BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta MAYORIA SILENCIOSA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MAYORIA SILENCIOSA. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de abril de 2013

PACIANO PADRON, EL SUMISO NICOLÁS

         El usurpador encargado de la presidencia de Venezuela, manejable y subordinado, está sometido al régimen castro-comunista de Cuba, bajo cuya influencia fue formado en su juventud, en La Habana, durante casi tres años. Nicolás aprendió en Cuba a amar a Fidel, a obedecer a Raúl y a cantar el himno nacional de ese país. Los analistas políticos atribuyen a Fidel la imposición en el ánimo del enfermo Hugo Chávez -a finales de 2012- de la designación de Nicolás como Vicepresidente. 
       


Poco luego, el 8 de diciembre, el Presidente -en estado de gravedad creciente- anunció que su sucesor sería Nicolás, así como sería su candidato a la presidencia en caso de que lo alcanzara la muerte, como en efecto ocurrió. El encargado de la presidencia de Venezuela responde a los intereses del castro-comunismo.


         Si Nicolás fuera electo presidente el próximo 14 de abril,  seguiríamos regalando petróleo a los hermanos Castro y al comunismo internacional, así como oro de las bóvedas del Banco Central; se continuaría disminuyendo nuestra República, sometiendo su economía, vida social y política a la de un Estado fracasado; avanzaríamos en la construcción de VENECUBA, ya anunciada por Castro y Chávez al afirmar que ambos países son uno solo. El Presidente obedecería al castro-comunismo que lo impuso en la línea sucesoral.

         Si Nicolás fuera derrotado el próximo 14 de abril, asistiríamos al entierro de las políticas estatistas, se pondría el punto final a las políticas copiadas del sistema dictatorial de los Castro, sistema que ya pasa de cincuenta años. La derrota de Nicolás frenaría los atropellos a la propiedad privada y las inconstitucionales expropiaciones; significaría resiembra de democracia, descentralización, fortalecimiento de las instituciones y separación de los Poderes Públicos, para que no sigan actuando bajo el control y capricho de Miraflores.

         Si Nicolás fuera electo Presidente de Venezuela, los cubanos afianzarían el control logrado en catorce años en nuestros cuerpos policiales y en la Fuerza Armada; el castro-comunismo avanzaría en el control casi absoluto que ya posee de nuestras Notarías, Registros y sistema de Identificación y Extranjería. Si hoy hay más de 200 mil cubanos militantes del castro-comunismo viviendo en Venezuela, de los cuales 49 mil son oficiales y soldados del ejército castrista, esa cifra se incrementaría hasta someternos plenamente, se perseguiría frontalmente a la clase media y a los profesionales para hacerlos abandonar el país, como en su momento se hizo en Cuba, a efectos de someter más fácilmente a los sectores empobrecidos y más débiles. Con el subyugado Nicolás se eliminarían plenamente las libertades civiles y económicas, avanzaría el narcotráfico del que se sirven los Castro.

         La derrota de Nicolás el 14 de abril es un trágico golpe para las sanguijuelas que nos chupan la sangre como pueblo, afectaría las cúpulas podridas de los regímenes socialistas parasitarios de Venezuela, entiéndase Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, para solo mencionar a los cuatro que más duro se aferran a las tetas del erario público venezolano.

         Capriles va a ganar el próximo 14 de abril, si nos da la gana a nosotros, a los venezolanos demócratas que somos mayoría, y que hemos sido hasta ahora una mayoría silente que no se ha hecho sentir a plenitud. Capriles le ganará no propiamente a Nicolás -fácilmente derrotable- sino a los cinco Poderes Públicos nacionales, al Ejecutivo, Legislativo y Judicial, al Poder Ciudadano y al mismísimo Poder Electoral, todos confabulados a favor del castro-comunismo y contra la alternativa democrática. Capriles ganará a pesar de que Nicolás se ampara en el mito de Chávez, en la plata mal habida de los boliburgueses y en la influencia de las sanguijuelas internacionales que quieren preservar el manantial de los petrodólares, al que han estado pegados catorce años.

Twitter: @padronpaciano

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

martes, 27 de septiembre de 2011

ROGELIO ALANIZ: PLURALISMO Y HEGEMONÍA (DESDE ARGENTINA)

A pesar de lo que se diga y de lo que se manifieste como deseo ideológico o político, la Argentina es pluralista y a los teóricos de las unanimidades autoritarias se les hace muy difícil justificar sus fantasías. Puede que la señora en las elecciones de octubre obtenga el 55 o el 60 por ciento de los votos. Y que el dirigente más votado de la oposición esté por debajo del veinte por ciento. Incluso en ese caso la utopía de la unanimidad o de la “inmensa mayoría” estaría muy lejos de cumplirse.

Hagamos memoria. En septiembre de 1973 la fórmula Perón-Perón superó el sesenta por ciento de los votos, pero no sólo no amordazó a la oposición sino que tampoco garantizó la gobernabilidad, el argumento sagrado de los amigos de las mayorías absolutas. Con una mayoría del sesenta y pico por ciento de los votos el peronismo condujo a la Nación a la catástrofe.

En 1928 Hipólito Yrigoyen fue “plebiscitado” y dos años después cayó sin pena ni gloria. Dos años alcanzaron y sobraron para que el plebiscito se disolviera en el aire. En 1928 todos parecían ser radicales y en 1930 no se encontraba en la calle un tipo que dijera que había votado por la UCR. Esos cambios de humor de la multitud no son historia pasada: nada más inconstante y frágil que una mayoría política.

Ocurre que la asonada militar se produjo el 6 de septiembre de 1930, pero el radicalismo estaba derrotado mucho tiempo antes de que los cadetes del Colegio Militar y los aviones de El Palomar decidieran realizar su paseo victorioso, mientras las vecinas de avenida Callao salían a los balcones a saludar a las tropas y la sirena del diario Crítica anunciaba la buena nueva.

La Argentina es muy probable que en el futuro sea gobernada por una mayoría peronista, pero es muy difícil que deje de ser pluralista. La ilusión de transformar al peronismo en una suerte de PRI, de partido hegemónico al estilo mexicano, es improbable que logre concretarse, entre otras cosas porque el peronismo de los mejores tiempos jamás logró tener la eficacia electoral y política del PRI, eficacia que entre otras causas estaba garantizada por el pacto interno de renovar a los presidentes cada seis años.

Como se sabe, en México el presidente era el hombre más poderoso del país durante seis años, pero no bien dejaba el poder se transformaba en el hombre más anónimo del país. A este pacto de gobernabilidad, aprendido gracias a los rigores de la guerra civil, jamas logró forjarlo el peronismo, no tanto porque no pudo sino porque no quiso, ya que para los peronistas el líder -y si es posible el líder eterno- es el paradigma de la buena gobernabilidad. Antes de ayer fue Perón, ayer Menem y hoy la señora. Una tradición política, una cultura, una manera de entender el poder determina la creación de esta idolatría.

El otro prejuicio presente en nuestras recientes tradiciones, es que las grandes contradicciones de la política nacional se deben expresar en el interior del peronismo. Perón en su momento formalizó este punto de vista a través del humor: en la Argentina todos somos peronistas, los de derecha y los izquierda, los creyentes y los agnósticos, los conservadores y los radicales, decía guiñando un ojo y sonriendo como sólo él sabía hacerlo.

Desde cierto rigor conceptual, los editores de la revista “Pasado y Presente” no tuvieron ningún empacho en augurar que a partir de 1973 la lucha de clases en la nación se expresaría en el interior del peronismo. Hoy -con otra matriz teórica- en ciertas usinas del poder se afirma una hipótesis parecida: lo más importante, lo más decisivo de la política se despliega en el interior del peronismo. Lo demás es marginal cuando no antinacional.

El peronismo siempre se pensó como mayoría y siempre estuvo tentado en identificar esa mayoría con la Nación. Algunos de sus intelectuales se esforzaron por relativizar esa mirada movimientista de la política, pero la tentación siempre fue fuerte porque está latente en los orígenes mismos de su identidad. Los avatares de la política, la persistencia de una Argentina que siempre fue pluralista fue más eficaz que todas las consideraciones teóricas.

A partir de 1983 se demostró que el peronismo no era una mayoría automática. Que ganaba elecciones, pero también las perdía. Que más que una mayoría era una primera minoría. Sin embargo, los resultado electorales de agosto y los previsibles resultados de octubre han renovado el síndrome de mayoría hegemónica. El peronismo vuelve a creerse el partido dominante de la Argentina y sus propagandistas hablan de profundizar el modelo, deseo que apunta no a la patria socialista sino a profundizar el control sobre el conjunto de la sociedad.

