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jueves, 10 de abril de 2014

NESTOR SUAREZ. EL SOCIALISMO

Estoy dedicando mis clases universitarias a dos de los mas notables economistas y filosofos sociales del siglo XX, Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek.

En este caso examinare una de las obras mas influyentes de Mises : Socialismo. Mises desarrollo una integrada y deductiva ciencia economica, muy completa, basada en el axioma fundamental de que todos los individuos actuan consistentemente con el proposito de alcanzar sus metas deseadas. 
Mises concluyo que la unica politica economicamente viable y exitosa para la raza humana era una politica irrestricta de laissez-faire, de mercados libres y del ejercicio pleno de la propiedad privada, con gobiernos estrictamente limitados a la defensa de la persona y la propiedad dentro de su area territorial.
No hay otra. Mises fue capaz de demostrar tres cosas muy importantes:
1. Que la expansion de los mercados libres, la division del trabajo y la inversion de capital privado es el unico camino posible hacia la prosperidad .
2. Que el socialismo es desastroso para la economia moderna , puesto que la ausencia de propiedad privada de la tierra y de los bienes de capital evita cualquier forma racional, economica y productiva de establecimiento de precios, y de estimacion de costos. y finalmente ,
3. Que el creciente intervencionismo gubernamental -sumado a la obstaculizacion y reduccion del mercado- se prueba y demuestra, que lleva inevitablemente al socialismo, a menos que la intervencion sea repelida y el libre mercado restaurado inmediatamente.
Sosteniendo estos puntos de vista hemos luchado por la verdad frente a un siglo cada vez mas devoto del estatismo y el colectivismo; Mises se volvio famoso por su intransigencia  frente al socialismo.
Como consejero economico del jefe del gobierno austriaco en los anos 1920 , Mises fue capaz de reducir la inflacion; y desarrollo su propio seminario privado, el cual atrajo a los mas sobresalientes jovenes economistas, cientificos sociales y filosofos de Europa , entre ellos su mejor discipulo , Friedrich A. Hayek.
Su teoria del ciclo de negocios acusaba a las politicas inflacionarias de los Bancos Centrales por la inflacion y la depresion. Habiendo escapado de los nazis a los EEUU, Mises hizo mucho de su mas importante trabajo en su patria adoptiva. 
Durante dos decadas de ensenanza inspiro a una emergente Escuela Austriaca en ese pais. En 1974, un año despues de su muerte ( 1973 ), su mas distinguido seguidor , F. A. Hayek, fue reconocido con el premio Nobel de Economia por su trabajo en la elaboracion de la teoria del ciclo de negocios de Mises durante las decadas de 1920 y 1930.
Algun dia Venezuela saldra de este marasmo y esta confusion. Ese dia todos tendremos que volver los ojos al Libre Mercado y a la Escuela Austriaca de Economia . Espero que cuando llegue ese dia mis estudiantes que hoy se encuentran luchando por su patria , puedan hacer su aporte y su contribucion a la reconstruccion de Venezuela. Personalmente mi aporte y contribucion son estas clases, cursos, seminarios, conferencias y nuestra catedra de Economia de la Oferta.
Nestor Suarez
nsuarez07@hotmail.com
@esLibertadOrg

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jueves, 6 de febrero de 2014

