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domingo, 26 de octubre de 2014

ANTONIO SEMPRÚN, PALABRA DE LADRONES

Después de casi dieciséis años de desgobierno Venezuela es el reflejo de un país arruinado, como consecuencia de una administración ignorante y corrupta que lo único que ha sabido hacer  es buscar culpables para endosarle sus errores.

Quien se hizo del poder en el año 1.998 después de robarle la vida a más de cien venezolanos  usando las armas de la República, lo obtuvo  mintiendo  y engañando, fue la forma de timar a un pueblo que buscaba nuevos horizontes y mejor calidad de vida. La mentira ha sido usada por este régimen como el lubricante que ha creado esperanza en una población cada día más dependiente de las dádivas que les arroja el poder ejecutivo.

Expresiones como las pronunciadas por Chávez, “no importa si no tenemos para comer ni para vestirnos, lo que importa es la revolución”, la del ministro Ricardo Molina  ante la escasez de shampoo en el país, “pues si por la revolución tenemos que dejar de lavarnos el pelo, lo haremos”, o la de Rafael Ramírez, en relación a la aceptación de Venezuela como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, “es la muestra del amplio apoyo internacional a la revolución como promotora de la paz, de la justicia social y de los derechos”, reflejan que así como la inseguridad,  la mentira es una política de estado.

La jerga entre ladrones  solo busca complicidad  entre ellos,  atentos al descuido del otro para sacar provecho. Es el comportamiento de un régimen forajido integrado por ladrones que empeñaron su palabra de brindar desarrollo,  mejor futuro y una vida digna a los venezolanos quienes después de una década,  algunos  visten con harapos, otros buscan alimentos en los basureros y muchos deambulan entre farmacias y supermercados para poder sobrevivir.

La palabra de los ladrones es la argucia con la que buscan el bienestar propio sin importarle el malestar de una sociedad.  Solo el despertar del pueblo subyugado por la mentira de los delincuentes lo hará libre.

Coronel Antonio Semprun
coronelantoniosemprun@gmail.com
@antoniosemprun

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sábado, 26 de abril de 2014

CHARITO ROJAS, LADRONES DE NIÑOS

“Así como de la noche sale el claro día, de la opresión nace la libertad”. Benito Pérez Galdós (1843-1920), novelista, dramaturgo y cronista español.

El miércoles 23 de abril, el Ministerio del Poder Popular para la Educación iniciará en los 29.000 planteles públicos y privados la Consulta Nacional por la Calidad Educativa, un cuestionario que preguntará a los niños y jóvenes desde educación inicial hasta el último año de bachillerato, su opinión sobre el sistema educativo que quieren en un futuro.
Esto sería muy bueno si no tuviéramos esa feroz desconfianza hacia los métodos castro comunistas que aplica el gobierno para adoctrinar a nuestros menores hijos. Y esta consulta no es más que un paso oficioso para aplicar de lleno aquel decreto 058 que el finado suspendió ante la protesta de los padres, con la excusa de que “Bueno, está bien, lo suspendemos porque no hemos consultado con ustedes”. No la había consultado nada menos que con los padres responsables de esos menores de edad a los que aplicarían el mismo sistema que a los “pioneritos” cubanos, adoradores de Fidel y robots de la revolución.
Ahora, en esta ofensiva de los pupilos fidelistas contra Venezuela, están dando el paso de la consulta, para que no digan. Pero la consulta no es a los padres, sino a los niños. Ni siquiera los maestros y profesores saben a estas alturas qué contiene ese cuestionario, pero ya los padres se han organizado para ejercer los derechos de su patria potestad y prohibir a los planteles mediante comunicación escrita, que hagan ninguna encuesta a sus menores hijos sin su presencia.
En realidad éste es un paso más en la avanzada ideologizante que lleva un gobierno que utiliza abiertamente a niños en actos proselitistas. El finado adoraba que los niños le hicieran loas, mediante poesías escritas por jaletis que podían ser sus maestros o hasta los irresponsables padres. Se retrataba con ellos en pose amorosa, donde solo faltaban violines y las alitas de ángel. El actual y sus acólitos no han tenido ni el menor escrúpulo en la descarada utilización de menores de edad en campañas donde los niños aparecen uniformados de militares, disfrazados del finado y hasta con los bigotes del heredero.
Una campaña profusamente difundida en la red de televisión pública y privada, muestra niños que testimonian seguir el ejemplo del finado y rematan con una declaración de amor al comandante muerto. Niños que ni siquiera deben saber la dirección de su casa por su corta edad, son usados para promover posiciones políticas. La LOPNA, tan activa en acusar a los medios de perturbar la mente de los jóvenes con escenas de la violencia que ven todos los días en las calles de Venezuela, ha guardado silencio absoluto ante esta manipulación de la mente y la imagen de los niños venezolanos.

