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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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martes, 13 de octubre de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, NUEVOS RETOS, NUEVAS RESPUESTAS

Crear una Comisión internacional contra la impunidad sería impensable en la Venezuela actual. No hay manera tan siquiera de plantearse, por dos realidades, entre otras muchas:

1) un régimen estatista como el nuestro, manejado por un estamento cívico militar constituido en Estado Forajido, no podría aceptar una instancia internacional superior a las nacionales. Se rasgarían las vestiduras y apelarían al decadente concepto de soberanía, nacionalismo, patria; muy en consonancia con las posturas atrincheradas que se tocan: la extrema derecha y la extrema izquierda

2) Un organismo internacional contra la impunidad, tutelado por las Naciones Unidas tendría que actuar dentro de un régimen democrático, para juzgar con libertad y justeza; y en Venezuela no existen tales condiciones, porque el Estado mismo es el delincuente, serían sus administradores los imputados en la comisión de delitos de lesa humanidad (delitos que ofenden a la humanidad), tal como lo prevén los artículos 5 y 6 del Estatuto de Roma (Corte Penal Internacional).
                                                                                                       
En la actualidad existen dos instancias internacionales para dilucidar estos delitos contra la humanidad (no solo es el genocidio), la Corte Penal Internacional y, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala – CICIG – creada a petición de propio gobierno guatemalteco bajo la presidencia de Oscar Berger el 12 de diciembre de 2006 bajo la asesoría, apoyo y custodia de las Naciones Unidas. En un principio fue para investigar los crímenes, desapariciones, torturas originadas en los organismos de seguridad, para luego ir ampliando sus facultades hasta llegar a los acontecimientos que todos conocemos iniciados con la investigación e imputación de graves delitos contra la cosa pública; primero, a la vicepresidenta Roxana Baldetti y luego al propio presidente Otto Pérez Molina.
                                                                                                       
La corrupción, en puridad, la impunidad, se está llevando por delante los pocos vestigios de democracia que sobreviven en nuestra región, incluso en la Europa latina. Y nuestra región no escapa a ese flagelo de debilidad humana convertido en crimen contra la humanidad, contra su propio pueblo. Cada dólar, euro, bolívar, quetzal, lempira o libra esterlina que enriquece al funcionario, se lo birlan a la ciudadanía, y de ella, al que más sufre: el débil; e introduce un desvalor agregado, la pérdida de confianza en las instituciones, los partidos políticos, los parlamentarios, en definitiva, en la democracia. De allí que hay que ser implacable a la hora de juzgar estos delitos, manifestados no solo en el robo directo, que lo hay, sino en las comisiones, sobrevaloración,  compra y utilización de materiales de inferior calidad,  viajes indebidos y el uso de los bienes públicos para fines particulares. Por otra parte, hay que tener presente que por cada funcionario corrupto, hay un particular que corrompe.
                                                                                                       
Ante la magnitud de este flagelo, la creación de Comisiones Internacionales contra la impunidad es una opción; se trata de salvar  un modo de vida, la nación, la libertad. Sería un gesto de desprendimiento y trascendencia de esta generación a la posteridad. Si se apela a la soberanía, entonces no hay como justificar, por ejemplo, la detención de Pinochet procesada por un juez español (Garzón) y ejecutada por un juez inglés. Nuevos retos reclaman, nuevas actitudes y respuestas.
                                                                                                                         
Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
@jjmonsant

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martes, 15 de septiembre de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, EL GRITO, DESDE EL SALVADOR

Todo en una semana o en un día. No importa el tiempo, el grito está allí, con la misma expresión ante lo inaudito de la naturaleza humana.

Cuando el cuadro desapareció, me intrigó la alarma general que se multiplicó en los medios de comunicación. De modo que decidí escudriñarlo a fondo, en los detalles; las copias, por supuesto. En una primera impresión detuvo mi atención los colores subidos de tono y sus contrastes, como las pinturas de Vicente Van Gogh a las que estamos acostumbrados ver desde las aulas de secundaria, los girasoles, autorretratos atormentados, molinos holandeses, y luego, aquella genial interpretación que de él hizo Kirk Douglas en un filme de Vicente Minnelli,

Un loco de pelo rojo, que nos dejó la impresión que el pintor realmente no se encontraba siempre en sus cabales. Así que a través de Van Gogh, llegué al famoso cuadro robado en un museo de Oslo en el 2006, El grito, pintado por Edvard Munch. Los intensos colores de un cielo rojo y amarillo, el puente, el mar en pinceladas de añil y una figura fantasmal, más parecida a un alienígena que a un humano, con sus manos apretándose el cráneo mientras profería un grito entre desesperación, impotencia y asombro, nos dio la explicación de su trascendencia y significado.

Fue la imagen que vino a mi mente, El grito, no otra, cuando observé las fotografías de aquellos seres humanos atravesando un menguado río, cargando una cocina de gas, un sofá, gallinas atadas de sus patas a una barra de madera, un niño agarrando su camión de plástico en una mano, mientras que atada a su cabeza colgaba una cesta de mimbre con sus modestas posesiones. Entre todas las fotos y vídeos, incluyendo los tractores aplastando paredes, puertas, techos, de precarias casas marcadas previamente con una D, no se sabe si de destruir o deportar, sobresale la de una joven alta, delgada, de un largo pelo negro que intentó ser recogido alrededor de su cráneo, pero que le caía sin forma alrededor de su cuello, mientras sus brazos sostienen al hijo que amamanta, y su mirada perdida hacia ninguna parte que solo transmite impotencia, resignación y perplejidad.

Esas filas de colombianos sacados a media noche, con sus bienes destruidos, maltratados, humillados, perplejos, rodeados de impacientes soldados, hizo que viniera a mi memoria la lectura del genocidio perpetrado por el gobierno de los Jóvenes Turcos, contra la población armenia a la cual deportaban. Y más reciente, en 1982, en la llamada Navidad Roja cuando los sandinistas iniciaron el despoblamiento, traslado forzado, de los indios miskitos asentados en la ribera nicaragüense del Rio Coco, fronterizo con Honduras, a tierras interioranas bajo la excusa de protegerlos de la Contra; previa destrucción de sus bohíos y sembradíos.

Aparte de los colombianos deportados en forma compulsiva y desconsiderada, que hace sospechar escondidos delitos, Nicolás Maduro, el dictador ignaro de Venezuela, decidió que la etnia Wayú, habitantes de la Guajira antes de la llegada de Colón al Nuevo Mundo, no podían circular libremente por su milenario territorio.

