BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL
lunes, 2 de enero de 2012
ANALITICA PREMIUM: ¡A SALIR DE LA MODORRA! (EDITORIAL)
martes, 6 de diciembre de 2011
CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL: LA CELAC, DEL DICHO AL HECHO HAY MUCHO TRECHO
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| DEL DICHO AL HECHO HAY MUCHO TRECHO |
lunes, 17 de octubre de 2011
CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL: STEVE JOBS, MUERE EL GENIO CRECE LA LEYENDA
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lunes, 1 de agosto de 2011
ANDRES OPPENHEIMER: EL DESAFÍO DIGITAL (EDUCACION EXITOSA)
El gobierno surcoreano acaba de anunciar que invertirá $2,000 millones en los próximos dos años para darles a todos los niños de la escuela primaria tabletas gratuitas conectadas a la internet. Lo que es más importante aún, reemplazará todos los contenidos de los libros de texto por contenidos digitales multimedia. El plan se extenderá a todos los estudiantes secundarios en el 2015.EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA
martes, 3 de mayo de 2011
SANTOS Y CHÁVEZ RESTABLECEN LA HEGEMONÍA ESTADOUNIDENSE EN AMÉRICA LATINA. HEINZ DIETERICH
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| La doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”, fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida a James Monroe en el año 1823. Dirigida principalmente a las potencias europeas con la intención de que los Estados Unidos no tolerarían ninguna interferencia o intromisión de las potencias europeas en América. |
domingo, 28 de noviembre de 2010
PARA: NOEL, JORGE Y RAFAEL. EMETERIO GÓMEZ. EN TRIBUNA LIBERTARIA - COMPENDIO OPINÁTICO - RAUL AMIEL
1.- Hay muchas vías y argumentos para enfrentar al Comunismo. Una es la crítica radical de su absoluta inviabilidad. En Rusia se desplomó silenciosamente... él solito; en China se transformó audazmente... en Capitalismo; y en Cuba da dolor este sainete de los hermanos Castro chuleando a Chávez.2.- Otra vía para pulverizar esta locura comunista de Chacumbele, es la defensa firme de la propiedad privada y la libertad individual, pilares insustituibles de la democracia.
3.- O enfatizar la infinita capacidad del Capitalismo para producir -masivamente- los bienes y servicios necesarios para superar la pobreza; algo que los comunistas, inútil y muy utópicamente, anhelan.
4.- O regresar a Adam Smith, al siglo XVIII y al profundo egoísmo subyacente en el Hombre, como la Causa de la Riqueza de las Naciones: "No le pidas al panadero o al cervecero que produzcan para satisfacer las necesidades de los demás; pídeles que lo hagan porque eso los enriquecerá". Porque "si cada quien persigue su propia ganancia, terminará beneficiando a toda la sociedad".
5.- Hay muchas otras vías y argumentos parciales para enfrentar al Comunismo, pero nada de ello tendrá sentido si no vamos al fondo del asunto, si no acabamos de entender que ¡¡la Civilización Occidental -sí, esa a la que pertenecemos- ha fracasado rotundamente!! Que EEUU y Europa deambulan absolutamente a la deriva, porque no han logrado generar un proyecto de sociedad que supere dicho fracaso. Y, lo esencial, que Occidente no podrá generarlo hasta que no asuma que la Filosofía Griega y el Pensamiento Racional, su fundamento penúltimo, fracasó. ¡¡Y que su cimiento último, el Cristianismo Medieval, se agotó!!
