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miércoles, 12 de agosto de 2015

EDDIE A. RAMÍREZ S., LA MUD: ENTRE LO EXCELENTE Y LO BUENO

Por principio hay que buscar lo  excelente, pero a veces hay que conformarse con lo bueno y, como último recurso, con lo menos malo. Esto es particularmente cierto en política, aunque no sea lo deseable. En los últimos tiempos han surgido algunos buenos líderes políticos, pero no abundan. Por ello es importante que ciudadanos capaces se inscriban en los partidos y así evitar que, como decía Platón, los menos indicados terminen gobernando. Es falso que exista la antipolítica. Lo que muchos dirigentes no entienden es que en el siglo XXI los ciudadanos no siguen ciegamente a un hombre a caballo. Es el líder quien tiene que estar en sintonía con la gente  y no al revés. Quienes no se percaten del cambio están llamados a desaparecer políticamente.

Con motivo de una nueva elección  la Mesa de Unidad Democrática perdió una  oportunidad y sacrificó lo excelente. ¿Fue obligada por las circunstancias o privó el interés de los partidos sobre el  país? Hubiese sido excelente que promoviera los liderazgos regionales y no impusiera candidatos alejados de los electores y en abierta violación al artículo 188 de la Constitución. Esta decisión tiene dos riesgos. Uno que el TSJ anule esas designaciones después de las elecciones, con lo cual  podría disminuir la posibilidad de  que alcancemos la mayoría en la Asamblea. Aunque esa medida también aplicaría para muchos candidatos oficiales, para el régimen ese no es un asunto vital.  El otro riesgo es que los electores rechacen a candidatos que consideran ajenos, lo cual no es descartable, aunque la polarización puede disminuir esta posibilidad. Para citar un caso, el larense  Eduardo Gómez Sigala hubiese sido un candidato excelente, pero se optó por el foráneo  Marquina, quien  también ha demostrado ser un buen parlamentario. Aunque  Eduardo tiene razón en su planteamiento, ojalá  se percate que retirando su candidatura aumenta su prestigio.
En el circuito bandera de la oposición, Isabel Pereira era  una excelente candidata,  pero se optó por   Freddy Guevara. Hubiese preferido que el joven Guevara pensara a largo plazo y declinara ante el mayor peso específico de la doctora Pereira.  Prefirió apostar al corto plazo, pero seguro Freddy será un buen diputado. Tanto María  Corina como Isabel  quedaron muy bien ante la opinión pública. La MUD no tanto, por decir lo menos. En otros casos de sustitución de candidaturas el error de la MUD fue permitir que el inhabilitado designara a su sustituto. Lo excelente hubiese sido que se seleccionara de acuerdo a credenciales. Con este criterio seguro el profesor Pablo Aure hubiese sido seleccionado en Carabobo.  Claudio Fermín resucitó autodenominándose ¨promotor de un número importante de venezolanos¨, agregando ¨no caer en mensajes polarizadores de buenos y malos¨. Su crítica a la MUD es válida, pero este no es el momento de dividir a la oposición y debe entender que el 6D sí habrá una confrontación cívica entre los rojos, que son malos demócratas, y los candidatos de la Alternativa Democrática.
En relación a Copei, el ciudadano común no está  al tanto de cuál  grupo tiene la razón, pero lo que sí estamos todos conscientes es que la decisión de Pedro Urrieta y otros de acudir al TSJ a sabiendas de que es un organismo que solo defiende los intereses gubernamentales fue no solo un error, sino una traición a la democracia. Lo excelente hubiese sido que ese partido participara, pero la MUD optó por una buena  y correcta decisión ante la insensatez  de un grupito de copeyanos.
El 6D es imprescindible acudir a votar. No importa que hubiésemos preferido algún que otro candidato. Tomemos en cuenta que cualquiera de los nuestros es mejor que las focas que presentó el PSUV. Votemos, aunque existen algunas razones para estar molestos y  no votar.  No caigamos en la ¨falacia del Nirvana¨ de equiparar algo real, como las elecciones, con una alternativa legítima  pero idealizada. En las circunstancias  actuales el voto  es la única acción tangible que nos permitiría dar un paso importante, aunque no necesariamente definitivo,  para salir del totalitarismo siglo XXI, lo demás son solo legítimos deseos. No permitamos que en búsqueda de lo excelente sacrifiquemos lo bueno.  Recordemos, como dijo Voltaire, que lo mejor es enemigo  de lo bueno.
Como en botica: La MUD debe tener claro que para ganar elecciones y defender los votos se requiere algo más que activistas. En pasados comicios muchas mesas quedaron sin testigos porque los partidos no tomaron en cuenta ofrecimientos de apoyo de ciudadanos no militantes. Lamentamos el fallecimiento del distinguido venezolano Heinz Sonntag, directivo de Transparencia Venezuela y fundador del Observatorio Hannah Arendt.  El pendenciero y vulgar Donald Trump pone en evidencia que también en países desarrollados hay candidatos inmaduros. Personalmente apuesto a  Hillary. Nuestra solidaridad con Gustavo Tovar a quien el régimen tomó por asalto su vivienda.  ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!
Eddie A. Ramírez S.
eddiearamirez@hotmail.com
@eddieAramirez

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miércoles, 13 de agosto de 2014

RONNY PADRÓN, EL SOCIALISMO ES BUENO, PARA ESCLAVISTAS

De ello no caben dudas, pasados ya 12 años de tiranía socialista, a contar del 11 de abril de 2002. Ciertamente hasta esa fecha el tirano Hugo Chávez simuló como buen socialista su intención de esclavizar a Venezuela a remedo del logro cubano a manos de Fidel Castro su público mentor. 

Pero a partir de entonces ya son claras las señales respecto al destino que depara a la República de Venezuela mientras el PSUV y su Junta Cívico-Militar se mantengan en el poder.

Ello se infiere no del colapso generalizado del país muy a pesar de los ingentes recursos financieros en manos del Estado socialista a lo largo de estos años, no, la evidencia deriva de la pública, notoria y comunicacional actitud del régimen socialista en gobierno ante el caos vigente: Total parsimonia, reacción política solo comprensible entre quienes ya conocen las previsibles consecuencias de un accionar por ellos ejecutado.
Ayer, en cabeza del tirano militar difunto, hoy por parte de la Junta Cívico Militar; con las variantes y adecuaciones lógicas del quehacer humano, el socialismo en gobierno se adapta en lo táctico sin perder el norte de lo estratégico, y así entonces van resultando comprensibles las constantes y públicas alianzas contranatura con sectores criollos de la empresa privada, en grado variable según el devenir del proceso esclavista, todo con el objetivo de garantizar su concreción de una manera gradual y conforme al plan establecido, contubernio que incluye los ya famosos vínculos con el tráfico de drogas internacional. De allí la razón para su éxito en mantener un disfraz democrático, siempre sostenido por un colaboracionismo opositor.

Porque se trata es de sojuzgar a toda una sociedad bajo el pie de una clase gobernante: la socialista, donde solo se beneficien quienes convenga a dicha clase, nadie más, como está demostrado en Cuba, la isla cárcel. Así entonces no cabe la hipótesis de una caída ¨natural¨ del socialismo en Venezuela por motivos económicos, por cuanto es precisamente en la miseria, la enfermedad y el miedo generalizado, cuando esta doctrina política en gobierno se hace fuerte, ello con fundamento en la carencia absoluta de compasión que rige en sus postulados, donde el único objetivo válido es mantenerse en el poder, una vez que este ha sido alcanzado. ¨El fin justifica los medios¨ sigue siendo su mejor lema. De lo anterior constituye perfecta evidencia el devenir de todo gobierno socialista a lo largo de la historia, crónica ineluctable de la maldad humana sin límites. ORA y LABORA.
Ronny Padron
caballeropercivall@gmail.com
@caballeroperci

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jueves, 11 de julio de 2013

VÍCTOR MALDONADO C., ¿HOMBRE FUERTE Y BUENO?

Uno de los retos que tenemos por delante es desasirnos de la exaltación histórica a la dictadura. Desde tiempos pretéritos nuestro gentilicio ha estado esclavizado por el imaginario que nos presenta al “buen dictador” como el solucionador de todas nuestras desgracias. 
Por alguna razón todos nuestros afanes terminan invocando a ese “déspota ilustrado” que elevándose sobre las miserias nacionales si va a poder administrar y distribuir la cosa pública con honestidad y eficacia. Esta ansiedad impostergable no es fácil de explicar, sobre todo en las clases medias supuestamente educadas, pero lo cierto es que las generaciones que vinieron después del gobierno de Pérez Jimenez vivieron una nostalgia fatal que ansiaba esa época, supuestamente edénica, donde el único delito era el meterse en la política. Y se pagaba con creces.
Luego vino el experimento democrático que tuvo que aprender rápidamente lo que podía ofrecer, presionado como estaba por el tiempo y asonadas de izquierdas y derechas. Ofreció también su propia versión de lo mismo, matizado, eso sí, por ese proyecto de modernización que suponía crear ciudadanía y oportunidades, pero que se enfrascó fatídicamente en esa dialéctica del poder que hizo sagrados y estratégicos los recursos de la nación,  y se engarzó en una relación de desconfianza con el emprendimiento privado, que tuvo que vivir sin garantías económicas, dispuesto por lo tanto a negociar cada espacio de oportunidades como si fueran privilegios.
Buscando al déspota irredento nos conseguimos con el chavismo. Todos estos años hemos estado encajados en un dilema casi fundacional que nos impide romper con ese socialismo silvestre que pretende la ilusión de un gobierno que se entromete para resolver entuertos. Todos somos socialistas en la medida que todos esperamos nuestra porción de la renta nacional sin que por eso nos sintamos responsables en la creación de nuevas riquezas y oportunidades.
Todos aplaudimos un régimen que obliga a determinar costos, fijar precios, administrar las divisas y establecer unilateralmente las condiciones de las relaciones laborales. Todos nos complacemos con la oportunidad de tener divisas sobrevaluadas, o una casa bien equipada, pero sin costos, o mantener ese precio ridículo de la gasolina. Todos, de alguna manera, no tenemos problema en participar de esa lotería nacional, siempre y cuando no empecemos a notar el desguace que ocurre detrás del escenario.
Pero lamentablemente un gobierno como el que nos gusta  solo tiene sentido interviniendo el sistema de mercado, sofocándolo a punta de controles y medidas y jugando a la candileja del “pan para hoy”. 
Este tipo de regímenes se alimenta de poder y del espectáculo de su propia arbitrariedad. Por eso ejerce de confiscador, monopolista y empresario capitalista, encargado de esos menesteres,  mientras el resto del país espera una distribución goteada de la supuesta riqueza, y paradójicamente aprecia y valida  la corrupción, la lenidad y ese discurso que confisca libertades y que iguala por la fuerza y hacia abajo, allí donde la estrechez de posibilidades y las largas colas nos hermanan a todos en tanto y en cuanto somos los menesterosos de la patria. Los presumidos “gobiernos fuertes” viven del cuento del “gallo pelón”.
El hombre fuerte no es bueno. Esa debería ser la gran conclusión de nuestra experiencia republicana. Las dictaduras y los supuestos redentores de la patria han resultado ser sus expoliadores. El hombre fuerte pero ocurrente, con piel de “tío tigre” y  talante del “tío conejo” no hizo a Chávez más eficaz ni al país más próspero. Así como los desplantes expropiadores no nos han dado mejores empresas y ni siquiera una mayor capacidad productiva.
Estos regímenes de insolencias autoritarias y violencia dosificada deberían ser valorados en sus resultados concretos.  Comencemos, por ejemplo, por el resguardo de la soberanía. El resultado al respecto es patético. 
Simplemente no sabemos donde se toman las decisiones de Estado. Algunos aseguran que en Cuba, otros dicen que los hermanos Castro operan como los grandes consejeros que por eso mismo arriman la sardina para su propio sartén. Pero sabemos que la ausencia de soberanía se paga en términos contantes y sonantes, y también en forma de intrusión obscena de  los sistemas de inteligencia y de defensa nacional. 
El hipotético “gobierno fuerte” ha convertido en escena cotidiana la intervención cubana en muchas áreas consideradas paradójicamente como estratégicas.
Pasemos entonces a algo más terrenal. La solidez económica, porque se supone que ese es un indicador de los gobiernos que hace gala de su fortaleza. La deuda ha escalado a velocidades sorprendentes. Las reservas internacionales son un galimatías tramposo y opaco que nadie se atreve a interpretar positivamente. Dependemos como nunca del negocio petrolero al que sin embargo se ha maltratado hasta dejarlo en condiciones francamente precarias. Y para colmo, la guerra contra el sector productivo nos ha dejado con la mitad de las empresas del pasado y sin ninguna oportunidad de que alguien sensato venga a invertir.  ¿Y los dólares? Ya sabemos el vacío en las arcas que resulta  inexplicable a menos que le pongamos costo a ese afán de dirigir la suerte del continente en el que se embarcó el chavismo.
Todo lo demás es debilidad. Hospitales que no funcionan. Policías que no garantizan ni siquiera la seguridad de sus propios funcionarios. Bandas armadas que funcionan como “leviatanes” alternativos e imponen su ley en las calles. Escuelas Públicas que son puro déficit y carencias. Universidades colocadas en el extremo de la inanición. Y todo esto conviviendo con decisiones rocambolescas como la financiación de satélites (aunque no tengamos como importar teléfonos celulares o proveernos con un internet de banda ancha razonable) o un parque de armas de guerra que pronto será chatarra y deuda. Entonces, ¿tiene sentido endosarnos al hombre fuerte y bueno?
El reto es lanzar al basurero de la historia ese mito y elaborar una nueva narrativa democrática, menos vinculada al usufructo del poder y más comprometida con el respeto a la ley y la garantía de derechos y libertades. 
Esa nueva narrativa debe tener límites y prioridades. Debe saber que decir, cuales son compromisos legítimos y cuales otros son espurios. Debe apostar a las instituciones y no a las montoneras de seguidores. Debe respetar las reglas del juego y no preponderar la trampa. Debe tener líderes y no caudillos endiosados. Y debe renunciar al cohecho, a la corrupción institucionalizada, al compadrazgo, el nepotismo y al juego cerrado que considera buenos solo a los amigos. Debe creer en la validez de las libertades y derechos así como apostar al emprendimiento nacional. 
Si no lo hacemos, no tiene sentido alguno pasar de este socialismo a otro, pero tampoco tendremos tiempo para evitar el desastre.
victormaldonadoc@gmail.com

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