BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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domingo, 18 de enero de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., RENUNCIA DE MADURO Y NUEVAS ELECCIONES

CIPRIANO HEREDIA S.
Nuestra Venezuela atraviesa actualmente una de las crisis más profundas y complejas de toda su historia, la cual se refleja en todos los ámbitos de la vida nacional golpeando y afectando de manera severa la calidad de vida de todos los ciudadanos y el funcionamiento mismo de la República.

En el campo económico, hemos culminado por segundo año consecutivo con la inflación más alta del mundo, padecemos la escasez de bienes y servicios más pronunciada de nuestra historia, el desempleo y el subempleo se han apoderado de nuestra realidad laboral tras el cierre de más de medio millón de empresas y de miles de industrias, la escandalosa deuda pública adquirida hipoteca nuestro futuro, y nuestra principal industria, PDVSA, está prácticamente quebrada y desviada de su principal función. En esta situación, nos hemos convertido en un país absolutamente dependiente de las importaciones, las cuales se financiaron en los últimos años con un enorme ingreso petrolero, que hoy en día ha disminuido a la mitad, producto de la sensible baja del precio del crudo en los últimos meses, lo cual compromete seriamente el suministro de bienes de primera necesidad para consumo de nuestro pueblo y complica aún más la crisis.

En el campo social el panorama no es mejor. Venezuela exhibe una de las tasas de homicidios más altas del planeta, al tiempo que los sistemas de salud y educación han colapsado dramáticamente tanto en su infraestructura como en su funcionamiento, la falta de vivienda, seguridad y oportunidades desespera a la población, especialmente a los más jóvenes, de los cuales cientos de miles han optado por irse del país buscando un mejor ambiente para constituir sus familias y desarrollarse profesionalmente, dando lugar a una dolorosa fuga de talentos en una nación que otrora fue receptora de inmigrantes que venían buscando un mejor destino. El sensible deterioro de la infraestructura nacional, así como la pésima calidad de importantes servicios como los de agua y electricidad, se suman para aumentar el calvario que padecemos los venezolanos.

En el terreno político, el régimen ha acentuado su talante autoritario con una sistemática violación de los Derechos Humanos, llevando adelante miles de detenciones arbitrarias, practicando la tortura y desplegando todo un aparataje de terror y persecución contra la disidencia política. En este momento hay decenas de presos políticos en Venezuela, y nuevamente comienza una ola de represión desmedida en medio del ambiente convulsionado en el que se encuentra el país, que nos ha llevado a estar viviendo un atípico comienzo de año, dominado por largas colas a las puertas de los mercados, trifulcas por la desesperación de los consumidores, situaciones de saqueo y algunas protestas que evidencian la indignación colectiva. A esta situación se une la sensible merma de las Libertades Públicas, como las de expresión, información y manifestación, así como la profundización del secuestro de todas las instituciones del Estado y la consecuente parcialización política de éstas, todo lo cual configura un cuadro dictatorial.

Denunciamos ante el país que esta grave y desafiante situación es consecuencia de la aplicación de un modelo que es absolutamente inviable por parte de quienes hoy gobiernan, y que sólo pudo ser mantenido en la última década y media sobre la base de una enorme factura petrolera, por un lado, y de un hiperliderazgo carismático, por el otro, que ya no existen. Es necesario entender que el sistema ha colapsado en todos los aspectos por su propia naturaleza, y quien está al frente del Estado es absolutamente incapaz y carece de las herramientas personales, políticas, éticas e intelectuales para superar tan severa crisis. De hecho, las medidas anunciadas y los esfuerzos que el Presidente y su gobierno hacen actualmente, son absolutamente insuficientes para resolver los problemas de fondo y sólo buscan tapar el enorme hueco fiscal que se ha abierto en el presupuesto nacional, para mantener un irresponsable nivel de gasto público que hoy se financia con dinero inorgánico, causa principal de la inflación.

En función de todo lo anterior, preocupados por el clima de tensión creciente que se apodera de la población, pero al mismo tiempo convencidos de que Venezuela necesita urgentemente un cambio de gobierno dentro de la Constitución antes de que puedan darse salidas de fuerza u otros escenarios indeseables, estamos exigiendo desde el Centro Popular de Formación Ciudadana (CPFC) la renuncia inmediata de Maduro y la consecuente aplicación del artículo 233 constitucional, que obliga a convocar nuevas elecciones en un plazo perentorio. Los venezolanos podemos así tener una transición democrática y la oportunidad de darnos un nuevo gobierno que lleve al país hacia la reconciliación nacional bajo un nuevo modelo político, basado en el respeto a la Constitución y las Leyes y el impulso de la descentralización, así como un nuevo modelo socio-económico basado en la productividad nacional, el respeto al derecho de propiedad, la coordinación entre el Estado y el sector privado en aras del desarrollo del país y la creación de riqueza, la eficiencia gubernamental y la prestación de servicios de calidad.

