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lunes, 31 de agosto de 2015

THAELMAN URGELLES, VENEZUELA, UN POCO DE ENTEREZA , POR FAVOR,

En los últimos días la crisis generalizada se ha agravado en Venezuela. La debacle económica, la agudización de la violencia en dos vertientes –la ya crónica, causada por la delincuencia sin freno, y la provocada en las miles de colas por alimentos- está generando entre algunos venezolanos una sensación de desamparo que los lleva a imaginar, desear, exigir y hasta promover soluciones políticas drásticas e inmediatas, cualquiera que sea su origen y métodos y sin medir sus consecuencias para el futuro de la República. En los días recientes hemos escuchado y leído tales actitudes, ya no de los habituales pescadores en río revuelto (conspiradores profesionales o de teclado) sino de personas normalmente sensatas, pacíficas y de espíritu democrático, algunas de ellas con experiencia probada en el enfrentamiento de crisis y conflictos socio-políticos.
Este clima de urgencia y acabóse, de “topo a todo” en el que ya no queda más que el estallido social y la salida violenta, en ocasiones con los consabidos llamados a los militares a que intervengan para detener la catástrofe, es por supuesto alentado por la conducta perversa de Maduro y quienes lo acompañan: criminal inacción ante la debacle económica, acciones erráticas en el combate de la inseguridad e inauditas provocaciones en la esfera política. Como dice el oportuno documento de la MUD el día de ayer, la pandilla gobernante tantea la posibilidad de promover y establecer un clima de excepción para finalmente suspender las elecciones parlamentarias que tiene perdidas. 
Mientras todo esto ocurre, las mayorías populares se encuentran demasiado atareadas en su diaria odisea para proveerse de los productos básicos para la subsistencia y en evitar a duras penas el caer víctimas de la delincuencia. Y aunque las protestas se extienden por todo el territorio, ellas se mantienen en una escala local y micro-social, sin que los llamados a movilizaciones formales de índole política tengan mayor convocatoria. 
Ante este caótico panorama cabe preguntarse: ¿es inevitable en estos momentos una salida “expedita” de la crisis, bajo la forma de una revuelta incontrolada de las masas desesperadas, o de una insurgencia militar que deponga al gobierno e instale un régimen de facto, o cualquier otra de las que imaginan y proponen en esta hora algunos espíritus impacientes? ¿Hemos llegado en Venezuela a la situación de que no queda más espacio debajo para caer y que no cabe más que acudir a fórmulas extremas, aunque ellas no sean las más convenientes? ¿En verdad estamos ante un “sálvese quien pueda histórico”…?
Arriesgándome a caer, nuevamente, en los rigores de la lengua o el teclado de los trescincuenteros habituales, o de otros amigos que recién se incorporan a las filas inmediatistas, declaro que no encuentro tales extremos en la situación actual. Me adelanto a calificarla de gravísima e intolerable, pero no veo que ella justifique buscar con éxito una solución extraconstitucional o violenta. Además, no creo que tales hipótesis encuentren sustento u apoyo en la mayoría de los venezolanos, más allá de las cadentes atmósferas que se retroalimentan en las redes sociales. Por último, y más importante, no creo que convenga al futuro de Venezuela que a estas alturas del desprestigio de la aventura revolucionaria chavista los venezolanos les lancemos a sus autores el salvavidas histórico de sacarlos del poder sin antes dejar constancia numérica del rechazo que su propio fracaso generó en la amplia mayoría del país.
Si con ánimo sereno examinamos la historia y el mundo que nos rodea, veremos que la crítica situación de nuestro país posee referentes mucho peores en otros tiempos y lugares. Situaciones de hambruna, violencia, guerra y masacre resultaron soportables para sus sufrientes y casi todas les encontraron solución en los plazos históricos adecuados. Para quienes abortaron los plazos, casi siempre resultó peor el remedio que la enfermedad. Los recientes casos de Ucrania, Libia y Siria, entre otros, dan nítida cuenta de ello. No estoy diciendo que lo que vive Venezuela sea suave, pero me da la impresión que los sectores más desvalidos lo asumen con una entereza mayor que quienes tienen mayor acceso a las redes sociales, estando más dispuestos a esperar su oportunidad para el cambio pacífico que se avecina.
Me asombra cómo los compatriotas que honestamente claman por cualquier solución a este “ya no se aguanta más” ignoren que estamos a tres meses de una crucial elección en la que se expresará un rechazo masivo al proyecto revolucionario. Cuando estamos a punto de efectuar un balance neto e inapelable de estos 17 años de criminal fracaso, con la consecuencia de que más nunca se vuelva a instalar en Venezuela un despropósito como ese, algunos impacientes proponen que abortemos “como sea” el final de la pandilla en el poder, aun al precio de dejar ir vivo el toro a los corrales, al regalarles una salida violenta del poder en la que permanezca viva la incógnita sobre su pérdida irremediable del apoyo popular. 
Porque, no tengo dudas, si este gobierno es sacado de cualquier forma violenta o inconstitucional antes del 6 de diciembre, por muchos años el chavismo se mantendrá como una leyenda, en Venezuela y sobre todo fuera de ella, y será de lejos la primera opción para reemplazar a todos los gobiernos que lo sucedan; que serán varios y efímeros, por cierto. No me cansaré de recordar el fenómeno del peronismo en la Argentina: sacado del poder en 1955 por un golpe militar, cuando ya su carisma populista comenzaba a declinar, la leyenda creada alrededor del general Perón dio lugar a una nefasta hidra política que aun asfixia y congela el desarrollo democrático de ese gran país.
Está claro que el régimen intentará por todos los medios perversos abortar el proceso que ya lo conduce a un ignominioso final. Ya la revolución terminó hace rato, sólo falta que termine de fenecer su corrompido entramado burocrático. Resistamos con voluntad y paciencia las provocaciones y démosle un empujón definitivo el próximo 6 de diciembre. Si ello resultare imposible (podría serlo), concertemos y preparemos ya los mecanismos para una transición exitosa que anule su proyecto de convertirse en víctimas y en leyenda hacia el futuro. Pero no seamos nosotros los causantes o cómplices del aborto histórico. 
Hay sectores que durante estos 17 años han hecho del inmediatismo y la conspiración su único modo de hacer política. Con ello sólo propiciaron derrotas para el esfuerzo democrático y la consecuente prórroga de la dictadura. Para ellos no existe otra aproximación posible a la búsqueda del poder; porque les está vedado el camino electoral, de suyo pacífico y constitucional, por no haberse tomado el trabajo de construir partidos o haber fracasado en ello. 
Mas no entiendo que personas inteligentes y de larga vocación democrática, que ni siquiera aspiran a posiciones electivas o burocráticas en el futuro, se estén sumando al coro desesperado de los que claman una salida “ahora mismo y como sea”. A ellos les pido, con todo respeto y afecto, un poco de entereza y perspectiva por favor.
Thaelman I. Urgelles D.
turgelles2@gmail.com 
@catia_municipio

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sábado, 22 de marzo de 2014

THAELMAN URGELLES, EN SERIO… ¿DIALOGAR ES UNA TRAICIÓN?

