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martes, 4 de marzo de 2014

ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE, LA HIDRA DEL SOCIALISMO "SIGLO XXI"

En la mitología griega, la Hidra de Lerna era un antiguo y despiadado monstruo acuático con forma de serpiente policéfala y aliento venenoso a la que Heracles mató en el segundo de sus doce trabajos. La Hidra poseía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que perdía o le era amputada, y su guarida era el lago de Lerna en el golfo de la Argólida, cerca de Nauplia. Si bien los arqueólogos han confirmado que este lugar sagrado es anterior incluso a la ciudad micénica de Argos, pues Lerna fue el lugar del mito de las Danaides, bajo sus aguas había una entrada al Inframundo que la Hidra guardaba.

Este antiguo mito griego nos permite descifrar la problemática que padecen los ciudadanos venezolanos desde que en 1999 asumiera la Presidencia de la República un militar golpista, enjuiciado, condenado a la cárcel y luego sobreseído por el Presidente Rafael Caldera. El mismo militar que como la Hidra de la leyenda, desarrolló cientos de cabezas para su proyecto totalitario por cada una que le cortó la complaciente e ineficaz justicia de aquella democracia congestionada de compromisos y de crueles guerras intestinas en los partidos políticos, hoy casi todos desaparecidos, que no supieron darle una lectura correcta al error histórico, que como un Harakiri político, el pueblo de Venezuela cometía contra sí mismo al elegirle como Presidente.
Fueron muy pocas, aunque muy valederas, las voces que alertaron a los venezolanos de las amenazas que se cernían sobre la República. Una de ellas, la de Jorge Olavarría, político, abogado, periodista e historiador venezolano quien en un discurso profético el 5 de julio de 1999 desde el Congreso de la República criticó duramente la nueva constitución promovida por Chávez, alegando que la alta abstención en los diversos referéndums ilegitimaba la aprobación de una nueva constitución.
Ese fue el comienzo de la debacle institucional de Venezuela y el nacimiento de la Hidra socialista. Luego de 15 años siguiendo las directrices que los hermanos Castro Ruz envían desde La Habana, el régimen de Caracas logró consolidar un proyecto de país, si bien a contrapelo de las verdaderas aspiraciones de los ciudadanos venezolanos, apoyado en una descomunal petrochequera con la que se pudo tapar el inmenso desfalco económico, político y moral que minó las bases institucionales de la República.
La orgía duró hasta que el caudillo claudicó. Muerto Chávez y reducida la petrochequera de PDVSA, el heredero del caudillo no le queda otra opción que atornillar los personeros ‘rojitos’ en los otros Poderes del Estado para usurpar la Presidencia de la República, cargo que no ganó pero que el CNE le asignó ganador con menos de 180.000 votos, sin tomar en cuenta que existían (y existen aún) más de dos millones de ‘votos fantasmas’, y entre esa ‘masa crítica’ de votos amarrados para el régimen están las personas que poseen hasta 10 documentos de identidad  que les permite votar diez veces, y miles de extranjeros ilegalmente habilitados para votar, tan ilegales como el mismísimo Nicolás Maduro para ser Presidente Constitucional de la República, pues nunca demostró haber cumplido con el principal requisito para optar a la Presidencia: ser venezolano por nacimiento y no poseer otra nacionalidad que lo ate a país o potencia extranjera.
El fraude electoral que se cometió en abril del 2013, sumado al descalabro de las desacertadas políticas económicas (que desbarataron el aparato productivo del país) y al colapso de la industria petrolera, han colocado a Venezuela al borde de una confrontación civil. Una confrontación que el régimen ha manejado con infinita torpeza, al punto que desde el pasado 12 de febrero el país se encuentra paralizado. Los estudiantes lo han hecho posible y el régimen, en su habitual torpeza, los ha enfrentado, a ellos y a los ciudadanos que se han lanzado a la calle, emulando una Primavera tropical que a la fecha de este reporte posee un lamentable saldo de 45 víctimas fatales, cientos de heridos y un país paralizado por la proliferación de protestas callejeras que han levantado barricadas y han provocado que el Parlamento Europeo produzca la primera condena internacional al régimen totalitario del señor Maduro.
Pero los estudiantes venezolanos han copiado la habilidad de Yolao, el sobrino de Hércules, que con una tela ardiendo cauterizó cada cuello que el héroe cortaba de la Hidra, evitando así que se reprodujera. Los estudiantes y los ciudadanos de calle, sin más liderazgo que su entusiasmo y su valor, desdeñaron las marchas (que aún se suceden coordinadas por los dirigentes políticos) y diseminaron la protesta por la calles y avenidas del país, provocando un colapso que, por ahora, el gobierno del señor Maduro acusa con la destemplanza clásica heredada de su mentor Chávez, pero que con los días se le escapa de la mano, y el único recurso que le queda es la represión brutal, violando todo lo que el Estatuto de Roma dice que no se debe hacer.
Los días por venir serán claves. El señor Maduro ha extendido las festividades del Carnaval, apostándole al carácter distendido y fiestero del venezolano, pero en la calle y en las redes sociales hay reacciones que proponen una profundización de las acciones callejeras y desde hace unas horas el #NoHayCarnavalSinLibertad se ha convertido en ‘viral’. El dios cronos tendrá la última palabra.

Andres Simon Moreno Arreche 
andresmorenoarreche@gmail.com
@Escribo_y_Leo

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viernes, 1 de noviembre de 2013

AMÉRICO MARTÍN, SU MAJESTAD, EL MIEDO., DESDE LA CIMA DEL ÁVILA

 “La vida es maravillosa si se la disfruta sin miedo” Chaplin
Hasta donde alcanza la vista la economía de Venezuela no tiene remedio. En términos de crecimiento del PIB a precios constantes –para hablar nada más que de esa variable, a sabiendas del sombrío panorama de las demás- nuestro país, que según el Banco Mundial venía saliendo de dos siniestros años de decrecimiento real (-3.2 en 2009 y -1.5 en 2010) volvió a caer estrepitosamente en el año en curso, esta vez con efectos desastrosos. Y por lo que se avizora, el venidero podría ser letal, si no hay cambios. Hasta el gobierno sabe que en 2013 (Año 14 de la “revolución”) el ruidoso proceso está en trance de zozobrar en medio de explosivas protestas sociales y cambios políticos muy profundos. 
En el nudo de semejante crisis está una fecha fija que arde como una antorcha: el 8 de diciembre. Esa nueva confrontación electoral dará salida al anhelo de cambio que recorre el país como río de azogue encendido, aunque el poder trate infructuosamente de desnaturalizarla o eludirla.
Desde que me conozco y muy especialmente en el ámbito de los intelectuales de la izquierda, escuché el apotegma que luego expliqué y amplié y documenté en muchas ocasiones: la economía más sana es la que tiene como centro al hombre. Si lo sacrifica en nombre de cifras abstractas, estará dominada por una perversidad básica, salvo que para rehabilitarla haya que pasar por momentos dolorosos de ajuste. Pero incluso esos períodos exigentes serán consecuencia de gestiones inhumanas acumuladas en el tiempo o de catástrofes naturales o sociales fácilmente identificables.
El Indice de Desarrollo Humano (IDH) creado por el PNUD,  permite medir sin dudas el efecto de los sistemas ensayados sobre los seres humanos en todos los aspectos relacionados con –préstame tu atrabiliario sentido de humor, Nicolás- la Suprema Felicidad Social. Y para no extenderme mucho, del fracaso del socialismo real o el del siglo XXI hablan las cifras con una silenciosa y demoledora elocuencia. 

Los diez países con mayor IDH son, todos ellos, modelos tradicionales nada revolucionarios. Noruega, Australia y EEUU son los tres primeros. China no figura en el lote, pese a su despliegue económico porque “no solo de pan vive el hombre”, dicho sea con palabras del escritor ruso post y antiestaliniano Vladimir Dudintseva 

Varios de los dirigentes que acompañaron al caudillo Chávez en su hora estelar y habían sido pregoneros entusiastas del mencionado apotegma, hoy ya no cuentan. Con el tiempo su voz fue desapareciendo en la bruma y ellos fueron reducidos a condición muy subalterna. Una mano invisible los ha desplazado para colocar en las posiciones influyentes a militares activos y en menor medida a “cuadros partidistas”, cuyo único combustible es la lealtad incondicional al mandamás de turno, a Maduro, quien pareciera más bien un “mandamenos” dado el incremento de los uniformados en la estructura nacional y regional del  régimen.
Es una degradación continua y amplia. No se trata, como en China, de negarle a sus súbditos derechos humanos elementales a cambio de elevarles el nivel de vida material, pari passu con su acelerado crecimiento en el marco del mercado. Se trata, como en Cuba, de algo peor: reducirles los derechos a su mínima expresión y condenarlos a la decadencia acelerada de su condición de vida.
El pregonado modelo socialista no funciona ni tiene la menor posibilidad de hacerlo. Chávez podía preservar la unidad y en alto la emoción de sus seguidores por su indudable ascendiente, pero lo de Maduro ha sido lamentable. Podría decirse que perdió todas las cartas. No tiene resultados que exhibir, su estilo es deplorable, su aislamiento es sobrecogedor. Si la alternativa democrática hubiera sido más eficaz en convencer a la parte del país que sigue apegada al poder, que el cambio abriría un ancho cauce al reencuentro y la reconciliación, las dudas sobre la competencia de Maduro hubiesen tal vez encontrado una salida pacífica y sin el temor a la retaliación, que el fallecido caudillo sembró en el país.
Por desgracia lo que queda en el arsenal del régimen es eso: el miedo. El arma del miedo es proteica. Se ha intensificado tendenciosamente el rumor sobre desestabilización, conspiraciones y preparativos criminales que van desde el magnicidio a la invasión extranjera. Maduro y Diosdado –los directores de la ruidosa orquesta- amenazan abiertamente con cárcel y dura represión a pacíficos dirigentes democráticos, y tienen el descaro de señalarlos por sus nombres sin presentar pruebas, indicios ni nada parecido. La justicia ha retornado a tiempos del absolutismo monárquico, sin debido proceso, derecho a la defensa ni obligación de fundamentar la acusación con medios de prueba. Se ha deshumanizado el aparato judicial. El bárbaro retroceso es de más de doscientos años.
Maduro no es un hombre informado. Sus desarticuladas emociones no le permiten aprovechar la experiencia histórica. Sintiendo el malestar del país y de la Fuerza Armada, ha querido calmarla entregándole más y más parcelas del gobierno. Trece gobernadores militares y cientos de colegas de uniforme tienen las riendas del poder.
Imposible olvidar la tragedia del presidente Allende. Preocupado porque el orden público se le iba de las manos, se lo entregó al generalato. En el último desfile popular de respaldo al gobierno, Allende saludaba a la multitud desde el balcón presidencial. A su lado, en silencio, Augusto Pinochet, a la sazón el máximo líder militar.
El miedo como política es contraproducente. Se vuelve contra sus autores. Es irrisorio y está condenado a la derrota.
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin

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JUAN CARLOS DELGADO BARRIOS, EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI UNA ILUSIÓN: LA SUPREMA FELICIDAD SOCIAL

La estrategia de comunicación y propaganda que ahora se pretende implementar en Venezuela mediante el Viceministerio para la Suprema Felicidad Social parece inspirada en el famoso libro El Mundo Feliz, en este libro visionario escrito en 1932, Aldous Huxley imagina una sociedad que utilizaría el desarrollo del método científico para el control de la mente humana  que luego condujo a descubrir en la propaganda el vehiculo ideal para tales fines.  - En ese tiempo no se avizoraba el desarrollo de los medios de comunicación de masas que hoy gracias a la revolución de la microelectrónica permite con mayor intensidad condicionar y manipular  el comportamiento humano mediante la propaganda a los fines de lograr el control social y político de los pueblos-. 

"El Mundo Feliz" describe también lo que seria una dictadura perfecta que tendría la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían en evadirse, en protestar, en estar descontentos ya que sentirán que sus necesidades están ya satisfechas. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos "tendrían el amor de ser esclavos y dependientes de un órgano superior administrador de la felicidad”,  -  esclavos de un régimen paternal proveedor de todo y para todos -, donde las personas estarían conformes sin aspiraciones más allá de las instintivas, en si en un estado de suprema felicidad”.

 En “El Mundo Feliz” Aldous Huxley imagina un lugar del futuro, una utopía, en el que se controla y lava el cerebro a todas las personas, para que piensen igual sin contradicciones con una visión unidimensional del mundo, todos viven de manera igualitaria, ósea en las mismas condiciones.  A la gente se le enseña a pensar de cierta forma cuando son jóvenes y los programan para ser felices y disfrutar la vida. No se le permiten la política, ni el arte ni la religión para evitar  la formación de la  conciencia critica. Este libro tiene un punto de vista futurista que se lleva al extremo para mostrar lo peligroso que puede ser el control y la falta de individualidad frente al colectivismo.

Desde 1932 los propagandistas de los regimenes totalitarios han bebido de las fuentes de Aldous Huxley para manipular y condicionar a la sociedad en la búsqueda de  lograr el conformismo colectivo y adormecimiento del pueblo, - la dictadura perfecta sin descontento y sin protestas, para crear la sensación de un mundo feliz -. Algunos estudiosos de la propaganda como arma política afirman  que Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi y Georgi Fiódorovich Aleksándrov   su par soviético estuvieron influenciados y fascinado  por Huxley.

Recordemos, en este sentido, que la propaganda política nace como arma ideológica con la Revolución Rusa, el nuevo Estado comunista recurrió a ésta de forma sistemática con la intención de controlar y guiar a las masas. Los nazis trataron de aunar las aportaciones de uno y otro y convirtieron la propaganda en una "nueva arma" para convencer y dominar al pueblo, para llegar a él, para imponer su visión del mundo y el Estado. “La construcción de una sociedad hipnotizada que idolatraba al líder y su proyecto político”.

La llamada revolución venezolana del Socialismo del Siglo XXI, como régimen totalitario,  no escapa de esa tentación del control social mediante una abusiva y  abrumadora propaganda oficial. La estrategia del modelo de propaganda cubano-venezolano se concreta en el Plan Nacional Simon Bolívar 2007-2013  donde se  define la suprema felicidad social como el Primer Motor del Desarrollo de la Revolución: “La suprema felicidad social es la visión de largo plazo que tiene como punto de partida la construcción de una estructura social incluyente, formando una nueva sociedad de incluidos, un nuevo modelo social, productivo, socialista, humanista, endógeno, donde todos vivamos en similares condiciones rumbo a lo que decía Simón Bolívar: la suprema felicidad social”.

En este sentido, recordamos que el anunciado  Plan Nacional Simon Bolívar que citamos, ratifica las políticas sociales que derivan en  las misiones que le han  permitido al régimen  desde el 2002 apaciguar  el descontento ante los fracasos continuos y permanentes del  nuevo modelo social, productivo, socialista, humanista, endógeno del Socialismo del Siglo XXI. Estas acciones de gobierno  han  convertido al Estado Venezolano  en un gigantesco instrumento paternalista donde se desarrolla un exacerbado populismo que por el carácter improductivo de la inversión agigantan el gasto público llevando a secar las arcas del tesoro nacional y endeudando a la Nación a niveles escandalosos.

El anuncio de Nicolás Maduro  de decretar un Viceministerio de la Suprema Felicidad Social  a los fines de redimensionar las misiones sociales y darle un contenido más efectivo a estos programas que han decaído por el burocratismo, la ineficiencia y la corrupción han derivado en guasas y sarcasmos por parte de la oposición venezolana y por analistas nacionales e internacionales que sostienen que este es un anuncio cínico ante la terrible crisis que vive la sociedad venezolana caracterizada por la  ineficiencia, la corrupción gubernamental y por una terrible crisis económica que deriva en un empobrecimiento colectivo.

La creación de este órgano ministerial para promover y administrar la felicidad del pueblo hay que verlo más allá de la superficialidad de la guasa o el chiste cotidiano, hay que analizarlo partiendo de dos elementos fundamentales, el primero, es que no estamos en presencia de un Estado democrático, lo que implica que vivimos en una falsa democracia con fuertes tendencias  al totalitarismo y al autoritarismo donde las actuaciones frente a la sociedad no son claras, no son transparentes, y siempre con la presencia de manipulaciones para distorsionar y esconder  la realidad a su favor; y segundo, en que en el régimen  conocen el grado de fracaso de las misiones sociales y los niveles de insatisfacción y desconfianza colectiva que han ido derivado en descontento creciente en los sectores sociales donde se centra su apoyo político, situación  que pone en peligro la misma continuidad del modelo que inicio Chávez bajo el tutelaje de  los hermanos Castro. El régimen esta pasando por el momento más difícil en estos 15 años. 

Estos dos elementos obligan  a que el régimen rediseñe  y desarrolle una estrategia de propaganda masiva e intensiva para romper de manera virtual los nudos de la insatisfacción, en consecuencia, con el descontento, mediante métodos de comunicación estratégica sofisticados muy usados en regimenes como el nazi, el soviético y el chino e inspirados en Aldous Huxley y perfeccionados por Joseph Goebbels. No hay fondos públicos disponibles para seguir alimentando el populismo exacerbado,  porque el país está en la bancarrota, solo les queda la propaganda centrada en construir una ilusión de satisfacción y de sacrificio por la revolución y por el ideal del Comandante Eterno. El discurso y los mensajes de la suprema felicidad están dirigidos a sus seguidores, sobre todo, a los sectores descontentos ante un posible deslave electoral en las elecciones municipales del 8D.   

 Ya el régimen ha probado con estrategias de control de la mente humana de los venezolanos centradas en la  manipulación y propaganda como es el uso de  la transferencia de la culpa a la oposición de sus fracasos, a culpar a un enemigo externo (adversario fabulado) que desde el imperio desarrolla una guerra económica para justificar el fracaso del modelo económico y político. Estrategias propagandistas sin resultados satisfactorios ya que la realidad le explota en la cara. Ahora, con desesperación, tratan con los propagandistas criollos y extranjeros experimentar con la estrategia de construir  la sensación del “Mundo Feliz”, la Venezuela  Feliz, cuyos fines es crear la impresión virtual y psíquica de satisfacción mediante el desarrollo del conformismo y la justificación colectiva “aprendida” como respuestas a  las situaciones criticas que se viven en el país,  hacer de la sociedad venezolana una  sociedad hipnotizada y porque no idiotizada. Aquí se cumple el adagio popular: “desde que me conforme y no tuve más aspiraciones comencé a ser feliz”.

juancdula@yahoo.es

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jueves, 2 de agosto de 2012

ANÍBAL ROMERO, CHÁVEZ: TRES LOGROS (BORRANDO LA HISTORIA)

Desde su perspectiva, como parte del proceso de destrucción institucional que lleva a cabo el régimen, Hugo Chávez ha obtenido varios logros. Es necesario entenderles para en un futuro rectificarles.
BORRANDO LA HISTORIA
En primer término Chávez ha impuesto una interpretación unilateralmente negativa de la así llamada Cuarta República, es decir, las cuatro décadas de democracia anteriores a su llegada a la Presidencia. Según la versión ahora predominante, esos cuarenta años fueron sombríos y estériles y sólo cabe recordarles para arrojar sobre los mismos un estigma irredimible.
Semejante interpretación, por un lado, distorsiona una realidad compleja que también tuvo numerosos aspectos positivos. El más relevante fue la existencia de un orden político que permitía, si así lo decidían los electores, cambiar a los gobiernos en un tiempo definido y de manera pacífica, con amplia confianza en el sistema electoral. Nada de ello existe ahora.
Por otro lado, la versión chavista de la historia profundiza nuestra trágica propensión a empezar siempre desde cero, a condenar de plano todo lo que nos antecede, a pretender que el pasado puede borrarse y que su legado es siempre negativo. El exorcismo perenne del pasado nos conduce a inventar constituciones de puro papel, que se amontonan en gavetas apolilladas sin que se les tome realmente en cuenta; constituciones que sirven para apuntalar fantasías refundacionales.
En segundo lugar, el estigma de Chávez sobre la Cuarta República, nuestra República Civil, le permite exaltar y reafirmar el papel conductor de los militares sobre los destinos venezolanos, legitimándole mediante el mesianismo bolivariano. Si la República Civil fue lo que Chávez dice que fue, y los militares son los verdaderos herederos de Bolívar, entonces qué duda cabe: son ellos quienes deben gobernar. Con su interesada distorsión de la historia, Chávez ha procurado dar al sector castrense una especie de título de dominio a perpetuidad sobre el país, subestimando el aporte civil a la nación y sacando fuera de toda proporción el de los militares.
En tercer término, Chávez ha movido el epicentro de la política venezolana hacia la izquierda. Hace apenas pocos años, cuando comenzó de manera abierta su prédica socialista, la izquierda filo-marxista en Venezuela era relativamente marginal. Ni siquiera el MAS, con su gran esfuerzo para moverse hacia el centro, había alcanzado escapar de un círculo estrecho de respaldo. El concepto de socialismo era en general oscuro y muchos le rechazaban como comunismo disfrazado.
Tal situación ha cambiado y con su empeño proselitista Chávez ha conseguido, por una parte, que una cierta percepción del socialismo como algo presuntamente justo y progresista se haya extendido en nuestra sociedad, y por otra parte ha ido empujando a la oposición democrática a ubicarse más y más dentro de un ámbito ideológico de izquierda. He escuchado decir a varios de nuestros líderes democráticos que son “de izquierda”, o de “centro-izquierda”, y en varias ocasiones importantes figuras de oposición han aseverado que “los verdaderos socialistas” son ellos, y no Chávez. Ni siquiera se atreven a criticar con fuerza y decisión el desastre cubano. Están chantajeados en sus conciencias.
Me quito el sombrero ante tales logros aunque a la vez les cuestione radicalmente. Con audacia, coraje ideológico y perseverancia, Chávez ha avanzado sin tregua por trece años. No temo reconocerlo, pues no otro podría ser el primer paso para corregir las distorsiones y errores de esta etapa en nuestra existencia como nación.
anibal aromeroarticulos@yahoo.com

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