BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL
jueves, 4 de abril de 2013
PACIANO PADRON, EL SUMISO NICOLÁS
martes, 27 de septiembre de 2011
ROGELIO ALANIZ: PLURALISMO Y HEGEMONÍA (DESDE ARGENTINA)
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domingo, 26 de junio de 2011
ALBERTO MEDINA MENDEZ: EL SADISMO ELECTORAL. (DESDE ARGENTINA)
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jueves, 19 de agosto de 2010
LA PREVALENCIA DE LA DISYUNCIÓN, TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ
Estamos entrando en lo colectivo sin colectivo, esto es, vamos contra nosotros mismos. Ya no se conjugan en la población lo general y lo particular, o lo que es lo mismo, la asunción del punto de vista del común desde un propio punto de vista. En lo que ahora tenemos prevalece la disyunción: a cada uno se le hace valer supuestamente su particularidad mediante un “ejercicio profesional de la política” basado en la demagogia del disfraz y de la construcción de callejones sin salida.

La política no puede funcionar sin ideas. En buena parte es una ciencia de las ideas. La organización social del hombre no nació como la vida ni crece como las plantas. La política que carece de empuje proveedor de consistencia es una futilidad. Dado que las formas políticas son invención del hombre no puede desgajarse de la política la capacidad renovadora. Bien se dice que el pueblo no existe, lo crea la política. De esta manera hay que decir que la principal actividad de lo político es dar sentido y toda democracia pasa a ser un proceso ininterrumpido de transformación.
De esta manera la política y la democracia, es decir, la acción y sus resultados, no pueden ser otra cosa que inserción constante de nuevas opciones o, dicho en otras palabras, ampliación permanente de la libertad. Tenemos, pues, que volver a leer lo político sacándolo del cansancio, del aburrimiento y, sobre todo, de un conservadurismo que brota ante las ideas y ante la esencia misma de lo político y de la democracia, puesto que todo lo establecido siempre resiste las ideas innovadoras.
Es a través de la política que se constituye el vínculo social. Si no enfrentamos este proceso creativo la política pasa a ser inepta para explicar las desigualdades que crecieron paralelas a la libertad y se convierte en algo deleznable para el común de la gente que nunca podrá entender lo que es ejercicio de la ciudadanía. Continuar pensando que la democracia es como es, que la justicia se administra como se administra, que las instituciones son como son y no pueden ser de otra manera, equivale a un corsé al pensamiento y a la esencia misma de los conceptos política y democracia.
Otra cosa que debemos aceptar es la política como conflicto y los conflictos expresión del animus político. Y a la democracia como capaz de administrar los conflictos mediante una renovación permanente. Una cosa son las instituciones básicas, aptas para administrar el control de estabilización, y otra la permanente manifestación de ideas que amplían los espacios hasta una libertad transformadora. Está claro que las llamadas instituciones y los intermediarios sociales ya no responden a las exigencias de los tiempos y, por tanto, hay que buscar nuevos mecanismos.
Esta es la realidad de un país a escasos días de unas elecciones que vuelven a ser llamadas “la última oportunidad”, otra aberración, pues la democracia no tiene nunca una última oportunidad. Basta haberse paseado un poco por los procesos históricos, basta no meter en una gaveta todos los papeles, basta no fusilar de antemano el juego (utilizada esta palabra con seriedad) de las posibilidades políticas, para concluir que en este país se utilizan frases al voleo, se dicen impertinencias a granel, se utiliza muy mal el lenguaje.
La verdadera revolución es la voz moral. El populismo es una asunción de un modo radical para lograr la homogeneidad sobre lo imaginario. La posibilidad de un gobierno omnisciente no cabe en el siglo XXI. El verdadero político es el que hace el mundo inteligible para el pueblo, esto es, el que le suministra las herramientas para actuar con eficacia sobre lo ya entendido. El populismo no se combate con populismo. El populismo debe ser combatido con la siembra de la comprensión llevada al grado de un estado de alerta.
La legitimidad electoral y la legitimidad social pueden contrastarse o encontrarse. La manera de encontrar la segunda excede al simple hecho de buscar el voto en una campaña electoral plena de promesas, generalmente demagógicas. Buscando la segunda suele encontrarse la primera. El planteamiento inteligible que produce efectos previos mejora notablemente la capacidad de escogencia. Las campañas electorales son la culminación de un proceso en donde el individuo manifiesta una preferencia. La masificada propaganda en nada podría modificar una asunción previa ganada en una democracia de cercanía generada por los líderes verdaderos que en ese proceso electoral buscan la voluntad mayoritaria del pueblo.
No se puede combatir demagogia con demagogia. El proceso de crear lucidez y pertenencia es ajeno a las palabras altisonantes y mentirosas. El proceso de repetición demagógica por parte de dos o más adversarios en una contienda por el voto conduce a soliviantar un individualismo feroz que se traduce en apostar a la mayor oferta engañosa. El vencedor, naturalmente, será el que ejerce el poder o, si se ha cumplido con la tarea pedagógica, el que ha hecho una obra previa de configuración de cuerpo sobre el que limita su acción a la campaña electoral misma.
Mayoría electoral no es mayoría social por acto automático. Legitimidad forzada no es confianza. Así la legitimidad del poder y la legitimidad del ejercicio democrático estarán afincadas sobre un barro extremadamente frágil y, lo más grave, la democracia se derrumbará por efecto directo de todos, de los que ejercen el poder y de quienes pretenden sustituirlo, de los demagogos multiplicados, obligando al poder al ejercicio de la fuerza para atender compulsivamente las exigencias sociales. Quienes no entienden de la existencia de instituciones invisibles y de la necesidad de hacerle comprender el mundo al pueblo, de hacérselo inteligible, bien podrían cerrar la brecha electoral, aún disminuida y extremadamente condicionada que en estos días aún ocupa el horizonte.
teodulolopezm@yahoo.com
lunes, 19 de julio de 2010
MAYORÍAS. LA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN CAYÓ EN CUENTA Y SABE BIEN LO QUE NO QUIERE QUE CONTINÚE. DIEGO BAUTISTA URBANEJA
La mayoría de los venezolanos están hoy por hoy unidos por el deseo de que Hugo Chávez no pase del año 2012 al frente del Gobierno. Eso dicen las encuestas de una manera consistente y la tendencia que dibujan es la de que esa mayoría debe solidificarse y ampliarse por un rato más. En tal sentido, y para empezar, los venezolanos constituyen una mayoría negativa, por decirlo así, cuyo grito común es el más elemental: no queremos que siga.

El gran esfuerzo que la Mesa de la Unidad Democrática está llevando a cabo, por cierto que bajo fuego cruzado, consiste, por lo pronto, en hacer de esa mayoría negativa una mayoría electoral, que canalice su actual rechazo común en la dirección de la elección de una mayoría parlamentaria. El primer paso para ese logro es la construcción de una oferta electoral unitaria, en la forma de unas candidaturas apoyadas por todas las fuerzas democráticas en lo que se llama una alianza perfecta. Esto, con todo lo importante que es, da lugar a una mayoría parlamentaria que, si se quedara en eso, tendría que ser calificada de poco profunda. Pero nadie piensa detenerse en ese nivel.
En realidad, lo que se abre es un camino de profundización, de densificación política de la mayoría por construir. De modo que ese primer paso ha de ser seguido por otros, en la forma de una agenda parlamentaria, un programa de acción común que desde la Asamblea Nacional esa mayoría parlamentaria se compromete a llevar a cabo. Una agenda parlamentaria que puede dividirse en varios aspectos o agendas más específicas. La institucional, destinada a restablecer el equilibrio de poderes. La agenda contralora, destinada a reimplantar la función contralora de la Asamblea. La propiamente legislativa, que define las áreas de legislación que la fuerza parlamentaria que se obtenga atenderá en forma prioritaria. La agenda política, que determina el uso político que se dará a esa fuerza parlamentaria, en función de la estabilidad política y de la realización pacífica y equitativa de las elecciones del 2012.
Por este camino, y a medida que se vaya realizando, dejamos atrás la mayoría puramente negativa. Ya estamos en plena carrera hacia una mayoría más positiva y más profunda, unida por un programa común de acción con un contenido cada vez más sustancioso. Llevar a cabo esas otras etapas, una vez superada la de la construcción de las candidaturas unitarias, tendrá que ser la tarea predominante de la campaña electoral propiamente tal, a partir de mayo de este año.
El siguiente paso, que contará con lo ya andado en lo que venimos diciendo, es el de mayor envergadura. Se adentra ya en los terrenos de la construcción de un gran acuerdo político y social que establezca los parámetros por donde ha de marchar la nueva construcción del país, las pautas de relación y convivencia de las fuerzas políticas mayoritarias y minoritarias y los puntos de apoyo de la gobernabilidad que hará factible tal nuevo rumbo, que en todo caso tiene que estar encuadrado en ese gran marco que es la Constitución de 1999.
Esta agenda de profundización de la mayoría, parte de esa mayoría negativa de la que comenzó hablando este artículo. Esta última negativa es el resultado de algo democráticamente muy importante, aunque haya tardado más de la cuenta: la capacidad de la población de tomar conciencia del proceso de destrucción al que ha estado sometido el país. Esa toma de conciencia remite a la calidad política de la población que es capaz de llevarla a cabo. La calidad de la democracia en última instancia depende de la calidad del pueblo que la protagoniza. Si se diera el caso de que esa mayoría se deshiciera en virtud de cualquiera de esos juegos de manos que Chávez tanto practica y se dejara engatusar por tal o cual habilidad comunicacional o tal o cual repartidera de dinero, estaríamos tocando las posibilidades, los límites últimos de la calidad de nuestra democracia, que estaría sujeta a la quebradiza calidad de una población de criterio tan frágil. A estar alturas del juego, depende de los venezolanos el caer de nuevo bajo los efluvios de alguien como Chávez. NO tendrán excusas si vuelve a suceder.
Pero no es esa la tendencia que indican los sondeos de opinión. La mayoría de la población cayó en cuenta, y sabe bien lo que no quiere que continúe. Darle a ese punto de partida positividad y densidad señala la agenda de las fuerzas democráticas del país, que demostrarán con su capacidad de llevarla a cabo, si ellas por su parte valen la pena.
dburbaneja@gmail.com
miércoles, 9 de julio de 2008
*LA MAYORÍA SILENCIOSA ES IRRELEVANTE SI ESTÁ ACOBARDADA Y PARALIZADA

Publicado por adminsevilla
La pérdida de las elecciones ha sido emocionalmente devastadora para los votantes de media España. Como consuelo, se dicen que ellos sí son España y que los Z han ganado con el apoyo de los radicales, los antisistema y los secesionistas.
Y aunque puedan tener parte de razón, lo cierto es que hay otra media España que ha aplaudido con su voto las políticas de rendición ante el terror, de empleo y salarios basura, de ruptura de los consensos de la transición –incluida la Constitución que ya es papel mojado en sus enunciados básicos- y, sobre todo, el dolce fare niente ante el comecocos de los medios de comunicación masivos que han cumplido de forma implacable su papel de ingeniería social, convenciendo de la bondad de ciertos clichés progres a una población que ha dado la vuelta como un calcetín a su moral esencial: los experimentos con nuestros hijos en educación, en las trituradoras abortistas, en la revolución sexual; la eutanasia para nuestros mayores; la criminalización de las víctimas; la negación de la palabra pública; la justicia de cuotas de poder; una nación asimétrica donde no seremos libres e iguales, sino que dependerá el lugar de nacimiento para ver lo que te toca en el reparto; fuera nuestra Historia común con mayúsculas –lengua y cristiandad- y viva la Memoria Oficial.
Lo peor de la legislatura pasada, teniendo muchos “peores” que destacar, es el anuncio de lo que se nos viene encima. Han dividido a la población en dos grandes bloques, que no son derechas e izquierdas, como puede creerse, sino que son los buenos y los malos. Los perdedores de estos comicios somos los malos, y nos estará bien empleado lo que nos pase por no haber apoyado al Gran Gurú Maniqueo. Una cúpula dirigente tendrá todos los cánones a su disposición para imponer y saquear a placer. Pero en esta desolación que nos embarga, a la que hacía alusión al principio, lo espantoso que nos está por llegar es convertirnos en mayoría silenciosa. No podemos permitirlo.
Quiero poner un ejemplo cercano. Bajar de lo general a lo próximo. En Sevilla, en Los Bermejales –un barrio que ha votado PP y se muestra abatido y extrañamente silencioso- hay una mujer con una gran sonrisa, a la que todos se acercan para reconocerle que al menos en algo triunfó el pueblo frente al poder monolítico. Se llama Conchita Rivas y ha mantenido con tesón –¡y cuánta soledad tantas mañanas de tantas semanas frente al Ayuntamiento reclamando a un Monteseirín encastillado en su desprecio!- la lucha contra la Mezquita y porque los únicos terrenos públicos de su barrio se destinaran a servicios sociales; un centro cívico, una comisaría, una biblioteca, un centro de mayores, una guardería… Conchita no quiso ser parte de la mayoría silenciosa. Sentido común frente al fanatismo. Que hay que ponerse en marcha otra vez.
LA MAYORÍA SILENCIOSA ES IRRELEVANTE SI ESTÁ ACOBARDADA Y PARALIZADA
Con esa frase, titula su testimonio Paul E. Marek, un canadiense especializado en programas de protección de la infancia, cuya familia de origen judío huyó de los nazis ante la invasión de Checoslovaquia. Como de fanáticos y nazis se trata lo que le pasa a España, nos parece extrapolable y lo reproducimos:
Solía tratar con un hombre cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial. Eran propietarios de un gran número de industrias y empresas grandes. Le pregunté cuántos alemanes eran Nazis de verdad, y la respuesta que dio se me ha quedado impresa y desde entonces guía mi postura hacia el fanatismo: "Muy pocas personas eran verdaderos Nazis, pero muchos disfrutaban del retorno del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que simplemente pensaba que los Nazis eran un puñado de locos. De esa manera, la mayoría simplemente se cruzó de brazos y dejó que sucediera todo. A continuación, antes de poder hacer algo, ellos tenían las riendas y nosotros habíamos perdido el control, y el final del mundo se había presentado. Mi familia lo perdió todo. Yo terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas".
Una y otra vez se nos relata por parte de expertos y tertulianos que el islam es la religión de la paz y que la gran mayoría de los musulmanes simplemente desea vivir en paz. Aunque esta afirmación insustancial puede ser cierta, es completamente irrelevante. Es una vaguedad insignificante encaminada a hacernos sentir mejor y concebida para reducir de alguna manera el fantasma de fanáticos que causan destrucción por el mundo en nombre del islam.
El hecho es que los fanáticos dirigen el islam en este momento de la historia. Son los fanáticos los que se manifiestan. Son los fanáticos los que emprenden cualquiera de las cincuenta guerras activas en todo el mundo. Son los fanáticos los que masacran sistemáticamente a los cristianos o los grupos tribales de África y los que están gradualmente tomando el control de todo el continente en una oleada islámica. Son los fanáticos los que revientan, decapitan, asesinan o ejecutan los crímenes de honor. Son los fanáticos los que toman el control de mezquita tras mezquita. Son los fanáticos los que extienden fanáticamente las lapidaciones y las ejecuciones con la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. El hecho demostrable y difícil es que "la mayoría pacífica" es "la mayoría silenciosa", y está acobardada y paralizada.
La Rusia comunista se componía de rusos que simplemente querían vivir en paz, pero los comunistas rusos son responsables de la muerte de alrededor de cuarenta millones de personas. La mayoría pacífica fue irrelevante. La enorme población de China también era pacífica, pero los comunistas chinos lograron matar a unos sobrecogedores setenta millones de personas. El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un sádico fanático de las guerras. Pero Japón se abrió camino a base de matanzas y carnicerías por todo el sureste de Asia en una orgía de muerte que incluyó el asesinato sistemático de doce millones de civiles chinos, asesinados la mayoría a través de la espada, la hoja o la bayoneta. Y quién puede olvidar Ruanda, que colapsó por completo en una carnicería. ¿No podría decirse que la mayoría de los ruandeses eran "pacifistas"?
Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y obvias; pero con todos nuestros ejercicios de raciocinio con frecuencia pasamos por alto las ideas más básicas y sencillas. Los musulmanes pacifistas han pasado a ser irrelevantes gracias a los fanáticos. Los musulmanes pacifistas han pasado a ser irrelevantes a través de su silencio. Los musulmanes pacifistas se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque, al igual que mi amigo de Alemania, despertarán un día y descubrirán que los fanáticos dirigen su futuro, y el final del mundo habrá comenzado.
Los alemanes, los japoneses, los chinos, los rusos, los ruandeses, los bosnios, los afganos, los iraquíes, los palestinos, los somalíes, los nigerianos, los argelinos pacifistas y muchos otros pacifistas han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que era demasiado tarde. En cuanto a nosotros, contemplando mientras todo se desenvuelve, tenemos que prestar atención al único grupo que cuenta: los fanáticos que amenazan nuestro estilo de vida.