Hay un leit motiv que se atribuye exclusivamente al tirano bolchevique V.I. Lenin, pero en realidad ha sido seguido por todos los estrategas exitosos: “si estoy en una posición débil negocio, para superar la debilidad y ganar tiempo, y si estoy fuerte no negocio nada, voy hacia adelante hasta derrotar al enemigo”. 
Todas las negociaciones se dan cuando dos adversarios encuentran en sus respectivas posiciones algún rasgo de debilidad, o perciben que hay un equilibrio de fuerzas que conduce la situación al estancamiento. Entonces se sientan a negociar, para ganar tiempo y fortalecer esos aspectos en los que se perciben débiles.
En medio de la más cruenta guerra, Bolívar negoció con Morillo y firmó con él un Armisticio y un Tratado para restar crueldad a la guerra. Ello le permitió ganar tiempo para juntar fuerzas y pertrechos, para preparar la batalla decisiva: Carabobo. Hay centenares de otros ejemplos de esta realidad. Además, siempre que se negocia algo en política o en la guerra es porque hay una confrontación muy grave, a menudo con muertos, mucha sangre y feroces ofensas entre las partes. 
KISSINGER Y LE DUC EN PARIS
PAZ DE VIETNAN
En la Centroamérica de los 80’s, en el Vietnam de los 60’s y en la Suráfrica de Mandela hubo muchísimo más sangre y odio que en la Venezuela de hoy; y se sentaron a negociar entre esas partes, como lo hacen en este momento feroces adversarios en Siria tras más de 100 mil espantosas muertes, y como lo hicieron los demócratas de Ucrania hace apenas dos meses, en medio de una confrontación más bárbara que esta.
En estos momentos la oposición está entrampada en una muy grave situación: una parte de ella lanzó una fuerte ofensiva en procura de dar jaque mate al adversario, y evidentemente no lo consiguió; ahora se encuentra dividida, sin el objetivo cumplido y con una buena parte del país en contra por las trágicas consecuencias de sus actos. 
A la oposición le urge salirse de esa trampa y el diálogo le ofrece una salida digna y airosa de tan serio problema; el gobierno también se encuentra en una posición inconfortable, sobre todo por el escenario internacional; entonces ofrece un diálogo que le permita recuperar su imagen deteriorada en el exterior; pero como sabe que la posición del contrario es más difícil, lo ofrece en condiciones casi inaceptables, pretende que vayamos a él humillados, ofende cobardemente a Capriles inmediatamente después de invitarlo a dialogar.
En fin, nos vende carísimo el diálogo, para que no lo aceptemos y continuemos en la trampa en que nos metieron los promotores de #LaSalida. Y mientras tanto se ufana internacionalmente de que somos nosotros los que no queremos dialogar.
Todo esto es muy claro; y aun así hay miles de opositores clamando contra el diálogo y acusando de las peores ignominias a todo aquel que ose mencionar esa palabra prohibida.
Thaelman I. Urgelles D.
turgelles2@gmail.com
@TUrgelles

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martes, 11 de marzo de 2014

THAELMAN URGELLES, UN BREVE Y OPORTUNO RECUENTO

Toda mi vida he estado en contacto con la intolerancia de los extremistas detodo tipo. Mi adolescencia en los años 60 la pasé en la Juventud Comunista, durante la inútil lucha armada lanzada por el PCV y el MIR en esos años tras el influjo perverso de Fidel Castro, el hombre más pernicioso en la historia latinoamericana. Pues bien, mi querido padre Jacinto Urgelles, honrado dirigente sindical y del Partido Comunista, tuvo la valentía de levantarse en el III Congreso de ese partido en 1960 y oponerse casi en solitario al lanzamiento de la aventura guerrillera. 


Sus argumentos fueron varios y no cabe enumerarlos en este breve post, pero se sintetizaban en el augurio de que con aquella política el partido iba a perder todo lo alzanzado en aquel momento en el movimieto sindical y de masas (el PCV había sido la primera fuerza electoral en Caracas, en las elecciones de diciembre de 1958 y era de lejos la segunda fuerza sindical del país).

Como ustedes supondrán, Jacinto pasó a ser un vergonzoso exponente de la “línea blanda”, “de la derecha, opuesta a la lucha armada”. Y yo, militante de la JC de apenas 13 años, pasé a compartir involuntariamente esa mancha: “qué vaina Thaelman, tu papá es un traidor a la lucha armada, un derechista”. Lo cual no impidió que mi padre, relegado de las posiciones dirigentes que se había ganado en la peligrosa lucha clandestina contra Pérez Jiménez, asumiera en esos años arriesgadas misiones de la propia lucha armada. Recordemos que en los partidos comunistas existe una norma –el Centralismo Democrático- que obliga a los miembros de las minorías internas a acatar y cumplir las disposiciones de la mayoría.

Para hacerlo corto, en 1966 el PCV decidió corregir su error de la lucha armada y replegar sus frentes guerrilleros y unidades urbanas de combate. Entonces, quedaron en la lucha armada el MIR y una facción del PCV comandada por Douglas Bravo, alentadas y financiadas desde Cuba por los Castro. No imaginan los jóvenes la calidad de los improperios recibidos en aquella época por Gustavo Machado, Jesús Farías y Pompeyo Márquez, de parte de Fidel Castro y de los venezolanos que persistieron en el error. Con los años otros dirigentes y partidos se fueron dando cuenta de lo desacertado de aquel camino y se fueron apartando de él: Américo Martín, luego Moisés Moleiro y otros en el MIR (y muy tempranamente Domingo Alberto Rangel, quien fue destrozado por los insultos de los guerreristas).

Cada dirigente y partido que dejaba la lucha armada dejaba tras de sí divisiones de organizaciones que se mantenían “irreductibles”, con el consabido arsenal de ofensas y calumnias contra quienes entraban en razón: vendidos, cobardes, traidores, trásfugas… Surgieron así el PRV,Bandera Roja, la OR-Liga Socialista y otros sub-grupos… Hasta que la lucha armada murió por extinción. No sin antes dejar un doloroso rosario de muerte, torturas, desapariciones, larguísimas prisiones, odios entre amigos y mucho sufrimiento familiar. Por cierto que muchos de los últimos irreductibles de aquella época son parte hoy del gobierno chavista, incluido quien ejerce la presidencia (aunque era casi un niño cuando ese proceso se desarrollaba). Y otros ocupan un muy honorable lugar en las filas democráticas.

No sería justo comparar esta larga historia con lo que nos acontece ahora. Primero, porque aquella se desarrollaba en un contexto de “izquierda revolucionaria” mientras este ocurre en el seno de la lucha contra una “revolución izquierdista” que de algún modo es heredera bastarda de aquella. Segundo, porque en aquellos años lo que estaba en juego era la vida y la seguridad concretas de cada participante en los debates, mientras que en estos tiempos las únicas vidas que están en juego son las de nuestros valientes muchachos, que muy poco tiempo tienen en estos días para participar en estas diatribas. Y tercero, porque tanto los que abandonaban la lucha armada como los que persistían en ella iban a seguir dedicando sus vidas al esfuerzo de hacer de Venezuela un mejor país; según sus particulares visiones, en su mayoría equivocadas, pero honestas y acompañadas de generosa abnegación.

¿Podemos decir lo mismo de estos tiempos? Para ser honestos, parcialmente sí. Pero mayormente no. Yo puedo asegurar que, pase lo que pase tras estos hechos, gente como Henrique Capriles Radonski, Ramón Guillermo Aveledo, Gerardo Blyde, Henry Ramos Allup, Julio Borges, Juan Requesens, Ramón Muchacho… y también como Antonio Ledezma, María Corina Machado y Lepoldo López, seguirán dedicando el 100% de su tiempo de vida a encontrar una solución democrática a la tragedia en que estamos inmersos los venezolanos. 

