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miércoles, 25 de marzo de 2015

PEDRO LUIS ECHEVERRIA, LA INDIFERENCIA: EL MAL DEL QUE NOS ESTAMOS MURIENDO

Cuando usted lea este artículo, Nicolás Maduro habrá utilizado el nombre de Chávez miles de veces más para tratar de recomponer su decadente e inexistente liderazgo. Así lo ha hecho y lo seguirá haciendo porque carece de  un perfil propio que lo identifique con el país y su gente. Siempre se le ha visto y percibido como un advenedizo que llegó hasta donde está por el póstumo capricho del que se fue. Esa es su angustia y su tragedia y eso explica la militarización del régimen y su infamante entrega a los mandos militares que gobiernan con él.

Tal situación,  nos exige a todos los ciudadanos reflexionar seriamente sobre los alcances y consecuencias del significado que ella  tiene para el futuro de la Nación y sobre la perspectiva inmediata de un gobierno que carece de viabilidad y voluntad política de actuar para evitar la secuela de circunstancias negativas que asolan a todos los ciudadanos sin distingos de ninguna naturaleza. No olvidar que la impune corrupción que ha saqueado al país, la escasez, desempleo, inflación e inseguridad afecta, por igual, a los seguidores del gobierno y a los que disentimos de su forma de gobernar. La indiferencia frente al estado de cosas que vivimos no excluye a nadie de las consecuencias del resultado;  el indiferente se verá involucrado aún cuando no lo quiera y por tal razón no debería nadie aceptar pasivamente que sean otros los que resuelvan sobre las situaciones actuales y futuras en las que indefectiblemente todos estamos envueltos.
  Debemos internalizar que el país discurre en un clima de extrema incertidumbre. Los recientes acontecimientos y su imprevisible desenlace nos obligan a situarnos mentalmente mejor para prepararnos a enfrentar las eventuales acciones que podrían derivarse de la desesperación y angustia que actualmente atenazan a las facciones chavistas y a su espurio liderazgo.  Actitudes indiferentes de nuestra parte, podrían cerrar las posibilidades al necesario proceso de recambio que requiere y reclama el país. Ya basta de permitir que los menos capacitados y los más corruptos conduzcan, intencionalmente equivocados, la nave del Estado e impidan  el acceso al poder de nuevas generaciones de venezolanos llamados a modernizar las caducas visiones de los que han gobernado durante diez y seis años.
Ser indiferente no resuelve los seculares problemas que nos afectan, por el contrario, garantiza que el país siempre tendrá lo peor de “más de lo mismo” como lo demuestran fehacientemente los continuos fracasos del gobierno actual durante el tiempo que ha gobernado con la anuencia pasiva de nuestra parte. Hay cosas básicas que debemos  realizar para nuestro beneficio como ciudadanos y para deslastrarnos de un liderazgo ladrón, mediocre y decadente y para eso se impone la necesidad de tomar decisiones. Ese  momento ha llegado. Tengamos presente que de cada uno de nosotros dependerá  la suerte de la República y la de nuestro entorno familiar.
Es evidente que actualmente el gobierno tiene las bazas a su favor, pero paulatinamente los inexplicables y costosos errores de su gestión lo han llevado al ocaso de su tiempo histórico que podría ser acelerado, siempre que la participación y la voluntad  opositora por un cambio aumenten sensiblemente; de otro modo, aún cuando los errores sistemáticos del gobierno sigan presentes y deterioren aún más al país, no debemos permitir que sea solo la inercia de su deterioro, el catalizador de su final. Lo que vivimos es un problema de todos, que todos debemos resolver. Tenemos ante nosotros, en caso que fracasen por insuficiencia de apoyo político y/o por negligencia opositora todas las iniciativas tendentes a encontrar una salida a la situación planteada, el inminente peligro de dirimir nuestras diferencias con el régimen mediante una confrontación fratricida o, en su defecto, que el continuo deterioro del país, por omisión de parte nuestra, lo desgaste y lo convierta en una entelequia, un remedo de sociedad, un frustrante recuerdo de lo que pudimos haber sido y, con ello, se imponga definitivamente la visión gubernamental que nos quiere así.
 La vigencia de las agendas personales, la irresponsabilidad política, las mesiánicas visiones de ser los porta estandarte de la cabal interpretación de la historia y la comodidad de los que no se quieren involucrar, son las actitudes que indefectiblemente nos podrían conducir a situaciones que ninguno de nosotros, en su sano juicio, podría querer que se dieran en nuestro país.
Hay que focalizar la crítica al gobierno en desenmascarar y denunciar a los ladrones y corruptos del régimen. La sociedad venezolana no puede continuar siendo simple espectadora del sistemático saqueo con que los validos del régimen impunemente han colocado a la nación  al borde de la bancarrota. La  inmensa cantidad de dinero mal habido que ahora está depositada en cientos de diversas cuentas bancarias en USA, Andorra, Suiza, Luxemburgo, entre otros países, a nombre de los funcionarios corruptos y sus testarrefos es de tal magnitud que sobrepasa con creces lo acumulado por las mafias que tradicionalmente han  operado bajo diversas formas  del crimen organizado. Tales circunstancias no nos permiten ser indiferentes y más aún cuando fácilmente se constata que la inmensa cantidad de recursos birlados por estos desalmados,  de haber sido utilizada adecuada y honestamente habría permitido al país resolver las carencias conocidas en los sectores de salud y educación.
Fortalezcamos nuestras potencialidades y voluntades para auspiciar el cambio del régimen político que nos desgobierna y para el avance y consolidación de una democracia no excluyente y honesta como la forma de gobernar a nuestra sociedad. Incorporemos de forma proactiva y organizada  nuestras actitudes y capacidades a la formidable y enaltecedora tarea de cerrarle el paso definitivamente  a los que transitoriamente detentan el poder y que han saqueado al país en forma inmisericorde e impune.
Pedro Luis Echeverria
pedroluis.echeverria33@gmail.com
@PLEcheverria

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lunes, 9 de febrero de 2015

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, INDIFERENCIA CÓMPLICE, DESDE EL PUENTE

