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sábado, 15 de agosto de 2015

LUIS MANUEL AGUANA, EL RETO DE UNA REBELIÓN

Desde mucho antes que Don Rafael Grooscors Caballero reeditara la frase “La Rebelión de las Regiones” para la propuesta del Proyecto País Venezuela, en su crucial artículo del mismo nombre en el año 2013  y su insistencia en el año 2014 , no hemos dejado de escribir desde el Proyecto País Venezuela  acerca de la necesidad de un reordenamiento completo del sistema político del país que permita el empoderamiento del municipio como la unidad político-territorial fundamental para el desarrollo y la profundización de la descentralización, no solo política sino institucional, con la reingeniería completa de la actual forma del Estado, como base fundamental para aprovechar las potencialidades de cada una de las regiones del país.

(ver La Rebelión de las Regiones en http://elrepublicanoliberal.blogspot.com/2013/10/rafael-grooscors-caballero-la-rebelion.html)

(ver Insistiendo en la Rebelión de las Regiones en http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/2014/12/insistiendo-en-la-rebelion-de-las.html)

(ver http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/2014/05/la-rebelion-de-las-regiones.html), 

(ver http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/) 

Creemos que esa es la verdadera solución de largo plazo para los desequilibrios políticos y económicos que ha sufrido el país en su tránsito accidentado desde su fundación. Sin embargo no es fácil convencer a la gran cantidad de actores que se mueven en el escenario político, habida cuenta de lo intrincado de la madeja de intereses que se conectan de la manera más inverosímil. Partidos-viejos y nuevos-, políticos,  empresarios, instituciones completas, tienen intereses que se remontan a décadas para no permitir que el poder se deslice hacia las regiones.

Hay demasiado en juego y eso es a lo que nos enfrentamos. El petróleo administrado en manos de pocos ha creado ricos en varias generaciones, solamente con poseer el control de los contratos de un Estado mega-centralizado. La presente generación, la llamada  boliburguesía es la última y más completa versión de esta enfermedad que hace que el vicio se enraíce y las élites del pasado traten infructuosamente de retomar el control centralizado del poder. Prácticamente han mudado al país a los bancos de la corrupción y el narcotráfico.

Mientras tanto, un grupo de “soñadores pendejos” de la sociedad civil regional pretenden que eso cambie, proponiendo un resurgimiento del federalismo, que le daría el control del país a los ciudadanos de todas las regiones, y cuya cristalización acabaría con esas expectativas, que de hacerse realidad ubicarían al país de nuevo en cero para comenzar de nuevo ese círculo vicioso de riqueza rápida y corrupción, pero esta vez en manos de la “oposición”. Reclamamos, desde la perspectiva ciudadana de la sociedad civil, comenzar un nuevo círculo, pero esta vez virtuoso, con un enfoque completamente diferente. De allí nuestra diferencia principal con aquellos que piensan que cambiando al gobierno se acabarán nuestros problemas.

Deberemos no solo cambiar a este gobierno por las vías constitucionales, sino también cambiar al sistema político que lo hizo posible, y eso no se hará por la vía expedita de esperar o provocar la renuncia del Presidente, o la revocatoria de su mandato el 2016.

Y esto, en consecuencia, nos pone en una situación singular, ya que como quiera que se vea hay que realizar mucho trabajo previo para construir la arquitectura que soporte nuestra propuesta de un nuevo Estado Federal Descentralizado. Se ha descrito el “qué”, contenido en el Proyecto País Venezuela Reconciliada, incluso parte del “cómo” -la vía Constituyente-, pero con todo y ese adelanto, todavía la gente no ve a esta propuesta lo suficientemente viable como para sustituir largos años de sojuzgamiento centralizado.

Y tienen razón. En el proceso de construcción de una Venezuela Federal es necesario definir al menos los lineamientos Federales, Estadales y Municipales de ese posible nuevo estado de cosas, comenzando por explicarle a la gente como se operaría y lo que se obtendría desde los niveles regionales, que son los que tocan al ciudadano común. Si estamos hablando de que una región se haga cargo de su propio destino, es necesario que esta región y sus liderazgos tengan bien claro una visión de su desarrollo y los problemas que habrán de afrontar para conseguirlo. Y nadie más que ellos para realizar esa tarea. Ese es el verdadero reto de esta Rebelión.

No es fácil cambiar siglos de pedirle a un centro que atienda necesidades. Y más difícil aun modificar la mentalidad de los ciudadanos que consideran que con solo cambiar a un Presidente de la República su calidad de vida mejorará. Años de populismo centralizado y desenfrenado serán ciertamente un obstáculo para poner a pensar a la gente de una manera productiva. Sin embargo, la situación económica será un buen incentivo, y aún mejor catalizador para ese cambio.

Entonces las verdaderas proposiciones a la población deberán salir de los Estados a sus propios ciudadanos. Los equipos de trabajo constituyentes de los Estados deberán generar las propuestas institucionales necesarias para operar de una manera autónoma, porque nadie de fuera vendrá a hacerlo por ellos. Son quienes conocen bien sus territorios, su cultura, su idiosincrasia, y cuáles son sus fortalezas. En otras palabras cual sería su propuesta para sobrevivir y generar riqueza, si tuvieran la autonomía para eso. En la planeación de una propuesta federal para el país, cada Estado debe adelantar su propio modelo de desarrollo regional y como se implementaría dentro de un marco federal.

No es un trabajo trivial, pero solamente el acometerlo pone a sus promotores a pensar en la región posible y el mundo infinito de posibilidades que se abrirían si sumáramos todas las potencialidades de todas las regiones del país, y las interrelacionáramos. De eso se trata precisamente la Rebelión de las Regiones, de construir ese marco institucional para el desarrollo, que parte precisamente de todas las regiones del país, el corazón vivo de la República que produce, y contraponerlo a la estructura carcomida de corrupción y centralismo que tenemos ahora. Es una extraordinaria manera de pensar que Venezuela si tiene un futuro que esta por construir.

Luis Manuel Aguana
luismanuel.aguana@gmail.com
@laguana

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lunes, 20 de julio de 2015

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, HABLANDO DE REPÚBLICAS, LA CUARTA FUE LA PRIMERA, CASO VENEZUELA

Una de las características mejor identificadas de los regímenes totalitarios, es la del uso del engaño y la mentira para alterar los hechos históricos y “acomodar” el pasado a sus propósitos de control social. El común amigo, Eddy Ramírez, escribe hoy sobre lo que estima más conducente para enfrentar con éxito, en cualquier escenario, a la pretendida “revolución” gobernante. Al respecto, entre otras cosas, tanto o más importantes, recomienda poner en blanco y negro la verdad de las realizaciones y avances logrados por los regímenes democráticos, durante los “cuarenta años” de la llamada “cuarta República”, conceptualmente destruida por los seguidores de Hugo Chávez, a partir de 1999, cuando aparentemente comienza la “Quinta República”, promovida como “socialismo bolivariano” y tras el lema que impuso en Cuba el famoso “Ché” Guevara: “Hasta la victoria siempre”. Pero se equivoca Eddy Ramírez al no aclarar la definición numérica, por cuanto la “cuarta” fue la “primera” en el orden civil y la “quinta” una más en su definido carácter “militar”. Y esta ha sido, probablemente, la mayor mentira, el engaño más artero, de los supuestos socialistas gobernantes.

