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viernes, 31 de enero de 2014

SAÚL GODOY GÓMEZ, LA DEMOCRACIA-CRISTIANA

Me releí con mucho cuidado esa pequeña obra de teoría política del Dr. Rafael Caldera, Especificidad de la Democracia Cristiana, y no dejo de admirarla como una brillante síntesis de esa corriente política; se trata de un libro de referencia para todos los partidos de la democracia cristiana en el ámbito mundial, pero a pesar de querer situarlo como un pensamiento de centro derecha, abre demasiados flancos hacia el socialismo y sucumbe en él.
Trata de manejarse entre dos aguas, entre el capitalismo, para negar su “egoísmo” implícito, y el marxismo, para negar su “odio” de clases; busca transar, sin éxito, entre la práctica democrática con visos de colectivismo y el pensamiento cristiano y su concepto de “justicia Social”, y digo “sin éxito” porque, a pesar de sus claros conceptos jurídicos, al momento de manejar la ideología, se deja vencer por el populismo, dejando demasiadas brechas abiertas en la defensa de una sociedad abierta y plural.
La manera como el Dr. Caldera actuó en vida, como Presidente de la República, en el caso de Hugo Rafael Chávez Frías, refleja que no estaba muy seguro en cómo proteger la democracia de sus enemigos, y es que en varias partes del libro, cuando se sumerge en territorios donde es necesaria una definición de principios, un compromiso inapelable, cuando el tema se extiende a sus límites, como es el caso de los derechos de la acción política para la seguridad del Estado, en la defensa de las instituciones democráticas para evitar su adulteración, cae inevitablemente en un relativismo y una supuesta tolerancia “ad absurdum”.
Creo que en muchas partes del libro privó la tendencia hacia el sacrificio, a retroceder ante las otras doctrinas, en aras de humanismo a ultranza, con lo que quiero decir que su pensamiento nunca fue de derecha, nunca vi el espíritu falangista y de resistencia que marca la soberanía sobre unas ideas o un territorio.
Al final del libro, uno queda con el sabor de la indefinición, un socialista podría hacerlo suyo sin problemas, al igual que un capitalista; obviando algunas formalidades oscuras en su definición de derecho a la propiedad y en el intervencionismo del Estado, se parece en mucho a la tesis de la “Tercera Vía”, que popularizó el gobierno laborista de Blair en la Inglaterra de los años noventa del siglo pasado.
Aparte de algunas consideraciones muy abstractas, el pensamiento cristiano expresado en esta obra me dio la impresión de copiar a la prédica socialista; es muy claro en que no acepta la violencia, ni la toma del poder por vías revolucionarias, no acepta la disolución de la persona como un ente libre y sujeto consciente y responsable de sus actos (aunque habla de un concepto híbrido, que creó Jaques Maritain, el de “personalismo comunitario”), pero admite la prevalencia del bien común, la propiedad con sentido social, habla de una democracia comunitaria e insiste en la idea central de la justicia social que: “…exige de cada uno según su capacidad e impone las cargas a los distintos miembros del cuerpo social de acuerdo con sus funciones específicas, y con las posibilidades y necesidades de cada uno de ellos, para lograr de esta manera, armónicamente, el bien común”.
Es muy difícil, en medio de este discurso “socialista”, distinguir al hombre de centro derecha que supuestamente dirigía al partido social cristiano COPEI, y aunque opone al materialismo marxista el valor espiritual, la primacía de lo moral, insiste en seguir la doctrina social de la Iglesia, buena para una institución como la Iglesia, pero que llevarla como razón de Estado es muy peligroso, ya que los gobiernos civiles requieren de un pragmatismo y de una capacidad de acomodo que las iglesias no tienen, o no pueden permitirse.
Caldera se descubre como un fiel creyente del estatismo, piensa que el Estado tiene el deber y el derecho para: “para dirigir, coordinar y controlar las actividades de individuos y grupos y realizar por sí mismo aquellas actividades que exija el bien común”; además, parece conteste en conservar la tradición jurídica, heredada de España, de que todas las minas y riqueza bajo la tierra pertenezcan al Estado y sea éste quien determine cómo explotarlas, que es el camino fatal que ha tomado nuestra industria petrolera.
Hay una parte donde, expresamente, afirma que el hombre cristiano tiene: “que tratar de construir un orden social nuevo en el que la diferencia antihumana de las clases sociales sea superada. Pero el cristiano no sostiene la tesis del odio, de la destrucción recíproca entre los grupos sociales, sino que busca como finalidad la armonía, el entendimiento y la solidaridad”; esa idea fue tomada por Chávez como credo, para disfrazar de tolerante e inclusivo su movimiento revolucionario, y en ese engaño cayó un gentío.
El socialismo emerge en esta referencia sobre el tema tributario; ”Dentro del régimen fiscal, en especial en lo relativo al impuesto directo, [la democracia cristiana] acoge el principio de la progresividad en lugar de la simple proporcionalidad, para que las clases económicas poderosas lleven el peso mayor de los gastos que exige la sociedad; busca convertir el Estado, a través del impuesto, en un instrumento de justicia distributiva que exige más de quienes tienen mayores recursos, para atender a través de servicios de diversa índole a las necesidades de los que tienen mayores carencias”.
En cuanto a las relaciones comerciales internacionales, se pone definitivamente del lado de la izquierda al asumir una crítica plenamente marxista: “Creo que la idea de justicia social ha de trasladarse al campo de las relaciones entre los pueblos; y que el sistema de los viejos tratados de comercio entre un país y otro, que suponen una igualdad aritmética (yo le garantizo a usted mercado para sus productos primarios, pero, en la medida equivalente, usted me garantiza mercado para mis productos manufactureros), tiene que ser abandonado, para establecer reglas diferenciales que impongan como obligación no como acción meramente voluntaria o filantrópica a los países más ricos, más poderosos o más desarrollados, mayores compromisos a favor de los pueblos más débiles, más pobres o más atrasados“.
El Dr. Rafael Caldera fue un gran tribuno y legislador, su Ley del Trabajo sientas las bases para el desarrollo del sector laboral, pero su desempeño político dejó un mal sabor, sobre todo en su segunda presidencia, las expectativas hacia su persona desbordaron sus posibilidades.
Finalmente, los actuales directivos de COPEI anuncian una reingeniería del partido luego de su debacle, hay que recordar que la misma se produjo cuando al Dr. Rafael Caldera le fue imposible aplicar algunas de las máximas que recomendaba para el partido, entre ellas, la especificidad en su descriptiva de la democracia cristiana, no la logró en el libro que resumo ya que se convierte en una apología al socialismo en términos cristianos, aunque afirme que no lo es; su inconformidad con el estado de cosas que veía no tuvo expresión política cuando le tocó gobernar; y no practicó la democracia interna en su propio partido, como mucha gente esperaba lo hiciera, razón por la que esa organización política experimentó la crisis existencial que casi hace desaparecer.
Los demócratas cristianos merecen una revisión completa de sus postulados fundacionales a la luz de la aparición del chavismo, ha sido una prueba de fuego que no ha tenido una respuesta satisfactoria y la democracia merece una mejor participación de ese campo político- 

saulgodoy@gmail.com

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sábado, 12 de octubre de 2013

