BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA

domingo, 16 de marzo de 2014

SIMON GARCIA. REPENSAR LA LUCHA.

             El Estado se ha convertido en un peligro para la sociedad. No sólo por las consecuencias catastróficas que su gestión le impone al país, sino porque ha recorrido unos grados más  en su oscilación desde el autoritarismo al totalitarismo. Su voracidad de control apabulla a la sociedad.
           
La actual élite de poder hace quince años conquistó en una competencia electoral el gobierno y desde entonces ha cumplido paso a paso una ruta ilegítima de apoderamiento de todo el Estado, con la excepción de los terrenos ganados por la oposición, política o electoralmente. Mediante una tecnología de dominación sofisticada ha logrado reducir drásticamente la libertad de expresión sin necesidad de tener un censor en cada medio de comunicación. En contra de todo precepto republicano, un solo hombre acapara las decisiones del poder judicial y dictamina sobre quién es o no ciudadano, la confiscación de bienes o el sistema de precios de la economía.
            Su proyecto, como en las maderas secas carcomidas lentamente por la polilla, erosiona sistemáticamente  a la democracia y no dejará de roerla hasta desmantelarla. En sus reglas está negado que la oposición sea un componente de la democracia y la protesta es un delito. Los cultores de la lucha de clases quieren una sociedad sin antagonismos y sin pluralidad.
            Precisamente porque enfrentamos un plan fundado en el odio, la violencia y la separación entre venezolanos, tenemos la obligación de agotar los medios pacíficos y constitucionales. No sólo por la necesaria vinculación entre lo que hacemos y el país que proponemos, sino también para cultivar la ventaja ética y la eficacia comunicacional que deben ser soportes de los nuevos atributos de un gran movimiento progresista y democrático. Sin ello no habrá ni fuerza ni opción verdaderamente alternativa.
            Los estudiantes han librando y ya han ganado una gran jornada. El vigor que ha tenido la protesta, su extensión y duración, los apoyos ciudadanos y las simpatías pasivas surgidas en la otra mitad del país sorprendieron en los dos lados de la polarización.  Ellos sacaron a flote la inconformidad mayoritaria represada en la sociedad, realizaron movilizaciones extraordinarias, manejaron con firmeza la avalancha represiva y los ilegales grupos paramilitares no los atemorizaron, contribuyeron a develar el desprecio gubernamental por los derechos humanos internamente y en el exterior. Hubo un costo, indignante y doloroso.
            En esta fase, parece obvio que el conjunto del movimiento, especialmente los líderes estudiantiles, abran un debate sobre cómo mejorar la continuación de las luchas en la calle y los modos de llevarla a otros espacios, sumar nuevos apoyos y conectarlas con demandas sentidas por el ciudadano común, al margen de su inclinación política. Los médicos señalaron un excelente ejemplo al marchar por la defensa de sus pacientes  y la atención al sistema público de salud.   
            El debate debe abordar la superación del radicalismo porque es una condición de éxito que el movimiento no termine en un callejón sin salida. El radicalismo reduce todo a un objetivo mayor y minimiza todos los demás logros. Tiene una visión única, mientras más extrema e inviable mejor. Genera aislamiento y obstaculiza el objetivo de acercar a quienes todavía nos observan con desconfianza o con los prejuicios de la vieja confrontación. El radicalismo conduce al foco y a la glorificación de actos minoritarios.
            La agenda de ese debate existe. La está dictando la necesidad de aumentar la capacidad de respuesta ante los efectos del golpe económico que el gobierno le va a asestar al pueblo en los días que vienen. Y ante la escasez de libertad, que no es un tema menor.
Simon  Garcia
@garciasim

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EUGENIO MONTORO, CÓMO HACER EL QUÉ

         Aclaremos el título pues nos parece enredado. Lo que pretende decir es que cuando queremos hacer algo tenemos el “qué” y luego el método para lograrlo es el “cómo”.
        
La historia de la humanidad es la repetición de estas dos palabras que son la clave entre el éxito o fracaso de cualquier proyecto.
         Por ejemplo, Simón Bolívar se empeñó en sacar el dominio español de tierras suramericanas (eso fue el qué) y organizó y lideró una guerra de muchos años para lograrlo (eso fue el cómo). Tuvo un gran éxito y pasó a la historia como libertador.
         Adolfo Hitler se propuso conquistar Europa (el qué) y lideró una guerra tremenda para lograrlo (el cómo). Fue derrotado y pasó a la historia como un sanguinario criminal.
         Los resultados obtenidos al definir el qué y actuar sobre el cómo indicarán lo bueno o malo del asunto.
         Si el hijo se gradúa de ingeniero la madre sugerirá al padre de regalarle un carro nuevecito (el qué). El orgulloso padre se mete en una deuda (el cómo) y sorprenden al retoño con un carro plateado.
         En otra familia ocurre lo mismo pero el padre propone algo bonito pero menos costoso (el cómo) y le compran un buen reloj.
         ¿Quién lo hizo mejor?. La respuesta está en los resultados. Si el carro nuevo es una deuda muy grande y la familia debe cambiar dolorosamente su forma de vida o si deben devolver el vehículo por no poder pagar las cuotas, pues esa fue una mala decisión.
         Al igual que en los hogares sucede en los Países. No es difícil que coincidamos en el “qué”. Combatir la pobreza, generar empleo, precios bajos de los alimentos, buenas carreteras, poca delincuencia, atención médica y educación gratuita y cosas por el estilo. Más diferencias ocurren en el lado del “cómo” realizar las cosas.
         En el caso venezolano el actual régimen gusta del comunismo y promueve las comunas, la centralización y control de la economía, de los medios, la producción y en general de todo. Sus opositores demócratas gustan más de la libertad de empresa, del mercado, de los medios y la descentralización. ¿Qué sería lo mejor?
         Hasta ahora los regímenes socialistas totalitarios han tenido muy malos resultados en lo económico y muy buenos en la restricción de libertad. Su tendencia es activar la emoción de los ciudadanos aún sin tener los recursos para resolver los problemas, así que no es casual que estemos llenos de deudas y tener una moneda que internacionalmente nadie quiere.
         La importancia por los resultados fue bien descrita por Abraham Lincoln. “Yo tomo decisiones usando mi mejor criterio. Si el resultado es bueno habrá sido una buena decisión, pero si es malo aunque bajase una corte de ángeles a demostrar que hice lo correcto nada cambiaría y el resultado seguiría estando mal”.
 Los malos resultados dicen que ya es hora de un nuevo gobierno (el qué) y eso lo va a lograr la mayor y más honesta fuerza de Venezuela: sus extraordinarios jóvenes (el cómo).      
Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es

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PEDRO CORZO, PERIODISMO SIN FRONTERAS

El periodismo es una profesión libre e universal, al extremo que una persona que sea capaz de expresar una idea con relativa coherencia, escrita u oral, está fungiendo en alguna medida como periodista, porque como dice el escritor Ramiro Gómez Barrueco, el periodismo es una de las pocas profesiones libres que existen en el mundo,  lo que motiva que sea aborrecida por aquellos que no quieren que se digan las verdades sobre sus actuaciones.