Los problemas que presentan esta visiones son varios. Dejemos de lado, por el momento, ciertas cuestiones teóricas acerca de cómo se constituye una sociedad democrática y observemos si este afán de unanimidad del peronismo es una realidad o un deseo. Por lo pronto, y tal como se han presentado los hechos en la historia, esta unanimidad ha sido un deseo, porque ni en sus mejores tiempos el peronismo pudo impedir que la mitad del país se subordinara a su voluntad.

La ilusión populista, que es también la ilusión nac&pop, es la de una inmensa mayoría nacional enfrentada a una insignificante minoría de oligarcas, vendepatrias, explotadores, agentes del imperialismo o burgueses destituyentes. En contradicción con este deseo, en la vida real ni las mayorías han sido tan amplias ni las minorías tan insignificantes.

En 1951 el peronismo parece ser una abrumadora mayoría que desbordaba la Plaza de Mayo. Pero en 1955 la misma Plaza de Mayo está desbordada por un público que festeja alborozado la caída del dictador. Se dirá que una mayoría estaba legitimada por el voto y la otra, la de 1955, por las botas. Es verdad, pero la deslegitamación golpista de 1955 no invalida la existencia real de una poderosa Argentina antiperonista.

Pensarse como mayoría absoluta genera también errores de percepción política. Como dice Tulio Halperín Donghi, obtener el sesenta por ciento de los votos en una cultura republicana es un éxito político, pero ese mismo sesenta por ciento de los votos en una cultura que reivindica la unanimidad, es un fracaso, porque en cualquier circunstancia el cuarenta por ciento de la sociedad está muy lejos de ser una insignificante minoría.

Habría que señalar, por último, que esta ilusión hegemónica no garantiza desgraciadamente la gobernabilidad. El afianzamiento de una mayoría no elimina las tensiones sociales y, por el contrario traslada esas tensiones al interior de la fuerza política hegemónica. Es, más o menos, lo que ocurrió en 1976. El peronismo liberado a su propia energía se despedazó internamente, en el camino despedazó a las instituciones y le abrió el camino a los militares.

Si los dirigentes peronistas tuvieran una moderada cultura republicana, deberían estar afligidos por la debilidad de la oposición. Sin oposición y con instituciones republicanas bloqueadas o paralizadas, el peronismo supone que podrá hacer lo que se le dé la gana y no percibe que en ese escenario corre el gravísimo riesgo de quedar a la intemperie, expuesto a los humores de la sociedad sin que haya mediaciones que pongan límites o canalicen estos impulsos.

En nombre de la Nación, en nombre de sus instituciones y en nombre de la democracia, sería muy deseable que el peronismo haga su aporte para reconstruir el sistema político. Lamentablemente, no hay motivos por el momento para sospechar que estas tribulaciones republicanas le hagan perder el sueño al peronismo. Por lo pronto, sus principales jefes suponen que en el futuro obtendrán más votos que en el presente y que para el 2020, por ejemplo, todo la Argentina será peronista y, por qué no, cristinista.

Fantasías al margen, la oposición seguira existiendo, incluso a pesar de los reitetados errores que cometen sus dirigentes. Lo deseable es que lo haga a través de partidos políticos fuertes y liderazgos creíbles. Pero incluso, si ello no ocurriera la oposición sobreviviría en las gestiones provinciales y municipales y en la propia sociedad civil. En todos los casos, me atrevería a augurar que la utopía de la mayoría peronista no podrá realizarse. Mitre en su momento le dijo a Julio Roca que estaba muy lejos de ser ingenuo o candoroso: “Hay que resignarse a aceptar que esta Argentina no va a cambiar porque Dios y los argentinos así no lo quieren”.

Esa Argentina que no cambiará, será la Argentina pluralista, con sus centros de poder diversificado, sus regiones y economías, sus gremios obreros y patronales, sus ricas tradiciones políticas y, también, con su persistente utopía hegemónica forjada en esa otra larga tradición nacional que se llama populismo.

El afianzamiento de una mayoría no elimina las tensiones sociales y, por el contrario, traslada esas tensiones al interior de la fuerza política hegemónica.

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"
Para subscribirse envíe un mensaje a: tabano_informa-subscribe@gruposyahoo.com.ar

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

domingo, 26 de junio de 2011

ALBERTO MEDINA MENDEZ: EL SADISMO ELECTORAL. (DESDE ARGENTINA)

Para los que estamos convencidos de que el autoritarismo no es una opción moralmente válida, que la libertad debe ser preservada como valor central de la vida en comunidad y que las decisiones no significan imponer al otro la visión propia, la democracia parece ser, la menos mala de las alternativas disponibles.