La sobre diagnosticada crisis general de Venezuela ya no sorprende a nadie en el continente o en el mundo. Las responsabilidades están ubicadas en un régimen ideologizado y conducido por una verdadera mafia ineficiente y corrompida, convertida en corruptora del país, mal que se extiende a toda la nación.
Esto es un desastre. Nada funciona bien. Tampoco hay políticas adecuadas para rectificar rumbos y lograr que las cosas mejoren en el mediano plazo. El régimen tiene objetivos de dominación a la vista y apela a todos los instrumentos a su alcance para alcanzarlos. Han tardado demasiado tiempo por los señalados factores de ineficacia y corrupción corruptora. Empezó el año diecisiete y vamos hacia peor.
De todos los males ya inventariados, uno de los peores es la degeneración hacia un narcoestado hoy en la mira de propios y extraños. El peligro del narcotráfico dejó de ser una amenaza para convertirse en realidad concreta y palpable. Lo del Cartel de los Soles no es un chiste, ni para ser utilizado como arma politiquera a favor o en contra de individualidades. No se trata de solamente militares de alto rango. En este negocio también hay civiles, políticos, empresarios y otros quienes por necesidad o ambición desmedida de riqueza y poder, hoy están al servicio de estas estructuras criminales.
Para apenas referirnos a una muestra de lo que estamos viviendo, diremos que las matazones registradas a diario por los medios de comunicación, el sicariato generalizado y el aumento descomunal de delitos cometidos bajo la influencia de las drogas ilegales están directamente vinculadas al negocio. Hoy es relativamente fácil hacerle seguimiento al dinero sucio por lo que los capos pagan con droga a quienes se ocupan del almacenaje y tráfico hacia el exterior. Esto alimenta el buhonerismo de la droga, la existencia de pandillas con zonas específicas para la venta al detal y los enfrentamientos terribles en barrios y urbanizaciones.
Confieso una creciente decepción ante el silencio cobarde de un liderazgo exclusivamente electoralista que le saca el cuerpo a los problemas más graves por temor o complicidad. La pobreza, la escasez, la inflación, el desempleo, el deterioro de la salud, la educación y los servicios básicos, entre otras cosas, alimentan el microtráfico de las drogas ilegales, el peligro mayor para la juventud tempranera. Es criminal “hacerse los locos” e ignorar el tema. Vendrán más sorpresas, de afuera hacia adentro.
Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz

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viernes, 21 de noviembre de 2014

HUGO CESAR RENÉS, UNA SOCIEDAD ENFERMA SUMIDA EN UNA TOTAL Y BRUTAL PASIVIDAD PRODUCIDA POR LA ABULIA Y LA INDIFERENCIA. DESDE ARGENTINA

HUGO CESAR RENÉS
La ciudadanía  argentina hoy no solo no se resiste a los artilugios y mentiras con que el Gobierno está aniquilando su capacidad de pensar, sino que se ha entregado a él mansamente.

¿Podemos esperar alguna reacción? Creo que por el momento, no.

 Porque cuando sin resistirnos, y más aun, agotados por la "diversión para todos", nos entregamos a un enemigo oculto en el Gobierno detrás de un rostro femenino  que nos va ocupando o distrayendo con la cultura de lo irrelevante y una distracción trivial que nos idiotiza y paraliza sin que siquiera reconozcamos que estamos siendo asfixiados, es síntoma suficiente de que estamos en el horno.

Sin guardianes, ni rejas, ESTAMOS PRESOS o exiliados dentro de un Estado que todo lo vigila y concentra cada vez mayor poder político y económico (fundamentalmente sus funcionarios atesoran cada vez más nuestro recurso escaso).

Mientras la corrupción estatal y los delincuentes asolan nuestros domicilios en medio de las carcajadas de una diversión que paradójicamente  interpretamos como signo de absoluta libertad Y SEGURIDAD...,  y el problema no es que la gente se ría en lugar de pensar y obrar, sino que lo peor es que no sabe de qué se ríe, ni por qué ha dejado de pensar y de comprometerse solidariamente por el prójimo RECLAMANDO POR LA INSEGURIDAD Y LA LIBERTAD PERDIDA...

Tal vez mañana cuando comience a percibirse “olor a mudanza” en Olivos y en la casa “rosada”, reaccionemos… pero por el momento pongamos mucha atención al presente porque las puertas de nuestras libertades ciudadanas comienzan a entornarse y empezamos a escuchar los lamentos de las primeras víctimas de nuestra indiferencia, falta de colaboración y/o participación...

Mis hermanos en Cristo y ciudadanos de mi Patria, para derribar los muros de la prisión que el kirchnerismo construye diariamente hilada por hilada sin que lo advirtamos, debemos hacer un gran esfuerzo para recodar NUESTRA RAZÓN DE EXISTIR y si la estamos honrando con nuestras conductas

Traduzcámoslo:

¿Qué significa nuestra razón de existir en una sociedad?: Significa el reconocimiento del otro, el recuerdo permanente de que somos parte de un todo que es más que las sumas de las partes, que es lo que le da sentido, valor y eficacia a aquello que realizamos y para ello, debemos aferrarnos a las enseñanzas y cultura que nuestros antepasados nos legaron, a nuestras ilusiones y a nuestros ideales presentes y futuros, por devaluados que hoy estén.

Si lo hacemos con convicción y compromiso, puede convertirse en un hecho positivo si logramos encontrar el equilibrio entre lo que hay y lo que falta; lo que había en el pasado y se perdió, y lo que se agregó en el presente y puede mejorarse todavía.

Para que pienses y medites:

a.   La inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad

b.   La ineficacia en instancias grupales suele ser producto de olvidar QUE NADIE VIVE NI SOBREVIVE SOLO Y SIN PROPÖSITOS.

c. Según Ortega y Gasset "El argentino tiende a resbalar sobre toda ocupación o destino concreto". Y yo lo confirmo al observar  que seguimos repitiendo la dispersión política que comenzó en la década de 1920 cuando la UCR se dividió en tres. Hoy en la Argentina tenemos no menos de 498 agrupaciones políticas de las cuales 51 corresponderían a la provincia de Buenos Aires y 47 a la CABA. Sigamos con la dispersión y así nos irá

En azul y blanco,
Hugo Cesar Renés
Hugo Cesar Renes
hcr1942@yahoo.com.ar
@hcr1942

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jueves, 25 de septiembre de 2014

TRINO MÁRQUEZ, EL LÁTIGO DE LA INDIFERENCIA

Nicolás Maduro sintió el látigo de la indiferencia cuando habló en la Cumbre Climática de la Organización de las Naciones Unidas en New York el pasado 23 de septiembre.

En su comparecencia se quedaron por obligación los miembros del cuerpo de seguridad que resguarda el recinto y uno que otro despreocupado representante que se ocupaba de ver los últimos correos electrónicos que había recibido. Todos los demás delegados que no tenían la obligación protocolar de estar allí salieron despavoridos.

Sabían que les tocaba oír un discurso machacoso, repetitivo e inútil de un mandatario que iba a condenar la destrucción del ambiente por parte del capitalismo, pero que días antes había eliminado el Ministerio del Ambiente, creado hace 37 años cuando el tema ambiental era secundario en todas las agendas internacionales y el Estado venezolano era una ejemplo mundial de protección de todo el ecosistema. Ni siquiera por cortesía se quedaron en la sala plenaria los socios de la ALBA, esos que la largueza irresponsable del régimen ha mantenido durante varios lustros. La soledad de Maduro expresó el aislamiento internacional de su gobierno. En la ONU se reflejó la soledad de un presidente que desperdició la popularidad que le dejó su “padre” y predecesor.

Algunos gobernantes, ese fue el caso de Mijail Gorbachov, pero impopulares dentro de su país, pero disfrutan de una inmensa aprecio y prestigio internacional. Maduro no logra ninguno de los dos objetivos. Su imagen se erosionó en el plano interno y en el internacional. Chávez lograba imantar –muchas veces con su chequera petrolera y otras con su carisma- a la izquierda que había quedado huérfana después de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe de la Unión Soviética. Sus delirios de grandeza cautivaban a una izquierda traumatizada después del colapso del comunismo. A esos sectores les insufló fuerza y una nueva esperanza. Maduro no logra despertar el entusiasmo de nadie.