Un niño atraviesa la vaguada con su tesoro a cuestas, un hombre salva sus gallinas, otro carga un sofá, una abuela protege a su nieta de la alambrada y las botas, una madre amamanta en una improvisada tienda de campaña, y una guajira se detiene frente a una alcabala mirando hacia donde siempre iba. Un bebé inmigrante aparece ahogado en una playa del Mediterráneo, y una reportera húngara patea a un padre con su hija en brazos. Todo en una semana o en un día. No importa el tiempo, El grito está allí, con la misma expresión ante lo inaudito de la naturaleza humana.

Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
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viernes, 28 de agosto de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, EL ASESINATO QUE NO FUE

La frase se atornilló, se clavó en mi psiquis, en mi alma, en mi espíritu: “No hay asesinatos en el paraíso” para luego agregar “El asesinato es una enfermedad del capitalismo, afirmar lo contrario es un delito contra el Estado”. En consecuencia el niño murió arrollado por un tren, no asesinado, esa es la conclusión de la investigación criminal. Y se archiva y cierra el caso.

         El oficial observó el rígido y pálido cuerpo famélico del cadáver de un niño acostado sobre una plancha de metal, rodeado por otro oficial de mayor rango, y el médico forense que callaba. Le dio vuelta al cuerpo y detuvo su mirada en el limpio corte realizado a nivel de los riñones, sin más moretones que los observados en las muñecas y algunos rasguños en el rostro. Para el investigador uniformado, fue obvio que no había sido atropellado por un tren. Pero no habían asesinatos en el Paraíso, pues eran un mal del capitalismo, según se le espetó. Y guardó silencio, no podía hacer otra cosa, corrían los tiempos del camarada Jose Stalin, y todo el mundo miraba a todo el mundo, siempre había algo que informar.

         Además, no estaban lejanos los días del Holodomor, el holocausto ucraniano decretado por el Padrecito Stalin cuando decidió colectivizar las propiedades agrícolas con el fin de acelerar el proceso socialista, particularmente en Ucrania, país de tierras fértiles y de grandes, medianos y pequeños productores. Así que decidió salir de esos mencheviques aferrados a la propiedad, y produjo el segundo genocidio de la era moderna. El primero fue cometido por el gobierno de los Jóvenes Turcos contra el pueblo armenio, en 1915. En Ucrania cerca de seis millones de hombres, mujeres y niños murieron entre 1932 y 1934, a causa de la hambruna provocada por la política colectivista de  Stalin.

         Finalmente no fue un niño, fueron 34, todos cometidos por un asesino en serie enloquecido por las atrocidades comunistas y los estragos sicológicos de la Segunda Guerra Mundial.

         He visto la película cuatro veces, “Child 44”, que aunque está basada en una novela, se sustenta en hechos reales como el Holodomor (Hambruna ucraniana), el colectivismo, la delación, el miedo, y el asesino de Rostov, que sí existió. Aparte de estar muy bien realizada desde el punto de vista cinematográfico, fotografía, dirección (Daniel Espinoza), guión y actuaciones (Tom Hardy, Gary Oldman y la bella Noomi Rapace), nos hizo reflexionar sobre el presente. Pensar en Cuba,  Venezuela, Corea del Norte, Irán, Siria, el Califato Islámico, la Polonia comunista, la Alemania Oriental, la Unión Soviética que conocí y en la revolución sandinistas del 79.

         Ninguna idea, religión, doctrina, raza podemos permitir que nos robe la libertad y la dignidad; vivir en paz, el derecho a opinar, movernos, cambiar, controlar los actos del gobierno. Estoy convencido que debemos impedir, por cualquier medio, que la humanidad, que en nuestra región, en nuestros países se instale el totalitarismo comunista, partidista, económico, religioso, ideológico o racista para dominar a otro hombre. No existe un  bien superior a la libertad, al imperio de la ley, la vida digna y la justicia. Lo que sucede en Venezuela, la hambruna de Venezuela, la penuria, el miedo, la deserción, la delación, el callar para comer, la violación de los derechos humanos, la prisión sin juicio, la corrupción no puede ser argumento para que en nombre del socialismo, una banda de forajidos incrustados en el poder omnímodo nos llegue a decir, como en el filme citado, “ en el socialismo no hay asesinatos, son males del capitalismo, provocados por agentes extranjeros”.
                                                                          
Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
@jjmonsant

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domingo, 2 de agosto de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, ENTRE NARCOTRÁFICO Y DICTADURAS, DESDE EL SALVADOR

El bus de se detuvo enfrente, solo había que pasar la calle, de cuatro carriles , isla de por medio, para llegar al templo de San Judas administrado por sacerdotes católicos del rito oriental malakita. Todos los miércoles al mediodía ofrecen una misa en español y al final, la unción en la frente y en las cuencas de las manos, primero la izquierda y luego la derecha. Quizá por ello el templo de modesta dimensión, de estructura románica y numerosos vitrales e iconos bizantinos acoge feligreses, casi todos de origen latinoamericano, que se sienten atraídos por su silencio, media luz y la antigua manera de oficiar la misa de espalda al pueblo, lectura de la Palabra centrada en Jesús el nazareno, mucho incienso y la comunión en especie.

Y así funciona mucho antes que Francisco llegara para recordarnos a los cristianos que la esencia del cristianismo es la propia palabra de Cristo recogida en los Evangelios; lo demás es ritualismo, sustitución del contenido por el continente y desviaciones de la Palabra, por debilidades e ignorancia del hombre, y mucho más, pero que no viene al caso que nos ocupa.

El hecho es que al detenerse el bus, una señora de mas edad que la mía, baja con lentitud y temor los tres escalones que nos separa de la acera; le ofrezco la mano que acepta con complacencia y pasamos la ancha y circulada calle con cuidado. Su rostro aceitunado y su encanecido pelo me lleva a pensar en su origen que sitúo en Perú o quizá el Ecuador, pero me aclara que es mexicana a la vez que pregunta por el mío, y le digo con cierta pena que soy venezolano; pero de los de antes, agrego. 

Ella sonríe y afirma con esa insustituible sabiduría popular: “Ah, Venezuela, qué país tan bello y alegre, y ahora se acabó todo. No salimos de abajo, cuando no es el narcotráfico es la dictadura”. 

Me dejó sin palabras. Una frase espontánea pronunciada por una persona sencilla, había resumido en menos de cien letras el drama y la desolación espiritual de nuestra América: el péndulo de las montoneras, el rebaño sin dueño, el inmenso Macondo de la arbitrariedad.