No es por un error de cálculo, que Chávez se reúne con las religiones y los líderes más fanáticos del mundo. Lo hace porque intuye que la poderosa Civilización Occidental ¡¡tiene los pies de barro!! Porque sabe bien lo que nosotros queremos ocultar: que Occidente estalló en el siglo XIX, que llegó hasta Hegel. Que Nietzsche y Dostoievski -de lejos los más grandes cráneos de ese siglo- no captaron la gravedad de la tragedia, la de la inaudita quiebra de la Razón griega y del Dios medieval. Esa debacle que Nietzsche redujo a la tonta idea de que Dios había muerto y que Dostoievski ingenuamente creyó captar cuando puso a Iván Karamazov a decir que: "Si Dios no existe, todo está permitido". Una bella frase que no intuyó siquiera la infernal gravedad del rollo: que "¡¡Aun si Dios existe, todo está permitido!!". Porque hemos aprendido a no tenerle miedo. Porque de lo que se trata es de la quiebra radical de cualquier postulado moral en Occidente. Aquellos dos pilares -la Razón y el Cristianismo Medioeval- requieren urgentemente de una cierta reingeniería. Si no la hacemos, será difícil enfrentar a Chávez y al chavismo... cuando sean oposición.
PD. Ruego a mis tres amigos empresarios que traigan de Chile un libro que inexplicablemente nuestras librerías no han traído: Mi Nietzsche, de Rafael Echeverría. Un autor que explica muy bien la quiebra de Occidente, una poderosa ayuda para formular ese proyecto de país capaz de enfrentar al Comunismo.
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viernes, 19 de noviembre de 2010
CARLOS RANGEL (1929-1988): NOTARIO DEL FRACASO LATINOAMERICANO
Carlos Rangel, en conversación con Sofía Imber, 23 de marzo de 1976
I.
Creo que Carlos Rangel tenía en sí la audacia del reformador, aunque no con el tono plañidero o ceñudo del puritano, sino como resultado de una voluntad de saber, de una pulsión por descubrir y difundir la verdad, siempre, por definición, desagradable. El símil psicoanalítico no se le escapaba y lo usa abundantemente en una curiosa entrevista que le hizo Sofía Imber, su esposa y alter ego, en ocasión de la publicación de la edición francesa de Del buen salvaje al buen revolucionario (que precedió en unos meses a la versión castellana de Monte Ávila Editores), en 1976. Tersa es también la confianza en los poderes purificadores de la razón, en el alivio espiritual derivado de lo que Berta Pappenheim, la inefable Anna O., primeriza paciente de Freud, llamó aptamente "el deshollinar" de la conciencia. En ese papel de adelantado, de heraldo de las verdades musitadas o encerradas en el cuarto, Rangel no llevó a cabo una tarea especulativa sino una labor terapéutica, teñida solamente de un escepticismo que se derrama sobre las posibilidades de felicidad moral de este Nuevo Mundo. En ese 1976 Rangel se muestra decidido a emprender la cruzada de la verdad contra los mitos latinoamericanos, pero el contrapunto agonístico entre mito y verdad no se resuelve, al final, con la victoria de la luz sino con un sabor amargo, fatalista, como el del médico que diagnostica un mal crónico de desenlace incierto.
II.
Caracas, en estos días, está como celebrando, sin proponérselo o más bien sin saberlo, los treinta años de este libro singular. Cumpliéndose otro aniversario de su muerte en Bolivia, la exaltada figura del guerrillero heroico se multiplica en toda clase de gadgets generosamente financiados por el hinchado presupuesto nacional, compartiendo los asfixiados espacios públicos con la basura, los buhoneros y las gigantografías del presidente, que han debido ser prohibidas por el Consejo Nacional Electoral por la temporada de campaña para las elecciones del próximo diciembre. La encarnación icónica del revolucionario perfecto lo persigue a uno por todas partes, como agazapado en medio del febril consumismo que el petróleo de precios estratosféricos nos concede. Una gigantesca y voluptuosa camioneta Hummer puede saludar "Hasta la victoria siempre, etc." desde una calcomanía color rojo Mao, y hacerlo sin ironía ninguna. Los bordes de la autopista que parte en dos a Caracas se hallan colonizados por galerías de retratos de próceres abrazándose: Francisco de Miranda con Fidel Castro, José Martí con Ezequiel Zamora, Guevara con Bolívar, en una promiscuidad panteísta. Como en una especie de perífrasis o glosa trágica del texto de Benjamin, la ciudad y el país están tomados por la revolución en la época de su reproductibilidad técnica, haciendo patente, para quien quiera verla, la tesis central de Del buen salvaje al buen revolucionario: que la política en estas latitudes está en el orden de lo mitológico y no en el orden de las aspiraciones normativas que deberían fundarla; que el desfile de ideologías y de matices doctrinarios sigue el ritmo atemporal de la frenética búsqueda del paraíso perdido, del retorno a la inocencia primigenia. Que no ha habido, propiamente hablando, política en Latinoamérica.
