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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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martes, 18 de octubre de 2011

PACIANO JOSÉ PADRÓN VALLADARES: LA MISIÓN DE LAS MISIONES

         Desaparecer es la meta de los programas sociales; desaparecer lo más pronto posible, luego de servir de paliativo, de solución urgente ante debilidades o problemas que agobian a determinados sectores.  Los programas sociales deben desaparecer después de lograr que los ciudadanos puedan -por sí mismos y de manera satisfactoria, acorde con su dignidad humana- avanzar en calidad de vida.

         La obligación del Estado promotor es crear condiciones para que todos tengamos trabajos dignos y bien remunerados, que nos permitan atender nuestros propios requerimientos.  No quiero un Estado propietario y ciudadanos indigentes y débiles; queremos venezolanos propietarios y emprendedores, forjadores de su propio destino, con un Estado estimulador de la iniciativa privada y garante de la justicia y la constitucionalidad, de la igualdad ante la ley y las oportunidades.

         De lo antes dicho, ¿Mercal y Pdval deben desaparecer? Si, y lo más pronto posible. No quiero más “PUDREVAL” para mi país. No queremos al Estado ocupándose de vender verduras y pollos, espaguetis y frutas, por lo demás importadas y pagadas en dólares, generando corrupción y pobreza en Venezuela, y riqueza para quienes nos venden el pan nuestro de cada día.

         Hoy, Mercal y Pdval lucen como una bondad, como programa necesario, y lo es en el corto plazo, pero el objetivo es cambiar.  Que haya suficiente estímulo al productor nacional, buenos empleos para los venezolanos, mejores salarios para todos, y que las verduras las vendan los abastos y supermercados libremente, mientras que los consumidores -todos con poder real de compra- los adquiramos a nuestro antojo y gusto, sin hacer colas indignantes e innecesarias. El Estado cumplirá su rol de promotor y, simultáneamente, su papel de legislador y supervisor para que impere la justicia.

         Para muestra un botón.  Recientemente en Informe del Departamento de Agroprocesados de Bicentenario, Terrazas del Ávila -el no hace mucho tiempo Éxito expropiado- registra una pérdida mensual de más de 20 millones en mercancía que al final debe ser botada. Solo el pasado mes de septiembre desecharon 861 kilos de pollo e innumerables kilogramos de cochino, pavo, “novillo empacado nacional” y otros productos. La ineficiencia y la corrupción oficial en marcha. El viejo Éxito, ahora es fracaso.

         ¿La Misión Barrio Adentro debe eliminarse? Si, debe transformarse y ser una actividad prioritaria en el Despacho Ministerial encargado de la salud pública. Es un programa fundamental de atención primaria cercano a la gente, una buena idea pésimamente implementada, llevada de manera ineficiente y corrupta. La Misión de la medicina familiar, próxima a la comunidad, no puede manejarse como un operativo, sino como programa permanente y eficiente.

         ¿Y la Gran Misión Vivienda?  Es parte de la propaganda electoral y de la demagogia que promete lo que no está en condiciones de cumplir.  La vivienda social es, en cualquier país, producto del empeño mancomunado del Estado y la empresa privada. ¿Quién construye viviendas con una guillotina en el cuello? El afectado es el pueblo.  La tarea del gobierno no es construir vivienda, es promover su construcción con sentido social.

         Son insuficientes estas líneas para echar un vistazo a todas las misiones, la mayoría de ellas fracasadas, pero con aspiración a eternizarse.  La misión es otra: hacer válido el esfuerzo ciudadano y que el Estado promueva, no que se haga propietario. Estado totalitario no lo quiero, no lo queremos.

pacianopadron@gmail.com
@pacianopadron

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viernes, 2 de septiembre de 2011

