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domingo, 27 de septiembre de 2015

BEATRIZ DE MAJO, UN CURIOSO INDULTO PARA LA PAZ, COLOMBIA EN CAPSULAS

No se transa un conflicto sangriento del calibre del de Colombia sin hacer concesiones oficiales a cambio del silencio y la entrega de las armas.

Desde el dia del miércoles en que se convinieron en La Habana los términos de la próxima etapa de la paz entre guerrilleros y gobierno, de lo que se habla es de una amnistía, de un indulto que revestirá características especiales y que requerirá la adecuación del ordenamiento legal del país vecino para darle cabida al perdón a crímenes horrendos. Este convenimiento, después de dos años de negociaciones, aún debe transitar etapas difíciles y su resultado no es para mañana. Podría perfeccionarse en seis meses si se acuerdan los detalles de este reacomodo legal que se llama Justicia Transicional y tendrá que ser refrendado por la población. Esa será la prueba de fuego.

Los afectados directos por 60 años de insurgencia violenta son mas de 7 millones de colombianos desplazados o que perdieron sus propiedades y sufrieron los embates del crimen. A esta fecha hay mas de 200.000 muertos en la canasta de las FARC. 

El presidente Juan Manuel Santos le está abriendo paso a una fórmula de administrar justicia y de aplicar penas novedosa, original, a la que muchos le dan la bienvenida únicamente para poder avanzar en el proceso de pacificación pero que ha generado y generará oposición frontal en Colombia no solo de parte de muchos juristas sino de la población de a pie que desea ver saldadas las cuentas para sus muertos y para sus afectados a través de la justicia.   Ya se están presentando paradojas que pueden entorpecer el avance de la próxima etapa que es la de hacerle digerir al país el perdón y la convivencia con los criminales.

Por un lado, a minutos del estrechó de manos entre las partes, el Fiscal General ordenó retirar  todas las imputaciones contra la cúpula guerrillera. Pero el Procurador General, quien representa a los ciudadanos frente al Estado, reaccionó rápidamente a través de un comunicado de 10 puntos asegurando que no hay claridad ninguna sobre las características de las penas de privación de libertad que serían aplicadas a los comandantes del grupo. ¿Que significa una “restricción efectiva de la libertad en condiciones especiales”, lo que resulta ser  el término acordado?

Piensa el alto funcionario que si de lo que se trata es de aplicar sanciones de prohibición de salir del país o a la realización de un trabajo comunitario a los responsables de delitos atroces, el problema legal trasciende las fronteras vecinas e incumple tratados internacionales convirtiéndose en una violación de la justicia internacional. En definitiva, este acuerdo le torcería el brazo no solo al ordenamiento colombiano sino a sus compromisos externos. 

Un importante trabajo de investigación de El Colombiano con base en los expedientes judiciales y los antecedentes registrados en la Dirección de Investigación Criminal, muestra cómo, si se sumaran todas las condenas vigentes contra el Secretariado de las Farc en la justicia ordinaria, deberían enfrentar una pena total superior a los 16 siglos de cárcel para el grupo de líderes insurgentes que se sientan en la mesa de La Habana. 

No obstante, sí es imprescindible reconocer, que hay un importante avance en un particular sentido. Hasta hace pocas semanas los guerrilleros no consideraban la posibilidad de ir a pasar ni un minuto en la cárcel. Esta ha sido la piedra de tranca de las tratativas de La Habana. El solo hecho de que acepten la existencia de delitos sancionables de su parte, que los confiesen verazmente y que convengan en acceder a penas retributivas es un paso de avance. Pero hay que preguntarse si ello es suficiente o si Juan Manuel Santos no le estaría abriendo la puerta de la impunidad a la comisión de los delitos más execrables.

Estamos apenas al inicio de un nuevo proceso dentro de un viejo proceso. Los aplausos y las lisonjas están de más en este punto y hora porque queda aún por ver si los compromisos que se alcancen serán cumplidos por quienes han usado el terrorismo y el narcotráfico a lo largo de más de medio siglo para alcanzar sus “plausibles” propósitos. Solo en este año 2015, mientras avanzaban las negociaciones para instaurar la paz los violentos acabaron con las vidas de cerca de 50 miembros de la fuerza pública de su país.

 Otro tema debe ser dilucidado por los venezolanos y tiene que ver con la parte del conflicto que nos atañe más de cerca. ¿Cuánto del drama colombiano habrá ya atravesado o atravesará la frontera para encontrar cómodo refugio en nuestro territorio?. 

Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo

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martes, 15 de septiembre de 2015

BEATRIZ DE MAJO, ¿CONVERSAR Y ENTENDERSE?, COLOMBIA EN CAPSULAS

Para que exista alguna posibilidad de una conversación fructífera entre Colombia y Venezuela hace falta que haya una intención franca de las partes de sobreponer los obstáculos que se están presentando entre los dos países. Para ello hay que poder definirlos y abordarlos con buena fe y estar dispuestos a aportar los correctivos para subsanarlos. Pero antes que nada, es preciso que la voluntad de entenderse exista, que la actitud sea proclive a la franqueza pero también al respeto del contrincante. Ninguna de estas condiciones parece está presente del lado venezolano. Cada palabra que profiere nuestro Presidente para dirigirse al vecino está impregnada de sorna, de ironía, cuando no de provocación y de falta de respeto.

Juan Manuel Santos podría tener la mejor inclinación a resolver los conflictos fronterizos que efectivamente existen, cuales quiera que estos sean, pero un lenguaje verbal que lo haga posible es imprescindible. Si la imperiosa necesidad de provocar al vecino está siempre presente del lado venezolano de la ecuación, solo podrá haber circo para la galería.
Una segunda condición para que sea útil o viable un intento de entendimiento es emprender el diálogo con la verdad por delante. En la frontera con Colombia existe realmente una miríada de dificultades ancestrales en más de un terreno. ¿Quién puede negarlo para esta fecha y quien puede negar que el olvido de la región es un pecado ancestral, atribuible por igual a los dos gobiernos?  Narcotráfico, contrabando, secuestros, vacuna, violencia y maltratos, sicariato, todo ello además de pobreza, son temas de alto calibre que requieren de un plan conjunto minucioso que los atienda y resuelva, de un compromiso firme de las dos partes. Analizarlos y buscar soluciones permanentes   en medio del actual conflicto al que nos ha llevado la declaratoria de excepción, su equivocada instrumentación  y las deportaciones inhumanas que tienen características muy erosivas para una de las partes, no es el ambiente adecuado.
La forma abrupta y violenta con la que nuestro gobierno ha abordado y atendido los problemas fronterizos en esta coyuntura reviste un conjunto de violaciones a los derechos humanos de los nacionales colombianos y ha lesionado, físicamente y en sus haberes materiales, a un contingente importantísimo de personas en una región delicada e incendiaria también para los colombianos.  Con ello, Venezuela  ha agredido al gobierno vecino poniéndolo en la posición de ejercer una defensa activa de sus nacionales. Pero además, nuestros voceros han involucrado en el desencuentro una serie de argumentos que se ubican al margen de la verdad. El conflicto fronterizo ha sido aderezado, equivocadamente, con temas que tienen que ver con el deplorable manejo de la economía nacional, con la equivocada  política cambiaria, con el desabastecimiento nacional que no es culpa sino nuestra,  con un supuesto plan desestabilizador organizado por un expresidente colombiano que hasta involucraría un atentado contra la presidencia venezolana. Los medios de comunicación del Estado venezolano han emprendido una descalificación sistemática del gentilicio colombiano provocando un rechazo y actitudes xenofóbicas ofensivas contra la colombianidad en su conjunto .
Y todo esto ocurre mientras paradójicamente se pone de bulto es que este conflicto no se resuelve sin que los dos mandatarios se junten a encontrarle una solución ya no a los problemas históricos sino además a pasar la página sobre las ofensas, las burlas, las amenazas.
Todo esto hace creer que no existe realmente una voluntad sincera de resolver los entuertos y de restablecer un modus vivendi pacifico en la frontera, de nuestro lado. Lo que lo hace más flagrante aun, es la declaratoria de excepción en el Zulia, en el momento en que ya está convocada una reunión de distención entre los dos mandatarios.
Cada momento cobra más peso la idea de que este problema fronterizo se ha instaurado en busca de extraer para el gobierno de Venezuela otro tipo de beneficios. Es un comentario mundial.
Nos queda pedir que demuestren lo contrario. 
Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo


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sábado, 22 de agosto de 2015

BEATRIZ DE MAJO, MADURO AL MEJOR ESTILO DE DONALD TRUMP, COLOMBIA EN CAPSULAS

Hay una razón poderosa para que los colombianos, en estas trágicas horas para Venezuela, todavía sigan traspasando ilegalmente la frontera que los trae de su país a Venezuela.

No es que de este lado del Arauca consiguen fácilmente trabajo, como fue la tónica durante décadas para buscar el empleo que no encontraban en su tierra, ni tampoco porque al ser pagados en Bolívares conseguían ahorrar en moneda fuerte para un retiro cómodo en su propio suelo, como fue el caso tradicionalmente.
Tampoco vienen huyendo de la inseguridad de su país porque, aunque la guerrilla terrorista continúa azotando a los vecinos, al comparar sus niveles de criminalidad con los de esta sagrada tierra de Bolívar, Colombia más bien se asemeja al pacífico Vaticano.
Tampoco vienen a invertir sus churupos de este lado de la frontera, porque ya no existe actividad atractiva en nuestro país para los capitales y ahorros de los colombianos. En el pasado, asi fue como centenares de pequeñas empresas de neogranadinos  se montaron cerca y lejos de la línea que nos separa, animados por la capacidad de compra del venezolano y  por la pujanza de un país que se expandía y acogía bien las iniciativas de los extranjeros.
Venezuela se llenó por años de colombianos trabajadores, dedicados, fenomenales artesanos, buenos técnicos y pudimos beneficiar de varias generaciones de individuos acostumbrados al esfuerzo y bien entrenados para disciplinas que el venezolano de la era petrolera no manejaba. Plomeros, albañiles, electricistas, talabartelos, zapateros, agricultores,  queseros, y podría continuar….
Otro importante contingente de inmigrantes son aquellos atraídos por el fácil negocio de la droga en este lado de la frontera, sin hablar de los muchísimos delincuentes que ya saben que del Arauca para acá el imperio de la ley no existe y, por tanto, Venezuela es el refugio ideal para criminales, ladrones y guerrilleros que si son perseguidos eficientemente en su lugar de origen
Decia nuestro airado Presidente la semana pasada que “entre enero y julio ingresaron a Venezuela 122.000 colombianos, lo que el estimaba “el éxodo más grande que se da en el campo migratorio en el mundo”. Estaba tan preocupado el mandatario nacional que mandó a su Cancillera a entrevistarse con su homóloga colombiana del ramo de asuntos exteriores para diseñar una “ política superior” ya que : “también estamos llegando al punto límite que puede aguantar ese éxodo y esa migración masiva”.
Alguno del equipo de sabios que acompaña a Maduro debería explicarle lo que realmente pasa entre los dos países, para que en lugar de desvelarse por la migración trasfronteriza, se ocupe de otros problemas nacionales más acuciantes para la diaria vida de sus compatriotas.
Alguien podría hacerle ver al Presidente, que son las protuberantes distorsiones cambiarias que tienen lugar bajo sus narices en este país  las que animan a los colombianos de hoy a traspasar la frontera para adquirir a precios regalados y subsidiados los bienes que sus hogares consumen o para simplemente transarlos por decenas de veces su valor en el mercado colombiano. Un lucrativo negocio se está armando dentro de la binacionalidad para aprovecharse del desastre económico protagonizado por la Revolución.
La cifra de 122.000 inmigrantes colombianos del primer semestre de este año, de la que Maduro ha hecho uso, no es un punto de referencia confiable, como ninguna de las otras variables que el gobierno se inventa para justificar sus actuaciones. Es buena, eso si, para crear un ambiente de rechazo - a lo Donald  Trump-  en contra de los vecinos.
Aun  siendo correcta la cifra, debería ser una señal de alarma y al propio tiempo una buena razón para pensar en que al enderezar los entuertos económicos, de seguridad y de imperio de la ley en la revolucionaria Venezuela, este problema se resolvería de manera espontánea.
Alguien debería soplarle en la oreja que quizá así logre detener el flujo de “indeseados” colombianos hacia el país y, mejor que eso, podría conseguir que nuestros mejores profesionales y nuestros jóvenes compatriotas que han huido a refugiarse en la vecina y pujante tierra colombiana piensen en retornar al terruño que los vio nacer.    
Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo      

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martes, 10 de febrero de 2015

BEATRIZ DE MAJO, ¿SAMPER MEDIADOR?, COLOMBIA EN CAPSULAS

En medio de la batalla que Nicolás Maduro  protagoniza en solitario-  la supuesta guerra entre los Estados Unidos y Venezuela- alguien le sugirió que buscara un mediador para facilitar el diálogo con el enemigo, un diálogo que los americanos nunca se han negado a sostener. Pero es razonable pensar que para entablar conversaciones con un emisario del Presidente  venezolano el gobierno americano debe estar un tanto desmotivado, después de haberse convertido en el objetivo  de las más variadas agresiones verbales y de las más estrambóticas  acusaciones de parte de quien recién ahora estima que deberían conversar para recomponer las turbulentas relaciones que sostienen desde hace una buena cantidad de años.
Sin duda que para plantear un diálogo es preciso que el proponente entienda que el mismo no puede darse dentro de un ambiente de insultos, de señalamientos descabellados y gratuitos a la otra parte, ni mucho menos de  mentiras e inventos sin asidero alguno.  Endilgarle al Vicepresidente Joe Biden responsabilidades o protagonismos en una conspiración desestabilizadora contra el gobierno de Venezuela sin presentar ni el asomo de una prueba, no parece ser el mejor escenario para acercamiento alguno.
Por demás,  es indispensable que quien medie en cualquier desencuentro  sea un individuo o una institución de estatura, de moralidad y trayectoria impecable y con capacidad de influir en los dos lados supuestamente en conflicto. La búsqueda  y selección de tal candidato sin mácula y con una marca  muy evidente de probidad debe ser el resultado de una filigrana delicadísima.
En lugar de proponer alguien de estas características,  los personeros de la Revolución bolivariana no encontraron  mejor portavoz que el Expresidente colombiano Ernesto Samper. Dentro del bagaje de hechos destacados en su vida política, Ernesto Samper se distingue  en su país y  en el planeta por haberse constituido en el único  Presidente en la Historia universal, hasta ese entonces, en haber sido sancionado en ejercicio de su cargo por los Estados Unidos con la suspensión de su Visa. Las razones fueron en aquel 1996 de mucho peso: haber recibido cuestionables dineros del narcotráfico para  financiar su campaña presidencial. También el hoy Secretario General de UNASUR tiene en su haber el haber provocado la “descertificación” de su país en materia de lucha contra la droga durante los 4 años de su mandato.
Si el capital  que un mediador debe cargar en su morral para conseguir buenos resultados es el de una hoja de vida impecable de cara a sus dos interlocutores, no parece que la selección sea la más adecuada.   Sobre todo si haciendo memoria nos encontramos con que una de las frases lapidarias del gobierno de Bill Clinton, puesta en boca del portavoz de la Cancillería, Nicholas Burns, fueron: “Samper no es bienvenido en Estados UNidos”.
Si la idea del gobierno de Maduro era contar con un colombiano de talla para acometer la tarea, de mediar en el conflicto que no es tal, por ser Colombia en el continente uno de los cercanos aliados a los Estados Unidos, sobran, en la hora actual, nacionales de ese país con credenciales para hacerse escuchar con atención por la potencia gringa.
Las razones por las que los Estados Unidos han decidido aplicar sanciones a funcionarios o allegados del gobierno bolivariano- no al país- son mas válidas hoy que nunca y  tienen que ver con el pisoteo de valores que han sido de enorme relevancia y trascendencia para esa nación en su cruzada tradicional  por el adecentamiento su propia sociedad y la de  terceros países: el respeto a los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la batalla contra el narcotráfico. Todas estas siguen vigentes hoy.
Será por todo ello, y por conocer mejor que nadie la cuenta que tiene aun sin  saldar con los americanos,  que el Ex Presidente en lugar de aceptar con entusiasmo la tarea de intermediación, se limitó a declarar que llevaría el planteamiento venezolano al seno UNASUR. Hasta allí. 
Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo

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