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domingo, 28 de junio de 2015

DARIO ACEVEDO CARMONA ABANDONAR O AFERRARSE AL DOGMA COMUNISTA

Abundan en el mundo entero los casos de personas que, habiendo militado con el credo y en organizaciones comunistas, enfrentan, a la hora de renunciar o renegar de tales experiencias, una tormenta de insultos, anatemas y descalificaciones morales.

La doctrina marxista en la medida en que se cristalizó en programas de partidos se asimiló cada vez con mayor fuerza a una vivencia religiosa o si se quiere, a una religión civil. Por eso, abandonar el dogma era considerado un acto de traición y el mayor pecado. El marxismo se vendió como un pensamiento científico o una ciencia, pero, a diferencia de esta, no toleraba la duda, la incertidumbre ni los cuestionamientos a las altas directivas  o al gran líder.

De manera que dejar de ser o cambiar de ideas, algo normal en todo sistema de pensamiento crítico, siempre ha sido objeto de punzantes comentarios y agravios en las esferas comunistas y en las de otras ideologías de corte fundamentalista.

Para facilitar la comprensión del problema que quiero plantear,  haré a un lado los casos de oportunismo de quienes cambian abruptamente de bando motivados por un “plato de lentejas”, ambiciones de gloria o simple arribismo, sino a aquellos cuya renuncia es motivada.

Huele a traición allí donde se jura el sacrificio de la propia existencia en nombre de la finalidad suprema. El marxismo, doctrina que da sustento a los partidos y grupos que se reclaman comunistas, convoca a la revolución proletaria, al uso de la violencia revolucionaria, a la instauración de la dictadura del proletario, a agudizar la lucha de clases y a abolir el capitalismo.

La realización de actos de heroísmo como levantarse en armas contra el sistema, está escrito en el libreto del militante. Por eso se integra en estructuras encriptadas, secretas, verticales, en las que la disciplina, el compromiso, la lealtad y la disponibilidad de tiempo completo, son parte de sus atributos. No obstante su proclamada irreligiosidad, los comunistas reconfirman su fe en la victoria y su compromiso con la causa, a través de rituales cuasireligiosos. Utilizan himnos, consignas, canciones, matrimonios, héroes, onomásticos, fiestas revolucionarias, mártires, banderas, narraciones elegíacas e historias ejemplares en el despliegue ceremonial de votos y juramentos.

En esa atmósfera nace la condena, el vituperio y el calificativo de renegados contra quienes abandonan las filas, cambian de pensamiento o de militancia. No se admite ni se tolera ese pecado. Y si llegare a darse ante comunistas en trance de lucha armada, puede terminar en fusilamiento.

Renegar, renunciar o abjurar del credo y la militancia comunista no es pues asunto fácil, puesto que como buenos fundamentalistas (igual que los de extrema derecha, extrema izquierda, ultranacionalistas, racistas o extremistas religiosos), no toleran la renunciación. El compromiso, según su evangelio, debe ser para toda la vida aunque se derrumbe el edificio en que habita esa “razón suprema”.

Los comunistas que se aferran tercamente a su credo a pesar del fracaso del modelo y el dogma, marcan con dedo acusador a todo aquel que, por el desencanto causado por la revelación de los crímenes horrendos de los dictadores comunistas, o por análisis críticos o por observación sistemática de la experiencia negativa o por pérdida de la fe, se han atrevido a alejarse del credo y a cambiar de ideas políticas.

“¿Cómo es posible, exclaman, que fulano de tal, tan comunista ayer sea hoy defensor del ‘Sistema’?” como si la creencia en el paraíso terrenal marxista fuese inmune a los yerros, crímenes, locuras, al fanatismo y el dogmatismo y al paso demoledor de los hechos, de los tiempos y de la inteligencia.

Me atrevo pues a preguntar ¿qué hay de malo en renegar o renunciar a una ideología totalitaria y dictatorial cuya aplicación ha sido un fiasco económico y ocasionado un mar de sangre inocente? Grandes y reconocidos intelectuales, filósofos, artistas, literatos y dirigentes políticos han transitado, en medio de amenazas, inculpaciones, incomprensiones y sufrimientos, el espinoso camino de renegar de la militancia o simpatía con el comunismo.

Tan difícil era cuestionar o elevar una crítica que hasta entre los mismos camaradas se desataba la carnicería como le ocurrió a la vieja dirigencia bolchevique y a León Trotsky, creador del ejército rojo ruso, expulsado del partido, del país y luego asesinado por orden de Stalin.

El balance dejado por el comunismo ha llevado a algunos países a tomar medidas prohibicionistas para evitar su retorno o acceso al poder: Italia, Hungría, Ucrania, Alemania, Austria y República Checa, entre otros, prohibieron la publicidad, la organización de movimientos y la exhibición de símbolos comunistas, fascistas y nazis.

Para quienes creímos, en medio de delirios románticos y fiebres juveniles, en la doctrina comunista, militando o como simpatizantes en una de las mil secciones que tuvo en Colombia, y luego, a partir del análisis de la experiencia, de reflexiones filosóficas y éticas y de descubrimientos históricos, hicimos el tránsito hacia la imperfecta y siempre inacabada democracia liberal y a los valores clásicos de la Modernidad, ha sido un alivio poder vivir y pensar en libertad y sin el misticismo que surge de la búsqueda de la perfección humana o del paraíso en la tierra.

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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domingo, 24 de agosto de 2014

CARLOS RONDÓN ÁVILA, POSTERGANDO LA MODERNIDAD

Nos perdimos 15 años con los ingresos petroleros más altos de nuestra historia. Hipotecamos el país más allá de la duración de este Gobierno, lo cual es ilegal

Comentaba en un tweet reciente que en Venezuela reciclamos nuestros errores para volver a cometerlos. Ya lo había visto Gunder Frank en los años 60 con su “desarrollo del subdesarrollo”. Él se refería a la aplicación, sin el menor análisis, de modelos sociales y económicos a las regiones subdesarrolladas del continente; en el contexto actual el título más bien sugiere el afán de nuestra clase política porque las cosas sigan igual o empeoren.

Ibsen Martinez, culmina su artículo de esta semana en El País, de España, diciendo: “Nuestro militarista siglo petrolero ha sido el largo viaje de una frase feliz hacia la nada”, refiriéndose a la frase: “Sembrar el petróleo”.

Nos perdimos 15 años con los ingresos petroleros más altos de nuestra historia. Lo único que incrementamos fue la corrupción, que ahora es descarada; la inseguridad, que ahora existe con la anuencia de las fuerzas públicas; la deuda interna y externa, que ya son impagables; la escasez, con la destrucción de todo el aparato productivo nacional; la inflación, que se tragó la ilusión de una moneda que se fortalecería por cambiarle el nombre.

Hipotecamos el país más allá de la duración de este Gobierno, lo cual es ilegal pero no hay nadie que aplique la ley, porque la tenue línea que separaba nuestros poderes públicos se borró y además lo celebran.

Acabamos con toda la infraestructura pública de un país que prometía mucho más de lo que somos, la estabilidad de nuestros servicios públicos depende más de los fenómenos naturales que de las políticas de gobierno; un sistema eléctrico obsoleto y precario, un sistema de salud en bancarrota, un sistema judicial que avergüenza, un balance económico impresentable y una anacrónica clase política que se parece más a la de una república bananera que a la de un país petrolero del siglo XXI.

Aspirando al siglo XXI y terminamos en el XIX, ésta ha sido nuestra historia, particularmente trágica e irónica.

Carlos Rondon Avila
rondoncarlos@gmail.com
@phronimos

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lunes, 28 de julio de 2014

PEDRO R GARCÍA M., CARACAS EN SU 447 ANIVERSARIO Y LA CRISIS URBANA DE LA MODERNIDAD. PUNTO DE QUIEBRE,

"Vamos edifiquemos una ciudad cuya cúspide llegue al cielo y hagamos un nombre, por si fuéramos esparcidos sobre la faz de la tierra " (Génesis XI)

"En 1828, en su última visita a su amada Caracas llevarían al Libertador a raspar el aire  con esta pregunta dirigida a su tío Esteban Palacios, recogida en una de sus expresiones más luctuosa, "¿Dónde está Caracas?" "Caracas ya no existe", y hoy 186 años después nos repetimos la misma interrogante "¿Dónde está Caracas?".
Crisis Metropolitana
La mayoría de nosotros hacemos uso de la ciudad sin plantearnos muchas preguntas sobre ella. La vivimos simplemente aceptando sus aspectos contrapuestos y disfrutamos con fruición sus ventajas. Para la mayoría de sus habitantes, son más sus males que sus bondades, lo que ha construido una visión apocalíptica de nuestra urbe, tan emparentada con aquella que se tenía en la edad media de los villanos que vivían en las poblaciones, corrompidos por los aires de cambios que ahogaban la localidad y que no profetizaban nada bueno, sino relajamiento de las costumbres, tradiciones de la vida rural, a contrapelo de la pureza que los distinguía producto de su cercanía con la naturaleza.
La ciudad se nos presenta como una paradoja. La sentimos, la amamos, la odiamos. Es, por lo tanto nuestra, pero a veces resulta ajena, desconocida, indescifrable y en el mayor de los casos insoportable.
Ella, es para nosotros sus habitantes, una especie de Dios Jano, que muestra sus dos caras opuestas.
La ciudad, constituye una caja de sorpresas especialmente para los especialistas de nuevo troquel. Por eso las ciudades en todo tiempo histórico peligran, caen de rodillas, enferman, mueren. El siglo XX, como ningún otro, demostró como eliminar ciudades enteras. Ni Escipión frente a Numancia o Cartago ha destruido ciudades con tanta saña y eficacia como nuestro período: Verdún y Guernica, de Sarajevo a Sarajevo, Chuncking y Dresden, Hiroshima y Bagdad. La historia es urbanicida. Algunas ciudades sobreviven, otras desaparecen para siempre. Ya no hay Babilonia. El Cuzco de los Incas es un espectro. La Tenochtitlán de los aztecas es un subsuelo pétreo y tembloroso sobre el cual se alzan las sucesivas ciudades de México. La indígena, la barroca, la neoclásica, la decimonica, la moderna. Roma, va añadiendo capas casi geológicas a su edad antigua.
El espectacular crecimiento y complejización de las ciudades en las últimas décadas incrementa la posibilidad de que a mediados de este siglo, vastas metrópolis, con sus tierras adyacentes y poblaciones leales, eclipsen a las naciones en importancia política. Estados Unidos es cada vez más un conglomerado de "ciudades-estados" que compiten pacíficamente. Un 85% de los habitantes de Arizona residen en el gran corredor urbano Tucson-Phoenix y se calcula que en el 2050 lo hará el 98%. El noroeste del pacifico se esta convirtiendo en una sola comunidad urbana situada a los largo de la carretera interestatal 5 desde Eugene (Oregón) hasta Vancouver (Columbia Británica), lo que diluye cada vez más la frontera entre EE UU y Canadá. En otras partes del mundo, un número significativo de ciudades-estados emergentes, Sao Pablo, Bogotá, Moscú, Kiev, Bakú y Kunming, en el Sur de China; todas ellas rodeadas por regiones débiles y anárquicas, que pueden ser controladas por grupos financieros en concierto con la delincuencia organizada, la expresión más dramática es el caso de México. Esos principados neomedievales provistos de tecnologías de punta y abundante flujo financiero han obtenido la victoria en las elecciones de diversa regiones y localidades, la guerra desatada en el gobierno de Calderón contra estos conglomerados involucrando al Ejercito y todo el aparato de seguridad con resultados precarios, el dinero de la droga ha permeado la casi totalidad de el tejido social, con la secuela de violencia que se ha transformado en un grave riego para estabilidad del y la vigencia de los derechos humanos, algunos teóricos se han atrevido a adelantar la hipótesis que podríamos estar frente al caso de un Estado fallido y esos grupos junto a los cuerpos militares, influyen e influirán en la política en un grado mucho mayor que el sutil de hoy en día, en nuestras Metrópolis (Léase desarrollos urbanos incontrolados).
Caracas ciudad Desollada…
El siglo XX fue el último de la historia en el cual la humanidad era mayoritariamente rural. Los campos de batalla del futuro, serán en terrenos urbanos muy complejos. Si las fuerzas, de los Estados no saben luchar y repeler de cerca, su condición quedara entredicha, como está ocurriendo en el ingrato caso Mexicano, donde el Presidente anterior de ese país hubo de admitir penosamente que desconocían el poder de las bandas de narcotraficantes a quienes enfrentaron en una errada estrategia que ha derivó un lamentable baño de sangre, especialmente de ciudadanos inocentes, 28.800, victimas, en esa etapa se decomisaron más de 300 Aviones, 500 naves acuáticas incluyendo submarinos, 34.000 automóviles, 86.000 armas de fuego de las cuales 52.00 son fusiles de asalto y más de 10.000 kilos de cocaína,  así como ha quedado evidenciado en el país con la crisis carcelaria mostrando sin mascaras el nivel de violencia y horadación moral que ha borrado los limites y capacidad de control de nuestras instituciones, han estimados los expertos que esto sería en calculo optimista el 10% de todo flujo producido por el entramado que ha articulado el narcotráfico en el eje EEUU, México, Centroamérica, Colombia, Perú, Ecuador, y Bolivia revelándose el incremento del uso de Venezuela como franja para el blanqueo y como espacio de paso hacia los mercados europeos, estos datos son estremecedores.
Las ciudades siempre han vivido más allá del bien y el mal; el estado moral de nuestras capitales en especial la zona metropolitana es lastimosa.
Y fuera de ellas, vías, bosques y tierras, se mueren a una velocidad sin precedentes. Corremos el riego de perder el equilibrio en nuestra zona urbana y condenar a los habitantes del valle de Caracas y a su descendencia a vivir y morir en un lugar hostil. "EL Universo requiere una eternidad", escribió Jorge Luis Borges. "Y en el cielo, añadió, los verbos conservar y crear son sinónimos". En la tierra se han vuelto antagónicos. Conservar y crear son verbos hostiles en este inicio del siglo.
Para gobernar con eficacia solo se necesita sentido común…
Para mirar la cara de un problema, su verdadero talante, se requiere, en primer lugar, situarse en el hecho de la verdad, que es obligado para determinarlo y abordar con seriedad su solución. Shakespeare señalaba que la verdad se convierte en un hecho humano cuando hay alguien que la dice o la escribe y alguien que la escucha o la lee. Cuando el problema es de naturaleza pública municipal y su solución depende de quienes han sido electos para gobernar para las mayorías y no para los intereses individuales y especialísimos, para hacerlo en propiedad y con alta dosis de autenticidad, hay que recordar las palabras finales de clausura de un Congreso sobre gobernabilidad, pronunciadas por el doctor Enrique Tierno Galván, Alcalde de Madrid el constitucionalista, el maestro, el filosofo, el político, sucintamente sentenció: "Para gobernar eficazmente las ciudades, sólo se necesita sentido común".
De allí que la incógnita de una ecuación para resolver un problema acuciante de la ciudad, es el resultado de la sumatoria de la verdad dicha o escrita, más la verdad oída o leída, y el sentido común que ostente el gobernante.
Uno de las dificultades, entre las múltiples que existen en las ciudades es el de la basura que generan sus habitantes. Y este problema en particular contamina al estanco político con el mismo tufo que emanan los desechos en la ciudad y para la ciudad. En crecimiento sin control que se da en las comunidades nuestras, los que más crecen son los que han venido alojándose en el este de la ciudad, los altos mirandinos y todo el eje oriental, poniendo a las autoridades, tanto como nacionales como locales a la defensiva, actuando contingentemente después del día D.
La ciudad es una creación de la sociedad humana y por ende, como ella, recorre un similar periplo de vida, nace, crece, se desarrolla y muere con cada generación- se reinventa y algunas veces como la basura se recicla. Por tanto basura y ciudad están íntimamente unidas.
Quienes intervienen, urbi et orbi, desde el ángulo privado, o bien desde el público, con su actitud pueden recorrer el mismo proceso de descomposición que experimenta el desecho resultante del consumo de bienes.
Abordarlo desde el primer factor de la ecuación, desde el ángulo de una aproximación a la verdad. Cinco ejemplos universales nos permiten divisar con claridad cuál es la resultante de ceñir la verdad contra esos intereses especiales con fe carbonaria: Antulio y Sócrates en el mundo antiguo, Jesús de Nazaret en la nueva era que inaugura; y Pier Paolo Pasolini y John Lennon en el presente.
Desde el mundo antiguo, desde sumeria después de la revolución neolítica, el hombre se hace urbano, reuniéndose en esos conglomerados llamados las ciudades-estado  embrionarias alrededor de los grandes ríos y desarrollando con ello las civilizaciones hidráulicas, hasta los complejos conglomerados actuales, la ciudad se ha venido complejizado crecientemente en sus dificultades. A medida que crecen requieren de soluciones ajustadas a sus dimensiones.
En el marco de la metrópoli actual las soluciones deben contener una visión de integralidad, respetándose las particularidades de cada localidad. Nunca podrá zanjarse un problema restringiendo su solución a lo que resultó ser adecuado para un momento determinado y para unas dimensiones delimitadas y perfectamente definidas. Así, en el caso del problema de la basura la experiencia de la ciudad de brasileña de Curitiba no sería aplicable a Ciudad de México. Obviamente las dimensiones no permiten comparación alguna. En nuestro caso venezolano, nunca a la complejidad del área metropolitana de Caracas podrá destinarse las experiencias que en esta materia han sido aplicadas al poblado de La Mesa de la ciudad de Mérida. (Sobre el tema de los degradados servicios públicos volveremos luego).

Pedro R. Garcia M.
pgpgarcia5@gmail.com
@pgpgarcia5

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martes, 19 de noviembre de 2013

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, EL VERDADERO VENEZOLANO

La tesis de que el venezolano  de hoy  no es el mismo de ayer, y que el verdadero venezolano está desaparecido, debido a  un supuesto cambio en su  comportamiento social, en su escala de valores y en su actitud ante la vida, ha cogido fuerza   como consecuencia  de un posible efecto ideológico  achacado al chavismo. 
Tal  interpretación de la realidad de nuestro país ha encontrado eco  en sectores  de nuestra población preocupados por el estado de cosas que caracterizan a la Venezuela actual.
Quienes así piensan creen, en general, que al haberse mutado el alma del  venezolano aquel, que conocimos  en la mal llamada cuarta república, en la del venezolano del presente, el país también se transformó en  otro distinto, peor en todo caso al anterior. 
Pero también hay quienes están convencidos de lo contrario y de que el venezolano verdadero no  era el de antes, sino el de ahora mismo, y que estos tres lustros de chavismo sirvieron para quitarle el barniz que cubría su auténtico yo; eso que en términos marxistas se conoce como conciencia de clase y que se adquiere al desaparecer el velo ideológico que te impide  apreciar la realidad, esa misma que  te rodea y te afecta. 
Ese venezolano que estaba así escondido o más bien agazapado, guardando su resentimiento y rabia social para más tarde, fue el que esperaba un mesías, un elegido, y por eso cuando apareció Chávez se destapó y mostró como realmente era.
Los acontecimientos de este noviembre negro, como ya lo califican algunos, que muestran  colas infinitas de gente, llevándose  todo tipo de artefactos eléctricos,  o de tiendas de campaña  o personas durmiendo en la calle, en las afueras de los grandes almacenes, a la espera de las rebajas y gangas decretadas por el gobierno  en varios rubros comerciales, no marcan, si los analizamos bien,  notables diferencias con el pasado, en lo esencial.
En la Venezuela de antes, la de los hombres y mujeres que votaban por los adecos y por los copeyanos, esa misma de los contrastes entre el rancho y la quinta con parabólica, o mejor  aún, la del rancho con parabólica, también gustaban los televisores grandes y los aparatos de sonido con las cornetas gigantes. 
Puede cambiar la tecnología, pero no por ello se reprimen las necesidades, ni  las condiciones materiales que contribuyen a hacer, que el ser humano sea un poco más feliz. 
Pienso que en esas colas kilométricas, en esas imágenes  que le han dado la vuelta al mundo, donde aparecen personas cargando uno o más  artefactos  eléctricos, aflora el verdadero venezolano,   el de ayer y el de hoy. 
El que quiere tener los bienes materiales que  la vida moderna, consecuencia del desarrollo de la humanidad y del progreso  alcanzado por el hombre, le pone a su disposición para su disfrute y el de su familia, para su confort personal y el de los suyos. Podemos sustituir los tubos y los bulbos por el plasma, pero al final veremos al mismo venezolano tratando de comprar un poco de felicidad.
Después de todo este tiempo, transcurridos quince años de chavismo y socialismo, el nuevo hombre revolucionario parece que aún no está incubado y que el venezolano del siglo veintiuno aún necesita un televisor para sentirse igual o tan libre como el venezolano de hace treinta  o cuarenta años atrás, hasta el punto de que tener un aparato de TV con tecnología de punta, se ha convertido en un derecho individual dentro del actual gobierno socialista que preside el señor Maduro. Aunque el verdadero venezolano, el venezolano de siempre, lo encontramos en la calle todos los días, trabajando y  luchando por sobrevivir.
      xlmlf1@gmail.com

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