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viernes, 16 de diciembre de 2011

HENRIQUE MEIER: EL FRACASO DE LAS REVOLUCIONES

La historia nos enseña cómo las “revoluciones” no son capaces de eliminar el pretérito de los pueblos.

 la única forma de enmendar el pasado es no repetirlo
Aunque no pocos autores, doctrinas e ideologías sustentan la idea de las “refundaciones políticas y sociales”, o la creencia, siempre desmentida por la realidad, de que se puede crear ex novo una nueva sociedad, un nuevo tipo de poder, un nuevo hombre sin relación alguna con el pasado, vale decir, rompiendo de manera violenta y abrupta con la cultura ancestral, la historia nos enseña cómo las “revoluciones” no son capaces de eliminar el pretérito de los pueblos. El presente ya se estaba forjando en el pasado, y el futuro no es más que el resultado de este presente destinado a convertirse en pasado. El progreso es evolutivo, dialéctico, con avances y retrocesos. Cada etapa contiene los rasgos y elementos de la siguiente. La realidad humana es compleja, capas que se superponen. El inconsciente colectivo de los pueblos es prueba irrefutable de ese principio de realidad.

Las revoluciones políticas y sociales, -no importa cuales sean las ideologías esgrimidas para su justificación-, se inspiran en esa errónea concepción antropológica y sociológica, según la cual, reitero, se puede hacer tabla rasa  con el pasado y reinventar al hombre y a la sociedad conforme a un modelo supuestamente “perfecto” como si se tratase del “conejillo de indias” incapaz de resistirse a las manipulaciones de laboratorio. Por esa razón, una vez conquistado y controlado el poder del Estado, los actores del “proceso revolucionario” en lugar de gobernar para aliviar los males e injusticias sociales, las promesas que les permitieron contar con el apoyo y entusiasmo de mayorías, se empeñan en cambiar al hombre y a la sociedad.

De allí que para forzar la realización de esa “utopía” ante la resistencia que siempre produce entre los hombres la pretensión de cambiar radicalmente sus tradiciones, costumbres, y sistemas de creencias y valores, el poder revolucionario se transforme insoslayablemente en régimen totalitario y requiera del empleo, como política de Estado, de la violación y negación de los derechos humanos, el terror y la represión, los campos de concentración y exterminio, los GULAG, el paredón, el lavado de cerebro, la mentira y desfiguración de la realidad.

 “En una revolución- escribe Saúl Below- una aristocracia era privada de los privilegios y se procedía a distribuir éstos de nuevo. ¿Qué significaba la igualdad? ¿Acaso que todos los hombres eran amigos y hermanos? No; quería decir que todos pertenecían a la elite. Matar era un antiguo privilegio. Por eso las revoluciones se empapaban de sangre. ¿Guillotinas? ¿Terror? Solo un comienzo…nada. Llegó Napoleón, un gángster que bañó de sangre Europa. Llegó Stalin, para quien el verdadero premio gordo del poder era el libre disfrute del asesinato. El poderoso disfrute de consumir la respiración de los hombres en sus mismas narices, tragándose sus caras como un Saturno. Eso era lo que realmente parecía significar la conquista del poder”

 “En la política de Hitler –dice Rüdiger Safranski –la locura destruye la realidad. Eso es más que una simple mentira en el sentido de la negación de la realidad, y también es más que inducción al error. Ahí está la catástrofe de la libertad”

Al final la historia demuestra el fracaso de las “revoluciones”: setenta años de socialismo autoritario (comunismo) en la Ex Unión Soviética no hicieron cambiar ni a la sociedad ni al hombre ruso. Hoy el panorama en los países que conformaron esa unión de repúblicas es desolador, pues los pueblos no aprenden de los totalitarismos sino el temor y la desconfianza, el disimulo, la indignidad, la adulación, la pérdida de la iniciativa individual  (piénsese en la Cuba castrista y castrada, lo que ocurrirá cuando desaparezca de la faz de la tierra Fidel Castro). El nacionalsocialismo en Alemania sólo duró doce años, el psicópata Hitler había pronosticado para el Tercer Reich mil años. El costo de ese totalitarismo no puede olvidarse: cinco millones de judíos asesinados, cuarenta y cuatro millones de muertos en la segunda guerra mundial provocada por el régimen nazi.

Y es que como dice Eric Fromm “se puede hacer casi cualquier cosa a un hombre, pero sólo casi. La historia de la lucha por la libertad es prueba de este principio”.

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sábado, 15 de octubre de 2011

ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ: ¿GOLPE O REVOLUCIÓN? 18-10-1945 (CON VOZ PROPIA)

           En una reunión en la cual me invitaron a participar con la dirección nacional del entonces Movimiento V República (MVR) el comandante presidente (CP) regañó a uno de los sumisos que en respeto a su memoria no identifico, por rechazar la reedición del libro con el título de este artículo. Me pidió enviárselo que Miraflores lo publicaría, lo cual no hice porque para mí, en buena hora, ya estaba marcado el distanciamiento del régimen.
JUNTA CIVICOMILITAR 1945
          Propusimos la publicación al parlamento con renuncia de derechos de autor que  exigió el desaparecido vasallo, ante el anuncio del traslado de los restos del general Isaías Medina Angarita al Panteón Nacional.
En la agotada edición de ese libro patrocinado por la Asamblea Legislativa de Aragua, reseñamos el derrocamiento del democrático gobierno, hecho  ¬del cual se cumple el 63º aniversario. La asonada que puso  fin a   46 años de la hegemonía andina en el Poder, fue ejecutada por la juventud militar en alianza  con el partido Acción Democrática.
En la mañana del 18 de octubre de 1945 estalló la revuelta en Escuela Militar de La Planicie en Caracas –el mismo sitio donde se instaló el CP en su frustrado y sangriento golpe del 4 de febrero 1992. Por la tarde se había extendido en la Capital a los cuarteles San Carlos, La Planta y Miraflores y a la guarnición de Maracay. Aquí un subteniente cometió el primer magnicidio al dar muerte al Presidente del Estado Aragua, Aníbal Paradisi.
Se instauró la Junta Cívico Militar que presidió Rómulo Betancourt (RB) e integraron  Gonzalo Barrios, Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto Figueroa, mayor Carlos Delgado Chalbaud, capitán Mario Ricardo Vargas y Edmundo Fernández, enlace entre militares y civiles en la conspiración.
“La finalidad básica de nuestro movimiento es la de liquidar, de una vez por todas, los vicios de administración, el peculado y el sistema de imposición personalista y autocrática, sin libre consulta de la voluntad popular”, manifestó  RB en alocución inaugural pronunciada a 12 días del golpe.
“En materia de libertades de prensa y de radiodifusión, de información interior y exterior, prometemos solemnemente que se garantizarán de manera absoluta...no coarta, sino que explícitamente solicita de todos los sectores responsables, la libre expresión de sus observaciones o críticas a la forma como está dirigiendo política y administrativamente a la Nación”
¿Por qué la subversión militar?
-El Estado militar que se estaba formando tenía una capacidad exigua. Querían convertir a las Fuerzas Armadas en algo así como policía nacional –diría Marcos Pérez Jiménez, artífice de la rebelión.
En mensaje al Congreso Medina Angarita afirmaba que por su causa “no había en Venezuela ni un exiliado, ni un preso político, ni un partido disuelto, ni un periódico clausurado, ni una madre que derramara lágrimas por la detención o el exilio de un hijo»
NOTA MARGINAL: El régimen que la OEA lleva 7 años ubicando en lista negra en Derechos Humanos, fue reprobado en Examen Periódico Universal, al cual lo sometió la ONU. En consecuencia debe ir a reparación y cumplir pactos internacionales sobre ese derecho fundamental.
albertojordanh@gmail.com.

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miércoles, 27 de abril de 2011

PRESOS, IDEAS Y MUD. ANÍBAL ROMERO


Dos aspectos me inquietan con respecto a la Mesa de Unidad Democrática. El primero: su relativamente débil solidaridad y esporádica preocupación hacia los presos políticos del régimen. El segundo: la carencia de un mensaje definido hacia las mayorías populares, que responda a las preguntas: ¿cuál es la alternativa económica, no sólo política, a lo que existe, y qué se hará desde un hipotético nuevo gobierno?