SAÚL GODOY GÓMEZ, LOS INTELECTUALES Y EL SOCIALISMO,

Este es el título de un interesante trabajo de F.A. Hayek, donde da cuenta de esta extraña especie; al principio de su lectura, me chocó el concepto que empleó para describir nuestro gremio de intelectuales, el de: “negociantes de información de segunda mano”, al principio me sentí como un vendedor de alfombres usadas, pero, luego de terminar la lectura, caí en cuenta de que se trataba de una de las más atinadas descripciones de nuestra actividad.
Para Hayek, el intelectual no es un científico, ni un académico, es decir, no es un especialista, es el intermediario entre éstos y las masas, se trata de una persona que entiende poco de mucho, dice Hayek: “El intelectual típico no necesita poseer conocimientos en particular, ni siquiera necesita ser inteligente para realizar su rol de intermediario en la diseminación de las ideas. Lo que lo califica para su trabajo es el amplio margen de temas de los que puede hablar o escribir, y estar en una posición o tener hábitos por medio de los cuales se entera primero de nuevas ideas antes que su público”.
Se trata de una concepción muy diferente, por ejemplo, a la del crítico social y filósofo norteamericano Noam Chomsky, para quien la carga moral es lo principal en un intelectual, tal como lo refiere su consigna: “la responsabilidad de los intelectuales consiste en decir la verdad y revelar el engaño”.
Para el economista y filósofo austríaco, el verdadero poder de los intelectuales no está en el corto plazo, nuestras opiniones tardan en llegar y posicionarse entre el público, pero todos los estudios en que basó su investigación indican, fehacientemente, que los intelectuales manejamos un poder real, que no es otro que formar la opinión pública de las grandes mayorías.
En los trabajos que examinó Hayek sobre el desarrollo del socialismo tanto en Alemania, Inglaterra, Francia, como en los EEUU, la evidencia es contundente, esta élite de intelectuales fueron los que iniciaron el movimiento de opinión a favor de los socialistas, y a la vuelta de varios años este conocimiento llegó a las masas, donde prendió entre los trabajadores.
Este camino es fácilmente observable en el caso de Venezuela, fue una labor constante  de promoción de las ideas socialistas por parte de muchos escritores, cineastas, gente del teatro, locutores, analistas políticos, artistas y personalidades en el mundo de la comunicaciones, quienes difundieron, a partir de los años sesenta, los valores de la violencia social, el odio de clases, la sublimación del guerrillero y del revolucionario como íconos ejemplares, el desprecio por los valores espirituales, el descrédito de una vida de trabajo a favor del delincuente, la burla a la familia y la religión, la campaña de desprecio a la clase empresarial… esa tendencia a favor del socialismo tardó varios años en hacerse patente dentro de las clases populares; cuando llegó su momento, las masas estaban listas para elegir como presidente a un golpista, su candidato salió de la cárcel donde purgaba condena por hechos violentos y, luego de una campaña electoral, coronó con la más alta magistratura del país, apoyado casi unánimemente por todos los sectores.
¿Por qué, se pregunta Hayek, el éxito del socialismo en la opinión pública mundial? Varias son las razones que alega, entre ellas, el socialismo entendió la importancia de los intelectuales y los cortejaba (el caso de la Cuba de Fidel es un claro ejemplo); las ideas del socialismo, basadas en una utopía, invitaban a la especulación y a la crítica gratuita contra los valores establecidos en la sociedad; su falta de rigor hacía atractivas estas ideas proyectadas a futuro, el socialismo ofrecía un paraíso en la tierra sin discutir el cómo se iba a llegar a él, se vendió como una ideología progresista y que venía de hombres de buena voluntad; la propaganda insistió en su carácter científico y en los sólidos conceptos como los del materialismo histórico, la plus valía, y la misma dialéctica marxista, ,que le daban ese toque de “profundidad” que satisfacía a los más cultos.
Pero Hayek dice algo verdaderamente preocupante con respecto a los intelectuales, cuando éstos están a la “pesca” de ideas novedosas, de tendencias, de nuevos conocimientos, para trasmitirlos a su público, por lo general no analizan mucho las sustancia de sus hallazgos, basta con que estén conformes con su propia visión del mundo, con su opinión, para hacerlos parte de su arsenal ideológico y lo transmitan, sin darle muchas vueltas al asunto, muchas veces contribuyendo, sin darse cuenta, a causar un daño mayor en el muro de convicciones de su país.
El autor le concede a los intelectuales la presunción de buena fe; dice de ellos que la mayoría son honestos, puede que algunos se dejen manipular por personas, organizaciones e intereses, pero eso sucede hasta cierto punto, la mayoría de los intelectuales, a pesar de que se ganan la vida produciendo opiniones para grandes medios de comunicación, instituciones del gobierno o ONG’s, poseen, en el fondo, un núcleo central de convicciones que son inalienables, aún en países como el nuestro, donde los intelectuales acostumbran a organizarse en “grupos de opinión”, controlados por personas y editores que intentan imponer una pauta en la opinión pública, a favor de sus intereses, y hacen un frente colegiado, en el entendido de que aumenta su prestigio, seguridad y poder.
En cuanto a la competencia entre un sistema como el capitalista, que defiende y promueve las libertades, y uno como el socialismo, que aboga por la sumisión del ciudadano ante el estado - dice Hayek - el capitalismo tiene las de perder, ya que nadie defiende su libertad salvo cuando está en peligro de perderla, no hay programas de difusión de los valores democráticos sino cuando es ya muy tarde y las cadenas del totalitarismo son impuestas a la fuerza; el socialismo, sin embargo, está en una búsqueda permanente de adeptos, justificando sus carencias de racionalidad y humanismo, con una perenne campaña de ofrecimientos a futuro.
Me atrevería a decir que, desafortunadamente, hoy en día en Venezuela hay una ausencia absoluta de intelectuales de izquierda (los que existen son muy malos, en exceso dogmáticos e ignorantes de las más fundamentales nociones del socialismo, excepto por esas ideas harto primitivas y confusas del Comandante supremo, Hugo Chávez), al punto que el gobierno ha tenido que importarlos de otros países para que vengan a dictar cátedra y a orientar a la masa; esos intelectuales mercenarios, vienen, exponen, cobran y regresan a sus países, dejando a los jóvenes venezolanos más confundidos que como los encontraron.
Pero sí hubo, hasta fecha reciente, una intelectualidad criolla profundamente afectada por los idealismos del socialismo y el pensamiento revolucionario comunista, que influyó con sus obras y opiniones en el país nacional, que difundió el ideario de la esclavitud revolucionaria a todo nivel, resultando, pocas décadas después, en que el pueblo fuera conducido al matadero por una generación de hombres y mujeres que creyeron en la siembra de esos antivalores, e hicieron un buen trabajo para llevarnos hasta las puertas del mismisimo infierno.-
saulgodoy@gmail.com

