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lunes, 8 de junio de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, PROPIEDAD, POLÍTICAS PÚBLICAS Y GLOBALIZACIÓN, PENSAMIENTO LIBERAL

"Conviene, para responder preguntas que tienen que ver con políticas públicas, es decir, con acciones tomadas por los gobiernos, y la globalización es una de ellas, contar con algunos parámetros que nos permitan calificarlas. Desde la perspectiva liberal esos parámetros están muy claros: libertad y propiedad. Las políticas públicas serán correctas si se practican a favor de la libertad individual (no hay otra) y de la propiedad privada (no hay otra): en el campo de la economía, concretamente, de la libertad para emprender y consumir, y de la propiedad sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción. Las políticas públicas incorrectas atentan contra la libertad y la propiedad, por ejemplo, contra la libertad para consumir si se prohíbe la importación de determinadas mercancías y, por ello mismo, contra la propiedad de las mercancías extranjeras cuya importación está prohibida. Desde este punto de vista lo que importa, al menos en primer instancia, es la libertad y la propiedad, no, por ejemplo, el crecimiento económico o el desarrollo social".[1]

Lamentablemente, como ya hemos expuesto en un sinfín de ocasiones, las políticas públicas suelen orientarse en un sentido contrario al que indica el autor citado antes. Como han destacado Profesores de la talla de Ludwig von Mises y muchos otros, las acciones de los gobiernos -en tanto se las denomine "políticas públicas" o de otra manera-, se emplazan (en prácticamente todos los casos) hacia la adopción de medidas intervencionistas, es decir, precisamente contrarias a la libertad y a la propiedad en el sentido en que las describe el autor en comentario. Es que el problema de fondo reside en el poder, que no de modo casual tiende a concentrarse en manos de los gobiernos, y que por distintas razones no ha podido ser limitado, excepto en una muy escasa medida, pese al esfuerzo que han hecho muchos países en el curso de la historia, sobre todo en Occidente que es -a no dudarlo- donde más se han empeñado los defensores de las ideas liberales en tratar de limitar ese poder. Las "políticas públicas" podrían llegar a ser útiles si su diseño y materializaron se encontraran a cargo de personas y organizaciones civiles, lo que hemos denominado la sociedad civil en oposición a la sociedad política. Pero no es lo que habitualmente sucede, desafortunadamente, sino que se da el caso inverso en el que la sociedad política impone su impronta sobre la sociedad civil.
"La globalización es llevada a cabo por los gobiernos, de tal manera que la misma forma parte de las políticas públicas y debe calificarse en función del efecto que tiene sobre la libertad individual y la propiedad privada. Desde este punto de vista, ¿cómo calificarla? Positivamente, por una razón muy sencilla: si la globalización es el proceso por el cual disminuyen y desaparecen las prohibiciones que los gobiernos levantan a las relaciones entre personas de distinta nacionalidad, prohibiciones que por definición limitan o elimina la libertad individual y la propiedad privada, la globalización es un proceso de liberación, una transformación a favor de la libertad individual y, en su aspecto económico, a favor de la propiedad privada, tanto de los productores como de los consumidores."[2]
En realidad, y como bien lo ha explicado el Dr. Alberto Benegas Lynch (h) entre otros, la globalización se trata de un fenómeno que es llevado a cabo A PESAR de los gobiernos y no "gracias" a ellos. Por supuesto que, bien sabemos que el término globalización se ha prestado -y se sigue prestando- a diferentes interpretaciones pero, acompañando la postura del Dr. Benegas Lynch (h), creemos que la mejor definición es la que identifica la globalización con lo que la economía clásica siempre ha denominado librecambio o libre comercio, de tal suerte que, el vocablo globalización no vendría a ser más que un nuevo término para designar un fenómeno que ya había sido estudiado por los economistas clásicos y neoclásicos, y que en tal sentido hoy resulta muy limitado, en virtud de las múltiples trabas al comercio exterior que existen en la mayoría de los países del mundo, dada la proliferación de barreras arancelarias y no arancelarias, y -en general- del predominio de teorías como la del proteccionismo en materia de comercio internacional, que reducen -y hasta tienden a anular- cualquier vestigio de globalización. Es por ello más correcto decir que la mayor globalización que hoy pueda llegar a observarse es debida a las fuerzas del mercado más que a deliberadas "políticas públicas".
En rigor, las "políticas públicas" se encaminan más a la violación de la propiedad que a su defensa, y por eso bien se ha dicho al respecto que:
"La propiedad puede violarse tomando el producto que cualquier propietario debe a sus tierras, a sus capitales, o a su trabajo. La propiedad se viola poniendo frenos al libre uso de las propiedades, pues las leyes establecen que la propiedad implica el derecho de uso. Igualmente, la propiedad es violada cuando se obliga a un propietario a cultivar algo, o a impedirle hacer cierto cultivo. Cuando se fuerza cierto modo de cultivo, o se prohíbe. También se viola la propiedad cuando se niegan ciertos usos del capital o maneras de invertir. Cuando se prohíbe la construcción sobre sus tierras, o se le impone una manera de construcción. Hay violación del derecho de la propiedad cuando después de invertir en una cierta industria la autoridad prohíbe esa misma industria, o se le imponen impuestos tan grandes que son iguales a los de una prohibición. Es violación de la propiedad el prohibir el uso de las facultades humanas y la aplicación de sus habilidades y talentos, a excepción de cuando ellos son usados en contra de los derechos de terceros. Viola a la propiedad el hacer que un hombre se dedique a ciertas actividades cuando él considera de más provecho dedicarse a otras labores, por ejemplo, obligándole a realizar un servicio militar."[3]

[1] Arturo Damm Arnal "¿Cómo vencer los obstáculos hacia un mundo globalizado, sin fronteras? El argumento moral a favor de la globalización" Fundación Friedrich Naumann (FFN)-Oficina Regional América Latina. Pág. 10-11
[2] Damm A. ídem. pág. 11-12
[3] Eduardo García Gaspar. Ideas en Economía, Política, Cultura-Parte I: Economía. Contrapeso.info 2007.  pág. 66

Gabriel Boragina
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@GBoragina

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sábado, 13 de diciembre de 2014

GABRIEL BORAGINA, ASISTENCIALISMO Y "POLÍTICAS PÚBLICAS", DESDE ARGENTINA

GABRIEL BORAGINA
Como ya hemos señalado en otras oportunidades, bajo la máscara de las llamadas "políticas públicas" se esconden no pocas veces los proyectos asistenciales más variados que, sin embargo, tienen todos ellos un denominador común que se descubre a la hora de ponerlas en práctica : será necesario expoliar a los contribuyentes para poder efectuarlas. En suma, echar mano a la mal llamada "justicia social" que en definitiva consiste en algo simple: quitarles a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece. Los partidarios de las "políticas públicas" se consideran a sí mismos o se hacen llamar "hombres prácticos" que desprecian a los teóricos. Estos últimos son tratados con epítetos desdeñosos por dedicarse a la investigación y a la enseñanza. Y así se ha dicho que:
"Muchas veces se tratan estos temas como si estuvieran en departamentos estancos: una cosa son los teóricos de la investigación y la enseñanza y otra bien distinta son los prácticos de la coyuntura. Unos se encierran en sus torres de marfil discutiendo sobre el sexo de los ángeles y otros son los profesionales de la coyuntura bien asentados sobre la realidad y la práctica de todos los días. Así se pinta la caricatura de estos dos campos de acción. Sin duda se trata de roles distintos pero, nuevamente, cabe recalcar que no hay políticas públicas o análisis de coyuntura que no se basen en la teoría. Esta podrá ser defectuosa o idónea pero no hay comentario práctico que no esté sustentado en un esqueleto teórico. Pretender buenas políticas públicas sin andamiaje teórico-conceptual es lo mismo que pretender que existan productos farmacéuticos sin investigación médica. El menosprecio por la investigación y la transmisión de teorías inexorablemente conduce a políticas públicas de peor calidad. Revalorizar el estudio teórico es uno de los cometidos más importantes de la sociedad moderna."[1]
Los partidarios de las "políticas públicas" piensan que "una cosa es la teoría y otra cosa bien distinta es la práctica", y seducen a muchísimos incautos repitiendo esta falacia tan conocida y divulgada en prácticamente todos los ámbitos, generando la mayor de las confusiones y de los desconciertos en la gente. Sin embargo, esos sedicentes "hombres prácticos" son tan teóricos como los teóricos que ellos desaíran y que se desempeñan en el campo de la enseñanza. Los políticos echan mano de esos autodenominados "hombres prácticos", que no pocas veces se terminan convirtiendo en asesores de aquellos políticos ya en función de poder, y acaban adoptando las "recetas" de "políticas públicas" recomendadas, que siempre se traducen en el mismo resultado : aumentos del gasto público, de impuestos, de tasas, contribuciones, alícuotas y demás instrumentos financieros para poder costear tales "magníficos proyectos" que -se repite como loro- van a finalizar "favoreciendo a los que menos tienen". Cuando la realidad indica que cada vez perjudican más a la gente de menores recursos.
"El práctico no hace más que adoptar teorías ya aceptadas. Si el práctico menosprecia al campo teórico su disciplina se estancará o entrará en franco retroceso al tiempo que teóricos con otras concepciones ocuparán los espacios vacíos para que otras teorías le corran la practicidad al práctico. En el caso de las ciencias sociales resulta patético observar cómo muchas organizaciones pretenden contribuir “al mejoramiento de la sociedad” restringiendo fondos a los estudios teóricos que, como queda dicho, hacen de apoyo insustituible para el mejoramiento de “la práctica”. Invertir las prioridades es como poner la carreta delante de los caballos puesto que una vez entendido el campo conceptual, el resto se da por añadidura. Invertir los pasos es como pretender aplicar algo antes de concebirlo."[2]
