenciones sino una vez que se sintió seguro en La Habana y logró el apoyo soviético. Desde entonces sólo le ha detenido la precariedad de su base insular y subdesarrollada. En cuanto a Chávez, es extensa la lista de quienes se ilusionaron con el paracaidista de boina roja y verbo encendido de 1992 y 1998, y le ayudaron confiados en que su mensaje radical era puramente retórico. Los Ayatolas iraníes nunca admitirán que sus ambiciones nucleares sean clausuradas, excepto al costo de una guerra; entretanto, hacen el juego diplomático confiados en que Washington no desea la guerra y estará dispuesto a hacer concesiones favorables a los pacientes e implacables revolucionarios en Teherán. 

El apaciguamiento ante revolucionarios demuestra incomprensión de sus objetivos ilimitados.

aromeroarticulos@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

jueves, 12 de septiembre de 2013

ANIBAL ROMERO, SIRIA Y LA GEOPOLITICA

La crisis siria se enmarca en un complejo contexto geopolítico. Existen en el Medio Oriente dos ejes fundamentales de confrontación. Durante décadas el eje principal enfrentó a Israel contra buena parte del mundo árabe e Irán. 


Actualmente este eje ha pasado a un relativo segundo plano y el conflicto clave se centra dentro del propio ámbito islámico, dinamizado por la pugna ancestral entre grupos religiosos y tribales. A la cabeza de los bandos se encuentra, de un lado, Arabia Saudita y el vasto universo sunita; de otro lado está Irán, liderando el sector chiíta. Teherán apoya a Assad (chiíta) en Siria, y también lo hace Moscú. Washington rechaza la expansión iraní, el empeño nuclear de los Ayatolas y la influencia rusa.


Israel, entretanto, percibe el programa nuclear de Irán como una grave amenaza a su seguridad; ello, sin embargo, no necesariamente le lleva a desear con alborozo el fin de Assad y su régimen, pues sabe que los rebeldes sirios no son esos personajes idealistas, simpáticos y democráticos que inventaron CNN, la BBC, y el resto de la idiotizada prensa occidental en general. Israel sabe que Al Qaeda se ha infiltrado ampliamente en Siria, y que una victoria sunita en ese país podría traer peores consecuencias que la permanencia del actual carnicero en Damasco. Basta con informarse de lo ocurrido en Egipto con la Hermandad Musulmana, así como en Libia luego de la intervención “humanitaria” y la muerte de Gadafi. Egipto tuvo que retornar a la dictadura militar, y Libia es hoy un foso de anarquía, caos y fragmentación tribal.

Si lo anterior suena confuso, pues me temo que en efecto lo es. La única forma de hallar una brújula que nos guíe para entender el tema es poner los pies sobre la tierra, y asimilar de una vez por todas que las grandes naciones no actúan por motivos “humanitarios” sino por intereses estratégicos concretos.

El problema para Washington en Siria tiene dos aspectos: Por una parte que Irán se anote un triunfo, si es que Assad, el aliado de Teherán, gana la guerra civil. Por otra parte que las armas químicas de Assad acaben en manos de Al Qaeda, Hezbolá, Hamás, y quién sabe qué otras organizaciones terroristas por el estilo. En realidad, y aunque luzca cínico sugerirlo (y así son con frecuencia las cosas en política internacional), a Washington lo que le convendría es que nadie ganase la guerra civil siria, y el único objetivo geopolítico sensato que podría lograr Barack Obama con un ataque más o menos en serio contra el régimen sirio, sería degradar la capacidad ofensiva de Assad, la de sus tropas, su fuerza aérea y sus armas químicas, e impedir que el tirano en Damasco logre una victoria decisiva.

Washington ha afirmado que el objetivo de un ataque no será derribar el régimen. Todo indica que se han percatado de que los famosos rebeldes no son los chicos buenos de las películas de Hollywood. Arabia Saudita, de su lado, está aterrorizada ante el avance nuclear iraní; parece decidida a presionar sin pausa por la caída del régimen en Damasco y de ese modo asegurar el triunfo sunita. ¿Y Al Qaeda? Ni la mencionan, pero allí está.

La enorme decepción de la llamada primavera árabe, los tremendos fracasos en Irak, Afganistán, Egipto y Libia, la carnicería siria y el progresivo desmembramiento de países enteros según divisiones religiosas y tribales, incluidos seguramente el Líbano y Jordania, inducen a pensar que el panorama geopolítico del Medio Oriente no hará sino complicarse. Hay problemas sin solución y “soluciones” mal concebidas que más bien agravan los problemas.

SUNITAS, CHIITAS Y JARIYITAS.
 

En el año 657, en la batalla de Siffin, se dividió la comunidad musulmana en tres grupos que perduran hasta la actualidad. Los partidarios de Alí creían que solo aquellos que tuviesen directamente la sangre de Mahoma podían ser califas. A estos se les denominó chiitas.
Por otra parte estaban los sunitas, que pensaban que el califato debía recaer en la persona que tuviese el mayor poder o influencia y que eran partidarios de Muawiya.
Por último estaban los jariyitas, que sostenían que cualquier persona podía ser califa siempre que fuese el mejor de los musulmanes, sin importar ni siquiera si era un esclavo. Defendían que era la comunidad la que tenía que elegir al califa y no los poderosos y los notables, y que estaba justificado matar a un mal califa.
En el año 661 un jariyita mató a Alí, y Muawiya quedó como califa inaugurando la dinastía omeya. Sus seguidores, los sunitas, se convirtieron en la opción mayoritaria y en la actualidad son más del ochenta y cinco por ciento de los musulmanes del mundo.
Por su parte, los chiitas siempre han sido minoritarios, y hoy en día son cerca del doce por ciento de los musulmanes. Tienen un peso muy importante en Irán, Irak y Asia Central. El chiismo ha sido en muchos momentos una opción para marcar la identidad cultural de ciertos territorios por medio de la diferencia religiosa.

Por último, los jariyitas siempre fueron aún más minoritarios y actualmente rondan el millón de seguidores.


EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

sábado, 10 de noviembre de 2012

ANIBAL ROMERO, SOBRE OBAMA

Escribo estas líneas horas antes de que comience la votación en EE UU. Las encuestas sugieren unos comicios reñidos. 
Ahora bien, ¿quién  hubiese aseverado hace apenas cuatro años que   a estas  alturas Barack Obama estaría peleando tan angustiosamente   por su relección?        La realidad ha desinflado el mesianismo y una sensación de desencanto se ha extendido entre   la ciudadanía   norteamericana.  Aún si logra  imponerse  Obama   es hoy   un político   disminuido, abandonado   por  la magia de   otros tiempos  y forzado a reciclar promesas que suenan poco creíbles.

Siendo indulgentes, sus primeros cuatro años no han sido más que mediocres. Para la actual campaña Obama tenía tres opciones: defender su trayectoria, formular una nueva y atractiva visión de futuro o dedicarse a destruir a su adversario en términos personales. Ya que sus logros son tan escasos y que la utopía se disipó, el candidato de 2008, el de la “esperanza y el cambio”, se transformó en un político amargo y agresivo, que invirtió millones de dólares en una campaña profundamente negativa. Las heridas infligidas estos meses por Obama, en cuanto a sectarismo y mayor división del pueblo estadounidense, tardarán en sanar.

Obama ha tenido que emplearse a fondo desde que Romney le batió claramente en el primer debate. El dinero gastado en pintar al candidato Republicano como una especie de monstruo más acá de lo humano se deslizó por la cañería. La ciudadanía norteamericana, que en su mayoría sigue abordando la política con un criterio equilibrado, vio en ese debate a un Romney decente, ponderado, bien informado y con las cualidades necesarias para afrontar el reto de la Presidencia de una gran potencia, de un país que ahora atraviesa un período de perplejidad y declinación.

A partir de ese debate las cosas cambiaron, y pase finalmente lo que pase, insisto que la figura de Obama emerge de este proceso severamente mellada, sólo empujada hacia adelante por una prensa abrumadoramente parcializada a su favor, una prensa que en gran medida ha perdido toda semblanza de balance y objetividad y que a decir verdad ha arrojado al piso la denominada ética periodística, víctima de los embates de la ideología “progresista”.

Martin Luther King dijo una vez que le habría gustado ver el día en que las personas “fuesen juzgadas por su carácter y no por el color de su piel”. Me temo que King se quedaría asombrado al constatar de qué manera torcida se ha aplicado ese criterio a Obama, por parte de la mayor parte de medios de comunicación en EE UU y otros lugares. Las patentes fallas de carácter de Obama, su evidente presunción y escasos escrúpulos, su tendencia a la demagogia y la pobreza de sus logros, han sido descartados o pasados bajo la mesa en medio de los cantos de un coro sistemático de condescendencia, adulación y ausencia de crítica, que dan vergüenza.

Los EE UU es hoy una nación hondamente dividida y acosada por la incertidumbre. Los cuatro años de Obama han acentuado las fracturas. Como Presidente le tocaba buscar sin tregua el consenso, pero sustituyó tal empeño y su deber de conciliar por la prédica de la lucha de clases, del enfrentamiento entre ricos y pobres y el cultivo de la creciente dependencia económica por parte de afroamericanos e hispanos con respecto al gobierno. 

Prometió reducir la deuda y la aumentó, tender puentes y los desmanteló, enarbolar los valores de EE UU en el mundo pero su país es hoy más que nunca menospreciado por sus implacables enemigos. Obama pareciera aspirar que EE UU se convierta en otro Estado de bienestar europeo en bancarrota. Mala idea.

aromeroarticulos@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

viernes, 22 de junio de 2012

ANIBAL ROMERO, VARGAS LLOSA Y EUROPA

En un artículo reciente, titulado ¿Por qué Grecia?, Mario Vargas Llosa vinculó la actual situación de ese país con su pasado, recordando la contribución griega a la civilización occidental. El escritor destacó el aporte de los griegos durante los cien años de florecimiento creador conocidos como el siglo de Pericles, mencionando, entre otras figuras de la antigüedad griega, a Tucídides. El propósito de su artículo fue promover la permanencia de Grecia en la Unión Europea, y sostener que “Grecia es el símbolo de Europa y los símbolos no pueden desaparecer sin que lo que ellos encarnan se desmorone”.
Vargas Llosa pasó por alto un punto fundamental: Lo que narró Tucídides en su monumental Historia de la guerra del Peloponeso fue precisamente el devastador conflicto de tres décadas que acabó con buena parte de lo construido durante el siglo de Pericles, incluida la propia democracia ateniense, abriendo las puertas a tiempos de decadencia. El caos de esa guerra tuvo sus raíces en la miopía y arrogancia de las élites políticas atenienses, que terminaron por hundirse arrastrando consigo una era de progreso y libertad.
Lo anterior viene a cuento pues lo que hoy contemplamos en Europa, en medio de un desconcierto creciente, es un proceso de desintegración que se aproxima a un desenlace casi inexorable, empujado por la ceguera de élites que se aferran a un sueño fracasado y se niegan a reconocerlo. El sueño se llama el Euro y el autoengaño se centra en la incapacidad para admitir un error fatal.
La agonía europea demuestra que aseverar, como lo hacen tantos demagogos, que “el Euro es irreversible” es una fatua pretensión, que pone de manifiesto ignorancia de la historia e inconcebible soberbia. No hay nada irreversible en los asuntos humanos. El Imperio Romano duró siglos pero fue “reversible”, así como el reinado de los faraones y de los Zares. Es absurdo hacer afirmaciones como “la revolución es irreversible”; hasta la rusa lo fue, y la china, y lo será la cubana, e igualmente el esperpento de “revolución” venezolana.
Lo que hace particularmente trágico el caso europeo es que el coro demagógico siga exigiendo a Alemania, que está también expuesta con millardos de Euros al contagio de la crisis, millardos aportados a los fondos de ayuda de los países más enfermos, que se eche encima las deudas de  los pantanos insondables en que se han convertido las economías de naciones como Grecia, España, Italia y Portugal, entre otras. Una Europa asfixiada por su frivolidad e imprevisión se ahoga en deudas impagables, e intenta responsabilizar a una Alemania que no escapa a una situación que ya no tiene remedio en el marco del sueño y que empeora con el paso del tiempo. En medio de la farsa, la primera acción de Francois Hollande ha sido revertir la única reforma positiva de Sarkozy, y establecer de nuevo la edad de jubilación en Francia en 60 en lugar de 62 años. Quiere además seguir “creciendo” con más deudas. ¡Y aun así espera que los alemanes le financien!
Este espectáculo insensato tiene paralelos en el transcurso histórico, pero hoy, debido a la interconexión de las economías, amenaza con reventar la represa y provocar una inundación global. Una salida futura a la crisis exigirá corregir los principios y prácticas de los anacrónicos Estados de Bienestar socialdemócratas, cuya obvia bancarrota ya no puede ocultarse, para restaurar la economía sobre bases de equilibrio que detengan el ciclo infernal del endeudamiento. Ello implicará una todavía mayor reducción de los niveles de vida en buena parte del mundo.
aromeroarticulos1@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO

miércoles, 4 de enero de 2012

ANÍBAL ROMERO: EE UU: DEUDA Y DEMOCRACIA

Los pasados tres años la deuda pública de Estados Unidos ha aumentado 67 por ciento, y el país se suma al grupo de naciones cuya deuda supera el total de su Producto Interno Bruto anual. La solicitud realizada por el Presidente Obama hace pocas semanas, para incrementar el techo de la deuda en 1.2 trillones de dólares adicionales (cada trillón significa un millón de millones), la elevará a 16.4 trillones frente a un PIB de 14 trillones.

Antes de marearnos con estas cifras abrumadoras y casi inimaginables, conviene enfatizar que estamos hablando sólo de deuda contabilizada, pues el gobierno federal y los gobiernos locales estadounidenses deben aún más dinero en obligaciones no contabilizadas pero que les afectan legalmente. Me refiero, por ejemplo, a las inmensas promesas derivadas de la seguridad social, Medicare y Medicaid entre otras, que se multiplican y se acelerarán si la nueva ley del ramo, conocida como “Obamacare”, llega a cumplirse a plenitud. Estas deudas asfixiantes eventualmente generan intereses, más intereses sobre los intereses, en una carrera exponencial y demencial hacia la ruina.

Hay economistas, no obstante, que miran todo esto con condescendiente placidez, y aseguran que el remedio para afrontar las montañas de deuda es hacerlas crecer hasta el infinito y olvidarse del tema. Cuando tales expertos analizan situaciones como las que hoy vive Europa, a raíz precisamente de su alocado endeudamiento, recomiendan a los gobiernos gastar más. Pero la insensatez suicida de estos economistas es poca cosa comparada con la de los políticos, sumergidos en la atroz dinámica de la demagogia electoral democrática.

En Estados Unidos, el año 2011 empezó con los Republicanos asumiendo el control de la Cámara de Representantes y prometiendo controlar el gasto público, y terminó con el Presidente Obama pidiendo más dinero. Ahora bien, sería errado colocar la responsabilidad del caos financiero que se avecina sobre los hombros de Obama de manera exclusiva. Por desgracia, la dinámica de la demagogia electoral democrática ha contagiado, unos más y otros menos, a casi todos los partidos y prácticamente a todos los políticos en el Occidente avanzado. La dinámica perversa de la demagogia electoral democrática atemoriza a los políticos y les conduce a consentir y complacer a la gente, a decirles lo que desean escuchar en lugar de procurar enseñarles y persuadirles, mediante una labor pedagógica que exige paciencia y perseverancia.

Me temo que el partido Republicano todavía está en busca de la claridad ideológica, el coraje político y las figuras individuales convincentes que se requieren para plantear, desarrollar y ganar de manera decisiva el crucial debate que tendrá lugar este año 2012 acerca del curso que Estados Unidos debe seguir hacia adelante.

La importancia de derrotar a un demagogo formidable como Obama, que cuenta con el apoyo irrestricto de buena parte de los medios de comunicación de masas, así como con la hegemonía ideológica que aún ejerce la izquierda alrededor del mundo, obstaculiza a los Republicanos articular un mensaje claramente antisocialista, dirigido a convencer a la mayoría que EE UU debe tomar otro rumbo o acabará en el mismo foso de Europa. El candidato Republicano, una vez escogido, tendrá el deber histórico de detener la demagogia y la decadencia. Ignoro si el abanderado Republicano, quienquiera que sea el seleccionado, será capaz de lograrlo; pero su misión es clara e inequívoca y lo que está en juego afectará al mundo entero, pues el camino actual es suicida.
aromeroarticulos1@yahoo.com
EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

sábado, 24 de diciembre de 2011

ANÍBAL ROMERO: LA DENUNCIA DE ARRIA

Es de esperar que la oposición democrática se distinga claramente de Chávez y de sus ejecutorias, con un mensaje que apele a la dignidad de la gente y no a la manipulación de sus instintos, pues también a los venezolanos nos llegará la hora de desvelar la verdad y afrontar el problema de la culpa

La denuncia de Diego Arria contra el Presidente Hugo Chávez por delitos de lesa humanidad tiene desde ya gran importancia ética, aún cuando sus efectos políticos sólo se concretarán con el paso del tiempo. Se trata de un documento de relevancia histórica que será estudiado por las actuales y nuevas generaciones venezolanas con particular interés y provecho, a medida que sus argumentos y conclusiones maduren y queden inequívocamente demostrados por el curso de los eventos.

He percibido cierta miopía y mezquindad en algunos de los juicios emitidos con respecto a este crucial documento, incluyendo algunos formulados por comentaristas de oposición. Tal miopía y mezquindad están fuera de lugar. El hecho de que Arria sea uno de los precandidatos opositores a la Presidencia de la República, como es su derecho, no suma ni resta a la sustancia de su denuncia, que es desde todo punto de vista merecedora de apoyo.

Al respecto desearía resaltar lo siguiente: Por un lado, la cuestión central que plantea el documento es ineludible para los venezolanos. Toda sociedad sometida al tipo de régimen y modo de gobernar experimentados por la nuestra estos pasados trece años, se ve en algún momento decisivo obligada a enfrentar lo que el filósofo alemán Karl Jaspers denominó “el problema de la culpa”, es decir, la atribución de cargos acusatorios, morales, políticos y criminales, a individuos incursos en acciones ilegales, que abusaron de su poder o le utilizaron de maneras inadmisibles éticamente por una sociedad civilizada.

Toda sociedad que atraviesa por las pruebas que aún aquejan a Venezuela ve llegada la hora, más temprano o más tarde, de debatir colectivamente y en la conciencia de cada ciudadano el problema de la relación entre verdad moral, conveniencia política, sanción e impunidad. Arria ha hecho un aporte al país, más allá de sus aspiraciones personales, al sustentar en un documento tan sólidamente argumentado señalamientos que formarán parte fundamental del debate nacional, cuando llegue la ocasión de evaluar a fondo esta etapa de nuestro devenir.

Por otro lado hay que toma en cuenta, como repetidamente he venido sosteniendo, que el ejercicio de la política, en especial en el marco de una sociedad con los rasgos de la nuestra, debería ser también un desempeño pedagógico destinado, de parte de los políticos, a ayudar a los ciudadanos a entender su entorno y asumir sus propias responsabilidades frente a los retos presentes y futuros. En tal sentido, Hugo Chávez ha comprendido ese rol de la política, si bien, por desgracia, su prédica está basada en el delirio destructivo y la sistemática siembra del odio.

La visión de la política como pedagogía es lo que proporciona su potencial cívico a la denuncia de Arria contra Hugo Chávez ante la Corte Penal Internacional, y lo que da su valor a un documento que lejos de ser minimizado, debería ser respaldado por la oposición democrática en su conjunto. Nuestro pueblo no debería seguir siendo tratado, como a veces ocurre, como si estuviese compuesto por débiles mentales o por personas interesadas exclusivamente en ofertas de bienestar material, presentadas además con el mismo impulso demagógico y la voluntad de engaño que caracterizan el discurso disolvente de Chávez.

Es de esperar que la oposición democrática se distinga claramente de Chávez y de sus ejecutorias, con un mensaje que apele a la dignidad de la gente y no a la manipulación de sus instintos, pues también a los venezolanos nos llegará la hora de desvelar la verdad y afrontar el problema de la culpa.

aromeroarticulos1@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

jueves, 8 de diciembre de 2011

ANÍBAL ROMERO: LA DISYUNTIVA DE ESTADOS UNIDOS

El departamento de estadísticas laborales ha anunciado que el desempleo en EE UU descendió del 9.0 al 8.6 por ciento el pasado mes de noviembre. La economía añadió 120.000 puestos de trabajo. Informó igualmente que la fuerza laboral total (la suma de quienes trabajan más los que buscan empleo) volvió a contraerse, y 350.000 personas adicionales abandonaron sus esfuerzos de obtener empleo.

Como ha señalado William Galston, a pesar del crecimiento de la población en edad de trabajar durante los pasados cuatro años, la fuerza laboral estadounidense no se ha expandido. Si los ciudadanos en edad de trabajar estuviesen ingresando a la fuerza laboral a la tasa de hace cuatro años (comienzos de la recesión), la misma incluiría otros cinco millones de individuos y el nivel de desempleo sería en consecuencia más elevado. Más de 13 millones de personas en total continúan sin trabajo y el problema del desempleo endémico y prolongado tiende a agravarse. Restan pocas dudas de que la recuperación económica estadounidense se arrastra a paso de tortuga. Al ritmo que lleva, se requerirán dos décadas para que ese país regresase al nivel de desempleo existente antes de que comenzase la recesión.

Al respecto cabe señalar lo siguiente: Es bastante obvio que los programas de estímulo fiscal ejecutados por el gobierno no han tenido los efectos previstos. En tal sentido, los economistas de tendencia keynesiana que respaldan la gestión de Barak Obama y el partido Demócrata, entre ellos el cada día más desencajado e iracundo Paul Krugman, argumentan que el problema es que los programas fueron insuficientes, que el remedio al endeudamiento es endeudarse más, imprimir más dinero inorgánico y aumentar los impuestos, y que los que vengan después paguen los costos traducidos en inflación. Resulta interesante constatar que el keynesianismo en economía significa en esencia tres cosas: por un lado quejarse siempre de que no se gasta lo suficiente; por otro lado exigir sin cesar más impuestos; y por último mostrar sin pudor la grieta ética que consiste en sacrificar el futuro en aras del presente, ya que, en palabras de Keynes, “a largo plazo todos estaremos muertos”. Ese ha sido el camino de Europa y ya vemos dónde llega.

