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jueves, 15 de enero de 2015

AURELIO USECHE K., LA RECTIFICACION

AURELIO USECHE K
Rectificar: La etimología de la palabra rectificar proviene del término rectificāre del latín. Dicha palabra está compuesta por el sufijo rectus (recto) y el verbo facĕre (hacer.). Según el Diccionario de la Real Academia, es reducir algo a la exactitud que debe tener. También se aplica como corregir, enmendar. Y existe el muy conocido dicho el cual se expresa que” Rectificar es de Sabios”.

Cuando se examinan crudamente, sin apasionamiento, ni sesgos, ni aditamentos que dimensionen más allá la realidad, los resultados de la gestión de Gobierno de Nicolás Maduro y desde luego de Hugo Chávez, quien estuvo en el poder de una manera absoluta por 14 años, el venezolano siente que el país se encuentra en pésimas condiciones, económicas, sociales, políticas e institucionales. Y desde luego, sin entrar en el análisis detallado de las cifras de inflación, escasez, índices de criminalidad, y otros como la pobreza, no hay lugar a dudas de la situación grave, digamos extremadamente grave que tiene el país y que padecen los venezolanos y entre ellos los más pobres, es decir la gran mayoría. Por consiguiente, hay que rectificar. El camino andado por el Gobierno es errado y debe corregir su orientación y gestión. Sin embargo, no hay indicio alguno que el Gobierno quiera rectificar. El término “guerra económica”, se utiliza parar inculpar al sector privado y a la oposición de la crisis económica. Y en consecuencia otros son los responsables.

Pero, esta situación tiene otros actores. ¿Y quiénes son?

Aquellos quienes, desde la oposición, se han presentado al país con aspiraciones políticas para ser una alternabilidad de Gobierno, como es el caso de Henrique Capriles, y Manuel Rosales, quienes aupados por la MUD y en el pasado por la Coordinadora Democrática, han intentado competir electoralmente, pero sin éxito alguno. Ciertamente y es el caso de Capriles, han estado cerca en números, pero lejos de una realidad. 

Y es que los hechos políticos recientes, como ha sido la designación por la Asamblea Nacional, no la elección, de determinados integrantes de los Poderes Públicos, y del CNE por el TSJ, plantea a la oposición, de nuevo, una situación que debe llamar a la reflexión sobre la posibilidades reales de un cambio político en Venezuela por la vía electoral. Cambio necesario, justamente para rectificar el camino recorrido en estos tres lustros que nos han encaminado hacia la destrucción progresiva del país, de sus instituciones, de su gente, de su clase media. En fin, se ha abierto el camino para la clásica aspiración de quienes se intitulan como revolucionarios, la cual es destruir para construir una nueva sociedad, obediente y sumisa, como es el caso de Cuba.

En los eventos electorales ocurridos y entre ellos las elecciones presidenciales de 2012 y 2013, luego del fallecimiento de Hugo Chavez, se presentaron posibilidades de hacerles llegar a la población las verdaderas causas de esta situación de pobreza, inflación, inseguridad y corrupción. Pero el candidato Capriles y sus equipos de campaña electoral, y la MUD por otra parte, mostraron siempre un perfil de opinión ambiguo, criticando al gobierno, no por sus orientaciones, sino mas bien solamente por su gestión, dando a entender que el problema no era el sentido general que Chavez le había dado a su gobierno, sino más bien que la falla fundamental era la gestión. Con ello se reducía el debate, a una comparación sobre quienes era mejores “ellos” o “nosotros”. Hay que decirle las verdades a la población. Hay que rectificar.

Pero lo problemas de fondo, como lo es por ejemplo la política petrolera y no
exclusivamente la gestión de PDVSA, no formaba parte esencial del debate. Y es que en un país en el cual el petróleo es el centro de la economía, este tema no forma parte del discurso político central de la MUD. Dando la impresión que existe un consenso político, sobre su política global, y el tema de nuevo es la administración. No, esta no es la verdad. La industria petrolera, y su desarrollo futuro, así como la indispensable inversión extranjera en este sector es de prioridad su definición, para poder lograr poner en producción de, aquello que nos tiene encandilados como pueblo, que Venezuela tiene las más altas reservas de petróleo del mundo. Existen muchas dudas sobre la continuación de Venezuela atada a los designios de la OPEP, en la cual los intereses de sus miembros son diversos, y el mercado petrolero ha cambiado sustancialmente, desde que fue fundada esta organización de cartel de precios. Existe, y seguro estoy en el talento político venezolano, o al menos en una buena parte, una visión contraria más conveniente de la política petrolera acorde a la los intereses de la Nación con miras a las próximas décadas, en comparación con el asumido por el Gobierno. Pero, por un asunto mágico, en la MUD, este tema no se discute. El petróleo forma parte del mito de lo intocable.