En Colombia funciona una organización que se llama Periodismo Sin Fronteras que dirige Ricardo Puentes Melo, un calificativo que debería regir el ejercicio del periodismo, porque entre los comunicadores no deberían existir fronteras ideológicas o físicas, en lo que respecta a la defensa de la integridad del mensajero y del mensaje.
Entre los periodistas debería haber una mayor solidaridad porque no hay comunicador que esté protegido contra la vesania de los poderosos,  gobiernos, políticos, empresarios o el crimen organizado, cuando la información afecta sus intereses.
Es preciso reconocer que la censura u otro tipo de peligro que enfrenta la libertad de expresión e información, no es una práctica exclusiva de las dictaduras, porque hasta en las democracias hay informadores y medios que se ganan la animadversión y a veces algo más, de los que mandan.
Regresando a Periodismo Sin Fronteras, el periodista e historiador Eduardo Mackenzie, acusa a las autoridades de Colombia, sin dudas un gobierno democrático, de intentar sistemáticamente  atemorizar al periodista Ricardo Puente Melo, porque según Mackenzie, desde que el presidente Santos asumió la presidencia, “mostró su mal humor e incluso una cierta brutalidad verbal, contra la prensa y los periodistas que se atrevían a cuestionar sus actuaciones”.
Otras democracias del continente, solo unas muestras de los muchos botones,  no tienen reparos en atacar a los periodistas que les incomodan.
En Argentina se da el caso de que hay manifestantes que salen a las calles con los rostros de los periodistas que critican al gobierno y también son fuertemente criticados en los medios oficiales, en Ecuador otra democracia electoral, la libertad de cuestionar el gobierno de Rafael Correa esta siempre amenazada y lo mismo pueden condenar a prisión al comunicador que dictar una fuerte multa en su contra, en Brasil ya van cuatro los periodistas asesinados este año por cumplir con su deber de informar y en Honduras desde el 2009 han muerto violentamente 32 periodistas.
Bajo el régimen de Hugo Chávez y Nicolás Maduro los espacios de libre información están casi extinguidos. Medios internacionales de prensa y periodistas extranjeros han sido expulsados, los comunicadores nacionales amenazados, los medios confiscados o las licencias de trasmisión canceladas.
En Cuba no hay libertad de expresión e información hace más de cinco décadas. Los medios están al servicio del estado y el trabajo periodístico se limita exclusivamente a comunicar lo que le indican, al extremos que los medios de la isla no reportan crímenes y hace muy poco tiempo empezaron hacer referencias a accidentes de tránsito.
Por otra parte es justo destacar que hay periodistas que son una amenaza a la libertad de expresión de aquellos que no piensan como ellos, sus conocimientos y talentos están al servicio  de quien les recompensan y no dudan  difundir falsas informaciones y atacar sin reparo a quienes consideran enemigos de lo que defienden.
El gobierno de La Habana ha marcado pauta  en formar una generación de políticos, agentes de inteligencia o seguridad, camuflados de periodistas que solo trabajan como desinformadores.
Un comunicador cubano puede ser diplomático en un país,  en otro espía y en un tercero un periodista trabajando para Prensa Latina,  una supuesta agencia de prensa que en realidad es un aparato de subversión y desestabilización al servicio del castrismo.
La dictadura cubana disfraza a sus agentes de periodista porque esa condición le facilita  el acceso a los medios.
Recientemente el politólogo boliviano Carlos Sánchez Berzaín denunció al diplomático cubano Rubén García Abelenda, quien fue agregado de Prensa en Madrid y después ministro Consejero de la Embajada de Cuba en su país, de escribir, usando un seudónimo, artículos periodísticos a favor de Evo Morales y  contra personalidades que están comprometidas con la democracia.
Para Sánchez Berzain, el diplomático García Abelenda podría usar como seudónimo el nombre de algún periodista vinculado al régimen de La Habana,  lo que ejemplificaría como el servicio diplomático cubano y  los de desinformación están estrechamente asociados.
El gobierno de Cuba por décadas ha usado el periodismo para desinformar y ha usado a los periodistas en numerosas ocasiones como espías, por eso aunque algunos crean que el totalitarismo insular está agotado, lo mejor que pueden hacer es prepararse para su próxima mordida.

Pedro Corzo
pedroc1943@msn.com
@PedroCorzo43

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RAFAEL UZCÁTEGUI, VENEZUELA: EL ECLIPSE DE LOS DERECHOS HUMANOS

Las historias mínimas de estos días en Venezuela, ocultas tras la madeja de sobreinformación digital sobre las protestas en las últimas semanas, dicen tanto como las terribles cifras muertos, heridos y detenidos en todo el país.

El pasado 28 de febrero, mientras cubría las protestas de Plaza Altamira en Caracas, fue detenida la fotorreportera de origen italiano Francesca Commisari junto a otras personas. Venezolana de Televisión, a los minutos, difundió la versión de que 8 extranjeros, “solicitados por terrorismo”, habían sido apresados en la “guarimba opositora”, citando un mensaje de la red social twitter del propio presidente Maduro.

A nivel internacional, no obstante, la información sobre la detención de una periodista extranjera cuando realizaba su trabajo tomaba otro matiz, generando un costo político demasiado alto para un proyecto basado, en buena medida, en su imagen internacional. Commisari no fue deportada, como se anunció en las primeras horas, y pudo recobrar su libertad plena 7 horas después. El resto de los detenidos no contaron con tanta suerte.

El testimonio de la fotógrafa es importante por varias razones. La primera, porque es difícilmente descalificable a priori por parte de los partidarios del oficialismo. Commisari, por lo menos hasta ese 28, era una entusiasta del proyecto bolivariano, tanto que la motivó a prestar su propia imagen en la campaña electoral presidencial del año 2012, cuando participó en la estrategia publicitaria “Si fuese venezolana votaría por Chávez”. Dos de las situaciones relatadas, vividas en carne propia por la italiana, se vienen repitiendo en muchas de las detenciones recientes en el contexto de manifestaciones. Francesca relata que en su ingreso al centro de privación de libertad se le acusó de ser detenida portando una bomba incendiaria tipo Molotov. Diferentes testimonios de personas detenidas y sus familiares, en varios puntos del país, también hablan del forjamiento de pruebas incriminatorias, como la obligación de tomarse fotos con determinada indumentaria (capuchas, por ejemplo) o al lado de objetos utilizados para la generación de protestas violentas.

El segundo hecho contado por la periodista es la incautación de su equipo de trabajo, cámara fotográfica y varios lentes “zoom” especiales, por parte de la Guardia Nacional Bolivariana, que tras la recuperación de su libertad no le fue devuelto. A los días, Commisari se percató que estaba siendo vendido a través del portal Mercado Libre, lo que denunció a través de su cuenta twitter.

Las organizaciones de derechos humanos como Provea o el Foro Penal, han denunciado este nuevo patrón aplicado contra las personas retenidas por pocos minutos o detenidas en el contexto de protestas: El robo por parte de funcionarios policiales, militares y paramilitares. Los manifestantes se han convertido en un particular “botín de guerra” en los últimos días. Los “tesoros” más disputados por los funcionarios son celulares y cámaras fotográficas. Incluso hay denuncias de cobro de “vacuna” para que los detenidos no sean víctimas de malos tratos o para que sean liberados.

02

Algunos afectos al gobierno venezolano han intentado justificar la represión contra las protestas en el país argumentando que las mismas se hacen contra un proyecto político que ha ganado no-sé-tantas elecciones seguidas. Si bien este es un dato, que no se puede desconocer, no es un valor positivo omniabarcante en sí mismo.

El fenómeno populista latinoamericano, a través de la historia, ha necesitado de la legitimación electoral para su proyecto de dominación. Para no irnos tan atrás en el tiempo, siempre hay que recordar que Alberto Fujimori, otra figura carismática y populista de la región, ganó tres elecciones seguidas con altísima popularidad, generando una cultura política que hasta hoy, a pesar de la condena por violaciones a los derechos humanos, sigue teniendo apoyo de amplias capas de la población peruana, como lo demostró la altísima votación recibida por su hija, Keiko Fujimori, en las últimas elecciones. ¿Son más inteligentes los votantes venezolanos que los peruanos? No. El apoyo a proyectos autoritarios tiene disímiles explicaciones según el contexto. Al igual que durante el gobierno bolivariano de Hugo Chávez, fue durante el mandato de Alberto Fujimori que fue creada la figura de la Defensoría del Pueblo. Sin embargo, la diferencia entre el primer defensor del pueblo peruano, Jorge Santistevan y la actual defensora del pueblo Gabriela Ramírez (en el cargo desde el año 2007), son abismales. A pesar del evidente autoritarismo, entre los años 1996 y 2006 Santistevan se involucró en las denuncias más graves y complejas sobre los abusos y arbitrariedades estatales, algunos políticamente inadecuados para un funcionario “complaciente”, como el impulso a la comisión que propuso la liberación de presos inocentes que habían sido sentenciados por terrorismo sin prueba alguna en su contra.

Aquella Defensoría del Pueblo se puso al frente de los informes de violaciones al derecho a la vida cometidas por el ejército –que fueron cruciales años después como insumo para la Comisión de la Verdad-; el impulso a la tipificación de la tortura como delito en el país; la investigación de las denuncias sobre esterilizaciones forzadas realizadas por el gobierno en zonas humildes, así como la creación de una cultura del reclamo frente a las instituciones públicas. Cuando la sociedad y organizaciones de derechos humanos del Perú calificaban a Fujimori como un “dictador” –especialmente tras la disolución del parlamento-, encontraban en la Defensoría del Pueblo un aliado para sus denuncias.

En Venezuela, un país en donde es fácil demostrar que no existe división de poderes, la actuación de la Defensoría del Pueblo es antagónica a la de su homóloga peruana. Gabriela Ramírez ha declarado abiertamente su militancia “chavista” y es un apéndice propagandístico del proyecto gubernamental.

En las protestas recientes ha amplificado la versión oficial que sostiene que existe un “Golpe de Estado” y que los excesos son atribuibles exclusivamente a los manifestantes. Ramírez ha encabezado una Fundación gubernamental que intenta difundir una sui generis “teoría crítica” de los derechos humanos, que pone el énfasis de responsabilidad de las violaciones en los actores privados empresariales y minimiza la del Estado, una propuesta que quizás tenía más sentido en la década de los 90´s bajo la ofensiva del neoliberalismo en el continente que hoy, cuando varios Estados –especialmente el venezolano- han recuperado su capacidad regulatoria y de atracción de capitales en la promoción del extractivismo.

Ramírez no sólo se niega a trabajar coordinadamente con las organizaciones de derechos humanos, sino que sistemáticamente las descalifica y miente sobre las propias denuncias recibidas por su despacho. En un contundente informe, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello ha refutado las falsas afirmaciones que realiza la Defensora en el espacio al cual dedica más tiempo en sus labores: El propagandístico. Los dislates de sus declaraciones han popularizado un dicho en las redes sociales venezolanas: “A la Defensora le falta Pueblo”.

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Cuando escribo esto suman 21 las muertes en el contexto de las recientes manifestaciones en Venezuela. Las tres primeras, que expandieron la indignación como un sarampión por todo el país, es suficientemente claro que son responsabilidad de funcionarios estatales (incluyendo en el lote los parapoliciales que han protagonizado la represión a manifestantes). Sólo la evidencia de decenas de fotografías y videos, así como la valentía del equipo de investigación del diario Últimas Noticias, logró que la Fiscal General de la República, quien había repetido versión de autoría material por “violencia fascista”, reconociera la responsabilidad del Estado en las violaciones al derecho a la vida.

Investigar de manera expedita y transparente todas y cada una de esos asesinatos, y sancionarlos con respeto al debido proceso, es una necesidad para la paz y concordia de los venezolanos. Sin embargo, y es terrible reconocerlo, no hay condiciones para ello.

Los muertos están siendo usados para proselitismo partidista. Los cuervos están volando muy alto en Venezuela.

Rafael Uzcátegui
@fanzinero

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JORGE RAMÍREZ FERNÁNDEZ, LA NUEVA VENEZUELA

     Estamos viviendo momentos trascendentales en Venezuela. Una importante porción del país tomó la decisión indeclinable de sacudirse definitivamente, sin pararse en las consecuencias, a un régimen genocida, delincuente y sin escrúpulos, pero también de pasarle por encima a una dirigencia rendida, entregada al enemigo y traidora a los intereses del pueblo. Pareciera que ese numeroso grupo de venezolanos insurrectos, con los jóvenes universitarios a la cabeza y con sus padres en la plena arena de la lucha, han internalizado aquellas terribles palabras de Louis Madelín, el biógrafo de la revolución francesa, cuando dice que: 

“A una nación le está permitido arrojar de su seno a los que sólo permanecen en ella para destrozarla.”

    
Se sabe que hablando no se aprende, que se aprende escuchando y observando a los que saben. A Nicolás Maduro le encanta hablar hasta por los codos y sobre todo oírse, tanto que se cita a sí mismo con frecuencia. Le fascina rodearse de gente mediocre y cretina. Allí están las claves de su brutalidad.

     Los Castro le dan un guion que, para remate, entiende mal e implementa peor. Sin embargo, debemos agradecerle a Dios que dentro del mismo gobierno, los cuatro o cinco grupos que se reparten el poder se espían entre ellos y se conocen al detalle sus “pecados y “debilidades”, y en razón de ello no permiten que ninguno saque ventajas u obtenga cuotas de poder por sobre los demás. Pero la historia a través de los tiempos nos enseña que a nadie le gusta compartir el poder, y mucho menos en regímenes despóticos, autoritarios o tiránicos. Caín no lo pensó dos veces para asestarle un mortal carajazo a su hermano Abel, ni Rómulo para deshacerse de Remo. Así ha sido, así es y así será. Lo que está por explotar, explotará irremediablemente. Y a nadie le gusta hundirse si existe una posibilidad mínima de salvarse.

     Venezuela no merece seguir siendo mancillada por una casta de delincuentes privilegiados en exceso. Su condición delincuencial es reiterada cada día que pasa, y los vemos con el cinismo con el que quieren imponer un “diálogo” usando malsanamente una palabra cuyo significado desconocen: “Paz” 

Para dialogar con quienes hablan con la lengua de la falsedad y la boca del engaño mientras siguen reprimiendo y maltratando con brutalidad y desparpajo se requiere una falta de personalidad y un nivel extremo de sinverguenzura extremo. Sabemos que dentro del “liderazgo opositor” sobran personas con esas características.

     Cuando ese tipo de políticos cochinos, vendidos y traidores reciban el desprecio lapidario de la juventud y la población venezolana nacerá, de sus cenizas, una nueva Venezuela.

Jorge Ramírez Fernández
jorgeramirezfernandez@hotmail.com
@jorgeramfer

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sábado, 15 de marzo de 2014

CARLOS ALBERTO MONTANER, MADURO Y LOS CUBANOS

¿Qué hará Nicolás Maduro? Hará lo que le diga La Habana. Lo escribió Cecilia Valenzuela en diario El Comercio de Lima.
Es un hombre de Cuba. Ni militar, ni político, ni intelectual. Habla con pajaritos. Ve a Chávez pintado en las paredes. Se le traba la lengua, multiplica los penes y los disparates. Pero tiene a los cubanos.
¿Qué le recomendará La Habana? Obviamente, lo que le ha permitido a esa dictadura sobrevivir 55 años: matar, golpear, encarcelar, intimidar. Someter a la sociedad mediante el terror hasta convertirla en un coro afinado de súbditos que aplauden sus desventuras.
Ellos reprimen impunemente protegidos bajo una retórica impermeable: Leopoldo y María Corina son asesinos; la burguesía está pagada y entrenada por Estados Unidos.
Ellos defienden la democracia frente a las mafias. Así es la revolución. Un chorro turbio de palabras para ocultar la sangre derramada.
Los demócratas, entretanto, callan.
Solo protestan los sospechosos habituales: Óscar Arias, Luis Alberto Lacalle, Mario Vargas Llosa.
Unos pocos que no temen los vinculen a la CIA. Insulza, como los monos de la fábula, se tapa la boca, los ojos y los oídos. Pobre OEA.  Sin embargo, no creo esa historia de “avispas negras” cubanos llevados para matar opositores venezolanos. ¿Para qué? Si algo les sobra son asesinos locales.
Los cubanos en Venezuela asesoran, dirigen el control social o espían.
Su negocio es mantener la vaca lechera que anualmente les subsidia 13 000 millones de dólares.
Raúl ya no cree en colectivismos, pero sí en el poder. Luchará hasta el último venezolano.
Esa noticia sobre los “avispas” es para aterrorizar. Durante la Guerra de las Malvinas los ingleses difundieron que en la expedición irían ghurkas nepaleses, unos crueles guerreros que desorejaban y sodomizaban a los prisioneros antes de degollarlos. Finalizada la guerra se supo que nunca desembarcaron ghurkas en Malvinas. La mentira era un arma psicológica.
¿Por qué Maduro, Cabello y los militares están en manos de “los cubanos”? Porque, fragmentados en pequeñas tribus, tienen miedo. Cuba es quien sujeta esos pedazos. Los chavistas temen a los informes de inteligencia, las grabaciones telefónicas, la policía política cubana.
Y a la DEA, porque hay militares y políticos metidos hasta las cejas en el narcotráfico. Antes se reunían para conspirar. Ahora no, porque temen una delación.
Al menos también hay cubanos nobles. Me conmovió que Leopoldo López diera su discurso final a los pies de la estatua de José Martí.
Ése era de los buenos. Los “avispas” le hubieran disparado a la cabeza.
Carlos Alberto Montaner
carlosa.montaner@gmail.com
@CarlosAMontaner
www.elblogdemontaner.com



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ARGELIA RIOS, LA RESISTENCIA

El país que está en las calles es la expresión de una impotencia que perforó los límites de la paciencia
Al persistir con la violencia, el gobierno confirma que no ha comprendido la telúrica complejidad del reclamo popular. El país que está en las calles es la expresión de una impotencia que perforó los límites de la paciencia ante tantos años de ultraje. La naturaleza de estas protestas desborda la influencia de los radicales en las redes sociales; desborda a los estudiantes, a Capriles, a la MUD, a Leopoldo y a todo el reparto político venezolano, incluyendo al campo bolivariano. Lo que estamos presenciando parece algo distinto, novedoso; algo que no acepta comparaciones.

Mientras pasan los días, los rasgos de esta revuelta se distancian más del libreto de 2002 y de los otros tantos ensayados hasta ahora. Su esencia transpira una convicción que no repara en consecuencias. Lo que pareciera estar emergiendo al fragor del traqueteo de las metrallas, es una lucha de otro orden, carburada por un deber moral.
Si apartamos los nubarrones, podemos ver la insistencia de un paisaje emergente, en el cual las herramientas tradicionales de la política se enfrentan a un ajuste forzado y exógeno a ella: un reacomodo que procura adecuar esos mecanismos a las características inescrupulosas del régimen… Los indignados están convencidos de que una dictadura desacomplejada y envilecida no admite únicamente el empleo de métodos opositores convencionales. Todos ellos son considerados insuficientes, porque las instituciones del Estado bolivariano clausuraron todos los caminos para la canalización de las demandas ciudadanas.
La proscripción del debate civilizado -y su sustitución por las jaurías salvajes que entronizaron la vulgaridad y la ruindad en el lenguaje público- le está abriendo las puertas a lo que va configurándose como un movimiento de resistencia, decidido a reivindicar un sueño democrático y a trastornarle la tranquilidad al gobierno, desde donde ya se ha identificado el fenómeno. La terquedad de la protesta, que no está cediendo a la brutalidad de las balas, asoma una voluntad que no habíamos conocido y que ha tomado por sorpresa a toda la dirigencia del país: a la del PSUV, a la de los estudiantes, a la de la MUD y a los propios proponentes de “la salida”, que nada tienen que ver con la aparición de esta nueva dinámica.
De ese movimiento de resistencia civil brota una decisión cada vez más explícitamente principista: no los frustra la permanencia de Maduro en el poder, porque ello no es sino un motivo para continuar aturdiéndole la vida. 
En la lógica de ese giro profundo, si no hay paz genuina para Venezuela, tampoco la habrá para quien se la niega… Sin duda, otro actor en el tablero, otro ingrediente del violento caldo generado por un régimen empecinado en escarnecer a sus contrarios.

Argelia Ríos
Argelia.rios@gmail.com 
@Argeliarios

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REBECA PERLI, FEBRERO EN VENEZUELA

Con angustia nos preguntamos cómo pasará a los anales de nuestra historia este mes
Son muchos los acontecimientos ocurridos en Venezuela durante el mes de febrero a lo largo de la historia, pero, por analogía, me referiré solo a algunos de ellos.
12 de febrero de 1814: un puñado de valerosos jóvenes al mando de José Félix Ribas pusieron en jaque a las tropas de Boves en la heroica Batalla de La Victoria, de la que se están cumpliendo dos siglos.
Febrero de 1928: en el marco de la Semana del Estudiante nuestros jóvenes dieron nuevamente prueba de valentía al enfrentar la dictadura de Gómez. A pesar de que esto les costó prisión y torturas, lejos de servirles de escarmiento, fue un aliciente para seguir luchando contra la tiranía y motivar a otros jóvenes para que se unieran a ellos. Pasaron a la historia como la Generación del 28 que contó con tan insignes venezolanos como Rómulo Betancourt, Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba y Gustavo Machado entre muchos otros.
14 de febrero de 1936: protesta masiva de jóvenes, y de no tan jóvenes, en contra del decreto de censura a los medios de comunicación, impuesto por el gobernador Félix Galavís. Siguió una agresiva represión policial que no escarmentó a los manifestantes. El presidente López Contreras reflexiona, destituye a Galavís, retira la censura a la prensa y restituye las garantías constitucionales que habían sido suspendidas.
4 de febrero de 1992: intentona frustrada de golpe de Estado, con rendición, “por ahora”, del teniente coronel Hugo Chávez y los tres tenientes coroneles que lo acompañaban.
12 de febrero de 2014: manifestación de los jóvenes en su día, aupados por la población civil que solicita reivindicaciones por parte del gobierno.
Con angustia nos preguntamos cómo pasará a los anales de nuestra historia este mes de febrero.
Rebeca Perli
russoper@gmail.com

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LEANDRO AREA, UNIVERSIDAD Y DICTADURA

Me declaro convicto y confeso de un amor impagable por la Universidad Central de Venezuela, que convive con lo que más atesoro de mi vida. Y es que le debo tanto que me siento culpable y exigido a la vez por el mal que le hacen los que se creen victoriosos al quemar un pupitre o pisotear con desmanes de pandilla uno de los pocos baluartes que aún quedan de nuestra vitalidad democrática que se erige esquiva frente a las ambiciones del pensamiento único y del control militar de todo lo civil civilizado.

Corresponde esta tropelía a un torvo plan fraguado desde el gobierno que antes de gatear ya se había propuesto invadir y arrasar con los símbolos más profundos y prósperos del quehacer ciudadano para así cercenar nuestra memoria colectiva mientras levantaban el pudridero en el que se ha convertido la nación. 
Lo peor es que los ejecutores de esas acciones “revolucionarias” no han sido importados de otras latitudes. En su gran mayoría son, estoy seguro, malos hijos de ese vientre que es la universidad, en donde aprendieron a escribir y leer, y ahora cobran quince y último o son sus becarios repitientes, y de donde reciben seguro para hijos y padres enfermos. Tal desvergüenza se arropa en otra, que es que a los autores materiales y archiconocidos de esos eventos, se los convierte en héroes del padre mayor cuando los muestra en público, alabados y pagados en su cobardía ante los indefensos pero sumisos frente a los poderosos, o dejando en el limbo, arteramente, a través de los poderes públicos genuflexos, decisiones tomadas por el Consejo Universitario legítimo, pleno y soberano.
Pero hasta ahora no han podido aunque vayan por más; a qué dudarlo. Porque mientras avanzan y no pueden, ya que la gran mayoría los rechaza democráticamente, más se arrecian sus frustraciones en la cuneta de la que no pueden salir porque no tienen fuerza argumental, ideas, ni nociones siquiera. Son tan solo una bocanada de azufre. Entidades lacrimógenas, saboteadores, asustadores de oficio y paga, que encontraron camino para sentirse guapos y apoyados en el poder. Ya es tanto que ni capucha usan. Puede que se  conviertan en ministros como los de ahora.
No es suficiente comprender esta barbarie. Hay que pasar a más. No es solo la declaración y el volante a lo que los acontecimientos obligan. Es que debemos despertar de este bostezo y canalizar en acciones una emoción efectiva, que anda desparramada por la patria, que reúna en un río de fuerza contundente ese amor por la UCV; y que haga sentir que sus autoridades no están solas; los profesores, estudiantes, empleados, obreros, ella, tampoco, y sus principios éticos menos.
Tanto hemos vivido y aprendido en ese seno maternal que apoyar la majestad del recinto universitario no es sino un acto de justicia, dignidad íntima, orgullo ciudadano, sobre todo hoy en un país en donde casi todo, se ha convertido en botín y servidumbre. No la dejemos sola. No la perdamos íngrima. Demos todo por ella.
Leandro Area
leandro.area@gmail.com
@leandroarea

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LUIS VICENTE LEÓN, ¿ALCALDES REPRESORES? LA ABSURDA SENTENCIA DEL TSJ

El Tribunal Supremo de Justicia emitió una sentencia que ordena a los alcaldes de Baruta y El Hatillo actuar contra las barricadas y las guarimbas que ocurren en sus municipios, igualitas por ciertos a las que están activas en muchísimos otros municipios en todo el país.

Esta decisión luce tan conveniente para el gobierno que se hace evidente la posibilidad de que haya sido dictada por motivaciones políticas antes que constitucionales. Todo con la intención de presionar a esos alcaldes a reprimir las protestas de sus vecinos con armas de fuego —que, debo acotar, es lo único que tienen sus cuerpos de seguridad—; es decir: los obliga legalmente a incorporarse en la violencia represiva, incluso en niveles muy superiores a los que aplican los cuerpos de seguridad antimotines del Estado, entrenados y preparados con los instrumentos adecuados para esa misión como bombas lacrimógenas, unidades antimotines, ballenas y perdigones, elementos que no posee ningún cuerpo de seguridad municipal.

En dos palabras: la sentencia pone a los alcaldes a nivel de los colectivos armados, encargándole a ambos hacer el trabajo sucio.

Como he dicho muchas veces, rechazo las acciones de protesta violentas y considero que las barricadas y las guarimbas son, además, anárquicas, inútiles y masoquistas para la propia oposición.  Lo he dicho ya en este mismo espacio. Pero es una barbaridad ordenar a los alcaldes reprimir, con riesgo de balas y de muertes, a cualquier persona que queme un caucho o tire un colchón o un vestido de novia en la calle para trancar el tránsito.

Se sabe que hay algunos locos de carretera armados en barricadas focalizadas, pero si se refieren a la violencia real, a los disparos y las armas de verdad, quienes parecen  estar metidos hasta el cuello y servir de disparadores reales de las masacres son los angelitos paramilitares armados que vienen desde otros municipios y pasan frente a las fuerzas del orden del Estado, que deberían estar obligadas a actuar pero parecen estár entretenidas reprimiendo estudiantes, acción que les resulta más fácil en términos de órdenes superiores. Si no es así, ¿cómo se explica, por ejemplo, que fueran tan eficientes para evitar que los estudiantes salieran de la UCV a marchar pacíficamente hasta la Defensoría del Pueblo, pero curiosamente se le “escabulleron” los colectivos armados por entre sus piernas para entrar a la universidad a armar la sampablera? O, si es necesario otro ejemplo, ¿por qué actuaron con tanta cancha los vándalos que destruyeron la Torre Británica, si estaban en pleno epicentro de la concentración de los cuerpos antimotines que intentan —infructuosamente— controlar la locura en Altamira?

Esta orden que se le da a los alcaldes de “atacar” sólo puede ser producto de un error o de una estrategia deliberada para destruir los liderazgos opositores municipales, convirtiéndolos en chivos expiatorios de la crisis, comprometiendo y envenenando la relación con sus electores directos y colocándolos en el riesgo de ser inhabilitados o destituidos por desacato al TSJ, algo que luce empíricamente inevitable, ya que sería imposible que, con sus instrumentos disponibles, puedan llevar adelante cualquier acción adicional a dialogar con unos manifestantes que, ciertamente, están radicalizados y sordos.

Estamos hablando de una decisión que, como es usual, encaja perfectamente dentro de los intereses del chavismo, que previamente ya había iniciado una campaña abierta contra los alcaldes de los municipios opositores, acusándolos de fomentar la violencia y de incapacidad para garantizar la paz. Un monumento al caradurismo, viniendo de un gobierno que tiene encendido focos por todo el país sin lograr, ni siquiera con su represión fiera y desenfrenada, algo más que empeorar el problema cada día y contar muertos y culpas por decenas.

El actor entrenado, facultado, instrumentado y legalmente responsable de enfrentar motines y protestas extralimitadas, al parecer, pretende responsabilizar a los alcaldes de controlar y disolver las barricadas con sus exiguas fuerzas policiales que —repito, porque es importante— no están capacitadas ni dotadas para esa tarea. Y la amenaza de acusarlos de asesinos y violadores de derechos humanos casi es otra comiquita política, que daría risa sino fuera por el drama espantoso que el país está viviendo, mientras el gobierno dedica esfuerzos económicos, comunicacionales e institucionales en buscar culpables que le permitan desviar la atención de su propia responsabilidad e incapacidad para atender la crisis y resolver un conflicto, que en el fondo, tiene a su propia incapacidad como raíz.

Esta crisis sólo se resuelve con diálogo, negociación y rectificación. Pero esto es algo que, en efecto, parece mucho más difícil en Venezuela que conseguir un fallo del Tribunal Supremo de Justicia a favor de lo que el presidente quiera.

Ver que el TSJ le ordene a los alcaldes acabar con las guarimbas y las barricadas es exactamente igual a que le ordenen a los bomberos controlar los secuestros o a unos perros mucuchíes a dirigir el tránsito automotor.

Quizás hasta se animan, en un próximo amparo integrado y para ahorrar el papel que está tan escaso, a ordenarle a todos los alcaldes específicamente elegidos en la tarjeta de la MUD (a la que parece que tampoco le queda mucho tiempo) prohibir la inflación, el desabastecimiento, el desempleo, la inseguridad, la prostitución, la bebida, bailar pegado, el dengue y las enfermedades venéreas en todos sus municipios, porque es sospechoso que en las zonas opositoras se vean toda esa clases de problemas y perversiones.

Uno no puede evitar preguntarse si será que, en esa onda tan productiva y expedita del TSJ, deberíamos animarnos a pedir un amparo para que se oficie a los líderes del chavismo y de la oposición (bueno, entendiendo lo peludo que la tendrán los alguaciles para identificar quiénes son) y los encierre con llave en la sede de la Nunciatura Apostólica, con carácter de cónclave. Y que no salgan de ahí hasta que haya humo blanco alrededor de los acuerdos indispensables para rescatar la paz, la calidad de vida, el abastecimiento, la libertad de expresión, la división de poderes, el respeto a las minorías, el estímulo a las inversiones, la propiedad y la empresa privada, el control de la inseguridad, el castigo a la corrupción, la depuración del sistema judicial, la independencia de los jueces y el respeto al equilibrio electoral.

Ahora que estamos en un país donde todo lo que no está prohibido es obligatorio, ordene usted, señora magistrada, que mientras no lleguen a un acuerdo no salgan. Prohíbales, incluso, las visitas conyugales y cualquier merequetén intersectorial en la casa de Dios. Que no haya ni televisión por cable, para que no se amedrenten con la denuncia del espionaje en dos vías, ni whiskey, ni vino ni prosecco. Y que por cada día que pase sin acuerdos les ponga usted una penitencia: que se afeiten el bigote, que se quiten la gorra, que no se monten más en una tanqueta, que no puedan pescuecear más nunca en una tarima ni pedir “la salida”. Cosas así, digamos, que de verdad les duelan.

Aunque sea por desgate, le aseguro que resolvemos este rollo y comenzamos de nuevo a tener un país y no este campo minado donde si no nos mata un secuestrador, lo hace un radical o un policía. O, peor aún, nos termina matando la tristeza de perder, en esta maldición, a cualquiera de nuestros hijos.

Luis Vicente León
luisvicenteleon@gmail.com
@luisvicenteleon

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GERÓNIMO FIGUEROA FIGUERA, LAS BATAS BLANCAS Y LAS BATAS ROJAS, NUESTRA OPTICA

Lo que debió ser un día de paz y respeto por la salud de los venezolanos, se convirtió en una jornada mas de intolerancia y confrontación promovida por el gobierno de Nicolás Maduro. Religiosamente  desde hace mas de un centenario, el 10 de marzo por ser el día en que nació ese ilustre científico venezolano, Don José María Vargas, con cuyo nombre se bautizaron muchos hospitales en Venezuela, es la fecha que también se celebra El Día del Medico en nuestro país.   

El 10 de marzo como todos los años, los galenos venezolanos fueron convocados por sus organizaciones gremiales para salir a marchar con motivo del natalicio de J.M Vargas y a conmemorar El Dia del Médico Venezolano. Nuestros médicos egresados de las escuelas de medicinas reconocidas mundialmente, se concentraron en la Plaza Venezuela  con el propósito  de ir hasta la Vicepresidencia Ejecutiva en la esquina de Carmelitas de Caracas, para entregar un pliego de peticiones a favor del abastecimiento de insumos médicos para los hospitales y ambulatorios de todo el país, donde nuestros médicos trabajan con mucha voluntad  pero con pocos recursos.
Pero ese día, el gobierno de Nicolás Maduro, en vez de mandar efectivos policiales para resguardar la vida de nuestros médicos, siguió en la onda de la represión y la violación de los derechos humanos enviando un batallón de esbirros disfrazados de guardias nacionales y de policías nacionales, quienes armados hasta los dientes al estilo del Rambo Gringo, se pararon frente a nuestros médicos y les impidieron caminar por la ruta trazada, a pesar que la Federación Médica Venezolana con semanas de anticipación, tal como lo establece la Constitución Nacional,  había participado a la alcaldía de Libertador  que dirige Jorge Rodríguez, de la realización de la marcha.
En contraste con la marcha de los médicos venezolanos con batas blancas que usan como símbolos de curación de salud, y que son formados en  nuestras escuelas de medicinas en seis años de estudios y uno de ejercicio en la rural,   marcharon unos cubanos acompañados por algunos jóvenes venezolanos que supuestamente son médicos integrales, “graduados” en tres años en aulas no acondicionadas para ese tipio de docencia, y donde la mayoría de las clases impartidas es ideológica y activismo partidista para defender una supuesta revolución amenazada por el imperio norteamericano. 
Ahora bien, algunos enchufados dirán que nuestros médicos son apátridas y salieron a la calle cumpliendo órdenes del imperio para conspirar contra el gobierno de Maduro, pero la vaina no es así. Nuestros médicos que trabajan en los hospitales del estado, a pesar de ganar sueldos de hambre, que en algunos casos no llegan al salario mínimo, solo querían entregar un documento a Jorge Arreaza solicitando insumos para los hospitales, los cuales no tienen curitas, mercurocromo, gaza y alcohol, entre otras cosas.
Mientras en Miraflores los cubanos con batas rojas en presencia de Nicolás Maduro decían el mismo discurso con los calificativos de apátrida, derecha venezolana, agentes del imperio, golpistas y terroristas que les dicta literalmente la policía cubana, los médicos venezolanos que son formados con los valores de la paz para prestar servicio de salud a quienes lo necesiten, sin medir al partido que pertenecen ni que color de franela tiene puesta el paciente, declaraban a la prensa nacional y extranjera, que ellos solo querían conmemorar el natalicio del ilustre científico José María Vargas, y llamar la atención sobre el desabastecimiento de los hospitales y ambulatorios en toda Venezuela.
  Nicolás Maduro por un lado habla de paz y amor, pero al mismo tiempo ordena a los colectivos armados que ataquen a los estudiantes y a todo aquel que este manifestando su descontento con la inflación, la escasez, el desabastecimiento y la corrupción que azota a Venezuela. Los integrantes de estos colectivos pareciera que están entrenados para matar, actúan con mucha saña contra la población, y en la mayoría de las ocasiones disparan a la cabeza. Por lo tanto, en Venezuela no puede haber paz mientras el gobierno de Maduro mantenga un discurso de odio y exclusión que solo lleva a la confrontación.

Gerónimo Figueroa Figuera
geron2ff@yahoo.com
@lodicetodo
CNP: 569

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MERCEDES PULIDO, ¿NEGOCIACIÓN PARA QUÉ?

Si bien ha sido un largo mes de malestares, confrontaciones y abierta acción de lucha de libertades, no podemos olvidar que su origen se remonta al referéndum del 2007 donde claramente y con múltiples amenazas la mayoría reafirmó su compromiso con la libertad como norte de la convivencia. Asumiendo descaradamente que esa voluntad era descartable por la imposición de la fuerza, en siete años se han pisoteado principios para imponer lo que mayoría había rechazado. No es de extrañar que los "gases" del hostigamiento se hayan acumulado y estemos ante una realidad con fuerzas propias orientada a generar el camino que la ilusión del poder temporal distorsionó.

Ahora bien, las imágenes de la tremenda represión con la violación inaudita de la vida  nos llevan a comprender cómo hay dos lógicas en acción que parecen irreconciliables. Para la visión militar "las bajas humanas" no tienen rostros, todo se somete al cumplimiento o no del objetivo de la guerra. De allí no hay sino un paso para eliminar cualquier obstáculo mediante  medios lícitos o ilícitos  a lo que estorbe al mantenimiento de "mi orden público". La lógica   "civil" se sustenta en  la vida humana como  principio irrenunciable y por ello los derechos humanos tienen prioridad en toda confrontación social. Su desconocimiento deja huellas perennes limitando la construcción de un futuro y su fortalecimiento abre nuevas compuertas a la convivencia de la diversidad y la posibilidad de un tejido social con capacidad de ser iguales pero diferentes. La represión es inoperante en el marco de las aspiraciones legítimas de libertad, al  cerrar caminos sometiendo sin modificar conductas y mucho menos los principios o creencias que las sustentan, que nuevamente buscaran sus propios cauces.

De allí que no puede pensarse en diálogo para la negociación de las aspiraciones, sino tenemos claro qué es lo que está en juego.  Están en juego las libertades. Por lo que es  desconfiable toda propuesta que implique desconocimiento de los principios pisoteados desde el "referéndum del 2007 que en su momento fue calificado como "victoria pírrica".

Nuestra constitución como  marco del país, que asumimos y aspiramos construir, le otorga prioridad a la lógica civil, de allí que ciertos instrumentos no son los únicos, sea la separación de los poderes públicos para que exista capacidad en el debate de las diferencias y apertura de consensos confiables en las decisiones personales y colectivas, esenciales en la dinámica humana.

Del pasado aprendimos que toda negociación requiere ganar algo nuevo y perder algo que estorba con la finalidad de reconocer y superar la crisis que genera el "terremoto social".

Sin reconocer el "pecado original" en esta confrontación, son pocos los caminos que generen confianza para la nueva institucionalidad que está en juego. Pretender seguir imponiendo un modelo que a todas luces no se sabe para dónde va es desconocer el potencial de las aspiraciones humanas.

