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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA

martes, 15 de octubre de 2013

SAÚL GODOY GÓMEZ, POLÍTICA EXTERIOR CHAVISTA,

Ese nombre tan rimbombante de “pluripolar” era el mejor disfraz para ocultar la verdadera intensión de Chávez con respecto al mundo, que no era otra que la imposición del “otro imperio”, el de los suyos, el de los que pensaban como él, de los que creían que el mundo industrial-capitalista había fracasado y que ahora le tocaba el turno a los países del hambre, a las ex-colonias, al tercer mundo, a los socialistas integrados como bloque, a los gobiernos del fundamentalismo islámico, a los hombres fuertes del autoritarismo mesiánico.
¿Y cuál era su pensamiento? Era sencillo: llegó la hora de la justicia planetaria, de invertir los papeles y entregarle el testigo del nuevo orden mundial a una especie de politburó, a la usanza del modelo estalinista en la Rusia comunista; su fantasía de un orden rojo mundial admitía la fórmula maoísta, la de las dictaduras de la Europa del Este antes de la caída del muro de Berlín, el comunismo agrario de Polt Pot, de los zapatistas, de los Sin Tierra, , la de los regímenes autoritarios de África, como el de Idi Amín o el del hermano Gadafi, y por supuesto el castro comunismo, que lo alimentaba ideológicamente.
Chávez carecía de imaginación política, aunque audaz y frontal con sus posiciones, toda ella era una colcha de retazos de muchos pensamientos amalgamados en la licuadora de su cabeza, y reflejaba un profundo resentimiento en contra del orden mundial que regía los destinos del mundo.
El resorte que movía sus discursos y acciones era la filosofía de la liberación, la del oprimido que tenía la oportunidad de insultar y enredarle la vida a su enemigo. Era la filosofía del esclavo Espartaco en contra del imperio romano. Toda su argumentación, su dignidad, justificación ética, sentido de justicia provenían de un centro, él era un oprimido, “un pata en el suelo” y billones como él, que son mayoría en el mundo, sabían que les había llegado la hora de su venganza, porque en el fondo, lo que lo movía era el odio, no el amor que proclamaba a los cuatro vientos.
Y con esa actitud no había muchas opciones, “o estás conmigo o en mi contra”.  Su política exterior se resumía a un simple listado de países amigos o enemigos, de socios y aliados, si podía sonsacarlos y llevárselos a su lado, bien, si no, que se atuvieran a las consecuencias.
Bajo ese patrón diseñó una política de estado, de oportunidades y amenazas, de fortalezas y debilidades, que respondían a su interés de ser reconocido como líder de ese otro orden mundial, aunque eso significara – ahora estamos viviendo las consecuencias – que el país y sus prioridades quedaran en el olvido. Su estrategia de acaparar el foco de atención de la opinión pública resultó, trató de acostumbrar a sus relacionados a la “política de micrófonos”, Chávez resolvía todo ante las cámaras de televisión - de esa manera se ahorraba, evadía, el tener que contar con un cuerpo diplomático de carrera y profesional - sus asuntos los arreglaba en sus maratónicos viajes alrededor del mundo, de manera personal, mirándose a los ojos con el otro, como tanto le gustaba.
Aprovechó de hacer rodar rumores, información falsa, infundios y fantasías sobre su persona, entre ellos el emparentarse con los héroes de las guerras federales, hizo de su intento de golpe de estado un acto de justicia social, se presentó como el responsable del aumento del petróleo en el mundo al inicio de su mandato, dijo que cuando le dieron el golpe de estado, el “pueblo” fue a rescatarlo y restituirlo en la presidencia, presumió de que nunca perdía una elección, se autoproclamó sucesor de Fidel… en fin, que gracias a su esfuerzo Venezuela podía lucir los mejores índices de calidad de vida y progreso ante el mundo.
Esa intensa campaña de RRPP le valió que muchas puertas se le abrieran, su figura de rebelde y pendenciero gustaba en muchos lugares, donde la gente, aburrida por jefes de estado convencionales, saboreaba las declaraciones disonantes de este personaje exótico.
Esa forma de manejar los asuntos externos del país también le permitió que unos hombres grises e incapaces, que sólo obedecían órdenes, tuvieran el rango de cancilleres de la república. Sin una Cancillería preparada y atenta al desarrollo de una agenda nacional, siguiendo la pista de eventos y compromisos que venían de muy atrás en el tiempo, se descuidó políticas que concernían a las fronteras, al comercio exterior, a tratados internacionales que iban en curso de colisión con las políticas del líder, se desatendió juicios y demandas donde la nación tenía mucho que perder.
El mundo era su ostra, Venezuela le quedaba pequeña, es por ello que hizo suyo el lema que lanzó el comunista Ignacio Ramonet, en su pasquín Le monde Diplomatic, “Salvar el Planeta”, esa era su gran misión.
Si, por un lado, la figura del presidente Chávez era un éxito mediático en el mundo, en términos de la Real Politic era un fracaso, el país se hizo más vulnerable, reaccionando a las situaciones, aislándose progresivamente de la comunidad internacional, sin instituciones, sin un marco legal confiable, convirtiéndose en un socio poco confiable e impredecible.
Pero era una política exterior sumamente costosa, Chávez creía tener en su puño a una serie de países - que eran votos a su favor en los organismos internacionales - como clientes, países vasallos que por petróleo y dólares saltaban, daban vueltas o se hacían los muertos.  De esa manera, por 13 años de mandato, desangró y arruinó al país, pues no sólo eran ayudas costosas para infraestructuras, sino créditos y compra de deuda y bonos de países amigos que terminaban en cuantiosas pérdidas para el tesoro nacional.
El gran premio para los gobiernos que siguieran su línea eran los grandes pedidos de productos para exportar a Venezuela, compitiendo deslealmente con los productores nacionales y trancando las posibilidades de desarrollo interno del país. Sacrificó, incluso, la independencia alimentaria de su propio pueblo para dar inicio a una peligrosa economía de puertos; nos hizo, como nunca, dependientes de la renta petrolera, entregando nuestra soberanía a otros países.
No sólo cambió de manera drástica nuestra exitosa estructura de mercado petrolero, sino que sacó a la república de la participación de importantes pactos y foros regionales y mundiales, y nos impuso otros acuerdos donde se sentía más cómodo. ¿Quién no recuerda las “cumbres paralelas”, cercanas a las reuniones de mandatarios, que su entorno le preparaba y los “foros alternativos” que se corrían paralelamente a las actividades institucionales de los gobiernos? Llenaba estadios con “los pueblos sin voz” para, en interminables discursos, torpedear y descalificar los esfuerzos de los países de occidente. Cómo le gustaba retar a las potencias capitalistas y sus estrategias militares, rompiendo cercos y zonas de seguridad para reunirse con los enemigos del imperio, que era la red mundial de déspotas que imaginaba, serían los herederos del nuevo mundo.
Separar el culto a su persona de los intereses del país fue un labor harto difícil, le gustaba rodearse de escritores, artistas - una parte de Hollywood se rindió a sus pies, - indudablemente se trataba de una “star” del jet set internacional, pero, en realidad, ¿Representaba los intereses de nuestro país? Hasta su muerte fue convertida en un evento del mass media, rodeada de secretos, trucos, desinformación… el combustible de la vida se le acabó sin lograr lo que se proponía.
Su legado fue una Latinoamérica confundida, más dividida que nunca, con organismos multilaterales debilitados, con nuevas organizaciones que responden a oscuros designios, que en vez de ayudar a la convivencia regional se dedican a crear conflictos, despertó un populismo clientelar y agresivo, volvió a poner la palabra revolución en la boca de mucha gente que necesita paz y trabajo, revolvió el militarismo y lo puso a competir con la sociedad civil.
Y mientras Venezuela cae en barrena, en medio de una espantosa crisis económica y social, el orden mundial parece haber cambiado muy poco. Chávez montó su acto sobre nuestras cabezas y lo que dejó, sobre nosotros, ni huele ni se siente bien. – 

