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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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sábado, 17 de octubre de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., HECHO EN REVOLUCIÓN: DEVALUACIÓN E INFLACIÓN HISTÓRICAS

A finales del año pasado los economistas y diversas firmas especializadas se debatían sobre si la inflación en Venezuela sobrepasaría o no el 100% en 2015. En ese momento además el precio del dólar en el mercado paralelo hacia su tránsito de los Bs. 100 hacia los Bs. 200 a un ritmo avasallante, haciéndonos entender a todos una dura realidad: terminábamos un año muy malo, y estábamos por empezar un año que sería aún peor, tal y como ha sido.

Hoy en día, ya en curso el último trimestre del año, la situación económica es simplemente asfixiante: a una notable y desesperante escasez de bienes básicos, se suman la inflación más alta del mundo por tercer año consecutivo, y el proceso de devaluación de la moneda más brutal de la historia patria, y probablemente de la historia mundial. De hecho, la escasez de algunos rubros sobrepasa el 80% en diversos lugares del país y hay productos que simplemente desaparecieron. La inflación ya se ubica en más de 200% en los últimos 12 meses (anualizada) y la devaluación acumulada de nuestra moneda frente al dólar desde 1999 hasta el presente asciende -lea bien y agárrese- a 139.400% (esto resulta de dividir Bs. 800.000 -verdadero precio actual del dólar a bolívares viejos-, entre Bs. 573,88 -precio del dólar el 02 de febrero de 1999-, lo cual da 1.394, que es el número de veces que el bolívar se ha devaluado frente al dólar  a ese precio, lo cual, multiplicado por 100 para sacar la devaluación porcentual, arroja la impactante cifra ya citada de 139.400%)

Los números anteriores constituyen toda una inyección letal a la económía y han puesto al venezolano común en una situación de precaria sobrevivencia. El salario mínimo (Bs. 7.421,67) equivale a $9,27, es decir, menos de $10 mensuales y $ 0,3 diarios, lo cual se enmarca dentro de los parámetros de “pobreza extrema” descritos por la ONU. De hecho, según el CENDAS, para finales de agosto la canasta alimentaria se ubicó en Bs. 50.625,52 (equivalente a 6,8 salarios mínimos), mientras que la cesta básica alcanzó los Bs. 78.611,65 (que equivale a 10,6 salarios mínimos). Estas cifras, por supuesto, han seguido aumentando a lo largo de septiembre y lo que va de octubre.

Queda claro entonces que lo de “pobreza extrema” no es cuento. Hoy en día en Venezuela a una familia cuyo ingreso promedio oscila entre 2 y 3 salarios mínimos, literalmente el sueldo no le alcanza ni para comer. A toda esta pesadilla súmele la segunda tasa de homicidios del mundo, los permanentes cortes de luz, la pésima calidad del agua, el deterioro sustancial de la educación, la salud, la infraestructura, y una larga lista de problemas que constituyen una explosiva realidad social. Y como si lo anterior fuera poco, agréguele el entorno político, caracterizado por autoritarismo, abuso y ventajismo oficialista,  violación sistemática de los DDHH, cerco mediático y persecución a la disidencia opositora. Es decir, Venezuela es hoy una suerte de “Estado fallido”.

Pero la buena noticia es que 9 de cada 10 venezolanos queremos un cambio según los más recientes estudios de opinión, dentro de los cuales hay 6 de cada 10 “chavistas”. Es decir, más de la mitad de la propia base política del gobierno está de acuerdo en que las cosas están mal y deben cambiar.  Esto se refleja en intención de voto con una considerable ventaja para la oposición, que va desde 25 hasta 38 puntos porcentuales dependiendo de la encuesta que se consulte.

Esta realidad tiene al gobierno de cabeza. Saben que perderán de manera dramática en votación total, y que los diversos trucos que se han inventado para obtener más diputados con menos votos, así como el secuestro de algunas tarjetas tradicionalmente opositoras, no le funcionarán ante la inmensa avalancha que se les viene encima. Por eso ahora inventan lo de la frontera y los estados de excepción, vinculan a la oposición con terrorismo y dicen que un eventual financiamiento internacional para ajustes macroeconómicos (a todas luces necesario) es, en realidad, una conspiración para derrocarlo. Tenemos claro que el plan A del Gobierno aún es ganar las elecciones “como sea”, tal y como dijo el propio Maduro, pero no podemos descartar –y en consecuencia debemos prepararnos para ello-, que ante la evidencia de la derrota decidan en noviembre implementar un plan B a través de un manotón. Frente a esto, la MUD deberá actuar con firmeza y claridad, teniendo siempre presente que la mayoría está de nuestro lado y que la calle es un escenario válido y legítimo para la defensa de los derechos ciudadanos y la democracia.

Por último, vale la pena dejar claro que las próximas elecciones no implican por sí mismas un cambio de gobierno. Pero si marcarán el comienzo institucional del cambio que todos deseamos. Desde la AN la mayoría democrática podrá aprobar leyes que pueden ayudar a mejorar sustancialmente la situación socioeconómica del país, así como frenar la persecución política y reinstitucionalizar el Estado. La Paz de la República no depende de que el PSUV gane, como ellos dicen. Depende más bien de que aprendan a perder y acepten que pasan a ser minoría en la AN.

Cipriano Heredia S.
cipriano.heredia@gmail.com
@CiprianoHeredia

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lunes, 20 de julio de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., LA ESTAFA ROJA SOBRE EL ESEQUIBO TRICOLOR

La semana pasada los venezolanos fuimos víctimas de uno de los más perversos intentos de manipulación política que se haya registrado en nuestra historia. Nicolás Maduro, otrora Canciller de la República y hoy Presidente en funciones, asistió a la Asamblea Nacional para rasgarse las vestiduras por un Territorio en Reclamación que nunca reclamó, por una soberanía que nunca ejerció, por un Acuerdo que nunca invocó  y por un nacionalismo que nunca sintió ni practicó. Además, escogió con pinzas contra quien enfilar las baterías, obviando olímpicamente tanto su directa responsabilidad en el despojo que hemos sufrido, como el hecho concreto de quien otorgó las concesiones que hoy reclamamos, y a quien más se las otorgó aparte de la Exxon.

En efecto, en cuanto a la responsabilidad de este Régimen, Maduro nos echó el cuento de cómo se gestaron el Laudo Arbitral de París en 1899 (a través del cual ciertamente una componenda imperialista nos despojó de una parte de nuestro territorio) y el Acuerdo de Ginebra en 1966 (mediante el cual los gobiernos de Betancourt y Leoni lograron reactivar el reclamo y apuntar hacia una solución negociada), pero con su cara muy lavada omitió por completo lo que Chávez y él hicieron y dejaron de hacer con relación al Esequibo, lo cual puede resumirse en una actitud totalmente entreguista.

Es así como no fue dicho, por ejemplo, como Chávez declaró en 2004 desde Georgetown, que él no se opondría a que Guyana otorgara concesiones unilateralmente en territorio del Esequibo, si las mismas eran para desarrollo de la región. Esto fue obviamente aprovechado por el gobierno guyanés, el cual se quitaba de encima 40 años de Política de Estado de los gobiernos venezolanos, que siempre se opusieron a tales concesiones en el marco de lo establecido en el artículo 5 del Acuerdo de Ginebra.

Tampoco habló Maduro de la intervención de Chávez en el marco de  la Cumbre de Río en 2008, donde de manera insólita hizo ver que el Acuerdo de Ginebra (único instrumento vigente y válido que ampara nuestra reclamación) no era más que una suerte de treta de los imperios para ponernos a pelear con Guyana y derrocar al entonces presidente Burham, tras lo cual sumó frases, acciones y omisiones que constituyeron  prácticamente una suerte de desistimiento de nuestros derechos sobre el Esequibo.     

Mucho menos hizo referencia Maduro a su propio legado nefasto como Presidente, pasando por debajo de la mesa deliberadamente que este Gobierno removió de su puesto  al Almirante Belisario Martínez, quien detuvo en octubre de 2013 a la embarcación Teknik Perdana, la cual incursionó en nuestras aguas desarrollando labores de exploración con autorización de Guyana. Es decir, sancionó a un Altísimo Oficial de nuestra Armada por cumplir con su deber y hacer respetar nuestra soberanía.