CARLOS BLANCO: CHÁVEZ CONVIRTIÓ SU CÁNCER EN LA "MISIÓN LÁSTIMA",

`En los países de tradición democrática la salud de los líderes es de interés, no se oculta y, más bien, se dan explicaciones sobre el particular, pero no suele usarse como ingrediente de la política´, sostiene el analista político.
Caracas, 02 Sep. (Intopress).- Asegura el analista político Carlos Blanco que “el presidente Chávez ha convertido su cáncer en la “Misión Lástima”.
De la misma manera, considera que “el mandatario nacional habla sin parar sobre su dolencia y cuando alguien se sale del coro de la compasión, entonces protesta y pide que lo dejen con su cáncer a cuestas. En realidad juega con candela, debido a que ha empleado casi 13 años para convencer al país de sus poderes y, ahora, con el achaque, intenta seguir con el aura de invulnerabilidad, la cual niega cuando se transmuta en el enfermo que es”.
Asimismo, precisó que Venezuela tiene su crisis peculiar, ahora aderezada con la enfermedad del Presidente. ”En los países de tradición democrática la salud de los líderes es de interés, no se oculta y, más bien, se dan explicaciones sobre el particular, pero no suele usarse como ingrediente de la política”.
Recordó Blanco que “muchas variedades de cáncer no matan si se descubren a tiempo pero, es una enfermedad que derrumba las certezas, es un ataque por mampuesto”.
-Ahora el personaje no es omnipotente, como suponía. No sólo eso. Antes no era todopoderoso y hacía el teatro de serlo, sin embargo, con el cáncer hace un doble teatro: el de omnipotente que se enfermó y, que otra vez, se ha vuelto omnipotente, dijo.
Finalmente, destacó que “ese circo no lo soporta ningún personaje. Si quieres un consejo de cura de verdad: sé generoso”.

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miércoles, 8 de junio de 2011

JUAN CARLOS APITZ B.: MISION HUMILDAD

El moderno Prometeo de Sabaneta anunció que "no requiere operación mi lesión de la rodilla izquierda pero sin embargo estoy en tratamiento...". No obstante, me temo que no ha entendido el significado de su dolencia y, por ende, tardará mucho su recuperación.

En principio, es importante el significado de las enfermedades porque éstas son una forma de expresión del cuerpo.

Todas nuestras emociones y pensamientos se registran en las células de nuestro organismo. Para la medicina holística es bien sabido el significado de un padecimiento en las rodillas; se trata de falta de humildad, arrogancia y sometimiento a nuestro ego. Para ello el mejor remedio es la humildad, de la que los políticos en decadencia carecen.

En efecto, el depuesto dictador tunecino Ben Alí está en coma y se muere en un hospital exclusivo de Arabia, donde sólo son tratados los miembros de la familia real saudí y sus amigos íntimos.

Los médicos aseguran que se muere de una mezcla de rabia y miedo, de soberbia y terror, síntomas claros del mal que afecta a los políticos en el poder, descubierto y detallado por el neurólogo inglés David Owen en su obra En el poder y en la enfermedad, quien fue también ministro laborista de Sanidad y de Asuntos Exteriores británico.

A su vez, algunos rumores aseguran que Hosni Mubarak, el también depuesto dictador egipcio, se está desmoronando, víctima del terror, de la rabia y de una patológica ansia de venganza contra el pueblo que lo ha expulsado del poder.

Gadafi, el dictador libio, acorralado por su pueblo, se comporta en su caída como una bestia sin control, como un enfermo mental peligroso.

En el libro de Owen se analizan las enfermedades y desequilibrios de muy ilustres políticos (de Lincoln a De Gaulle, pasando por Churchill, Roosevelt, Nixon, Yeltsin y otros), en los que descubre algunas patologías graves que incapacitaban a muchos de ellos para gobernar.

A éste se debe la descripción de un desequilibrio emocional que padecen algunos políticos, que el autor denomina síndrome de hybris, cuyos rasgos principales son: se emborrachan de poder, incurren en el iluminismo caudillista, son adulados porque no soportan ser criticados, y se perciben a sí mismos como imprescindibles para evitar la debacle del pueblo que dirigen.

Los afectados por esta enfermedad del poder creen acertar en todas sus decisiones y disponer de conocimientos ilimitados, lo que les separa emocionalmente de la realidad en la que viven.

Precisamente, la humildad es aceptar la propia realidad, pero resulta difícil para muchos y particularmente para el político decadente, porque la soberbia se rebela cuando la realidad es fea o defectuosa para él.

Aceptarse no es lo mismo que resignarse. Si se acepta con humildad un defecto, el error, las limitaciones, se sabe contra qué luchar y se vencerá. En efecto, la rodilla es símbolo de la autoridad y de su poder social.

Doblar las rodillas es hacer acto de humildad, pero hacer doblar las rodillas equivale a imponer nuestra voluntad. Plinio señalaba la índole religiosa de las rodillas, símbolo de potencia, poder y reciedumbre.

Los antiguos griegos creían que los dioses, reunidos en consejo, tenían los destinos de los hombres y los dones que les reservaban, en sus rodillas. Nos lo recuerda Homero en el famoso verso de la Odisea: "Está sobre la rodilla de los dioses".

Finalmente, ante el contagioso síndrome presidencial de hibrys, más que rodilla en tierra con su soberbia, el moderno Prometeo de Sabaneta debe lanzar ya la Misión Humildad.

www.juancarlosapitz.com
justiciapitz@hotmail.com
twitter: @justiciapitz
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martes, 3 de mayo de 2011

EL GOBIERNO TIENE MIEDOS. ENRIQUE PEREIRA

Un expediente completo crece cada día. Imposible ocultar esos miedos

Comenzaron en diciembre pasado, o temprano en enero, echando para atrás la aprobación de la ley de Universidades. Han venido bajando la cabeza progresivamente ante los grupos organizados de protesta y a eso le ha seguido una intensa campaña de captura preelectoral, que no tiene comparación alguna con cualquier campaña anterior. El miedo es libre. Los números electorales no cuadran.

La pasión desmedida de aquel pueblo que lo adoraba, se quedó en el camino. La semana pasada, en el acto de condecoración a trabajadores en el Teresa Carreño, muchas personas abandonaron el acto, a mitad de la función. Los camarógrafos de Venezolana de Televisión fueron cerrando los planos, a medida que las personas abandonaban el lugar. El Vicepresidente hablaba ante cada vez menos personas. Patética la revolución que no arrastra pasiones. Una concentración de trabajadores, el pasado domingo, tuvieron que rellenarla con muchos trasladados, kits de comida y la promesa del lunes libre. A pesar de eso, grupos completos de los que trajeron del interior, se paseaban por los centros comerciales, visitaban el parque del este y otros lugares de diversión. Turismo revolucionario.

Las Misiones salvaron a Chávez en las oportunidades anteriores. Cuando el referéndum estaba perdido, invento las misiones para que lo sacaran de abajo en la cuenta y a decir verdad, le funcionó. Revirtieron los números y lograron remontar la cuesta.

Ahora, la misión Vivienda y la misión Trabajo, esperan convertirse en la principal oferta para reconquistar la inmensa cantidad de votos que ha venido perdiendo a lo largo del tiempo. Los votos tienen que intentar comprarlos, pues ya la inmensa mayoría del pueblo, entiende perfectamente de que se trata el amor de Chávez y su revolución. 

Producir tres millones y medio de empleos en ocho años, es otra de sus promesas vacías. Más de cuatrocientos mil por año. Una mentira fresca, que se agrega al resto de las mentiras que intentó vendernos. Han pasado seis meses y los conjuntos habitacionales que estaban listos, léase bien, listos para entrega, no se han entregado. Los que le faltaban seis semanas de trabajo, están abandonados a su suerte y los legítimos propietarios ya se preguntan si la intervención del gobierno los llevó al desastre. No vaya muy lejos, dese una vuelta por el Encantado en Macaracuay y por Terrazas de Guaicoco. Todo lo que tocan, lo inactivan.

Aquí cada ser, de cualquier estrato, tiene su dedo listo para decidir. No importa si me “enfranelan” de rojo, me obligan a marchar y me prometen una casa. Mi hijo se quedará sin Universidad, mi suegro que trabajaba en Agroisleña, perdió su trabajo de catorce años y mi hermano está parado frente a los portones de Alcasa, esperando la limosna del gobierno para que arranque la planta. El daño que ha producido este gobierno ha sido bien repartido, porque ahora, el desastre es de todos. La revolución bonita se desbarata. Venezuela no se engaña con maquetas, cadenas y promesas.
vienegrande@yahoo.es
@pereiralibre

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lunes, 2 de mayo de 2011

EL CUENTO DE LOS 10 MILLONES DE VOTOS. JUAN CARLOS ZAPATA

Chávez cree firme  en la ecuación de que a más empleados públicos son más los votos. Por eso aceleró entre 2009 y 2010 la toma de empresas. Y como dijo: el Estado ha incorporado más de 3 millones de empelados. Y claro, con los mecanismos que brinda en el poder, el sector público movilizado ayer 1 de mayo, lo arropa en loas y anuncia alianza eterna entre la clase obrera y el líder. 

EMPLEADO PUBLICO
El líder corresponde con una nueva Misión, para que haya más empleados públicos y por tanto, más votos. Ante esa marea humana, relanza la meta de los 10 millones de votos para el 2012. La realidad no es tan roja. Más bien colorada. Ya Chávez perdió la primera enmienda donde los empleados públicos hicieron la diferencia. Y en las últimas elecciones presidenciales se quedó bien abajo de los 10 millones, porque los empleados públicos tampoco lo votaron como él aspiraba. ¿Y quiénes hicieron la diferencia en gobernaciones como Miranda, Táchira para que ganara la oposición? ¿O en la alcaldía Metropolitana de Caracas? No sólo los empleados públicos. También entre los beneficiarios de las misiones ha habido mucho voto corrido. 

El secreto de todo está en el voto secreto. Una bandera que la oposición no debe soltar. Hay que recordar el tiempo adeco. En las últimas elecciones la Operación Galope ya resultaba contraproducente, pues los adecos creían estar movilizando votantes a favor cuando en realidad votaban por el contrario. 

ALTERNATIVA DEMOCRATICA
La cifra de los 10 millones, eso sí, opera como un reto lanzado a la estructura del PSUV. Y la dirigencia así debe entenderlo, pues bien fresco en la memoria debe estar el resultado de las parlamentarias del año pasado de las que la oposición emergió con un porcentaje, 52%, que es mayoría. Y de plano, Chávez parece subestimar al candidato opositor y al esquema unitario que los partidos han plantado. Es otro tiempo. Si el escenario lo tuviera fácil, no estaría sacándole tanta plata a PDVSA para financiar la campaña. Que plata es lo que le sobra. No votos.

Juan Carlos Zapata 
confidencial@guasdualito.com

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viernes, 31 de diciembre de 2010

CARTA DE SACERDOTE CATOLICO AL NEW YORK TIMES

Querido hermano y/o hermana  periodista:

Soy un simple sacerdote católico.  Me  siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo  en Angola como misionero.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en  vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa,  investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así  aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en  Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes…  Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones  periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas  de preconceptos y hasta odio.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique  tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del  lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las  medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la  dignidad de los niños será siempre una prioridad  absoluta.

Pero ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por  millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en  los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de  información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde  Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas  de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han  retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con  la distribución de alimentos y semillas. Que hayamos dado la  oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de  110.000 niños...

No es de interés que con otros sacerdotes  hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000  personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su  rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.  No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las  noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la  calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen  de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros  sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos  que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un  refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa  por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que  más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería,  en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados  de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en  escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias  y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por  salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya  transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco  señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más  recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo  están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la  región… Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida  de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que  sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino  simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido  comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que  un bosque que crece.

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martes, 30 de noviembre de 2010

INTERVENCIONISMO: ¿IDEOLOGÍA O NEGOCIO? ROBERTO CACHANOSKY, CASO ARGENTINA.

Comprendo que la gente no relacione calidad institucional con crecimiento. Lo que no entiendo es que se haya perdido el concepto de decencia, algo que nuestras abuelas conocían sin haber hecho un posgrado.

Considerando que el mundo está lleno de seres mortales con sus virtudes y defectos, y que los funcionarios públicos surgen de ese mundo de seres mortales, resulta difícil imaginar corrupción cero en cualquier país del mundo. Habrá naciones con más corrupción y otras con menos, pero difícilmente haya una corrupción cero por el simple hecho de que la misma existencia del Estado da lugar a un poder que detentan los gobernantes y funcionarios públicos que les permite disponer de los dineros ajenos.

Si aceptamos que es casi imposible llevar la corrupción a cero, al menos puede limitársela. Es decir, buscar esquemas de políticas públicas que disminuyan las posibilidades de corrupción. ¿Cómo puede lograrse ese objetivo?

Cuando uno observa, los casos de corrupción se deben fundamentalmente a dos razones: a) las regulaciones de todo tipo del Estado y b) el estatismo.

Cuando hablo de regulaciones no solo me refiero a los controles de precios o restricciones al ingreso de nuevos competidores al mercado, entre otras medidas, sino también a los subsidios de toda clase. Por ejemplo, es común escuchar denuncias sobre el uso político de los planes sociales que manejan algunos sectores del gobierno u organizaciones que se autodenominan “sociales”.

Mi punto es que a mayor intervención del Estado en la economía, más posibilidades de corrupción. Tomemos el caso de regulaciones que impiden el ingreso de nuevos competidores al mercado. El objetivo de ese tipo de regulaciones consiste en generar una renta extraordinaria en los sectores beneficiados que no obtendrían en condiciones de libre competencia. El funcionario que otorga ese beneficio puede cobrar una coima por otorgarlo y quien lo recibe puede pagarlo porque la renta extraordinaria se lo financia. Se produce así un mercado de tráfico de influencias en que el objetivo no es invertir para ser más competitivo y ganarse el favor del consumidor, sino que todo se centra en hacer el lobby necesario para obtener esa renta extraordinaria. El funcionario sabe que esa renta es un bien escaso y que su firma puede tener un precio, por lo tanto, “vende” ese beneficio gracias a que la sociedad toma como normal que el Estado intervenga en la economía para neutralizar los “efectos negativos” del “mercado salvaje”.

Otro ejemplo podrían ser los controles de precios. Cuando una empresa depende de que un funcionario público firme una autorización para incrementar los precios, su capacidad de subsistencia puede depender de la buena voluntad del funcionario, por lo tanto puede estar dispuesta a pagar para que el burócrata firme a cambio de un precio. En ese caso hay una extorsión del funcionario de turno.

Los escándalos de corrupción que han surgido en los últimos tiempos en las obras sociales sindicales no son otra cosa que el resultado de una fuerte intervención del Estado que, en nombre de la justicia social, le quita compulsivamente a los trabajadores parte de su ingreso para transferírselo a los dirigentes sindicales. No es que los trabajadores libremente eligen aportar a las obras sociales, sino que el Estado les quita por la fuerza parte de su ingreso para transferírselo a los sindicatos. Si no existiera ese “robo legalizado”, como lo denomina Bastiat, el trabajador podría elegir quién le presta el servicio médico, y si quien se lo presta no lo satisface podría cambiar de prestador. Es tal el monto que se mueve mediante este robo legalizado que la corrupción es inevitable bajo este sistema porque los sindicatos no tienen que ganarse la voluntad de los trabajadores sino que obtienen los recursos gracias al aparato de compulsión del Estado.

¿Quién no recuerda, si tiene edad suficiente, el suplicio que era conseguir un teléfono en la época de ENTEL? Tener un amigo que tuviera un amigo en ENTEL que consiguiera un teléfono era la forma de obtenerlo. ¿Quién no recuerda los techos de los edificios del microcentro repletos de cables de teléfonos que usaban las mesas de dinero? Esas líneas se conseguían comprándolas. Y el que las vendían se las quitaba a otros. Y los ejemplos podrían continuar, con las empresas estatales que compraban mucho más caro los insumos que el precio de mercado porque había un negocio cautivo.

En definitiva, a mayor intervención del Estado, más poder del funcionario público para decidir ganadores y perdedores dentro de la economía. Ese poder omnímodo de los burócratas y políticos, que va contra los principios de la democracia republicana, termina generando el tráfico de influencias al que hacía mención antes, porque, insisto, el costo de las coimas lo termina pagando el consumidor. El funcionario que coimea se beneficia y el que paga lo asume como parte del costo de producción gracias a los beneficios extraordinarios que le otorga el Estado le permite trasladar ese costo a precio.

Podemos catalogar a los dirigentes políticos, sindicales, economistas etc. que adscriben al intervencionismo y al estatismo bajo dos grandes categorías: a) los que están convencidos por ideología y b) los que ven un negocio personal en la intervención del Estado y lo promueven no por ideología sino por interés personal. En este caso, la intervención estatal se presenta como una ideología a favor de los pobres o de la soberanía nacional, pero en rigor esos argumentos son solo una pantalla para esconder el enriquecimiento personal que persiguen baja la máscara de defensores de los pobres y de la Nación.

A los que están convencidos por ideología y no los mueve la búsqueda de enriquecimiento personal les diría que no es un problema de personas sino de sistema, además de debatir técnicamente sobre la inconveniencia del intervencionismo y el estatismo. Pero para los que buscan un negocio personal no hay argumentos científicos que valgan, porque sería como tratar de convencer a Al Capone que no es bueno para la sociedad las actividades mafiosas. Su interés personal no pasa por el interés de la sociedad sino por maximizar sus ganancias personales utilizando cualquier mecanismo para obtenerlas. De manera que tratar de convencer a este grupo de personas no tiene ningún sentido.

Pero el problema de fondo es que una amplia mayoría de la población cree que el intervencionismo estatal la beneficiará y que el mercado libre la perjudicará, al tiempo se escandaliza con la corrupción y cree que el problema se resuelve reemplazando a un intervencionista corrupto por un intervencionista honesto. Para la inmensa mayoría de la sociedad la corrupción no es fruto de los poderes omnímodos que manejan los burócratas y políticos, sino que es un tema de personas. Y la realidad es que si en el medio de un océano de corrupción cae un intervencionista honesto, la mafia de la corrupción se lo come vivo. Y en el caso que se consiguiera un ejército de intervencionistas honestos que pusieran en retirada a los intervencionistas corruptos, igual tendríamos un serio problema de eficiencia económica. Tema que dejaré para otra nota.

Si uno mira la oferta electoral de hoy día en Argentina, salvo excepciones, se va a encontrar con que la oposición denuncia al gobierno de corrupto y sin respeto por la democracia republicana, pero no propone un cambio de sistema. El argumento se limita a decir: ellos son corruptos y autócratas, yo soy honesto y democrático. Una especie de kirchnerismo al revés. De ambos bandos parecen tirarse con el argumento de la honestidad y el respeto a las instituciones, pero, sinceramente, del lado de la oposición no veo, a grandes rasgos, propuestas de políticas públicas tan diferentes a lo que actualmente se hace. Solo se argumenta sacando la chapa de honesto.

La democracia republicana se construye limitando el poder del Estado. Sin un límite claro al monopolio de la fuerza que le delegamos al gobierno, no hay democracia republicana posible y sí muchas posibilidades de corrupción. Y como la corrupción necesita de la impunidad para subsistir, el paso siguiente es la destrucción de la república.

Pero tal vez sea el mismo mercado electoral, es decir las preferencias políticas de la gente, lo que hace que impere este tipo de sistema. Comprendo que no todo el mundo tiene que conocer la relación entre calidad institucional y progreso económico y personal. También comprendo que no todo el mundo tiene que entender porque son perjudiciales los controles de precios, las restricciones a la competencia, el despilfarro en subsidios, el estatismo, etc. Lo que me resulta más difícil de comprender es que hayamos llegado a un punto en que la gente no pueda comprender un concepto básico que es el de decencia o prefiera dejar de lado la decencia a cambio de un artificial y transitorio nivel de consumo. Digo, no pido que la gente entienda la relación entre instituciones y crecimiento, sino que valore la decencia, que es algo que nuestras abuelas lo comprendían sin haber hecho un MBA o un PHD. Ser decente es vivir del trabajo propio y no del ajeno. Ser decente no es pretender vivir de las dádivas del Estado. Ser decente es esforzarse para progresar sin pedirle al Estado que le robe a otro para que me lo de a mí. Ser decente es respetar al otro, es la buena educación en el trato. El saber que uno no debe robar, en forma directa o mediante el Estado gracias al lobby. Ser decente es no avasallarlo los derechos de los demás en nombre de la justicia social o de la soberanía nacional.

