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martes, 24 de marzo de 2015

SAÚL GODOY GÓMEZ, EL NACIONALISMO DE TONTOS,

Así como hay un oro de tontos, que es la pirita, que parece oro pero no es, así tenemos distintos nacionalismos, hay una discusión inacabada acerca de si el nacionalismo sirve para algo, teniendo al otro extremo y como contrapartida, al espíritu cosmopolita, ese que se debe a la comunidad humana del mundo entero y que la autora, Martha Nussbaum, señala como esencial para la convivencia humana a un nivel planetario.
Lo que está sucediendo con nuestro país y el movimiento chavista, que ha preocupado al gobierno de los EEUU, al punto, de declarar a nuestro estado una amenaza para su seguridad nacional, nos habla de una realidad que se extiende mucha más allá de nuestras fronteras y de nuestros valores locales.
La globalización es un fenómeno innegable, nos afecta ya que no somos una isla despegada del mundo, los derechos humanos son valores universales que se entiende, vigentes para todas las naciones, aunque existan lugares donde sean violados; la justicia internacional es cada día una realidad que se hace sentir, la seguridad sanitaria del planeta es un sistema que funciona como lo vemos en el caso de los brotes de la epidemia de ébola en África, lo mismo sucede con los temas ambientales, la pesca, la regulación de los espacios aéreos, el asunto energético, el problema de la producción de alimentos, el terrorismo y muchos otros asuntos que son de carácter global.
El mundo se ha hecho más interconectado, las distancias se han acortado, lo que sucede al otro lado del mundo termina por afectarnos de alguna manera, ahora más que nunca se hace evidente la existencia de esa “noosfera” de la que hablaba Teilhard de Chardin, y que la constituyen las autopistas de la información y el mundo digital, de modo que, pretender vivir en nacionalismos absolutos e interesados, mirándonos el ombligo, para negar nuestra participación en los asuntos del orbe y negar el cosmopolitismo, no ayuda a nadie, al contrario, complica las cosas.
El nacionalismo se confunde con el patriotismo, ya he explicado lo que entiendo y el estado en que se encuentra este sistema de valores políticos en nuestro país, los nacionalismos son los que producen las barreras entre los pueblos, hacen difícil el tráfico internacional, desaceleran los tratados y compromisos regionales, evitan o entorpecen muchas veces la cooperación internacional, producen malos entendidos y discriminación entre razas y culturas, son caldo de cultivo de odios y rencillas que fomentan diferencias insalvables y hasta guerras entre los países, crean condiciones hostiles hacia otros grupos humanos, construyen estereotipos que llevan a comportamientos ofensivos para otras culturas.
La tendencia mundial es ir hacia el cosmopolitismo, hacia un orden mundial, a un entendimiento y el desarrollo de una cultura universal que se nutre de los diferentes aportes locales y regionales, ese provincialismo a ultranza lo que promueve es el aislamiento de los pueblos, y estamos hoy en esa ruta por un mundo más ecuménico, querámoslo o no.
El chavismo es una subcultura que proviene del marxismo leninista, es combativo y con pretensiones universalistas, lamentablemente también es antidemocrático y totalitario y acepta como parte de su filosofía las tesis anticolonialistas y de liberación del hombre de la opresión, pero sólo para imponer su voluntad, es fundamentalmente antiimperialista y cree en la lucha revolucionaria, lo que lo pone en la vía expresa para apoyar y hacerse parte de todas las luchas insurgentes del mundo, de aliarse con fundamentalismos, con organizaciones criminales y terroristas, con el narcotráfico y todo movimiento que subvierta el orden establecido.
El chavismo ha movido sus influencias y su aparato político mucho más allá de nuestro territorio, afectando una serie de países en Latinoamérica, sostiene una red mundial de medios de comunicación para sostener sus argumentos y doctrinas, financia y apoya movimientos políticos radicales como Podemos en España (considerado una amenaza contra la seguridad europea), tiene conexiones con movimientos separatistas y minorías en armas en diferentes continentes, se asocia con movimientos violentos, entre ellos los islámicos, que buscan la destrucción justamente de intereses occidentales y del mundo libre, es decir, afectan directamente los intereses de los EEUU, que tiene los medios y la fuerza suficiente para detener esas pretensiones.
Todos conocemos de la falta de respeto y de consideración que el chavismo ha tenido en contra del gobierno de los EEUU, los insulta, se la pasa acusándolos de cualquier cantidad de crímenes y desaguisados, los ofende como quien practica un deporte, e incluso, ha tenido el tupé de ir a su territorio a efectuar reuniones con organizaciones que no son amistosas con la forma de vida norteamericana, en los foros internacionales se comportan como si tuviera un agravio en contra de ese gobierno y su pueblo, lo peor de la situación es que ese grupo de venezolanos, que no representa ni al 20% del país, se cree en el derecho y con la suficiente fuerza para actuar, en nuestro nombre, como un provocador ante los lideres de ese país.
Debo acotar, de los países de América del Sur, Venezuela, ha sido uno de los pocos que se han caracterizado por un trato cordial y de cooperación con esa potencia mundial, no tenemos historias de agresiones ni ocupaciones, hemos sido buenos vecinos y en más de una ocasión los EEUU nos ha ayudado a salir de situaciones difíciles, ha habido reciprocidad y buena voluntad, hemos sido, hasta este momento, proveedores confiables de petróleo y sostenido una relación de negocios de muy buen nivel, hay un alto intercambio cultural y un flujo migratorio satisfactorio, hasta el momento.
Pero las conexiones del chavismo con el castrismo cubano, han contaminado nuestras relaciones con una serie de reclamos y “deudas históricas” que ni siquiera son de nosotros, y a pesar de que Cuba anda en otra “onda” con los EEUU, persiste en nuestra cultura, en nuestro nacionalismo, un pesado fardo de resentimiento ideológico importado por el comunismo castrista.
Y algunos de los líderes de la oposición, ante las sanciones que el gobierno de los EEUU le ha impuesto a algunos altos funcionarios del gobierno chavista por violadores de derechos humanos, y la alerta asumida por ese país ante la creciente actitud belicosa y pésima influencia del chavismo a nivel internacional, me ha sorprendido que justamente, personas a las que consideraba medianamente inteligentes, adoptaron una actitud nacionalista, del nacionalismo falso y fatuo, ante la actitud del gigante del norte y han reclamado como desmedida e injerencista, la alerta asumida por el Presidente Obama.
El chavismo, al encontrarse en esta situación, que ellos mismos provocaron por su contínua violación a los DDHH y su notoria participación en el narcotráfico, y ante una posible escalada de acciones por parte del gobierno de los EEUU, ha decidido apelar al llamado extremo de lealtad a sus grupos y al pueblo, recurriendo al nacionalismo, pero ese sentimiento de lealtad no ha sido correspondido por el chavismo hacia su pueblo, al que ha descuidado y menospreciado, para poder atender sus necesidades de internacionalizar sus políticas, han preferido con mucho sacrificar la seguridad y calidad de vida de los venezolanos en aras de sus intereses mundiales, y eso tiene un costo, la disminución de ese sentimiento nacionalista.
El comportamiento chavista y en especial, del que se dice nuestro presidente, el ciudadano de origen colombiano, Nicolás Maduro, actuando como agente del castrismo cubano, ha sido el de unos provocadores, aumentando el tono de agresividad e insultos para con ese gobierno, como si tuvieran los recursos y las armas para enfrentarlos, impulsando acciones que ponen en peligro el orden mundial, poniéndonos a los venezolanos como rehenes tras los cuales se protegen, mientras profieren amenazas.
Lo menos que se le puede pedir a un ciudadano consciente de la situación del país, y de los peligros a los que nos han llevado estos energúmenos chavistas, es el de por lo menos, ser imparcial, pero jamás de ponerse de lado de la sin razón, de la barbarie que han desatado en nuestra nación y aún menos, uitilizando nacionalismos estúpidos, asumiendo las medidas tomadas por Washington como si fueran en contra del país en general, y no en contra de la banda criminal que nos gobierna.
Hay una realidad dolorosa e insoslayable, la Venezuela decente, institucional, democrática y libre no dispone de los mecanismos, ni la fuerza para sancionar y corregir los delitos que se están cometiendo desde el poder en contra de los mismos venezolanos y de la comunidad internacional, no tenemos la capacidad para desmantelar la red de corrupción y violaciones que el chavismo se ha acostumbrado a imponer ante el mundo, si hay un país que se sienta afectado y pueda parar estos desmanes, pues bienvenido, y si hay un precio que pagar o daños colaterales que sufrir, pues sea ese el costo que debemos asumir por nuestra propia ineptitud.
Los que me toman por un pitiyanqui, quiero decirles, que efectivamente, admiro la historia y la cultura norteamericana, tuve oportunidad de educarme en sus universidades y mientras viví allí fui tratado con respeto y amistad.   Los EEUU, en este contexto global del que les hablaba al principio, han asumido la defensa de los valores occidentales y del mundo libre, yo ni soy islámico, ni chino, ni comunista, ni un aborigen de una tribu primitiva, mis raíces son mestizas, occidentales y cristianas, mi educación es fundamentalmente eurocentrista clásica, creo en los derechos universales del hombre, en las libertades y en el capitalismo, y sin que me quede nada por dentro, si los EEUU son los que defienden mi forma de pensar y de vivir, tienen en mi un aliado, y aunque no esté de acuerdo en muchas cosas en la manera que tienen de actuar y de resolver sus asuntos, los prefiero, con mucho, al gobierno cubano y a la banda de mafiosos que sustentan el poder en mi país y que ahora les ha dado por asesinar a los presos políticos en sus propias celdas.

Saul Godoy Gomez
saulgodoy@gmail.com
@godoy_saul

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viernes, 17 de mayo de 2013

NELSON ACOSTA ESPINOZA, LOS TONTOS RACIONALES

A finales de la década de los ochenta tuve la oportunidad de asistir a un seminario en el cual se debatiría sobre el presente y futuro  de la democracia de aquellos años. En este taller se encontraban representadas las distintas parcialidades que hacían vida política en el país. Evento, desde luego,  que se daba en el marco de una situación conflictiva. Paros, inflación, fuertes demandas salariales y políticas. 
De hecho,  un escenario muy parecido al que estamos confrontando hoy en día. El tema predominante, en esa ocasión, era de carácter económico. Se pensaba que en la economía se encontraba la clave para poder desatar el nudo de la conflictividad social. Los actores en pugna, coincidían, desde sus respectivas perspectivas, que este era el campo donde debían desplegarse las posibles soluciones racionales a la crisis.
Traigo a colación este hecho, porque un sector importante de la dirigencia política de la época “pensaba” sus propuestas al interior de una marco cognitivo racionalista. La teoría de la elección racional era el instrumento utilizado para entender y, eventualmente, modificar el comportamiento social y económico del país. No voy a explicar o refutar esta opción teórica. El espacio no lo permite. Basta señalar que esta teoría ha sido disputada por muchos autores, como Amartya Sen quien en Los Tontos Racionales: Una crítica sobre los fundamentos conductistas de la teoría económica, sostiene que los principios de ese homo economicus, son los de un imbécil social, “un tonto sin sentimientos que es un ente ficticio sin moral, dignidad, inquietudes ni compromisos”. La estrategia diseñada dentro de esta óptica resultó equivocada y, porque no, desastrosa.
El punto que deseo resaltar que ayer, al igual que hoy, existe una tendencia en nuestra clase política de no admitir en sus análisis la dimensión emocional y apostar fuerte por los marcos racionalistas. En general, quienes así piensan, se encuentran anclados en una concepción desapasionada de  esta actividad. Visión subsidiaria de una relectura parcial y radicalizada del pensamiento ilustrado. Ello explica el interés por concitar “consensos racionales” o defender la representación de grupos o individuos desde la categoría de intereses, individuales y/o colectivos.
El socialismo del siglo XXI es un ejemplo de este racionalismo. Se pretende desde el estado organizar a la sociedad sobre bases lógicas y racionales que garanticen la llamada “vida buena”. Ya sabemos hacia donde conducen estas políticas. Los venezolanos ya están sufriendo sus consecuencias.
Por otra parte, en otro extremo del espectro político persiste un gran desconocimiento del “cerebro político”. Esta ausencia se expresa en un prejuicio: la idea que la política es razón. En consecuencia, se asume, que las emociones distraen o alteran el núcleo principal de su planteamiento, vale decir las ideas, ideologías y propuestas. Sin embargo, el desarrollo de las neurociencias apunta en dirección contraria. 
En forma breve, esta orientación cognitiva podríamos resumirla en esta frase: el cerebro piensa lo que siente. En consecuencia, la clave para llegar al cerebro es acceder al corazón. . Si no llegas al corazón, difícilmente llegarás al cerebro. Esto es lo que se conoce como política de las emociones.
Las implicaciones de este concepto para la actividad política práctica son múltiples. Por ejemplo, ya no es posible pensar que una condición objetiva (clase, ingreso, etc.) por si misma genere conductas electorales comunes  y previsibles. Compartir el mismo ingreso o posición en la cadena de producción no presupone compartir las mismas emociones y sentimientos. El “cerebro político” no funciona de esa manera. Insisto, pensamos lo que sentimos. En consecuencia, se hace indispensable emocionar para convencer. Aquí se encuentra la clave para superar la polarización y alcanzar el éxito político.
Volvamos al punto inicial. El país se encuentra sumido en una crisis política, social y económica. El dispositivo político, en su versión socialista, se ha agotado. Se requiere formular un nuevo modelo. El necesario acuerdo que requiere su implantación pasa por construir un piso emocional que lo sustente. La oposición, entonces, deberá gestionar apropiadamente la política de las emociones. Esta fórmula proporcionará el impulso que  lleva a la acción y a la construcción del nuevo pacto político.
En fin, cuidado con los tontos racionales
autonomiaspoliticas@gmail.com

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