Comentaristas como George Will han enfatizado que la reforma a la seguridad social impuesta por Obama y los Demócratas, sin un solo voto Republicano y frente al rechazo mayoritario de una ciudadanía que la cuestiona, ha tenido un efecto profundamente negativo sobre el clima económico, aún antes de que entren en vigencia sus confusas normas. Ello se debe a los notorios índices de opacidad, ambigüedad e incertidumbre que la mencionada ley ha introducido en los cálculos de los agentes económicos, y a la convicción entre muchos empresarios medianos y pequeños, con márgenes de ganancia precarios, de que sus negocios están condenados a desaparecer en el contexto de una dinámica de gastos semejante a la que ha conducido a Europa al precipicio de la quiebra.

En lo que constituye una patente ironía del destino, Barak Obama no tuvo mejor idea al encargarse de la Presidencia que emular el utópico modelo europeo, hoy en evidente bancarrota financiera, ideológica y política. Lo hizo precisamente cuando tal modelo empezaba a naufragar, desvelando su inviabilidad e irresolubles dilemas.

En 2012 el electorado estadounidense deberá asumir su disyuntiva: o hundirse como Europa, o respirar de nuevo aires de libertad; o medrar en la mediocridad socialista, o retomar el camino que hizo de su país una superpotencia.

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

viernes, 2 de diciembre de 2011

ANÍBAL ROMERO: EUROPA, ¿QUÉ PASÓ Y QUÉ PUEDE OCURRIR?

PRELUDIO. LECCIONES DE LA HISTORIA:

La crisis que sacude a Europa pone de manifiesto varias lecciones de la historia, que los seres humanos olvidamos de manera reiterada y nos vemos obligados a aprender una y otra vez. La primera es que sólo controlamos parcialmente los eventos, en ocasiones los controlamos muy poco o quizás no logramos manipularlos en absoluto. La segunda es que la política no se define en el plano de las buenas intenciones sino en el de los resultados, y con frecuencia los acontecimientos toman un curso distinto y hasta contradictorio con relación a lo que se pretendía. La historia también enseña, en tercer lugar, que existen problemas sin solución, o en todo caso problemas cuyas hipotéticas “soluciones” entrañan costos muy superiores a los que quisiéramos o cabría prever. Se trata de problemas que carecen de vías alternas o que requieren tomar rumbos cuyo costo psicológico resulta excesivo para los decisores; problemas que exigen derribar mitos que obstaculizan opciones menos dolorosas. Y derribar mitos es no pocas veces un desafío imposible de superar.

A lo anterior se suman las enseñanzas de la historia en cuanto al destino incierto y generalmente decepcionante de los grandes proyectos de ingeniería social, de esos planes de transformación “racional” del medio ambiente humano y natural que dependen de fuertes dosis de ambición, de una confianza excesiva en el poder de nuestra débil razón humana, y de un arrojo desmesurado que nos empuja al precipicio. Y conviene añadir algo más: en situaciones como las que hoy experimenta el viejo continente, que a muchos toma por sorpresa y que cuesta entender en su complejidad, nos vemos tentados a buscar explicaciones mágicas, a atribuir lo que pasa a conspiraciones malignas, y perdemos de vista que nadie, seguramente, es capaz de controlar el proceso. No nos resignamos a admitir que somos falibles e impotentes ante muchos aspectos de la existencia.

Todo esto se aplica al actual panorama europeo. En primer lugar, es evidente que los políticos y otros actores del drama que se despliega ante nuestros ojos están desconcertados y en no poca medida han sido sobrepasados por los eventos, y que su aptitud para controlarlos es limitada. La historia, decía Henry Kissinger, enseña por analogía, no por identidad, y en tal sentido existen analogías entre lo que ahora vemos en Europa y los tiempos inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial. También entonces los decisores se confiaron en que lo peor no ocurriría; también entonces se asomaron al abismo pero creyeron que nunca caerían; también entonces sucesos imprevistos detonaron grandes acontecimientos que ya se venían moldeando por años. Lo que ahora se vislumbra no es el estallido de una guerra sino el fin de la moneda única europea, evento que podría acaecer en medio del caos.

En segundo lugar, no importa cuáles hayan sido las genuinas intenciones de los artífices de la moneda única; lo cierto es que la actual crisis del Euro ha hecho aflorar unas grietas tan profundas que le están hiriendo de muerte, ante la mirada atónita de pueblos a los que se vendió un producto que ahora se convierte en pesadilla. En tercer lugar, y a pesar de los esfuerzos de los políticos europeos para minimizar el impacto de la debacle, no hay verdadera “solución” a la crisis, en el sentido de que lo que puede hacerse es capaz de agudizar los problemas o de generar nuevas y todavía peores dificultades para los países de la Eurozona. De paso, para algunos el Euro ha dejado de ser una moneda, un instrumento, y se ha convertido en un símbolo y un fin en sí mismo, en una especie de mito intocable, lo que complica aún más las perspectivas hacia delante.

En cuarto lugar, y con razón, los que en su momento prendieron las señales de alarma con respecto al Euro, y se encontraron entonces silenciados por la soberbia de tantos políticos, analistas, periodistas y burócratas que sofocaban la disidencia, hoy reiteran lo que oportunamente dijeron: El Euro es un proyecto sustentado en lo que Hayek denominaba el “racionalismo constructivista”, es decir, en una pretensión excesiva y desmesurada que nos endiosa, en una pretensión que atribuye a los conceptos y planes de la mente humana una capacidad exagerada, en una pretensión que las más de las veces se desliza dando tumbos por el suelo resbaladizo de la realidad. No contentos con un mercado común laboral, de bienes y servicios, los arquitectos de la Europa Unida han buscado un superestado, y el Euro es su bandera. Pero la arrogancia de una dirigencia europea que no se ha ocupado de legitimar democráticamente sus desmesurados proyectos, encuentra ahora su castigo. Por último, ante la evidencia del fracaso del Euro, no faltan los que lanzan acusaciones a la ligera y acusan a los “terroristas financieros”, “la gran burguesía alemana”, o a cualquier otro fantasma de imaginaciones recalentadas, de lo que no es sino otro ejemplo de la famosa dialéctica griega entre, de un lado, la Hubris o arrogancia humana puesta de rodillas, de otro lado, por la acción de Némesis, es decir, de la sanción que experimentan nuestras ambiciones cuando nos llevan a la insensatez.