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domingo, 24 de noviembre de 2013

GABRIEL BORAGINA, LA META DE LA PROPIEDAD COMÚN

Desde tiempos inmemoriales filósofos y pensadores de todas las épocas han buscado y creído posible -y hasta deseable- la meta de la propiedad común como medio de supresión de la propiedad privada. Sin embargo, este ideal adquirió su mayor fuerza con el advenimiento de las teorías marxistas que pretendieron darle a tal objetivo la categoría de "científico", y por lo tanto plenamente realizable.

Al respecto, explica el Dr. A. Benegas Lynch (h):
"Roosevelt formula diversas críticas a la idea de abolir el mercado e intenta algunas explicaciones sobre las dificultades que surgirán cuando se adopta esa política pero afirma que la propiedad común de los medios de producción se derivaría lógicamente de la premisa marxista. La premisa consistiría en que la etapa anterior de la sociedad comunista -el capitalismo- producirá la abundancia plena". ... "De ahí Roosevelt concluye que se asume la abundancia (p. 128) “por tanto en la visión de Marx, la sociedad comunista no tendrá que pelear con ‘el problema económico’, podrá lograr sus metas en un medio de abundancia” (p. 129). Anotamos al margen que esta lectura sobre Marx y Engels -en cuanto a que asumen la abundancia- no nos parece ajustada rigurosamente al sentido del texto, pero sin duda que si este fuera el caso no tendría sentido la propiedad privada de bienes y servicios, ni tampoco el mercado."[1]
Por supuesto que, si la abundancia fuera simplemente un dato de la realidad o, en otras palabras, la escasez hubiera desaparecido por completo de la faz del planeta, no existiría problema alguno en establecer un régimen de propiedad común, ya que habiendo "de todo para todos" y sobrando en las cantidades deseadas todos los bienes, carecería de objeto incluso la ciencia económica misma.
Sin embargo, lamentablemente no es ese el mundo en el que vivimos, al menos no lo es por el momento, y no lo será por muchísimo tiempo más. Los recursos continúan siendo escasos frente a necesidades humanas ilimitadas, y es precisamente en virtud de este último principio que si es un dato de la realidad que la propiedad común nunca ha podido ser, ni antes ni hoy, posible.
"El socialismo no persigue en modo alguno la división de los medios de producción y también desea hacer más que solamente expropiarlos; busca producir sobre la base de la propiedad común de los bienes de producción. Por tal razón, aquellas proposiciones que sólo apuntan a la expropiación de los medios de producción no pueden ser consideradas como socialismos; a lo más, pueden constituir proposiciones para una vía hacia el socialismo."[2]
 Pero la propiedad común de los bienes de producción, allí donde se la ha intentado, ha demostrado ser imposible, dado que la propiedad siempre es o pertenece a alguien, y sólo hay dos maneras de apropiarse de ella: una es por la fuerza y la otra es mediante acuerdos libremente celebrados y pactados entre las partes, lo que jurídicamente se denominan contratos.
Tampoco existen fórmulas intermedias o transaccionales entre la propiedad común y la propiedad privada. Siempre será una o la otra. Ambas son excluyentes:
"Todo intento de abolir a través de una transacción el contraste existente entre la propiedad común y la propiedad privada de los medios de producción es, por lo tanto, equivocado. La propiedad siempre estará localizada allí donde resida el poder de decisión. En consecuencia, el socialismo de estado y las economías planificadas, que desean conservar la propiedad privada legal y nominalmente –pero que en el hecho subordinan el poder de disponer a las órdenes del estado porque persiguen socializar la propiedad– son sistemas socialistas en todo el sentido de la palabra. La propiedad privada sólo existe allí donde el individuo puede manejar su propiedad privada de los medios de producción del modo como considere más ventajoso."[3]
Esto es, ni más ni menos, lo que ocurría en los sistemas nazi y fascista, donde jurídica y nominalmente se permitía que la propiedad figurara en cabeza de personas o empresas, pero que -en los hechos o también legalmente- quienes eran los únicos facultados a tomar decisiones sobre la administración y disposición de tales propiedades eran los funcionarios nazis o fascistas. Como explica L. v. Mises, se trataban de socialismos de estado y economías planificadas. Y así sigue siendo hoy en día, aunque los gobiernos del mundo no digan adherir ni al nazismo ni al fascismo, no obstante adoptan sus mismos métodos, quizás algo menos violentos a los que implementaban Hitler, Mussolini y fauna similar a estos dos ejemplares.
En efecto, los controles de precios, las restricciones al comercio exterior (importaciones y exportaciones) la inflación, las regulaciones gubernamentales, el gasto público, los impuestos, y el sin fin de desorbitadas medidas económicas que los gobiernos adoptan, no son otra cosa más que virulentos ataques a la propiedad privada para reemplazarla por una falsa propiedad "común", que de "común" sólo tiene que pertenece en común a los políticos que dirigen el gobierno. Toda propiedad común implica una transferencia de ingresos del sector privado al sector estatal, es decir, una lisa y llana expropiación de la propiedad.
Es que, como ha explicado el genial Friedrich A. von Hayek:
"Nuestra generación ha olvidado que el sistema de la propiedad privada es la más importante garantía de libertad, no sólo para quienes poseen propiedad, sino también, y apenas en menor grado, para quienes no la tienen."[4]
La propiedad "común" fue, es y seguramente será siempre un mito.
[1] Alberto Benegas Lynch (h). Socialismo de mercado. Ensayo sobre un paradigma posmoderno. Ameghino Editores y Fundación Libertad –Rosario. Pág. 102 y 103.

