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miércoles, 22 de abril de 2015

SAÚL GODOY GÓMEZ, LA NATURALEZA DEL TIRANO,

Leo Strauss
Hay un ensayo del filósofo Leo Strauss Consideraciones sobre el Hierón de Jenofonte, el cual es una exploración sobre la naturaleza del tirano desde la perspectiva de la filosofía política clásica, para quienes apreciamos el entendimiento de que es lo que mueve al monstruo, este trabajo es particularmente ilustrador.

Para empezar, Jenofonte era un ateniense que vivió por el siglo V a.C., fue discípulo de Sócrates, soldado, domador de caballos, experto lanzador de jabalina, viajero incansable y literato. Traicionó a su patria para luchar a favor de los espartanos, estuvo al servicio de Ciro, Rey persa, y es uno de los apologetas del autoritarismo, al punto de ser el creador de la idea de que existen “tiranías buenas”.
Su obra, Hierón o El tirano, es el diálogo imaginario entre el joven poeta Simónides de Ceos y el déspota Hierón de Siracusa.
En el trabajo de Strauss, la aparición del tirano se relaciona con lo que se ha llamado, una situación “postconstitucional”, que según Voeguelin, se produce con el hundimiento del orden constitucional republicano, es decir, la sociedad se sume en el desorden creando la oportunidad para que se instaure un orden autoritario, bajo la esperanza de un nuevo orden.
En este primer punto quiero destacar que en el caso venezolano, aunque el sistema socio-político estaba en problemas, fue el mismo Chávez y sus secuaces los que se ocuparon de llevarlo a la crisis para poder justificar, tiempo después, el advenimiento de la tiranía socialista, si lo recuerdan, el análisis de Chávez sobre la situación del país era el de una eminente explosión social que él estaba conteniendo para evitar el caos, pero lo que en realidad hizo fue sembrar el odio de clases, la discriminación de la oposición, la tolerancia ante el crimen y la destrucción de las instituciones democráticas y la economía productiva, fue él quien provocó la crisis de nuestra empresa petrolera, PDVSA, al despedir por televisión a todo el personal con experiencia que sostenía nuestro negocio en el mundo.
Al cabo de pocos años el país estaba sumido en el desorden y la promesa era, que sólo Chávez y su Socialismo del siglo XXI podían salvarlo. Desde un primer momento Chávez atribuyó los problemas del país a una constitución moribunda, creando las condiciones postconstitucionales.
Para Strauss, las diferencias fundamentales entre un tirano clásico (Moisés, Ciro, Hierón, Teseo) y un dictador actual es, por un lado, el historicismo (basado en la filosofía de Hegel) doctrina que justifica la  existencia del tirano, y por otro, la vulgarización de los conocimientos científicos y filosóficos que apoya la tesis de un progreso ilimitado, que conlleva a la “conquista de la naturaleza”, que es el argumento para el dominio del hombre por el hombre.
Strauss apunta a las similitudes que existen en la relación amo-esclavo con la de tirano-súbdito, tanto el tirano como el amo pretenden que todo lo que hacen es por el bien del otro, incluso castigarlo y en “extremis”, eliminarlo.
“No puede un hombre convertirse en tirano y seguir siendo tirano sin inclinarse a la maldad, de aquí que un hombre que se respete a sí mismo no aspirará al poder tiránico”- dice Strauss cuando destaca que todo tirano tratará de ser un “buen tirano”, esforzándose porque su gobierno sea lo menos inhumano posible, pero la experiencia pone al descubierto esta gran mentira, un tirano sin la policía y el terror está perdido y el uso sin límite de estas herramientas trae desgracia al pueblo y dolor a sus más cercanos colaboradores.
Un tirano despiadado que quiera conservar el poder hará limpiezas regulares de su entorno que garantizarán la seguridad de su mandato, el ejemplo de Hitler y Stalin es claro en este sentido.
En la antigüedad, el tirano se hacía cuidar por mercenarios, que inevitablemente llegaron a conseguir una importante cuota de poder, para mantenerlos en control, el tirano daba poderes al pueblo y en este precario balance mantenía su cabeza sobre los hombros.
Chávez tenía a sus mercenarios cubanos que fueron los primeros en planificar la conveniencia o no de mantener vivo al tirano, eran elementos oportunistas que como bien lo enseñó la historia de la decadencia del Imperio de Roma controlaban los hilos del poder, tal como lo hacía Fidel desde Cuba y tuvo tanto éxito en esta labor, que fue en Cuba donde Chávez fue ejecutado (desconectado de los aparatos que lo mantenían con vida) cuando ya no servía a los intereses del amo.
Con la muerte de Chávez surgió el delfín del castrocomunismo, Nicolás Maduro, un extranjero adoctrinado en La Habana como su agente, que por medio de una operación de inteligencia y propaganda negra, con la combinación del PSUV y de los militares venezolanos, con la infame participación del CNE, proclamaron como presidente, luego de unas elecciones totalmente amañadas.
Jenofonte señala que la meta de todo tirano, aunque parezca contradictorio, es el honor, y ese honor va acompañado de un proyecto que se hace fundamental en la tiranía, completa la idea Strauss diciendo “El deseo de prestigio, reconocimiento o autoridad es el motivo originario de todas las luchas políticas y, en particular, de la lucha que conduce al hombre al poder tiránico.”
Strauss descubre en Maquiavelo al gran teórico de la tiranía como modelo político, y Maquiavelo estudió a profundidad a los tiranos bíblicos, de allí desarrolló su tesis de que la mayor parte de los tiranos son en realidad “profetas armados”, déspotas con un discurso apocalíptico, que ven en los pecados de nuestros padres la ruina del país.
Los tiranos, todos, tienen ese discurso religioso y patriota que los hace propensos al milenarismo, a proseguir utopías y que explican su papel de padre y primer soldado, en una lucha que requiere su presencia por siempre.
En la línea del tirano clásico del que habla Strauss, Maduro representa un “bicho raro”, no se conforma en los tipos jenofontianos, por ser producto de una crisis, por tratarse de una solución pragmática y a corto plazo, este hombre se convirtió en la ficha manejada por el estamento militar venezolano, ya corrupto y envilecido por Cuba, Maduro ganó su tiranía no por propio esfuerzo sino por una decisión política, su incapacidad y su falta de visión lo convierten en una ficha que la juegan los factores de poder.
Necesita de la figura del padre necesario, le da terror salirse de su papel de “hijo” del tirano eterno, no tiene pretensiones de prestigio ni reconocimiento, carece de voluntad y de pensamiento propio, razón por la cual, repite cansonamente los libretos que escribió su antecesor, lo que sí tiene y en abundancia es una infinita crueldad y gusto por el abuso, se excita ante el descalabro de la nación, y como sus lealtades radican en otro lado y para otras ideas, no le importa lo que sucede en el país.
Si existe la figura y la categoría de tiranos manipulados, Maduro es la figura representativa de esas grises figuras, que como marionetas mal manejadas, caen enredadas en los hilos de las muchas manos que tratan de dirigir sus movimientos.
Buena parte del ensayo de Strauss discurre explicando las diferencias entre un filósofo y un político y quiénes son los realmente llamados a gobernar, termina el trabajo con una consideración importante, el filósofo- dice- está obligado a intentar actuar sobre el tirano, “Pero esta vez la causa de la filosofía está perdida de antemano; porque el tirano final se presenta él mismo como un filósofo, como la autoridad filosófica suprema, como el máximo exégeta de la única filosofía verdadera. Proclama consecuentemente que no persigue a la filosofía, sino a las falsas filosofías”
Una experiencia que no es nueva para los filósofos y que los venezolanos estamos hartos de experimentar.
Saul Godoy Gomez
saulgodoy@gmail.com
@godoy_saul

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sábado, 26 de julio de 2014

SAUL GODOY GOMEZ, LO QUE MUEVE A LA REVOLUCIÓN,

Voy a tratar de hacer algo complicado en este breve espacio y es explicar la naturaleza del chavismo utilizando la metáfora de una puesta en escena, de una obra de teatro que un grupo de personas interesadas en obtener el poder le han impuesto al país, y como este ensayo, que manipuló todo un ideario y una cultura que ya estaban allí, transformó para siempre nuestra manera de ser y como nos vemos a nosotros mismos.
Voy a utilizar como herramienta el capítulo 3 del libro de Alasdair MacIntyre, Tras la Virtud, un clásico de la filosofía moral contemporánea, que explica la tesis del “emotivismo”, un tipo de moral dirigida por las emociones como única guía para escoger una manera de actuar.
Venezuela, como muchos otros países del mundo está sujeta a una oleada de relativismo moral que sacude la civilización occidental, es difícil a estas alturas decidir que es bueno o que es malo debido principalmente a que todo lo que correspondía a la naturaleza humana, lo que la civilización heredó de su pasado ilustrado, los modelos de comportamientos basados en la racionalidad y de una moralidad universal ha sido cuestionado.
El concepto unitario de persona- nos dice MacIntyre- ese que heredamos de los griegos ha perdido su unanimidad; el mundo se nos presenta compuesto de diversas culturas y maneras de ver el mundo que hacen imposible sostener una sola moral universal, aparte de la crítica marxista a todo el aparato cultural humano que ha dejado al descubierto los mecanismos de construcción del hombre moderno.
Desde hace décadas hemos perdido ese “telos” sobre la persona humana y nos enfrentamos a un mundo fragmentado y complejo sin un sistema de valores que sea igual para todos.
Pero en medio de este fárrago de tesis y opiniones queda algo que nos pertenece y que se ha convertido en elemento clave al momento de tomar decisiones, y es la emoción, que no tiene nada que ver con la razón, ni con la filosofía ni con la teología, es simplemente esa “puntada”, ese sentimiento que nace en lo más profundo de nuestra alma y que ultimadamente es lo que hace que yo crea que estoy en lo correcto y que trate de hacer que los otros actúen de la misma manera que yo.
Y ante unos ideales abstractos, complicados y vacíos que no motivan a nadie siempre queda esa salida que nos pertenece, nuestras propias preferencias motivadas por la emoción, quizás no sea lo más sólido o permanente por aquello que los sentimientos cambian con el tiempo, tampoco son muy estables ya que son dados a la manipulación y cuando cambian, lo hacen sin aviso y sin protesto.
Los afectos personales y los goces estéticos juegan un papel importante en las decisiones últimas guiadas por el emotivismo, y de acuerdo a la condición social y cultural de los individuos o grupo estos afectos y goces tienen su nivel, el gusto por una buena “bachata” puede mover tanto a una persona como un “aria” de alguna ópera mueve a los privilegiados, igual sucede con el deseo de obtener una pintura de Matisse original y pagar los millones de dólares que sean necesarios para adquirirlo, como también bastaría con obtener una foto autografiada y dedicada de la actriz y modelo Norquis Batista para otros, lo que llena al hombre, es lo que busca.
Según el emotivismo, lo bueno, es bueno porque yo lo apruebo y si yo lo apruebo entonces tu deberías hacerlo también, estas intuiciones no se pueden probar, ni explicar, puede ser utilitarista o no, toda acción se valora en términos de su consecuencias comparadas con otras posibles consecuencias de otros cursos de acción alternativos y posibles, en suma, el emotivismo es algo muy volátil y cambiante.
Esta es la moral reinante entre los colectivos armados cuando hacen justicia callejera, o la de los integrantes de una alcabala militar al momento de detener un vehículo y sus ocupantes a los que pueden “matraquear”, o la de un ministro ante la oportunidad de imponer una “comisión” a su gestión administrativa, o la de un juez cuando va dictar sentencia, las leyes, las normas, las órdenes superiores, las costumbres, son apenas referenciales y si la impunidad al no acatamiento de la ley está garantizado, entonces el emotivismo es la única manera posible de acción.
Para tener virtudes se necesita hacer un esfuerzo muy grande en informarse, leer, tratar de entender el pensamiento de otros, hay que pensar y a veces en profundidad, manejar ideas abstractas, pero no sólo pensarlas sino hacerlas nuestras, tenerlas como guías y practicarlas.  Pero con las emociones es más fácil, muchas de ellas ya vienen incorporadas a los roles que debemos representar en la sociedad, el policía, el maestro, el político, el médico, el comerciante son todos papeles que nos toca jugar de acuerdo a nuestra disposición y esfuerzo, en cada una de estas actividades ya existen unos valores y unas expectativas grupales incorporadas, son como la máscara del disfraz que elegimos para una fiesta, ¿Adivina quién soy? Como decimos en carnavales.
Ahora, una pregunta para mis amables lectores ¿Cuál cree usted que es el rol más significativo en nuestra historia, el personaje que destaca en lo profundo de nuestro inconsciente colectivo?
Una gran mayoría estará de acuerdo en señalar que es el militar, para bien o para mal, uno de los personajes que más destaca en nuestra historia como país, es de acuerdo a uno de nuestras narrativas fundamentales, el héroe por antonomasia, libertador de los oprimidos, el guerrero justiciero sembrado en nuestra cultura como padres de la patria.
La figura del militar tiene un fuerte arraigo popular como líderes y conductores de los más altos intereses de la nación en tiempos de conflictos, se supone que sea el portador del ideal bolivariano ese que habla de disciplina, de sacrificio, arrojo y grandeza.
Al militar lo hemos asumido como el garante de nuestra nacionalidad y se ha convertido en un actor muy importante a lo largo de nuestra vida política aunque esa imagen se haya venido modificando y mutando ante tanto protagonismo, pues por su misma relevancia, a los militares les ha costado mantenerse quietos en los cuarteles y han asumido un rol mucho más activo que lo deseable.
El militar desde mucho tiempo ha sido y es parte fundamental del juego político venezolano, de hecho  han gobernado el país más que los civiles, pero eso empezó a cambiar en el siglo XX, cuando actores civiles de gran relevancia y aprovechando cambios mundiales en la política, hicieron posible el establecimiento de un sistema democrático civilista en el país, a los militares se les delimitó su campo de acción y su rol aunque siempre tuvieron la inquietud de imponerse por las armas.
Paralelamente en Latinoamérica apareció la figura del revolucionario, que aunque no era propiamente un militar, se mimetizó en su aspecto y costumbres, adquirió su disciplina y conocimiento en el combate y cuando tomaron el poder se convirtieron en los militares del nuevo régimen.
El revolucionario influyó de manera definitiva en el ideal romántico de nuestros pueblos, y como la mayoría de los revolucionarios eran comunistas, ese nuevo ideal fue impulsado por la poderosa maquinaria de propaganda soviética y china en el mundo.
Y entre las cosas nuevas que predicaban ofrecían la moral marxista, una especie de reivindicación de los derechos de los oprimidos, una teología de la liberación y de valores universales de igualdad, solidaridad y participación en gobiernos colectivistas y formas de vida comunistas.
Pero al igual que sucedió con la moral liberal burguesa, el marxismo no soportó su propia crítica y al someterse al desmontaje estructural que aplicaba a otras ideologías, al examinarse a sí misma, se descubrió utilizando los mismos trucos  e intereses de dominación de clases que hacía el capitalismo, pero al contrario que al capitalismo, que su disolución moral fue lenta y progresiva, el comunismo se derrumbó bajo el peso de sus propios errores e inequidades.
Desde ese momento el mundo se encuentra en una crisis de valores donde ha predominado el emotivismo que justamente ha sido el que ha permeado en este nuevo proceso del socialismo bolivariano del siglo XXI, inaugurado justamente por un militar, el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías y quien ha creado un movimiento político que se llama el chavismo.
Nadie duda la habilidad que empleó Chávez en la manipulación emotiva del venezolano, en terminar de demoler los principios y valores de una Venezuela enrumbada en un modelo socialista-capitalista para llevarla por la senda de un comunismo decimonónico, utilizando como modelo a la Cuba de Fidel Castro.
Chávez creó una maquinaria electoral que le permitiría a los suyos perpetuarse en el poder por medio de triunfos comiciales, mientras iba modificando el sistema que regía al país vía cambios constitucionales y de leyes fundamentales, militarizando las instituciones, abriéndole el paso a las milicias revolucionarias y colectivos armados, instaurando el sistema comunal, socializando la economía, estatizando las empresas, desconociendo el derecho a la propiedad privada e imponiendo un férreo control centralizado de gobierno.
El militar venezolano, ese que gusta de los uniformes de gala, de lucirse con una miss en cada brazo, de verse en medio de edecanes corriendo por complacer sus apetitos, de la tropa gritando a todo pulmón su obediencia al jefe, ese militar convertido por el poder en empresario, en gerente de redes de distribución de alimentos, combustibles y medicinas, ese militar capaz de transformarse en un superministro, en un predicador, en un mafioso… el militar venezolano no parece haberse dado cuenta del cambio fundamental de su rol y naturaleza, dejo de ser un profesional de las armas para convertirse en un comodín de las necesidades políticas de la revolución.
Weber decía que ningún tipo de autoridad puede apelar a criterios racionales para legitimarse a sí misma, excepto el tipo de autoridad burocrática que apela precisamente a su propia eficacia. Y lo que revela esta apelación es que la autoridad burocrática no es otra cosa que el poder triunfante.
El chavismo es reflejo fiel de estas pulsiones que la revolución a dejado al descubierto y el resultado ha sido una anarquía que se refleja no sólo en los niveles de inseguridad ciudadana que se registran sino en el desorden creciente en la economía del país, todas las bases fundamentales del estado han sido intervenidas por un populismo ramplón y sin dirección, situación esta, que favorece solamente al crimen organizado y a los países extranjeros que medran en esta situación entrópica.
Pero ya parece que el factor emotivo está mermando y está siendo sustituido por un realismo producto de esa ley de la selva que impera, la gente se está dando cuenta que es el gobierno el que genera el caos, que son los militares los culpables de tanta ineficiencia, que el ideal revolucionario es un engaño, que el partido de siete millones de militantes es otra mentira, que el chavismo es el responsable de tanta muerte, miseria y violencia gratuita, que la moral revolucionaria es pura corrupción y crimen.
La puesta en escena del chavismo está a punto de bajar el telón a su última función, ya no hay nadie viéndola, como en el teatro japonés Nô, de sentimientos y emociones exagerados, el público tiene una capacidad de aguante, los actores están al límite de sus facultades histriónicas, los diálogos y las acciones se repiten, el público está exhausto.
Ahora es que Venezuela descubre que ha sido embaucada por unos ladrones disfrazados de militares, por unos políticos que se decían del pueblo pero que amasaban fortunas en el exterior, y por unos cubanos que se han dado cuenta que la botija está vacía.-
Saul Godoy Gomez
saulgodoy@gmail.com
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domingo, 6 de abril de 2014

PEDRO R. GARCIA M., SE INTENTA EN EL PAIS UN DEBATE SOBRE LA NATURALEZA Y SENTIDO DE LA DEMOCRACIA, PUNTO DE QUIEBRE,

UBICANDO ALGUNAS PISTAS…

El ciudadano fue definido por Aristóteles como “quien tiene el poder de tomar parte en la Administración Judicial o en la actividad deliberativa del Estado”.  En este sentido, más allá del derecho a la representación, de su residencia en su territorio, de sus derechos y deberes jurídicos, el énfasis de la condición de ciudadanía aparece puesto en el hecho de que el ciudadano “debe tomar parte activa en los asuntos que luego han de afectarle”.  En la misma dirección, ya Eurípides, el ultimo de los grandes dramaturgos atenienses, había distinguido entre “el pueblo constitucionalmente integrado” (demos, pueblo), que es propiamente el ciudadano, y “el pueblo fuera del control de la vida política convertido en masa amorfa”.  (Óchlos, multitud, turba). Platón también utiliza esta diferencia cuando dos interlocutores hablan de las mayorías, uno para referirse al “pueblo y el otro, a la turba”. “En la polis se ponía de manifiesto además una condición indispensable de todo ciudadano, sobre todo el integrante de una ciudad-estado democrática: se trataba de un hombre libre, quien, para ejercer sus derechos, contaba con el raciocinio crítico en lugar de la fuerza bruta, pues su juicio y criterios debían imponerse a través de la deliberación, la persuasión y el uso argumentativo de la razón”.

ANTECEDENTES HISTORICOS

La primera revolución democrática de los tiempos modernos se gestó en Inglaterra en el siglo XVII. Concluyó en una transacción con el poder real en la que éste hubo de reconocer la supremacía del Parlamento y los derechos inalienables de los ciudadanos ingleses.  El gran ideólogo de esta revolución fue John Locke, considerado el técnico de la democracia, el predicador de la tolerancia y el profeta de una clara distinción entre Estado e Iglesia.  Siguieron las revoluciones democráticas americana y francesa cabalgando sobre las ideas liberales de Montesquieu, Rousseau, Voltaire y especialmente, Emmanuel J. Sieyes, quien elaboró una síntesis de la ideología política precedente, justo en vísperas de la revolución de 1789.

Sin embargo, tanto la Declaración de la Independencia Americana, como la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano exageraron la defensa del hombre individual, por ser ambas Declaraciones una reacción contra el poder del Estado, ya que “aunque consagran la igualdad de los hombres ante la ley, producen o permiten, la enorme desigualdad social, al no equilibrar las condiciones económicas de los ciudadanos al restringir las oportunidades de participación en la gestión económica y política.

Como toda obra humana, la democracia incurrió en desviaciones y errores tanto de principios como de realización practica, los cuales sirvieron y sirven de pretexto a las doctrinas de inspiración marxista. Sin embargo, en su esencia esta forma de gobierno, este ideal de vida común, que se llama democracia, responde a la vocación de nuestra especie para realizar en la tierra la ley del amor fraternal y la dignidad de la persona humana. Desde siempre se ha venido hablando de Derecho Natural, pero fue a partir de los tiempos modernos cuando el hombre adquirió conciencia clara y universal de sus derechos a partir de la filosofía jurídica de Locke, de inspiración Iusnaturalista.

La Democracia busca el equilibrio deseado entre las clásicas libertades individuales y los derechos de carácter económico y social.  El marxismo, por ser una reacción contra el poder de las elites económicas, apunta a la defensa extrema del hombre social frente al individuo, desconociendo derechos personales fundamentales, en el reverso el exagerado liberalismo, que es cegato y cuantitativamente ha demostrado que es incapaz de entender, el sufrimiento, las emociones y los deseos de los hombres.

Por eso la opción es la sociedad democrática en la que “el hombre puede encontrar su propia plenitud a través de la entrega sincera de si mismo y a los demás”-. Bergson escribió “La democracia es de esencia evangélica y tiene por principio el amor”. 

“Ante todo se debe aceptar que la Democracia no es un absoluto ni un proyecto sobre el futuro: es un método de convivencia civilizada. No se propone cambiarnos ni llevarlos a ninguna parte; pide que cada uno sea capaz de convivir con el vecino, que la minoría acepte la voluntad de la mayoría, que la mayoría respete a la minoría y que todos preserven  y defiendan los derechos de los individuos”.  Lo ha expresado con claridad, (Octavio Paz).

UNA ACOTACION NECESARIA

Esta aparente modestia de objetivos (en realidad no hay proyecto políticamente más ambicioso que el que sea compatible con la cordura). Siempre le resulta decepcionante al frenético, al visionario, al devoto de valores absolutos, sea el orden, la libertad o la justicia. Tampoco al que sueña con el “Hombre nuevo”, el más vacuo de los mitos y que ha servido como coartada para liquidar masas inocentes de hombres, mujeres y niños “Del plan antiguo” a lo largo de los siglos. La democracia no tiene como objetivo regenerar al hombre, si no posibilitar institucionalmente el cumplimiento autónomo y sociable de su condición indivisa, irrepetible.  El hombre así puede ser bueno, malo o regular; intentar extirpar esta ambigüedad moral de su destino no lo mejora sino que lo destruye. Creemos que se diferencia al demócrata del anti demócrata, no porque el primero tiene más fe que el segundo en la democracia, sino por que tiene menos. El anti demócrata le supone a la misma como ideal, unos efectos sorprendentes y milagrosos sobre la especie humana, que no puede tolerar sin amarga decepción, para él la democracia no basta, siempre debe llevar a algo más: debe garantizar la dicha de los ciudadanos, su salud física y psíquica, su tranquilidad espiritual, su prosperidad económica, su virtud religiosa. De ahí que toda democracia históricamente instaurada le parezca corrupta, insuficiente, pervertida y que no distingan otro tratamiento que no sea alguna cirugía autoritaria para corregir el desvío.

La pregunta por la naturaleza y sentido de la democracia, no es cuestión que interese a la rama política de la filosofía, sino a la filosofía en si misma como tal fue la democracia requisito histórico para su origen y es condición permanente, indispensable, inexcusable de su pleno ejercicio. También en las autocracias pos helénicas, en las monarquías absolutas, en las dictaduras y en las tiranías totalitarias, el filósofo lo ha sido en cuanto que ciudadano de la democracia ya una vez inventada para siempre, aunque transitoriamente suspendida; también como critico de la democracia, como cuestionador severo de sus insuficiencias o de sus vicios. Queremos enfatizar que la filosofía expresa el significado de la democracia, comparten igual destino en sus búsquedas y fracasos, en su autonomía y en sus quejas.

Hoy hay un debate incruento acerca de la vialidad de la democracia y de sus numerosos modelos, de que es y no es la verdadera democracia, que si puede darse democracia política en la sociedad en veloz crecimiento, que si se puede resguardar realmente contra los embates de el soborno, nepotismo, partidización, cleptocracia… por eso a los filósofos, no debería dejar de interesarles esa amalgama teórica de la democracia, después de todo la filosofía, no se preocupa tanto de las cosas que pasan como las que no pasan, y para pensar en lo que no pasa hay que volver a hacer el recorrido sobre lo que se supone ya conocido, hacerlo de nuevo presente. No como mera abstracción retórica sino como reorientación permanente de esfuerzo histórico, que debe ocuparnos especialmente en el país en este momento.

Pedro R. Garcia M.
pgpgarcia5@gmail.com
@pgpgarcia5

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lunes, 5 de agosto de 2013

CARLOS BLANCO, UN AMOR QUE SE VA..., TIEMPO DE PALABRA

Lo peor que le puede ocurrir a quienes están en el poder es no comprender su naturaleza. Nicolás y sus anexos no lo comprenden. Acá se ha sostenido que Chávez llegó a Miraflores en hombros de muchos ricos venezolanos, no de los pobres. Aprovechó con su inigual talento las debilidades coyunturales y estructurales de las élites venezolanas que al ver desgastados a AD, a Copei, a Carlos Andrés Pérez y a Rafael Caldera, y a eventuales relevos como el MAS y La Causa R, tomaron el camino de construir, apoyar, amamantar, acurrucar, a quien se les asomó en el radar. 

No entendieron la naturaleza de Chávez y por casi una década, desde 1992 cuando emergió del cuartel, lo alimentaron, pasearon, consintieron, hasta que ese primer "flaco" de la contemporaneidad engordó y tuvo colmillos suficientes para merendarse a la mayoría de sus adinerados autores.

¿Comprendió Chávez la naturaleza del poder? Asunto difícil de definir, pero cuando murió estaba en la cúspide de una victoria que, según los entendidos, es el mejor momento de abandonar el mundo de los vivos para convertirse en eterno, al menos, por ahora.

Chávez tuvo destrezas indudables. No dio cuartel a sus enemigos y solo recurrió al diálogo cuando estaba contra las cuerdas. En la mayor parte de las situaciones su contrincante, la oposición democrática, en vez de avanzar como él hacía cuando tenía ventaja, se sentaba en la mesa que el Comandante gustaba servir a su antojo, con sus pociones y elíxires somníferos. Chávez abandonó en 2002 los requiebros con la mayor parte de las élites que le permitieron llegar a Miraflores y se envolvió en el discurso sobre, hacia, y desde la pobrecía urbana. Nada de clase obrera, ni de trabajadores organizados; se volcó hacia la informalidad social, lo que antes se denominaba la "marginalidad", pero sobre todo con un subsector peculiar con el que llegó a una zona de complacencia, que fue el malandraje citadino, cuyo lenguaje Chávez tenía -o adoptó- con toda la procacidad de los guapos de esquina.

Sin embargo, no pudo construir nada. ¿Logros? Muchos en materia de destrucción institucional y creación de sectores sociales vinculados al Estado, como nunca antes, a través de las "misiones", pero nada de una institucionalidad alternativa. No fue un edificador o constructor, no dejó estructuras trascendentes, salvo la sustitución de las viejas élites políticas y económicas, por unas nuevas con algún elemento de reciclaje de los sectores más fermentados de historias antiguas. No es poca cosa; ni se intenta minimizar su impacto histórico. Sustituir a Gonzalo Barrios o Luis Beltrán Prieto, por Diosdado Cabello, o Arístides Calvani, Isidro Morales Paúl, Enrique Tejera París, por Elías Jaua, o Miguel Rodríguez y Ricardo Hausmann por Jorge Giordani, no es irrelevante, pero de todos modos es circunstancial. Chávez no produjo una obra que permanezca en la historia salvo, como se ha dicho, la masiva destrucción institucional.

Lo más trascendente de Chávez fue en la eficacia del disfraz democrático de su autoritarismo rampante. Logró dejar islas de competición electoral real, algunos municipios, gobernaciones, diputaciones, que fueron la coartada para el control fraudulento del lomito institucional, con la Presidencia de la República como trofeo indiscutible e indisputable. ¿Qué lo facilitó? La estrategia de ofensiva permanente, brutal, sin ningún escrúpulo moral que la detuviera. Chávez ejerció el poder con la fuerza y por esa razón solo se detuvo ante la fuerza, como en 1992 y en 2002; del resto no se frenó nunca, ni siquiera ante derrotas electorales: el referéndum constitucional que perdió, lo hizo papilla con leyes y con la reforma reeleccionista; las gobernaciones y alcaldías que perdió, las trituró con la creación de cargos, como lo evidencian Jacqueline Farías y Elías Jaua como reemplazos ilegales de Antonio Ledezma y Henrique Capriles.

Más que un maestro del poder, Chávez fue un maestro del miedo, necesario para el ejercicio autoritario del poder pero insuficiente para el hombre de Estado. Carente de principios, tenía el talento para saber dónde le apretaba el zapato. Podía ser marxista y cristiano, cultor de la tercera vía o de la quinta si se presentaba el caso; encantador en el tú-a-tú era capaz de mentir sin que se le moviera el músculo del arrepentimiento o la vergüenza. Fue diestro en el manejo del miedo que, lubricado con petróleo, funcionaba casi sin chirridos. Logró simbolizar las hambres retrasadas de quienes se cansaron de vivir en las orillas del antiguo régimen. Puede que no haya entendido la naturaleza del poder, pero sí las debilidades de las élites que derrumbó y de las que creó.

LA SUCESIÓN.

Maduro intenta replicar la estrategia de Chávez, y se ha quedado con el esqueleto de esa estrategia pero sin los músculos y la piel. Lanza la jauría policial y militar, los "colectivos" y los perros de presa del sistema judicial, pero no logra convertir el terror en fortaleza propia. Las ofensivas de Chávez semejaban el avance de un ejército victorioso; las de Maduro son la desbandada de un ejército derrotado que aplica la violencia y quema casas, levanta alcantarillas y destruye el equipamiento en la medida en que se retira.

Maduro toca la vena del gusto a empresarios ávidos de dólares y cree que los coopta, atrae o somete. Nada de eso. Han de tragar sapos vivos para mantener sus negocios pero no le comunican un ápice de legitimidad al hombre que vegeta en Miraflores. Reaccionan como el siervo sometido a la espera del momento del motín. Toda esa historieta de magnicidios, golpes de estado y conspiraciones atribuidas a la oposición, no es mas que la simulación indispensable para darle razones a la represión.

Los "locos", según la autoinculpación de Cabello, se han quedado al mando, por cierto, con este personaje en la sala de máquinas tocando todos los botones. Éstos sí es verdad que carecen del sentido del poder, aunque han desarrollado el de la represión, con el grave peligro que confunden ambos. No es lo mismo mandar a dar unos planazos que lograr una alianza; no es lo mismo allanar a Mardo que explorar algún entendimiento -regularización de la guerra- con la oposición. No es lo mismo buscar legitimidad que ejercer el terror.

Nicolás se ha lanzado por la pendiente represiva pero en esa misma medida su problema de legitimidad aumenta. No importa que los diarios y las televisoras lo llamen "presidente", cosa irrelevante si de salvar el pellejo se trata. Carece de sentido del poder, no sabe que es una filigrana que se construye a diario, que mas que una mandarria es un tejido, que mas que un diktat es una persuasión. Cada vez más parece que su salida constitucional del poder es una posibilidad a la que el propio Nicolás dedica un camión de ganas.

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lunes, 24 de junio de 2013

IÑAKI GAINZARAIN, "LA NATURALEZA DEL TRUEQUE ELECTORAL DEL 8D"

Capriles: "Mientras ustedes quieren nuestro voto, nosotros queremos un cambio de verdad"

Todavía no hay luz al final del túnel. Cuesta aceptarlo. Esta pre-conclusión proviene de preguntas tan simples como: Si hasta los europeos han visto claro dónde están las trampas y vicios del "sistema político venezolano" y su fraudulento componente electoral, ¿cómo es que el Sr. Capriles y la MUD pretendan llevarnos a otra elección en los mismos términos del 14A?  (ver informe del Instituto de Altos Estudios Europeos: "Todo el proceso electoral del 14A estuvo viciado de nulidad").

Estas élites electoreras han demostrado una vez más que su juego consiste en "anestesiar" todo intento ciudadano de sanear la política en su sentido más amplio y cotidiano. Basta ver cosas como el tímido e incómodo apoyo de estas élites electoreras a la lucha de las universidades, o la metamorfosis del ganador de la elección presidencial, ahora convertido en animador electoral.

El Régimen sigue jugando duro. A las universidades autónomas las mantendrá con una camisa de fuerza llamada presupuesto reconducido, y a la "oposición bonita" con la firme esperanza de manejar unas cuantas alcaldías, y por tanto, gozar de unos "presupuesticos" para su cuota de clientelismo, tan sana para los fines de los rojitos. Claro, como el dinero es música celestial, los empresarios también formarán parte del juego con el que Nicolás promueve su novedoso movimiento por la paz. Y para no dejar dudas, no le darán curso a la elección de los 3 rectores del Consejo Nacional Electoral que deben sustituir a los que tienen el período vencido.

Eso nos lleva a preguntarnos: ¿Cuál es el TRUEQUE que los ciudadanos deben plantear a estas Élites Electoreras de la Oposición Bonita?
No es fácil hacer el llamado a no votar por no votar. Para ello se requiere que aparezca en el horizonte un grupo con aspiraciones reales a conquistar el Poder. Y al parecer eso no lo tenemos a la vista, al menos por ahora.

Hemos tenido dos grupos que lucharon por llegar al Poder. La generación del 28 con Betancourt a la cabeza, y la generación de militares jóvenes liderizada por el "desaparecido". Son grupos que trabajaron duro para alcanzar sus objetivos, y ambos tenían un plan para su utopía de llegar al Poder.

El sucesor del barinense, se anota un nuevo triunfo. La foto del Papa con la "cúpula" del 14A es un poema al inmenso reto de los demócratas que aspiran a un cambio de verdad. La Iglesia, sabia y conocedora de la trágica experiencia de la sociedad cubana, también juega a su diplomacia de corto y mediano plazo. Si bien es cierto que parte importante de la estructura de la Iglesia venezolana se ha ido distanciando de este Reǵimen triturador del futuro, no menos cierto es, que todavía se calla ante la mentira llamada "elecciones libres" en Venezuela.

Todos callan ante lo evidente: los poderes públicos en Venezuela son producto de un fraude continuado, progresivo y cada día más complejo por su componente tecnológico, y más grave aún, por las ramificaciones de complicidad que se promueven desde el Poder Central.

Y mientras tanto, el narcotráfico se apodera de Venezuela, la corrupción se traga el presupuesto nacional y los servicios públicos, los empresarios extranjeros nos dan comida y se llevan las grandes obras, y la violencia abrazada al silencio de los rojitos, nos recuerda que si sales de noche es a expensas de tu buena suerte.

Entonces, cabe preguntarse cuál debe ser naturaleza de la participación ciudadana en las elecciones del 8 de diciembre. Y para ello me valdré de un ejemplo: el caso de Caracas.

Las elecciones venideras tienen dos trofeos en juego: los alcaldes y los concejos municipales. Otra vez, todos viendo a los alcaldes, y el Régimen con sus "circuitos mágicos" apuntando a los concejos. La misma historia del 16D: la oposición ganó en Miranda y Lara, pero el Régimen se llevó sus respectivas Asambleas Legislativas, y como recordaran, a la semana del 14A, la presidenta de la A.L. de Miranda le leyó la cartilla a Capriles: " o asumes la gobernación o declaramos falta absoluta". Es decir,  en el caso de municipios, la máxima volverá a ser: alcalde que se resbale, Consejo que lo fusila, claro políticamente hablando.

Si el Registro Electoral está "podrido", ¿cómo se puede aspirar a ganar en el Municipio Libertador de Caracas, que representa el 66% de la población de la capital, y donde se concentran la mayoría de los barrios y el poder central?

Si las captahuellas están pegadas a la máquina de votación, entonces, ¿cómo decirle al elector "gobierno dependiente" que su voto es secreto, cuando el Sr. Maduro afirmó públicamente que sabe quienes no votaron por el?

Si la cantidad de centros de una y dos mesas son claves en Libertador, y en esos centros no hay como tener testigos, ¿como se digiere que Capriles y la MUD vuelvan a decirle a los ciudadanos que tenemos el 100% de testigos en el 100% de las mesas?

Si los circuitos electorales en Libertador garantizarán al Régimen que, en el hipotético caso que ganare la oposición la alcaldía, el Consejo Municipal será arrasado por los rojitos, ¿cómo es que Capriles y la MUD ocultan esta cara de la moneda?

Está claro que en Caracas hay que tener un planteamiento radical con el caso del Municipio Libertador. Y allí está la base del TRUEQUE a plantear a las élites electoreras de la MUD, que se sienten sobrados en los municipios que pocas veces han favorecido al Régimen, pero que en el mejor caso, solo representan al 33 por ciento de los habitantes de la capital (hay que recordar que el Municipio Sucre ha sido del Régimen durante 8 años).

Pero para que el lector se ubique en el contexto de las municipales, es bueno recordar que de las 335 alcaldías apenas están unas 50 en la oposición, y que en el mejor caso de votación, que fue el de la elección del 14A, Capriles perdió en más 240 municipios. Es decir, que la gran mayoría de municipios son como el caso de Libertador en Caracas, donde el "mejor sistema electoral del mundo" tiene siempre la última palabra a la hora de publicar el exactísimo resultado electoral.

Entonces, debemos ser enfáticos: "Tu quieres mi voto, yo quiero las firmas para auditar el Registro Electoral, para eliminar las captahuellas, para revocar diputados, y para convocar una Constituyente para la Reconstrucción Nacional y la Transición a la Democracia".

Ustedes quieren nuestro voto, pero no quieren cambiar la realidad actual, entonces, zapateen pa otro lado.

El TRUEQUE ELECTORAL es una necesidad ciudadana: no tiene sentido venderle al país que se va a ganar en donde el "sistema" no lo va a permitir.

Por eso, a mantener los espacios donde se ha ganado, y a promover la Constituyente y la abstención total en todos los municipios donde, con las trampas de siempre, el "sistema nos volverá a anular".

Recuerda Capriles, mientras ustedes quieren nuestro voto para llegar a una silla, nosotros lo queremos para un cambio de verdad.

@igaztelu
 www.gainzaedmat.blogspot.com

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