Cierta exacerbación de esa noción nos hace rechazar de plano, cualquier otra forma que cuestione la vida democrática de una sociedad tal cual la concebimos, aunque muchas veces terminemos vaciando la idea principal y creyendo que solo se trata de hacer lo que dice el que tiene más votos. Vaya deformación conceptual esta, aunque habrá que decir que dicha visión goza de una peligrosa adhesión popular, con todo lo que ello implica.

Pero buena parte de la defensa irrestricta de la democracia, se sostiene sobre la base de un sistema electoral que fija reglas del juego mínimas, esas que tienen que ver con seleccionar a aquellos que nos representan y que tomarán decisiones por nosotros, como parte de una comunidad.

Así las cosas, la dinámica electoral, se convierte en el escenario fundamental, en el ámbito simbólico de mayor trascendencia, al punto que algunos llegan a sostener con certeza, que una de las fortalezas de la democracia, es que cada tanto, el ciudadano, puede decidir la continuidad o el reemplazo de sus elegidos, como si esto fuera lo significativo de la idea.

En ese contexto, el diseño de la herramienta electoral, pasa a ser la clave del sistema democrático, y por lo tanto, el marco necesario para que la partidocracia reinante lleve adelante las mayores aberraciones imaginables para manipular la voluntad popular a su arbitrio y determinar convenientes reglas para su provecho.

El sistema electoral, vaya paradoja, está en manos de los beneficiarios del mismo. Son los electos, quienes establecen las normas, las modifican a su antojo y las ajustan discrecionalmente según sus propias necesidades.

En democracias altamente imperfectas como las nuestras, sigue vigente el monopolio de los partidos políticos. Ningún ciudadano puede ejercer derechos ciudadanos a ser elegido, sin pasar por el complejo filtro que propone el irregular, frágil y caprichoso funcionamiento de los partidos.

Este primer escollo, deja afuera, a cualquier individuo que no esté dispuesto a someterse a la poca estimulante trituradora que propone casi cualquier facción partidaria. Allí, los méritos no tienen necesariamente que ver con talentos, aptitudes y habilidades, mucho menos con buenas ideas, brillantes propuestas o inteligentes estrategias.

En ese submundo alcanza con sobrevivir al resto. Se trata de la ley del más fuerte, en el que rara vez los mejores se imponen. Solo alcanza con conocer las trampas del esquema general para avanzar y quedarse con el mando.

No se puede desconocer que el espacio electoral es el lugar preferido de las mañas y las trampas, de los trucos y los ardides. El que mejor conoce los vericuetos formales, los detalles operativos que ofrecen flancos, sacará rédito de ello y conseguirá ventajas significativas a la hora del recuento.

El sistema electoral es el entorno más adecuado para manosear la voluntad popular. Listas sabanas para esconder ignotos candidatos, mecanismos internos de selección objetables, poco transparentes, repletos de maniobras, con recovecos formales que estimulan a los más descarados.

La fauna del día de las elecciones, mostrará un ejército de fiscales, la logística del traslado de votantes, las dádivas a la orden del día, las picardías de los más experimentados y el talento para sacar ventaja que se perfecciona eternamente.

Pero es el financiamiento de la política, el mayor de los cómplices de esta historieta. La sospecha respecto del origen de los fondos, el indisimulable peso de los aparatos de poder, sobre todo allí donde las cajas estatales hacen de las suyas, aporta la cuota de corrupción infaltable a la hora completar la escenografía.

Todo lo descripto solo puede ser concebido por la mente retorcida de mediocres, de gente sin convicciones democráticas profundas, que utiliza estos recursos para tratar de disimular su incapacidad personal y  abrirse el camino hacia el poder. De otro modo no podrían lograrlo. Necesitan dejar afuera a los mejores, amedrentar a los moralmente más aptos y disuadir a los más íntegros.

Por eso le tienen miedo al voto electrónico, a la fiscalización que propone la tecnología, a la boleta única, al sufragio por internet o cualquier idea que les quite control, posibilidades de torcer el rumbo, de apelar a la diversidad de atajos, para acomodar todo a su gusto.

El ferocidad de quienes implementan día a día estas herramientas, de quienes se la pasan pensando, como utilizarlas para que les resulte conveniente, solo puede ser patrimonio de hombres crueles, que disfrutan de su supuesta habilidad y que se burlan de una ciudadanía timorata, al punto de acusar a cualquiera que se atreva a cuestionarlos, de antidemocráticos.

Si los sistemas electorales no se transparentan, sino se hacen abiertos, con pocas reglas, propendiendo a una participación ciudadana con mayúsculas, quitándole privilegios al sistema partidario y prerrogativas a los poderosos, para permitir que los mejores puedan tener oportunidades, seguiremos condenados a estar en manos de los sádicos de siempre

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

jueves, 19 de agosto de 2010

LA PREVALENCIA DE LA DISYUNCIÓN, TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

Estamos entrando en lo colectivo sin colectivo, esto es, vamos contra nosotros mismos. Ya no se conjugan en la población lo general y lo particular, o lo que es lo mismo, la asunción del punto de vista del común desde un propio punto de vista. En lo que ahora tenemos prevalece la disyunción: a cada uno se le hace valer supuestamente su particularidad mediante un “ejercicio profesional de la política” basado en la demagogia del disfraz y de la construcción de callejones sin salida.

La política no puede funcionar sin ideas. En buena parte es una ciencia de las ideas. La organización social del hombre no nació como la vida ni crece como las plantas. La política que carece de empuje proveedor de consistencia es una futilidad. Dado que las formas políticas son invención del hombre no puede desgajarse de la política la capacidad renovadora. Bien se dice que el pueblo no existe, lo crea la política. De esta manera hay que decir que la principal actividad de lo político es dar sentido y toda democracia pasa a ser un proceso ininterrumpido de transformación.

De esta manera la política y la democracia, es decir, la acción y sus resultados, no pueden ser otra cosa que inserción constante de nuevas opciones o, dicho en otras palabras, ampliación permanente de la libertad. Tenemos, pues, que volver a leer lo político sacándolo del cansancio, del aburrimiento y, sobre todo, de un conservadurismo que brota ante las ideas y ante la esencia misma de lo político y de la democracia, puesto que todo lo establecido siempre resiste las ideas innovadoras.

Es a través de la política que se constituye el vínculo social. Si no enfrentamos este proceso creativo la política pasa a ser inepta para explicar las desigualdades que crecieron paralelas a la libertad y se convierte en algo deleznable para el común de la gente que nunca podrá entender lo que es ejercicio de la ciudadanía. Continuar pensando que la democracia es como es, que la justicia se administra como se administra, que las instituciones son como son y no pueden ser de otra manera, equivale a un corsé al pensamiento y a la esencia misma de los conceptos política y democracia.

Otra cosa que debemos aceptar es la política como conflicto y los conflictos expresión del animus político. Y a la democracia como capaz de administrar los conflictos mediante una renovación permanente. Una cosa son las instituciones básicas, aptas para administrar el control de estabilización, y otra la permanente manifestación de ideas que amplían los espacios hasta una libertad transformadora. Está claro que las llamadas instituciones y los intermediarios sociales ya no responden a las exigencias de los tiempos y, por tanto, hay que buscar nuevos mecanismos.

Esta es la realidad de un país a escasos días de unas elecciones que vuelven a ser llamadas “la última oportunidad”, otra aberración, pues la democracia no tiene nunca una última oportunidad. Basta haberse paseado un poco por los procesos históricos, basta no meter en una gaveta todos los papeles, basta no fusilar de antemano el juego (utilizada esta palabra con seriedad) de las posibilidades políticas, para concluir que en este país se utilizan frases al voleo, se dicen impertinencias a granel, se utiliza muy mal el lenguaje.

La verdadera revolución es la voz moral. El populismo es una asunción de un modo radical para lograr la homogeneidad sobre lo imaginario. La posibilidad de un gobierno omnisciente no cabe en el siglo XXI. El verdadero político es el que hace el mundo inteligible para el pueblo, esto es, el que le suministra las herramientas para actuar con eficacia sobre lo ya entendido. El populismo no se combate con populismo. El populismo debe ser combatido con la siembra de la comprensión llevada al grado de un estado de alerta.

La legitimidad electoral y la legitimidad social pueden contrastarse o encontrarse. La manera de encontrar la segunda excede al simple hecho de buscar el voto en una campaña electoral plena de promesas, generalmente demagógicas. Buscando la segunda suele encontrarse la primera. El planteamiento inteligible que produce efectos previos mejora notablemente la capacidad de escogencia. Las campañas electorales son la culminación de un proceso en donde el individuo manifiesta una preferencia. La masificada propaganda en nada podría modificar una asunción previa ganada en una democracia de cercanía generada por los líderes verdaderos que en ese proceso electoral buscan la voluntad mayoritaria del pueblo.

No se puede combatir demagogia con demagogia. El proceso de crear lucidez y pertenencia es ajeno a las palabras altisonantes y mentirosas. El proceso de repetición demagógica por parte de dos o más adversarios en una contienda por el voto conduce a soliviantar un individualismo feroz que se traduce en apostar a la mayor oferta engañosa. El vencedor, naturalmente, será el que ejerce el poder o, si se ha cumplido con la tarea pedagógica, el que ha hecho una obra previa de configuración de cuerpo sobre el que limita su acción a la campaña electoral misma.

Mayoría electoral no es mayoría social por acto automático. Legitimidad forzada no es confianza. Así la legitimidad del poder y la legitimidad del ejercicio democrático estarán afincadas sobre un barro extremadamente frágil y, lo más grave, la democracia se derrumbará por efecto directo de todos, de los que ejercen el poder y de quienes pretenden sustituirlo, de los demagogos multiplicados, obligando al poder al ejercicio de la fuerza para atender compulsivamente las exigencias sociales. Quienes no entienden de la existencia de instituciones invisibles y de la necesidad de hacerle comprender el mundo al pueblo, de hacérselo inteligible, bien podrían cerrar la brecha electoral, aún disminuida y extremadamente condicionada que en estos días aún ocupa el horizonte.

teodulolopezm@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

lunes, 19 de julio de 2010

MAYORÍAS. LA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN CAYÓ EN CUENTA Y SABE BIEN LO QUE NO QUIERE QUE CONTINÚE. DIEGO BAUTISTA URBANEJA

La mayoría de los venezolanos están hoy por hoy unidos por el deseo de que Hugo Chávez no pase del año 2012 al frente del Gobierno. Eso dicen las encuestas de una manera consistente y la tendencia que dibujan es la de que esa mayoría debe solidificarse y ampliarse por un rato más. En tal sentido, y para empezar, los venezolanos constituyen una mayoría negativa, por decirlo así, cuyo grito común es el más elemental: no queremos que siga.

El gran esfuerzo que la Mesa de la Unidad Democrática está llevando a cabo, por cierto que bajo fuego cruzado, consiste, por lo pronto, en hacer de esa mayoría negativa una mayoría electoral, que canalice su actual rechazo común en la dirección de la elección de una mayoría parlamentaria. El primer paso para ese logro es la construcción de una oferta electoral unitaria, en la forma de unas candidaturas apoyadas por todas las fuerzas democráticas en lo que se llama una alianza perfecta. Esto, con todo lo importante que es, da lugar a una mayoría parlamentaria que, si se quedara en eso, tendría que ser calificada de poco profunda. Pero nadie piensa detenerse en ese nivel.

En realidad, lo que se abre es un camino de profundización, de densificación política de la mayoría por construir. De modo que ese primer paso ha de ser seguido por otros, en la forma de una agenda parlamentaria, un programa de acción común que desde la Asamblea Nacional esa mayoría parlamentaria se compromete a llevar a cabo. Una agenda parlamentaria que puede dividirse en varios aspectos o agendas más específicas. La institucional, destinada a restablecer el equilibrio de poderes. La agenda contralora, destinada a reimplantar la función contralora de la Asamblea. La propiamente legislativa, que define las áreas de legislación que la fuerza parlamentaria que se obtenga atenderá en forma prioritaria. La agenda política, que determina el uso político que se dará a esa fuerza parlamentaria, en función de la estabilidad política y de la realización pacífica y equitativa de las elecciones del 2012.

Por este camino, y a medida que se vaya realizando, dejamos atrás la mayoría puramente negativa. Ya estamos en plena carrera hacia una mayoría más positiva y más profunda, unida por un programa común de acción con un contenido cada vez más sustancioso. Llevar a cabo esas otras etapas, una vez superada la de la construcción de las candidaturas unitarias, tendrá que ser la tarea predominante de la campaña electoral propiamente tal, a partir de mayo de este año.

El siguiente paso, que contará con lo ya andado en lo que venimos diciendo, es el de mayor envergadura. Se adentra ya en los terrenos de la construcción de un gran acuerdo político y social que establezca los parámetros por donde ha de marchar la nueva construcción del país, las pautas de relación y convivencia de las fuerzas políticas mayoritarias y minoritarias y los puntos de apoyo de la gobernabilidad que hará factible tal nuevo rumbo, que en todo caso tiene que estar encuadrado en ese gran marco que es la Constitución de 1999.

Esta agenda de profundización de la mayoría, parte de esa mayoría negativa de la que comenzó hablando este artículo. Esta última negativa es el resultado de algo democráticamente muy importante, aunque haya tardado más de la cuenta: la capacidad de la población de tomar conciencia del proceso de destrucción al que ha estado sometido el país. Esa toma de conciencia remite a la calidad política de la población que es capaz de llevarla a cabo. La calidad de la democracia en última instancia depende de la calidad del pueblo que la protagoniza. Si se diera el caso de que esa mayoría se deshiciera en virtud de cualquiera de esos juegos de manos que Chávez tanto practica y se dejara engatusar por tal o cual habilidad comunicacional o tal o cual repartidera de dinero, estaríamos tocando las posibilidades, los límites últimos de la calidad de nuestra democracia, que estaría sujeta a la quebradiza calidad de una población de criterio tan frágil. A estar alturas del juego, depende de los venezolanos el caer de nuevo bajo los efluvios de alguien como Chávez. NO tendrán excusas si vuelve a suceder.

Pero no es esa la tendencia que indican los sondeos de opinión. La mayoría de la población cayó en cuenta, y sabe bien lo que no quiere que continúe. Darle a ese punto de partida positividad y densidad señala la agenda de las fuerzas democráticas del país, que demostrarán con su capacidad de llevarla a cabo, si ellas por su parte valen la pena.

dburbaneja@gmail.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

miércoles, 9 de julio de 2008

*LA MAYORÍA SILENCIOSA ES IRRELEVANTE SI ESTÁ ACOBARDADA Y PARALIZADA


*LA MAYORÍA SILENCIOSA ES IRRELEVANTE SI ESTÁ ACOBARDADA Y PARALIZADA

Publicado por adminsevilla

La pérdida de las elecciones ha sido emocionalmente devastadora para los votantes de media España. Como consuelo, se dicen que ellos sí son España y que los Z han ganado con el apoyo de los radicales, los antisistema y los secesionistas.
Y aunque puedan tener parte de razón, lo cierto es que hay otra media España que ha aplaudido con su voto las políticas de rendición ante el terror, de empleo y salarios basura, de ruptura de los consensos de la transición –incluida la Constitución que ya es papel mojado en sus enunciados básicos- y, sobre todo, el dolce fare niente ante el comecocos de los medios de comunicación masivos que han cumplido de forma implacable su papel de ingeniería social, convenciendo de la bondad de ciertos clichés progres a una población que ha dado la vuelta como un calcetín a su moral esencial: los experimentos con nuestros hijos en educación, en las trituradoras abortistas, en la revolución sexual; la eutanasia para nuestros mayores; la criminalización de las víctimas; la negación de la palabra pública; la justicia de cuotas de poder; una nación asimétrica donde no seremos libres e iguales, sino que dependerá el lugar de nacimiento para ver lo que te toca en el reparto; fuera nuestra Historia común con mayúsculas –lengua y cristiandad- y viva la Memoria Oficial.
Lo peor de la legislatura pasada, teniendo muchos “peores” que destacar, es el anuncio de lo que se nos viene encima. Han dividido a la población en dos grandes bloques, que no son derechas e izquierdas, como puede creerse, sino que son los buenos y los malos. Los perdedores de estos comicios somos los malos, y nos estará bien empleado lo que nos pase por no haber apoyado al Gran Gurú Maniqueo. Una cúpula dirigente tendrá todos los cánones a su disposición para imponer y saquear a placer. Pero en esta desolación que nos embarga, a la que hacía alusión al principio, lo espantoso que nos está por llegar es convertirnos en mayoría silenciosa. No podemos permitirlo.



Quiero poner un ejemplo cercano. Bajar de lo general a lo próximo. En Sevilla, en Los Bermejales –un barrio que ha votado PP y se muestra abatido y extrañamente silencioso- hay una mujer con una gran sonrisa, a la que todos se acercan para reconocerle que al menos en algo triunfó el pueblo frente al poder monolítico. Se llama Conchita Rivas y ha mantenido con tesón –¡y cuánta soledad tantas mañanas de tantas semanas frente al Ayuntamiento reclamando a un Monteseirín encastillado en su desprecio!- la lucha contra la Mezquita y porque los únicos terrenos públicos de su barrio se destinaran a servicios sociales; un centro cívico, una comisaría, una biblioteca, un centro de mayores, una guardería… Conchita no quiso ser parte de la mayoría silenciosa. Sentido común frente al fanatismo. Que hay que ponerse en marcha otra vez.



LA MAYORÍA SILENCIOSA ES IRRELEVANTE SI ESTÁ ACOBARDADA Y PARALIZADA

Con esa frase, titula su testimonio Paul E. Marek, un canadiense especializado en programas de protección de la infancia, cuya familia de origen judío huyó de los nazis ante la invasión de Checoslovaquia. Como de fanáticos y nazis se trata lo que le pasa a España, nos parece extrapolable y lo reproducimos:

Solía tratar con un hombre cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial. Eran propietarios de un gran número de industrias y empresas grandes. Le pregunté cuántos alemanes eran Nazis de verdad, y la respuesta que dio se me ha quedado impresa y desde entonces guía mi postura hacia el fanatismo: "Muy pocas personas eran verdaderos Nazis, pero muchos disfrutaban del retorno del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que simplemente pensaba que los Nazis eran un puñado de locos. De esa manera, la mayoría simplemente se cruzó de brazos y dejó que sucediera todo. A continuación, antes de poder hacer algo, ellos tenían las riendas y nosotros habíamos perdido el control, y el final del mundo se había presentado. Mi familia lo perdió todo. Yo terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas".


Una y otra vez se nos relata por parte de expertos y tertulianos que el islam es la religión de la paz y que la gran mayoría de los musulmanes simplemente desea vivir en paz. Aunque esta afirmación insustancial puede ser cierta, es completamente irrelevante. Es una vaguedad insignificante encaminada a hacernos sentir mejor y concebida para reducir de alguna manera el fantasma de fanáticos que causan destrucción por el mundo en nombre del islam.
El hecho es que los fanáticos dirigen el islam en este momento de la historia. Son los fanáticos los que se manifiestan. Son los fanáticos los que emprenden cualquiera de las cincuenta guerras activas en todo el mundo. Son los fanáticos los que masacran sistemáticamente a los cristianos o los grupos tribales de África y los que están gradualmente tomando el control de todo el continente en una oleada islámica. Son los fanáticos los que revientan, decapitan, asesinan o ejecutan los crímenes de honor. Son los fanáticos los que toman el control de mezquita tras mezquita. Son los fanáticos los que extienden fanáticamente las lapidaciones y las ejecuciones con la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. El hecho demostrable y difícil es que "la mayoría pacífica" es "la mayoría silenciosa", y está acobardada y paralizada.


La Rusia comunista se componía de rusos que simplemente querían vivir en paz, pero los comunistas rusos son responsables de la muerte de alrededor de cuarenta millones de personas. La mayoría pacífica fue irrelevante. La enorme población de China también era pacífica, pero los comunistas chinos lograron matar a unos sobrecogedores setenta millones de personas. El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un sádico fanático de las guerras. Pero Japón se abrió camino a base de matanzas y carnicerías por todo el sureste de Asia en una orgía de muerte que incluyó el asesinato sistemático de doce millones de civiles chinos, asesinados la mayoría a través de la espada, la hoja o la bayoneta. Y quién puede olvidar Ruanda, que colapsó por completo en una carnicería. ¿No podría decirse que la mayoría de los ruandeses eran "pacifistas"?


Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y obvias; pero con todos nuestros ejercicios de raciocinio con frecuencia pasamos por alto las ideas más básicas y sencillas. Los musulmanes pacifistas han pasado a ser irrelevantes gracias a los fanáticos. Los musulmanes pacifistas han pasado a ser irrelevantes a través de su silencio. Los musulmanes pacifistas se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque, al igual que mi amigo de Alemania, despertarán un día y descubrirán que los fanáticos dirigen su futuro, y el final del mundo habrá comenzado.
Los alemanes, los japoneses, los chinos, los rusos, los ruandeses, los bosnios, los afganos, los iraquíes, los palestinos, los somalíes, los nigerianos, los argelinos pacifistas y muchos otros pacifistas han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que era demasiado tarde. En cuanto a nosotros, contemplando mientras todo se desenvuelve, tenemos que prestar atención al único grupo que cuenta: los fanáticos que amenazan nuestro estilo de vida.