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lunes, 14 de marzo de 2016

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LA OSADÍA DE LA IGNORANCIA, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL, UNA POLÍTICA QUE CALDEÓ LA CALLE

Todo problema lo resuelve el régimen según su miopía ideológica la cual lo convierte en causa  directa para arrogarse un infundado maltrato. Y de ello se vale para complicar aún más el país en todos sus ámbitos.
No todo lo que sucede en la vida, resulta de la sucesión ininterrumpida de eventos concomitantes o vinculados a situaciones particulares. Muchas veces, esas situaciones o condiciones son causadas por brincos que ocurren en el trazado de los objetivos que en principio las definen. Brincos o saltos éstos que se suscitan a consecuencia de la alternabilidad que, naturalmente, ocurren en un plano de circunstancias aisladas entre sí. No obstante, en el mundo de la política estos sucesos, aunque semejantes, se comportan con sucintas diferencias. Sobre todo, por causa de choques entre intereses a pesar de que estos se expongan a condiciones análogas. El problema surge cuando estas condiciones lucen marcados contrastes. Es ahí cuando el comportamiento de estos intereses tiende a modificarse haciendo que cambie no sólo la apariencia de la condición asociada a los mismos. También, su naturaleza.
Esta explicación adquiere sentido al situarla frente a la situación política venezolana determinada por el decreto renovado este mes por el presidente estadounidense, Barack Obama. Desde luego,  que el ambiente político nacional vuelve a acalorarse. Pero sin alguna razón de peso o causa ciertamente acusadora que justifique el desvío de la decisión del gobierno norteamericano y que se tradujo en la exacerbación de los ánimos oficialistas. Específicamente, porque el régimen socialista no ha querido entender que dicho decreto sólo contiene “sanciones limitadas” a ciertos personajes quienes, a juicio de EE.UU., han mostrado un comportamiento deshonesto en Venezuela al desviar recursos económicos para fines personales: fortunas ilícitas y escandalosas obtenidas mediante procedimientos también ilegítimos y al margen de la decencia.
La declaración de una “emergencia nacional”, tal como lo señala la medida presidencial norteamericana, es una herramienta con la que cuenta el presidente de Estados Unidos para aplicar sanciones contra funcionarios que han sido protagonista de episodios de corrupción, violencia política o que han atropellado derechos humanos. De hecho, Max Toner portavoz adjunto de la diplomacia estadounidense, explicó que la descripción de “amenaza para la seguridad nacional” es simplemente una fórmula jurídica utilizada por los presidentes estadounidenses para tener la argumentación legal necesaria que les permita imponer sanciones en el ámbito exclusivo del territorio norteamericano. Así que realmente ello no constituye amenaza alguna para Venezuela pues no está dirigida ni contra el pueblo venezolano, ni contra su gobierno.
El problema tiene la borrosa connotación que pretende darle el embadurnado gobierno criollo pues raya en un show de pésimo espectáculo. Para ello suscribe su actuación a un agotado modelo de diplomacia radical que colisiona con la esencia de una democracia cimentada sobre valores de respeto consagrados por la Constitución nacional cuando exalta como derecho económico “la creación y justa distribución de la riqueza”. De un riqueza basada en el trabajo honrado y digno. Pero el concepto arrugado de “revolución” que sigue el régimen venezolano, no se plantea reconocer que la intención del gobierno norteamericano reside en la necesidad de motivar y compartir áreas de mutua convivencia y observancia de ley tal como es ansiado por los venezolanos. Es decir, la búsqueda de una Venezuela democrática, próspera y segura. De un país que respire bienestar, justicia, libertades y pluralismo político. Es así que este y otros muchos problemas, los resuelve el régimen aferrado a su miopía ideológica la cual utiliza como criterio para arrogarse un infundado maltrato del cual se vale para complicar más aún el país. En este caso, agrava la situación con el pretexto del presunto asedio norteamericano por vía del referido decreto.
Tan apesadumbrada reacción gubernamental, le acarrea mayor desconfianza al país perjudicándole todavía más su economía, ya bastante destartalada. Así que el renovado decreto del presidente Obama, a manera de confrontar la impunidad que desborda las acciones del gobierno venezolano, significa el establecimiento de límites que eviten tanta degradación al sentido de justicia que requiere el desarrollo de pueblos que se precian de actuar bajo un Estado de Derecho. Lo contrario, es simplemente vulgarizar una corrupción amparada por todo lo que un gobierno puede silenciar y ocultar bajo los efectos de la osadía de la ignorancia.
VENTANA DE PAPEL

UNA POLÍTICA QUE CALDEÓ LA CALLE
Los últimos eventos que ha escarmentado Venezuela, dejan ver el divorcio de las políticas gubernamentales con los clamores nacionales. Por consiguiente, las realidades se fracturaron hasta romperse en tantas partes como intereses y necesidades fueron organizándose al amparo de facciones y movimientos político-partidistas. Mientras el pueblo ha padecido de un sinnúmero de problemas relacionados con los derechos que lo asisten como colectivo humano, el gobierno ha hecho ver ante los ojos del mundo que en Venezuela todo está mejor que bien. Que casi lo convirtió en el “país de la maravillas” del cuento del escritor británico Lewis Carroll. O acaso, “Juan Bimba en el país del maravilloso legado del comandante galáctico”.
Pero a decir por lo que la teoría política ilustra, el problema tiene una lectura distinta. Una visión fundamentada en razones que explican políticas públicas corroídas por culpa de gobernantes para quienes el objetivo central ha sido hacer proselitismo por encima de todo. Creen que de ello depende conservar el poder sin que importen problemas de otra naturaleza que no sean aquellos que les asegure la estabilidad política, exclusivamente.
Ante lo que esta desconexión entre gobierno (sirviéndose de un mensaje provocador) y pueblo (su realidad) se ha generado, el país ha entrado en momentos como jamás, su historia republicana, ha referido.
Ahora, las realidades son otras de las que se dieron en 1998 cuando la revolución, aunque para entonces callada, arribó al poder con Hugo Chávez a la cabeza. Puede decirse que si de alguna forma el extinto presidente, en doce años de mandato, signó el devenir nacional con su impronta de equivocaciones y desmembraciones sociales, su sucesor no pudo con el país. Éste no llegó a calzarlo pues la horma del país, le quedó bastante grande a su capacidad. No le han valido los trucos ni la magia. Tampoco las oraciones que en estos últimos años han elevado los brujos revolucionarios.
Por lo contrario, el país se anarquizó a consecuencia del desorden bajo el cual pretende gobernarse. En medio de ese andamiaje construido al azar e improvisadamente, el alto gobierno ha jugado a las oportunidades que las coyunturas le ofrecen. De esta manera, apostando a ganar alguna de las partidas, el régimen socialista se plantea excusas que permitan justificarse ante los resultados que la incompetencia gubernamental provoca. Pero al perder tales oportunidades por llegar tarde o considerar estratégica la tardanza, los funcionarios o adeptos al proceso se empeñan en comprometerse por encima de sus habilidades. Y eso es lo que en verdad, tiene marcado al país. Pero marcado en el pizarrón de los países perdedores. Indistintamente de que en otrora Venezuela fue un país ejemplo en numerosos tópicos que enorgullecían a sus habitantes, ahora ocupa los últimos lugares en indicadores de desarrollo y democracia. Y entre los primeros, en listas de gobiernos corruptos, tramposos y quebrados. Además, entre los más violentos e inseguros.
De nada le ha valido al régimen sus discursos antiimperialistas o que reivindiquen una moral socialista pues los problemas de la población son otros que el régimen ni atiende ni entiende. O no quiere hacerlo. Las medidas asumidas por el Ejecutivo Nacional, plantean propósitos que al desconocer las realidades, producen un efecto de perturbación que canaliza resultados contraproducentes. Por eso el gobierno sale peor parado cada día. Su popularidad decae ante ojos oficialista que sólo ven “cuanto hay para eso”.
El régimen no se cuidó de las consecuencias  que sus decisiones provocaron ya que alentaron y siguen animando seguidas protestas populares. Aunque a pesar de ello, la situación que se vive pasó a ser una esperanzadora respuesta ante una política que caldeó la calle.
“Cuando la ignorancia se desparrama sobre el ámbito de gobierno, las decisiones elaboradas se encauzan o por la vía de la indolencia, a sabiendas del perjuicio que acarrean las medidas tomadas, o de la mano de la inopia a pesar de que los daños generados causen los mismos o peores problemas”
Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
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lunes, 19 de octubre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, AHOGADO EN LA IMPUDICIA, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL,

La falta total de razón y discurso o estolidez característica del discurrir populista y demagógico, es la causa que ha disparado la sarta de equivocaciones que terminan solapándose con improvisaciones.
 