[2] Ludwig von Mises. "SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS" Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis, 1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15. Pág. 28 y 29

[3] L. v. Mises, "SOCIALISMOS Y..." Op. Cit. Pág. 37

[4] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 140

gabriel.boragina@gmail.com

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martes, 27 de noviembre de 2012

NARCISO GUARAMATO PARRA, LOS FUNDAMENTOS DE LA LIBERTAD, ABRAHAM LINCOLN, LUDWIN VON MISES, LIONEL CH. ROBBINS, FRIEDRICH VON HAYEK,

El mundo no ha tenido nunca una acertada definición de la palabra libertad y justamente  ahora el pueblo americano necesita mucho una definición. Todos nos pronunciamos por la libertad, pero cuando usamos la misma palabra no le damos idéntico significado… Existen dos cosas no solamente diferentes sino incompatibles, que designamos con el término libertad.” (Abraham Lincoln)

Como henos reseñado, a principios del siglo XX, en el corazón del imperio Austroungaro surgió un grupo de intelectuales que cuyos principios económicos forman parte fundamental de la teoría económica contemporánea, la Escuela Austriaca de Economía.

Estos economistas, de cuales, von Mises era uno d su valores más representativos, fueron más allá y escribieron las más duras críticas a una nueva forma de ver al mundo y que se conoce como “Socialismo o Comunismo”. Ludwig von Mises, en el año 1922 publicó un texto con el simple título de “Socialismo”, en sus páginas se analiza muy claramente los problemas que se presentan para su instalación y la inviabilidad de su ejecución. Tan clara y convincente fue la tesis planteada, que dos de sus alumnos más importantes: Lionel Charles Robbins (1898 - 1984) y Friedrich Hayek (1899 - 1992), furibundos socialistas, al leer el libro se convirtieron en liberales.

Friedrich August von Hayek, filósofo, jurista y economista, nace en Viena en el año 1899, se doctoró en Derecho y ciencias políticas en la Universidad de su ciudad natal, y desde 1921 a 926 fue funcionario de la administración austriaca. Durante los años1927-1931 se desempeñó como director del Instituto para el Análisis del Ciclo Económico de Viena. Por algún  tiempo fue también profesor de economía en la Universidad de Viena. En los años 1931-1950, gracias a Lionel Robbins, también alumno de von Mises, se fue a Londres donde ocupó una cátedra en la London School of Economics. Durante sus años en Londres tomó una gran notoriedad y fama en el ámbito académico, tanto por sus publicaciones y estudios, como por su rivalidad con Keynes y la beligerancia en contra de sus ideas. Pero durante los años 30, fueron las ideas de Keynes las que se impusieron y también tras la Segunda Guerra Mundial triunfaron gobiernos socialdemócratas o socialistas, con lo que Hayek perdió relevancia y mucha de la fama que había ganado de joven. En 1950 hasta 1952 fue profesor en la Universidad de Chicago, pasó luego a la Universidad de Friburgo en Alemania, durante los años 1969-1977, profesó en la de Salzburgo, muere en Friburgo en 1992 para ser enterrado en Viena.

Los aportes de Hayek se vio plasmado en 130 artículos y 25 libros, de las cuales se pueden mencionar: “ La teoría monetaria y el ciclo económico”(1929); “Precios y producción” (1931); “Economía y conocimiento” (1936); ”La teoría pura del capital” (1941); “Individualismo y orden económico” (1948); “Los fundamentos de la psicología teórica” (1952);  “El capitalismo y los historiadores” (1954); “Derecho, legislación y libertad” (1973, 1976, 1979. 3 vols.); “La desnacionalización del dinero” (1976); “La fatal arrogancia. Los errores del socialismo” (1988).

Esta vasta obra, le dio a Hayek el reconocimiento mundial, hasta el punto de serle otorgado en 1974 el Nobel de economía, el mayor reconocimiento que puede obtener un economista.

Sin embargo, fueron dos libro que no tocan la teoría económica, los que le dieron fama entre los lectores no economistas y que se convirtieron en verdaderos best sellers, nos referimos a “Camino de servidumbre” (1944), cuya tesis central es que Socialismo y Totalitarismo son esencialmente lo mismo, dos retoños del colectivismo y éste, a su vez, un modelo de organización incompatible con la libertad humana; y “Los fundamentos de la libertad” (1959), cuyo objetivo es describir un ideal, demostrar cómo puede alcanzarse y explicar lo que su realización significaría en la práctica.

El liberal cree que los límites que la democracia debe imponerse son también los límites dentro de los cuales puede, de manera efectiva, funcionar y el marco donde así mismo la mayoría puede dirigir y controlar verdaderamente las acciones del gobierno.” (Hayek, F. Fundamentos de la libertad. Unión Editorial. 2006:157)


Narciso Guaramato Parra
@guaramatoparra


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sábado, 16 de junio de 2012

SAÚL GODOY GÓMEZ, EL CAMINO A LA SERVIDUMBRE,

Este libro escrito por el economista austríaco F.A. Hayek en 1944, lo había leído hace mucho tiempo en un resumen, pero nada como esta edición completa en celebración de los 50 años de su publicación, con un interesante prólogo del economista norteamericano Milton Friedman (University of Chicago Press, 1994, Chicago). 

Esta obra desafía a los que todavía creen en la posibilidad de poder controlar la economía de un país por medio del autoritarismo y el centralismo; no tengo la menor duda que nuestro ministro de Planificación y Finanzas, causante del desastre económico que sufre nuestro país, el ingeniero Jorge A. Giordani C., lo ha leído en algún momento, aunque parece, no lo entendió.

Hayek advierte de los peligros que se corren cuando los gobiernos transitan por las sendas del colectivismo, que impulsan la existencia de grandes aparatos estatales, de "gobiernos fuertes" cuya primera misión es matar la libertad y los valores del individualismo.

El colectivismo se opone al libre mercado; en el primero, el Estado se hace dueño de la economía; en el segundo, los individuos son libres de perseguir sus propios emprendimientos y objetivos. Muchos colectivistas piensan que los males sociales son producto del manejo de "hombres malvados" y que sólo los "buenos hombres" (los socialistas) manejando el poder, pueden corregir todos los problemas; no se les pasa por la cabeza, aparte de toda la emoción y la egolatría de que son capaces, que los buenos hombres, en posiciones de poder, pueden también generar condiciones infernales para la sociedad.

La planificación centralizada, esa que el experto Giordani se tragó completica del comunismo más recalcitrante sin dudas ni críticas, es la que hoy en día controla la actividad económica de producción privada, llena de regulaciones y multas para mantener contento a un supuesto "pueblo", ajustando precios, limitando existencias en los almacenes, dictaminando sobre los tipos de productos, tiempos de entrega, distribución, reposiciones y un largo etc. Todo esto sin ser el productor, el dueño de las fábricas ni el que arriesga su capital para tal actividad, él solito, desde su oficina, rodeado de un grupo de "genios" que en su mayoría jamás han producido nada, intoxicados de marxismo, pretende regular la producción de todo lo que consumimos los venezolanos, desde el papel toilette, pasando por la harina y los huevos, hasta llegar a los vehículos, ropa, medicinas, colegios, estacionamientos... todo.

Y en lo público, quiere controlar y planificar no sólo a la industria petrolera, las empresas básicas de Guayana, las de servicio público, los bancos, la moneda, los programas de transferencias gubernamentales, tratando de extraernos de los bolsillos más impuestos para poder entregarles ayuda a otros, no solo venezolanos, sino países extranjeros, en el nombre de la igualdad y para erradicar la pobreza.  No es de extrañar que el país se esté cayendo a pedazos, que no haya luz, que el agua salga podrida de las llaves, que los puentes se caigan con la lluvia, que se incendien las instalaciones petroleras, que vivamos con una escasez de productos básicos, que la inflación acabe con nuestra capacidad de ahorro y los hospitales estén en huelga permanente.