No puede dejar de pensar el resto del día en El Salvador, Nicaragua, Venezuela, tres países que me son tan caros de afectos y vivencias; porque Paraguay es otra cosa, es un país que ha sabido ser feliz, a pesar de los políticos codiciosos y pícaros, y los intentos de los  marxistas de Argentina,  Venezuela y de la FARC por sembrar  la violencia, la lucha de clases y la inestabilidad.

Entre tanto, es una nación de gente sencilla, afable, llena de poesía y notas musicales acompañadas de arpas y guitarras, tejedoras de encajes de algodón, pintores y escritores.  Nuestro universal Andrés Eloy Banco escribió le dedicó un poema a su paso por Caracas y, en  El Salvador, donde vivió y falleció reposan los restos de Mangoré,  donde cientos de pequeños seguidores rasgan las cuerdas de sus guitarras, observados por el maestro desde el cielo.

De repente perdimos la memoria cultural, a lo menos en Venezuela, y al perderla perdimos  identidad. Dejamos de ser pueblo, para convertirnos en una masa maleable por una banda de forajidos sin valores,  militantes de una ideología  amoral como es el marxista; un marxismo tropical dirigido por los hermanos Castro, que incluye la perversión del uso indiscriminado de los dineros públicos, de las leyes y las riquezas de la nación.

Tal como muy bien dejó asentado el Papa Francisco en su discurso final en Paraguay, “las ideologías matan el alma, idiotizan al pueblo, le roban su libertad”. Nada puede garantizar los derechos de cada hombre, de todos los hombres, sino un sistema regulado por el imperio de la ley, y el principio de la separación e independencia de los poderes públicos; solo la democracia garantiza la posibilidad del Bien Común, una economía y una cultura al servicio de cada hombre, de todos los hombres. Cada hombre, todos los hombres  sustentando su bienestar  en el techo, el trabajo y la tierra.

Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
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martes, 14 de julio de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, LA CRUZ DE EVO

El rostro del sacerdote se alargó sin transmitir una mueca de expresión, solo un pequeño rictus labial que denotaba estupor, enojo, sorpresa, desagrado o quizás desconcierto, que logró captar la cámara del fotógrafo, cuando el papa Francisco con los brazos caídos a sus costados observó el singular crucifijo que, a manera de regalo y bienvenida, le ofrecía Evo Morales a su invitado.
En esos microsegundos, cuando escuchaba las explicaciones del origen de la singular talla de madera donde se encontraba yacente el Jesús de los cristianos, ha debido pensar cómo responder ante tamaño despropósito, sin dejar entrever  desagrado.
Ofendido no ha debido sentirse, su fe y el significado de la cruz va más allá de una imagen o talla, es solo un símbolo que recuerda al cristiano el significado de su fe y su compromiso con la Palabra.
Lo demás es liturgia, ritualismo, adornos de identificación externa que ayudan a mantener el compromiso de vida libremente aceptado, una manera de alabar al Señor en comunión con otros peregrinos.
Pero el ser humano tiende a respetar en el otro, lo que considera le hacen particular. Por ejemplo la bandera de una nación, el escudo del Barça o del Real Madrid, el goleta del Magallanes, la estrella de David o la cruz para el cristiano. Es una manera de compartir al ser miembro de algo más allá de su individualidad. Difícilmente uno representaría al Buda sentado sobre un buey degollado, más que una broma de mal gusto o de humor negro, sería una falta de respeto al otro, a su dignidad como ser humano, a sus creencias, etnia o modo de vida. Claro, ésta es una reflexión que parte de la aceptación de la pluralidad, la libertad, la democracia y la convivencia basada en el respeto.
Cuando cayó la dictadura comunista checa, y el pueblo clamaba venganza, Vaclav Havel se encargó de apaciguarlo solo con esta frase:  “No les hagan daño. “No somos ellos” .
También el mal tiene otros símbolos que le identifican, por ejemplo: la cruz gamada de los nazis, el fascio para los fascistas y, la hoz y el martillo de los comunistas.
Y precisamente el crucifijo que le entregó Morales al Papa Francisco estaba incrustado en una hoz y un martillo de madera. De allí el rostro adusto del Papa, que se limitó a recibirlo y pasarlo a su asistente.
El objetivo de su viaje iba más allá de caer en la primera provocación del singular presidente. ¿Hizo Evo Morales esto por diferenciarse, ubicarse, alertar, humor negro, irrespeto o por ser gracioso? Pueden ser una o todas ellas juntas. Pero la ignorancia estaba presente, porque después de la vida el más preciado don para el cristiano es la libertad. Y el comunismo es la negación de la libertad. Pero así son ellos.
Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
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viernes, 3 de julio de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, EL CAPITÁN BOLÍVAR

Había dejado pasar como uno de los tantos pases de facturas entre bandas gubernamentales, la extradición desde Barranquilla del ”Capitán Bolívar”, donde vivía desde hacía un año en una zona exclusiva, rodeado de autos de lujo, tarjetas platinadas, cuentas bancarias abultadas, jovencitas suntuosas, y tenido como un inversionista venezolano, ex piloto militar que dejó su país cansado de tanta inestabilidad.
Un caso más, me dije, de los tantos a los que estamos acostumbrados de violaciones, arbitrariedades, asesinatos, fugas, pranes, delaciones, exilios, drogas, rupturas de relaciones, secuestros. Del malandraje institucional, pues, que nos ha colocado en el muy  exclusivo club de Estados Forajidos, como los define el Derecho y la doctrina internacionales.
Algo llamó la atención que me detuvo en el caso Yonny Bolívar, “el Capitán”, mas conocido como el asesino de Adriana Urquiola, la periodista  interprete de señas de Venevisión, que cayó bajo una bala durante una manifestación de la oposición el pasado y cruento 2014.  Según Bolívar fue sin intensión, pues disparó al aire para dispersar la multitud; allí también cayó, nunca llegó a ver luz, el hijo que llevaba en gestación, y herida con la misma arma, otra joven manifestante por la vuelta a la democracia y el respeto a los derechos humanos Lo que atrapó mi atención fue la aparición de la enigmática Eva Golinger, al denunciar que Yonny Bolívar había intentado abusar de ella.
Fue una sucesión de casualidades. Por allá en el 2002 se bajo de un Porsche pistola en mano, y en pleno trafico caraqueño amenazó a un taxista con dispararle; lo detuvieron y lo soltaron. Luego apareció en Barquisimeto, se mimetizó con los jóvenes del lugar, se relacionó, compró autos y una residencia al este de la ciudad, a la que invitaba en forma dadivosa; eso, a los 28 años. Todo era un teatro, las relaciones y bonhomía las utilizaba para conocer datos de  secuestrables. Desapareció un tiempo para reaparecer en el 2004 en la cárcel de Uribana, al ser capturado por el secuestro del empresario Pastor Gudiño. Allí terminó como el pran de los pranes, y sindicado como el autor de la  masacre de Uribana, degollamientos de por medio de varios reclusos, lo cual niega. Se relacionó con Iris Varela, y al año estaba fuera de la cárcel por buena conducta. Tras de sí había acumulado delitos de cuidado, porte de armas de guerra, uniformes militares, secuestros, drogas, falsificación de identidad, pero siempre salía libre. Cuando disparó a la multitud y fuere inquirido, mostró una credencial policial. Llegó a portar identidades auténticas de todos los organismos de seguridad, y pasaporte oficial.
A su llegada, luego de su deportación, el Ministro del Interior bajó a Maiquetía. El dice que es hijo de un militar fallecido al inicio de la dictadura; que está protegido. Hay quienes señalan a Rangel, otros a Cabello, uno no sabe. La pregunta es ¿quién, por qué y para qué se protege desde el gobierno a este ciudadano con tal prontuario, que entra y sale de prisiones, porta armas, credenciales y mucho, mucho dinero?
Juan Jose Monsant Aristimuño
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jueves, 18 de junio de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, POR MÍ, NI UN ODIO, HIJO MÍO, DESDE EL SALVADOR


    “Por mí, ni un odio, hijo mío. Ni un solo rencor por mí, no derramar ni la sangre que cabe en un colibrí, ni andar cobrándole al hijo, las cuentas del padre ruin. Y no olvidar que las hijas del que me hiciera sufrir, para ti han de ser sagradas como las hijas del Cid”.

    La puntuación que le doy a la estrofa de nuestro poeta Andrés Eloy, no se corresponde al original, lo escribí en prosa por razones de espacio. Andrés Eloy Blanco es el mismo autor de “Angelitos negros”, considerado como un himno contra la discriminación racial; poema que fue llevado a guión cinematográfico y exhibido en la pantalla mexicana en 1948, con las magistrales actuaciones de Pedro Infante, la cubanísima Rita Montaner y la niña Titina Romay. También ha sido cantada en tiempo de bolero por el mismo Infante, además de las conocidas interpretaciones en las voces de Nana Mouskuri, Lola Flores, Javier Solís, Chabela Vargas, Alfredo Sadel, Roberta Flack y Ertha Kirt.

      La estrofa inicial pertenece al poema Coloquio bajo el Olivo, que le leía a mis hijos cuando niños, y le he encargado a mi hijo mayor que se lo lea a mis nietas salvadoreñas cada vez que pueda; a él le dejé un hermoso ejemplar de páginas beige en papel cebolla, de las Obras Completas de nuestro juglar mayor. A los otros, en ese trashumar que me dio el destino difícilmente podría hacerlo, porque tendría que haber cargado conmigo todos aquellos libros que me han sido preciosos, y hoy, las líneas aéreas nos cobran hasta el peso de un pañuelo de batista, como le decían antaño.

    El Coloquio bajo el olivo, lo tengo como el Sermón de La Montaña de Jesús. En ellos se sintetiza, se resume el deber ser de lo humano, la esencia de lo que distingue el inconsciente del consciente en nuestro Reino Animal; aunque a veces dudo sobre cual de los dos es el inconsciente cada vez que observo lo que sucede a nuestro rededor, desde el Califato Islámico, pasando por Nigeria, España, México, Pakistán, Mozambique hasta nuestra sufrida y desconcertante Venezuela, más cercana al inframundo griego que a la evolución civilizatoria de la humanidad.

    Ese amor desbordante de Andrés Eloy entrelazado con la nobleza del corazón por aquello de “para ti han de ser sagradas como las hijas del Cid” o, “ni andar cobrando al hijo las penas del padre ruin”, solo puede compararse con lo divino en lo humano que nos regaló Jesús, en la parábola del Buen Samaritano o la del hijo pródigo.

        Esa oración de Andrés Eloy, fue durante un buen tiempo como el logo a alcanzar por nuestra venezolanidad, la bizarría de Bolívar, la nobleza de Sucre, el arrojo de Juana Ramírez, el estoicismo de Luisa Cáceres de Arismendi, o la candidez de un Vargas ante el arma de  Carujo, cuando lo despojó de la presidencia.

       Lo anterior viene al caso, porque me impactó desde el inicio de su cautiverio, la despiadada saña que la dictadura le ha aplicado al joven Raúl Emilio Baduel García, hijo del General en Jefe Isaías Baduel, preso desde 2009, acusado de corrupción una vez que osó cuestionarle a chavez su pretensión de modificar la Constitución para permanecer en el poder. El hijo fue detenido junto a su amigo Alexander Tirado durante una manifestación contra Maduro en el 2014, y posteriormente  condenado a 8 años de prisión por “intimidación pública, agavillamiento e instigación a la desobediencia”. Ha sido golpeado, incomunicado, vejado, aislado, y se ha sumado a la huelga de hambre junto a Tirado y los 43 estudiantes más regados por toda la república.

     Es evidente que los malvados del gobierno le hacen pagar al hijo, lo que consideran el pecado del padre; y el único cometido por el hijo, fue salir a la calle en busca de libertad. Ellos también son Leopoldo y Ceballos, los olvidados de la MUD, las víctimas del Estado Forajido.

Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
@jjmonsant

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viernes, 5 de junio de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, QUIZÁ POR ELLO…

Ni siquiera nuestro profesor de historia Miguel Hurtado Peña, mientras impartía sus bien documentadas y brillantes clases nos lograba explicar el por qué de ese terrible Decreto de Guerra a Muerte dictado por el Libertador, que nos lucía una barbaridad; algo así como las palabras de Jesús al espetarle a sus discípulos que quien no estaba con él estaba contra él, aunque no fueran sus palabras exactas, pero así han sido recogidas y traducidas.

            No comprendíamos  por qué si un español o canario no colaboraba activamente en la causa republicana (ya habíamos estudiado la Constitución de Cádiz), sería pasado por las armas; en tanto que  si un americano permanecía indiferente, aún así, le sería perdonada su vida y propiedades. ¡Vaya con ese Bolívar, y      con “el diablo” Briceño!.
      Claro, ahora uno se imagina la enorme pluralidad de contradicciones entre los patriotas, diferentes estrategias, tácticas, ambiciones y esa siempre presente anarquía de lo hispano reproducida en el indiano. Precisamente lo que más admiramos de Bolívar, aparte de su persistencia y desprendimiento, fue en esa capacidad, sagacidad y carácter para imponerse sobre aquellas montoneras regadas por la Capitanía General de Venezuela y en el Nuevo Reino de Granada. Quizá por ello, más que una afrenta al enemigo español, el Decreto fue dirigido a los criollos, a los nacidos en América que aún no se sabían americanos; aquel gentilicio con el que nos definiría más tarde, en Jamaica, como seres distinto al europeo, al indio y al africano: simplemente  americanos. Como diría un centroamericano: ¡”Púchica”,  qué talento!
            Estaba tan decidido Bolívar a instaurar la republica, que al mismísimo héroe de la Revolución Francesa, el estratega de la emperatriz Catalina de Rusia, al amigo de Tomas Jefferson,  Francisco de Miranda, logró montarlo en un barco español para que fuera encerrado de por vida en La Carraca, cosa de no estar molestando por estas tierras irredentas.
            Un hombre culto como Bolívar, aristócrata él, hijo de la Ilustración y del Romanticismo, amante de la estética, el buen vino, la danza y del bello sexo, no podía menos que valorarse asimismo y saber que la república se instalaría en América; aún pasando por encima de los timoratos, ambiciosos e intrigantes locales. Logró su objetivo, pero murió en el intento, y fue sepultado con una camisa donada por comerciante español, allí, en la amada y generosa Santa Marta.
            Quizá por ello, por esa historia pequeña de mezquindades, intrigas, ambiciones y unidimensionalidades, es que la oposición oficial, la MUD, tomó la decisión de no respaldar, participar, en la marcha pacifica por la libertad de los prisioneros políticos, convocada por López y Ceballos.
Juan Jose Monsant Aristimuño
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jueves, 21 de mayo de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, NO ES POR TEODORO NI MIGUEL

Es posible que la no confrontación, el no plantarse en tres y dos  para decir ¡Basta, hasta aquí! sea la estrategia acertada para enfrentar la dictadura.  Es una de las teorías de la solución de conflictos,  porque el conflicto en sí genera su propia solución. Por supuesto hay otras, el adelantarse a situaciones y atacar el problema antes que suceda, convivir con ellas o enfrentarlas

          Pero la verdad, esperar que Maduro, que está caído desde hace meses, pero que nadie quiere salir de él, porque es un buen ejemplar a sacrificar en una última jugada para que sobreviva el régimen, es un acto criminal de absoluta irresponsabilidad. 
          Que el gobierno se lo plantee, es comprensible, cuidan la sobrevivencia política,  económica y hasta jurídica, porque han cometido fechorías de todo tipo, las cuales potencialmente les condena a la cárcel. Pero que esa oposición conveniente,  secuestre el legitimo derecho a la rebelión ante la tiranía, francamente es desconcertante, llama a la reflexión y surge la pregunta si acaso no ha llegado el momento de partir las aguas y comenzar andar sin ese lastre, en el rescate de la libertad, la dignidad y el Estado de Derecho.
        Diosdado Cabello se refirió a la MUD como una “mezcla de estiércol con agua sucia”, bueno, él sabrá. Pero que el Presidente de la Asamblea Nacional se dirija así a un grupo de venezolanos, es inaceptable.  Y oyendo a este teniente, surge la pregunta ¿Y en manos de quien estaban las armas de la República? ¿estos eran los guardianes de la Constitución y las leyes? Lamentablemente estos eran y son.
            De un plumazo una juez, bien, una militante del psuv actuando como juez de un Poder Judicial inexistente, dicta medida de prohibición de salida del país a 22 venezolanos relacionados con los medios de comunicación. ¿Y dónde está la protesta?, no para defender a Miguel Enrique Otero o a Teodoro y al resto de los encausados, sino para defender la democracia ¡coño!.
            Mientras maduro se presenta en el Kremlin para hablar de una Unión Soviética, que dejó de existir hace ya más de 20 años, con una boina al estilo Lenin, como muy bien señaló el colega Enrique Meléndez en su articulo “Nicolás en Moscú”, se siguen descubriendo robos cien millonarios en dólares en Ecuador, Miami, Panamá, Madrid, Andorra, asesinando a nuestros jóvenes, presos sin juicios, torturados,  encarcelados Leopoldo, Ledezma, despojada María Corina de su investidura; padeciendo venezolanos por ausencia de instrumentos y medicinas, se plantee vender autos en dólares, resurgen enfermedades superadas y el hambre comienza hacer estragos en la salud, la MUD no se levanta  para señalar el camino, y grita con coraje: ¡Basta, hasta aquí!.
Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
@jjmonsant

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jueves, 14 de mayo de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, TIRANÍA CONSTITUCIONAL

Para los males de la democracia, mayor democracia, para la libertad, mayor libertad. No se trata de proponer una sociedad de relajos, libertinajes en manos del dejar hacer, dejar pasar. 

Se trata de entregar al ciudadano, al pueblo, al soberano, como se acostumbra decir, la mayor suma de felicidad posible en comunidad y libertad. Para ello, para se requiere solo un acto, un consenso, un pacto, la entrega al gobierno, estado, parte de su ámbito de decisiones individuales, bienestar y libertad, en función de la convivencia ordenada entre las partes. Este acto es el único que justifica la entrega de la soberanía individual a un ente abstracto llamado Estado, administrado por otro ente abstracto llamado gobierno, pero ejecutado por individuos o colectivos agrupados en torno a una idea, principio, religión, sexo o estirpe de sangre. Es todo, lo demás son disquisiciones bizantinas.

         Lo primero, es reconocer que el hombre es libre por naturaleza, y su sometimiento a una autoridad superior coercitiva es un acto consensual libre, el Pacto social. Lo segundo, el Estado no se encuentra por encima del individuo, es solo una mera figura político-jurídica concertada para organizar una comunidad de personas asentadas en un territorio. Y finalmente, reconocer que ese estado administrado por un gobierno, es solo eso, un administrador de la totalidad social,  en sus más diversas expresiones que comparten un mismo ordenamiento legal,  sujeto al pacto social  llamado Constitución Nacional.
         El sometimiento a una autoridad superior en función del Bien Común,  convivencia, no se da al azar o por acontecimientos de los fenómenos de la naturaleza y, menos aún, por la voluntad del gobernante, como se acostumbraba en  la monarquía absoluta hasta 1.215, por ejemplo, cuando los nobles ingleses se rebelaron contra el hermano de Ricardo Corazón de León, y obligaron al llamado Juan sin Tierras, someter su mando al consenso de los nobles. Y de esa fecha hasta que se instaló la Asamblea Constituyente al inicio de la Revolución Francesa, que introdujo cambios sustanciales en la relación entre el poder estatal y el ciudadano, no se ha detenido el proceso de reconocimiento de los derechos humanos y del ciudadano, en la cultura occidental.  Para garantizar esta conquista de la humanidad a través de milenios de aproximaciones al reconocimiento de la dignidad humana, se decantó, se elaboró la teoría del sometimiento del hombre a la organización administrativa que le gobernaría para el alcance de los objetivos propuestos, mediante un ordenamiento jurídico igual para todos y de obligatorio cumplimiento. Es lo que se conoce como el principio de legalidad que dio forma al Estado de Derecho, sustentado en la estricta independencia y separación de los poderes públicos establecidos en la Constitución Nacional.
         Salvo en los antiguos y actuales regímenes comunistas, totalitarios, fundamentalistas como el Califato Islámico, o autoritarios como los de Nicaragua, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nepal, Zimbawe, la Constitución Nacional es la figura que regula la totalidad de las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, de estos entre si, y del estado con la comunidad internacional. Es el instrumento que garantiza la separación de los poderes republicanos, el equilibrio entre ellos, y el control de los actos del gobernante. No hay otro instrumento, salvo el ético y el moral, pero estos corresponden al deber ser.
         En Venezuela por ejemplo, la Constitución dejó de tener vigencia, pasó a ser una referencia del pasado, un instrumento del ejecutivo y del partido oficial; incluso dejó de ser un estorbo a la voluntad del gobernante, porque simplemente se la ignora, la relación del estado y del gobernante con el ciudadano y la comunidad internacional, está sometida no a la ley, sino a los intereses temporales, estratégicos, tácticos del presidente, su partido y las fuerzas armadas; incluso, de los intereses de los colectivos armados paramilitares y parapoliciales. En este caso el pacto social se fracturó, dejó de tener vigencia para ser sustituido por una especia de monarquía ideológica, en la cual al ciudadano se le suspenden sus derechos y obligaciones reconocidos en la Constitución, para someterse a la tiranía de un partido, una persona o una parcela del poder.
         Ese es el riesgo que se corre en nuestra región, tal como hemos podido comprobar en Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Argentina; se llega a la tiranía no mediante las armas, sino mediante un Golpe de Estado dado por uno de los poderes públicos en detrimento de los otros; se absorbe, por diversos medios,  las facultades constitucionales de los otros poderes, en detrimento de los derechos individuales y de la esencia misma del sentido de la existencia del Estado de Derecho; esto es, se accede a la tiranía de un hombre, de un partido o parcela de la sociedad, mediante la instrumentalización de los poderes republicanos, para preservar la apariencia de legalidad.
Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
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jueves, 7 de mayo de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, DONDE DEBEN ESTAR

En todas partes se escribe, en todas partes se comenta; solo en esta Venezuela bajo el dominio de la mas desconcertante dictadura que se haya conocido en América, se acumula tal número de calamidades, desafueros, pecados, delitos, ignorancia e ineptitudes en un solo grupo humano, de pillos, en puridad. La magnitud de lo que acontece en este territorio, alguna vez conocido como Tierra de Gracia, la resume en  una frase el único líder político capaz de guiar un proceso que termine con esta pesadilla histórica y reconduzca a la nación (lo que va quedando de ella) hacia la dignidad y libertad, dentro del marco de un Estado de Derecho, tal como corresponde. Esa frase es: “Maduro no es un proyecto político, sino una organización criminal” y la pronunció María Corina Machado.

         Como no hay campaña presidencial en ciernes, lo escrito arriba no tiene intensiones electorales, porque en las parlamentarias, ( si se realizan) así le cambien el lugar de nacimiento, sexo, condición o nacionalidad, gana su curul por aplastante mayoría donde quiera y contra quien se presente, ¿Y por qué?  Porque en medio de todo lo que se escribe, se comenta en el mundo, es la única que ha tenido la bizarría de decirle al pueblo de Venezuela, al gobierno y a la oposición que “éste régimen (maduro) no es un proyecto político sino una organización criminal”
         Entretenidos como estamos por el mango y la nota, el registro de medicinas y pacientes, no se denuncia, no se exige explicaciones, no nos lanzamos a la calle a protestar ante el saqueo más descomunal que hay conocido la historia de la humanidad, contra el patrimonio nacional. Ni los nazis logran superar las estadísticas que arroja el defalco, robo, saqueo, pillaje del Socialismo del Siglo XXI, desde chavez hasta el presente. Las sumas en dinero contante y sonante, supera toda imaginación y tiempo para contarlas. Cada día aparecen los milmillonarios dólares que estaban ocultos en bancos desparramados en Europa, Estados Unidos,  Sur y Centroamérica, Asía, y Medio Oriente (se imaginan las cifras depositadas en China Siria o Irán), y ahora, el último, el mas pequeño de todos, el descubierto en Ecuador, sobrepasando la los 100 millones de dólares, en la compraventa de mercancía  no enviada ni recibida, en puerto alguno. Un apartado postal de una ciudad de Florida como única sede, y la edad de los pillos conocidos ni siquiera bordeando los cuarenta; todo, en menos de ocho meses.
Leopoldo preso, sin juicio, sin defensa, un civil en una prisión militar y, como él,  decenas de venezolanos, jóvenes y adultos encarcelados, aislados, degradados. Debe haber alguna salida, cualquier salida que lleve a los traidores y pillos donde deben estar.
Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
@jjmonsant

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viernes, 1 de mayo de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, CALIFATOS MENTALES

El amigo me espetó así, nada mas, de forma inesperada: “Juan, le estoy agarrando arrechera a los intelectuales”. Por supuesto me sorprendí, sobre todo por la persona  que lo decía, un periodista escrutador de la historia y un experimentado político, curtido desde las luchas juveniles en los liceos más aguerridos de la Caracas de los sesenta, cuando ser socialcristiano constituía una temeridad y una convicción total para enfrentar las fuerzas desatadas de una izquierda inspirada en la guerrilla que bajó de la Sierra Maestra, para extenderse por el continente iniciándose por Venezuela.

Y lo que son las cosas, en aquél entonces fue derrotado el intento de invasión por unas Fuerzas Armadas diferentes a las que hoy reciben instrucciones directas desde La Habana, convertidas en el brazo armado de la represión y la violación de los derechos humanos. Literalmente, en un ejército de ocupación  de su propio pueblo.

La frase surgió de manera espontánea ante las posiciones asumidas frente al  hecho político, por individualidades ubicadas en el sector intelectual, ya sea por ser académicos, escritores, periodistas, políticos, comentadores o analistas; no creo que  en ese grupo existan pintores, escultores, arquitectos, poetas, o cualesquiera expresión del quehacer humano donde la estética sea la razón de existir, junto a la ética. Se les observa un prurito por evitar ser tildados de derecha, contra revolucionarios o antichavistas, de no ser políticamente correctos, de no terminar de romper con el pasado si alguna vez militaron o simpatizaron con el marxismo, como si lo hicieron Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Octavio Paz, Sergio Ramírez y hasta el mismo García Márquez, quien sin romper su relación con Fidel, se distanció del modelo.

Nos ha tocado asistir a reuniones donde el planteamiento de fondo fue la disertación sobre que tipo de socialismo ejerce el gobierno, si científico, utópico, marxista o populista; señalan el carácter autoritario del gobierno, pero no se atreven a llamarlo directamente como lo que es: un régimen totalitario, una dictadura cruenta, corrupta y comunista, convertido en Estado Forajido,  llevado con premura  a la condición de Estado Fallido.

Ese fue el motivo de la indignación de nuestro amigo; llegan a ser tan elevadas sus disertaciones que no se permiten llamar las cosas por su nombre, han demonizado la lucha estudiantil que culminó en muertos, desaparecidos, torturados, violados, exiliados, encarcelados, y abandonado a su suerte a Leopoldo, María Corina y Ledezma. Miran con aprensión la lucha en la calle, como si la lucha en la calle no fuere un derecho natural ante la opresión y la pérdida de la libertad, una vez  cerrados todos los espacios de legalidad.

Por supuesto coincidí con el amigo en cuestión, porque esas posturas ayudaron y ayudan a darle legitimidad al régimen, y por mezquinas para quienes salieron a la calle y allí dejaron sus vidas; sin embargo, no me encontraba tan indignado como él, más bien dolido, desconcertado y  frustrado, como el extranjero de Camus.

Meses después, recién, veía por satélite un programa de televisión “Ahora con Oscar Haza” en Mega TV; el moderador presentaba ese martes a dos damas expertas en islamismo, a fin de conocer sus opiniones acerca del origen, alcance y significado de  la matanza sistemática y masiva que lleva a cabo el Califato Islámico (ISIS) contra los cristianos. 

Una, de mediana edad, de vestir sobrio y una pequeña cruz de madera al cuello, hizo un recuento de los últimos asesinatos masivos en Egipto, Irak, Yemen, Somalia, Kenia, Pakistán y Siria, incluyendo a los indocumentados trasportados hacia Italia que fueron arrojados al mar Mediterráneo, cuando los contrabandistas (trata de personas) se enteraron de su fe cristiana. Concluía  la entrevistada que Occidente tenía que dar una respuesta inmediata y contundente sobre esta  expresión genocida en razón de la religión, y cuantificó el número de cristianos asesinados por islamitas radicales desde hace dos años, equivalente a la sumatoria de uno por hora. Me hizo recordar a la declarada agnóstica, hoy fallecida, Oriana Fallaci, quien fue perseguida por denunciar la dinámica y calculada invasión de los musulmanes en Europa.

La otra entrevistada coincidió en el objetivo central del Califato Islámico y sus despiadadas practicas de intimidación por medio de la muerte cruel. Sin embargo afirmó que no eran un peligro para Occidente, porque su acción se centraba en dominar el territorios donde actúa; e insistió en diferenciar al islamismo del yidahismo, y dentro del yidahismo grupos diferenciados entre sí. Noté de inmediato hacia donde se dirigía su disertación. Para ella no existía choque cultural ni peligro para Occidente, porque era una lucha religiosa interna que al alcanzar su propósito, el Califato se dedicaría a conformarse como Estado miembro de la Comunidad internacional. Poco más o menos fue su argumentación.

Allí entendí la indignación del amigo, y también pasé de la fase de dolido a la fase de indignado, porque estos individuos, autosuficientes que se sitúan en una esfera superior del conocimiento, son en realidad cómplices por cobardía, oportunismo, hedonismo o ausencia de reciedumbre, de la instauración de los matones que actualmente nos gobiernan o de los que pretenden gobernar al mundo, para imponer el totalitarismo en detrimento de los valores más preciados de Occidente: la libertad, el respeto a la dignidad del otro y la práctica de la democracia como modelo de vida societaria.

Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
@jjmonsant                                                                         

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miércoles, 1 de abril de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, SOBRE FRENTES Y LIBERTADES

Es impresionante la habilidad que tienen los marxistas, neomarxistas, fascistas, nazistas, fundamentalistas e integristas de cualquier signo, ideología o religión para movilizar masas a su favor; directamente o por medio de organizaciones o movimientos que recogen sentimientos humanistas latentes en el hombre (me acojo al criterio  de la Real Academia de la Lengua Española sobre el género, para escribir hombre en sentido universal).

    Lo segundo que aún me asombra, es el desparpajo que tienen los jerarcas de esas expresiones totalitarias para asimilarse en perfecta simbiosis con el país, institución, partido, religión, patria o club al cual sirven. Si por ejemplo, un diputado comete una fechoría y la opinión pública reclama el debido reparo, de inmediato el diputado se arropa en la consigna de que se está atacando al partido, al poder legislativo o al propio Estado. Igual ha ocurrido con la Iglesia Católica, y ya vemos lo que ha pasado, hasta que llego Francisco a poner orden y separar los lobos de las ovejas. El que pecó y delinquió, pecó él. No la institución a la cual pertenece, en consecuencia se le da baja en el ejercicio de su sacerdocio (impedido de oficiar como tal) y se le entrega a las autoridades judiciales respectivas. Quizá por eso duerme en Santa Marta y no en las instalaciones del Vaticano, no sea que le ocurra lo mismo que a Juan Pablo I, aquel Papa que duró 33 días en su pontificado y murió en extrañas y sospechosas circunstancias.
     Este accionar, y poner las cosas en su sitio, a cualquier precio, no sucede en nuestra región. En Venezuela, por ejemplo, recuerdo que muchos años atrás si un médico era denunciado por mala praxis, de inmediato el Colegio Médico ponía el grito en el cielo, y pagaba largos comunicados en la prensa afirmando que se estaba desprestigiando al profesional de la medicina. Ni hablar si el delito era cometido por un miembro de las fuerzas armadas; allí sí era verdad que no había nada que hacer, pues hasta en sus propios tribunales tenían para ser juzgados, así fuera porque se pasó un semáforo en rojo y atropelló un ciclista, o si le cayó a golpe a su mujer y la dejo mal herida. Es el poder del gremio ante la propia ley.
      Yo se lo atribuía a la herencia española, a pesar que estudié en los textos del sabio Luis Jiménez de Asúa la teoría de la tipicidad, del delito y sus penas, etc. Pero en fin, también pequé al atribuirles  nuestras debilidades humanas, hasta que el embajador español Miguel Angel Fernández de Mazarambroz, en una calurosa  mañana hípica cabalgando en las vegas de Masaya, mientras discutíamos sobre la inestabilidad del gobierno de doña Violeta, ante el saboteo de los sandinistas que afirmaron que gobernaría desde abajo, y de los propios partidos que la apoyaron, el liberal y el Conservador, me espetó: Pero bueno, Juan. Asumamos que somos culpables de los primeros 300 años, pero de estos últimos 200 años todo lo que sucede es responsabilidad de ustedes, no de España. Que la ciudad esté sucia y no se recoja la basura, no tenemos la culpa los españoles ni el imperialismo americano. ¡Vaya lección que me dio el amigo!, la cual  agradezco todavía.
     Ahora en Venezuela, o en cualquier parte de nuestra región, el presidente maduro, los ministros, los diputados, los jueces, incluyendo los del tribunal superior de justicia (aclaro que las minúsculas son intencionales), muchos, muchos de la oposición oficial secuestrada por los antiguos partidos contra los que se alzó chávez, y hasta el mismo Cardenal Urosa Savino cuando los Estados Unidos sancionan por violación de los derechos humanos y corrupción a siete altos funcionarios militares y civiles de la dictadura (son más, irán saliendo nombres), ponen el grito en el cielo y afirman que se atenta contra venezuela, su integridad territorial e instituciones.
     No, no es contra Venezuela; es contra determinados personajes de la vida pública y testaferros privados responsables de los asesinatos, secuestros, suicidios inducidos, exilios de miles, centenas de miles de venezolanos; es contra los funcionarios públicos y civiles testaferros que han blanqueado no 100, 500, 800, siete mil millones de dólares, sino decenas de miles de millones de dólares del erario público a través de bancos estadounidenses, europeos,  centroamericanos, brasileros, uruguayos, ecuatorianos, argentinos. No es contra la patria venezolana que Estados Unidos toma cuidado, sino contra los terroristas del Medio Oriente que viajan por el mundo e ingresan a Canadá y los Estados Unidos con pasaportes venezolanos, tal como se ha comprobado.
     Sin embargo, la propaganda oficial dice que EE.UU ha sancionado a venezuela y hay que movilizarse para defender la patria. Y en ese accionar condicionado han arrastrado a sus amigos del continente y hasta de Europa, como lo hemos observado en los voceros de Podemos, antiguos asesores bien pagados del presidente chavez.
     También se inventan marchas por la paz e involucran a incautos, simpatizantes o usufructuarios del régimen venezolano, para formar un frente continental dizque por la paz. Obviando que el general Liber Seregni, llamado el “general de la dignidad”, se opuso y alzó contra la dictadura militar de su país que derrocó la democracia, y creó el Frente Amplio para convocar a todos los uruguayos en un solo objetivo: el retorno de la libertad.
Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
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domingo, 22 de marzo de 2015

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, LIBELO DE SANGRE, PALESTRA

El reloj del colonial edificio de la Casa Municipal marcaba las diez horas ese ocho de enero del 2011. El día punteaba soleado con una agradable temperatura que bordeaba los veinte grados centígrados, en ese pequeño pueblo denominado Casas Adobe que le otorga, al  menos por su nombre, un cierto aire hispano; no obstante que se encuentra ubicado a pocos kilómetros de la mítica ciudad de Tucson, en el estado de Arizona de los Estados Unidos de Norteamérica.
          
No se paseaba por su calle central Gary Copper con su estrella de Marshall y su Colt Peacemaker colgada de la cintura; tampoco Clint Eastwood con su delgado tabaco a medio consumir, apretado entre sus dientes con gesto de desagrado; esperando el momento para desenfundar debajo de su ruana, mientras el cantinero y el enterrador observaban la escena, y un adolescente  miraba expectante entre las piernas de su padre el desenlace del duelo que inevitablemente se iba a producir.
                                                                                              
No, quien salía del mercado local acompañada por un grupo de personas era Gabrielle Giffords, elegida diputada del Partido Demócrata por el Distrito 8 del estado de Arizona ante Congreso de los Estados Unidos. De repente solo fue la oscuridad, gritos, desorden, carreras, sangre en el suelo, en la ropa, en la manos y en la cabeza. Allí quedaron tendidos seis seres humanos, entre ellos una niña de 9 años y un juez federal que nunca llegaron a saber que pasó. Otros gemían heridos o ya inconsciente. 

Uno de los caídos fue la representante demócrata Gabrielle Giffords, quien yacía en el suelo con el rostro ensangrentado, y su cabello formando una masa unida con la sangre que brotaba de su cráneo perforado por un proyectil. Corrió hacia ella el joven Daniel Hernández, la elevó a su regazó, prensó la herida para detener la sangre y gritó por ayuda. El sonido de los disparos ya no se oyó, y algunas balas se encontraban atrapadas en las carnes y huesos de las víctimas, una de ellas en la cabeza de Gabrielle.
                                                                                             
Recorriendo el país en un autopullman ejecutivo, la antigua candidata a la vicepresidencia del partido republicano, la exgobernadora de Alaska Sarah Palin hacía propaganda favor del Tea Party, de la cual ella era su más emblemática representante. Dura, de verbo fácil aunque no erudito, venía haciendo circular un mapa con el rostro de los candidatos demócratas de todo el país, señalados en el centro de un blanco en la mira de un arma de fuego. Una de esas dianas centraba directamente en el Distrito 8.
                                                                                              
El pasado lunes 9 de marzo leí la nota y no la entendí, el caso Giffords había sucedido años atrás, algo me hacía rechazar la información. Pero luego me llegó por You Tube; tuve que verlo tres veces hasta que sentí que se aguaban mis ojos, al ver y oír la orden que daba por el canal oficial de televisión a los colectivos armados, soldados, policías nacionales y fanáticos, el embajador de Venezuela ante la OEA: “Disparen a matar”.Lo decía, y describía como hacerlo en el mismo estudio donde alguna vez lo entrevistó el poeta Joaquín Martasosa, en tiempos de Rafael Caldera. Y solo me restó preguntarme sobre ¿Qué le habían hecho a este hombre que lo llegaron a transformar en lo que se ha convertido?

Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
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