RICARDO ESCALANTE, SE PUSO VIEJO

Semanas después de haber salido Rafael Caldera de su Segundo gobierno, un día lo llamé para consultarle algo con fines periodísticos y, como era lógico suponer, de entrada le pregunté cómo estaba. Su respuesta no se hizo esperar: “¡Enfermo!”, frente a lo cual inquirí qué tenía: “¡Vejez! La vejez es una enfermedad y con ella vienen muchas dolencias”…  Luego conversamos un poco sobre otros asuntos.

Las palabras de aquel hombre cuya enfermedad raigal había sido la desmedida ambición de poder -que lo llevó a patear su obra política fundamental, Copei-, reflejaban alguna dosis de humildad frente a la vecindad del final de su ciclo vital. Y no le faltaba razón: La vejez es un mal frente al cual lo ideal es tener conciencia.

Ahora bien, no todo el mundo llega al ocaso de la misma manera. Unos lo hacen en pleno dominio de sus facultades físicas y mentales, mientras para otros las cosas se complican. En la ancianidad hay quienes muestran una admirable sabiduría para verlo todo en perspectiva, con desprendimiento, aunque sin abandonar los juicios críticos y, de ellos, hay que escuchar consejos.  En los abuelos, por ejemplo, tiende a desarrollarse un enorme sentido de tolerancia frente a las travesuras de los nietos.

Hablo hoy de estas cosas movido por las más recientes declaraciones de ese formidable dirigente de la izquierda venezolana de muchas décadas que es Teodoro Petkoff.  En su trayectoria ha habido contundentes demostraciones de revisión, entre las cuales adquirió relevancia excepcional el cuestionamiento al totalitarismo comunista y a su desvencijada ideología al final de los años sesenta, tras lo cual rompió con el PCV y fue uno de los pilares de la formación del Movimiento Al Socialismo (MAS).

En aquella época Teodoro escribió Checoslovaquia, el socialismo como problema, libro que desató una encendida polémica inclusive más allá de las fronteras venezolanas, provocó un artículo en su contra en el diario Pravda y desató la ira del todopoderoso Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Leonid Brezhnev, quien en uno de sus discursos lo excomulgó. Como miembro del PCV y después como masista era inclemente y muchas veces intemperante, pero lo hacía con convicciones.

Ahora ya casi ni escribe los editoriales de TalCual y cuando lo hace no recurre a los calificativos que sacaban de quicio a Hugo Chávez. Es otro Teodoro.  En estos días declaró que discutir sobre la nacionalidad de Nicolás Maduro era intrascendente, planteamiento que sería válido si se tratara de un ciudadano cualquiera, pero, en este caso la minucia está en lo que reza el texto constitucional.  Teodoro tal vez pudo haber dicho que la Constitución es un texto absurdo, anacrónico, o cualquier otra cosa, porque, como ya está dicho, el problema de fondo es lo que reza la ley de todas las leyes venezolanas.

Bueno, pero esa discusión tal vez ya esté agotada, porque el estólido Presidente y sus amigotes lo arreglaron todo para que él ahora sea un caraqueñísimo de pura cepa. Y como decía una historia infantil de los tiempos de Teodoro: “Colorín colorado, el cuento se ha terminado”.

ricardo escalante 

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martes, 27 de agosto de 2013

EL PACTO DE PUNTO FIJO, DOCUMENTO COMPLETO, FIRMADO, PARTE DE LA HISTORIA, 31 DE OCTUBRE 1958

Los partidos Acción Democrática, Social Cristiano Copei y Unión Republicana Democrática, previa detenida y ponderada consideración de todos los elementos que integran la realidad histórica nacional y la problemática electoral del país, y ante la responsabilidad de orientar la opinión pública para la consolidación de los principios democráticos, han llegado a un pleno acuerdo de unidad y cooperación sobre las bases y mediante las consideraciones siguientes:


1a Como es del conocimiento público, durante varios meses las distintas fuerzas políticas que han participado en las acciones unitarias para la defensa del régimen democrático han mantenido conversaciones destinadas a asegurar la inteligencia, mutuo respeto y cooperación entre ellas, interesadas por igual en la consolidación de la unidad y la garantía de la tregua política, sin perjuicio de la autonomía organizativa y caracterización ideológica de cada uno, conforme se declaró expresamente en el acta de ampliación de la Junta Patriótica firmada el 25 de enero de 1958 por los partidos políticos que la integraban inicialmente. El resultado obtenido es favorable, toda vez que las naturales divergencias entre los partidos, tan distintas de unanimismo impuesto por el despotismo, se han canalizado dentro de pautas de convivencia que hoy más que nunca es menester ampliar y garantizar. El análisis cabal de los antecedentes, de las características actuales y de las perspectivas de nuestro movimiento democrático, la ponderación comprensiva de los intereses legítimamente representados por los partidos a nombre de los centenares de miles de sus militantes; el reconocimiento de la existencia de amplios sectores independientes que constituyen factor importante de la vida nacional; el respaldo de las Fuerzas Armadas al proceso de afirmación de la República como elemento institucional del Estado sometido al control de las autoridades constitucionales, y el firme propósito de auspiciar la unión de todas las fuerzas ciudadanas en el esfuerzo de lograr la organización de la Nación venezolana, han estado presentes en el estudio de las diferentes fórmulas propuestas. La sincera definición y defensa de los derechos que asisten a los partidos como representantes de grandes núcleos nacionales y la preocupación común de atender en conjunto a los intereses perdurables de la Nación, si bien han podido en forma ocasional provocar la generosa impaciencia de calificados valores de la opinión, son la garantía de que las deliberaciones han respondido a un serio y responsable enfoque de las urgencias del país.
2a Las minuciosas y largas conversaciones han servido para comprometer a las organizaciones unitarias en una política nacional de largo alcance, cuyos dos polos podemos definir así: a) seguridad de que el proceso electoral y los Poderes Públicos que de él van a surgir respondan a las pautas democráticas de la libertad efectiva del sufragio; y b) garantía de que el proceso electoral no solamente evite la ruptura del frente unitario, sino que lo fortalezca mediante la prolongación de la tregua política, la despersonalización del debate, la erradicación de la violencia interpartidista y la definición de normas que faciliten la formación del Gobierno y de los cuerpos deliberantes de modo que ambos agrupen equitativamente a todos los sectores de la sociedad venezolana interesados en la estabilidad de la República como sistema popular de Gobierno.
3a Establecidos esos principios de carácter general, COPEI, AD y URD comprometen su acción y responsabilidad en los términos siguientes:
a.      Defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral. Las elecciones determinarán la responsabilidad en el ejercicio de los Poderes Públicos, durante el periodo constitucional 1959-1964; intervención de la Fuerza contra las autoridades surgidas de las votaciones es delito contra la Patria. Todas las organizaciones políticas están obligadas a actuar en defensa de las autoridades constitucionales en caso de intentarse o producirse un golpe de Estado, aun cuando durante el transcurso de los cinco años las circunstancias de la autonomía que se reservan dichas organizaciones hayan podido colocar a cualquiera de ellas en la oposición legal y democrática al Gobierno. Se declara el cumplimiento de un deber patriótico la resistencia permanente contra cualquier situación de fuerza que pudiese surgir de un hecho subversivo y su colaboración con ella también como delito de lesa patria.
b.      Gobierno de Unidad Nacional. Si bien el ejercicio del Poder por un partido es consecuencia legítima de una mayoría electoral, la suerte de la democracia venezolana y la estabilidad del Estado de derecho entre nosotros imponen convertir la unidad popular defensiva en gobierno unitario cuando menos por tanto tiempo como perduren los factores que amenazan el ensayo republicano iniciado el 23 de enero; el gobierno de Unidad Nacional es el camino para canalizar las energías partidistas y evitar una oposición sistemática que debilitaría el movimiento democrático. Se deja claramente sentado que ninguna de las organizaciones signatarias aspira ni acepta hegemonía en el Gabinete Ejecutivo, en el cual deben estar representadas las corrientes políticas nacionales y los sectores independientes del país, mediante una leal selección de capacidades.
c.      Programa mínimo común. Para facilitar la cooperación entre las organizaciones políticas durante el proceso electoral y su colaboración en el Gobierno Constitucional los partidos signatarios acuerdan concurrir a dicho proceso sosteniendo un programa mínimo común, cuya ejecución sea el punto de partida de una administración nacional patriótica y del afianzamiento de la democracia como sistema. Dicho programa se redactará por separado, sobre las bases generales, ya convenidas, y se considerará un anexo del presente acuerdo. Como este programa no excluye el derecho de las organizaciones políticas a defender otros puntos no comprendidos en él, se acuerda para estos casos la norma siguiente: ningún partido unitario incluirá en su programa particular puntos contrarios a los comunes del programa mínimo y, en todo caso, la discusión pública en los puntos no comunes se mantendrá dentro de los límites de la tolerancia y del mutuo respeto a que obligan los intereses superiores de la unidad popular y de la tregua política.
4a El ideal de la unidad como instrumento de lucha contra la tiranía y contra las fuerzas en aptitud de reagruparse para auspiciar otra aventura despótica, sería la selección de un candidato presidencial democrático único, la formación de planchas únicas para los cuerpos colegiados y la formación de un frente único a base de un solo programa integral de Gobierno.
En la práctica se ha evidenciado que diversos factores reales contradicen esa perspectiva histórica, mas, afortunadamente, hay otros medios idóneos de preservar la Unidad Nacional. Por consiguiente, lejos de considerar comprometida la unidad por la comprobación de naturales contradicciones interpartidistas que se corresponden con la esencia de la actividad democrática, las organizaciones signatarias después de confrontar sus distintas opiniones entre sí y con las emitidas por voceros independientes autorizados, de la prensa y de otros factores nacionales define:
1.      Los requerimientos de la unidad son compatibles con la eventualidad de diversas candidaturas y planchas legislativas.
2.      Para que la presentación de varias candidaturas presidenciales y diversas planchas legislativas pueda verificarse sin menoscabo de la unidad y sin ruptura de la tregua interpartidista, es indispensable fortalecer el sentimiento de común interés patriótico y la tolerancia y mutuo respeto entre las fuerzas unitarias, base de lo cual debe ser la sincera y solemne adhesión de todas las fuerzas democráticas a los puntos contenidos en esta declaración y al espíritu que la anima, tal como hoy se consagra con la firma de este documento.
3.      Para garantizar la tregua política y la convivencia unitaria de las organizaciones democráticas, se crea una Comisión Interpartidista de Unidad encargada de vigilar el cumplimiento de este acuerdo. Dicha Comisión estará encargada de orientar la convivencia interpartidista, de conocer las quejas que se produzcan contra las desviaciones personalistas o sectarias en la campana electoral y de diligenciar ante cualquiera de los signatarios, y a nombre de todos, la morigeración y control en lo que pudiera comprometer la convivencia democrática.
5a Para garantizar que varias postulaciones presidenciales y varias planchas legislativas sean en todo momento expresiones de la voluntad nacional de celebrar elecciones que en definitiva se traduzcan en fortalecimiento de la democracia, se proclama:
I.       Cada organización queda en libertad de sustentar su propio candidato presidencial y sus propias planchas para los cuerpos colegiados dentro del concepto de unidad aquí consagrado y en el sentido de que garanticen la tolerancia mutua durante la campaña y el cumplimiento de los compromisos generales convenidos en esta declaración cualquiera que sea la candidatura o plancha que obtuviera mayor número de votos.
II.      Todos los votos emitidos a favor de las diversas candidaturas democráticas, serán considerados como votos unitarios y la suma de los votos por los distintos colores como una afirmación de la voluntad popular a favor del régimen constitucional y de la consolidación del Estado de derecho.
III.     La postulación de los candidatos presidenciales y de las planchas legislativas es de la responsabilidad de cada partido o coalición. Será el pueblo elector a quien le corresponda calificar con el voto cualquier postulación.
IV.     Los partidos que suscriben este documento garantizan la adhesión de los principios y normas aquí consagrados de sus respectivos candidatos a la Presidencia de la República.
V.      Los partidos signatarios se comprometen a realizar una campaña positiva de afirmación de sus candidatos y programas dentro del espíritu de la unidad, evitando planteamientos y discusiones que pueden precipitar la pugna interpartidista, la desviación personalista del debate y divisiones profundas que luego pudieran comprometer la formación del Gobierno de Unidad Nacional.
VI.     Después de publicado el resultado oficial de las elecciones, tendrá lugar en Caracas un gran acto popular encargado de ratificar los siguientes principios:
a.      Pública adhesión de todas las organizaciones y candidatos participantes al resultado de las elecciones, como expresión de la soberana voluntad popular.
b.      Ratificación por parte de las organizaciones signatarias de su sincero propósito de respaldar al Gobierno de Unidad Nacional, al cual prestarán leal y democrática colaboración.
Consideran las organizaciones signatarias que la adhesión de todas las fuerzas políticas a los principios y puntos fijados en esta declaración es una garantía eficaz para el ejercicio del derecho electoral democrático dentro de un clima de unidad. La cooperación de los organismos profesionales gremiales, cívicos y culturales, de la prensa y de personalidades independientes, con los fines así precisados, consolidarán la convivencia nacional y permitirán el desarrollo de una constitucionalidad estable que tenga en sus bases la sinceridad política, el equilibrio democrático, la honestidad administrativa y la norma institucional que son la esencia de la voluntad patriótica del pueblo venezolano. Como este acuerdo no fija principio o condición contrarios al derecho de las otras organizaciones existentes en el país, y su leal cumplimiento no limita ni condiciona el natural ejercicio por ellas de cuantas facultades pueden y quieren poner al servicio de las altas finalidades perseguidas, se invita a todos los organismos democráticos a respaldar, sin perjuicio de sus concepciones específicas, el esfuerzo comprometido en pro de la celebración del proceso electoral en un clima que demuestre la aptitud de Venezuela para la práctica ordenada y pacífica de la democracia.


Caracas, 31 de octubre de 1958

Por Unión Republicana Democrática, Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya, Manuel López Rivas. (Firmado)

Por el Partido Social Cristiano Copei, Rafael Caldera.
Pedro del Corral, Lorenzo Fernández. (Firmado)

Por Acción Democrática, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Gonzalo Barrios. (Firmado)


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sábado, 28 de abril de 2012

PEDRO PAUL BELLO, ¿CUAL HA SIDO EL PEOR GOBIERNO DE VENEZUELA? PARTE III

El 24-11-1948 se constituyó una Junta Militar de Gobierno con tres Tenientes Coroneles. La presidía Carlos Delgado Chalbaud, a quien acompañaban Marcos Pérez Jiménez como Ministro de la Defensa y Luis Felipe Llovera Páez, Ministro de Relaciones Interiores. Se derogó la Constitución de 1947, para retornar a la de 1936, con la oferta de “tomar disposiciones de carácter progresista” contenidas en la en ese momento derogada.

Muchos dirigentes del gobierno derrocado fueron apresados, otros salieron al exterior; el Presidente Gallegos, detenido, pudo ir a La Habana el 5 de diciembre, mientras Betancourt, asilado en la Embajada colombiana, pudo salir el 23 de enero 1949. Los partidos AD y PCV fueron ilegalizados y muchos de sus dirigentes perseguidos, o fueron encarcelados. Con todos sus conflictos y avatares, el breve disfrute democrático que duró 37 meses, pasó al recuerdo. Era el innecesario regreso del “Gendarme Necesario.” El jefe de la conspiración fue, de nuevo, Pérez Jiménez. Delgado Chalbaud, quien era Ministro de la Defensa de Gallegos, habló al país por radio, al mediodía de ese 24 de noviembre, para garantizar a los venezolanos que las FFAA respaldaban al Presidente Constitucional y que había normalidad en todo el país; a las 2 pm, se dirigió de nuevo a la Nación, por la Cadena de Radio y en su condición de Presidente de la Junta Militar, para explicar las razones de “imperiosa obligación” por las que había sido derrocado el gobierno. Las garantías constitucionales quedaron suspendidas por un año, pero no las libertades de opinión y reunión, sino hasta “cuando se reglamentaran.” Entonces, se inició el clandestino regreso de líderes de AD y PCV, mientras se ejercía fuerte control sobre los medios de comunicación. Los trabajadores petroleros del país declararon huelgas a partir de 1950. La Junta disolvió sus sindicatos. En mayo de ese año hubo subversión en la Base Aérea de Maracay, que fue sofocada y apresados muchos oficiales comprometidos, excepto su líder, quien, gracias al silencio de los oficiales presos, continuó en la Fuerza hasta el 1-1-1958, siendo el Jefe conductor del alzamiento aéreo de ese día.[1]
La juventud estudiantil de entonces, se replegó para estudiar las doctrinas políticas de entonces, cobrando gran interés la comunista que, así, se hizo mayoritaria en las Universidades nacionales, lo que, más tarde, se reflejó luego del triunfo de Fidel Castro en Cuba, con la subversión guerrillera urbana y rural,  así como también en las divisiones de Acción Democrática y, en menor grado, Copei.
Los partidos aún legalizados (Copei y URD), pero seriamente restringidos, reclamaban el retraso en crear el Estatuto Electoral y la promesa de la Junta de convocar a elecciones parlamentarias. Sin embargo, desde el inicio fueron evidentes las diferencias del modo de ser del Presidente Delgado (serio pero amable, adusto pero educado y muy cordial) respecto a la de Pérez Jiménez, quien era obvio que ambicionaba el poder, mientras que Llovera se mostraba “deportivo” y con otros intereses personales. La imagen del Presidente era favorable a él, a quien se calificada de civilizado, tal vez por su formación militar francesa y sus orígenes familiares. También en la Junta había tres posiciones, que, en la práctica se reducían a dos: la del Presidente y las de los Ministros. De ello se fue formando, en ciertos sectores, la idea de una posible candidatura de Delgado Chalbaud. ¿Algo que ver con el magnicidio?

El 13-11-1950, en la mañana y en la quinta Maritza de Bello Monte, fue asesinado Delgado Chalbaud. Capturado, después de salir de su casa en El Pedregal, con sólo 1 escolta y acompañado por el Capitán (Navío) Carlos Bacalao Lara, conjurados armados los sometieron y condujeron a esa casa al Presidente y al Edecán Bacalao. El jefe del grupo fue Rafael Simón Urbina, célebre por su asalto a Curazao. Después del crimen, Urbina se refugio en la Embajada de Nicaragua, pero fue entregado a la Policía política. Se sabe que a alguno de los conjurados se le disparó el arma, lo que hirió en un pie a Urbina, quedando en manos el grupo de Domingo Urbina quien habría decidido el asesinato. El Capitán Bacalao trató de defenderlo, pero fue neutralizado. El Presidente recibió varios disparos que le mataron. La opinión pública interpretó, sin otra prueba que una declaración de Urbina quien exigía a las autoridades policiales que le dejaran hablar con Pérez Jiménez expresándoles “él sabe”, que éste era el cerebro del crimen. El gobierno hizo circular un grueso expediente sobre este asunto, pero que no fue suficientemente esclarecedor.[2] Nada en firme se supo de autoría intelectual de ese crimen, cuyos más de 20 implicados se juzgaron y condenaron. En cuanto a Rafael Simón Urbina, se dijo que “se suicidó” cuando la policía lo trasladaba a una cárcel.

El Coronel (post mortem) Delgado Chalbaud fue solemnemente enterrado, y se designó al Dr. Germán Suarez Flamerich como Presidente de la, entonces llamada, Junta de Gobierno. Se determinó que se convocaría una Constituyente cuya función era el hacer una nueva Constitución. El Estatuto Electoral preparado por el Dr. Luis Gerónimo Pietri, fue modificado y promulgado el 18-4-1951, al tiempo que se negó la participación en la Asamblea de AD y el PCV, así como la del Bloque Nacional Democrático constituido por personalidades destacadas de la vida política venezolana. Hubo varios intentos subversivos; ataques a puestos policiales; agitación en las Universidades, en especial la UCV, cuyas autoridades fueron sustituidas por un Consejo de Reforma: prisión y fuga de Alberto Carnevali; apertura del campo de concentración de Guasina, (isla del Orinoco en Amacuro) que tuvo más de mil presos políticos, muchos de ellos murieron en prisión. Se inició así la Dictadura. 

Para noviembre de 1952 se convocó la Constituyente. La campaña electoral comenzó en marzo. Agentes del gobierno apalearon a políticos y periodistas, entre ellos Mario Briceño Iragorry, Edecio La Riva Araujo, José Gonzáles Gonzáles y Julio Ramos. El gobierno inventó que se quería asesinar a Pérez Jiménez: no hay tiranía que no diga que se quiere asesinar al tirano. Continuaron las sublevaciones: en Setiembre, la Base de Boca del Río, bajo el comando del Capitán Wilfredo Omaña y el Tte. Navarro Torres; en Portuguesa, campesinos; en Maturín, el 2 de octubre, el Cuartel José G. Monagas, muriendo el Capitán Juan Bautista Torres; fue asesinado el 22 de ese mes Leonardo Ruíz Pineda, líder de la resistencia de Acción Democrática.

FRAUDE ELECTORAL

La elección para Constituyente fue el 30-11-1952. Cuatro partidos se presentaron: URD, Copei, FEI (del gobierno) y el Partido Socialista fundado por J.T. Rojas Contreras. Se pronosticaba contundente victoria de URD y las primeras cifras conocidas, dadas por el Consejo Supremo Electoral, así lo indicaron. Luego de éstas cifras, no se conocieron más resultados. Los cálculos de los partidos de oposición eran: URD 65%; Copei 18,5%; FEI 16,5%. Por presión del gobierno, el CSE modificó las cifras. Su Presidente, Dr. José Salazar Ramírez renunció. El Alto Mando Militar apoyó a PJ y Vallenilla le convenció para que aceptara la Presidencia. Era el 2 de diciembre de 1952. Los partidos opositores no aceptaron el fraude. Vallenilla convocó a su despacho de Ministro del Interior a la Dirección de URD; en Maiquetía, un avión esperaba a los dirigentes que concurrieron a la cita, y los llevó a Panamá. Briceño Iragorry, quien no asistió al Ministerio, asumió la protesta: fue apresado y exilado. El pequeño Napoleón venezolano, con un mismo 2 de diciembre, logró el sueño de su coronación. El gobierno, inútilmente, trató de comprar candidatos de los partidos URD y Copei: no lo logró.

Instalada la Asamblea, completada con algunos advenedizos, designó Presidente Provisional a P.J. En abril, éste cambió la denominación de Venezuela, con 85 años de duración, por la de República: entonces comenzó la Quinta República, que prevalece hasta hoy, pues nada modificó lo de “Bolivariana” que incorporó la Constitución de 1999. La Constituyente, ilegítima, asumió las facultades de designar al Presidente y a los Diputados y Senadores del Congreso y a la Corte Federal.   
La sombra de José Tadeo Monagas volvía a reinar en el Capitolio.

Gestión de gobierno.

Las libertades se mantuvieron restringidas; la CTV disuelta y sustituida por una Confederación oficial; las Iglesias fueron respetadas; las protestas, en especial las Universitarias, fueron reprimidas duramente; continuó la represión contra los partidos y su ejercicio político controlado y limitado; la Oficina de Seguridad Nacional fue temible instrumento de represión en todo el país; muchos opositores fueron apresados, perseguidos y asesinados aún en el exterior, como el Capitán Droz Blanco y el Capitán del  Ejercito Jesús Alberto Blanco. Es nuestra historia: Es largo el tiempo de asimilar tiranías, pero hay un momento cuando la rabia desplaza al terror;  entonces caen.

Una concepción acertada del desarrollo.

No se podría negar que el régimen, con valiosas mentes, hizo cambios socio-económicos muy importantes: La seguridad de la población y el orden en las ciudades, prevaleció sobre el desorden.  El mercado interno creció con gran fuerza en paralelo con un acertado proceso de urbanización, favorecido ello por el real auge petrolero; los programas de masivas inmigraciones; el desarrollo vial; la mejora de los puertos; las nuevas grandes represas; el desarrollo del complejo industrial de Guayana: Siderúgica, Ferrominera, Iron Mines en el Pao; Orinoco Mining el Cerro Bolívar; nuevas ciudades como Puerto Ordaz y Ciudad Piar; Petroquímica en Morón; Central Hidroeléctrica Macagua; y quizá lo más resaltante, que era entender que Venezuela no debe depender solo del petróleo, sino entrar en los mercados internacionales para con exportaciones muy diversificadas, todo lo contrario de la errada y ruinosa política de sustitución de importaciones.