Ningún periodista importante se interesa por lo que pueda decir. La audiencia internacional que le dejó el comandante se esfumó. Ya no cuenta con petrodólares para seducir ni cortejar a los oportunistas que se acuerdan de Marx cuando necesitan aumentar su cuenta bancaria. 
La soledad es el sino que persigue al hombre que se entregó en brazos de los militares y de los cubanos para poder subsistir. Sin embargo, el aislamiento no lo hace menos peligroso. Todo lo contrario. Un  mandatario que disfruta del apoyo popular, que hace estremecer a las masas con su discurso y su ángel, puede actuar con benevolencia porque sabe que ese pueblo al que cree representar, lo protegerá.

En cambio, el gobernante abandonado por el calor de las masas se torna desconfiado y rencoroso. Ve el peligro en todos lados. Opta por el camino de la represión para conservar el mando. Maduro es la prueba evidente de este síndrome. Sus movimientos son monocordes. Se fundan en la amenaza y la represión. La esfera política desapareció de su horizonte. Se extinguió todo el ámbito relacionado con la consulta, el diálogo, la negociación y la construcción de  consensos. El país se redujo a su pequeño mundo donde solo existen los Diosdado Cabello, los Elías Jaua, los Pedro Carreño, los oficiales de su Alto Mando y los cubanos. Todo el resto de esa nación compleja y diversificada que es Venezuela, se esfumó.

La inflación, la escasez y el desabastecimiento devoran al país, la enfermedades endémicas lo diezman, la inseguridad mantiene a la población en constante alerta. Todos los graves y urgentes problemas nacionales requieren acuerdos con amplia participación de los actores involucrados. A Maduro solo se le ocurre presionar a Eduardo Garmendia, presidente de Conindustria, y acusar de terrorista a Ángel Sarmiento, presidente del Colegio de Médicos de Aragua. No sabe cómo actuar frente al desastre que creó o profundizó porque se mantiene anclado en el Medioevo, cuando el Estado de Derecho y la democracia eran simples proyectos acariciados por algunos cuantos filósofos.

Su arrogante ignorancia están pagándola todos los venezolanos. Venezuela es el país de peor desempeño en toda la región. El de mayor pobreza y peor calidad de vida. En la ONU recibió su castigo.

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

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martes, 17 de junio de 2014

AMÉRICO GOLLO CHÁVEZ, ¿CAPRILES O LEOPOLDO?

            El gran triunfo de esa cosa que  Chávez  denominó  como su socialismo,  fue el de haber logrado en el ser social venezolano el estado de terror, mediante  la imposición  del terrorismo de estado  como su modo, forma, medio, fin, de perpetuarse en el poder, de imponer su política.  He estudiado este tema con intensidad, pero  es imprescindible  reiterar constantemente, sin cansarse en  la demostración de este modo de destrucción humana, en la medida en que el terrorismo de estado conduce, inexorablemente, al miedo individual y colectivo, a la abulia, y finalmente a la ataraxia.  

Sin desconocer el pensamiento creador de los griegos, de sus debates, ni  los enredos de la piscología, psicoanálisis, asumo la mas diáfana definición de estas patologías, que son,  de la manera mas transparente posible,  la abulia como la pérdida de la capacidad de tomar decisiones, la ataraxia como la indiferencia  absoluta ante cualquier hecho,  la total indiferencia no sólo de cuanto pase y pese al otro, sino cuanto a él  mismo ocurra, pase.  La muerte, la cárcel, etc.… no alcanzan significación alguna.
             Antes de llegar a estos modos de la conducta, límites,  hay situaciones  “intermedias”  muy complejas, entre las cuales se ha de mencionar  siempre, con intensidad,  los variados niveles y formas  de stress, de desesperación, de rabia, de impotencia que son “vehículos” y “caminos” para llegar al miedo y de allí a la abulia y la ataraxia, y otros modos  de alto riesgo  entre los cuales anotemos dos, la absoluta desconfianza en el otro, de quien se espera reacciones muy diversas, desde la indiferencia ante penas, riesgos,  hasta soportar  la arbitrariedad como normal  y recurrir a  la delación como formas de  autoprotección. 
El aislamiento,  que  se justifica por diversas causas, razones, necesidades, hasta llegar a refugiarse en el silencio como prudencia para  su autodefensa o protección personal, familiar; el escepticismo: nada es posible hacer, el estado, el gobierno es todopoderoso, tiene todo en sus manos, es invencible… Pudiéramos continuar, pero sea esto suficiente como ilustración; mas,   lo más decisivo e  importante es verificar cómo el terrorismo de estado, en ese viaje de  deshumanización,  juega  con  muy hábiles maniobras, entre las mas eficaces, imponer una  ideología, que basa su argucia de afirmar que todo cuanto se haga por defender al régimen, es mas que justificable, legítimo, puesto que el bien queda como propiedad “revolucionaria” y quienes la rechazan como herejes, los malos, perversos, contrarrevolucionarios, antipatriotas,   y,  la par, crea una “racionalidad”  que culpa al otro de todos los males  de cada “pobre” y de la sociedad desposeída, puesto que lo que el otro tiene o bien lo adquirió por  pecaminosos medios o bien impidió que el desposeído fuese dueño de lo que  el otro tiene, ello permite, además, lograr que la responsabilidad de cada uno, de cada quien  se diluya, desaparezca  mediante la acusación   a otro u otros de  la desgracia que individual y  socialmente se vive.  Sobre esta visión  se crea, cultiva, desarrolla el odio que une a los secuaces y seguidores, y se organiza  la  venganza, predicada como recompensa, y como el dinamo que impulsa las acciones contra el Otro, que es, en general, quien tenga bienes y quien disienta.
            Pues bien, en el marco de este apretadísimo e incompleto  resumen arriba expuesto, observamos que antes de caer en la abulia, la ataraxia, aparecen   la desesperación, la imponencia, la justa ira, las cuales  conducen, inexorablemente,  a posturas profundamente irracionales, entre las cuales, cabe también el terrorismo, el empleo de la fuerza, el ojo por  ojo. La sustitución de la razón por la irreflexión y de allí al odio.  Entre estos protagonistas  encontramos, a un importante grupo de “teóricos”, intelectuales,  escritores,  filósofos, dirigentes políticos, de la economía,  de partidos  que escriben, teorizan, sobre la imposibilidad de salir del régimen  por medios llamémoslo, situacionalmente,  democráticos,  constitucionales, sino  que se afincan en la fuerza. Fuerza mata fuerza.   La sustentación que se esgrime paree ser  muy evidente.   Si todo el aparato del Estado, sus instituciones, las  AN, las misiones, los colectivos, tribunales, el dinero, la AN, el TSJ, etc., es decir,  todo,   cómo, entonces,  enfrentar al régimen, que controla todo el poder,  todos los resultados se conocen a priori, la razón  está condenada, la justicia está en su ataúd, entonces,  participar en  elecciones, ir a  tribunales, proponer leyes para la paz,  es legitimar al régimen, cohonestar al gobierno. Son comparsa y parte de esta visión un  importante  sector  de la clase media,  profesionales, estudiantes,  y otros que convierten su casa, sus oficinas, sus twitter, sus facebook en el  “teatro de sus operaciones” y aguardan que otros hagan por ellos lo que ellos dicen se necesita hacer y que no hacen.
             Otro sector importante está compuesto por gente del común, también como pasos previos para llegar a la abulia, la ataraxia, son los iconoclastas, que como el perro de Nazoa,
“ruin perro callejero, perro municipal, perro sin amo, que al sol o al aguacero  transitas como un gamo trocado por sarna  en cachicamo”. 
Hasta allí la analogía,  en el resto del poema el  perro  callejero  de Nazoa  construye su felicidad ”conscientemente”, nuestro iconoclasta, en cambio,  se hace feliz en su propia miseria.  Su existencia se reduce al hoy y al sabio  refrán, “como va llegando le van dando”. Los recurrentes al terror, la fuerza, como medio,   la indiferencia como existencia, víctimas del terrorismo  de estado son, en grado de alto riesgo, presas del estado de terror. No falta, bueno es señalarlo, quienes sin ser posesos del terrorismo de estado, juegan al estímulo y cultura del terror para su propio beneficio.  Hacerse líder de estos modos de asalto a la razón, puede producir  dividendos inmediatos, tanto como líder  de la rebelión, cuanto como   mesías héroe, pero, en el fondo, victimas son de cuanto  quieren combatir.
            El terrorismo de estado muy bien acabado y aplicado por todos los regímenes autoritarios, dictaduras, civiles, militares,  teocráticos, nazis   o cristianos, islámicos, (Hitler/Franco) etc., empieza a hacerse  aguas, a hundirse, cuando la consciencia social  va desplazando los estado de alienación que ya hemos anotado, producto del terrorismo de estado.  En la medida en que la consciencia individual y social crece, el poder de la arbitrariedad se reduce.  Pero esta lucha  para que sea eficaz y eficiente tiene que socializarse, llegar a todos  para convertirse en mayoría.   Esta lucha se ha venido dando en Venezuela, quizá de manera menos rápida de cuanto se desea pero más rápida de cuanto  el chavemadurismo preveía.  Se derrotó, primero, el abstencionismo  justificado  con el mismo argumento, el poder todo lo tiene y nada da.  Segundo,  se derrotó la imbecilidad del paro petrolero y los generales de  opereta de la  Altamira,  son terrorismo, light este ultimo, cuasi nazi el primero.
La consciencia social empieza a crecer con la candidatura conscientemente perdedora de Manuel Rolases, los dos episodios de Capriles, lograron, sin duda, tal son los hechos, que el país se ilumine por una nueva aurora, de una  práctica política que derrotó el discurso, tantas veces sui generis, de los terroristas del lado de enfrente como el del régimen, oteado arriba. Un paso mas se ha dado, la lucha de los estudiantes tiene una significación superior a lo ya transitado.  Por una parte se despertó la conscientica  de que el cambio acelerado es posible, pero no en exclusivas manos, sino  si a ellos y ellos se unen todos quienes en común rechazan el régimen, segundo, la lucha gremial pasó a ser lucha política, con una meta clara, el ejercicio de la libertad política, cultural, plena. La demostración inequívoca de que el discurso del llamado socialismo del siglo XXI, del chavemadurismo, no horadó la consciencia de los estudiantes ni de la población joven crecida   en estos quince años de duro fundamentalismo, (Tascón, apartheid, discriminación, criminalización, persecución, cárceles, dominio de los medios…)  es un profundo avance.
            La gran tarea para “salir de Maduro” para  garantizar su material suicidio, puesto que ya políticamente lo alcanzó, porque, por una parte cuando se siente heredero del papá eterno y no hay tal magnicidio, y, por la otra,  porque Maduro como Chávez ya son suicidas ante el tiempo, pues bien, esa dura tarea  está en el esfuerzo de desarrollar una consciencia política con fundamentos éticos, científicos;  estos para dar las respuestas, las soluciones  adecuadas a los problemas reales que demandan  solución, la ética como orientación de la acción política, de la conducta, que implica hoy una propuesta para superar los límites de la democracia. En este sentido,  la dirigencia política debe asumir que la democracia real, tanto en Europa como en Canadá y Estados Unidos, tiene severos límites que deben ser resueltos.  No por cierto los graves de la economía que en algunos países fue casi mortal, Portugal, Grecia, España, las cuales se solucionan según las habilidades políticas, mas que por las propias de la economía,   sino los problemas éticos de como gobernar.  La cualidad del líder y  de manera aun mas transparente  la del funcionario, que debe estar por encima de la alienante voluntad del partido, por una parte y, por la otra, que los funcionarios políticos o de la burocracia en general  tienen  que ser seres idóneos para ejercer el cargo. Los votos no son  la respuesta, ayuda a buscarla si en su uso vive la consciencia.
            Todo cuanto se ha dicho hasta este momento, sirve para darle pie y cabeza al título.  He tomado a Capriles y a Leopoldo porque son formalmente  expresiones tácticas que aparentemente se sustentan en diferencias profundas e irreconciliables.  Sin duda que en este momento las visiones y prácticas  de la política “criolla” pueden sin apremios y sin injusticias enmarcarse en el texto que he desarrollado.  Hay una inmensa desesperación ante el autismo del régimen y la abismal ignorancia en las decisiones políticas, económicas, de la salud, finanzas….  Hay demasiado salvajismo al enfrentar la cuestión de la producción. Hay franca imbecilidad en el manejo de la política  internacional y asquea, francamente, el grotesco y perverso modo de manejar Maduro, Diosdado el poder judicial y su pobreza de palabras. Quien no se arrecha con la descomunal inflación solo  menor a la mortal inseguridad.  Quien humano no se llena de ira al ver como se violan sus derechos esenciales,  quien no se indigna y maldice cuando va a comprar y que si bien hay, no alcanza y, que en las más veces, no hay. Topo ese dan ganas de salir  de Maduro, de Diosdado,   de JVR y de Vladimir…quien humano no se  asquea de las cadenas… de las mentiras a granel.  Quien con elemental amor a estos suelos, no se encoleriza al ver la absoluta dependencia, subordinaron, sumisión   al régimen  fascista, nepotista de  Cuba, que mientras ésta engorda y  pininos da por la apertura al capital y sus mañas buenas y las malas, en Venezuela Maduro y sus secuaces se empecina en aislarnos, acabar con la ciencia, hundir el arte, a pesar de Abreu y su versátil sistema.  Y más!
            Pero,  si se fueran Maduro, Diosdado,  Rodríguez, Giordani,… se tiene el riesgo de  reiterar la historia, como quien dice, el mismo musiù  con diferente ropa.  
Aquí entonces Leopoldo y Henrique tienen que echar el resto, crear e impulsar niveles de confianza mas que en ellos, en todo como se debe  gobernar, que “perfil” se requiere en cada caso,  aquí, pues,  no se trata de dar al cesar lo que es del cesar y a dios lo que es de dios, es mas sencillo, acabar con el césar –el caudillo – y enterrar a dios – el mesías.  
Y este duro combate o lo damos juntos, en medio de la calle,  (yo me honraría ir detrás de María Corina) o Maduro vivirá sobre nuestros cadáveres,   el de los estudiantes y lo mas grave, no dejará  vida, quiero decir la libertad, a aquellos que vendrán.
Americo Dario Gollo Chávez
americod@gmail.com
@americogollo

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lunes, 5 de mayo de 2014

ANTONIO SEMPRUNM, LA INDIFERENCIA COMPLICE DE LA DICTADURA EN VENEZUELA

De nada vale el arrepentimiento cuando no se actuo en el momento que era preciso.
La minoría que  somete a millones de venezolanos a la tragedia de vivir como ellos quieren, tiene adeptos, indiferentes  y cómplices  que les hacen más fácil la tarea de mantenerse en el poder, sin importarles la penosa realidad de un  país que se cae a pedazos.

