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viernes, 25 de mayo de 2012

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, EDITORIAL, LA HORA DE LA VERDAD

Que suene el clarín y que nos conduzca al silencio. Por los jóvenes que murieron para defenderme, por los jóvenes militares que ayer entregaron su vida en La Guajira, por los jóvenes policías que fueron cobardemente asesinados en La Gabarra hace unas horas, por todos los colombianos que están cayendo en esta guerra donde nos la jugamos toda. Nos jugamos el presente, nos jugamos nuestros valores, nos jugamos nuestro derecho al porvenir. Aquí no están en juego cosas menores.

¿Por que querían matarme? Por lo que represento, y represento un voz que resultó ser demasiado fuerte para los enemigos de eso que represento: una filosofía de la existencia, una manera de concebir la Vida, que está basada en un pilar fundamental, el principio de la Dignidad de la Persona Humana que arranca del mensaje de Jesús y de su Sermón de la Montaña: la vida humana es sagrada por encima de toda consideración.

Porque los hombres somos hijos de Dios y herederos de su Gloria. Porque tenemos que construir con nuestras obras nuestro propio destino. Eso molesta a muchos, a todos los que a lo largo de la Historia han sido los practicantes y los beneficiarios de las autocracias y de las tiranías, del poder ciego de la fuerza y de la violencia. Los remito al dialogo platónico de La República, cuando Callícles y Trasímaco se enfrentan a Sócrates. “Lo justo es lo que conviene al más fuerte”, decían Callícles y Trasímaco. No. Lo justo es lo que conviene a un principio superior, a definirlo, a plantearlo, decía Platón en sus quinientas páginas de La República. Ahí comienza esa búsqueda del Hombre para encontrar su destino, que encuentra la plenitud de su expresión en las palabras de Jesús: la vida del Hombre solamente es de Dios.

Pero la vida del hombre pleno, con su libertad, su libertad de conciencia, de pensamiento, de religión, de trabajo, de asociación, de movilización, de búsqueda de su destino. La libertad plena cuantos enemigos tiene. Porque yo la predico sobro para todos los amigos de los totalitarismos que vivieron siempre pero que tuvieron su expresión filosófica más cabal en Hegel y en su expresión que cubrió de dolor los siglos: el Estado es dios sobre la tierra, y de ahí nacieron el nazismo, el fascismo y el comunismo. Les molesto claro, porque insisto en la dignidad de la persona humana.

No estoy defendiendo mi pobre propia vida, que existe por la gracia de Dios. Estoy defendiendo, como la he defendido siempre, la vida de todos, la vida plena de todos. Alguien decía, en comentario a estos hechos trágicos, que el atentado en mi contra podría suponer reacciones contra miembros de lo que se llama, así se llama, la izquierda. Si alguien quiere ser mi enemigo ideológico, que toque a alguien con la fuerza de la violencia, no lo tolero, no lo permito, pero por honda convicción, no por razones circunstanciales, ni acomodaticias.

Hace cincuenta años por lo menos, estudio filosofía, y para que se sepa bien, soy todavía de los partidarios que pueden quedar de la filosofía aristotélico-tomista, y no acepto que la violencia pueda substituir al Derecho. No lo acepto. Pero quienes insisten en otra manera de ver la vida humana, encuentran que somos un estorbo. La libertad es condición de la sociedad humana, la libertad plena, y hay que defenderla. A la gente no se la puede manejar a látigo, porque esa es la negación del ser humano. Hay que respetar la libertad de todos, y solamente la libertad creativa ha hecho grande el mundo en el que todavía vivimos.

Lo que vale la pena en la historia humana se le debe a la libertad. Ese ha sido un principio fundamental de mi quehacer, de mi decir y de mi obrar. Por eso soy enemigo de todos los violentos, de todos los que tienen armas en la mano, dicen para enfrentarse al Estado. ¡No! Para sojuzgar a los demás hombres, para imponerles su voluntad, para regir sobre sus vidas. Y lo hacen en Colombia parapetados detrás de esa cosa atroz que es el narcotráfico.

He sido un luchador contra el narcotráfico, primero en el campo intelectual, mucho antes de ser designado ministro del Interior, y como ministro del Interior y de la Justicia fui un abanderado de esa lucha. Con el presidente Uribe sabíamos que la paz no podía llegar sino con la derrota de los narcotraficantes. El que no tenga eso claro se equivoca. Y los narcotraficantes, es decir las Farc, todas las guerrillas y todos los bandidos de esa cosa horrorosa que gira alrededor de ese negocio inmundo, habían jurado que algún día se vengarían de mí. Parece que mis palabras alcanzaron hacerles daño. Yo no lo sabía. Creía que habían sido protestas inútiles en defensa de una sociedad que no se quiere defender.

Y todo esto, queridos oyentes de La Hora de la Verdad, viene de la mano de un tema fundamental: el desarrollo económico como condición de la vida de los pueblos. Sin desarrollo económico no hay nada. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz. ¿Y cómo se hace desarrollo económico? Defiendo, defenderé, seguiré defendiendo hasta donde Dios me dé fuerza, el único principio que ha sido rector de la riqueza de los pueblos, que la ha explicado y que ha permitido que centenares y centenares de millones de hombres salgan de la pobreza y tengan una vida digna: el principio de la libertad económica, el principio de los mercados bien regulados en lo que fuere estrictamente indispensable, bien manejados impidiendo que el más poderoso aplaste al débil, pero poniendo la capacidad creativa del hombre como el centro de todo el universo económico.

Eso molesta a muchos. Molesta a todos amigos del torpe socialismo del siglo XXI. Molesta a los que quieren conducirnos retardatariamente al “progresismo” que llaman de la historia cubana, o de la historia de la vieja Unión Soviética, de todas las miserias que ha concentrado el siglo XX a nombre del socialismo.

Soy su enemigo, soy defensor de la libertad como único poder creador de una vida digna que valga la pena vivirse. Y eso molesta, eso perturba. Lo siento, pero son principios que no son renunciables y no voy a renunciar a ellos. No voy a renunciar al principio de que la sociedad colombiana, constituida en Estado, tiene unas fuerzas para su defensa y que esas fuerzas constituyen la entraña misma del ente social. Las “partes del conflicto” no son unos guerrilleros por un lado y unos soldados por el otro. Las “partes del conflicto” son unos guerrilleros, narcotraficantes, bandidos atroces y la sociedad armada para su defensa. La sociedad que encuentra en la vocación de uno seres especiales, soldados y policías, la voluntad de lucha para mantener el derecho, para mantener la fe, para mantener la libertad.

Parece que eso le duele a muchos. También lo siento, pero tampoco el principio es renunciable. Y seguiré hasta donde Dios me dé esta nueva oportunidad de vida, diciendo estas cosas, sosteniendo estos valores, que son comunes a todos, inclusive aquellos que no coinciden conmigo. Esos que no coinciden conmigo enaltecen el debate y explican mi lucha. Los que consideran que soy un retrógrado porque creo en los principios del comercio, en los principios del desarrollo económico, en el principio fundamental de que la sociedad se arma legítimamente para su defensa a través del Ejército y de la Policía. Eso les puede parecer retardatario, pero ahí está el debate. Y ese debate, a través de un proceso dialéctico y enriquecedor, es la condición de la paz y la condición del progreso.

El progreso no se hace sino sobre la contradicción de pareceres. Y aquí estamos para sostener nuestras ideas. Consideramos que vamos por muy mal rumbo, que hemos cometido muchas equivocaciones, muy pesadas, muy gruesas, en nombre de un  supuesto progresismo devastador. Pero ahí seguiremos. Dios nos ha dado una nueva oportunidad de vida sobre la tierra y tenemos que advertir cuales peligros atroces se ciernen sobre la sociedad colombiana.

Nuestro “nuevo mejor amigo”, que es una amistad que hemos puesto ante los ojos del mundo como una amistad detestable, es el amigo de Gadafi, de Ahmadinejad y de Bashar al Assad, y eso no nos parece tolerable porque no es tolerable ninguna forma de terrorismo, y mucho menos ninguna forma de totalitarismo. Uno no puede ser amigo de sanguinarios totalitarios, ni amigo de quienes sean amigos de esos  sanguinarios totalitarios.  Habrá que tolerarlos con respeto, habrá que cuidarlos porque representan naciones dignas de un mejor futuro.

El noble, el querido pueblo venezolano tiene todo nuestro amor, pero no lo tiene – no puede tenerlo – el déspota que ahora los dirige, y es el que ha importado a América estas formas de terrorismo que empiezan a manifestarse. Hemos sido gobernados por débiles, y no hay peor gobierno que el de los débiles en los momentos críticos de las naciones.

He sido víctima de un atentado del que he escapado milagrosamente con vida, pero no salí con  vida para salir en fuga. Salí con  vida para decir estas cosas. El que esté en desacuerdo que levante la voz y discutamos como seres racionales, como hombres que quieren la libertad y el respeto. Respeto a mis contradictores pero no acepto como tales a los que para aparentar serlo ponen bombas, asesinan gente, destrozan nuestros bosques, arruinan la libertad en nuestra sociedad. Esos no son contradictores, son bárbaros que hay que derrotar antes que sea demasiado tarde. Con todos los demás, bienvenida la controversia.

Sé que a muchos molesta mi discurso. Lo lamento. Si de ese discurso lo que les molesta es algo de mi estilo, acaso demasiado vehemente, ofrezco mis disculpas y quisiera moderar mis palabras pero no su sentido, no su alcance. Aquí seguiremos, desde La Hora de la Verdad, que tiene una misión histórica hoy más que nunca, pregonando estas verdades y defendiendo estos valores. Los recordamos: la dignidad de la persona humana, la libertad como condición de la sociedad humana, la necesidad de la lucha imperiosa contra el narcotráfico y todo para la búsqueda del desarrollo económico que es el nuevo nombre de la paz, construido sobre la libertad creativa de las empresas, de las pequeñas, de las grandes, de las medianas. Esos son principios por los que seguiremos batallando con tesón y con ninguna arma distinta de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad de acierto.

Gracias a todos los colombianos que nos han apoyado. Gracias a los contradictores que entienden que esta es una lucha por la supervivencia de eso que llamamos la Democracia, es decir la forma de gobierno que permite edificarse sobre la libertad de todos. ¡Gracias! ¡Gracias a todos!

Y a quienes me pusieron la bomba un mensaje claro: no hay espacio en mi corazón para el odio, no los odio; no voy a secar las fuentes de mi alma en un  sentimiento tan negativo y tan destructivo. No tengo espacio para odiarlos. Pero tampoco tengo espacio para tolerar el que reciban el perdón cobarde de unas instituciones que quieren entregarse y entregarnos. ¡No nos vamos a entregar! 

Los colombianos seremos fieles a nuestro destino y tenemos que jugar un papel fundamental en la lucha por eso que se llama la Civilización Cristiana frente a los bárbaros que la ataquen. Que Dios nos pida cuentas si seremos o si resultaremos ser inferiores a ese destino histórico. Gracias a todos, y gracias Dios mío por el milagro de la vida.

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jueves, 24 de mayo de 2012

HUMBERTO GARCÍA LARRALDE, EL ESTADO CHAVISTA ACOSA LA UNIVERSIDAD. VERDUGOS DE LA UCV

El jueves 17 de mayo la Sala Electoral del TSJ impuso una multa de Bs. 18.000 a cada uno de los miembros del Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela[1], alegando desacato de una decisión tomada por ella el 10 de agosto del año pasado en la cual se obligaba a esta Casa de Estudios suspender toda elección interna hasta tanto no reformara el reglamento electoral interno, conforme a lo dispuesto en el artículo 34 de la Ley Orgánica de Educación (LOE). 

Asimismo, ordena al Consejo Universitario  instrumentar esa reforma en los 10 días hábiles siguientes y a remitirle el nuevo reglamento. Tal decisión constituye un atropello a la autonomía universitaria, a la libertad de conciencia de los integrantes del máximo organismo universitario y a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), además de a otros preceptos legales. Veamos.

1.       De la aprobación de Ley Orgánica de Educación (LOE):

La LOE fue aprobada “entre gallos y medianoche” del 13 de agosto, luego de una sola discusión en plenaria de la Asamblea Nacional (AN). El proyecto de ley presentado a la consideración del cuerpo legislativo no guardó relación alguna con lo aprobado por consenso en primera discusión en 2001, cuando la AN era mucho más representativa y plural[2]. Lo que se aprobó fue un proyecto nuevo, que requería de dos discusiones en plenaria, no una, conforme a lo establecido en los artículos 207, 208 y 209 de la CRBV. Tratándose de una ley orgánica, debía haberse remitido a la Sala Constitucional del TSJ para que ésta se pronunciara sobre su constitucionalidad y rango orgánico antes de ser promulgada, como obliga el artículo 202 de la Carta Magna, cosa que tampoco se hizo.
El proyecto de ley, cocinado a espaldas incluso de miembros de la Comisión de Educación Cultura y Deportes de la AN, fue conocido por los diputados apenas una semana antes de su aprobación definitiva, sin incluir su Exposición de Motivos. Las reiteradas peticiones de autoridades universitarias y organizaciones sociales comprometidas con el hecho educativo, de posponer su discusión para permitir así una amplia consulta luego del inicio de las clases en septiembre, no sólo fueron desoídas, sino que sus proponentes y acompañantes, al dirigirse en manifestación a la Asamblea Nacional, fueron reprimidas salvajemente por la policía y por bandas armadas pro gobierno.
Por tanto, esta ley carece de legitimidad democrática por violar disposiciones constitucionales para su aprobación, entre los cuales cabe destacar la ausencia de toda consulta a los interesados.

2.       Del artículo 34 de la LOE

El # 3 del artículo 34 de la LOE señala que la autonomía universitaria implica:
Elegir y nombrar sus autoridades con base en la democracia participativa, protagónica y de mandato revocable, para el ejercicio pleno y en igualdad de condiciones de los derechos políticos de los y las integrantes de la comunidad universitaria, profesores y profesoras, estudiantes, personal administrativo, personal obrero y, los egresados y las egresadas de acuerdo al Reglamento. Se elegirá un consejo contralor conformado por los y las integrantes de la comunidad universitaria.
Este artículo contraría al artículo 109 de la CRBV, que señala que:
El Estado reconocerá la autonomía universitaria como principio y jerarquía que permite a los profesores, profesoras, estudiantes, egresados y egresadas de su comunidad dedicarse a la búsqueda del conocimiento a través de la investigación científica, humanística y tecnológica, para beneficio espiritual y material de la Nación. Las universidades autónomas se darán sus normas de gobierno, funcionamiento y la administración eficiente de su patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. Se consagra la autonomía universitaria para planificar, organizar, elaborar y actualizar los programas de investigación, docencia y extensión. Se establece la inviolabilidad del recinto universitario. Las universidades nacionales experimentales alcanzarán su autonomía de conformidad con la ley.
Es decir, se reconoce que el ejercicio autonómico reside en la comunidad universitaria de profesores, estudiantes y egresados, entre otras cosas, para darse “sus normas de gobierno”. Por demás, lo dispuesto en el #3 del artículo 34 de la LOE fue negado en el referéndum sobre cambio constitucional sometido a la consideración de los venezolanos el 2 de diciembre de 2007, que reconocía expresamente “el voto paritario de los y las estudiantes, los profesores y las profesoras, trabajadores y trabajadoras para elegir las autoridades universitarias” (art. 109 del proyecto de cambio constitucional).
Por último, al quedar derogada la Ley de Educación Universitaria (LEU) a comienzos de 2011 por el presidente Chávez en razón de que no fue consultada, necesariamente sigue vigente la Ley de Universidades de 1970, que sostiene, en su artículo primero, que la universidad “es fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre”.

3.       El voto “1 x 1 x 1” destruirá la universidad

La universidad es una institución con fines específicos de naturaleza académica, especializada en la generación e impartición de conocimientos, en la que la toma de decisiones debe enmarcarse en la prosecución de estos fines. Las autoridades universitarias son primordialmente académicas, no políticas, por lo que su escogencia debe responder a méritos de solvencia académica. Esta verdad demarca el ámbito de los procesos eleccionarios dentro de la universidad, limitada a quienes integren su comunidad académica y, por ende, corresponsables en velar por la prosecución de sus fines específicos.
La democracia universitaria es, por tanto, distinta a la democracia política, en la que todo ciudadano tiene el derecho a expresarse a través del voto para elegir a sus gobernantes. Esta distinción es común a toda institución especializada en la prosecución de fines específicos en los que la existencia de ciertas capacidades, experiencias o méritos, son determinantes para la toma de decisiones. En esto reside, precisamente, su institucionalidad. De ahí que la autoridad, la toma de decisiones y el ámbito de lo electoral en el Tribunal Supremo de Justicia y en la Asamblea Nacional, por ejemplo, esté circunscrita a los magistrados y los diputados, respectivamente, a pesar de tener una amplia gama de empleados subalternos que laboran en actividades de apoyo. Tampoco en la Fuerza Armada votan los soldados. El hecho de que esta verdad tan obvia, tan evidente, sea soslayada por los legisladores oficialistas que aprobaron la LOE y por los magistrados de la Sala Electoral que arremeten contra la UCV, indica que el fin buscado es la destrucción de la institucionalidad universitaria, de las normas, valores y mecanismos para la toma de decisiones que aseguren la prosecución de sus fines.
La propuesta del voto igualitario, en la cual cada profesor, estudiante, empleado, obrero y egresado tiene un voto, subordina la prosecución de fines académicos a los intereses particulares de grupos y gremios mayoritarios. Los profesores serían una ínfima minoría, no obstante ser quienes más competencia tienen para garantizar la supremacía de lo académico. Siendo mayoría los estudiantes y los egresados, éstos impondrían a las autoridades y, progresivamente, los cambios en la normativa interna a favor suyo, en correspondencia con sus intereses y puntos de vista.
Ni la verdad científica, ni la evaluación de los educandos, ni el desarrollo de soluciones a los problemas del país, se deciden por mayoría de votos. La democracia universitaria está en la discusión exhaustiva, desde distintas perspectivas, de las pretensiones de “verdad” de enunciados y descubrimientos, así como de la conveniencia e idoneidad de los métodos utilizados para arribar a ella. No se puede imponer una verdad y menos una razón política a una universidad, sin desnaturalizar sus funciones[3]. Más que poder político, en la universidad priva la autóritas que se deriva de méritos académicos. Las jerarquías universitarias deben asentarse en la ascendencia académica, profesional y ética que las legitime ante la comunidad como conductores y garantes idóneos de los procesos de docencia, investigación y extensión. Si bien el voto permite la competencia entre estilos y propuestas de gestión universitaria, sólo es pertinente si redunda en la preminencia del conocimiento, en un ambiente donde prevalezca la razón y el debate plural por sobre otras consideraciones.
La pertinencia de la universidad se fundamenta en el cumplimiento eficaz de sus fines académicos. La restricción de la autonomía académica implícita en la propuesta del voto igualitario y en el proyecto político que la motiva atenta contra la misión fundamental de la universidad como poderosísimo instrumento para el desarrollo del país. La universidad autónoma proporciona una de las pocas ventanas a la frontera del conocimiento de la humanidad con que cuenta Venezuela. Su capacidad de constituirse en interlocutora de los centros más avanzados en el mundo reside, precisamente, en la competencia para tomar decisiones en estricto apego a criterios de excelencia académica. La sujeción del quehacer universitario a una normativa externa rígida con intenciones de control político, acaba con estas posibilidades. Por ello es menester respetar el régimen autonómico de las universidades, para resguardarlas de presiones políticas, económicas o religiosas que la desvíen de su misión. La eliminación de los méritos académicos como criterio y condición para la elección de los órganos de cogobierno, somete a la universidad a prácticas populistas, de reparto corporativo-gremial, que habrán de desnaturalizar irremediablemente su función y destruir sus pretensiones de excelencia. Con ello se sabotea la necesidad de poner a Venezuela al día con los avances del conocimiento científico, humanístico y tecnológico de la humanidad. Que los estudiantes del futuro y sus familiares se olviden de la “marca registrada” de calidad que significa hoy un título de la Universidad Central de Venezuela, si se logra imponer este mecanismo de elección.
Cabe señalar que en ninguna universidad del mundo hemos encontrado un régimen electoral como el propuesto por el “1 x 1 x 1”, mucho menos en las instituciones del llamado “bloque socialista”, que mantenían un control político estricto sobre sus universidades, como lo sigue haciendo Cuba.

4.       La profundización de la democracia universitaria

Los argumentos esgrimidos para rechazar lo dispuesto en el numeral 3 del artículo 34 de la LOE no pretenden señalar que el mecanismo existente no pueda perfeccionarse. Me atrevería a señalar que existe un consenso mayoritario para revisar el régimen electoral e incorporar al estudiante de postgrado –inexistente como figura en la Ley de Universidades de 1970-, reducir la preponderancia de los profesores jubilados en el claustro, incluir en este cuerpo a los instructores por concurso y considerar una mayor ponderación del estudiantado que el actual 25%. Asimismo, el Consejo Universitario de la UCV conoce desde hace años de una propuesta para abrir espacios de participación en la toma de decisiones de naturaleza administrativa de sus empleados y trabajadores, como en todos aquellos asuntos referentes a sus condiciones de trabajo. La fundamentación de estos cambios requiere, empero, una nueva Ley de Universidades.
En atención a estas consideraciones, el Consejo Universitario, con base en una propuesta presentada por una comisión designada de su seno para analizar las implicaciones de la citada sentencia de la Sala Electoral del 10 de agosto de 2011, y en ejercicio de sus potestades autonómicas, decidió abrir una amplia consulta a la comunidad que hace vida en la universidad sobre los mecanismos electorales deseados. Entre otras cosas, se han realizado discusiones en los Consejos de Facultad y en asambleas de estudiantes, profesores y empleados, y una delegación de empleados y trabajadores consignó una propuesta de reglamento –en este caso recogiendo lo del 1 x 1 x 1- al Consejo Universitario. La imposición de la Sala Electoral corta de tajo esta discusión y vulnera abiertamente la autonomía universitaria, amén de contrariar la recomendación del presiente Chávez cuando vetó la LEU de abrir un debate sobre la legislación universitaria.
Cabe señalar que en las universidades que controla directamente este gobierno tan preocupado por la “profundización de la democracia” y el “respeto por los derechos de participación protagónica e igualitaria” no hay elecciones para nombrar autoridades, consejos de facultad, de escuela, representación estudiantil, ni tampoco para centros de estudiantes. Estos últimos simplemente no existen. Como es sabido por todos, las autoridades de esas instituciones son nombradas a dedo por el alto Ejecutivo.

5.       El compromiso con nuestra conciencia

Convencidos de que la aprobación de un mecanismo como el propuesto en el #3 del artículo 34 de la LOE acabaría con la Universidad Central de Venezuela como la conocemos y es violatorio de preceptos constitucionales y legales, la Sala Electoral comete un atropello de monta mayor al ordenarle al Consejo Universitario que redacte un reglamento con esas características. Si este régimen quiere destruir la institucionalidad universitaria por que no tiene otra manera de controlarla (sus fuerzas se revelan ínfimas en todas las elecciones realizadas internamente) que lo haga directamente y sufra las consecuencias políticas de violar la autonomía. Recurrir a la vía judicial para allanar las potestades autonómicas de la UCV con una orden que obliga a sus autoridades a instrumentar el mecanismo que la aniquilaría como universidad seria, es un atropello a la dignidad y a la libertad de conciencia de quienes integramos el Consejo Universitario. En la Casa que vence la sombra a través del debate de ideas y el contraste de opiniones para encontrar soluciones justas, ordenarle que se someta sin chistar a la opinión del gobierno es negar la esencia del quehacer universitario. La UCV no es un cuartel para estar doblegándose a órdenes de una autocracia. ¡Que se atreva el gobierno a redactar e imponer el reglamento en cuestión!
La Universidad Central de Venezuela puede exhibir orgullosamente un largo historial de aportes a la solución de variados problemas del país y a la promoción de una cultura democrática. De sus aulas han salido legiones de dirigentes, tanto del sector público como del privado, que han contribuido, cada uno a su manera, con el desarrollo del país. Gracias a su conciencia crítica y capacidad de movilización en defensa de los principios libertarios, han dejado huella en la construcción de una república civil y moderna, cohortes de estudiantes y profesores como es el caso de las “generaciones” del ’28, del ’36, del ’57 y la que luchó por rescatar la autonomía vulnerada por el allanamiento del primer gobierno de Rafael Caldera. Hoy el movimiento estudiantil vuelve a levantar las banderas de la libertad en protesta contra el atropello y cierre de medios de comunicación y el desconocimiento de derechos humanos básicos por parte del gobierno. La UCV siempre ha sido un baluarte de democracia, de libertad y de las mejores intenciones para con el país ante abusos del poder. La significancia de este historial no puede ser simplemente echado por la borda. No seremos nosotros los verdugos de la UCV.
Una muestra de que la decisión de la Sala obedece a criterios políticos por encima de otras consideraciones, es su reconocimiento de que la UCV debería acatar su sentencia por ser “un ejemplo” para las demás universidades. Es decir, con el hara-kiri que se nos pide instrumentar, se espera quebrar el espinazo de la resistencia crítica que ofrece el sistema de universidades autónomas ante los intentos de imponer un pensamiento único en el país que acabaría con su razón de ser. Por demás, la retaliación por no prestarnos a sus designios se expresa en que deliberadamente se escogió imponernos la mayor multa posible de acuerdo con la normativa vigente, de 200 unidades tributarias.
En nombre de los intereses superiores del Pueblo alemán –volk- en la noche del 10 de mayo de 1933 fueron quemados por estudiantes nazis frente a la universidad de Berlín, unos 20.000 libros de autores de renombre mundial –alemanes y extranjeros[4]- para dar paso a la edificación de una cultura propia del Tercer Reich, la única aceptable. Asimismo, fueron expulsados los profesores de ascendencia judía de las universidades. Era obligatorio que todo miembro de las profesiones docentes, desde pre-escolar hasta las universidades, perteneciera a la Liga Nacional Socialista de Profesores y jurar “obediencia y lealtad” a Adolfo Hitler.
En este empeño hegemónico, la jurisdicción descentralizada de escuelas públicas y universidades fue sustituida por un control centralizado bajo el Ministerio de Propaganda. La purga de autores o científicos “impuros” de los pensa de estudios fue adelantada en aras de la pretendida supremacía del conocimiento ario, lo cual, desde luego, resultó ser desastroso para el sistema educativo alemán. Fue despedido todo académico que se expresara en contra del Nacional Socialismo, llevando a muchos a guardar silencio antes de perder su carrera. “Era una escena de prostitución” -reflexionaría luego uno de los despedidos, el profesor Wilhelm Roepke- “que manchó la honorabilidad de la enseñanza alemana”. Confiesa tristemente otro ilustre profesor germano el resultado a que llevó la obsecuencia de las universidades ante tales designios: “Las universidades alemanas faltaron, cuando todavía había tiempo, en oponerse públicamente, con todo su poder, a la destrucción del conocimiento y del estado democrático. Fallaron en mantener el faro de la libertad y del derecho encendido durante la noche de la tiranía”.[5]
Constituye un trágico ejemplo de lo que puede suceder si los universitarios nos sometemos dócilmente a los designios de la vocación fascista que se despliega desde el poder. 

[1] Salvo a dos representantes del oficialismo, que votaron en contra del calendario electoral para elegir autoridades, aprobado a comienzos de marzo del presente año.
[2] Este proyecto fue engavetado luego de que el presidente Chávez amenazara recibirlo con “el bate de Sammy Sosa”.
[3] La subordinación del conocimiento a objetivos políticos –casos de Lysenko y del desprecio por la cibernética por considerarla ciencia “burguesa” en la Unión Soviética de Stalin; arrase de la academia durante la Revolución Cultural China-, significó un serio descalabro para las ciencias y las artes de esos países. El atraso en aquellas disciplinas más afectadas fue lamentable y llevó por fuerza a costosos procesos de rectificación. La expulsión de académicos judíos de las universidades y la quema de libros que no expresaran las “verdades” de la prédica nacional-socialista alemana, tuvo similares efectos bajo el Tercer Reich.

[4] Entre otros autores, pueden mencionarse a Stefan Zweig, Thomas Mann, Albert Einstein, Sigmund Freud, Jack London, H.G. Wells, Emile Zolá, Marcel Proust y muchos otros.
[5] Profesor Julius Ebbinghaus, Shirer, Op. cit.,:251-2. Los últimos dos párrafos fueron extraídos del libro de mi autoría, El fascismo del siglo XXI, Random House Mondadori, Caracas, pp. 397-8.

Humberto García Larralde, representante profesoral ante el Consejo Universitario de la UCV, humgarl@gmail.com

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viernes, 30 de marzo de 2012

ELINOR MONTES: NADIE TIENE DERECHO A DESPRECIAR LA DIGNIDAD

Benedicto XVI promueve “una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad… que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar".

La visita del Sumo Pontífice a México y Cuba, reviste una gran importancia en el contexto actual caracterizado por: la expansión del totalitarismo castrocomunismo en Latinoamérica; la indeferencia en unos y la complicidad en la mayoría en la apertura al reingreso del maligno régimen Cubano en la OEA, y, en su asistencia a Cumbres sin cumplir el requisito de ser demócrata. 
  
El máximo representante de la iglesia Católica eleva su voz, reitera al mundo que el Marxismo “no responde ya a la realidad”, (que por cierto, tampoco responde aquí ni en los otros países tomados por el castrocomunismo). Dijo además “En esta forma ya no podemos... construir una sociedad. Nuevos modelos deben ser encontrados con paciencia y de forma constructiva”; y se ofrece a “contribuir en un diálogo espiritual para evitar traumas y ayudar a avanzar a una sociedad que sea fraternal y justa, que es lo que deseamos para todo el mundo". En efecto, sin justicia es imposible la libertad ni el ejercicio de los derechos humanos. La humanidad necesita vivir en un clima de justicia: dar a cada quien lo que le corresponde, no dañar al otro y actuar con honradez.

En la defensa de la dignidad de la persona humana resaltó que la iglesia siempre está al lado de “la libertad, la libertad de conciencia y la libertad de culto”, y llamó a que la sociedad sea fermento que contribuya “a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar".

Considero que la persona humana nace libre e igual. Es libre quien puede ejercer plenamente sus derechos dentro de los límites de la moralidad y la responsabilidad, quien a través de la educación libre y de calidad adquiere criterio, capacidad de juzgar entre el bien y el mal.  

Estoy segura que todos los que nos asumimos como personas humanas quedaremos impregnados con las palabras del Sumo Pontífice, con lo cual los católicos renovaremos la fe y la humanidad asumirá la libertad, intrínseca a la dignidad, como irrenunciable.

El régimen cubano, cínico, ha calificado “al proyecto social cubano” como “un proyecto social democrático escogido genuinamente." ¡Si, como no! Los cubanos no escogieron el comunismo, los Castros los mantienen presos en ese gran campo de concentración llamado Cuba.

Cuando el Papa afirma que rezará "particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia", nos invita con su ejemplo a que recemos por esta causa, a que recemos por nuestra liberación del mal, de esta cultura de muerte, de odio, de mentira, en fin, de desprecio por nosotros, por nuestra dignidad.

elmon35@gmail.com

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