BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA

lunes, 12 de enero de 2015

RICARDO VALENZUELA, ¿QUIÉN ENTIENDE LA ECONOMÍA? PRIMERA PARTE

RICARDO VALENZUELA,
El gran economista, Murray Roothbard, dedicaba mucho tiempo y esfuerzo en su cruzada para, conscientes de la ignorancia general de la gente en aspectos económicos, lo cual genera aún más confusión de la ya reinante. El proponía iniciar programas de educación puesto que, desgraciadamente, según él, aun entendiendo el motivo de su ignorancia, el peligro estriba en que, la gente permaneciendo analfabeta en esos temas, se da a expresar vocifere antes opiniones causando aún más confusión.

Si a esto le sumamos los nuevos conceptos de la economía financiera que nos hablan de swaps, futuros, administración del riesgo, tomas hostiles de empresas y hasta de finanzas nucleares; La ignorancia crece. La mayoría no nos damos cuenta, pero vivimos inmersos en dos realidades distintas a la vez. Nuestro cuerpo vive en el mundo real intangible sometido a las leyes de la naturaleza, mientras nuestra mente permanece inmersa en las ficciones abstractas con la que ha sido programada, hasta el punto de crear una realidad paralela dominada por un conjunto de leyes y lógicas imaginarias.
Un ejemplo paradigmático de ello y que ya hemos mencionado varias veces por resultar un ejemplo visual y didáctico, es el del propio dinero. Un billete solo es un trozo de papel.
Si ese papel adquiere un determinado valor de intercambio y se le considerado “dinero”, es porque nosotros, por convención social, lo hemos decidido así. Al realizar esa maniobra de abstracción, creamos, de la nada, una realidad multiplicada que superponemos sobre la realidad física. En el mundo real y tangible, el billete solo es y siempre será, un trozo de papel con bonitos dibujos y gráficos. Sin embargo, en la realidad paralela de ficción que programa nuestras mentes, ese billete es considerado “dinero” y en muchos casos llegaremos a matar por conseguirlo.
Más allá del típico ejemplo del billete, lo cierto es que la economía en su totalidad se ha convertido en el ejemplo más evidente de cómo nuestras creaciones abstractas, vacías de valor real, se han apoderado de nuestra mente y han sometido por completo nuestras vidas.
En la economía actual, los grandes negocios no están basados en la producción o la fabricación de productos o servicios reales y tangibles, sino en la especulación dominada por el mundo financiero, el sector de la economía que precisamente no produce nada tangible ni útil como son los fondos especulativos estilo George Soros.
El entorno financiero es un mundo de fantasía donde se crean productos imaginarios derivados de otros productos imaginarios y gobernados por complejas leyes abstractas, que permiten ganar indecentes cantidades de “dinero”, mediante otro ente imaginario cuyo valor solo reside en nuestra mente.
Como vemos, la economía actual representa el máximo exponente del onanismo abstracto en el que vivimos sumergidos los seres humanos.
Imaginemos a un ganadero que tiene vacas productoras de leche. Esa leche tiene un valor real y un valor abstracto asociados. Su valor real reside en su riqueza nutritiva, en el alimento que representa y en los beneficios físicos que nos aporta. Su valor abstracto reside en el significado monetario que damos a cada litro de leche, algo que solo existe dentro de nuestro psique.
Pues bien, en el mundo actual, el mayor volumen de ganancias económicas relativo a esa leche se encuentra en los valores abstractos derivados del valor monetario de esa leche. Una vaca produce un litro de leche que es vendido a una empresa de productos lácteos, que a su vez forma parte de un conglomerado económico en el campo de la alimentación. Esa gran compañía cotiza en bolsa y el valor de sus acciones fluctúa diariamente; una vez en bolsa, las grandes entidades financieras realizan apuestas sobre el valor futuro de las acciones de esa empresa, comprando y vendiendo esas estimaciones de valor futuro, que a su vez están sometidas a las fluctuaciones de los tipos de interés sobre cuyo valor futuro se producen nuevas apuestas y estimaciones que son compradas y vendidas, etc., etc., etc.…
Así funciona básicamente el mundo de los derivados financieros.
Eso significa que un ganadero gana unos míseros céntimos de dólar por un litro de su alimenticia y nutritiva leche, pero los derivados de ese producto real y tangible, generan miles de millones de dólares basados en abstracciones sin valor que solo existen en la mente de los especuladores. Una realidad virtual que acaba afectando gravemente el funcionamiento del mundo real, pues puede terminar arruinando al ganadero con un simple clic de ratón o con un mero baile de dígitos en una pantalla de computadora.
Un mundo ficticio donde algunas personas ganan ingentes cantidades de dinero sin hacer nada útil ni productivo y a las que, sin embargo, la sociedad considera unas triunfadoras. Personas y entidades estériles que acumulan ganancias literalmente comprándose y vendiéndose dígitos en una pantalla, ceros y unos que solo existen en el frío vientre de una computadora.
Esto es la economía actual: una enorme orgía de valores abstractos y convenciones imaginarias que solo existen en nuestras mentes; el fruto lógico de la esclavitud a la que nos han sometido nuestras propias creaciones psíquicas.
Algo que no debería ser así y que por más vueltas que le demos, no tiene ningún sentido, por más bibliotecas que podamos llenar explicando cómo funciona todo este complejo sistema y por más que nos empeñemos en llamarlo “ciencia económica o ingeniería financiera”.
Porque al fin y al cabo, un ganadero produce leche, que es algo real y tangible. La leche y sus derivados alimentan a las personas, que son seres reales y tangibles. Incluso el estiércol de las vacas sirve para producir abono, que es algo útil, real y tangible. Y el abono sirve para producir  vegetales, cosas reales y tangibles, que sirven de alimento tanto a personas como a las propias vacas productoras de carne, leche y estiércol.
Y arribando a este punto debemos preguntarnos: ¿cómo puede ser que en nuestro mundo tenga menos valor el estiércol de una vaca que una “opción de compra de futuros”, cuando el estiércol tiene hondas implicaciones en nuestra supervivencia, mientras que la “opción de compra de futuros” es un simple invento abstracto que no nos aporta nada tangible?
Quizás ha llegado la hora de llamar a las cosas por su nombre: la caca de vaca tiene más valor y utilidad que todo el mundo financiero en su conjunto.
Ricardo Valenzuela
chero@gmx.com
chero@refugioliberal.net
@elchero

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PEDRO BENÍTEZ, CHAVISMO DE OPOSICIÓN: NI ALTERNATIVA NI SOLUCIÓN

PEDRO BENÍTEZ
Hay que combatir el jueguito demagógico según el cual aquí el único responsable del desastre es Maduro. Eso simplemente no es verdad. Dicho lo cual, hay que decir que viniendo de la oposición esa es una afirmación peligrosísima por dos razones básicas:

Primero, la gente no es estúpida. Hasta el más chavista de los chavistas sabe la verdad: estamos cosechando lo que Chávez sembró. La Venezuela de hoy es la consecuencia directa de su proyecto. Esto es el plan de la patria. Aquí la culpa no es de los Cuarenta años, ni del imperialismo, ni del fraking, ni de capitalismo rentista. Esto tampoco es comparable con el gobierno del presidente Lusinchi, que al menos no endeudó al país más de lo que recibió (al contrario, se redujo el monto de la deuda externa).

Venezuela es hoy un país peor que el de 1998, pese que a que el chavismo ha tenido la capacidad institucional para tomar todas las decisiones y que ha dispuesto de mucho más recursos económicos que todos los gobiernos que le precedieron. Eso es una verdad del tamaño de la catedral de San Pedro. Y la gente lo sabe. Por tanto, insistir desde la oposición en reivindicar a Chávez (así sea sin mencionarlo) pero cuestionar a Maduro es perder credibilidad ante la mayoría de los posibles votantes. Ningún político de oposición se va a congraciar con base chavista con ese discurso. Todo lo contrario.

Segundo: pese a todo, la política tiene alguna lógica. Si afirmamos que el culpable es el incapaz de Maduro que destruyó el legado de Chávez, obviamente estamos reivindicado al chavismo y cuidado entonces si surge María Gabriela, Adán o algún otro militar loco vendiéndose como el auténtico representante del legado del comandante (Marea socialista anda con ese discurso) ofreciendo que en vez de lanzarnos de un quinto piso lo hagamos del décimo. Eso es llevarle agua al molino del adversario.

Y si usted piensa que todo lo anterior no es posible entérese un poco de la historia del peronismo en la Argentina.

Pero en ese orden de ideas hay algo todavía más peligroso: el chavismo de oposición. Es decir, insistir en el reparto de la renta petrolera como base del bienestar por parte de un nuevo caudillo iluminado. Un chavismo decente y “bien administrado”. Una quimera, porque ya se debería saber que ese esquema con el petróleo a 100$ no alcanzaba. Un chavismo tapa amarilla no es ni una alternativa, ni es la solución. Para la copia, es mejor quedarse con el original.

En esta hora Venezuela necesita una alternativa muy clara al funesto legado del insepulto. Es el primer paso del cambio.

Pedro Benitez
pedropablofernando@gmail.com
@PedroBenitezF

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ERNESTO GARCÍA MAC GREGOR, JUAN BIMBA

ERNESTO GARCÍA MAC GREGOR
Nuestros aborígenes no dejaron pirámides que deslumbraran a los viajeros, y como no había metales preciosos pasamos a ser colonia de tercera. Con la paternidad irresponsable de los conquistadores, causa de nuestra marginalidad social y pobreza (no el imperialismo), se forjó un pueblo paupérrimo que convirtió la ignorancia en su cultura, la miseria en su aliada, la pobreza en su verdugo. Desde entonces, la penuria se convirtió en parte de la vida cotidiana sin que existiera el menor espíritu de superación. Más que vivir, parecían como pegados a la vida.

         Así lo describen nuestros costumbristas. En Cantaclaro por ejemplo, Gallegos relata como al morir la compañera de Juan, este exclamó: “¡Gua! ¿Cómo que se murió Ufemia? Con las tablas de la puerta fabricó el ataúd y allí mismo la enterró. Llamó al perro sarnoso y lo macheteó hasta descuartizarlo. Después arrasó el conuco, se echó el chinchorro al hombro y se fue”.
         La llegada del petróleo provocó el éxodo masivo de este aldeano con la consiguiente ruralización de las ciudades y la aparición de los cinturones de miseria. Luego comenzó un lento progreso. Se cambió el arado por el tractor y el curandero por el médico. Para 1959, el muñequito Juan Bimba, que usaba alpargatas, franela y sombrero de cogollo y que representaba el prototipo depauperado venezolano fue retirado por Betancourt, porque ya no simbolizaba al hombre de pueblo.
Pero la marginalidad solapada por el populismo de los gobiernos democráticos siguió igual. Las ciudades crecieron más que por el impulso de su propia vitalidad, por el aluvión humano que descarga sus frustraciones en barrios poblados de ranchos. El gran cambio positivo fue una sólida clase media que emergió propulsada por la migración europea y el esfuerzo creador.
Los 15 años de socialismo han echado todo para atrás. El reparto proselitista disfrazado de misiones y planes sociales hizo resurgir y fomentar la indolente ociosidad, la inercia ancestral y el conformismo. Mientras todo esto no se entienda, seguiremos llenos de Juan Bimbas que votarán por el chavismo. Que oiga quien tiene oídos...
Ernesto Garcia Macgregor
garciamacgregor@gmail.com
@garciamacgregor

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RAFAEL BELLO, DÍA A DÍA CRECE LA VOLUNTAD LIBRE

RAFAEL BELLO
La conseja de la pasividad se estrella frente a una realidad que consume a Venezuela en una crisis de consecuencias impredecibles. Calle arriba, calle abajo, el ciudadano siente la tortura de la incompetencia que muestra, hasta donde es posible la capacidad destructiva de la ignorancia alzada. Y no es un cuento que se comente entre chanzas, dimes y diretes. Es el cuadro patético de una situación que ahonda en todas latitudes de la vida venezolana.

  No puede consumirse el tiempo entre las miradas puramente contemplativas.  Es preciso estar atentos de hechos reiterativos que están en la dirección del empobrecimiento generalizado. Todo cuanto forma parte de la condición alevosa de la ignorancia alzada que se hace llamar gobierno. El panorama venezolano lo pintan feo –expresa en acierto la conseja popular- más cuando la bodega deja viva la estampa de empobrecimiento que oprime la vida de millones de venezolanos. Millones de venezolanos en pos de hacer sentir en las calles el descontento por las graves dificultades que se vive ante el cuadro desolador del ingreso en trance agónico. 
  De allí que las cifras del multimillonario presupuesto nacional representen la patética muestra de una nación que se consume en los terribles desajustes de sus finanzas, así como la penosa situación de su industria vital. Porque la empresa petrolera nacional está en el centro de esa sangría representada por la ambición de la riqueza impronta. Tres lustros de lo inconfesable que será materia por muchos años de los organismos que atenderán los reclamos del derecho de los venezolanos sobre lo que le es propio. Ya en los Estados Unidos se han tomado providencias sobre el particular.
  Todo lleva a la toma de decisiones sobre la significación profunda de la lucha democrática. Esta lucha democrática frontalmente opuesta al partidismo electorero por cuanto estamos en crítico momento donde tiene preeminencia la salvación de Venezuela. Tenemos un país que se debate entre la miseria y la violencia. Esta situación tiene que llamarnos a mirar más allá de lo que está en la onda de las exquisiteces del régimen en su conveniencia  –por lo demás-  con el aderezo de la llamada oposición electorera.
El país está en una profunda crisis que rebasa la visión estrecha de operadores partidistas ajenos a la severidad de hechos, más allá de lo estrictamente enmarcado en protestas estudiantes que, en la era democrática, se atenuaban con acuerdos en los que la tolerancia democrática dejaba perfectamente su capacidad de entendimiento en asunto meramente puntuales. En la actualidad la situación es totalmente diferente y ello está determinado por el comportamiento de un régimen totalmente ajeno a los fundamentos del sistema democrático.
  Desde hace años está planteada la lucha de los sectores democráticos en la defensa de lo que le es atinente a la sociedad venezolana. Esa lucha ha ido despertando voluntades que acariciaban la idea de la fortaleza de las instituciones que el mismo régimen democrático había creado para su estabilización y permanencia. Ello dejó de ser en el tiempo por lo que ya no es ninguna novedad un régimen ajeno a la libertad. 
  No obstante: es legítimo pensar y actuar en el sentido del vigor de la significación de los valores democráticos en la sociedad venezolana. Ello está sembrado en el pueblo y, sobre todo, en la juventud que estudia y trabaja. Nada podrá impedir la vigencia plena de la democracia en la fortaleza de un pueblo que, día a día, en la lucha, la hace suya con el vigor de razón de ser y su historia.
Rafael Bello
bello.rafael@yahoo.es
@unidadylagente