En El Camino a la Servidumbre, Hayek explica de manera razonada y paso por paso, porqué es una tarea imposible tratar de controlar todas las variables que juegan en el mercado; él estudió las economías de su tiempo, sobre todo la de la Rusia estalinista y la de la Alemania de Hitler, pero podemos extrapolar sus ideas a una economía no tan grande y compleja como la venezolana, cuáles son las tendencias que afectan qué productos, cómo los precios varían constantemente dependiendo de otros factores que están en otras áreas, cómo influencias tan aleatorias como la confianza, producen escasez o sobreofertas en el mercado; es por ello que los precios de los productos en una economía de libre mercado se autorregulan, cambian cuando es necesario, a la baja o al alza, pero los precios regulados por una economía centralizada, calculados por necesidades políticas, carecen de información válida y hacen que los mercados queden ciegos y finalmente se derrumben.

Sólo el mercado y en libertad, con muchos individuos involucrados en todas estas actividades, cuidando sus negocios, haciendo posible que la actividad sea productiva, compitiendo, siempre mejorando sus productos, estando al día en los adelantos y sucesos que afectan sus servicios y la oferta en general, es como una economía prospera y crece generando empleo, mejores condiciones de vida para más personas.

Pero en las economías planificadas siempre falta algo, es inevitable dejar por fuera de los cuadros y los números los imponderables, que son al final los que hacen un esfuerzo fútil planificar las grandes economías, cuando no son los productores, son los consumidores; cuando no son los precios de las materias primas, son las condiciones de financiamiento; cuando se tienen controlados los procesos fabriles, salta la liebre en los mercados internacionales, y así, el esquema más perfecto siempre deja afuera las causas que hacen inviables los presupuestos y los planes de la nación.

Ante tal fracaso nuestro ministro de Planificación y Finanzas justifica su errada política diciendo: "...el Gobierno ha venido implementando una serie de mecanismos, principalmente las Misiones, con el objetivo de lograr un proceso de inclusión social masivo, intenso y acelerado, financiado por la renta petrolera, lo que ha permitido y permite avanzar en la satisfacción de necesidades tan fundamentales como las de identidad, alimentación, salud, educación, vivienda y empleo."

Si usted cree que esto se ha logrado, felicitaciones, vote por Chávez el 7 de octubre y siéntese a esperar a ver si le toca algo en esta gran lotería del colectivismo, si no, entonces recupere su libertad de emprendimiento y de escoger lo que usted quiere, no lo que gente tan inepta como Giordani, quiere.

saulgodoy@gmail.com

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viernes, 20 de abril de 2012

ROBERTO CACHANOSKY / LAS TRES CARACTERÍSTICAS DE LOS PEORES INDIVIDUOS QUE GOBIERNAN EN UNA AUTOCRACIA

En "Camino de Servidumbre", Friedrich von Hayek describe por qué los líderes fuertes, que desprecian la democracia republicana, tienen que rodearse de los peores elementos de la sociedad.
Preocupado por la visión que tenían los ingleses acerca del socialismo, y habiendo visto el surgimiento del nazismo, Friedrich Hayek publicó en 1943, estando exiliado en Inglaterra, su famoso libro Camino de Servidumbre, en el que muestra los riesgos de caer en un sistema autoritario cuando se aplica una economía centralizada.

El capítulo 10 de Camino de Servidumbre lleva el título de “Por qué los peores se colocan a la cabeza”, e, inclusive, lo inicia con la famosa frase de Lord Acton: “Todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Ahora bien, en el capítulo 10, Hayek tiene varios párrafos muy interesantes sobre por qué los peores llegan a los máximos puestos del poder en un sistema totalitario. En primer lugar el economista austríaco analiza la etapa previa a la supresión de las instituciones democráticas y a la creación de un régimen totalitario. Hayek señala que el procedimiento democrático es más lento en la resolución de los problemas, en tanto que la gente suele reclamar acción por parte del Estado, es por esta diferencia de tiempos en la resolución de los problemas que “el hombre o el partido que parece lo bastante fuerte y resuelto para hacer marchar las cosas es quien ejerce la mayor atracción” Y agrega: “Fuerte, en este sentido, no significa sólo una mayoría numérica…Lo que ésta (la gente) buscará es alguien con tan sólido apoyo que inspire confianza en que podrá lograr todo lo que desee. Entonces surge el nuevo tipo de partido, organizado sobre líneas militares”.
Me detengo un momento en estos párrafos para analizar la actualidad argentina. En rigor, si hoy el kirchnerismo se vanagloria del “vamos por todo” es porque luego de las elecciones de 2011, consideran que el 54% implica haber recibido un cheque en blanco que le ha otorgado la sociedad. Pero Hayek también habla de partidos organizados sobre bases militares. Si uno observa el discurso del kirchnerismo, tiene bastante de esto. El kirchnerismo habla del comercio como una guerra: nos defendemos de la invasión de productos importados. Habla de fusilamiento mediático. De conspiraciones destituyentes y muchos de ellos se consideran “soldados” de la causa. Es decir, tienen un discurso bélico, militarista en términos de que la política no es diálogo sino enfrentamiento. Hay que derrotar al enemigo. Sobre este punto voy a volver más adelante.
Dice Hayek: “la probabilidad de imponer un régimen autoritario a un pueblo entero recae en el líder que primero reúna en derredor suyo a un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto”. Y casi inmediatamente Hayek señala las tres características principales de semejante grupo, y añade que “no lo formen, probablemente, los mejores, sino los peores elementos de la sociedad”.
¿Cuáles son las tres características para que este grupo sea conformado por los peores elementos de la sociedad? En primer lugar, dice el austríaco: “si deseamos un alto grado de uniformidad y semejanza de puntos de vista, tenemos que descender a las regiones de principios morales e intelectuales más bajos, donde prevalecen los más primitivos y comunes instintos y gustos”.
Luego viene “el segundo principio negativo de selección: será capaz de obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos, que no tienen firmes convicciones propias, sino que están dispuestos a aceptar un sistema de valores si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia”.
El tercer factor es: “quizás el más importante elemento negativo de la selección para la forja de un cuerpo de seguidores estrechamente coherente y homogéneo. Parece una ley de la naturaleza que le es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio al enemigo, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva. La contraposición del y el , parece ser un ingrediente esencial de todo credo que enlace sólidamente a un grupo para la acción común”.
Si recorremos el espinel de los funcionarios del kirchnerismo es bastante difícil, por no decir imposible, encontrar gente con una sólida formación académica, más bien veremos funcionarios con discursos de barricada, con mucho golpe de efecto y poca profundidad de análisis. Esto, siguiendo el razonamiento de Hayek, es obvio porque nadie con una formación intelectual sólida tiende a someterse a los dictados de un líder sin ningún tipo de cuestionamiento. Seguramente mi visión de la economía difiere bastante del pensamiento de Roberto Lavagna, pero debo reconocer que, posiblemente, haya sido el funcionario público de mayor rango intelectual que tuvo el kirchnerismo y por eso duró muy poco en su cargo.
Sobre el segundo punto que hace Hayek, los seguidores sobre los que si se machaca en sus orejas insistentemente están dispuestos a aceptar un sistema de valores, podemos referirnos al staff de aplaudidores que, con fervor, aplauden entusiastamente los discursos de Cristina Fernández y pueden aplaudir un anuncio de suba de retenciones a las exportaciones de carnes como una baja de las mismas en forma indistinta. Lo que dice el líder es palabra santa. No se cuestiona.
Pero es el tercer punto el que mejor describe al kirchnerismo o cristinismo. Esa constante contraposición del “nosotros” o “ellos” al que hace referencia Hayek, es una de las características relevantes del oficialismo, como también lo es el de ponerse de acuerdo en un programa negativo en vez de una tarea positiva. El kirchnerismo tiende a destruir más que a construir. A perseguir en vez de a dialogar. Para ser suave, desprecio por la libertad de expresión, confiscaciones, consumo del stock de capital para financiar el populismo e infinidad de otros ejemplos muestran a una fuerza política más concentrada en un proyecto político negativo que positivo. Agreguemos al enfrentamiento con España por el tema YPF, los conflictos con nuestros socios del MERCOSUR, Malvinas, revolver en forma arbitraria lo ocurrido en los 70, etc. es parte de un discurso que destruye y no construye. Que confronta y no dialoga.
El escaso respeto a las instituciones, ignorar los fallos de la justicia y las arbitrariedades del secretario Moreno, son solo algunos de los métodos que ningún profesional formado en los principios republicanos puede compartir. La gente más capacitada para administrar el país no comparte este tipo de políticas, por lo tanto, termina siendo inevitable que el kirchnerismo solo pueda reclutar gente de mediocre preparación para la cosa pública. El solo hecho de aplaudir discursos sin contenido y obedecer ciegamente los dictados de la presidente determina un perfil muy claro de quienes pueden acompañarla en su “proyecto”.
Y aquí viene el tema de fondo, ese ponerse de acuerdo para destruir en vez de construir solo puede derivar en un creciente deterioro económico, tal cual lo estamos viendo. A su vez, el deterioro económico es, desde mi punto de vista, lo que le quita el respaldo al hombre o partido fuerte como lo denomina Hayek. Dicho en otras palabras, el apoyo político del oficialismo depende de si puede mantener la fiesta de consumo. Si esa fiesta artificial se termina, entonces el partido fuerte pasa a ser débil, salvo que utilice el aparato estatal para coartar las libertades individuales y sostenerse mediante el monopolio de la fuerza, que justamente esto es lo que trata de demostrar Hayek en Camino de Servidumbre.
Dadas las características de organización vertical y militarista del kirchnerismo, que solo se rodea de soldados de la causa para enfrentar a “ellos”, no podemos esperar que seamos gobernados por los mejores, sino por los más mediocres en su formación intelectual. Y un país gobernado por los mediocres, nunca puede ser exitoso. El fracaso llega más tarde o más temprano o, en el peor de los escenarios, la democracia deriva en dictadura para imponer los deseos del líder apoyado en los peores elementos de la sociedad.
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jueves, 22 de marzo de 2012

MARCO TULIO CICERÓN: EXPROPIACIÓN E INDEMNIZACIÓN

De acuerdo al gran intelectual austriaco Friedrich von Hayek, en una nota al pie de página en la p. 269 de su monumental Los fundamentos de la libertad: 
“La concepción del poder de la Ley dominante en la Prusia del siglo XVIII se ejemplariza bien a través de una anécdota que en Alemania conocen hasta los niños. Si dice que Federico II estaba molesto a consecuencia de un viejo molino que se alzaba cerca de su palacio de Sans Souci, desluciendo el paisaje. Después de varios intentos infructuosos de compra, Federico II amenazó al propietario con la expulsión. A tal amenaza se pretende que el respondió: “Aún hay tribunales en Prusia” (“es gibt noch eine Kammergericht in Berlin” es la frase que suele citarse). … La historia sugiere límites al poder real, que en su tiempo no probablemente no existieron en ningún otro país del continente y que no tengo la seguridad de que puedan aplicarse hoy en día a los jefes de Estado de los países democráticos.”
La susodicha anécdota que raya en la leyenda es que hasta un rey absolutista como lo era Federico II encontraba límites a su poder en los tribunales.  Esto es el derecho de propiedad es sagrado, si alguien le choca a uno un automóvil está obligado a resarcir el daño, mediante un justiprecio. Si el Estado tiene que expropiar un bien es por causa de utilidad pública, y no entendemos como puede ser causa de utilidad pública la expropiación de unas oficinas en el centro de Caracas, de unas tierras agrícolas, y encima no pagar la mayoría de estas expropiaciones. Es lamentable como la antigua empresa Agroisleña, convertida desde su expropiación en Agropatria se encuentra casi quebrada en nombre de la utilidad pública.
Al parecer también decía el rey Luis Felipe  que la “libertad no consiste sino el reino de las leyes. Que cada uno no tenga que hacer sino lo que la ley le obliga, y que pueda hacer lo que la ley no lo prohíba, así es la libertad. Querer hacer otra cosa es destruirla”.
La Ley de Expropiación por causa de utilidad pública aprobada en el año 2002 dice lo siguiente, en su artículo 2:
La expropiación es una institución de Derecho Público, mediante la cual el Estado actúa en beneficio de una causa de utilidad pública o de interés social, con la finalidad de obtener la transferencia forzosa del derecho de propiedad o algún otro derecho de los particulares, a su patrimonio, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización. (Negritas nuestras)
Vemos que se dice “justa indemnización” y en los últimos tiempos en nombre de una “sagrada causa de utilidad pública o social “ se han expropiado bienes en nombre del bienestar colectivo o la felicidad universal, también vagamente definida, y últimamente no se han pagado las “justas indemnizaciones”.
Advierte, G.H von Berg también citado por Hayek:
¿Cómo fijar límites concretos al poder supremo si se le asigna como objetivo una felicidad universal vagamente definida, cuya interpretación se confía al juicio de este mismo poder?  ¿Han de ser los príncipes padres del pueblo, aun asumiendo el grave riesgo de que se conviertan también en sus déspotas?
Tal como decía una sentencia de un tribunal norteamericano, “no es ley todo acto que revista forma legislativa. La Ley es algo más que el mero ejercicio de la voluntad de poder. No debe ser regla especial para una persona ocaso particular…El poder arbitrario que hace cumplir a la fuerza sus edictos en detrimento de las personas y propiedad de los súbditos a él sujetos, no es ley.

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