BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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viernes, 18 de septiembre de 2015

FERNANDO LONDOÑO HOYOS ENTREVISTA A VIRGINIA CONTRERAS EN LA HORA DE LA VERDAD 16-09-2015, AUDIO, DESDE COLOMBIA,

Virginia Contreras trinitron208@aol.com EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, SIN COMUNISMO UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE, ESTO NO PUEDE CONTINUAR, TERCERA VIA, DESCENTRALIZAR, DESPOLARIZAR, RECONCILIAR, DEMOCRACIA PARLAMENTARIA, LIBERTARIO ACTUALIDAD NACIONAL, VENEZUELA, NOTICIAS, ENCUESTAS, ACTUALIDAD INTERNACIONAL,

viernes, 4 de abril de 2014

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, MILAGRO ECONOMICO A LA INVERSA

Lo que pasa en Venezuela tenía que llegar y llegó, así sea que todavía falte lo peor. Por desgracia. 

El castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran tan pocos en el devenir de los pueblos. 

Convertir en país miserable el más rico de América no es hazaña de todos los días. Habiendo tanta pobreza en tantas partes, en pocas tiene que pelear la gente, a dentelladas, por una bolsa de leche, por una libra de harina o por un pedazo de carne.

Convertir en despojos una de las más organizadas, pujantes y serias empresas petroleras del mundo no es cualquier tontería. Llevar a la insolvencia una nación ante las líneas aéreas, los proveedores comerciales y los que suministran material quirúrgico y hospitalario no es cosa que se vea cualquier día. Y arruinar al tiempo el campo y la industria, el comercio y los servicios, la generación eléctrica, la ingeniería, la banca y las comunicaciones es tarea muy dura, cuando se recuerda que la sufre el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo.

En esa frenética carrera hacia el desastre, el gobierno castrochavista tuvo que proceder a la eliminación paulatina de todas las libertades, al sacrificio del pensamiento y la conciencia, a la ruina de las instituciones, del periodismo, de los partidos, de la universidad, de los gremios, de los sindicatos. Pues todo se ha cumplido tras el designio implacable de los ancianos inspiradores del sistema, Fidel y Raúl Castro, que una vez más han demostrado su audacia, su carencia total de consideración y respeto por los valores más caros de la especie humana, pero también su falta absoluta de talento. Llevar a Venezuela a la ruina total es matar su propia fuente de subsistencia. Y es lo que han hecho, moviendo los resortes del fanatismo más imbécil, de los odios más cerriles, de los desquites más torpes.

Nicolás Maduro tiene la inteligencia y el tacto político que exhibe en cualquiera de sus discursos. Pero al fin de cuentas es un pobre rehén de los intereses inconfesables de la clase corrupta que ha llevado a Venezuela a su perdición. Si ese títere fuera libre, hasta de sus menguadas condiciones de estadista pudiera esperarse algún acto de rectificación, algún gesto de apaciguamiento, alguna voluntad de comprender el desastre y de corregirlo. Pero Maduro es el primer esclavo de las pasiones atroces que dominan en Venezuela. Los saqueadores de esa gran nación no están dispuestos a que nadie ensaye el menor examen de su conducta. En los antros del delito se pierde todo, empezando por el pudor.

El régimen de Venezuela se va a caer, porque se tiene que caer. No podría subsistir sino amordazando totalmente al pueblo, imponiendo cartillas de racionamiento, levantando un paredón, como el del Che Guevara en La Cabaña. Y no están dadas las condiciones para que el mundo soporte estas afrentas. Con una Cuba le basta a América.

El pueblo está en las calles, dispuesto a hacerse matar. Y lo están matando. La juventud estudiantil, que sabe cerrados los caminos del porvenir, le apuesta a cualquier cosa, menos al continuismo cobarde. Los empresarios lo perdieron todo hace rato. No tienen cuentas para hacer. Y los paniaguados del sistema ven con horror que el sistema ya no tiene mercados para comprar sus conciencias.

Y ante esta catástrofe, el presidente Santos no ofrece más que su silencio perplejo. Porque, si sigue ofendiendo a ese pueblo, tendrá un enemigo formidable. Y si ofende a Maduro, se le cae el proceso de paz. Esa es la consecuencia del primero de sus actos torpes, el de tomar por nuevo mejor amigo a un tirano despreciable. Y el de montar un proceso que llama de paz sobre los hombros caducos de unos patriarcas en su ocaso.
Fernando Londoño Hoyos
flondonohoyos@gmail.com
@FlondonoHoyos


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martes, 1 de abril de 2014

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, VENEZUELA EN LLAMAS. SANTOS CALLA, DESDE COLOMBIA

Declarar empate en Venezuela es como mandar condolencias al asesino por las molestias que en su agonía le causó la víctima.

Lo que pasa en Venezuela tenía que llegar y llegó, así sea que todavía falte lo peor. Por desgracia.
El castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran tan pocos en el devenir de los pueblos. Convertir en país miserable el más rico de América no es hazaña de todos los días. Habiendo tanta pobreza en tantas partes, en pocas tiene que pelear la gente, a dentelladas, por una bolsa de leche, por una libra de harina o por un pedazo de carne.
Convertir en despojos una de las más organizadas, pujantes y serias empresas petroleras del mundo no es cualquier tontería. Llevar a la insolvencia una nación ante las líneas aéreas, los proveedores comerciales y los que suministran material quirúrgico y hospitalario no es cosa que se vea cualquier día. Y arruinar al tiempo el campo y la industria, el comercio y los servicios, la generación eléctrica, la ingeniería, la banca y las comunicaciones es tarea muy dura, cuando se recuerda que la sufre el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo.
En esa frenética carrera hacia el desastre, el gobierno castrochavista tuvo que proceder a la eliminación paulatina de todas las libertades, al sacrificio del pensamiento y la conciencia, a la ruina de las instituciones, del periodismo, de los partidos, de la universidad, de los gremios, de los sindicatos. Pues todo se ha cumplido tras el designio implacable de los ancianos inspiradores del sistema, Fidel y Raúl Castro, que una vez más han demostrado su audacia, su carencia total de consideración y respeto por los valores más caros de la especie humana, pero también su falta absoluta de talento. Llevar a Venezuela a la ruina total es matar su propia fuente de subsistencia. Y es lo que han hecho, moviendo los resortes del fanatismo más imbécil, de los odios más cerriles, de los desquites más torpes.
Nicolás Maduro tiene la inteligencia y el tacto político que exhibe en cualquiera de sus discursos. Pero al fin de cuentas es un pobre rehén de los intereses inconfesables de la clase corrupta que ha llevado a Venezuela a su perdición. Si ese títere fuera libre, hasta de sus menguadas condiciones de estadista pudiera esperarse algún acto de rectificación, algún gesto de apaciguamiento, alguna voluntad de comprender el desastre y de corregirlo. Pero Maduro es el primer esclavo de las pasiones atroces que dominan en Venezuela. Los saqueadores de esa gran nación no están dispuestos a que nadie ensaye el menor examen de su conducta. En los antros del delito se pierde todo, empezando por el pudor.
El régimen de Venezuela se va a caer, porque se tiene que caer. No podría subsistir sino amordazando totalmente al pueblo, imponiendo cartillas de racionamiento, levantando un paredón, como el del Che Guevara en La Cabaña. Y no están dadas las condiciones para que el mundo soporte estas afrentas. Con una Cuba le basta a América.
El pueblo está en las calles, dispuesto a hacerse matar. Y lo están matando. La juventud estudiantil, que sabe cerrados los caminos del porvenir, le apuesta a cualquier cosa, menos al continuismo cobarde. Los empresarios lo perdieron todo hace rato. No tienen cuentas para hacer. Y los paniaguados del sistema ven con horror que el sistema ya no tiene mercados para comprar sus conciencias.
Y ante esta catástrofe, el presidente Santos no ofrece más que su silencio perplejo. Porque, si sigue ofendiendo a ese pueblo, tendrá un enemigo formidable. Y si ofende a Maduro, se le cae el proceso de paz. Esa es la consecuencia del primero de sus actos torpes, el de tomar por nuevo mejor amigo a un tirano despreciable. Y el de montar un proceso que llama de paz sobre los hombros caducos de unos patriarcas en su ocaso.
Fernando Londoño Hoyos
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miércoles, 5 de marzo de 2014

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, CENTRO DEMOCRÁTICO O UN COMPROMISO CON LA HISTORIA, DESDE COLOMBIA

Los que quieren tapar el fenómeno electoral del domingo se refugian en una campaña presidencial que empezará el domingo, precisamente.
No tiene votos, decían los críticos cuando repasaban la lista del Centro Democrático, que es la de Álvaro Uribe Vélez, para que hablemos pronto y con claridad.
Y de eso se trataba, precisamente. De una lista con gente que no fuera dueña de votos, que es como decir que no fuera dueña de almas esclavas. Gente nueva, gente distinta, gente dispuesta a la tarea titánica de reconquistar la opinión pública para el Congreso y para la Política.
Este es el nuevo kit para las elecciones del 9 de marzo
en las que se elegirá la nueva composición
del Congreso y el Parlamento Andino.
Con el presidente Uribe llega al Congreso una generación nueva, la Generación del 14, como la hemos venido llamando. Hombres y mujeres cargados de títulos académicos, de especializaciones apasionantes y de invencible amor por Colombia. Hombres y mujeres que llegan de todos los rincones de la República, para transformarla y para abrirla a los vientos de la modernidad. Para darle cimientos sólidos y duraderos a un país que no puede seguir siendo el último en todo: en infraestructura, en educación, en salud, en seguridad, en justicia.
El Parlamento se llena de voces ilustradas, de debates serios, de proyectos redentores. Y de parlamentarios que no se conquistan con la mermelada infame de los puestos, los contratos, las canonjías y los ventajismos de todo género. Abran paso, señores. La Generación del 14 toca la puerta.
El presidente Uribe sabe lo que significan las mujeres en la vida de esta Colombia nueva. Y por eso viene al Senado y a la Cámara con un aporte femenino que nunca registró nuestra historia. Después de su nombre, el número 1 del Senado, vienen cuatro mujeres. Y entre las 40 curules que el pueblo elegirá, la mitad es de mujeres. ¡Pero cuáles mujeres! Cuánto talento y cuánta ilustración en esas admirables personalidades. Educadoras, politólogas, internacionalistas, juristas, filósofas, agrónomas, sociólogas, con títulos nacionales y casi todas con especialidades en las mejores universidades del mundo.
La mujer ha dejado de ser un adorno. La mujer se integra plenamente a la conducción del Estado. Abran paso. El Centro Democrático significa la revolución femenina. La de verdad. La más plena y la más noble. No más mujeres llenando cuotas.
Y no falta la experiencia. Pero la buena experiencia, que es la de la sabiduría acumulada. Como la de Uribe. Para citar solo dos ejemplos de muchos posibles, el más prestigioso especialista colombiano en temas de defensa y seguridad, Alfredo Rangel, y el mejor de los financistas y tributaristas de Colombia, Oscar Darío Pérez, vienen con estos jóvenes a templar ardores y multiplicar enseñanzas y a recuperar el prestigio y la dignidad del Congreso.
Lo que tenía que pasar está pasando. Hasta los encuestadores menos sospechosos de uribismo, los de Datexco y del Centro Nacional de Consultoría, le dan más de treinta senadores al movimiento que será partido luego de este bautizo emocionante. El triunfo de Uribe, que será el triunfo de una Colombia nueva y distinta, será arrollador. Y no en nuestras cuentas, insistimos. A los repartidores de noticias no les ha quedado sino un recurso para tapar con las manos este sol que alumbra y calienta las esperanzas del país. Hablar y hacer cálculos sobre una campaña presidencial que no ha empezado es el burladero donde se refugian los aterrados comentaristas.
Este fenómeno colosal no solo supone la recuperación de la política como quehacer valioso y digno, sino el comienzo de una campaña presidencial sobre bases nuevas. A nadie se le ocurrirá hablar de candidatos sin relación a los congresistas que los acompañen. El fenómeno Uribe Vélez del 2002 no tiene repetición posible.
¿Y de quién es el Centro Democrático? De gente como usted. De gente que quiere un horizonte nuevo para la Patria, que no sea el castro-chavista que le tienen recetado.

Fernando Londoño Hoyos
flondonohoyos@gmail.com
@FlondonoHoyos

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domingo, 8 de septiembre de 2013

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, NIDO DE VIVORAS, DESDE COLOMBIA

A Chávez le llegó su hora. Sus cómplices temen que la suya también. Y eso explica la opereta y la furia de las víboras.Sí, queridos lectores: es de la famosa novela de François Mauriac de donde tomamos prestado el nombre de estas líneas. 

Porque viene como anillo al dedo a la opereta con fondo trágico que se representa en Venezuela.No cabe duda de que el Comandante se la buscó. Pudo conseguir el consuelo de un final digno para su turbulenta carrera de mal militar y eficiente demagogo. Prefirió llevar al extremo su pasión narcisista por el mando, ceder ante sus odios y aspirar a la pompa mundana de una apoteosis que lo semejara a Bolívar. Pero se va a quedar con los dolores del prócer, sin un ápice de su grandeza.

 Lo que hay en torno suyo, esa carrera por los restos de la piñata que va a romperse, es lo que tiene merecido su memoria. Los que conspiran en silencio para alzarse con trozos del poder tienen comprometida su conciencia y justos temores por el examen de su conducta. Porque saben que se robaron a Venezuela, que la condenaron a cien años de abandono y que ha llegado la hora de que respondan ante la Historia.

Ese país perdió, porque se la robaron, la mayor bonanza que ha tocado a las puertas de cualquier nación latinoamericana.

Tres millones de barriles de petróleo a cien dólares, para simplificar cuentas, montan trescientos millones de dólares diarios,  más de cien mil millones de dólares por año.

De lo que no hay ni especies náufragas.

Después de 14 años de producir semejante fortuna, a Venezuela no le ha quedado nada. Y eso era lo que tapaba Chávez con su agresividad de “rufián de barrio” y sus maromas de populachero de tercera categoría. Se va con el mérito de no haber permitido que esa pregunta se la hicieran en serio, con lo que se economizó el costo de una respuesta imposible.

Venezuela no tiene un camino, ni un puerto, ni una fábrica, ni un colegio ni un hospital para mostrar como resultado de esa danza millonaria. En cambio, arruinó lo que tenía de industria y lo que producía de comida. Y se gastó hasta el último barril de petróleo, dejando la pesada carga de una deuda que tardará muchos años en pagar.

Nada de eso es enteramente atribuible a la improvisación y a la ineptitud de un régimen comandado por un sujeto clamorosamente incompetente. Descontado ese fardo, surge patente que a Venezuela se la robaron y las víboras sobrevivientes no quieren enfrentarse a la gran cuestión que alguien, algún día, les propondrá a nombre de ese adolorido país: ¿dónde están mis reales?

Los aspirantes a mandar saben todo lo que tienen que ocultar. Y saben que no podrán hacerlo si el poder se les escapa. Un poder judicial digno, una opinión independiente, una Fiscalía decorosa y todo volará en átomos. Lo que no es permisible ni aceptable. Las víboras se lanzarán implacables contra cualquiera que pretenda penetrar en su nido de maldades. La cuestión es de supervivencia, que genera solidaridades feroces, y odios y recelos incontenibles.

Chávez era el mago que lo tapaba todo. Muerto Chávez, como está muerto, cada uno se preocupa por lo suyo y lo defenderá a dentelladas.

Los hermanos Castro serán los primeros. Esa cifra que fluctúa entre cinco y diez mil millones de dólares por año, regalo del locato de Caracas, explica que Cuba no haya tenido que rendirse. Y queda lo que Chávez regaló a Nicaragua y comprometió en Bolivia, en Ecuador y en Argentina.

Y lo que se alzó la boliburguesía, esa mezcla de militares corruptos y civiles arribistas que mandan y roban en Venezuela.

Faltaría el balance del narcotráfico para medio completar las cuentas. Esas que nadie se atreve a pedir y que todos temen que un pueblo enfurecido llegue a demandar. No se puede robar tanto, tan impunemente. A Chávez le llegó su hora. Sus cómplices temen que la suya también. Y eso explica la opereta y la furia de las víboras.

Se avecina un período tenso, en el que, una vez más, como hace dos siglos, se decidirá en tierra venezolana el futuro de la libertad en toda la América Latina.

flondonohoyos@gmail.com

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viernes, 12 de julio de 2013

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, LA POLÍTICA PERDIÓ TODA NOBLEZA,


Se quedó sin altura, sin ideas ni motivos. Santos no tiene a su alrededor una mesa de unidad, sino una turba pedigüeña de mendigos, esperando la prometida mermelada.

Alguien dijo que los pueblos felices no tenían Historia. Juan Manuel Santos tuvo esa oportunidad colosal para un hombre ecuánime y sensato: conseguir para Colombia cuatro años sin Historia, a cambio de una prosperidad sin igual. Nada más que eso fue lo que malbarató.

Colombia había conseguido afincar el valor fundante de la seguridad, que es como el cimiento de todas las virtudes y ventajas para una nación próspera. La culebra del terrorismo estaba viva, pero, como todas las de su especie perdida en la selva, apenas reptando sigilosa y escondida para salvarse de la extinción definitiva. ¿Quién iba a imaginar a los cincuentones y sexagenarios jefes de las Farc y del Eln, ayer ignorados y vencidos, con calidades de plenipotenciarios, sentando cátedra y disponiendo de nuestro presente y futuro? ¿Quién podía suponerlos dueños de las fronteras y de los medios de comunicación, afincados en sus armas renovadas, en sus riquezas malditas, discutiendo como próceres la calidad y contenido de nuestras instituciones?
El Presidente logró el antimilagro. Para forjar su propia imagen de redentor y pacificador, lo que hizo fue volver a la vida unas organizaciones destrozadas, despreciadas, caducas, para convertirlas en curiosos árbitros de nuestro destino.

Santos, que como ministro de Hacienda del 2002 entregó un país sufriendo la más horrible crisis económica, lo recibió ocho años después en una bienandanza casi inconcebible. Crecimiento del 5 por ciento anual, holgura fiscal, superávit de balanzas, industrialización admirable, construcción y obras públicas en auge, un millón de hectáreas nuevas incorporadas a la producción agrícola, un millón de barriles por día en petróleo, inversión disponible y creciente, en fin, un panorama casi increíble, de puro brillante y sólido.

Pero Santos no quería salir debiendo. Y dilapidó la herencia recibida diseñando un Estado megalómano, sin cabeza ni músculo, pura grasa, impedimenta plena. Y se dedicó a repartir mermelada en lugar de sembrar desarrollo. Y a gastar en demagogia sin enfrentar los problemas del crecimiento.

La economía es una piragua con maderamen que cruje. Cuesta conseguir recursos de crédito; la revaluación no se corrigió y está matando la industria y sofocó el campo; las obras no despegaron, como lo notan hasta los redactores de The Economist; las regiones se empobrecieron; las fuentes de la inversión se secaron; el PIB crece a un más que mediocre tres por ciento. En su conjunto, el antimilagro económico.

Uribe dejó un sistema de salud y un sistema educativo con coberturas plenas. La pobreza había caído del 54 al 37 por ciento. Colombia avanzaba en la solución del problema de vivienda. La niñez tenía guardián. La tecnología llegaba a todos los lugares, para incorporarlos a la modernidad.

No se ha construido ni reformado un solo hospital. El doctor Santos creyó que con escándalos curaba a la gente sus males, que con anuncios nacían universidades, que con promesas se multiplicaban las cárceles, con reformas baratas se conseguía justicia y con regalitos se solucionaba la ardua cuestión de la vivienda. Y no tenemos salud, ni educación, ni justicia, ni techo para los pobres, ni esperanza para la clase media. Así se ha roto el tercero de los huevitos, el de la inclusión social.

La política perdió toda nobleza, se quedó sin altura, sin ideas ni motivos. Santos no tiene a su alrededor una mesa de unidad, sino una turba pedigüeña de mendigos, esperando la prometida mermelada. Mala noticia para todos: los huevitos rotos ya no permiten que corran los ambicionados raudales de gajes y prebendas. Y no hay nadie menos leal que un pordiosero desairado.

flondonohoyos@gmail.com


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viernes, 1 de junio de 2012

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, TODO CLARO,


Los pregoneros de la Revolución Bolivariana acaban de explicar ante su clientela lo que pasó aquel 15 de mayo en el que una bomba lapa mató a dos de mis escoltas, los dos mejores amigos que la vida me dio, hirió a más de 50 personas y no me aniquiló porque Dios no quiso. La cosa es muy simple: no hubo tal atentado en mi contra, sino que todo se contrae a un plan que urdimos el presidente Álvaro Uribe Vélez y yo, asociados, cómo iban a faltar, con unos feroces paramilitares.

No hay que descartar ninguna hipótesis, supongo que dirá nuestro ilustre Presidente. Lo mismo dirá el general Óscar Naranjo, para despedirse de 35 años de servicio al país con todos los honores, y el Fiscal General de la Nación, respirando más tranquilo, no dejará pasar semejante suculento plato, para quitarse de encima una investigación que no quiere que vaya para ninguna parte, y en su lugar meternos a Uribe y a mí a la cárcel, por simular un atentado terrorista, asesinar dos inocentes, herir a cincuenta y turbar la paz pública.

La estupidez venezolana, tendremos que reconocerlo, le viene como anillo al dedo al Gobierno colombiano. Y mire que si tal cosa lo dice nuestro nuevo mejor amigo, hay que mirarla con mucha atención. Los buenos amigos no se equivocan cuando se refieren a lo que con sus amigos pasa. Luego dejemos de lado la hipótesis dramática de que hubo atentado, y la más molesta de que provino de las Farc, precisamente cuando nos hacemos guiños cariñosos con ella. Lo de Londoño es una vaina, dirán en Palacio, y qué maravilla salir de la vaina adoptando como propia la tesis de Caracas y dedicando por lo menos algunos esfuerzos, siquiera dos o tres años, o quince, a despejar ese tema. Imaginemos que Londoño no iba en la camioneta, o bien adiestrado se ubicó en ella de manera que la bomba no le hiciera mayor daño y mientras tanto podemos negociar tranquilos con Timochenko y sus amigos, dirán los encargados de condimentar la teoría chavista. Con la ventaja adicional de que en ese proceso Uribe y Londoño mantendrán cerradas sus boquitas, ocupados como quedarán en aclarar sus cuentas con la Policía, el Fiscal y los jueces.

Sería genial, ¿no es cierto?

Me estoy exponiendo a que más de uno crea que perdí la chaveta en la explosión, o que llevados por mis odios nuevos me atrevo a cualquier cosa, con tal de criticar al presidente Santos. Pues he de aclarar que la cabeza fue lo único que conservé más o menos intacto. Y que no tengo odios nuevos ni viejos. Solo que ya ando curado de espantos y que si en Caracas fueron capaces de escribir lo que escribieron, y proponerlo como la posición oficial del Régimen, me pregunto si en Bogotá no recibirán con gozo esta ayuda y no nos embolatarán un rato con semejante maravillosa versión.

Ya el Presidente, Naranjo y Montealegre dijeron que no hay prueba alguna de que las Farc, que me amenazaron por diez años y obligaron a mantenerme una escolta nada acostumbrada, son culpables del atentado terrorista del que fui víctima. Después de semejante fantochada, cualquier cosa vale. Hasta una semejante. Pasadas casi dos semanas de la bomba, el Gobierno y el Fiscal no han dicho una sola palabra. Están investigando. Y seguirán así, por los próximos quince años, cuando probablemente descubran que el presidente Uribe no ordenó que me mataran y que yo sí resulté herido en el atentado. Mientras tanto, habrá pasado tanta agua bajo los puentes, que nadie se acordará de aquella mañana trágica. Los del Secretariado de las Farc, en pleno, estarán a punto de jubilarse como congresistas y Colombia, a lo mejor, yacerá bajo el yugo de un socialismo a la Chávez, para su perdición definitiva. Y el doctor Santos dictará conferencias por el mundo, como exSecretario General de la ONU.

Hay que descartar todas las hipótesis. Para eso estamos, dirá la Policía. Para eso estamos, dirán fiscales y jueces. Para eso estamos todos. Para hacer lo mismo, exactamente lo mismo, que hicimos tan bien hecho con los asesinatos de Luis Carlos Galán y de Álvaro Gómez.



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viernes, 25 de mayo de 2012

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, EDITORIAL, LA HORA DE LA VERDAD

Que suene el clarín y que nos conduzca al silencio. Por los jóvenes que murieron para defenderme, por los jóvenes militares que ayer entregaron su vida en La Guajira, por los jóvenes policías que fueron cobardemente asesinados en La Gabarra hace unas horas, por todos los colombianos que están cayendo en esta guerra donde nos la jugamos toda. Nos jugamos el presente, nos jugamos nuestros valores, nos jugamos nuestro derecho al porvenir. Aquí no están en juego cosas menores.

¿Por que querían matarme? Por lo que represento, y represento un voz que resultó ser demasiado fuerte para los enemigos de eso que represento: una filosofía de la existencia, una manera de concebir la Vida, que está basada en un pilar fundamental, el principio de la Dignidad de la Persona Humana que arranca del mensaje de Jesús y de su Sermón de la Montaña: la vida humana es sagrada por encima de toda consideración.

Porque los hombres somos hijos de Dios y herederos de su Gloria. Porque tenemos que construir con nuestras obras nuestro propio destino. Eso molesta a muchos, a todos los que a lo largo de la Historia han sido los practicantes y los beneficiarios de las autocracias y de las tiranías, del poder ciego de la fuerza y de la violencia. Los remito al dialogo platónico de La República, cuando Callícles y Trasímaco se enfrentan a Sócrates. “Lo justo es lo que conviene al más fuerte”, decían Callícles y Trasímaco. No. Lo justo es lo que conviene a un principio superior, a definirlo, a plantearlo, decía Platón en sus quinientas páginas de La República. Ahí comienza esa búsqueda del Hombre para encontrar su destino, que encuentra la plenitud de su expresión en las palabras de Jesús: la vida del Hombre solamente es de Dios.

Pero la vida del hombre pleno, con su libertad, su libertad de conciencia, de pensamiento, de religión, de trabajo, de asociación, de movilización, de búsqueda de su destino. La libertad plena cuantos enemigos tiene. Porque yo la predico sobro para todos los amigos de los totalitarismos que vivieron siempre pero que tuvieron su expresión filosófica más cabal en Hegel y en su expresión que cubrió de dolor los siglos: el Estado es dios sobre la tierra, y de ahí nacieron el nazismo, el fascismo y el comunismo. Les molesto claro, porque insisto en la dignidad de la persona humana.

No estoy defendiendo mi pobre propia vida, que existe por la gracia de Dios. Estoy defendiendo, como la he defendido siempre, la vida de todos, la vida plena de todos. Alguien decía, en comentario a estos hechos trágicos, que el atentado en mi contra podría suponer reacciones contra miembros de lo que se llama, así se llama, la izquierda. Si alguien quiere ser mi enemigo ideológico, que toque a alguien con la fuerza de la violencia, no lo tolero, no lo permito, pero por honda convicción, no por razones circunstanciales, ni acomodaticias.

Hace cincuenta años por lo menos, estudio filosofía, y para que se sepa bien, soy todavía de los partidarios que pueden quedar de la filosofía aristotélico-tomista, y no acepto que la violencia pueda substituir al Derecho. No lo acepto. Pero quienes insisten en otra manera de ver la vida humana, encuentran que somos un estorbo. La libertad es condición de la sociedad humana, la libertad plena, y hay que defenderla. A la gente no se la puede manejar a látigo, porque esa es la negación del ser humano. Hay que respetar la libertad de todos, y solamente la libertad creativa ha hecho grande el mundo en el que todavía vivimos.

Lo que vale la pena en la historia humana se le debe a la libertad. Ese ha sido un principio fundamental de mi quehacer, de mi decir y de mi obrar. Por eso soy enemigo de todos los violentos, de todos los que tienen armas en la mano, dicen para enfrentarse al Estado. ¡No! Para sojuzgar a los demás hombres, para imponerles su voluntad, para regir sobre sus vidas. Y lo hacen en Colombia parapetados detrás de esa cosa atroz que es el narcotráfico.

He sido un luchador contra el narcotráfico, primero en el campo intelectual, mucho antes de ser designado ministro del Interior, y como ministro del Interior y de la Justicia fui un abanderado de esa lucha. Con el presidente Uribe sabíamos que la paz no podía llegar sino con la derrota de los narcotraficantes. El que no tenga eso claro se equivoca. Y los narcotraficantes, es decir las Farc, todas las guerrillas y todos los bandidos de esa cosa horrorosa que gira alrededor de ese negocio inmundo, habían jurado que algún día se vengarían de mí. Parece que mis palabras alcanzaron hacerles daño. Yo no lo sabía. Creía que habían sido protestas inútiles en defensa de una sociedad que no se quiere defender.

Y todo esto, queridos oyentes de La Hora de la Verdad, viene de la mano de un tema fundamental: el desarrollo económico como condición de la vida de los pueblos. Sin desarrollo económico no hay nada. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz. ¿Y cómo se hace desarrollo económico? Defiendo, defenderé, seguiré defendiendo hasta donde Dios me dé fuerza, el único principio que ha sido rector de la riqueza de los pueblos, que la ha explicado y que ha permitido que centenares y centenares de millones de hombres salgan de la pobreza y tengan una vida digna: el principio de la libertad económica, el principio de los mercados bien regulados en lo que fuere estrictamente indispensable, bien manejados impidiendo que el más poderoso aplaste al débil, pero poniendo la capacidad creativa del hombre como el centro de todo el universo económico.

Eso molesta a muchos. Molesta a todos amigos del torpe socialismo del siglo XXI. Molesta a los que quieren conducirnos retardatariamente al “progresismo” que llaman de la historia cubana, o de la historia de la vieja Unión Soviética, de todas las miserias que ha concentrado el siglo XX a nombre del socialismo.

Soy su enemigo, soy defensor de la libertad como único poder creador de una vida digna que valga la pena vivirse. Y eso molesta, eso perturba. Lo siento, pero son principios que no son renunciables y no voy a renunciar a ellos. No voy a renunciar al principio de que la sociedad colombiana, constituida en Estado, tiene unas fuerzas para su defensa y que esas fuerzas constituyen la entraña misma del ente social. Las “partes del conflicto” no son unos guerrilleros por un lado y unos soldados por el otro. Las “partes del conflicto” son unos guerrilleros, narcotraficantes, bandidos atroces y la sociedad armada para su defensa. La sociedad que encuentra en la vocación de uno seres especiales, soldados y policías, la voluntad de lucha para mantener el derecho, para mantener la fe, para mantener la libertad.

Parece que eso le duele a muchos. También lo siento, pero tampoco el principio es renunciable. Y seguiré hasta donde Dios me dé esta nueva oportunidad de vida, diciendo estas cosas, sosteniendo estos valores, que son comunes a todos, inclusive aquellos que no coinciden conmigo. Esos que no coinciden conmigo enaltecen el debate y explican mi lucha. Los que consideran que soy un retrógrado porque creo en los principios del comercio, en los principios del desarrollo económico, en el principio fundamental de que la sociedad se arma legítimamente para su defensa a través del Ejército y de la Policía. Eso les puede parecer retardatario, pero ahí está el debate. Y ese debate, a través de un proceso dialéctico y enriquecedor, es la condición de la paz y la condición del progreso.

El progreso no se hace sino sobre la contradicción de pareceres. Y aquí estamos para sostener nuestras ideas. Consideramos que vamos por muy mal rumbo, que hemos cometido muchas equivocaciones, muy pesadas, muy gruesas, en nombre de un  supuesto progresismo devastador. Pero ahí seguiremos. Dios nos ha dado una nueva oportunidad de vida sobre la tierra y tenemos que advertir cuales peligros atroces se ciernen sobre la sociedad colombiana.

Nuestro “nuevo mejor amigo”, que es una amistad que hemos puesto ante los ojos del mundo como una amistad detestable, es el amigo de Gadafi, de Ahmadinejad y de Bashar al Assad, y eso no nos parece tolerable porque no es tolerable ninguna forma de terrorismo, y mucho menos ninguna forma de totalitarismo. Uno no puede ser amigo de sanguinarios totalitarios, ni amigo de quienes sean amigos de esos  sanguinarios totalitarios.  Habrá que tolerarlos con respeto, habrá que cuidarlos porque representan naciones dignas de un mejor futuro.

El noble, el querido pueblo venezolano tiene todo nuestro amor, pero no lo tiene – no puede tenerlo – el déspota que ahora los dirige, y es el que ha importado a América estas formas de terrorismo que empiezan a manifestarse. Hemos sido gobernados por débiles, y no hay peor gobierno que el de los débiles en los momentos críticos de las naciones.

He sido víctima de un atentado del que he escapado milagrosamente con vida, pero no salí con  vida para salir en fuga. Salí con  vida para decir estas cosas. El que esté en desacuerdo que levante la voz y discutamos como seres racionales, como hombres que quieren la libertad y el respeto. Respeto a mis contradictores pero no acepto como tales a los que para aparentar serlo ponen bombas, asesinan gente, destrozan nuestros bosques, arruinan la libertad en nuestra sociedad. Esos no son contradictores, son bárbaros que hay que derrotar antes que sea demasiado tarde. Con todos los demás, bienvenida la controversia.

Sé que a muchos molesta mi discurso. Lo lamento. Si de ese discurso lo que les molesta es algo de mi estilo, acaso demasiado vehemente, ofrezco mis disculpas y quisiera moderar mis palabras pero no su sentido, no su alcance. Aquí seguiremos, desde La Hora de la Verdad, que tiene una misión histórica hoy más que nunca, pregonando estas verdades y defendiendo estos valores. Los recordamos: la dignidad de la persona humana, la libertad como condición de la sociedad humana, la necesidad de la lucha imperiosa contra el narcotráfico y todo para la búsqueda del desarrollo económico que es el nuevo nombre de la paz, construido sobre la libertad creativa de las empresas, de las pequeñas, de las grandes, de las medianas. Esos son principios por los que seguiremos batallando con tesón y con ninguna arma distinta de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad de acierto.

Gracias a todos los colombianos que nos han apoyado. Gracias a los contradictores que entienden que esta es una lucha por la supervivencia de eso que llamamos la Democracia, es decir la forma de gobierno que permite edificarse sobre la libertad de todos. ¡Gracias! ¡Gracias a todos!

Y a quienes me pusieron la bomba un mensaje claro: no hay espacio en mi corazón para el odio, no los odio; no voy a secar las fuentes de mi alma en un  sentimiento tan negativo y tan destructivo. No tengo espacio para odiarlos. Pero tampoco tengo espacio para tolerar el que reciban el perdón cobarde de unas instituciones que quieren entregarse y entregarnos. ¡No nos vamos a entregar! 

Los colombianos seremos fieles a nuestro destino y tenemos que jugar un papel fundamental en la lucha por eso que se llama la Civilización Cristiana frente a los bárbaros que la ataquen. Que Dios nos pida cuentas si seremos o si resultaremos ser inferiores a ese destino histórico. Gracias a todos, y gracias Dios mío por el milagro de la vida.

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jueves, 15 de julio de 2010

INVITADO DE HONOR, FERNANDO LONDOÑO HOYOS, TOMADO DE ELTIEMPO.COM / OPINIÓN / COLUMNISTAS

Si todo sale como está pensado, el próximo 7 de agosto recibiremos en Bogotá al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías. La emoción no tendrá límites, pues que los motivos de agradecimiento y exaltación para esa apoteosis son tan numerosos como significativos.

Pensemos en que a su llegada seguirá buscando por el mundo a Guillermo Zuluaga, reo del más atroz de los delitos, y el más raro, el de usura cometido por guardar en garajes de su casa por lo menos 20 camionetas costosas, con cuyo acaparamiento pretendía alterar el precio de las 200.000 unidades, cuando menos, que se negocian en la tierra del Libertador cada año. De criminales así hay que limpiar el mundo de Colón. Y seguirá guardado en la más negra de sus mazmorras ese Alejandro Peña Esclusa, quien se había atrincherado en su casa con un arsenal de explosivos, y con el apoyo logístico de su esposa y de sus tres hijitas, la menor de ocho años, evidentemente peligrosa para la estabilidad del régimen.

Hasta esa colosal hazaña, Zuluaga y Peña Esclusa tenían una perversidad en común. Pensar, que es tan mala práctica, y compartir con otros su pensamiento, que ya es cosa intolerable.

Por ejemplo, no les parecía bien que se concentrara todo el poder del Estado en una sola mano, con lo que se consigue una forma tan expedita de mando. Criticaban la eliminación de las voces opositoras, de sus medios impresos, de sus canales de televisión y radio, con lo que se logra tan buen ahorro de papel, tinta, estaciones, antenas y uso del espectro electromagnético. Chávez detesta esos despilfarros. Como odia a los estudiantes que gritan en la calle cada que se roba unas elecciones, perturbando los derechos del vecindario al silencio. Como se enfurece con las manifestaciones que rechazan los regalos que con el dinero de los venezolanos agasaja a sus compañeros del Foro de São Paulo.

No comprender las razones humanitarias envueltas en los miles de millones de dólares que van para Castro, por ejemplo, tan viejito que despierta piedad, o para los Kirchner, que tan ocupados con la suerte de Argentina tienen que olvidar sus propios negocios, es inconcebible. E inaceptable.

A Zuluaga y a Peña Esclusa les horroriza el crecimiento exponencial de la violencia en Venezuela, para Chávez prueba del indómito coraje de su gente. Condenan la pauperización del país más rico de América, la dilapidación de sus recursos gigantescos, la ruina de su aparato productivo. Gusanos capitalistas, al fin y al cabo. Se sienten ofendidos por la mayor inflación del Continente, la caída del PIB y que Venezuela tenga sus títulos de deuda como los más riesgosos del mundo. También critican que el campo venezolano no produzca nada y que el mercado se tenga que hacer afuera. No entienden estos torpes que si se compran submarinos y misiles y aviones ultrasónicos y tanques de guerra, de una vez se aprovecha para la carne y la leche, el café y el papel higiénico.

Nosotros, en cambio, tenemos mucho que agradecerle al Coronel. Para empezar, la hospitalidad brindada a 'Iván Márquez', a 'Timochenko', a 'Grannobles', a 'Granda' y a miles de sus amigos, que hacen turismo ecológico por la Serranía del Perijá. También por el albergue para 'Gabino', 'Antonio García' y sus compañeros del Coce. Y por las facilidades que tuvieron 'Jabón' y tantos como él, esforzados empresarios consagrados a sacar por sus mares más de 300 toneladas por año de un polvo blanco que gusta tanto en Europa y Estados Unidos. Y por cerrarnos la frontera y por poner a nuestro Presidente en su sitio llamándolo matón, mentiroso, narcotraficante, hipócrita, terrorista internacional. Si alguien no lo hiciera, se tomaría demasiado en serio aquello del amor que le tiene el 80 por ciento de sus despistados gobernados.

Nuestro invitado de honor está próximo. Arriba los corazones.

Fernando Londoño Hoyos

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jueves, 4 de marzo de 2010

DIEZ AÑOS DESPUÉS, FERNANDO LONDOÑO HOYOS, EL TIEMPO DE BOGOTÁ

Quedaron atrás los discursos interminables, los desplantes, las promesas vagas y las mentiras piadosas. Diez años después de la posesión de Hugo Chávez como Presidente de Venezuela, al pueblo no le queda más remedio que afrontar su desoladora realidad.

Ese esfuerzo elemental de conciencia crí­tica debió hacerse hace mucho. Pero las masas enardecidas en las calles piensan muy poco. Mucho antes que Chávez, lo descubrieron Mussolini y Hitler, esos dos maestros insuperables en el arte de manejar las turbas.
La sicologí­a de las masas es una materia apasionante de la ciencia polí­tica. Porque cuesta entender que una gente rica se deje arrastrar a los sótanos de la miseria sin intentar una protesta, sin dejar siquiera una constancia. Pero así­ pasan las cosas. Entre discursos baratos y gestos histriónicos, Fidel Castro trajo a los cubanos hasta los confines de la indigencia y sólo lo notaron los que tuvieron el valor de arrostrar los peligros de una mar embravecida antes que soportar los delirios de un megalómano detestable.

Pero ahora nuestro caso es la Venezuela de Hugo Chávez. La que sólo ha tenido espacio para oír discursos de la peor catadura, vestir camisetas rojas y vociferar consignas contra el imperio satánico, contra los ricos, contra los curas, contra los vecinos, contra todo el mundo. ¿Qué ha quedado después de todo eso?

Pues algo parecido a lo de siempre.. Si en uno de sus últimos esfuerzos pedagógicos Castro enseñaba a los cubanos el uso de la olla arrocera, la última novedad de su grotesca tecnologí­a, Chávez tiene que dar clase sobre cómo bañarse en tres minutos.

Por supuesto que no hay agua. Porque en diez años no hubo espacio para construir presas donde almacenarla en los veranos previsiblemente largos. Los cuasi infinitos recursos petroleros se fueron en apoyar elecciones de amigotes, en consentir robos de la "boliburguesí­a" y en un inconcebible carnaval de ineptitud e ineficacia.

Pero algún consuelo habrí­an de tener los venezolanos. Y es que su angustia no se limita a carecer de agua para bañarse, sino que tampoco tienen luz para trabajar, para cocinar, para combatir los calores insufribles con un poco de aire acondicionado. Porque en el país más rico en petróleo de todo este Continente, faltando el agua tampoco se construyeron termoeléctricas. Ni agua, ni luz. Es la combinación perfecta de males para desesperar a cualquiera, pero sobre todo el sí­ntoma de un aterrador balance de esta sustitución de la administración pública por el folclor comunista en el poder.

No teniendo agua para bañarse ni energí­a eléctrica para sobrevivir en este siglo de la industrialización y la tecnologí­a, a los venezolanos les quedará espacio para meditar en lo que les ha pasado. Y advertirán con horror que su producción petrolera se ha venido a pique. Que sus puertos, sus carreteras, sus aeropuertos son los de hace diez años, pero diez años más viejos. Que el suyo es el paí­s de la mayor inflación de América y que el costo de vida terminará por asfixiarlos. Que ya no producen nada y que tienen que comprarlo todo si no quieren ver vací­os los estantes de sus mercados. Que de sus reservas internacionales nada queda y que de tanta fanfarronada solo aparecen en el balance unos aviones ultrasónicos que no sirven para atrapar al ladrón, al atracador, al asesino transeúnte, que son los únicos enemigos verdaderos en su dramática perspectiva de las cosas.

Venezuela está despertando de su larga pesadilla. Y aún entre la simplicidad de las masas chavistas, entenderán que no les falta agua por las piscinas de los ricos, ni luz por los aires acondicionados de los centros comerciales.

Y descubrirán que mientras gritaban en las calles se les robaron entero su país, el más rico de toda esta América.

Fernando Londoño Hoyos
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martes, 23 de septiembre de 2008

*FERNANDO LONDOÑO HOYOS, EN SU COLUMNA DE HOY DE EL COLOMBIANO, EXPONE LAS DUDAS QUE CHÁVEZ HA PREFERIDO NO ACLARAR 'AHORA QUE EL CIRCO DEBE TERMINAR'


*FERNANDO LONDOÑO HOYOS, EN SU COLUMNA DE HOY DE EL COLOMBIANO, EXPONE LAS DUDAS QUE CHÁVEZ HA PREFERIDO NO ACLARAR 'AHORA QUE EL CIRCO DEBE TERMINAR'.

15 Sep 2008

Esta es su columna completa:

Si no fuera tan peligroso, el coronel, camarada, comandante y paracaidista Hugo Chávez tendría algo de simpático. Hay circos que divierten por su calidad estupenda. Y otros que divierten de puro ridículos. El payaso que siempre anticipa el chiste, el mago que no puede ocultar el truco, el trapecista que termina invariablemente salvado por la malla, no dejan de tener gracia. La extraña gracia de lo grotesco. Así es Chávez y si no fuera porque en esos desvaríos está jugando con tantas vidas, valdría la pena seguir en el palco presenciando sus maromas.
Chávez comete todos los errores, viola todos los códigos de conducta, desafía todos los poderes. Por lo que terminará mal, como nadie ignora. Pero no se sabe cuándo ni la cantidad de daño que hará antes de la descalabrada ineluctable. Es la única incógnita de la farsa.

El tiranuelo de Venezuela se puso de bufanda el principio sagrado de la no intervención en el Derecho Interamericano. Pues por ahora nadie se lo cobra, porque a otros ha parecido divertido seguir el ejemplo. Ha roto las reglas más elementales del buen trato entre las naciones. No hay vulgaridad que se le escape, insulto que ahorre, desplante que le falte. Y unos lo perdonan por miedo, la mayoría por interés y los más poderosos por una mezcla de curiosidad y condescendencia. La mosca impertinente siempre tuvo parte en la historia del león.

Chávez tiembla por los computadores que Colombia guarda con inexplicable alcahuetería. Y mantiene agitado el circo para que nadie los recuerde. Le teme al día en que le corten cuentas por su tolerancia con el narcotráfico. Por eso ataca al imperio antes de que el tal imperio lo llame a responder por ese desafuero y antes de que el propio pueblo venezolano descubra que por culpa de esa complacencia se baña en sangre.

Sabe que nunca podrá salir airoso del primer arqueo de caja que se le practique sobre los fabulosos ingresos petroleros que ha malbaratado, robado, regalado. Le huye al día en que le pregunten, seriamente, para qué le ha servido a Venezuela tanta expropiación de su riqueza productiva. En sus pesadillas tiene que presentir la cercanía de una catástrofe. Con posponerla le basta.

Ahora lo espantan las elecciones regionales, que tiene la seguridad de perder, por mal concertada que ande la oposición. Y duda de la eficacia del remedio que pudo usar en otras, el fraude más descarado. Pero no se siente capaz de engañar tanto, en tantos sitios. Y por eso está dispuesto a multiplicar las peripecias circenses con el solo objetivo de cancelar esas elecciones. Sin escatimar gastos. Al fin, el precio no sale de su bolsillo.

De modo que hace alianza con Evo Morales y con el majadero de Nicaragua para desafiar a los Estados Unidos y para completar el número invita a Rusia a que venga hasta el Caribe para mesarle las barbas al Tío Sam. Tal vez sea demasiado. Hay cálculos en los que no conviene errar. Por ejemplo, en aquello de molestar a un gigante sin despertarlo. Los japoneses lo supieron bien con aquello de Pearl Harbor. Sólo que muy tarde. Y en este caso, también Rusia se puede llevar un disgusto. Pero para ella será cosa de hacer retornar los buques, como lo hizo Nikita Kruschev. Pero Chávez no tiene puerto de retorno.

Como admite que puede no ser suficiente la crisis internacional, la monta también en la parroquia. Y se inventa conspiraciones, para aplastar la parte de las Fuerzas Militares que no le gusta, y la parte de la prensa y la oposición que detesta.

Suponer que Alberto Ravel, el Director de Globovisión, quiera matarlo, no es más que una fanfarronada. Pero puede ser más que una advertencia. Un tirano amenazado de elecciones es una fiera fuera de la jaula. La emprende contra cualquiera, y antes de ser reducida lanza zarpazos iracundos. Es la última parte del circo. Chávez no sólo juega al payaso sin gracia, al maromero sin talento, al ilusionista sin poder de convicción. Ahora hace de bestia herida. Es tiempo de levantar la carpa. El circo debe terminar.

Fernando Londoño Hoyos
Chávez o el mal circo
El Colombiano.com

viernes, 30 de mayo de 2008

*FERNANDO LONDOÑO, EN SU COLUMNA DE HOY EN "EL COLOMBIANO", RATIFICA SUS COMENTARIOS DE AYER Y AFIRMA QUE "LA FARSA DE TIMOCHENKO, MONTADA POR TELESUR


*FERNANDO LONDOÑO, EN SU COLUMNA DE HOY EN "EL COLOMBIANO", RATIFICA SUS COMENTARIOS DE AYER Y AFIRMA QUE "LA FARSA DE TIMOCHENKO, MONTADA POR TELESUR, ES DECIR, POR EL COMANDANTE CHÁVEZ, NO HA PODIDO SER MÁS CÓMICA."

Esta es su columna:

'El video de teleSur es una farsa montada por Hugo Chávez'
11:29 am 27 May 2008 noticias24.com

Que no es el momento de entrar en negociaciones con las Farc, nos dijo el General Freddy Padilla de León a propósito del reconocimiento de la muerte del sanguinario Tirofijo. Desde el punto de vista de la técnica militar, agregó, ese sería un error. Las Farc están muy golpeadas, pero todavía tienen que sufrir las inclemencias de su soledad, de su incapacidad de lucha, del aislamiento de sus grupos y de la superioridad de las Fuerzas Militares.

Oyendo al General Padilla recordábamos los ejemplos, tan numerosos, de armisticios que se pactan mal, en medio de victorias indecisas. El peor, por supuesto, el de Versalles, que no le puso punto final a la Primera Guerra Mundial, sino que le abrió espacio a la Segunda. Alemania se quedó con la humillación y con la duda, los dos terribles componentes de la revancha que entendió posible a través del nazismo. Que es el fin del fin, hoy nadie lo pone en duda, hallándole razón al propio general Padilla, cuando lo dijo en medio del escepticismo de tantos. Pero hay que dejar llegar el fin, de modo que lo sea de veras y no una tregua entre dos fuegos.

Tirofijo no murió el 26 de marzo pasado. Había muerto años atrás, pero el paro cardíaco, del que morimos todos, lo ocultaron celosa y para muchos eficientemente. Raúl Reyes alzó con el cadáver y lo montó en uno de sus computadores, desde donde siguió dando órdenes y declaraciones, y manteniendo vivo el problema que para el Estado representaba el Comandante, y viva la leyenda que valía para los guerrilleros y los frentes y los cabecillas del resto del país. Comandante vivo era igual que mito vigente, triunfo de la tenacidad guerrillera y prueba de la incapacidad de las tropas del Ejército. Por eso discutimos muchas veces el asunto e insistimos en que la noticia debía darse, siendo tantos los medios para probarla. Pero Inteligencia Militar vaciló, temerosa de una equivocación que pudiera costarle crédito. Ahora, muerto el ventrílocuo que lo sostenía, Tirofijo tenía que morir.

El anuncio de su muerte no pudo ser más revelador del momento que viven las Farc. La farsa de Timochenko, montada por Telesur, es decir, por el comandante Chávez, no ha podido ser más cómica. En una finca con cercas de cemento y bien lejos de la selva, sin hombres en formación, sin banderas ni aparato, pero con exquisita técnica para la televisión, la farsa deja claro que a Chávez se le fue el héroe y el consuelo que tenía, y resolvió montar el aparato que dejara la impresión de que seguía con interlocutor para sus fanfarronadas. Y si no, ¿con quién se ingeniará el próximo esperpento?

Timochenko no podía ser el nuevo líder. Pocos lo conocen al interior de las Farc y que vive en Venezuela es demasiado sabido. El Mono Jojoy es burdo e inmanejable. Así que se le ocurrió a Chávez lo de Cano, al que sabe perseguido y derrotado, quién sabe si también muerto, muy conveniente para encarcelarlo en otra computadora, que tratará de ocultar mejor que las de Reyes. Cano tiene la ventaja de que por su imagen "política" es sujeto al que se le pueden atribuir ciertas pretensiones para proponer la paz y manejarla con alguna habilidad para urdir el montaje del intercambio humanitario, con zona de despeje incluida, claro está.

El reconocimiento de la muerte de Tirofijo, que se hizo inocultable desde el bombardeo a Raúl Reyes nos dio la razón. Porque dijimos que con Reyes morían el primero y el segundo de las Farc. Como efectivamente murieron. Y deja patente un hecho dramático: el jefe de las Farc se llama Hugo Chávez. Cano y Timochenko son marionetas suyas. El secretariado no ha podido reunirse para tomar esa decisión, ni podrá hacerlo en ninguna circunstancia. Porque las Farc están vueltas pedazos. Así que el nombramiento lo hizo Chávez. Pero la impostura habrá que descubrirla, entre otras para que el nuevo jefe llegue más cómodamente a la Corte Penal Internacional. Y sobre negociaciones recordamos las palabras del General Padilla: "militarmente hablando, no es el momento".

lunes, 19 de mayo de 2008

*FERNANDO LONDOÑO ESCRIBIÓ EN EL PAIS.COM: "LAS DOS COLOMBIAS”




*FERNANDO LONDOÑO ESCRIBIÓ EN EL PAIS.COM: "LAS DOS COLOMBIAS”

14 de mayo de 2008

Llegaremos muy pronto al centenario de un escrito memorable de José Ortega y Gasset, que bautizó 'Vieja y Nueva Política'. Lo que proponía en él era la crisis interior de su patria, fundada en la distancia irreparable que notaba entre la España oficial y la España vital. Aquella era la que se expresaba en una política anticuada, parlamentos sin compromiso íntimo con la Nación, periodismo de formas anacrónicas e intereses superficiales. La otra, la honrada, honda, auténtica España, ni se sentía representada ni ligada con el andamiaje de las apariencias caducas.

Qué coincidencia fantástica con los problemas que afrontamos. La Colombia verdadera es la que acompaña al presidente Uribe, porque agradece la paz que le permite acariciar los proyectos más ambiciosos, aprecia el heroísmo de sus Fuerzas Militares, tiene en cada hogar el testimonio de las oportunidades que nacen con el crecimiento de la economía, aplaude las ejecutorias logradas en educación, salud, seguridad social y obras públicas y entiende como patrimonio irrenunciable que el secreto del éxito está en la libertad de conciencia, de expresión y de empresa. Esa Colombia es la del 83% de favorabilidad del Presidente, es decir, la que no quiere renunciar al presente para regresar a su pasado oscuro.

Pero hay una Colombia oficial, rastro de la que fue derrotada en las urnas. La que se atrinchera en las posiciones de la vieja política y quiere volver por sus fueros. La viuda de un poder que perdió y de un prestigio que jamás reconquistará. Es la Colombia asociada a la demagogia del vecindario, más audaz mientras peor le va. La aliada de Castro y de Chávez, de Daniel Ortega y Rafael Correa, de Evo Morales y de la señora Kirchner. Para decirlo rápido, es la quinta columna del Foro de Sao Paulo, que no supera las 'saudades' del poder perdido.

Entre esas dos realidades opuestas hay una pugna irreparable. En este choque de poderes, la Colombia oficial viene representada por el Polo Democrático y su aliado, lo que resta del Partido Liberal. Y, por supuesto, por los que obran a nombre o en conexión con esos partidos, con ciertas ONG, con la masonería y con las Farc.

Sólo cuando se entienda la disputa en sus términos reales y cuando se practique el derecho a la crítica sobre ciertos actos oficiales, provengan de donde provengan, se entenderá por qué está preso casi medio Congreso sin razón ni justicia. Por qué esa feroz acometida contra las Fuerzas Militares. Por qué se convierten delincuentes confesos en héroes nacionales. Por qué cierta gran prensa se solaza con los ataques que nos lanzan desde el Foro de Sao Paulo.

Las cosas son así y no como uno las quisiera. El que insista en examinar los últimos acontecimientos, sin penetrar en su trasfondo político, está pecando de ingenuo. Esta es una lucha a muerte entre la Colombia oficial, hace rato destituida por el pueblo, y la Colombia vital, joven y ambiciosa de grandes hazañas. Estamos como atónitos, perdidos en un panorama que sospechamos, pero no dominamos, navegando sin brújula, sin unidad y sin medios de acción ni de respuesta. Es hora de que aparezcan los grandes liderazgos y de que se asuman los compromisos sagrados con la Patria y su destino. Si un pequeño grupo de exiliados del poder gana la partida, las inmensas mayorías merecen su suerte. ¿Lo entenderemos a tiempo?

lunes, 11 de febrero de 2008

*ROBERTO GIUSTI EL UNIVERSAL: ENTREVISTA // FERNANDO LONDOÑO HOYOS, "COLOMBIA NO ESTÁ PREPARADA PARA UNA GUERRA CON VENEZUELA"


*ROBERTO GIUSTI EL UNIVERSAL: ENTREVISTA // FERNANDO LONDOÑO HOYOS, EX MINISTRO COLOMBIANO DE RELACIONES INTERIORES: "COLOMBIA NO ESTÁ PREPARADA PARA UNA GUERRA CON VENEZUELA"


“"QUE NO INTENTEN COMPROMETERNOS NI SIQUIERA EN JUEGOS DE GUERRA, COMO ESE DE GUACAIPURO, EN DONDE ATACAN POR LA GUAJIRA"


Cuando llegó al Ministerio del Interior, según dice, más de la mitad del territorio colombiano estaba en manos de las FARC y 350 alcaldes habían abandonado sus municipios para no ser asesinados. Hoy, asegura Fernando Londoño Hoyos, ya fuera del Gobierno y por eso libre para hablar, sin las ataduras que Uribe les ha impuesto a sus colaboradores, las FARC están derrotadas en Colombia pero se están pasando a Venezuela.

-Si Chávez sabía que su propuesta de beligerancia a las FARC provocaría repulsa universal, ¿por qué lo hizo?

-Me perdona si desde lejos soy irrespetuoso pero uno cree ver mejor las cosas que desde adentro. Chávez está sintiendo pasos de animal grande. Ve que su gobierno ha sido un desastre, que su situación interna se torna casi insostenible y hace lo que han hecho los dictadores, algo muy viejo y conocido por el mundo entero: buscar afuera motivos para unir al pueblo detrás de él por medio de guerras reales o imaginarias. Son irrepetibles las veces en que los dictadores metieron a sus pueblos en situaciones espantables para distraer la atención. Lepoldo Galtieri metió a la Argentina en una guerrita y no sólo contra la Gran Bretaña y EEUU, sino contra los dos a la vez.

-Pero había una razón que movió la fibra nacionalista de los argentinos. ¿Cuál sería la razón en este caso?

-Este señor, siguiendo enseñanzas recibidas desde Cuba y otros lados, además de los dictados de su desesperación, se inventa las causas: "El imperio del mal se mueve contra Venezuela. Debemos unirnos como un solo hombre para enfrentar la invasión". Una invasión en la que nadie, con sano juicio, ha creído, pero él sí, detrás de la idea de que eso funciona y cala en los venezolanos. Tan mala es la opinión que tiene de su propio pueblo, creyendo que tal añagaza pueda funcionar.

-La guerra es también contra Colombia.

-Colombia es el puño que utiliza EEUU para golpear a Venezuela. Es el presidente Uribe quien tiene la encomienda, del presidente Bush, para invadir a Venezuela. Mientras, las FARC son un movimiento insurgente, la continuación del movimiento bolivariano.

-¿No puede el presidente Uribe caer en la provocación?

-No. Olvídelo. Convide usted, no al presidente Uribe, sino a cualquier colombiano, a tener un conflicto con Venezuela y ya verá como rechaza esa invitación. Lo mismo ocurre con los venezolanos. Por eso el hombre enloquece cada vez más. En Venezuela hay quienes sostienen que está mentalmente enfermo. Yo lo creo. Él no es un gran talento, al contrario de lo que algunos piensan, ni un hombre ilustrado, sino más bien primitivo, como lo demuestra su actitud. Tal megalomanía termina por hacer enloquecer a la gente. Si usted escucha los discursos de Hitler piensa: "¿quién pudo creer en esta cosa tan ridícula y grotesca?". Pues nada menos que el pueblo más culto de la tierra, Alemania. Entonces este tipo piensa que si a Hitler lo siguieron, a él también lo seguirán porque, además, tiene unos petrodólares que se le están acabando. Por torpe que sea, él sabe que llevó su país a una crisis económica sin precedentes. Los indicadores económicos son un desastre y uno se pregunta de qué es capaz en medio del desastre. Él dice cosas que casi nadie se toma en serio. Yo sí.

-¿Cómo cuáles?

-Cuando en relación con Colombia se refiere a sus aviones Sukhoi, uno se pregunta si será capaz de dar la orden de bombardear. Y mire, un loco que lo ha perdido todo y no tiene contacto con la realidad, rodeado de circunstancias totalmente adversas, es capaz de cualquier cosa. También me pregunto si habrá un piloto tan loco como para obedecer esa loca orden. Pero él lo mencionó y eso apunta a un estado cuasi delirante.

-¿Está Colombia preparada para esa eventualidad?

-Para nada, porque la premisa básica es estar anímicamente preparado y a Colombia que no intenten comprometerla en una guerra con Venezuela, ni siquiera de palabra o de simulacro. El famoso juego de guerra "Guaicaipuro", donde se simula un ataque por La Guajira y las FARC se levantan, no somos capaces de hacerlo aquí porque no tiene razón de ser.

-¿No es una forma de hacerle la guerra al Estado colombiano apoyar a las FARC?

-Claro que sí.

-¿Estarían vencidas las FARC sin ese apoyo?

-Claro. Eso representa un costo para Colombia, pero mucho más alto para Venezuela. No sé si ustedes son conscientes del precio que están pagando por dejar instalar a las FARC y al narcotráfico en su país. En esos somos especialistas. Hemos derramado demasiada cantidad de sangre y lágrimas. Sabemos lo que representa el inevitable contubernio de las FARC con la mafia. No hay narcotráfico a gran escala sin ejército que lo proteja. Eso es muy grave. Ustedes deben apercibirse de lo que significa ese apoyo a las FARC, que están derrotadas y llegaron al último extremo de sus posibilidades en Colombia. Pero en Venezuela no porque nadie las combate ni las conoce. Ustedes vivieron 40 años de paz mientras nosotros padecimos masacres, ataques a pueblos, destrucción, siembra de minas quiebrapatas. Pero nos levantamos. El mundo vio, el 4 de febrero, 10 millones de colombianos en las calles. Apoteósico.

rgiusti@eluniversal.com

sábado, 19 de enero de 2008

*FERNANDO LONDOÑO HOYOS. COLUMNISTA DE EL TIEMPO:” EL FIN DEL FIN”


*FERNANDO LONDOÑO HOYOS. COLUMNISTA DE EL TIEMPO:” EL FIN DEL FIN”

Hugo Chávez se jugó los restos por una guerrilla moribunda


"En nombre del presidente Chávez: estamos muy pendientes de su lucha. Mantengan ese espíritu. Mantengan esa fuerza y cuenten con nosotros. Cuídense camaradas".

Así, de compañero a compañero, de socio a socio, despedía el Ministro de Venezuela Rodríguez Chacin a los secuestradores de las Farc que devolvían sus presas. Aquellas palabras, bastantes para romper relaciones con el Gobierno en cuyo nombre se dijeran, sugieren algo mucho más sustantivo que indignación. Meditando bien las cosas, llegamos por ellas a la conclusión de que estamos en el fin del fin, como bien llama a la hora el general Freddy Padilla de León. A nadie se le lanza un salvavidas, sino cuando se ahoga. Una audacia semejante solo se intenta ante una catástrofe. Chávez pierde sus amigos más cercanos, sus aliados más preciados y oye sus quejas lastimeras. E intenta su rescate, sin medir precio y sin regatear esfuerzo.

Las Farc están vueltas pedazos. Sus secuestrados son la viva imagen de su propia desolación. Porque son crueles, son perversas, son cobardes, pero llegan a estos confines de infamia porque no tienen alternativa. En la época del Caguán, los cautiverios eran menos inhumanos. Hoy son como son, y los hechos nos ahorran describirlos, porque no tienen otra cosa para dar. Podrían liberar a los secuestrados. Pero no les alcanza el alma para ese gesto, al menos por ahora. Así que se los llevan al único sitio que les queda, la profundidad de la selva, en medio de todas las privaciones, las calamidades, las fieras, las endemias más atroces. A sus víctimas les agregan la ignominia de una cadena y una jaula. Lo otro, el hambre, la ausencia de medicinas y de esperanza, el terror de la espesura, la falta de todo contacto social, lo comparten captores y captados. Por eso hay que pedirles que mantengan "fuerza y espíritu", porque el camarada Chávez sabe que se les agota la parca ración que de eso les resta.

Ya no se están entregando al menudeo. Los antiguos conmilitones del 'negro Acacio' han resuelto, como dijo alguno, llegar a viejos, lo que no es una mala idea para nadie. Y levantan los brazos, piden clemencia, izan trapos blancos y se entregan con lo que les queda, es decir, con casi nada. Y ayer fueron 15, hoy 18, con cabecilla incluido, y mañana serán decenas y centenas. A los 12.000 bandidos que depusieron sus armas se sumarán muchos otros, en cadencia uniformemente acelerada, hasta que los jefes no tengan más remedio que entablar diálogos, o lo que es harto probable, quedarse del todo en Venezuela. Por lo menos mientras tengan camarada que los reciba y mientras el mundo tolere el paraíso cocalero que les valga de refugio.

Por esa angustia está saliendo el camarada Chávez al quite. Soportando las ofensas que asegura estar sufriendo; desentendiéndose de la voluntad del presidente Uribe para que pare sus arbitrajes; haciendo el ridículo ante el mundo, como lo hizo en diciembre y lo repitió en la farsa de la entrega; desafiando la furia universal que desataron sus voces de solidaridad con los peores criminales del mundo, Chávez lo arriesga todo, lo expone todo, exhibe todas sus penurias. ¿Por qué?

Porque las Farc son la esperanza que le queda. Solo ellas podrían organizarle su ejército miliciano, entrenar sus amigos en todos los crímenes, manejarle el narcotráfico, sostenerle su perorata antiimperialista y antioligárquica, con el desmentido prestigio de que son imbatibles. Por eso quiere montarles oficina en Caracas, con nutridas sucursales en el resto de Venezuela. Así amenaza a Colombia, recluta milicias, siembra el terror y garantiza su perduración en el poder.

En el juego del póquer, lo que está haciendo Chávez se llama jugar los restos. Y se los juega por una guerrilla moribunda. Por eso le manda 500 millones de dólares y por eso pretende su rescate político. Pero nada basta. Porque Chávez y las Farc están, ambos, en el fin del fin. Y de dos cadáveres morales no se hace un ser vivo.

Fernando Londoño Hoyos