Tanta fue la complicidad, negligencia y entreguismo de Chávez y Maduro a lo largo de estos años, que Guyana ahora descarta el mecanismo del Buen Oficiante y prefiere la vía de un Arbitraje o Juicio en un Tribunal Internacional, porque sabe que a su favor opera la figura de la “Aquiescencia” por parte de Venezuela ante muchas situaciones, lo cual podrá demostrar con cierta facilidad 

Por otro lado, Maduro y el Gobierno concentran su fuego en la Exxon Mobile y más recientemente en el nuevo Presidente de Guyana David Granger. No obstante, lo que no dicen es que quien otorgó las concesiones vigentes fue el Expresidente socialista Donald Ramotar, aliado histórico de los Castro y amigo de Chávez, a quien a través de la complicidad se le ganó para las apoyar al Gobierno venezolano en la OEA y la ONU, así como para facilitar las relaciones con el Caribe. Todo ello por supuesto bajo la influencia de Cuba, cuyo régimen siempre apoyó a Guyana respecto al Esequibo.

Tanto fue el nivel de complicidad y entreguismo de Chávez y Maduro con Ramotar, que cuando la opinión pública empezó a presionar por la actitud negligente del Gobierno respecto a las concesiones otorgadas por Guyana y las labores de exploración que realizan las transnacionales en aguas y territorio venezolano, la canciller Rodríguez optó por mandarle sus quejas a la Exxon, como si se tratara de una polémica con una empresa, en lugar de enviarle Notas de Protesta formales al Gobierno de Guyana, que es quien le dio el palo al ciego y el que representa al Estado con el que tenemos la controversia sobre un territorio concreto.

En conclusión, la nueva postura del Gobierno de Venezuela frente a Guyana respecto al Esequibo es una burda jugada oportunista y electorera, una estafa política carente de verdadero sentimiento nacionalista y encapsulada dentro del discurso polarizador del Régimen en cuanto al siempre necesario enemigo externo. Quienes de verdad hemos defendido la soberanía del Esequibo no debemos caer en el chantaje oficialista de que si no apoyamos al Gobierno estamos contra nuestra pretensión histórica de recuperar el Esequibo y no somos patriotas. Eso es un falso dilema.

Sólo cuando este Gobierno denuncie a Ramotar y no sólo a Granger, cuando reconozca sus graves culpas y negligencia que permitieron el avance de Guyana, cuando ejerza un verdadero y eficaz patrullaje en las zonas en cuestión, cuando remueva oficialmente a Chadertton como representante de Venezuela para las negociaciones, cuando deje de denunciar sólo a la Exxon y diga claramente que Rusia, China y Brasil también forman parte del festín y no sólo en el área petrolera, cuando le exija a la CARICOM respeto y les lea la cartilla recordándoles todo lo que han recibido de Venezuela pero no dudan en cuadrarse con Guyana, y cuando le quite a ese país la cómoda cuota y que le asigna Petrocaribe, podríamos empezar a considerar que la nueva actitud del Gobierno venezolano frente al Esequibo, es en serio.

Mientras tanto, quienes hemos estado con El Esequibo de manera sincera y lineal ayer, hoy y siempre, lo seguimos defendiendo desde nuestras trincheras de lucha, pero no tenemos obligación de apoyar jugadas acomodaticias del Gobierno y denunciamos su falso nacionalismo. Patriota es el que cuida su país en todo momento y en cualquier circunstancia, no el que toma o suelta la bandera tricolor a discreción o movido por afinidades ideológicas.

Cipriano Heredia S.
cipriano.heredia@gmail.com  
@CiprianoHeredia 

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viernes, 19 de junio de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., CUIDADO CON EL DECRETO 1.787 (CASO ESEQUIBO)

Tras más de una década de negligencia deliberada que se transformó claramente en una vil actitud entreguista de nuestro Esequibo a Guyana, el Gobierno de Venezuela súbitamente cambió su posición emitiendo el decreto 1.787, publicado en la Gaceta Oficial del 27 de mayo del presente año, el cual determina las “Zonas de Defensa Integral Marítimas e Insulares” (ZODIMAIN), que incluyen una fachada atlántica que ratifica nuestra indiscutible soberanía sobre las aguas que se desprenden del estado Delta Amacuro, así como las que se desprenden de la Guayana Esequiba, y probablemente más allá.
Esta reacción repentina del Gobierno, que aparentemente deja atrás los discursos y acciones cómplices de Chávez y Maduro (el primero declaró públicamente en 2004 que no se oponía a que Guyana otorgara concesiones unilateralmente, y el segundo hasta removió de su puesto al Capitán de la Armada que capturó a un barco invasor en nuestras aguas en 2013), puede ser interpretada como un triunfo de quienes veníamos presionando desde la Opinión Pública para que el Gobierno se le plantara a Guyana e hiciera respetar el Acuerdo de Ginebra. Por lo tanto, desde esa óptica, puede asumirse como un aspecto a celebrar. No obstante, no olvidemos que este Gobierno no da puntada sin dedal y que su nacionalismo es una simple bandera que se toma con fuerza o se tira a la basura a conveniencia.
En ese sentido, desde el momento en que salió el decreto alertamos sobre dos aspectos que reiteramos ahora: 1) ¿Qué motiva realmente al Gobierno a cambiar su actitud frente a Guyana en este preciso momento?; y 2) ¿La línea del decreto que se traza hacia el noreste es técnicamente sostenible o es una mera provocación a terceros para generar un conflicto mayor?
Desde esta tribuna nos atrevemos a responder la primera pregunta con razonamientos múltiples: 1) efectivamente la presión de la opinión pública sobre el Gobierno era creciente y demoledora. Ya era inexplicable por qué se armó semejante zaperoco frente al decreto Obama, mientras que ante la agresiva actitud de Guyana no se hacía nada; 2) El descubrimiento de un significativo yacimiento petrolero en la zona le hizo entender al Gobierno que la gracia de la actitud permisiva frente a Guyana, por razones políticas, podía resultar en una cara morisqueta en términos económicos. En el Esequibo y sus aguas no sólo hay petróleo, sino también gas, oro y muchas otras riquezas; y 3) ante la tremenda crisis que vive el país, alborotar el avispero del nacionalismo resulta útil para un Gobierno que la inmensa mayoría de la población identifica como responsable de sus males y que desea cambiar. Maduro recuperó 10 puntos en el mes que duró el escándalo del decreto Obama ¿Por qué no apelar nuevamente a un expediente de exacerbación patriótica?
Aunado a esto último, pero de cara a la segunda pregunta, nos resulta obvio que quienes trazaron las coordenadas del decreto saben muy bien que no sólo abarcan las aguas territoriales del Esequibo (excelente), sino también las de Guyana (aceptable si es como respuesta a su pretensión sobre el Delta y como estrategia de negociación), pero incluso pareciera que pasan por las de Suriname y llegaran hasta las de Guyana Francesa (absolutamente injustificable). Por ello, no podemos dejar de pensar que detrás de ello pueda estarse buscando alborotar un avispero que genere un conflicto internacional de mayor calibre. El fantasma de Galtieri en medio de su decadencia podría estar desandando en Miraflores por estos días.
Mientras tanto, el Gobierno pega con la derecha pero inmediatamente apela a la zurda respecto al vecino. Prefiere enfocarse en pelear con la Exxon Mobil que con el gobierno de Guyana, en una actitud acomodaticia y tremendista. Es nuestro deber, por tanto, explicarle a nuestros ciudadanos y al mundo que el diferendo con Guyana es una controversia entre Estados, y no un conflicto entre Venezuela y una empresa privada. Así como también dejar claro que la resolución del mismo debe darse en el marco del Acuerdo de Ginebra, firmado válidamente por ambas partes en 1966, cuya vigencia está fuera de toda discusión, aunque Guyana pretenda a veces desconocerlo. Defendamos pues el Esequibo sin caer en jugadas encubiertas del Gobierno que vienen envueltas en un falso nacionalismo.
*Diputado al Consejo Legislativo de Miranda y Directivo del CPFC
Cipriano Heredia S.
cipriano.heredia@gmail.com    
@CiprianoHeredia

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jueves, 4 de junio de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., ESEQUIBO NUESTRO, A PESAR DEL GOBIERNO

Diversos reportajes de prensa, artículos de opinión de destacados analistas y una reveladora consulta de calle realizada por una emisora de Radio en la cual tuvimos la oportunidad de participar, reflejan de manera clara que en un sector de la población priva la idea de que la reclamación del Esequibo es una causa perdida porque, de una u otra manera, ya Guyana habría ganado la controversia y no hay nada que hacer. A esto se le suma la dolorosa realidad de que un sector de la población ve este asunto como un tema lejano, que le llama la atención si se le habla de él, pero que no forma parte de su agenda ni desvelos.