Esta orgía de creciente corrupción que vive el país, podría ser el resultado de haber perdido el concepto de decencia. Posiblemente, quienes ven el intervencionismo como un negocio personal y lo disfrazan de ideología a favor de los más desposeídos, aprovechan esa pérdida del concepto de decencia porque amplios sectores de la sociedad está dispuesto a cambiarlo por una fiesta de consumo transitorio o de vivir de la ilusión que una autócrata bueno nos evitará el trabajoso camino de construir el país con trabajo, inversiones y respeto por las instituciones, y cuando digo instituciones pongo el acento en el Estado limitado.

En definitiva, me parece que es imposible que tanta corrupción pueda sostenerse sin una sociedad que ya no se escandaliza por ella. Y si no se escandaliza, es porque se perdió el concepto de decencia. Y si se perdió el concepto de decencia, queda el campo listo para el negociado corrupto del intervencionismo.

Tal vez, si comprendemos que la existencia de un Estado limitado no es solo más eficiente para poder crecer, sino un imperativo moral, es que logremos el sueño de una Argentina diferente.

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viernes, 17 de septiembre de 2010

TRIBUNA LIBERTARIA. COMPENDIO OPINÁTICO. VIERNES 17/09/2010. RAUL AMIEL

(MISIÓN IMPOSIBLE V. LUIS AROCHA MARIÑO * LA GUERRA ES A MUERTE. ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA)

MISIÓN IMPOSIBLE V, LUIS AROCHA MARIÑO

Jim: ésta es nuestra penúltima entrega, por ahora, de nuestra profunda misión, lograr mayoría parlamentaria calificada para obligar a Hugo a gobernar en clima democrático y Político (con P mayúscula). De ser derrotados, nuestros jóvenes saborearán directamente el fenómeno de la tiranía; de allí la importancia de acentuar durante estos días, la estrategia que permite revertir la situación actual.

Como ya sabemos el voto es una acción muy específica: apretar una serie de botones que representan a ciertas personas. Concentrarnos en ese acto y sólo en ese acto, es la táctica que hemos de resaltar en estos 11 días restantes. Sabemos, también, que el “coranzoncito” es el que dictará por quién, c

ada uno de los votantes, apretará los correspondientes botones.

El pobre, particularmente si tiene una educación muy básica (alrededor de un 70-75% de la población nacional), tenderá a hacerlo siguiendo su memoria fotográfica: si en ese momento piensa en los muertos cercanos y la indiferencia que Hugo ha mostrado sistemáticamente frente a esos hechos tan dolorosos, aplicará el voto castigo.

El empleado público, ojo son 2.700.000 votos, si en ese momento está seguro de que no leerán su voto, aplicará el voto venganza. Igual ocurrirá con los militares, que no son tantos.

Los ni-ni e indiferentes tradicionales (más o menos 50% de la población), si ese día amanecen convencidos de que una tiranía comunista no le da paz ni sombra a nadie: p

ersigue, acorrala y si puede destruye, a los no participantes en política, se levantarán e irán a votar aterrorizados en contra de esa posibilidad.

Y así, lograremos el cumplimiento de la misión imposible. Esa toma brusca de conciencia permitirá que llenemos la asamblea con personas que le dirán sistemáticamente a Hugo: o rectificas o te vas en 2012, aprobando leyes que respeten nuestra constitución, obligándolo a trabajar de verdad y recuperando el hilo democrático. Así que, ¡a largar el resto, Jim!

Recuerda: los chavistas radicales están contados y son 200.000 personas en todo el país. Será lo que quedará (¿en el PSUV?) una vez superada la actual pesadilla.

LA GUERRA ES A MUERTE, ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA

Franklin Brito, in memoriam

Resulta tan evidente que asombra la miopía con que un importante sector de la sociedad y su liderazgo no alcancen a percibirlo. ¿O es que lo ven, pero asustados como avestruces - y creyendo en el clásico refrán de los cornudos según el cual “ojos que no ven corazón que no siente” - prefieren hacer como que no lo están viendo? La guerra es a muerte. Y de esta guerra, por lo menos por ahora y hasta nuevo aviso, uno de los contrincantes resultará no sólo derrotado, sino aniquilado y destruido: o el régimen impone su dictadura totalitaria y la esclavitud consiguiente o la oposición triunfa e impone la libertad y la democracia. Como decían los romanos, tertium non datur. No existen términos medios.

Hannah Arendt lo señaló negro sobre blanco: con el totalitarismo no es posible la convivencia. Y puestos en este brete de guerra a muerte – que nos lo impone el golpismo castro comunista venezolano y la insólita irresponsabilidad de quienes le abrieron los portones del poder, hasta el día de hoy – una mínima señal de conciencia histórica debiera habernos puesto suficientemente en claro que el juego es al todo o nada. Y debemos reconocer con inmenso dolor, que en esa apuesta del todo o nada, Chávez ha avanzado lo suficiente como para sentirse seguro en sus bastiones.

Chávez no cree en partidos ni elecciones: buen o mal soldado pero sin otra cultura que la militar, cree en las técnicas de la guerra y las utiliza sin la más mínima consideración a las formalidades. A Chávez las formalidades – nacionales e internacionales, humanitarias o de conveniencia – le traen sin cuidado. Sólo le interesan los resultados que, vistos militarmente, consisten en devastar, aniquilar, triturar al enemigo. Y su enemigo somos todos los demócratas, poco importa si adecos o copeyanos, militantes de Primero Justicia o de Un Nuevo Tiempo, del MAS o del PPT, de la Causa R o Proyecto Venezuela, de PODEMOS o ABP.

Lo sabe él y ha tenido la habilidad para transmitírselo a todos sus seguidores, de los cuales varios cientos de miles armados hasta los dientes. Si alguien tenía dudas, la consigna de todo un pueblo y una sola voz y luego del triunfo arreciaremos el empuje revolucionario lo dejan absolutamente en claro. ¿O es que la dirigencia opositora se ha vuelto sorda, ciega y muda?

Es tan evidente, por otra parte, que los demócratas ya son mayoría pero tan dispersa como un archipiélago, que huelga reconocer la insólita capacidad del tirano por profundizar esa dispersión. Creen los dirigentes de los partidos que para salvar la democracia es preciso salvar previamente a los partidos. Y en lugar de aunar sus fuerzas en una sola tarjeta y constituir un ejército bajo un solo mando, se aprovechan de la circunstancia de una batalla mortal para intentar ganarle, en primer lugar a los aliados, y luego, si la suma es exitosa, al enemigo.

El argumento de que esa dispersión – muchas voces, muchos colores, muchas orientaciones -es expresión de la democracia y que hacemos lo que hacemos porque somos demócratas y la democracia es pluralidad, es absolutamente falaz. Eso es cierto en condiciones de normalidad democrática, cuando los totalitarios están tras las rejas o bajo tierra – para usar el símil del Sr. Benavides - o arrinconados por gracia de la democracia en algunas instituciones.

Pero no estamos en condiciones de normalidad democrática. Estamos bajo la aterradora circunstancia de un estado de excepción. Y gústenos o no nos guste, bajo dichas condiciones la política es el enfrentamiento mortal amigo-enemigo. Chávez lo sabe, y aplica dicho principio bajo las leyes de la guerra. Cláusewitz: la guerra es la política por otros medios. Parafraseándolo: en un estado de excepción la política es la guerra por otros medios.

Nos acercamos a una batalla decisiva. El comandante no para mientes en señuelos, triquiñuelas y engaños. Y por triunfar es capaz de utilizar todos los medios y recursos. Es maquiavélico en el más estricto sentido. Y cree hacerlo por una causa justa. ¿Iremos a este combate con las manos blancas y sin otro discurso que el de la otra mejilla? Si la dirigencia opositora no asume la conducción de sus tropas en este combate mortal, será arrasada por la historia. La opción es suya.

Raúl Amiel - raulamiel@gmail.com

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