Los teóricos de las "políticas públicas" (que no se consideran teóricos cuando en realidad lo son) no constituyen excepción cuando conforman organizaciones del tipo ONG o de cualquier otro, con el fin de recaudar fondos que dicen querer ser destinados a la "ayuda" de los más necesitados. En definitiva, y sin eufemismos, a combatir la pobreza. Sin embargo, suelen fracasar, porque confunden continuamente pobreza con desigualdad, y en lugar de concentrarse en atacar a la primera centran sus dardos en la segunda. Es aquí donde se evidencian las fallas conceptuales que tienen esos teóricos de las "políticas públicas", son incapaces de distinguir las diferencias entre pobreza y desigualdad, a la par que, independientemente de esto último, terminan convirtiéndose en mendicantes de subsidios estatales, por cuanto en sus mal fundadas "teorías" creen que es "función" del estado "la lucha contra la desigualdad". Son incompetentes para comprender que si se suprimiera la desigualdad la especie humana se extinguiría por completo en muy pocas décadas. Y, como también dijimos un sinfín de veces, el rol de los incentivos y desincentivos es fundamental en este tema:
"Otro factor poderoso en el aumento de las nóminas de asistencia social es la creciente desaparición de varios fuertes desincentivos para acogerse a ese régimen. El más importante de ellos ha sido siempre el estigma que significaba para toda persona el subsidio a la desocupación, que la hacía sentir que vivía parasitariamente a expensas de la producción en lugar de contribuir a ella. Este estigma fue eliminado por valores que han penetrado en el moderno populismo socialdemócrata; además, los organismos gubernamentales y los propios asistentes sociales cada vez instan más a la gente a recibir lo antes posible beneficencia por parte del Estado. La idea "clásica" del asistente social era la de alguien que ayudaba a las personas a ayudarse a sí mismas, que las impulsaba a lograr y mantener su independencia y a valerse por sus propios medios. El propósito de los asistentes sociales era ayudar a los que vivían de la beneficencia del gobierno a salir de esa situación tan pronto como fuera posible. Pero ahora tienen el objetivo opuesto: tratar de que la mayor cantidad de gente posible reciba asistencia social, promocionar y proclamar sus "derechos"."[3]
En esto desembocan habitualmente las "políticas públicas": proliferación de subsidios, planes sociales, ayudas de todo tipo bajo el pueril pretexto de "inclusión social". El resultado es la más pavorosa exclusión social como nunca antes se hubiera visto.

[1] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 166-167
[2] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico...ob. cit. Pág. 166 -167

[3] Murray N. Rothbard. For a New Liberty: The Libertarian Manifesto. (ISBN13: 9780020746904). Pág.   171-173

Gabriel Boragina
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lunes, 16 de diciembre de 2013

OSCAR BASTIDAS DELGADO, POLÍTICAS PÚBLICAS Y ECONOMÍA SOCIAL,

Gracias a las movilizaciones de la Central Cooperativa Nacional de Venezuela (Ceconave), y las federaciones nacionales de transporte y de crédito y servicio de Venezuela, Fecotrave y Fecoseven respectivamente, ante la Constituyente de 1999, la Constitución Nacional  contempla las figuras de la Economía Social y de las mutuales en sus artículos 118 y 184.

A pesar de esa presencia constitucional y de numerosas habilitantes, el gobierno central no ha promulgado leyes al respecto nI el reglamento a la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas (LEAC); peor aún,  ha eludido formular políticas y solo ha dado vueltas pragmáticas alrededor de figuras ya fracasadas o sin futuro como el programa País-Saraos o Pueblos Agroindustriales Sostenibles / Sistema de Asociación Rurales Autoorganizadas; los gallineros verticales del Ministro Merentes; los  cultivos hidropónicos y huertos intensivos traídos por la Universidad Agraria de La Habana; los Fundos Zamoranos; los Núcleo de Desarrollo Endógeno (Nudes); la mal llamada cogestión, realmente de participación accionaria entre un Estado capitalista y una cooperativa que recibiría acciones para decidir; las Empresas de Producción Social (EPS); las empresas de propiedad social; las comunas, figuras rechazadas en el referendum del año 2007; y las conocidas cooperativas oficialistas, de las que quedan un gran cementerio y unas cuantas falsas como las catorce cooperativas de maletín del conocido alcalde de Valencia.

La inexistencia de políticas públicas coherentes y con pistas reales de aterrizaje se observan en la variada y fracasada fauna organizacional que sin concepto ni direccionalidad gubernamental marchó en paralelo con los modelos del párrafo anterior como la Misión Vuelvan Caras, luego Misión Ché Guevara; el Ministro de Estado para el Desarrollo de la Economía Social (Noviembre 2002); Ministerio del Poder Popular para la Economía Popular (Minep) y Ministerio de Desarrollo Endógeno (Septiembre 2004); Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal (Minec, marzo 2007), ministerio con un Reglamento Orgánico que no menciona las cooperativas y en las atribuciones asignadas a la Oficina para la Economía Comunal sólo se refiere a la Economía Informal; Decreto-Ley para el Fomento y Desarrollo de la Economía Popular (julio 2008), decreto que no define ni Economía Comunal ni Economía Popular (término solo mencionado en la exposición de motivos y en dos artículos) pero que dedica su articulado a la Economía Comunal y a un tal “modelo socio-productivo comunitario”, obvias inconsistencias entre título y contenido; el Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal, marzo 2008; y, finalmente,  el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Protección Social (17/06/2009), por fusión del Ministerio del Poder Popular para la Participación y Protección Social y el Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal, cuya Web posee un nombre distinto, el de  Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimiento sociales y además, dicho sea de paso, no menciona las cooperativas entre sus objetivos generales y especificos: ¡Mayor incoherencia imposible!. Ver http://www.mpcomunas.gob.ve/

Estas incoherencias oficiales se observaron también en la comisión parlamentaria responsable del Proyecto de Ley de Economía Social (2004-05). En ella participó un solo cooperativista, el abogado Pedro Chapón; ante los vaivenes conceptuales del primer mandatario Chávez, se debatieron los siguientes nombres para el proyecto: Ley de Economía Social, Ley de Economía Solidaria, Ley de Economía Social y Solidaria, Ley de Desarrollo Endógeno, finalmente se adoptó el de Ley de Economía Popular. Un borrador de trabajo de esta comisión, en manos del suscrito, muestra como los cambios de la pretendida ley.

Es de destacar que al gobierno marginar el termino Economía Social, puso retroceso al avance de una democracia económica con valores y principios definidos, perdiéndose la oportunidad de una estructura socio-económica con mayores fortalezas y sinergias que la economía popular, y de una comunal sin derroteros definidos con disminuida autonomía relativa dependiente del gobierno central.

Nadie mejor que  Kliksberg (Seis Tesis No Convencionales Sobre Participación) para explicar esta realidad:“Un poderoso obstáculo al avance de la participación se halla en los intentos reiterados en la realidad latinoamericana de “coparla” para fines de determinado grupos. El clientelismo es una de las formas favoritas que adopta la manipulación. Allí el discurso ofrece promesas muy amplias de participación para ganar apoyos temporarios. Luego las realidades son muy pobres en participación real. Incluso sistemáticamente en los intentos manipulatorios se trata de relegar  a los líderes auténticos de la comunidad y de impedir que surjan líderes genuinos. Se procura así mismo crear “líderes a dedo” que puedan ser en definitiva un punto de apoyo para el proyecto manipulatorio. Cuando la comunidad percibe las intenciones reales, se produce un enorme efecto de frustración. Los efectos son graves. No sólo la comunidad resistiéndose dejará de participar, y la experiencia fracasará, sino que habrá quedado fuertemente predispuesta en contra de cualquier intento posterior aún cuando sea genuino”.

Sin duda alguna, las organizaciones populares deben diseñarse sobre las necesidades de sus miembros y comunidades; no ser productos de elucubraciones de teóricos “revolucionarios” de cómodos escritorios gubernamentales, ni depender de “los recursos que bajen”. Si esas organizaciones realizan actividades económicas, el diseño debe contemplar los elementos claves de cualquier plan organizacional y contar con recursos propios para que haya dolientes en caso de fracaso.

Al margen de las incoherencias y manipulaciones populistas, la vigencia y el potencial de la Economía Social en manos de los ciudadanos para enfrentar con valores los grandes problemas del país construyendo en paralelo una sociedad distinta sin estatismo salvaje y sin capitalismo también salvaje, no está en discusión. Ese potencial debemos desarrollarlo a partir de nuestros niveles de decisión más próximos, el local, propio de la ES, y el municipal.

Prof. Oscar Bastidas-Delgado (UCV).

@oscarbastidas25

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