En este sentido, comenzamos por afirmar que tanto la desinformación que priva sobre el tema, como la percepción de que es una causa perdida, son responsabilidad directa del Gobierno venezolano y están conectadas. Esto es así porque fue el propio Chávez (el mismo que se envolvía en el tricolor y cantaba el himno a todo gañote en los discursos en los que criticaba duramente al imperialismo yanki y tildaba de injerencia internacional a cualquier critica extranjera), quien, en 2004, echó por la borda la posición que había mantenido Venezuela frente a Guyana por medio siglo respecto a la explotación de recursos en el Esequibo, cuando declaró públicamente que no se opondría a que Guyana otorgara concesiones en ese territorio si eso contribuía al desarrollo de la región.

Con semejante declaración Chávez le clavó un puñal por la espalda a Venezuela, y con ello sin duda alguna mejoró la posición de Guyana -cuya situación de hecho ya le era favorable- y desmejoró la nuestra, por cuanto hasta ese entonces todos los gobiernos de la democracia desde los años 60 se opusieron a tal cosa, precisamente porque es un elemento vital para la salud de la soberanía nacional mantenernos firmes en ese tema.

De hecho, después de esta vil declaración, no hemos sino retrocedido en nuestra posición en la controversia. Guyana le ha otorgado concesiones no sólo a la Exxon Mobil (la cual acaba de descubrir los tan celebrados yacimientos de petróleo en la zona), sino también a la Shell y a la CGX Energy entre otras transnacionales petroleras. También solicitó una extensión de su plataforma continental ante la ONU sobre la base de contar al Esequibo como parte de su territorio, y ha proyectado una línea hacia el noroeste sobre la fachada atlántica que invade de manera inequívoca el mar territorial que se desprende del Delta Amacuro, pretendiendo cerrar nuestra salida al Océano.

Frente a todo ello, la posición del Gobierno no puede ser más penosa. El Capitán del buque de la marina que se atrevió a detener un barco explorador extranjero en nuestras aguas hace más de un año, fue destituido de su puesto y transferido a tierra. Luego de ello, las violaciones son abiertas y permanentes. Por su parte, la improvisada canciller que se veía enérgica y combativa frente al decreto Obama, se limita en este caso a mandarle carticas a la Exxon, en lugar de elevar notas de protesta formales y contundentes ante el Gobierno de Guyana. Mientras, Maduro opta por evadir el tema, demostrando de manera clara que la Revolución tiene una doble moral respecto a la soberanía del país, y que su discurso nacionalista sólo sale a flote cuando de EEUU y otros adversarios externos se trata, pero que no le importa entregarnos a Cuba, China y ahora Guyana.

A pesar de todo lo anterior, dejamos claro que el reclamo sobre el Esequibo no es causa perdida. Lo que necesitamos es un Gobierno con voluntad política y posiciones certeras para hacer valer nuestros derechos. El Acuerdo de Ginebra de 1966 está vigente, tenemos elementos e instancias del Derecho Internacional que podemos utilizar, podemos retomar el patrullaje en la zona, nombrar un negociador a tiempo completo que realmente se ocupe del tema, oponernos a las concesiones y hacerle saber a Guyana y al mundo que mantenemos firme nuestra postura, por la sencilla razón de que es legítima y legal.

¡Basta ya de entreguismos! La postura del Gobierno no es sólo negligente, sino que es de complicidad con Guyana y constituye incluso el delito de traición a la patria. El Esequibo es nuestro y vale la pena luchar por él. Es una causa de la venezolanidad y una bandera que convoca a la genuina Unidad Nacional.

Cipriano Heredia S.
cipriano.heredia@gmail com     
@CiprianoHeredia

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viernes, 24 de abril de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., HABLEMOS DE SOBERANÍA EN SERIO: GUYANA Y EL ESEQUIBO


Con este mismo título, el Centro Popular de Formación Ciudadana (CPFC) realizó la semana pasada un concurrido foro en el Colegio de Ingenieros de Venezuela, en el cual participaron como ponentes el Embajador Sadio Garavini y la Dra. María Teresa Belandria, ambos especialistas en temas internacionales y conocedores a fondo de la realidad del caso Guyana en relación a NUESTRO Esequibo.

Como es bien sabido, la justa y legítima reclamación de Venezuela sobre el territorio del Esequibo se mantuvo firme y tomó un nuevo aire a raíz del “Acuerdo de Ginebra”, logrado bajo el Gobierno de Leoni en 1966, con el cual el país mantuvo viva la controversia y su aspiración para lograr una solución negociada pero con sólido fundamento legal. Desde ese entonces, con mayor o menor intensidad, todos los gobiernos de la democracia mantuvieron una actitud nacionalista e inequívoca respecto al tema. De hecho, mi generación estudió geografía nacional con un mapa donde aparecía el Esequibo con rayas, sobre el cual decía claramente “Territorio en Reclamación”, y en los años 80 el tema hasta se convirtió en ícono popular cuando un famoso grupo de rock nacional puso de moda una canción que coreaba “el Esequibo es mío, es tuyo, es tierra venezolana…”      
Pero esa posición histórica cambió bajo Chávez, quien en 2004 dio un giro público respecto al tema, expresando de manera abierta que no se opondría a que Guyana otorgara concesiones petroleras en ese territorio si eso contribuía al desarrollo de la región, lo cual hizo obviamente por sugerencia de Cuba y para ganarse el apoyo del Caribe, en función de su interés por tomar fuerza en el seno de la OEA. 
Con esta postura evidentemente la posición de Venezuela respecto a la controversia planteada se debilitó severamente, reforzando además la ventaja obvia de Guyana, siempre beneficiada por la situación de hecho, pero que aún así hasta ese momento se había abstenido de otorgar concesiones precisamente por la oposición de los gobiernos venezolanos anteriores.
Este hecho, que claramente constituye un punto de inflexión negativo para la pretensión histórica del país, ha sido sucedido por eventos recientes no menos graves. Es así como Guyana no sólo ha seguido otorgando concesiones petroleras a compañías transnacionales en la fachada atlántica del Esequibo, sino que ahora lo hace con el apoyo abierto y directo de todo el Caribe, e indirecto de USA, comprometiendo además cuantiosos recursos pesqueros de gran valor, más allá de las enormes reservas de petróleo liviano y gas que hay en la zona.
Pero el problema no termina allí. De hecho, lo más grave de lo explicado por Garavini y Belandria es que Guyana ha proyectado una fachada atlántica propia a partir de la costa del Esequibo que invade de manera inequívoca nuestro mar territorial y plataforma continental en la zona del Delta, lo cual constituye, sin duda, la amenaza más grave que se cierne sobre nuestro territorio en la actualidad.
Sin embargo, ante esta inaceptable actitud violatoria de nuestra soberanía, este Gobierno que se dice nacionalista no tiene una postura firme y clara. No hay campañas publicitarias para sensibilizar al país, ni se recogen firmas para que se deroguen las concesiones. Por el contrario, en un acto de vulgar entreguismo, el gobierno venezolano mira a los lados, y tan sólo se limita a mandarle carticas a las empresas que reciben las concesiones, en lugar de enviar contundentes notas de protesta al Estado que las otorga.
Decía la improvisada canciller de Maduro que le había “leído la cartilla” al Embajador de España en estos días. Esto, porque el Congreso de ese país (así como los de Chile y Colombia) recientemente exigió la liberación de los presos políticos en Venezuela. Para estos casos la canciller si habla de injerencia y violación de soberanía, pero es un manso cordero respecto a Guyana, que nos está arrebatando el territorio. Así de entreguista y antinacionalista es esta “revolución” que se envuelve en el tricolor nacional para adversar a sus enemigos ideológicos, pero no para combatir a los violadores de nuestro suelo.
Eso es traición a la Patria.