Con los festejos de “Un año de la siembra” del comandante semilla, se permitieron ordenar a los niños en sus aulas que hiciesen composiciones sobre la “vida y obra” del finado; hubo concursos de dibujo con la imagen del golpista el día 4 de febrero y hasta tuvieron que hacer carteleras conmemorativas. Muchos padres, no por opositores, sino por responsables de la salud mental y emocional de sus hijos, se negaron a que cumplieran con esas tareas. Y muchos maestros, a quienes queda inmenso ese título, castigaron y calificaron con ceros a los niños que no hicieron lo encomendado.

Y es que, igual que el elefante a la hormiguita, los revolucionarios castro comunistas han venido metiendo sus garras en la educación de los niños. Hace menos de un año denunciábamos la edición de una constitución infantil, donde las ilustraciones mostraban al finado de tú a tú con Simón Bolívar, como si fuese un prócer. A las ilustraciones igualadas y anti históricas, se sumó la distribución del himno nacional cantado por el finado, que es el que se está escuchando actualmente en los planteles públicos, seguido por el “Patria querida”.

Por si fuera poco, la llamada “colección Bicentenaria” que son los libros gratuitos que se dan desde el primero hasta el último año de educación, tiene contenidos que atentan contra la verdad histórica, omisiones imperdonables y planteamientos que ubican la mentalidad infantil en el contexto revolucionario como criterio único.

Tarde se han dado cuenta muchos padres, que deben revisar uno a uno los contenidos de esta colección, lo que están estudiando sus hijos. Personajes históricos como Cristóbal Colón han desaparecido, así como la actuación de presidentes democráticos, que aparecen en pocas líneas mientras que el difunto comandante tiene páginas y páginas de “gesta heroica”. El golpe del 4F es glorioso y justificado. El de abril de 2002 es fascista y antipatriótico. El caracazo, un logro del pueblo revolucionario. Y Rómulo Betancourt, un don nadie.

Esto es lo que aprenden nuestros niños. O lo que pretenden que aprendan. Por eso es que Fidel Castro tiene 55 años tiranizando a Cuba: los cubanos han sido ideologizados desde su más temprana edad en las aulas. Allí está el secreto de la revolución.

Robar la mente y la voluntad de niños y jóvenes es monstruoso. No sabemos si calificar de suicidas, temerarios o idiotas a quienes, en su momento de mayor debilidad de argumentos ante el país y el mundo, se lanzan a meterse con los hijos de quienes protestan furiosos unas condiciones de vida ya inaguantables. El 058 es una razón más para dar un parao a esta locura.

Charito Rojas
Charitorojas2010@hotmail.com
@charitorojas

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sábado, 22 de marzo de 2014

ANGELICA MORA, LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS, APUNTES DE UNA PERIODISTA, DESDE ALEMANIA, FRANKFURT

EL MISMO NOMBRE: GUARDIA NACIONAL... PERO SE LE AGREGÓ AHORA LA PALABRA "BOLIVARIANA"
Confieso que tengo pesadillas con lo que está sucediendo en Venezuela y hay momentos en que frente a las escenas increibles que me llegan en fotos, videos y relatos, me parece que voy a despertar de un momento a otro... y así voy a dejar atrás todo el horror.
Pero, desgraciadamente no es así.
Decía en otros Apuntes, que he visto como lo peor en el ser humano está aflorando estos días en Venezuela, la tierra en que viví diez años de mi vida, tuve a uno de mis hijos y desarrollé una carrera feliz de periodismo.
 Hoy, al ver los rostros de odio y crueldad de los que cumplen fielmente la orden de aplastar a la oposición, recuerdo los años en que fui redactora de la Revista de la Guardia Nacional y cómo me reunía para pautar los temas con los jefes de esa Institución Militar, donde se advertía -como regla fundamental- que los militares no podían opinar sobre política. Hoy el tono se ha transformado y vuelto para mí irreconocible.
La gente amable y risueña ha dado paso a dos clases de venezolanos:
 1,.Los que luchan por la Libertad de la Patria, oprimida por una feroz tiranía, donde todos los anteriores dictadores como Marcos Pérez Jimenez por ejemplo, parecen niños de pecho en comparación a Nicolás  Maduro.
2,. Y los que siguen las órdenes ý están de acuerdo con el Tirano de Miraflores.
En este último grupo están los que reprimen con fuerza brutal a los jóvenes y al resto de la población civil y los delatores, iguales a los que hay en Cuba.
Las fotos y videos muestran a los que persiguen y los perseguidos en escenas que parecen arrancadas, en estremecedora parodia,de la película "La Invasión de los Ladrones de Cuerpos" ( "Invasion of the Body Snatchers").
 ¿De qué Planeta de Odio han venido?       
Angelica Morabeals
Angelicamorabeals@Yahoo.Com