Dentro de este contexto en la referente a la política petrolera, existe un tema
crucial como lo es el tema de la gasolina. Se mantiene un silencio cómplice sobre una política absurda y dañina, que afecta por lo demás a la población por muchas razones de peso. Existen argumentos reales a favor de una adecuada política de precios, que no es solamente subir el precio, sino en cómo debe enfocarse en el futuro este problema, para deslastrarlo de un mito que existe a su alrededor. Sin embargo prevalece la posición ambigua y errada de los políticos y en particular los de la MUD sobre este tema.

La utilización del BCV como fuente de préstamos al Fisco, contraria a la propia esencia del instituto emisor de moneda, violando de manera expresa la Constitución, tampoco interesa a la MUD. Existe un silencio inexplicable. 

Solo destacados economistas han tratado el tema públicamente, pero sin repercusión política alguna. Pero no ha existido una posición clara y precisa de la MUD sobre este tema.Puedo decir que la estrategia que la MUD y sus candidatos han establecido es la ambigüedad en el tratamiento de los aspectos centrales del país, con la finalidad de no herir posibles susceptibilidades en la opinión pública. Esa posición es lamentable.

Siempre el argumento es que “las encuestas dicen”….. Un ejemplo claro. Las
misiones. Estos programas de subsidio directo, supuestamente orientados a la reducción de la pobreza, en la práctica implican que una parte de la población recibe unos ingresos, los cuales, por lo demás, con la inflación se han reducido a minucias y terminan por ser realmente un engaño. Su objetivo ha sido captar votos, mas no otro de valor público. Y es que estas misiones no son más que una estafa social, una maniobra política para justificar la tramoya del socialismo. No resuelven el problema de la pobreza. En verdad, los venezolanos, son, cada vez, más pobres. Y sin otros medios posibles para aumentar sus ingresos, como lo es el trabajo productivo. No hay inversión. No están presentes los factores necesarios para el crecimiento económico, como son la inversión pública y privada, un sistema de reglas de juego claro, en fin quizás el de mayor peso, la confianza en el país.

Hay que decirle a la población que Venezuela no es un país rico, y solo queda el trabajo y la inversión. Para ello la MUD debe rectificar su discurso.

Luego del inicio del 2015, apenas en unos días se ha puesto en evidencia la escasez de alimentos y bienes esenciales. Largas colas, con violencia entre las personas que toman hasta 8 horas para comprar leche, jabón, harina de maíz, entre otros bienes de consumo masivo. Y se habla de CADIVI, ahora CENCOEX, pero la causa real de esta crisis radica en la existencia de un régimen de control de cambios y de precios que agobia a la economía, y pone a los pobres a pelearse por uno kilos de harina o panales desechables. 

Es triste, lamentable, que los dirigentes de la MUD no atacan el problema diciéndole la verdad al país. Hay que eliminar los controles de cambios y precios. La MUD no tiene una posición contundente sobre este tema.

Se menciona las posibilidades de un diálogo, cuyo objetivo seria una rectificación del gobierno, en consenso con algunas posiciones de la oposición. Sin embargo, ello no es posible en las actuales circunstancias. En este Diciembre de 2014, en el cual el Gobierno, utilizando el control férreo que tiene sobre los poderes públicos, para violar los preceptos constitucionales, ha designado como Fiscal, Contralor y Defensor del Pueblo, a personas de su más estricta lealtad. Y al igual con el TSJ y el CNE. De modo que no hay salida posible, vía un diálogo. No hay rectificación.

De modo, que a la oposición política, teniendo como vocero a la MUD, sin que esta pueda recibir apoyo contundente de un 40 % de la opinión pública, el cual, sistemáticamente, se abstiene de votar, porque simplemente no le parece convincente en sus posiciones a los que dicen representar a la oposición, lo que les queda a los miembros de la MUD es, también, rectificar. El camino andado de galimatías y ambigüedades, pensando en posibles elecciones, queda virtualmente descartado. Se desea que ese 40%, junto con un 30% de opinión radical opositora contra el Gobierno, pueda transformarse en una mayoría contundente (el 70%) que desea cambios. Si ello es así, seguramente los cambios vendrán.

Algunos dirigentes pueden estar pensando todavía, continuar la lucha solo en el plano electoral. Ello tendría sentido de haber ocurrido una elección de consenso en el CNE y en los otros Poderes Públicos. Más bien por lo contrario, el cuadro restrictivo del Gobierno implica que se estaría dándole largas a un proceso político que muestra agotamientos. A la crisis política, económica y social de Venezuela hay que enfrentarla. Hay que rectificar.

Aurelio Useche
usechekislinger@gmail.com
@usechek

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viernes, 11 de julio de 2014

DAVID GALLAGHER, EL RETORNO DE LOS ACUERDOS, DESDE CHILE


"El Gobierno no solo ha corregido errores de su reforma tributaria. Parece haber abandonado la lógica de aplanadora con que partió. Claramente no es una que los chilenos buscaban. Al contrario, vieron en Bachelet a una mujer sensata y moderada..."


Después de cuatro años de potente crecimiento con Sebastián Piñera, era entendible que el país quisiera volcarse al tema de la desigualdad. Esta nueva prioridad había aflorado con el movimiento estudiantil de 2011, y una vez instalada, claramente favorecía a la izquierda. De allí el rotundo triunfo electoral de Michelle Bachelet, al que contribuyó, también, desde luego, el cariño que despertaba como persona. Al darle ese triunfo, los chilenos demostraban que apoyaban su promesa de avanzar en igualdad e inclusión.

Pero en la confección de políticas públicas no basta con tener buenos objetivos. Cabe contar con los medios adecuados para lograrlos. Allí inexplicablemente hubo técnicos que sencillamente le fallaron a la Presidenta, abusando de su credibilidad. Elaboraron una reforma tributaria pródiga en irracionalidades, como la de gravar renta no percibida, y la de eliminar incentivos al ahorro que tanto bien le habían hecho al país. Dolía oír a autoridades incurrir en insensateces, como decir que la empresa chilena ya no necesitaba reinvertir sus utilidades, porque tenía acceso a crédito barato, como si no supieran que el crédito era barato porque las empresas ahorraban. Por otro lado si bien una mayoría de chilenos estaba a favor de que se aumentara la recaudación tributaria para invertir en una educación de calidad accesible a todos, no se conocían -y todavía no se conocen realmente- los atributos exactos de la reforma educacional prometida.

Felizmente el Gobierno recapacitó. Escuchó, aprendió y se abrió a lo que ha sido un buen acuerdo, uno que reduce (aunque no elimine) los efectos negativos de la reforma tributaria en el crecimiento y el empleo, sin minar sus objetivos recaudatorios. El acuerdo tiene a sus héroes individuales, tanto en la Nueva Mayoría como en la Oposición, sobre todo en el Senado, que se ha lucido como institución. Pero hay también un gran héroe colectivo, que es la sociedad civil chilena. Así como, a través de los estudiantes, esta priorizó la desigualdad en 2011, ahora fue descubriendo los errores de diseño que había en una reforma tributaria que las encuestas demostraban ser cada vez más impopular. Poco a poco la sociedad civil irá haciendo lo mismo con la reforma educacional, y con más ahínco aun, porque a la gente le llega mucho más: atañe a nada menos que el futuro de sus propios hijos. Hasta hace poco parecía que, en Chile, la sociedad civil era monopolio de la izquierda. Ahora sabemos que es compleja y profunda, y que no le pertenece a nadie. Ni la calle ni los medios sociales en que la sociedad civil se expresa tienen dueños permanentes, porque los temas son dinámicos y las mayorías cambiantes.

El Gobierno no solo ha corregido errores de su reforma tributaria. Parece haber abandonado la lógica de aplanadora con que partió. Claramente no es una que los chilenos buscaban. Al contrario, vieron en Bachelet a una mujer sensata y moderada, y fue por esos atributos que la eligieron. El Gobierno parece haberlo entendido así esta semana, y eso es una buena noticia. Desde luego van a protestar aquellos que en la extrema izquierda o extrema derecha buscan guerra. Pero no importa, porque la mayoría de los chilenos no está con ellos.

Yo he sido crítico del Gobierno en estos primeros meses, y todavía creo que los errores cometidos le han hecho daño al país en el peor momento, cuando el entorno internacional se ha vuelto tanto más complejo. Desde ya es un mal momento para subir tanto los impuestos. Pero tras el acuerdo en el Senado, el segundo mandato de Bachelet se ve mucho más promisorio. Ya había focos alentadores, en Relaciones Exteriores, en Obras Públicas, en Energía. Ahora se ve más alentador el conjunto.


http://www.elmercurio.com/blogs/2014/07/11/23426/El-retorno-de-los-acuerdos.aspx

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miércoles, 25 de junio de 2014

BEATRIZ DE MAJO, EL LADO BUENO DEL DESCALABRO

Lo que está ocurriendo en las filas del oficialismo es significativo, mucho más allá de las aseveraciones, acusaciones o exculpaciones personales de quien  fue el zar de la economía nacional por tres lustros. Se ha escrito tanto en torno a la responsabilidad de Jorge Giordani que no voy a llover sobre lo mojado a pesar de que tiene mucho sentido que esta diatriba ocurra y que se analice exhaustivamente por parte de los dos lados de la ecuación política del país.

Igualmente importante es que una enorme turbulencia se está produciendo entre los rojitos por dos temas cruciales: corrupción y manejo de la economía. Lo abultado del primer tema y lo trascendente del segundo, desde el punto de vista de la capacidad destructora que ambos asuntos tienen en cuanto restarle gobernabilidad el país y poder a quienes nos gobiernan, está captando toda la atención del partido e igualmente de los líderes gubernamentales.  El país se ha desacomodado sensiblemente en lo que va de este año y no es solo por el indetenible  malestar económico  y su vertiente de inestabilidad social. La protesta pública por la merma de calidad de vida está alcanzando a las clases sociales que deberían ser las más afectas a la Revolución y ello se expresa en desapego a la dirigencia y a la ruta  gubernamental. Si al conflicto se le agrega el tema de corrupción en el manejo de los dineros del país, el divorcio de las clases populares va a ser muy definitorio no solo a la hora de una nueva votación.  Se va a expresar muy cáusticamente, antes que de que esa hora llegue.
En el seno del gobierno y en las filas del PSUV ya hay quienes señalan con el dedo a los artífices de este descalabro económico, moral y político y se les asignan responsabilidades históricas. Callarlos es cada vez más difícil pero rectificar también lo es. Asumir comportamientos económicos más ortodoxos, lo que sería deseable,  y la imposición de castigos a los culpables de los colosales negociados que han enriquecido a personeros oficiales lesiona importantes intereses de gentes en la cúpula roja. Un golpe de timón, en ambos sentidos- manejo económico y castigo de la corrupción- sería lo deseable, pero resulta una cuesta muy empinada sin pagar un alto precio en los sectores afectos a la Revolución heredada de Hugo Chávez.          
 Lo que ya no es posible es acallar el rumor que exige las dos cosas: rectificación y castigo. Y eso es bueno para el país. Crea un mejor ambiente para el entendimiento en los dos lados, establece puntos de contacto entre los disidentes revolucionarios y la oposición democrática  y marcan la posibilidad de que un nuevo rumbos se instaure lentamente para corregir los entuertos  que ya ambos  ven tanto protuberantes como irreversibles. La coyuntura, pues, no es mala si la disidencia sabe aprovecharla en el buen sentido que es el del bienestar popular. Nada más difícil que negociar con quienes se sienten todopoderosos. La contundencia delo trágicamente fáctico de hoy tiene que servirnos no solo para señalar culpables. Tiene que ser útil para buscar vías de salida. No dejemos pasar la ocasión.            
      
Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo

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viernes, 30 de noviembre de 2012

LUIS UGALDE, DEMOCRACIA LIBERAL Y SOCIAL

Ha llegado la hora de la claridad y la definición ante la encrucijada política que enfrenta Venezuela. El futuro no está en los fundos zamoranos. Es mentira el dilema que gusta presentar el régimen: “Si quieren cambios sociales con justicia social y empoderamiento de los excluidos, no hay más alternativa que nuestro comunismo”. 
Según ellos, la única alternativa posible es el neoliberalismo, que sirve a los intereses de los ricos que excluyen y explotan a los pobres. Su propaganda pone en una balanza todo el bien social y solidaridad de la humanidad y le llaman “socialismo”, y en la otra, el mal del egoísmo explotador. 
Discurso tentador para muchos, con un predicador, multimillonario, que se apropia y usa sin escrúpulos la renta petrolera estatal. La realidad de los fracasos desmiente las promesas. Venezuela se hunde en todos los frentes, luego de haber malgastado más de 1 millón de millones de dólares.
En el mundo no hay un solo país exitoso con el modelo comunista que aquí se quiere imponer. Pero con todo el poder dictatorial comunista fracasaron los paraísos “socialistas” y los pueblos los derrocaron para salir de su pobreza y de la opresión totalitaria.
La tercera realidad es que en el mundo, en los últimos 60 años, se ha avanzado extraordinariamente en desarrollo económico, justicia social y libertades personales. Es una impresionante revolución de las motivaciones personales e instituciones públicas de solidaridad.
En la actual confusión venezolana nadie se puede quedar en casa y hay que salir en todos los campos: social, educativo y económico para actuar, explicar y aclarar que la superación de la pobreza, con oportunidades de trabajo, vida digna y libertades para todos, pasa por la defensa explícita de la democracia liberal y social. Pero hay alergias: unos a la palabra liberal y otros a la social. El mal llamado neoliberalismo ni es posible, ni ofrece soluciones para las mayorías, porque la supuesta competencia perfecta es una ficción y la gran mayoría del país no tiene oportunidades por carecer de poder y de preparación.
Por eso la sociedad venezolana debe exigirle a su Estado para que haga un extraordinario esfuerzo para nivelar los de abajo hacia arriba ofreciéndoles oportunidades para ser productores y conquistar efectivamente los derechos humanos liberales individuales en una sociedad solidaria. Los empresarios no deben avergonzarse de defender los derechos liberales de todos –no sólo los suyos–, desde los más excluidos, tomando en serio lo de responsabilidad social, sin quedarse en propaganda. Con decenas de miles de emprendedores, decididos exitosos y solidarios (cosa no fácil) tendremos empleos de calidad y lograremos que lo público no sea un botín de privilegio para la parcialidad política que se apropia del Estado, sea el excluyente partido único “revolucionario” o las minorías económicamente poderosas.
Los partidos políticos (viejos y nuevos) tienen que retomar sin vergüenza las 2 materias no aprobadas en los últimos 30 años: la eficiencia y transparencia en el manejo del Estado y la verdadera pasión social para superar la pobreza basada en una democracia liberal y solidaria, con participación ciudadana y al mismo tiempo contralora. Con sólo medio país (no importa cuál) es imposible salvar los derechos personales y los logros sociales solidarios que son imprescindibles.
En el comunismo totalitario no tienen cabida las iniciativas sociales ni la creatividad individual (sin las cuales toda sociedad va al fracaso) en educación, en organización político-social y en la producción económica. Necesitamos, ciertamente, un Estado y unas instituciones capaces de convertir los frutos de la libre creatividad en realizaciones sociales e instituciones que beneficien a todos. Este no es un tema congelado hasta la próxima elección presidencial, sino que está en la calle día a día; se pierde o se gana en la próxima elección de gobernadores, en las escuelas, liceos y universidades, en los hospitales públicos, en las empresas básicas de Guayana, en la producción agrícola y en los servicios públicos decadentes.
Para evitar la noche totalitaria y construir alternativas de vida hay que tener la visión, el corazón y el coraje para construirla y no quedarse en lamentaciones y mutuas acusaciones de derrotados.
lugalde@ucab.edu.ve

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jueves, 18 de octubre de 2012

EGILDO LUJAN, DE VUELTA A LA REALIDAD, FORMATO DEL FUTURO…

El argumento permanente del Presidente de la República ha sido que el gran fracaso de los conductores del pasado, fue haberle dado la espalda al pueblo y sometido a vivir bajos los efectos de la aplicación de políticas extremas, concebidas bajo un formato de  Neoliberalismo salvaje.

Ahora bien, hoy, a 14 años de un mandato a cargo suyo, ¿qué tenemos los venezolanos como referencia de lo que se ha hecho y cuáles han sido los resultados?: La Tercera Vía de Tony Blair,  el Programa Hambre Cero de Brasil (exitoso solamente en Brasil), el Capitalismo Social Chino y, finalmente, el Comunismo a la cubana, todos convertidos en componentes caprichosos de un llamado Socialismo del Siglo XXI a la venezolana, con los resultados que viven y desaprueban más de 6.500.000 de venezolanos, y que un poco más de otros 8 millones asimila y convierte en motivo de celebración y respaldo electoral.

¿Qué nos ha dejado este rosario de intentos?: la destrucción parcial de la estructura productiva que el país construyó durante el último siglo, la pérdida de una inmensa cantidad de recursos provenientes del negocio petrolero,  y  figurar hoy en los últimos lugares a nivel mundial en todas las listas de medidores de eficiencia, seguridad, desarrollo, inversión extranjera, educación, etc.  En fin, un panorama sombrío.

Ahora bien, nunca es tarde para rectificar. Si tomamos en cuenta que en las pasadas elecciones del 7-0, el candidato de la alternativa democrática obtuvo cerca de la mitad de los votos presentes en el acto comicial, y que el 70% de los votantes corresponde a ciudadanos menores de 40 años (con menos de 24 años cuando el actual Presidente llego al poder, por lo que nunca tuvieron nada que ver con la vapuleada Cuarta República), estamos en presencia de que una parte importante de la población ha reaccionado democráticamente contra el hecho de haber sido obligada a pagar injustamente,  en un ambiente de odio y culpa, por algo con lo que nada ha tenido que ver.

Lo que sí admite como suya esa población, es el disfrute, reconocimiento y admiración por la existencia funcional de un conjunto de obras publicas importantes que fueron construidas durante esa época,  y que si hoy exhiben condiciones de deterioro extremo, o desaparición progresiva, es como consecuencia de que no ha habido dedicación administrativa, competencia profesional y gerencial desde el Estado, para que eso haya sido evitado.

De hecho, gran parte de esa voluntad participativa estuvo identificada con la posibilidad de que con una nueva forma de gobierno al frente del Estado venezolano, ese proceso destructivo sería detenido, revertido y convertido en una realidad de progreso y bienestar. Nunca más de destrucción de obras, de sueños y de esperanzas.

Pero la alternativa democrática ofrecida y defendida por un Candidato joven, integrante de esa misma generación de votantes, no fue respaldada por la mayoría de quienes acudieron a las urnas el pasado domingo 7-0. No pudo con la fuerza del ventajismo brutal que se ha construido en el país durante los últimos años para fines electorales, y cuya mayor fortaleza se sustenta en la vigencia de una troika eficiente para tales propósitos: un partido, los fondos públicos de libre uso y la inexistencia de una plataforma institucional gubernamental dispuesta a hacer cumplir las leyes aprobadas para evitarlo.

Con razón, algún vocero de esa misma alternativa democrática explicó que, en estas elecciones, el liderazgo opositor y los seguidores estaban participando como si lo hicieran en un partido de balón pie, en un campo inclinado, teniendo que remontar la pelota y contra un equipo en el que, además de los competidores, también participaban los árbitros empeñados en mantener el juego con una pelota ¿de plomo?.

Lo cierto es que con 0ctubre de 2012, en Venezuela también se plantea la vigencia de un escenario político totalmente distinto al que existía hasta el pasado sábado 6; con la presencia de un grupo de electores que no necesariamente hicieron valer su respaldo de corazón, a un vencedor rodeado de ventajas incuantificables. Y el nacimiento de un liderazgo político dispuesto a trabajar para que el país se corresponda con lo que necesita y requiere toda la población, y no con la conversión de esa misma población en un instrumento al exclusivo servicio de quienes son depositarios de la confianza para que gobiernen para todos, nunca –como lo dice la Constitución- al servicio de una parcialidad grupal.

Mas de la mitad de los venezolanos no está de acuerdo con ser comunista a la fuerza. Quiere vivir en paz, sin violencia, y en un ambiente de verdadera libertad. Está dispuesta a reencontrarse con el espíritu de hermandad que siempre ha distinguido a la población venezolana, dentro y fuera del país. Quiere progresar y aportar esfuerzos. Rechaza la tesis de que SER RICO ES MALO Y QUE LO BUENO ES SER POBRE. La historia política del país ofrece nuevas páginas para la rectificación y la concordia. Y, si lo deseara, al Ciudadano Presidente le corresponde el honor de escribirlas adelantándose al futuro, a partir de una detenida meditación sobre su papel histórico.

Existe una gran familia de 30 millones de personas que insiste en verse de reojo, sobre los hombros, y no como la necesita el país: dispuesta a aportar, a trabajar en un ambiente de respeto, sin odios, ni resentimientos avidadores de la violencia y del revanchismo. Juntos somos un gran equipo, incluso para convertir a Venezuela en esa fuerza competidora a nivel internacional, a partir de la inversión y el esfuerzo nacional que nos libere de la obligación de estar dependiendo de los mercados internacionales, para satisfacer las necesidades de consumo interno. Pero se requieren los pasos supremos que conviertan esa expectativa y posibilidad, en una realidad de trascendencia perdurable.

El país espera un llamado a la unidad. Y que, inclusive,  se les permita a los venezolanos que algún día se fueron de su casa, a retornar a su tierra. Todos  somos necesarios. Porque todos somos venezolanos. Y Venezuela nos necesita a todos.

egildolujan@gmail.com

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