Cipriano Heredia       
cipriano.heredia@gmail.com  
@CiprianoHeredia   

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jueves, 16 de abril de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., PASÓ LA CUMBRE ¿Y NUESTRA ECONOMÍA QUÉ?


Pasada la VII Cumbre de las Américas (de la cual es evidente concluir que Maduro y su improvisada canciller fueron los grandes perdedores a pesar de su retórica gradilocuente y sus supuestas firmas, mientras que Raúl Castro y Obama fueron los claros ganadores con su política de diálogo bilateral), el foco de la opinión pública nacional vuelve a centrarse sobre los problemas internos. Dentro de ellos destaca lógicamente el que más perturba a todo el país y para el cual el Gobierno no tiene soluciones, sino que, por el contrario, parece ser poseedor de un infalible recetario para profundizarlo aceleradamente con consecuencias terribles que van dejando el constante sabor de que siempre estamos llegando al fondo de un precipicio económico.

Es así como el primer trimestre del año vuelve a cerrar sin cifras oficiales de inflación (política de oscurantismo con el que se pretende ocultar la realidad), pero todo el mundo siente la imparable alza de precios en todos los productos. En este campo, a pesar de la ausencia mencionada de data oficial por parte del BCV en la materia, algunas personas e instituciones reconocidas ofrecen cálculos propios con cifras alarmantes. Es así como el CENDA, por ejemplo, reporta que la canasta básica familiar superó hace varias semanas los Bs. 30 mil mensuales, con lo cual el alza anualizada en este medidor supera ya el 100%. De igual forma, nuestro estimado amigo y reputado profesional de la ciencia económica Jesús Casique estima que la inflación acumulada en lo que va de 2015 puede estar rozando el 30%, estimación que proyectada a todo el año ratificaría el vaticinio de todos los economistas serios de que la inflación en 2015 superará el 100%. Esto último no sólo es confirmado por el Bank of America, sino que su más reciente proyección nos ubica en un aterrador 174% para este año, con lo cual Venezuela se adentra en la temida hiperinflación.

Pero la crisis no se queda allí. La escasez es la otra cara horrible de lo que vivimos los venezolanos. Ésta y la inflación se retroalimentan además simultáneamente. Los productos escasos suben de precio, entre otras cosas, porque la gente está dispuesta a pagar más por ellos cuando los encuentra, por un lado, y por el otro los consumidores compran todo lo que pueden cuando hay porque no saben cuando volverán a ver lo que consumen, pero también porque tienen la certeza de que será a mayor precio la próxima vez.

Pero la inflación no es la causa de la escasez, sino que lo es la sistemática destrucción del aparato productivo nacional con su ineludible repercusión en la oferta interna de bienes. La productividad nacional fue parcialmente sustituida por importaciones que se podían pagar con una abultada chequera petrolera, que hoy en día está tan menguada, que el Gobierno decide hasta limitar el miserable cupo electrónico de $300 al año, a ser usado ahora en 3 partes iguales; así como prohibir asignar dólares en efectivo a los viajeros mayores de edad que van al exterior. No obstante, la paradoja es que no elimina las tasas ficticias de Bs. 6,30 y Bs. 12,00, que explican buena parte del problema que tenemos. La insensatez es lo que impera.

Mientras tanto, la gente sigue haciendo las indignantes colas para conseguir lo que necesita y se somete a los humillantes mecanismos de las captahuellas, números de cédulas y hasta marcas en la piel para poder hacer mercado. La situación empeora sensiblemente y la prensa de fin de semana recoge que sólo quedan $ 2 mil millones de reservas líquidas, lo cual apenas cubre 2 semanas de importaciones.

No obstante lo anterior, la corrupción y desfachatez no tienen límite. El Gobierno decide emprender una expendiosa campaña en propaganda oficialista “nacionalista” contra USA mientras guarda silencio ante las burdas acciones de Guyana, a la par que también le regala a los Castro un cargamento de baldosas por casi $2 millones que bastante falta nos hacen para resolver los problemas de nuestro pueblo. Pronto también aumentará la gasolina, pero a Cuba le seguirá regalando petróleo.

Es indispensable que el país entienda y reaccione frente a lo que ocurre. No hemos llegado al fondo y siempre podremos estar peor. La conciencia nacional activa puede procurar un cambio constitucional.

Cipriano Heredia       
cipriano.heredia@gmail.com   
@CiprianoHeredia

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sábado, 14 de marzo de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., SALARIO DE $20 Y MAXIDEVALUACIÓN

A finales de noviembre de 2014 el país se convulsionó cuando el dólar paralelo sobrepasó la barrera de los Bs.100/$. Muchos sacaron la cuenta correcta de que haber llegado a ese nivel significaba que nuestro billete de mayor valor (Bs. 100), era igual al de menor denominación de USA ($1). De hecho, tomando en cuenta el salario mínimo aún vigente en ese momento, éste se ubicaba en el orden de los 30 dólares mensuales, lo cual significaba que los venezolanos que devengaban un salario de ese nivel subsistían con apenas $1 diario, que a su vez los ubicaba en el umbral de la pobreza extrema según los criterios de la ONU. 

Inmediatamente el Gobierno aumentó el salario mínimo a Bs. 4.889,11 a partir del 01 de diciembre para paliar la situación ante semejante deterioro económico, pero el dólar paralelo siguió su camino, y el año cerró amenazando con tocar los Bs. 200. 

Semanas más tarde, cuando finalmente los alcanzó, nuestro billete más valioso pasó entonces a ser la mitad del menos valioso de USA, y el salario mínimo se ubicaba en apenas $24,44, con lo cual quienes de eso viven pasaron a estar ya metidos de cabeza en la pobreza extrema. Nuevamente el Gobierno aumentó el salario mínimo a Bs. 5.622,47 a partir del 01 de febrero de 2015, intentando otra vez contener la desesperación de nuestra clase trabajadora. Pero ni eso, ni el nuevo esquema cambiario anunciado ese mes, lograron frenar la caída indetenible del valor de nuestra moneda, la cual se ha llegado a cotizar en más de Bs. 280/$ en días recientes, significando esto que el salario mínimo se encontraría ahora en unos $20 dólares mensuales, es decir, sólo a la par de la miseria de Cuba en el continente.
Lo anterior significa en pocas palabras que los venezolanos hemos sufrido en los últimos meses el proceso de empobrecimiento más rápido, masivo y brutal de toda nuestra historia, y que cada vez que el gobierno se jacta de decir que ha aumentado el salario decenas de veces en la última década y media, lo único que está haciendo es reconocer la pérdida sistemática del poder adquisitivo del bolívar. Si los precios no aumentaran como aumentan en esta economía enferma que padece la inflación más alta del mundo (aún con cifras oficiales maquilladas), no haría falta aumentar los sueldos compulsivamente cada tres o cuatro meses. Así de sencillo es.
Dicho esto, recordemos también que cuando Hugo Chávez tomó el poder el 02 de febrero de 1999, el tipo de cambio estaba exactamente en Bs. 573,88/$ (fuente: www.monedasdevenezuela.net) y que luego se le quitaron tres ceros a la moneda, por lo que Bs. 280 de hoy, son en realidad Bs. 280.000 de los de antes en términos nominales. Es decir, hay que dividir 280 entre 0,573 o 280.000 entre 573 para saber cuánto se ha devaluado en realidad nuestra moneda. Pues bien, agárrese duro amigo lector: el bolívar ha perdido su valor frente al dólar 488 veces desde el 02 de febrero de 1999 hasta el sol de hoy. Es decir, la devaluación de nuestra moneda es de 48.800%. Simplemente doloroso y hasta difícil de asimilar.
Estamos claros en que todas estas cuentas están hechas sobre la base del dólar paralelo, el cual ciertamente responde a coyunturas especulativas y otros factores que lo contaminan, por lo que son relativas, pero también es cierto que, independientemente de que el Gobierno no lo acepte como un referente, el dólar paralelo es el único que los venezolanos pueden adquirir de manera rápida y fácil. De hecho, el dólar a Bs. 6,30 es sólo para mantener un discurso y para que unos pocos hagan negocio, el de la tasa SICAD sólo se puede adquirir cuando se viaja o se usa el cupo electrónico, lo cual es cada vez más difícil, y el SIMADI, que se suponía vendría a resolver los problemas y a “pulverizar” el dólar paralelo, no funciona porque el Gobierno no inyecta divisas a la oferta y pretende que sean los particulares quienes cubran la demanda. Es decir, es válido sacar cuentas a dólar paralelo porque simplemente es el que se consigue. Y en dado caso, si a la tasa SIMADI vamos (Bs.177/$), la devaluación sería de más de 30.000%, lo cual no es ningún consuelo. Nuestra moneda cada vez vale menos y con nuestros salarios cada vez se compra menos, aunque éstos aumenten en montos brutos.
Dicho esto reiteramos una vez más que el Gobierno no asoma ninguna señal de rectificación, a pesar de la claridad en el fracaso e inviabilidad del modelo económico. No asume, ni lo hará, que para salir de este hueco y enrumbar al país hacia la prosperidad debe devolverle la autonomía al Banco Central y acabar con la práctica de emisión de dinero inorgánico, desmontar los controles, respetar el derecho de propiedad, impulsar la libre empresa y abrir el país a la inversión privada y la competitividad, sin que el Gobierno pierda por ello su capacidad de regular ciertas cosas y supervisar el proceso de desarrollo con buen criterio. De hecho, el gobierno luce aferrado a la supuesta “guerra económica” como excusa y justificación de su errada política económica que piensa mantener aunque la gente muera de hambre por la inflación y la escasez, las cuales se alimentan además mutuamente.
Desde esta tribuna reiteramos que no habrá cambio de modelo económico sin cambio de gobierno, por lo que insistimos en que es válido seguir trabajando en ello en el marco de la Constitución, a la par que atendemos el escenario de las elecciones parlamentarias, a las cuales debemos concurrir unidos y con ánimo de victoria. Pero no es perder el tiempo mantener la protesta de calle y presionar al Gobierno exigiendo la renuncia de un Presidente que simplemente ha arruinado al país. Ojalá para ello también hubiese Unidad.
Cipriano Heredia S.
cipriano.heredia@gmail.com   
@CiprianoHeredia          