saulgodoy@gmail.com

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JOSE LUIS MENDEZ LA FUENTE, YO NO QUIERO PUEBLO

La palabra pueblo  en frases como “Hoy tenemos pueblo”, “Yo no pido la reelección, quien la pide es el pueblo”, “Yo estaré aquí hasta que Dios quiera y hasta que el pueblo mande”, “Yo ya no soy yo. Yo soy el pueblo", “iré con el pueblo a recuperar Sidor” o “Llamo al pueblo a no tolerar la corrupción”,  etc., ha sido la muletilla, el estribillo, el comodín para llenar y rellenar todos los discursos, peroratas y mensajes presidenciales, en estos tres lustros de gobierno  chavista.


Identificarse con el pueblo y apoderarse luego de su alma, es uno de los recursos políticos más antiguos y eficaces que el mundo conoce. No todo el mundo puede hacerlo, se requiere liderazgo y carisma, pero sobre todo que una parte de la sociedad se sienta disminuida, menospreciada o ignorada en todos los sentidos, con respecto al resto, que permita su manipulación. 

Es la esencia misma del populismo como fase corrompida de la democracia; eso que los antiguos griegos conocieron como demagogia. Aunque el pueblo no es propiamente una masa, se comporta casi siempre como si lo fuera, llevado de un lado para otro por su líder. 

Puede ser tan maleable y dócil que en algunos casos, e incluso por un periodo de tiempo largo, puede comportarse como un rebaño de ovejas siguiendo a su guía, hasta el punto que durante el despotismo ilustrado, en pleno siglo XVIII, el paternalismo de la monarquía hacia su pueblo era de una naturaleza tal, que un lema de la época lo expresaba  de un modo lapidario: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Frase que muy bien pudiera aplicarse a la Venezuela  actual.

Chávez  se jactó, durante los últimos catorce años,  de gobernar siguiendo la voluntad del pueblo y de hacerlo todo en su nombre. Un pueblo  que se asemeja a un títere movido por los hilos de su amo, que no solo vota cuando se lo piden por el gobierno de turno, sino que es capaz de hacer interminables colas para comprar harina o aceite, esperar horas para tomar un transporte público que lo lleve a su casa después del trabajo, que se resigna a un aumento de salario por partes, que no le alcanza para cubrir tan siquiera la inflación, o que tiene que sufrir el maltrato de los funcionarios públicos cuando acuden a un ministerio u organismo cualquiera a solicitar información o ayuda, no se diga justicia. 

Ese es el mismo pueblo que se conforma  con lo que le  dan, pero que no reclama lo que le corresponde. Y esa es la diferencia que aún no se ha hecho en algunos países, entre ellos los nuestros hispanoamericanos. Hay que empezar a desarrollar el concepto de ciudadanía y a darle vida en desmedro del de pueblo; un concepto complejo, ambiguo a veces, que en todo caso se presta para  ser manoseado y adulterado.

Por eso, yo no quiero pueblo.  Prefiero, en su lugar, hablar de ciudadanos; es decir, hombres y mujeres con derechos y obligaciones. Personas que sepan que es la ley la que los hace iguales y les da la fuerza para reclamar y pedir. Que conozcan por qué y cuándo  exigir y  no mendigar las migajas, que les caen a veces de la mesa repleta. Actuar si, pero por impulso propio, no a control remoto, porque alguien los empuja o engatusa.

Se hace necesario pasar del pueblo soberano,  concepto sentimental, pero que como masa informe, abstracta, no tiene derechos, a la  ciudadanía que se concreta y particulariza en todos y cada uno de los individuos con derechos y deberes que la constituyen, esto es, en los ciudadanos. Cuando esto ocurra, si no logramos un cambio profundo en la cultura política del país, al menos dejaremos de escuchar tanta tontería, de tanto pueblo.

  Xlmlf1@gmail.com

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SUSANA MORFFE, NACE Y MUERE LA CENSURA, ENTRE CIELO Y TIERRA,


“El bien de la comunidad es mayor y más divino que el bien de uno solo”.  Aristóteles

Con la creación del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesspa) cuyo objetivo es controlar noticias, viene a reaparecer la enemiga número uno del periodismo, como en otras partes del mundo: la censura. La legislación venezolana tiene suficiente materia jurídica que normaliza la actividad informativa, pero cuando se asoma una nueva estrategia sobre la materia, nadie duda en pensar que se trata de un ataque a lo establecido, por ejemplo, en la constitución venezolana.

El fenómeno se da, particularmente, cuando los gobiernos se sienten amenazados por la prensa, cuando esconden algo o simplemente no quieren obstáculos para sus acciones gubernamentales, las cuales, al ser descubiertas y divulgadas, ponen en riesgo la gestión política dirigida a controlar el área social y económica del país. Gobernar para todos y con amplia aceptación es la meta a la que ningún gobernante ha logrado llegar, si las intenciones desvían el propósito de mantener en condiciones favorables y equitativas a la nación.

De tal manera que los más perjudicados, además de los medios y sus periodistas, es el pueblo que tiene el derecho consagrado a tener información veraz y oportuna. Para el periodista su método de trabajo consiste en recoger información verbal y visual que le permita llevar al público la noticia ampliamente, por lo tanto, hay hechos que tienen injerencias en la actividad social como los casos de  corrupción y narcotráfico.

Con el nacimiento del Cesspa no se podrá entonces divulgar que 800 contenedores declarados en abandono legal en Puerto Cabello tienen alimentos, que las narcomaletas pasan por correaje y escáner y nadie ve nada. Así como también, que la radioterapia privada colapsa por los hospitales, los alimentos escasos y por las nubes debido a la inflación, los motorizados imponen la ley del más fuerte y finalmente, quiebra del Puerto Libre y periódicos que cierran por falta de divisas, entre otras tantas deformaciones de la vida diaria.

El monitoreo que tendrá el nuevo organismo ha levantado el pronunciamiento del Colegio Nacional de Periodistas, Espacio Público, Reporteros Sin Fronteras y expertos de la docencia, por el carácter de reserva de las informaciones, las cuales serán interpretadas por una Dirección Política-Militar de la Revolución Bolivariana, cuando considere que “alteran el nivel estratégico de la nación, asociada a la actividad enemiga interna o externa”.