LA ESPIRAL DEL SUICIDIO:

¿Por qué y cómo llegó a Europa a este punto? Para empezar cabe precisar lo siguiente: la crisis originada por un endeudamiento excesivo con respecto al crecimiento, la productividad y los gastos de buen número de países de la Eurozona no es cuestión de días, semanas o meses. El problema viene de lejos y tiene sus raíces en la dinámica patológica de los Estados de Bienestar socialdemócratas, creados en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Tales Welfare States se basaron en premisas que ya no están vigentes en la mayor parte del viejo continente, y en una dinámica que empujaba a los electorados a pedir y esperar siempre más de los gobiernos, y a los políticos a prometer y conceder siempre más en busca de aprobación y votos.

Las premisas en que se sustentaron los Estados de Bienestar europeos fueron esencialmente tres: un crecimiento económico rápido, una población en aumento y unas expectativas de vida menores de las que hoy existen. Como ha señalado el economista y Profesor de la Universidad de Stanford Michael Boskin, ninguna de estas premisas funciona actualmente: el crecimiento se ha estancado o está revirtiéndose; Europa experimenta una aguda crisis demográfica, con un descenso de la población que aqueja en particular a países como Alemania, Italia y España, entre otros; y de paso los avances en la nutrición y la medicina han aumentado las expectativas de vida, de modo tal que la pirámide invertida se potencia: cada vez más personas que se jubilan más temprano y viven más años dependen del trabajo de menor número de individuos productivos.

John Maynard Keynes, autor de las teorías económicas que en buena medida han inspirado por décadas las políticas de las democracias occidentales, respondía a los críticos que le advertían acerca de los efectos perniciosos de un constante endeudamiento, basado en la creación de dinero inorgánico, con esta frase: “a largo plazo todos estaremos muertos”. Según Keynes, el endeudamiento inflacionario corregía dificultades inmediatas reactivando la economía, pero sus efectos a lo largo del tiempo quedaban para el cuidado de un futuro indeterminado. Lo que Keynes olvidaba es que, si bien y ciertamente a largo plazo nosotros estaremos muertos, quizás nuestros hijos y nietos no lo estarán, como ahora descubren las nuevas y menguadas generaciones jóvenes europeas, que empiezan a sufrir el impacto de la obligada austeridad que arrojó la irresponsabilidad de sus antecesores.

Los políticos prometieron hasta la fatiga y los electorados no se cansaron de aspirar a más. Los Estados de Bienestar europeos han vivido por encima de sus medios. Acumulando alegremente beneficios sociales, más vacaciones, más reducciones en la edad de retiro, menos horas de trabajo y más servicios gratuitos; desviando a su vez la atención de los aumentos impositivos que acompañaban tales beneficios, aumentos que significaban menos dinero para invertir, innovar y producir más; combinando la imprevisión con la miopía, los europeos acabaron por levantar a su alrededor enormes montañas de deuda, probablemente impagables y que les han colocado ante el precipicio.

La espiral del suicidio, una espiral descendente mediante la cual electorados distraídos y políticos complacientes empezaron a cavar su propia fosa, se aceleró a través de la creación de la moneda única a finales de los años noventa del pasado siglo. Diecisiete países, muy distintos entre sí, acordaron meterse juntos dentro de los estrechos límites de una camisa de fuerza económico-financiera. Hasta ese momento naciones como Italia y España ajustaban su competitividad mediante devaluaciones de su signo monetario (liras y pesetas), pero con el Euro tal opción quedó bloqueada. Los valores económicos tales como salarios, precios, tipos de interés y deudas vigentes en 1998-1999 fueron transformados e igualados con base en una nueva moneda, tasada al nivel del marco alemán, y por un tiempo todo pareció marchar de maravilla. Sin embargo, los observadores acuciosos pronto empezaron a constatar lo que algunos analistas habían advertido que ocurriría: los diferentes niveles de productividad comenzaron a hacerse sentir. Países como Irlanda, Grecia, Portugal, España e Italia, entre otros, dejaron de lado toda prudencia y financiaron sus crecientes importaciones, más elevados salarios y nuevos y más amplios beneficios sociales, con Euros aportados por bancos alemanes y franceses. La dinámica suicida del endeudamiento, que como dije se había iniciado aún antes de la adopción del Euro, empeoró; préstamos masivos con bajos intereses se trasmutaron en una especie de droga adictiva, y por ese camino se legó hasta lo que ahora vemos: una situación de asfixia financiera que no puede ser curada sino a elevados y todavía imprevisibles costos, tanto económicos como políticos. Y para completar la metáfora de la “camisa de fuerza”, cabe señalar que los Tratados europeos no contemplan mecanismos legales para que los países miembros logren abandonar el Euro o la propia Unión Europea.

Por años los europeos enarbolaron con orgullo, en ocasiones cercano a la arrogancia, su “modelo social”; parecía que Europa había descubierto el secreto de la felicidad eterna: prosperidad, estabilidad, paz y armonía. Pero bajo el edificio de esa utopía secular se movía un piso precario de gastos imposibles de sostener y deudas que se acumulaban sin descanso. La utopía europea se manifestó igualmente en la quimera del “poder blando”, que llevó a los líderes de Europa a pontificar a escala internacional como si hubiesen hallado la fórmula para erradicar no solamente los males del mundo, sino hasta la maldad del alma humana misma. Estos sueños están derrumbándose junto a la moneda única, pues la pretensión de servir de “modelo” a los demás no se sostiene en condiciones de severa crisis económica, que amenaza seriamente con desembocar en agitación social y radicalización política. Europa, en pocas palabras, ya no tiene el mismo derecho a predicar la virtud.

EL DÉFICIT DEMOCRÁTICO:

Al momento de escribir estas líneas, la discusión acerca de las perspectivas del Euro y la Unión Europea incluye escenarios que van desde el fin de la moneda única y tal vez de la Unión como tal, hasta la consolidación de una Europa mucho más integrada, no sólo con moneda única sino con una especie de gobierno central con poderes omnímodos sobre los presupuestos de todas las naciones miembros, así como de sus políticas fiscales y sociales. También se mencionan posiciones intermedias como la de la llamada “Europa a dos velocidades”, que permitiría el avance de un eje constituido por los países más poderosos, con un segundo grupo, todavía dentro de la unión pero marchando a paso más lento.

En vista de la incertidumbre imperante conviene destacar dos puntos: En primer término, es ineludible indicar que en el análisis de tales escenarios, por parte de los portavoces nacionales o comunitarios, muy pocas veces, podría afirmarse que casi nunca, se escucha la frase “consulta democrática”. Es como si a los pueblos europeos les hubiesen tapado la boca y extirpado la voluntad. A lo largo de décadas de camino hacia la meta de un superestado controlado por un “centro” germano-francés y por la burocracia europeísta en Bruselas, se ha perdido en el viejo continente la disposición y hasta la aspiración misma de legitimar democráticamente un proyecto que, al fin y al cabo, difícilmente puede cuajar en los términos de estabilidad y concordia que se pretenden, sin contar con la aprobación de significativas mayorías populares a lo largo y ancho de Europa. En segundo lugar, con respecto al tema económico tal y como se vislumbra en estos momentos, conviene distinguir, para efectos del análisis, entre un corto plazo de uno hasta cinco años en el que la cuestión de la deuda y la asfixia financiera ocupan lugar prioritario; de otro lado, y a mediano plazo (hasta diez años y hacia adelante), se presenta el problema de las reformas necesarias a los Estados de Bienestar europeos, con el objeto de ajustarles “hacia abajo” e impedir la repetición del endeudamiento masivo originado en la multiplicación de beneficios, en un contexto de descenso de la población, aumento de las expectativas de vida y reducción relativa del crecimiento.

Para empezar con el problema económico actual: Es claro que Grecia, Portugal, Italia y España, entre otros países, están cercanos a ahogarse en un océano de deudas, con el agravante de que los costos de refinanciarlas, en vista del aumento del riesgo de quiebra y el miedo de los inversionistas, aumenta casi día tras día y comienza a afectar a las naciones que en teoría estarían en capacidad de ayudar a los más débiles, es decir, Alemania y Francia. Frente a semejante panorama, casi todas las voces de la ortodoxia comunitaria europeísta claman por una acción decidida del Banco Central Europeo, lo que no es sino un eufemismo para solicitar que Alemania se comprometa a garantizar el conjunto de las deudas de toda la zona del Euro, como “prestamista de última instancia”, a objeto de restaurar la confianza de los mercados, promover la reducción de las elevadas tasas de interés que se están cobrando a países como Italia y España (y que empiezan a cobrarse a Francia y la misma Alemania), y compre así Berlín no solamente un tiempo precioso para superar el reto inmediato, sino también el espacio hacia el futuro para que se lleven a cabo reformas sustanciales que incluyan la renovada marcha hacia el superestado europeo, inevitablemente orquestado y seguramente dominado por el consorcio germano-francés.

El economista Bernard Connolly ha calculado que a Alemania le costaría 7% de su PIB anual, por un número indeterminado de años, trasferir fondos suficientes para “salvar” a los países deudores, Francia incluida. Para tener una mejor idea de lo que esta cifra significa, la misma supera el monto de las reparaciones impuestas a Alemania al final de la Primera Guerra Mundial, ¡cuyos últimos pagos se concretaron en 2010! Dejando de lado que semejantes sumas impondrían un peso quizás insoportable a la economía alemana, y sin considerar aún el tema político, hay que tomar en cuenta que nada garantiza el éxito de una intervención masiva de Berlín mediante, por ejemplo, los llamados “Eurobonos”, destinados a unificar la deuda de todos los miembros de la Eurozona. Es ciertamente posible que ese camino sólo arrojase como consecuencia el debilitamiento de la posición crediticia de la propia Alemania, “contaminada” por el endeudamiento tóxico de sus socios.

Al contrario de lo que sostienen pensadores marxistas como Hans Dietrich, la clase política, y el pueblo alemán son renuentes a dar el paso que los más fanatizados promotores del proyecto europeo demandan al gobierno de Angela Merkel. El rescate puramente alemán del resto de la Eurozona, aún si fuese viable económicamente, se realizaría a un costo: la hegemonía alemana sobre el resto de Europa continental; y se trata de un costo que los alemanes son reticentes de pagar. Pero si lo hacen, sencillamente la Unión Europea habrá logrado, como proyecto político, lo contrario de lo que se propuso en sus orígenes. En lugar de mantener a Alemania en un plano de equilibrio en Europa, con un balance geopolítico que no perturbe la frágil seguridad de un continente de naciones disímiles, la Unión Europea habría más bien servido para llevar a Alemania al puesto hegemónico que ni el Kaiser Guillermo II, ni Hitler, fueron capaces de conquistar. ¡Las ironías de la historia!

En el orden de ideas expuesto, importa señalar que los “Eurobonos” cuentan con el rechazo de 79% del público alemán. Cuando se estableció el Euro los políticos de entonces prometieron al electorado alemán que la Europa Unida no se transformaría en una “unión de transferencias”, destinada a subsidiar a los países más débiles.

