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domingo, 7 de junio de 2015

EUGENIO MONTORO, EL HOMBRE DE LA ESQUINA ROSADA

         Uno de los gigantes de la literatura es el argentino Jorge Luis Borges al que, como a muchos famosos,  se le recuerda más por anécdotas que por su obra. Borges perdió la vista en sus tempranos  50 y sigue siendo un misterio que no le dieran el premio Nobel.

         Fino y culto poeta, hacedor de fantasías y mundos para el pensar distinto, también dejó espacio para una variada creación desde traducciones de importantes obras hasta cuentos y reflexiones. De su plataforma arrabalera es la obra cuyo título lleva este artículo.
         Un narrador cuenta la historia. Dice que estando en el salón ”Julia” donde se bebía y bailaba con prostitutas en Buenos Aires, entró golpeando la puerta Francisco Real apodado El Corralero buscando a Rosendo Juárez apodado El Pegador, hombre de choque de un caudillo político y famoso por su destreza con el puñal. Allí se encontraba con una de las chicas, La Lujanera, de gran belleza.
         El Corralero retó a Rosendo a demostrar su supuesta valentía, pero para sorpresa de todos El Pegador no aceptó la provocación.  La Lujanera le puso el puñal en la mano a Rosendo pero éste lo tiró por la ventana. Humillada, La Lujanera se separa de Rosendo diciéndole cobarde y se acerca insinuante a Real. Bailan y luego se van juntos como nuevos novios.
         El narrador abandona el sitio y regresa poco después. Al rato entra La Lujanera sosteniendo a El Corralero malherido de muerte por una puñalada que alguien le propinó. Los asistentes acusan a La Lujanera pero el narrador se interpone y razona que ella no tiene la fuerza necesaria.
         Se oyen caballos de la policía y con prisa tiran el cadáver de El Corralero al arroyo cercano y siguen bailando. Al final en privado el narrador sugiere su participación.
         Un cuento de las locuras de Borges o una crónica de la política venezolana??. Quienes son los líderes? Cuál es la lucha de poder?. Cuales amigos dejan de serlo?.
         Posiblemente ni a Borges se le habría ocurrido un cuento tan  absurdo como el venezolano. Poder bicéfalo, Instituciones perrito de taxi, denuncias por corrupción, denuncias por narcóticos, colas, escasez, crimen, dinero sin valor, presos por que me da la gana, ideologías fracasadas en contra del sentido común, dictadura marxista. Ah, teatro de la locura, vivencia de la estupidez.
         Copio a Borges en alguno de sus ramalazos políticos.
“Las dictaduras fomentan la opresión, el servilismo, la crueldad más abominable y hasta fomentan la idiotez. Peones que balbucean efigies de caudillos y vivas prefijados, ceremonias unánimes usurpando la lucidez”.
         Tenemos solución??. Claro que sí.  Este tipo de gobierno solo se sostiene en el populismo y como el verbo está agotado solo queda hacer populismo con dinero y favores, pero con una inflación de 200% no hay populismo material duradero.
         La inteligencia de los venezolanos se refuerza cada día y ningún moco pegado al dedo resiste tanta agua fresca.
Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es
@yugemoto67

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miércoles, 30 de julio de 2014

MARIO AUGUSTO BEROES RÍOS, UN HOMBRE ACOSTUMBRADO AL BAJO PERFIL

Probablemente Carvajal esté viviendo sus últimos días como figura pública del chavismo, o tenga que esconderse bajo las piedras. Un hombre acostumbrado al bajo perfil, que es como debe trabajar quien se mueve por esos espacios, ahora no la tendrá tan fácil.

Rumores hay muchos, desde que ya había sido contactado por la DEA en Panamá, pero como no pudo sacar a su familia de Venezuela, no se atrevióa dar "el paso de entregarse". Que Venezuela amenazó al reino de Holanda con eliminar los contratos petroleros que la Dutch-Shell tiene en el país; que fue una trampa montada por un amigo de su hijo mayor, cuyos padres son socios en varias empresas donde Carvajal funge de director; que se amenazó al gobierno de la isla con una "operación comando" para rescatarlo, etcétera.

Lo que sí es cierto es lo extraño de ver que el gobierno arubeño está dispuesto a extraditarlo,pero Holanda, echa para atrás la medida, bajo un argumento tan extraño como el que le reconoce el estatus diplomático, pero lo declara persona no grata y lo expulsa de Aruba. ¿Qué pasó ahí?

Para Carvajal no debe ser sencillo ser ahora "una celebridad". En el mundo en el que se desenvuelve, si es que está metido en cuestiones de drogas, narcotráfico, guerrillas y demás "labores sublimes", el ser tan conocido no es bueno, así redobles tu guardia e incrementes el número de guardaespaldas. El sabe que tiene enemigos y los rumores o historias se han incrementado, hasta el punto de que pudo haber hablado con los de la DEA en la prisión de la capital de la isla antillana, y ya estos con la información suficiente, prefirieron dejarlo a su suerte, ya con tremenda raya encima, como dirían un adolescente hoy en día.

Lo cierto, es que ahora no disfruta de ningún estatus diplomático. Es más conocido que cualquier artista de moda y siempre va a quedar la duda de si habló o no, lo que tiene nerviosos y molestos a muchos en el gobierno venezolano, en la guerrilla y en el mundo oscuro de las drogas.

Realmente no se si a Carvajal le conviene su nuevo estatus, o si estaba más seguro detrás de las rejas.

Mario A. Beroes Ríos.
marioberoes@gmail.com
@marioberoes22

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viernes, 4 de julio de 2014

SAÚL GODOY GÓMEZ, EL ESTADO Y EL HOMBRE DE LAS CAVERNAS,

A los comunistas los entiendo, aunque no los justifico; son personas primitivas, que viven en un mundo de creencias falsas, algunas muy ruines, en cuanto la naturaleza del hombre y la sociedad, y cuando llegan a ser gobierno, gracias a la ignorancia colectiva, su desempeño es un desastre y la sociedad sufre las consecuencias… hasta que rectifica.

Pero que la oposición política venezolana, en su mayoría también populista, trate de emular el pensamiento y las acciones de los comunistas, y se ofrezcan como alternativa de poder, con la promesa de un cambio hacia una mejor sociedad, cuando en realidad van a la cola del tren del marxismo es imperdonable, sobre todo si vemos a lo que conduce un estado interventor y controlador de la vida social.
He escuchado últimamente, en los medios de comunicación social, a muchos representantes de la oposición haciendo planteamientos de lo que ellos harían si fueran gobierno… y, para mi desaliento y preocupación, lo que proponen no es más que la continuación del estado de cosas que nos han llevado a esta pavorosa crisis de gobernabilidad.
Tanto la concepción del estado como las formulas de gobernanza que proponen son todas muy parecidas a las fórmulas comunistas: un estado fuerte y más intervención estatal, hay hasta una propaganda, que repite insistentemente de uno de los partidos más importantes de la oposición, en que su mensaje político se reduce a “nuestro interés es que usted coma más y mejor, para eso estamos trabajando”; parece el lema de un restaurante o un supermercado, entiendo que la situación del país esté en el límite de la sobrevivencia, pero que un partido haya reducido su horizonte de propuestas a un plato de caraotas dice mucho de lo que ese partido piensa de su misión, y peor, de lo que piensa de sus electores.
La política venezolana ha involucionado de manera acelerada; los partidos se encuentran en manos de improvisados y oportunistas, en su mejor caso de negociantes que pretenden reunirse con el diablo, si eso fuera necesario, para satisfacer a sus clientes. Eso, señoras y señores, no es política, es bazofia.
Empecemos nuestro análisis ¿Qué tipo de hombre o mujer tienen en mente los que dirigen los partidos de la oposición cuando se ofrecen como alternativa de gobierno?  Esta pregunta parece fácil, pero no lo es, y el concepto es la base que fundamenta toda política, ¿Qué tipo de sociedad pretendo gobernar? ¿Se trata de hombres libres, autónomos, racionales y productivos? O se trata, al contrario, de hombres con mentalidad de esclavos, dependientes, violentos y flojos… no se trata de ver cuántos son libres y cuantos esclavos, lo importante en la respuesta a esta pregunta es el ideal al que me dirijo; gobierno para una sociedad civilizada o en pleno proceso de civilización o me ofrezco a una masa informe de brutos.
Algunos, los pragmáticos, responderán que depende de la condición sociológica de nuestro pueblo; si los venezolanos estamos en estadio intermedio entre civilización y barbarie, entonces, mi oferta de gobierno será la del plato de comida; por ejemplo, gobierno para que todos puedan comer. Pero si resulta que, luego de más de 500 años del descubrimiento, los venezolanos hemos remontado la cuesta de la civilización y podemos vernos en un futuro a corto plazo como un país desarrollado y perteneciente a la comunidad de naciones civilizadas, entonces la oferta cambia y propondré integrarnos al mundo informado e informatizado, a los creadores de tecnología, por ejemplo.
Luego viene la pregunta  ¿Qué tipo de gobierno propongo? Si mi público es la gleba, los siervos de la edad media, que necesitaban de un amo para que les indicara el lugar que ocupaban en la sociedad, si necesito robarles el producto de su trabajo para fortalecer a la clase gobernante, si necesito obligarlos a actuar contra su voluntad para alcanzar lo que considero que es el bien común, entonces estamos hablando de un tipo de gobierno autoritario cuyo respeto y voluntad se impone por la fuerza; en este caso, más que un gobierno, se trata de la institucionalización del mandato de una pandilla sobre una sociedad de esclavos.
Pero si se trata de personas iguales a mí, con derechos individuales, capaces de sostenerse por sí mismos, de emprender y producir bienes y servicios para toda la sociedad, si se trata de entes razonables, que piensan y discuten sus diferencias en paz, que coexisten con los otros en libertad, intercambiando lo que producen, cada uno en su especialidad, sin coacciones ni supervisión, entonces estamos hablando de otro tipo de gobierno, un gobierno para una sociedad en libertad.
Y los gobiernos para una sociedad en libertad no se basan en los buenos deseos de sus líderes, ni en su comprensión del mundo y del hombre, sino en el respeto a las leyes y al orden, pues es sólo dentro de un estado de derecho y de justicia que una sociedad puede funcionar, permitiendo el libre desenvolvimiento de las potencialidades de sus miembros.
Son dos las actividades  fundamentales de toda democracia: la preservación y el libre desarrollo del conocimiento, que garantiza el desarrollo del espíritu y la conciencia de la gente, y la libertad del comercio y la industria, que hace posible que una nación sea próspera y autosuficiente.
Para que esto suceda, un gobierno para una sociedad en libertad debe cumplir tres roles fundamentales: el primero, proteger a sus ciudadanos y bienes de los criminales y para ello cuenta con las fuerzas policiales.  El segundo, proteger a la nación de la invasión de fuerzas extranjeras y para ello cuenta con unas Fuerzas Armadas profesionales. El tercero, resolver las disputas entre sus ciudadanos, como árbitro, en los tribunales de justicia y de acuerdo con un marco legal objetivo.
Este es el estado mínimo del que he estado refiriéndome en mis últimos artículos, que se basa en la menor intervención posible en los asuntos que le compete resolver a la sociedad en general, problemas como la educación, la salud, las finanzas, incluso de las obras públicas, deberían poder ser resueltos por la sociedad organizada, fuera de la estructura burocrática del gobierno.
Las razones que apuntalan esta posición son muchas, pero su fundamento básico parte de que el conocimiento social es disperso y es imposible que una sola persona acapare dicho conocimiento y sea portador de un saber superior; ningún planificador, legislador o gobernador puede tener mayor dominio sobre un problema que el que tienen aquellos afectados por el mismo, menos aún si se busca la solución desde una oficina remota. 
Ni el Presidente de la República, ni ninguno de sus asesores expertos, puede tener mayor conocimiento sobre cómo se debe invertir el dinero en una plantación de caña de azúcar en el Municipio Iribarren del Estado Lara, que sus mismos agricultores y dueños de fundos, que son los principales afectados y viven de esa actividad.  De allí el gran fracaso de Giordani como planificador  y del mal hadado Plan de la Patria, no hay manera de sustituir el conocimiento de primera mano, de la realidad real, por ideas aproximadas de una fantasía ideológica. El resultado es siempre contra natura.
El conocimiento de toda persona, así sea el de un sabio, es siempre parcial y falible; pero el problema no termina allí, si esa persona es un alto funcionario del gobierno y aplica su plan elaborado en una oficina con “geniecillos planificadores”, ninguno de ellos puede predecir con exactitud las consecuencias de sus acciones en la sociedad. Probablemente algunas cosas resulten bien, pero otras resultarán muy mal, y de esas cosas malas hay que defenderse, o contenerlas, lo que involucra volver a intervenir e implica, a su vez, que habrá de nuevo resultados buenos y malos… y así hasta el infinito, una vez que empieza la intervención del estado no se sabe cuándo termina.
La gran lección de este “Teorema del Conocimiento Limitado” es que, en una sociedad de hombres y mujeres libres, se debe permitir que cada uno decida sus propias finalidades, basándose en su propio conocimiento y capacidad; finalidades que coinciden- según lo expresó hace ya algunos años Ludwig Von Mises- con lo que cada uno piensa puede “controlar” y para cuya realización ofrece a los otros, a cambio de las prestaciones que necesita, lo que él es capaz de hacer: “Así es cómo la cooperación social se mantiene, no por la obligación de perseguir fines comunes, sino por una amplia trama de acuerdos referentes a los medios que recíprocamente nos proporcionamos unos a otros.”
No olvidemos que cada vez que actúa el estado, lo hace restándole a la sociedad una cantidad de energía y recursos, que la sociedad necesita para resolver, justamente, esos problemas.
Invito a los políticos de la oposición a que se abra en el seno de sus partidos las discusiones necesarias para atender esos puntos de doctrina que, hasta los momentos, están siendo dominados por el pensamiento populista marxista, lo que se conoce como socialismo “light”… terrible por lo primitivo de sus postulados.
Saul Godoy Gomez
saulgodoy@gmail.com
@godoy_saul

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viernes, 6 de junio de 2014

ANGELICA MORA, EL HOMBRE Y LOS TANQUES, 25 AÑOS DESPUÉS

Este es sólo un apunte, de una periodista que fue enviada por Radio Martí a cubrir un evento en la ciudad de los Angeles... y en esa misma fecha ocurrió la protesta de Tiananmen.

Recuerdo que despaché muy rápido los discursos y me fui al BarrioChino, donde al conocer la noticia cientos de jóvenes se habían congregado para apoyar a sus compatriotas.

Estaban entusiasmados y hablaban en varios dialectos, en inglés y algunos hasta en español, sobre lo que acontecía en la patria lejana.

Se habían puesto unos cintillos en la frente. Y pintaban otros, en mesas improvisadas en la calle, para dárselos a los transeúntes.
A mi, como periodista, me dieron bastante para mí ; y para repartir de vuelta en la Convención Demócrata.

Hoy,  25 años después, al recordar ese dia, mi pensamiento está con otras protestas,-también  de jóvenes enfrentados a tanques y abusos- en un país llamado Venezuela.

Angelica Mora
angelicamorabeals@yahoo.com
@copihueblanco 

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lunes, 26 de mayo de 2014

ALFREDO CORONIL HARTMANN, "JAIME LUSINCHI, EL HOMBRE DETRÁS DE LA IMAGEN"

En la política, no se crean muchos afectos, la rudeza misma del oficio no pareciera propicia para hilvanar sentimientos profundos y duraderos. Pero hay excepciones que confirman la regla, para mí una de ellas se llamó Jaime Lusinchi, lo que para nada supone que no tuviésemos desencuentros y disgustos, pero estos nunca opacaron una amistad que se remonta a mi adolescencia y se mantuvo durante toda mi vida adulta.

Jaime vivió intensamente, dirigente juvenil, concejal en su estado nativo, brillante diputado al Congreso de la República, jefe de la mayoría parlamentaria, avezado en las lides internacionales, Presidente de la República. Con la misma intensidad, perseguido político, luchador clandestino, exiliado trashumante. Cuando Leonardo Ruíz Pineda aprobó el proyecto de mi padre, el Doctor Alfredo Antonio Coronil Ravelo, de engañar a las autoridades de la dictadura y convencerlas de la necesidad médica de trasladar al Doctor Alberto Carnevali desde la cárcel al Puesto de Socorro, de la esquina de Salas, los colaboradores seleccionados fueron el dirigente sindical Salom Meza Espinoza y el muy joven Dr. Jaime Lusinchi, conocidos ambos por su sereno valor, además de algunos otros combatientes clandestinos igualmente heroicos. Los agentes de la Seguridad Nacional de Pedro Estrada, no eran los desdentados y adiposos “milicianos chavistas” eran jóvenes entrenados para matar eficazmente. La hazaña fue exitosa, muchos años después fue llevada al cine por Miguel Ángel Landa.

No llegó pues a los primeros planos del acontecer político huérfano de méritos y credenciales, tampoco utilizó ese “fast track” eficacísimo, que a otros les ha valido el poder, me refiero a la adulancia, a la cargadera de maletines a “hacerle la barba” al máximo líder, expediente que paga muy buenos dividendos en todos los partidos de todos los países. Conocí y viví, desde mi privilegiada cercanía, su relación de amistad, y puedo decir de cariño, con Rómulo Betancourt, salpicada de chistes y ocurrencias, propios de dos hombres de fino humor y de aguda y rápida inteligencia.

No fue nunca un “yes man”,  Rómulo lo envió como su embajador oficioso a distintos países del continente, especialmente a aquellos donde Jaime había vivido y estudiado durante el exilio. En esos menesteres nos reencontramos en Chile, donde yo cursaba estudios de Ciencias Políticas y Administrativas, allí, ya iniciado en la política y en el periodismo de opinión, pude apreciar mucho mejor sus recomendaciones y orientaciones, las municiones dialécticas de que me proveía, en momentos en que la maquinaria internacional comunista “a través de su estafeta de La Habana” –para usar una expresión de Rómulo- nos pretendía presentar al mundo como unos obsequiosos lacayos del imperialismo. Los consejos de Jaime, precisos, prácticos, inteligentes me facilitaron la interacción en los predios universitarios y con amigos de la intelectualidad chilena de entonces.

Jaime era un hombre de “gestos”, esos que por oportunos y cálidos “compran” una amistad y que en él eran genuinos y espontáneos, en circunstancias gratas o en momentos de dolor. Así, haciendo gala de la vieja escuela adeca, ya para entonces diluida, de valorar los éxitos intelectuales de los militantes y dirigentes, lo vi entrar al “patio de los leones” del Concejo Municipal de Caracas el día en que recibí el Premio Municipal de Literatura –Mención Poesía- de 1979, lo celebramos juntos, los Betancourt no estaban en el país y él lo sabía.
También cuando falleció mi madre en 1991, la AD a la cual todo le había dado, manejada por esa escuela de mezquindad y mediocridad que, justa o injustamente, asociamos con el “alfarismo” y que todavía padecemos, a través de sus mozos de estoque o muchachos de mandado magnificados, no se sintió obligada a enviar a algún dirigente al acto del sepelio  (el presidente Pérez ya había concurrido a la funeraria y proclamado duelo oficial) a que dijera unas palabras de despedida, Jaime que había ido a acompañar a su amiga y compañera de luchas y esperanzas, tomó “motu propio”  la palabra en nombre de Acción Democrática y durante unos 20 ó 30 minutos habló de la adolescente militante del PDN, de la fundadora de AD, de la combatiente clandestina, de la perseguida, presa y exiliada, de la profesional destacada, mencionando apenas de pasada la circunstancia, muy personal, de haberse casado con Rómulo Betancourt. Para mí, es un haber que no prescribe.

No voy a intentar hacer un resumen de su obra de gobierno, que para mí tuvo tres grandes campos en realizaciones: la política exterior, la agrícola y pecuaria y el intento de saneamiento de la deuda pública, a la cual hizo los primeros abonos de capital, es decir no se limitó a “correr la arruga” atendiendo solo el servicio de la deuda, el pago de los intereses.

 Señalaré también una apreciación personal, al “pasivo” de su gestión presidencial, que creo pertinente y necesaria, aunque resulte incómoda en estos momentos de dolor por su partida.

En los menesteres de la política deberían ser -y raramente lo son- las aptitudes concretas de cada hombre público las que determinen las funciones que deban asumir, sea en el gobierno del Estado, sea dentro de las organizaciones en las cuales militen, el “marketing” y la errónea creencia de que ser presidente es la única culminación exitosa de una vida pública, nos han hecho mucho daño, son reiteradas las ocasiones en las que “el mejor candidato” ha frustrado al mejor presidente, el ejemplo más palpable –en positivo- fue Raul Leoni, mal candidato y gran presidente.
Hay muchos tipos de inteligencia y hay talentos específicos para determinadas áreas, no es un problema de niveles de inteligencia, sino de condiciones para gobernar, soy  un convencido de que Lorenzo Fernández y Reinaldo Leandro Mora, son dos grandes presidentes que no fueron, no incluyo a Gonzalo Barrios, uno de los más cultos y brillantes políticos que hemos tenido, porque tengo algunas reservas o dudas, sobre su posible desempeño presidencial.

Creo, retrospectivamente, que el gran parlamentario, el fino conocedor de los hilos de la política internacional, el valeroso combatiente, el hombre genuinamente bueno y afable, el venezolano encantador y generoso que fue Jaime Lusinchi, no tenía las mejores condiciones para ejercer el poder ejecutivo. Ganó las elecciones con el más alto porcentaje de votos que el país había visto, un 57% -con la única excepción de Rómulo Gallegos, quien reunía aun menores condiciones presidenciales- y salió de la presidencia con elevadísimos niveles de popularidad, las fallas que tuvo en el ejercicio del poder, fueron fallas de carácter y de vocación, no era un gerente, un administrador, era un brillante político y fue un gran candidato, víctima de su buena fe y de su falta de supervisión.

No obstante su obra de gobierno no es para nada deleznable, como lo demuestran los dos anexos con los cuales cierro estos comentarios.
Copiaré un resumen hecho por Primer Poder, en su edición de ayer:
 
“Este gobierno tuvo dos records que en ningún otro quinquenio de la democracia: mayor cantidad de viviendas (262.291) y terminar la mayor cantidad de estaciones (18) del Metro de Caracas. Entre los hospitales que construyó destacan el de “San Juan de Los Morros”, el “Domingo Luciani” en Caracas, el “Pastor Oropeza” en Carora y el “Victorino Santaella” en Los Teques. En el Metro de Caracas, construyó la segunda etapa de la Linea 1 (Chacaito-Dos Caminos) y toda la Línea 2 (Silencio-Zoo-Las Adjuntas); fue el creador del servicio de MetroBus. En vialidad se construyeron las autopistas “Ciudad Bolívar-Ciudad Guayana”, la “Ciudad Guayana-Upata”, el Tramo de la Autopista de Oriente “Guarenas-Araira” y se da inicio a la autopista “Valera-Trujillo”. Dos grandes carreteras destacan en su mandato, la “Ciudad Bolívar-Caicara-Los Pijiguaos” y la “El Dorado-Santa Elena de Guairen”. En embalses destacan las obras en “Camburito-Caparo” y “Boconó-Tucupido”. Es en este mandato cuando se finalizan la Central Hidroeléctrica “La Honda” y la segunda etapa del gran Complejo Hidroeléctrico “Guri”; también se inician las obras de las Centrales Hidroeléctricas Macagua II y III. En general fue un quinquenio que tuvo muy importantes inversiones en infraestructura y programas sociales para el beneficio colectivo.”

Y el aporte hecho por el profesor Mario  Buffone en su Blog:

LA OBRA DE LUSINCHI
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhm6gPW7mpfCC6GpsYu5QSBRxe61FgxrDUfU6DS7XsT0gu_2UIL5X-Kpamfv-R6uYnfYhn64-eRZ7evRILv2Xce2lbM8iUjpUjHH0bDvay9i3CA-yM6r-E5gr8AeBvKtoUhO7H_Y5091F1W/s320/JAIME+LUSINCHI.jpg
Sin duda alguna la actuación de Jaime Lusinchi en funciones de primer magistrado (1984-1989) es una de las más incomprendidas en la historia del país. Su gestión estuvo plena de muchos aciertos y es importante recordarlos para rescatar la memoria racional. Hay que puntualizar la difícil situación de la nación que recibió de manos de la administración saliente del presidente Luis Herrera Campins, con la devaluación del Viernes Negro, una economía en decadencia (-1,2% promedio anual del quinquenio), un desempleo creciente y  una deuda pública sumamente elevada. La actuación del gobierno de Lusinchi enfrentó aquellos problemas con mucho menos dinero que los dos períodos constitucionales anteriores y logró revertir en buena medida la mala situación heredada.
Las cifras de los cinco años de la presidencia de Lusinchi en materia económica fueron las siguientes: crecimiento económico anual promedio: 3%; el desempleo disminuyó de 10,1% en 1983 a 7,3% en 1988; la deuda pública bajó de 38675 millones de dólares en 1983 a 32176 millones de dólares en 1988. No sólo en cuestiones económicas fue acertada la conducción de Venezuela en esta época, sino también en otros reglones como: EDUCACIÓN: se decretaron 14 instituciones de educación superior, algunas de ellas fueron: Instituto Universitario de Estadios Musicales, los tecnológicos de Maracaibo, Cabimas, Caripito, Andrés Eloy Blanco y Mariscal Sucre y los colegios universitarios de enfermería de la Gobernación del Distrito Federal y la Cruz Roja Venezolana. Se incluyen en las 14 instituciones creadas 7 del sector privado, descollando en estas últimas la Universidad Bicentenaria de Aragua. CULTURA: Fueron creados un total de 103 bibliotecas y 27 museos, este último número es el más alto en la historia del país. SALUD: se pusieron en servicio 31 hospitales, algunos de los cuales son: Militar de Maracay; Cecilia Pimentel de La Concepción; San Juan de los Morros; Psiquiátrico de Maturín; Domingo Luciani (El Llanito), el hospital más grande planificado y construido totalmente en la democracia; La Beatriz de Valera; Punto Fijo; San Francisco y La Ovallera de Palo Negro. AMBIENTE: fueron decretados 6 parques nacionales: San Esteban, San Luis, Cinaruco-Capanaparo, Guaramacal, Dinira y Páramos Batallón y la Negra. AGRICULTURA: el país logró autoabastecimiento en muchos productos; además la superficie bajo regadío creció en 25244 hectáreas. EMBALSES: se culminaron 9 embalses para la producción de electricidad, suministro de agua potable, regadío agrícola y control de crecientes, de los cuales destaca el Guri, el más grande del país y se comenzaron 4; también se inició la ampliación del embalse Macagua. ELECTRICIDAD: la capacidad instalada de generación eléctrica aumentó en 6834 megavatios, el mayor incremento de la historia gracias a la finalización del Guri y también a la conclusión de las obras de Planta Centro, la mayor infraestructura para la generación de electricidad de origen térmico de América Latina. AGUA: el suministro de agua potable creció en 513 millones de metros cúbicos. CLOACAS: la población con este servicio se elevó en 836000 habitantes. TELECOMUNICACIONES: incorporación de 18 nuevas poblaciones al Discado Directo Nacional. TRANSPORTE: fueron construidos 14736 kilómetros de carreteras y en este sentido se pueden citar, entre obras iniciadas, continuadas o concluidas: las autopistas Barcelona-El Tigre, José Antonio Páez, Mérida-Panamericana, San Cristóbal-La Fría, Centro-Occidental, Ciudad Bolívar-Ciudad Guayana, Antonio José de Sucre (Barcelona-Cumaná), Ciudad Guayana-Upata, Variante Guacara-Bárbula, el llamado Eje Vial (Valera-Trujillo), Circunvalación Norte de Barquisimeto y Acarigua-Barquisimeto; al mismo tiempo las vías expresas (intercomunales): Santiago Mariño (Maracay-La Encrucijada), Baruta-El Hatillo, Los Centauros (San Fernando de Apure-Biruaca), Vía Expresa (Barcelona-Puerto La Cruz), La Encrucijada-San Juan de los Morros, La Victoria-El Consejo, Coro-La Vela y Los Aviadores (Maracay-Palo Negro). También se pusieron en servicio las nuevas instalaciones de los aeropuertos de Coro y Barcelona. METRO DE CARACAS: culminación de la Línea 1 con la construcción del tramo Chacaíto-Palo Verde y puesta en servicio de la totalidad de la Línea 2 (Zoológico-Las Adjuntas-El Silencio), en total fueron terminadas 21 estaciones del sistema, más que ningún otro gobierno nacional. VIVIENDAS. Fueron construidas por parte del sector público un total de 314251 viviendas, equivalente a un promedio anual de 62850, cifra aún no superada. A esto hay que agregar la creación de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) que elaboró entre otras la Ley de Elección y Remoción de los Gobernadores y la reforma a la Ley Orgánica de Régimen Municipal que creó la figura de los alcaldes. Estos son apenas algunos aspectos, sólo los más importantes, pero que realzan la actuación de Lusinchi como jefe de estado.(*)
(*) Datos actualizados al 21/05/2014

Alfredo Coronil Hartmann
acoronil2@gmail.com
@Alfredo43

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martes, 11 de marzo de 2014

ANGELICA MORA, CUANDO EL HOMBRE PIERDE SU HUMANIDAD, ATROCIDADES, APUNTES DE UNA PERIODISTA, FRANKFURT


Hay momentos en la historia de la humanidad en los que el Hombre pierde su calidad de tal y se deja dominar por lo más bajo que tiene en sí.

El ser humano vuelve a la barbarie, regresa a los tiempos de las cavernas... y todo el avance de siglos queda hecho trizas a sus pies.
El Hombre da paso al Bárbaro que lleva consigo, dormido, pero latente en todos estos años.
Se vuelve Bestia y descarga sus odios y bajas pasiones abusando y golpeando a los más débiles; y lo que es peor... en su furia goza con lo que está haciendo.
No hay nada más cruel que las escenas de una guerra.
Y hoy lo estamos comprobando, no en la revisión de una escena de la Segunda Guerra Mundial con sus horrores del nazismo, sino con enfrentamientos se están desarrollando frente a nosotros, en un horroroso espectáculo de carnicería humana.
Los hechos están transcurriendo frente a nuestros ojos, en Venezuela,  bajo las órdenes del gobierno de Nicolás Maduro de aplastar sin contemplaciones a los manifestantes.
Las escenas que han producidos estos mandatos son increíbles, dantescas, que llenan de horror. Pareciera que están desfilando -una por una, cuadro por cuadro- dentro de una cámara silenciosa, que no registra en su justa medida, la justa alarma de ningún órgano internacional.
La OEA demostró frente a la crisis de Venezuela su fracaso, al igual que la ONU. Después de esta derrota  de los gobiernos que la integran, ambas organizaciones deberían desaparecer por ineficientes y burocráticas.
Es que el grito de auxilio de Venezuela nadie lo escucha.
Mañana los que callan se rasgarán las vestiduras y dirán, como frente al Holocausto, que no estaban  enterados de las atrocidades llevadas a cabo por el gobierno de Nicolás Maduro, hombre que ni siquiera se ha comprobado que es venezolano.
¿Qué hay que hacer para que el grito de auxilio de Venezuela sea escuchado?
¿Cuándo reaccionaran todos los militares dignos, a tanta atrocidad?
¿Cuántos muertos, heridos y detenidos deberemos llorar para que el plazo se cumpla?
Porque, déjenme asegurarles,  todo llega... y para tanta angustia pronto llegará un final.
Angelica Mora Beals
angelicamorabeals@yahoo.com
@copihueblanco

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jueves, 6 de febrero de 2014

OSWALDO PÁEZ-PUMAR,¿QUIÉN ES LA MUJER?

         Por boca del propio Castro supimos que su hombre en Venezuela es Maduro. No hemos obtenido de la fuente originaria el nombre de quien sea su mujer, por lo que mi apreciación podría  estar errada pues son tantas las que han hecho mérito para acceder a ese sitial, que basada como está mi apreciación en unos hechos muy concretos, mañana puede resultar que otros me lleven a rectificar y a colocar en el puesto de la mujer de Castro en Venezuela un nombre distinto al que hoy anuncio.
        
Desde luego que si Castro, como lo hizo en el caso de su hombre en Venezuela, nos dice su nombre o su apellido, esta suerte de adivinanza que yo anticipo, pasará a ser la opinión errada y desinformada de un ciudadano de pocas vinculaciones con Castro, que apenas se extendieron desde el 21 de enero de 1980 cuando fui nombrado por el expresidente Luis Herrera Campíns  (q.e.p.d.) director general del MRREE hasta el 2 de febrero de 1984 cuando tomó posesión mi sucesor en el nuevo gobierno.
         Esas relaciones pasaron por incidentes que desataron “in crescendo” la ira de Castro: una sentencia, ni siquiera definitiva, a implicados en la voladura del avión cubano en tiempos de CAP I, ya que ese avión era distinto al que se estrelló 21 años antes con Camilo Cienfuegos adentro; el abarrotamiento por cubanos pidiendo asilo de los jardines de nuestra embajada, porque en Cuba no ha habido ni hay perseguidos políticos; y por supuesto los cruces de comunicados, donde se desechó la pretensión castrista de que el poder Ejecutivo dictara las sentencias de los tribunales condenando a los implicados en la voladura del avión, como ocurre ahora en Venezuela, emulando hasta las de muerte como la del general Ochoa, prohibida en la constitución, en la persona de Simonovis.
         Sin embargo, no es Luisa Estela la que ocupa ese lugar, ni tampoco su sustituta en la presidencia del TSJ Gladys Gutiérrez, o alguna otra de las muchas magistradas que integran ese tribunal y no es por falta de méritos que yo las descarto, pues los tienen sobrados, como también los poseen las rectoras del CNE, sino porque Castro es hombre de soluciones expeditas y las sentencias de los tribunales y los procesos electorales son lentos, mientras que la otra Luisa, la fiscal, ha iniciado un procedimiento contra 6 venezolanos que protestaron contra Cuba. No se me contradiga diciendo que un proceso judicial es lento, porque en Venezuela basta con estar indiciado y eso lo sabe Castro y Luisa Ortega.
opaezpumar@menpa.com 

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jueves, 11 de julio de 2013

VÍCTOR MALDONADO C., ¿HOMBRE FUERTE Y BUENO?

Uno de los retos que tenemos por delante es desasirnos de la exaltación histórica a la dictadura. Desde tiempos pretéritos nuestro gentilicio ha estado esclavizado por el imaginario que nos presenta al “buen dictador” como el solucionador de todas nuestras desgracias. 
Por alguna razón todos nuestros afanes terminan invocando a ese “déspota ilustrado” que elevándose sobre las miserias nacionales si va a poder administrar y distribuir la cosa pública con honestidad y eficacia. Esta ansiedad impostergable no es fácil de explicar, sobre todo en las clases medias supuestamente educadas, pero lo cierto es que las generaciones que vinieron después del gobierno de Pérez Jimenez vivieron una nostalgia fatal que ansiaba esa época, supuestamente edénica, donde el único delito era el meterse en la política. Y se pagaba con creces.
Luego vino el experimento democrático que tuvo que aprender rápidamente lo que podía ofrecer, presionado como estaba por el tiempo y asonadas de izquierdas y derechas. Ofreció también su propia versión de lo mismo, matizado, eso sí, por ese proyecto de modernización que suponía crear ciudadanía y oportunidades, pero que se enfrascó fatídicamente en esa dialéctica del poder que hizo sagrados y estratégicos los recursos de la nación,  y se engarzó en una relación de desconfianza con el emprendimiento privado, que tuvo que vivir sin garantías económicas, dispuesto por lo tanto a negociar cada espacio de oportunidades como si fueran privilegios.
Buscando al déspota irredento nos conseguimos con el chavismo. Todos estos años hemos estado encajados en un dilema casi fundacional que nos impide romper con ese socialismo silvestre que pretende la ilusión de un gobierno que se entromete para resolver entuertos. Todos somos socialistas en la medida que todos esperamos nuestra porción de la renta nacional sin que por eso nos sintamos responsables en la creación de nuevas riquezas y oportunidades.
Todos aplaudimos un régimen que obliga a determinar costos, fijar precios, administrar las divisas y establecer unilateralmente las condiciones de las relaciones laborales. Todos nos complacemos con la oportunidad de tener divisas sobrevaluadas, o una casa bien equipada, pero sin costos, o mantener ese precio ridículo de la gasolina. Todos, de alguna manera, no tenemos problema en participar de esa lotería nacional, siempre y cuando no empecemos a notar el desguace que ocurre detrás del escenario.
Pero lamentablemente un gobierno como el que nos gusta  solo tiene sentido interviniendo el sistema de mercado, sofocándolo a punta de controles y medidas y jugando a la candileja del “pan para hoy”. 
Este tipo de regímenes se alimenta de poder y del espectáculo de su propia arbitrariedad. Por eso ejerce de confiscador, monopolista y empresario capitalista, encargado de esos menesteres,  mientras el resto del país espera una distribución goteada de la supuesta riqueza, y paradójicamente aprecia y valida  la corrupción, la lenidad y ese discurso que confisca libertades y que iguala por la fuerza y hacia abajo, allí donde la estrechez de posibilidades y las largas colas nos hermanan a todos en tanto y en cuanto somos los menesterosos de la patria. Los presumidos “gobiernos fuertes” viven del cuento del “gallo pelón”.
El hombre fuerte no es bueno. Esa debería ser la gran conclusión de nuestra experiencia republicana. Las dictaduras y los supuestos redentores de la patria han resultado ser sus expoliadores. El hombre fuerte pero ocurrente, con piel de “tío tigre” y  talante del “tío conejo” no hizo a Chávez más eficaz ni al país más próspero. Así como los desplantes expropiadores no nos han dado mejores empresas y ni siquiera una mayor capacidad productiva.
Estos regímenes de insolencias autoritarias y violencia dosificada deberían ser valorados en sus resultados concretos.  Comencemos, por ejemplo, por el resguardo de la soberanía. El resultado al respecto es patético. 
Simplemente no sabemos donde se toman las decisiones de Estado. Algunos aseguran que en Cuba, otros dicen que los hermanos Castro operan como los grandes consejeros que por eso mismo arriman la sardina para su propio sartén. Pero sabemos que la ausencia de soberanía se paga en términos contantes y sonantes, y también en forma de intrusión obscena de  los sistemas de inteligencia y de defensa nacional. 
El hipotético “gobierno fuerte” ha convertido en escena cotidiana la intervención cubana en muchas áreas consideradas paradójicamente como estratégicas.
Pasemos entonces a algo más terrenal. La solidez económica, porque se supone que ese es un indicador de los gobiernos que hace gala de su fortaleza. La deuda ha escalado a velocidades sorprendentes. Las reservas internacionales son un galimatías tramposo y opaco que nadie se atreve a interpretar positivamente. Dependemos como nunca del negocio petrolero al que sin embargo se ha maltratado hasta dejarlo en condiciones francamente precarias. Y para colmo, la guerra contra el sector productivo nos ha dejado con la mitad de las empresas del pasado y sin ninguna oportunidad de que alguien sensato venga a invertir.  ¿Y los dólares? Ya sabemos el vacío en las arcas que resulta  inexplicable a menos que le pongamos costo a ese afán de dirigir la suerte del continente en el que se embarcó el chavismo.
Todo lo demás es debilidad. Hospitales que no funcionan. Policías que no garantizan ni siquiera la seguridad de sus propios funcionarios. Bandas armadas que funcionan como “leviatanes” alternativos e imponen su ley en las calles. Escuelas Públicas que son puro déficit y carencias. Universidades colocadas en el extremo de la inanición. Y todo esto conviviendo con decisiones rocambolescas como la financiación de satélites (aunque no tengamos como importar teléfonos celulares o proveernos con un internet de banda ancha razonable) o un parque de armas de guerra que pronto será chatarra y deuda. Entonces, ¿tiene sentido endosarnos al hombre fuerte y bueno?
El reto es lanzar al basurero de la historia ese mito y elaborar una nueva narrativa democrática, menos vinculada al usufructo del poder y más comprometida con el respeto a la ley y la garantía de derechos y libertades. 
Esa nueva narrativa debe tener límites y prioridades. Debe saber que decir, cuales son compromisos legítimos y cuales otros son espurios. Debe apostar a las instituciones y no a las montoneras de seguidores. Debe respetar las reglas del juego y no preponderar la trampa. Debe tener líderes y no caudillos endiosados. Y debe renunciar al cohecho, a la corrupción institucionalizada, al compadrazgo, el nepotismo y al juego cerrado que considera buenos solo a los amigos. Debe creer en la validez de las libertades y derechos así como apostar al emprendimiento nacional. 
Si no lo hacemos, no tiene sentido alguno pasar de este socialismo a otro, pero tampoco tendremos tiempo para evitar el desastre.
victormaldonadoc@gmail.com

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