Así como en Estados Unidos con Obama y en Ecuador con Correa, las relaciones del gobierno venezolano con la prensa son tan malas que recurren a obstaculizar el trabajo de los reporteros para inundar al público con mensajes que solo favorecen al gobierno. Después de estar tan devaluada la riesgosa profesión del periodista, con este nuevo organismo se atenta peligrosamente el ejercicio profesional del periodismo y lesiona el derecho de informar por parte de los medios y el de todos a estar informados. Pero no solo es la intención, lo que se evidencia es el propósito de preservar las actuaciones de un grupo hegemónico de la sociedad venezolana.

La ruta que se va marcando para desaparecer a la prensa, refleja la inestabilidad que existe en el país y se utiliza para ello la información y así dejar solamente una radio, una televisión y un panfleto como el “Gramma” de Cuba. De lo que si podemos estar seguros es que, digan lo que digan, finalmente los gobernantes y su “sabiduría” terminaran en nada ¿Por qué no lo aceptan?

Susana Morffe
@susanamorffe
www.desdelaisla.hazblog.com

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GONZALO PALACIOS G., EL “BUDÚ” EN VENEZUELA, OTRO ASPECTO DE LA DICTRAICIÓN CHAVISTA

“Vamos a ver si me aguanta esta copla en la que miento las Tres Divinas Personas, la Virgen y San José con su santo Niño en brazos.
Se oye un alarido espantoso, de rabia y de quemaduras de brasa viva en la carne, ruedan por el suelo las maracas y en el rincón junto al arpa, donde estaba el cantador, se desvanece en el aire una humareda de azufre. Y la concurrencia exclama:

‘ ¡Ten cuidado, Cantaclaro Era el Diablo y se ha ido porque escuchó el canto del gallo que anuncia la hora en que empezó la Pasión del Señor; pero ya volverá a buscarte en cuanto los sayones apeen a Jesucristo de la cruz.”
Rómulo Gallegos, Cantaclaro, 1930.

Protagonizada originalmente por Hugo Chávez Frías y con el pueblo venezolano como elenco, una de las tragicomedias más estúpidas que hemos vivido en Venezuela durante los últimos años se entenderá mejor si se conoce el papel que juega la superstición en el devenir histórico de la nación. Chávez manifestó estar gravemente enfermo de esa estupidez al tomar posesión de la presidencia de la República y al confesarle a varios de los presentes que no diferenciaba entre sus creencias religiosas y las supersticiones de muchos venezolanos.

         Por ejemplo, es bien conocida la intervención del fallecido dictraidor en las Naciones Unidas en la que identificó al Diablo y el olor a azufre con el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Pues bien, el Diablo no vive en Washington; mantiene residencia en cada uno de nosotros. Podemos escuchar sus alaridos en una criollísima parrillada, en Miraflores, y hasta en medio de la soledad personal al vernos abandonados por nuestros supuestos amigos. Rómulo Gallegos nos recuerda que es imprescindible conocerse a sí mismo para evitar las estupideces heredadas.

            La estupidez de la superstición siempre ha jugado un papel importante en la fundación de todas las naciones.. Por ejemplo, las tumbas y sarcófagos de los faraones egipcios evidencian la influencia que las supersticiones y religiones ejercían en la vida política y religiosa de aquella gran civilización. Los regímenes teocráticos y autoritarios que han regido los destinos de otras naciones (por ejemplo, Israel, Arabia Saudita, España, e Inglaterra) comprueban el poder de las supersticiones en fomentar la estupidez. Como lo dijera  Machiavelli: “Así como el respetar las instituciones divinas es la causa de la grandeza de las repúblicas, el despreciarlas produce su ruina; ya que donde falte el temor de Dios, el país terminará en la ruina. Salvo en el caso de que el temor al mandatario (el príncipe) sustituya
 temporalmente la falta de religión.” Niccolò Machiavelli, Discursos sobre los Diez Primeros Libros de TitoLivio,  I, xi; énfasis añadido.

La superstición, el abandono de lo auténticamente religioso, es el medio más eficaz para lograr la estupidez de una nación. Tal desviación atribuye poderes “mágicos” a signos, rituales, imágenes y objetos religiosos que de por sí no los tienen. Los supersticiosos no entienden en qué se diferencia una religión auténtica de la magia y de la superchería: son estúpidos. Y una vez que un pueblo acepta la brujería, la magia, y la superstición, entonces está listo para Presidentes como Chávez y Maduro. ¿Habrá acaso manera más eficiente que las prácticas supersticiosas de curanderos y brujos para corromper la religiosidad del venezolano y para apartarlos de la verdadera fuente de autoridad – la voz del pueblo, la voz de Dios (vox populi, vox Dei)? Porque sólo así pueden justificar su régimen de terror:

“A mí me han denunciado hasta la Corte de Satanás por allá, me tenían una brujería. Me tenían una brujería. Pero seguro me tenían una brujería ¿cómo se llama esto? De budú. Por allá apareció. Miren, cerca de Miraflores en los alrededores aparecieron cuatro animales unos
bichos raros que yo vi uno, que me lotrajeron ¿qué animal es éste vale, parece el diablo? Un animalito muerto, yo no sé qué animal es ése, pero es un animal raro con unos ojos satánicos así huecos y unos colmillones. Y entonces yo le dije a los muchachos ‘boten a ese bicho  de aquí’ ¿jejeje? Boten a ese bicho de aquí. Y resulta que  empezaron a investigar, y habían otros animales en la  otra esquina y en la otra esquina en una forma de cruz consiguieron cuatro animales de esos vale y tenían por dentro metidos un poco de cosas, unos papeles, unas piedras ¿no? Me tenían montado un trabajo de budú, esos son los golpistas ahora, se metieron a brujo también los golpistas ¿jeje?, están tan desesperados que mandaron a buscar como doscientos brujos –no estoy mamando gallo no estoy inventando – hasta eso han llegado a hacer lo que llaman ¿cómo es? Montar un trabajo y me tiraron a sacar ¡mire! Me tiraron a sacar porque me lanzaron budú. Sí, budú....”(Alo Presidente, Radio Nacional, Campo Muscar, 16 febrero 2003: se cita como se publicó).

Perdone el lector lo largo de la cita, pero se facilita así la comparación con la del maestro Gallegos en su novela Cantaclaro. La diferencia fundamental entre lo auténticamente “religioso” y la superstición es  que lo primero eleva al hombre a una dimensión espiritual en la que establece contacto con su Dios y con sus conciudadanos. En esa dimensión puede ejercitar su libertad y demás virtudes cívicas. En cambio, la superstición lo reduce a un nivel animal sin inteligencia ni voluntad, esclavo de su circunstancia, un objeto material más entre todos los que lo rodean y lo controlan:

“Kanaima no está sólo en los árboles y en las rocas, en los ríos ni en las montañas, sino por encima de las cosas que rodean al hombre, como algo contra lo que nadie se puede prevenir”. María Manuela de Cora, Kuai-Mare, Mitos Aborígenes de Venezuela, Monte Avila, Caracas, 1972, p. 274.

            El estúpido supersticioso carece de libertad personal y permite que creencias idolátricas definan su vida. Este proceder demuestra que no le da importancia alguna a la libertad ni a los derechos que de ella se derivan: automáticamente se impone la opresión como forma de gobierno. Sólo si respetamos lo verdaderamente religioso –si nos definimos como seres espirituales, diferentes de lo que nos rodea – podremos establecer una sociedad basada en la libertad personal y en la justicia colectiva.