De quienes hoy ofenden o cuestionan alegremente a la dirección política, no estoy seguro de que en su mayoría mantendrán el mismo entusiasmo que están mostrando durante esta ola de movilización social. No tengo dudas de que, al cabo de esto la mayoría regresará a sus ocupaciones habituales, a su vida privada, al Mundial de Fútbol que está muy próximo… No pocos trocarán su sapiencia política de hoy en experticia futbolística y las banderas de Venezuela en banderas brasileñas, italianas o argentinas.

No los reprocho, en absoluto. Fuera de los períodos excepcionales como el actual, los ciudadanos no políticos tienen derecho a ejercer su vida privadamente. Pero sí les pido un poquito de humildad y respeto por quienes dedican la totalidad de sus esfuerzos y sacrifican no poca comodidad personal y familiar, a desentrañar el intrincado laberinto que la historia ha puesto en nuestro camino.

Thaelman I. Urgelles D.
turgelles2@gmail.com
@TUrgelles

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domingo, 16 de febrero de 2014

THAELMAN URGELLES, ¿LASALIDA ES OTRO ESPEJISMO?

Los trágicos acontecimientos de ayer en Caracas fueron el pico de una operación política que nos ofrece la presunta salida inmediata de la penosa situación socio-política (y especialmente económica) en la que se encuentra Venezuela. No me refiero a la estupenda cadena de marchas y concentraciones efectuada en todo el país, convocadas por las federaciones estudiantiles de todas las universidades aunque los méritos fueron hábilmente atraidos para sí por políticos que poseen más saliva para engullir la harina mediática que ello provocó.

Me refiero a los promotores de un nuevo atajo voluntarista al que ellos mismos han denominado #LaSalida, denominación muy apropiada para estimular las prisas de sectores de clase media cuya escasa experiencia política coincide con su justificada indignación por el desastre que sufre nuestra depauperada Venezuela. Muy directa y explícita la consigna de#LaSalida, con hashtag incluido, para bautizarlo en el escenario principal de su campaña publicitaria, que no es otro que las redes sociales de Internet. La resonante convocatoria que ha tenido, a partir de las acciones iniciales de vanguardias juveniles muy bien organizadas y localizadas, habla del nivel de desesperación que habita en ciertas capas poblacionales de clase media ilustrada, pues no más allá de ellas se registra, como en los años 2000 a 2004, la virulencia protestataria.

#LaSalida, presentada como una novedosa forma de lucha en el esfuerzo democrático, no tiene componentes nuevos respecto de otras aventuras que han abundado a lo largo de estos 15 años. Como las anteriores, ella se vale de cinco premisas centrales: primera, que Venezuela no soporta un día más la caótica situación en la que ha sido sumergida por este gobierno; segunda, que ello nos obliga a sacarlos del poder de inmediato pues los daños al país se van a hacer irreparables; tercera, que para ello es necesaria y suficiente la movilización decidida, en la calle, de las masas opositoras, supuestamente mayoritarias; cuarta, que el liderazgo opositor reconocido en el momento (léase hoy, Capriles y la MUD) es cómplice del gobierno, con quien tiene acuerdos secretos de convivencia para prolongar esta situación a cambio de prebendas inconfesables; y quinta, que por esa razón hay que desplazar a esa dirigencia entregada mediante la participación activa y directa –incluso espontánea, “autoconvocada”- de las masas opositoras.

El mismo plan, nada nuevo bajo el sol. Salvo que esta vez lograron sumar a dos valiosos dirigentes de la nuevas generaciones de políticos –Leopoldo López y María Corina Machado- y tentado parcialmente a otro importante líder, Antonio Ledezma, quien con gran esfuerzo logró sobrevivir al mismo error en el pasado. Esto es muy lamentable, pues sin duda amplifica la potencia del llamado escisionista en el campo opositor –amplía su base, más allá de los habituales “comecandelas” añorantes de la salida militar- y además condena a estos importantes dirigentes democráticos a un inminente fracaso que pesará sobre su influencia social y política, la limitará al espacio de los opositores radicalizados y les cerrará puertas en el mayoritario universo de los venezolanos no politizados.

Se podrán recuperar y habrá que ayudarlos en eso. En particular, hay que defenderlos desde ya de la arremetida represiva que ya el gobierno inició contra ellos, cuyo desenlace es previsible dada la diligencia conocida de los títeres de la fiscalía y el poder judicial. Porque, aunque no la comparto, la generalizada protesta de calle que promueven López y Machado ha estado, de su parte y hasta el presente, inscrita en la Constitución y las leyes. Sino miremos hacia el Brasil, donde hace unos meses se registraron protestas mucho más enérgicas, masivas y generalizadas, en medio de una importante competencia deportiva internacional, y para enfrentarlas el gobierno observó cuidadosamente los derechos humanos de los movilizados y sus dirigentes. No tiene excusas el gobierno, más allá de sus acostumbradas mentiras y montajes fascistoides, para detener como ha hecho a los estudiantes, ni para perseguir, enjuiciar o inhabilitar a López, Machado u otros dirigentes.

En todo caso, lo más lamentable de este reincidente fallo estratégico es el sufrimiento que está representando en términos de muerte y represión a nuestra juventud, a los valerosos estudiantes que siempre están a la orden para acometer la faz más descarnada de la lucha, en las calles frente a las desalmadas huestes militares, policiales y paramilitares del gobierno. Los estudiantes asesinados, heridos, golpeados, vejados y apresados, así como sus desesperadas familias, concitan el dolor y la indignación de la mayoría de Venezuela, pero muy poca adhesión concreta en el mismo terreno callejero.

No he podido contenerme de pronunciar un pensamiento que alguna vez me resultó odioso escuchar durante mi época estudiantil: algunos políticos utilizan a los estudiantes como “carne de cañón” para sus planes particulares, proyectos que los utilizados no suelen conocer en sus aspectos confidenciales. Porque razones para protestar siempre hay, y no hay nadie más dispuesto que un joven estudiante para advertirlas y actuar en consecuencia. Hoy sobran las razones para protestar, pero promover la movilización de calle sin más, carente de un propósito orgánico salvo propiciar el caos galopante “a ver” si una solución milagrosa emerge de algún lugar que imaginamos está listo para actuar según nuestros deseos, es cuando menos una irresponsabilidad, sino un crimen. Y mucho más cuando los objetivos del bochinche están vinculados a proyectos de poder interno en el campo donde se actúa, para desplazar a quienes hoy ocupan tales posiciones.

Fracasarán. Porque este nuevo intento de forzar, por puro voluntarismo, la naturaleza de los procesos políticos carece totalmente de sustento (a menos que los promotores más ocultos del despropósito sepan algo que no sabemos el resto de los venezolanos, algo con lo cual han venido amenazando en estos 15 años sin ningún resultado). Y créanme que no me regocijo de ese fracaso; por el contrario, lo lamento muchísimo, porque esas derrotas pesan enormemente en el desarrollo general de la lucha democrática. Nos hacen retroceder. Por fortuna para la maltrecha oposición, el gobierno está igual o peor que ella: también dividido, dando palos de ciego en la economía, desesperado por la falta de credibilidad ante sus seguidores… Pero esta ayudadita de #LaSalida no le vendrá nada mal para su designio de sobrevivir un rato más a una crisis generalizada que no parece tener fin ni remedio.

¿Por qué estoy tan seguro de que la operación #LaSalida fracasará?

Porque está sustentada en una falsa premisa central: que una mayoría de los venezolanos está deseosa de la renuncia del actual presidente y dispuesta a movilizarse activamente para lograrlo. Parten del supuesto de que la crisis socio-económica que vive el país, sumada a la ilegitimidad que varios factores hacen pesar sobre el cargo de Nicolás Maduro, son suficientes para crear las condiciones de un estallido social creciente que produzca #La Salida deseada.

Se equivocan. Este gobierno, innegablemente debilitado por la crisis y la ilegitimidad por él mismo provocadas, tiene frente a sí a una oposición mucho más débil, carente de unidad orgánica, sin conexión con importantes sectores sociales sobre los que el gobierno ejerce un cerrado control y carente de un proyecto de país alternativo, cuya formulación no va más allá de las generalidades estupendamente dibujadas por Henrique Capriles en tres campañas electorales.

Con todos sus méritos, esta es una oposición que acaba de ser derrotada en las elecciones municipales del pasado 8-N. Ella tenía todas las perspectivas de victoria apenas un mes antes de esas votaciones; pero el gobierno se las arregló, ventajismo y maniobras arteras mediante, para alcanzar una votación nacional claramente mayoritaria con la que se recuperó de la estrecha desventaja sufrida el 14-A, volteada mediante los mecanismos fraudulentos que ya conocemos. Si el resultado electoral hubiese sido claramente favorable a la oposición, no hay duda que las condiciones para aspirar a una salida inmediata serían hoy harto favorables. Pero no fue así. La consigna enarbolada por Capriles días antes del 8-N -“luego iremos por ti, Maduro”- tenía como premisa el triunfo electoral; de tal modo que ese llamado fue sepultado por los votos adversos y postergado para otra oportunidad.

¿Cómo una oposición derrotada, sin un programa claro y conocido y sin vínculos con sectores sociales fundamentales, va a proponer la salida de un gobierno que viene de derrotarla electoralmente? Los acontecimientos políticos generan realidades políticas, y un claro resultado electoral es un acontecimiento político que genera una inobjetable realidad política. El escenario así establecido puede resultar breve o duradero, según el comportamiento de factores objetivos que están en la sociedad y factores subjetivos inherentes a las fuerzas en pugna. No hay duda de que los factores socio-económicos presentes favorecen la esperanza de un cambio político, pero los factores sicológico-sociales y el ambiente cultural que prevalece hoy en Venezuela no parecen acompañarlos en la misma medida.

¿Está la sociedad venezolana -sus mayorías poblacionales y organizadas, sus sectores decisivos en múltiples aspectos- deseando un cambio inmediato de gobierno y dispuestos a movilizarse peligrosamente para sacar del poder a un agresivo grupo que se muestra dispuesto a cualquier tropelía (incuida la masacre) para conservar sus privilegios? ¿Quienes clamamos por un cambio de gobierno, hemos presentado a esta sociedad un proyecto alternativo que le dé confianza para acompañarnos en la aventura de una salida inmediata? La respuesta evidente es NO, para ambas preguntas. Ni la mayoría desea, ni siquiera lo imagina, que este gobierno debe salir ya, ni la oposición está ofreciendo una alternativa sustentable de gobierno, mucho menos de poder.

V. I. Lenin, el mayor teórico y práctico de la insurrección, y Curzio Malaparte, teórico del golpe de Estado, coinciden en que ambas alternativas políticas son de lenta preparación y rápida ejecución. Y que el sentido de la oportunidad gobierna con mano de hierro su preparación y puesta en práctica. Lenin dictaminó, respecto de su insurrección en Octubre de 1917: “para ayer era muy pronto, para mañana será muy tarde, el día debe ser hoy”, con lo que subrayaba la vital importancia que tienen los tiempos en esos vitales procesos socio-políticos. Ellos requieren un laborioso y sostenido acopio de fuerzas en todos los espacios de la sociedad, un conteo riguroso de las propias y de las del adversario, y un ausculteo minucioso de las pulsiones que habitan lo más profundo del cuerpo social.

Eso tienen que saberlo, o siquiera intuirlo, los promotores de #LaSalida. Porque ellos no son neófitos políticos (¿o militares?); y si lo fueren, poseen asesores y estudiosos especializados que lo conocen con propiedad. Entonces, ¿por qué se comportan de esa manera? ¿Por qué lanzan una consigna que sugiere el reemplazo inmediato de un gobierno frente al escepticismo de la inmensa mayoría social? ¿Por qué promueven una movilización indiscriminada de los estudiantes que no tendrá otro fin que la agresión sobre ellos de cuerpos represivos despiadados, y el desencanto de esos muchachos al no recibir la solidaridad masiva que ellos esperan del resto de la sociedad? ¿Cuánto va a costar que esos muchachos salgan otra vez de sus aulas, cuando sea verdaderamente necesario y útil que lo hagan?

Al parecer, el propósito más profundo de los promotores de #LaSalida no es reemplazar de inmediato al gobierno, sino a Henrique Capriles como líder del pueblo democrático y a Ramón Guillermo Aveledo como coordinador de la oposición organizada. En ese caso, el movimiento debería tener por Hashtag el más apropiado de #LaEntrada… de ellos a las posiciones dirigentes de la oposición. Es duro decir esto de personas sobre quienes pesan órdenes de prisión; pero dado que nos estamos jugando la suerte de Venezuela alguien debe atreverse a hablar claro, quizás alguien como quien escribe, que no posee otra ambición que recuperar un país libre para sus hijos y nietos.

Menos mal que Capriles ha sido muy firme ante las presiones que esto indudablemente le significa y Aveledo ha reaccionado con la misma serena convicción. Henrique ha sido muy claro al demarcar cuál será su ruta en los tiempos inmediatos: una ruta social, para vincularse con la Venezuela que nunca adhirió la oferta opositora, para llegar al corazón y la cabeza de los millones de venezolanos que creyeron en la oferta de Chávez y aún guardan una esperanza en los cantos de sirena de sus sucesores. Muchos de ellos se distancian y desengañan a diario de la farsesca revolución, pero no encuentran en el mapa una oferta, una palabra o un líder que los motive a participar en otra causa.

Que Capriles y Henry Falcón y Liborio Guaruya, entre otros, asuman ese camino me llena de esperanzas y también de orgullo. Porque es lo que hemos venido proponiendo desde que en marzo de 2001 publicamos el manifiesto fundacional de sitio web “El Gusano de Luz”, conjuntamente con la Organización Procatia. Documento de plena vigencia que está a la orden de quienes lo quieran revisar en el siguiente link:

https://docs.google.com/file/d/0B3V1-t1wgBr_VkY3WFplUS1fbjA/edit

Finalmente, el período no electoral que transita por estos meses Venezuela ofrece la oportunidad de un debate abierto sobre las mejores alternativas de lucha para el éxito del esfuerzo democrático. De tal discusión emanaría con transparencia el liderazgo más conveniente para el futuro inmediato; y la necesidad de unidad no debe ser un obstáculo para que el mismo se efectúe con la mayor franqueza, en el marco del respeto y altura y sin el chantaje de los hechos cumplidos por delante.

Es más, existe una vía expedita y transparente para dilucidar, en el marco del referido debate, el asunto nada deleznable del liderazgo. ¿Por qué no se convocan unas elecciones internas de la Venezuela democrática, en la cual el líder y los principales coordinadores y voceros sean electos por el voto universal de todos los que quieran participar? Como las primarias de febrero de 2012. Unas elecciones que, como propuso hace una semana Oscar Arnal, sirvan además de primarias para elegir a todos los candidatos de la oposición unida a la Asamblea Nacional y el Parlamento Latinoamericano. Elecciones primarias en todos los estados, circuitos y para todas las listas.

Esta idea le parecerá necia y descabellada a las mentalidades frívolas e inmediatistas que abundan en las redes sociales, una parte de las cuales (no muy grande por cierto) se encuentra hoy en las calles. “Falta un siglo para las elecciones parlamentarias”, responderán. Pues no, en términos de política concreta las elecciones parlamentarias de septiembre 2015 están ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Si queremos buenos candidatos con opción triunfadora en la mayoría de los circuitos y estados del país, hay que pensar en ellos desde ya y elegirlos por lo menos con 10 meses de anticipación. Para que tengan tiempo de hacer sus campañas en el seno de las bases sociales.

La pronta convocatoria de estas primarias obligaría a todos los políticos y aspirantes a serlo, que deseen ser diputados o dirigentes de la Unidad, a moverse desde ya en los espacios que cuentan para ello -las bases comunitarias, laborales, estudiantiles y profesionales de cada región- para alcanzar primero la candidatura y luego el triunfo ante el adversario pesuvista. Y sobre todo, evitaría que las planchas para la Asamblea Nacional sean confeccionadas nuevamente en los mezquinos cotilleos partidistas, como acaba de ocurrir con los candidatos a concejales, donde las cúpulas de 5 o 6 partidos de dudosa fortaleza deciden quién entra y quién sale de las planchas, dejando por fuera a valiosos ciudadanos (independientes, pero también de sus propios partidos) que jugarían un papel mucho más válido y eficiente, tanto en la elección como en el parlamento.

El logro de una elección como esa para el mes de noviembre, por ejemplo, y un congreso ideológico o programático de la Unidad opositora a comienzos de 2015 (con todo este año para prepararlo, sin los encierros cupulares a los que nos tiene acostumbrados la MUD), puede constituir un proyecto muy atractivo para la sociedad civil y para la ciudadanía en ejercicio que tanta angustia presenta en el momento actual. Es una idea que bien puede comenzar a ser discutida luego que finalice el aspaviento –conmovedor y digno de solidaridad en el caso de los estudiantes muertos, heridos, golpeados y detenidos- generado por #LaSalida.

@TUrgelles
  
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sábado, 14 de diciembre de 2013

THAELMAN URGELLES, EL NAZI-FASCISMO, A CARGO DE NUESTRA EDUCACION

La declaración de Maryann Hanson sobre la derrota del gobierno en las principales ciudades del país es una muestra químicamente pura del nazi-fascismo que presta sustento ideológico a la llamada "revolución bolivariana". Ha dicho Hanson:
"Llama la atención que en las grandes ciudades es donde perdimos las elecciones. Pudiéramos hacer una reflexión: en las grandes ciudades es donde se concentra la mayor alienación de la gente porque la gente se relaciona menos, comparte menos, es menos solidaria, menos colaboradora, menos cooperativa, tiene menos conciencia del deber social porque vive como más aislado, vive solo".
No hace falta ser un erudito en ideologías de ultra-derecha para identificar en esas palabras el más primitivo pensamiento reaccionario, fundado en el odio hacia lo urbano y el desprecio por la modernidad.
El culto a la ruralidad, al hombre supuestamente puro del campo, libre de las contaminaciones perversas de la vida ciudadana por su cercanía con el mundo natural y animal, se desprende en buena medida de las tesis del pensador suizo del siglo 18 J. J. Rousseau, de cuyo pensamiento abrevaron diversas corrientes de la modernidad y luego, en no poca medida, el fascismo y el nazismo.
No así el marxismo, cuyo principal exponente Karl Marx lo combatió acremente, pues entre otras cosas Marx era un feroz partidario de la industrialización y urbanización de la sociedad y un crítico implacable de la ingenua fe en las bondades de la vida campesina. En su enaltecimiento del obrero, Marx despreciaba al campesino al igual que al lumpen proletariat, otro de los tótems de los que se nutre el psuvismo. No digo esto último por ser yo partidario de Marx, que no lo soy en absoluto, sino para poner de relieve la profunda impostura e ignorancia de estas representantes de una casta política que se auto-define socialista y marxista cuando su verdadera vocación y vecindad política se encuentran en el nazi-fascismo.
Es famosa la costumbre practicada por las juventudes hitlerianas -promovida por el propio Fürher y sus acólitos Himmler y Goebbels- de irse a los campos de Alemania para insuflarse de la pureza de sus pobladores y asimilar las atávicas tradiciones germanas que habrían de alimentar el nacimiento del "hombre nuevo ario". De allí saldrían los más acerados cuadros de las SS y la Gestapo, conocidos pocos años después como criminales de guerra.
Más recientemente, es conocida la raigambre ruralista y antiurbana del Tea Party norteamericano, tendencia en la que despertaron los más opacos ancestros ultramontanos que se creían desterrados de esa dinámica sociedad y que hoy amenazan con cancelar muchos de los avances civilizatorios por ella alcanzados. El cultivo del resentimiento del campo hacia la ciudad, ese que hoy se percibe y crece en el puritano centro agrícola de los EEUU contra las “pervertidas” Nueva York y California, coincide textualmente con lo dicho ayer por la ministra Hanson.
Como si no fuese suficiente la flagrante confesión fascista de la primera cita comentada, añadió la señora Hanson, refiréndose a quienes votamos por la oposición:
 “… les trituraron el alma… cuatro millones que no son oligarcas, que no son burgueses, pero que a ellos sí les trituraron el alma porque les faltó conciencia para saber cómo queremos estar".
No me detendré en la alusión demoníaca que hace al identificar al adversario político como una entidad que atenta contra el alma humana, sino en la última afirmación, la más miserable de todas: a quienes votaron por la oposición“… les faltó conciencia para saber cómo queremos estar”. En esta frase queda expuesta la esencia de todos los totalitarismos, y en este caso tambien el comunismo: “quienes no están con nosotros no comprenden la bondad suprema de nuestro proyecto, de nuestro partido y nuestro líder. No han cobrado conciencia de todo el bien que queremos para ellos”.
Por supuesto, hay que hacérselos entender, y ya sabemos cuáles son los métodos que emplea el totalitarismo para enseñarnos lo que nos conviene para alcanzar la mayor suma de felicidad posible.
Todo esto sería ya grave si hubiese dicho por la inefable Fosforito, ministro a cargo de las cárceles y los “privados de libertad”. Pero dicho por la encargada (¿lo será realmente?) de la educación de nuestros niños, sencillamente nos pone los pelos de punta”. Aunque se quede dormida en la alocuciones presidenciales.
Thaelman I. Urgelles D.

turgelles2@gmail.com

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sábado, 24 de agosto de 2013

THAELMAN URGELLES, TODO EL PODER PARA LAMATA

Ando atragantado con una opinión que pugna por salir de mi teclado, aunque sé que no me conviene expresarla en este momento. Mas no debo traicionar el propósito que me dicté hace 15 años, de no escamotear mi voz ante cualquier iniquidad o injusticia de la que sea testigo; debo dormir cada noche, y callar sobre esto me lo impedirá. Se aviene esta introducción al caso de la película “Bolívar, el hombre de las dificultades”, patrocinada por el gobierno nacional bajo la dirección de Luis Alberto Lamata y cuya distribución nacional ha sido objeto de un inusitado despliegue de todo el poder del Estado, frente a presuntas agresiones y saboteos del sector comercializador de películas en el país.

Resulta que el cineasta Luis Alberto Lamata, quien jamás levantó un dedo para defender al cine nacional en su conjunto ni para ejercer los engorrosos esfuerzos gremiales que han sido necesarios para llevar a nuestro cine a la favorable situación que hoy disfruta, cada vez que se va a estrenar una de las películas que con sorprendente frecuencia le encargan el gobierno y la Villa del Cine se erige en feroz denunciador de la iniquidades de distribuidores y exhibidores: “que no le dan suficientes cines, que las condiciones de proyección lo perjudican, que hay un sórdido plan contra él y su obra, etc.”

En el caso de “Bolívar…”, el niño consentido del gobierno bolivariano ha encontrado aliados que ningún cineasta soñaría con tener: desde el presidente de la República, pasando por el llamado Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (SIBCI), los centenares de medios “públicos” y pro-gobierno, hasta los muy pertinentes CNAC y Villa del Cine, han tocado clarines de batalla, zafarrancho de combate, para romper lanzas en defensa del honor mancillado del cine nacional. 

Tanto aspaviento para torcerle el brazo a Cines Unidos y lograr que le otorguen al niño Lamata las salas de cines que él reclama para su película. Finalmente le dieron una sala en el Sambil Caracas, templo del capitalismo salvaje, cuya ausencia en la programación del “Bolívar” constituía –según el cineasta y sus seconds del gobierno- una auténtica afrenta contra el cine nacional y contra el propio padre de la Patria. Porque, además de los dos próceres revolucionarios presentes en la película -Lamata y Roque Valero- en ella se encuentra, no por casualidad, el prócer mayor de la República.

Como algo conozco de este negocio, déjenme decirles que quizás ninguna película venezolana ha tenido la programación de este Bolívar encargado por el gobierno a Lamata. Ya quisiéramos todos disponer para el estreno de nuestras obras en Caracas de salas en los complejos Líder, Millenium, San Ignacio, Tolón, El Recreo y otras hasta completar 10 en la capital, más 30 en el interior del país. Ah, pero ¡infamia!, al niño le faltó el Sambil, ¡se lo negaron los agentes del imperio y de Hollywood! Y para colmo, un torvo saboteador de la CIA echó a perder el proyector de una sala del Líder, impidiendo que el mensaje bolivariano llegara a los espectadores de esa función.

Los cineastas venezolanos hemos visto cómo nuestra actividad crece en cantidad y profesionalismo (aunque aun poco en validez artística), a base de un esfuerzo sostenido, con el precioso apoyo del CNAC, de nuestra Ley de Cine y de nuestros gremios. La difusión de las películas nacionales es un complejo proceso en el que convivimos con el sector de la distribución y la exhibición. Una relación en la que abundan los forcejeos, desencuentros, quejas y descontentos. Pero hemos aprendido que necesitamos al sector comercializador y comprendido que ellos poseen un legítimo interés comercial, el cual deben compaginar con el nuestro como productores nacionales y el del público de ver su imagen y sus temas en las pantallas endógenas. Para ello es invalorable el apoyo del CNAC, unas veces para ejercer presión en nuestro favor y otras como un útil factor mediador entre las partes.

El sector comercializador, cuyo negocio principal –el que literalmente mantiene abiertas las salas- es indudablemente la exhibición de películas extranjeras (y principalmente norteamericanas), también ha aprendido a convivir con nuestras películas y con nosotros como contraparte. Es innegable que para ellos el cine nacional representa sacrificios financieros concretos y específicos, en una marcha cuyo propósito es establecer a las obras nacionales como un producto rentable y fuerte, que al cabo resulte apetecible para distribuidores y exhibidores. En ello hemos avanzado los últimos años y esperamos hacerlo con mayor celeridad.

En fin, resulta enojoso e inconveniente que a estas alturas se genere un conflicto de este tamaño, por una película que ha tenido un lanzamiento de lujo y cuyos contratiempos son los normales que sufren otras películas nacionales y también extranjeras. El señor Lamata debe aprender a administrar el enorme poder que le confiere ser el ejecutor predilecto de los encargos cinematográficos del gobierno bolivariano.

Un cliente que, por cierto, muy pocos le envidiamos. Porque no es muy confortable la situación artística a la que ha devenido Lamata. Las frecuentes películas que el gobierno le encarga abultan su curriculum y quizás su patrimonio, al precio de convertirse, de un prometedor autor cinematográfico en un artesano ejecutor de las ideas y proyectos de un poder que suele derretir a quienes se le someten con obsecuencia.

@Turgelles



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sábado, 9 de marzo de 2013

THAELMAN URGELLES, HORAS DECISIVAS DE SUPERVIVENCIA

La oposición y los intelectuales encaramos horas decisivas de supervivencia. 
Amanece, luego de la conmoción inevitable producida por la noticia de ayer, y de inmediato debe movilizarse el pensamiento de quienes tienen responsabilidades de conducción política o en la formación de opinión. Desde ayer mismo, también antes de ayer y sobre todo en esta mañana del “día después” se percibe que, en medio de su dolor, los herederos de Chávez no dan puntada sin hilo en su tarea de edificar el mito de un nuevo Libertador y santo mayor de los venezolanos.
Las apresuradas visitas de los presidentes latinoamericanos más cercanos de la revolución y el tono de sus declaraciones iniciales revelan que no se darán pausa en su proyecto de crear en Venezuela un nuevo peronismo, un anchísimo alfombrado político que cubra el territorio nacional de pared a pared y fuera del cual no sea posible organizar nada, expresar nada, representar nada. 
Al cabo de 60 y pico de años, en la Argentina ha cristalizado ese fenómeno mediante el cual no se puede hacer política real fuera del peronismo, es sus variadas versiones y facciones. Pero tuvo que transcurrir todo ese tiempo, en medio de las peores convulsiones políticas y militares, de tragedias sin límite, de catástrofes económicas y del sufrimiento inenarrable de millones de personas, para edificar el contrasentido de una religión política de Estado.
Ante los ojos asombrados de millones de venezolanos con sentido crítico, en nuestro país se está intentando a toda prisa una operación de similar calado, esta vez con el concurso de un entorno internacional que está demostrando carecer de pruritos para arrimar su hombro a la tarea. 
El agigantamiento de la obra de Bolívar no fue cosa de un día. Aún en la hora de su muerte, El Libertador fue un hombre polémico, discutido y cuestionado. Fue en el curso de los años y décadas siguientes cuando unas repúblicas sosegadas para el análisis de la grandeza de su labor y obra constructora fueron reconociendo la dimensión histórica del personaje. No hubo en aquel momento ningún aparato de propaganda al servicio de un acelerado operativo de imagen corporativa, para cimentar improvisados pedestales de exagerada grandeza.
¿Lo vamos a permitir los venezolanos que conservamos un mínimo de criterio propio, sindéresis y autorespeto? 
¿Lo va a permitir la dirigencia política opositora, responsable en grado sumo de mantener estos temas en su correcta dimensión política e histórica, sobre todo cuando se reconocen los fines claramente electorales de la operación? 
¿Lo va a permitir lo que queda del chavismo serio y honrado? ¿Lo vamos a permitir los intelectuales, cuyo mínimo compromiso con la verdad histórica y la reflexión objetiva nos obliga a defender a la población menos ilustrada de tales acciones sobre su independencia de pensamiento?
Hoy viene a mi memoria el ejemplo del gran Borges, elevado como un solitario mástil ante la edificación del mito peronista y quien por ello pagó un alto precio; y el muy digno de Cortázar, cuyo autoexilio de por vida fue originado en la misma causa.
Todo esto se puede ejecutar de inmediato, sin por ello faltar al debido respeto y a la discresión aconsejada en estos casos. Vemos que el oficialismo ejerce su dolor sin descuidar ni por un segundo sus objetivos político-electorales.
 “Llorando y vistiendo el muerto”, como dice el dicho popular. 
Y nos preocupa que la oposición se deje arrastrar por el microclima que indudablemente se va a instalar durante los próximos días, en el país y en Latinoamérica toda. Estoy conciente del riesgo que asumo al escribir esta nota tempranera, mas no podría dormir tranquilo, ni mirar a los ojos de mis hijos y nietos, si por una aconsejable prudencia me inhibiese de hacerlo.
turgelles2@gmail.com

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

THAELMAN URGELLES, EL SÁBADO SE DUPLICÓ LA IMPORTANCIA DE CADA VOTO

El anuncio presidencial de una inminente transición del poder ha dado un poderoso viraje a los temas del debate político nacional, incluidos por supuesto los de las próxima elecciones regionales. Algunos se molestan por ello y exigen imperativamente que nos concentremos en el 16-D y no en la salud presidencial y sus consecuencias. Olvidan que resulta imposible evitar que los anuncios y decisiones presidenciales sobre su salud arropen todo el espacio político y se lleven también por delante los temas locales de las importantes elecciones del próximo domingo. Es como si un fuerte temblor de tierra se presenta cuando estamos a punto de apagar las velas de nuestro cumpleaños y nos enojáramos porque los invitados salen corriendo en vez de seguirnos cantando.
Los presidentes poseen un peso específico muy grande sobre la vida de los países; y ello es particularmente excesivo con este que hoy tenemos. Cómo imaginar que lo que dijo Chávez el sábado, y la suerte que tenga en su nueva operación en tierras extranjeras, pueda ser separado de la agenda electoral regional. No hay manera, fueron esos limones los que nos cayeron del cielo y con ellos tendremos que hacer la mejor limonada posible. No creo exagerar si comparo el impacto de este anuncio una semana antes de nuestras elecciones, con la bomba que estalló en la estación de Atocha tres días antes de una elección general española. Las tendencias de voto se revirtieron dramáticamente, con resultados devastadores para el gobierno, a causa de su mal manejo de la información sobre el acto terrorista.
Es muy difícil predecir cuáles serán las consecuencias electorales de lo anunciado por Chávez el sábado. Por supuesto que él lo hizo con el propósito de insuflar ánimo y voluntad participativa en un electorado oficialista que no ha sido muy entusiasta en esta campaña. El cálculo del PSUV es que la emergencia supuesta en la posibilidad de perder a su líder movilizará al máximo a sus patrullas y votantes el domingo. Por ello se lanzaron con las reuniones dominicales en las plazas Bolívar, de cuya asistencia se tienen noticias poco alentadoras. En todo caso, es evidente que la fibra militante del chavismo recibirá un fuerte impulso con la grave noticia que recibieron.
Pero la oposición no deja de recibir importantes ventajas del mismo hecho. Desde ayer mismo se comenzaron a ver en las redes sociales manifestaciones de muchos opositores que no tenían disposición de votar y cambiaron su actitud ante la repolarización que introdujo el anuncio de Chávez, especialmente por la agresiva y grosera conducta de los diputados chavistas en la sesión de la Asamblea Nacional. También es un factor movilizador para los “escuálidos” el hecho de que vislumbren otra oportunidad cercana de enfrentar y vencer al oficialismo en elecciones presidenciales. Por otra parte, la principal muletilla discursiva de los candidatos del PSUV –“vota por mí porque tengo el respaldo de Chávez”- pierde considerable fuerza y credibilidad.
Por todo eso, en las redes sociales –un termómetro bastante aproximado del ambiente público- se comenzó a leer con mayor frecuencia el entusiasta llamado “¡A votar!”, en los time lines de opositores y oficialistas.
Eso repetimos aquí con mucha fe y entusiasmo. ¡No queda otra que votar! Porque la importancia de cada voto se duplicó en esa sola noche.
@Turgelles

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domingo, 9 de diciembre de 2012

THAELMAN URGELLES, LA ELECCIÓN DE GOBERNADORES ES MÁS DECISIVA QUE LA PRESIDENCIAL

Los vaivenes de la política son de tal modo aleatorios e impredescibles que hoy se puede afirmar que las elecciones de gobernadores serán más decisivas para el destino político del país que las pasadas elecciones presidenciales. 
En primer lugar, porque la victoria de Chávez no estaba de ningún modo fuera del sensato cálculo político y, más allá del optimismo que hay que insuflarse para ir a estas batallas y transmitirlo a los propios seguidores, había que estar preparado para ello. 
Luego, porque la ausencia del presidente en toda acción de campaña en favor de sus candidatos ha hecho que esta se convierta en una suerte de encuentro “pelo a pelo” entre los aspirantes oficialistas y opositores, excluyendo por supuesto el ventajismo en el uso de los recursos e instituciones públicas. Y finalmente, porque un triunfo del PSUV en una mayoría muy abierta de las gobernaciones –el cual incluyera, por ejemplo, las paradigmáticas de Miranda y Zulia- representaría un visto bueno culminante para la una larga hegemonía chavista sobre nuestra sociedad.
Me da la impresión de que el PSUV está efectuando un discreto y gradual viraje hacia el “chavismo sin Chávez”, esta vez con el beneplácito del máximo líder. Es este quizás el más significativo dato que confirmaría la gravedad de la salud del presidente y su convencimiento de que no va a poder continuar en el ejercicio pleno de la primera magistratura. Creo, por ejemplo, que la ausencia del máximo líder en los afiches y vallas de sus candidatos regionales es algo más que una consecuencia de su enfermedad. Porque estoy seguro que cada uno de esos candidatos tiene sus buenas fotos junto al presidente y para quien no las tuviera existen las maravillas del Photoshop para componerlas.
Pienso que se trata de una audaz apuesta estratégica de la “revolución”, consistente en tratar de ganar el mayor número de gobernaciones sin apelar a la muleta de Chávez, aprovechando, claro está, el impulso moral que les brindó el triunfo del 7-0. Si lograren tal cometido el 16-D, no me sorprendería que el propio Chávez renuncie al nuevo período para hacer convocar nuevas elecciones en un “momentum” de máximo éxito propio y de desmoralización y cuasi desbandada opositora.
Por eso la MUD, sus candidatos y la Venezuela democrática en general nos estaremos jugando el 16-D mucho más que el pasado 7-O. Demasiado terreno hay en peligro, como para que se mantengan determinados cálculos mezquinos partidistas, boberías como las de William Méndez, Soraya Hernández y quienes los alcahuetean, y en particular las estupidez malcriada de quienes insisten en cuestionar sin misericordia al camino electoral y a los equipos técnicos que lo sustentan.
@Turgelles

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viernes, 7 de diciembre de 2012

THAELMAN URGELLES, EL FASCISMO CONTRAATACA EN AMÉRICA LATINA

El otorgamiento a Rafael Correa de un premio periodístico que tiene el nombre de Rodolfo Walsh no puede sino calificarse como una típica provocación fascista. El acto es una auténtica carambola de tres bandas, como las que el cinismo de ultraizquierda suele utilizar para exhibir impúdicamente su burla contra la verdad y la memoria histórica. Veamos en que consisten las tres bandas de esta perversa carambola.
En primer lugar, Rodolfo Walsh fue un escritor y periodista argentino cuyo trabajo de investigación estuvo centrado en desentrañar los crímenes y abusos que se cometen a la sombra del poder. Asesinado en 1977 por un escuadrón militar a las órdenes de la sanguinaria dictadura que se instauró en aquel país en 1976, un día después de que hiciera circular su Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, un valiente desafío al poder arbitrario que se había enseñoreado sobre su país y que meses antes había cobrado la vida de una de sus hijas.
La segunda banda de la carambola es la identidad del premiado. ¿Qué tiene que ver Rodolfo Walsh, quien vivió y murió enfrentando a los poderes que conculcan las libertades -especialmente la de palabra- con el señor Rafael Correa, un conocido violador de la libertad de expresión, perseguidor de periodistas, cerrador de medios de información y arrogante difamador de todo cuando huela a pensamiento libre e independiente? Es una buena pregunta para los directivos de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, quienes han usurpado el nombre de Walsh para lavar el rostro manchado de cuánto sátrapa se acerque por tierras argentinas.
Nuestra respuesta es sencilla: el fascismo de ultraizquierda expropia mucho más que empresas, terrenos y medios de comunicación. Sus principales objetos de incautación son la verdad y la dignidad, de las cuales se apropia de modo fraudulento –arrebatándoselas a sus legítimos poseedores y practicantes- para exhibirlas como parte su bisutería revolucionaria. Así, estos “revolucionarios” se visten de amor al prójimo, de falsa poesía enaltecedora del género humano, para disfrazar su afán de poder eterno y las atrocidades que para lograrlo deben cometer cada día.
Hay una tercera banda de esta carambola, la cual Correa no se privó de ejecutar: su miserable declaración sobre el criminal atentado terrorista contra la AMIA, una institución de la comunidad judía de Buenos Aires en la cual murieron 85 personas por efecto de una bomba, en cuya colocación se ha demostrado culpabilidad de la dictadura iraní. Sin que viniera a cuento, el mini-autócrata civil entró a comparar las víctimas de la AMIA con los muertos en la guerra de Libia, típico recurso del cinismo fascista para restar importancia al terrorismo con el que se simpatiza.
No comparto el predicamento político-ideológico que en vida mantuvo Rodolfo Walsh, aunque admiro sus relatos policiales y sus valientes reportajes de investigación periodística. Las razones y criminales circunstancias de su muerte son motivo suficiente para que se la considere un mártir de la libertad de expresión. Porque en ese terreno no pueden existir diferenciaciones de ningún tipo, como suelen proceder la impresentable Hebe de Bonafini y el señor Rafael Correa.
turgelles2@gmail.com
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jueves, 29 de noviembre de 2012

THAELMAN URGELLES, COLOMBIA SE SUMA A LA DIPLOMACIA DE FACTO

La decisión del gobierno colombiano de retirarse del Pacto de Bogotá, librándose con ello de la responsabilidad de acatar obligatoriamente las decisiones de la Corte Internacional de Justicia, es un nuevo paso en la conformación de una “diplomacia de hecho”, mediante la cual las naciones sólo reconocen la jusrisdicción y decisiones de los organismos internacionales cuando resultan favorables a sus intereses. Cuando tales decisiones o la supervisión de dichos organismos les resultan inconvenientes, sencillamente “botan tierrita y no juegan más” en esos escenarios.
Estando tan cerca del retiro de Venezuela de la Comisión y la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, estas últimas por motivos menos honorables, el paso colombiano provee un importante respaldo a la negativa venezolana de admitir la veeduría de dichos organismos continentales en cuanto al respeto humanitario en nuestro país. Esta tarde las redes sociales estuvieron llenas de mensajes de partidarios del gobierno, regocijándose de la decisión del presidente Santos, por todo lo que contiene de sustento para los designios “soberanistas” de Chávez.
Lo cierto es que en los tiempos que vivimos, necesitados como nunca de una red internacional de defensa de la convivencia pacífica, derechos humanos y de juridicidad en materia de contenciosos geopolíticos o económicos, son cada vez más los estados que colocan sus intereses particulares por encima de la comunidad internacional. La propia superpotencia Estados Unidos, Rusia y muy frecuentemente el neo-gigante chino, marchan a la vanguardia en la negativa de suscribir importantes pactos regulatorios de las relaciones comerciales, derechos humanos y protección del medio ambiente.
Qué quedará para los países menos importantes y más sometidos a conflictos internos y externos, en particular aquellos que como el nuestro están regidos por gobiernos que no se sienten nada cómodos en el contexto de la observación internacional sobre sus poco transparentes desempeños.
@Turgelles
turgelles2@gmail.com

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

THAELMAN URGELLES, 11 PÍLDORAS Y UNA CERTEZA SOBRE LA NUEVA RECAÍDA, MISION LASTIMA

1. Ayer decíamos que las poco claras ausencias del presidente se estaban sintiendo poco en la vida nacional. Pocas horas después, el anuncio de un nuevo permiso de la AN para ausentarse indefinidamente a Cuba para recibir nuevos tratamientos, reposiciona al personaje en el centro del espacio político.
2. No faltarán los cultores de rocambolescas teorías conspirativas para afirmar que esa es precisamente la jugada, que “se simula este nueva recaída y tratamiento para recuperar el protagonismo sin el cual él no puede vivir”.
3. De hoy en adelante, toda la agenda política va a girar en torno la recaída y hasta el proceso electoral regional va a quedar subordinado a los vaivenes informativos e imaginarios sobre el estado de salud del presidente.
4. ¿Cuáles serán las consecuencias de este repentino, aunque por muchos vaticinado, giro dramático de la montaña rusa en la que estamos montados? La pregunta sólo conduce a numerosas interrogantes y apenas a una certeza. Aventuraré algunas de las preguntas y luego la solitaria afirmación.
5. ¿Será capaz el régimen de dar a esta recaída un nuevo vuelco favorable hacia su proyecto electoral, tal como lo alcanzó en la campaña presidencial?
6. De hecho hoy mismo comenzaron a intentarlo, cuando la lectura de la solicitud de permiso ante la AN fue disfrazada de júbilo popular, mediante una cuidadosa puesta en escena en la que la voz de Cabello leyendo la carta era ilustrada por las imágenes de “un pueblo” sonriente y clamoroso. Diosdado casi cantaba el texto mientras “las masas” casi aplaudían cada estrofa… digo, párrafo.
7. ¿Serán capaces de transferir esta reciclada “Misión Lástima” en favor de sus candidatos a gobernadores? Tendrían que lograr similares resultados a los obtenidos con el mensaje “nuestro líder está enfermo y necesita de tu solidaridad, dale otra oportunidad votando por él”. ¿Será lo mismo decir: “nuestro líder está enfermo y necesita tu solidaridad, vota por Aristóbulo… o por El Aisami… o por Reyes Reyes?
8. ¿Cómo afectará este giro de la realidad a la estrategia de los candidatos chavistas de pedir el voto en las regiones “porque si yo gano Chávez nos enviará más recursos”? No estando previsiblemente el “gran dador”, ¿se caerá esta oferta?
9. ¿Serán capaces de evitar que en la mente de los venezolanos, especialmente de sus votantes recientes, se produzca la conclusión lógica de que Chávez estuvo mintiéndoles durante la pasada campaña electoral, al decirles que estaba curado del todo y listo para gobernar 6 años más?
10. ¿Y será capaz la oposición de promover la anterior conclusión sin caer en la imagen de aprovechamiento desleal del dolor ajeno?
11. ¿Cómo será de grave la recaída que, ante todas las incertidumbres planteadas sobre sus graves consecuencias, no pudieron seguir ocultando lo que era un creciente rumor desde hace varias semanas?
12. La certeza es la siguiente: si la ausencia absoluta se produce luego del 10 de enero asumirá Nicolás Maduro por varios meses, mientras se convocan y realizan nuevas elecciones; pero si se produce antes, asumirá Diosdado Cabello en las mismas condiciones. Notable diferencia, ¿eh? Sobre todo para cada uno de ellos y para los grupos de poder que representan. Así que la confrontación que se avecina será a cuchillo, como en los coliseos de Uribana. Escoja cada quien su palco.
@TUrgelles

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