La ira venció al miedo en 1957. El Arzobispo de Caracas, Mons. Arias Blanco, se pronunció con valiente Carta Pastoral; los estudiantes universitarios tomaron las calles. El ridículo fraude del referendo en diciembre de 1957 fue la puntilla. Oficiales de la Fuerza Aérea volaron sobre Caracas en intento de golpe que fracasó; fue debelada una insurrección encabezada por el Ministro de Defensa; se realizó una huelga general y llegó el 23 de enero.
Y REGRESÓ LA DEMOCRACIA.

Como esta parte la historia es más reciente podemos ser más breves.

La misma noche de del 23 de enero de 1958 se constituyó una Junta Militar de Gobierno, encabezada por el Contra Almirante Wolfgang Larrazábal Ugueto, por las Fuerzas Navales, como Presidente; el Coronel Carlos Luis Araque, comandante de las FFAC; el Coronel Pedro José Quevedo, Director de la Escuela Superior de Guerra, y los Coroneles Roberto Casanova y Abel Romero Villate. Al día siguiente una multitud manifestó ante el Palacio pidiendo la salida de los dos últimos, quienes apoyaban a P.J. Fueron sustituidos por el empresario Eugenio Mendoza y el Dr. Blas Lamberti, lo que cambió en nombre de la Junta para denominarla Junta de Gobierno. El secretario fue el Dr. Edgar Sanabria, luego Presidente al ser Larrazábal candidato presidencial de URD y otros grupos políticos.

El gobierno de Larrazábal tuvo muchos problemas, tanto en el terreno de lo laboral, también subversiones militares como dos intentos del Gral. Castro León, uno de ellos invadiendo desde Colombia por el Táchira, siendo ambos sofocados. Sin embargo, el país llegó a puerto seguro y se pudo celebrar las elecciones presidenciales del 7 de diciembre 1958, en las que Rómulo Betancourt. de AD, ganó la Presidencia, quedando segundo Larrazábal, apoyado por URD y otros partidos, y tercero Rafael Caldera, candidato de Copei. Los partidos AD, URD y Copei habían suscrito, tiempo antes de las elecciones, lo que se denominó Pacto de Puntofijo, que fue un acuerdo suscrito por los lideres de los mismos cuyo objetivo fue garantizar la vigencia del sistema democrático de gobierno en Venezuela. Firmaron los tres candidatos de esos partidos y, también Larrazábal, a quien apoyaba el Partido Comunista, por lo que éste partido, pese a que no integró la coalición de gobierno que se constituyó con AD, URD y Copei, si se comprometió con los términos del acuerdo.

GOBIERNO DE RÓMULO BETANCOURT


Desde el mismo día de su victoria electoral, comenzaron los conflictos para el Presidente Betancourt provocados por sectores de Caracas que apoyaban a Larrazábal, lo que se prolongó hasta su toma de posesión de la Presidencia el 13-2-1959. El 1-1-1959 había llegado al poder, en Cuba, Fidel Castro Ruz. El día 23 del mismo mes visitó por vez primera a Venezuela, en ocasión del primer aniversario de la caída de Pérez Jiménez, pero era su  propósito, después explicitado, abrir el camino para crear una alianza de Cuba con este país y con Argentina, para fortalecer mutuamente sus economía, pero luego ni Betancourt, ni Frondisi acogieron su propuesta lo que le desagradó visiblemente. Al año siguiente, Castro, ya declarado comunistas, él y su régimen, comenzó la invasión que se propuso, para tomar, indirecta o directamente, el poder en Venezuela, lo que generó, por varios años, guerrillas urbanas en ciudades y luego rurales. Contemporáneamente, después de iniciado el nuevo gobierno, surgieron en el país numerosas protestas y manifestaciones de desempleados; solicitudes de tierras por parte de campesinos; peticiones de construcción de hospitales, viviendas, escuelas y servicios públicos reclamadas por juntas y organizaciones de diversas poblaciones y, para colmo, los precios del petróleo bajaron, así como los ingresos del impuesto sobre la renta.

En 1962 el gobierno enfrentó tres sangrientas intentonas golpistas: El 4 de mayo en Carúpano, el llamado “Carupanazo”; menos de un mes después, el 2 de junio, en Puerto Cabello, el “Porteñazo” y, antes de rendirse los comprometidos allí, en Barcelona estalló el “Barcelonazo.” En Carúpano actuó el Batallón de Infantería de Marina y fue comandado por tres oficiales: Cap. Jesús Teodoro Molina Villegas, el Mayor Pedro Vegas Castellón y el Teniente Hector Fléming Mendoza. El hecho fue combatido y controlado por Batallones de la Armada y Aviones de la Base Aérea de Maracay. Hubo más de 400 detenidos y fueron ilegalizados los partidos MIR y PCV comprometidos en el intento. El “Porteñazo” fue una sublevación de la Base Naval de Puerto Cabello, conducida por los Capitanes Manuel Ponte García, Pedro Medina Silva y Víctor Morales. Hubo casi 500 víctimas y cientos de heridos. El Barcelonazo tuvo como líderes al Mayor Luis Alberto Vivas, apoyado por los Capitanes Rubén Massó, José Marín y Tesalio Murillo. El Gobernador Solórzano fue apresado por los conspiradores que asaltaron emisoras de radio, la Policía de Puerto La Cruz y la sede de AD, con un saldo de más de 50 muertos.

Aparte de estos conocidos hechos, a lo largo del gobierno del Presidente Betancourt, fueron neutralizados por parte de organismos gubernamentales, en especial la Secretaría de la Presidencia, más de 20 intentos y proyectos subversivos no conocidos por el país. Uno de los momentos más críticos del gobierno fue el intento de homicidio en Los Próceres, urdido por el tirano dominicano Rafael Leonidas Trujillo, el 24-6-1960, al  celebrar los actos por la fecha de la Batalla de Carabobo, cuando un vehículo cargado de explosivos, colocado en el Paseo Los Próceres, explotó al pasar el carro presidencial. Falleció allí el Jefe de la Casa Militar, Cnel. Ramón Armas Pérez y el Presidente sufrió quemaduras en sus manos. Por el hecho, la OEA sancionó al gobierno dominicano aislándolo.
SUBVERSIÓN CASTRO-COMUNISTA.

Alienados en su obsesión pro-cubana, jóvenes de universidades públicas dejaron su mundo por internarse en montañas de oriente y occidente para adherir a la insurrección comunista armada, mientras las Universidades nacionales se convirtieron en depósitos de armamentos, refugio de insurrectos y centros de conspiración rebelde. El frente guerrillero rural estaba dividido en facciones que tenían conflictos entre ellas, sea en tácticas, estrategias, fundamentos ideológicos y hasta rivalidades personales entre sus comandantes. Las FFAA enfrentaron el conflicto donde se produjera, combatieron invasiones castristas y redujeron, en tiempos de Betancourt y Leoni, la amenaza guerrillera a zonas aisladas del territorio nacional.

GESTIÓN DEL GOBIERNO BETANCOURT

Pese a la conflictividad referida, se alcanzaron logros muy importantes, comenzando por la participación en la fundación de la OPEP, en la que el Ministro Juan Pablo Pérez Alfonso tuvo un papel muy principal. Ello fortaleció nuestra producción de crudo y dinamizó la industria petrolera. Eso permitió mejorar los ingresos de los trabajadores; cubrir necesidades básicas de la población; adelantar la Reforma Agraria; favorecer con aranceles la producción interna; expandir notablemente la matrícula de educación que pasó de 850 mil en 1958 y a 1 millón 600 mil en 1963. Se mejoró también la vialidad del país en general y en Caracas en particular, así como la construcción de viviendas populares.

GOBIERNO LEONI.


URD por crisis determinada por el Canciller Arcaya, de URD, a raíz de decisiones de la OEA, en agosto de 1960, para censurar y sancionar la Cuba castrista por sus intervenciones en Venezuela, no continuó con Leoni, quien logró formar otra con su partido AD y el Frente Nacional Democrático que respaldó a Uslar Pietri. El gobierno continuó con el diseño económico de su antecesor, acentuando, en particular, el  satisfacer necesidades sociales, en especial el empleo; aumentar el ingreso familiar; realizar viviendas; represas; hacer crecer los sectores industrial y agrícola; aumentar la escolaridad que duplicó la alcanzada por el gobierno de Betancourt; reducir la deuda pública. Una iniciativa muy importante fue la de proponer e iniciar la política de pacificación, que culminó con el gobierno de Caldera, pues la insurrección comunista ya había sido liquidada por nuestras FAN.

GOBIERNO CALDERA.
El 1-12-1968, celebradas elecciones para elegir Presidente y Congreso de la República, por estrecho margen Rafael Caldera alcanzó la Presidencia. En el Congreso, la mayoría la obtuvo AD, de manera que el nuevo mandatario tuvo la incómoda situación de un Parlamento adverso. AD obtuvo 19 senadores y 66 diputados;  Copei  16 senadores y 59 diputados, pero el resto de los partidos eran todos de oposición al nuevo gobierno, por lo que su programa social de “Promoción Popular,” diseñado por Arístides Calvani, no fue acogido por las Cámaras.
Caldera profundizó en la política de pacificación iniciada por Leoni, logrando que la gran mayoría de los insurrectos se acogiera a ella, excepto un grupo pequeño, encabezado por Douglas Bravo, que se mantuvo en las montañas para asumir la idea de éste, de cambiar la estrategia subversiva por la penetración sistemática de las FFAA, que es el origen y fuente de lo que padece hoy Venezuela.  
Gestión de gobierno.
En lo económico continuó el crecimiento progresivo de producción e ingresos del petróleo (de $ 0,94/barril en 1969, se llegó a $2/b a fines de 1973), pero poco antes de la entrega de mando del Presidente Caldera, por una coyuntura mundial, el precio subió a $14/b. En la misma materia, el gobierno logró apoyo del Congreso para unas bases de nacionalización del petróleo. Fueron construidas represas; desarrollada una intensa política de viviendas, pues Caldera había ofrecido en su campaña llegar a construir 100 mil unidades por año. Por razones económicas y políticas, entre 1969 y 1972 se construyeron 250 mil, pero en el año 1973 fue superada la cifra de 100 mil, por lo que el total fue de más de 350 mil viviendas en el período, cifra aún no superada en el país. Entonces, Venezuela asumió un liderazgo en la materia en general, lamentablemente perdido. En escolaridad, la matrícula llegó a 4 mill. 222 mil inscritos; pese a que la industrialización sustitutiva comenzaba a mostrar sus debilidades, siendo cercanamente previsible el agotamiento; el alza de los precios del petróleo, que alcanzó más de $34/b en el siguiente período de gobierno, sostuvo la ilusoria creencia de que el sistema económico sustitutivo era indefinido. El gobierno, además,  inició el proyecto “La Conquista del Sur”, para el desarrollo de Guayana y los Llanos del Sur. En política exterior, el brillante Canciller Calvani, apoyando al Presidente, impuso internacionalmente la tesis de la Justicia Social Internacional y se insistió en la integración del sub-continente, para lo cual Venezuela ingresó al Pacto Andino.
GOBIERNO PÉREZ

El 9-12-1973, los venezolanos votaron para elegir nuevos Presidente y Congreso. Carlos Andrés Pérez, con el 44,87% de los votos alcanzó la presidencia; Lorenzo Fernández, de Copei, 36,74%; la abstención fue, solo, el 3,07%, revelación demostrativa de la confianza que, entonces, tenían los venezolanos en el voto. El bipartidismo democrático sumó, pues, el 85, 51%, lo que desmiente que fuese rechazado por los venezolanos, quienes iban a las urnas sin coacciones ni compra de votos.
Apenas iniciado el nuevo gobierno, el precio del petróleo alcanzó $34/b. Con ese apoyo, fue diseñado el IV Plan de la Nación en la idea de desarrollar, masivamente, áreas de producción de bienes diversos generadores de capital, mediante nuevas industrias pesadas; desarrollar el crudo aguas abajo; reforzar la industria del acero y producir niveles de energía eléctrica para vender a los países sudamericanos aprovechando el potencial energético que, entonces, tenía el país. Pérez Alfonzo, entonces Ministro, propuso crear un Fondo de Inversiones para represar la enorme masa de dinero que entraría, y otro Fondo Agropecuario para fortalecer nuestra producción agrícola e independizar al país de toda dependencia al respecto. Pero los recursos, pese a los Fondos creados, circularon continuamente en la economía por lo que se desató una siempre creciente inflación. Además, el gobierno invirtió grandes recursos en empresas distintas a la normal actividad productiva, lo que hizo crecer la deuda externa y  afectó dramáticamente al presupuesto, del cual el servicio de la deuda alcanzó niveles sumamente altos, con perjuicio para la producción. Así, se adelantó, aceleradamente, la crisis terminal del modelo populista vigente, pues la escasez de recursos monetarios y la inflación iba, inevitablemente y en un futuro muy próximo, a oponer los intereses contrapuestos de los sectores que constituían la alianza que fundamenta a ese modelo.
Las primeras manifestaciones de la inevitable crisis que se avecinaba se produjeron durante el gobierno de CAP, pero iniciado el siguiente gobierno, presidido por Luis Herrera Campins, hubo un nuevo salto que elevó los anteriores precios y la crisis se pospuso unos años para manifestarse, dramáticamente, hacia fines de el gobierno de LHC cuando hubo la devaluación el “viernes negro”. En síntesis, el V Plan abrió la crisis final del modelo de desarrollo de venezolano, fundado en la diversificación de exportaciones y en la economía rentística generada por el mal uso del petróleo.
Por ser conocidos suficientemente, dejemos de lado los aspectos políticos del gobierno Pérez I, excepto el señalar la corrupción administrativa; la de ciertos grupos empresariales que aprovecharon la falsa bonanza; la mayor dependencia del sector productivo respecto al Estado; la pérdida de fe en la democracia de los sectores de población más afectados y, especialmente, el señalar que el gigantismo económico-político que alcanzó el Estado facilitó, para un futuro próximo, el advenimiento de tendencias marxistas y totalitarias de ejercer el poder.
GOBIERNO HERRERA.
Vencedor en las elecciones de diciembre de 1979, el gobierno de Luis Herrera Campins comenzó con la voluntad de restablecer las bases morales del país; racionalidad administrativa y sobriedad en lo económico y perfeccionar la democracia. Pero el nuevo y superior aumento de los precios del crudo, despertó nuevas y exageradas expectativas en la sociedad y demandas económicas que frustraron al país el volver a la sensatez.  El equipo gubernamental, incoherente en su composición humana, no logró “enfriar la economía”, frenar el gasto público que creció irracionalmente; sincerar precios; eliminar protecciones arancelarias y subsidios indiscriminados. El gasto público no se contuvo, sino que aumentó a tasas del 33% anual y el presupuesto nacional,  entre 1979 y 1981, casi se duplicó. El 12-2-1983, día del “viernes negro”, fue el inevitable resultado final.
GOBIERNO LUSINCHI.
Jaime Lusinchi venció con gran mayoría en las elecciones de diciembre de 1948. El nuevo Presidente captó, desde su campaña electoral, enormes simpatías y adhesiones personales. Fue tan así, que al entregar su gobierno las encuestas le daban índices superiores al 60% de popularidad.
Ya a inicios del nuevo gobierno, aparecían síntomas de agotamiento del modelo, pues comenzó a surgir la frustración y el escepticismo sobre la posibilidad de que la democracia superara las desviaciones económicas o los problemas políticos del sistema que la sostenía, aunque continuaba el apoyo de las élites económicas y políticas y el respaldo popular al Presidente. La democracia verdadera, dice Burdeau, deja de ser una teórica declaración de principios y propósitos, para hacer realizaciones concretas de las necesidades reales de una sociedad. Acá, han prevalecido, juntas, la riqueza adventicia desproporcionada, en comparación de la enorme, y también desproporcionada miseria de la mayoría de los habitantes de Venezuela.
Pacto Social y manejo monetario y de la deuda.
El Presidente tenía un proyecto de “Pacto Social” que fue elemento de su campaña  en 1983, pero jamás se concretó más allá de las palabras. Por otra parte, pese a la experiencia del “viernes negro” la mayoría de la población, gobierno incluido, continuaba en el error de creer que los precios del petróleo superarían la crisis económica y, en esa creencia, el gobierno estableció un sistema de cambio controlado, con un dólar preferencial a Bs. 4,30/$ y diversos otros niveles que, con el tiempo, fueron aumentando por la depreciación del bolívar. Entonces nació Recadi que se caracterizó por impune corrupción.  
Por su parte, el gobierno estuvo largo tiempo negociando un refinanciamiento de la deuda, hasta alcanzar lo que fue llamado “El mejor refinanciamiento del mundo” y que resultó un fiasco cuando se supo que varias naciones, entre  las cuales México, habían obtenido, con sus acreedores, condiciones mucho mejores que la que obtuvo Venezuela.
PÉREZ II
Escribí, a la muerte de Carlos Andrés Pérez, que él fue un soñador que creyó en sus sueños. El primero de esos sueños lo vivió en su primer gobierno: el sueño equivocado de lo que llamó “la gran Venezuela”, y no porque no sienta la grandeza de mi país, sino porque su sueño contenido en el IV Plan de la Nación, no era más que un sueño imposible, al margen de los errores y corruptelas que beneficiaron a supuesto amigos del Presidente. Pero soñó, realmente, por lo que siendo imposible fantasía, él lo concibió y creyó posible. En cambio, su segundo sueño, el de su segundo mandato, no sólo era posible, sino indispensable por necesario. El primer sueño, el imposible, fue compartido por casi todos los venezolanos. Por quienes siempre juraron que éste era un país muy rico. Lo era y lo es aún, pero en potencia, no en acto.  En cambio, el segundo sueño si que era posible, pero errores políticos del Presidente desaparecido y actitudes políticas de quienes dirigían entonces su partido, lo hicieron imposible. El popularmente llamado “paquete”, concebido por un selecto grupo de compatriotas, pudo haber sacado a Venezuela de la fosa en la que entonces se encontraba y, sobre todo, evitado el infierno que estamos viviendo. Para ser breve, los errores del Presidente fueron dos: 1º  La oportunidad en la que anunció su Plan de Ajustes, sin haber tenido la paciencia de ir convenciendo, poco a poco, a los venezolanos, quienes fueron tomados de sorpresa y 2º  El haber señalado errores  del saliente Presidente Lusinchi, de su partido, quien en la práctica se convirtió en el líder y había dejado la presidencia con un gran apoyo popular, merecido o no. El gran error de dirigentes del partido fue cobrarle a Pérez, destituyéndole sin válidas razones jurídicas ni honestamente políticas, una factura que íbamos a pagar, como la estamos pagando, todos los venezolanos.  

Concluirá con la próxima entrega IV.

 Pedro Paúl Bello
http://www.paulbello.blogspot.com



[1] El Gral. Jesús María Castro Léon.
[2] Ver en Internet:  http://articulo.mercadolibre.com.ve/MLV-12882937-sumario-del-juicio-por-asesinato-de-carlos-delgado-chalbaud-_JMEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA