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lunes, 5 de octubre de 2015

CARLOS BLANCO G., EL ESPACIO DE LA GUERRA ES EL ESPACIO

Para derrotar electoralmente al régimen hay que derrotarlo primero políticamente. Esa derrota política está en marcha. Y tiene lugar en el espacio de la opinión pública, del corazón de la gente y del espíritu dominante. No es un hecho propagandístico como creen los badulaques del régimen; entre otras razones, porque salvo pocos grupos que disponen de plata en la oposición, casi nadie tiene más recursos que el que permite ir casa por casa, pueblo por pueblo, en peregrinaciones que no cubren los medios de comunicación casi totalmente en manos rojas.

La oposición ha sido mayoría muchas veces. Lo nuevo es que quienes tenían el complejo de minoría parecen haber superado el trauma infantil y ahora también se asumen como la mayoría que se ha sido varias veces y ahora se es de modo indiscutible. Este ambiente tiene una dinámica multiplicadora y la fascinación de ser parte de la mayoría hace a ésta cada vez más amplia y sólida.

Nadie en el gobierno cree en poder obtener un triunfo electoral genuino. Nadie en el resto de la sociedad estima que el régimen tiene los votos para ganar. La propia discusión sobre la creación de “burbujas de felicidad” mediante importaciones masivas; la hipótesis que acá hemos propuesto sobre suspensión parcial de elecciones o creación de un bochinche en las zonas bajo estado de excepción; y el trajín fraudulento en el CNE, son elementos que ilustran la idea de que con votos de verdad, el régimen pierde.

Maduro está derrotado en el alma nacional y en la opinión internacional. Esto forma parte de la derrota política previa indispensable, pero todavía no está completada la faena y queda lo más duro. Ya comenzarán a aparecer las boliencuestas, esas que dicen que el gobierno va a perder, luego dicen que eso no es seguro, más adelante que puede ganar, y, al final, dicen que ganó, lo cual es parte de la guerra en el espacio de las creencias y del espíritu.

Para la derrota política preelectoral indispensable para la victoria democrática es necesario que el convencimiento que ya todos tienen, incluidos los del PSUV, conduzca al desarme de la trampa, el ventajismo y el fraude.

Se hace necesario que las fuerzas opositoras en el marco del ambiente favorable en el resto del mundo, desbaraten los planes maduristas.

Aunque hoy parezca una baladronada, sólo la rendición del régimen ahora, condicional o incondicional, con acuerdo o sin acuerdo, puede permitir que los votos se emitan, que los emitidos se cuenten y que los que se cuenten se impongan.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog .
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lunes, 7 de septiembre de 2015

CARLOS BLANCO G., NO LO TUMBAN: SE DESPLOMA, AQUÍ Y AHORA

Nicolás Maduro si llegó a ser Presidente dejó de serlo hace rato, no porque nadie lo haya tumbado sino porque, carente de fuerza propia, es remolcado por el turbión de la crisis de la cual es figura relevante. Chávez solía decir de sí que era “una simple brizna de paja arrastrada por el huracán de la revolución”, esa falsa humildad escondía una arrogancia infinita, la del dueño del proceso. No era ninguna brizna. Maduro es diferente, carece de centro y de fuerza; no vuela alto sino que los vientos cruzados lo lanzan contra las paredes y lo tienen sin poder levantarse a ver por dónde queda la puerta o la ventana.

Estos personajes no saben nada de marxismo. En vez de reconocer las fuerzas de la historia, como corrientes de fondo que establecen las posibilidades y limitaciones de los dirigentes, más bien son presas de un voluntarismo petrolero, que, agotado, hace que la historia se niegue a obedecer sus caprichitos.

La acción de gobierno se reduce a manotazos a ver qué sale. Si un enfrentamiento con Guyana no resulta, pues se agarra Colombia. Si este se vuelve inmanejable siempre está a la mano EEUU para suplir la dosis necesaria de enemigos externos. Mientras todas las violaciones a los derechos humanos ocurren ante los ojos sorprendidos de la comunidad internacional, el país ha profundizado el proceso de disolución al que el régimen lo ha condenado.

La crisis humanitaria asoma su horrible rostro. Se ha comenzado a desencadenar en algunos sectores y áreas del país, debido a la carencia de producción nacional, al agotamiento de las reservas disponibles para importar, al destrozo de las redes de distribución formales y su toma por redes informales, así como por la corrupción que emponzoña todo el sistema.

El estallido social tan temido, llegó. No llegó con el rostro del 27 de febrero de 1989, sino con centenas de rebeliones localizadas. Hay un estallido social que todavía no es uniforme y aullante, pero está a un tris de serlo.

Las fuerzas, una vez desatadas, tienen su propia lógica: nadie las maneja; se lanzan furiosas hasta que su energía interna se agota. Cuando son inmensas, la represión las exacerba y no las puede someter. El poder rojo nadie lo asaltó, se cayó, se derramó y sólo espera por quien lo recoja.

Este tema deberá planteárselo la oposición democrática; de no hacerlo, el poder permanecerá derramado hasta que se lo proponga o desfilen enigmáticos caballeros andantes, dentro o fuera del Mar Rojo, que lo hagan. ¿Quién recogerá lo que yace desparramado en la vereda de la historia?

Carlos Blanco G.
@carlosblancog .
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lunes, 1 de junio de 2015

CARLOS BLANCO G., AQUÍ Y AHORA MUECAS DEL CAOS

El torbellino se ha instalado. El régimen está asediado no por una conspiración mundial sino por la tempestad que desató. Los que dirigen el Estado juran estar frente a un complot, no entienden que el sistema rompió sus equilibrios y no los encontrará sin un cambio mayor. El país está en transición, aunque no necesariamente hacia la democracia.

Era posible esperar que la alternativa a este régimen fuese la oposición, mediante una transición ordenada que incluyera alianzas con sectores del chavismo. Sin embargo, no es ese objetivo el que se plantea para este momento la corriente dominante opositora.

En 2014 “la salida” buscó el cambio constitucional del régimen bajo diferentes modalidades (Constituyente, renuncia, Congreso Ciudadano) en el marco de una protesta, poderosa y sin dueño, que conmovió el país. Esas propuestas fueron derrotadas. Quien esto escribe acompañó la tesis de “la salida” por la vía de la renuncia porque parecía lo menos costoso para el país, sobre todo si se ve lo que resulta del madurismo prolongado. Quienes compartimos “la salida” cometimos errores, el fundamental fue no evaluar correctamente las fuerzas que podían acompañar esta propuesta; especialmente, no se previó la brutal reacción criminal por parte del gobierno, ni que los otros sectores de la oposición buscarían deslegitimar la idea de “la salida” con la fuerza con que lo hicieron. Y ellos ganaron.

Con la derrota de “la salida” o de la renuncia, caben dos grandes escenarios, la estabilización del régimen y, de lograrse la mayoría en las inciertas elecciones de Asamblea Nacional, su eventual sustitución por referéndum o en 2019. Pero si Maduro no logra estabilidad y la crisis es de tal profundidad e inminencia, como pareciera, con el régimen desbaratado y una oposición que no promueve su reemplazo anticipado, el escenario caótico puede ser “resuelto” por una de tres vías o su combinación: 1. Una “explosión social”, nombre-código de una situación de desobediencia espontánea, muy riesgosa y sin dirección, debido a las penurias provocadas por la escasez, la inseguridad y la inflación; 2. Una transición chavista, dentro del régimen, que propicie la eyección de unos y la llegada de otros, en un mar de intrigas en marcha; y 3. Algún tipo de intervención militar (el propio gobierno insiste en que tales conspiraciones existen) sea suave (“mira mijo, renuncia”); sea fuerte (“apúrate, que el avión está listo para despegar”).

Dos tesis opositoras contrapuestas que, a pesar de todo, convergen en participar en las elecciones parlamentarias.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog
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lunes, 11 de mayo de 2015

CARLOS BLANCO G., CAMARADAS, NO SE HAGAN LOS DISTRAÍDOS

Lo que quiso ser una revolución está vuelto un pichaque fermentado. Lo saben los rojos, los azules y los pálidos.

Siempre intriga saber cómo gentes tan avezadas, muchos formados intelectualmente, otros con veteranía política, “luchadores sociales” como se autocalifican unos cuantos, llegaron a participar y algunos a disfrutar de este torneo descompuesto y purulento.

El morbo comenzó por la centralización autocrática en Chávez. La necesidad de concentrar las fuerzas en un solo mando para “derrotar el imperio” y lo que fuese diferente condujo a que todo se quedara en el puño del líder. Como los de su especie, era brutal hacia fuera y paternal adentro, centro de todos los equilibrios: coscorrones a unos, breves períodos de gloria a otros, degradaciones y ascensos a placer. El poder concentrado en Chávez se admitió sin chistar porque él, el Eterno, aun antes de morir debía saber lo que convenía.

Ese poder requirió la dictadura sobre los recursos públicos. Comenzó su trasiego para campañas electorales, compra de voluntades, alianzas internacionales y, en fin, para llenar monederos vacíos y hambrientos. 

Las alianzas con los gobiernos requerían el petróleo, pero las alianzas con las FARC y otros movimientos no gubernamentales, así como el financiamiento de campañas electorales amigas, demandaban baúles llenos de dólares, junto con complicados mecanismos de triangulación financiera. De a poco, en las comisuras de esas bocas ávidas de épica, comenzó a chorrear dinero para cuentas privadas.

La cuestión se complicó con la naturaleza narcoguerrillera de las FARC que, necesitada de una estructura de apoyo en Venezuela, transmitió su infección voraz, resistente a antibióticos convencionales. No son pocos los engranajes que hay que mover para que una tonelada de cocaína proveniente de Colombia llegue a –y salga de– un puerto venezolano. En ese instante una revolución que ya no era, pero una autocracia que sí era, entró en una dinámica de pudrición. El solo conocimiento silente de esa gangrena generó complicidad.

Un Estado controlado por mafias e infiltrado por el narco, con una economía en parálisis progresiva, con un jefe que no es respetado por sus pares, sin instituciones, y con una sociedad llena de furia contenida hacen del país un polvorín que clama al cielo por un cambio.

Lo que intriga es por qué siguen allí quienes, aun siendo rojos, no participan del festival de la impudicia. Críticos a media voz; hechos los tontos. Es posible que se vean sin salida cuando ellos, precisamente, son parte de la salida.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog .
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lunes, 4 de mayo de 2015

CARLOS BLANCO G., PENSAR AL REVÉS,

Hay que pensar y actuar desde el futuro. Desde la Venezuela global, pujante, productiva, con nuevos equipos dirigentes, con empleo de calidad, con empresas potentes, con partidos políticos contemporáneos y democráticos. Pensar, por ejemplo, en un presidente de la República que respete a sus conciudadanos y que su conducta personal pueda ser invocada como ejemplo cívico.

Pensar Venezuela desde “lo que hay”, sólo conduce al desierto, la soledad y el exilio interior o exterior. Allí reside uno de los problemas centrales del análisis político en los días que corren. La montaña de dificultades es inmensa y todo culmina en la represión, la escasez y… las elecciones parlamentarias, las que, por cierto, pensadas desde este presente ominoso y este pasado de uno, dos, tres,…quince años, sólo puede anunciar fechorías de la casta reinante.

¿Puede ser pensada Venezuela de otra manera? No propongo un ejercicio de optimismo. Tengo cierta inquina con los optimistas profesionales porque, en el fondo, trafican con una impostura: “menos mal que el avión se cayó al descampado porque si no, hubiesen muerto no sólo los 300 pasajeros sino un gentío más”, “qué bueno que llueve torrencialmente porque aunque hay inundaciones que arrastran viviendas, al menos se limpia la atmósfera”. No. Lo que creo es que las estrategias y las políticas hay que desandarlas desde el porvenir; lo que un constructor podría aludir como “ingeniería en reversa”.

Hay que pensar y actuar desde el futuro. Desde la Venezuela global, pujante, productiva, con nuevos equipos dirigentes, con empleo de calidad, con empresas potentes, con partidos políticos contemporáneos y democráticos. Pensar, por ejemplo, en un presidente de la República que respete a sus conciudadanos y que su conducta personal pueda ser invocada como ejemplo cívico. Pensar un país en el que portar el uniforme militar o policial sea motivo de orgullo. Pensar en un país amigo de EEUU y de Brasil, de España y de México, capaz de mantener una relación respetuosa y digna aun con los diferentes como Cuba o Rusia. Un país en el cual los medios de comunicación ejerzan la libertad sin miedo y en el cual los pobres no sean objeto de la caridad pública sino que se conviertan en los principales actores de la superación de su pobreza. Un país libre, en el cual la honradez, la solidaridad con el prójimo, el respeto a la diferencia, sean valores irreemplazables.

Desde esa Venezuela que nos emplaza desde el porvenir hay que definir las tareas de hoy. Cualquier cosa menor a ésa, un cierto acomodo hasta que pase la tormenta; una pausa en la libertad mientras nos ajustamos el cinturón de seguridad; un pacto “con lo que hay”; una paciencia que no es sino una transacción comercial; son modos y maneras que serían inaceptables porque eluden ese futuro que invita.

Desde el futuro todo tiende a ser nuevo, diferente... En ese futuro no existe el régimen actual. Este es el porvenir que convoca.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog .
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lunes, 20 de abril de 2015

CARLOS BLANCO G., MADURO ATRAPADO ¿CON SALIDA?

No es cierto que las medidas de Obama en contra de los funcionarios acusados de violar los derechos humanos favorezcan a Maduro. Lo que ha recibido el régimen es un mazazo estratégico, aunque haya obtenido aparentes victorias tácticas. Los funcionarios hoy saben que violar los derechos humanos, así como la complicidad o benevolencia con el narcotráfico, el terrorismo y la corrupción, no solo les impide volar a Disneyworld sino que los coloca en riesgo de aprehensión en cualquier lugar del planeta.

La bulla madurista y antimperialista es flor de un día; no porque América Latina no tenga agravios históricos por parte de Estados Unidos, sino porque precisamente el proyectado fin del embargo a Cuba –con todos los pasos previos actuales– es parte del ajuste de cuentas entre la región y Washington; es el símbolo del cambio definitivo del garrote o “hardpower” por el “softpower” (Joseph Nye, Harvard) en estos territorios. Pero no debe haber confusión, los países progresivamente están comprometidos en la defensa universal de determinados valores y principios, dentro de los cuales los derechos humanos, la lucha contra el narcotráfico, la corrupción y el terrorismo adquieren carácter global. Las sanciones entran dentro de estos nuevos rumbos. Una vez que pase el cuento de las firmas (planas, forjadas, obligadas) quedará que un grupo de funcionarios no podrá ver a Mickey Mouse ni comprar en Bloomingdale, pero tampoco en El Corte Inglés ni en Harrods. Mientras tanto, 26 expresidentes, representativos de una porción significativa de la opinión pública continental, también sancionan el régimen venezolano.
Detrás de la alharaca queda un personaje patético que, sin sonrojarse, declara que desde hace dos años le pide a Obama que lo reciba y este ni le hace caso; tiene que atravesársele en un pasillo para luego contar una historia inverosímil, cuya respuesta no es otra que: “Mr Maduro, you have to respect human rights and release political prisoners… y después hablamos; permiso que tengo que ir a orinar”.
La solidaridad con el régimen venezolano no es tal; nótese que los países prefirieron criticar a Estados Unidos antes que apoyar a un régimen que viola los derechos humanos. No es una sutileza.
Ahora vienen la gasolina, el Esequibo y el descontento sobre este tema en los militares, la entrega de las reservas de oro, el clamor por la libertad de los presos políticos, la escasez, la inflación, el crimen, los “tenores de Washington” y la descomposición interna del régimen. Maduro no puede manejar esto. Es que ni sabe, ni quiere ni lo dejan. Tal vez sea él quien implore ahora por “la salida”…
Carlos Blanco G.
@carlosblancog

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lunes, 9 de marzo de 2015

CARLOS BLANCO G., MAMBRÚ EN GUERRA CONTRA USA, AQUÍ Y AHORA

La verdadera razón para limitar los contactos –legales, por cierto- de funcionarios de USA con venezolanos no es para impedir los movimientos de subrepticios opositores sino para impedir que los camaradas del régimen preparen su aterrizaje por las tierras del Norte y cuenten lo que saben. A estas confidencias el régimen les tiene terror.

La verdadera razón para limitar los contactos –legales, por cierto- de funcionarios de USA con venezolanos no es para impedir los movimientos de subrepticios opositores sino para impedir que los camaradas del régimen preparen su aterrizaje por las tierras del Norte y cuenten lo que saben. A estas confidencias el régimen les tiene terror.

De allí emergen movimientos esquizoides. Un día Maduro decreta el estado de guerra metafísica en contra de EE.UU. y al día siguiente envía a su sargentería a decir que quiere “buenas” relaciones.

Muchos funcionarios rojos se van, quieren irse o buscan “limpiar” sus expedientes. Lo único que pueden ofrecer es su historia, aquello de lo cual han participado, y tal vez cavilen que Miami bien vale una visa. También hay camaradas que no son delincuentes; son o fueron simpatizantes de la experiencia chavista, y no quieren correr el riesgo de que los asocien al narco, la corrupción o la violación de los derechos humanos. Éstos se encuentran sometidos a presiones de sus parejas, hijos, familiares y amigos que tienen la convicción de que la aventura revolucionaria homicida llega a su fin. Muchachos que quieren estudiar en Harvard, Yale, Columbia o MIT; o que desean aprender inglés allá e ir a campos vacacionales. Familiares que quieren servicios médicos especializados o simplemente disfrutar de entretenimiento y centros comerciales. Allí está la presión de muchos para “arreglar” la situación con las autoridades norteamericanas y es la verdadera razón por la cual Maduro y su exangüe pero brutal régimen no quiere que existan contactos de venezolanos con los funcionarios de EE.UU., locales o basados en otros países.

Pensar que la Casa Blanca alienta conspiraciones es no entender los cambios ocurridos en el planeta en los últimos treinta años. Lo que sí hace EE.UU., incluso más allá de su gobierno, es denunciar la represión masiva que ejerce el régimen venezolano en contra de los que protestan. Y ahora, ha pasado a condenarlos de una manera más definitiva.

Hay altos funcionarios rojos, ministros, diputados, gobernadores, que quieren, pero no pueden irse. La inteligencia electrónica los tiene como su principal objetivo. Se sienten atrapados. Hablan en voz baja. Al menor desliz emigran con cualquier excusa; los argumentos pueden variar desde surmenage, hasta dolor de pantorrilla o mareo.

Han visto demasiado horror; no quieren ser partícipes de la etapa más cruel y sangrienta de un régimen que parece llegar a su fin. Prefieren volver a hablar con libertad. Como antes.

Carlos B lanco G.
@carlosblancog

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lunes, 21 de abril de 2014

CARLOS BLANCO G., TAL VEZ SEA MOMENTO DE REPLANTEAR LA UNIDAD DEMOCRÁTICA MÁS INCLUSIVA, TIEMPO DE PALABRA

SI ME TOCARA ELEGIR...

Si es entre el diálogo y la guerra. Prefiero el diálogo. Si me ponen a decidir entre un diálogo con el que se logre 70% de aspiraciones que comparto, frente a una guerra en la que podría obtener 100%. Prefiero el diálogo. Si me ponen a escoger entre un diálogo que demore un tiempo pero que prometa resultados, frente a una guerra que me ofrezca gelatinosos desenlaces inmediatos. Prefiero el diálogo. Si mis opciones son resultados sólidos con el diálogo a los disputados en una guerra. Prefiero el diálogo. Si el diálogo ahorra la sangre de un venezolano y la guerra promete su derramamiento. Prefiero el diálogo.

El asunto es que el diálogo tiene condiciones. No es solo conversar. Tampoco es debatir. El diálogo, aun entre los más enconados enemigos, tiene una lógica: ambos deben saber que, de no sostenerlo, el costo sería mayor al beneficio.

En Venezuela hay experiencias. En el comienzo de los años 2000, la sociedad democrática logró frenar a Chávez, la inmensa manifestación de 2002 provocó que los civiles y militares le solicitaran la renuncia, la cual aceptó, y luego del regreso al poder y de las turbulencias subsiguientes se conformó la Mesa de Negociación y Acuerdos, con representación paritaria del Gobierno y de la oposición, y la facilitación de César Gaviria, por la OEA. El acuerdo fue firmado el 29 de mayo de 2003, ya encaminados al revocatorio presidencial.

Algunos de los puntos fueron: "Expresamos nuestra adhesión a los principios consagrados en la Carta Democrática... Todos los sectores, asumiendo lo dispuesto por el artículo 6º de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela... comparten los valores allí consignados... la celebración de elecciones libres, justas y transparentes, y la separación e independencia de los poderes públicos... el estricto respeto a los derechos humanos, a los derechos de los trabajadores, a la libertad de expresión, de información y de prensa, a la eliminación de todas las formas de discriminación e intolerancia... Coincidimos plenamente en que el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado, a través de la FAN, y policías metropolitanas, estadales y municipales, es una prerrogativa fundamental e indeclinable en la lucha contra la violencia y en la de asegurar la esencia de un Estado democrático... Ninguno de estos cuerpos [policiales] deberá utilizarse como instrumento de represión arbitraria o desproporcionada, y tampoco para ejecutar acciones que impliquen intolerancia política. Nos comprometemos a adelantar una vigorosa campaña de desarme efectiva de la población civil... " Más adelante: "Coincidimos en que resulta indispensable contar a la brevedad posible con un árbitro electoral confiable, transparente e imparcial, a ser designado en la forma prevista en la Constitución... " Para concluir: "Finalmente, ambas partes convienen crear el Enlace permanente".

Letra a letra, todos y cada uno de los puntos anteriores fueron burlados por el régimen de Chávez. La Mesa -¡mesas van y mesas vienen!- se instaló impulsada por el hervor furioso de la calle. El difunto líder, maestro en el tente-allá, retrocedió unos pasos, alzó el Cristo redentor, hizo mea culpa, llamó al diálogo. Luego se instalaron los negociadores y la calle ardía. Al cabo del tiempo, el revocatorio se planteó, el CNE alegó que unas firmas eran "planas", hubo El Reafirmazo y se recogieron más firmas, la oposición se entretuvo en los aspectos electorales, hubo una última gran protesta el 27 de febrero de 2004 que fue apagada por la dirección opositora y la represión brutal, que a los días languideció en urbanizaciones de clase media alta, vino el referéndum ya bastante manoseado y -fraude mediante- ganó el Gobierno.

LO QUE INDICA LA EXPERIENCIA.

La fórmula es simple: el descontento estalla; el Gobierno llama al diálogo; la oposición asiste de buena fe; se apaga la protesta y hay mínimos resultados o, sencillamente, se desconocen los acuerdos.

¿Quiere esta experiencia decir que no debe negociarse? No, de ninguna manera, pero es escarmiento a tener en cuenta.

En la situación actual hay diferencias esenciales. En 2002 y 2003 la Coordinadora Democrática era la dirección en la calle y también la representación en la Mesa de Negociación y Acuerdos. En este caso no es así. Por razones que sus voceros han expresado, la mayor parte de los que asisten a las conversaciones no están de acuerdo con las protestas que atribuyen a "los radicales", siendo que esas protestas son las que han obligado al Gobierno a buscar lo que denominan el diálogo. Luego, en los pasitos iniciales los opositores hablaron de condiciones previas para sentarse y más adelante se dijo que no era posible poner como requisito lo que debería ser resultado. Posteriormente, no se aceptó o no se requirió la representación del sector tenido como radical al que se le atribuye la autoría de las protestas.

EL ENREDO DE AHORA.

El problema se ha complicado porque en la reunión "preparatoria" -la de esta semana- que no era "diálogo" pero que fue "diálogo" dado que se aprobaron (des) acuerdos, se evidenció la debilidad de la estrategia adoptada. La postura opositora salió bastante deslucida cuando al concluir la reunión se condenó la violencia "venga de donde venga", como si la ejercida por los protestantes -aunque sea juzgada inconveniente- fuese equivalente a la del Sebin, la GN y paramilitares. Igual resulta sorprendente aceptar que se "amplía la Comisión de la Verdad", lo cual significa reconocer la de Diosdado Cabello, cuando una Comisión así solo podría funcionar integrada por ciudadanos imparciales.

Las demandas nacionales e internacionales por la liberación de Simonovis han tenido eco hasta en el seno de los rojos, por eso resulta en demora aceptar una junta médica y la opinión de víctimas del 11 de abril para un caso que está más que documentado desde el punto de vista médico y político. Esto para humillarlo de nuevo aunque luego lo liberen.

Destaca la incorporación de la MUD al "Plan de Pacificación" del gobierno que, como se sabe, plantea "el desarme de organizaciones delictivas" por los mismos que tienen entre sus voceros en "el diálogo" a los Tupamaros.

Lo que queda claro es que no hay diálogo real sin la movilización ciudadana, en los términos masivos y no violentos que le dieron origen en febrero, sin olvidar nunca que la violencia asesina partió del régimen. Tal vez sea momento de replantear la unidad democrática más inclusiva, con los nuevos actores, sin el monopolio -aunque con la participación- de quienes tenían la encomienda de dirigir la acción electoral de la oposición; es de lamentar que las recomendaciones de la Comisión Hospedales designada por la MUD no fuesen atendidas por sus jefes, para una necesaria y hasta ahora ignorada enmienda.

Esta rectificación podría abrir el camino a una unidad necesaria y superior.

Carlos Blanco Garcia
@carlosblancog
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