Considero legítimo realizar estos cuestionamientos pues la dirigencia democrática no se encuentra más allá del bien y del mal. No sostengo que la MUD haya dejado por completo de lado a los presos políticos del régimen, sino que su interés sobre los mismos y acerca de las injusticias y penurias que padecen no ha sido sistemático, ni les ha llevado a tomar acciones que combinen la fortaleza y la perseverancia.

En días recientes, por ejemplo, se ha revelado que uno de estos presos políticos, Alejandro Peña Esclusa, ha experimentado una recaída del cáncer de próstata del que fue operado, poco antes que su hogar fuese allanado por la policía política el pasado mes de julio de 2010. Desde entonces Peña Esclusa permanece en la cárcel, con base en el montaje por parte del gobierno de un “caso” repleto de irregularidades y patrañas.

A pesar de la recurrencia de su enfermedad a Peña Esclusa no se le han otorgado aún las indispensables facilidades, de modo que se lleven a cabo los exámenes médicos y el tratamiento necesarios.

El suyo es un claro ejemplo de la implacabilidad revolucionaria hacia personas que, por diversas razones, el régimen procura convertir en víctimas expiatorias para intimidar al resto de la oposición. Y cabe preguntarse: ¿Qué ocurre en este plano con la MUD? ¿Qué explica que la dirigencia democrática no haga de los presos políticos, de la represión y la inhumanidad del régimen, una primordial bandera de lucha que articule resonantes denuncias y protestas a nivel doméstico e internacional?

Así como llama la atención el relativo desdén de la MUD en torno a un asunto que involucra a un grupo de valientes individuos y sus familias, que sufren la injusticia y crueldad de un régimen sin escrúpulos, resultan también alarmantes los reiterados pronunciamientos de voceros partidistas según los cuales “el problema de Venezuela no es de ideología sino de eficacia”.

A mi modo de ver tales expresiones reflejan ausencia de ideas y convicciones, y una precariedad que en ocasiones ha llevado a destacados líderes de la oposición a proclamar que ellos son los “verdaderos socialistas”, compitiendo con Hugo Chávez en su propio terreno programático en vista de que no parecieran tener otra opción que presentarle al país.

Chávez posee convicciones y una visión de lo que quiere. Son disparatadas y ruinosas para Venezuela, pero acepto que las tiene. Lamentablemente no puedo decir lo mismo acerca de la oposición democrática, más allá de un compromiso genérico con la democracia representativa. Les falta una visión de la libertad y el desarrollo, que explique a las mayorías el rumbo que se abrirá en lugar del Socialismo del Siglo XXI y su secuela de fracasos. No hablo de una sofisticada filosofía sino de un programa de desarrollo social y económico basado en la libertad del ser humano, que trascienda el populismo colectivista y muestre a los sectores populares otra esperanza.

¿Tiene la oposición una alternativa al socialismo? ¿O estamos hablando de que entre Chávez y la MUD, en materia socioeconómica, las diferencias son de matices pero no de fondo? Una política sin ideología es incolora, inodora e insípida.

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martes, 17 de agosto de 2010

REVOLUCION MORIBUNDA, VICTOR RODRIGUEZ CEDEÑO

La “revolución” bolivariana está en fase terminal. Afuera, entre burlas y reculadas, ha capitalizado un desprestigio y un rechazo únicos. El fracaso e ineficiencia en la gestión de gobierno, la corrupción generalizada, la destrucción de las instituciones, el desmantelamiento del sector productivo, la violación sistemática de los derechos humanos, el irrespeto, igualmente grave, de la Constitución de la República, la actitud injerencista constante en los asuntos de los demás y las relaciones perversas con grupos ilegales, son algunas de las razones que motivan tal percepción afuera.

El régimen bolivariano recurre con frecuencia a la burla o chanza para eludir el debate serio y sus obligaciones. La vergonzosa respuesta del representante del régimen ante la OEA, Chaderton Matos, asi como las risas del encargado de Telesur, Izarra, reflejan lo burlesco del régimen que representan.