Cipriano Heredia Soltero
cipriano.heredia@gmail.com     
@CiprianoHeredia

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viernes, 16 de enero de 2015

CIPRIANO HEREDIA S., RENUNCIA DE MADURO Y NUEVAS ELECCIONES

CIPRIANO HEREDIA S.
Nuestra Venezuela atraviesa actualmente una de las crisis más profundas y complejas de toda su historia, la cual se refleja en todos los ámbitos de la vida nacional golpeando y afectando de manera severa la calidad de vida de todos los ciudadanos y el funcionamiento mismo de la República.

En el campo económico, hemos culminado por segundo año consecutivo con la inflación más alta del mundo, padecemos la escasez de bienes y servicios más pronunciada de nuestra historia, el desempleo y el subempleo se han apoderado de nuestra realidad laboral tras el cierre de más de medio millón de empresas y de miles de industrias, la escandalosa deuda pública adquirida hipoteca nuestro futuro, y nuestra principal industria, PDVSA, está prácticamente quebrada y desviada de su principal función. En esta situación, nos hemos convertido en un país absolutamente dependiente de las importaciones, las cuales se financiaron en los últimos años con un enorme ingreso petrolero, que hoy en día ha disminuido a la mitad, producto de la sensible baja del precio del crudo en los últimos meses, lo cual compromete seriamente el suministro de bienes de primera necesidad para consumo de nuestro pueblo y complica aún más la crisis.
En el campo social el panorama no es mejor. Venezuela exhibe una de las tasas de homicidios más altas del planeta, al tiempo que los sistemas de salud y educación han colapsado dramáticamente tanto en su infraestructura como en su funcionamiento, la falta de vivienda, seguridad y oportunidades desespera a la población, especialmente a los más jóvenes, de los cuales cientos de miles han optado por irse del país buscando un mejor ambiente para constituir sus familias y desarrollarse profesionalmente, dando lugar a una dolorosa fuga de talentos en una nación que otrora fue receptora de inmigrantes que venían buscando un mejor destino. El sensible deterioro de la infraestructura nacional, así como la pésima calidad de importantes servicios como los de agua y electricidad, se suman para aumentar el calvario que padecemos los venezolanos. 
En el terreno político, el régimen ha acentuado su talante autoritario con una sistemática violación de los Derechos Humanos, llevando adelante miles de detenciones arbitrarias, practicando la tortura y desplegando todo un aparataje de terror y persecución contra la disidencia política. En este momento hay decenas de presos políticos en Venezuela, y nuevamente comienza una ola de represión desmedida en medio del ambiente convulsionado en el que se encuentra el país, que nos ha llevado a estar viviendo un atípico comienzo de año, dominado por largas colas a las puertas de los mercados, trifulcas por la desesperación de los consumidores, situaciones de saqueo y algunas protestas que evidencian la indignación colectiva. A esta situación se une la sensible merma de las Libertades Públicas, como las de expresión, información y manifestación, así como la profundización del secuestro de todas las instituciones del Estado y la consecuente parcialización política de éstas, todo lo cual configura un cuadro dictatorial.
Denunciamos ante el país que esta grave y desafiante situación es consecuencia de la aplicación de un modelo que es absolutamente inviable por parte de quienes hoy gobiernan, y que sólo pudo ser mantenido en la última década y media sobre la base de una enorme factura petrolera, por un lado, y de un hiperliderazgo carismático, por el otro, que ya no existen. Es necesario entender que el sistema ha colapsado en todos los aspectos por su propia naturaleza, y quien está al frente del Estado es absolutamente incapaz y carece de las herramientas personales, políticas, éticas e intelectuales para superar tan severa crisis. De hecho, las medidas anunciadas y los esfuerzos que el Presidente y su gobierno hacen actualmente, son absolutamente insuficientes para resolver los problemas de fondo y sólo buscan tapar el enorme hueco fiscal que se ha abierto en el presupuesto nacional, para mantener un irresponsable nivel de gasto público que hoy se financia con dinero inorgánico, causa principal de la inflación.
En función de todo lo anterior, preocupados por el clima de tensión creciente que se apodera de la población, pero al mismo tiempo convencidos de que Venezuela necesita urgentemente un cambio de gobierno dentro de la Constitución antes de que puedan darse salidas de fuerza u otros escenarios indeseables, estamos exigiendo desde el Centro Popular de Formación Ciudadana (CPFC) la renuncia inmediata de Maduro y la consecuente aplicación del artículo 233 constitucional, que obliga a convocar nuevas elecciones en un plazo perentorio. Los venezolanos podemos así tener una transición democrática y la oportunidad de darnos un nuevo gobierno que lleve al país hacia la reconciliación nacional bajo un nuevo modelo político, basado en el respeto a la Constitución y las Leyes y el impulso de la descentralización, así como un nuevo modelo socio-económico basado en la productividad nacional, el respeto al derecho de propiedad, la coordinación entre el Estado y el sector privado en aras del desarrollo del país y la creación de riqueza, la eficiencia gubernamental y la prestación de servicios de calidad.
Cipriano Heredia Soltero
cipriano.heredia@gmail.com     
@CiprianoHeredia