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RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, INSISTIENDO EN LA REBELIÓN DE LAS REGIONES

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO
En los últimos días del año pasado, casi llegando al primero del año en curso, Luis Vicente León, entre otros, se preguntaba qué podía o qué debía hacer la oposición ante la sistemática y organizada violación de los derechos humanos y constitucionales, perpetrados recientemente y una vez más, por el gobierno “bolivariano”, con el propósito de profundizar su control sobre el poder “fáctico” y garantizarse la continuidad de la “revolución”, con sus acólitos “atornillados” en los altos mandos de tal gobierno, evidentemente ilegítimo.

Coincidencialmente, en la misma fecha, otro importante analista político, Fernando Ochoa Antich, hablaba de la ininterrumpida sucesión de constituciones del siglo pasado, promulgadas por el régimen nefasto del General Juan Vicente Gómez, destinadas, fundamentalmente, a consagrar el “estado centralista” y echar por tierra las aspiraciones autonómicas que alentó la “guerra larga”, la Guerra Federal, a mitad del Siglo XIX.

Ambos finos articulistas concluyen, respondiendo sus propias interrogantes, que hay que insistir en una unidad opositora, para, por una u otra vía, volver a los días espléndidos de la Primera República democrática, reinaugurados el 23 de Enero de 1958, como necesaria prolongación histórica de la Revolución de Octubre de 1945.

Todos, aún animados de los mejores y más honestos propósitos, se olvidan de la Venezuela real, de la otra Venezuela, donde vive no la mayoría, sino nada menos que el 85% de los venezolanos, lejos de Caracas, la cuna del Libertador, pero eje fundamental del centralismo y cuartel principal donde el petróleo ejerce lo más impúdico de su codicia improductiva.

Porque, insistimos, esa Venezuela que vibra en Guayana, que asiste a las ferias productivas en Los Andes, que amanece trabajando en el Llano, que vigila las reservas mineras en oriente y en occidente, que hace y soporta la economía del país, luce olvidada por los líderes que se disputan, en la capital, los senderos y las herramientas para alcanzar el poder. Una Venezuela acorralada, silenciada, sometida y usurpada.

Lógicamente, esa Venezuela por cuyo poder se alistan los abanderados del gobierno y de la oposición, es la que presta las multitudes que acuden a las marchas y la que sirve de asiento para el hacer de los grandes medios de comunicación, como para que la llamen el centro de la opinión pública. Y esa Venezuela, para el país, aporta muy poco, por no decir nada, a su economía. No produce. Consume energía. Consume agua. Consume de todo, sin producir nada. Administra lo que la otra Venezuela produce y como si fuera un gran propietario del país, sirve a los demás, como en migajas, a través de una figura llamada situado constitucional, lo que supone le corresponde a los pobres estados del llamado “interior del país”, donde se afanan por sobrevivir los venezolanos que realmente producen para Venezuela. ¿Es o no es una gran contradicción política, sobre la cual casi nadie hace referencia en sus análisis?

No es el momento para pensar qué hubiera ocurrido si a finales del Siglo XIX, se hubiese entendido, cabalmente, para qué se dio y se ganó la Guerra Federal. Tampoco es la hora para averiguar lo que ya se olvidó de los Estados Unidos de Venezuela. Lo que queremos hacerle ver a los políticos en ejercicio, es que la gran Venezuela está mucho más allá de Paracotos y de Antímano y que es a ella, en el mejor de los casos, a quien le corresponde presionar para alcanzar el futuro que el país se merece.

¿Cómo burlar a los gendarmes de las instituciones públicas, secuestradas en Caracas? ¿Cómo poner a funcionar, en ejercicio, los derechos de los venezolanos productivos, del interior? ¿Cómo abrirnos al debate público, tratar las cuestiones fundamentales, atinentes al bienestar de más de 25 millones de venezolanos, puestos de una vez a gritar, voz en cuello, sus aspiraciones y sus deseos de luchar por Venezuela? ¿Cómo?

Trasladando la opinión pública a los 23 estados de la geografía territorial; ubicándola en los centros de producción; poniendo a figurar en un primer nivel de conducta nacional, a los venezolanos que producen la energía, el agua y todo lo demás que se consume en Caracas. Dándoles los derechos que les han usurpado a quienes no sólo pueden presionar para cambiar un gobierno y transformarlo en otro, verdaderamente representativo, federal, institucionalmente organizado de modo democrático, sino quienes son los únicos que pueden cambiar el rostro de la economía del país, explotando sus ingentes posibilidades agropecuarias, piscícolas y mineras, para colocar a Venezuela en los mercados mundiales, sin depender de los vaivenes acomodaticios del petróleo, como mono-producto de una economía en crisis. Rebelando a las regiones y permitiendo la revisión histórica que consolide, en verdad, el triunfo de la Federación. Rompiendo el mito de “la Capital” que lo puede todo. Acabando con el centralismo. Dándole autonomía productiva a los Estados y comenzando a pensar en otro lenguaje de ideas, muy distinto al que anidó en la brillantez del genio de muchos de los grandes pensadores extranjeros de siglos anteriores al presente. Pensando en Venezuela con pasión venezolana. Reivindicando al Orinoco. Poniendo los ojos en el Delta y en Amazonas. Allí está el futuro. Sacando a la gente a las calles en San Cristóbal, en Cumaná, en Calabozo, en San Félix, en San Fernando de Apure, en Cabimas y en Maracaibo. Pidiéndole a Caracas que entienda que su rol, en los nuevos tiempos, como Capital en un nuevo Estado Federal, es de mucha mayor trascendencia e importancia que el que hoy desempeña equivocadamente. Que sea sede de un Parlamento Federal, desde donde se lleven las riendas del poder con participación preferente de las regiones verdaderamente productivas. Que comprenda y que comprendamos todos, que las regiones son Venezuela y que las regiones han decidido rebelarse para salvar a Venezuela.

No planteamos una rebelión armada ni un “guarimbeo” nacional. Lo que proponemos es una reacción inteligente, que haga estremecer a toda Venezuela y que demuestre que llegó la hora, al fin, para cambiar la historia. Que hay que volver a ganar la Guerra Federal para imponer un régimen autonómico, esencialmente productivo y auto-gestionado. Una Guerra Federal distinta, en la era de la informática, la digitalización, la sociedad del saber y del conocimiento. Una Guerra Federal del Siglo XXI. Todo, creando los climas de opinión necesarios, en el “interior”, para desconocer moralmente la ilegítima autoridad de Caracas y convocar los referéndum que hagan falta para abrirnos a un nuevo capítulo que no repetirá ninguno de nuestros fracasos anteriores. Venezuela será otra y sobre su engrandecimiento no sólo hablaremos nosotros; lo proclamará el mundo entero y lo celebrará toda la humanidad. ¡Feliz Año, compatriotas!

