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lunes, 5 de octubre de 2015

CARLOS BLANCO G., EL ESPACIO DE LA GUERRA ES EL ESPACIO

Para derrotar electoralmente al régimen hay que derrotarlo primero políticamente. Esa derrota política está en marcha. Y tiene lugar en el espacio de la opinión pública, del corazón de la gente y del espíritu dominante. No es un hecho propagandístico como creen los badulaques del régimen; entre otras razones, porque salvo pocos grupos que disponen de plata en la oposición, casi nadie tiene más recursos que el que permite ir casa por casa, pueblo por pueblo, en peregrinaciones que no cubren los medios de comunicación casi totalmente en manos rojas.

La oposición ha sido mayoría muchas veces. Lo nuevo es que quienes tenían el complejo de minoría parecen haber superado el trauma infantil y ahora también se asumen como la mayoría que se ha sido varias veces y ahora se es de modo indiscutible. Este ambiente tiene una dinámica multiplicadora y la fascinación de ser parte de la mayoría hace a ésta cada vez más amplia y sólida.

Nadie en el gobierno cree en poder obtener un triunfo electoral genuino. Nadie en el resto de la sociedad estima que el régimen tiene los votos para ganar. La propia discusión sobre la creación de “burbujas de felicidad” mediante importaciones masivas; la hipótesis que acá hemos propuesto sobre suspensión parcial de elecciones o creación de un bochinche en las zonas bajo estado de excepción; y el trajín fraudulento en el CNE, son elementos que ilustran la idea de que con votos de verdad, el régimen pierde.

Maduro está derrotado en el alma nacional y en la opinión internacional. Esto forma parte de la derrota política previa indispensable, pero todavía no está completada la faena y queda lo más duro. Ya comenzarán a aparecer las boliencuestas, esas que dicen que el gobierno va a perder, luego dicen que eso no es seguro, más adelante que puede ganar, y, al final, dicen que ganó, lo cual es parte de la guerra en el espacio de las creencias y del espíritu.

Para la derrota política preelectoral indispensable para la victoria democrática es necesario que el convencimiento que ya todos tienen, incluidos los del PSUV, conduzca al desarme de la trampa, el ventajismo y el fraude.

Se hace necesario que las fuerzas opositoras en el marco del ambiente favorable en el resto del mundo, desbaraten los planes maduristas.

Aunque hoy parezca una baladronada, sólo la rendición del régimen ahora, condicional o incondicional, con acuerdo o sin acuerdo, puede permitir que los votos se emitan, que los emitidos se cuenten y que los que se cuenten se impongan.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog .
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jueves, 22 de agosto de 2013

CARLOS PADILLA, LA ARREMETIDA ES TOTAL

Las evidencias lo indican. Ante la posibilidad cierta de la derrota electoral del 8 de diciembre el régimen realiza una arremetida total para debilitar, y si es posible anular, la tendencia inminentemente creciente del descontento nacional frente el actual desgobierno cuya ineficacia es manifiesta y sus desacierto notables.

Son inocultables las acciones de la  estatización  disfrazada de los pocos medios de comunicación independientes que sobrevivían mediante su compra por representantes de quienes en  verdad manejan las finanzas depredadas. La embestida desmedida contra periódicos como El Nacional y Tal cual a quienes se les imponen multas impagables. La mordaza publicitaria impuesta a  todos los medios escritos, radioeléctricos y televisivos que obliga a la autocensura. La amenaza  personal a quienesque se atreven a señalar los desaciertos del desgobierno  en sus artículos de prensa.

La descalificación a ultranza de quienes representan de alguna manera a la alternativa democrática en la Asamblea Nacional por el más corrupto de todos los oficialistas, legitimo representante de los nuevos multimillonarios a lo Louis Vuitton, se atreve con palabras utilizadas en los bajos fondos,   propias de quien no tiene la razón,para intentar ofender a quien los tiene derrotados en el favor popular.
Una pírrica mayoría lograda tras el telón de “La Salamandra” la cual produjo el ilógico de que los menos son más y los más son menos, mediante una reingeniería electoral aceptada a regañadientes, toma decisiones que constitucionalmente le corresponden a las dos terceras partes de la Asamblea Nacional para vulnerar la calidad y cantidad de las medidas para favorecerse políticamente.

El uso desmedido de los recursos públicos, que pertenecen a  todos los venezolanos, son usados de forma grosera por los capitostes del régimen para cimentar un populismo obsceno y ofensivo  para quienes, necesitados, reciben las prebendas con el odio de la ofensa reflejado en las pupilas.

Lo que les quedaría por hacer, con la complicidad conocida, es posponer nuevamente las elecciones municipales para darse una nueva oportunidad de lograr un segundo aire.

Siendo así, con todo el poder de un gobierno y un estado convertido en partido político: ¿Qué respuesta le queda a más de la mitad del pueblo venezolano ante esta arremetida total?

@chino121

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lunes, 18 de marzo de 2013

CARLOS BLANCO, "EL AVASALLAMIENTO INSTITUCIONAL ES MÁS DESPIADADO QUE CUANDO EXISTÍA EL COMANDANTE", TIEMPO DE PALABRA,



CANDIDATO ENCARGADO

Ganarle a Nicolás Maduro no es fácil. Su campaña comenzó el día del último discurso de Chávez, tres meses antes del anuncio del fallecimiento presidencial. El Tribunal Supremo ha hecho dos veces Presidente a Maduro, el 10 de enero y el 8 de marzo, lo que significa asignarle una calidad institucional que le hace competir con ventajas inimaginables, además de una faltriquera de recursos menos imaginable. Como diría la jurista del proceso y del horror, Luisa Estella Morales: "No podemos seguir pensando en una división de poderes porque eso es un principio que debilita al Estado". El evangelio Morales está en plena ejecución cuando los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano se encuentran mascando a dos carrillos para volver papilla todo vestigio de institucionalidad democrática y servir al propósito de elegir presidente al candidato preferido por Chávez y por el TSJ. La decisión de convertir al candidato del gobierno en Presidente para que con todos los recursos del Estado y mediante "cadena perpetua" (María Corina dixit) gane sin contestación, es una decisión que vicia de ilegitimidad de origen su posible elección. No huelga repetir que Maduro es Presidente sin un voto y es Presidente con esa pequeña "ayudaíta" del TSJ. Dispare primero y averigüe después: Presidente primero y los votos después.

En ese propósito están unificados los grupos que fragmentan el régimen. Como se sabe allí están la izquierda procubana, el sector militar relativamente nacionalista, la mafia petrolera, la alta burocracia pública, los gobernadores del chavismo y la entusiasta boliburguesía. Todos se han acordado provisionalmente, de grado o por fuerza, para mantener el tinglado, porque se entiende que a todos interesa conservar el control. Hasta nuevo aviso han aplazado el cobro de facturas y la lucha por poder, aunque ya nadie se cuida de expresar sus críticas al sobrevenido Presidente.

Frente a esta situación de brutal ventajismo, ¿podría la oposición plantearse siquiera la victoria electoral?

BREVE EXCURSIÓN SOBRE TEMAS INHÓSPITOS.

En situaciones turbulentas, como suelen decir en el bufete del diablo sus más destacados abogados, todo es posible. Alberto Fujimori, que en 1990 no tenía la fama de bandidín como ocurrió después, ganó la presidencia peruana con una combinación de sorpresas electorales y arreglos institucionales. Beppe Grillo, audaz payaso, se ha convertido sorpresivamente a punta de votos en figura definitoria de la política italiana. Chávez emergió desde la prisión y un escuálido 2% en las encuestas a ser el candidato más votado en 1999. Todo es posible; aun lo que no parece probable. Sin embargo, no es responsable pronosticar una victoria de Henrique Capriles hoy, incluso si se tienen en cuenta las sorpresas que da la historia.

Si la probabilidad electoral de Capriles es baja, ¿qué sentido tendría su participación electoral? Habría que decir que esta candidatura era inevitable. Aunque se barajaron otros nombres que parecían viables ni la oposición tenía opción ni Capriles tampoco. La abstención, que es otra salida, ha sido desterrada por las fuerzas democráticas y ante esa posibilidad retrocede como Satanás ante la cruz; en esta circunstancia tampoco parece ser salida aconsejable. Así es que la oposición está condenada a participar en las elecciones que se sabía iban a ser convocadas. Nadie podía repicar muy duro con el tema porque equivalía a anunciar la falta absoluta de Chávez, es decir, su muerte, mientras los voceros oficiales anunciaban su "recuperación".

Hay elecciones "milimétricamente programadas" desde el gobierno y que toman a la oposición, no por sorpresa pero sí con limitaciones políticas, financieras y organizacionales muy elevadas. ¿Tiene sentido participar?

¿DERROTA ELECTORAL Y VICTORIA POLÍTICA?.

Desde esta esquina se piensa que se puede participar y obtener victorias. Puede haber una derrota electoral y una victoria política. La derrota electoral puede venir del ventajismo total existente, aún mayor que con Chávez. El extinto Presidente tenía un margen de apoyo popular indudable que aunque variable era suyo. Maduro no. Maduro quiere ser, parecer, camuflarse como Chávez, pero siempre se le ve el bigote.

Por eso, pelo a pelo, el avasallamiento institucional es más despiadado que cuando existía el Comandante. El lamentable Ministro de la Defensa puede ser la más grotesca expresión del fraude institucional pero no es la única ni la más grave.

Ante esta situación, ¿es posible alguna opción? Recuérdese el 7 de octubre de 2012 cuando una entusiasta oposición terminó desmoralizada y dispersa por los errores del candidato y de los dirigentes, lo que se expresó el 16 de diciembre en las elecciones de gobernadores, temas todos recogidos en el Informe Hospedales que al parecer pasó a la clandestinidad. El error no fue la derrota -al fin y al cabo es el riesgo de todo combate- sino la forma en la que se llegó a ella y se le trató luego. Hoy la situación es distinta.

Capriles puede encabezar una victoria política hoy aun si no lo acompaña una victoria electoral en la medida en que aglutine las fuerzas democráticas dispersas, encabece la batalla y procure conservar esas fuerzas intactas para el fandango que vendrá más adelante cuando se asienten los polvos de la barahúnda funeraria y de las elecciones. Para lograr este propósito, Capriles cuenta con varios activos y necesita otros. El primero es que el candidato opositor adoptó en las declaraciones iniciales una postura política de quien quema las naves en una faena en la que empeña su destino. Trazó un límite a partir del cual plantea no dar cuartel al adversario, condición indispensable para asumir los grandes retos; aunque luego retrocedió en forma importante con excusas innecesarias si en realidad pensaba que no había ofendido y al no haber acudido al CNE por las amenazas del oficialismo. El segundo activo es que Capriles ha reconocido que se equivocó en la anterior campaña y ha ofrecido excusas y amplitud real; esto debería traducirse en la incorporación de los excluidos en su anterior campaña lo cual hasta este momento no ha ocurrido. Tercero, a los jefes del gobierno el candidato opositor podría salírseles del esquema: querrían que se limitara a ofrecer casas y bacheo pero sin abordar los temas cruciales que plantea una dictadura posmoderna.

Todavía hay un tema pendiente: las condiciones electorales. El Gobierno quiere derrotar a las fuerzas democráticas y procura disminuir su porcentaje con respecto al 7-O.

Por esa razón se hace indispensable que Capriles se libere de las tonteras que le susurran quienes dicen que "no hay tiempo" para luchar por las condiciones electorales, porque la sola lucha por este objetivo tiene capacidad retadora e inspiradora. Lo menos que lograría es mostrar ante el mundo el fraude institucional que ya ha denunciado.

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lunes, 20 de agosto de 2012

CARLOS BLANCO, !VETE YA!, PLIS, TIEMPO DE PALABRA

"La consigna de otros tiempos vuelve a aparecer de la mano de un esfuerzo articulado"
Es un hecho: la candidatura de Capriles sube mucho y en algunas regiones adquiere características de fenómeno. Por otra parte, la candidatura de Chávez parece estancada y este hecho lo ha lanzado a cierto desvarío: ofrece amistad a la clase media y a los empresarios que ha vejado y que en no pocos casos ha arruinado; el resultado es que se duda de ese estilo pacífico a lo Lobo Feroz con Caperucita. No hay manera de guiarse en esta tormenta porque no hay indicadores confiables; sin embargo, hay signos de que Capriles crece y la calle -con toda la prudencia del caso- muestra corrientes de fondo favorables al candidato opositor.
Capriles comienza a lograr algo que es esencial para su victoria: aglutinar en un solo haz la aflicción existente. El descontento es mayoría y ya se ha demostrado. El 52% obtenido por las fuerzas democráticas en las elecciones parlamentarias, aunque no es mecánicamente extrapolable a una elección en la cual Chávez compita, indica que la decepción existe, que hay que organizarla y liderarla. El candidato opositor ha comenzado a hacerlo de manera intensa y su mensaje antidiscriminatorio, que procura la paz y entendimiento entre los ciudadanos, se ha hecho eco del hastío existente por las guerras, las batallas, las divisiones, y el odio esculpido desde Miraflores.
El mensaje promotor de la paz desde hace algunas semanas se acompaña por una ofensiva sistemática en contra de Chávez. De este modo, el candidato muestra su lado amable, inclusivo con los de abajo, y al mismo tiempo enseña los dientes y las garras al adversario y a quienes de este lado piensan que una mano sirve para estrechar otra o para ponerla en el pecho del abusador y frenarlo en seco.
A Dios rogando y con el mazo dando, se muestra como una actitud que le da mucho más fuelle a Capriles. Ese cambio estratégico habla mejor de un equipo que puede oír otras voces aunque no sea por la vía de los amigos más cercanos sino de la opinión pública.
El candidato opositor también adquiere otra característica que es la del instrumento a la mano, el que se dio la sociedad democrática para eyectar a Chávez del poder. La memorable consigna de otros tiempos, "¡Chávez, vete ya!", vuelve a aparecer no de la mano airada de los marchistas de todos los días, sino de un esfuerzo más orgánico y articulado con dirección política relativamente mejor entrenada. Paz y el reemplazo de Chávez constituyen los dos temas del programa de gobierno de Capriles y a su alrededor se ha unificado un pedazo inmenso de la sociedad.
EL FRAUDE.
En días recientes ha habido dos denuncias que provienen de voces autorizadas de la sociedad democrática, relativas a la compra de votos en las comunidades indígenas que se traducen en mesas con resultados electorales atípicos: 100% de votación y todos los votos rojos. El Nacional hizo un trabajo en relación con los waraos que fundamentó la denuncia del diputado Edgar Zambrano de AD en la Asamblea Nacional, en la cual se aprobó una investigación; y se produjo también la denuncia de Ember Iguarán, coordinador del Comando Venezuela en temas indígenas, en relación con los guajiros. Dice Iguarán: "No puede ser que la oposición saque 0 votos y el oficialismo 400; eso ocurrió en anteriores procesos electorales y es una irregularidad. Hubo mesas en las que la MUD sacó 2 votos y el PSUV 180. Insistimos que esas son fraudulentas".
Estas dos denuncias tienen inmenso valor. No las hacen los furiosos, radicales o iracundos sino moderados dirigentes, y a nadie se le ha ocurrido la tontera de que estas denuncias ahuyentan a los electores. Como se ha evidenciado, han permitido la movilización de la opinión pública, así como acciones políticas e institucionales remediables. Se sacaron las uñas. No es casualidad que Tibisay Lucena, incondicional chavista, haya considerado pertinente -junto al consabido, previsible y grotesco acoso a Globovisión- hablar del "desequilibrio" del canal del Estado, VTV. Puede que no corrijan nada, pero si les da por el pudor, tal vez tengan más dificultades para la trampa. También es un indicio de que cuando hablas golpeado, te oyen.
La oposición no sólo está en el proceso de cubrir todas las mesas sino que se ha abierto camino la idea de que aun siendo indispensable esta conducta, no basta. La denuncia del ventajismo fraudulento del gobierno deja sin la hoja de parra la trampa oficial, convierte a cada ciudadano en un vigilante y motiva mucho más al entender que el liderazgo democrático comienza a mostrar las agallas sin las cuales no se llega al poder.
ALGO MÁS. La campaña de Capriles parece ir bien si se atiende a los datos disponibles y a una interpretación plausible de los movimientos tectónicos de la sociedad venezolana. Sin embargo se poder hacer más en asuntos decisivos: la incorporación de todos los factores de manera abierta a la campaña, lo cual no ha ocurrido por aquello de que -supuestamente- no conviene que el candidato se retrate con éste o con aquél. En este esfuerzo nadie sobra y todos hacen falta, los de antes y los de ahora, los de derecha y los de izquierda, los civiles y los militares. La separación quirúrgica de quiénes sí pueden "aparecer" y quiénes no, tal vez no reduzca vulnerabilidades y sí genere más grietas.
Se necesita la gente de las nuevas generaciones y a los nuevos partidos junto a los más antiguos y veteranos. Se comete un error al pensar que basta que los adecos y copeyanos, masistas y exchavistas, vayan a votar por Capriles porque no tienen otra opción; no se requiere sólo su voto sino su entusiasmo, experiencia, su capacidad de traer más gente a este esfuerzo majestuoso de la sociedad. Además, tenerlos apartados en el desván porque son "seguros" no habla bien de la concepción democrática de quienes promueven estas políticas.
Será el nuevo país que se vislumbra el que colocará a cada cual en su sitio: unos serán populares y otros no; habrá nuevos partidos, se renovarán varios de los viejos, se hundirán otros viejos y nuevos, pero todo eso ocurrirá cuando haya libertad.
El otro tema es el del ámbito internacional. No se ha transmitido en forma creíble la posibilidad de victoria democrática y esta es una tarea indispensable, porque si un eventual triunfo opositor es acompañado desde el exterior, las maniobras tramposas internas tienen menos oportunidad.
Capriles y gente de su Comando han mostrado capacidad de escuchar aunque sea por vías indirectas. Sería muy valioso que en esta fase final de la campaña hubiese campo para sumar todas las voces sin que los que ya están repartiéndose ministerios encuentren que la amplitud que aquí se demanda sea obstáculo para sus necesidades burocráticas.
Ha de recordarse: para derrotar electoralmente a Chávez hay que derrotarlo, primero, políticamente. Esto está en marcha pero hay que lograrlo antes del 7-O.
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martes, 28 de febrero de 2012

THAYS PEÑALVER: VIENEN TIEMPOS DIFÍCILES

El país debería saber a que atenerse, porque no es un tema de llegar o no a las elecciones, o de ganarlas o no. La Constitución es muy tajante al respecto porque pase lo que pase, durante los próximos 5 años (contando este) en caso de falta del Presidente, hay que llamar a unas elecciones en 30 días. No hay tal cosa como continuidad, no hay tal cosa como Vicepresidente, ni Presidente de la Asamblea terminando el mandato. Pase lo que pase, hasta el 2017 si el Presidente faltara, hay que llamar a elecciones (Constitución Art 233)

Cuando Ronald Reagan sufrió el atentado, uno de los primeros en informarlo fue un famoso periodista llamado Reynolds de la cadena ABC: “El presidente no ha recibido un disparo” informó. Décadas de experiencia en este tipo de noticieros, hizo que buena parte de los Estados Unidos respirara de alivio por segundos, hasta que uno de los asistentes, le devolvió el papel señalando donde estaba escrita la noticia, el periodista se volcó sobre el importante papel, para impresionarse ante lo escrito: “El presidente ha recibido un disparo”. Sin poder creer que había cometido aquel error exclamó ¿El Presidente recibió un disparo? Y así procedió a informarle al pueblo estadounidense sobre la verdadera condición de Reagan. Eso fue en esencia lo que pasaba a muchos, pocos creían que eso estaba pasando.

Puertas adentro de la Casa Blanca la situación era una locura. Unos querían negarlo todo, otros informar claramente y el caos se hizo presente. Desde ¿Qué hacer con los soviéticos si se enteran? o ¿Dónde esta el maletín con las bombas atómicas? Hasta los líderes del Senado con sus preocupaciones “si el presidente pasa mucho tiempo en el hospital, sus reformas no serán aprobadas”. Otros preparaban la sucesión, mientras terceros se negaban tajantemente y uno que otro decía: “Aquí mando yo”. De allí vino el razonamiento informativo porque nadie estaba preparado: “El presidente no ha sido operado” informaron mientras sabían que Reagan estaba en la sala de operaciones. “El Presidente no ha dejado en paz a las enfermeras” cuando en realidad estaba inconsciente porque había perdido la mitad de la sangre. “El Presidente dijo que ojalá que todos sean republicanos” (sobre los médicos que lo atendían) en el momento en el que se debatía entre la vida y la muerte.

En plena guerra fría, con varias leyes paralizadas en el Congreso, proyectos a punto de perder sus soportes y un Partido Republicano con sus alianzas fragmentadas, la situación política de Estados Unidos se tornaba muy delicada como para decirle al planeta que el Presidente estaba mal herido, que había perdido la mitad de su sangre, que tenía una bala explosiva alojada cerca de su corazón y que, en medio de ese drama le requería a los doctores que atendían al resto de los heridos que usaran chaleco antibalas (New York Times 3/4/1981) ya que dichas balas podían explotar en cualquier momento. Así que se  hizo el montaje oportuno, con un muy debilitado Presidente, acallando los inmensos rumores que ya eran incontrolados y que hasta el día de hoy, pocos supieron en realidad lo que verdaderamente sucedió.

En nuestras latitudes, está ocurriendo lo mismo. Muchos no se creen lo que está pasando y no nos informan porque la sorpresa es máxima. Sacar a un Presidente recién operado a jugar baseball no fue una señal de fortaleza, sino de debilidad. Ponerlo a trotar en plena quimioterapia además de una falta total de sentido común, demostró la fragilidad del momento que vivimos. Pero enviaron ese mensaje porque hay demasiado en juego, por eso lo delicado no es que no lo sepamos, sino precisamente que no lo sabemos. No nos lo dicen o lo dicen edulcorado porque puertas adentro no les conviene y porque sería una hecatombe no para Venezuela, ni para la oposición, sino para los suyos, más aún en tiempo electoral.

No hay mayor idiotez que esa de pensar que lo hace para proyectarse como victima y ganar adeptos. Nadie juega con el cáncer, no se trata del polio de Roosevelt o de una bala como la de Reagan, o una enfermedad que desfigura el rostro donde la adversidad se supera, se trata de una enfermedad mortal, del primer enemigo de la humanidad, no hay hogar en Venezuela que no sepa de sus estragos. Ambos bandos, como usualmente sucede están en su etapa de negación, pero de cara a la elección, cada gripe, cada aló presidente suspendido, cada imagen de fragilidad, cada rumor va a actuar en su contra en materia de apoyo electoral.

La situación es extraordinariamente delicada. Luego de dos operaciones para extraer un tumor del tamaño de una pelota de baseball, descubierto tardíamente porque estalló en una infección  y un tratamiento de quimio como para tumbar a un elefante, que terminó con los primeros exámenes que verificaron “científicamente” que no había una sola célula maligna. Apenas en su primer chequeo post tratamiento (4 meses) nos informan que el tumor siguió creciendo indetenible y agresivamente (Chávez dixit), poco hay que añadir, especular o inventar al respecto.

El país debería saber a que atenerse, porque no es un tema de llegar o no a las elecciones, o de ganarlas o no. La Constitución es muy tajante al respecto porque pase lo que pase, durante los próximos 5 años (contando este) en caso de falta del Presidente, hay que llamar a unas elecciones en 30 días. No hay tal cosa como continuidad, no hay tal cosa como Vicepresidente, ni Presidente de la Asamblea terminando el mandato. Pase lo que pase, hasta el 2017 si el Presidente faltara, hay que llamar a elecciones (Constitución Art 233). Por eso las amenazas de alguno de los suyos con incendiarlo todo antes de irse, como Nerón a Roma, porque de la etapa de negación, se va a saltar a la de la ira. Pidámosle a Dios que mejore la salud del Presidente pero sobretodo que lo derrotemos por la vía de los votos. Porque de lo contrario, vienen tiempos muy difíciles y turbulentos para la República.

tpenalver@me.com

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