A pesar del gran número de venezolanos asesinados, procesados y detenidos entre los que se encuentran en su mayoría estudiantes por cometer el “delito” de defender  su futuro y la Venezuela de todos, hay quienes permanecen indiferentes  ante el saqueo, el asalto  y la entrega del país por parte de quienes se saben desnudos frente a una justica  imparcial, razón por la que no tendrán escrúpulos en utilizar cualquier artimaña que les permita mantenerse bajo el paragua que les garantiza impunidad.

Esa clase indiferente es la que aún conserva en su diccionario  “el no creo”,  ignorando que todos los pronunciados en el pasado reciente han sido y son una dolorosa y aberrante realidad, si no, que recuerden al general eructo designado gobernador de Carabobo, a los 20.000 desempleados de PDVSA,  el nuevo número de estrellas de la Bandera Nacional, la dirección hacia donde ahora corre el caballo en nuestro Escudo Nacional y el nombre que estrena la otrora Republica de Venezuela, entre muchos otros “no creo”.

Sumado a todos ellos  están, el brutal desabastecimiento que obliga al régimen a tratar al venezolano como reses, los permanentes apagones en todo el territorio nacional, el hacinamiento en las morgues cada fin de semana, la escasez de medicinas que mata a los enfermos y la más reciente decisión del régimen de adoctrinar a los hijos Venezuela, una realidad ante los ojos de esa indiferente mayoria de Venezolanos.

Imitan como el avestruz, enterrando su cabeza en la realidad que vive el país, su actitud apalanca el régimen que los degrada y humilla y   que sin duda alguna  tocara la puerta de sus casas en algún momento, con la detención de un ser querido, con su asesinato por parte de la inseguridad que impera en el país, con la  expropiación de sus bienes o con la quiebra de sus empresas.

Coronel Antonio Semprun
coronelantoniosemprun@gmail.com
@antoniosemprun

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sábado, 18 de enero de 2014

ZENAIR BRITO CABALLERO, “EN VENEZUELA LA VIDA DEL CIUDADANO NO VALE NADA”

Cuando las cosas suceden muy a menudo tenemos la humana tendencia de acostumbrarnos a los hechos, por ser estos cada día más comunes y repetitivos, razón por la cual se llega a la indiferencia.

La intolerancia producto de la pérdida de valores y la cultura del facilismo para llegar a todo lo que queremos, incluido ese deporte nacional de conseguir dinero fácil al costo que sea, así sea acabando con la vida de las personas por dinero, por escalar en la jerarquía de las bandas o simplemente por congraciarse con alguien y hacerle un favor.

Nunca se imaginan los delincuentes y los autores intelectuales que pagan, que al otro lado, no solo hay una vida truncada sino una familia destruida.

Hay entonces que matar la indiferencia y resucitar la solidaridad. Viene a mi memoria esta profunda reflexión, que unos atribuyen al poeta alemán Bertolt Brecht y otros al pastor luterano alemán Martin Niemöller: “Primero se llevaron a los negros, pero a mí no me importó porque yo no lo era. Enseguida se llevaron a los judíos, pero a mí no me importó, porque yo tampoco lo era. Después detuvieron a los curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó. Luego apresaron a unos comunistas, pero como yo no soy comunista, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde”.

Esta es una triste realidad, la indiferencia y la falta de solidaridad con los ciudadanos. Esta es la única manera de quebrarle el espinazo a la inseguridad y a la violencia, porque la delincuencia cabalga delante de las autoridades y la justicia.

Es cierto, como responden las autoridades, que no puede haber un policía para cada venezolano, pero sí puede despertarse con ellos la conciencia ciudadana, mandar a revisar la balanza de la justicia, porque parece que pesa más el lado de la delincuencia que el lado de los ciudadanos de bien, así evitar que cuando nos toque a nosotros sea demasiado tarde.

El luto en muchísimas familias venezolanas que caen todos los días en las calles a tiros por la delincuencia incontrolable es una muestra de la descomposición y la inseguridad que campea en nuestra sociedad y la intolerancia total a la hora de solucionar conflictos.
Las autoridades sin la decidida colaboración de la ciudadanía no pueden brindar una buena seguridad, máxime cuando hay jueces y fiscales que parecen más amigos de los malhechores que de los ciudadanos de bien, a quien la Constitución ordena proteger en su honra y vida.

Tenía razón el cantante y compositor mexicano José Alfredo Jiménez cuando en su canción Camino de Guanajuato dice: “No vale nada la vida/La vida no vale nada/Comienza siempre llorando/Y así llorando se acaba/Por esto es que en este mundo/La vida no vale nada”.

britozenair@gmail.com

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martes, 31 de diciembre de 2013

PABLO AURE, VALENCIA SE RESPETA

Benito Juárez dijo: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. De acuerdo con la Wikipedia, Juárez pudo haberse inspirado en Immanuel Kant, quien tiene una frase similar en “La Paz Perpetua”. Él decía que “la injusticia cometida se ejerce únicamente en el sentido de que no respetan el concepto del derecho, único principio posible de la paz perpetua”. 

Pues bien, en Venezuela, y específicamente en Valencia, creo que los gobernantes no han entendido la dimensión de lo que significa el respeto. Respeto no es imposición, no es confiscación y no es altanería. 

Respetar lo ajeno lo podemos apreciar desde varias dimensiones. La interpersonal, la social o la política. 

Respetar las reglas de convivencia garantiza la paz. Jamás podrá haber paz en una sociedad donde cada quien hace lo que le provoca sin pensar que sus acciones pueden afectar los derechos de los demás, incluidos los sentimientos, tradiciones y hasta la misma propiedad. El respeto a la Constitución nacional pudiéramos decir que es la base fundamental para la promoción de la justicia; si un gobierno no respeta la Carta Magna no podrá esperar que convivamos ni en paz ni mucho menos en un estado de justicia. Quizás esa fue la razón para que otro mexicano, Emiliano Zapata, dijera: “Si no hay justicia para el pueblo, que no haya justicia para el gobierno”. Desde luego eran otros tiempos. Épocas de enfrentamientos constantes por liberaciones de territorios o derrocamientos gubernamentales. 

Hoy en Valencia, para no hablar de Venezuela como un todo, nos penetran la mente y el corazón esos pensamientos de Juárez y Zapata. Van y vienen en nuestras memorias, al ver cómo el Gobierno se burla de la voluntad y de los derechos de los gobernados. 

¿Quién puede negar que con la emisión de esos tres decretos dictados el 10 de diciembre mediante los cuales se despoja a los valencianos de lo que por tradición y derecho les pertenece, no es otra cosa que una afrenta a los valencianos? Me refiero al Teatro Municipal de Valencia y al Parque Recreacional Sur con su Monumental Plaza de Toros, nombrando ese mismo día luego de sufrir una aplastante derrota en el municipio Valencia, una autoridad única para -dizque- regir los destinos de tres parroquias quizás en su conjunto las más populosas del país, siendo una de ellas Rafael Urdaneta, que aunque no tiene más población que Miguel Peña es donde tienen su asiento las industrias, principal fuente de ingreso para que el alcalde de turno del municipio Valencia pueda realizar una buena gestión en beneficio de los ciudadanos. 
Lo que Nicolás Maduro, a requerimiento del gobierno regional hizo, no promueve la paz, sencillamente porque no respetó la voluntad del soberano valenciano que votó con la esperanza de que se produjera un viraje al modelo de gobierno encabezado por Edgardo Parra, hoy tras las rejas. 

¿Cobardía o indiferencia?

La cobardía es la falta de valor ante un peligro. La Real Academia Española define al cobarde como “pusilánime, sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgadas”. El indiferente es a quien no le importa lo que pase en su alrededor. La RAE nos dice “que no importa que sea o se haga de una o de otra forma” 

Les confieso que hasta ahora no sé qué es lo que está ocurriendo con algunos ciudadanos valencianos (y venezolanos), aunque debo reconocer que acá en nuestra Valencia hay una especie de despertar. Hay cobardes quizá, pero siento que muchos no actúan más por indiferencia, e inclusive por no creer en quienes promueven ciertas y determinadas acciones. Por eso no reaccionan o han reaccionado cuando le arrebatan sus derechos. Cuando no reclaman de manera enérgica por ejemplo por el auge delictivo, o ahora por el estado de abandono y suciedad en que quedó nuestra ciudad. A los indiferentes les recuerdo a Confucio: “Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía”. Platón nos habló de las tiranías y dijo que es el derecho del pueblo a defenderse contra el tirano y la injusticia. 

Pues bien, lo que pretenden hacer contra los valencianos es un acto de brutal injusticia: desmembrar desde Caracas al municipio Valencia. Pero no solo dividirlo sino que también se pretende arrebatar algunos de los íconos de la ciudad, algo así como para ir quitándonos la identidad. Ese arrebato se pretende ejecutar con los decretos 664, 665 y 666. Los dos primeros con la codiciosa intención de administrar desde el poder central espacios que por tradición y legítima pertenencia han sido administrados por la alcaldía desde casi su fundación, en el caso del Teatro Municipal de Valencia, aunque el Parque Recreacional Sur y la Monumental de Valencia fueron construidos con patrimonio de los valencianos. Señores, nadie puede dudar de que ese despojo no tiene un interés distinto al de la burla y desconocimiento de la voluntad popular que se expresó eligiendo nuestras autoridades el 8 de diciembre. Lo mismo podemos decir con la creación de la autoridad única. Eso viola principios constitucionales y legales, pues para la construcción de viviendas (si ese fuera el caso, que no lo es) no hace falta nombrar una autoridad que usurpe funciones del alcalde. 

La rebelión

Muchos cuando escuchan la palabra rebelión se erizan, se preocupan, pareciera una palabra antidemocrática, cuando en realidad no debe ser visto así. Marquis de Lafayatte decía: “Rebelarse es el más sagrado de los derechos y el deber más indispensable”. No es alzarnos en armas, porque primero, no las tenemos, y segundo, no creemos en eso. De lo que hablamos es de dejar la indiferencia y la cobardía. Preocupémonos por nuestros derechos, por nuestra ciudad, por la tierra que nos vio crecer o que nos adoptó. Por la patria que le dejaremos a nuestros hijos o a nuestros nietos. Que pasemos por esta vida terrenal con alguna finalidad. No solo la de hacernos respetar sino para construir algo mejor para los que vengan. Apartemos el egoísmo y trabajemos por nuestra ciudad. Ese es el mejor legado que podemos dejarle a los que nos sucedan. 

Basta de indiferencia

El 2014 no es nada alentador. Nosotros pasaremos pero otros vendrán, alguna misión tendremos que cumplir para sentirnos bien con nosotros y con el futuro. 

Ojalá el Gobierno entienda que nos necesitará a todos. Imposible mantenernos divididos y en conflicto permanente. Termino diciendo algo que leí: humildad no es cobardía. Y creo que está llegando la hora del despertar. No sé quiénes quedarán ni quiénes se irán, pero la tolerancia tiene un límite. Acá en Valencia, de acuerdo con las reuniones que hemos tenido, lo que está en juego es la conservación del gentilicio, de los valores, del patrimonio y de los principios del valenciano. 

Invitación

Hoy a las 10:30 am el movimiento “Valencia se respeta” se reunirá en la plaza Sucre con la finalidad de entregar a las 11:00 am un documento al ciudadano gobernador, para que interceda ante el Ejecutivo Nacional y se revoquen los decretos 664,665 y 666. No es una protesta, es una acción ciudadana de entrega de un documento. Quienes quieran asistir y firmarlo pueden hacerlo este es el link http://pabloaure.blogspot.com/2013/12/los-invito-ser-parte-de-la-defensa-de.html donde está el contenido de la carta que le entregaremos al gobernador de Carabobo Francisco Ameliach. 
@pabloaure

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domingo, 3 de noviembre de 2013

ALBERTO QUIROZ CORRADI, PÍLDORAS DE UN MISMO FRASCO

En el último libro de Dan Brown titulado Inferno hay una frase introductoria que deberían leer y meditar sobre ella todos los venezolanos en edad de votar en las próximas elecciones municipales. Dice así: 

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral”. 

Este pensamiento es de Dante Alighieri en La Divina Comedia. No son pues los violadores de mujeres y niños ni los criminales más cruentos ni los ladrones ni los déspotas gobernantes ni los infieles ni los ateos ni los que cometen cualquiera de los pecados capitales ni los que violan los 10 Mandamientos de la Ley de Dios. ¡No! A ninguno de estos criminales se les somete al castigo mayor. Los que reciben el peor de todos son los indiferentes. Los que presencian el desplome moral de una sociedad y no hacen nada. Peor aún, los que se aprovechan de la inmoralidad reinante para beneficio propio.

Esta obra, escrita cuando la Iglesia Católica y el Papa tenían una influencia decisiva sobre la mayoría de los gobiernos y sociedades del estrecho mundo conocido, describe los castigos a los cuales se somete a los pecadores en los diferentes círculos del infierno. Así como las maneras de acceder al cielo.

No hay que ser un creyente para entender la metáfora que es el largo poema de Dante. La existencia del infierno, del purgatorio y de un cielo paradisíaco pueden considerarse hoy como un marco de referencia donde Dante introduce a pecadores y a hombres y mujeres de bien, de acuerdo a como haya ha sido su conducta en la Tierra. Para Dante el último círculo del infierno está reservado a los traidores, que algunos lo son, precisamente, por permitir que ante su indiferencia se corrompan las sociedades. En la simbología de Dante el indiferente es un traidor y ese es el pecado castigado con mayor inclemencia.

Lo que ha permitido que la Divina Comedia, creada en 1309, haya sobrevivido a los rigores del tiempo, aparte de su valor literario, es que independientemente de cuál haya sido la intención de Dante al escribirlo (según algunos críticos es una obra de carácter religioso para advertir sobre los terribles castigos que sufrirá el hombre por sus pecados) hoy puede leerse por creyentes y ateos como una enciclopedia de moral pública. Aunque muchos ya no crean literalmente en el infierno, merecen ir a ese sitio por sus malas conductas y esa es ya una admonición sobre las consecuencias de los errores humanos clasificados por niveles de castigo (una indexación de malas decisiones y sus consecuencias).

Tengan pues muy en cuenta a Dante aquellos que ven con indiferencia el saqueo que le hacen al país los funcionarios del régimen actual. Eso en lo material. En lo moral han violado todos los principios y valores que deben regir una sociedad sana. Se roba. Se le niega a los ciudadanos sus necesidades básicas: comida, vivienda, salud, educación y el derecho a la vida. El mandatario mayor insulta, acusa temerariamente a instituciones y ciudadanos inocentes de los desmanes y consecuencias negativas de su gestión, parte de su exclusiva responsabilidad y otra heredada de los desmanes de Chávez.

No hay duda de que la oposición ya es mayoría, pero solo si acude masivamente a votar en diciembre 2013.


Quedarse en casa es condenarse al infierno por indiferente y por traidor a todos los valores que deben defenderse. No importa si el infierno de Dante existe o no. Las negativas consecuencias de la traición las pagarán los indiferentes aquí en Venezuela y ojalá que “allá” también.

alberto_quiroz@intercon.net.ve

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domingo, 6 de octubre de 2013

FÉLIX PALAZZI, "TOLERANCIA E INDIGNACIÓN"

Tolerancia, resignación, perdón, olvido, indiferencia, resistencia... son, todas ellas, palabras que se entrecruzan fácilmente en el reino de la arbitrariedad. Cuando no pensamos los conceptos que usamos, corremos el riesgo de extraviarnos en la relatividad de sus significados. Una de nuestras grandes dificultades radica en aceptar que todo pensamiento implica repensarnos a nosotros mismos y a la realidad que nos circunda. Sin embargo, pareciera que la salida más fácil fuese una ideología, con su proliferación de ideas o consignas repetidas, mas no pensadas ni asumidas, imposibilitando el encuentro, relativizando la realidad y lo verdadero. En fin, desvirtuando lo real.

La tolerancia es, para muchos, una palabra tan repudiada como la resignación, ¿qué sentido puede tener hablar de tolerancia a una madre o a un padre que han perdido a su hijo por la violencia? ¿Podemos tolerar el hecho de vivir con violencia? ¿No será esto la forma más clara de resignación y claudicación? Si las madres de los hijos asesinados salieran a una plaza, sencillamente no hubiese plaza que pudiese albergarlas. Si comparamos la nefasta cifra de los asesinados en un año en nuestro país, casi alcanza a los asesinados o desaparecidos en los siete años que duró la dictadura argentina. Aquí no hay plaza ni mes de mayo, porque no hay lugar ni fecha en la que la violencia termine.

Tolerar no es olvidar o ignorar. Mucho menos es reducir a una persona a una cifra. Tampoco es resignarse. Antes bien, es sacar del olvido y de las sombras a los rostros concretos sin los cuales no podemos reconocer nuestra propia realidad. Es luchar por la justicia y hacer que ella sea una realidad para todos. Ello se traduce en que la vida sea posible, y tenga espacio en todos los niveles y a cada momento.

La justicia debe custodiar y proteger la vida, porque sin vida no hay justicia. La tolerancia se ha de dar en el marco de la justicia o no es tolerancia sino resignación, engaño, indiferencia o ignorancia. Primero se debe reconocer la existencia del otro porque la verdadera tolerancia protege la vida y la hace posible. Este sentido concreto de la tolerancia es el que debemos construir como discurso paralelo al de la violencia, el odio y la exclusión. Solo así podremos recrear activamente todos los espacios que compartimos.

Ante los hechos de violencia cada vez más crecientes y evidentes, la reacción no puede ser la indolencia o el acostumbrarnos a la muerte. Al contrario, ha de ser la indignación, el espanto, el horror frente a lo que sucede, para poder reencontrarnos con los rostros de tantos que son sometidos a la injusticia. Cuando la tolerancia nace de la indignación nos impulsa a apostar y apoyar los esfuerzos en pro de la justicia y la reconciliación. Si la voz de la violencia pretende recluirnos en nosotros mismos, la voz de la paz y la justicia ha de impulsarnos a salir al encuentro del otro.

Doctor en Teología Dogmática


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miércoles, 28 de agosto de 2013

MERCEDES MONTERO PREGUNTA ¿CANSANCIO O INDIFERENCIA?

El sábado 18 de agosto de 2013 se llevó a cabo en Caracas una manifestación para pedir la liberación de los presos políticos, en especial la de Iván Simonovis, quien está gravemente enfermo, así como también denunciar ante la Fiscalía General de la Nación el respeto de los derechos humanos de los también perseguidos por causas políticas. 
Algo que ha caracterizado al régimen Castro comunista que “gobierna” en Venezuela, es la persecución a todos aquellos ciudadanos que lo han adversado o que simplemente han cumplido con el deber que les imponía su cargo, tales son los casos  del Comisario Simonovis, y los policías metropolitanos Héctor Rovaín, Luis Molina Cerrada, Erasmo Bolívar, Marcos Hurtado y Arube Pérez Salazar. José Amalio Graterol abogado de la juez  Afiuni. 
El periodista Leocenis García, hoy en día con su vida en peligro en un calabozo del SEBIN.

Aquellos a quienes se les endorsa una culpa que no tienen, como son Rolando, Juan Bautista y Otoniel Guevara por el Caso del Fiscal Anderson. Por desenmascarar al Foro de Sao Paulo como es el caso de Alejandro Peña Esclusa. Por ser exitosos en una actividad que no le conviene al gobierno como es el Caso de los ejecutivos de ECONOINVEST. Por liderar protestas como es el Caso de Carlos Ortega, Oscar Pérez o de Nixon Moreno y su  esposa Patricia Poleo. Nadie recuerda a la ex jueza Yuri López.. A esto se le suma el intento de anulación política de un alcalde brillante en su gestión como lo fue Leopoldo López. El constante ataque al Alcalde Metropolitano de Caracas Antonio Ledesma. 
En plena actualidad el diputado Richard Mardo a quien le fue quitada la inmunidad parlamentaria para facilitar  la obtención de mayoría simple que necesita el oficialismo en la Asamblea Nacional para aprobar todo lo que pida Nicolás Maduro, entiéndase mejor los hermanos Castro. O simplemente por recordarle al régimen que la solidez de principios existe como fue el caso del mártir Franklin Brito
Sólo son mencionados casos emblemáticos de los cientos que existen, la gran mayoría olvidados o desconocidos por un pueblo que ha demostrado tener una memoria corta, comodidad, conveniencia, o sencillamente temor. Todo lo anterior ante un régimen que cultiva la autocensura, excelsa forma de control a la libertad de expresión, con cuya aplicación mantiene sumisa a la población.
Paro 2002Es preciso recordar que durante el Paro Cívico de diciembre 2002- enero 2003, si bien las manifestaciones fueron apoteósicas, pocos los sectores que asumieron la protesta con disciplina. 
La gente parece haber olvidado que le pedían a gritos a Carlos Ortega, Carlos Fernández y a Juan Fernández “Paro indefinido ya”, mientras todo el mundo quería cine, fiesta, restaurant y centros comerciales abiertos, es decir continuar con la vida normal,  sin entender el significado de lo que habían exigido.  
Todo lo anterior ante un gobierno que hay que admitirlo, supo resistir. Al final aquellos líderes a quienes tanto les fue clamado han sido convenientemente olvidados y hasta maltratados, sino que lo diga Carlos Ortega abandonado por sus compatriotas en Perú.
Franklin Brito entierroLa asistencia al entierro de Franklin Brito fue vergonzosamente menguada, de los Guevara pocos se acuerdan. La manifestación para solicitar la liberación de los presos políticos,  llevada a cabo en  la citada fecha tuvo muy poca asistencia y solo unos pocos bocinazos por parte de los transeúntes.  Es poca la gente que al referirse a los policías injustamente presos por el Caso del 11 de abril, 2002, los menciona por su nombre. El cáncer ha hecho estragos en quienes están siendo objeto de la persecución política.
Maduro y Castro 9En un país en el que cada día muere un poco más la libertad de expresión, y se ahonda el colonialismo Castro comunista, la falta de memoria y solidaridad humana por parte de su pueblo le hace un flaco favor a la lucha por la recuperación de nuestra libertad. Nadie pide a los ciudadanos que se inmolen; solo es necesario recordarles que la defensa de sus derechos es un deber  insoslayable. Que en un país libre y soberano NO HAY PRESOS NI PERSEGUIDOS POLÍTICOS.
@mechemon

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martes, 30 de julio de 2013

ALBERTO MEDINA MÉNDEZ, CORRUPCIÓN, INDIFERENCIA Y RESIGNACIÓN. DESDE ARGENTINA

Cierta impotencia, bronca e indignación puede convertir determinadas percepciones superficiales en verdades absolutas e irrefutables. Eso sucede con la corrupción. Se trata, de un fenómeno casi universal que se presenta con tonalidades que van desde las más burdas a las más disimuladas.

Su creciente virulencia y su permanencia en el tiempo, a lo que se agrega su exacerbación contemporánea, han instalado la idea de que la corrupción florece gracias a la complicidad y el silencio de muchos ciudadanos honestos que prefieren hacerse los distraídos frente a tanto despropósito evidente.

Es cierto que un sector de la población se ajusta a esa descripción de la sociedad. Muchos ciudadanos prefieren la apatía, miran a otro lado y eligen ignorar lo que ocurre o solo tomarlo como una variable más de la realidad.

Pero buena parte de esa indiferencia tiene, tal vez, una explicación un poco más profunda y pocas veces abordada. Son muchos los que están asqueados por la corrupción y por como la corporación política sostiene esta perversa dinámica, que es capaz de torcerles el brazo a tantos que parecen defender valores inmutables.

Abundan historias en las que gente honrada, que proviene de diversos oficios y profesiones, ni bien ingresa al mundo de la política, empieza a mutar lentamente, para luego tomar impulso y hacerlo con mayor velocidad hasta finalmente confundirse con cualquier personaje de la partidocracia.

Ese poder ilimitado y arbitrario, ha conformado una compleja red de complicidades, con ladrones que roban mientras los honestos elijen una extraña lealtad desde el secreto y una incomprensible discreción, como mecanismo evasivo, creyendo que la ocultación los exculpa de algún modo.

La corrupción tiene un entramado difícil y cuesta saber desde que lugar intentar su desarticulación parcial o total. Por un lado están los que gobiernan y estafan. Del otro los que, sin ejercer la conducción, prefieren dejar intacto el sistema sin modificar las bases de la corrupción estructural, porque suponen que atacar ciertos intereses es inviable o  porque esperan usar lo que está vigente, para hacer, oportunamente más de lo mismo.

Los oficialismos ignoran la existencia de la corrupción, o a lo sumo la minimizan. Mientras tanto, la inmensa mayoría de la oposición zigzaguea entre la descomprometida crítica y la excesiva prudencia absoluta.

Bajo esas circunstancias, obviamente la ciudadanía siente que no tiene opciones, que no hay salida, que la corrupción no es una alternativa, porque todos roban, y solo se puede elegir ciertos matices o estilos, pero no aparecen alternativas que ofrezcan integridad y virtudes. Solo como ejemplo, si la política no puede explicar el origen de su financiamiento, mal podrá ofrecer transparencia en la administración de los recursos.

Los ciudadanos se encuentran así atrapados, encerrados, sin opciones. Se los convoca a elegir entre diferentes matices de lo mismo, y entonces la corrupción desaparece virtualmente de la agenda porque ya no existe chance de eliminarla o siquiera mitigar su impacto cotidiano.

Habrá que entender que no se trata de resignarse sin más y agotarse en esto de describir los sucesos como meros observadores del presente, sino de intentar vislumbrar lo que ocurre, para luego construir un diagnóstico que permita no equivocarse en la formulación de posibles soluciones.

No se puede pretender curar una enfermedad que previamente no se entiende o no se interpreta correctamente. Para encaminarse hacia la solución del problema se debe comprender todo para decidir cómo encarar un tratamiento que tenga chances de ser exitoso en un plazo razonable.

No es simple. No se trata solo de apatía ciudadana, de abulia cívica e indiferencia crónica. Hay de eso y mucho, pero también se presencia una brutal resignación que deprime, angustia y entristece, hasta la impotencia.

Es preciso construir opciones políticas honestas y transparentes que devuelvan la esperanza, y permitan recuperar la credibilidad. Para ello, es importante aceptar que la corrupción crece, se fortalece y se consolida allí donde existe un Estado grande, repleto de recursos económicos, con poder centralizado, sin contrapesos y una discrecionalidad a prueba de todo.

Si la sociedad pretende líderes con esas características, omnipotentes, que gobiernen tomando decisiones inconsultas, sin acuerdos, ni consensos, no es posible esperar otra cosa que una sucesión de gobiernos corruptos. Eso dice la historia, eso dice el presente.

Es tiempo de abandonar aquella creencia de que el problema son las personas y su inmoralidad. Los pocos países que lograron erradicar la corrupción o llevarla a niveles insignificantes, no eligen héroes, sino que construyeron sistemas políticos con equilibrios, donde resulta imposible hacer lo impropio sin ser descubierto. Por eso funciona.

En estas latitudes no se encuentran soluciones porque se parte de un diagnóstico equivocado y se prefiere creer que solo se trata de malos funcionarios y no de ideas erróneas. Tal vez sea un mecanismo social que la gente encontró para no modificar sus paradigmas, excusarse y quitarse así responsabilidades que le son propias.

Alberto Medina Méndez
albertomedinamendez@gmail.com

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