Rafael Grooscors
grooscors81@gmail.com
@grooscorscaball

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JESÚS ANTONIO PETIT DA COSTA, RESISTENCIA, PORQUE OPOSICIÓN ES COLABORACIONISMO

JESÚS ANTONIO PETIT DA COSTA
A una tiranía, máxime si la ejerce un gobierno títere de otro país, se le hace resistencia, porque en este caso oposición es colaboracionismo que le sirve para simular democracia
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En una democracia existen gobierno y oposición, que se alternan en el poder. Sin alternancia no hay democracia, sino tiranía. En una democracia la oposición accede al poder por la vía electoral, lo cual es posible porque las elecciones son justas: sin ventajismo y sin fraude. Sin elecciones justas no hay democracia. En una tiranía las elecciones son una farsa, por el ventajismo y el fraude. Por ello a la tiranía no se la derrota electoralmente cuando está en juego el poder, como lo demuestra la historia de Venezuela, sino se le pone fin por otro medio: la guerra civil en el siglo XIX y la rebelión cívico-militar en los siglos XX y XXI (23 de enero de 1958 y 11 de abril de 2002). No existe una oposición en la tiranía, ya que oposición implica alternancia. Los que se oponen a la tiranía se organizan en resistencia. Efectivamente “resistencia clandestina” se llamó la que se organizó contra la anterior tiranía, la que creíamos que sería la última. Esa “resistencia clandestina” (porque toda resistencia a una tiranía adopta la forma de organización clandestina) fue la que preparó la rebelión cívico-militar.
Tres circunstancias nos diferencian de entonces. La primera, aquella tiranía era ejercida por un gobierno nacionalista. La de ahora es ejercida por un gobierno títere de otro país. La segunda, aquella tiranía era anticomunista, pero sólo de actitud pero sin adoctrinamiento ni fanatismo. La de ahora es comunista, con adoctrinamiento y fanatismo. La última, no hubo partido que se prestara a elecciones fraudulentas. No hubo partido colaboracionista.
Estas tres circunstancias asemejan nuestra situación a la Francia ocupada por Alemania. Somos un país ocupado por Cuba, la cual ejerce el gobierno decidiendo la política interior y exterior. Pero la ocupación cubana no se hace con tropas bajo un jefe militar cubano. Se hace poniendo un gobierno títere. Recordemos que la ocupación alemana se acompañó del adoctrinamiento para crear el fanatismo nacional-socialista (nazi). Del mismo modo, la ocupación cubana está acompañada del adoctrinamiento comunista a todos los niveles. Aún más traslada a Venezuela su sistema político, económico y social, del cual es mera copia, lo que nos ha llevado al colapso general. Todo se ha hecho sin obstáculos pero disfrazado de democracia, para consumo externo, contando con la eficaz colaboración de los “colaboracionistas”, que al igual de sus pares franceses inducen a la cobardía y condenan la rebeldía, alegando que nada se puede hacer excepto ocupar los espacios que cede la tiranía. Esta fue la justificación del gobierno de Vichy y de la traición a la patria del Mariscal Petain.
Tal como en la Francia ocupada por Alemania, existen aquí tres fuerzas políticas. Cuba representada por los títeres que le sirven. Alrededor suyo, los “colaboracionistas” que le hacen el juego sirviéndoles de comparsa. Estas son las dos fuerzas políticas de la ocupación cubana. La tercera fuerza es la resistencia, a la cual podemos definir como el conjunto de movimientos sociales y políticos que tienen por objetivo la liberación de Venezuela, en su triple sentido: liberarnos de Cuba, del comunismo y de la tiranía.
La resistencia francesa nos enseña que, tratándose de un país ocupado, es absolutamente necesaria la alianza cívico-militar. Ante todo, un líder militar que haga el “llamamiento”. Fue el papel de De Gaulle, que siendo militar se diferenció de los traidores. Y al mismo tiempo la resistencia propiamente dicha, organizada y dirigida por civiles. Cuentan los historiadores: “los resistentes fueron hombres y mujeres de todas las edades, aunque a menudo jóvenes, incluso muy jóvenes (adolescentes). En su gran mayoría  tenían un oficio y una vida de familia. Había universitarios, maestros, periodistas, ingenieros, curas, obreros, tenderos, artesanos. Sólo una minoría vivía a tiempo completo en una total clandestinidad.” Eran la vanguardia, una minoría que actúa como dinamo del sentimiento popular. La resistencia francesa no tuvo en sus filas siquiera al 2% de la población y le bastó para derrotar a los alemanes. La venezolana en la anterior tiranía, mucho menos y bastó para derrocar al tirano.
Pero aclaremos. Mientras la resistencia francesa contra la ocupación alemana fue armada, la resistencia venezolana contra la ocupación cubana no puede serlo. Debe seguir el modelo de la que se hizo contra la anterior tiranía: usar todos los medios de lucha pacíficos, sobre todo la calle, aprovechando todas las oportunidades que se presenten hasta alcanzar el objetivo. Es mi consejo.

Jesus A. Petitt Da Costa
petitdacosta@gmail.com
@petitdacosta

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ENRIQUE VILORIA VERA, CARACAS LA HORRIBLE ES ROJA, ROJITA


A Salazar Biondy, in memoriam

Jorge mató a Wilmer
Pedro mató a Jorge
Leandro mató a Pedro
entre cinco acribillaron a Leandro
y también murió
con un huequito en el pecho
y el plomo rebotando
entre las costillas y los pulmones
la niña Belkis
quien jugaba íngrima
saltando compartimientos
de ilusión y de tiza
y ahora ni siquiera
el presidente de la república sabe
quien va a ver
la telenovela conmigo
todas estas largas noches
que le quedan al municipio.
José Pulido

ENRIQUE VILORIA VERA
La capital de la Bolivariana Patria es roja por los cuatro costados y a toda hora. Día tras día se colorea más y más y más de rojo, no el de las franelas y boinas que es la vestidura impuesta por la intolerancia, sino del color propio de la sangre que brota indetenible de cuerpos y más cuerpos que una morgue precaria escasamente puede recibir y autopsiar.

En Caracas la horrible, la sangre no se analiza ya por factores sanguíneos, el ORH positivo o negativo es asunto clínico del pasado cuartorepublicano, ahora, en la revolución bolivariana, se distingue la sangre por edades, sexo, oficio o profesión.

Inveteradamente, cada mañana la urbe amanece salpicada de sangre ajena e inocente, calles, escaleras, centros comerciales y avenidas, reciben a mansalva litros de sangre proveniente de los jóvenes masacrados por ajustes de cuentas, de los chóferes de taxis o autobusete que fueron asesinados en plena ruta y a la vista de todos los pasajeros, de los niños y adolescentes que se resistieron al atraco o se interpusieron en el camino de una perdida bala, de los resistidos a los secuestros express, de la de los escuálidos que quedan a merced de la justiciera respuesta de los armados círculos y escuadrones encargados de defender la Revolución. De seguir la matazón indiscriminada y generalizada – culpa exclusiva de la sociedad y no de un gobierno que acumula más de cien mil víctimas – Caracas, la horrible, será por siempre la querida y anhelada por nuestros gobernantes: roja de noche, rojita de día, roja, rojita a toda hora y en todo lugar

Roja rojita la calle, rojo rojito el dolor, roja rojita la rabia, rojo rojito un futuro que nadie quiere porque al no poder hacerse más la vista gorda, los caraqueños se han convertido en recientes daltónicos que ya no aprecian el rojo – rojito, y andan en busca de otros colores que pacifiquen la monstruosidad en esta horrible ciudad.

Enrique Viloria Vera
viloria.enrique@gmail.com
@EViloriaV

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JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, REFLEXIONES PARA AGENDAR LA ECONOMÍA Y ¡¡EL PAÍS!!

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ
El actual acontecer nacional puede recibir variados calificativos que van desde crisis hasta catástrofe pasando por colapso institucional, donde la situación económica es la vitrina de mayor relevancia y significación; razón por la cual en la frondosidad de los análisis (mayormente cuantitativos) se soslaya la principal causa: una marcada desorganización social que involucra a la sociedad misma transitando por los ciudadanos, la burocracia gubernamental, los partidos políticos, los empresarios y otras muchas instituciones. Ante tal planteamiento surge una reflexión inicial: la problemática que experimentamos va mucho más allá de lo económico, ya que en tal caso bastaría con sólo aplicar “medidas económicas” que en este inicio del 2015 apenas corregirán ciertos desequilibrios macroeconómicos. 

En apego a la economía como ciencia, puede afirmarse que no existe ninguna situación económica originaria, siendo que al formular deducciones se hace referencia a un marco comparativo entre lo que se está haciendo (y logrando) y lo que se pretende alcanzar; que para el caso venezolano está fundamentado en la economía comunal donde el Gobierno Nacional orienta la economía y el uso de los medios escasos hacia ciertos fines específicos tal como un socialismo sui generis, en un contexto que en mucho se aleja de un concepto elemental: la gestión económica de las comunidades es sólo posible mediante una socialización racional, apuntalada por la presencia de bienes y servicios que estimulen la actividad social a la luz de la venta en el mercado (mecanismo impersonal que este gobierno rechaza) de los productos que se generan en un proceso marcado por la racionalidad formal, la cual refleja el cálculo de lo que es técnicamente posible en contrario a la racionalidad material que es una forma de abastecimiento sustentada en postulados de valor signados por una economía planificada conducida con rigor administrativo dentro de régimen de regulaciones, prohibiciones y sanciones donde desaparecen los precios relativos alterando medularmente el proceso económico e impulsando desencantos sociales en cada ocasión que la producción (cantidad y tipo) se aleje de las utilidades deseadas por el consumidor en abierto desequilibrio para procurarse la satisfacción de sus necesidades (al menos las básicas).

Es evidente que la acción reguladora gubernamental afecta negativamente la gestión económica, más aún cuando se pretende excluir al sector privado mediante acciones enfocadas a obstaculizar las ganancias sofocando sus posibilidades de reinversión, alterando la estructura económica como un todo hasta propiciar un tipo de totalitarismo económico favorecido por los ingresos petroleros (para bien o para mal). De tal forma, se va creando una percepción de vulnerabilidad ante la presencia de esa administración burocrática de funcionamiento impreciso cuya tarea vital es contribuir a mantener el poder para continuar mandando sin gobernar, escenario que perfila, entre otros hechos, una desconfianza en el bolívar (como herramienta para preservar el patrimonio), impulsando un tipo de economía que le otorga prevalencia a la propiedad “mueble”  estimulando un modo de economía monetaria y financiera, restando importancia al dinero como medio formal de cálculo  y por ende como medio para orientar la acción económica, al extremo de magnificar el mercado de divisas, la “fuga” de capitales y la subvención de lealtades.
La producción de riqueza está condicionada por el tamaño del capital social, entendido como la forma de organizarse  la sociedad para alcanzar propósitos comunes a la luz de modelos económicos y políticos; en tal sentido puede afirmarse que Venezuela es claro ejemplo de un país con bajo capital social que se traduce en un conglomerado de instituciones imperfectas, ineficientes y aisladas que impide la configuración de una visión de país lo cual es sustituida por valores mesiánicos aproximándose a una “alternativa” para compensar sus implícitas debilidades, entre ellas la pasividad y permisibilidad que resta importancia a la falta de racionalidad económica, a la inflación, al déficit fiscal y a las fallas  gubernamentales.
Un alto porcentaje de la población (no menos del 80%) aspira un cambio  político-económico en el país, sin embargo no se asimila que tal cambio es primariamente responsabilidad de todos como condición para influir sobre el desenvolvimiento  de la acción del gobierno, de los partidos políticos,  de los gobernadores y alcaldes, de los empresarios, etc; es decir de la sociedad en forma conjunta. A manera de reflexión final, consideramos que a partir del conflictivo 2015 debemos asumir una actitud que revierta nuestra externalidad (los hechos suceden gracias o por culpa de los demás) cómplice del facilismo, que igualmente nos aleje del deseo de fuga y que promueva la transformación del capital social dejando de lado la resignación y la excesiva tolerancia al continuo fracaso, para dar paso a una esperanza dinámica seguros de poder conducir nuestro propio destino aupada por un permanente debate ciudadano  que invite al logro individual y colectivo en pro de una sociedad incluyente (pactos ciudadanos que facilitan la obtención de objetivos); teniendo presente a Isaiah Berlin cuando expresa que “una minoría dura frecuentemente triunfa sobre una mayoría blanda”
Jesús Alexis González
Jagp611@gmail.com         
@jesusalexis2020

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EDUARDO SANTOS, CARICATURAS, FORMA ESPECIAL DE OPINAR, RECOPILACION, MAS RECIENTES, VENEZUELA











Eduardo Santos
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OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, EL PROBLEMA DE SER RADICAL

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ
Alberto barrera Tysca, en su acostumbrada columna dominica en el diario El Nacional, afirma entre otras muy interesantes cosas, que en Venezuela “es muy difícil no ser un radical”. Tiene toda la razón del mundo cuando establece la diferencia entre radicalismo y extremismo, confusión bastante difundida en nuestro medio político.

El país necesita de una dosis superior de radicalismo para superar definitivamente la crisis actual. Ser radical es ir a la raíz de los problemas sin agotarnos en las consecuencias que, por supuesto deben ser atendidas. Pero si nos olvidamos de atacar las causas, las consecuencias serán repetitivas como seguimos experimentando. Es tiempo de despertar, tomar conciencia y agarrar al toro por lo cuernos. Basta de medias tintas, de demagogia abierta o encubierta, de silencios cobardones y de complicidades que, más tarde o más temprano, dejan en evidencia a los protagonistas de las mismas.

Venezuela necesita con urgencia un cambio de régimen. Como paso previo debe haber un cambio de gobierno y, por supuesto, a la cabeza de ese cambio debe estar quien se desempeña como presidente, más allá de su falta de legitimidad y de legalidad, tanto con relación a su designación como al ejercicio del cargo. No se trata sólo de la sustitución de una persona por otra. Ni siquiera de la instalación del equivalente a una junta de gobierno como en el pasado. No basta. El país no está dividido en dos sectores cuantitativamente parejos y cualitativamente mucho menos. El problema es por la existencia de una cúpula cívico-militar que controla las instituciones del Estado frente a la nación, la gente de carne y hueso que sufre todos los males imaginables, sobre diagnosticados por propios y extraños. Dentro de este pueblo tenemos ideas y proyectos. También quienes tendrían las responsabilidades mayores. El cambio no será un salto en el vacío. Será la acertada respuesta a la vergüenza actual.

Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, EL AÑO DE LOS RADICALES

ALBERTO BARRERA TYSZKA
Cualquiera que vea a Nicolás Maduro diciendo en China que Venezuela es “una potencia moral”, siente de inmediato el estallido de la indignación. Cualquiera que lo escuche hablar de un nuevo préstamo por 20.000 millones de dólares, siente al instante cómo explota la palabra coraje debajo de su lengua. Cualquiera que observe cómo Diosdado Cabello abusa del poder y se burla de los otros; cualquiera que mire cómo la oligarquía viola constantemente la Constitución y, de manera descarada, se enriquece hablando de los pobres, siente enseguida un latigazo de rabia cruzando dentro de la piel. Es una rabia ética, profundamente revolucionaria.

Es muy difícil vivir en Venezuela y no ser un radical. ¿Cómo subsistir entre la inflación y la escasez, bajo un gobierno que cree que la inflación y la escasez solo son una ficción, una treta enemiga o una exageración oportunista? ¿Qué hacer frente los atropellos constantes del poder? ¿Cómo reaccionar ante la censura y ante la autocensura, ante el proyecto de una casta político-militar que se propone invisibilizar cualquier disidencia? ¿Cómo vivir tranquilamente sabiendo que hay presos políticos y que toda protesta ciudadana puede ser acusada de rebelión? ¿De qué manera digerir esa arbitrariedad llamada Tibisay Lucena? ¿Cómo hacer una cola y no recordar la lista de empresas fantasmas que –hace un año– Jorge Arreaza prometió mostrarnos? ¿Qué hacer con un Estado que permite que haya más balas que medicinas? ¿Cómo comportarse ante unas instituciones que sostienen que la justicia no es igual para todos y que la exclusión política es una forma de hacer patria? ¿Cómo sobrevivir a un gobierno que ha decidido ignorar la realidad? ¿Cómo vivir en este país sin masticar permanentemente la palabra arrechera?

Es muy difícil no ser un radical y es todo un desafío definir bien ese adjetivo. Hay demasiadas posturas fáciles y frívolas que solo sirven para producir confusiones. Los extremistas express, aquellos que todavía se resisten a entender que el país cambió y que ellos también deben cambiar, siempre están dispuestos a ofrecer recetas instantáneas. En el fondo, comparten con el oficialismo una misma ecuación del problema: “Ellos son los malos, nosotros somos los buenos”. Y ambos, a partir de esa premisa, pretenden patear el presente y organizar el futuro. Todo lo demás, siempre será un estorbo.

Pero al poder le convienen mucho estos extremismos. Una de las tragedias principales de Nicolás Maduro es que no tiene capacidad personal para repolarizar al país. El liderazgo que le regalaron se ha ido desinflando y lo ha dejado como una suerte de gerente menor, que solo puede producir más burocracia mientras repite de mala manera las fórmulas del manual de ventas de la compañía. Revolución S.A.

Los herederos de Chávez necesitan urgentemente volver a poner de moda la polarización. Por eso fueron a China. La realidad del país los tiene sin cuidado. Les preocupa más su futuro. Fueron a buscar financiamiento para la campaña electoral. A buscar dinero para relanzar publicitariamente la polarización. Porque a medida que la pugna cede, que la división política se vuelve blanda, comienza a aparecer otra realidad, menos favorable, una división más cruda e inquietante: no hay dos bandos sino una cúpula y una masa. La verdadera mayoría en Venezuela somos los civiles.

La historia demuestra que las realidades complejas no tienen salidas simples. El extremismo express ha querido apropiarse del término radical varias veces. Y varias veces ha fracasado en esta década y media. Pero el extremismo siempre es tentador. Se aprovecha del genuino malestar social para pregonar que la intolerancia es una virtud y que la impaciencia es una estrategia. Hacer política en serio es más radical que improvisar una guarimba o que llamar a la abstención. En tiempos de impotencia, abundan los espejismos. En el año de los radicales, lo primero que nos toca es aprender a administrar la indignación.

Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com
@Barreratyszka

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ANTONIO JOSÉ MONAGAS, PRECEPTOS QUE MARCAN, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL,

ANTONIO JOSÉ MONAGAS
Las realidades actuales evidencian el juego perverso que resulta de la política cuando intereses oscuros se prestan para desactivar formalidades e instaurar decisiones gubernamentales cargadas del más grosero populismo.

Impresionar a otros con base en supuestos falsos o ilusas pretensiones, es como moverse al borde de un abismo. Por eso, los españoles recurrieron a un conveniente aforismo para aludir a situaciones en las que por mucho que alguien trate de aparentar algo que no es, realmente no llegaría a serlo. Es un problema emocional que bien ha sido estudiado por las teorías de la comunicación, de la gestualidad y del comportamiento humano. Sin embargo, para la ciencia política este problema pudiera tener otra lectura. Una lectura que, en principio, animaría algunas contradicciones dado el terreno fangoso en el cual se mueve buena parte de su praxis. Sobre todo, cuando ésta se encuentra contaminada de malevolencia, hipocresía y virulencia.

La sociología política demuestra que el hombre es ese algo de lo que pretende ser. Sólo que para salvar las distancias que la moralidad y la ética social establecen, busca valerse de oportunidades para argumentar la falta de entereza que extrañamente puede tener en medio de crudos tropiezos. Es cuando en el fragor de una política utilitaria, o en el desenfreno de la micropolítica, la política aprueba y apoya aquel precepto que reza: “el fin justifica los medios”. De ahí que para Benjamín Disraeli, político y escritor inglés, “el ejercicio de la política puede definirse con una sola palabra: disimulo”. Sin duda, tal afirmación evidencia el juego perverso que resulta de la política cuando intereses oscuros se prestan para desactivar formalidades e instaurar corrompidos mecanismos de institucionalización de decisiones gubernamentales cargadas del más grosero populismo.

Lo que hasta acá se ha explicado, tiene que ver con la dualidad que se recoge del problema que se da cuando el hombre confundido o agobiado, deja manipularse por la incertidumbre o por la dubitación. Y aunque ello pueda ser propio de la naturaleza humana, toda vez que el asedio de las actuales realidades tiene la fuerza necesaria para provocar alguna variación en la toma de decisiones que guían lo cotidiano, pudiera pensarse que en medio de dicha situación se tiene otro problema. Éste, vinculado con la ambigüedad que incita el dilema que se vive de cara a la elección necesaria. E incluso, con el desconocimiento que puede padecerse ante las razones que inducen tal equívoco.

Es cuando lo de que “el hábito no hace al monje”, adquiere interpretaciones que pueden contradecirse o no. Todo ello, a partir de razones fundamentadas en el intelecto y la moral de cada quien. Aunque no siempre pareciera fácil asumir y mantener la postura moral que exige esta realidad. Y justamente, ahí está la dificultad de todo este problema. De manera que asegurar realmente que “el hábito no hace al monje”, no necesariamente es un asunto de actitud. Es particularmente, un problema de moralidad y ética. Sólo que si se atiende aquello de que la política según Louis Dumur, escritor suizo, es “el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos” entonces se tendrá expresa razón para asentir que “el hábito no hace al monje”. Y este es sólo uno de esos preceptos que marcan.

VENTANA DE PAPEL

LA POLÍTICA EN ENTREDICHO

De política se ha escrito mucho. No sólo sobre la política como ciencia, arte o pensamiento. También en cuanto a su ejercicio lo cual ha motivado curiosas conclusiones que no por extravagantes, dejan de ser ciertas. Sobre todo, cuando resultan de la interpretación que ha ganado en el terreno de la calle, en el espacio del pueblo, o en el ámbito de comunidades que han padecido los maltratos de injustas decisiones tomadas por causas políticas. Tan contundente ha sido esto, que el escritor y poeta italiano, Arturo Graf, llegó a decir que “la política es demasiado a menudo el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de creer otros imaginarios e injustos”. Fue quizás la razón para que Woody Allen, actor y escritor estadounidense, expresara  que “la vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema”.

De modo que con apreciaciones de esta naturaleza, la noción de política pudiera salir afectado de la situación a la que ha llegado. Sin embargo, sumado a la resonancia de consideraciones de este tenor, cabe agregar la precariedad que acusa el hombre de “a pié” sobre cultura política y que sin duda tiene un directo impacto sobre la manera de cómo ha venido acentuándose la corrupción como problema de gobierno. Con razón, Louis McHenry  Howe, político estadounidense, alcanzó a decir que “nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado”. O como lo manifestara Carlos Marx, filósofo y economista alemán. Asintió que “el poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra”.

De ahí que para muchos, resulta bastante difícil hacer compatible la política y la moral pues en esencia, sus concepciones lucen antagónicas a la hora de valorar sus objetivos inmediatos. En fin, las tentaciones a las que incitan las nuevas realidades toda vez que las apetencias y frivolidades traicionan y desvían sus primigenias intenciones, enmarañan las inferencias que de adagios o sentencias populares pueden hacerse. Por tanto,  entre tantas dificultades no hay duda de que se vea a la política en entredicho.

POR TODO LO ALTO

Ni siquiera, la mayor atracción turística de Mérida, su Teleférico, cuando funcionaba, llegó a animar la movilidad de la ciudad, ni tampoco a generar el ingreso que recibe Mérida a través de sus servicios, como el que logra la llegada de casi cinco mil motorizados cada inicio de año. Esta vez, la Organización Biker Mérida preparó nuevamente el Encuentro de Motos de Alta Cilindrada para así volver a situar a Mérida en la cúspide de la pirámide turística trazada a partir del impacto que distintos eventos nacionales y regionales determinan en aras del consabido desarrollo turístico. Biker Mérida Alta Cilindrada, volvió a la palestra al planificar, administrar, coordinar y controlar la realización de tan gigantesca concurrencia que provoca el desplazamiento de moteros de todas partes de Venezuela hacia Mérida.

La empresa organizadora, dirigida por el ingeniero José Luís Almeida, en compañía de empresarios igualmente emprendedores, preparó múltiples actividades en equipo con entes públicos y privados regionales y nacionales. Por consiguiente, se dirigieron esfuerzos para brindarle el máximo beneficio a la economía merideña deviniendo al mismo tiempo en plataforma de ayuda a instituciones cuyas actividades responden a propósitos de índole social y cultural. No obstante las quejas de merideños sensibles a  los estruendos propios de motores altamente revolucionados, obligaron a la Organización a tomar medidas restrictivas y hasta disciplinarias para evitar el tránsito de motos por ciertos sectores de la ciudad.

Aunque hubo algunos moteros cuyo comportamiento desdijo de las normas de urbanidad pautadas por la empresa Biker Mérida como requisito de participación. Sin embargo, visto el momento en líneas generales, la realización del referido Encuentro Biker Mérida 2015, superó en calidad y seguridad a anteriores. El monitoreo de su logística, tanto como su evaluación, llevó a que se incrementara la cooperación de empresas locales y nacionales. Esto garantizó un final del evento con cero accidentes, ningún tipo de incidente que lamentar, ni tampoco desencuentros con autoridades de resguardo del Orden Público o vecinos adyacentes al Complejo Metropolitano, sitio éste donde se efectuó el Encuentro.

Los soleados días del enero merideño, permitieron la placentera ocasión de proyectar visitas a pueblos y lugares de capital importancia en materia de desarrollo turístico. Puede entonces concluirse, que el Encuentro de Motos de Alta Cilindrada, definitivamente se convirtió en el evento de mayor impacto que tiene Mérida en los 365 días de cada año. En consecuencia, vale reconocer que este Encuentro Biker Mérida, se dio por todo lo alto.

“Las apariencias enfundan propósitos que, por momentos, en nada se corresponden con las ideas que el mismo disfraz o exterioridad intenta reflejar”
AJMonagas

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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LUIS DANIEL ÁLVAREZ V., RECUERDOS DE HIDALGUÍA, ELEAZAR LOPEZ CONTRERAS

LUIS DANIEL ÁLVAREZ V.
Uno de los síntomas que más preocupa sobre las sociedades que están sumidas en complejas coyunturas y que atraviesan amargas crisis económicas, culturales y políticas es la incapacidad de revisar su historia y de establecer parámetros que permitan reconocer su identidad, valorar su pasado y evocar su legado.

El pasado 2 de enero se cumplieron 42 años de la desaparición física del expresidente Eleazar López Contreras, figura primordial para que Venezuela lograra dar el paso definitivo hacia la modernidad y la democracia, luego de 37 años de oprobiosa y personalista dictadura militar.

López Contreras derrotó la imagen continuista que le daba el haber trabajado en la gestión anterior y en un audaz comportamiento se quitó el uniforme militar, dando a entender que el ejercicio de gobierno corresponde a los civiles, formuló un plan de gobierno y decidió aplicarse la norma constitucional que reducía el mandato presidencial, hecho de enorme relevancia para una sociedad en la que pareciera que la perpetuidad en el poder sigue estando latente.

Aunque en algunos instantes de su gobierno las aperturas políticas se detuvieron y la velocidad con la que se gestaba la transición hacia la democracia se tornó lenta, es innegable el impacto positivo que dejó López Contreras y los manifiestos intentos por institucionalizar la República, el respeto a los derechos humanos al permitir el desembarco de judíos que huían del horror europeo y por diversificar la economía venezolana.

Cruel que poco se recordara el legado del hombre de "calma y cordura". Pareciera que el culto a la personalidad ha terminado por mover las bases de la ciudadanía. Los símbolos históricos son sustituidos por la propaganda y la arenga. Pensar que el gran acierto de López Contreras fue gobernar, demostrando que detrás de 27 años de culto a la personalidad gomecista, solo se escondía atraso y dolor.

Luis D. Alvarez V
luis.daniel.alvarez.v@gmail.com
@luisdalvarezva

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DELIA FIALLO: “AQUÍ NO HA PASADO NADA”. CUBA-OBAMA

DELIA FIALLO
Siempre tuve la esperanza de que cualquier cambio que hubiera en Cuba en relación con el mundo, fuera producido por su propio pueblo, en un grandjioso acto de valor que lo redimiera de la vergonzosa mansedumbre, salvo honrosas excepciones, con que se ha dejado pisotear durante cincuenta y cinco años por la tiranía brutal de los hermanos Castro. 

Como cubana disidente que se enfrentó al sistema y fue perseguida, se vio forzada a abandonar su patria, lo perdió todo, tuvo que volver a empezar desde cero en una tierra extraña y durante cuarenta y ocho años arrastra la nostalgia del exilio, me causa un gran dolor que el cambio anhelado salga de un oscuro trámite entre el presidente del país adonde vine en busca de libertad y el dictador del país que abandoné porque no la había, ni tampoco creo que la haya a pesar de los acuerdos que se están tomando entre ambos gobiernos. Pero bueno, ya Obama se ha colgado en la solapa la medallita de las relaciones diplomáticas con Cuba y parafraseando a Ricardo Montaner, se ha “clavado” en la historia. De paso, al liberar a los espías que habían sido juzgados y encontrado culpables sin alguna duda razonable, hizo buena la promesa de Raúl Castro de que ellos “volverían a Cuba” y para decirlo groseramente, porque no merece otra forma, “se limpió” con la sentencia de los honorables jueces de la Corte Suprema de los Estado Unidos, estableciendo un precedente de irrespeto hacia las leyes de esta nación que, por supuesto, también pasará a la historia.

¿Que importan los miles de ejecutados en los paredones de fusilamiento por el delito de disentir? ¿Ni los cientos de prisioneros de conciencia muertos en las cárceles a bayonetazos, por tortura, por falta de medicamentos? ¿Y los que se echaron al mar en embarcaciones frágiles, en balsas, y se ahogaron o fueron devorados por los tiburones o fallecieron de sed o de hambre? ¿Qué importa la destrucción, el sufrimiento de las separaciones familiares, el horror, la miseria, el odio sembrado entre hermanos, la desesperanza que la revolución socialista desató sobre un país próspero y feliz que estaba a la cabeza de las naciones latinoamericanas? Ya el presidente Obama restableció las relaciones con Cuba. Aquí no ha pasado nada.
Hace apenas un año descubrieron en Panamá un barco que salió de La Habana cargado con armas de guerra sin declarar con destino a Corea del Norte ¿Qué importa? Vamos a sacar a Cuba de la lista de países que promueven el terrorismo.
¿Qué importa que el presidente Kennedy, demócrata, nos traicionara cuando Playa Girón? ¿Se imaginan cuánto dolor y cuántos muertos nos hubiéramos ahorrado si en el año 1961 aporta a la invasión la ayuda que prometió y desde entonces nuestro país hubiera vuelto a ser libre? ¿Qué importa que después tramitara cobardemente el futuro de Cuba, comprometiéndose con los rusos a que jamás los Estados Unidos rozarían a los Castro ni con el pétalo de una rosa a cambio de que le sacaran los cohetes de la isla? ¿Qué importa que otro presidente demócrata, Bill Clinton, sin tener en cuenta que la madre del niño Elián murió por traerlo a un país libre, ordenara que a punta de rifles lo sacaran del hogar de sus abuelos para ser devuelto a Cuba, donde lo convirtieron en una cacatúa repitiendo consignas como “seremos como el che” y otras sandeces panfletarias? ¿Y qué importa que este mismo presidente demócrata, Clinton, decretara la ley más cruel que existe, la de “pies secos, pies mojados”? Resulta muy romántico que” los soñadores” , esos catorce millones de inmigrantes ilegales que proceden de lugares donde hay libertad, democracia, derechos humanos y solo por razones económicas se cuelan en este país vadeando ríos, cruzando desiertos, saltando muros o encaramados en el techo del tren “la bestia”, reclamen ser aceptados con la justificación de que “vienen buscando una vida mejor.” 
Pero al infeliz que afronta todos los peligros por huir del infierno comunista que es Cuba, si no pone el pie en tierra seca, lo devuelven allá, donde será castigado por su intento de escapar. Tanto así, que hace poco un jovencito de 18 años se ahorcó en la celda donde fue encerrado después que lo “entregaron” cumpliendo la ley de Clinton.
Acabo de enumerar algunas “experiencias” que los cubanos hemos tenido con gobernantes demócratas y ahora se agrega la de Obama, que sumó “la gracia” de ser el primer presidente afroamericano de este país. Ojala no hagan “otra gracia” eligiendo a Hillary como la primera presidenta mujer, porque quien sabe “las sorpresitas” que la señora nos tendrá reservadas. Discúlpenme si ofendo, pero después de las cosas que nos han hecho, para mí el cubano que vote demócrata no tiene vergüenza ni dignidad.
¿Qué importa que en Julio del 1994 cuatro barcos equipados con mangueras de agua a presión embistieran y hundieran al viejo remolcador “13 de Marzo” con 73 personas a bordo, dejando un saldo de 41 muertos de los cuales 10 eran menores de edad? Hace apenas unos días, cuando estaba fresquecito el anuncio de la formalización de relaciones con Cuba, otro barco de la Guardia Costera Cubana embistió a una lanchita en la que trataban de escapar 32 personas, entre ella 7 mujeres y 2 niños y hay un joven desaparecido.
Mujeres valerosas, las Damas de Blanco, insultadas y arrastradas por las calles. Oponentes pacíficos detenidos y sin ser juzgados confinados en celdas inmundas. Dos avionetas sin armas de los Hermanos al Rescate atacadas y derribadas sobre aguas internacionales por Migs de la Fuerza Aérea Cubana, ocasionando la muerte de cuatro jóvenes pilotos que se ofrecían voluntariamente para ayudar a salvar a los balseros perdidos en el mar. Y todavía recuerdo el grito triunfal con que coronaron la hazaña: “Les partimos los cojones”. Niños inocentes a los que sin escrúpulo les lavan el cerebro para usarlos en sus mentirosas propagandas. Osvaldo Paya y Harold Cepero asesinados en un violento atentado sobre el cual no ha habido ni la más elemental investigación.
¿Qué importa todo el dramático recuento anterior? Sin ninguna concesión o promesa por parte del régimen abusivo y sanguinario de los hermanos Castro, el presidente Obama ha restablecido las relaciones diplomáticas con Cuba comunista. Y aquí no ha pasado nada.
Delia Fiallo
fiallonovelas@aol.com
@deliafiallo

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