BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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sábado, 17 de octubre de 2015

JOSUE ARTURO MOLINA SUAREZ, MIEDO, AL VOTO

Hay quienes sienten miedo al ver películas de terror, y sin embargo las ven. Otros en respeto al oponente, actuan prevenidos.

Algunos dicen lo primero que se les ocurre para pretender dar la sensación de valientes, y terminan reculando.

El miedo es libre, y cada quien hace de él un escudo o la debilidad. Pero miedo es miedo, y aún disfrazandolo, se nota el sacudon.

Las elecciones parlamentarias del 6D, ha tocado fuertemente al oficialismo, y ello es consecuencia del rechazo en todos los estratos sociales venezolanos.

Las amenazas frente a los micrófonos son cantadas cual valiente tras los hombres que sirven de escuderos. Aferrados a quienes controlan las armas, se ufanan de mancillar a los adversarios.

Los días no se detienen, y el calendario despoja las hojas del almanaque, al ritmo de la canción de la esperanza, que traduce el nuevo amanecer.

El miedo del oficialismo es por la fortaleza de los ciudadanos de asumir posiciones firmes en contra del desbarajuste del régimen.

Cada palabra del oficialismos se traduce en resta para ellos y suma a favor del cambio. El miedo al voto, hace tambalear el sistema de los actuales jerarcas gubernamentales, que salen pavorosos a buscar orientación en tierras extrañas, dirigidas por dictadores, para nuevas estrategias que les ayuden a contener la masa social que se transforma en aplastante derrota.

El sistema de libertades les causa miedo, porque allí reposan valores éticos y morales, demostrados con el actuar, y eso molesta a los falsos profetas.

El miedo carcome a quienes se convirtieron en gusanos, chupa sangre, o simplemente en vividores de los gobernantes, porque surgen liderazgos y propuestas direccionadas a favor de la inclusión y el respeto.

El miedo se patentiza en las expresiones de dirigentes acostumbrados a vivir de laboratorios y contratos gubernamentales.

El miedo es libre, y cada quién que asuma su carga. En hora buena a quienes se desprendieron de ello y asumen la responsabilidad que el momento histórico demanda.

Por miedo buscan imponer la polarización.

Josue Arturo Molina Suarez
jarturomolina@gmail.com
@jarturoms1

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miércoles, 27 de mayo de 2015

ANTONIO LÓPEZ VILLEGAS, EL MIEDO VISTE DE UNIFORME

Los talleres y cursos que en mi instituto, antes hacíamos de noche, ya no los podemos hacer. No se puede. No hay participantes. Nadie se inscribe. Nadie quiere exponerse.  

Tienen toda la razón, dada la alta tasa de delitos que tenemos hoy en esta “Tierra de gracia”. Yo tampoco lo haría. Todos sin excepción nos hemos transformado en seres cautelosos, precavidos, capciosos, paranoicos. 

El calificativo no es tan importante como el hecho de que hemos perdido las libertades de circular por la ciudad, el campo o las carreteras. Somos prisioneros del sol. No es que de día no se cometan los delitos, si se comenten también. No es necesaria la oscuridad. Pero de noche es casi seguro. 

Ya todo el país es “Zona roja” no precisamente por lo de “dojo dojito”, sino por macabros hechos de sangre. Tenemos records mundial en esto. Nada de qué sentirse orgulloso. La muerte y el delito andan vestidos de cualquier color. Y hasta de uniforme. Esto nos asusta más. No hay manera de poder identificarlos. La sorpresa es un aliado formidable. No podemos zafarnos. Desde cualquier lugar pueden saltar y atracarnos. 

El miedo de pedir auxilio es grande. Quizás a quien le pedimos ayuda nos atraque.  Sabemos que muchos de los cuerpos policiales están corrompidos, penetrados por la droga. Es natural, tienen estímulos y modelos a seguir: “Los de arriba”. Los ciudadanos ya no creemos en ellos. Un descuido y caemos en sus garras. Hay “patente de corso”. Las patrullas ya no hacen su cola. Ningún vehículo “oficial” tampoco. Encienden sus sirenas y todos tenemos que apartarnos obligatoriamente so pena de que nos choquen el vehículo o nos tilden de “traidores a la patria” o de cualquier otro “delito” que se han inventado. 

Todos, sin distingo de clase estamos expuestos. Igual nuestra viviendas, vehículos.  ¿Es una estrategia? ¿Una política de estado? Porque ni a propósito ningún gobierno medianamente competente puede hacerlo tan mal.
 
Antonio López Villegas
altatribuna@yahoo.com.mx
@lopezvillegas7

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sábado, 16 de mayo de 2015

JOSÉ “CHEO” SALAZAR, EN LA LÍNEA DE FUEGO

 “La violencia acostumbra a engendrar violencia”. Esquilo (525 a.C – 426 a.C) Dramaturgo griego.

No hay sitio seguro en Venezuela. Estar en un espacio público es riesgoso. Las áreas de universidades, liceos y colegios, en un pequeño descuido, son visitados por los amigos de lo ajeno. En las calles, durante el día, no tenemos seguridad y cuando cae la noche, hay que encerrarse en el hogar. Todos los mortales, que habitamos esta tierra de (des) gracia, estamos en la línea de fuego de la violencia criminal. En materia de seguridad, el régimen, perdió la batalla con la delincuencia y eso es altamente peligroso. No hay noción de seguridad. La realidad supera la imaginación.

El régimen ha ensayado más de 20 planes de seguridad. Todos han fracasado. Ha decretado zonas de paz, que se han convertido en terreno fértil, para que la delincuencia actúe a sus anchas. No son zona de paz, hay violencia criminal, robos, atracos, toda clase de fechorías y lo peor impunidad. El régimen, dice tener identificadas las bandas, el Presidente Maduro ha reiterado, que se ha reunido con muchas de ellas y los ha persuadido de que abandonen el delito e incluso que entreguen las armas voluntariamente. La respuesta es el incremento de la violencia criminal. ¿Ingenuidad? ¿Complicidad? ¿Alianza estratégica? Vuela la imaginación.

Venezuela, lamentablemente, pasó en estos últimos 16 años de INVOLUCIÓN chavista, a liderar la lista cómo el país más violento del globo terráqueo. Un liderazgo muy lamentable. El paraíso para vivir, visitar y recibir inmigrantes se convirtió, por falta de gobierno, en un infierno dónde los nacionales habitamos con miedo (No vivimos), los turistas nos ven con recelo y difícilmente se aventuran a escogernos como destino y lo peor, buena parte de nuestros jóvenes y profesionales emigran, por temor a caer bajo las balas asesinas de bandas criminales por acción directa de estas o sencillamente por quedar en la línea de fuego. Huelgan los ejemplos.

