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sábado, 31 de mayo de 2014

CATO INSTITUTE: ESTOS SON LOS PAÍSES MÁS MISERABLES DEL MUNDO

 El ranking elaborado por el Cato Institute se obtuvo a través de una fórmula que involucró factores como la Inflación y el Índice de desempleo de los países.

Lima. Recientemente se dio a conocer la primera edición del estudio “Índice de Miseria Internacional” realizado por el Cato Institute, en análisis en el cual se demuestra que Venezuela, es el país más miserable a nivel mundial.


Venezuela: Nivel de Miseria: 79.4. La razón: La inflación. Un índice que supera el 60%, debido al evidente fracaso del modelo económico.

La fórmula utilizada para obtener el índice, la cual fue aplicada a 90 naciones, es la suma de la tasa de desempleo, la tasa de interés y la tasa de inflación, y resta el porcentaje de cambio en el PIB real per cápita. Es decir, es un análisis sumamente completo, pero basado sobre todo en las percepciones económicas de los ciudadanos de cada país.

Según Steve Hanke, profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins, el índice también está íntimamente relacionado con la perspectiva que tienen los habitantes de una población sobre sus mandatarios.

En el análisis, cada país tiene un factor predominante debido al cual su miseria es mayor, en algunos casos es la inflación, en otros el desempleo o en otros la tasa de interés. Japón se coloca como el país menos miserable del ranking.

http://peru.com/actualidad/economia-y-finanzas/cato-institute-estos-son-paises-mas-miserables-mundo-fotos-noticia-251985

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viernes, 12 de julio de 2013

MACARIO SCHETTINO, EL MIEDO AL MERCADO, CATO INSTITUTE, FUENTE TABANO INFORMA,


CATO Institute - 09-Jul-13 - Opinión


El miedo al mercado

por Macario Schettino *


Los humanos tenemos tres únicos intereses básicos: comer, que no nos coman, y reproducirnos.

De ellos, el segundo es el más fuerte, porque comer y reproducirse puede hacerse varias veces. En cambio, si nos comen, sólo será una vez. Así, los humanos somos miedosos, porque es una forma de mantenernos vivos.

El miedo, especialmente el miedo a morir, es una sensación muy fuerte, porque así ha convenido en nuestro camino evolutivo. Los más valientes murieron sin dejar descendencia, quedamos los demás. Si no quiere sentir feo, digamos que quedamos los prudentes.

El miedo es importante en nuestro análisis de por qué no tenemos el país que queremos porque el mercado es una fuente de miedo. El mercado, el mecanismo que permite que compremos lo que nos gusta y vendamos lo que se pueda, es inclemente. Joseph Schumpeter, economista austriaco de la primera mitad del siglo XX lo llamaba “destrucción creativa”. El mercado premia a los creativos, pero destruye a los demás. Y si usted fue creativo, pero llega alguien más creativo que usted, lo va a destruir.

Y nosotros preferimos el “más vale malo por conocido”. Si podemos mantenernos ahí más o menos en una economía rentista, como para qué querríamos arriesgarnos en una economía de mercado, donde cada día corremos el riesgo de que llegue alguien más creativo que nosotros y nos destruya.

Y aquí viene la parte complicada. El éxito del mercado depende de la capacidad que tengan las personas de asumir riesgos y de entenderse como participantes individuales de esa competencia. Por eso es tan complicado, porque exige una visión del mundo que no es natural para los humanos. Nosotros, para reducir el riesgo de que nos coman, nos asumimos como parte de una comunidad que nos ayuda a defendernos. Es natural para los seres humanos entenderse como parte de una comunidad. No lo es entenderse como individuos. El individualismo se aprende, el colectivismo viene de nacimiento.

Por eso es más difícil impulsar acciones que dependen del individualismo, y por eso el proceso exige generaciones enteras. Uno no pasa del rentismo al capitalismo de un día para otro. El proceso de transformación en la forma de pensar es largo. Es precisamente lo que Deirdre McCloskey llama la dignidad burguesa, que tarda en construirse un par de siglos, pero que va a sostener un crecimiento exponencial en la generación de riqueza de los seres humanos. Es el capitalismo, pues, es el mercado, en el sentido de la destrucción creativa.

Pero eso es precisamente lo que el colectivismo rechaza. Descalificamos este proceso argumentando que se trata de “capitalismo salvaje”, de “cada quien se rasca con sus uñas”, que es una visión utilitarista propia del protestante anglosajón. Y entonces las visiones colectivistas nos sirven de defensa, sea el conservadurismo católico, o el colectivismo izquierdista. El caso es que tenemos miedo.

Si queremos que haya generación de riqueza, y que cada uno tenga una oportunidad igual de participar en ella, entonces tenemos que abandonar nuestras defensas colectivas. Más claramente, necesitamos que las empresas puedan quebrar sin que nadie las ayude; necesitamos que las personas paguen sus deudas, o sean castigadas por no hacerlo; necesitamos entender que se puede ganar y se puede perder, y que eso es justo, no el empate obligado, la prórroga recurrente, el repechaje.