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

GABRIEL S. BORAGINA, LOS ESTRAGOS DE LA ENVIDIA

El diccionario de la Real Academia Española define: "envidia. (Del lat. invidĭa).

1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.
2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee."

Del análisis de la anterior definición, no resultará difícil concluir que el paradigma del envidioso es -sin lugar a dudas- el ladrón. Es precisamente la envidia lo que lleva al ladrón a robar. Y si bien todo ladrón es un envidioso, no todo envidioso resulta ser un ladrón. Podría afirmarse además que, una mayoría muy importante de envidiosos no llegan al extremo de robar por sí mismos. No nos interesan por el momento los envidiosos que encomiendan a expertos ladrones el despojar de sus pertenencias a las personas envidiadas, sino que concentraremos nuestra atención en ese gran número de envidiosos que encargan a la clase política y –específicamente- al gobierno robarles a unos para darles a otros.

Esto es precisamente lo que sucede en aquellas sociedades donde las mayorías votan gobiernos que prometen "políticas redistributivas" bajo rótulos sentimentalistas y psicológicamente efectivos, como los tan popularmente machacados de "políticas sociales, de bienestar, de felicidad, justicia social y por el estilo.

Un complejo de culpa hace que una mayoría de envidiosos se nieguen a sí mismos esa tan deplorable condición. Dirán que no piden cosas o beneficios para ellos, sino para los más menesterosos. Pero -como dejamos dicho- esta forma de expresarse (o de pensarse) es un autoengaño, y una manera de intentar descargarse culpas o proyectarlas en otros que, quien no quiere reconocerse a sí mismo como envidioso, instrumenta en su "defensa" cuando quiere convencer a otros de ello, o en su autodefensa cuando a quien procura persuadirse es a sí mismo. Pedir que otros roben para otros en nuestras sociedades modernas hasta puede llegar a sonar "humanitario" y "respetable" y, por supuesto, forma parte de lo political correctness.

Lo cierto es que, todos aquellos que votan plataformas políticas que promueven "políticas sociales" de reparto o redistribucionistas, creen que mediante tales políticas "todos" saldrán beneficiados, incluyendo el propio votante en cuestión y más allá del error de tal hacer. Es decir, quién vota así, también espera recibir alguna porción o tajada (mayor o menor) del redistribucionismo. Y ello, por mucho que lo niegue y que insista que vota en ese sentido "por el bien de los demás". Y si, en el fondo de su alma, obra de tal manera porque cree que él (o ella) también saldrá favorecido en ese reparto, es porque sufre de alguna dosis de envidia, por poca o mucha que está en realidad fuere.

El blanco preferido de la envida es, por supuesto, la propiedad privada:

"Pervive, sin embargo, no obstante tanta persecución, la institución dominical. Ni la animosidad de los gobernantes, ni la hostilidad de escritores y moralistas, ni la oposición de iglesias y escuelas éticas, ni el resentimiento de las masas, fomentado por instintiva y profunda envidia, pudieron acabar con ella. Todos los sucedáneos, todos los nuevos sistemas de producción y distribución fracasaron, poniendo de manifiesto su absurda condición."[1]

La envidia, asimismo, es una de las causas de los nacionalismos:

"El resentimiento y la envidia como una de las causas de los nacionalismos también explican el caso de no pocos latinoamericanos; dice Carlos Rangel que “Una manera menos objetable que la exaltación de la barbarie como lo auténtico y autóctono nuestro, pero igualmente deformante como manera de vernos y autojustificarnos los latinoamericanos, es suponer y sostener que tenemos cualidades espirituales místicas que nos ponen por encima del vulgar éxito materialista de los Estados Unidos. Y esto a pesar que durante toda nuestra historia independiente, hasta la aparición tardía del marxismo entre nosotros, habíamos sido deudores casi exclusivamente de los EE.UU. por nuestras ideas políticas y nuestras leyes; y si no por la práctica, por lo menos por la retórica de la democracia y la libertad”.[2]