El régimen está obligado, constitucionalmente, a garantizar la vida y bienes de todos los venezolanos, nacionalizados, visitantes y transeúntes, pero ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario. En la tierra de Bolívar estamos a la buena de Dios.  Las bandas delictivas le decretaron la guerra a una ciudadanía inerme y sin protección de ningún tipo. Estamos viviendo una especie de ¡Sálvese quien pueda! El miedo envolvió todos los ámbitos de la vida nacional. No hay edad, sexo, religión, preferencia política que esté a salvo de la violencia criminal. Es un estado general de terror. Una especie de guerra civil.

El régimen está obligado moral, ética y políticamente a establecer políticas de prevención y represión para combatir esta descomposición generalizada. La gente podría eventualmente, vivir con hambre, pero no con miedo. 

En estos tiempos de INVOLUCIÓN chavista, el pueblo vive con hambre y con miedo. Un coctel muy peligroso para la estabilidad interna, que puede provocar un estallido social. Esta terrible situación, puede concluir en una tragedia nacional. El régimen, sin percatarse, también, está en la línea de fuego de la delincuencia. Todos somos víctimas. No olvidéis: la violencia engendra violencia.

José “Cheo” Salazar
sjose307@gmail.com
@Cheotigre

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jueves, 30 de abril de 2015

JOSÉ ANGEL BORREGO, EL PARLAMENTO, VOTO CASTIGO

Dicen que el miedo es libre. ¿Será cierto?  Más que libre diríamos que es carcelero. 

Un grillete que aprisiona inclemente la humanidad, en especial de quien se sabe culpable de algo. Es posible que se sienta temor por una enfermedad, por caso. Un miedo distinto no acuciado por punzadas morales.
En el caso de la Asamblea Nacional, existe, no miedo ni tampoco temor, sino una psiquis terrorífica impresionante en el PSUV y sus aliados cada vez que se ojea cualquier encuesta.
Quienes diseñan las pautas publicitarias, que reconocemos son muy buenos, deben andar jalándose las greñas ante lo infructuoso que resulta tanto esfuerzo creativo.
Aparte del gasto publicitario y alguno que otro que a título de migajas llega a los sectores más vulnerables, el investigador social que complementa la cuña elude indagar la realidad que funge de escenario real de la familia venezolana. Intenta suplantar retortijones con el recuerdo de un Chávez ya difuso, o cuando mucho, objeto de altares, pero cada vez menos ideario del bolsillo.
El resultado pesquisorio pone a temblar al PSUV y al GPP porque, aunque sus electores, antes amistosos y hasta sumisos, aún no se han identificado con la oposición, los meses por venir, preñados de mayor constreñimiento, estimularán el voto castigo, lo cual si traduce un golpe noble a la expectativa electoral del chavismo.
Un voto castigo que está en el ambiente, aun sin aflorar, porque la oposición no existe más allá del narcicismo de quienes se saben ungidos por el dedo partidocrático o por despecho de quienes, con asaz retraso, pretenden emparejar acciones a favor de propuestas que resultan afónicas, así provengan de personajes como Claudio y otros próceres de la vieja política, que desactualizados, no logran encausar el discurso por el canal comunicativo necesario para justificar el divorcio del país de abajo con la causal oficialista que demencialmente lo oprime.
José Angel Borrego
periodistaborrego@gmail.com
@periodistaborr1

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miércoles, 29 de abril de 2015

PEDRO PAÚL BELLO, POR QUÉ SÓMOS COMO SÓMOS,

No es fácil, a veces, saber por qué en nuestro país  --y también en toda la América Latina--  la presencia de dictaduras y tiranías es una suerte de fenómenos que surgen, y con frecuencia, se han reproducido prácticamente en toda las Naciones de nuestra sub-región. Una anécdota vivida en mi temprana niñez, la refería con frecuencia a mis alumnos de las Universidades: en la casa de mis padres, donde frecuentemente se reunían personas amigas, hablaban temas de la política de aquel tiempo, tres años después de la muerte de Juan Vicente Gómez, y uno de los presentes en aquella tertulia, dijo: “hablen más bajo que las paredes oyen.” Cuando todos se fueron de la casa, pregunté a mi padre: “Papa, que es eso de que las paredes oyen.” Como apenas tenía entonces cinco años, mi Padre me respondió diciéndome: “hijo, no te preocupes, las paredes no oyen, pero eso viene de  que en el tiempo pasado hubo gobiernos muy fuertes que espiaban a las personas para saber que decían de ellos. En la historia lo vas a ver”. Así fue.

El miedo es, en efecto un ingrediente de nuestra historia, derivado de la conquista y reforzado por las tiranías que vinieron después; es la tragedia de las tiranías que vinieron con los Monagas y después de ellos, con interrupciones de libertades que nunca han durado mucho tiempo.

Sin embargo, después del brillante gobierno de López Contreras y el posterior de Medina Angarita, parecía que Venezuela entraba por el camino que conduce a vivir en verdadera democracia. Es indudable que la desafortunada pérdida de la razón, de quien estaba llamado a ser presidente de nuestro país, el Dr. Diógenes Escalante, determinó, no por su culpa, que de nuevo Venezuela estuviera en manos de otra dictadura más. Así, después de los gobiernos de Rómulo Betancourt, todavía no completamente deslastrado de su pensamiento comunista, y de Don Rómulo Gallegos, un nuevo golpe militar encabezado por Delgado Chalbaud, y después de ser asesinado sustituido por un civil, Germán Suárez Flamerich, quien cedió el paso a Marcos Pérez Jiménez, quien gobernó el país desde el 30 de noviembre de 1952 hasta el 23 de enero de 1958. Sin dudas, el gobierno de Pérez Jiménez fue una dictadura, aunque no se puede negar el inmenso crecimiento que significó para la Nación en general.

En diciembre de 1958 los venezolanos fuimos llamados a elecciones para designar un nuevo Presidente de la República. Asumió la presidencia Rómulo Betancourt, ya completamente deslastrado de sus antecedentes comunistoides. Gobierno difícil por los diversos intentados de golpe de estado que ocurrieron entonces, incluyendo el intento de asesinarlo urdido por el dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo. Después del mandato de Betancourt fue electo como Presidente el Dr. Raúl Leoni, cuyo gobierno fue muy serio y luego le sucedió en el poder el Dr. Rafael Caldera, eminente venezolano, cuyo reconocimiento pleno se hará hacia el 2050, cuando se entienda su obra.