No es extraño que todo gobierno despótico, utilice discursos rabiosos y sin contenidos. Tan resuelto estilo tiene su razón. O crear el temor necesario sobre el cual opera toda dictadura, o las suficientes aunque falsas emociones que determinan el soporte político mínimo a partir del cual el gobernante busca asegurar su estabilidad en el poder. Aunque pocos son los discursos de este género que alcanzan a ser memorables dada su garra o fuerza dialéctica. Sin embargo, algunos logran calar en virtud de las angustias que despiertan. Otros, sólo sirven para abarrotar espacios proselitistas. Pero ninguno carece de arranques de furia o arrojos de emociones derivando casi siempre en azarosas consecuencias. Muchas veces incitados por la fuerza necesaria para arrastrar roñosos problemas. O sencillamente, para azuzar potenciales crisis amodorradas en la subconsciencia política del hombre fustigado o atormentado por las coyunturas indebidamente dirigidas por quienes en ejercicio de la política, como gobernantes o dirigentes político-partidistas, se arrogan presunciones con el perverso propósito de desfigurar libertades o retorcer derechos humanos fundamentales cuyos resultados tienden a corromper y socavar la ya precaria democracia.

La falta total de razón y discurso o estolidez característica del discurrir populista y demagógico, es la causa que ha disparado la sarta de equivocaciones que terminan solapándose con improvisaciones. De manera que los escenarios a los cuales esta problemática se vincula, se convierten en la arena política preferida para elaborar y tomar decisiones apresuradas que justifican el desorden revolucionario que comienza a apostarse. Precisamente, es la situación que ha envuelto a Venezuela al extremo de convertirla en un grueso espacio azorado por incongruencias de todo tenor, tamaño e intención.

Los hechos del jueves 15-O, constituyen expresión fehaciente del desarreglo que hoy padece el país. Las declaraciones del presidente de la República, en cadena nacional, lejos de desafiar la desesperación con esperanza o de motorizar el optimismo a partir del reconocimiento del otro, sólo sirvió para intensificar la crisis de Estado toda vez que ésta cabalga sobre otras crisis que colateralmente contribuyen a convertir al país en el maremágnum o enredo que acogota las expectativas del venezolano con consciencia de sus derechos, libertades y garantías políticas, sociales y económicas.

Así que a pesar de que por orden presidencial el salario mínimo pueda elevarse a 9.648 bolívares a partir de noviembre próximo, el poder de compra retrocederá abismalmente lo cual constituye otra de las manidas contradicciones recurrentes en medio de una economía desbaratada dada la hiperinflación reinante, en medio de regímenes cuyos discursos se apartan enormemente de las realidades. Este menguado aumento salarial, ni siquiera alcanzará “para media empanada diaria”. Tan insignificante ha de resultar el aludido incremento, como insustancial o anodino ha sido el actual gobierno en términos de las exigencias no sólo internas, sino también externas. Sin embargo, no hay dudas de que tal pronunciamiento oficialista responde a una vulgar medida proselitista tomada de cara a las venideras elecciones parlamentarias. Ello, por supuesto, al margen del caos económico-financiero-administrativo que está profundizando la descalabrada funcionalidad del país. Gracias al desequilibrio generado por la ventaja alcanzada por la politiquería revolucionaria, carente de consideraciones que adviertan la aguda brecha entre capacidad de gobernar y objetivos democráticos y que como problema, se hace sentir en medio de las presentes realidades.

Vale destacar que la aprensión del régimen por verse opacado por el retorno del opositor y fundador del partido Un Nuevo Tiempo (UNT). Manuel Rosales, exgobernador del estado Zulia, fue el detonante que activó la injusta y cobarde decisión de su aprehensión. Indiscutiblemente, que tan alevoso hecho, contribuirá a abollar la escurridiza popularidad del régimen puesto que con ello vuelve a evidenciarse que el actual Sistema Judicial venezolano está al servicio de intereses políticos gubernamentales. Mientras tanto, la impunidad sigue resguardando a sicarios, corruptos, matones de oficio, abusadores, delincuentes, bravucones y mercenarios políticos. Toda esta situación, viene acentuándose como resultado de tener un gobierno que además de estar atemorizado ante lo que el futuro le depara, está ahogado en la impudicia.

VENTANA DE PAPEL

CUANDO LA EDUCACIÓN ES HUMILLADA POR LA POLITIQUERÍA

¿Qué puede esperarse de la educación brindada en las instituciones escolares dependientes del Estado venezolano, si el ministro de Educación actúa más como propagandista y operador político, que como supervisor, coordinador y motivador de la educación tal como lo concibe la Ley Orgánica de Educación cuando se refiere el compromiso que le depara a las escuelas públicas adscritas al gobierno nacional cuando de educar al venezolano se trata. Sin embargo cuando se lee la Memoria y Cuenta 2014 del respectivo ministerio, la última de la cual se tiene noticia, se pone de manifiesto el interés por potenciar el sistema político del Estado mediante acciones recurrentes dirigidas a favorecer la ideología que comulgan sus representantes cuando actúan como fichas o cuadros político-partidistas en nombre del denominado socialismo del siglo XXI.

En medio de la crisis que golpea al país, la educación básica e integral se ha venido a menos toda vez que el régimen prefiere dotar de recursos todos los estamentos públicos que sirven para hacer proselitismo, antes que incitar el desarrollo de la persona inculcándole valores morales mediante un proceso educacional acorde con la necesidad de construir una sociedad de excelencia que aporte conocimientos al crecimiento nacional. No obstante, prevalece la indolencia que acompaña las determinaciones que adelanta el régimen en consonancia con lo que describe el Plan de la Patria, recurso éste del cual se vale el alto gobierno para excusarse del enorme retroceso que está viviendo la educación primaria tanto como la educación media. Por consiguiente, la educación se ha visto, como nunca, infamemente desviada de su razón de ser. La injerencia de actores políticos disfrazados de Consejos Comunales, está deformando la escuela al extremo que interviene en decisiones que, ni siquiera la Zona Educativa correspondiente, las elabora.

La situación es deprimente. Así se tiene, profesores que acometen su función docente estricta y únicamente a instancia de las líneas político-partidistas del PSUV. Supervisores que se limitan a asomarse en las escuelas actuando como comisarios políticos solamente para señalar a docentes de talante democrático. Direcciones que son cómplice para las asignaciones "a dedo" de contratos y nombramientos laborales. Partidas presupuestarias gastadas en asuntos que en nada se corresponden con inversiones propias del proceso educacional. Desigual reparto de recursos materiales y humanos. Y escuelas donde se tercia la deficiente o nula preparación académica de docentes. Entre estos problemas, vive la escuela bolivariana donde se habla de “educación de valores”, de la formación del “hombre nuevo”. Pero lo más grave, es que al interior de estas escuelas pretende encorvarse la educación de acuerdo al propósito de convertirla en centro de alineación “socialista”.

La subordinación de la escuela venezolana tiene su explicación en un modelo cubanizado que impone estructuras, currículos, y un sembrar de consciencia que malogra la verdadera historia, la idiosincrasia del venezolano según su identidad regional o local, y hasta los saberes autóctonos. Con el pretexto del infundado socialismo, intentan relegar la educación a la concepción que ordena una única ideología política para así dificultar construir la identidad del país. O con la coartada de un proceso electoral por la cual se exige a los maestros trabajo proselitista con aquello del “uno por diez”. Y esto sucede, cuando la educación es humillada por la politiquería.

“Cuando un gobierno está al borde de la desesperación, inventa cualquier excusa para seguir dibujándole al país un imaginario que sólo cabe en el pensamiento de cuanto iluso pueda haber. Sin que importe lo que pueda ordenar, a pesar  del clima de desarreglo que exista, lo único seguro es que el caos será peor.Y en ambientes así es que esos regímenes actúan mejor”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Venezuela

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lunes, 5 de octubre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, VIVIR MURIENDO…

La actual crisis de Estado, es expresión del rotundo fracaso de un modelo político-económico que el régimen populista y demagogo ha pretendido instaurar en el marco de una gestión de gobierno ineficiente y corrupta.

A decir de los poetas, cada día se va de las manos de quienes poco o nada entienden que vivir es recordarse. Bien lo escribió Gottfried Benn, poeta y ensayista alemán, “vivir es echar puentes sobre los ríos que pasan”. Es decir, venciendo las adversidades. Y precisamente, la muerte es una de ellas. Al respecto, la lógica explica que es propio morir cuando está viviéndose ya que la muerte es propia en los seres vivos. Aunque lo que vive se opone siempre a lo que muere. No obstante, el concepto de vida, según el inglés y filósofo de la política, Thomas Hobbes, es relativo ya que vivir es más que existir. Es un único acontecimiento. Es un problema de subsistencia entre individuos con apetencias propias y legítimas muchas de las cuales son infundadamente valoradas en aras de los intereses y necesidades de cada quien. Así Hobbes explicó que “la vida es un perpetuo movimiento que si no puede progresar en línea recta, se desenvuelve en círculo”.

Sin embargo, tal adagio pareciera pecar de idealista por cuanto la vida adquiere una dinámica tan particular que gráficamente no representaría necesariamente un círculo o alguna figura que evidencie continuidad en su trazado o desarrollo. La actualidad está caracterizada por tiempos tan móviles, ásperos, lúgubres, plácidos y, desde luego, injusto e inciertos, que ni siquiera el espacio tiene cabida en su contenido. El tiempo es tan cambiante, que su movilidad no acepta otra cosa distinta que su esencia. Por eso se dice que lo único estable es el cambio que opera en el tiempo.

En política, esta acepción no sólo es infalible. También es intrigante, agorera y calamitosa. Es así toda vez que la política actúa solapadamente cuando las condiciones lo permiten. Más, cuando lucen favorables al hecho de crear el engaño necesario bajo el cual se procuran inducir las circunstancias para someterlo al influjo de las ideologías dominantes. El caso venezolano es patético ejemplo de la situación que la explicación anterior asoma. La vigente crisis de Estado, calificada de integral por sus manifestaciones en todos los órdenes, es expresión del rotundo fracaso de un modelo político-económico que el régimen populista y demagogo ha pretendido instaurar en el marco de una gestión de gobierno ineficiente y corrupta. En consecuencia, hizo que se exacerbaran males acumulados. Y al mismo tiempo, que se generaran nuevos problemas que agravaron más aún las realidades.

Ahora la estructura social, política y económica del país, pasó a ser resultante de un proceso histórico de infaustas acumulaciones y aciagas distorsiones que, a lo largo del recorrido del siglo XXI, coadyuvaron a concentrar la riqueza y el poder en las pocas y largas manos de agentes políticos actuando en nombre de una vulgar revolución bolivariana.  A tal extremo llegaron sus efectos que hasta los más legitimados derechos humanos, se han visto amenazados y vapuleados por la coerción de la administración trastornada de gobierno.

Derechos asociados a la vida, la salud, al trabajo, a las libertades de comunicación, información, pensamiento  y de expresión, entre otros, son burlados por personeros que toman decisiones desde instancias superiores del Estado venezolano. Inclusive, el derecho a la libertad de conciencia se ha visto conculcado por intimidaciones de grosero sentido y contenido. Dada la indolencia que define al gobernante, su gestión ha visto con indiferencia la mengua de distintos problemas. Concretamente, del sector salud. Olvidó priorizar “la promoción de la salud y prevención de enfermedades” al dejar de garantizar un tratamiento oportuno, tanto como la rehabilitación de calidad que requiere la prestación de tan fundamentales servicios. Relegó su deber de otorgar un “presupuesto que permita cumplir con los objetivos de la política sanitaria” (Léase artículos 83, 84 y 85 Constitución de Venezuela)

Al presente, la salud del venezolano se convirtió en razón de tragedia pues la situación complicó el control de graves enfermedades. De hecho, la escasez de medicamentos e insumos quirúrgicos, o su desaparición del mercado farmacéutico, ha llevado a que la resignación se asuma como criterio de fortaleza ante la impotencia que causa una escabrosa realidad donde la muerte se torna ávida de vida. Ante ello, los médicos viven un conflicto ético por culpa de la incapacidad administrativa gubernamental para proveer con suficiencia a los establecimientos de salud de acuerdo a necesidades declaradas y comprobadas. Sólo les queda acompañar al paciente a morir. Ahora el venezolano debe aceptar que sin inventarios médico-quirúrgico y farmacológicos, sólo queda resignarse a vivir muriendo…

VENTANA DE PAPEL

A PUNTA DE MORDAZA

Cualquier venezolano con básico sentido común, podrá preguntarse por la indolencia de un país cuyas instituciones universitarias, se ven cada vez más debilitadas. Desde luego, están siendo magulladas por la acción tiránica y legalizada de un gobierno que intenta controlarlas para hacer de ellas burdos “cuarteles académicos”. Aún así, no hay una reacción nacional que asome un amplio malestar por el maltrato que están recibiendo. Sobre todo, al reconocer que el país ha sido construido por la guía de venezolanos formados en esas mismas universidades que ahora son agraviadas sin compasión ni medida.

Con la excusa de dificultades financieras que tienen ahogada la administración pública, el régimen busca justificarse para entonces descuadrar la economía universitaria y avanzar hacia su intervención, cosa que ya comenzó a ensayarse mediante abruptos dictámenes a instancia de un enajenado Poder Judicial. La autonomía universitaria no ha valido sino para su estudio  a nivel de investigaciones elaboradas que ocupan libros, revistas y ponencias de todo tenor.

Además, la indiferencia de unos tantos universitarios resignados, hace que muchos venezolanos crean que el problema por el cual lucha un inmenso conglomerado de trabajadores universitarios se vea reducido. O confundido, como cualquier necedad sin comprender que debajo del planteamiento de legítimos y verdaderos gremios universitarios, hay necesidades que sólo se acoplan con un desarrollo nacional hoy frustrado por culpa de la inanición a la que el régimen tiene sometido al país con el propósito de reducirlo geopolíticamente. Sin duda de que la autonomía está desguarnecida. La única forma de potenciarla, es mediante una universidad combativa, a la altura de la historia que simbolizó sus luchas a manera de honrar sus capacidades, disposición y memoria.

Esto obliga a entender que el problema va más allá de lo salarial. Indiscutiblemente, es político y como tal, debe considerarse. De esta forma, podrá actuarse en consonancia con las realidades y apelando a estrategias conjuntas que provoquen el mayor número de dudas en personeros del gobierno central para así restarles posibilidades de imponer más despropósitos que sólo están llevando a desgastar la Universidad a punta de mordaza.

“A PIQUE”

La decepción que muchos venezolanos viven, es inmensa. Quienes una vez votaron por el actual gobierno, se han desencantado de la opresión dominante. El conflicto universitario ha agravado más dicho problema. Una estudiante escribe por las redes sociales para “hacer un llamado a luchar por nuestra casa de estudio, nuestra querida e ilustre Universidad de Los Andes”.

Manifiesta ver como cada día aumenta el desanimo y la desesperanza de muchos por lo que he decidió “dejar de ser parte de ese montón y comenzar a ser parte de un cambio, de ser alguien que quiere luchar por algo mejor”. Por tanto afirma que no puede permitirse que la ULA se caiga a pedazos, a pesar de que los problemas que la afectan son múltiples. Queda entonces “defender el país y sus instituciones”.

Esta estudiante anónima plantea 1 día del tiempo de todos. “Pido que imaginen que es una prueba que van a presentar, que pasaran asistencia, que es obligatoria”. Su propuesta es una movilización que, sin generar polémicas, impacte por llevar un cartel, pancarta, hoja, etc. que hable de problemas que aquejan a la ULA. Pero que el mundo se entere que “necesitamos y exigimos educación de calidad para un desarrollo pleno y normal”. De lo contrario, el país se irá “a pique”.

“A menudo resulta inevitable pensar que vivir apegado a una ideología carente de fundamento, resulta tan abyecto como inmolarse sin precisa razón. Es el mismo comportamiento de quien  decide reducirse a vivir muriendo”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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lunes, 28 de septiembre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, UNA LECCIÓN DE POLÍTICA, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL

La palabra del Santo Padre, revolucionó la concepción de la vida del hombre al lograr que éste se compenetre con lo más recóndito que alberga el alma: la forma y la vía a recorrer para situarse entre sus semejantes. O sea, la igualdad.
La política no es sólo gestión. Es también palabra. Por esa razón, es sintaxis. Por consiguiente, es hermenéutica. El problema de no verla así, se da cuando la futilidad en la que se desenvuelve el populismo, lleva a que el ejercicio de la política se apoye en la comedia trágica propia de personajes cuya capacidad histriónica supera el nivel soportable de hipocresía toda vez que asume ésta como criterio demagógico para actuar entre mentiras pronunciadas y engaños decretados.

Quienes en verdad ejercen el oficio de la política en función de objetivos laudables que contribuyan al desarrollo económico y social de pueblos anhelantes de bienestar, buscan comprender las realidades basándose no sólo en la capacidad de otear las divergencias propias de la coexistencia humana. También, en la posibilidad que concede la libertad de la palabra para sustentar la democracia como sistema político. Asimismo, los valores que fundamentan la moralidad y la espiritualidad. Justamente, ello configura el escenario en el cual se puntualizan actitudes enmarcadas por la probidad, la sinceridad y el respeto.

El viaje del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos, sirve de marco conceptual y referencial para aludir lo que acoge la significación de la palabra cuando la misma se utiliza para exaltar voluntades y motivar decisiones que apuesten a exhortar el pluralismo político como cimiento de la tolerancia. Desde luego, no han faltado opiniones que denigren del discurso papal toda vez que, a juicio de quienes lo criticaron, “faltaron palabras como el respeto a los derechos humanos y a la libertad”. Sin embargo, debe reconocerse que el objetivo pastoral de dar un mensaje de misericordia, fue bien recibido. Haber centrado el discurso en la reconciliación y el perdón, tiene una lectura, a toda vista, muy necesaria en términos del rescate de los valores sociales que deben soportar la sana y constructiva movilidad de la sociedad.

El perdón y la reconciliación, no necesariamente deben circunscribirse  a sus acepciones teológicas, aun cuando son conceptos que igualmente quedan a la consideración de cada quien. O sea, según los intereses con los que se miren. Más aún, se advierte que sumada a tan necesarias alusiones, el Papa destacó el “respeto a las diferencias”. Pero sobre todo, la apología que hizo a la noción de “familia”, evidencia que su condición de pastor religioso no lo exime de su función como conductor de procesos políticos en medio de los graves problemas que aquejan al mundo actual. Indistintamente del lugar en el que dignamente le ha tocado blandir su papel de supremo representante de la Iglesia Católica.

La complicada labor como mediador entre Dios y los católicos en la persona de Francisco, le facilita la posibilidad de mediar entre posturas encontradas. Entender la misión que le corresponde como “misionero de la misericordia”, permite también comprender que su palabra aviva sentimientos que impulsan al hombre a actuar en consonancia con las emociones. Y si bien el ejercicio de la política toca la inteligencia emocional, debe aceptarse que por encima de toda referencia religiosa hay un interés por reconocer al otro como semejante. Y eso es lo que endosa la política en su sentido íntegro.

El Sumo Pontífice en su visita a Cuba y EE.UU., demostró actuar con el equilibrio propio de quien sabe conducirse entre dos aguas. Sus homilías y disertaciones, además de sus oraciones, dieron cuenta del sentido crítico que su pensamiento respetuoso alberga toda vez que, sin ofender o sin impugnar abiertamente a nadie, sus palabras simbolizan los postulados de una doctrina social que viene reivindicando la promoción del hombre en medio de un sociedad convulsionada. Pero que no deja de vivir las esperanzas de imponerse a las traumáticas circunstancias que hoy dominan al mundo en casi todas sus dimensiones.

La palabra del Santo Padre, revolucionó la concepción de la vida del hombre al lograr que éste se compenetre con lo más recóndito que alberga el alma: la forma y la vía a recorrer para situarse entre sus semejantes. O sea, la igualdad. Cada discurso, verdaderamente, tiene una carga de sublimidad que logra despertar en todos la virtud más impoluta del ser humano: la política. Su manera de hablarle a todos, enalteció las capacidades creadoras asentadas en la fe. Más, porque sus palabras constituyen, exactamente, una lección de política.

VENTANA DE PAPEL

PASTOR DE ALMAS Y SEMBRADOR DE FE
Pastorear no es asunto sencillo pues ello requiere tenacidad, constancia y manejo de la palabra. Cada rebaño a ser pastoreado, tiene sus peculiaridades dependiendo del propósito. Pero pastorear hombres se convierte en difícil realización puesto que la racionalidad y la espiritualidad que lo caracteriza, obliga a considerar más que su actitud ante los problemas, su alma ante la vida. Y esa virtud sólo está en manos de personas ungidas por la gracia de Dios. El Papa, es uno entre los pocos individuos escogidos para actuar como Pastor de Almas. Pero además, como Sembrador de Fe.
Eso significa una vida dedicada a la oración, a la meditación de los misterios de Dios, al trabajo manual e intelectual, a la vida comunitaria, a la lectura de la palabra de Dios y a la celebración de sus misterios. Pero sobre todo, a vivir para el magisterio de la Iglesia. Es decir, vivir para la enseñanza de los valores lo cual significa además, vivir apegado al amoris officium. O sea, atendiendo al amor como oficio. Eso es el ministerio pastoral. Para ello, necesita comunicarse con la globalidad del mundo político, social y cultural.
Así, tan ardua tarea, compromete al Santo Padre a actuar de conformidad con la Palabra de Dios toda vez que ella recoge los múltiples parajes por los cuales el hombre encamina sus objetivos de vida. Pero la misión del Vicario de Cristo, implica también un compromiso que demanda fe. Por eso, Francisco se convierte en un Sembrador de Fe para actuar con la jerarquía que le permite hacer el ministerio pastoral en nombre de Cristo, con el poder recibido de Cristo a través de la Iglesia y en favor de la misma Iglesia. En consecuencia, su trabajo pastoral necesita realizarlo en comunión con dirigentes del mundo político, cultural y social. Pero siempre apegado a la tradición, magisterio y reglas de fe.
Es cuando se ve al Papa andar por cuanto lugar sea posible para así irradiar valores cuya fuerza pueda pugnar las divergencias que han fracturado naciones completas y al mismo tiempo desarreglado historias. Muchas de ellas transformadas en infinitas catástrofes que atrapan capciosos y distraídos. Por tanto, el mundo se regocija de contar con un hombre cuya sensibilidad y motivación lo hace ser un Pastor de Almas y Sembrador de Fe.
UN PAÍS CERRADO A LA LUZ DEL DESARROLLO
El cerco a las universidades autónomas y experimentales, está alcanzado el objetivo que hace ocho años fue señalado por el contenido de la perversa aunque reprobada, circunstancialmente, Reforma Constitucional.
El sectarismo del régimen, aunado a la indolencia que acompaña todas sus fechorías, ha logrado poco a poco imponer buena parte de aquellas infelices consideraciones. No obstante, el problema se ha extendido a nivel de la Educación Básica. No sólo en lo referente a los salarios de hambre y a las voraces exigencias con lo cual el populismo dominante se sirve para maltratar al futuro del país expuesto a través de los niños y adolescentes bajo régimen educativo. También, mediante el desvío que padecen las escuelas como consecuencia de colocar directores cuyo único crédito es la credencial política otorgada por el PSUV o un consejo comunal afecto al gobierno. Así, sólo está garantizándose un país cerrado a la luz del desarrollo.
 “Un líder puede ser cualquiera a quien las circunstancias lo induzcan a actuar con fuerza. Pero si carece de ideales, capacidad de convicción y espiritualidad, es arrastrado por las confusiones contingentes hasta que desaparece en las arenas de la nimiedad”
Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
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lunes, 21 de septiembre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, : “CON EL SOL A LA ESPALDA”,

Las leyes venezolanas son letra muerta ante la impunidad que abriga la acción delictiva de dirigentes gubernamentales, delincuentes comunes, facciosos furibundos y provocadores de oficio.

Cuando la desesperación hace de las suyas, las virtudes se extravían en el camino de la desesperanza y del infortunio. Surge así un mundo mediocre, débil y sin fuerza, en el que la voluntad del hombre tiende a solaparse con la locura. En el fragor de tan borrosa situación, cunde la desconfianza. Sobre todo, el resentimiento a partir del cual se hace fácil la intromisión del despotismo donde prevalecen las virtudes humanas. Es decir, las realidades se tornan tan oscuras como sombríos se vuelven aquellos momentos dominados por la angustia de vivir bajo la inseguridad que causa el terror y la violencia en tiempos de dictadura. Ahí, la desesperación trastoca todo.

Así como tan iracunda situación llega a perturbar la vida de cualquier persona sin control sobre lo que su conciencia puede considerar, la desesperación igualmente arremete contra las instituciones que no tengan mayor y preciso sentido de lo que equivocadas o alevosas decisiones pueden acarrear. Particularmente, si son instituciones sometidas por la política de coyuntura o por ideología sin fundamento alguno. Es crudamente, el problema por el cual trasciende cualquier gobierno aterrado al percatarse de que el final de sus días encumbrado en el poder, está por llegar. Exactamente, es lo que padece el régimen venezolano al advertir tan inexorable realidad.

La desesperación insumió la poca capacidad que una vez pretendió arrogarse el pésimamente concebido proceso revolucionario cuando intentó accionar promesas que lejos de cumplir, contribuyó a desarticular mediante el desgobierno que animó con la obstinación propia de gobernantes sin formación. Pero tampoco, sin la disposición democrática que se requería para sacar adelante al país del marasmo que le indujo la llamada antipolítica que se deparó en la década de los noventa del siglo XX venezolano. Esto hizo que el país se desbordara a consecuencia del descalabro que el mismo régimen había consentido al confabularse con actores que juegan al terrorismo, a la corrupción, a la intimidación, a la tiranía, a la procacidad, y al narcotráfico. Por consiguiente, se burlan del ordenamiento jurídico, de los principios que soportan la constitucionalidad, de los derechos, libertades, valores y postulados que cimientan la democracia. Para decirlo llanamente, cabe la expresión: el país “se fue de madre”. O sea, que las determinaciones gubernamentales se excedieron más allá de lo regular causándole graves conmociones al país.

Venezuela se convirtió en un país social, económica y políticamente calamitoso. Incluso, moral y culturalmente. Las leyes son letra muerta ante la impunidad que abriga la acción delictiva de dirigentes gubernamentales, delincuentes comunes, facciosos furibundos y provocadores de oficio.  Al mismo tiempo que el régimen revela un rostro déspota, dictador, totalitario, a través de los pronunciamientos dictados por cualquier tribunal de la república, también muestra un semblante ramplón, insolente y violento a través de hordas de incultos y fanáticos capaces de apalear a cualquiera. O sea, el comportamiento propio del “gorilismo” característico de regímenes despiadados y sarcásticos. Particularmente, cuando advierten que han perdido su base de sustentación política y su popularidad. Algo equivalente a lo que médicamente se conoce como “metástasis”. O sea, el proceso de propagación de un foco canceroso. Pero que en estos casos de agudo debilitamiento, afecta la movilidad política, tanto como la estructura de poder al perderse la ascendencia que otorga la autoridad que tanto se ha empeñado el régimen por conservar y acrecentar al margen de toda consecuencia. Es ahí cuando invierte todo su esfuerzo en reprimir de la manera más cobarde. No sólo con represión física, sino también psicológica por lo cual busca llevar a la población a situaciones de desproporcionada exasperación y desmedida resignación.

No hay duda de que el régimen venezolano se ha planteado estrategias que van desde las exacerbadas inhabilitaciones a candidatos opositores, pasando por la criminalización de la oposición, la manida guerra económica para persuadir a la población de que el camino democrático no es conveniente. Más, cuando para esconder la desesperación que lo estremece cada día más, el régimen ha trazado otras vías represivas a sabiendas que, contrariamente a lo que ha buscado a fuerza de violencia y amedrentamientos, insiste en desgobernar aunque reconociendo que está “con el sol a la espalda”.

VENTANA DE PAPEL

TRAGEDIA UNIVERSITARIA

El problema de los universitarios pareciera haberse convertido en desventura, en desdicha toda vez que, a pesar de las energías invertidas por los legítimos protagonistas de tan incómoda situación, los resultados siguen siendo ambiguos. Siguen haciendo ver al país en ascuas. Y no es para menos puesto que es contradictorio que reconociéndose la importancia de la educación superior como el bastión sobre el cual descansa en buena parte la responsabilidad del desarrollo de una sociedad, incluso el Libertador Simón Bolívar lo asentía, un trabajador universitario, docente o profesional administrativo, no le sea debidamente reconocido su entrega.
En medio de tanta penuria y necesidades, tenga sueldos de miseria. De hecho, los concursos universitarios por ocupara cargos quedan desiertos pues la compensación salarial no representa el arrojo y voluntad de vivir las exigencias del trabajo académico.
Las discusiones ocasionadas en el seno de la II Convenció Colectiva Universitaria, es la demostración fehaciente del carácter demagógico que se empeña el régimen en reforzar, a través de obtusos criterios con ilegítimos representantes de gremios sin historia. Todo, con el perverso propósito de forzar escenarios diferenciados a fin de infundar el temor sobre el cual el régimen ofrece sus paliativos. Los movimientos del oficialismo dejan marcada su huella de manipulación que se convirtió en vulgar afrenta ante los reclamos de una FAPUV persuadida en las bondades y ventajas del diálogo respetuoso y civilista. Sin embargo, las realidades han despuntado situaciones que se alejan de las buenas maneras que exhorta el urbanismo y la tolerancia.
Muchos momentos sobreviven gracias a la resistencia de convencidos gremialistas que hablan en nombre del sentimiento que abriga la autonomía universitaria. Se sabe que detrás de los vaivenes mediáticos a los cuales se presta el régimen, existe la necesidad que moviliza los gobiernos populistas. O sea, la de aplicar políticas efectistas, no efectivas ni tampoco eficientes, pero que arrojen resultados rápidos para obtener el apoyo popular que garantice sostenerse en el poder. A todas estas, la incertidumbre continúa reinando. Es decir, sigue sin saberse con qué inventos van a salir. Jugaron a “la candelita por acá fumea” Pero en esa trampa no cayó la FAPUV.
Pisotearon significativos argumentos y remataron burlándose a espaldas de anhelos de miles de familias universitarias, para firmar las últimas cláusulas pendientes y así rematar la II CC plagada ya de violaciones. Aún así, el esfuerzo de la gente de la FAPUV por lograr la mayor transparencia posible en el decurso de esa y otras reuniones, no decae. Aunque a pesar de todo lo acordado e impuesto, no ha dejado de ser una enorme tragedia universitaria.

LO QUE DEBE HACERSE

Lo único que ayudará al país a resarcirse de tanta desgracia política, es insistiendo en el cambio del modelo socialista-intervencionista. Debe exigirse racionalidad en la política económica, tanto como en la política social. Deben proponerse acciones conjuntas que conduzcan a hacer que el régimen se sensibilice ante el clamos nacional. Debe entenderse que no habrá salida fácil y que indistintamente de quién sea el culpable, todos, sin excepción, habrán de aportar su cuota de sacrificio. O sea, “justos por pecadores”.

El país debe incitar acuerdos nacionales necesarios para validar el ajuste que reclamado, a sabiendas que ello será muy costoso y que obligará, como recientemente lo escribió Laureano Márquez: “a meter la cabeza entre las piernas y colocarnos en posición de impacto para capear el temporal de calamidades que se avecinan”.

Pero antes de asumir tan difícil postura, no debe olvidarse la necesidad de participar en todo lo posible. Pero de forma correcta. A pesar del miedo que da encarar la prepotencia de la arrogancia despótica. Es lo que debe hacerse.

“Mientras más desesperado se sienta un gobernante ante el justo reclamo de un pueblo con vocación democrática, más errores cometerá valiéndose de las armas de la ignominia”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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lunes, 14 de septiembre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, NO HAY CIFRAS. ¿Y QUÉ?, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL,

El país se ha dado a la tarea de ocultar las cifras entendidas como indicativos de la gestión gubernamental, como si de un juego macabro se tratara.

Todo desempeño administrativo-financiero, requiere necesariamente de registros que demuestren el discurrir operacional de todas las actividades asociadas a procesos contables, económicos, presupuestarios, estadísticos y evaluativos. Por eso, las leyes son insistentes ante tan estrictos requerimientos. Sin embargo, no conforme con tales determinaciones, estas obligaciones estimulan comportamientos sociales, políticos y económicos que buscan formalizar actitudes gubernamentales dirigidas a ordenar aquellas obligaciones de las cuales depende la funcionalidad sobre la cual se depara la eficacia y la eficiencia que llevan a un gobernante a preciarse de la transparencia que avala la razón del sistema político en el que descansa la gobernabilidad que su gestión procura alcanzar. Particularmente, si se habla de democracia.

A decir por las evidencias, el alto gobierno venezolano se empeña en mantener un estado de oscurantismo caracterizado por la ausencia de datos e información perceptible a partir de la cual puede asegurarse todo posibilidad de decisión sobre bases incuestionables. Por tanto, se minimizarían las dudas que pudieran surgir de referencias que al ser confrontadas con lo esperado, e interpretadas de acuerdo con criterios teóricos, se tomarían como testimonios ciertos de la evolución, estado y nivel que en un momento determinado exhibiría el desarrollo humano y la expansión y consolidación  económica y administrativa del aparato gubernamental. Pero acá no es así.

El país se ha dado a la tarea de ocultar las cifras entendidas como indicativos de la gestión gubernamental. Mucho más, si se reconocen como instrumentos evaluativos capaces de medir avances del desarrollo propio de todos aquellos procesos que comprometen al gobierno en términos del avance, retraso o estancamiento de las variables que definen las realidades a ser controladas y fiscalizadas. A la actualidad, ya en las postrimerías de 2015, por ejemplo, no hay datos sobre inflación. Desde 2013, no hay información sobre índices de pobreza. Posiblemente, el grado creciente de la insondable crisis económica que vino acorralando al país político desde mediados de 2010, puso al descubierto importantes razones que dieron al traste con programas de subsidios sociales encauzados como paliativos por el populismo demagógico imperante. Eso hizo que tanto el Instituto Nacional de Estadística, como el Banco Central de Venezuela advirtieran las consecuencias de la situación. Así que para jugar a la confabulación con el gobierno central, dejaron de informar sobre tan significativos indicadores lo cual hizo que se ensanchara aceleradamente la brecha entre la capacidad gubernamental para manejar procesos sociales, y la complejidad propias de estos para ser conducidos hacia objetivos democráticos.

En medio de tan crudo problema, comenzaron a negarse cifras que evidencian el Producto Interno Bruto, así como de la cantidad que se eroga  por importaciones, o del ingreso por exportaciones petroleras. Igualmente, en materia fiscal hay un espantoso desconocimiento que no permite tener alguna idea del déficit que hasta hoy se ha acumulado por la ineptitud y desidia de gobernantes que sólo parecen estar pendientes de asegurar su permanencia a riesgo de quebrantar las finanzas públicas en nombre de una revolución interesada en meras acciones de proselitismo. Como si actuando contra legem, beneficiarían al alto gobierno cuando lejos de tan arbitrarios procedimientos, sólo se consigue descalabrar más aún al país en general.

Toda esta situación ha llevado a la opacidad de la economía. Pero también, al fracaso de la política nacional pues en última instancia, debe reconocerse que la crisis que padece el Estado venezolano ha cundido los más apartados resquicios que configuran la trama de la sociedad. Como nunca, en la historia contemporánea, se había visto un desarreglo de tales desproporciones. Las comparaciones con base en indicadores internacionales, testifican tan aberrantes realidades. De hecho, el país ocupa primeros lugares en condiciones que revelan incertidumbre administrativa y contable, inflación, violencia, inseguridad, endeudamiento, desorden presupuestario, entre otros. Todas ellas, asentidas por el régimen y así declarar ante el mundo: no hay cifras. ¿Y qué?

VENTANA DE PAPEL

UNA CIUDAD ARREBATADA AL CELO DE SU SERRANÍA

Inexorablemente, los tiempos se resienten ante los cambios que adolecen las realidades. Son producto de todo cuanto interviene su contextura. Sin embargo, alrededor de esos cambios o modificaciones, determinados por las circunstancias, se posa la mano del hombre. O sea, la fuerza humana hace que tales realidades puedan tornarse más o menos insidiosas.
La Ciencia Política, por ejemplo, explica el carácter intrínseco bajo el cual se suscitan dichos reacomodos toda vez que los intereses y necesidades fácticas incitadas por la acción del hombre llevan a que muchas veces las correspondientes situaciones terminen convirtiéndose en problemas para su devenir y desarrollo. Es precisamente, cuando en medio de esta suerte de mutaciones se dan condiciones que motivan desarreglos en la conducta humana al extremo que, por ello, se generan contrariedades capaces de desarticular objetivos respecto de realidades. Es cuando se disocian valores por causa de apetencias o avaricias. Es cuando ocurre el fenómeno sociológico denominado: anomia. Es decir, un colapso de gobernabilidad que se da por no poder controlar una situación emergente de alienación experimentada por un individuo o una subcultura.
Este hecho provoca una situación de patética desorganización que resulta en un comportamiento distorsionado que a su vez anima graves problemas de orden público. Es cuando las ciudades convulsionan estimuladas por la impunidad que provoca el descontrol gubernamental. También, la complicidad que se da cuando el gobierno comienza a padecer los rigores de su agonía política en contradicción con la codicia que marca sus ansias de poder. Es cuando se dan cuadros de severa violencia que desfiguran propósitos de vida en medio de parajes de sangre y muerte. Tan recurrentes se tornan estas realidades, que los tiempos exhiben luto, odio y represión. La prensa transcribe noticias de lúgubre consideración puesto que las ciudades representan mapas coloreados de rojo y negro: sangre y dolor.
Hoy, las ciudades dejaron de ser refugios para el solaz de una ciudadanía activa y fortalecida en una ética social que exhortaba el afecto, la familia, el trabajo honrado y el estudio perseverante. Ni siquiera los factores constitucionales que apuntan al orden citadino, son capaces de atenuar y someter las fuerzas del mal disfrazadas de arrogantes y mediocres individuos capaces de convertir un proyecto de vida en una marca de tiza sobre un piso ensangrentado. Sobre todo si personas así de conflictivas, se ufanan por conducir una motocicleta con la cual burlar la capacidad de respuesta, ya bastante mermada, de la institución policial.
Es la realidad que viene mostrando una ciudad como Mérida, en otrora pintada con el bucólico pincel que podía permitirle la naturaleza social de gente cordial y hospitalaria que una vez caminó sus calles y se asentó al influjo de sus montañas. Ahora, la inseguridad cabalga cual jinete del Apocalipsis en noche tenebrosa y solitaria. Ahora tristemente es una ciudad arrebatada al celo de su serranía.
 “Un país carente de medidas de gestión pública, luce como un barco sin brújula. Como individuo sin memoria. Expuesto a las azarosas contingencias determinadas por una naturaleza política, económica, social y moral, desbocada”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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lunes, 7 de septiembre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, SIN PAÍS DE REPUESTO, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL

El gobierno autoritario venezolano, actuando en nombre de una justicia ni tan ciega, y de libertades ahora conculcadas, cometió serios desvaríos todos ilícitos para las leyes internacionales.
SIN PAÍS DE REPUESTO

Cual hambrienta jauría, parecían los militares y policías acatando impúdicas órdenes de la Presidencia de la República de corretear las comunidades asentadas a orillas del Río Táchira, o en los municipios tachirenses aledaños a la frontera con Colombia. Las fotos publicadas por las redes sociales, de gente huyendo ante el cerco montado por miembros de las insolentes fuerzas militares venezolanas, mostraron el carácter perverso de tales hechos. Los mismos, además, dejaron ver el menosprecio a los derechos humanos y el vapuleo al concepto de “Debido Proceso”, término éste concebido en íntima relación con lo que la Constitución Nacional exalta cuando describe que “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad (…)”.

Lo que recién vivió la ya precaria democracia, fue un golpe duro a su comprensión. El hecho de definir a tanta gente como “colombianos”, hizo que se actuara contra ellos sin advertir que eran seres humanos con derechos, necesidades, esperanzas, virtudes y fortalezas. El gobierno autoritario venezolano, actuando en nombre de una justicia ni tan ciega, y de libertades ahora conculcadas, cometió serios desvaríos todos ilícitos para las leyes internacionales. La diplomacia, no estuvo presente en tan aciagos momentos. Tampoco, la consideración, el respeto, la tolerancia y la compasión. Ninguno de estos valores fueron acatados. Mucho menos, atendidos.

La soberbia militar, en complicidad con el populismo demagógico, no advirtió que eran seres humanos, con los problemas e ilusiones que añora toda persona que desea la vida por encima de cualquier circunstancia. Personas humildes poseídas de mucho miedo. Aunque también, cargadas de la mayor impotencia ante la posibilidad de defender lo suyo. Muchos buscaron huir ante la indolencia y la arrogancia que caracteriza al militar cuando sin comprender el daño que comete, se comporta cual sicario o mero mercenario. Solamente, por el absurdo poder que le otorga portar un fusil y bayoneta calada con la nimia excusa de “defender la revolución”.

De verdad, Agosto fue un tiempo de nostalgia, contradicciones y atropellos. Tan suramericanos como cualquier venezolano, estos hermanos de historia y de sueños, se vieron en la imperiosa necesidad de cruzar los límites de lo que fue el territorio de la Gran Colombia, con su carga de recuerdos a cuestas. Las fuerzas opresoras fueron inclementes, como lo son en tiempos de dictadura. Ni siquiera, a estos coterráneos se les permitió trastear sus más recónditas pertenencias. Su violento transitar al otro lado del débil caudal de agua que divide a Colombia de Venezuela, fue razón para dejar atrás la vida que, seguramente, entre sacrificios y desventuras, lograron construir.

Tan grave desconcierto, inculcado por causas improcedentes propias de una política gubernamental incoherente, mezquina y sectaria, devino en cuadros de craso dramatismo. Familias separadas, proyectos de vida perdidos en el rebullicio inducido, expectativas rotas, afectos separados. Pero sobre todo, realidades transgredidas que evidenciaron ante el mundo entero, el resentimiento de un gobierno cuya desazón o remordimiento, característica de su mentada revolución, lo viene colocando en desventaja ante las exigencias de cambios que comprometen la disposición de un país de visión amplia, responsable y democrática. Más aún, luego de comprender que ningún venezolano deberá resguardarse de las agresiones de una tiranía siguiendo el ejemplo del avestruz. O sea, enterrando la cabeza pues a la hora final, cada venezolano sabrá defender lo que por historia le pertenece. Por eso, la dinámica política le ha enseñado a vivir sin país de repuesto.

VENTANA DE PAPEL

DESPUÉS DEL CIERRE DE UNA FRONTERA

Ciertamente, el cierre de una frontera se convierte en un problema de factura no más política que económica. Especialmente, de índole emocional. Aunque para muchos es una medida extrema que se adopta en casos de auténtico peligro bélico por causa de una confrontación militar con un Estado vecino. Ello, inevitablemente, deja una cicatriz imborrable en la población. La tristeza es capaz de desplomar esperanzas. Pero también de provocar los más vehementes enardecimientos los cuales pueden encender actitudes de fogosa beligerancia política. Es así como a decir de Antonio Camilli, activista ciudadano, “hoy me creció el amarillo en mi bandera y las estrellas se escondieron de vergüenza”. Los excesos cometidos contra los habitantes de la zona objeto del repudiable Estado de Excepción, son expresión del fascismo que aplicó Benito Mussolini inspirado en esquemas ideológicos que pretendían la reorganización nacional y política de Italia. La demolición de viviendas que igualmente caracterizó cumplir con la orden del Estado de Excepción impuesto, pareció seguir el ejemplo de algunos gobiernos autócratas cuando han decidido actuar en represalia contra acciones que han considerados “en su contra”. Pero lo que más ha atormentado al mundo, es la orden impartida por el régimen criollo de retener a los niños nacidos en Venezuela arrancándoselos a sus padres, tal como ocurrió bajo la satrapía del nazismo. Tan cuestionado e injustificado proceder gubernamental, pretende suprimir la discrepancia política en beneficio del presidencialismo que tan obscenamente contempla la Carta Magna. La descripción de los atropellos, vejaciones, violaciones, robos y hasta desproporcionadas prácticas cometidas por la fuerza militar contra los colombianos radicados en este lado de la frontera, asustan e impresionan de manera abismal. El ensañamiento, el salvajismo, con que han actuado los efectivos militares venezolanos contra los pobladores en la frontera Táchira-Norte de Santander, indistintamente si eran niños, mujeres o ancianos, nunca se había visto en nuestro país. Ni siquiera, bajo las dictaduras más sanguinarias que ha adolecido Venezuela. Sin embargo, deberá procurarse un análisis que explique las causas que originaron tan cuestionada actuación gubernamental. Y aunque las respuestas pueden ser distintas, siempre la opinión pública se inclinará por aquellas relacionadas con la impunidad y corrupción que arrastra el régimen. Y no es para menos, a decir por las irreversibles tendencias que tienen revuelto al país. Y el régimen, amilanado ante los días por venir a propósito del reacomodo político-legislativo que habrá de llegar con la esperanzadora victoria de la oposición democrática en diciembre próximo. Sobre todo, por el daño que con tanta indolencia ha cometido el régimen al haber mutilado las capacidades de un país privilegiado por Dios y la Madre Naturaleza. Pero hoy, “las cartas están echadas” luego de lo mal que se ha vivido. Más aún, después del cierre de una frontera.

CON LAS BOTAS PUESTAS

No hay duda de que el amañado conciliábulo que gobierna Venezuela, está desesperado ante el muy probable resultado adverso que obtendrá en las elecciones parlamentarias. Por esta razón, posiblemente, está tratando de fomentar la abstención y la división del voto opositor. Además, podría utilizar todo el poder del Estado para aumentar a niveles máximos el acostumbrado y descarado “ventajismo” en el proceso electoral. Trataría de aumentar el número de votos fraudulentos, que en el pasado cercano fue alrededor de 350.000. Sin embargo, la oposición democrática está hoy más preparada para el control y la defensa del voto. En todo caso, el régimen deberá escoger entre un fraude evidente y descarado, o aceptar a regañadientes la derrota, que por un lado, será  un verdadero terremoto político que muy probablemente iniciará un “deslave” en el apoyo al régimen. Particularmente, en los sectores más pragmáticos y oportunistas del gobierno. Así que tomando en cuenta que el chavismo seguirá teniendo una relevante cuota de poder, la nueva correlación de fuerzas podrá crear las condiciones necesarias para  una transición concertada. En cambio si la decisión del régimen es aplastar la voluntad popular, la legitimidad nacional e internacional del gobierno se hundiría indefectiblemente. Pero a todas estas, el pueblo estará vigilante pues desde ahora anda caminando con las botas puestas.

“Cuando la soberbia y el engaño son utilizados como criterios de gobierno, desencadenan las más feroces resistencias cuyos efectos pueden alcanzar las consecuencias de cualquier conmoción propia de una naturaleza política y social reactiva y contestataria”
AJMonagas

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
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lunes, 31 de agosto de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS,¿EXCEPCIÓN PARA REPRIMIR?, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL,

La actual Constitución fue estructurada para romper la institucionalidad democrática  al fracturar la normalidad constitucional mediante la incidencia de eventos como las leyes habilitantes y los Estados de Excepción.

Aunque la Constitución, en sus artículos 337, 338 y 339, prescribe la posibilidad del presidente de la República de decretar Estados de Excepción con el propósito de enfrentar  acontecimientos que “pongan seriamente en peligro la seguridad de la Nación o de sus ciudadanos”, el caso que ha representado su autorización en algunos municipios del Estado Táchira es el paroxismo de la arbitrariedad de la cual se vale el régimen para imponer la injusticia que precisa el esquema antidemocrático que moldea el obtuso socialismo pretendido.

Sin embargo, el problema que dicha situación ha derivado deja ver la desproporción propia de cual oscura dictadura. Advertir que su aplicación puede excusar el quebrantamiento de garantías referidas a los “derechos a la vida, prohibición de comunicación o de tortura, el derecho al debido proceso, el derecho a la información y demás derechos intangibles”, evidencia el carácter contradictorio que tan desatinada medida encarna.  Debe entenderse que su incidencia como decreto, sobre todo si es aprobado al margen del influjo consciente y consideración oportuna de la Asamblea Nacional y de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, precisamente para que se pronuncie sobre su “constitucionalidad”, demuestra el grado de desafuero que está cometiéndose por causa del manejo de tan extrema y unilateral disposición. Más aún, un Estado de Excepción no luce convincente de que cumpla “las exigencias, principios y garantías de establecidas en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y en la Convención Americana sobre Derechos Humanos”.

No obstante, deberá reconocerse que el concepto de Estado de Excepción, arreglado a manera de disfraz democrático, para parecerse un tanto a otros textos constitucionales, retrata un eufemismo jurídico y un adefesio politológico pues pone en entredicho la concepción de Estado democrático y social de Derecho y de Justicia la cual se yergue a partir de valores que exaltan el respeto a la vida, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la verdad, la ética y el pluralismo político.

Esta idea de Estado de Excepción, aviva la contrariada figura de un régimen político cuyo sentido despótico de gobernar, le permite romper con la separación de poderes que tanto daño hace a la democracia. De manera que esta Carta Magna, al suscribir la posibilidad de autorizar Estados de Excepción como canales para controlar cualquier protesta u ocurrencia que ponga en riesgo la estabilidad gubernamental, obviando derechos fundamentales en tanto que garantías constitucionales, se convierte en recurso de alzada para violar la razón de ser de una Constitución democrática. O sea, preceptos constitucionales que afectan la indeterminación del poder pues como recursos de control del Poder Público inherente a las funciones y responsabilidades del Estado, la Constitución debe ordenarse por una normativa que proteja la separación de poderes, indefectiblemente.

La vigente Constitución ha sido estructurada para romper la institucionalidad democrática al fracturar la normalidad constitucional mediante la incidencia de eventos como las leyes habilitantes y los Estados de Excepción. Ambas determinaciones, logran que se usurpen funciones que corresponden a un poder en particular. Es decir, que el Poder Ejecutivo, a través del presidente de la República escamotee funciones legislativas. Y en el caso de los Estado de Excepción, se hace de las restantes funciones al arrogarse atribuciones que impiden que cada Poder vigile y controle los excesos de los otros para así frenar, por propio empeño, que alguno de ellos predomine sobre los demás. Al contemplarse que sea la misma Constitución la vía por la cual se conciba abolir la separación de poderes entendida como garantía del sistema democrático, el desenvolvimiento de cualquier nación que se precie de exhortar las libertades y los derechos fundamentales como blasón de vida institucional, simplemente será “letra muerta”. Y de persistirse en consideraciones que avalen desviaciones del sistema democrático como es el caso venezolano, el riesgo de caer en espacios de tiranía es muy alto. Entonces, ¿qué puede ganarse con decretar Estados de Excepción que sirvan a que una rama del poder, persona o instancia de gobierno se convierta en única y suprema? O acaso es impúdicamente una ¿excepción para reprimir?

VENTANA DE PAPEL

EXCEPCIONES QUE MATAN

No siempre, por mucha autoridad que pueda arrogarse una instancia de gobierno, sus decisiones están exentas de errores capaces de hacer detonar el más peligroso arsenal que pueda tenerse. Asimismo, por mucho poder que pueda investir a un gobernante que además hable de promover la democracia como sistema político, tampoco debe prestarse para humillar a sus gobernados o insultar a quienes con civismo contrarían su forma de gobernar. Quien así actúa desde niveles de gobierno, poco o nada comprende el significado de la política.

Es entonces cuando la política se utiliza para buscar problemas, y luego de un diagnóstico falso, aplicar remedios equivocados que sólo exacerban actitudes y enmarañan situaciones. Es cuando la alevosía y la predeterminación se convierten en meros recursos de gobernantes sin escrúpulos al momento de elaborar y tomar una decisión en medio de alguna vicisitud. Ante lo que dificultades de esta naturaleza pueden generar, la Ciencia Política invoca la alternabilidad como principio de gobernanza.

De hecho, la Constitución Nacional refiere en su artículo 6° que el gobierno venezolano, por su carácter democrático, “es y será siempre electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”. Sin embargo las circunstancias, hablan distintamente a lo que pauta la Norma Suprema. Por un lado van las realidades , y por otro el discurso.

Precisamente, Montesquieu, escritor y político francés, aducía que “cuando un gobierno dura mucho tiempo se descompone poco a poco y sin notarlo”. Pero lo que está viéndose en Venezuela, si está advirtiéndose. Más aún,  con entera claridad. No cabe la menor duda a este respecto. No obstante, la obstinación gubernamental ha permitido decisiones que, lejos de buscar el equilibrio entre las necesidades y las capacidades, juegan a crear confusiones que sólo sirven para distraer lo que el tiempo de la demagogia requiere.

Pareciera cumplirse el aforismo expresado por Arturo Graf, escritor y poeta italiano, de que “la política es demasiado a menudo el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos”. Particularmente, cuando el gobierno luce enviciado por la codicia que induce el poder. Es el caso de situaciones enredadas por la pésima praxis de gobernantes aturdidos por la apetencia del mando lo que deriva en crisis de toda índole. Problemas estos que, ni siquiera, pueden evitarse con el auxilio de recursos formalistas que sólo devienen en agravar las realidades, como ha resultado del hecho de decretar injustificables estados de excepción. Por eso se dice que hay excepciones que matan.

¿VOLVER A PENSAR A VENEZUELA?

En medio de esta crisis nacional, conviene ver cómo se manejan los negocios políticos. Particularmente, en sociedades que se precian de vivir en la modernidad. En medio de este cuadro de contradicciones que afronta Venezuela, muchos plantean exigencias que denotan las incoherencias de un Estado que sigue sin saber cómo manejarse de cara a la susodicha crisis.
Según opinión de Luís Manuel Cuevas Quintero, catedrático de la Universidad de Los Andes, los venezolanos solicitan recursos y mejoras salariales frente a un interlocutor que lo que menos ha mostrado, es respeto. “Los universitarios debemos plantear el problema en un contexto más amplio y menos limitado a la cuestión salarial. Debemos exigirle a los politiqueros del voto, que destierren la palabra olvido y desarraigo de sus prácticas políticas. Lo que está derrumbando al país, es el estado de anomia generalizada que vive”. Agrega Cuevas Quintero que “además del sueldo que es un justo reclamo, los universitarios deben demostrar a la sociedad que pueden ofrecerse diagnósticos de la destrucción del país  fundamentados en las evidencias  que parecen estar envueltas en la opacidad del discurso politiquero y la tecnocracia sin densidad de ideas y propuestas (…) Necesitamos de hombres rebeldes en el sentido que proponía Camus, pero adaptados a los nuevos retos de una modernidad que se nos escapa por un abismo aparentemente irreversible”. Así que en medio de tan serio embrollo, será posible ¿volver a pensar a Venezuela?

“Cuando un gobierno teme de la pérdida de su fuente de apoyo, busca excusas que le permitan salir de cualquier circunstancia a desdén de las consecuencias que el peligro de la situación en cuestión pueda arrastrar”

Antonio José Monagas
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