Igualmente, es la envidia la que promueve y mecaniza las políticas fiscales:

"Más que un impuesto, la sobretasa progresiva es un disuasivo a la inversión, dictado en beneficio de las carreras políticas de los demagogos. E inspirados en el innoble sentimiento de la envidia, motor de la ideología socialista. Análogo es el impuesto a los artículos “de lujo”: el rico no deja de comprar su yate por el impuesto al lujo, simplemente reajusta el precio de aquello que vende."[3]

Para el profesor S. Mercado Reyes, hablando del nacimiento de los burgueses:

"Forman poco a poco todo un movimiento social pues su laboriosidad, su ir y venir para todos lados les llega a dar la imagen de gente que acumula riquezas y se hacen presa de la envidia de los señores feudales que empiezan por imponerles impuestos o a negarles el permiso de vender o producir en los feudos del rey. Pero el movimiento de estos burgueses es imparable, así que la vieja corriente centralizadora debe tomar nuevo maquillaje y ahora se presentará como la reivindicadora de las clases pobres. Este nuevo maquillaje de la vieja corriente centralizadora, feudal tomará el nombre de socialismo."[4]

En otras palabras, el sentimiento de la envidia estuvo presente casi siempre, desde los señores feudales, pasando por los socialistas, nacionalistas y –como dice L. v. Mises más arriba- " los gobernantes,...escritores y moralistas,...iglesias y escuelas éticas,...el resentimiento de las masas". Es decir se encuentra más generalizado de lo que muchos parecen creer que lo está.

En fin, los envidiosos son tantos que, su número explica el éxito electoral de los populismos e intervencionismos que asolan el mundo de nuestros días generando más y mayor pobreza donde sin ellos la riqueza rebosaría por doquier.

[1] Ludwig von Mises, Liberalismo. Editorial Planeta-Agostini. Pág. 93.

[2] Alberto Benegas Lynch (h). Entre albas y crepúsculos: peregrinaje en busca de conocimiento. Edición de Fundación Alberdi. Mendoza. Argentina. Marzo de 2001. pág. 438 y 439.

[3] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, octubre de 2009, pág. 220

