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viernes, 16 de diciembre de 2011
HENRIQUE MEIER: EL FRACASO DE LAS REVOLUCIONES
sábado, 15 de octubre de 2011
ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ: ¿GOLPE O REVOLUCIÓN? 18-10-1945 (CON VOZ PROPIA)
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| JUNTA CIVICOMILITAR 1945 |
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miércoles, 27 de abril de 2011
PRESOS, IDEAS Y MUD. ANÍBAL ROMERO
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martes, 17 de agosto de 2010
REVOLUCION MORIBUNDA, VICTOR RODRIGUEZ CEDEÑO
La “revolución” bolivariana está en fase terminal. Afuera, entre burlas y reculadas, ha capitalizado un desprestigio y un rechazo únicos. El fracaso e ineficiencia en la gestión de gobierno, la corrupción generalizada, la destrucción de las instituciones, el desmantelamiento del sector productivo, la violación sistemática de los derechos humanos, el irrespeto, igualmente grave, de la Constitución de la República, la actitud injerencista constante en los asuntos de los demás y las relaciones perversas con grupos ilegales, son algunas de las razones que motivan tal percepción afuera.

El régimen bolivariano recurre con frecuencia a la burla o chanza para eludir el debate serio y sus obligaciones. La vergonzosa respuesta del representante del régimen ante la OEA, Chaderton Matos, asi como las risas del encargado de Telesur, Izarra, reflejan lo burlesco del régimen que representan.
La llamada “revolución bolivariana” no tiene mas cabida ni aceptación en el país, menos en el escenario internacional al que ha intentado penetrar con todos los recursos y por todos los medios. La presencia y los dictados contradictorios e irreverentes de sus exponentes incomoda hoy a todos, incluso a los que una vez pudieron ser sus cercanos amigos. La actitud grosera, agresiva e injerencista del régimen, expresada en tono soez, fue detenida por el sentir cívico y pacifista de quienes en la región veían con preocupación el apoyo al terrorismo y a otras formas de desestabilizacion que ponían en peligro la paz y la seguridad regionales.
De los resultados del encuentro presidencial y del futuro de las relaciones entre Colombia y Venezuela se ha escrito mucho estos dias, pero no tanto sobre las razones que forzaron a Hugo Chávez a capitular ante uno de los tantos adversarios, tal vez enemigos, Juan Manuel Santos, sucesor de Uribe en el Palacio de Nariño. El desprestigio del régimen y el desapoyo de quienes lo acompañaban una vez, asi como la gravedad y eventuales consecuencias de las denuncias en contra del Estado, en el sistema regional; y, contra el mismo Chávez, en la Corte Penal Internacional, son la razón fundamental de la “rendición en tiempos de paz” de quien se sentía autorizado para intervenir e incluso proponer, de manera abusiva e injerencista, con La Habana y Piedad Córdoba, planes de paz para Colombia, tema de la exclusiva competencia de Bogotá.
Si afuera las cosas van muy mal para el régimen, adentro van peor, en medio de pudredumebres, desaciertos y morgues repletas de cadaveres producto de la inseguridad, objeto de burla despreciable por oficialistas, Izarra entre ellos. El estado agonizante del proceso se acentúa en la medida en que nos acercamos al 26S. Las encuestas, excepto las baratas mediciones oficialistas, dan la mayoría a la Unidad Democrática, a pesar de las rojas maniobras que reflejan la parcialidad del ente electoral y por ello, la poca transparencia del proceso. Esta realidad innegable generará, sin duda, reacciones traducidas en represión, amenazas y acciones nerviosas, a lo largo de estas semanas y después, hasta enero del 2011, cuando se habrá de instalar la nueva Asamblea con la presencia mayoritaria de las fuerzas democráticas del pais y se inicie el proceso de reversión nacional que espera la inmensa mayoría de los venezolanos.
Todos queremos un cambio hacia adelante, sin odios ni confrontación. Se equivoca Hugo Chávez en sus Lineas del domingo, lo que seguramente será recogido por peleles y marcianos los próximos días, al decir que “Venezuela cambio para siempre el 15 de agosto de 2004 …” Error garrafal pues el verdadero cambio se producirá a partir del 26S sobre los escombros de un proceso disparatado, incomprensible y definitivamente moribundo
domingo, 9 de agosto de 2009
* LA REVOLUCIÓN DE LAS IDEAS MUERTAS, SIMÓN ALBERTO CONSALVI, EL NACIONAL, AGOSTO 9, 2009
No hay nada más peligroso que leer a Marx cuando ya se está viejo, y no hay nada más deplorable que escuchar, a estas distancias del filósofo, palabras que se gastaron durante todo el siglo XX, de “como dijo Marx”, de “como pensaba Marx”, de “como nos señaló Marx”. Y, sobre todo, oírlas de quien, como el Presidente de Venezuela, nunca antes se preocupó de leerlo quemándose las pestañas y fatigando el entendimiento.
Paralelamente, no hay nada más cómico que escuchar a estos marxistas instantáneos hablando del maestro como buenos y experimentados discípulos. Pues, nada, Marx, el sabio autor de El capital, se convirtió en otra de las hojas secas de la revolución bolivariana. Nadie salvó al patriarca de la revolución mundial de que se diera la mano con Simón Bolívar, al que una vez llamó “patiquín”, sin la menor cortesía.Por el camino de los artificios y de las falsificaciones, la revolución bolivariana se ha convertido en la revolución de las ideas muertas. Una revolución fúnebre que pretende prohibirlo todo.
Las penas para los infractores eran de azotes, presidio o muerte. Trece años después, en 1810, los malditos no eran los “papeles torpes y sediciosos”, sino la propia Real Audiencia que pasó a la historia.
Otro ejemplo es más reciente. Las constituciones del general Gómez de 1929, la última de 1931, y la de López Contreras de 1936, vigente hasta mayo de 1945, rezaban: “Queda también prohibida la propaganda del comunismo”. Pero sucede que nunca tuvo más auge ni mayor difusión que en aquellos años la doctrina comunista. De modo que la prohibición, si no sirvió de estímulo, careció de efectividad.
A nadie se le puede prohibir que piense. Las ideas comunistas sobrevivieron a Gómez y a quienes dejaron en la Constitución la famosa prohibición que sirvió, es verdad, para que en 1937 alrededor de 47 venezolanos fueran expulsados de Venezuela acusados del tal delito, de ser “comunistas”. Única manera de expulsarlos.
No se requieren más ejemplos. Dictadores como Marcos Pérez Jiménez no aprobaron leyes, sino censura brutal y abierta, cárceles y torturas.
No obstante, proliferaron los “papeles torpes y sediciosos” como Resistencia y Tribuna Popular. Y para sorpresa e indignación del dictador y de su círculo, un día apareció un volumen llamado el Libro negro, prontuario de crímenes y robos. Hojas sueltas, panfletos, manifiestos, estallaron en 1957 cuando el general quiso reelegirse porque “sólo él era capaz de conducir los grandes cambios”. Pocos días después se dio cuenta de que estaba perdido. Y todo el mundo vio a aquel arrogante perdonavidas huir aterrado en “la vaca sagrada”.
De ahí que no sea difícil comprobar que la revolución bolivariana sea una revolución de ideas muertas. El “Patria, socialismo o muerte” que ya sólo repiten los militares porque no les queda otro remedio, es una consigna muerta. Todo lo que propone la revolución ya fue desechado por la historia.
La guerra contra la propiedad privada. La estatización de la economía. Una ley de educación que se mantiene en la clandestinidad porque temen la reacción de la gente. Una ley electoral discriminatoria, destinada a consagrar la inequidad entre los venezolanos y a combatir el pluralismo.
¿Era, acaso, fatal que la revolución bolivariana terminara en lo que ahora vemos, en un gigantesco aparato represivo que en todas partes descubre conspiraciones, enemigos, complots? ¿Una revolución que fue de mentira en mentira, que en un momento se llamó “humanista”, para terminar en la revolución de los “delitos mediáticos”? O sea, la revolución de las ideas muertas. Nadie podrá nunca contra los “papeles torpes y sediciosos”. ¿Cómo volver a prohibir los Derechos del hombre y del ciudadano? Si las prohibiciones detuvieran la historia, estaría reinando Fernando VII.
SIMON ALBERTO CONSALVIsconsalvi@el-nacional.com
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