Venezuela, como República independiente, se forma a raíz de la separación de la Capitanía General de Venezuela, creada por la Corona española en 1777 e integrada por tres grandes gobernaciones: Cumaná, Caracas y Maracaibo. Separación consolidada por los hechos gloriosos del 19 de Abril y del 5 de Julio de 1810 y 1811, respectivamente. Al estallar la guerra, primero bajo el mando del Generalísimo Francisco de Miranda y luego bajo la égida de El Libertador, Simón Bolívar, la naciente República se va acercando a un inicio integrador, en Suramérica, al proponerse “La Gran Colombia”. No obstante, una sucesión de acontecimientos que escaparon al dominio de su inteligencia creadora (Miranda, Bolívar) nos llevaron a otra separación, como en una “nueva independencia”, del constructivo intento bolivariano, para hacer causa histórica por cuenta exclusiva nuestra. De manera que, formalmente, la “Primera República de Venezuela”, se forma, se organiza, a partir de 1830,  bajo la Presidencia del General José Antonio Paéz, el “Centauro de los Llanos”, heroico acompañante de Bolívar en Carabobo. Es decir, en atención a la cualidad principal de su primer mandatario, esa “primera República”, fue militar y no civil.
         Desde entonces, con muy pocas excepciones –el Dr. José María Vargas, Pedro Gual, Manuel Felipe de Tovar, Juan Pablo Rojas Paúl y otros menos importantes o puestos por el caudillo de turno--  la gran mayoría de los Presidentes de la República o de los Estados Unidos de Venezuela, durante 115 largos años, fueron militares y anclaron su prestigio en la fuerza de las armas, hasta la irrupción del 18 de Octubre de 1945, cuando nace la Primera República Civil y se designa, por votación universal, directa y secreta de una mayoría de venezolanos, mujeres y hombres, mayores de 18 años, a Don Rómulo Gallegos, esclarecido escritor a quien debemos el más reverencial  recuerdo. Pero Gallegos apenas duró nueve meses en el poder, habiendo sido derrocado por una logia militar, como para ratificar el carácter “prusiano” de la República de Venezuela e interrumpir el inicio de la causa civil, hasta su restauración histórica, en 1958. Es decir, la Primera República Civil se recupera en ese año, luego del letargo perezjimenista, permaneciendo en nuestra vida pública hasta 1998, cuando emerge, otra vez, la figura de un militar y “cae” esa primera versión gloriosa de nuestra civilidad.  Y esta vez no fue el plomazo de un fusil criminal, en un golpe avieso de primitivo “arrebatón”, sino la voluntad de un pueblo engañado, el cual, con sus votos, eligió, en democracia, a quien estaba desde hacía mucho tiempo, confabulado para acabar con la democracia.
          Entonces, seamos claros: la llamada “cuarta república”, la que se apaga, otra vez, en 1998, fue, en realidad, la primera y única República Civil que hemos tenido en nuestra historia. La que enseña al venezolano a participar y compartir derechos para labrarse a sí mismo su propio destino, sin que los destellos y estruendos de las armas le den la razón de la sin-razón al más atrevido de los caudillos circunstanciales. Sólo que –y seamos claros una vez más— esa “primera” no fue concebida para moldearse el desarrollo y construir una sociedad agresiva y consciente, en su propósito de crecer y expandirse hacia afuera, hacia el mundo, como unidad productiva capaz de competir con los países más desarrollados.
         Por eso “cae” la República Civil  y sin llamar al pueblo a las armas, práctica usual de caudillos providenciales, quienes la sustituyen, aun cuando hablen un lenguaje pseudo-revolucionario moderno, no esconden las “charreteras” y buscan controlarlo todo –como Paéz, como Guzmán, como Gómez, como Pérez Jiménez--  para acostumbrar a la sociedad, al pueblo, a tenerlos como únicos directores de su destino. La arrogancia, la coacción, el miedo. Por eso son débiles las reacciones frente al capricho gobernante. Por eso parece eternizarse el mandamás “revolucionario”. Por eso se hace difícil “salir de ellos”. Una oposición blandengue, sin propuestas interesantes, repitiendo un discurso atrasado y que no mira, no toma en cuenta, lo que está ocurriendo en el mundo exterior.
         Independientemente de lo que ocurra en los meses por venir, en las convocadas elecciones de diciembre, Venezuela requiere de la fortaleza de un nuevo enfoque que rete todo lo que quedó en el pasado, incluido “este” presente en “ese” pasado. Un enfoque que revise por qué tanta calamidad a nuestro paso, porqué es tan difícil desarrollarnos, porqué tanta dependencia de otros, cuando la naturaleza nos dotó de lo más esencial para conformar en nuestro suelo una verdadera potencia económica, capaz de vencer cualquier debilidad social que se empeñase en perdurar su presencia: la desigualdad, la miseria, el hambre, los sufrimientos colectivos, todo lo que no tiene por qué regresar jamás a nuestra realidad. Nuestra geografía se llena de sol todo el año y por nuestras tierras corren, abundantes, las aguas de grandes ríos. Bajo esas tierras y esas aguas se esconden verdaderos tesoros naturales, los cuales cada vez más hacen brillar la imaginación de los humanos, pensadores creativos de otras latitudes.
         Entendamos, pues, que la Primera República Civil cumplió su misión y le abrió la puerta a una nueva versión de su esencia: la Segunda República Civil, la que tiene que plantearse el futuro en términos muy diferentes a lo que se hizo setenta años atrás. La recurrencia “militarista” en la dirección del país es una secuela infortunada de un “presidencialismo” que promueve “caudillos” y “jefes únicos” que desprecian el aporte de los otros. Tenemos que expandirnos y hacernos presente en el mundo. Debemos dejar de depender de factores esclavizantes, económica, social y políticamente, como lo ha sido el petróleo en el último siglo. Tenemos que diversificar nuestra producción independiente, competir y generar renta externa, para superar crisis artificiales como la de estos días, consecuencia de la ignorancia y la improvisación de nuestros gobernantes. Tenemos que hacer de cada uno de nuestros estados –llenos de sol, llenos de agua, llenos de tierra— promisoras unidades productivas, capaces de gerenciarse de manera autónoma. Tenemos que gobernarnos todos para todos. Debemos ir ya a una Democracia Parlamentaria, a través de la cual el pueblo se gobierne a sí mismo, a través de sus representantes directos y no dependa su suerte de los caprichos de un poderoso afortunado. Autonomía regional, democracia parlamentaria, generación de renta externa, productividad, competitividad, acento en el esfuerzo colectivo, tienen que completar el lenguaje de quienes nos guían, insistiendo en los valores tradicionales de la democracia: la libertad, la justicia social, la fraternidad entre iguales y el discurso alentador, lleno de esperanzas y consciente de que Venezuela será otra, en la necesaria e inminente implantación de la Segunda República Civil, hacia la cual ya avanzamos, a pasos agigantados.

Rafael Grooscors
grooscors81@gmail.com
@grooscorscaball.

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lunes, 12 de enero de 2015

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, INSISTIENDO EN LA REBELIÓN DE LAS REGIONES

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO
En los últimos días del año pasado, casi llegando al primero del año en curso, Luis Vicente León, entre otros, se preguntaba qué podía o qué debía hacer la oposición ante la sistemática y organizada violación de los derechos humanos y constitucionales, perpetrados recientemente y una vez más, por el gobierno “bolivariano”, con el propósito de profundizar su control sobre el poder “fáctico” y garantizarse la continuidad de la “revolución”, con sus acólitos “atornillados” en los altos mandos de tal gobierno, evidentemente ilegítimo.

Coincidencialmente, en la misma fecha, otro importante analista político, Fernando Ochoa Antich, hablaba de la ininterrumpida sucesión de constituciones del siglo pasado, promulgadas por el régimen nefasto del General Juan Vicente Gómez, destinadas, fundamentalmente, a consagrar el “estado centralista” y echar por tierra las aspiraciones autonómicas que alentó la “guerra larga”, la Guerra Federal, a mitad del Siglo XIX.

Ambos finos articulistas concluyen, respondiendo sus propias interrogantes, que hay que insistir en una unidad opositora, para, por una u otra vía, volver a los días espléndidos de la Primera República democrática, reinaugurados el 23 de Enero de 1958, como necesaria prolongación histórica de la Revolución de Octubre de 1945.

Todos, aún animados de los mejores y más honestos propósitos, se olvidan de la Venezuela real, de la otra Venezuela, donde vive no la mayoría, sino nada menos que el 85% de los venezolanos, lejos de Caracas, la cuna del Libertador, pero eje fundamental del centralismo y cuartel principal donde el petróleo ejerce lo más impúdico de su codicia improductiva.

Porque, insistimos, esa Venezuela que vibra en Guayana, que asiste a las ferias productivas en Los Andes, que amanece trabajando en el Llano, que vigila las reservas mineras en oriente y en occidente, que hace y soporta la economía del país, luce olvidada por los líderes que se disputan, en la capital, los senderos y las herramientas para alcanzar el poder. Una Venezuela acorralada, silenciada, sometida y usurpada.

Lógicamente, esa Venezuela por cuyo poder se alistan los abanderados del gobierno y de la oposición, es la que presta las multitudes que acuden a las marchas y la que sirve de asiento para el hacer de los grandes medios de comunicación, como para que la llamen el centro de la opinión pública. Y esa Venezuela, para el país, aporta muy poco, por no decir nada, a su economía. No produce. Consume energía. Consume agua. Consume de todo, sin producir nada. Administra lo que la otra Venezuela produce y como si fuera un gran propietario del país, sirve a los demás, como en migajas, a través de una figura llamada situado constitucional, lo que supone le corresponde a los pobres estados del llamado “interior del país”, donde se afanan por sobrevivir los venezolanos que realmente producen para Venezuela. ¿Es o no es una gran contradicción política, sobre la cual casi nadie hace referencia en sus análisis?

No es el momento para pensar qué hubiera ocurrido si a finales del Siglo XIX, se hubiese entendido, cabalmente, para qué se dio y se ganó la Guerra Federal. Tampoco es la hora para averiguar lo que ya se olvidó de los Estados Unidos de Venezuela. Lo que queremos hacerle ver a los políticos en ejercicio, es que la gran Venezuela está mucho más allá de Paracotos y de Antímano y que es a ella, en el mejor de los casos, a quien le corresponde presionar para alcanzar el futuro que el país se merece.

¿Cómo burlar a los gendarmes de las instituciones públicas, secuestradas en Caracas? ¿Cómo poner a funcionar, en ejercicio, los derechos de los venezolanos productivos, del interior? ¿Cómo abrirnos al debate público, tratar las cuestiones fundamentales, atinentes al bienestar de más de 25 millones de venezolanos, puestos de una vez a gritar, voz en cuello, sus aspiraciones y sus deseos de luchar por Venezuela? ¿Cómo?

Trasladando la opinión pública a los 23 estados de la geografía territorial; ubicándola en los centros de producción; poniendo a figurar en un primer nivel de conducta nacional, a los venezolanos que producen la energía, el agua y todo lo demás que se consume en Caracas. Dándoles los derechos que les han usurpado a quienes no sólo pueden presionar para cambiar un gobierno y transformarlo en otro, verdaderamente representativo, federal, institucionalmente organizado de modo democrático, sino quienes son los únicos que pueden cambiar el rostro de la economía del país, explotando sus ingentes posibilidades agropecuarias, piscícolas y mineras, para colocar a Venezuela en los mercados mundiales, sin depender de los vaivenes acomodaticios del petróleo, como mono-producto de una economía en crisis. Rebelando a las regiones y permitiendo la revisión histórica que consolide, en verdad, el triunfo de la Federación. Rompiendo el mito de “la Capital” que lo puede todo. Acabando con el centralismo. Dándole autonomía productiva a los Estados y comenzando a pensar en otro lenguaje de ideas, muy distinto al que anidó en la brillantez del genio de muchos de los grandes pensadores extranjeros de siglos anteriores al presente. Pensando en Venezuela con pasión venezolana. Reivindicando al Orinoco. Poniendo los ojos en el Delta y en Amazonas. Allí está el futuro. Sacando a la gente a las calles en San Cristóbal, en Cumaná, en Calabozo, en San Félix, en San Fernando de Apure, en Cabimas y en Maracaibo. Pidiéndole a Caracas que entienda que su rol, en los nuevos tiempos, como Capital en un nuevo Estado Federal, es de mucha mayor trascendencia e importancia que el que hoy desempeña equivocadamente. Que sea sede de un Parlamento Federal, desde donde se lleven las riendas del poder con participación preferente de las regiones verdaderamente productivas. Que comprenda y que comprendamos todos, que las regiones son Venezuela y que las regiones han decidido rebelarse para salvar a Venezuela.

No planteamos una rebelión armada ni un “guarimbeo” nacional. Lo que proponemos es una reacción inteligente, que haga estremecer a toda Venezuela y que demuestre que llegó la hora, al fin, para cambiar la historia. Que hay que volver a ganar la Guerra Federal para imponer un régimen autonómico, esencialmente productivo y auto-gestionado. Una Guerra Federal distinta, en la era de la informática, la digitalización, la sociedad del saber y del conocimiento. Una Guerra Federal del Siglo XXI. Todo, creando los climas de opinión necesarios, en el “interior”, para desconocer moralmente la ilegítima autoridad de Caracas y convocar los referéndum que hagan falta para abrirnos a un nuevo capítulo que no repetirá ninguno de nuestros fracasos anteriores. Venezuela será otra y sobre su engrandecimiento no sólo hablaremos nosotros; lo proclamará el mundo entero y lo celebrará toda la humanidad. ¡Feliz Año, compatriotas!

Rafael Grooscors
grooscors81@gmail.com
@grooscorscaball

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miércoles, 24 de diciembre de 2014

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, LA BENDICIÓN DE LA NAVIDAD

Podemos no creer en los testimonios bíblicos, ni en los nutrientes religiosos de nuestra cultura. Podemos sembrarnos de energía positiva y sentir que somos, por sí mismos, todo lo que el mundo vale.

Ser orgullosos y engreídos, posesos de nuestra propia vitalidad, despreciativos con respecto al otro, desbordados ante la naturaleza y enaltecidos ante lo que vemos de la  humanidad.

Podemos ser así y no mirarnos, de verdad, en el espejo del día a día. No ver los ojos de quienes nos aman, ni sentir sus besos, ni responder a las bendiciones que nos dan. Pero no podemos negar que tenemos un alma, un espíritu, un halo misterioso, un no sé qué de cordura interior que nos empuja a creer en la palabra ajena, en su propuesta, en la mano extendida, en la sonrisa voluntaria, en el movimiento rítmico de quien invisiblemente nos acompaña y descubrir entonces que hay una razón superior para que nos llamen hombre. Incluso, cuando odiamos,  somos hombre –hombre y mujer-- y porque lo somos, amamos, muy sutilmente, pero amamos, a quien odiamos.

El hombre no se puede rechazar a sí mismo. Es solidario con la creación. La naturaleza es Dios. Todas las flores del mundo, todas las aguas, todo el sol, todo lo que anda a nuestro alrededor, lo que vive, brota y muere a cada instante, es la obra de Dios, de la naturaleza. Y toda esta pequeña grandeza parece concentrarse, impávida, incólume, radiante, en estos últimos días de cada año.

Es la bendición de la Navidad. Volvemos a encontrarnos y aun cuando nos damos cuenta que lo que no existe es lo que creemos que es el pasado, porque siempre está presente y camina a nuestro lado, esperamos la llegada inmediata del futuro. ¡Que Dios te Bendiga, hermano y que nos ayude a seguir estando juntos, para siempre! Feliz Navidad.

Rafael Grooscors
grooscors81@gmail.com
@grooscorscaball

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sábado, 15 de noviembre de 2014

LUIS MANUEL AGUANA, DOS POETAS Y UN MENSAJE A LA JUVENTUD VENEZOLANA

LUIS MANUEL AGUANA
Una de las satisfacciones más hermosas que me ha traído escribir este blog en estos tiempos aciagos, ha sido conocer a mucha gente valiosa e interesante. Más aún, aprender de ellas. Algunas se han convertido en amigos entrañables y compañeros de ruta en esta lucha que hemos sostenido todos para contribuir en lo que podamos a un cambio en la situación política del país.

En ese duro trayecto, algunos amigos se han ido de este mundo, otros del país, pero la mayoría se ha quedado dando lo mejor de sí en esta lucha que persiste y que seguimos dando, sin saber lo largo de lo que todavía nos queda. Entre esas figuras que he conseguido en este camino destaca la figura de Don Rafael Grooscors Caballero quien me ha distinguido con su amistad y su sabiduría de muchos años en el quehacer político venezolano.

Don Rafael, como le llamo, fue protagonista de la clandestinidad en la dictadura perezjimenista, y con sus más de 80 años de existencia y más de 60 de experiencia política, es un puente vivo de excepción entre esa generación de la que brotaron las ideas civilistas de la democracia y la actual generación de venezolanos que buscamos de alguna manera salidas para este desastre.

Es uno de los pocos personajes que, a diferencia del resto de su generación política que aun está con vida, aun mantiene los canales de comunicación abiertos, intercambiando permanentemente en las redes sociales puntos de vista, y aportando soluciones para lo que enfrentamos. La frase “La Rebelión de las Regiones” fue acuñada por Don Rafael como un aporte fundamental a nuestra lucha por una Venezuela verdaderamente descentralizada y federal.
Ver La Rebelión de las Regiones en:

Cuando menciono que este personaje es un puente vivo me refiero a la rara condición que pocos de su edad tienen de haber conocido e interactuado personalmente, debido a su incursión desde muy joven en la arena política, con protagonistas de la historia contemporánea de Venezuela. Esto hace que hablar con estas personas te retrotraiga directamente al pensamiento de esa generación, con la menor distorsión posible. A eso se le llama un puente vivo con la historia. Y eso es único. Nadie que tenga la oportunidad debe desaprovechar tener ese contacto indirecto con el pasado.

Quise comentar con ustedes esta experiencia porque Don Rafael me hizo el honor de compartir conmigo un documento que considero excepcional, prueba fehaciente de ese contacto con la historia. En sus inquietudes juveniles Don Rafael escribió un poemario titulado “Tres Canciones a la Patria y a Bolívar”. Esto no sería extraño, ya cualquiera de nosotros en los años juveniles escribimos cosas de las cuales solemos alardear después de viejos. Pero esta particularmente enorgullece a su autor: fue prologada por Andrés Eloy Blanco. No creo que algún consumado poeta venezolano haya tenido tal honor… (ver “Tres Canciones a la Patria y a Bolívar” en http://goo.gl/c5gafH).

Este es un documento histórico. Disfruté extraordinariamente ese prólogo, así como los poemas de un Don Rafael veinteañero, cantándole a su país en verso como lo han hecho en la práctica los cientos de estudiantes que han dado la vida por Venezuela en las calles. Allí un Andrés Eloy Blanco experimentado aconseja a un joven escritor y poeta en su primera incursión en las letras. Pero va mas allá, le da un mensaje a la juventud.

No comentaré los poemas de un Don Rafael en su impetuosa juventud libertaria en el exilio. Eso se los dejaré a ustedes, aunque la mezcla de “los padres, la tierra y el destino de un pueblo acongojado”, como indica el poeta Andrés Eloy, siguen siendo un sentir nacional luego de más de 60 años para todos los venezolanos.

El prólogo reviste una actualidad que impresiona: “Llega con sus versos en hora crucial para su patria. Canta, en invocación esperanzada, a su Bolívar redentor. Pero no lo hace en demagógicas llamadas de mitin rimado, sino en concentrada cuita que agrupa a los más nobles motivos- los padres, la tierra, el destino del pueblo acongojado. Tal recogimiento es signo de sinceridad frente al motivo y aleja las sospechas de partidismo político, para dar paso, simplemente, al corazón en latido de angustia.”

¡Pura juventud! ¡Eso es lo que han hechos los jóvenes venezolanos siempre! Y Andrés Eloy lo detectó inmediatamente en un Rafael Grooscors veinteañero. ¡Los estudiantes venezolanos lo han probado una y otra vez en nuestra historia y Don Rafael no es más que una prueba viviente de eso!

Y continúa Andrés Eloy: “Buena es la presencia de estos poemas de Grooscors entre los jóvenes estudiantes de Venezuela. Bueno es su significado frente aquellos de los ardorosos estudiantes de 1928 que hayan torcido suciamente su limpia travesía.” ¡Que premonitoria esta expresión! Notaba el poeta de Venezuela lo valioso que era un joven expresando en sus versos una nobleza que no estaba en venta, poniendo en evidencia a aquellos que en el pasado si torcieron “suciamente su limpia travesía”. Es un consejo ineludible para nuestra joven dirigencia estudiantil y una fuerte reprimenda desde el pasado para aquellos políticos que ya han intervenido en algunas travesías…

Andrés Eloy culmina esta enseñanza a la juventud a través de un joven Don Rafael, indicándole que será mucho mejor de acuerdo a su constancia y “Así recogerá las banderas más puras de las manos de aquellos que han permanecido fieles a la voz juvenil de las jornadas del 28. Así su poesía será labranza al par de Belleza y de Patria. Que es lo mismo para el poeta y el patriota.”

Ojalá que no solo la juventud sea fiel a ese bellísimo mensaje que recibió Don Rafael Grooscors Caballero de uno de los venezolanos más importantes de todos los tiempos. Andrés Eloy Blanco tenía razón: la única manera que consigamos el éxito en nuestra lucha en contra de esta dictadura es permanecer fieles a la constancia y mantener puras las banderas que recibimos de las manos de quienes las entregaron en 1928. De esa manera, no solo la poesía será el fruto de toda esa labranza, sino también la libertad y la democracia, que vendrá como el premio de Belleza y Patria a todos los venezolanos convertidos entonces en poetas y patriotas....

Caracas, 13 de Noviembre de 2014

Luis Manuel Aguana
luismanuel.aguana@gmail.com
@laguana

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miércoles, 23 de abril de 2014

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, ¿LA SEXTA REPÚBLICA?

            Como en los procesos agónicos, cuando las fuerzas naturales del cuerpo flaquean, en la historia también la muerte se anuncia con estertores. Así, la versión venezolana de la revolución socialista parece encaminarse a su definitivo deceso. No da para más. El “Plan de la Patria”, en su exquisita profundización ideológica, llegó en hora menguada. Montaron el show del “comandante eterno” y contaminaron a la opinión con llamados al diálogo y a la paz. Armisticio imposible, por cuanto todavía no hay guerra. Por lógica elemental, la paz sucede a la guerra y no al revés. 
           
 ¿Diálogo para qué? Si existe alguna polarización en Venezuela, es entre una cúpula dirigente, que se alterna en el poder, y una sociedad abandonada. Por eso es que ya se habla de un nuevo disfraz anecdótico: la Sexta República. Venezuela no estará invitada a esta atrevida epopeya. Los “de arriba” se repartirán la torta y la película comenzará de nuevo. El futuro no existe. Los que aquí estamos y aquí nos quedamos, compondremos el presente, quitándonos de encima  el pasado. ¡Qué desgracia! Así como transcurrió, apacible o ruidosamente, con armónicos silbidos o aparatosos estruendos, la Primera, la Segunda, la Tercera, la Cuarta y la Quinta, ahora viene la ¡Sexta República!.

            ¿No es más de lo mismo? Otra vez, una espasmódica transición y al final la promoción estrepitosa de un nuevo Salvador de la Patria. Porque siempre es un “número uno” el líder a quien le tocará el inmenso honor de “salvar” a Venezuela y “sacarla del atolladero”. Y habrá un grupo sólido, mimetizado, de aguerridos “luchadores sociales” que respaldará al escogido para colmar de realizaciones las esperanzas del pueblo. ¡Qué audacia! No nos conocemos, porque como venezolanos ignoramos nuestra identidad. No somos de la “patria chica”; somos de la “patria grande”. Así como los “criollos” eran unos españoles de segunda, los que no somos de Caracas, somos del “interior”. La Capital reúne a los que mandan, a los que pueden, a los que hacen y deshacen, mientras al “interior” le toca trabajar para que ellos vivan. Alguien nos decía que así es en España, en la “madre Patria”. Los catalanes y los gallegos “ponen el lomo” y producen lo que España necesita. Los vascos hacen la guerra. Los andaluces ponen los toreros, el cante hondo, las mujeres bellas y todo lo necesario para el baile. Pero es Madrid quien vive de todos ellos. ¡Esa es la lección!. Bien aprendida por lo demás.

            Nosotros diríamos que no necesitamos “cambiar” de República y ni siquiera “cambiar” de gobierno. Lo que requerimos es cambiar, de verdad, de sistema. Sistema de organización nacional. Político, económico, social y cultural. Una Venezuela absolutamente distinta a todas las otras que quedaron atrás. Pero una Venezuela de todos los venezolanos. De los andinos. De la gente del Zulia. De los Llaneros. De los guayaneses. De los orientales. De los del “centro”. En eso pensábamos cuando propusimos la “Rebelión de las Regiones”. Que tuvo eco inmediato en el Táchira, cuando apareció el “Proyecto País” del MID, antes de que, en su consonancia o sin ella, los “muchachos” alborotaran el avispero. Afortunada coincidencia. Una Venezuela que entienda el futuro y que se adecente para vivirlo. Una Venezuela superior.

            En un nuevo sistema de pensar en Venezuela, el gobierno tiene que responder a las pequeñas soberanías que se concentran en los Estados. En San Carlos de Río Negro y en Tucupita, podrían estar los ángulos críticos de una nueva economía. En Cumaná y en Ciudad Guayana. En todos los pueblos situados en las márgenes del Lago de Maracaibo. En el llano adentro. En las cumbres merideñas. En los hervideros de la costa atlántica. Venezuela se abrazaría a sí misma y comenzaría a darse a valer en el mundo entero. Caracas quedaría para tomarse un café y jugar lotería. Pero el resto del país se entregaría a la producción, a la innovación, al desarrollo, extrayendo de su geografía el inmenso potencial que se requiere para enterrar la pérfida Venezuela petrolera, transformándolo en valores que generarán no sólo una renta competitiva, sino que sembrarán las simientes de una nueva cultura, sin vicios destructivos, sin corrupción ni entreguismo, sin glorificación del ocio, como para colocar a Venezuela en el lugar que le corresponde en el mercado mundial.

            Hablamos de una Venezuela alimentada por una Democracia donde el Parlamento, dotado de una Cámara Territorial, integrada por la representación proporcional y paritaria de cada uno de los Estados, sea quien “haga” los planes de gobierno, en función de las necesidades de toda la colectividad nacional. Planes que tienen que ser debatidos en las regiones y no impuestos por cúpulas sobrevenidas desde la Capital. Para que el Orinoco nos haga voltear hacia el sur para oír su poderosa voz universal. Para que las cumbres andinas nos digan lo que tenemos que hacer para utilizar adecuadamente sus aguas que caen en torrenteras hacia el gran río de los venezolanos. Para que el hombre de “abajo” se sienta dueño de su propio destino y no súbdito esclavo de una causa extraña a su libertad. ¿Es utópico este lenguaje? ¿Volveremos a dejar que pasen los años y que cada vez despreciemos más el futuro? De este último episodio de insurrección juvenil, de los hombres del mañana, tenemos que entender que les debemos el futuro. Que tenemos que echar las bases de una democracia con empuje, con fuerza, con pleno ejercicio de soberanía, con libertad, en una palabra, con libertad para que todos nos transformemos en los promotores de un milagro. No más repúblicas cuantificadas en aritmética elemental. ¡Hagamos de Venezuela un poderoso rincón del mundo; un escenario donde toda la humanidad tenga que fijar su vista; un venero prodigioso para calmar la ansiedad de la historia contemporánea!.

Rafael Grooscors Caballero
grooscors81@gmail.com .   
@grooscorscaball

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sábado, 8 de marzo de 2014

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, NÚMEROS PARA LA HISTORIA

¿Quién tiene la mayoría en Venezuela? ¿Los adictos a la Revolución o quiénes la adversan o no le son fieles?
 
            En Abril de 1999, por iniciativa y promoción del Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, se consulta a la población electoral venezolana si está de acuerdo con convocar a la elección de miembros o diputados de una Asamblea Constituyente para sustituir la Constitución de 1961 y estos fueron los resultados:

      De una población electoral (REP) de 10.860.799 votantes, el 70% de ellos, 7.559.324 o se negaron expresamente a la convocatoria o se declararon indiferentes (abstención) a la misma. Sólo 3.301.475 electores estuvieron de acuerdo con ir a un proceso constituyente, es decir, apenas el 30% del total de votantes. ¿Cuál era el sentimiento de la mayoría de los venezolanos?.

      En Diciembre del mismo año (1999) luego de redactado el proyecto de Constitución sustitutiva a la vigente, aprobada mayoritariamente en 1961, de una población electoral (REP) de 10.988.256 electores, el 67% de ellos, 7.357.590 venezolanos, dijeron no a esa iniciativa y prácticamente re-legitimaron la Constitución cuestionada. Apenas si 3.630.666 electores, el 33% del total, estuvieron de acuerdo en cambiar la Carta Magna de la República de Venezuela. ¿Cuál era el sentimiento de la mayoría de los venezolanos?.

      Un poco más adelante, en julio del 2000, de acuerdo con la nueva Constitución impuesta por normas sobrevenidas a finales del año anterior, se consultó al electorado, ahora en 11.720.660 votantes, si estaban dispuestos a aprobar la reelección del Presidente actuante, Hugo Chávez Frías, para un nuevo período de seis años, obteniéndose los siguientes resultados: el 32% dijo que sí, mientras el 68% manifestó o su contrariedad o la indiferencia a este propósito. 3.757.773 contra 7.962.887. ¿Cuál era el sentimiento de la mayoría de los venezolanos?.

      Más tarde se inicia lo que podríamos llamar “la etapa de Smartmatic”, con la introducción de un cambio sustancial en el modo de votar, sustituyendo la expresión de la voluntad del elector sobre un material verificable en cualquier momento, por un “touch-screen” cuya identidad sólo conoce y verifica una máquina y con tal sistema se celebran hasta dos referéndums cuyos resultados ahora no aparecen en la página de registros del CNE, pero que no impidieron que el Presidente Chávez Frías continuara en el ejercicio de su cargo hasta el momento de su muerte. No obstante, para responder a la pregunta sobre cuál era el sentimiento de la mayoría de los venezolanos, recogemos aquí los resultados de las elecciones presidenciales del 2006 y del 2012:

      2006:  REP, 15.784.777; Chávez, 7.309.080 (46%); otros, más indiferentes, 8.475.697 (54%). ¿Cuál era el sentimiento de la mayoría de los venezolanos?.
   
  2012:       REP,  18.903.937; Chávez, 8.191.132 (43%); otros, más indiferentes, 10.712.805 venezolanos, el 57%. ¿Cuál era el sentimiento de la mayoría de los electores?.
    
 Y si aplicamos la misma clasificación numérica a las elecciones de abril del año pasado (2013), con Nicolás Maduro sustituyendo al extinto Chávez Frías, los resultados ofrecidos por el CNE nos revelan que, de 18.904.364 electores consultados, 7.587.579, el 40%, “aparentemente” le dijeron sí a Nicolás Maduro o a la Revolución, mientras que 11.316.785, el 60%, le dieron la espalda al proceso, a la “Revolución”, votando por otros candidatos o manteniéndose “fuera” de la contienda. 

¿Cuál era y es el sentimiento de la mayoría de los venezolanos?.

      ADVERTENCIA: Todas las cifras reflejadas en estos números comparativos, fueron directamente tomadas de la base de datos del CNE, haciendo caso omiso a la evidente “construcción manipulada” de los mismos, por un tribunal abierta y públicamente declarado en favor del grupo gobernante en el país.

@grooscorscaball

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viernes, 11 de octubre de 2013

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, LA REBELION DE LAS REGIONES,

                         Parecería un slogan publicitario o una simple frase efectista para llamar la atención a favor de un discurso de orden regionalista, pero la “rebelión de las regiones”, tal cual como la pensamos, tiene aún mayor profundidad en cuanto apunta a una definición estratégica cada vez más necesaria. Los amigos del Movimiento Independiente del Táchira (MIT) han tomado para sí esta unión de cinco palabras como idea para revestir de un toque populista su extraordinaria propuesta bien titulada “Proyecto País”, la cual, a nuestro juicio, conforma la única tesis formulada públicamente para reconstruir el país, una vez enterrado el drama que hoy vivimos y que se empeña en ser denunciado como “régimen” -¡es una anarquía, una anomia, un anti-gobierno!-  incluso con el calificativo ideológico de “socialismo del siglo 21”. 

                 
Pero la “rebelión de las regiones”, seriamente asimilada, aspira, en primer lugar, a transformarse en una táctica de lucha que no sólo quiera “derrocar” al presente gobierno  --¡derrocar, esa es la palabra!--, sino cambiar, para siempre, la historia política de Venezuela, apresada por un estilo monárquico y autócrata que identificamos como una mala herencia de la Colonia.

            Nuestros libertadores, tanto Miranda, el Precursor, como Bolívar, el Libertador, trataron de copiar el modelo de “unión de los Estados” dado en Norteamérica en 1776, uno para toda la América del Sur y el otro para lo que llamó “La Gran Colombia”, fracasando ambos en cuanto a la formación de un estado de conciencia que sembrara en nuestras sociedades liberadas del yugo español, la idea prevaleciente de la democracia de los “enciclopedistas”, consagrada ella en un ejercicio pleno e irrestricto de la libertad, en una justicia en función del respeto a los derechos de todos y una fraternidad concebida para crecer, transformarse, innovar y ganarse el futuro, en cada paso de cada día por venir. 

             Las pequeñas debilidades de sus principales colaboradores, por lo demás, hundieron la grandeza de sus propósitos en la medida en que “compraron” el atractivo del absolutismo, para hacerse “caudillos” y alcanzar el poder, en franco ejercicio autócrata y no demócrata. La separación y no la unión tomó la representación de la soberanía territorial y cada quien (o cada “quienes”) se “alzó” (o se “alzaron”) con lo que tuvieron a  mano, condenando a Iberoamérica a sobrevivir en un marco cada vez más insolente de atraso contumaz.

            La “rebelión de las regiones” apunta hacia una dirección distinta, en el sentido de que se divorcia de los grandes centros absolutos de poder absoluto. Desarrolla el concepto de la autonomía, no sólo para gobernarse, sino para auto-gestionarse y darle viabilidad dinámica a la unión para crecer. Para pensar, para hacer, para construir, para penetrar la realidad del mundo cambiante y ubicarse en él, tomar su velocidad de cambio y competir con lealtad, trabajando cada quien para lograr mayores y mejores resultados en su esfuerzo, siempre entendiendo al hombre como sujeto creciente de bienestar, dignificándolo y engrandeciéndolo.

            Una estrategia de lucha que despierte la conciencia de la “regionalidad”  en función de una unión democrática, señalando todo lo que un Estado independiente y autónomo puede lograr, construyendo sus propios medios de avance y transformación, su infraestructura, su aprovechamiento de ventajas comparativas, la disposición de sus gentes a concebir el futuro y convencerse de que van a asumirlo como propio, “ganándole” a “el de al lado”, compitiendo con productividad y acierto, sustituiría la debilitada sumisión de la “provincia” a los dictámenes de las tribus gobernantes en la capital, donde en cada una se esconde un “caudillo” que requerirá la paz y el silencio de “los demás” para tomar para sí, absolutamente, el poder absoluto de la Colonia con disfraz democrático.
            ¿Tenemos que seguir viviendo de la distribución “infame” de la renta petrolera? ¿Tenemos que seguir siendo exportadores de materias primas y continuar dependiendo de quienes nos las transforman? ¿Sabe la gente de la Guayana venezolana, del Estado Bolívar concretamente, lo que se hace con la bauxita, el hierro, el agua y las tierras que les son propias, por gobernantes a distancia, quienes no tienen por qué quererlas, ni desarrollarlas, ni transformarlas, para enmarcarse en una competencia con el mundo entero a base de productividad? ¿Saben los de Los Andes cuánta seda podrían producir para ganarle a China un mercado cada vez más valioso? ¿Sabe la gente del Zulia todo lo que ganarían transformando en fibras sus hidrocarburos y “metiéndose” en el mundo de los textiles sintéticos?

            Si hacemos un análisis, con nuestros propios recursos humanos –que valdría la pena importar otros más sabios y pedirle auxilio a su inteligencia--  de cada uno de los Estados de nuestra República, incluyendo a los estimados convencionalmente como los más “atrasados”, encontraremos una potencialidad increíble de desarrollo que nos permitiría descubrir cómo es que tenemos que actuar para despedirnos del petróleo y decirles adiós a los traficantes que dependen del supuesto beneficio de su renta, culpables del verdadero atraso en que hemos vivido durante más de un siglo perdido. La “rebelión de las regiones” debe crear una matriz de opinión generalizada, en cada uno de los Estados de la unión, en favor de su autonomía productiva y a través de una Democracia verdaderamente Parlamentaria, donde las autoridades sean escogidas por los representantes de las “regiones” y no por el dedo criminal e irresponsable del autócrata de turno.

            ¿Nos entendemos? ¿Somos capaces de fomentar esta rebelión “regionalizada”? ¿Podemos darle sentido de táctica y estrategia de lucha a esta propuesta, conscientes, incluso, de que vale mucho más que todas las otras vías propuestas para “derrocar” a un gobierno que tampoco debe ser sustituido por otro similar? ¿De que por esta vía llegaremos a la creación del clima y de la voluntad para construir la Venezuela distinta, con la que soñaron nuestros Libertadores y de la que han hablado tanto y tantas veces nuestros mejores pensadores? ¿Es suficiente “ganar unas elecciones”, dar un golpe de estado, ir a una nueva Constituyente, si no tenemos claro que “tenemos” que reconstruir el país, para que sea una “potencia” económica independiente? El futuro depende de cómo  responder  estas interrogantes. Te invitamos a reflexionar al respecto.


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domingo, 28 de abril de 2013

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, NUNCA SEGUNDAS PARTES FUERON BUENAS

            El adagio castizo se cumple, una vez más. Lo más difícil en la vida es “parecerse” a quien no se es. Cuando nuestra voluntad y nuestro pensamiento están circunscriptos a la sombra de un segundo que ya no existe, no sólo estamos en el “limbo”, sino que aún cuando acertemos, nuestras acciones siempre estarán sometidas a un protocolo de comparación riesgosa. Si no somos “auténticos”, estamos perdidos. 
Al “no ser Chávez”, Maduro no podrá jamás triunfar, pese a tener bajo su mando todas las  herramientas del poder, intactas, tal cual como las poseyó quien hizo a Maduro a su imagen y semejanza. Nunca tendrá ideas propias; nunca saltará los muros de la opinión proponiendo su nombre y olvidando su origen. Nunca “madurará”. La historia se lo llevará por delante y los acontecimientos lo arrasarán. Es la maldición del “hijo pródigo”.
            La muerte anticipada de Chávez fue una derrota para la revolución y una estrepitosa e indetenible caída para sus adláteres. Los obligó a mentir. A engañarse a sí mismos para ganar tiempo. El 10 de Enero fue  “un nuevo Trafalgar”, donde y cuando el rumbo del poder tuvo que alterar la bitácora y poner al sur en el lugar del norte. La aventura de la “continuidad administrativa” hizo sucumbir los restos de legitimidad a un régimen que a pesar de todo se empeñó –y lo logró mientras Chávez se mantuvo vivo-- en aparecer ante el mundo como un “totalitarismo democrático” o como un “socialismo capitalista”. Fue la agenda que le diseñó  Fidel Castro a su más aventajado pupilo revolucionario. Pero no estaba previsto que sucedieran los hechos como los vividos, aparatosamente, por los “bolivarianos”, en los meses que van del presente año. Demasiada carga para un solo hombre. Vice-presidente de un gobierno sin dueño; candidato de un partido sin líder; Presidente “electo” por un pueblo ausente, son demasiado para quien ni siquiera pasó por las aulas del “cuartel de la montaña” y nunca lució glamorosas charreteras.
            Maduro perdió las elecciones. El 14 de abril, un pueblo acostumbrado a rebelarse, se rebeló. Ya lo había hecho en sucesivos eventos electorales en los cuales dijo a su “líder” que no le aceptaba sus ideas, aún cuando le respetaba su verbo, su gracia, sus payasadas y sus bondadosas aproximaciones al mundo de la pobreza. Pero en todas estas ocasiones, casi sin excepción, desde el 2004, el pueblo fue engañado, irrespetado y confundido por una falange organizada que ha tomado por asalto la burocracia estatal, bajo la falsa égida de una revolución. Sin embargo, porque nunca hubo quien lo guiara hacia un protesta seria, “el pueblo” aceptó, cada vez,  que le desconocieran su decisión y dejó que las cosas continuaran su marcha  hacia un fin que tampoco preveían catastrófico. La diferencia ahora es que las circunstancias le dieron un sentido de cambio a la desaparición del caudillo, cuyos restos reposan, mientras tanto y no para siempre, en el nuevo museo militar bolivariano. A Chávez no le sucedió Maduro; quien  hace sus veces, ahora, es Capriles. “Nunca segundas partes fueron buenas”.
           
Veremos cómo se van a desarrollar los acontecimientos, encaminados al entierro de una causa, ya perdida. El poder electoral luce descalificado, por decir lo menos. Sus instrumentos operativos ya no van a ser sujeto más nunca, de la confianza popular. Podríamos pronosticar, incluso, que si no cambian “todo”, en Venezuela no habrá más elecciones. Esta vez la estrategia de la oposición y de su nuevo líder, nos lucen correctas y oportunas. El CNE no aceptará ser revisado “por dentro”, por lo cual nunca permitirá la “lectura” de los famosos cuadernos en los cuales nos obligan a estampar la huella y la firma nuestra. Se impugnarán las elecciones, recurriendo a otro de los frentes  capturados para sí por el mismo régimen: el Tribunal Supremo de Justicia, para que a su vez, la revolución gane tiempo y siga viviendo de una ilusión. No hay continuidad garantizada. Pero, ¿cuál será el final de este proceso?
             Venezuela es un país miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), así como de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Si algo hoy se cuida, con extremado celo en las múltiples derivaciones de estos organismos mundiales, son los Derechos Humanos y la transparencia del voto, como esencia de la democracia. Las pruebas que no quiere verificar ni auditar el CNE, están en manos de la gente de Capriles  y tanto su existencia como su contundencia pasan de ser una hipotética suposición a una demostración palpable, reflejada en el temor del régimen a ir a un “recuento de los votos”, tal como ha ocurrido en muchos países del continente, en eventos que revelaron una verdad mal escondida. El camino de la impugnación no se quedará tan sólo en las salas Electoral y Constitucional del TSJ. Cuando esta máxima instancia, como lo presume cualquier analista medianamente informado, esquive el bulto de la confrontación jurídico-constitucional y en un “ping-pong” al cual ya estamos acostumbrados, renuncie a pronunciarse en beneficio del respeto a la competencia jurisdiccional del Poder Electoral, Capriles recurrirá a la opinión y a la acción de los organismos internacionales. Allí, hace algunos años, terminó el régimen arbitrario de Alberto Fujimori en el Perú; allí, igualmente, se corrigió el rumbo de la “Revolución Sandinista” en Nicaragua lustros atrás y allí pudo haber recurrido, más recientemente, en México, el derrotado López Obrador, si la instancia electoral del vecino país no hubiese acordado, como se hizo, un inescrupuloso recuento de los votos del pueblo azteca, bajo la supervisión de los citados organismos. Si no hay la suficiente amplitud  en la conducta de nuestros medios institucionales y se resuelve nuestro conflicto, mediante una auditoría que despeje hasta la menor duda y a satisfacción de las partes, Venezuela caerá en la observación internacional y el peso de sus presiones provocará el surgimiento de fenómenos internos que clarificarán nuestro actualmente enturbiado panorama político. Ya estamos siendo objeto de una aguda observación mundial y mucho más allá del importantísimo sentimiento nacional, ese mundo tiene una destacada injerencia en nuestra realidad económico-social, tanto más en cuanto somos la principal reserva de hidrocarburos, materia prima no renovable y ante cuyo efecto sobre el comercio nadie deja de advertir. Hasta los chinos pondrán su grano de arena para que le encontremos una salida a la controversia de hoy y para que le recordemos a los que les competa que “nunca segundas partes fueron buenas”.
grooscors81@gmail.com

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miércoles, 10 de abril de 2013

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO, PIÉNSALO BIEN, TU VOTO PUEDE SALVAR A VENEZUELA, NO A LA ABSTENCION,


Muchas veces hemos planteado el problema de la abstención electoral como una cuestión de índole moral, que va mucho mas allá de la simple decisión, democrática, de cada uno de quienes se niegan a participar electoralmente en situaciones como las que atraviesa Venezuela en la actualidad.

En una sociedad abierta, organizada por los cánones de la modernidad, el individuo también tiene derecho a no participar en el debate público y político, aún cuando esté consciente de que su cualidad de ciudadano le apareja un cúmulo de deberes cuyo cumplimiento debe determinarse como una muestra mínima, pero esencial, de solidaridad con sus semejantes y coterráneos. En condiciones normales, un voto más o un voto menos no hace la diferencia para decidir la existencia o la supresión de un país, dentro de un contexto histórico determinado. Pero no es este el caso de la Venezuela actual; no estamos viviendo dentro de una normalidad y ni siquiera debemos pensar que pasamos por una simple coyuntura, en cuya  ligera distorsión las  mismas circunstancias que la acompañan  se encargarian de corregir. No. Venezuela vive, de verdad, un episodio dramático, cuya continuidad amenaza su calidad de nación, de país, de república soberana, como herencia de nuestros Libertadores y como propiedad de todos los que nacimos en su territorio.

             En 1958, cuando elegimos Presidente a Rómulo Betancourt, inmediatamente después de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el índice de abstención fue inferior al 8% y en los procesos electorales sucesivos más bien bajó a más de la mitad del dígito indicado, señalando un  creciente deseo de participación del venezolano en las justas electorales. Una decisión firme de consolidar el régimen democrático.  No obstante, cuando ocurre la segunda nominación de Carlos Andrés Pérez, (¿rechazo a la reelección?) la abstención  llegó a un 18%; es decir, se comenzó a revelar que una importante porción del electorado expresaba desconfianza o desinterés por las propuestas presentadas para su discernimiento. Tal vez cansancio. Pero, es después del “caracazo” y de la aparición de los golpes de estado frustrados del 92, promovidos por grupos de oficiales de las FAN, bajo el mando del actual Presidente Chávez, cuando comienzan a darse, en inmediatas elecciones presidenciales, márgenes de abstención significativos, superiores al 30%. Podríamos decir una abstención “militante”, por su tamaño y su frecuencia. Abstención que,   evidentemente, revelaba  pérdida de esperanzas en el sistema y deseos, por contrario imperio, de un cambio sustantivo en la manera de concebir el ejercicio de gobierno. Para las elecciones del 2000, incluso, la abstención llegó al 42%.

            En todos los últimos procesos electorales una buena parte de los venezolanos inscriptos en el REP, se ha apartado del cumplimiento de su obligación de expresar su opinión acerca de cómo y quiénes deberían dirigir los destinos del país. Entre el 2008 y el 2010, casi Seis Millones de compatriotas se han mantenido al margen del ejercicio comicial. Ya somos Treinta Millones los que habitamos dentro de nuestras fronteras y una masa extensa de Dieciocho Millones tenemos el compromiso de abrirle las puertas al futuro, con grandeza, o…. cerrarlas, perversamente,  para que el país se hunda en la anomia, en la desorganización social, en la petulante “revolución bonita” propuesta por nuestros actuales gobernantes, más bien pensando en el modelo cubano, vergüenza anti-democrática del Continente, o en el modelo de la Libia de Gadaffi y su Libro Verde, sobre cuya desaparición está cifrada la esperanza de la gran mayoría de los pueblos de nuestro mundo.

            Existen, claro está, muchas razones, o motivos, para explicar el ausentismo electoral de tantos compatriotas. Incluso, uno de ellos, el miedo a perder derechos naturales y consagrados ante un gobierno que amenaza constantemente la libertad individual, conducta abiertamente promovida por el régimen,  hasta ahora, con éxito. A nadie más favorece la abstención como a quien la manipula, aviesamente, para enmascarar su propósito dictatorial y herir a la democracia con un malinterpretado ejercicio de una de sus más nobles herramientas, la del voto popular. El que se abstiene no vota; pero,  por omisión, por no cumplir con su responsabilidad ciudadana,  contribuye a lo peor social y ayuda a los enemigos de sus valores a imponerse sobre quienes los defienden de verdad.

             Diríamos que lo más importante, en la hora actual, más allá de las primarias, más allá del nombre del candidato que terminará escogiéndose por una u otra vía de consulta a las grandes mayorías populares, es convencer a los venezolanos de que todavía nos queda un recurso democrático, no controlado por el régimen, mediante el cual podríamos ratificar lo que dijimos en el Referendo Constitucional del 2007, en el sentido de que no queremos una desviación comunista en nuestro país. Que no queremos una Cuba ni una Libia totalitarias, impuestas a la brava sobre nuestra historia democrática. Que lo que queremos es, cada vez más, justicia, libertad e independencia, para sentirnos cada vez más dueños de nuestra soberanía, más venezolanos, más demócratas, más dignos de nuestra historia y de nuestros libertadores. Y ese recurso que nos queda es el voto. No hay nada que justifique la abstención. No a la abstención. Los que nos causaron daño en el pasado, allá ellos con  su conciencia. Pero nada de lo hecho por otros fue, o es tan dañino, como esta entrega brutal de nuestro destino a extraños que no pueden promover nuestra grandeza; a este sometimiento tan innoble a la voluntad de un solo hombre, recurrencia caudillista que habíamos dejado en el olvido, hace ya muchos lustros. A este sectarismo ideológico, importado, alimentado por intereses contrarios a nuestra propia manera de ser y al que estamos dejando que tome cada vez más cuerpo, por la negligencia de los que creen tener demasiadas razones para no defender al sistema democrático y abstenerse de votar. Seis Millones se ausentaron de las urnas el pasado 26 de Septiembre. Seis Millones que terminaron votando por quienes nos quieren doblegar y reducir a nuestro pueblo a una simple y pobre piltrafa, en manos chinas, o cubanas, o rusas, o musulmanas, en una traición que ahoga la sevicia de cualquier otro tráfago imperial.

             El slogan del No a la Abstención debe convertirse en una cruzada solemne, que comience a caminar desde ya sobre nuestro territorio y sobre nuestra conciencia, de manera que no quede nadie sin conocer su aguda significación . Venezuela se salva o se hunde en las próximas elecciones presidenciales. Cuba tiene 52 años en manos de la dictadura castrista. Libia tiene 42 bajo el yugo de un demente. Más allá de los pasados doce años vendría una eternidad de sufrimientos y de carencias, donde lo más lamentable sería la pérdida de  nuestra dignidad humana. El que no vote en el 2012, habrá votado contra si mismo; habrá votado por empujar a Venezuela hacia su propio infierno. Hagamos un esfuerzo final, desde ya, a tiempo,  para identificar a los que se han venido absurdamente absteniendo de votar. Entendamos sus razones; pero vamos a convencerlos de la bondad de nuestra primera misión,  la de captar los millones de votos que nos faltan y que están en ese amplio abanico que ellos conforman cuando se abstienen. En ellos está nuestro destino. Confiemos en su cambio de actitud y derrotemos cualquier reacción pesimista. Tengámoslo bien claro. Empecemos la cruzada ya, a un año largo de la campaña final y digamos, con firmeza, con convicción, con amor a Venezuela: ¡No a la Abstención!.

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