[4] Santos Mercado Reyes. El fin de la educación pública. México. Pág. 37

gabriel.boragina@gmail.com

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sábado, 21 de enero de 2012

ALBERTO MANSUETI : SULCAMA EN DEFENSA DEL ESTATISMO

POSICIÓN OFICIAL DE SULCAMA, SINDICATO ÚNICO DE LADRONES, CARTERISTAS Y ASALTANTES A MANO ARMADA
 “Redistribuir la riqueza”, ¡ese es también nuestro lema, el más bello ideal de la Humanidad, noble y elevado! Redistribuir la riqueza es precisamente lo que nosotros hacemos, de día y de noche (preferiblemente de noche.)
1000 % de acuerdo. Es cierto que los malos gobiernos, de manera bastante inconsecuente con esa meta y propósito redistributivo y de “justicia social”, nos prohíben a nosotros robar, y así redistribuir la riqueza por nuestra propia cuenta y riesgo (riesgo, sobre todo, que afrontamos, sin miedo); pero no lo hacen porque odien nuestra competencia. Entre los estatistas y nosotros no hay competencia, ni puede haberla, porque nuestro afán común de “redistribuir la riqueza” nos identifica a todos, y nos une en una misma causa a estatistas y ladrones corrientes; y cada quien con sus métodos distintivos, su estrategia propia y su enfoque, ¡para todos hay lugar en esta Viña del Señor!
De hecho, la mayor parte de la gente, que no es como nosotros, trabaja el año entero de sol a sol y pese a todo, para hacer ganancias y crear suficiente riqueza; y “suficiente” quiere decir suficiente para los estatistas y para nosotros. Alcanza para todos, ¿de acuerdo? No, no hay competencia: los estatistas redistribuyen mediante impuestos y pagos de transferencia – sin olvidar la inflación – y nosotros preferimos una vía más directa y rápida, menos disimulada pero más efectiva. Sin embargo, respetamos la manera en que ellos lo hacen, sus procedimientos y sus puntos de vista.
Como también respetamos al gremio de los estafadores y cuenteros, con sus propios métodos. Ellos escogen una vía media, alejada de los extremos, y situada entre la política y la democracia de un lado, armas favoritas del estatismo, y de otro lado la pistola o el arrebatón, nuestras modalidades preferidas. Es su elección. Los tahúres emplean sus naipes marcados; eso también es válido, no hay que dogmatizar.
La filosofía básica es la misma, que todos compartimos; y eso es lo que realmente cuenta.
La gente no lo imagina, pero los atracadores también tenemos opiniones políticas. Nos preocupa el destino del país en que vivimos y realizamos nuestras faenas, puesto que ellas – como todas las actividades humanas – se desarrollan en un medio ambiente social, legal y cultural que puede serles favorable o desfavorable; y las nuestras requieren un contexto estatista; ¡y cuanto más, mejor!
Si alguna duda cabe, sólo basta ver las estadísticas de criminalidad. Nuestra labor progresa al mismo paso y ritmo que crece el estatismo. Y podemos explicar por qué razones, que son los fundamentos en los cuales basamos nuestra toma de posición ideológica, clara, firme, inequívoca y decidida.
Pero, ¿por qué entonces los gobiernos nos prohíben robar? Primero, sabemos que esa regla no es general, pues admite muchas excepciones. Los estatistas de todos los partidos roban todos los días a la gente enormes cantidades de dinero, para un gigantesco botín colectivo, que llaman “Tesoro Fiscal”.
Y ese mega-robo no se castiga. Sólo penalizan aquello que llaman “corrupción”: cuando uno de ellos mete la mano adelantada, sin cumplir ciertas formalidades. Y aún en tales casos, encierran sólo a quien se deja pillar: por no haber sabido tomar sus precauciones, los “denunciantes” le quitan de en medio, en provecho exclusivo de sus carreras políticas; pero si no es así, no pasa nada. Y en cuanto a nosotros, sabemos que la prohibición de robar no se cumple si somos previsores, y guardamos el dinero para comprar policías, jueces y fiscales.
Pero aunque retórica y declarativa, la prohibición de robar sigue inscrita en los anticuados Códigos Penales. ¿Por qué? Es por una razón meramente histórica; en realidad es un atavismo, un mero resabio de estadios anteriores y muy primitivos de la evolución humana – tiempos del “Estado gendarme nocturno” – cuando se creía que la función y razón de ser del Gobierno era la protección de las vidas y propiedades de los ciudadanos contra nosotros.
Hoy casi nadie piensa semejante barbaridad – sólo los “liberales clásicos”, incorregibles, esos reaccionarios retrógrados – y es señal de que la sociedad ha madurado; pero no lo suficiente todavía para sincerarnos y borrar ese tabú ancestral de “no robar”, propio de la Biblia, como otros que aún subsisten, en forma un tanto hipócrita. No obstante, en materia legal se observan muchos progresos hoy en día, adelantos inimaginables años atrás. Los cambios legislativos reflejan el andar moral de la sociedad. Hay cosas que antes eran ensalzadas, como las ganancias empresariales, que hoy son mal vistas, y muchas veces castigadas. Hoy se enaltecen y premian ciertas prácticas como las sindicales, antes tenidas como extorsivas, inmorales e ilegales; y las actividades terroristas son disculpadas. En muchos países progresistas hasta se permite el aborto, y el homicidio de ancianos y desvalidos a título de “suicidio asistido” o eutanasia. Dicho por mencionar sólo unos pocos ejemplos, a fin de no perder nosotros las esperanzas en un mañana mejor.
Pero lo relevante, la médula del asunto, la razón más importante para declararnos sin reservas a favor del estatismo, es que lleva a la gente a exigirle al Estado el perentorio cumplimiento de una serie muy extensa de demandas, de diverso género, pero ya no que asegure las vidas y los bienes. Así, tanto la gente como los funcionarios públicos se olvidan de nosotros. Y de esta manera podemos vivir (y convivir) todos, civilizadamente.
El estatismo demanda en primer lugar “redistribuir la riqueza”; y esa es nuestra divisa. Y en vez de vernos a nosotros como criminales, el estatismo mira como perversos y desalmados delincuentes a los comerciantes, empresarios e inversionistas, sospechosos de ser ricos. Eso está bien. Les acusa de explotar a los trabajadores, de evadir impuestos, de contaminar el ambiente, de “especular” subiendo y remarcando los precios para salvarse de la inflación, de “acaparar” inventarios, etc. etc. A ellos les observa, les chequea y les persigue; les envía policías, fiscales, inspectores y vigilantes. Las empresas y la gente se cuidan más del Estado que de nosotros. ¡Eso está muy bien!
Pero además el estatismo le hace creer a la gente que los Gobiernos han de ocuparse de todo, lo humano y lo divino, desde el clima hasta la crianza de los niños, pasando por el trabajo y las fábricas, las fincas y haciendas, los transportes y vehículos, la economía en general, las escuelas y hospitales, las jubilaciones y pensiones y hasta las iglesias. Así hay un Ministerio, Departamento u oficina pública para cada cosa: un Ministerio para que las gallinas pongan los huevos, y otro para que los toros monten a las vacas y las vacas alumbren terneros. Este multiforme gigantismo tiene consecuencias muy positivas para nosotros:
Por empezar, todas las innumerables dependencias estatales cuentan con enormes partidas presupuestarias, de las cuales medran montones de vivos, acomodados y vagos, sin olvidar los “corruptos”. Además de una vida regalada, disfrutan de un inmenso poder; y así el Estado obeso y lleno de tetas, se hace también un grande e interminable festival de coimas, extorsiones y “aprietes” a ciertas empresas o agentes privados por un lado (los más débiles), y por otro lado inagotable fuente de connivencias, arreglos turbios y colusiones con otros agentes privados (los menos débiles).
Y en ambas series de casos, las cifras son multi-billonarias, magnitudes astronómicas de muchos ceros, que hacen lucir a nuestras actividades, y nuestras ganancias e ingresos, muy módicos en comparación, algo así como “pecados menores”. Toda la atención de la gente se concentra allí, en eso que aparece como la encarnación del Mal; no en nosotros ni en nuestros quehaceres. Incluso se dice: “comparados con los corruptos, que son quienes deberían ir a la cárcel, los chorros callejeros son unos pobrecitos infelices”; y hasta se nos llega a justificar, con el argumento de que somos “producto de esta sociedad”. ¡Eso está demasiado bien!
Por si fuera poco: con toda esa amplia lista sin fin de prioridades para el Estado y los Gobiernos de turno, la Policía y los jueces siempre quedan de últimos, con suelditos miserables, sin balas ni chalecos las comisarías, sin escritorios ni sillas los Juzgados. ¡Eso ya está perfecto, casi insuperable!
Reconocemos la invaluable ayuda de la prensa, que pone a los periodistas en las funciones que antes, por inveterados prejuicios, se atribuían a policías y jueces: investigar, instruir sumarios, deliberar, decidir, y condenar o absolver a los acusados. Eso es bueno porque obviamente la prensa no está preparada para cumplirlas eficazmente, ni era ese el propósito para el cual se inventó.
En general el estatismo consiste precisamente en subvertir el orden establecido, y trastocar los fines y funciones de todas y cada una de las instituciones sociales, comenzando por el Estado, pero siguiendo por las empresas, la prensa, los partidos, las familias, etc.; lo que revoluciona, altera y cambia, son las funciones que atávicos prejuicios les asignaban. Ahora las vemos de manera opuesta a lo que era tradicional; y eso da aliento de esperanza a nuestro más acariciado sueño: que algún día nuestra profesión sea por fin reivindicada, acreditada, y justamente dignificada.
Pero vamos en esa dirección. El estatismo le dice a la gente que no prospera porque carece de suficiente “educación”, y exige al Estado “educación, primera prioridad”. Lo de “enseñar a pescar”. Y efectivamente el Estado enseña, desde Preescolar hasta la Universidad. ¿Pero qué enseña?
Pues no enseña esas obsoletas doctrinas liberales clásicas: que la riqueza se produce, y que las ganancias y todos los ingresos de los factores de la producción se justifican moralmente, por los servicios prestados en la creación de valor. ¡No! Lo que enseña es que “las ganancias son excesivas”, que “la riqueza está muy concentrada”, y que todos esos bienes y pertenencias “deben redistribuirse”, porque hay “extrema desigualdad”; o sea ¡nuestro Credo! Y enseña que el Estado debe ocuparse de todos los problemas y asuntos habidos y por haber, ¡excepto de nosotros!
¿Qué más se puede pedir?
¡Viva el estatismo!
¡Muera el atrasado, engañoso, dañino y perverso liberalismo clásico!
 (Estruendosos aplausos, atronadores vivas, y algunos disparos al aire en señal de conformidad.)
Aprobado por unanimidad, sin discusión ni abstenciones. Fechado, firmado y sellado en formal, estatutaria y solemne Asamblea General de SULCAMA, Sindicato Único de Ladrones, Carteristas y Asaltantes a Mano Armada.
alberman02@hotmail.com EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA