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domingo, 17 de mayo de 2015

LUIS DANIEL ÁLVAREZ V., EL SILENCIO A LA OPINIÓN, CASO COLOMBIA

El 15 de mayo de hace tres años, la comunidad internacional veía con estupor la dantesca imagen del atentado al exministro colombiano Fernando Londoño Hoyos. La fotografía de un hombre ensangrentado, frente a un amasijo de hierros incinerados y la noticia de fallecidos y heridos, algunos que simplemente pasaban por el lugar, perturbó la calma de la mañana santafereña y llevó a los colombianos a recordar experiencias fatídicas que no sólo enlutaron familias, sino a la libertad y la justicia.

El atentado al político no sólo fue una afrenta a las normas elementales de libertad, sino que intentó asesinar a un hombre que desde la radio y la prensa plantea sus ideas, formula sus inquietudes y hace propuestas. Aún más delicado es que Londoño ejerció puestos relevantes en la administración pública y se dedica a la docencia. Por lo tanto, la acción es una afrenta violenta a la libertad de expresión, al ejercicio político y a la enseñanza plural.

Ver la noticia llevó inmediatamente a recordar los crueles atentados a Guillermo Cano Isaza, Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Rodrigo Lara Bonilla, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Jaime Garzón y tantas personas que dieron su vida por poner en primer lugar sus principios y sueños de una mejor sociedad. A diferencia de los anteriores, Londoño logró sobrevivir y siguió adelante con su trabajo, demostrando que pese al terror y el miedo que algunos traten de infundir, una vida al servicio de los valores y la justicia es probablemente la mejor defensa que puede ejercerse, pues los que siembran el terror no lograrán su objetivo de silenciar la verdad y la libertad.

Lamentablemente la situación de la prensa, la política y la academia en la región vive horas aciagas. En algunos lugares no es necesario colocar explosivos contra los vehículos de las personas, pues se recurre a polémicas sanciones impositivas, fortalecimiento de los delitos de opinión y turbios manejos judiciales para imponer una sola forma de ver la realidad, tal como puede ocurrir en Argentina o Bolivia.

Mientras se conmemora un aniversario más del atentado a Fernando Londoño el gobierno colombiano mantiene una serie de conversaciones con organizaciones terroristas para buscar la paz. Entre tanto, las extorsiones, los ataques y los secuestros siguen estando presentes, frente a una actitud poco coherente del gobierno de Juan Manuel Santos. Desafortunadamente, mientras se habla de reconciliación, imágenes como la del martes 15 de mayo de 2012 se están volviendo cada vez más recurrentes, demostrando que a los violentos no les importa la paz.

Luis D. Alvarez V
luis.daniel.alvarez.v@gmail.com
@luisdalvarezva

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sábado, 17 de mayo de 2014

DARÍO ACEVEDO CARMONA, EL PRESIDENTE NOS DIVIDE CON SU PAZ

El presidente de la República, Juan Manuel Santos, decidió, en mala hora, dividir a los colombianos en amigos y enemigos de la paz.

Sin duda, se trata de un recurso de su improductiva campaña por la reelección con el que busca recuperar la imagen perdida. De esa forma, Santos compromete todo su capital político en una jugada desesperada (como en las partidas de póker), apostando al cañazo más difícil: que en La Habana, las Farc le den una ayudita con la firma de algún texto útil para vender la idea de que la paz está al alcance de la mano.

Varios y muy delicados son los problemas que se desprenden de este tipo de movidas. Por ejemplo, se pone en la mesa el destino de la sociedad colombiana y no el bolsillo o billetera del presidente cuando éste deposita una confianza total e incondicional en la supuesta buena voluntad de unas guerrillas que no han dado una señal certera y creíble sobre sus intenciones de ponerle fin al conflicto.

Esa experiencia la sufrimos trágicamente en la campaña electoral de 1998 cuando las Farc ayudaron al triunfo de Andrés Pastrana y luego cobraron, bien duro, ese apoyo para abrir un proceso de conversaciones que terminó en fracaso. La lección es contundente y clarísima. Un presidente o candidato al cargo no puede hipotecar su continuidad o su triunfo con fuerzas que se encuentran en la ilegalidad y que han causado tanto daño a la sociedad y al país. Significaría dar un paso más en la dirección de humillar el Estado.

También es sumamente grave, y por lo mismo irresponsable, que el jefe del Estado se rebaje al nivel de los politiqueros ordinarios que apelan a métodos engañosos para ganar el favor del elector. Santos está en la obligación ética y moral de explicar, más allá de cuñas simplonas y de mensajes románticos e ilusos sobre la paz, quiénes son amigos y quiénes enemigos de la paz.

Santos considera que es el líder del bando de amigos e incluye en él a la guerrilla fariana sin que ésta de muestras reales de estar de su lado. De manera que, sin mediar acuerdos ni compromisos de paz ni cese de fuego, las Farc obtienen el estatus de amigos de la paz mientras continúan matando soldados y destruyendo la infraestructura nacional. Los enemigos de la paz vienen siendo todos aquellos que critican los términos de una política de conversaciones de paz diseñados por un filósofo que no conoce el país. En conclusión, fuerzas políticas a las que perteneció Santos y políticas como la Seguridad Democrática, que él hizo suya cuando fue ministro de Defensa y respecto de la cual se comprometió a darle continuidad en la campaña del 2010, políticos, intelectuales, empresarios, líderes gremiales, víctimas de las guerrillas, son los enemigos de la paz.

No solo es grave que el presidente de todos los colombianos, en su afán por ganar la reelección y en su desespero por la caída en las encuestas, en vez de prestarse para el debate programático, de cara a la nación, de frente a los colombianos, opte por una maniquea división que no tiene lógica, que no es demostrable, que carece de asidero y de las más elementales pruebas que la lucha política requiere para hacer inteligible, argumental y sustentable una decisión.

No creo que la ciudadanía dispuesta a votar se deje impactar por ese tipo de argucias, pues no se precisa de pensamiento complejo ni de teorías o especulaciones filosóficas para entender que los enemigos de la paz no somos los críticos del entreguismo sino aquellos que se encuentran en La Habana impartiendo órdenes a sus frentes para cometer actos de terror. Cuando diversos matices de la institucionalidad afloran, con justas razones, es muy peligroso sembrar cizaña con ese tipo de dislocaciones.

Uno entiende que la lucha política tiende a la polaridad y a la simplificación de los bandos, pero, no se debe olvidar que en democracia, llevar a ese plan las bases de la institucionalidad, la Constitución y demás ideales y valores de la sociedad, puede conducir al camino de la disolución o del triunfo de quienes sí deben ser calificados como enemigos de ellos, como quiera que insisten en la violencia contra los que estamos del lado de la resolución pacífica de los conflictos.

CODA: En nombre del decoro, el diario El Tiempo, silenció la pluma de Fernando Londoño Hoyos, un opositor enhiesto, franco y claro. Londoño no es un indecoroso sino un ideólogo, un pensador, un crítico del Régimen que debe ser respetado porque cumple las condiciones del debate en términos democráticos. ¿Será que continúa la barrida de los “enemigos de la paz”? porque si de decoro hablamos, al que deberían expulsar de las líneas editoriales de ese diario es a Gabriel Silva Luján dedicado a insultar, ultrajar e injuriar al expresidente Uribe, al que sirvió como ministro y embajador. Y si asumimos el decoro como norma general, más de un columnista no debería tenerse por tal. Los hay difamadores de oficio, integrantes del pelotón de fusilamiento moral, personajes como Ramiro Bejarano, Juan Gabriel Vázquez, Esteban Carlos Mejía, Juan Pablo Calvás, León Valencia, Óscar Collazos, Daniel Samper Ospina y caricaturistas que, a diferencia del mejor de todos, Osuna, han caricaturizado el oficio haciéndolo panfletario y militante. En El Tiempo no es nuevo censurar; criticables decisiones tomó en tiempos pasados contra Klim, Osuna, José Obdulio, en fin, es como si nos estuvieran recordando que ellos son los “dueños del país”.

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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viernes, 25 de mayo de 2012

MARTHA COLMENARES, A FERNANDO LONDOÑO NO PODRÁN DOBLEGARLO

Aún convaleciente por las múltiples heridas, desde su hogar, penas unos días después del terrible atentado terrorista del que fue objeto de forma tan cobarde el pasado 15 de mayo 2012, el ex ministro de Relaciones Interiores y de Justicia de Colombia, Fernando Londoño Hoyos, retoma las riendas de su programa radial “La Hora de la verdad” de la cadena Súper de Bogotá, y en sus editoriales reafirma sus principios, sus valores, su defensa a la libertad como “condición de la sociedad humana”.
Hombre de una trayectoria ganada con el coraje y valentía impresa en la defensa de sus convicciones, por las libertades y la justicia, abanderado además en la lucha contra el narcotráfico. Para quien “no es tolerable ninguna forma de terrorismo, ni mucho menos, ninguna forma de totalitarismo’, ni acepta que la “violencia pueda sustituir al derecho”.
Un amigo de los venezolanos de buena voluntad, siempre atento a la realidad de nuestro país, de esa Venezuela sin estado de derecho. Al mando de un “déspota”, como así califica a Hugo Chávez. Agradecidos estamos, oportuno decirlo, por el apoyo dispensado de forma incondicional a los presos y perseguidos venezolanos por razones políticas desde hace unos cuantos años.
Al conocer del cobarde ataque perpetrado por la banda terrorista FARC, responsabilidad atribuida por el jefe policial de Bogotá, causante de la muerte de dos de los escoltas del ex ministro, de decenas de heridos en estado grave y cuantiosos destrozos, las imágenes que comenzaron a difundirse ese día eran desconcertantes.
Vehículos achicharrados por el impacto de la bomba como ocurrió con la camioneta de Londoño, y a personas alcanzadas por la explosión. Gente inocente, gente de bien, gente del día a día trabajadora que de forma sorpresiva alteró la rutina de su acontecer, el rumbo de sus existencias. Vimos al doctor Fernando Londoño con heridas en su rostro, en el pecho, vivo de milagro, sí, pero pudo haber muerto.
Imposible permanecer ajenos de verse afectada en Colombia la libertad de expresión, en vista de la pretensión de callar las voces de quienes no se prestan para la practica de políticas de apaciguamiento con los criminales. Y Fernando Londoño Hoyos, a pesar del terror y sus efectos, a pesar del riesgo que conlleva, seguirá en su trinchera, la radial y la de sus artículos en la prensa escrita, como lo ha hecho constar, en los emotivos y ejemplarizantes editoriales posteriores al ataque. A Fernando Londoño no podrán doblegarlo
@marthacolmenare
marthaccolmenares@yahoo.com
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domingo, 20 de mayo de 2012

CRISTINA DE TORO, A SANTOS LE LLEGÓ LA HORA DE LA VERDAD

Los nocivos efectos del aleve y repugnante atentado de que fuera objeto el exministro y periodista Fernando Londoño Hoyos se extendieron como una ola expansiva y dejaron sembrado nuevamente, a lo largo y ancho del país, el miedo, la angustia y, lo que es peor aún, la desesperanza.

Un atentado que acabó con la vida de Ricardo Rodríguez y de Rósemberg Burbano e hirió a treinta y nueve indefensos y desprevenidos ciudadanos,

Al presidente Juan Manuel Santos le llegó la hora de situar, por encima de su soberbia y de sus sueños de grandeza y de reconocimientos internacionales, los derechos y anhelos del pueblo colombiano, recordando que el caudal de votos que lo llevó a ocupar el cargo que hoy ostenta le fue endosado cuando se comprometió a continuar con políticas implementadas y desarrolladas con éxito en el anterior gobierno.

Le llegó la hora entonces de reconocer que los problemas de seguridad que los colombianos hemos venido denunciando, ni eran ni son asunto de percepción. Son realidad y, aunque nadie desconoce los certeros golpes que les ha dado a las Farc (algunos concebidos desde el anterior mandato), tiene que aceptar que la seguridad no ha hecho más que retroceder hasta llegar a la preocupante situación en la que nos encontramos hoy.La prometida Seguridad Democrática no se está cumpliendo.

Al Presidente le llegó la hora de admitir que el atentado contra el exministro Londoño Hoyos no es un hecho aislado. Es parte de la cadena de barbarie que han venido cometiendo los narcoterroristas de las Farc desde hace dos años (en Meta, Guaviare, Cauca, Norte de Santander, Putumayo, etc.).

Tal vez este de Bogotá es el más alarmante, por cuanto demuestra que esos criminales ya consiguieron mediante alianzas con otras bandas de narcoterroristas tender sus tenebrosas redes en la Capital.

Al presidente Santos le llegó la hora de jugar limpio, de mostrar todas las cartas y decirle al país si es cierto o no que se están haciendo negociaciones por debajo de la mesa.De allí ese afán de tener lista la bienvenida para los terroristas, el tal marco jurídico para la paz, que al parecer será el mecanismo legal con el que van a validar la impunidad de sus crímenes, y que, aunque cuesta mucho trabajo creerlo, fue aprobado por sexta vez en el Senado (le faltan dos en las que ojalá no pase), mientras la sangre de los colombianos que cayeron en el atentado aún corría por la avenida Caracas (¿tendrá algún significado el nombre de esa calle?).

Sí, es hora de que el presidente entienda que los colombianos queremos la paz pero no a cualquier precio y por ello no hay espacio para indultos ni amnistías.No queremos avalar a esos asesinos para que mañana dirijan el destino de nuestra Nación. Creemos que más importante que elaborar un marco jurídico para la paz es construir un clima político para la paz, puesto que ésta no se impone. Se concibe en la actitud de la ciudadanía.

Le llegó, pues, la hora de demostrar que el Estado es más fuerte que los terroristas y que puede defender con decisión, la libertad de prensa y el derecho a disentir, pilares fundamentales de la democracia, encarnados ambos por el exministro Londoño.Hora de rectificar el rumbo de su gobierno antes de que sea demasiado tarde.Donde no hay seguridad, no puede haber prosperidad.Al presidente Juan Manuel Santos le llegó. La hora de La Verdad.

FUENTE: elcolombiano.com
http://www.pensamientocolombia.org/DebateNacional/a-santos-le-llego-la-hora-de-la-verdad

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