Desde los gobernadores coloniales hasta los presidentes Chávez y Maduro, personas dominadas por creencias supersticiosas han guiado al pueblo venezolano:

“El criollo es devoto, supersticioso, crédulo e ignorante...Las damas de la alta sociedad tienen cada una su santo particular a quien le son muy devotas; con su imagen colgando día y noche en sus pechos por una cadena de oro... Yo he conocido a señoras con más de una docena de imágenes del mismo santo en diferentes áreas de la residencia. A estas imágenes habría que
añadir crucifijos, santas vírgenes, otros santos, ángeles, etc.” H. L. V. Ducoudray Holstein, Memoirs of Simon Bolivar, Boston, 1829: p. 49.

Es lamentable que Hugo Chávez Frías no fue lo suficientemente ambicioso, valiente e inteligente para llevar a cabo una revolución verdadera en Venezuela. Ocurrió todo lo contrario y ahora Maduro continúa siendo estúpido.

Ahora me refiero a los cultos mágicos o supersticiones estúpidas que el presidente Maduro promueve y que entorpecen la inteligencia de los venezolanos. Urge eliminarlos, en lugar de promoverlos desde el Palacio de Miraflores. Que hayamos descendido al nivel de corrupción al que nos trajeron los dictraidores y sus compinches tiene una sola explicación: apenas apearon “a Jesucristo de la cruz”, volvió a buscarnos el Diablo. 

Gonzalo Palacios Galindo.

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MANUEL MALAVER, EL DESMADRE





desmadre 
El ministro para la Alimentación, Félix Osorio, informó el jueves  que “en lo que va del año han llegado al país 740 toneladas métricas de alimentos procedentes de Colombia para satisfacer las necesidades del pueblo”.

Y, como buen funcionario que lleva una correcta estadística de las cantidades y clases de productos que ingresan a los anaqueles vacíos de abastos, mercados y supermercados del país, agregó:
“Trigo: 270 toneladas métricas de harina panadera. Leche: 100 toneladas métricas de leche en polvo. Carne: 370 toneladas”.

Y concluyó citando una frase del presidente Maduro dicha a raíz de su reunión el 22 de julio pasado con su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, en Puerto Ayacucho: “Hemos firmado y acordado, y debe empezar a llegar a Venezuela la próxima semana, más de 600 millones de dólares en compras a Colombia para fortalecer el abastecimiento de productos para el pueblo de Venezuela”.
El ministro, lamentablemente, no informó (quizá por un olvido involuntario),  de las cantidades de arroz que se están importando del Estado de Arkansas en USA, del maíz que se le compra a Brasil, del papel toalet a Nicaragua, del café a El Salvador, del algodón a Paraguay, de los quesos a Uruguay y de los cuantiosos volúmenes de carne, pollo, cochino y otros ingredientes que llegarán para las hallacas de diciembre que a lo mejor incluyen hasta las hojas de plátano.
Si… ¡las hojas de plátano!…porque este aditamiento tan capital para que nuestro manjar navideño tenga su sabor característico  también está escaseando, y todo porque la producción de “maduros” ha caído tan dramáticamente en los estados Zulia, Táchira, Barinas y Apure que, lógicamente, las hojas tampoco se encuentran.
Cuatro de las entidades más afectadas, por cierto, por las invasiones, expropiaciones, y confiscaciones de fundos y haciendas que se arreciaron desde el 2005, y  en las cuales, jugó un papel de primer orden, el tristemente célebre exministro de Agricultura y Tierra, Juan Carlos Loyo, quien dirigía, pistola en mano, supuestas bandas de campesinos “sin tierras” que no eran sino agentes contratados por los partidos oficiales, a los cuales, se entregaron  los centros productivos “expropiados” para abandonarlos al poco tiempo.

Pero no sin antes dotarlos de buenos créditos, insumos y maquinarias, que en la generalidad de los casos, devinieron en lujosas camionetas 4×4 para los beneficiados y en chatarra que, con los rastrojos, quedaron como monumentos para la corrupción, la ineficiencia y la irracionalidad revolucionarias.
“Agroisleña” es un nombre de cita obligatoria en este tramo del artículo, puesto que emblematiza, cómo se estatiza una empresa privada que daba un impulso sostenido a la agricultura de varios estados de la región centrooccidental para convertirla en un antro de corrupción, ineficiencia e improductividad.
Eran los tiempos del difunto presidente, Chávez, época del último ciclo alcista de los precios del crudo, cuando entre 2004 y 2008, el petróleo se elevó de 20 a 128 dólares diarios el barril, y el comandante-presidente contaba con gigantescas cantidades de petrodólares para cubrir las ineficiencias del sistema socialista comprando la comida que necesitaba donde se encontrara y cuanto costara.

Hoy, no producimos alimentos como consecuencia de las confiscaciones de Loyo y compañía, y,  para ponerle la guinda a la torta, los precios del crudo, que se han estacionado en 100 dólares el barril (con tendencia a la baja), ya no pueden cubrir la bancarrota  del sistema productivo agrícola y el país corre apresuradamente al infierno de no tener alimentos, ni dólares para importarlos.
Y debe ser por eso que “Maduro y sus ministros” andan hablando de “guerra económica”, que se debería llamar más bien “economía de guerra”,  que es la situación que vive una nación cuando, como consecuencia de una “catástrofe natural”, o un accidente político como una invasión extranjera, o una guerra, tiene que dirigir los pocos recursos de que dispone para procurarle lo indispensable a su población para sobrevivir.
Pues bien, en eso es en lo que anda Maduro, Cabello, Ramírez, Jaua,  Osorio y sus cofrades, comprando aquí, comprando allá, por la caída en picada de la producción agrícola que ha significado la “catástrofe natural” del socialismo, seguida por la “invasión cubana” que, por los pocos servicios sociales que presta en asistencia médica y entrenamiento deportivo al país, nos impone el impuesto de financiarle su vetusta y anacrónica economía que no produce ni trenzas de zapatos.

Y no hablo de su presencia en la FAN, las policías, cuerpos de inteligencia y oficinas públicas de registro e identidad, o sea, en la maquinaria que realmente ejerce el control de los ciudadanos, pero que corre pareja al incremento de la represión política, la delincuencia organizada, el tráfico de armas y el narcotráfico.

Desaguadero que, conjuntamente con los dólares que se gastan importando la comida que podríamos producir -y producíamos- es la causa del desastre del desabastecimiento y de todas las tragedias que, paralela y sucedáneamente vienen desatándose, como resultado de imponerle al país un  sistema político y económico que destruyó a la exURSS, a la China de Mao, a los países Europa del Este y tiene como muestras “vivas” de lo metódicamente corrosivo que puede operar,  a Cuba y Corea del Norte.

Traería, como ejemplo, más reciente e irrefutable, el colapso del puente de Boca de Uchire, importantísima estructura de comunicación  indispensable para conectar a los cientos de miles de viajeros diarios que se desplazan entre el centro y el oriente del país, pero que, ahora, tendrán que circular por trochas porque el gobierno no hizo las inversiones necesaria para mantener la vía.
Pero como el puente de Boca de Uchire, también se cayó el Cúpira en el 2012, y se han caído y seguirán cayendo otros, hasta que toda la infraestructura nacional concluya en una sola ruina, en una sola catástrofe, con carreteras intransitables por los baches, y las fallas de borde que, además, por falta de uso, serán un  solo y simple montaral.
Paisajes desolados y en trance de desertificarse que deberían motivar a Maduro y compañía a desmontar el devastador sistema socialista, pero que al contrario, lo que tratan  es de mantenerlo y profundizarlo, amenazando a la oposición con leyes habilitantes que no harían otra cosa que hacer crónica a la hambruna que casi nos alcanza, mientras vivimos de la poca renta que todavía  nos procura la también vapuleada y en caída libre producción petrolera.
Que tampoco quedará en pie, como no quedó la industria azucarera cubana, que fue por siglos la más eficiente y rentable del mundo occidental, hasta que llegaron Fidel y Raúl Castro con su socialismo y de la misma queda apenas el recuerdo.
Ya Venezuela está importando gasolina de alto octanaje que, como es de suponer, está escaseando, y por haberlo denunciado hace cuatro días,  se le hace un juicio, ordenado por Maduro,  al diario “2001”, con cuya directora, la colega, Luz Mely Reyes, nos solidarizamos.
“Denunciar”, he aquí la palabra que consideran Maduro y compañía, “guerra económica” y contra cuyos ejércitos, los periodistas que recogemos en medios impresos y radioeléctricos la denuncia popular, piensa lanzar sus huestes de fiscales, jueces, policías, soldados y guardia nacionales, como que dice que pronto contará con una ley habilitante que la “legalizará”.

Una ley que a lo mejor se escribirá pero no publicará, porque es de tal magnitud la escasez de papel, que para la fecha de su promulgación, es posible  que ya no existan la Gaceta Oficial, ni medios impresos.

Será entonces una “ley oral”, como las que se aprobaban antes de los tiempos de la invención de la escritura que se conocen como prehistoria, que es hacía donde nos lleva el socialismo de los compinches Maduro, Fidel y Raúl Castro.

 Manuel Malaver
@MMalaverM

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MARIANO NAVA CONTRERAS, ANGELA MERKEL EN VENEZUELA

La verdad es que Ángela Merkel en Venezuela hubiera sido todo un fenómeno político. No fue miss, no fue actriz de telenovela, no canta bingo ni reggaetón, no toca cuatro ni pinta paisajes del llano, no es beisbolista, no “se hizo las lolas”, no se deformó la cara a punta de botox, ni siquiera es buena echando cuentos.
Su aspecto no puede ser más aburrido. Su cara es la de una abuela pendiente de hacerles las arepas a los nietos. No se le conocen escándalos amorosos, ni siquiera se sabe bien quién es su marido ni su familia. Su currículum tampoco puede ser más cansón, pues siempre se dedicó a la política. Casi no habla y cuando lo hace, poco y parco, es para decir lo que hay que hacer. Punto. Y también para decir que no quiere tener ningún liderazgo mundial ni planetario, que no le interesa. Y, sin embargo, acaba de arrasar por tercera vez en las elecciones alemanas, quedándole muy poco para tener la mayoría absoluta, y es sin duda la mujer más poderosa sobre la tierra. Pero, ¿cómo puede ser esto posible?
También hay que decir que la campaña electoral alemana no pudo ser más extraña a nuestros ojos tan tropicales y bananeros. Dudo que se hayan repartido neveras ni lavadoras chinas. Tampoco se hicieron listas de damnificados, ni se comenzaron a hacer movimientos de tierra en terrenos expropiados con el cuento de construir para los pobres soluciones habitacionales que, ya se sabe, nunca se harán. Tampoco se hicieron histéricos anuncios de magnicidios y conspiraciones increíbles, ni mucho menos se comenzó a decir que en estas elecciones se jugaba el destino de la patria grande, que estas eran las elecciones más importantes de la historia, que “los ojos del mundo estaban puestos en Alemania”, que ahora sí nos vamos a fregar para siempre si ellos ganan, y cuantos armagedónicos vaticinios y amenazas apocalípticas cabe imaginar.
Menos aún comenzaron a destaparse oportunas ollas de corrupción, una más cochina y retorcida que la otra, con el fin de inhabilitar a los opositores. Nada de eso. Las elecciones alemanas son rarísimas. No migraron electores, no votaron muertos, no hubo “voto asistido” innecesario, no aplicaron “operación morrocoy” en las mesas mayoritariamente opositoras, no dejaron abiertos algunos centros de votación después de la hora para hacer “operación remolque”, nada que denunciar a los “observadores” de los “países amigos”. Nada. Ni un muertico.
En la mañana la televisión alemana anunció que se habían abierto las mesas y en la tarde hubo un programa especial en el que unos periodistas leyeron estadísticas económicas. En la noche, a pocos minutos de haberse cerrado las mesas, se anunciaron las tendencias “irreversibles” (¡cómo olvidar la palabrita!), los perdedores reconocieron su derrota y la señora Merkel salió muy contenta a decir que mañana iba a decir lo que había que hacer. Y lo más extraño: dijo que iba a gobernar con una “coalición” (¿alguien recuerda la palabra?). Ya está. Sin bochinches ni tiroteos. Definitivamente, esta gente no tiene sangre en las venas.
Pero hay que decir que en general la política alemana, y Alemania toda, es también extrañísima. Los alemanes no luchan contra el imperio, no quieren redimir a los pobres del mundo, no les interesa salvar el planeta ni devolverle el equilibro a la galaxia. Aceptan a regañadientes un liderazgo económico porque saben que les conviene una Europa próspera y estable. Es todo. Se conforman con que las cosas sigan bien, o sea, que el país siga funcionando, que es lo mismo. Esto significa que no se vaya la luz, que haya seguridad, que haya alimentos, infraestructura y que los sueldos alcancen, que los servicios y las instituciones funcionen, que el país siga siendo una potencia. ¡Cómo se nota que no son hijos de Bolívar! Estos señores carecen de la más mínima ambición intergaláctica. Será por eso que no financian a piqueteros, intelectuales y cuanto folclórico, poeta o titiritero de izquierdas va por el mundo. El Instituto Goethe se limita a enseñar el idioma y la cultura alemana y ya. ¡Qué rara esta gentecita!
Yo de verdad, por más que lo intento, no puedo entender cómo puede haber una cultura política más extravagante e inexplicable. Tampoco comprendo cómo existen en el mundo dos países tan diferentes. En lo que respecta a nosotros, lo que puedo decir es que antes al menos nos esforzábamos por remedar a los países avanzados. Ahora ni eso.

Mariano Nava Contreras
marianonava@gmail.com@MarianoNava 


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GABRIEL BORAGINA, ESTADO Y POLITICAS PUBLICAS

La suposición de que el mercado opera dentro de un marco de anarquía es lo que ha dado origen al intervencionismo y -dentro de este- a una subespecie del mismo que recibe el respetable título de "políticas públicas". Sin embargo, como bien señala el Dr. Krause:

"Los mercados no funcionan en un “vacío” de normas. Por el contrario, necesitan de ellas para coordinar los planes de los individuos, de forma tal de articular sus acciones y guiar sus decisiones de producción hacia la satisfacción de sus necesidades. Los mercados no son perfectos, esto supondría que los seres humanos lo somos. Entre los problemas que se presentan en su funcionamiento, suelen mencionarse las imperfecciones en la competencia, externalidades, bienes públicos e información asimétrica."[1]

Para "superar" estas supuestas "deficiencias" es que se proponen las "políticas públicas".

"Pero la solución a los problemas de fallas de mercado a través de políticas públicas no es tan obvia. Aunque la “mano visible” del estado parece una solución, no quiere decir esto que sea una solución efectiva. Puede haber serios problemas para implementar una política pública adecuada, y además, puede ser muy difícil lograr que se aplique en forma eficiente."[2]
La mera proposición de políticas públicas no es -en rigor- suficiente y, como veremos más tarde, ni siquiera es necesaria:

"Además, el proceso de elaboración y decisión sobre políticas públicas necesita de sólidas instituciones que permitan su implementación en aras del bien común, evitando las presiones de los sectores afectados y superando los problemas de información e incentivos que afectan al mercado."[3]

Este es un escollo importante, ya que en los hechos, observamos a diversos grupos de presión y de interés reclamar una política pública "a su medida y satisfacción", generándose una suerte de "competencia salvaje" entre ellos, por ver qué sector social logra cazar las mejores y mayores políticas públicas. La competencia social se transforma -en este supuesto- en una lucha despiadada por la captura de mayores y mejores privilegios. Como se observa en este caso, son las ofertas de políticas públicas la que generan un ambiente social caótico.

Es importante no confundir políticas públicas con normas y -en suma- con el concepto de calidad institucional:

"la calidad institucional promueve la calidad ambiental en tanto consideramos a la primera, como lo hace el ICI, no solamente como políticas públicas sino como la existencia de normas que generan incentivos para la protección del medio ambiente, tal como los derechos de propiedad claramente definidos, precios que reflejen las valoraciones de los consumidores y la real escasez del recurso y la libertad contractual."[4]

Estas normas permiten que los actores sociales (no necesariamente ni deseablemente políticos) sean quienes encaren las más idóneas políticas públicas.

El profesor A. Benegas Lynch (h) explica la razón por la cual se destinan más recursos a las políticas públicas que a la enseñanza:

"Es de gran importancia conectar este análisis con las llamadas “políticas públicas” por una parte, y por otra, con la investigación y la enseñanza. Si se analiza la cantidad de fondos que reciben instituciones que se dedican a políticas públicas o a propuestas coyunturales se observará que son cuantiosos en relación a los magros recursos que reciben instituciones dedicadas a la investigación y la enseñanza. Esto es así porque generalmente las políticas públicas y los comentarios coyunturales se entienden mejor puesto que están más al alcance de un mayor número de personas. Además, estos temas excitan a la gente que quiere acercarse al calor del poder político. Por otra parte la investigación y la enseñanza son más difíciles de abordar por el común de la gente y están alejadas de los vericuetos del poder."[5]

Esto sucede porque, en la mayor parte de los casos, las llamadas "políticas públicas" en realidad no son otra cosa que políticas estatales, y de "públicas" bastante poco tienen, puesto que en definitiva terminan beneficiando a ciertos sectores sociales a costa de otros postergados. En última instancia, concluyen constituyendo un sistema de repartos de prebendas y de privilegios a unos a costa de los demás. Estos últimos, generalmente, son aquellos más alejados del amparo del calor del poder político.

Los partidarios de las políticas públicas suelen desdeñar la teoría a favor de la práctica. Pero:

"no hay políticas públicas o análisis de coyuntura que no se basen en la teoría. Esta podrá ser defectuosa o idónea pero no hay comentario práctico que no esté sustentado en un esqueleto teórico. Pretender buenas políticas públicas sin andamiaje teórico-conceptual es lo mismo que pretender que existan productos farmacéuticos sin investigación médica. El menosprecio por la investigación y la transmisión de teorías inexorablemente conduce a políticas públicas de peor calidad. Revalorizar el estudio teórico es uno de los cometidos más importantes de la sociedad moderna."[6] 

Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que las llamadas "políticas públicas", confluyen en el asistencialismo. Murray N. Rothbard nos da cuenta del fracaso de las "políticas públicas" en EEUU, lo que desembocó la "explosión del asistencialismo":

"Esta "explosión" fue creada, en parte de manera intencional, y en una mayor parte en forma inconsciente, por funcionarios y empleados públicos que llevaban a cabo políticas públicas en relación con una "Guerra contra la Pobreza". Y estas políticas fueron defendidas y promulgadas por muchas de las mismas personas que luego se mostraron perplejas ante la "explosión del asistencialismo". No es sorprendente que tardaran en darse cuenta de que el problema que intentaban resolver era el mismo que habían creado."[7]

Este proceso también fracasó en Latinoamérica, donde la "explosión del asistencialismo" dio paso al clientelismo político, que explotan los populismos de todo signo y color político hasta hoy.



[1] Martín Krause. "Índice de Calidad Institucional" 2012, pág. 8.
[2] Krause M. Op. Cit. Pag. 8
[3] Krause M. Op. Cit. Pag. 8
[4] Krause M. Op. Cit. Pag. 41
[5] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 166.
[6] A. Benegas Lynch (h) ob. Cit. pag. 166-167
[7] Murray N. Rothbard. Hacia una nueva libertad. El Manifiesto Libertario. Pág. 171-173

Gabriel S. Boragina 

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EGILDO LUJÁN NAVA, FLECHAZOS AL POR MAYOR, FORMATO DEL FUTURO…

Nunca antes había sucedido el registro de la coincidencia histórica de la conmemoración del Día de la Raza, de la Resistencia Indígena, Encuentro de Dos Mundos o de la Integración de las Culturas, con un momento tan, pero tan complicado del país, como el que vive actualmente.

Y no, por supuesto, porque Venezuela no pudiera haber sido sacudida en algún instante de su devenir y desde sus entrañas, por la multiplicidad de escenarios adversos como aquellos en los que la Nación se mueve actualmente. Sino porque, ante tan semejante conflictividad, la respuesta de quienes están llamados a liderar la generación de respuestas para superar los problemas, debilitar sus causas desde las raíces, casi -¿o más?- de 30 millones de venezolanos, han debido someterse a la dolorosa experiencia de apreciar que ese grupo, después de 14 años de entrenamiento y de casi seis meses de dedicación al exigente oficio de gobernar, sencillamente, siguen ocupándose es de “tirar flechas”.

Hasta finales del 2012, es verdad, la creencia colectiva con respecto a esa particular manera de ejercer la responsabilidad de conducir al país, era la de que errores, deficiencias, equívocos e inauguración del 10 ó 20% de cualquier obra pública, no era tal. Es decir, nada era producto de las casualidades, sino de acciones concebidas y administradas con base en minuciosos y bien definidos planes, diseñados en sofisticados laboratorios de envidiable concepción ideológica, y gerenciados por la más exquisita élite intelectual de los integrantes del rimbombante Frente Francisco de Miranda y el Polo Patriótico.

Sin embargo, con el transcurrir de los días, el agravamiento de los problemas de todo orden y que ha ido sembrando indignación en cada estrato social venezolano, lo que ya define otra convicción en el sentir de la acogotada población ubicada en cualquiera de las regiones del país, es que lo que está sucediendo es que “sin billete, esta supuesta gerencia pública no funciona”.

Es decir, todo aquello que se convirtió en la vitrina de un proyecto político nacional e internacional, inspirado en la necesaria redención popular, a partir de la puesta en marcha de un nuevo modelo económico apuntalado por el crecimiento dominante del Estado e insuflado por su capacidad propagandística para mercadear cambio, revolución y amor patrio, sencillamente, ha perdido su capacidad de maniobra y de convicción, porque es víctima de la peor escasez: del dinero providencial proveniente de los negocios petroleros.

Con dinero en abundancia y de libre uso, por la disfuncionalidad de instituciones encargadas - según “la mejor Constitución del mundo”- de impedir que eso sucediera, le gestión pública pudo flotar sobre su propia disfuncionalidad y “tapar un hueco con otro hueco”. Pero con un negocio petrolero dando tumbos, incapaz de recomponerse con base en la ventaja de su centenaria trayectoria productiva, y obligado a financiar cuanto gasto dominical fue engendrado 14 años atrás y casi 200 días después, la fiesta popular ha cambiado de melodías.

Lo que no deja de sorprender, por supuesto, es que en el medio de semejante “atajaperros”, y cuando en abril próximo pasado se promovió la celebración de cuanta reunión de diálogo era necesaria, entre técnicos de los casi cuarenta ministerios con  individualidades del sector productivo, con miras a darle “otro rostro” a la economía nacional, se suscita una alharaca multigrupal partidista, dirigida a demandar la aprobación parlamentaria de “poderes especiales” para, supuestamente, combatir la corrupción y facilitar el proceso revolucionario.

Los sondeos profesionales de las últimas semanas registran que casi el 60% de los venezolanos no cree en esa exacerbada campaña anticorrupción. Y en cuanto al llamado proceso revolucionario, lo extraño es que se le relacione con otro hecho no menos curioso: por obra y gracia de las circunstancias, al sembrador de confianza y promotor de los más de 1.200 encuentros de abril, es decir, al Ministro de Finanzas y matemático Nelson Merentes, se le sustituyó en la Vicepresidencia Económica de la Nación por el Ministro de Petróleo y Minería, ingeniero Rafael Ramírez.

Sólo que con dicho reemplazo, además de que se sepultan expectativas positivas y esperanzas de que, finalmente, se había abierto una brecha para el entendimiento, se reposiciona la impresión de que todo lo que está sucediendo alrededor de tales “movimientos” ministeriales, no pasa de ser otra demostración de que el Gobierno está huérfano de capacidad técnica para sacar al país del atolladero en el que lo metió. Por lo que la alternativa más funcional que le queda a la mano, es moverse sobre anuncios efectistas, supuestos cambios que no son tales, y un gatopardianismo de múltiples patas para llegar con rostro recién maquillado y sobrecargado de presunta bonanza, al venidero proceso electoral del 8D.

¿Por qué?. ¿Para qué?. Supuestamente, porque en el seno del grupo que gobierna hay “un reacomodo de posiciones políticas”, y semejante paso no se identifica –ni tolera- que las decisiones en materia económica, por ejemplo, no se correspondan con fines distintos a lo que significa “apuntalar la revolución”.

Es decir, lo que cuenta e importa es la hoy maltrecha y presunta revolución, indistintamente de que eso se traduzca en que la inflación pueda cerrar en el 2013 sobre el 50%, el déficit fiscal por encima del 15% del Producto Interno Bruto, los niveles de escasez rebasen el 21% (a decir del propio Banco Central de Venezuela) y la desordenada conducta cambiaria criolla, sencillamente, siga comportándose como el río 0rinoco en temporada de lluvias prolongadas. Al margen, desde luego, del misterio que envuelven las estadísticas oficiales relacionadas con el desempleo y el número de víctimas, por la acción de la violencia en todo el país, y las crisis que registran los sistemas de salud y de educación.

El nuevo Vicepresidente Económico ha debutado aclarando lo que el Presidente quiso decir, cuando se refirió a la reactivación del Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad) y el monto que se “subastará” semanalmente, en adición a lo que hace la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), punto de partida de esa especie de nuevo virus nacional conocido como el “cadivismo”, que vino al mundo hace ya diez años, por decisión unilateral de los mismos que hoy tratan de desacreditarlo o descalificarlo.¿Y a partir de allí, qué?.

El mal amado y reconocido Fondo Monetario Internacional ha dicho que los crecientes “desequilibrios” en la economía de Venezuela hacen que la situación actual “no sea sostenible”, a no ser que “se hagan correcciones”. Pero tales procedimientos, desde luego, no se traducen en que hay que seguir “tirando flechazos al por mayor”, sino asumir que a Venezuela y a los venezolanos no se les puede condenar eternamente al infortunio económico, social y moral por capricho. Y que gobernar, definitivamente, no equivale a seguir usando a esa manoseada y maltratada alabanza a la Patria, ni tampoco a la Nación como un botín territorial para el goce del poder, la distribución de espacios de mando, mientras se está de espaldas al reclamo colectivo de querer vivir cada día mejor.

egildolujan@gmail.com

Enviado a nuestros correos por
 Edecio Brito Escobar 

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ANTONIO JOSÉ MONAGAS, CONSPIRANDO DESDE EL PODER, PIDO LA PALABRA

El miedo que padece el régimen de verse desplazado, lo obliga a lucubrar posibles salidas que aseguren su estabilidad.

CONSPIRANDO DESDE EL PODER

Conspirar constituye el camino fáctico cuyo recorrido abarca desde la concepción de un delito hasta su real ejecución. Sin embargo en el entretanto de dicho camino, se fraguan acciones que buscan garantizar la consumación del delito lo cual deviene, indudablemente, en  hechos cómplices cargados de la mayor bellaquería posible. 

Pudiera decirse que el poder está generalmente asediado de conspiraciones políticas. Unas, organizadas por personajes comprometidos con decisiones de gobierno. Otras, por quienes intentan revolver alguna situación con fines ocultos para lo cual se hace necesario encubrirla bajo cualquier forma que disimule su intención y contenido. Algunas veces, suelen utilizarse excusas disfrazadas de argumentos jurídicos. Aunque otras veces, el emplasto de “revolución” funge como el más conveniente por cuanto detrás de tan ostentosa etiqueta caben posibilidades para armar las trampas necesarias que requiere el propósito en curso.

En política, conspirar puede pasar por un hecho normal. Quizás, fue lo que llevó a Honoré de Balzac, novelista francés, a manifestar que “todo poder es una conspiración permanente”. No obstante, hay quienes la categorizan como problema  por cuanto tras de si se esconden razones derivadas de intereses contrapuestos incapaces de conciliar encuentros que lleven a satisfacciones mutuas. Posiblemente, ello incita a pensar que la política es una constante conspiración. Sobre todo, si es vista como una situación cargada de la fuerza necesaria para desatar problemas de gruesas magnitud. De ahí que el análisis que esta disertación pretende, se enfoca a considerar la conspiración como una suerte de trasgresión planteada en un medio políticamente efervescente y en potencial conflicto. Como el venezolano, por ejemplo.

A juicio del presente razonamiento, más que cualquier otra apreciación que la involucre como asunto de vida, la conspiración en un sentido exacto sucede de arriba hacia abajo o entre facciones desaforadas por detentar el poder. O avivada por quienes lucrándose del poder político, se aprovechan de propuestas insubstanciales para actuar en confabulación con corrompidos factores políticos. Y es precisamente, uno de los problemas que define al régimen venezolano toda vez que las mentiras pululan como práctica de gobierno en su intención por embrollar al país en términos de propósitos elaborados al mejor estilo castro-comunistoide.

Indudablemente que este régimen se ha movilizado de conspiración en conspiración. Algunas contra lo que configura su propia esencia. Otras, contra el sistema democrático cuando intenta oprimirlo y malograrlo. Mientras tanto, distrae su tiempo aplastando cualquier manifestación libre que pueda poner al descubierto los destrozos que incita a manera de silenciar toda protesta que revele las contradicciones instituidas con la venia gubernamental.

El miedo que padece el régimen de verse desplazado, lo obliga a lucubrar posibles salidas que aseguren su estabilidad. En consecuencia, recurre a conspiraciones que si bien no buscan su derrocamiento, si lo hacen en función de acomodar piezas útiles y necesarias a la manipulación de sus oscuros intereses. Para lograrlo, debe valerse de artilugios jurídicos que permitan contrarrestar preceptos constitucionales que aseguren importantes prerrogativas frente al modo de administrar los recursos nacionales. Por eso inventan excusas como la supuesta ley habilitante que sólo es una expresión del abuso socialista extendido a trocha y mocha con el auxilio de poderes cómplices. De manera que todo esto no es más que una visual de la “revolucionaria” necesidad de seguir conspirando desde el poder.

VENTANA DE PAPEL

¿UN RECINTO QUE SE RESPETA?

¿Que la Asamblea Nacional es “un recinto que se respeta”?, no es del todo cierto. Pero eso fue lo que dijo el presidente Nicolás Maduro al término de su ampuloso discurso este martes ante la Asamblea Nacional, en cadena nacional de radio y televisión. Sin embargo, después de un rápido análisis que no implicó mayor contundencia, puede dudarse de tan pomposa frase. En principio, aquello no tuvo la altura de un discurso de quien se ufana diciendo que es presidente de todos los venezolanos. Cualquier observación, lleva a poner en tela de juicio tal afirmación. Todo pareció un discurso “de mercado”. Nada se correspondió con la suntuosidad y el protocolo que sigue un momento caracterizado por la presencia de un Jefe de Estado en una sesión extraordinaria del Parlamento Nacional. Fue tan especial, que las avenidas adyacentes al Capitolio fueron cerradas por los círculos de seguridad del presidente de la República. Además, la asistencia del Gabinete Ejecutivo en pleno y de afectos al oficialismo que coparon el graderío que dispone el salón del Hemiciclo, apuntaba a darle el realce que el acto presumía. Aún así, todo resultó ser un rupestre acto populista. Los concurrentes seguidores del oficialismo, vociferaban al ritmo del calor que le imprimía el orador según el sentido que buscaba darle a cada oración. El griterío era lugar común entre los partidarios del régimen. Interrupciones por parte de estos, iban y venían. Tanto que Maduro perdía a menudo el hilo de la lectura del discurso. Otras veces rompía la formalidad del acto para proferir alguna insulto o vejamen contra dirigentes de la oposición democrática. Incluso, para alguna payasada. Hacer gala del ornamento que porta un presidente en momentos exclusivos como el pretendido para solicitar poderes habilitantes por un año, fue frustrante pues todo terminó siendo un acto de circo marginal. Y si por respeto se tiene que es “la consideración sobre la excelencia de alguna persona o cosa, que conduce a no faltar a ella, a no confrontarla”, entonces ese día no hubo respeto a la institucionalidad de la Asamblea Nacional. Lo que el país político vio por televisión o escuchó por las emisoras este martes, fue un remedo de aquellos conflictos que encarnizaron diputados y gobernantes venezolanos en el siglo XIX por razones de mero egoísmo político. No hubo respeto alguno a nada ni a nadie. Estos gobernantes siguen desconociendo que los seres humanos deben respetarse porque, como explicaba Immanuel Kant, quien mayor influencia ha ejercido sobre el concepto de respeto, “ son un fin en si mismos y al ser así, poseen un valor intrínseco y absoluto”. Así que cabe preguntarse, ¿dónde quedó eso que la Asamblea Nacional es ¿“un recinto que se respeta”?

¿Y QUÉ HAY POR MÉRIDA?

Lo que a continuación se redacta, no busca juzgar anteladamente la realización de la Feria Internacional del Turismo 2013, FITVEN. Hacerlo sería una manifestación de crasa incomprensión ante las razones capaces de animar cambios favorables animados por la capacidad de reconocer el valor de una decisión que tiende a garantizar el desarrollo social y económico de una colectividad con conciencia de su saber y haber histórico y cultural. Es decir, de sus potencialidades creadoras. Sin embargo la situación que viene viviendo la ciudad de Mérida como resultado de la puesta en marcha de la octava edición de este evento de rango internacional, aviva la posibilidad de elevar un reclamo que, aunque no está dirigido al núcleo de tan interesante propuesta, si apunta a expresar la contrariedad que se desprende del hecho de ver cómo han remozado la imagen de la ciudad de cara a la FITVEN. Este costoso esfuerzo logrado a través de actividades de limpieza de calles y avenidas, así como de exaltarlo mediante alegorías merideñas hermosamente pintadas en paredes estratégicas y pendones, lo cual naturalmente debe agradecerse, se ha fundamentado en la idea populista de justificar la realización de dicha Feria Turística. Lejos de esto, la ciudad se ha visto permanentemente atropellada por el embalaje de actividades de calle que sólo han dejado basura, horribles pintas y repulsivas vallas que no han conmovido -en lo más mínimo- gobierno regional alguno, Menos, para demostrar que sus ofertas electorales se compadecen de una Mérida que, por turística, debería relucir en limpieza, orden y funcionalidad. Sus servicios públicos, continúan siendo apaleados por presupuestos “deficitarios” que no compaginan el sentido civilista de cuanto compromete su ordenamiento, con el sentido político que acompasa toda actividad proselitista promovida desde el gobierno regional o central sólo para asegurar la conservación del poder por el poder. Entre tanto, Mérida ha venido viéndose desarreglada en toda su expresión. Ahora que se lleva adelante esta iniciativa de la FITVEN, es que viene a verse algo de preocupación por la ciudad. Para que esos días luzcan de maravilla. Pero entonces, ¿y el resto del tiempo?. Es decir, ¿y qué hay por Mérida?

“Cuando de conspirar se trata, los gestos descubren al conspirador pues no hay conspiración que se exima de posturas que delata el pensamiento inquisitivo. Es difícil conciliar mente y manos a la hora de urdir alguna conspiración en contra de lo que uno mismo contribuyó a construir” AJMonagas

antoniomonagas@gmail.com

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