O mejor: Que América Latina, trágicamente construida como una Europa "de borde", limítrofe, es como el espejo borroso y deleznable de las crisis civilizatorias de Occidente. La fragmentación del Imperio Español precedió en varias generaciones a la disolución de las exhaustas monarquías europeas, y apremió negociaciones identitarias demasiado precoces, que fundaron a los Estados nacionales latinoamericanos sobre las frágiles arenas movedizas del voluntarismo político. Hoy, las ondas telúricas de las postdemocracias –intentando injertarse sobre la crisis de las democracias liberales y del estado de bienestar que lánguidamente, en medio de su opulencia, está padeciendo Occidente–, impactan el continente ante la mirada indolente del cansancio europeo y la obsesión excepcionalista de Estados Unidos.
III.
Lo crucial de Del buen salvaje al buen revolucionario es que elabora un relato articulado de la insaciable búsqueda de respuestas a la pregunta sobre el ser latinoamericano, pero mostrando que lo sintomático es la pregunta misma, y esto por dos razones. En primer lugar, porque el fondo sedimentario de la conciencia de sí de Latinoamérica está constituido por una enciclopedia mítica que acompaña a la tradición de pensamiento occidental desde tiempos grecolatinos, coagulándose especialmente en la figura humanista del buen salvaje. Dios inventó a Latinoamérica para que Europa pudiera deslastrarse de sus más pesados mitos, realizándolos en el Nuevo Mundo y dándose el lujo de fracasar allí una y otra vez, como si de un gigantesco laboratorio se tratara. Y en segundo lugar, porque, a la manera hegeliana, Rangel no da crédito a la noción de la originalidad de Latinoamérica: La confluencia de culturas y el mestizaje americano no autorizan a considerarla como esencialmente distinta a Occidente. No hay raza cósmica; somos pura repetición de lo que Europa alguna vez fue (aunque Hegel deja alguna rendija abierta sugiriendo que algo nuevo podría formarse en estas tierras, si bien insiste en que no es tarea del historiador diluirse en predicciones). Occidente es a su vez el resultado de innumerables cocteles culturales y mestizajes, y paradójicamente, el clamor por una identidad no occidental como opción para Latinoamérica terminaría, en buena lógica, con una negación del mestizaje americano y una reivindicación de absurdas purezas raciales, étnicas o culturales. En esta perspectiva, Latinoamérica está inevitablemente soldada al universo occidental y no tiene sentido, pues, preguntarse por la especificidad de una identidad latinoamericana.IV.
Del buen salvaje al buen revolucionario impacta hoy con dos prominencias: El tono apodíctico de su pesimismo y la facilidad con que el lector puede quedar convencido. Rangel formula la apuesta desde la introducción misma: "Yendo al fondo de la cuestión antes de desmenuzarla, lo más certero, veraz y general que se pueda decir sobre Latinoamérica es que hasta hoy ha sido un fracaso" (subrayado del autor). Y muestra que, al menos desde Bolívar, el continente ha vivido con una conciencia de fracaso que pugna por manifestarse a pesar del continuo ejercicio de negación que la mitología compensatoria le facilita. El caso es que Rangel se alinea de ese modo con una tradición bien establecida entre nosotros, cebada especialmente en las aguas densas del positivismo, sólo que sustituyendo a las determinaciones de raza y geografía otras de tipo cultural e histórico. Lo que a su vez explica el éxito persuasivo del libro: toca también, en su fatalismo, una filosofía social ampliamente popular y permite a la vez reconstruir una especie de meta-mitología: un relato convincente de las imposibilidades de Latinoamérica. Sin embargo, esta recursividad no es cerrada: Rangel deja deslizar, como un suspiro, una vía de escape.
Cuando Carlos Rangel escribió ese libro, Venezuela parecía estar transitando el camino real de la modernidad. Gobernaba un hijo del "aprismo", para usar el vocabulario de Rangel, y la escalada de precios petroleros parecía una señal divina para bendecir el esfuerzo de estabilización institucional y política que había tenido lugar desde 1958. Pero la inundación de petrodólares sólo sirvió para robustecer cosméticamente al ogro: Un paroxismo redistribuidor acompañó al protagonismo enfermizo del tercermundismo, ocasionando los desequilibrios que la sociedad venezolana ha venido pagando desde entonces. Pero Rangel subraya la versión venezolana del aprismo para, sin mucho entusiasmo, sugerir que esa fórmula podía llegar a ser la vía latinoamericana para conciliar libertades democráticas con modernización económica, es decir, de conectarse con los valores occidentales y desarmar la potencia de la promesa revolucionaria.
La historia ha sido cómplice de Rangel: Que este país sea hoy justamente el escenario privilegiado de la resurrección de la imaginería buensalvajista, y de este grotesco experimento de socialismo petrolero, parece confirmar la tesis del papel de dique de contención que las socialdemocracias latinoamericanas cumplieron con respecto a la teología de la revolución cubana: el fracaso del aprismo se traduce en el renacer del mito; la disolución de nuestro pacto social trajo de vuelta al caudillo cesarista. Si, como ocurrió ante la evidencia de las contradicciones e inmadurez de las socialdemocracias, tuvieron lugar aquellos polvos liberales de la década de los noventa que produjeron estos lodos en Venezuela, en Bolivia, en Nicaragua y Ecuador quizás, y casi en Perú y en México, es porque, de nuevo, se trataría de casos de modelos aéreos que no llegan a articularse con el fondo cultural latinoamericano. La melancólica lección política que se deriva es que el territorio para la propagación de un liberalismo contemporáneo criollo es verdaderamente exiguo, y que, en el caso de conservar la cordura, los regímenes políticos exitosos en este continente continuarán promoviendo Estados gordos y sociedades corporativizadas, con desiguales niveles de institucionalización y no pocas dosis de caudillismo.
V.
Curioso resulta, entonces, que a Carlos Rangel se lo mencione tanto en las genealogías del pensamiento liberal latinoamericano. En su descripción de la lucidez y olfato político de Rómulo Betancourt y en su elogio de la iniciativa de creación de la OPEP, Rangel deja traslucir una, digamos, inquietud nacionalista que no forma parte del equipaje estándar de algunos de sus presuntos herederos intelectuales. Se produce entonces una tensión entre el tono pesimista de sus tesis fundamentales y una tímida confianza en que sí es posible elaborar el tránsito modernizador en nuestros países y realizar aquí los ideales ilustrados. La inteligencia de Rangel lo protege de su propia deriva dogmática y lo separa del antiestatismo ingenuo que de vez en cuando quiere ennoblecerse citándolo como padre fundador. También queda distanciado de ideologías de reemplazo, de cierto espíritu reaccionario que ha sustituido, en algunos casos, a la necesaria pero siempre postergada construcción de una derecha moderna, y que se ha conformado con ser eso, pura reacción irreflexiva y conservadora.
VI.
Tal vez debido a la peculiar coyuntura venezolana, hay una dimensión de la figura de Rangel que juzgo particularmente importante de destacar, y que tiene que ver con el papel de las elites intelectuales y la acción política. Se está repitiendo entre nosotros un patrón muy visible durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, durante los primeros treinta y cinco años del siglo XX, que consiste en una cuarteadura de la intelectualidad: mientras unos (pocos, debe decirse) justifican marxista o postmodernamente la presencia del césar, otros han transitado por el difícil camino de reconsiderar sus compromisos políticos, o más bien, su indolencia política. Durante la consolidación de la democracia venezolana, en la década caliente de los sesenta, y en la bastante más tibia de los setenta, los clanes intelectuales competían por espacios institucionales, especialmente en ese campo de batallas y prebendas que es la universidad pública latinoamericana, pero estaban casi unánimemente situados en la misma esquina ideológica, "arrimados al marxismo como los gatos a la chimenea", tal como el mismo Rangel los describe. La escritura provocadora de Del buen salvaje al buen revolucionario debe de haber enconado la herida narcisista que significó ese texto. Y no cabe duda de que había que ser moralmente recio para enfrentar casi en soledad la militancia de esa elite ofendida, sobre todo una con tanta potencia comunicacional y arrogancia política. Sólo ahora nos es plenamente comprensible a nosotros venezolanos esa reciedumbre, cuando no son pocos los que padecen el escarnio desde el poder.
Paradójicamente, Rangel encarnaba cabalmente la imagen del intelectual crítico, comprometido a la manera francesa, contrastando con la progresiva burocratización de las capas intelectuales del país, que no sólo conservaron férreamente sus espacios académicos sino que fueron incorporadas, como consecuencia de la política de pacificación de la guerrilla, a una serie de organismos públicos diseñados para la gestión de lo que se llamó el "sector cultural", participando así, de pleno derecho, en el festín petrolero y domesticando notablemente su beligerancia y espíritu crítico.
Esa narcosis terminó bruscamente, cuando el final del siglo XX venezolano se conecta como una anfisbena con su principio. En realidad, el cuerpo desnudo del rey se exhibía para todos: no era inusual encontrar en la opinión pública, durante los años de crisis que precedieron a la elección de Chávez, algún amargo recordatorio acerca de la irresponsabilidad política de las elites. Pero el mal era aún más grave. Más que la omisión, fue la acción deliberada de grupos intelectuales políticamente imprudentes (y el silencio cómplice de la mayoría) lo que creó las condiciones de disolución del sistema político democrático. El oficioso grupo de "notables" que promovió la defenestración del presidente Pérez en 1993 no contribuyó en poco a eliminar los obstáculos para el advenimiento de lo que eufemísticamente se llama "déficit democrático". Amparados en la ilusión de la antipolítica, creían cumplir labores de regeneración del cuerpo social y se veían a sí mismos como los guardianes morales frente a la corrupción política. La figura del militar presuntamente ingenuo vino a complementar esta fantasía, con los resultados que conocemos. Los años recientes han sido, en ese sentido, un periodo de reaprendizaje de la política, pero en especial para los intelectuales (si es que puede usarse lícitamente esa etiqueta) han significado una recuperación del esfuerzo de pensar lo público, lo que en definitiva constituye el tipo de efecto que Rangel bien hubiera querido para su libro. Él mismo lo enuncia así:
La gente me dice: "¿Usted qué propone? ¿Cuál es su proposición para el futuro?" Bueno, primero que nada, yo no encuentro que quien analiza debe o está obligado a proponer soluciones; en segundo lugar, yo creo que –como dice un autor francés a quien yo estimo mucho– la disyuntiva entre interpretar el mundo y transformarlo es una falsa disyuntiva: interpretar al mundo es una manera de preparar su transformación.
Artículo de la Profesora Colette Capriles, publicado originalmente en letraslibres.com.
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viernes, 1 de octubre de 2010
UN NUEVO CUADRO POLÍTICO. VLADIMIR VILLEGAS. FUENTE -EL NACIONAL-
Los resultados electorales del pasado domingo nos dejan un nuevo cuadro político en el cual se mantiene la polarización pero se coloca en evidencia la pérdida de apoyo popular al gobierno del presidente Hugo Chávez y su partido, el PSUV, y por otra parte les dan a las fuerzas agrupadas en la Mesa de la Unidad Democrática un triunfo en votos que desnuda a la Ley de Procesos Electorales como un instrumento destinado a burlar la voluntad popular y a desaparecer a las minorías.

Fracasamos quienes creímos posible empujar con fuerza una nueva referencia política, distinta a los dos polos que coparán la nueva Asamblea Nacional. El resultado de PPT, particularmente en el estado Lara, obligará
a un análisis más detenido, sobre todo porque no se corresponde ni con las expectativas ni con el liderazgo que, más allá de lo ocurrido, tiene Henri Falcón, a quien hay que reconocerle la valiente decisión de deslindarse del PSUV y de un modelo basado en el mesianismo, en el pensamiento único y en la ausencia de espacios para el debate.
Más allá del resultado electoral, no hay espacio para el arrepentimiento. El deslinde con el PSUV fue y sigue siendo necesario, sin que ello nos exima de analizar nuestras responsabilidades colectivas o individuales en esta derrota. Pero estoy seguro de que con una ley electoral diferente a la actual, y que respete el principio de la proporcionalidad, otro sería el cuadro.
Gracias a esa ley el PSUV disfrutará de una mayoría artificial y los partidos pequeños, como PPT, pierden espacios que con un sistema electoral equitativo le corresponderían inobjetablemente. El nuevo cuadro político abre perspectivas positivas para el país. Si algo satisface de ese resultado es que tendremos una Asamblea Nacional plural. No tan diversa como hubiésemos querido, pero lo suficiente como para hacer sentir la voz de una franja de venezolanos, hoy mayoritaria, que está cansada de la falta de autonomía del actual Parlamento, de la incondicionalidad, de la ausencia de la función contralora y de la indolencia frente a problemas tan dramáticos como la inseguridad, la falta de viviendas e incluso la corrupción. Otro hecho positivo derivado de este resultado es que se ratifica el camino democrático y electoral para dirimir las diferencias en la sociedad. Los ciudadanos votaron por la paz, contra la exclusión, contra la prepotencia en el ejercicio del poder, y por una Asamblea Nacional que no delegue sus competencias. Pero sobre todo votaron por el respeto a la Constitución. Sería un grave error del Gobierno leer equivocadamente estos resultados y creer que el liderazgo del presidente Chávez salió ileso de este proceso electoral. No se puede tapar el sol con un dedo. Lo ocurrido es una victoria del PSUV con un tufo de derrota. Le debe esta "gauchada" a la Ley de procesos Electorales. Pero el mensaje está clarito. Se produjo un castigo electoral al gobierno, al partido rojo-rojito y al propio Chávez, protagonista de la campaña por decisión propia.
No es viable ni tiene el apoyo de la mayoría esta manera de gobernar. Hasta en el propio seno de la base chavista hay descontento y el deseo de se produzcan serias rectificaciones en la política y en la economía, para ver si reactivamos el aparato productivo, derrotamos la inflación, superamos el modelo rentista, generamos empleo de calidad, construimos viviendas y reducimos la inseguridad.
El Gobierno tiene que aceptar que ayer amaneció una nueva Venezuela, y que no hay maniobra que valga para desconocerla. Tienen hoy más vigencia que nunca los reclamos y las demandas que formuló Henri Falcón en su carta pública de renuncia al PSUV. Esa Venezuela que ayer nació reclama diálogo, inclusión, respeto y, sobre todo, apego a la Constitución.
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miércoles, 29 de septiembre de 2010
CARISMA Y APRENDIZAJE. ANÍBAL ROMERO
Un liderazgo de tipo carismático, como en buena medida lo es el de Hugo Chávez, contiene poderosos ingredientes emocionales, y su desgaste es usualmente más lento y demanda mayores reveses que liderazgos tradicionales y burocráticos.
De allí que la confrontación política que tiene lugar en Venezuela desde hace más de una década se parezca a una “guerra de desgaste” y no a una Blitzkrieg o guerra de decisión rápida. El rasgo central de una guerra de desgaste es su mayor
duración, así como el imperativo para los participantes de diseñar una estrategia que combine el uso del factor tiempo (estrategia de largo plazo) con acciones tácticas ajustadas a la concepción general del conflicto.

En tal sentido, y luego de no pocos errores y traspiés, el pueblo y la dirigencia democráticos venezolanos hemos alcanzado un punto de madurez, que armoniza el deseo de poner punto final a este período oprobioso de nuestra historia, con la convicción de que hay que dejar la violencia en manos de los “revolucionarios” que se empeñan en destruir el país.
En vista del carácter carismático del liderazgo de Chávez, es crucial para los demócratas entender el profundo sentido emocional del apego que, a pesar de sus desmanes y fracasos, la figura del caudillo sigue produciendo en numerosos venezolanos, principalmente en los sectores más pobres a los que Chávez ha dado reivindicaciones simbólicas que no debemos subestimar.
En ese orden de ideas, destaco la importancia de los resultados electorales del pasado día domingo 27, pues no solamente reafirmaron la vocación cívica y pacífica de la oposición democrática sino que pusieron de manifiesto que una mayoría aspira reequilibrar el país, dejar de lado la funesta utopía socialista, y hallar un rumbo de reconciliación.
El desafío hacia delante es muy complejo. Se ha producido un gradual pero efectivo aprendizaje político en vastos sectores populares y de la clase media, pero tal aprendizaje debe ahora ser cultivado y fortalecido por una dirigencia democrática que comprenda el significado de lo ocurrido y preserve la mirada fija en la estrategia de desgaste al adversario.
Chávez es un demagogo formidable al que sería fatal subestimar. Sus propios errores y delirios le están conduciendo a dilapidar de modo paulatino su capital político. Pero para que tales desatinos generen el resultado que deseamos, con su salida del poder, es imperativo que la dirigencia opositora preserve a toda costa la unidad alcanzada, subordine las ambiciones personales a los intereses colectivos, y asuma con claridad que el carisma de Chávez está mellado pero no agotado.
Es importante reconocer las derrotas cuando tienen lugar, pero es igualmente necesario apreciar las victorias y aprender de ellas. También hay que celebrarlas con genuina pero humilde alegría. Vale por ello la pena celebrar los resultados obtenidos en las elecciones del pasado día domingo. Ha sido reconfortante comprobar la vocación civilista de los venezolanos, con las escasas excepciones provenientes de la violencia oficialista. Creo que dicha violencia va a ser asfixiada por el deseo mayoritario de convivir en paz.
Insto a la dirigencia política democrática a asumir el triunfo con ponderación, a mantenerse unida, a no caer en provocaciones, a transmitir siempre un mensaje constructivo y de reencuentro entre los venezolanos. Las tareas prácticas que ahora se ponen a la orden del día deben ser ejecutadas con prudencia y balance.
El futuro empieza a perfilarse con más intensa claridad, y no me cabe duda: vendrá el amanecer.
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viernes, 3 de septiembre de 2010
OPTIMISTAS FRENTE A PESIMISTAS, DERROTISTAS Y CATASTROFISTAS, CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL
Pesimista es aquella persona que tiene propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable. Derrotista es aquel que tiende a propagar el desaliento en el propio país con noticias o ideas pesimistas acerca del resultado de una guerra o, por extensión, acerca de cualquier otra empresa. Catastrofista el que tiene la actitud de quien, exagerando con fines generalmente intimidatorios, denuncia o pronostica gravísimos males, y en oposición a ellos el optimista, propende a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.

Los pesimistas, derrotistas y catastrofistas -los PDC- son entonces esas personas que tienden a ver la vida y los problemas de forma desfavorable, negativa, propagando el desaliento y exagerando para intimidar como si no hubiera otras maneras de interpretar lo que sucede, son “amargados” por naturaleza y -supongo yo- sufren más.
Mientras que los optimistas -los O- ven la vida y actúan de forma totalmente contraria, miran las cosas en positivo, eso los hace mas alegres, se ven más saludables, menos enfadados con la vida y observan las oportunidades en todas partes incluyendo cuando son afectados por alguna crisis.
Algunas personas famosas han escrito sentencias “lapidarias” donde critican el pesimismo y ponen en evidencia de esa forma lo hecho por los optimistas, por ejemplo, la escritora Hellen Kéller anotó “Ningún pesimista descubrió jamás los secretos de las estrellas, o exploró una tierra no cartografiada, o abrió ningún cielo nuevo para el espíritu humano’ o cuando Dwight Eisenhower dijo “El pesimismo nunca ganó una batalla”
Buena parte de los PDC de hoy día son fanáticos ambientalistas, resentidos sociales, comunistas desilusionados, políticos y gente de izquierda perturbados que no han comprendido los cambios, y que se han quedado en el tiempo, también nos encontramos personas que sufren de baja estima y creen que el mundo que les rodea se cae a pedazos, cuando la realidad es todo lo contrario.
Si hiciéramos un gráfico generalizado sobre la evolución de la humanidad desde hace 10.000 años, veríamos una línea en constante ascendencia que nos indicaría sin duda alguna que la humanidad hoy día está mejor desde cualquier punto que se le analice.
Nunca antes en la historia de la humanidad conocida se había logrado bajar la pobreza extrema en el mundo como bien nos señala el último informe de la ONU.
http://www.univision.com/contentroot/wirefeeds/world/8241081.shtml
Nunca antes en la historia de la humanidad se había tenido las expectativas de vida que se tienen en esta época y nunca antes habíamos tenido tan cerca la igualdad de género, nunca antes tuvimos tanta gente alfabetizada en el mundo como ahora, nunca antes habíamos tenido tantos científicos, médicos, ingenieros y profesionales en general trabajando juntos para mejorar nuestra sociedad, y nunca antes se tuvo mas conciencia ambiental que en esta época en que vivimos.
Nunca antes tantos países decidieron tomar la senda de la democracia en el orbe como en esta época y nunca antes habíamos tenido tantas facilidades para comunicarnos los unos con otros en todo el mundo como lo hacemos con la Internet o la telefonía móvil “motores” de un cambio radical en nuestra historia.
http://carlosvilcheznavamuel.blogspot.com/
carlosvilcheznavamuel@gmail.com
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miércoles, 30 de junio de 2010
GLORIA Y CAÍDA, ANTONIO COVA MADURO
Sin San Pablo, en efecto, hoy tendríamos al cristianismo convertido -o mejor, “no convertido”, sino absolutamente FIEL A SUS COMIENZOS en la Palestina romana- en una religión semita repleta de mandatos y prohibiciones de todo tipo y con inmensas dificultades derivadas de esa típica rigidez; incapaz de adaptarse al mundo moderno que ella misma tanto ha contribuido a crear y caracterizar. ¡Gracias, pues, por tantos favores recibidos!sábado, 19 de junio de 2010
LA ESTRATEGIA DE DIOS, CARLOS E MÉNDEZ
Partiendo de esta primicia podemos especular que la estrategia de Dios es aguardar el momento preciso y oportuno para actuar. En cambio, los hombres andamos ansiosos debido a lo transitorio de nuestras existencia. Contabilizamos más errores que aciertos en nuestro libro de vida. Es que, de los errores se aprende mucho mas que de los aciertos. Un solo acierto sirve para cubrir esas huellas opacas que dejamos en nuestro transitar por la vida. A esto se agrega la virtud excepcional de los mortales en olvidar lo malo y hasta lo bueno que hacemos.carlosemendezs@gmail.com
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