¿Tomará Angela Merkel la decisión de asumir la deuda de sus socios, a pesar de la masiva desaprobación del electorado en Alemania y traicionando las premisas bajo las cuales los alemanes accedieron a dejar de lado su preciada moneda nacional? No es imposible, pero con ello reforzará la nefasta tendencia del “proyecto europeo” a prescindir de la voluntad popular en la conformación de decisiones trascendentales, profundizando un déficit democrático que tarde o temprano empezará a descoser las costuras de una Unión de élites, afincadas a su vez en los designios de burócratas anónimos, que nunca han sido electos y que no responden sino ante sus conciencias.

CONCLUSIÓN: ¿HAY SALIDA PARA EUROPA?

Estoy persuadido de que los actuales esquemas económicos y político-institucionales de la Unión Europea experimentarán cambios sustanciales durante los próximos meses, impulsados por la crisis financiera. Considero por otra parte que pase lo que pase el proyecto del Euro puede razonablemente ser calificado, ya a estas alturas del juego, como un fracaso. Pero la vida sigue y de algún modo naciones como Italia y España, entre otras, tienen que buscar salida. En ese sentido comparto el análisis y propuestas formuladas por Peter Morici en artículo publicado el pasado día 28 de Noviembre en el sitio web Realclearpolitics, en el que señalaba que para pagar sus deudas y retomar el crecimiento las naciones hoy acosadas deben exportar, pero la estructura de la zona Euro tiene rigideces paralizantes que impiden a una serie de países competir. Para salir a flote tendrían que soportar años de depresión y aún de ese modo no alanzarían la meta de renovarse y respirar de nuevo. Por lo tanto, sugiere Morici, países como Italia y España, entre otros, deben abandonar el Euro, convertir las deudas existentes a sus monedas nacionales, y asumir con coraje las reformas a Estados de Bienestar colapsados. Sin estas medidas, tomadas en conjunto y no separadamente, la austeridad que se quiere imponer desde Berlín, París y Bruselas se convertirá en un fin en sí misma y no en un medio para recuperar el crecimiento, y empujará a las naciones menos solventes a la generalizada protesta social y la radicalización política.  A más largo plazo, y ello se aplica igualmente a los Estados Unidos, la única solución permanente a la crisis financiera del capitalismo consiste en reformar los Estados de Bienestar y ajustarlos a un esquema más razonable de expectativas. Ignoro si será posible hacerlo por vías democráticas pues la demagogia ha envenenado la política en Occidente.


EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ANÍBAL ROMERO: POBRE MARX!

Desde su apartado rincón en el infierno, Carlos Marx observa estupefacto el curso de los eventos en la Europa actual y se pregunta: ¿Qué pasó con mis profecías? Tiene razón al sorprenderse. El escenario europeo no podría contradecir de modo más flagrante la ortodoxia marxista. 

En medio de una generalizada crisis capitalista los pueblos votan contra la izquierda y por los conservadores. Entretanto los partidos de izquierda, que se presume deberían al menos sostener el principio leninista de la “primacía de la política”, se dedican más bien, como en Italia y Grecia, a llevar al poder gobiernos tecnocráticos, incoloros, inodoros e insípidos, para que realicen la tarea inequívocamente política de imponer la austeridad y someter a los trabajadores y la clase media a una severa reducción en sus niveles de vida.

Uno no deja de asombrarse ante lo que ocurre. Es obvio que la izquierda europea, para regocijo de quienes criticamos sus banalidades, sufre la más grave de las enfermedades: la que extravía los espíritus y les pierde sin remedio. Esa izquierda, que debería ser la primera en entender la naturaleza ultra-capitalista del llamado proyecto europeo, es sin embargo su principal defensora, enredándose en consideraciones idealistas acerca de la “identidad cultural” y otras abstracciones por el estilo, que habrían hecho llorar, o quizás arrastrarse de risa, a sujetos como Lenin y Trotsky.

En efecto, la Unión Europea es en su esencia el vehículo a través del cual las corporaciones del viejo continente intentan competir en un mercado global capitalista, acosado por tiburones gigantescos como EEUU, China e India. Frente a semejante realidad la izquierda europea se dedica mansamente a defender el Estado de Bienestar socialdemócrata, cuyos precarios cimientos se agrietan de manera patente y cruel, dejando a la deriva las quimeras seculares de una prosperidad siempre creciente, ilusión óptica bajo la que ha vivido Europa estas pasadas décadas.

El espectáculo hipnotizante, por su palpable inexorabilidad, de la decadencia del Euro, en lugar de alegrar los corazones de los socialistas europeos les pone a temblar. Y es que esa izquierda europea se ha integrado tanto al sistema imperante que ya ni se atreve a organizar protestas o liderar a los sindicatos. Su propuesta es puramente administrativa y no política. Lo que ofrecen es gerenciar más eficazmente el Estado de Bienestar, concepto tan en quiebra como los bancos franceses. Ni siquiera osan asumir el poder cuando las cosas se ponen difíciles, y cual corderitos se suman al coro de los “técnicos”, en empeño inútil para reemplazar la política con espejismos burocráticos.

Desde luego, siendo la vida un proceso dinámico, hasta en la esclerótica Europa de hoy el colapso de la izquierda tradicional abrirá las puertas a la radicalización de algunas de sus partes, y quizás el viejo Marx reciba un poco de oxígeno en medio de los vapores sulfurosos, una vez que los sectores extremistas se organicen y comiencen, en clave leninista, a lanzar consignas que respondan a las “ineludibles exigencias del momento histórico”. Europa apenas inicia un camino que la conduce directamente a la radicalización de la política, de izquierda y derecha. El terremoto económico que la estremece a raíz del derrumbe del sueño, más grave de lo que se admite, tiene un potente impacto social. ¿Qué respuestas articulan las fatigadas élites europeas, ahora que sus utopías se desvanecen? ¿Tienen aún interés y fuerza para dar a la libertad del ser humano una oportunidad, en vez de asfixiarla más y más?

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA