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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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viernes, 7 de octubre de 2011

TRINO MÁRQUEZ: CAP, LLUEVE Y ESCAMPA

Llueve y escampa -el proverbio tomado del refranero popular, que Carlos Andrés Pérez citó en una de sus numerosas batallas por sobrevivir a los ataques de los enemigos que lo acechaban- sintetiza muy bien los rasgos básicos de su conducta pública. Era, en el sentido aristotélico del término, unanimal político (zôon politikón). Un hombre que todo lo pensaba en términos del Poder. Esta aspiración, que sublimó llamándola “deseo de trascendencia” en numerosas entrevistas, fue la energía que moldeó su enérgica personalidad.

Durante su primera presidencia le tocó lidiar con una clase política bastante aldeana, acostumbrada a Presidentes austeros que se sentían más cómodos visitando cualquier ciudad del interior, que aventurándose  a emprender giras por el mundo entero en busca de aliados y, ciertamente, protagonismo personal. Salvo escasas incursiones al exterior, los jefes de Estado anteriores a CAP no salían de Venezuela. Quererle disputar el liderazgo planetario del tercermundismo a Fidel Castro y descollar como figura internacional en  esa Venezuela pueblerina, fue una osadía que sus enconados adversarios no le perdonaron.

La excusa perfecta para atacarlo de forma despiadada fueron los indudables errores que se cometieron durante su primer mandato. El más grave: la exacerbación del estatismo; el afán de construir un capitalismo de Estado sobre la base de la bonanza circunstancial de los precios del petróleo provocada por el embargo árabe. La “Gran Venezuela” se desplomó, no porque CAP fuera un megalómano, tal como predicaban sus detractores, sino porque los fundamentos conceptuales de esa visión del desarrollo –en boga en toda América Latina- estaban equivocados. En Latinoamérica reinaba la tesis cepalina del Estado fuerte, empresario, impulsor del mercado y la división interior del trabajo, promotor del desarrollo interno (endógeno), y con un sector privado sometido y dependiente del gasto público. CAP creyó en la conseja y condujo al país por un desfiladero. Sus adversarios, que defendían sus mismas ideas, le atribuyeron la debacle a los Doce Apóstoles y a la corrupción, supuestamente promovida desde Miraflores. Engaño puro. La corrupción fue un problema menor frente al error estructural sobre el que se montaron las políticas públicas. CAP fue el brazo ejecutor de una visión condenada a naufragar. Sus verdugos querían su cabeza y el Sierra Nevada les sirvió de excusa perfecta. Tan bufa resultó la maniobra que fue un hombre de izquierda, hoy figura prominente del chavismo, quien evitó su decapitación. Luego de la bonanza y el esplendor de su primer gobierno se habían desatado lluvias tormentosas. CAP sobrevivió.

Superado el episodio del barco vino su revancha. Contra viento y marea se impuso sobre el candidato de la ortodoxia adeca. Luego le ganó a Eduardo Fernández en la última gran elección protagonizada por los dos grandes partidos históricos del país, AD y COPEI.

En su segunda administración el contexto internacional había cambiado. Las monolíticas tesis de la CEPAL habían caducado. La Teoría de la Dependencia había sido abandonada hasta por sus progenitores. En el mundo entero predominaba el pensamiento liberal. Los logros espectaculares alcanzados por Inglaterra y España, y la franca recuperación de los Estados Unidos, indicaron que el camino no era más intervencionismo, sino mayor participación de la sociedad. El Consenso de Washington resumió el contenido práctico que debía orientar el comportamiento de los Estados de la región. Esas diez recomendaciones, llenas de sentido común,  fueron acogidas por el naciente gobierno de CAP II. Además, el Presidente recién instalado impulsó la descentralización y la reforma del Estado. Los alacranes de antes, más otros que fueron agregándose en el camino, vieron la oportunidad de una nueva conjura. El estallido del 27-F, apenas tres semanas después de haber retornado a Miraflores, presagiaban que la lluvia comenzaría pronto. Fue así. Los brujos montaron el aquelarre temprano y no descansaron hasta defenestrarlo. El golpe del 4.F les vino como anillo al dedo. Un cuartelazo reaccionario y contranatura les sirvió de armazón para lanzarse como perros de presa en su contra. Por supuesto,  la conspiración tenía que triunfar. Lo habían acorralado. La tempestad lo agarró solo y aislado. Pero, su salida marcó el inició de la larga agonía vivida por la democracia desde esa fatídica fecha.

En la paz del sepulcro -pienso que con placer- ve cómo las políticas de los países exitosos son similares a las que él intentó impulsar. Los intrigantes de ayer, hoy lo reivindican porque fue un demócrata a carta cabal. De nuevo escampa.

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miércoles, 24 de agosto de 2011

ALBERTO MEDINA MÉNDEZ: EL RIESGO DE CONCENTRAR EL PODER. (DESDE ARGENTINA)

Para quienes entienden que gobernar es una tarea que supone no imponerle desde las mayorías formas de vida al resto de la sociedad, priorizando la vida armónica en comunidad, el poder público, el que proviene de la acción política debe sostenerse sobre ciertos equilibrios.
La república es una de las modalidades que intenta balancear ese poder. Pretende que los contrapesos eviten el despotismo y que las autocracias hagan de las suyas.
Pero para que esos equilibrios funcionen, es preciso entender la esencia del sistema, y ella consiste en que nadie concentre la suma del poder público. La sociedad entonces, debe entender los riesgos de transferir sin límites su poder soberano al “elegido de turno”.
Por eso, cuando el voto popular, la voluntad mayoritaria, le asigna responsabilidades a un candidato, el resto de los mecanismos deben funcionar a pleno, con coherencia y sin contratiempos.
En ese esquema, importa estimular la diversidad de ideas y visiones en el parlamento, en el que los sistemas bicamerales aportan mucho, evitando que un recinto sea el espejo del otro y exigiendo mayorías especiales para sortear los potenciales atropellos del circunstancial líder del momento.
Se agrega la necesidad de un sistema judicial lo más independiente posible, que consiga que la combinación de jueces y funcionarios designados, provengan de diferentes etapas de la construcción política para garantizar cierto equilibrio general y que la justicia no sea una réplica de los vientos de cada oleada electoral.
También es imprescindible una prensa plural, que defienda intereses distintos, para que la ciudadanía pueda escuchar campanas diferentes, y no solo la voz oficial, la de los aduladores y obsecuentes de siempre, ni la del pseudo empresariado prebendario que siempre florece a la sombra del que gobierna.
Es indispensable además, una sociedad civil movilizada, inquieta, suficientemente dinámica que se anime a controlar a los poderosos de turno, no solo a los que gobiernan, sino también a los opositores que se suponen custodios de las voluntades diferentes.
En fin, no es deseable la concentración del poder, le hace mucho daño a las minorías que son excesivamente vulnerables ante la desproporción de herramientas para defender sus derechos.
Pero también lastima la moral ciudadana, porque el poder hegemónico amedrenta, adoctrina e impone visiones haciendo que muchos se resignen, acepten principios y reglas que no comparten, solo por la impotencia que sienten al no poder contrarrestar tanta impunidad.
La oposición no puede cumplir su rol de controlar, si es aplastada sistemáticamente por la democracia aritmética que propone la simplificación de las mayorías circunstanciales, en esa lógica que pretende imponerse por la fuerza bruta, otorgándole la razón al que tiene más votos, solo porque suma más voluntades.
Pero inclusive perjudica al poderoso, que se siente dueño de todo, que supone que nadie puede controlarlo, y lo somete al trance de caer en el pecado de la soberbia, de creer que la adhesión obtenida en la fotografía electoral, es eterna y que le otorga razones suficientes para hacer lo que le plazca.
La sensación de que no tiene competencia, lo hace actuar de modo inadecuado, lo enfrenta a la posibilidad elevada de cometer errores por no verse estimulado para consensuar, acordar, discutir y negociar.
Y lo más importante, coloca a la sociedad toda, al borde del precipicio, al haber puesto todos los huevos en la misma canasta violando el principio elemental de cualquier inversión para bajar el nivel de exposición.
Lo que está en juego no es dinero, ni cuestiones superficiales, esta sobre la mesa el presente y el futuro propio de cada individuo, y lo más significativo, el de los hijos que tendrán que pagar los errores o disfrutar de los aciertos de las generaciones que las preceden.
El entusiasmo a veces nubla la vista, el fervor moviliza emociones, pero quienes transitan esa dinámica, abandonan el sendero de la humildad y pierden contacto con el mundo real.
La sociedad toda debe reflexionar sobre la necesidad de sostener equilibrios, otorgar poder, pero siempre a préstamo, por poco tiempo, y nunca delegar facultades a nadie, por iluminado y brillante que parezca. Después de todo somos seres humanos, y el peligro es que creamos que los aplausos, nos hace una raza especial, privilegiada y tocada por la varita mágica.
Atomizar el poder es el ingrediente principal, la fórmula imprescindible para evitar los abusos, las tentaciones de perpetuidad, el discurso único que todos dicen querer eludir, pero que en los hechos intentan instrumentar.

Siempre es importante entender, que existe otra mirada, que los caminos no son únicos, y que se cumplen ciclos, que debemos asumirlos como tal para evolucionar, como lo marca la historia y nuestra propia experiencia.

Es tiempo de cuidarse de los exitismos. La tentación de otorgar cheques en blanco es altamente peligrosa, por eso es importante entender el riesgo de concentrar el poder.
amedinamendez@gmail.com
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jueves, 4 de agosto de 2011

ZENAIR BRITO CABALLERO: DEMOCRACIA SIN REPÙBLICA

Leyendo días atrás un artículo en Internet, encontré una cita que me parece viene muy a propósito de la realidad política que vive Venezuela. Al final del texto, lo que el autor Carlos Castillo Peraza señala, considero se ajusta perfectamente a la coyuntura actual: “Hay una cosa peor que una república sin democracia, y es una democracia sin república”.

El desprecio por las instituciones del que somos azorados testigos en los últimos años evidencia a las claras que en nuestro país tenemos precisamente eso: una democracia sin república. Pero ¿qué es república? En “El Contrato Social” –capítulo VI “De la ley”– Jean-Jacques Rousseau define: “Llamo pues república a cualquier Estado gobernado por leyes, bajo cualquier forma de administración que fuere; pues solo entonces gobierna el interés público, y es tenida en algo la causa pública”.

Fácil es observar que las transas y manipulaciones mediante las cuales distintos actores o grupos de la clase política impusieron sus criterios para conformar ternas o designar autoridades de poderes del Estado y de importantes órganos del Gobierno a cambio de favores o prebendas tienen muy poco que ver con la definición de Rousseau.

Es decir, seguimos viviendo en un país en el que imperan los deseos de los hombres públicos, no las leyes. No son estas las que importan, sino los “arreglos” entre aquellos que se creen en el derecho de interpretarlas. República significa un “Estado gobernado por leyes”. Es decir, un Estado en el que se respetan las reglas del juego que nosotros mismos nos dimos libremente, en primer lugar a través de ese gran contrato social que es la Constitución Nacional de 1999.

Pero entre nosotros no es así, aquí cada uno se cree investido de la autoridad suficiente para determinar en qué ocasiones le conviene respetar el ordenamiento constitucional del país y en qué otras no. La clase política venezolana manosea de forma alevosa las instituciones. Las vilipendia, reduciéndolas a la simple categoría de cosas. Un día nombran a los integrantes de la Magistratura, otro día ponen presa a una jueza, pero no porque haya percibido que eventualmente se cometió una acción arbitraria, sino porque recibió algo a cambio que “justifica” la revisión de su decisión precedente.

En nuestro mundo político cada sector determina cuáles fallos del Tribunal Supremo de Justicia se deben cumplir y cuáles no. A nadie parece importarle que, si una sentencia es sospechada de haber sido dictada de manera espuria, lo que corresponde es aplicar los mecanismos institucionales para revertir el atropello, impulsar las acciones concretas destinadas a reparar el eventual daño ocasionado.

De lo contrario, se sienta un nefasto precedente para la salud de la democracia: ni las sentencias se acatan, porque son sospechadas de irregularidad, ni se aplican los remedios necesarios para evitar que, en el futuro, la máxima instancia judicial dicte fallos injustos, arbitrarios o directamente contrarios a las propias disposiciones constitucionales, quedando así el país sumido en una situación de caos institucional que, sin lugar a dudas, acarreará perniciosas consecuencias en la evolución del proceso político. Democracia sin república, eso es lo que tenemos. Lamentablemente, de allí al Estado fallido hay un paso muy pequeño. ¿Alguien lo estará advirtiendo?

britozenair@gmail.com
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sábado, 30 de julio de 2011

ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ: JUSTICIA BONIFICADA (CON VOZ PROPIA)

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) consagra normas para establecer la independencia de los poderes públicos  (Título IV). Fundamentada en esa garantía la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en irrebatible Informe emitido a comienzos del presente año, expresa preocupación por aspectos que afectan la imparcialidad del Poder Judicial.
Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos observa que un Poder Judicial independiente es indispensable como contralor de la constitucionalidad de los actos de otros poderes del Estado, tal órgano encargado de administrar justicia.
Numerosas son las decisiones ajustadas a las conveniencias políticas emanadas del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ); más si son para halagar al liderazgo del régimen. 
 Evidencias ha dado, al igual que la fiscalía general, que para actuar sólo esperan “exhortaciones” u órdenes directas como sucedió con   la jueza María Lourdes Afiuni, quien concedió medida cautelar al banquero Eligio Cedeño que en violación del plazo máximo de detención preventiva llevaba más de dos años preso.
La reacción guerrerista del comandante presidente (CP), quien ha llegado a calificar de “plasta” al máximo tribunal, surgió de inmediato:
“Yo exijo dureza contra esa jueza bandida. Habrá que meterle pena máxima. Treinta años de prisión pido yo”.
De allí la diligente actuación de la presidenta del TSJ, Luisa Estella Morales, nombrada en la alocución del CP, en procesar al gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski.  Pero el carácter político le obligó a la anulación de su propia orden,  alegando que quien solicitó la medida (Gerson Pérez) ¡no acreditó ser miembro del PSUV! Esa magistrada tomó la decisión tan pronto el dirigente Aristóbulo Izturiz anunció que el citado ciudadano había sido expulsado del partido oficial. 
(Es de esperar que igualmente se pronuncie por revocar el absurdo antejuicio de mérito contra el gobernador de Lara, Henri Falcón).
En declaraciones a la prensa, la magistrada Blanca Rosa Mármol de León dijo que es absolutamente cierta la denuncia del uso del sistema judicial como instrumento de persecución política.
-Lo acabamos de ver con la sentencia contra Oswaldo Alvarez Paz. El objetivo es criminalizar la disidencia –expresó la valiente y honesta magistrada.
Finalicemos el esbozo con la tildada de vergüenza en los mismos predios de la “revolución”: la bonificación de diez millones de bolívares (BSF 10 mil) que la mayoría del TSJ se auto otorgó para compensar la reducción de los 30 millones (BSF 30 mil) aprobada a su “mísero” sueldo
Los llamados bolivarianos defienden este sistema en abierta contradicción con El Libertador quien pensaba que con la Justicia “reina de las virtudes republicanas…se sostiene la igualdad y la libertad”.
Ellos proclaman al “Bolívar de talla multiplicada”,  que invoca el régimen castrista cubano y que Francisco Arias Cárdenas definió en la prisión por golpista: “un mito de la fantasía popular”
NOTA MARGINAL: El adelanto de elecciones primarias es un clamor, como lo fue al proponerse fijarla este año. Pero la MUD  insiste en  reiterar que serán el 12 de febrero. ¿Por qué esa postura, cuando  está más que concebido el interés del comandante en anticipar las presidenciales. Ya la vicepresidenta del Poder Electoral advirtió: "No hay una ley que nos disponga una fecha”.

@albertojordanh

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domingo, 10 de julio de 2011

ROGELIO DEMARCHI: LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD

Liberalismo y poder. Latinoamérica en el Siglo XIX (FCE, 2011).

FRANCISCO DE MIRANDA
Hace unos 200 años, cuando comenzó el proceso independentista iberoamericano, sólo había dos formas de gobierno conocidas: la monarquía y la república; y los simpatizantes de ésta habían luchado o luchaban contra los defensores de aquélla en nombre de la libertad.

De esa manera tan simple, aun si esquemática y reduccionista, podría graficarse el origen del liberalismo, corriente de pensamiento político que en los últimos años ha vuelto a ser objeto de estudio de diferentes disciplinas, tras el largo desprecio que sufrió en la segunda mitad del siglo 20.

SIMON BOLIVAR
Liberalismo y poder. Latinoamérica en el siglo XIX (FCE, 2011), una compilación a cargo de Iván Jaksic y Eduardo Posada Carbó, demuestra cuán importante ha sido el liberalismo en la constitución de las naciones latinoamericanas. De Argentina a México, de Chile a Brasil, la teoría liberal se instala con fuerza en el periodo independentista y genera, a lo largo de casi 100 años, procesos tan diferentes que se torna necesario hablar en plural: “Desde su temprana irrupción, los liberalismos latinoamericanos evolucionaron a ritmos diversos con manifestaciones asimismo diversas en los distintos países de la región, condicionados por sus diferentes circunstancias externas e internas. No hubo un patrón de desenvolvimiento uniforme”, afirman los compiladores.

JOSE DE SAN MARTIN
Y como no es posible una definición taxativa y universal –porque toda idea se transforma cuando se muda de territorio, o porque evoluciona con el tiempo–, advierten que un estudio histórico sobre el liberalismo “requiere, de antemano, un ejercicio de revisión semántica: no todos los que defendieron doctrinas liberales fueron catalogados contemporáneamente con el rótulo de ‘liberales’, y muchos de quienes han pasado a la historia como ‘liberales’ no deberían llamarse así”.

De hecho, Stuart Jones practica una interesante diferenciación entre el liberalismo francés y el inglés del siglo XIX, porque observa “maneras opuestas de entender el problema de la relación entre poder y libertad. El liberalismo británico, en general, buscó obtener la libertad a través de la limitación del poder, lo que debía lograrse mediante frenos y contrapesos. El liberalismo francés, por su parte, concibió la libertad como el control racional del poder antes que su limitación”. En otras palabras, si los primeros querían limitar el accionar del Estado en nombre de la libertad individual, los segundos fortalecían al Estado para asegurar la libertad común y debilitar los intereses sectoriales. ¿Por qué eran ambos igualmente liberales? Porque concebían al liberalismo como “un estilo político” enraizado en “una concepción distintiva de la política”, que esencialmente significaba “deliberación racional en la esfera pública”.

BERNARDO OHIGGNS
¿Pudo esto plasmarse en el tumultuoso siglo XIX argentino? Sin ninguna duda. La reflexión en torno a lo liberal, lo democrático y lo republicano estuvo siempre presente y, como afirman Paula Alonso y Marcela Ternavasio, “los conflictos políticos más virulentos sucedidos en el Río de la Plata durante el siglo XIX no nacieron de antagonismos significativos sobre el ‘carácter liberal’ de los principios que postulaba el nuevo idioma constitucional, sino de las prácticas políticas que se fueron configurando en el más contingente escenario en el que se aplicaron tales principios”. Una vez más, la historia de las ideas nos enseña que es necesario sortear los prejuicios para apreciar el pasado.


http://www.lavoz.com.ar/columna/libertad-libertad-libertad

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miércoles, 8 de junio de 2011

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ: REFORMISMO EN LA ESPAÑA LIBERAL Y LA CONSTITUCIÓN DE VENEZUELA DE 1811

El avance ideológico del constitucionalismo como forma de limitar el poder absoluto de los reyes que se inició en la Europa del siglo XVIII y que tanto influyó en los procesos revolucionarios en América, dejó también su huella en la propia España en el último tercio de ese notable siglo.

El "Espíritu de las Leyes" de Montesquieu y otros textos transformaron la reflexión política, y en vano resultaron los intentos de Carlos IV para impedir que se extendiesen los efectos de la Revolución Francesa, que ingresaran los libros, documentos y papeles a los puertos americanos y que no se conociese la: "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" y evitar así que se difundieran las ideas de libertad.

Conforme al modelo constitucional inglés, el gobierno debía contener equilibrios y los poderes del Estado debían controlarse mutuamente para garantizar la libertad de todos. Los sistemas monárquicos aun cuando no desaparecieron totalmente en Europa, sin embargo se atemperaron ante el surgimiento de los nuevos derechos. Por su parte, en varias naciones durante los siglos XVIII y XIX se había impuesto la República.

El Rey Carlos III -quien había apoyado la independencia de Estados Unidos en contra de Inglaterra-, con cierta moderación admitió algunas reflexiones como las de Ibáñez de la Rentaría, el cual propuso en España la introducción de específicos cambios. Por su parte, su sucesor Carlos IV bajo la negativa influencia de Manuel Godoy, impidió las posibilidades a cualquier avance. El notable jurista Jovellanos sostuvo en España el surgimiento del llamado: "equilibrio constitucional".

No obstante aquellas opiniones, la monarquía española mantuvo su autoridad y centralismo que sólo se alteró circunstancialmente al producirse la invasión de Napoleón a la Península y con el establecimiento de las Juntas Provinciales conservadoras de los derechos del Rey, las cuales se arrogaron un: "poder soberano", pero nunca con la aspiración de deponer el sistema político, como sí ocurrió en América donde triunfó el movimiento de declaración la independencia frente a España.

Las propuestas constitucionales norteamericanas, francesas y británicas, las tendencias de los publicistas, los libros de Voltaire, Rousseau, Diderot, D'Alembert, fueron conocidas en la península entre algunos pensadores, mientras que estimularon vivamente la reflexión y rebeldía en América Española, cuyas constituciones recibieron sus directrices, habiendo predominado en nuestro caso varios aspectos del modelo político norteamericano en la Constitución Federal Venezolana de 1811.

En 1808, Flores Estrada presentó en España un proyecto constitucional que propició reformas como la sujeción del Rey al parlamento y la declaración de los derechos ciudadanos.

En los debates de las Cortes de Cádiz en marzo de 1811, se evidenciaron las disputas entre los realistas, los liberales y los americanos defensores unos de la: "soberanía regia" y otros de: "la soberanía nacional". Era la lucha entre quienes consideraban los derechos a favor del monarca en base a los principios de la historia anterior de España y quienes entendían subsistente la soberanía en la nación.

La Constitución de Cádiz de 1812, de escasa vigencia, contuvo elementos de significación histórica: proclamó la soberanía nacional y su derecho a reformar las leyes fundamentales, la libertad civil, la propiedad, entre otros; definió su gobierno como una: "monarquía moderada hereditaria" y la potestad de elaborar las leyes a favor: "de las Cortes con el Rey". No obstante que la persona del monarca era considerada: "sagrada e inviolable", se establecieron limitaciones para que el mismo no afectase la reunión y las deliberaciones de las Cortes, ni se ausentarse sin su aprobación, ni pudiera enajenar, ceder o traspasar su autoridad sin el consentimiento de ese cuerpo; tampoco le era permitido ceder el territorio, ni imponer contribuciones, ni enajenar los bienes nacionales, ni privar a un individuo su libertad. El regreso al poder del Rey Fernando VII en España acabó con las reformas y restableció el monarquismo absolutista.

Por su parte, en Venezuela, la Constitución Federal de 1811, fundó sus bases en la soberanía popular, definida extraordinariamente como el: "poder de reglar o dirigir equitativamente los intereses de la comunidad", con un gobierno republicano y representativo, asentando para siempre el principio de que: "Ningún individuo, ninguna familia, ninguna porción o reunión de ciudadanos, ninguna corporación particular, ningún pueblo, ciudad o partido puede atribuirse la soberanía de la sociedad, que se imprescriptible, inenajenable e indivisible...".

Igualmente, consagró nuestra primigenia Carta que los: "magistrados y oficiales del gobierno" no serían sino: "meros agentes y representantes del pueblo...y en todo tiempo responsables". De la misma manera, se preceptuó en ejemplares términos en nuestra historia republicana el sagrado principio de la alternabilidad en el poder, al señalarse que: "Una dilatada continuación en los principales funcionarios del Poder Ejecutivo es peligrosa a la libertad...".

También calificaron con sentido previsor los fundadores de nuestra República que: "el mejor de todos los gobiernos" sería: "el que fuere más propicio para producir la mayor suma de bien y de felicidad, y estuviere más a cubierto del peligro de una mala administración", en cuyo caso legítimamente a la Nación correspondía: "el derecho inenajenable e imprescriptible de abolirlo, cambiarlo o reformarlo del modo que juzgue más propio para procurar el bien público". Así erigieron los legisladores de nuestra independencia a la República, así colocaron la piedra angular de nuestra democracia, de la soberanía popular y de nuestra libertad política.

La soberanía, la libertad y la independencia que ratificó la Constitución Federal de Venezuela en 1811 (21-12-1811) fue preciso defenderlas en las batallas a lo largo de América, y nuestro ejemplo de lucha y de constancia constituyó un precedente para el propio mundo hispánico que de otro modo advertiría, a su propio tiempo y circunstancia, la necesidad de transformarse y de reconocer los derechos inevitables de un mundo nuevo, siempre en pugna contra la adversidad en procura del advenimiento definitivo de otra época, ya establecida sin embargo: la de los pueblos libres contra los tiranos, la de las libertades contra la opresión, la del derecho contra la arbitrariedad, la del progreso en contra del atraso, donde quiera que se manifieste la necesidad de su vindicación histórica y moral, contra toda dominación contraria a la naturaleza humana y a la dignidad de una nación, legado histórico irrenunciable del acta del 5 de julio de 1811.

Biógrafo del Mariscal Sucre
diaz.bermudez@cantv.net

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miércoles, 27 de abril de 2011

REFLEXIONES DE PASCUA. MERCEDES MONTERO

En la Semana Mayor se celebra el Sagrado Triduum, el cual comienza con la Misa del Jueves Santo para conmemorar la Santa Cena, el día en el cual Judas Izcariote, traicionó a Jesús. El día Viernes  Santo, se celebra la Misa de la Pasión de Jesucristo, (el apresamiento, los azotes, la coronación de espinas, el camino hacia El Calvario y su crucifixión. El último día de Triduum es el Día Sábado Santo o de Gloria, en el que se celebra la misa de Gloria,  para conmemorar que Nuestro Señor Jesucristo rompió las cadenas de la muerte y se levantó triunfante de la tumba. La Pascua Florida comienza el Domingo de Resurrección. 
 
Durante estas fechas los cristianos estamos llamados a la meditación y reflexión, son días de reafirmación de nuestra fe, de interiorizar el significado del sacrificio hecho por Jesús para la salvación de todos nosotros, de examinar y valorizar nuestros principios, de reconocer que si Cristo vive en nosotros tendremos la fuerza necesaria para seguir adelante.
 
Todo este prefacio es necesario tenerlo presente para poder tener fortaleza ante un mundo en el que cada día los principios y la fe se debilitan, ante el ataque llevado a cabo por todos aquellos que pretenden negar la existencia de Dios, o tienen diferentes creencias religiosas.
 
El Cristianismo y el Judaísmo en el tiempo actual están siendo objeto de una agresión sin tregua, de nada valen las acciones que a favor de la humanidad lleven a cabo, los avances que aporten para contribuir al desarrollo de los pueblos más sufridos, el trabajo que sus fieles y sus líderes lleven a cabo a favor de las comunidades en las que habitan. Todo eso es ignorado, olvidado, dejado a un lado, cuando de criticar y atacar se trata. Solo se sacan a colación los errores y  fallas cometidas en alguna oportunidad o  las acciones condenables que fueron puestas en práctica por aquellos que habiendo traicionado las enseñanzas que una vez recibieron y los principios a los que juraron lealtad, también se transformaron en traidores a la moral. Pero jamás se acuerdan  que estos últimos son un puñado en comparación con los miles que hacen bien.
 
A la Iglesia Católica se la condena por la cruel Inquisición, condenable por inhumana pero sin tomar en cuenta el período histórico en el que ocurrió, se la condena por las Cruzadas como forma de expandir la religión, olvidando convenientemente el aporte maravilloso que hace en el fortalecimiento de la moral y los principios, ignorando el trabajo misionero, la dedicación de sus fieles a la ayuda de sus congéneres. Otras iglesias cristianas también llevan a cabo igual trabajo y sin embargo también son atacadas y ridiculizadas.
 
Se pretende borrar a Israel del mapa, pretendiendo desconocer una historia milenaria, se pretende negar el Holocausto cuando la historia de la II Guerra Mundial dejó huellas indelebles en todos aquellos lugares tocados por esta conflagración. Se pretende ignorar que Israel es el país más pequeño del Medio Oriente y está rodeado de enemigos mucho mayores no sólo en extensión geográfica, sino en población. Es la única democracia en la región y es un país con un desarrollo envidiable hasta para las grandes potencias, alcanzado con inteligencia e investigación.
 
Sin embargo tanto a cristianos como judíos, se los acusa de ser derechistas, criminales, capitalistas, se les aplican todos los epítetos y descalificaciones posibles,  pero al parecer nadie ve que en pleno Siglo XXI,  los musulmanes aplican la Sharia, ley que prohíbe las libertades de pensamiento, religión, expresión, promueve la discriminación  contra las mujeres, los homosexuales, establece penas de muerte entre otras por apedreamiento y lapidación. Los musulmanes en su gran mayoría no se adaptan a las costumbres y leyes de los países en los que se asientan, sino que establecen territorios cerrados, en los que aplican sus leyes y llegan hasta el colmo de no permitir que los nacionales del país entren. Puede que las familias musulmanas hayan vivido por generaciones en un mismo país, pero siguen identificándose más con el país de sus ancestros, que con el país que los acogió,
 
En pleno Siglo XXI son los dueños del terrorismo que le ha impuesto limitaciones a la libertad de todo el mundo que se considera libre. Todos los días oímos de un “suicidal bomber” que se voló así mismo y de paso a unos cuantos inocentes, para marcar quien sabe que punto.
 
En estos momentos estamos viendo las luchas que la mayoría de los pueblos del Medio Oriente  están librando contra los gobiernos dictatoriales con lustros y décadas en el poder de sus respectivos países, no importa si esos gobernantes son reyes, sultanes, príncipes o simples presidentes, todos ellos son musulmanes, que dicen practicar la religión de la paz, pero no les ha importado masacrar y mantener en condiciones de vida de bajo nivel a sus pueblos, tan musulmanes como ellos, para mantenerse en el poder, con un nivel de vida altísimo sostenido por la corrupción.
 
En todos estos países tanto cristianos como judíos son perseguidos y expulsados aunque tengan décadas de asentamiento.
 
Los cristianos y judíos sabemos que hay musulmanes buenos, que realmente viven de acuerdo con los principios de su religión. Hay un grupo reducido de musulmanes que luchan por mostrar cuales son las verdaderas enseñanzas del Islam, que sufren persecución y hostigamiento por esa misma razón. Lo que no podemos entender es el silencio cómplice de la gran mayoría musulmana ante lo que está a la vista.
 
Los judíos con milenios de lucha saben defender lo que les pertenece, en eso le pueden dar clases a cualquiera. No así los cristianos que en un número bastante alto han descuidado la formación religiosa de sus hijos, sin aparentemente darse cuenta del inmenso caudal de fortaleza que da la religión. Es hora de que los cristianos volvamos a encontrar el camino hacia la Iglesia, a recordar que quien a Dios tiene nada le falta.

Mercedes Montero
mechemon99@yahoo.co.uk
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martes, 25 de enero de 2011

MANIFIESTO DEL PARTIDO FEDERAL REPUBLICANO. CARLOS A. YEPEZ RIVAS.

Las causas de la crisis en que hoy se encuentra atrapada Venezuela no son producto de la casualidad ni son coyunturales. Los años que nos han traído hasta el actual momento de humillación nacional y de gran peligro, han sido testigos de la continua pérdida de nuestras precarias libertades económicas y civiles con la imposición del socialismo como sistema político. Orden político rebautizado a partir de 1999 con el nuevo nombre de “Socialismo del Siglo XXI” pero que ha mostrado ser el mismo régimen totalitario, inmoral, criminal, y generador de miserias que desgraciadamente conoció el mundo durante el siglo pasado.

Durante este período el país ha recibido abundantes recursos producto de la renta petrolera, hoy más que nunca controlada por el Estado y sus allegados; recursos que no han llegado sino de manera precaria a la población y que no han servido para reducir los niveles de pobreza que han dejado más de 60 años continuos de socialismo. En los últimos doce años y siguiendo las mismas políticas económicas fracasadas de sus antecesores, el presente régimen socialista ha incrementado a su máxima expresión el tamaño del Estado en todos los órdenes de la vida nacional, económico, civil y político; minimizando el papel que en toda sociedad deben llevar a cabo los ciudadanos en pleno ejercicio de sus libertades. A esto se le suma el secuestro que sobre los poderes del Estado ha hecho el partido de gobierno, convirtiéndolos en sus apéndices políticos.
El cuadro trágico se completa al no existir en el país una oposición ideológica al actual régimen político. Los partidos políticos que lideran las acciones de “oposición” comparten con éste la doctrina socialista-estatista-intervencionista que le da preeminencia al poder político sobre los ciudadanos y que convierte a éstos en sirvientes que esperan una dádiva del gobernante de turno. Se hace más crítica la situación cuando los partidos políticos que conforman este bloque auto denominado opositores son culpables, por acción u omisión, de la gestación y advenimiento al poder del presente gobierno. Ellos no se han arrepentido, ni han cambiado. Por tanto, el liderazgo alternativo que requiere el país no saldrá de las filas de estos factores políticos cuya única oferta política es la salida, en algunos casos no democrática, del actual presidente de la República, pero no el cambio del sistema que lo llevó al poder.

El Partido Federal Republicano es una iniciativa de un grupo de venezolanos, de diferentes edades, regiones, oficios, profesiones y creencias, pero en lo ideológico y político animados por el ideario liberal del gobierno limitado, mercados libres, respeto a la propiedad privada y a los derechos del individuo, que no nos identificamos con el oficialismo, pero tampoco con los fallidos proyectos oposicionistas, sean o no de “unidad”. Decidimos formar frente ideológico-político que muestre al país auténticas soluciones a los problemas de pobreza, corrupción, deficiencia en los servicios, inseguridad y alto costo de la vida, y que no sólo pasa por la salida democrática del actual gobierno sino también por la implementación de reformas estructurales en la institucionalidad de la República; de manera que, se permita la generación de riqueza por parte de los ciudadanos, sin ningún tipo de prebendas ni privilegios, y el establecimiento de una sociedad civil fuerte en un país libre y próspero.

Nuestra principal propuesta política es entregarle al ciudadano el poder que le ha sido históricamente usurpado por las oligarquías políticas. Para lograr esto es imprescindible limitar al Estado a sus funciones básicas: la provisión de seguridad física para bienes y personas, la contratación de obras públicas de infraestructura y por último el arbitraje, no interpretación, de las leyes.

Dichas responsabilidades han sido totalmente desatendidas por asumir un amplio abanico de actividades que no le corresponden y en las que siempre fracasa.

Para lograr el desarrollo económico y social de cada venezolano, aprovechando nuestras ventajas y oportunidades, es imperativo implementar reformas en las siguientes áreas:

Reforma del Estado y del Gobierno: "Más individuo menos Estado" Para limitar la acción del estado en contra de las libertades individuales y devolverlo a sus funciones propias. Para ello proponemos una democracia parlamentaria y un primer ministro. Reforma de la Economía: Pasar de una economía inflacionaria y rentista en poder del estado y los políticos, a una economía productiva, de libre mercado, rica y abierta, en manos de los ciudadanos. Para ello proponemos la Individualización de la Renta Petrolera, la privatización en los venezolanos de la exploración, extracción, comercialización y el transporte del PETROLEO y sus derivados y promoviendo la propiedad privada del VENEZOLANO sobre los medios de producción y la tierra. Reforma de los sistemas de Educación, Salud y Pensiones: Para la dignificación del ciudadano, que le permita acceder a servicios de calidad y que esté en sus manos la posibilidad de escoger, en especial los ciudadanos más pobres. Reforma Judicial: El establecimiento de un Estado de Derecho que garantice una verdadera igualdad ante la ley sin privilegios para nadie, y de un sistema judicial expedito y transparente.

Reforma de los Órganos de Seguridad y Defensa: El establecimiento de una cultura de respeto, paz y seguridad ciudadana y que permita disminuir los niveles de inseguridad y violencia interna. Y restablecer una Fuerza Armada profesional, subordinada al poder civil y obediente a la Constitución y las Leyes.

Proponemos un programa legislativo que permita impulsar estas reformas a través de la derogación de leyes que sean expresión del estatismo empobrecedor. Leyes que no son normas generales sino particulares -una para cada sector, actividad o categoría-, e impiden la libertad y la prosperidad de las personas. A este tipo de normas las llamamos leyes malas.

Son leyes malas las que atribuyen al Estado y su burocracia las más nobles y elevadas intenciones y atribuyen a los ciudadanos las peores. Imponen prohibiciones, limitaciones y restricciones, y exigen inspecciones, supervisiones, controles, en los que se nos somete a maltratos indignos de la condición humana, entre los que destacan la pérdida de horas interminables, en tramites obligatorios e ineficaces, frente a una administración pública incapaz, corrupta y prepotente. Son malas porque se inspiran en la ideología estatista, ya sea en su variante mercantilista, en beneficio exclusivo de los empresarios privilegiados con prebendas, o en su variante socialista, en provecho exclusivo de los gobernantes.

Ante a lo previamente expresado, hacemos un llamado a los ciudadanos a unirse al Frente Liberal de Venezuela. Buscamos venezolanos comprometidos para llevar a cabo nuestro programa político que hemos denominado «Las Cinco Reformas Necesarias» pues estamos convencidos que es la única salida para los actuales problemas del país y así juntos construir una patria de paz, libertad y prosperidad.

Barquisimeto, 22 de enero de 2011

Dios y Federación.
Carlos A. Yepez Rivas.
yepezca@gmail.com
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domingo, 17 de octubre de 2010

“BARACK OBAMA TIENE QUE DEJAR DE SER LA POLICÍA DEL MUNDO” . DECLARA RON PAUL . EN TRABAJO DE LUIS RIVAS PARA INTERECONOMIA.COM

Ron Paul, congresista republicano por Texas, asegura que el Tea Party es “motivo de orgullo”. Es uno de los favoritos para medirse al actual presidente en 2012.

Un revolucionario con 18 nietos y el tacto de un tocólogo. Ron Paul (Pittsburgh, 1935), el cerebro más lozano y aguerrido del Capitolio, es un reformador atípico. Pese a acumular 10 legislaturas (desde 1972) como representante de Texas en el Congreso, el doctor Paul, ginecólogo y obstetra, es el gran referente del Tea Party en su anhelo de defenestrar la política tradicional de Washington.

Habla rápido y se toca la nariz, bromea y sonríe, porque su república es la de la libertad. Liberal y libertario, sólo se rige por la Constitución y no tiene otros maestros que los Padres Fundadores.

Los principales frentes de su “inevitable revolución intelectual y filosófica” son la abolición de la Reserva Federal y la recuperación del patrón oro, así como el retorno de todas las tropas a territorio americano. La coherente radicalidad de sus propuestas le otorgó el voto de los jóvenes en las primarias republicanas previas a las elecciones presidenciales de 2008, cuando, con su colección de años, descubrió al circo político el potencial de Internet.

Fue el conquistador de la frontera digital con su lema “La libertad es popular” y con un modelo de nación que bebe de esa Red no sometida a legislación alguna. Según American Tees, el doctor Paul ocupa el segundo lugar, tras Sarah Palin, en las preferencias de los conservadores para la carrera presidencial de 2012, cuando sumará 77 años. Previamente tendrá que revalidar su cargo en el Distrito 14 de Texas, donde The New York Times le otorga “una probabilidad de victoria del 100%” ante el demócrata Pruett el próximo 2 de noviembre.

-Acaba de enardecer a miles de seguidores con su discurso en la convención del Tea Party de Virginia. ¿Forman estas personas un movimiento para cambiar la cultura política de América o son, por contra, un mero instrumento del Partido Republicano?

-El Tea Party es fantástico, es un grupo de personas que se ha cansado de que este país vaya en la dirección equivocada, un grupo de patriotas que ha demostrado al pueblo americano que puede levantarse intelectualmente. Un patriota es una persona que se opone a su Gobierno cuando lo hace mal. El Tea Party es un motivo para sentirse orgulloso, una revolución que yo apoyo.

-¿Qué opinión le merece la posible escisión del Tea Party y la fundación de un tercer partido?

-Es irrelevante. Lo importante es que el Tea Party es un movimiento fuerte, que tiene su momento político ahora y que tiene que luchar para que continúe. Probablemente, la composición del Congreso cambie mucho a partir de noviembre y las cosas sean distintas... para bien. Pero el debate no es ése, el debate es que hablamos de un movimiento filosófico e intelectual, distinto al de otro tipo de intelectuales. Para ellos, por ejemplo, el modelo económico se basa en el intervencionismo y el inflacionismo, y no tiene nada que ver con el libre mercado.

-Una de sus premisas es el retorno a la Constitución, si es que no es demasiado tarde...

-No me gustaría pensar eso, aunque puede ser la última oportunidad. Aún no es demasiado tarde, pero sí que va a ser muy difícil volver a la norma constitucional. Sería fantástico volver a hablar de la Constitución que hemos perdido y que nos oyeran en Washington.

-¿Estados Unidos es aún un país regido por la Constitución?

-Estamos en una situación muy complicada, malísima, especialmente porque hay algunas personas que, incluso, no saben lo que significa la Constitución. Este país se mueve en la dirección equivocada y hay que devolver al Gobierno a la senda constitucional. Algunos se ríen cuando alguien habla de la Constitución. Creo que el Gobierno es más grande que nunca y que quiere ser cada vez mayor y gastar más dinero. El Gobierno tiene que ser algo que los ciudadanos quieran, no algo que teman.

-¿Hay espacio para la libertad entre tanta regulación?

Cada vez menos. Yo soy un libertario, porque el propósito de la libertad es hacernos mejores. La libertad no nos divide, sino que nos hace trabajar juntos. Hay que proteger la libertad, así como la vida humana. Algunos hablan de una libertad que es totalmente opuesta a la que predicaron los Padres Fundadores. La libertad ayuda a conseguir la felicidad, porque la felicidad no se consigue comiendo mejor o fumando menos. La libertad es que el pueblo, y no el Gobierno, eduque a sus niños; la libertad es que cada persona, y no el Gobierno, decida cómo gastar su dinero. La libertad es confiar en el buen uso que hacen de ella las personas, nos hace más virtuosos. La responsabilidad recae en nosotros y el país prospera. Y lo contrario es forzar la igualdad en materia económica, que no funciona.

-En referencia a la economía y el libre mercado, usted aboga por la supresión de la Reserva Federal...

-¡Eso es! ¡Fuera con ella!

-Pero, ¿qué hacemos después?

-No necesitamos nada, sólo la concepción del dinero de la gente honrada de este país. Cada vez que el dólar se devalúa, muchos americanos pierden el dinero que han estado ahorrando. Ahora, las provisiones son para el Gobierno y no para el pueblo. Un grupo pequeño de personas se reúne en un cuarto oscuro para decidir cuánto vale la divisa, ¿dónde dice eso la Constitución?

-¿Apoya un retorno al patrón oro?

-Totalmente de acuerdo. La Constitución se basa en el oro y la plata. Repito: el oro y la plata. Así que lo apoyo totalmente.

-Estas propuestas tan vigorosas le granjearon un gran apoyo en las primarias de 2008: ¿planea intentar una vez más el asalto a la Casa Blanca en 2012?

-Estamos considerando todas las opciones. Los periodistas me decís que he ido tres veces a Iowa este año (primera y decisiva votación de las primarias), pero lo cierto es que yo voy allá donde soy bienvenido.

-En caso de concurrir a las elecciones presidenciales, ¿cuál será su política con las tropas estadounidenses?

-Todos de vuelta a casa. Hay que reducir el presupuesto. ¿Qué hacen nuestros soldados luchando en Pakistán? Ahorremos dinero, vidas y una política que nos crea más enemigos que amistades. No creo que debamos ser la Policía del mundo.

-Hablando de policías, ¿cuál es su opinión sobre las críticas del presidente Obama a la cadena FOX?

-Creo que esta polémica es irrelevante. En realidad, siempre hay gente que emprende cruzadas contra la FOX y gente que emprende cruzadas contra la MSNBC (cadena de tendencia progresista).

-Usted se enfrenta a su undécima legislatura en la Cámara de Representantes, ¿cómo ve la carrera de su hijo Rand al Senado?

-Creo que Rand está haciendo las cosas correctamente para ocupar un puesto muy importante. Lo de senador Paul, de todas formas, no suena nada mal, ¿no? (ríe).

http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/%E2%80%9Cbarack-obama-tiene-que-dejar-ser-policia-del-mundo%E2%80%9D


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domingo, 20 de diciembre de 2009

Con Hambre y Sed de Justicia, Juan Carlos Apitz B. / El Universal

Venezuela está más distante del Estado de Derecho y, por ende, de justicia que en 1998

Tras diez años de aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela el pueblo venezolano aún tiene hambre y sed de justicia. Hambre de justicia en el pasado, sed de justicia en el presente, anhelo y exigencia apremiante de justicia en el porvenir. El firmamento constitucional avala esa necesidad ciudadana al constituir a nuestro país en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia.

El sistema judicial hasta 1998 En 1969, se creó el Consejo de la Judicatura, el cual estaba integrado por representantes de los tres poderes públicos, que asumió las tareas antes desempeñadas por el Ministerio de Justicia, relacionadas con la administración de los tribunales: designación, evaluación, vigilancia y disciplina de los jueces, y provisión de cargos y manejo del presupuesto para los tribunales. La Corte Suprema de Justicia tenía principalmente funciones jurisdiccionales.

Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia eran designados por el Poder Legislativo y los del Consejo de la Judicatura lo eran por la CSJ y por los otros poderes del Estado. En la práctica, eran los partidos políticos quienes hacían las designaciones de los magistrados de la Corte Suprema, del Consejo de la Judicatura y de los jueces. Para optar al cargo de juez era importante el apoyo de las redes clientelares que funcionaban a la sombra de los partidos. La lealtad política se apreciaba por encima de la eficiencia en el manejo de casos, la calidad de las decisiones, la honestidad o el profesionalismo que requería el cargo de juez.

La ley establecía que los jueces ingresaban por concursos públicos de oposición, lo cual garantizaría el buen conocimiento del derecho y que se escogería a los mejores para jueces. En los hechos, esos concursos no se realizaron y se consolidó la práctica de designar jueces suplentes o provisorios. Sólo esporádicamente se realizaron concursos. Por lo que, durante la mayor parte de su periodo, la mayoría de los jueces eran provisorios, lo cual podía facilitar su remoción del cargo. En 1997, sólo 40% de los jueces eran titulares, muy pocos habían ingresado por concurso de oposición.

Al Poder Judicial se lo percibía corrupto. Se consideraba a los jueces como poco preparados y a la justicia como ineficiente e inaccesible para la mayoría de la población. Igualmente se consideraba que no garantizaba los derechos humanos de los ciudadanos. La percepción del mal funcionamiento del sistema judicial generó que en la década de los 90 la necesidad de reformarlo sustancialmente apareciera como una tarea urgente.

La reforma judicial de los 90 A inicios de la década de los 90 el descontento por el funcionamiento del sistema judicial era un problema político importante. La élite política prestó entonces atención al tema. Se renovó la Corte Suprema de Justicia, saliendo de ella los magistrados más afectados por los escándalos de corrupción. Se designaron magistrados más independientes y con mayor prestigio profesional. Se buscó el apoyo del Banco Mundial para la reforma y, simultáneamente, se tomaron varias iniciativas legislativas importantes, como fueron la Ley Orgánica de la Justicia de Paz, el Código Orgánico Procesal Penal, la Ley Orgánica del Poder Judicial, la Ley Orgánica del Consejo de la Judicatura, la Ley Orgánica de Protección del Niño y del Adolescente, y la Ley de Carrera Judicial.

De la misma forma, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 recogió buena parte de las aspiraciones de reforma judicial que estaban planteadas en su momento. Es por ello que se establece un compromiso del Estado para garantizar una justicia gratuita, accesible, imparcial, idónea, transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, sin dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles.

El proceso constituyente de 1999 El proceso constituyente fue la ocasión para derribar los obstáculos que impedían los cambios en el sistema judicial, pero afectó la escasa y relativa estabilidad que habían alcanzado los jueces. El 18 de agosto de 1999 la Asamblea Nacional Constituyente declaró al Poder Judicial en emergencia y reorganización. Para ello designó a la Comisión de Emergencia Judicial que debía evaluar el funcionamiento y desempeño de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de la Judicatura, elaborar el plan de evaluación de los jueces y organizar el proceso de selección de los jueces mediante concursos públicos de oposición.

La Comisión de Emergencia Judicial, trabajando conjuntamente con el Inspector General de Tribunales, suspendió y sometió a proceso a más de 340 jueces, cifra equivalente a un tercio del total de los jueces de la época. Muchos de ellos fueron luego destituidos y muy pocos reincorporados. Un buen número de jueces, no sometidos a procesos, solicitó la jubilación o renunció.

Después de promulgada la Constitución, los cambios en el sistema de justicia han continuado. Se ha invertido mayores recursos, cambiado la organización de los tribunales. Hay un importante aumento del número de jueces respecto a la década de 1990, así como una organización de los tribunales, en cuanto a la materia y a su jerarquía, más estructurada que en el pasado.

Una mirada retrospectiva a lo realizado en estos diez años en el área judicial impresiona por el sustancial cambio normativo, por las cuantiosas inversiones que se han hecho, por los cambios tecnológicos y por el incremento del número de jueces y del personal calificado. Ahora bien, conviene preguntarse si todo esto ha contribuido a acercar al Estado venezolano al modelo de "Estado de Derecho y de justicia" dispuesto en el texto constitucional. Creemos que, tanto la aguda crisis y la polarización política del país como los cambios sustanciales que el sistema judicial ha vivido, no han hecho a los jueces más independientes. Al contrario, se han hecho más visibles las presiones políticas a las cuales están sometidos.

Venezuela hizo un esfuerzo muy grande de reforma institucional al final de la década de los 90 y, para acelerar el proceso, confió en un líder que prometió refundar la República y terminó llevándonos por el camino del autoritarismo. Los resultados no pueden ser más frustrantes: no es sólo el crecimiento de la pobreza, la desigualdad y la violencia criminal, sino una inmensa distancia del Estado de Derecho y de justicia expresado en la Constitución.

Justamente, a pesar de las declaraciones constitucionales y las cuantiosas inversiones en el sistema judicial, no hay duda de que Venezuela está más distante del Estado de Derecho y, por ende, de justicia que en 1998. Es a la incompatibilidad entre el proyecto político autoritario y la idea de Estado de Derecho que se debe esa distancia. No es el sistema judicial como tal el responsable directo de la situación, aunque no cabe duda que algunos jueces y magistrados "supremos" han hecho posible esa distancia.

Todavía hay esperanzas, un cambio en el régimen político actual y la recuperación de un proyecto social afín a una democracia moderna, que asuma con seriedad la tarea de comportarse conforme a la Constitución y la Ley, y dar plena vigencia y respeto a los derechos y garantías constitucionales; podrá saciar el eco del dolor popular, es decir, el hambre y sed de justicia que desde tiempo inmemorial padecemos los venezolanos.

Yoredi Duran
prensa.apitz@gmail.com
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