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domingo, 6 de abril de 2014

PEDRO R. GARCIA M., SE INTENTA EN EL PAIS UN DEBATE SOBRE LA NATURALEZA Y SENTIDO DE LA DEMOCRACIA, PUNTO DE QUIEBRE,

UBICANDO ALGUNAS PISTAS…

El ciudadano fue definido por Aristóteles como “quien tiene el poder de tomar parte en la Administración Judicial o en la actividad deliberativa del Estado”.  En este sentido, más allá del derecho a la representación, de su residencia en su territorio, de sus derechos y deberes jurídicos, el énfasis de la condición de ciudadanía aparece puesto en el hecho de que el ciudadano “debe tomar parte activa en los asuntos que luego han de afectarle”.  En la misma dirección, ya Eurípides, el ultimo de los grandes dramaturgos atenienses, había distinguido entre “el pueblo constitucionalmente integrado” (demos, pueblo), que es propiamente el ciudadano, y “el pueblo fuera del control de la vida política convertido en masa amorfa”.  (Óchlos, multitud, turba). Platón también utiliza esta diferencia cuando dos interlocutores hablan de las mayorías, uno para referirse al “pueblo y el otro, a la turba”. “En la polis se ponía de manifiesto además una condición indispensable de todo ciudadano, sobre todo el integrante de una ciudad-estado democrática: se trataba de un hombre libre, quien, para ejercer sus derechos, contaba con el raciocinio crítico en lugar de la fuerza bruta, pues su juicio y criterios debían imponerse a través de la deliberación, la persuasión y el uso argumentativo de la razón”.

ANTECEDENTES HISTORICOS

La primera revolución democrática de los tiempos modernos se gestó en Inglaterra en el siglo XVII. Concluyó en una transacción con el poder real en la que éste hubo de reconocer la supremacía del Parlamento y los derechos inalienables de los ciudadanos ingleses.  El gran ideólogo de esta revolución fue John Locke, considerado el técnico de la democracia, el predicador de la tolerancia y el profeta de una clara distinción entre Estado e Iglesia.  Siguieron las revoluciones democráticas americana y francesa cabalgando sobre las ideas liberales de Montesquieu, Rousseau, Voltaire y especialmente, Emmanuel J. Sieyes, quien elaboró una síntesis de la ideología política precedente, justo en vísperas de la revolución de 1789.

Sin embargo, tanto la Declaración de la Independencia Americana, como la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano exageraron la defensa del hombre individual, por ser ambas Declaraciones una reacción contra el poder del Estado, ya que “aunque consagran la igualdad de los hombres ante la ley, producen o permiten, la enorme desigualdad social, al no equilibrar las condiciones económicas de los ciudadanos al restringir las oportunidades de participación en la gestión económica y política.

Como toda obra humana, la democracia incurrió en desviaciones y errores tanto de principios como de realización practica, los cuales sirvieron y sirven de pretexto a las doctrinas de inspiración marxista. Sin embargo, en su esencia esta forma de gobierno, este ideal de vida común, que se llama democracia, responde a la vocación de nuestra especie para realizar en la tierra la ley del amor fraternal y la dignidad de la persona humana. Desde siempre se ha venido hablando de Derecho Natural, pero fue a partir de los tiempos modernos cuando el hombre adquirió conciencia clara y universal de sus derechos a partir de la filosofía jurídica de Locke, de inspiración Iusnaturalista.

La Democracia busca el equilibrio deseado entre las clásicas libertades individuales y los derechos de carácter económico y social.  El marxismo, por ser una reacción contra el poder de las elites económicas, apunta a la defensa extrema del hombre social frente al individuo, desconociendo derechos personales fundamentales, en el reverso el exagerado liberalismo, que es cegato y cuantitativamente ha demostrado que es incapaz de entender, el sufrimiento, las emociones y los deseos de los hombres.

Por eso la opción es la sociedad democrática en la que “el hombre puede encontrar su propia plenitud a través de la entrega sincera de si mismo y a los demás”-. Bergson escribió “La democracia es de esencia evangélica y tiene por principio el amor”. 

“Ante todo se debe aceptar que la Democracia no es un absoluto ni un proyecto sobre el futuro: es un método de convivencia civilizada. No se propone cambiarnos ni llevarlos a ninguna parte; pide que cada uno sea capaz de convivir con el vecino, que la minoría acepte la voluntad de la mayoría, que la mayoría respete a la minoría y que todos preserven  y defiendan los derechos de los individuos”.  Lo ha expresado con claridad, (Octavio Paz).

UNA ACOTACION NECESARIA

Esta aparente modestia de objetivos (en realidad no hay proyecto políticamente más ambicioso que el que sea compatible con la cordura). Siempre le resulta decepcionante al frenético, al visionario, al devoto de valores absolutos, sea el orden, la libertad o la justicia. Tampoco al que sueña con el “Hombre nuevo”, el más vacuo de los mitos y que ha servido como coartada para liquidar masas inocentes de hombres, mujeres y niños “Del plan antiguo” a lo largo de los siglos. La democracia no tiene como objetivo regenerar al hombre, si no posibilitar institucionalmente el cumplimiento autónomo y sociable de su condición indivisa, irrepetible.  El hombre así puede ser bueno, malo o regular; intentar extirpar esta ambigüedad moral de su destino no lo mejora sino que lo destruye. Creemos que se diferencia al demócrata del anti demócrata, no porque el primero tiene más fe que el segundo en la democracia, sino por que tiene menos. El anti demócrata le supone a la misma como ideal, unos efectos sorprendentes y milagrosos sobre la especie humana, que no puede tolerar sin amarga decepción, para él la democracia no basta, siempre debe llevar a algo más: debe garantizar la dicha de los ciudadanos, su salud física y psíquica, su tranquilidad espiritual, su prosperidad económica, su virtud religiosa. De ahí que toda democracia históricamente instaurada le parezca corrupta, insuficiente, pervertida y que no distingan otro tratamiento que no sea alguna cirugía autoritaria para corregir el desvío.

La pregunta por la naturaleza y sentido de la democracia, no es cuestión que interese a la rama política de la filosofía, sino a la filosofía en si misma como tal fue la democracia requisito histórico para su origen y es condición permanente, indispensable, inexcusable de su pleno ejercicio. También en las autocracias pos helénicas, en las monarquías absolutas, en las dictaduras y en las tiranías totalitarias, el filósofo lo ha sido en cuanto que ciudadano de la democracia ya una vez inventada para siempre, aunque transitoriamente suspendida; también como critico de la democracia, como cuestionador severo de sus insuficiencias o de sus vicios. Queremos enfatizar que la filosofía expresa el significado de la democracia, comparten igual destino en sus búsquedas y fracasos, en su autonomía y en sus quejas.

Hoy hay un debate incruento acerca de la vialidad de la democracia y de sus numerosos modelos, de que es y no es la verdadera democracia, que si puede darse democracia política en la sociedad en veloz crecimiento, que si se puede resguardar realmente contra los embates de el soborno, nepotismo, partidización, cleptocracia… por eso a los filósofos, no debería dejar de interesarles esa amalgama teórica de la democracia, después de todo la filosofía, no se preocupa tanto de las cosas que pasan como las que no pasan, y para pensar en lo que no pasa hay que volver a hacer el recorrido sobre lo que se supone ya conocido, hacerlo de nuevo presente. No como mera abstracción retórica sino como reorientación permanente de esfuerzo histórico, que debe ocuparnos especialmente en el país en este momento.

Pedro R. Garcia M.
pgpgarcia5@gmail.com
@pgpgarcia5

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viernes, 14 de marzo de 2014

ANTONIO CAMILLI, EL SENTIDO DE LA TORTURA, OPINION DEL DOCTOR CARLOS ROJAS MALPICA

Para qué vean como se falsean textos cuando se lee lo que les conviene

El sentido de la tortura (Opinion del doctor Carlos Rojas Malpica)

"Cuando la Defensora del pueblo habla del sentido de la tortura, no se equivoca. Todo comportamiento humano tiene un sentido, así sea perverso, como en el caso de la tortura. De eso, la defensora se cuidó muy bien en el lenguaje. Una caricia o un cabillazo tienen sentidos distintos obviamente, pero los tienen. Ahí no está el problema, por muy repugnante que parezca.  

Aunque el leguaje es rico y podríamos calificar algunos actos como un sinsentido, que también vale como palabra para designar lo absurdo de algunas conductas.

El verdadero SENTIDO de la declaración de la Defensora se encuentra en la OMISIÓN deliberada de la última frase del concepto de tortura de la ONU en su Declaración de 1975, que inclino y coloco en negritas:

"Para los Fines de esta Declaración, tortura significa todo acto por el cual se inflige intencionadamente un intenso dolor o sufrimiento, físico o mental, por, o a instigación de, un funcionario público, a una persona para fines tales como obtener de ella o de un tercera persona una información o confesión, castigarla por un acto que ha cometido o intimidarla, a ella o a otras personas". 

Esta es la definición de tortura dada por la ONU en 1975.

"Al omitir la frase resaltada arriba, la Defensora homologa introducir el cañón de un fusil en el ano de un detenido, con un empujón o una bofetada. Esa omisión es deliberada y encubridora. Tiene un sentido evidente, que es manipular con el lenguaje y proteger a autores de delitos de lesa humanidad.  Esta es mi opinión. Podría corregirla si la Defensora se corrige a sí misma…pero no le veo ningún propósito de rectificación."

Saludos a todos
Antonio Camilli,
tonycamilli@me.com
@antoniocamilli0

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jueves, 19 de diciembre de 2013

ELINOR MONTES, UN SACRIFICIO TIENE QUE TENER SENTIDO

¿Cómo se puede pedir y justificar que la gente le dé más dinero a un administrador malvado cuando lo lógico sería despedirlo?
En este mundo al revés los totalitarios comunistas han sido tan hábiles en la guerra que libran contra sus connacionales venezolanos que no sólo la han financiado con el dinero de sus víctimas sino que además, no rinde cuentas quien tiene que rendirlas sobre el millón y medio de millones de dólares que sin control han dispuesto los rojos para financiar sus fines personales, quien no tiene que rendir cuentas ni estar controlado en sus ingresos y gastos, “el soberano”, es quien rinde cuentas y está bajo control total del régimen, no puede ni elegir cuanto ni qué comer,  y para colmo, cuando los rojos piden más capital, más sacrificio a la gente ya bien golpeada, como ahora que proponen “debatir lo fiscal” y "comenzar a cobrar la gasolina", hay economistas demócratas que justifican las dañinas devaluaciones, aumentos de impuestos, de la gasolina, etc., y además sugieren soluciones a un régimen que intencionalmente, con premeditación y alevosía, viene arruinando sistemáticamente a la gente mediante el uso de la economía como arma de guerra, que adicionalmente no está dispuesto a reducir sus gastos de mantenimiento del poder y expansión del totalitarismo comunista por el mundo y por ello sigue con la “regaladera” 

¿De dónde sacan los economistas que el régimen, evidentemente malvado y calificado internacionalmente entre los más corruptos del mundo, se ha convertido y ahora sí administrará el dinero extra con transparencia y para solucionar el desastre económico que ha causado? 

El asunto a debatir es si es lógico que a un administrador ilegítimo, ladrón, despilfarrador, que no rinde cuentas se le dé más poder y dinero para que, por si lo anterior fuere poco, siga destruyendo a la gente con la eficacia y la eficiencia acostumbrada.

Una persona tiene que tener moral para pedir un sacrificio y además el sacrificio tiene que tener sentido. Esta situación llegó a este punto porque éste no es un gobierno de la gente, ni para la gente, ni por la gente y como dice Constanza Espinel: “No se puede plantear el asunto de la gasolina como un problema económico, cuando lo que está planteado es la destrucción de la gente, entre otros, a través de la eliminación de las fuentes de empleo, de la inflación sostenida, de los controles extremos en todos los ámbitos, de un IVA alto mantenido no obstante los altos ingresos petroleros, de la pérdida sostenida y sistemática de la libertad y la dignidad ¿Qué más se le puede pedir a la cgente?

El problema económico es un problema que debe ser enfocado desde el punto de vista político y moral en el que la economía es un instrumento para destruir a la gente. Mientras la realidad no sea vista por la dirigencia, los especialistas, la propia gente y por el mundo la situación no se puede resolver”. 

elmon35@gmail.com


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viernes, 22 de noviembre de 2013

PEDRO PAUL BELLO, CARECEMOS DEL SENTIDO DE CIUDADANIA.

Ese importante venezolano que fue Don Rómulo Gallegos, escribió en la Revista Alborada, la misma que con otros distinguidos compatriotas fundara en 1909, dejando estampada esta reflexión para el futuro:  

"Nada importa el valor teórico de un principio o de una ley, si no ha penetrado en la conciencia de un pueblo;  el nuestro viola las suyas porque las ignora casi siempre, y no porque estén en pugna con su naturaleza, sino porque en su naturaleza no está respetarlas."

Advertencia tan contundente, hecha a más de un siglo y procedente de quien la escribió, algo ha debido sembrar en la conciencia del venezolano. Sin embargo, como a diario se constata, especialmente en estos trágicos tiempos que vivimos en todas las ciudades y poblados de nuestro país, ello no ha sido así.  

¿Por qué será? podemos preguntarnos. 

Responder a ello no cabe en estas cortas cuartillas: habría necesidad, quizá, de escribir un grueso tomo de  libro con algunos cientos de páginas, para dar cuenta de la compleja realidad que colecciona causas y efectos de variados "porque", a fin de tratar de dar precaria explicación  de aquello.

En un trabajo que, al fin, está por ser publicado, cometí la osadía de expresar algunos hechos, circunstancias y razones que, a mi manera de ver, concurren en el proceso de desarrollo y malformación de nuestra manera histórica de ser ciudadanos en esta amada Patria venezolana que, como de la suya dijera Ortega y Gasset, tiene profundos rasgos de invertebración.

Pero, cuidado: se habla de la tierra propia como patria, cual si se tratara de algo ajeno a nosotros, sus ciudadanos.  Pero no nos percatamos de que no es ella, la patria o la nación, la que es invertebrada. Lo hacemos como si se tratara de algo separado o ajeno de nosotros, sus ciudadanos...Pero no pensamos que si la patria es invertebrada es porque lo somos nosotros, sus ciudadanos. 

La Patria, la propia tierra, es una entidad que es una realidad histórico-convencional. ¡Sí! No existe entre la tierra en la que se nace  --o donde uno se asienta procedente de otra tierra--  una suerte de relación de filiación tal como la que hay entre los hijos y sus genitores que, en los genes, transmiten tendencias, inclinaciones y maneras de ser que, si bien no son determinaciones absolutas, pueden llegar a serlo en función del uso personal de la libertad interior de padres e hijos, así como de la conciencia de cada cual.

El concepto de ciudadanía significa la conciencia y la aceptación de plena pertenencia a una Comunidad que tiene mayor dimensión física y diferentes compromisos y relaciones personales, con respecto a los que existen en los hogares familiares.

Se trata, entonces, de una pertenencia que está al margen de todas las desigualdades que existen en ella, pues el concepto de ciudadanía define una igualdad que es de base para todos los miembros de la sociedad y cuyo alcance es distinto a los que existen, con sus diferentes particularidades, en los hogares domésticos.

En lo más hondo, la igualdad en la Sociedad General se funda en la realidad de la existencia de una naturaleza humana que es común a todas las personas por el solo hecho de ser tales. De ello dimana un conjunto de derechos que son correlativos de deberes que tienen las personas en tanto miembros de una sociedad y, por tanto ciudadanas.

Así, no es que el Estado, porque garantice los derechos humanos  --obviamente Estados democráticos--  sea la fuente del derecho.  La obligación del Estado es garantizarlos, igual que como al policía  --agente del Estado--  corresponde garantizar la vida de las personas pero no es la fuente de esas vidas, tampoco el Estado es la fuente de los derechos ciudadanos. Solo las tiranías y totalitarismos pretenden convertirse en tal aberración. 

De esta misma concepción no solo se postula la igualdad de las personas en tanto tienen semejante dignidad, sino que, además, se reconoce que se trata del tener una igualdad esencial que, en el plano de la esencialidad es común a todas las personas de todas las patrias.  En este punto, aclaremos, es obvio que no es posible  pensar y respetar una inexistente igualdad existencial, pues todos los seres humanos somos existencialmente diferentes y distintos, de tal manera que no existe ni existirá otro semejante a alguno cualquiera, porque cada criatura humana es única e irrepetible en el tiempo y en el espacio, y en toda la extensión del cosmos y por los siglos de los siglos. 

Entonces, cual conclusión de lo anteriormente expresado, si la Nación es invertebrada es porque muchos ciudadanos lo somos. En efecto, la Nación venezolana no es la tierra que pisamos y en la que nos asentamos sedentariamente, ni las montañas sean colinas o cumbres inmensas; ni los ríos, sean arroyuelos o Corrientes tormentosas;  ni los valles extendidos hasta perderse en lontananza. No. Venezuela somos nosotros los venezolanos; seres humanos aquí nacidos o llegados para arraigarse; seres con nuestros errar y aprender; con nuestro decir y enseñar; con nuestro querer u odiar.

El tema, entonces, conduce necesariamente a revisar a fondo el concepto de ciudadanía, no para ilustrarnos, sino para actuar en consecuencia.

El moderno concepto de ciudadanía comprende las tres dimensiones de la Sociedad: civil, política y propiamente social. La dimensión civil trata sobre las relaciones que los miembros de la Sociedad tejen entre ellos. Estas se agrupan en dos sub-categorías: relaciones interpersonales y relaciones personales.  Acá tiene su asiento el derecho, en cuanto que garantiza la justicia en esas relaciones, significando garantías para las diversas expresiones de la libertad individual  y asegurando el general derecho a la justicia.

La sub-categoría de las relaciones interpersonales se refiere a los tipos de intercambios que derivan de proximidad o vecindad del Otro: familiares, amistosos, laborales, comerciales. culturales, deportivos, etc. La categoría civil también abarca intercambios con semejantes que no corresponden a una sistemática orgánica, como los anteriores, sino a la casualidad de encuentros frecuentes o diversificados, que las personas tienen con semejantes no conocidos de manera personal sino accidental: policías de tránsito o no; espectadores de un deporte o espectáculo; dependientes de tiendas, etc.  En la sub-categoría de las relaciones impersonales, cuyos encuentros son de gran importancia social, estos se realizan mayormente en los denominados espacios públicos, que no son simples ámbitos espaciales.

Por su parte, la dimensión política comprende la participación en actos de orientación del cuerpo social hacia el alcance de su finalidad que, como antes referimos, es el Bien Común General, función que es propia del Estado, pero en cuyas actuaciones al ciudadano le corresponde influir, de manera directa o indirecta, la primera  cuando ejerce funciones  y la segunda cuando, de alguna manera, puede influir en las decisiones.

La dimensión social, por último, trata de los actos en los cuales los ciudadanos pueden participar en los beneficios del Bien Común General, que proporcionan beneficios para que la Sociedad haga el desarrollo que cada persona puede potencialmente alcanzar, a fin de que, de esa manera, exista igualdad de oportunidades en adquirir conocimientos y participar en servicios importantes como, por ejemplo, es la educación.

Finalmente, sobre el tema de ciudadanía, recomiendo mucho el leer la brillante Conferencia que el Dr. Moisés Naim pronuncio, en 1990, en el Iesa para graduados en esa institución, bajo el título de "Es hora de comenzar a ser ciudadanos".

Pedro Paúl Bello

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martes, 23 de julio de 2013

TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ, EL FRACASO DE UNA CONSTRUCCIÓN

Si algo podemos asegurar es el de un fracaso en los dos polos del conflicto venezolano. Ninguno de los dos ha logrado crear un sentido en medio de un entorno complejo. El mantenimiento conflictual no ha conducido a otra cosa que a la pérdida de un imaginario, a la fragmentación y atrincheramiento en posiciones secundarias y a un desgaje de la verdad en un simple juego de poder donde nadie se ocupa de verificar las proposiciones.

Quizás la enseñanza radique en la inviabilidad de los extremismos. Lo que vemos es la derrota de un cuerpo social de pensamiento débil. El conflicto procura acuartelarse en hechos puntuales que vienen tergiversados a voluntad provocando una inigualable ruptura entre ellos y sus significados. En otras palabras, lo que han logrado las partes enfrentadas es una ruptura de toda capacidad de percepción.

Estamos frente a un país que ha soportado los embates de una desarticulación del pasado histórico, lo que ha sembrado dudas inclusive frente a la pregunta acerca de nuestro origen. Frente a uno que se pregunta si somos los mismos en la constitución de una nación. Y lo más grave: la percepción de futuro se ha presentado como una disyuntiva de ruptura. El ascenso de los sectores más desvalidos hasta el protagonismo político ha sido asumido desde una mirada conflictiva y no como invención de mundo. La carga simbólica no ha servido para la construcción de un imaginario social compartido (término grato a Cormelius Castoriadis),  sino que ha sido elevado al grado de indeterminación.

Quienes mayormente parecen entender – y he aquí la excepción que llama a las posibilidades positivas-  son los miembros de los grupos sociales plenamente conscientes de su ascenso, si a ver vamos los estudios realizados por diversas empresas de análisis social. En los focus group se expresan con propiedad y en dominio de un lenguaje incluso superior al de mucho político que pulula por las pantallas de la televisión. Allí expresan su apoyo a los avances sociales del gobierno, pero reivindican la permanencia de la empresa privada a la que asocian con creación y oferta de empleo. En otras palabras, no excluyen un sistema del otro. Lo resumen queriendo lo que consideran virtudes de ambos y las miran como no excluyentes. Cuando se les interroga sobre como denominarían a este híbrido responden: Democracia.

La revisión de estas respuestas nos lleva a encontrar, en primer lugar, una no inclinación hacia el conflicto en los sectores a los que, no sin ligereza, se atribuye mayor facilidad para el ejercicio violento y, en segundo lugar, una constatación del ascenso social como productor de una capacidad de visión que excede a la de los sectores que podríamos llamar ‘élites ilustradas”. Ello no puede conducir a conclusión distinta de la admisión de la existencia de un cambio de país que se acepta o se queda excluido, por encima inclusive de los afanes represivos del gobierno que continúa con su práctica agotada de focalizar la represión o de abusar del poder. El gobierno que originalmente hizo protagonistas terminará siendo un protagonizado.

Ahora bien, cualquier sospecha de pérdida de lo alcanzado puede determinar la aparición de la violencia. La falta del sector que se opone al régimen aparece así, fundamentalmente, como una incomprensión del imaginario de la mitad que lo respalda. La causa es muy sencilla: el objetivo se limita a su desplazamiento del poder y no a una alternativa de comprensión global del futuro compartible.

En el país que aparece el discurso está atravesado por una ambigüedad normal a lo que no es una especificidad, sino más bien una forma de reproducción social que avanza hacia una especie de identificación que excede a las tipologías, que busca un sentido al que debe ofrecerse una variante no populista (en el sentido de evitar la creación de un Estado-padre que no reclama comportamientos de superación) y que comience por admitir que esta imaginación de la relación social tiene vocación de futuro y que, al tenerla, marca el presente. De allí que el mantenimiento del conflicto en los términos descritos afecta de manera determinante lo real social pues va conformando una experiencia que puede conducir a la creencia de una repetición ineludible del pasado. Esto es, los sectores en ascenso pudieran llegar a considerar la realidad del enfrentamiento político de una u otra manera: como un ejercicio insuperable de la realidad o conceder una nueva forma de comprensión que los haga marchar hacia la imposición de una nueva posibilidad. Vista la concreción del presente en inflación, desabastecimiento, ineficacia y deterioro de la calidad de vida deberemos apelar a aquello que se ha dado en denominar la utilidad social de las ideas, esto es, que logremos las ideas se hagan evidencia social desde donde podamos iniciar la nueva lectura.

tlopezmelendez@cantv.net

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