La llamada “revolución bolivariana” no tiene mas cabida ni aceptación en el país, menos en el escenario internacional al que ha intentado penetrar con todos los recursos y por todos los medios. La presencia y los dictados contradictorios e irreverentes de sus exponentes incomoda hoy a todos, incluso a los que una vez pudieron ser sus cercanos amigos. La actitud grosera, agresiva e injerencista del régimen, expresada en tono soez, fue detenida por el sentir cívico y pacifista de quienes en la región veían con preocupación el apoyo al terrorismo y a otras formas de desestabilizacion que ponían en peligro la paz y la seguridad regionales.

De los resultados del encuentro presidencial y del futuro de las relaciones entre Colombia y Venezuela se ha escrito mucho estos dias, pero no tanto sobre las razones que forzaron a Hugo Chávez a capitular ante uno de los tantos adversarios, tal vez enemigos, Juan Manuel Santos, sucesor de Uribe en el Palacio de Nariño. El desprestigio del régimen y el desapoyo de quienes lo acompañaban una vez, asi como la gravedad y eventuales consecuencias de las denuncias en contra del Estado, en el sistema regional; y, contra el mismo Chávez, en la Corte Penal Internacional, son la razón fundamental de la “rendición en tiempos de paz” de quien se sentía autorizado para intervenir e incluso proponer, de manera abusiva e injerencista, con La Habana y Piedad Córdoba, planes de paz para Colombia, tema de la exclusiva competencia de Bogotá.

Si afuera las cosas van muy mal para el régimen, adentro van peor, en medio de pudredumebres, desaciertos y morgues repletas de cadaveres producto de la inseguridad, objeto de burla despreciable por oficialistas, Izarra entre ellos. El estado agonizante del proceso se acentúa en la medida en que nos acercamos al 26S. Las encuestas, excepto las baratas mediciones oficialistas, dan la mayoría a la Unidad Democrática, a pesar de las rojas maniobras que reflejan la parcialidad del ente electoral y por ello, la poca transparencia del proceso. Esta realidad innegable generará, sin duda, reacciones traducidas en represión, amenazas y acciones nerviosas, a lo largo de estas semanas y después, hasta enero del 2011, cuando se habrá de instalar la nueva Asamblea con la presencia mayoritaria de las fuerzas democráticas del pais y se inicie el proceso de reversión nacional que espera la inmensa mayoría de los venezolanos.

Todos queremos un cambio hacia adelante, sin odios ni confrontación. Se equivoca Hugo Chávez en sus Lineas del domingo, lo que seguramente será recogido por peleles y marcianos los próximos días, al decir que “Venezuela cambio para siempre el 15 de agosto de 2004 …” Error garrafal pues el verdadero cambio se producirá a partir del 26S sobre los escombros de un proceso disparatado, incomprensible y definitivamente moribundo

vitoco98@hotmail.com

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domingo, 9 de agosto de 2009

* LA REVOLUCIÓN DE LAS IDEAS MUERTAS, SIMÓN ALBERTO CONSALVI, EL NACIONAL, AGOSTO 9, 2009

Si Carlos Marx hubiera tenido un gesto de benevolencia con la posteridad, quizás habría dejado una disposición testamentaria prohibiendo a los mayores de 50 años que leyeran sus tratados. Pero no, el pensador alemán no tomó esa precaución: dejó todo al azar. Quizás no llegó a sospechar los desastres que para los pueblos del mundo iban a significar sus escritos, y menos aún las calamidades que en ciertas mentes causarían si los descubrían demasiado tarde.

No hay nada más peligroso que leer a Marx cuando ya se está viejo, y no hay nada más deplorable que escuchar, a estas distancias del filósofo, palabras que se gastaron durante todo el siglo XX, de “como dijo Marx”, de “como pensaba Marx”, de “como nos señaló Marx”. Y, sobre todo, oírlas de quien, como el Presidente de Venezuela, nunca antes se preocupó de leerlo quemándose las pestañas y fatigando el entendimiento.

Paralelamente, no hay nada más cómico que escuchar a estos marxistas instantáneos hablando del maestro como buenos y experimentados discípulos. Pues, nada, Marx, el sabio autor de El capital, se convirtió en otra de las hojas secas de la revolución bolivariana. Nadie salvó al patriarca de la revolución mundial de que se diera la mano con Simón Bolívar, al que una vez llamó “patiquín”, sin la menor cortesía.

Por el camino de los artificios y de las falsificaciones, la revolución bolivariana se ha convertido en la revolución de las ideas muertas. Una revolución fúnebre que pretende prohibirlo todo.


Prohibido pensar, prohibido expresar, prohibido “hablar paja”. Sus estrategas obtusos no logran descubrir el destino de lo prohibido en la historia. Valdría la pena repasar el desenlace de algunas de esas proscripciones. Con el perdón de los eruditos, mencionaremos una de las más antiguas. El 11 de diciembre de 1797, la Real Audiencia de Caracas prohibió la difusión y la lectura de “papeles torpes y sediciosos” y en particular uno “del cual hay en la isla de la Guadalupe muchos ejemplares, y cuyo título dice así: Derechos del hombre y del ciudadano”.

Las penas para los infractores eran de azotes, presidio o muerte. Trece años después, en 1810, los malditos no eran los “papeles torpes y sediciosos”, sino la propia Real Audiencia que pasó a la historia.

Otro ejemplo es más reciente. Las constituciones del general Gómez de 1929, la última de 1931, y la de López Contreras de 1936, vigente hasta mayo de 1945, rezaban: “Queda también prohibida la propaganda del comunismo”. Pero sucede que nunca tuvo más auge ni mayor difusión que en aquellos años la doctrina comunista. De modo que la prohibición, si no sirvió de estímulo, careció de efectividad.

A nadie se le puede prohibir que piense. Las ideas comunistas sobrevivieron a Gómez y a quienes dejaron en la Constitución la famosa prohibición que sirvió, es verdad, para que en 1937 alrededor de 47 venezolanos fueran expulsados de Venezuela acusados del tal delito, de ser “comunistas”. Única manera de expulsarlos.

No se requieren más ejemplos. Dictadores como Marcos Pérez Jiménez no aprobaron leyes, sino censura brutal y abierta, cárceles y torturas.

No obstante, proliferaron los “papeles torpes y sediciosos” como Resistencia y Tribuna Popular. Y para sorpresa e indignación del dictador y de su círculo, un día apareció un volumen llamado el Libro negro, prontuario de crímenes y robos. Hojas sueltas, panfletos, manifiestos, estallaron en 1957 cuando el general quiso reelegirse porque “sólo él era capaz de conducir los grandes cambios”. Pocos días después se dio cuenta de que estaba perdido. Y todo el mundo vio a aquel arrogante perdonavidas huir aterrado en “la vaca sagrada”.

De ahí que no sea difícil comprobar que la revolución bolivariana sea una revolución de ideas muertas. El “Patria, socialismo o muerte” que ya sólo repiten los militares porque no les queda otro remedio, es una consigna muerta. Todo lo que propone la revolución ya fue desechado por la historia.

La guerra contra la propiedad privada. La estatización de la economía. Una ley de educación que se mantiene en la clandestinidad porque temen la reacción de la gente. Una ley electoral discriminatoria, destinada a consagrar la inequidad entre los venezolanos y a combatir el pluralismo.

¿Era, acaso, fatal que la revolución bolivariana terminara en lo que ahora vemos, en un gigantesco aparato represivo que en todas partes descubre conspiraciones, enemigos, complots? ¿Una revolución que fue de mentira en mentira, que en un momento se llamó “humanista”, para terminar en la revolución de los “delitos mediáticos”? O sea, la revolución de las ideas muertas. Nadie podrá nunca contra los “papeles torpes y sediciosos”. ¿Cómo volver a prohibir los Derechos del hombre y del ciudadano? Si las prohibiciones detuvieran la historia, estaría reinando Fernando VII.

SIMON ALBERTO CONSALVI
sconsalvi@el-nacional.com
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