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martes, 22 de abril de 2014

ARTURO MOLINA, ILEGALIDAD LEGAL,

Las decisiones políticas venidas desde la óptica del gobierno nacional contra la disidencia, están cargadas de visos de ilegalidad, quienes amparados en las jefaturas de la institucionalidad controlada y partidista, terminan estableciéndose como legales, al imponer sanciones sin posibilidad de ser rebatidas por la parte afectada, violando lo establecido en la Constitución Nacional y demás Leyes; vulnerando el estado de derecho.
         
Quebrar la posibilidad de ascenso al poder de un liderazgo distinto al que lo ostenta, ha sido la norma en estos quince años de gobierno nacional; el encarcelamiento (secuestro) del alcalde legítimo de San Cristóbal (Táchira) Daniel Ceballos, y el del municipio San Diego (Carabobo) Enzo Scarano,  es muestra fehaciente de tal exabrupto jurídico. Acusarles fraudulentamente de los hechos acontecidos en la protesta estudiantil y de la sociedad, es pretender ocultar la verdad de la crisis económica-política-social, develada a través de la irreverencia juvenil.
         
El llamado inmediato a nuevas elecciones por parte del C.N.E. es la respuesta a establecer como legal la ilegalidad de la decisión; dejar de participar en ellas sería regalar el espacio de lucha. El gobierno juega a desmoralizar la alternativa democrática, y apunta sin rodeos, a defenestrar del poder a sus adversarios políticos, dándoles tratamiento como enemigos de guerra, para sembrar el miedo y el terror en el colectivo social.
         
Seleccionar el candidato idóneo para enfrentar el abuso de poder del gobierno, obliga a sentarse en una mesa con cabeza fría y madurez política a los variados sectores de la alternativa democrática, y establecer el mecanismo de esa elección, bien por consulta popular (primarias, encuestas), o bien por consenso, pero jamás por imposición.
         
La lucha política y social es por el restablecimiento del sistema de libertades; propiedad privada; desarrollo económico, social y familiar; autonomía institucional; justicia para todos; combate a la corrupción; respeto a las decisiones del pueblo.  

El oficialismo pretende imponer el sistema colectivista; racionamiento alimentario y a la privacidad familiar; crecimiento de la pobreza intelectual y material. El diálogo es en extremo fundamental en la disidencia política, y el mismo debe ser de carácter incluyente, para aunar esfuerzos al retorno de la legalidad al servicio de la sociedad.

Josue Arturo Molina Suarez
jarturomolina@gmail.com
@jarturoms1

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lunes, 9 de septiembre de 2013

CARLOS BLANCO , "EL CHAVISMO, QUE ATRIBUYE LA DEBACLE A LA GESTIÓN, CLAMARÍA POR NUEVAS ELECCIONES...", TIEMPO DE PALABRA

NICOLÁS A LA INTERMPERIE, Y LLUEVE

Hace rato que el régimen perdió la mayoría electoral, pero lo notable ahora es la ruina política en la que se encuentra eso que, con indulgencia, llaman el gobierno de Maduro. Los estudios de opinión expresan su hundimiento catastrófico. No esa cosa mutante de la popularidad, carrusel de esperanzas de los políticos, sino de algo más profundo, denso y calamitoso: la defunción de un proyecto que no da de sí, que se estiró, se volvió a estirar, se corrompió y se hizo pedazos: ahora ni el alcohol lo desinfecta ni el formol lo conserva.

Los estudios de opinión más recientes, los que trabajan con el Gobierno, los que trabajan con la oposición, los que trabajan un ratico aquí y otro allá, reflejan igual fenómeno: Nicolás Maduro no da la talla, el Gobierno estalla en mil pedazos, el apoyo se desvanece. Lo curioso es que si se apela a la matemática nicolástica, no es el descontento de la "mitad mayoritaria" en contra de la roja "mitad minoritaria", sino que superada en cierta medida la polarización superficial, se trata de todo país enfrentado a un régimen que no da pie con bola, que se equivoca todo el tiempo y se engolosina con el desastre.

El país chavista ha llegado a una constatación simple que de tan obvia se había pasado por alto: Nicolás no es Chávez; no porque Chávez haya hecho obra útil, sino porque podía barnizar sus naufragios y hacerlos aparecer como turismo de aventura en el Mar de los Sargazos.

El cataclismo de opinión pública del Gobierno es difícilmente reversible. Podría ocurrir, porque nada es imposible, pero sus probabilidades son pequeñas. Nicolás ni habla con sindéresis ni se calla con prudencia; ni hace algo que se pueda reconocer como positivo ni deja de insultar.

Dejó de ser Maduro en el intento de ser Chávez y se paralizó a medio camino, como una mezcla de los barones del proceso, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y Pedro Carreño, con su pizca de Jorge Giordani. Nicolás quedó atrapado en las experimentadas garras de los mayoristas del chavismo. Ni avanza con la fantasía proletaria (y se lo reclaman), ni retrocede con el pragmatismo de los náufragos (no lo dejan), ni sabe dónde está el Norte, tampoco por dónde sale el sol. Perdió esa cosa bonita que tenía, la ignorancia en banderola, para sustituirla por la sabiduría borbónica, de los que ni aprenden ni olvidan.

POCAS OPCIONES.

Ante el desastre, las ocurrencias desesperadas abundan: reflotar la tesis del magnicidio; luego breves incursiones en las culpas de la IV República; hasta llegar al argumento según el cual los opositores tienen la capacidad de sabotear el sistema eléctrico. Los propagandistas del régimen no advierten que esas proposiciones implican, respectivamente, que el país está tan inseguro que Nicolás tiene miedo; que el último gobierno fue el de Chávez y que las culpas allí están sembrada (nadie se acuerda de la "IV República"); y, finalmente, que si la oposición tiene músculo para apagar la luz también lo tendría para apagar el gobierno. Todas estas son bobadas provenientes del desespero.

Las opciones oficialistas ante esta situación son dramáticas. No es desconocer que eventualmente se pueda sacar de la manga una medida milagrosa, esta vez con el reparto de más panes (Nicolás: no sumes peces y panes en una sola palabra; no es sano para la salud) que podría ser facilitado por el incremento del ingreso petrolero generado por la crisis Siria. Sin embargo, si se proyecta la situación que hoy existe, hay que convenir en que ya los rojos no tienen mayoría política ni electoral; la posibilidad de que vuelvan a perder las elecciones se incrementa; y en la hipótesis de que la oposición gane las elecciones y no haya fraude es obvio que lo que sigue es la petición de renuncia de Maduro, tanto por parte de chavistas decepcionados como de los demócratas, o que se produzca un tsunami para la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente que llamaría a nuevas elecciones presidenciales.

El Gobierno sabe que eso es lo que ocurriría. El propio chavismo, que ya atribuye la debacle actual a la gestión del madurismo-leninismo, clamaría por nuevas elecciones presidenciales para probar con el insumergible Diosdado Cabello o con algunos de los aspirantes alternos como José Gregorio Vielma Mora, Rafael Ramírez o con quien hace campaña a diario, el ministro Miguel Rodríguez Torres.

Ante ese panorama considerado inaceptable por Nicolás y su entorno cercano, las otras dos opciones son las de un fraude más descomunal que los anteriores o la suspensión de las elecciones. Ambas situaciones conducirían a una crisis que, por ahora, no parece tener cauces institucionales viables.

Es posible que estos tiempos sean demasiado largos para la situación que vive el país; el gobierno espera desde hace unos meses un "estallido social" y debe poseer mucha más información que la que se puede obtener a través de los asfixiados medios de comunicación. Pero en la calle se siente el latido de la furia; el ciudadano común está de a toque.

LA OPOSICIÓN.

Por ahora, la oposición mayoritaria está centrada en las elecciones. Allí se ha garantizado una apreciable unidad electoral de los partidos, con temas pendientes que podrían ser solventados con algún talento y menos autosuficiencia. Lo que no existe es una dirección política que se plantee el tema del poder, que nadie se lo va a quitar a Maduro pero parece que se le va a caer entre los dedos de tanto manoseo y desperdicio. El poder pareciera que a corto plazo va a estar en la calle, desparramado, sin que los que lo han tenido puedan conservarlo y sin que los opositores más conspicuos se propongan recogerlo.

Nunca es de descartar que el gobierno pueda intentar rehacer el juego, mediante la represión o, al contrario, mediante una audaz política de alianzas. Sin embargo, la represión tiene sus límites y las alianzas, por su lado, requieren un cambio de políticas que, hasta la fecha, se le ha hecho imposible a Nicolás (él dice que quiere) por el chantaje que tiene a su izquierda.

Entre el precio del petróleo y la exasperación social se mueve el corto plazo. Sin considerar que se oye el resuello del descontento cívico-militar por el entreguismo gubernamental a Guyana, tanto en el territorio en reclamación como en la fachada atlántica.

La convocatoria a nuevas elecciones presidenciales para subsanar las consecuencias del fraude y para restablecer la democracia poco a poco se constituye de nuevo en objetivo de los factores democráticos. Es una vía pacífica y constitucional que se obtendría mediante la Constituyente o con la generosa colaboración de Nicolás, si coopera con su renuncia para avanzar en la transición. Lo que no parece posible es que el statu-quo se prolongue por seis años. Por cierto, nuevas elecciones también serían una vía para que los chavistas escojan su candidato presidencial con la libertad que el finado les negó.

Twitter @carlosblancog

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domingo, 30 de diciembre de 2012

PEDRO PAÚL BELLO. QUIEN PRIMERO HABLÓ DE HACER NUEVAS ELECCIONES FUE CHÁVEZ

Poco a poco, Diosdado Cabello, connotado jefe de uno de varios grupos de derecha dentro del chavismo ha ido construyendo un “enemigo” inventado, a propósito de la posible “situación sobrevenida” del próximo 10 de enero. Ese enemigo construido artificialmente, es, como siempre, la oposición democrática. 
“La oposición anda enloquecida queriendo hacer nuevas elecciones presidenciales, porque la derecha interpreta como le da la gana las leyes”. Esas fueron, palabras más, palabras menos, su más reciente intervención.
En realidad, como todos recordamos, fue el presidente Hugo Chávez quien recordó y reafirmó la norma constitucional de hacer nuevas elecciones presidenciales en la recordada “cadena” del sábado 8 de diciembre pasado: 
“si se presentara alguna circunstancia sobrevenida, así dice la Constitución, que a mí me inhabilite (…) para asumir el nuevo período para el cual fui electo por ustedes (…) en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales”. Y de inmediato propuso a sus partidarios que eligieran como presidente a Nicolás Maduro.
Y es que en efecto, como lo advirtió Chávez la Constitución establece una norma para los casos que un presidente electo no esté en posibilidad de asumir el mandato el 10 de enero de su primer año del período para el cual fue electo. Y esa norma es convocar nuevas elecciones presidenciales. No es una interpretación caprichosa de nadie. Así está escrito. Seguramente Chávez lo recordó para enfatizar como lo hizo (“mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total…”) su voluntad de que el candidato del PSUV fuera Nicolás Maduro y no otro.
¿Qué ha hecho la Mesa de Unidad (MUD), eje central de coordinación de la oposición democrática venezolana? ¿Qué han hecho sus dirigentes? Varias cosas y entre ellas: 
1. Hacer votos porque el presidente Chávez recupere su salud. Sin dejar de ser opositores rotundos de su gobierno, le desean el bien como ser humano. Votar a favor del permiso parlamentario para el viaje. 
2. Ser prudentes y no adelantarse a nada. Menos que menos jugar “posición adelantada”. 
3. En privado, y eso es clave, ir tomando las medidas para cualquier escenario de modo que, como dijo Ramón Guillermo Aveledo, “ninguna gripe nos agarre sin pañuelo”. 
4. Reclamar la falta de información clara y transparente acerca de la situación de salud del Presidente y en especial la falta de un informe médico.
A los jerarcas del PSUV, y en entre ellos a Cabello, sin dudas, no le hace gracia esa actitud inteligente de la MUD. Por eso inventaron una pelea por la fecha del 10 de enero. Quizás también como parte de sus luchas internas por el poder pero sobre todo para crear una oposición a la medida de sus deseos. 
Pasado el 16 D, logrados los votos, ya no rezan ni hacen misas. ¡Cómo se ve que no eran sinceros y sólo buscaban votos! Pero igual, necesitan decirles a sus votantes que “la oposición es mala y no les duele la salud de Chávez”. Justo lo que muchos de ellos han hecho, justo lo contrario de lo que la MUD y sus líderes -entre ellos Capriles- han hecho, pero igual lo inventan.
ppaulbello@gmail.com

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