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viernes, 6 de marzo de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., ¿CONSPIRACIÓN O ANTICIPACIÓN RESPONSABLE?

El sábado 10 de enero del presente año, el Directorio del Centro Popular de Formación Ciudadana (CPFC) redactó e hizo público un comunicado que tuvo gran impacto en las redes sociales, que contiene un balance de la dramática situación que vive el país y concluye con la exigencia de renuncia de Nicolás Maduro, la cual se erige como una solución constitucional válida, legítima y oportuna ante la severa crisis que atraviesa Venezuela. Este llamado se realizó además con urgencia, por cuanto nos parece evidente que el vertiginoso declive del régimen, aunado a la desesperación creciente de la mayoría de la población frente a la hiperinflación y la asfixiante escasez de bienes de primera necesidad, pueden llevar a episodios no deseados como un estallido social o un golpe militar, que serían desastrosos para el país con consecuencias incalculables. De allí que la renuncia surge como un mecanismo idóneo que permite una salida inmediata dentro del marco de la Constitución (tal y como le venía sosteniendo María Corina Machado), que no requiere además de firmas, planillas o procedimientos, y que conduce en un plazo perentorio a una nueva elección presidencial.
Sobre la base de un análisis y conclusiones similares, los líderes del movimiento denominado el año pasado como “La Salida”, hicieron unos días más tarde una declaración conjunta que apuntaba en la misma dirección, señalando que, dadas las circunstancias, la renuncia sería una opción para Maduro dada su manifiesta incapacidad y en aras de no seguir dañando al país. De igual forma, en esos mismos días los partidos Causa R y COPEI plantearon propuestas para acelerar un cambio de Gobierno, siempre en el marco de la Constitución. También numerosos articulistas y generadores de opinión se unieron a este sentir y, en general, el debate sobre la renuncia de Maduro tomó cuerpo en la opinión pública, a pesar de todas las limitaciones que hoy tenemos en el país para expresarnos libremente.
Es así como surge entonces el Acuerdo Nacional para la Transición, suscrito por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López, los tres líderes de la Alternativa Democrática que más han calado y crecido en respaldo popular en el último año según todas las encuestas. En este documento se insiste en los argumentos evidentes de que la crisis sigue profundizándose y que el gobierno luce incapaz de resolverla, por lo que, ante la posibilidad de un desplome abrupto que pueda alterar la paz de la República, es indispensable echar las bases de una transición pacífica y democrática que permita mantener el orden y el hilo constitucional, además de apuntar hacia la reconstrucción nacional. No hay en ninguna parte llamados a golpes de Estado o búsqueda de atajos. Se trata de la constatación de una realidad que está a la vista de todos, complementada con una propuesta que, por el contrario, tiene como objetivo evitar que las aguas se salgan del cauce.     
Pero al Gobierno le dolió demasiado este documento que lo pone al desnudo, así como la audaz entrevista que Leopoldo López le dio a Fernando del Rincón por CNN y que fue transmitida el día que cumplió un año de estar injustamente detenido. El efecto de ambas cosas era demasiado para este régimen deslegitimado y moribundo, por lo que se decidió avanzar un paso en el guión de la represión y detuvieron arbitrariamente al Alcalde Ledezma. Esta medida tiene, desde nuestra óptica, dos objetivos muy claros: seguir sembrando miedo en la población en general y los activistas políticos en particular, por un lado, y desviar la atención sobre los graves temas económicos y sociales, por el otro.
En dado caso, es pertinente destacar aquí la improcedencia clara del delito de conspiración. No sólo por las razones obvias que se han destacado de que se trata de un documento publicado en prensa, explicado en declaraciones, etc., sino por el elemento medular de que no hay ninguna intención velada o expresa de destruir la forma republicana de Gobierno establecida en la Constitución. Por el contrario, quienes suscriben este acuerdo han luchado y siguen luchando por restablecer la forma republicana de gobierno, ya que quienes nos gobiernan acabaron con la división de los Poderes, la libertad de expresión, el respeto a la disidencia, la aceptación de la pluralidad de ideas, la administración de Justicia y, en fin, crearon prácticamente una suerte de monarquía de carácter totalitaria al margen de la Constitución.
Dicho esto, el llamado es a organizarnos tanto para las elecciones parlamentarias como para seguir protestando por la crisis y la ineficacia gubernamental al tiempo que exigimos la renuncia de Maduro. La alternativa democrática debe, como bien dijo Ledezma, atender el escenario electoral y prepararse para ganar los próximos comicios parlamentarios, pero también es pertinente que discuta y empuje la posibilidad de exigir al unísono dicha renuncia. A eso le añadimos desde esta tribuna que para que esta iniciativa tenga éxito, debemos impulsarla unidos, resteados y en la calle.

Cipriano Heredia Soltero
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domingo, 15 de febrero de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., MADURO, EL SHERIFF

El Gobierno tiene meses ya con la cantaleta de la supuesta “guerra económica”, nombre con el cual el régimen empaqueta y pretende justificar la tremenda escasez de bienes y la altísima inflación que sufrimos todos los venezolanos. La realidad es que, como todos sabemos, esta terrible situación no es otra cosa que la consecuencia de la errada política económica que se ha desarrollado en la última década y media, y que, entre otras cosas, implicó la expropiación de más de 1300 empresas, la confiscación de más de 4 millones de hectáreas, el cierre de más de medio millón de compañías y al menos 8 mil industrias, a la par de la imposición y sostenimiento de un fatídico control de cambio que se erige en principal factor distorsionador de toda la economía, y un irracional control de precios que a veces obliga incluso a vender productos por debajo de su costo de producción.