Nos es muy difícil entender esto. La historia explica por qué, pero no queremos escuchar razones: lo que tenemos es miedo. Y el miedo no se quita con razones. Y de ese miedo viven los rentistas: mejor que no se acaben los sindicatos, porque si no, quién me defiende; mejor que no lleguen los extranjeros, porque van a abusar de nosotros; mejor ni le muevas, pues.

La creación de riqueza ocurre porque hay personas que tienen ideas que convierten en realidad, en bienes y servicios que ofrecen a los demás. Cuando los demás compran, se generó riqueza. Cuando no, ni modo. Las personas que hacen esto se llaman emprendedores, y son el motor del crecimiento económico. Si no existen, no hay generación de riqueza. Hay, si acaso, redistribución. De unos a otros. De usted a los rentistas, por ejemplo.

Cuando en un país no hay emprendedores (o hay muy pocos), ese país no genera riqueza. La que hay se redistribuye. El que tiene poder, obtiene más riqueza. Los que no tienen poder, aportan riqueza para el que sí tiene. Esos son los rentistas que viven de usted.

Pero un emprendedor es alguien que corre riesgos. Puede ganar mucho, o puede perder muchas veces. Si los jóvenes imaginan su futuro sólo siendo empleados, o consiguiendo un poco de poder para vivir de rentas, sea como político o como criminal, pues ese país está condenado al fracaso.

Más claramente, si usted piensa que México debe crecer más y que debemos distribuir mejor la riqueza que producimos, entonces la respuesta está muy clara: lo que necesitamos son más emprendedores y menos políticos. Más empresarios de los que generan riqueza y menos de los que viven de extraernos rentas.

* Profesor de la División de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey, en la ciudad de México y colaborador editorial y financiero de El Universal (México).


Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"


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miércoles, 29 de mayo de 2013

ALBERTO BENEGAS LYNCH (H), OTRO ASPECTO SOBRE LA VENTA DE IDEAS, CATO INSTITUTE, FUENTE TABANO INFORMA

TABANO INFORMA


OTRO ASPECTO SOBRE LA VENTA DE IDEAS
ALBERTO BENEGAS LYNCH (H)
CATO INSTITUTE

http://www.elcato.org/otro-aspecto-sobre-la-venta-de-ideas
En este sentido es que las ideas no se venden, se trasmiten lo cual es de una naturaleza completamente distinta.
Ya he escrito sobre la imprecisión de sostener que el problema de los liberales es que no sabemos vender la idea. Inspirado en Leonard Read, he consignado que la comercialización de cualquier bien en el mercado requiere que el comprador se percate de las ventajas del producto pero para nada necesita conocer el correspondiente proceso productivo. Sin embargo, cuando se trasmiten ideas, si el receptor no es un fanático o un fundamentalista, debe interiorizarse de toda la secuencia desde el inicio al efecto de comprenderla (lo cual no se requiere cuando se vende, por ejemplo, un dentífrico). En este sentido es que las ideas no se venden, se trasmiten lo cual es de una naturaleza completamente distinta.
Por supuesto que esto no quita la justicia de las críticas que se nos puedan formular a los liberales por no trasmitir adecuadamente la idea. Más aún, soy un convencido de que resulta mucho más productiva la autocrítica que la queja por la incomprensión de los demás. Como generalmente somos más benévolos con nosotros mismos que con los demás, si nos convencemos que debemos pulir el mensaje en lugar de despotricar contra otros, esto calma los nervios y nos ayuda a hacer mejor los deberes.
Habiendo dicho esto, en esta nota periodística quiero centrar la atención en otra razón por la cual las ideas no se venden (en el sentido señalado y, desde luego, no en el plano de que los valores y principios no deben estar subordinados a lo crematístico y, por ende, no sujetos a una transacción comercial para cambiar de ideas). Esta otra razón también está inspirada en Leonard Read, esta vez de su libro The Coming Aristocracy, aunque no le doy el mismo enfoque y pretendo una elaboración más acabada que la formulada por mi querido Leonardo (como le gustaba que lo llamen los amigos hispanoparlantes).
Un motivo adicional por el que las ideas no están sujetas a la venta es que, en el caso específico del liberalismo, nos pronunciamos sobre un producto sobre el que no sabemos en que consiste el resultado. Nadie en su sano juicio vende un bien que expresamente declara que no sabe en que consiste. Pues bien, en el caso de propugnar la conveniencia de los mercados abiertos, no sabemos que tipo de bienes y servicios traerá aparejada la libertad.
La aventura del pensamiento queda abierta en libertad, tal como ha expresado Karl Popper en The Poverty of Hisoricism “no podemos tener conocimiento futuro en el presente”. Esto es lo que jamás entenderán los megalómanos que pretenden controlarlo todo y pontifican como si pudieran adivinar el futuro de sus propios actos y de sus propias personas, para no decir nada de la de millones de seres y las infinitas combinaciones entre sí y las múltiples consecuencias no buscadas de sus respectivas acciones. Solo una desmedida arrogancia y una mayúscula presunción del conocimiento características de la ignorancia superlativa dan lugar a las planificaciones gubernamentales de vidas y haciendas ajenas.
Este entuerto revela la diferencia entre el desarrollo y el progreso. Como anotaba Warren Nutter en uno de sus ensayos en la colección titulada Political Economy and Freedom, el primer concepto es inadecuado para expresar los resultados de la sociedad libre ya que al igual que un tumor es más de lo mismo, sin embargo, el progreso se enfrenta a lo desconocido. Por eso se puede planificar el desarrollo pero no se puede planificar lo que no se sabe que es, lo cual se traduce en el progreso. No es una casualidad que los estatistas hablen de la planificación del desarrollo, pero nunca mencionan al progreso ya que entrarían en una flagrante contradicción.
Pero ¿es serio insistir en un sistema que no se sabe que producirá? Ningún liberal (ni nadie) puede detallar como serán las comunicaciones, la vivienda, la alimentación, la medicina, la agricultura, las lecturas, la construcción y la vestimenta del futuro, solo para mencionar unos poquísimos aspectos de la vida civilizada. Se puede hacer futurología pero es sabido que los acontecimientos y las revoluciones tecnológicas superan a la imaginación más dotada. Solo la petulancia del estatista se atribuye la posesión de la bola de cristal que incluye el supuesto conocimiento de billones y billones de elementos cambiantes.
Thomas Sowell en Kowledge and Decisions explica que el tema no es contar con computadoras con suficiente capacidad para almacenar las múltiples y complicadas variables, sino que sencillamente los datos no están disponibles antes que los individuos actúen. Por esto y por la formidable contribución de Ludwig von Mises en cuanto a que la planificación estatal afecta la propiedad y, por ende, los precios, lo cual, a su turno, imposibilita la contabilidad, el evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. En lugar de aprovechar la dispersión y fragmentación del conocimiento a través de la información que proporcionan los precios, los estatistas, con la pretensión de controlarlo todo, desvirtúan las antedichas señales de mercado con lo que se concentra ignorancia.
Pero volvamos al planteamiento original. La confianza del liberal en la libertad es porque permite a cada uno seguir su camino en lugar de ser domesticados por el poder que pretenda administrar las vidas y las haciendas ajenas. El seguir cada cual su camino hace posible mejorar desde la perspectiva de cada uno, asumiendo la responsabilidad por lo que se hace en un proceso de constante aprendizaje y retroalimentación. Quien reclama libertad es como si en medio de la combustión de una colosal caldera interior estuviera gritando ¡déjenme ser humano, quiero manejar mi propia vida!
Como han enseñado autores como Adam Smith y Ferguson, cada uno persiguiendo su interés personal contribuye a producir un sistema que ninguna mente individual puede concebir. Este es el significado de las célebres frases de Smith de las cuales citamos tres. Uno “No debemos esperar nuestra comida de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, sino que se debe a sus propios intereses”, dos “El hombre del sistema […] se imagina que puede arreglar las diferentes partes de la gran sociedad del mismo modo que se arreglan las diversas piezas en un tablero de ajedrez. No considera para nada que las piezas de ajedrez puedan tener otro principio motor que la mano que las mueve, pero en el gran tablero de ajedrez de la sociedad humana cada pieza tiene su principio motor totalmente diferente de lo que el legislativo ha elegido imponer” y tres “Por muy egoísta que se supone sea un hombre, hay evidentemente ciertos principios en su naturaleza que lo hacen interesarse en la mejora de otros que lo hace feliz aunque no obtenga nada de esto, excepto el placer de contemplarla” (dicho sea al pasar estás últimas líneas son las primeras de su libro Teoría de los sentimientos morales).
La confianza en la energía creadora que se libera en una sociedad abierta no solo se basa en las abrumadoras evidencias que proporciona la experiencia, sino en el hecho de que tenemos confianza en nosotros mismos para manejar nuestro destino.
Ahora bien, es posible concebir que en libertad, es decir, en un sistema en el que se respeta al prójimo, las personas no se respeten a sí mismas, en otras palabras, que degraden sus estructuras axiológicas en lo espiritual y en lo físico se droguen o decidan constiparse hasta perder el conocimiento. La contracara de la libertad es la responsabilidad. Es posible lo apuntado pero nada se gana (y mucho se pierde) que los que conservan el sentido de autoestima sean manejados como muñecos por el poder de turno. En todo caso, aquellos que sienten que sus vidas y haciendas deben ser administradas por otros, en lugar de apoyar al comunismo y equivalentes pueden designar tutores o curadores sin afectar a quienes conservan su dignidad.
En resumen, las ideas no son susceptibles de venderse, se trasmiten lo cual resulta en un proceso bien distinto. Y esto no solamente por lo manifestado en cuanto a las características propias de la comercialización sino, como decimos, debido a que, en el caso de las ideas liberales, se desconoce por completo el resultado o producto final que se propone adoptar. En este desconocimiento radica lo atractivo, lo desafiante y lo gratificante del progreso propiamente dicho.
Tampoco es apropiado sostener que a las ideas liberales le hace falta marketing puesto que, en rigor, un aspecto clave de esa disciplina consiste en detectar lo que demanda la gente al efecto de ofrecer lo requerido. Por el contrario, en el caso considerado, por más paradójico que resulte, la idea liberal debe operar en dirección opuesta al mercado (gran cantidad de gente demanda socialismo) para preservar el sentido mismo del mercado que desaparecería si prevalecen las ideas socialistas.
Por último, volviendo al otro sentido de la venta de ideas que mencionamos marginalmente al comienzo de esta nota en cuanto a que para una persona de integridad, autoestima y digna los valores no son negociables…porque como ha dicho Al Pacino en Perfume de mujer “no hay prótesis para el alma”.
* Académico asociado del Cato Institute y Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.
http://independent.typepad.com/elindependent/art%C3%ADculos-de-alberto-benegas-lynch-h.html
http://www.elcato.org/otro-aspecto-sobre-la-venta-de-ideas

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domingo, 27 de enero de 2013

MANUEL HINDS *, LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Y LAS TIRANÍAS, CATO INSTITUTE, FUENTE TABANO INFORMA

En El Salvador, el candidato del FMLN Salvador Sánchez Cerén ha llamado a modificar la Constitución en las cláusulas que especifican la forma de gobierno que prevalecerá en el país, para "convertir a nuestro país en una democracia participativa". 
Al usar estas dos palabras, "democracia" y "participativa", el candidato quiere dar la impresión de que no sólo es democrático sino que además desea que el pueblo participe más directamente en la conducción de los asuntos del país. 
Aunque el candidato no lo ha dicho explícitamente esta vez, en otras ocasiones en las que el FMLN ha hecho esta misma propuesta ha detallado que lo que pretende es establecer mecanismos de consulta popular similares al referéndum, que se usa en varias democracias europeas. 
Cualquiera que no conociera el trasfondo latinoamericano pensaría que lo que quiere el FMLN es introducir un toque europeo en nuestra legislación. En la realidad, como él mismo se ha encargado de anunciar de viva voz, lo que el candidato quiere es establecer en el país una dictadura populista similar a las que ahora oprimen a Cuba y a los países del Alba. En estos países la población no participa en nada. 
Con diferente grado de descaro (Cuba más descarada, los otros manteniendo una pretensión de ser democráticos), en todos estos países todas las decisiones importantes las toma un caudillo rodeado de un grupo de incondicionales. Entonces, ¿de dónde viene el interés del FMLN y sus equivalentes en estos países de establecer mecanismos de consulta popular?
El interés ha provenido de una contradicción entre lo que ellos desean y el marco jurídico de los países latinoamericanos. El objetivo de estos partidos ha sido cambiar las constituciones para permitirse a sí mismos perpetuarse en el poder. 
Un obstáculo clave en el logro de este objetivo ha sido que, por naturaleza, las constituciones que resguardan la democracia y la seguridad jurídica son difíciles de cambiar. 
El diseño de las constituciones ha sido así de hecho precisamente para resguardar la seguridad jurídica y los derechos fundamentales que dan soporte a la democracia. Estos derechos no valen nada si cualquier caudillo, de los que abundan en Latinoamérica, puede eliminarlos a voluntad. 
Es para eliminar este obstáculo que todos los países del Alba han introducido los mecanismos de consulta popular. Esto les proporciona un mecanismo que permite hacer cambios fundamentales a la Constitución en cualquier momento, alegando que es el pueblo mismo el que lo ha decidido. Y lo han usado de esta forma. 
Cada una de las reformas fundamentales que han traspasado el poder del pueblo a los tiranos ha sido precedida de una consulta popular que le ha permitido hacerlo. De esta forma, los referéndums se han convertido en mecanismos para destruir, no construir la democracia.
Pero, ¿no legitima la consulta misma esas transferencias del poder a los tiranos? ¿No consiste la democracia en que los pueblos pueden hacer lo que quieran? Hay un problema básico con esta interpretación de lo que es la democracia. El régimen democrático no es sostenible si sólo consiste en el control de la política por parte de la mayoría. Si esto fuera así, el 51 por ciento de la población podría reducir a la esclavitud al otro 49 por ciento, destruyendo así la democracia. Es decir, la democracia necesita de algo más que el mando de la mayoría para ser sostenible.
La sostenibilidad requiere de la existencia de derechos individuales. Estos derechos incluyen la libertad, que no es ni debe ser renunciable, ya que su ausencia destruye a la democracia misma. En los países europeos en los que existe el referéndum nunca se ha usado para eliminar estos derechos. Eliminarlos es el propósito explícito del FMLN, como las declaraciones del mismo candidato en el sentido de emular a Cuba y Venezuela han vuelto evidente. Parte de la emulación es usar instrumentos democráticos para eliminar la democracia, que es el propósito de proponer los referéndums en el país.
* Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 24 de enero de 2013.
Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"
http://www.elcato.org/el-salvador-la-democracia-participativa-y-las-tiranias

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martes, 15 de enero de 2013

GABRIELA CALDERÓN, BETANCOURT Y RANGEL, CATO INSTITUTE

Mientras escribo estas líneas hay una colección de mandatarios y representantes de mandatarios en Caracas para respaldar la ejecución de un golpe de Estado, planificado desde La Habana. Esto viene sucediendo en Venezuela desde hace más de una década, pero el fallo del Tribunal Supremo de Justicia de esta semana es de tan alto calibre que ahora sí es innegable que en Venezuela no queda ya vestigio alguno propio de una república democrática.
Esto ocurre en la tierra de quien el historiador mexicano Enrique Krauze considera "la figura democrática más importante del siglo XX en América Latina: Rómulo Betancourt" y en la tierra de Carlos Rangel, autor del que probablemente es el mejor libro que se ha escrito sobre al historia contemporánea Latinoamérica: Del buen salvaje al buen revolucionario.
Esta no es la primera vez que los Castro pretenden utilizar a Venezuela para su objetivo de internacionalizar "la revolución". La primera vez fracasaron porque se enfrentaron a alguien como Betancourt. Pero Venezuela no estaba a salvo de intentos en el futuro, pues luego vino lo que Krauze denomina "la segunda invasión", que sería "consentida y concertada entre Chávez y Fidel".
Krauze en su libro El poder y el delirio (Tusquets, 2008) reconoce cómo Betancourt defendió a la democracia en Venezuela de conspiraciones militares de derecha y de izquierda. Primero, luego de escapar considerablemente herido el atentado contra su vida orquestado por el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, siguió determinado a luchar porque el gobierno de Trujillo sea expulsado de la OEA, organización que Betancourt se imaginaba como un club de repúblicas democráticas.
Betancourt, un marxista convertido en socialdemócrata por su aversión al militarismo y a la sumisión de los marxistas a los designios de la URSS, era odiado por la izquierda radical y por los militares (de izquierda o de derecha). El biógrafo de Betancourt, Manuel Caballero, indica que "Betancourt demostró que los militares podían ser mandados por los civiles... Metió al ejército en cintura, y eso no se lo perdonan". El historiador inglés Hugh Thomas dijo que "hay dos vías en Latinoamérica, la de Betancourt y la de Castro".
Viendo el espectáculo de esta semana en Caracas uno pensaría que falló la democracia, pero no, en realidad no se le permitió triunfar al no ser complementada con un sistema económico liberal. Rangel explicaba que el modelo económico basado en "concesiones populistas, cada vez más onerosas, a actividades no productivas" –posibles solamente cuando el precio del petróleo es alto deriva en un colapso de la economía que muy probablemente arrastrará las estructuras de la democracia.1 En 1980 Rangel advirtió que algo estaba fundamentalmente mal con el modelo de desarrollo del país si a pesar de contar con abundantes recursos, se encontraban en medio de una crisis. Dijo que "viene, pues, de muy lejos la pasión estatista e interventora de los gobiernos venezolanos, y también la costumbre de que la función pública sirva para enriquecerse. Pero en el camino, esas dos tradiciones se han agravado monstruosamente por dos factores nuevos: el socialismo y el petróleo".
El daño ya está hecho. Le corresponde a las próximas generaciones de venezolanos restaurar las instituciones democráticas que fundó Betancourt y blindarlas con las políticas económicas liberales que recomendó, sin ser escuchado, Rangel.
1 Rangel, Carlos. "La democracia en Latinoamérica". ElCato.org. 10 de enero de 2013.
Editora de ElCato.org
Cato Institute
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sábado, 10 de noviembre de 2012

GABRIELA CALDERON DE BURGOS, ¿CREACION DE EMPLEOS O DE RIQUEZA?, CATO INSTITUTE,

Las políticas públicas suelen ser evaluadas en base a cuántos empleos generan. Puede que difieran sus propuestas en cómo lograr ese incremento en el empleo, pero todos los candidatos presidenciales comparten el mismo objetivo y son muy dados a repetir eslóganes como ‘No hay mejor política social que el empleo’. 

Los gremios empresariales también suelen argumentar sus posturas en base a empleos creados o destruidos. Sin embargo, ¿debería ser el trabajo el objetivo de la actividad económica?

El economista Dwight R. Lee indica que “es fácil olvidarse de que crear más riqueza es lo que en realidad queremos lograr, y los empleos son simplemente un medio para obtener ese fin”. Lee explica que tanto políticos como empresarios tienden a promover sus intereses personales a expensas de la creación de riqueza, si pueden hacerle creer a la gente que la creación de empleos es el objetivo. Por ejemplo, los políticos y ciertos productores locales suelen aliarse para promover las restricciones a las importaciones como una medida que protege y promueve el empleo.
Hay una anécdota que va así: A Milton Friedman lo llevaron a ver un masivo proyecto de infraestructura en China. Miles de trabajadores con palas estaban construyendo un canal. Friedman asombrado preguntó por qué no había ni una sola excavadora o equipo mecanizado para mover la tierra y un funcionario público respondió: “Las palas crean más trabajo”. Friedman respondió: “Entonces, ¿por qué no usar cucharas en vez de palas?”. Esto sería hacer menos con más trabajadores, crearía más empleo pero destruiría riqueza.
Russell Roberts, de George Mason University, explica que el camino a la prosperidad es “hacer más con menos”, esto es, aumentando la productividad, algo que inicialmente puede que no resulte en más empleos. Roberts toma como ejemplo lo que ha sucedido con la banca luego de que se adoptó la tecnología de los cajeros automáticos, o con la industria de textiles que ahora es 120 veces más productiva que hace medio siglo.
Esto implica que inicialmente se da lo que Joseph Schumpeter denominó como “la destrucción creativa”: se destruyen empleos, empresas y procesos de producción existentes y se los reemplaza con empleos, empresas, máquinas y procesos más productivos. Todo esto resulta en que los productos y servicios sean cada vez más baratos y los consumidores cada vez tengan que trabajar menos horas para obtener un ingreso que les permita consumir lo que desean. De esta manera, estos trabajadores tendrán un mayor ingreso disponible para demandar otros productos y servicios que antes ni se concebían. Y cada uno de esos nuevos productos y servicios genera una cadena de productos y servicios complementarios. Solo imagínense que además de los 43.000 empleos que Steve Jobs creó en EE.UU. y los 700.000 que creó en el extranjero, él generó muchísimos más empleos en programación, diseño de páginas web, diseño de aplicaciones, mantenimiento de equipos y demás servicios que se complementan con cada una de sus invenciones (iPod, iPad, iPhone, etcétera).
Por supuesto que los empleos no tienen nada malo per se. El problema es que cuando se considera a la creación de trabajos como el fin de una política pública podemos llegar a respaldar toda clase de iniciativas que destruyen la riqueza en lugar de crearla.

gcalderon@cato.org

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sábado, 18 de agosto de 2012

AXEL KAISER, SER LIBERAL, CATO INSTITUTE,


CATO Institute - 16-Ago-12 - Opinión
http://www.elcato.org/ser-liberal
Ser liberal
por Axel Kaiser *
Ser liberal consiste en reconocer en cada persona igual dignidad, lo cual solo es posible cuando se acepta que cada uno de nosotros es el juez supremo de sus fines y que por tanto puede perseguir su propia concepción del bien. Ser liberal consiste así en permitir a nuestros semejantes perseguir sus fines aun cuando lo que hagan nos parezca indecente o desagradable. Un liberal rechaza la idea de que pueda ser conocida una verdad absoluta a través de la razón, asumiendo en cambio que todos somos falibles y por tanto incapaces de determinar con certeza qué es mejor para los demás.
Más aún, un liberal cree que incluso si fuera posible adquirir tal conocimiento, nada nos daría el derecho a imponer por la fuerza un determinado curso de acción sobre otro individuo. El liberal cree que ser libres implica tener la opción de equivocarse, de pecar y de arruinar nuestras vidas si así lo deseáramos. El liberal también cree que cada uno es responsable por las consecuencias de sus actos y que por tanto no puede coaccionarse a terceros para aliviar los efectos de dichos actos ni de situaciones derivadas de la mala suerte. Pues en el minuto en que aceptamos que podemos utilizar la fuerza sobre otro para satisfacer necesidades ajenas, estamos privando a ese otro de su dignidad convirtiéndolo en un instrumento para fines que no son los suyos.
La libertad no se entiende por tanto como un poder real de hacer ciertas cosas, sino como la posibilidad de perseguir nuestros fines sin estar sujetos a coerción de terceros y sin instrumentalizar a terceros para que nos provean de los medios materiales que nos permitan alcanzar nuestros fines. El liberalismo constituye así un rechazo radical a la idea de esclavitud. De ahí que el auténtico liberal no respalde amplias políticas redistributivas realizadas desde el Estado. Pues estas se sustentan en la coacción sistemática sobre un grupo de la población que es violentamente confiscado de los frutos de su trabajo para satisfacer necesidades ajenas.
Para los realmente desvalidos, el liberal cree en la bondad y filantropía privada mucho más que en el puño del Estado. Esta visión optimista y realista sobre el espíritu solidario y creativo del ser humano, refuerza en el liberal la idea de que siempre es preferible privilegiar los arreglos voluntarios de las personas al uso de la violencia. Pues los pobres, para esta visión confirmada por la evidencia, son personas libres dotadas de una enorme capacidad de auto superación e ingenio la cual es destruida cuando se les trata y concibe como incapaces por la clase política. En consecuencia, el auténtico liberal rechaza la idea de que para ser libres se requiera de cierto nivel de riqueza. Pues un esclavo que es bien mantenido por su amo no deja de ser menos libre por el hecho de llevar una vida materialmente cómoda, que una persona que, a pesar de sus privaciones materiales, es su propio señor.
En suma, el liberalismo es la opción por la dignidad humana, por la tolerancia y por permitir el desarrollo de las fuerzas creativas y solidarias del espíritu humano, la cuales  se encuentran en el origen de la prosperidad universal.
* Axel Kaiser es investigador del Instituto Democracia y Mercado (Chile) y columnista de ElCato.org. Axel obtuvo el primer lugar en nuestro primer concurso de ensayos, Voces de Libertad 2008.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario Financiero (Chile) el 10 de agosto de 2012.
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lunes, 30 de julio de 2012

VICTOR PAVON, ESCANDALOSA ARBITRARIEDAD EN EL MERCOSUR



Tábano Informa

CATO Institute - 26-Jul-12 - Opinión

http://www.diariocastellanos.net/6047-Golpismo-educativo.note.aspx

Escandalosa arbitrariedad en el Mercosur

por Víctor Pavón *

Para los defensores del ex presidente Lugo la reciente suspensión del Paraguay del Mercosur fue una decisión correcta tomando en cuenta a lo que ellos dominan como golpe parlamentario. Pero se equivocan. La suspensión de Paraguay no solo está fuera del orden jurídico sobre el cual se sostienen los estados en sus relaciones internacionales, sino también fue una verdadera bofetada a todos los paraguayos, por lo que no resulta raro ver y escuchar la manifiesta indignación que sentimos gran parte de la ciudadanía por la forma en que se procedió contra nuestro país. Además, muestra en su real dimensión cómo algunos compatrioras pisotean el tesoro más preciado que tenemos desde aquella memorable fecha de nuestra independencia.

Es bueno que los paraguayos no nos olvidemos que la independencia patria no fue solo un acto de emancipación de España. Fue, además, un gesto memorable por el cual nuestro padres fundadores concibieron una nación cimentada bajo los designios de una genuina República, dispuesta nunca más a aceptar que las cadenas que rompíamos con España no fueron posteriormente utilizadas para encadenarnos al Imperio del Brasil y a la Argentina. De ahí que esta suspensión del Mercosur no solo tiene ribetes políticos y jurídicos a los que me referiré más adelante.

También muestra que persiste en la actualidad el intento de los malos gobiernos, en este caso los actuales que represetan o mejor dicho mal representan a los intereses de los brasileños y los argentinos. La suspensión no ha sido otra cosa que la reiteración de las antiguas pretensiones de convertirnos en una provincia fundada en los execrables fundamos del colonialismo que alguna vez imperó en el Paraguay, y que hoy algunos compatriotas pretenden reeditarla, siendo acertado el calificativo de legionarios para identificar a aquelos paraguayos que se dicen patriotas pero están dispuestos a vender a la patria a los intereses extranjeros con tal de lograr sus propósitos polticos coyunturales.

La suspensión de Paraguay del Mercosur que permitió el ingreso de Venezuela al bloque regional, contiene un elemento sustancial que no puede pasar desapercibido. Ese elemento se encuentra en el modo arbitrario en que actuaron los presidentes Cristina de Argentina, Dilma de Brasil y Pepe de Uruguay.

Para comprender lo que hicieron estos presidentes, vamos a apelar a la Real Academia Española (RAE) La expresión arbitraria se aplica a la persona que actúa solamente basándose en su voluntad o capricho y no en la razón, la lógica y la justicia. Y fue así como actuaron Cristina, Dilma y Pepe.

Ellos sabían que únicamente haciendo uso de la arbitrariedad harían ingresar al bloque al mandatario venezolano, Hugo Chávez. No tenían otro modo. Desde hace tiempo que nuestro Congreso estaba bloqueando el ingreso de Venezuela, en decisión soberana con acuerdo a nuestra Constitución. El Tratado establece, en efecto, que aquel país que desee ingresar al Mercosur deberá contar con la aprobación unánime de los Estados Partes.

Analicemos ahora el argumento expuesto y los mismos hechos. ¿Cuál fue la causa por la que se suspendió a Paraguay, según Cristina, Dilma y Pepe? Alegaron en todo momento la expresión “ruptura del orden institucional” al que hace mención el Protocolo de Ushuaia I.

Esta ruptura se refiere a que el ex presidente Lugo no tuvo el suficiente tiempo para defenderse. ¿Pero dónde dice en la Constitución Nacional del Paraguay que la defensa en el juicio político debe ser de cuatro horas o de dos días? En ninguna parte. No existe norma legal que la establezca.

Además, a los presidentes Cristina, Dilma y Pepe ¿no les llamó la atención o la curiosidad de tomar en cuenta la contundencia del voto en el Senado? En cualquier país donde se realice un juicio político, la amplía mayoría de 39 senadores a favor y 4 en contra es un hecho sumamente relevante, sobre todo cuando el ex presidente Lugo tuvo la oportunidad de la defensa y fueron sus mismos abogados los que dieron su consentimiento de dar por terminados sus alegatos incluso antes de cumplirse el plazo que se les había asignado.

A Cristina, Dilma y Pepe no les interesó igualmente lo que dijo la Sala Constitucional de la Corte Suprema. Con referencia al “poco tiempo” asignado a la defensa del ahora ex presidente, los jueces del más alto tribunal dijeron que el juicio político no es un juicio ordinario como el que se realiza en el ámbito judicial. En consecuencia, fue la Corte Suprema la que determinó que el Congreso actuó de acuerdo a sus facultades.

Tampoco esto les detuvo a Cristina, Dilma y Pepe. Para ellos, por lo visto, también las decisiones de la Corte Suprema son ilegales en el Paraguay, así como las del Senado. La verdad es que Cristina, Dilma y Pepe estaban en otra cosa. Deseaban tanto que ingrese Chávez en el Mercosur que no tuvieron disimulo alguno para pisotear al Paraguay.

Para sellar la sentencia de suspensión contra el Paraguay, tampoco consideraron el artículo 4 del Protocolo de Ushuaia I que exige las consultas pertinentes con el Estado afectado. La “suspensión” de Cristina, Dilma y Pepe no significa que el Paraguay ya no forme parte del Mercosur; por tanto, el ingreso de Venezuela es absolutamente ilegal e ilegítimo, viciado de arbitrariedad, pues aún no ha culminado el trámite legislativo para legitimar el ingreso de aquel país.

La suspensión “temporal”, ilegal y arbitraria, que condena a Paraguay fue aprovechada por Cristina, Dilma y Pepe para disponer el ingreso definitivo de Venezuela como miembro pleno del bloque. Esta es una muestra evidente de la arbitrariedad con la que se atreven a actuar los presidentes que empiezan a despojarse del control para tornarse despóticos, de manera a erosionar los cimientos del Estado de Derecho.

Ha sido tan evidente la arbitrariedad, sinónimo de capricho e injusticia, que ocultarla sería como querer tapar el sol con la mano. Y esto no se puede hacer y no lo vamos a aceptar, más aún cuando habemos muchísimos los que no nos consideramos sumisos abyectos a los designios de proyectos unipersonales contrarios al real sentimiento de hermandad que une a los pueblos de Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay.

* Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Este artículo fue publicado originalmente en ABC Color (Paraguay) el 23 de julio de 2012.

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martes, 1 de mayo de 2012

AXEL KAISER *, JUSTA DESIGUALDAD, FUENTE CATO INSTITUTE

Nunca ha habido ni jamás habrá una sociedad de iguales en un sentido material. Y no la habrá porque los seres humanos somos únicos, es decir, desiguales en un sentido concreto. Cuando se permite que las personas actúen con libertad, el complejo conjunto de características que nos diferencian, sumado a factores como el azar, deriva en resultados necesariamente desiguales. De este modo, la desigualdad material es, en parte, la inevitable consecuencia de la diversidad  humana. Por ello el proyecto de lograr igualdad material solo puede intentarse destruyendo la libertad, conduciendo invariablemente a la tiranía y la miseria.

Pero tampoco es la igualdad material buena en sí misma. ¿Acaso es preferible un país en que  todos tengan muy poco en cantidades muy iguales a uno donde todos tengan mucho en cantidades muy desiguales? Lo que queremos es una sociedad sin pobres, no una sin ricos. Solo la envidia puede fundar una filosófia cuyo fin sea evitar que algunos se distancien aun si el sistema que permite ese distanciamiento lleva a todos a estar mejor. Si usted y su vecino son igualmente pobres y de pronto la instalación de una empresa en el área en que viven lo enriquece a usted, pero a su vecino mucho más, y usted, en lugar de alegrarse por el éxito de ambos, desea que el Estado —o algo— intervenga para quitarle a su vecino la diferencia, entonces a usted lo que lo mueve es la envidia. Como explicó el sociólogo Helmut Schoeck en su clásico sobre este tema: "el tipo del envidioso no es un ladrón en beneficio propio. Este quiere ver al otro robado, expropiado o dañado sin ver una transferencia de esos bienes a sí mismo...

El envidioso cree que si el vecino se quiebra una pierna, él mismo va a poder caminar mejor". Pero más interesante aún, el ex catedrático de Yale agrega: "mientras más se le permite en una sociedad a los privados y a quienes detentan el poder político actuar como si la envidia no existiera, mayor será el crecimiento económico y las innovaciones" (Schoeck, Der Neid und die Gesellschaft).

Esto es así puesto que la políticas que buscan la igualdad material restringen la libertad y con ello la fuente del progreso. Según Schoeck, una clara manifestación sociológica de la envidia es el impuesto progresivo. Este se defiende sobre la base aparentemente ética de que es justo que los que ganan más paguen proporcionoalmente más. En realidad de lo que se trata es de una sanción a aquellos que son más exitosos, como si su ventaja fuera injusta por el mero hecho de existir. La desigualdad, sin embargo, cuando es el resultado del mercado libre jamás puede ser injusta. Los resultados del mercado no se siguen de voluntad singular alguna y por tanto no pueden ser calificados de injustos. No cabe la aplicación de enunciados éticos a fenómenos de naturaleza espontánea.

El juicio en torno a la justicia o injusticia de lo que los individuos poseen solo puede realizarse caso a caso. Ahora bien, bajo reglas de mercado competitivo, la desigualdad  material resultante tiene necesariamente su origen en: a) decisiones individuales libres motivadas por la búsqueda del propio interés y, b) el beneficio que, en ese marco, quienes poseen más han generado a quienes poseen menos. Esto último es tan crucial como ignorado. En un mercado libre y competitivo, la única forma de hacerse rico es satisfaciendo las necesidades ajenas. Esto explica el enriquecimiento general que se produce bajo condiciones de libertad. En ese esquema, aquellos cuyo esfuerzo e ingenio les permite crear los mejores productos al menor precio, serán quienes más beneficiarán a la población y en consecuencia también los más ricos —los rawlsianos pueden estar traquilos—.

De todo lo anterior se sigue que la injusta desigualdad es aquella en que la ventaja material de algunos deriva de alguna forma de confiscación arbitraria: fraude, monopolios, privilegios estatales, inflación, impuestos transferidos a grupos de interés, etc.  Y de esa, sin duda, hay bastante en el mundo.

* Investigador del Instituto Democracia y Mercado (Chile) y columnista de ElCato.org. Axel obtuvo el primer lugar en nuestro primer concurso de ensayos, Voces de Libertad 2008.

http://www.elcato.org/justa-desigualdad

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