Después: la primera Presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien iluminado –tal vez—por el notable aumento de entonces de los ingresos petroleros, desatendió la propuesta de ilustres venezolanos, quienes le señalaron la importancia de guardar los recursos del oro negro, que fueron disipados y comenzó la caída del país en el foso de una oculta pobreza, que luego se hizo más evidente en la medida en que pasaba el tiempo. En efecto, la pendiente se fue precipitando en los posteriores gobiernos de Luis Herrera y de Jaime Lusinchi, siendo reelecto Pérez en 1989, pero fue destituido por parte de sus partidarios y sustituido, para completar su mandato, por el notable venezolano Don Ramón José Velázquez.  El último gobierno democrático fue el de Rafael Caldera. Encontró al asumir la presidencia, que la crisis generada por el Banco Latino significó casi todo el presupuesto de la Nación. Ello le obligó a acudir, contra su voluntad y ofrecimiento, al Fondo de Inversiones, pues carecía de presupuesto. Mucha gente le reprochó haber liberado a Hugo Chávez Frías. Quienes así pensaron no conocen las razones obligadas por las normas entonces vigentes, creyendo que se trataba de un beneficio de sobreseimiento. A quienes les interese, les recomiendo leer el libro de su hijo Juan José Caldera.

Fallecido Chávez, el país entró definitivamente en el caos y la anarquía que hoy vivimos. ¡Los tiempos de Dios son perfectos.!

Pedro Paúl Bello
ppaulbello@gmail.com
@PedroPaulBello

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lunes, 27 de abril de 2015

JOSÉ ANGEL BORREGO, EL PARLAMENTO

Dicen que el miedo es libre. ¿Será cierto?  Más que libre diríamos que es carcelero.

Un grillete que aprisiona inclemente la humanidad, en especial de quien se sabe culpable de algo. Es posible que se sienta temor por una enfermedad, por caso.

Un miedo distinto no acuciado por punzadas morales. En el caso de la Asamblea Nacional, existe, no miedo ni tampoco temor, sino una psiquis terrorífica impresionante en el PSUV y sus aliados cada vez que se ojea cualquier encuesta.

Quienes diseñan las pautas publicitarias, que reconocemos son muy buenos, deben andar jalándose las greñas ante lo infructuoso que resulta tanto esfuerzo creativo.

Aparte del gasto publicitario y alguno que otro que a título de migajas llega a los sectores más vulnerables, el investigador social que complementa la cuña elude indagar la realidad que funge de escenario real de la familia venezolana. E intenta suplantar retortijones con el recuerdo de un Chávez ya difuso, o cuando mucho, objeto de altares, pero cada vez menos ideario del bolsillo.

El resultado pesquisorio pone a temblar al PSUV y al GPP porque, aunque sus electores, antes amistosos y hasta sumisos, aún no se han identificado con la oposición, los meses por venir, preñados de mayor constreñimiento, estimularán el voto castigo, lo cual si traduce un golpe noble a la expectativa electoral del chavismo.

Un voto castigo que está en el ambiente, aun sin aflorar, porque la oposición no existe más allá del narcicismo de quienes se saben ungidos por el dedo partidocrático o por despecho de quienes, con asaz retraso, pretenden emparejar acciones a favor de propuestas que resultan afónicas, así provengan de personajes como Claudio y otros próceres de la vieja política, que desactualizados, no logran encausar el discurso por el canal comunicativo necesario para justificar el divorcio del país de abajo con la causal oficialista que demencialmente lo oprime.

José Angel Borrego
periodistaborrego@gmail.com
@periodistaborr1

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jueves, 9 de octubre de 2014

ANÍBAL ROMERO, HOBBES DESATADO

Para solo dar un ejemplo, la Gran Bretaña experimentó alrededor de 900.000 muertes en 4 años de guerra, entre 1914 y 1918. Para entonces la población del reino rondaba los 45 millones de personas. El prolongado desastre en las trincheras, una gigantesca y delirante carnicería que liquidó a la flor y nata de la juventud británica de entonces, no fue sin embargo vista por el público, sino intuida desde lejos o sentida de cerca solamente si retornaba algún familiar o amigo herido, o se conocía la noticia de una muerte, a veces sin que se recuperase el cuerpo. 

Homo homini lupus
No había entonces televisión, ni mucho menos los masivos instrumentos de comunicación instantánea que hoy nos resultan tan familiares e indispensables. Debido a ello, los horrores del frente de batalla, los desatinos estratégicos de los altos mandos, la sumisión y miopía de los políticos y el inimaginable sufrimiento de las tropas, acaecían en una especie de aislamiento con respecto a las sociedades que sostenían con patética tozudez la conflagración.

Durante la Segunda Guerra Mundial cambiaron las cosas, debido a la expansión de la radio y de los noticieros cinematográficos, y desde luego a que el conflicto no perdonó a los civiles en sus ciudades. Pero fue realmente la guerra de Vietnam la primera en que la difusión de las imágenes a través de la televisión, alcanzando a una amplísima audiencia, tuvo impacto crucial sobre el ajuste de percepciones y formación de la opinión de la gente acerca del sentido y costos del enfrentamiento, con decisivas consecuencias políticas.

En nuestros días, asumimos como normal recibir una información directa y prácticamente instantánea acerca de multitud de eventos alrededor del planeta, sin quizás percatarnos de los variados y complejos efectos psicológicos, políticos y culturales en un sentido amplio que tal fenómeno tecnológico produce.

En ese orden de ideas, el planteamiento que deseo articular en estas breves notas es el siguiente: nuestro tiempo se caracteriza por la preeminencia de un miedo global y difuso combinado con una sensación de impotencia de la razón.

Intentaré explicarme recurriendo a Hobbes. Como es sabido, la filosofía política hobbesiana, encarnada en sus tres grandes obras: Elementos de derecho natural y político, El ciudadano y Leviatán, se sustenta en una relación clave entre miedo y razón.

De un lado, el miedo ante las amenazas a nuestra autopreservación es la pasión que nos hace entrar en razón, empujándonos a admitir una autoridad superior que nos brinde protección a cambio de obediencia. De otro lado, es el orgullo o la soberbia la pasión que nos confunde y nos lleva por el camino de la autodestrucción, al extraviarnos con respecto a lo que indica una razón bien balanceada y en armonía con nuestro verdadero interés. El miedo es entonces el factor que nos hace racionales, en tanto que el orgullo, lo que los antiguos griegos denominaban hubris, nos pierde al alimentar nuestro deseo de someter a otros, de nutrir los enfrentamientos en lugar de buscar un arreglo de convivencia.

La realidad actual, potenciada por la tecnología de las comunicaciones, nos invade sistemática y permanentemente con situaciones que generan miedo. Las guerras habitan como nunca antes en los hogares de la gente a través de la televisión y la Internet. De allí que muchas sociedades que antes recibían noticias de eventos lejanos hoy los experimentan en directo. Pero las guerras son apenas un aspecto del amplio rango de fenómenos que a diario nos influyen y suscitan un miedo a la vez cercano y difuso, distinto al miedo que Hobbes analizaba en sus obras.