Ante este panorama, que este año ha hecho recrudecer las largas y humillantes colas frente a los establecimientos que expenden alimentos, medicinas, baterías, artefactos eléctricos y muchos otros productos, el Gobierno ha decidido ir más allá del ataque a las empresas, pasando a una nueva fase de coacción directa a los propios empresarios, ya no sólo con ofensas y amenazas, sino con persecución y hasta encarcelamiento. En este insólito capítulo, Maduro ha reconocido públicamente que él mismo “ordenó” la detención de los directivos de Farmatodo y de la cadena Día a Día, lo cual no sólo es una pésima señal para los inversionistas, sino un exabrupto jurídico que viola abiertamente la Constitución y las Leyes.
Esta conducta aberrante del Gobierno en general y de Nicolás Maduro en particular, demuestra además la poca comprensión que el régimen tiene sobre el tema económico. La intoxicación ideológica es tal, que pareciera que no logran entender que con represión y amenazas no se reactiva el aparato productivo, y que no hay algo más cobarde que el dinero. Cada espectáculo de este tipo no hace sino alejar a cualquier incauto inversionista que aún pudiera pensar que en este país vale la pena invertir dinero, tiempo y confianza. De hecho, la agresión no es sólo contra los directivos de las cadenas de medicinas y alimentos, sino que se ha extendido también a representantes gremiales, como el Dr. Rosales, quien en nombre de la Asociación de Clínicas, ha venido denunciando la crisis de todo el sector salud, que pasa por la falta de insumos y medicinas, así como por un enorme deterioro de la infraestructura y funcionamiento hospitalario.
Frente a esta grave crisis que nos consume a todos, no podemos dejar de insistir en ser propositivos y señalar cuál es el camino para superarla. Primero porque debe quedar claro que en la alternativa democrática si tenemos un proyecto de país y propuestas concretas; y segundo porque es importante que la gente entienda que el Gobierno lo hace mal porque se empeña en seguir por el camino equivocado, y no porque no tenga opciones para rectificar. En este sentido, como esquema alterno, volvemos a plantear la unificación cambiaria, el desmontaje gradual de los controles de cambio y precios, la devolución de empresas y fincas a sus legítimos dueños, la restitución de la autonomía del BCV, el respeto absoluto al derecho de propiedad, el control del gasto público y la erradicación de la mala práctica de emitir dinero inorgánico (principal causa de la inflación). Todo ello, aunado al rescate de PDVSA, la cual debe volver al esquema de eficiencia y meritocracia que la llevó a ser la segunda petrolera del mundo.
No obstante, ya sabemos que el Gobierno es ciego y sordo, y que Maduro últimamente actúa como un Sheriff del lejano oeste. Por eso, ahora que se acerca el carnaval, tal vez alguien de su entorno esté pensando en regalarle un chalequito, una estrella y un revólver -como los que usaba John Wayne-, para que se disfrace completo y mate fiebre encarcelando líderes políticos, estudiantes, empresarios y dirigentes gremiales.
Urge provocar pronto un cambio de gobierno en el marco de la Constitución. Venezuela no aguanta más tanta miseria de todo tipo.
CIPRIANO HEREDIA S.
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domingo, 8 de febrero de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., AL LADO DE CAP AQUEL 4F

Al cumplirse 23 años de la fatídica intentona golpista que abrió la puerta para que llegasen luego al Poder quienes han destruido a Venezuela durante los últimos 16 años, y convencido como estoy de que nuestro pueblo está próximo a corregir ese error histórico provocando pronto un cambio de gobierno en el marco de la Constitución, ofrezco a mis lectores la nueva versión de este artículo publicado en 2012 con motivo del XX aniversario de esta controversial fecha, y cuyo propósito fundamental es crear consciencia histórica en las nuevas generaciones a través de mi propia vivencia en aquel episodio, del que fui testigo de excepción siendo un inquieto joven activista político:
Transcurría la noche del 3-F de 1992 con absoluta normalidad en casa de mis padres. Pasó la hora de la cena, la del noticiero y la de la novela de la época y, entre las 10 y 11:00 pm, uno tras otro fuimos retirándonos a nuestra respectiva habitación. Al día siguiente seguía la cotidianidad, que en mi caso consistía en ir a trabajar como asistente del Magistrado José Rafael Mendoza en el entonces Consejo de la Judicatura, mientras esperaba mi acto de grado de Abogado en la UCV. Pero de repente el teléfono repica casi a la medianoche y ocasiona el alboroto y la expectativa que ese tipo de llamadas suelen provocar. Era mi tía Velma Soltero de Ruán, quien vivía en un edificio de Chuao y desde su ventana presenciaba atónita cómo un grupo de soldados intentaba tomar La Carlota, librándose en ese momento un duro enfrentamiento entre éstos y los que defendían la base área.
Inmediatamente hacemos llamadas, pero casi nadie sabe nada a esa hora. La mayoría de quienes contactamos se están enterando por nosotros, hasta que logro comunicarme con la casa del Dr. Pedro París Montesinos -para entonces Presidente del Congreso Nacional- y hablo con una de sus hijas, quien me informa que está en marcha un golpe de Estado y el Presidente ha tenido que salir de Miraflores. También hay fuego cruzado en La Casona y se reportan alzamientos en varios sitios del país. Le pregunto por su papá y me dice que está en casa recibiendo y haciendo llamadas. Para esa hora reina la incertidumbre. Nadie sabe a ciencia cierta dónde está el Presidente, ni se maneja con exactitud la magnitud de la conjura.
Cuelgo el teléfono y sin pensarlo mucho me visto y me dirijo a la casa de París Montesinos, poniéndome a la orden para cualquier cosa que se pueda hacer para resguardar la democracia. A los pocos minutos, cerca de la 1:00 am, el Dr. París decide salir y nos vamos en un solo carro con un chofer, un escolta y las placas cambiadas, rumbo a la casa del Senador Lewis Pérez, a la que se dirigen otros líderes adecos.
A los pocos minutos de estar en su casa, Lewis Pérez recibe la noticia de que el Presidente está en Venevisión, e inmediatamente partimos a la estación de La Colina. En plena subida nos interceptan varios soldados. Afortunadamente son tropas leales que están custodiando ya el canal. Al entrar, CAP ya ha transmitido su primer mensaje. Hacen presencia también los dirigentes copeyanos Eduardo Fernández, Gustavo Tarre y Luis Alberto Machado, así como muchos líderes de AD. Una señora que está presente -seguramente esposa de algún dirigente-, le pregunta a CAP angustiada: "Presidente, cuénteme: ¿cómo se escapó de Miraflores?" Y CAP le responde con picardía y en su muy particular estilo: "Pues, cómo uno se escapa de esas cosas". Luego de lo cual le brinda una breve y tranquilizadora sonrisa.
Al rato CAP transmite un segundo mensaje, éste un poco más formal y sereno. Atrás una cortina negra y la bandera nacional. El Presidente luce sobrio y circunspecto, y ordena en tono grave a los insurrectos, previa referencia a su carácter de Comandante en Jefe de las FFAA, rendirse de inmediato y deponer las armas.
Ya sobre las 4:00 am uno de los oficiales que está presente recibe una llamada e inmediatamente le pasa el enorme celular -tipo ladrillo- al Presidente, anunciándole que se trata del general Oviedo. CAP toma el teléfono, saluda y escucha al general como por 20 segundos, le hace un par de preguntas, e inmediatamente nos informa a todos los presentes que Miraflores ha sido retomado por tropas leales al Gobierno y que parte inmediatamente hacia el Palacio.
El carro de la presidencia del Congreso lleva esta vez al Dr. París acompañado de un par de dirigentes de AD. Nos toca irnos juntos a Luis Emilio Rondón, Liliana Hernández, el ex ministro Luis Alberto Machado y a mí, que para entonces era apenas un muchacho de 23 años, que acababa de entregar la Presidencia del Centro de Estudiantes de Derecho en la UCV.
La insólita caravana de más o menos 12 vehículos, en la que no va ni un solo carro con placas oficiales ni militares, se desplaza con precaución por la Cota Mil hasta alcanzar la Av. Baralt, la cual bajamos parcialmente, luego nos metimos a la derecha en una esquina y cruzamos a la izquierda hacia abajo en otra, para finalmente desembocar frente a la “Prevención 1”: la puerta principal del Palacio sobre la Av. Urdaneta.
Al llegar a Miraflores el espectáculo no podía ser más lamentable. Se escuchan tiros aún a lo lejos, pasan frente a nosotros varios soldados insurgentes detenidos con las manos en la cabeza, hay un charco de sangre considerable frente al pasillo que conduce al interior del Palacio, y dos soldados leales ponen en orden sobre la acera el armamento incautado a los rebeldes.
Adentro las cosas no son diferentes. Al caminar por los pasillos es inevitable pisar pedacitos de escombros que han quedado regados por todos lados. Muchos charcos de sangre, huellas de disparos en casi todas las columnas, paredes y puertas, incluyendo la del Despacho Presidencial. Me asomo a la Sala de Edecanes y está el ministro Ochoa Antich en traje de campaña dando instrucciones por teléfono, y sale por la puerta del Despacho a recibir al Presidente el ministro Ávila Vivas, quien ha llegado minutos antes.
A partir de ese momento Miraflores empieza a llenarse de gente. Todo el mundo político se da cita en Palacio, y los medios toman por asalto el escenario con el amanecer. A las 08:00 am el Dr. París me indica que nos retiramos. Debe prepararse para la sesión del Congreso que ratificará la suspensión de garantías que el Presidente está decretando en ese momento.
Acudo a su llamado y me subo tras él en el carro en que comenzó nuestro periplo de esa noche, no sin antes recoger del piso uno de los muchos casquillos de FAL detonados en aquel recinto esa noche, el cual guardo celosamente como excepcional recuerdo de la terrible experiencia que Venezuela vivió aquella madrugada, y cuyos nefastos efectos se han extendido hasta el sol de hoy.
*Diputado de la Unidad al Consejo Legislativo de Miranda y Directivo del CPFC
Cipriano Heredia S.,
cipriano.heredia@gmail.com
@CiprianoHeredia  

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sábado, 31 de enero de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., ¿NOSOTROS A RAMO VERDE O UDS. A LA HAYA?

Ya para finales del año pasado, el piso del tablero internacional empezaba a moverse con fuerza para el debilitado gobierno de Nicolás Maduro. Su mayor aliado político y principal receptor de nuestra beneficencia petrolera, Cuba, dejó atrás más de 50 años de pugna con los Estados Unidos y llegó a un acuerdo pragmático que comienza con el levantamiento del bloqueo en lo económico, pero que marca también el inicio formal de la transición política hacia la democracia. Frente a esto, un sorprendido Maduro no pudo sino celebrar la “victoria” de Cuba y reconocer la “valentía” de Obama. Pero todos sabemos de que se trata esto: es el fin de un modelo político-económico que se extingue con la ancianidad de los Castro y con la merma del subsidio venezolano. ¡En Cuba el show no continuará!
Luego de ello, Maduro salió en una gira mendicante por China y los países OPEP del Medio Oriente que incluyó su capítulo de vacación familiar navideña. En China no obtuvo un préstamo sino algunas promesas de nuevas inversiones controladas por ellos mismos, pues no confían en la honestidad del gobierno venezolano, y en el medio oriente no encontró receptividad –salvo en Irán- a su planteamiento de reducir oferta para hacer aumentar los precios del petróleo. Es decir, se vino con las tablas en la cabeza.
Con estos dos duros reveses geopolíticos a cuestas, el averiado barco de la revolución con Maduro en el timón empieza ahora a recibir otros torpedos desde diversos sitios de altamar, que complican aún más su situación (todo ello sin referirnos al motín de una parte de la tripulación y la creciente tensión que se vive entre los pasajeros dentro del barco). En este sentido, por un lado, los ex presidentes demócratas del continente parecen estar decididos a alzar su voz y salir en defensa de las libertades mínimas que deben existir en cualquier país; y por el otro, estallan diversos escándalos de corrupción y narcotráfico que involucran a cabezas muy poderosas y visibles del régimen.
En cuanto a lo primero, quien esto escribe tuvo la oportunidad de asistir al reciente foro celebrado en Caracas con tres ex presidentes latinoamericanos, organizado por María Corina Machado, David Smolansky y Antonio Ledezma. En él, los antiguos mandatarios dejaron mensajes muy claros, que van desde el optimismo que debemos mantener en esta etapa de la lucha, hasta poner las cosas en su sitio respecto a quien es quien con relación al narcotráfico. A grosso modo, resumiría la posición de los tres con estas frases de sus discursos: 1) Pastrana llamó “paisano” a Maduro y le recordó que él fue un secuestrado de Pablo Escobar Gaviria, por lo que vincularlo al narcotráfico es simplemente ridículo, y además destacó que Maduro es un aliado de Ernesto Samper, de quien dijo haber sido el vehículo usado por el narcotráfico para comprar la presidencia de Colombia en su momento; 2) Calderón expresó textualmente: “vine a solidarizarme no sólo con la oposición, sino con todo el pueblo de Venezuela que pasa hambre, hace largas colas para adquirir bienes, encuentra todo cada vez más caro, padece la delincuencia y sufre”; y Piñera sostuvo con mucha fuerza que “la defensa de la democracia no tiene fronteras… A la idea de hacer posible una Venezuela enteramente libre, le ha llegado su hora”. Vale la pena destacar que todos los ex presidentes coincidieron en señalar que “la no violencia activa” es el camino que debe seguir la lucha para recuperar la libertad en Venezuela.
Y en cuanto al segundo elemento, el mismo lunes 26 de enero explotaron dos bombazos noticiosos internacionales: por un lado, el ex embajador panameño Willy Cochez señaló que Aristóbulo Isturiz tiene una cuenta en Suiza que asciende a casi 10 millones de dólares; y por el otro, mucho más grave y delicado, el ex subsecretario de Estado de USA, Roger Noriega, asegura que a ese país habría llegado un oficial venezolano que formó parte de la seguridad del mismísimo Chávez, y quien tendría pruebas de que Diosdado Cabello sería el Jefe del llamado “cartel de los soles”, pieza fundamental del narcotráfico internacional. Este oficial, según la prensa, sería un testigo protegido por la DEA en una causa que sigue la Fiscalía Federal norteamericana.
Hay que recordar que hace poco USA revocó visas a varios altos jerarcas de la revolución por violación a Derechos Humanos y vínculos con el narcotráfico, así como que también el año pasado el General Carvajal fue retenido en Aruba por las mismas razones, aunque luego la petrochequera venezolana lo salvara de la extradición. Paralelamente, no hay que olvidar que en la Haya y la ONU hay varios procesos y hasta decisiones sobre Venezuela relativos a los DDHH, uno de ellos sobre la ilegítima prisión de Leopoldo López.
En conclusión, si yo fuera el Vicepresidente Jorge Arreaza no estaría de fanfarrón ofreciendo celdas a los demócratas que nos atrevemos a protestar, sino que estaría muy preocupado por las celdas que le esperan a muchos jefes rojos rojitos, bien sea en USA por narcotráfico, o en la Haya por violadores de DDHH. Tal vez al propio Jorgito le espere una. ¿Quién sabe?

Cipriano Heredia S.
cipriano.heredia@gmail.com
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domingo, 18 de enero de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., RENUNCIA DE MADURO Y NUEVAS ELECCIONES

CIPRIANO HEREDIA S.
Nuestra Venezuela atraviesa actualmente una de las crisis más profundas y complejas de toda su historia, la cual se refleja en todos los ámbitos de la vida nacional golpeando y afectando de manera severa la calidad de vida de todos los ciudadanos y el funcionamiento mismo de la República.

En el campo económico, hemos culminado por segundo año consecutivo con la inflación más alta del mundo, padecemos la escasez de bienes y servicios más pronunciada de nuestra historia, el desempleo y el subempleo se han apoderado de nuestra realidad laboral tras el cierre de más de medio millón de empresas y de miles de industrias, la escandalosa deuda pública adquirida hipoteca nuestro futuro, y nuestra principal industria, PDVSA, está prácticamente quebrada y desviada de su principal función. En esta situación, nos hemos convertido en un país absolutamente dependiente de las importaciones, las cuales se financiaron en los últimos años con un enorme ingreso petrolero, que hoy en día ha disminuido a la mitad, producto de la sensible baja del precio del crudo en los últimos meses, lo cual compromete seriamente el suministro de bienes de primera necesidad para consumo de nuestro pueblo y complica aún más la crisis.

En el campo social el panorama no es mejor. Venezuela exhibe una de las tasas de homicidios más altas del planeta, al tiempo que los sistemas de salud y educación han colapsado dramáticamente tanto en su infraestructura como en su funcionamiento, la falta de vivienda, seguridad y oportunidades desespera a la población, especialmente a los más jóvenes, de los cuales cientos de miles han optado por irse del país buscando un mejor ambiente para constituir sus familias y desarrollarse profesionalmente, dando lugar a una dolorosa fuga de talentos en una nación que otrora fue receptora de inmigrantes que venían buscando un mejor destino. El sensible deterioro de la infraestructura nacional, así como la pésima calidad de importantes servicios como los de agua y electricidad, se suman para aumentar el calvario que padecemos los venezolanos.

En el terreno político, el régimen ha acentuado su talante autoritario con una sistemática violación de los Derechos Humanos, llevando adelante miles de detenciones arbitrarias, practicando la tortura y desplegando todo un aparataje de terror y persecución contra la disidencia política. En este momento hay decenas de presos políticos en Venezuela, y nuevamente comienza una ola de represión desmedida en medio del ambiente convulsionado en el que se encuentra el país, que nos ha llevado a estar viviendo un atípico comienzo de año, dominado por largas colas a las puertas de los mercados, trifulcas por la desesperación de los consumidores, situaciones de saqueo y algunas protestas que evidencian la indignación colectiva. A esta situación se une la sensible merma de las Libertades Públicas, como las de expresión, información y manifestación, así como la profundización del secuestro de todas las instituciones del Estado y la consecuente parcialización política de éstas, todo lo cual configura un cuadro dictatorial.

Denunciamos ante el país que esta grave y desafiante situación es consecuencia de la aplicación de un modelo que es absolutamente inviable por parte de quienes hoy gobiernan, y que sólo pudo ser mantenido en la última década y media sobre la base de una enorme factura petrolera, por un lado, y de un hiperliderazgo carismático, por el otro, que ya no existen. Es necesario entender que el sistema ha colapsado en todos los aspectos por su propia naturaleza, y quien está al frente del Estado es absolutamente incapaz y carece de las herramientas personales, políticas, éticas e intelectuales para superar tan severa crisis. De hecho, las medidas anunciadas y los esfuerzos que el Presidente y su gobierno hacen actualmente, son absolutamente insuficientes para resolver los problemas de fondo y sólo buscan tapar el enorme hueco fiscal que se ha abierto en el presupuesto nacional, para mantener un irresponsable nivel de gasto público que hoy se financia con dinero inorgánico, causa principal de la inflación.

En función de todo lo anterior, preocupados por el clima de tensión creciente que se apodera de la población, pero al mismo tiempo convencidos de que Venezuela necesita urgentemente un cambio de gobierno dentro de la Constitución antes de que puedan darse salidas de fuerza u otros escenarios indeseables, estamos exigiendo desde el Centro Popular de Formación Ciudadana (CPFC) la renuncia inmediata de Maduro y la consecuente aplicación del artículo 233 constitucional, que obliga a convocar nuevas elecciones en un plazo perentorio. Los venezolanos podemos así tener una transición democrática y la oportunidad de darnos un nuevo gobierno que lleve al país hacia la reconciliación nacional bajo un nuevo modelo político, basado en el respeto a la Constitución y las Leyes y el impulso de la descentralización, así como un nuevo modelo socio-económico basado en la productividad nacional, el respeto al derecho de propiedad, la coordinación entre el Estado y el sector privado en aras del desarrollo del país y la creación de riqueza, la eficiencia gubernamental y la prestación de servicios de calidad.

Cipriano Heredia Soltero
cipriano.heredia@gmail.com     
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viernes, 16 de enero de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., RENUNCIA DE MADURO Y NUEVAS ELECCIONES

CIPRIANO HEREDIA S.
Nuestra Venezuela atraviesa actualmente una de las crisis más profundas y complejas de toda su historia, la cual se refleja en todos los ámbitos de la vida nacional golpeando y afectando de manera severa la calidad de vida de todos los ciudadanos y el funcionamiento mismo de la República.

En el campo económico, hemos culminado por segundo año consecutivo con la inflación más alta del mundo, padecemos la escasez de bienes y servicios más pronunciada de nuestra historia, el desempleo y el subempleo se han apoderado de nuestra realidad laboral tras el cierre de más de medio millón de empresas y de miles de industrias, la escandalosa deuda pública adquirida hipoteca nuestro futuro, y nuestra principal industria, PDVSA, está prácticamente quebrada y desviada de su principal función. En esta situación, nos hemos convertido en un país absolutamente dependiente de las importaciones, las cuales se financiaron en los últimos años con un enorme ingreso petrolero, que hoy en día ha disminuido a la mitad, producto de la sensible baja del precio del crudo en los últimos meses, lo cual compromete seriamente el suministro de bienes de primera necesidad para consumo de nuestro pueblo y complica aún más la crisis.
En el campo social el panorama no es mejor. Venezuela exhibe una de las tasas de homicidios más altas del planeta, al tiempo que los sistemas de salud y educación han colapsado dramáticamente tanto en su infraestructura como en su funcionamiento, la falta de vivienda, seguridad y oportunidades desespera a la población, especialmente a los más jóvenes, de los cuales cientos de miles han optado por irse del país buscando un mejor ambiente para constituir sus familias y desarrollarse profesionalmente, dando lugar a una dolorosa fuga de talentos en una nación que otrora fue receptora de inmigrantes que venían buscando un mejor destino. El sensible deterioro de la infraestructura nacional, así como la pésima calidad de importantes servicios como los de agua y electricidad, se suman para aumentar el calvario que padecemos los venezolanos. 
En el terreno político, el régimen ha acentuado su talante autoritario con una sistemática violación de los Derechos Humanos, llevando adelante miles de detenciones arbitrarias, practicando la tortura y desplegando todo un aparataje de terror y persecución contra la disidencia política. En este momento hay decenas de presos políticos en Venezuela, y nuevamente comienza una ola de represión desmedida en medio del ambiente convulsionado en el que se encuentra el país, que nos ha llevado a estar viviendo un atípico comienzo de año, dominado por largas colas a las puertas de los mercados, trifulcas por la desesperación de los consumidores, situaciones de saqueo y algunas protestas que evidencian la indignación colectiva. A esta situación se une la sensible merma de las Libertades Públicas, como las de expresión, información y manifestación, así como la profundización del secuestro de todas las instituciones del Estado y la consecuente parcialización política de éstas, todo lo cual configura un cuadro dictatorial.
Denunciamos ante el país que esta grave y desafiante situación es consecuencia de la aplicación de un modelo que es absolutamente inviable por parte de quienes hoy gobiernan, y que sólo pudo ser mantenido en la última década y media sobre la base de una enorme factura petrolera, por un lado, y de un hiperliderazgo carismático, por el otro, que ya no existen. Es necesario entender que el sistema ha colapsado en todos los aspectos por su propia naturaleza, y quien está al frente del Estado es absolutamente incapaz y carece de las herramientas personales, políticas, éticas e intelectuales para superar tan severa crisis. De hecho, las medidas anunciadas y los esfuerzos que el Presidente y su gobierno hacen actualmente, son absolutamente insuficientes para resolver los problemas de fondo y sólo buscan tapar el enorme hueco fiscal que se ha abierto en el presupuesto nacional, para mantener un irresponsable nivel de gasto público que hoy se financia con dinero inorgánico, causa principal de la inflación.
En función de todo lo anterior, preocupados por el clima de tensión creciente que se apodera de la población, pero al mismo tiempo convencidos de que Venezuela necesita urgentemente un cambio de gobierno dentro de la Constitución antes de que puedan darse salidas de fuerza u otros escenarios indeseables, estamos exigiendo desde el Centro Popular de Formación Ciudadana (CPFC) la renuncia inmediata de Maduro y la consecuente aplicación del artículo 233 constitucional, que obliga a convocar nuevas elecciones en un plazo perentorio. Los venezolanos podemos así tener una transición democrática y la oportunidad de darnos un nuevo gobierno que lleve al país hacia la reconciliación nacional bajo un nuevo modelo político, basado en el respeto a la Constitución y las Leyes y el impulso de la descentralización, así como un nuevo modelo socio-económico basado en la productividad nacional, el respeto al derecho de propiedad, la coordinación entre el Estado y el sector privado en aras del desarrollo del país y la creación de riqueza, la eficiencia gubernamental y la prestación de servicios de calidad.
Cipriano Heredia Soltero
cipriano.heredia@gmail.com     
@CiprianoHeredia

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