Mercedes Pulido
mercedes.pulido@gmail.com
@mercedespulido

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SAÚL GODOY GÓMEZ, DESTRUIR LA RACIONALIDAD,

Es como vivir un sueño absurdo, una pesadilla sin sentido de esas en que, cuando hablas, dices lo contrario de lo que querías expresar, donde todos los nombres de las cosas están cambiados y la gente hace lo contrario de lo que verdaderamente intenta. El gobierno de Chávez ya venía practicando esa ruptura con la racionalidad, su insistencia en que la suya era una revolución pacífica, pero armada, que todo lo que hace lo hace por amor, que su gobierno es humanista, cuando la verdad, en la calle, era otra muy distinta.
La historia está llena de estas situaciones que sólo son estrategias de los gobiernos totalitarios para dominar a sus poblaciones, desestabilizando su proceso racional de pensamiento para crear cortocircuitos, confusión e imposibilitar la comunicación, dejar al colectivo en indefensión ante las acciones violentas y las mentiras del régimen; es parte de lo que se conoce como guerra psicológica, sumir al enemigo en caos mental, de modo que no tenga defensa contra lo que se dice y hace.
Chávez actuaba destruyendo la propiedad privada, atacando a la familia como unidad básica de la cohesión social, a la iglesia como institución fundamental, a las empresas como motores productivos, y al comercio como forma de intercambio de bienes, siempre con la Constitución en la mano, diciéndonos en sus cadenas infinitas que las invasiones, los cierres de empresas, los robos de haciendas, eso era lo que decía la ley, cuando la verdad era todo lo contrario.
Negaba la existencia de los presos políticos, de la censura impuesta a los medios de comunicación, decía que en el país había libertad absoluta de expresión, “exceso de libertades” llegó afirmar en una ocasión, mientras todo el aparato estatal se dedicaba a encarcelar disidentes, cerrar empresas, perseguir periodistas, aprobar leyes restrictivas de la libertad.
Mientras desplegaba actos patrióticos, aprovechando las fechas históricas, realizando grandes desfiles militares, donde se destacaba la gesta heroica de nuestros libertadores, la escuela militar y los cuarteles se convertían en centro de ideologización cubana, para inducir el comunismo en las mentes de nuestros soldados y preparar la entrega del país al enemigo extranjero.
La libertad de la información y la libre expresión fueron objetivos estratégicos de guerra para el régimen chavista, había que acabar con las fuentes de información libres e independientes, que continuamente objetaban al gobierno y la realidad que quería imponer, no se podía permitir que el Presidente dijera que era de día y los medios replicaran que era de noche, que Chávez remachara, una y otra vez, que éramos la economía más pujante del hemisferio, con oportunidad a convertirnos en potencia mundial, y que los medios reflejaran cómo habíamos retrocedido en productividad y calidad de vida.
El gobierno chavista se ha definido por su irresponsabilidad ante las fallas de su propia gestión, principalmente por la falta de inversión en las estructuras básicas de servicio del país, vialidad, agua, luz, viviendas, agricultura y por la gran ineficiencia en la administración del estado. Como es usual en los gobiernos comunistas, la culpa siempre se endosa a otros; en el caso del suministro de la luz eléctrica, es notable como la propaganda, por demás absurda, ha querido tapar las interrupciones del servicio eléctrico con excusas tan insólitas que daban ganas de reír.
Toda aquella estrategia propagandística sobre un país libre de analfabetismo se les cayó al poco tiempo, porque la realidad contrastaba, de manera rotunda, con la mentira gubernamental; igual sucedió con los “éxitos” de la Misión Barrio Adentro y el nuevo sistema de salud que querían imponer; pasó también con el modelo educativo, con las nuevas universidades, todo, todo lo que hacía el gobierno era mentira, actos de propaganda, que involucraban una puesta en escena costosa, multitudinaria y transmitida diariamente en cadena nacional.
Una cosa era lo que el gobierno decía y presentaba, y otra lo que la gente constataba en la realidad; pero lo peor estaba por ocurrir y fue la manera como se manejó el tema de la salud del presidente, una vez que se conoció, a pesar de la negaciones reiteradas del mismo Chávez, su condición de enfermo terminal.  Esta situación, por demás macabra, se ligó con unas elecciones donde el candidato-presidente insistía públicamente en que jamás se había sentido mejor, engañando descaradamente al pueblo para continuar en el poder.
Su posterior tratamiento y muerte en Cuba fueron sujetos de una de las campañas de desinformación más grandes de las que se tenga recuerdo en el hemisferio, porque se negaba una realidad imposible de ocultar, las mentiras taparon los hechos y el pueblo de Venezuela se tuvo que conformar con conjeturas y rumores, ya que era imposible creer la información del gobierno.
Con Maduro, esa práctica de cambiar los términos de la realidad se exacerbó desde el mismo momento en que toma el poder, por medio de un fraude electoral y de una falsificación de sus documentos de identidad, intensificando la desinformación, y añadiendo el elemento de violencia que caracteriza al resentido, a alguien que procede pero se encuentra inseguro de lo que hace; la sola referencia a la oposición política adquiere ribetes de insultos y amenazas graves, dedica los expedientes policiales y de inteligencia política a probar elusivos magnicidios, golpes de estado prolongados, guerra económica internacional contra el país, intentos de los EEUU por desestabilizar el régimen, conspiraciones nacidos en la derecha colombiana, arremetidas de CNN y otros desvaríos que justificarían finalmente el empleo de componentes militares para aplacar la indetenible protesta pacífica de los ciudadanos, que solo se presenta en “algunos pocos municipios en manos de la oposición”.
Nos arropan la resistencia estudiantil y el ambiente de crisis, azuzado por las paranoias gubernamentales y su lenguaje atrabiliario, estallan los enfrentamientos asimétricos entre componentes armados y ciudadanía indefensa, de donde resulta una gran cantidad de víctimas; la cobertura de los enfrentamientos, por la prensa y las redes sociales, da cuenta de excesos, torturas, desapariciones, violaciones, detenciones ilegales, y, a medida que la espiral de violencia se acentúa, el gobierno hace un desesperado esfuerzo por negar lo que ocurre, presentándose como víctima y defensor del pueblo, a quien viene gaseando con armas químicas tóxicas desde hace un buen tiempo.
La reacción internacional no se hace esperar y el gobierno chavista tiene que responder a una serie de acusaciones y señalamientos sobre graves violaciones de derechos humanos; su ofensiva diplomática, institucional y de prensa están marcadas por ese lenguaje artificial y por un desmontaje de la realidad, tan descaradamente irracional, que deja en evidencia su intención de ocultar sus crímenes, una estrategia que no tiene límites, y algunos altos funcionarios empiezan, incluso, a cuestionar conceptos básicos del lenguaje, como el significado e implicaciones de la palabra “tortura”, para enredar los expedientes que se levantan en las instancias internacionales, presentando como evidencias montajes burdos y manipulaciones infantiles de la versión oficial de los hechos.
Dos son los principales enemigos de toda democracia, la mentira y el secreto, ambos afectan la posibilidad de que el ciudadano esté informado de lo que ocurre en su entorno, ambas destruyen las bases de la convivencia y el orden; los chavistas han sido cultores de estas prácticas, ya que sólo pueden gobernar en medio de la incertidumbre y la oscuridad, no en la transparencia; como buenos vampiros del conocimiento, les aterra la claridad.
Lo peor de todo es esa estrategia, que ellos denominan “Conferencias de Paz”, que se promociona como solución mientras diezman a la población con sus fuerzas paramilitares y militares, invitando a esas reuniones públicamente, con insultos y amenazas, haciendo partícipes a personas que no representan a nadie, dejando por fuera a los verdaderos voceros de la oposición, imponiendo con arrogancia cuáles son los organismos multilaterales que pueden mediar para la búsqueda de la paz social en el país, en un clara declaración de que su interés no es la paz.
No creemos que el país pueda sentarse a conversar de paz con una persona que no sólo tiene sus manos manchadas de sangre de jóvenes venezolanos, sino que, actuando de manera esquizoide, niega la realidad y le confiere significados distintos a las palabras que utiliza; nadie puede conversar con un loco y, mucho menos, pedirle a un tercero que medie en una discusión con un criminal, que acaba de cometer una masacre y quiere castigar a los testigos de sus actos violentos.
Los términos de partida de las “conversaciones de paz” están todos viciados; no puede haber paz desde la imposición de la guerra, al menos que lo que se quiera sea la rendición incondicional de todo un pueblo que clama por justicia y libertad. Si es así, se debería empezar por llamar las cosas por su nombre.
Saúl Godoy Gómez
saulgodoy@gmail.com
@godoy_saul

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