Ciertamente, el fondo de ese miedo hobbesiano era el ansia de autopreservación; no obstante, Hobbes tenía en mente principalmente lo que llamó una “guerra de todos contra todos” localizada, es decir, el escenario de una guerra civil en el que desaparece la autoridad única que establece y hace cumplir reglas comunes, abriendo las puertas a la anarquía y la amenaza perenne a la vida.

El miedo de hoy es más complejo que el dibujado en Leviatán, y como ya dije más difuso, aunque su capacidad de afectarnos de manera concreta sea en ocasiones muy patente. Pueden mencionarse, entre otros ejemplos, el miedo representado por las epidemias, el cambio climático o los efectos de verdaderos colapsos civilizatorios, como el que ahora contemplamos en el Medio Oriente.

El miedo al virus del ébola está cundiendo en Europa, donde ya se detectó un primer caso de contagio (en Madrid, hace pocos días), en tanto que el tema del cambio climático y el avance del Estado Islámico, manifestación extrema del radicalismo fundamentalista, son algunos de los asuntos que forman parte de una especie de percepción de amenaza que acosa crecientemente a los habitantes de un mundo frenético, en el que las noticias viajan en segundos en tanto que las existencias individuales se aferran a las rutinas de siempre, confiando en que de un modo u otro lo que pareciera anunciarse se quedará en las pantallas de los televisores y las laptops.

Quisiera dejar claro que no subestimo los potenciales efectos que de hecho pueden derivarse de fenómenos como los mencionados.

Lo que me interesa destacar es el impacto generalizado, masivo y difuso que amenazas a veces muy lejanas empiezan a ejercer en los espíritus de inmensas masas de personas alrededor del planeta, sin que necesariamente evaluemos con la debida ponderación qué tan grave es el riesgo de que se trata en cada caso.

Pero es allí donde las imágenes juegan su papel desestabilizador. Las decapitaciones que los militantes del Estado Islámico realizan y luego suben a la Internet, para que todos podamos verlas en su crueldad infinita, multiplican exponencialmente hechos que difícilmente ocurrirían a gran escala, y menos aún en lugares situados a miles de kilómetros del Medio Oriente, transformándoles en palpables pesadillas que sentimos demasiado vecinas.

Para Hobbes, el miedo era la ruta a la razón. Para nosotros, sin embargo, la salida racional ya no puede centrarse en confiar en una autoridad constituida que nos proteja a cambio de nuestra obediencia, pues el miedo es difuso y las amenazas escapan a los confines de los Estados nacionales, que no pocas veces se muestran atenazados ante situaciones que no respetan fronteras, en particular las inexistentes “fronteras” electrónicas. No tenemos salida racional ante los nuevos miedos, como aspiraba Hobbes con relación al suyo. Por ello afirmé antes que vivimos en tiempos de miedos difusos e impotencia de la razón.

La perplejidad, una desagradable sensación de incomodidad psicológica, el ansia implacable frente a lo que sabemos peligroso pero a la vez inasible, son las características de un mundo que ha cambiado, sin proponérselo, el rumor gradual pero a la vez perceptible del sufrimiento en pasadas guerras, por una avasallante tormenta de imágenes amenazantes y con fuentes intangibles. Hobbes se ha desatado.

Anibal Romero
aromeroarticulos@yahoo.com

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viernes, 26 de septiembre de 2014

HUMBERTO MARCANO RODRÍGUEZ, LA VIOLENCIA ES EL MIEDO A LOS IDEALES DE LOS DEMÁS, REFLEXIONES DEMOCRÁTICAS,

DESTRUCCIÓN TOTAL

En la vuelta  de 15  años este  régimen totalitario, castro  comunista y militar se puede  decir  que casi ha destruido  este país, comenzando  por   sus Instituciones, todos  los poderes  subordinados  al poder central  al muy estilo cubano, violando  diariamente  todo  el articulado  de la  Constitución Nacional, permitiendo la  invasión  de una nación extranjera  y  que la misma tenga total injerencia  en las  comunicaciones, la  salud, la  educación, los  puertos  y aeropuertos,  el  servicio  de  identificación, las notarías  y registros, los  servicios  de  seguridad y las  fuerzas  armadas, Venezuela  ocupa   los  muy tristes  primeros  lugares  en el mundo como el país  con  el más  alto índice  de inflación y de  inseguridad, en  15  años  10 Ministros del  Interior  y Justicia y 23 planes  de  seguridad  que  mueren  al nacer,  con 25.000 homicidios  el  año pasado y  según los  técnicos  en la  materia  esa  cifra  será  superada este año, cada   día   sube  la ola  de  atracos y secuestros, es público  y notorio  que  desde las propias  cárceles  los  internos   organizan  estos  secuestros  y extorsiones, Venezuela  es  quizás  el único país  del mundo  donde  los presos   poseen libremente  celulares  y  computadoras.

Cada  día  se  acentúa  mucho más  la escasez  de productos  alimentarios, de  aseo personal, de limpieza, repuestos, cauchos,  aceite  para  vehículos y quizás  lo más  grave  es la  escasez  de medicinas, las  personas   con padecimientos diabéticos, del  corazón, VPH, SIDA y cancerígenos que necesitan  tratamientos  prolongados son lo  que  más  sufren ante  esta   escasez, además  los  equipos   de radio y  quimioterapia  dañados  por  obsoletos  y falta  de mantenimiento. La  grave  escasez  de medicinas e insumos  médicos  no  solo  afecta a los  hospitales, esto  también  se  está  agudizando  en las clínicas, de  hecho  muchas  de  ellas  se  encuentran  al borde  de  cierre. Cuando  estoy  elaborando  este  boletín, leo  la  noticia  que publica  la BBC, que  Nicolás  Maduro  de un  dinero  que  es de todos  los  venezolanos  que  están  tan urgidos  de tantas  medicinas ha  donado  a  la ONU 5 millones  de dólares  para combatir  EL EBOLA, no se trata  de egoísmo, se  trata  de lo primordial  para los  venezolanos  que  su  salud amenazada  por falta  de medicinas.

Aunque  el mentiroso presidente  del Instituto Nacional  de Estadísticas (INE) declare  constantemente   sobre  el alto  estado  ocupacional, el índice  de  desempleo  está  sobre   el 22 por  ciento, con  29 millones  de habitantes  se calcula  que hay 6 millones  de vendedores informales (buhoneros), una mendicidad  aterradora, los  autobuses, las  estaciones  del metro y los   vagones del  mismo  se ven  constantemente  visitados por  personas   solicitando  ayudas. No  solamente  las  personas  se han estado muriendo  por falta  de medicinas, es  mucha  el  hambre  existente, se habla  de miles  de hogares  donde  se hace  una  sola  comida diaria, una  familia necesita  5  sueldos  mínimos para  cubrir  la  cesta  alimentaria  y 9   si es  la cesta  básica. Todo  esto  sucede   en un  país  donde  en quince  años  se han dilapidado DOS BILLONES  DE  DOLARES , con  el precio  del petróleo a 100  dólares  el barril, pero  que  a la vez  arrastra una gigantesca  deuda  externa que  sumada  a la deuda  con  China y la de PDVSA sobre pasa  los doscientos  sesenta mil (260.000) millones  de dólares  sin incluir  la deuda interna  que  es inauditable.

En  el  año 1.946  se  creó  en Venezuela en  el  entonces  Ministerio  de Sanidad y Asistencia  Social, mejor  conocido   como el SAS, La  Dirección de Malariología,  a los  fines  de  combatir  las  enfermedades  endémicas  que  azotaban  el país, bajo  la  dirección  de  expertos  epidemiólogos (Médicos, no generales), entre  ellos  el muy Ilustre  Doctor  Joaquín Gabaldón,  un  ejército  de miles  de hombres  con su uniforme,  pantalón y camisa manga larga  kaki,  sus botas negras y  sus   sombreros  de  corcho tipo  colonial color beige, en cuadrillas  recorrían las  ciudades, pueblos y  caseríos   existentes   a lo largo y ancho  de Venezuela en  sus  labores  de fumigación, luchando  contra  el paludismo, la malaria, la fiebre amarilla, el dengue, la sarna y el mal de chagas  entre  otras  enfermedades endémicas, sustituyendo  los techos  de palma  de las  casas  de los caseríos por  techos  de  zinc a los  fines  de  exterminar  los  chipos productores  del mal de chagas, este programa  de la Malariología  con la llegada  del régimen de Pérez Jiménez se  acrecentó, al poner  las  Jefaturas Civiles y policías a prestarle  toda  la  colaboración necesaria  a las cuadrillas  fumigadoras.

Restablecida la democracia se incremento  este  servicio, creándose  una  división de construcción  de las  llamad         as  viviendas rurales, que fue  la  sustitución  del rancho  campesino  por  viviendas  de techos  de  asbesto y pisos  de cementos  y  sus  baños,  se crearon los  acueductos  rurales, exterminándose  por  completo  todas  estas  enfermedades  endémicas  en Venezuela. La Mariología  llevó  sus  sistemas  de lucha hasta  los países   centro- americanos, lamentablemente  como tantas otras cosas  este régimen totalitario castro-comunista desapareció esta  dirección  de lucha epidemióloga, para   encontrarnos  ahora  ante la  muy triste   realidad,  que no  es otra  que la reaparición en forma  de  epidemias  de todas  estas  enfermedades  que habían  sido totalmente  erradicadas  en Venezuela,  ahora  no hay  cuadrillas  de  fumigación ni material  para fumigar, no  sé  si  aún existirá  el célebre DDT. Ha  sido  un acto  criminal  de  este régimen  que hayan permitido  por falta  de  control, epidemiólogo el   regreso  en forma  epidémicas de   enfermedades   como  la sarna, el dengue, la malaria, el paludismo, la tuberculosis  entre otras.

Todos   recordamos  que no  existía ciudad  en Venezuela  donde no había  una  oficina  del MSAS, llamadas oficina  de sanidad,  donde  se expedían  certificados  de salud,  pero  se vacunaba contra  toda clase  de  enfermedades, había  laboratorios y rayos X  y nunca faltaban insumos, hoy  en día  en este  régimen comunista todas desaparecidas

La  falta  de  fumigación ha  traído  como  consecuencia el incremento  de la plaga Aedes Aegyti el transmisor  de la mayoría  de  estas enfermedades  en especial del dengue a lo  que ahora  agregamos  la tal  epidemia  de la fiebre CHIKUNGUNYA, que  es un virus  de la fiebre  hemorrágica (Aedes albopictus)  procedente  del África   y que  entró a América   a través  de Santo  Domingo y de  allí  aquí  por  la falta  de  control  sanitario  en puertos  y aeropuertos, ya  en Venezuela  según   la  Red  de  Sociedades  Científicas de Médicos  han  alertado sobre  la existencia  de más  de  120.000 casos  de  esta  fiebre, la respuesta  del régimen es perseguir  y   dictarle orden  de detención a los médicos  que han  denunciado  esta  terrible  situación,  sin dejar  atrás la  epidemia  de  dengue   que  se ha  desatado  ya  que no se  consiguen medicinas  para combatir  este  terrible  flagelo. 

OTROS
El grupo  extremista del PSUV  denominado Marea Socialista, denunció  recientemente  en la página web APORREA,  la  desaparición por  parte  de  funcionarios  del régimen  a través  de estos últimos  años  la cantidad de  DOSCIENTOS  CINCUENTA Y NUEVE MIL (259.000) MILLONES  DE DÓLARES,  con  el  agravante  que ni la Comisión permanente de  Contraloría  de  la Asamblea Nacional,  La  Fiscal General y la Contralora Nacional  hayan  abierto  ninguna clase  de investigaciones  al respecto. Grave  es la  situación sobre  todo  si  viene   precisamente  de un grupo  del propio PSUV y se publique en una página web totalmente chavista.

Ha  estado  circulando profusamente  en las redes  sociales la noticia   sobre  la  denuncia  introducida  por un grupo de 300 Parlamentarios   y Senadores  pertenecientes  a La Alianza Parlamentaria  Democrática  de Latinoamérica y de España  ante la Corte Penal Internacional  en la Haya, basados  en el  artículo  53  del Estatuto  de Roma por  violaciones  a los  derechos humanos  contra Nicolás  Maduro, Diosdado Cabello,  Miguel  Rodríguez Torres, Luisa Ortega y Gabriela Ramírez   y  que  esta  denuncia ya  está en estudio  en manos  de uno  de los Fiscales   designado  por  ese  Organismo  Internacional, para  su debida  investigación.

Humberto Marcano Rodríguez
hjmrodriguez@gmail.com  
@Hmarcanor

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jueves, 28 de agosto de 2014

ALBERTO JIMÉNEZ URE, EL DISCURSO POLÍTICO-FILOSÓFICO DEL MIEDO

«El ciudadano ideal para satisfacción de los mandatarios proclives al Discurso del Miedo es quien trémulo mira, escucha, calla, oculta y otorga sin que a ese forzoso consentimiento o acto de inmerecida reverencia preceda su Juicio: que debe infaustamente suspender a favor de su seguridad personal»

No refutaré que el Miedo haya servido a millones de seres humanos para sobrevivir en un mundo donde, con in-imaginadas formas de crueldad, los más notables entre quienes miran al Estado e instituciones públicas como su Excretorio de Palacio Presidencial (y donde convergen o se congregan las mofetas internacionales que exigen trato de dignatarios de repúblicas) pagan asesorías a expertos en la «Urdimbre del Terrorismo de Gobierno e Insurrección Permanente».
Aun cuando sea indiscutiblemente eficaz, el «Discurso Político-Filosófico del Miedo» no logra merecer una categoría epistemológica porque es exclusivo de escatófagos y cualquiera sin instrucción o cultura es apto para pronunciarlo. En «Tribulaciones de Radio, Televisión y Multimedia», un[a] escoria uniformada de militar o trajeada de caballero formal que tenga poder de mando puede proferir, a su antojo, «que freirá las cabezas de sus opositores» y «los exterminará» tras instigar a sus mercenarios para que procedan.
El Miedo no es una «categoría filosófica», cierto, empero sí cualidad de la antiquísima propaganda lapidaria para la dominación política con fines macabros. Hoy, bochornosamente, se discute si es o no «crimen de guerra» ejecutar a comunicadores sociales por informar y también a civiles por sólo escapar de países de súbito convertidos en campos de batallas entre quienes exhuman al «Califato o Islamismo Exterminador», «Marxismo», «Stalinismo», «Maonismo», «Nazismo» y «Hegemonismo de Tirano Banano» que se creían sepultos. El «Discurso Político-Filosófico del Miedo» evidencia «Que el Goce y Disfrute de la Crueldad» es fraudulenta y universalmente constitucional. Es decir: está instituido en las psiquis de los adeptos del genocidio, y no requiere de explicaciones complejas. Existieron y todavía nacen mujeres u hombres sin inteligencia e inescrupulosos: seres adeptos a las abominaciones Cayo-Caligulayas y capaces de provocar crisis humanitarias en cualquier parte.
El «Discurso Político-Filosófico del Miedo» tiene vigencia universal. Destaca en Irak, EEUU, Rusia, Corea del Norte, Siria, Gaza, Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Argentina: países en los cuales los «presidentes» se ilegitiman cuando hablan y ordenan actuaciones que suscitan  «crímenes de guerra», la «perversión de la Justicia», «exclusión»,  «segregación»,  «persecución, «encarcelamientos de disidentes», «racismo» u otros delitos.
El Torcido, Ignorante y Deplorable [Dis]curso Político del Siglo XXI no está sorprendiéndonos, sino que nos confirma a los pobladores del Mundo lo siguiente: los «faraones», «majestades», «emperatrices», «emperadores», «monarcas», «califas» y «tiranos bananos» están peligrosamente vivos. 
Alberto Jimenez Ure
jimenezure@hotmail.com
@jurescritor

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viernes, 1 de agosto de 2014

ZENAIR BRITO CABALLERO, “EL MIEDO A OPINAR”

El miedo a opinar no es otra cosa que la autocensura que tiene uno que aplicarse como articulista de opinión para evitarse dolores de cabeza y para evitarse enemigos gratuitos que nos degraden, nos insulten y nos descalifiquen a través de nuestros correos electrónicos. 

Y para no correr grandes riesgos, claro como está ocurriendo a los articulistas y columnistas del Diario El Universal, los cuales están siendo despedidos por no comulgar con la nueva línea chavista de los Editores del diario.

Resulta especialmente frecuente tal imposición, hacerlo en los medios de las pequeñas ciudades (por aquello de que pueblo chiquito, infierno grande). Y no es sólo por los chismes. Se trata del hecho incontrastable que en los pequeños núcleos de población casi todos se conocen con todos y el riesgo de levantar ampollas se magnifica en grado sumo.
Es así como resulta muy delicado opinar sobre las vacas sagradas rojas-rojitas socialistas-comunistas del alto gobierno de nuestro país. O sobre los hijos dilectos de la tierra que brillan en gobernaciones, alcaldías, además en los altos organismos oficiales.
Resulta inapropiado juzgar descarnadamente los desaciertos de las autoridades como por ejemplo el descalabro de la electricidad y de la carencia permanente del agua potable, del desabastecimiento, de la escasez, de los altos precios de los alimentos y de los productos en general o señalar los abusos de poder.
Resulta suicida opinar sobre la realidad política, social, educativa, cultural o económica que sucumbe a Venezuela y resulta riesgoso reflexionar sobre los usos y costumbres de las ciudades y pueblos.
A propósito, resulta casi herético opinar sobre la Iglesia (para no decir las iglesias). Resulta inadecuado censurar a la autodenominada “dirigencia roja-rojita.” Cuestionar sus motivaciones o juzgar sus resultados. Resulta indecoroso plantear argumentos liberales sobre temas tabú como el aborto, la sexualidad, la eutanasia, por ejemplo.
Resulta arriesgado, muy arriesgado, aventurar juicios sobre la corrupción administrativa que nos asfixia cada día más, y sólo unos pocos articulistas o columnistas de opinión en los cuales me incluyo, con infinito valor civil muchas veces nos atrevemos a hacerlo con nombres propios. Los demás callan o utilizan pseudónimos.
Está tácitamente prohibido hablar de dineros calientes, por ejemplo. Y en este punto creo que se justifica plenamente: No somos los articulistas de opinión los llamados a pagar el precio de la impunidad reinante. No está bien visto siquiera opinar con argumentos sobre la situación política nacional: La polarización es tan terrible que al que no es chavista o socialista-comunista lo declaran terrorista o contrarrevolucionario de una y para siempre.
Resulta, finalmente, muy doloroso para mí y para otros articulistas que así me lo han comentado algo punzante, tener que autocensurarnos de vez en cuando para no darle papaya a los malquerientes de aprovechar los foros de opinión para dejar correr la bilis de su despecho y sus envidias.
Y hay que aclararlo: La censura — esta censura — no viene de afuera ni nadie la ha puesto sobre la mesa: Se trata de la censura a la que obligan los medios que no nos publiquen lo que escribimos, el miedo a la desgracia, a la tragedia o al desarraigo.
El miedo al desempleo o al conflicto. El miedo a opinar. Porque la opinión puede incluso llegar a considerarse una amenaza contra los poderes establecidos, contra el statu quo que tan bien sirve a los poderosos de turno.
En fin, que opinar da miedo a veces. Pero cada dos, cinco u ocho días debe sobreponerse uno a ese miedo para aventurar una nueva opinión. Otra más. O la misma de siempre, qué más da. Lo importante es seguir opinando. ¿Usted qué opina amigo lector?   
Zenair Brito Caballero
britozenair@gmail.com
@zenairbrito

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martes, 24 de junio de 2014

MARÍA CORINA MACHADO, EL MIEDO, TODO EL PODER DEL ESTADO NO PUEDE FRENTE A LA CONCIENCIA DE UN CIUDADANO LIBRE

El régimen no puede ocultar su terror. Tiene miedo a la gente en la calle exigiendo sus derechos, a periodistas y a humoristas que osan desafiar la censura, a cualquiera que diga la verdad, en la radio o en un tribunal. Tienen miedo hasta de ellos mismos.

Hicieron del miedo una política de Estado que ahora se ha devuelto y los ha atrapado. Saben que la imposición del modelo de sumisión en Venezuela fracasó y que la más monstruosa corrupción e incompetencia hace inminente la adopción de medidas económicas que impactarán muy duro los bolsillos venezolanos.

La confesión de Giordani -descarada apología de la amoralidad- confirma lo que todos sabemos: la terminal descomposición del régimen, la derrota del socialismo del siglo XXI y el avance de sus pugnas internas por el poder. Es inútil querer engañar al pueblo con gastos obscenos en propaganda y compra de medios; la realidad demoledora se vive en el mercado, cuando no puedes comprar esta semana lo que te alcanzó la pasada. Y las madres van a los hospitales y a las morgues...

Frente a este colapso, la dictadura dispuesta a todo para prolongar su agonía recurre a la brutal represión y persecución política; respuestas ineludibles de un régimen acabado.

Todo el poder del Estado no puede frente a la conciencia de un ciudadano libre. Nuestra fuerza es moral; nuestra lucha es de principios. Por eso, cada derrota moral que le atestamos al régimen, representa un paso firme hacia su derrota política.

Nuestra fortaleza ética se transformará en efectivo avance político al concentrar toda nuestra energía en un gran movimiento social con un objetivo claro: el cambio del régimen por vía constitucional lo antes posible. Por ello, líderes de todos los sectores y regiones del país hemos convocado al gran congreso ciudadano para la reconstrucción nacional; un movimiento de movimientos en el cual todos podamos expresarnos, escucharnos, debatir y acordar los consensos fundamentales para la transición democrática y para la Venezuela que nos merecemos, y para asumir las responsabilidades de cada uno en la ruta por la liberación nacional. Esto es sin duda, a lo que más le teme el régimen.

Maria Corina Machado
mariacorinam@mariacorina.com
@mariacorinaYA

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miércoles, 11 de junio de 2014

RUBÉN MONASTERIOS, EL MIEDO COMO FORMA DE GOBIERNO, QUÉ PASA EN VENEZUELA


En una entrega preliminar de esta serie destacamos que el castrochavismo en Venezuela se vale del terrorismo de Estado; esa forma de ejercer control consiste en la utilización de parte de un gobierno de procedimientos ilegítimos destinados a inducir un estado persistente de  terror en la población civil para alcanzar sus objetivos. ¿Cuáles objetivos?; como en toda forma de terrorismo, son esencialmente psicológicos, y el principal es facilitar la manipulación de la colectividad, al quebrantar la sensación de las personas de estar seguras en cuanto al respeto de sus derechos humanos por el poder y reducir su capacidad de respuesta ante los abusos.  

        
Las evidencias de terrorismo de Estado en Venezuela sobran y cada día se acumulan más; así, vemos que el uso de la coacción o persecución ilegítima se  ha vuelto práctica común en ese país, tanto como la tortura y las ejecuciones extrajudiciales. En Venezuela, como en la Alemania de Hitler y en la Italia fascista, existen organizaciones paramilitares clandestinas respaldadas explícitamente por el gobierno mediante aporte de recursos (armas, vehículos, remuneración...), entrenamiento, organización y negligencia deliberada ante sus operaciones; son los denominados "colectivos", grupos armados de delincuentes que dominan en los barrios y actúan respaldados por la Guardia Nacional y las policías contra las manifestaciones pacíficas de protesta; también es evidente  que dichas fuerzas han recibido instrucciones de reprimir con saña a la población, mostrándose el  gobierno indiferente ante sus atropellos, que abarcan palizas, torturas, amenazas de fusilamiento, violación y destrucción de propiedad privada.

         Existe en Venezuela la impresión generalizada de que la blandura con el hampa desatada también es un recurso terrorista del mismo propósito. La simpatía del gobierno con los delincuentes es notoria y descarada: es el único país del mundo donde una ministra se hace retratar abrazada con los llamados "pranes", los capos delincuentes que controlan las prisiones, y los presos por delitos atroces cuentan con piscinas, discotecas y otras comodidades en las cárceles, donde el poder lo ejercen sus mafias, no la GN.

         Pero lo que  podría ser una simple "impresión" acaba de encontrar una prueba, la cual, además, también parece ser evidencia de la práctica de las ejecuciones extrajudiciales en el país. Es el recientísimo caso de El Gordo Bayón.

         Yormán Márquez Rodríguez (30 años), alias El Gordo Bayón, fue asesinado el pasado lunes 2 de junio en la noche, cuando se dirigía a su residencia, el hotel Alba Caracas, en  una lujosa habitación cuyo costo es de 2.150 bolívares diarios (poco más o menos 400 y tantos US$).

         Márquez es señalado responsable del homicidio de los sindicalistas Richard Carvajal, Maikel Sánchez y José Félix, ocurrido el 29 de febrero de 2012.  A pesar de su prontuario delictivo, en 2012 fue beneficiado por un tribunal de Control del estado Bolívar; en su audiencia de presentación el tribunal 3° de Control de Bolívar le dictó una medida cautelar que lo dejó en libertad, y sólo con la prohibición de salir del estado; a pesar de que lo imputaron por tres homicidios apenas estuvo dos meses detenido. En noviembre estuvo preso otra vez por porte ilícito de armas; en esa oportunidad le incautaron un arma de fuego Glock .40 con los seriales  limados,  que supuestamente está implicada en el homicidio de otro sindicalista, llamado Leo Rafael Díaz. Por esa detención, el tribunal 2° de Control de Bolívar le dictó privativa de libertad y estaba recluido en el retén policial de Cachamay, de donde se fugó en diciembre. Sin embargo, sus vínculos con el sector oficialista le permitieron venir a Caracas como mediador de los conflictos sindicales entre el Estado y las empresas de Bolívar.

Ruben Monasterios

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jueves, 22 de mayo de 2014

MANUEL MALAVER, LOS DICTADORES

Yo, sin embargo, me quedo con esta aproximación del novelista italiano, Alberto Moravia: “Una dictadura es un estado en el que todos temen a uno, y uno teme a todos”.
Surgen casi siempre de la nada, se empinan de repente a alturas del poder que al común de los mortales les costaría decenas de años escalar y pueden mantenerse en ellas durante períodos que no pocas veces desafían la lógica y la imaginación.

Son los dictadores, especímenes más políticos que humanos que a veces abundan, a veces escasean, y cuyos orígenes pueden rastrearse en el comportamiento entre los primates o del hombre de las cavernas.

Por eso, algunos antropólogos tienden a diagnosticarlos como un signo o mal incurable de la especie, como uno de esos abscesos a los cuales convendría más bien tolerar que extirpar.

Tienen, sin embargo, sus hábitats o áreas de cultivo de preferencia, como pueden ser países o regiones donde cunde la pobreza, la poca o nula rotación social, el congelamiento en las expectativas y esperanzas, las desigualdades e injusticias crónicas y el atraso que consume salud, tiempo y vidas.

Y ahí irrumpen ellos, los dictadores, con sus espadas flamígeras y sus huestes redentoras que prometen corregir en días, semanas o meses, lo que a los simples mortales les gastaría decenas, veintenas de años.
Unas veces pueden ser parcos, severos, austeros, intratables, casi mudos, pero otras sufren de incontinencia verbal, exageran la nota histriónica, derrochan simpatía hasta abrumar a conocidos y extraños y los ha habido que son buenos cantantes, mejores bailarines y hasta excelentes malabaristas que podrían ganarse honradamente la vida entre las sogas de los circos.

A unos y a otros los caracterizan, sin embargo, dos sellos o marcas sin las cuales podría decirse que escapan a la dualización, diferenciación y clasificación que para Jorge Luís Borges son insoslayables si se quiere hacer al mundo “descriptible y comprensible”

La primera es el rechazo a las normas, ya se expresen en mandamientos, constituciones, o leyes; la segunda, un desmedido apego a la violencia que los empuja a comportarse como apocalípticos, desintegrados y desinsertados para los cuales la destrucción, la disolvencia y la corrosión, si no están en los hechos, no hay que descolgarlas nunca de las palabras y los pensamientos… que son sus promotores.

Hombres de espadas, de fusiles, pistolas, granadas, tanques, aviones de combates, helicópteros, lanchas patrulleras, bombas incendiarias, atómicas, nucleares, cárceles, cerrojos, rejas, y de todo cuando al calor de los estallidos, de las explosiones y los fogonazos vuelve al mundo gris, oscuro, sombrío, indiscernible.

Pero sobre todo ilegal, inconstitucional, anormal, o por lo menos un lugar donde la ley, la constitución y la norma “escritas”, son las que imponen las circunstancias que resultan siempre las de él, las del incontrolable, las del dictador.

De ahí que, de haber constituciones, mandamientos, leyes y normas tienen que ser lo suficientemente flexibles, ambiguas y biunívocas para que funcionen como un gatillo, espoleta o detonante de sus arranques, de sus bramidos.

Este imprevisto también determina que se desvivan por el olor y sabor a pueblo, masas, multitudes, ya que si se filtra el contrabando de que la ley es lo que establecen las mayorías, los pueblos, las masas y las multitudes en la calle (todo lo que llaman “El Soberano”), entonces el parlamento y sus legislaciones no son sino fruslerías.

Añagaza que está ligada a otra “carta marcada”, como es la de la llamada “democracia participativa y protagónica” que viene a oponerse y sustituir “a la otra”, a la “formal, representativa y burguesa”, cuyo espíritu desaparece en cuanto se rapa su naturaleza general, imparcial y objetiva, que es lo que la convierte en herramienta eficaz de la justicia e igualdad sociales.

Aquí la ecuación resulta sencilla, pues si se tienen recursos, ya provengan de impuestos, de los despojos vía expropiaciones, o de un producto minero de altísima cotización en los mercados internacionales, pues simplemente se compra “el amor” del pueblo, de las masas y multitudes, suministrándoles lo básíco para sobrevivir, pero sin permitirles que se muevan de su condición de súbditos, de vasallos, de hijos del padre protector.

Esto también se complementa con una prédica o catéquesis, según la cual, el que no acepta ser ayudado, valido y asistido, es un enemigo del pueblo, del régimen, del jefe y caudillo y aliado de quienes luchan por destruirlo.

Y aquí aterrizamos en la estación última del viaje hacia la generación y formación del dictador, como es su rol de dador de libertades, pues las mismas existen, pueden existir, porque en su infinita bondad y sabiduría el dictador permite que individuos, grupos y partidos disfruten de este bien que no es consecuencia del desarrollo, la dinámica o progresos sociales, sino de la voluntad del “Lord Protector”.
Desde luego que estoy hablando de una modalidad renovada, actualizada, y sofisticada de dictadura, como es la que surgió en América Latina después de la “Guerra Fría”, y que en su afán por burlar el cerco de las organizaciones multilaterales que tutelan el estado de derecho y la democracia constitucional, accede al poder a través de procesos electorales, dice que gobierna en nombre de la Constitución y las Leyes, mientras en los hechos va horadando las instituciones, acabando con la independencia de los poderes, negando el contrato social consensuado, la inclusión y la pluralidad y sacando a flote al déspota, al tirano y dictador de siempre.

Daniel Ortega en Nicaragua, Hugo Chávez y su sucesor Nicólas Maduro en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia son los puntales de esta neodictadura que tiene como directores y maestros de ceremonia a los dictadores más longevos de los tiempos que corren: los hermanos, Fidel y Raúl Castro.

Panas, cofrades, compinches, socios, íntimos de los dictadores que se cayeron (Moamar Gaddafi, Mahmoud Ahmadinejad) o aún quedan, en el Medio Oriente como Bashar Al Assad de Siria; empeñado en detener a sangre y fuego las olas de protestas que terminarán arrojándolo del mando.

En otras palabras: alzamientos, protestas, manifestaciones y elecciones no son argumentos suficientes para que estas figuras sedientas de poder acepten que sus días han concluido y no les queda otro camino que irse a sus casas, al exilio, o a donde sus circunstancias decidan.

Aún más: pueden estar carcomidos por los años, por los embates del tiempo implacable e incontrolable, contar 80, 85, 90 años, e incluso, padecer enfermedades incurables que les recomendarían hacer un alto para dedicarse a su salud y garantizarse una recuperación con calidad de vida; pero no, ahí están, sacándole el juguito a su ego, tratando de demostrar y demostrarse que aún pueden, cuando es evidente que lo que les toca es reconocer que son mortales y gobernar en contra de la biología, o de los informes médicos, es una ilusión aberrante, atroz, inhumana.

Pero el miedo es la pasión dominante en los dictadores, el temor de dar cuentas ante una instancia o tribunal que no se previó, y no conocer que la compasión ante los que nada pueden, ante los desvalidos, es también un rasgo constitutivo de la naturaleza humana.
De Platón a Maquiavelo, de Donoso Cortés a George Orwell se ha tratado de definir al dictador y su dictadura.

Yo, sin embargo, me quedo con esta aproximación del novelista italiano, Alberto Moravia: “Una dictadura es un estado en el que todos temen a uno, y uno teme a todos”.

Manuel Malaver
manumalm912@cantv.net
@MMalaverM

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,