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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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jueves, 27 de noviembre de 2014

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA, FESTIVAL DE CUENTOS FALSOS E HISTORIAS REALES

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA
Cuando sucedieron los acontecimientos de principios de año, me convencí a mi mismo que el proceso sería irreversible. Sentí la calle como nunca antes, el pavimento sacó brazos y atrapó a nuestro país con su fuerza. Miles y miles de jóvenes suspendieron su juventud para conectarse con la tragedia de una nación que va olvidando lo que significa la libertad. 

El valor, la dignidad, el optimismo fueron valores protagónicos, sembrándose en cada rincón de Venezuela. En los eternos dieciséis años que lleva el apocalipsis chavista, nunca se había presenciado un nivel de arrojo y valentía semejante. Aquí las premisas de la lucha dejaron de sustentarse en asuntos coyunturales, gremiales, partidistas... para concentrarse en el sentimiento que mueve a la historia universal: el impulso de vida que lucha por su futuro.

La juventud venezolana asomó el rostro para mostrarnos facciones curtidas en una época de privaciones, de traiciones y desesperanza; un rostro demasiado sabio para ser portado por cuerpos primaverales; pero allí estaban, firmes, ejemplares, decididos a entregar la vida por sus ideales, por el sueño de libertad. 

Nada fue más inspirador que esos meses, porque siempre es motivo de alegría que salga el sol cuando se tiene una eternidad padeciendo las penumbras. Y esos muchachos irradiaron la luz y el calor de nuestra estrella orbital, porque bastaba acercarse a ellos para impregnarse de energía vital, colmándonos de esperanza. Tanto fue su influencia, que muchos de nosotros volvimos a apostarlo todo a Venezuela, porque se hizo palpable que una juventud de ese calibre es una garantía fiel que hace que la historia no termine, instando a tomar la pluma para escribir las páginas en blanco de nuestro porvenir nacional.

Porvenir que luce para los tiranos y sus cómplices como un libro insoportable, prohibido, que debe quemarse contra viento y marea. Los tanques, fusiles, bombas y escudos no se hicieron esperar, tampoco las estrategias para borrar sutilmente las pocas letras genuinas que comenzaban a leerse. 

La tinta que se escogió para tacharlo todo fue roja, y para hacerlo lo más cruel que un régimen como este puede concebir, el rojo fue sangre, la savia que corría por las venas de nuestros héroes imberbes, esos maestros que nos enseñaron con sus sacrificios que la lucha es algo serio, que las tiranías se confrontan con los más sagrado, porque es lo más preciado lo que está en riesgo de perderse. 

Cuando el rojo tiñó las calles con el DNA de nuestra juventud, y las lágrimas de sus deudos taparon las cañerías, las botas salpicadas de carne y sangre se acuartelaron, para darle paso a los borradores sutiles de nuestro destino, los asistentes escultóricos de este infierno. Se trata del universo político y mediático que se ha empeñado en imponer su cuento de ilusiones dentro de la más cruda de las realidades. Son estos personajes los artistas de lo "ecuánime", narradores fantásticos de pretensiones mágicas,  que además son escultores, porque tercamente insisten en amasar el estiércol dictatorial para darle forma democrática.

Y así pasaron los meses. Entre diálogos, asambleas y viajes, shows y más shows, los brazos de la calle fueron encadenados y la retórica de la mentira clavó su mágico cincel en el nuevo mundo de la esperanza, con un plan perversamente cruel: convertir a nuestros jóvenes guerreros en malandrines encapuchados; y su gesta heroica en un vulgar atajo alocado de cuatro gatos conspiradores. 

Mucho esfuerzo y dinero se invirtió en este viejo truco.  Activaron su radar y cambiaron máscaras, esta vez buscando imprimirle la palabra "barrio" al nuevo capítulo de su cuento.  Afinaron el cincel convertido en pluma, y rescataron a los sospechosos habituales, sus personajes favoritos de la política, el periodismo, los gremios, la farándula y el espectáculo, para hacer que su historia fantástica fuera leída por todos.  Y así sutilmente primero, cínicamente después,  el libro de la realidad fue encerrado, y con candado, en el cuarto más oscuro de la consciencia.  El régimen y sus botas podían descansar en paz porque sus asistentes camuflados hicieron el trabajo completo, mejor que cualquier maestro. 

Los rostros de nuestros muchachos sacrificados se volvieron extraños; sus ojos y sonrisas, inmortalizados en fotos que rompen corazones,  incomodaban cada día más, y tenían que borrarse, como sea, pero la orden era borrarlos. 

Y nada borra mejor la verdad que una mentira repetida infinitas veces.  Por eso el infame carrusel electoral comenzó a dar vueltas otra vez, y su música se puso al máximo nivel. El parque de la fantasía no solo se escribía, tenía que verse como auténtico, y así el cuento escapó del libro para volverse realidad, una pretensión de normalidad que se coló por todas las alcantarillas, hasta explotarlas con su presión terca, una compulsión atávica que "sisíficamente" materializa la tesis del eterno retorno.

Los personajes del cuento se vuelven a encaramar en sus palestras y agudizan sus sentidos para que no se les escape nada. La historia no se escribe en piedras porque se manipula a voluntad, y eso lo tienen como premisa inolvidable los escritores de este cuento fantástico, que persiguen con su insistencia irritar nuestros ojos hasta volvernos ciegos.

Ayer lo vimos representado en una metáfora maldita.  Se organizó un festival para rendirle honor a la lectura, y nada más enaltecedor que la celebración de la cultura y el ingenio.  Durante una semana la plaza de la Libertad - que es como merecidamente se bautizó a la de Altamira - se vistió de literatura, para recordarnos que el libro es un artículo de primera necesidad, aún en los tiempos más duros.  

Pese unas ventas acordes con las crisis, el evento respiraba saludablemente y qué bien que así fue. Pero acercándose el ocaso de la feria, de la alcantarilla que esconde a los escultores mágicos se escaparon unos duendes, con la tarea de cerrar el evento con un acto final que lo cubriera todo con las páginas de su cuento.  

Y convocaron para el espectáculo a lo mejor de sus dos mundos: las botas ensangrentadas del régimen salieron de los cuarteles para hacer presencia; en perfecta sintonía con sus extensiones light, asistentes sutiles que tan servilmente les acompañan en su misión dictatorial, los alquimistas del estiércol.
  
La excusa que consiguieron para esta aparición repentina fue una manifestación pacífica de las voces que hablan el idioma de los héroes.  Sucedió entonces la repetición en segundos de una triste historia de traición.

Como feria al fin que era, se logró representar como si se tratara de un parque temático los acontecimientos vividos durante el año en curso.  Para el éxito de su misión, aprovecharon que un grupo de jóvenes se acercó a la plaza para honrar la memoria de los rostros que estos cuentistas desean que olvidemos.  Se trataba de muchachos sanos, portando banderas y símbolos de libertad, dignos representantes de esa juventud que nos regresó la esperanza.

El régimen tiránico y sus colaboradores (entre ellos los tontos útiles que nada ganan) no podían despreciar el momento para encerrarlo en el cuarto oscuro, allí donde la verdad se esconde con candado, y mantener la escena controlada con las letras hegemónicas de su cuento. 

Ordenaron desalojo de la plaza, y activaron sus matrices de opinión, dándole vueltas a la rueda de su eterno retorno.  La alquimia infernal, esa magia escultórica transformada en narrativa cuentística, inundó las redes sociales con sus trilladas historias tergiversadas, usando para ello a sus protagonistas estelares, a los mejores vendedores de sus cuentos de camino, las sirenas mágicas que cantan democracia en los mares dictatoriales. 

Y así volvieron a "encapuchar" a los héroes, insistiendo que sus rostros de dignos guerreros libertarios pertenecen a malandrines descerebrados.  Cerraron el festival de lectura con su cuento fantástico, porque hasta el mejor homenaje a la inmortalidad de los sacrificios juveniles tenía que ser convertido por ellos en una mentira, un capítulo más en su cuento de camino.

Pero tapar el sol con un dedo es siempre un ejercicio fútil. Y como dijimos, nuestros jóvenes libertarios irradian luz y transmiten calor. Venezuela está golpeada, muy herida. Gracias a estos muchachos, ayer la calle asomó otra vez sus manos, como si los brazos estuvieran otra vez a punto de salir y hacer mutar al pavimento. 

Nuestros jóvenes han entregado la vida en esta lucha, y ese es el único libro que al final se leerá; por eso estamos agradecidos, y nos sentimos comprometidos. No habrá cuento que borre estas letras, que sí se sellarán en piedra.

Ahora toca ponerle el título a la obra y este libro tendrá que llamarse Libertad... porque nada menos merecen los héroes de nuestra historia venezolana.

Juan Carlos Sosa Azpurua
venezuelafenix@gmail.com
@jcsosazpurua


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viernes, 17 de enero de 2014

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA, 2014, LIBERTAD PARA VENEZUELA

Hacer análisis sobre las políticas públicas en Venezuela es un ejercicio peligroso. Cualquier enfoque que se haga acerca de los anuncios económicos, petróleo, las estrategias en salud, educación, seguridad, etc., corren el riesgo de legitimar a los representantes de la dictadura cubana en el país, quienes secuestran los poderes públicos en su totalidad y ejercen el gobierno de forma ilegítima.

Y esta ilegitimidad se deriva de múltiples violaciones a la esencia de cualquier sociedad civilizada, atentando primero que nada con la dignidad nacional, ya que nada puede ser más humillante que tener que rendirle cuentas de los asuntos internos a una nación extranjera, con el agravante de ser ésta un régimen tiránico que supera las cinco décadas esclavizando a su pueblo.

La intención de estas letras es hacerte un llamado a ti, hermano venezolano, para que de una buena vez asumamos la realidad tal cual es y comencemos a llamar las cosas por su nombre, poniendo de lado las hipocresías que han colmado el escenario político, disfrazando la realidad para hacerla potable y así conseguir ganancias partidistas que son intrascendentes para los intereses nacionales en juego.

Si algo ha enseñado la experiencia de estos terribles quince años, es que nos encontramos acéfalos de liderazgo político capaz de confrontar la tragedia directamente, con estrategias efectivas dirigidas, no a fortalecer a un partido político o a personalidades individuales, sino a ponerle término a una situación que nos está devorando el destino, haciendo cada vez más difícil superar la muralla que aplasta la libertad y nos hace retroceder a instancias primitivas de supervivencia pueril, cada día más parecidos a una nación forajida y fracasada.

No tiene caso seguir analizando por qué la dirigencia política ha fracasado estrepitosamente. Todos aquellos que insisten en supuestos triunfos, no hacen otra cosa que analizar escenarios ficticios, dentro de la trampa ilusionista que contamina de polvos mágicos la realidad, en un escenario donde la lucha política puede hacerse de forma convencional. En ese teatro de ilusiones, los analistas analizan cosas como la estadísticas de apoyos a X o Y tendencia, los espacios conquistados por Alfa u Omega, los avances y retrocesos de Beta o Zeta, y así sucesivamente, cada mes, cada año, cada eternidad.

En esta obra teatral, los articulistas y sesudos expertos hablan un idioma que solamente podría tener sentido si Venezuela fuera un país normal, donde la democracia existe, con fallas pero existe, y donde la libertad no es una quimera. La dirigencia política se ha preocupado por hacer política tradicional, usando los mecanismos que son válidos cuando las realidades no son un precipicio, cuando el tiempo no es un lujo que no se tiene, y cuando lo más sagrado no está en juego.

Y esta actitud no podría ser más peligrosa, diría que mortal, en esta Venezuela que nos ha tocado sufrir.

Es mortal porque para insistir en la aplicación de esos mecanismos de acción convencionales, la dirigencia política necesariamente le da la espalda a la realidad y crea escenarios que no son otra cosa que un espejismo. Y este espejismo es una sentencia de muerte para aquellos que sabemos que la libertad es el bien más preciado que tiene el ser humano, ya que la vida sin libertad no vale la pena ser vivida, te reduce a ser un mendigo del destino, un despojo de la suerte.

Este espejismo es el equivalente a una olla caliente donde la rana fallece plácidamente, sin siquiera sentir la aproximación de su final.

Son quince largos años que seguirán sucediéndose indefinidamente mientras el espejismo se conserve, gracias a que la gente continúa comprando boletos para la función teatral en esta obra de ficción, que tan hábilmente han creado los representantes de la dictadura cubana en Venezuela (“La Agencia dictatorial cubana”) y los dirigentes de la llamada Mesa de Unidad Democrática (“MUD”), que no es otra cosa que una entelequia, ya que ni es una mesa, ni es unitaria, ni mucho menos es democrática.

Esta MUD es un caleidoscopio de partidos políticos, en su totalidad izquierdosos, integrados en un buen porcentaje por personas que han sido parte del régimen y tienen visiones muy parecidas a éste, aunque hoy se llamen a sí mismas “oposición”. La MUD es una trampa mortal, y hasta que el país no reaccione y lo asuma, esa trampa apresará toda la energía que se necesita para lograr la libertad.

No tiene caso entrar aquí en una dinámica de dimes y diretes, de descalificaciones personales tan propias de quienes no tienen argumentos para sostener ideas serias. A los hechos hemos de remitirnos, resultados históricos que son tan exactos como las matemáticas y se explican por sí mismos, sin necesidad de traductores.

Allí están todas esas promesas rotas, todos esos procesos electorales donde se prometieron cosas que nunca se cumplieron, y que solamente sirvieron para legitimar al régimen, atornillándole en el poder con traje democrático y aceptación internacional, avalada por todo el sector político local. (Y de nada sirve cantar fraude para enseguida pasar la página y legitimar…eso se llama traición, no tiene otro nombre ni aplica ninguna excusa…y tiene como resultado algo más desolador que si no se hubiera cantado el fraude en primer lugar).

¿Y dónde quedó la libertad? ¿Dónde quedó en todos estos años las reivindicaciones de aquellos que buscaban en esas promesas electorales un final feliz, un desenlace que les permitiera tener fe en el mañana, creer en el porvenir, sentir ilusiones por el progreso de sus vidas en el país? ¿Cuál es el balance real de estos quince años? ¿Quiénes se han beneficiado de los mismos, y quiénes han sido burlados?

Las respuestas son evidentes. Los beneficiados han sido personalidades concretas, partidos específicos…y burlados hemos sido todos los demás, la sociedad venezolana como un todo, tú y yo, el grupo social que busca prosperidad a través de un juego limpio y decente. Burlados somos todos los venezolanos que no estamos en una chamba, que no dependemos de prebendas, que no mamamos la teta de los representantes de la dictadura cubana en Venezuela (eso que la MUD llama “gobierno”), que no comemos de su alpiste regional ni municipal.

Porque es innegable que uno se siente burlado cuando tras quince años, el único destino visible es fuera de Venezuela, porque adentro reina el caos en todos los aspectos que hacen digna la vida; malos olores se desprenden de cada una de las variables que se tabulan para medir si una sociedad avanza, retrocede o sencillamente se la lleva el diablo.

¿Qué hacer entonces?

Lo primero es llamar las cosas por su nombre. Tenemos que rechazar en lo más hondo de nuestro ser cualquier intento de mantener el espejismo tramposo. El gobierno no existe. Aquí lo que hay es una agencia operativa de la dictadura cubana que ha secuestrado todos los poderes públicos y que busca replicar en Venezuela el modelo de esclavitud que destruyó a Cuba.

También hemos de rechazar a la falsa oposición política. Ha quedado claro que la MUD y sus voceros solamente tienen como objetivo ganar prebendas que les permitan una convivencia pacífica con la dictadura cubana.

Porque nadie niega que en Cuba hay paz. Aquella sociedad está integrada por esclavos pacíficos, personas que se resignaron a vivir una vida miserable, recibiendo favores y condescendencia de los tiranos que les esclavizan y que sí viven como reyes.

Y aquí el objetivo es el mismo. Tenernos a todos pacificados, resignados a un destino menor, donde la sociedad es igualitaria en el sentido de que nadie puede prosperar a través de su propio esfuerzo, donde hay que hacer colas y tender la mano para recibir como limosna los insumos necesarios para sobrevivir, casi en estado animal.

Por supuesto que en Cuba también hay partidos de “oposición” y con periodicidad se celebran elecciones, donde la gente acude pacíficamente y ejerce su derecho al voto, que arroja como resultado siempre el mismo escenario, donde los únicos que ganan son los partidos participantes, que reciben sus prebendas correspondientes, para que sus líderes vivan cómodos, y mantengan la ficción eternamente, siendo los tuertos felices en el país de los ciegos. ¿Es eso lo que tú quieres?

Porque lo que está a la vista de aquel que quiere ver y no engañarse, es que en Venezuela los únicos que están ganando con todo este proceso, aparte de la dictadura cubana, son los corruptos encamburados, los diputados, los gobernadores, los alcaldes y todo el universo burocrático que los envuelve, pero tú y yo, y todos los que no formamos parte de dicho universo, cada día estamos peor, y no tiene caso describir en qué forma, tú lo sabes perfectamente y no hace falta que yo te lo recuerde.

Entonces comencemos por rechazar el espejismo, llamemos al pan, pan y al vino, vino. Y dentro del terreno de la realidad, ya fuera del teatro de las ilusiones, diseñemos la estrategia que sea genuinamente efectiva para ponerle término a la dictadura cubana en Venezuela, para rescatar a nuestra sociedad del infierno que asegura el comunismo (aunque lo disfracen con otros nombres) y volvamos a un estado de cosas que permita tener una vida decente en nuestro país y un destino promisorio, donde nuestras familias estén seguras y podamos disfrutar de la existencia como es justo y necesario.

¿Cómo hacerlo?

Partiendo del desconocimiento de las autoridades ilegítimas. Tenemos que usar los mecanismos a nuestra disposición (de boca en boca; redes sociales; etc.) para exigir la restitución del orden constitucional que está completamente violado en la actualidad.
Debemos convertirnos en una voz lo suficientemente fuerte para que se consolide una matriz de opinión que genere la exigencia de ponerle término definitivo a la dictadura, y para eso hay que llamar dictadura a lo que hoy disfrazan como gobierno.

Se tiene que hacer un llamado colectivo a las fuerzas armadas institucionales (sí, ten la seguridad que todavía quedan militares decentes) para que actúen conforme lo dicta la Constitución Nacional y restablezcan el orden constitucional vulnerado, expulsando a los representantes de la dictadura cubana en Venezuela y estableciendo un gobierno cívico militar transitorio, que facilite el establecimiento de un escenario propicio para institucionalizar a los poderes públicos y elegir de forma transparente y real a las diversas autoridades que representarán a dichos poderes públicos.

Las personalidades que formarán parte de este gobierno transitorio serán personas de intachable trayectoria profesional, que sean dignos estandartes del cambio que se necesita, y para eso la dinámica que se genere deberá contener los instrumentos efectivos que permitan identificar a estas personas y hacerlas acreedoras de la confianza necesaria para rendirle honores a semejante responsabilidad.

Con esta nueva matriz de opinión consolidada, los militares institucionales sentirán de verdad la responsabilidad de cumplir con su deber constitucional. Hoy este sentimiento se encuentra frustrado por la posición tomada por la MUD y sus voceros, quienes no se cansan de repetir que una acción militar sería condenable (Y entonces, ¿para qué van a salir?… ¿para suicidarse?), cuando resulta que solamente los militares tienen la fuerza necesaria (y legítima) para cumplir con el objetivo de expulsar a los invasores cubanos y sus agentes, y así encausar al país por la senda de la libertad, no hay otra opción, esa es la única que existe…pero jamás se activará mientras no sea un clamor nacional, y para esto la MUD no puede seguir siendo la vocera del país en estos asuntos trascendentales.

Ya sé que estás pensando mil cosas a la vez, y el escepticismo te envuelve con su manto anulador. Pero recuerda que ese escepticismo es el resultado de un trabajo de años por parte de una dirigencia política que ha llevado al país por el camino equivocado, siempre con propuestas válidas dentro del espejismo, pero erradas para confrontar la realidad.

Si algo ha demostrado la historia es que nada puede ganarle a un pueblo decidido a conquistar su libertad a cualquier precio. Porque la libertad no tiene precio, es una guerra por la vida, y cuando la opción es el comunismo, se trata de una guerra a muerte, sin tonos grises, sin excepciones cobardes, sin excusas, porque es una guerra que si se pierde tiene como resultado la esclavitud, la existencia reducida a insecto.

¿Es que hay otra opción?

¿Es qué la supuesta paz es vivir como esclavos pacíficos, donde las cifras de asesinatos baten todos los récords mundiales?

2014 tiene que ser el año de la libertad. En la medida en que cada uno de nosotros internalice este sentimiento y lo sienta con pasión en el alma, las cosas irán sucediendo naturalmente y como consecuencia directa de ese sentimiento…la matriz de opinión se irá moldeando con esa pasión, y en consecuencia se irán dando acciones en el escenario nacional que escalarán progresivamente hasta lograr el objetivo final, el único que debemos abrigar, por nosotros mismos, por nuestros hijos, por nuestra patria.

Para romper el espejismo es fundamental desistir de los ídolos totémicos, de esas figuras que los medios de comunicación han transformado en voces únicas y finales. Hay que romper con el pasado, realizar conscientemente que todas esas estrategias políticas nos han alejado de la libertad genuina, del destino que quisiéramos tener, del único destino digno.

Hecho esto, es hora de ver para adelante, de diseñar estrategias que no sean una repetición de lo mismo, sino que contengan los elementos necesarios para la materialización de la efectividad buscada.

¿Reconciliación? ¿Diálogo?

Esas son premisas válidas siempre y cuando se siembren sobre terrenos reales y no espejismos. Habrá reconciliación cuando se logre la victoria de la libertad, nunca puede haberla cuando la condición es la aceptación de lo inaceptable, cuando se trata de agachar cabezas e hincar rodillas a un sistema ilegítimo e indigno.

Habrá reconciliación y diálogo cuando exista civilización, y esa reconciliación sea entre ciudadanos decentes y dignos, no entre delincuentes y tiranos.

Habrá diálogo cuando haya justicia, porque uno no dialoga con terroristas y tampoco hace justicia pactando con tiranos.

La reconciliación está implícita en la justicia, y el diálogo también. Primero se tiene que hacer justicia y después lo demás es un derivado de la misma, ya que es la forma como se materializa la justicia en la realidad para hacerla estructural y duradera, logrando así la civilización que permite el progreso de las mujeres y hombres libres.

En este nuevo plan, que llamaremos la estrategia de la libertad, caben todas las personas que estén dispuestas a transitar este camino de justicia, que estén en la disposición de abandonar las estrategias del pasado, abrazando el presente con la mirada en el futuro.

Es vital que nos conectemos con la realidad y venzamos las tentaciones de esa comodidad falsa que ofrece el espejismo, con sus diversas modalidades: estrellas de rock político; dólares CADIVI; viajes preferenciales; oficios lucrativos; alpistes sabrosos (cargos, viáticos, cambures y mangos bajitos, etc.).

También hay que abandonar esa sensación de falsa paz que es propia del espejismo, típica narrativa del guion que se recita en el teatro de ilusiones que ha creado la agencia dictatorial cubana y su comparsa, camuflageada en la MUD.

Vivimos en el país con una de las tasa de asesinatos per cápita más alta del mundo… ¿Es eso paz?

¿Es paz hacer cola cuando por fin aparece el papel higiénico o cuando resucita la leche?
¿Es paz vivir como esclavo?
¿Quieres esa paz para tus hijos?
¿La deseas?
¿Dónde queda nuestro amor por el país?
¿Y el amor por nosotros mismos?

Hay muchos de ustedes, miembros de la sociedad civil, iglesias, sector militar, algunas individualidades dentro de los partidos políticos, que han colaborado con la MUD en la mejor de las voluntades, con fe. ¿Cómo se sienten hoy en día? ¿Creen realmente que ese esfuerzo ha sido bien aprovechado, que ese tiempo invertido ha sido reconocido apropiadamente, y dirigido hacia un fin efectivo?

La respuesta la conozco, son muchas personas extraordinarias e híper talentosas que han trabajado arduamente en diversos equipos de trabajo, diseñando planes y políticas públicas para un país de primer mundo. Esas personas deben encabezar el abrazo de la estrategia de la libertad y nutrir con sus talentos esta nueva matriz de opinión, sembrando el escenario de la realidad (no el del espejismo) con sus ideas y esfuerzos.

Porque lo que no funciona de la MUD no es la sociedad civil que también la integra, esa es perfecta, allí está un grueso importante de lo mejor en recursos humanos que tiene Venezuela. Lo que no funciona allí es la amalgama de intereses políticos contrapuestos, que a la final se terminan anulando entre sí, contaminando toda la organización con sus tácticas fallidas y sus ideologías fracasadas.

Lo que no funciona de la MUD jamás funcionó ni funcionará, y siempre la condenará al fracaso, porque en el intento de estar bien con moros y cristianos, traiciona su espíritu y se vuelve complaciente, cómoda y ficticia, perfectamente adaptada al espejismo, un navegante aventajado en los mares de la ilusión, pero un náufrago moribundo en el océano de la realidad.

2014 necesariamente deberá traer consigo el nacimiento de una genuina oposición, capaz de conectarse con la tragedia real y proponer acciones dirigidas exclusivamente a ponerle fin a la agencia de la dictadura cubana que hoy secuestra a Venezuela.
Y no es ponerle fin retóricamente, con ilusiones que prolonguen el desenlace indefinidamente. Deberá ser una oposición diseñada únicamente para organizar al país en una sola estrategia de libertad, que le ponga punto final al horror comunista (con cualquiera de sus disfraces y anestesias), reestablezca el orden constitucional y encamine a Venezuela hacia un destino iluminado de prosperidad.

No debe ser otro el clamor nacional, no puede existir otra agenda…nada puede ser más importante que esto, y todos tenemos la responsabilidad de participar, contribuyendo con lo que sea que podamos aportar, porque cada quien hará lo que humanamente pueda hacer y eso es suficiente.

La estrategia de la libertad es el camino que tomaremos, es el único camino digno y vale la pena.

Que Dios nos bendiga a todos…

@jcsosazpurua 

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lunes, 9 de diciembre de 2013

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA: A LOS QUE NO “VOTAMOS”

Estaba resuelto a silenciar mis pensamientos, no por algún espíritu de seguidor cliché de las ondas públicas, sino porque a estas alturas de la historia, uno está cansado, agotado de sentirse atrapado en un universo de masoquismo circular, el mundo donde el cuento del gallo pelón cobra vida propia, haciéndose el gigante cuya sombra todo lo arropa.

Pero algo en las entrañas resuena indignado, cada vez que se entra en contacto con la prensa o las redes sociales, porque el coro es monótono, las voces que se expresan lo hacen siguiendo el mismo guion, cumpliendo a cabalidad el manual del status quo, la cartilla que te hace miembro del club de los que están en algo – los chévere- , y de los que esperan algún día estarlo.

Y quizás tanta monotonía, predecible por los demás, no se haría tan insufrible si al menos estuviera desprovista del tufito moralizante, esos humos densos que brotan de la humanidad de aquellos que se sienten dueños absolutos de la verdad, escogidos por el destino para ser portadores del Santo Grial de eso que se tiene que hacer, y de lo que ha de evitarse.

Y lo más tristón, por no decir patético, es que al expresarse siempre lo hacen en términos donde supuestamente es el otro quien se cree ascendido a los cielos, es el otro quien pontifica verdades con barbas blancas y bastones de madera, son los otros, nunca ellos, quienes se creen la Mamá de Tarzán, pese a expresarse con la más insoportable de las condescendencias, y también con improperios, atacándonos con epítetos que van desde el vulgarote “bolsas”, hasta el poco original “tarifados del Madurismo”.

No les importa haberse equivocado tantas veces, que la historia una y otra vez les escupa en la cara con la saliva de una realidad contraria a todas sus expectativas y promesas, opuesta en 180 grados a todo lo pontificado, analizado, debatido y calculado…la más cruda realidad jamás será lección de nada para estos cerebros programados, para los amos y señores de la ética y lo correcto, que siempre ponen la coletilla que lo suyo no es ahondar en asuntos éticos ni de lo correcto, porque ellos son pragmáticos, sabiondos de la política de los pelo en pecho, magníficos sabelotodos de las soluciones aplicables, porque ellos tienen la respuesta, que pese a ser siempre la misma, pese a ser siempre la equivocada, continúan convencidos de su certeza.

Y hoy no deseo otra cosa que hablarte a ti, que como yo, no tienes ningunas intenciones de ser utilería cómplice de un nuevo circo electorero, rey o reina del baile de disfraces de una dictadura que ya lleva quince años, a los que ha llegado en gran medida gracias a sus métodos de cocina lenta, la fórmula de la rana durmiéndose en la hornilla, mientras se sancocha viva hasta morir en silencio, ignorante de su propia aniquilación.

Este país perdió la coherencia, hoy es un manicomio donde todo es posible, donde se hacen fraudes que nunca lo son, y que cuando se cantan luego se olvidan, para seguir mordiendo espacios inertes, metros de espejismos democráticos en un cementerio donde se entierra la libertad y danzan los espectros comunistas.

Nada ni nadie me convencerá sobre las virtudes de seguir engrasando la maquinaria de mi destrucción, el instrumento que viene sistemáticamente borrando el destino de mi vida, el futuro de mis hijos y la dignidad de mi tierra, de la nación donde están sepultados mis muertos.

Nada ni nadie podrá convencerme que un antro de hampones, con máquinas controladas por ellos, con centenares de mesas sin testigos, con un registro de millones de fantasmas, con sistemas capta identidades, un voto que de secreto no tiene ni la mentira de su enunciación, con pruebas fidedignas de sus farsas, que llegan hasta el cielo, pero que han sido silenciadas por los mismos que insisten en  que se sigan acumulando, a través de la repetición de los mismos vicios, una y otra vez como en la maldición de Sísifo; nada ni nadie me convencerá que unos alcahuetas del fraude son los que marcan el camino de la libertad.

Y no podrán convencerme por la sencilla razón que la historia no es nueva, es el pueril “rewind” de la película trillada que ya cansa, cuyo final se conoce y da náuseas.

Aquí hay una única salida, la única que ya demostró que es la salida. Se burlan de ella los apóstoles del voto, con su risita tan abundante en sorna como carente de brillo. Afirman que si Pinochet esto, que si Nicaragua lo otro, que si Ucrania aquí, que si eso allá. Del sombrero sacan los mismos conejos muertos de infelicidad, los trucos repetidos que tienen nombres de abstención de 2005 o de diciembre de 2012, que si Carmona o cualquier otra cartica bajo la manga, para manipular emociones incautas, con medias verdades que no soportan un análisis medianamente serio, que solamente se sostienen porque cuelgan de la frivolidad, de la levedad de un público que aplaude bobalicón, teniendo por neuronas los adornos de navidad y CADIVI con sus dólares mágicos.

Hoy te hablo a ti, que no votarás porque sabes que eso no es votar, que acudir a semejante circo no es otra cosa que maquillar, ser el estilista de un tirano, la compota que se come el secuestrador de Venezuela para seguir  siendo el bebé consentido de los idiotas, de aquellos que se aferran a las formas porque no tienen las agallas de tocar el fondo, porque saben que ese fondo no es bonito, implica riesgos que son reales y no de tarima teatral, que son peligrosos porque son de verdad, precisamente su peligro radica en su efectividad, porque de llegar a activarse allí sí estaríamos hablando de un camino hacia la libertad.

Y ahora vendrán los pontífices a gritar su indignación, dándole “play” a su disco de clichés: “¿Tú saldrás con la pistola?”, “¿tú serás el primero en marchar a Miraflores y poner el pecho para que te disparen los facinerosos?”, y cantares como esos que ya todos conocemos.

No me extenderé más porque no tiene sentido hacerlo. Los que no votamos sabemos muy bien por qué lo hacemos…son aquellos que votan, y especialmente sus apóstoles más envalentonados, lo que recurren a intelectualizaciones exasperantes para justificar lo injustificable, para seguir asumiendo que el circo es serio, que la mentira es verdad, y que el disfraz es el cuerpo desnudo…

Nada más patético que pretender que sea la maquinaria del régimen que ahoga todo lo valioso, la que determine qué somos, si mayoría, minoría, marcianos o terrícolas…Imaginar hacer de eso un plebiscito, si no fuera tan desoladoramente irresponsable, provocaría la más auténtica de las carcajadas (las risas del régimen sí están aseguradas).

Nada más triste, más vulgar, menos lógico y totalmente inaceptable, que después de quince años, que tras la patética reivindicación de Hugo el destructor, aquel inolvidable siete de octubre, y todo lo sucedido después, que tras tantos años de caretas caídas, costuras visibles y esqueletos fuera del closet, todavía haya un solo venezolano que pueda aceptar en la soledad de su conciencia que asistiendo a la fiesta de disfraces montada por el CNE de Castro y sus compinches, aquí pasará algo diferente a lo que ya hemos experimentado con las venas abiertas, no una sino cien mil veces.

Amigo, hermano venezolano que no “votas”, que no acudirás a la fiesta de disfraces de un dictador; la fiesta donde los esclavos juegan a ser libres solamente para seguir siendo esclavos, pero con la conciencia limpia, con la sobrada prepotencia del que se cree sus propias sandeces; a ti te hablo hoy para aplaudirte, para darte las gracias por existir, por estar allí con tu coherencia intacta, recibiendo las críticas de los apóstoles del manicomio, los profetas de una vil dictadura a la que sostienen jugando a la democracia.

venezuelafenix@gmail.com


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sábado, 21 de septiembre de 2013

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA, SÍ ES IDEOLOGÍA.

He escuchado de diversas fuentes que el problema de Venezuela no tiene nada que ver con la ideología.
Es un grave error pensar así, especialmente si los que lo hacen pretenden ser los conductores de los procesos que marquen el destino nacional. 
Minotauro Jadeante
Para abordar el complejo panorama que hoy borra el futuro de este país, es fundamental comprender el efecto pernicioso que ha tenido la ideología en todo lo que nos ha ocurrido. 
La única explicación que consigo para entender el por qué hemos dilapidado tantas oportunidades providenciales, el cómo teniendo tantos privilegios naturales hoy lucimos como uno de los países más retrasados del planeta, tiene todo que ver con la forma como se concibe la vida, a las personas y al grupo social enmarcado en la comunidad internacional.
Mientras no se aborden conceptos idiosincráticos como la libertad individual, la responsabilidad, el trabajo,  la importancia del mérito, la ética,  la competitividad, y se les dé una orientación elevada y desprejuiciada, continuaremos a la deriva, improvisando las realidades, observando una y otra vez como el tren de la historia pasa por nuestra estación sin detenerse, dejando un polvo que nos cubre como si fuésemos un pueblo de fantasmas. 
Lo que nos trajo hasta este momento tenebroso que vivimos tiene todo que ver con la ideología. 
Se fundamenta el error en una concepción equivocada del petróleo, el Estado y la sociedad. 
Hoy existe un Minotauro jadeante, encerrado en un laberinto maldito llamado Venezuela. 
Este monstruo no ha hecho otra cosa que engordar y fortalecerse.  La única salida que existe, pasa por aniquilar a la bestia y deslastrarnos del laberinto, transformando a la nación en algo coherente, que permita la prosperidad sostenida.  Muchos países lo han logrado.  Este debe ser el reto.

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lunes, 7 de enero de 2013

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA, RESPETO CONSTITUCIONAL O GOLPE DE ESTADO

Si es un show, el argumento del vacío de poder cobraría mayor peso todavía, una burla de esa magnitud sería un delito sin precedentes. Dejemos dicho argumento de lado (también obviaremos, para los fines de este análisis, la farsa electoral perpetrada el pasado mes de octubre).
Hasta que no se pruebe lo contrario, tomaremos como cierta la grave condición del señor Chávez, el cual desde octubre de 2012 - tres meses - se encuentra ausente de sus funciones presidenciales, siendo presuntamente tratado por el padecimiento de un cáncer terminal, que a todas luces, de manera pública y notoria, le ha inhabilitado para el cumplimiento de sus deberes como el servidor público que, en principio, debería ser.
El 10 de enero, tal y como lo indica el texto constitucional, el período presidencial actual culmina, y los cargos principales del Poder Ejecutivo, el de presidente y los del gabinete ministerial, quedan cesantes; el mandato presidencial válido hasta ese instante es jurídicamente revocado.  Ese día comienza un nuevo período presidencial, se otorga un mandato constitucional distinto del anterior,  y para que así sea, el presidente electo debe ser juramentado siguiendo los procedimientos formales que se establecieron para dicho fin.
Esta juramentación no es un simple formalismo, es una condición determinante y necesaria para que el presidente electo sea investido con los requisitos para poder iniciar el ejercicio formal de la presidencia, y no es relevante para estos fines si se da el caso que el presidente cesante sea el mismo que el presidente electo. La norma constitucional no es de plastilina, es un imperativo formal imprescindible para la solidez institucional de la República.
El acto de juramentación debe efectuarse en territorio venezolano y ante el órgano legislativo. De no poderse celebrar el acto en la Asamblea Nacional, por razones que se justifiquen plenamente, el juramento podrá realizarse en el Tribunal Supremo de Justicia. Pero no como una alternativa discrecional, sino únicamente si por razones inherentes a la propia mecánica del Poder Legislativo, éste se encontrase inhabilitado para ejercer sus funciones respectivas. Aquí la disposición no está contemplada para atender las circunstancias particulares de una persona; este precepto constitucional atiende exclusivamente a las circunstancias del Poder Legislativo y su capacidad de cumplir con su deber de investir a un presidente electo del carácter de presidente en ejercicio.
Si el presidente electo no se presentase a su juramentación el 10 de enero, automáticamente se estaría presentando un vacío de poder, un espacio en blanco que debe ser rellenado con soluciones constitucionales que se han previsto para evitar que el país caiga en un agujero negro sin luces institucionales.
Como ese día no existe gobierno constituido para su ejercicio (ya que no se constituyó el nuevo mandato y sí se revocó el anterior), el presidente de la Asamblea Nacional debe suplir el cargo vacante de presidente en ejercicio, de manera que el Estado no se paralice y puedan tomarse medidas ejecutivas que permitan el gobierno de la nación, mientras se buscan las soluciones finales al problema que se ha generado con la imposibilidad de otorgarle luz verde gubernamental al presidente electo, que no se ha podido juramentar para constituir gobierno y activar así la representación válida del Poder Ejecutivo de la República. 
El presidente interino, en este caso el presidente de la Asamblea Nacional, deberá convocar elecciones presidenciales dentro de un plazo de treinta días, a menos que el presidente electo durante ese período de tiempo (que ya estaría en marcha) pudiese ser juramentado.
Teniendo como fundamento la presunción fáctica de incapacidad para ejercer el cargo, para que dicha juramentación fuese procedente, sería imperativo que una junta médica profesional, debidamente constituida, informase al país que las razones que impidieron la juramentación inicial no constituyesen elementos incapacitantes definitivos para el debido ejercicio de la presidencia.
Y solamente con la debida aprobación médica irrebatible, la juramentación debería hacerse en un lapso no mayor a los treinta días que se establecen para la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales. Y esto se debe, a que el presidente de la Asamblea Nacional no está autorizado constitucionalmente para ejercer la presidencia de la República indefinidamente, ni tampoco atribuyéndose los lapsos de un máximo de 180 días que no fueron previstos para los presidentes interinos; fueron previstos para las faltas temporales de un presidente legítimo en ejercicio pleno de sus funciones, donde ya existe un gobierno constituido y los funcionarios contemplados en los textos legales se encuentran debidamente nombrados y en pleno ejercicio de sus cargos. 
En consecuencia, los lapsos de hasta 180 días no se aplican para el caso de marras, tal y como han venido sosteniendo erradamente algunas personalidades públicas.  Esos lapsos serían aplicables a un presidente constitucionalmente facultado para el pleno ejercicio de sus funciones (no interinos) y si el 10 de enero no se hiciese la juramentación correspondiente, el presidente electo no sería un presidente facultado constitucionalmente para el ejercicio de sus funciones, ergo no podría ser acreedor de los lapsos de ausencia temporal, que únicamente están previstos para los presidentes investidos por la carta magna para ejercer dicho cargo, no para los interinos ni para los presidentes electos sin investidura constitucional, es decir, sin mandato facultado constitucionalmente. 
La Constitución Nacional no es un simple papel, ni tampoco un ejercicio de “leguleyismo” diletante.
La Constitución Nacional es la base que sostiene a la República, su columna vertebral, y su respeto es obligatorio, no sujeto a la discreción de nadie y mucho menos a una ideología política que por autodenominarse revolucionaria pretende estar por encima del bien y el mal, y hacer con las instituciones republicanas lo que le viene en gana. 
El próximo 10 de enero el presidente electo  debe ser juramentado. Si esta persona no se presenta para su investidura constitucional, inmediatamente se activan los mecanismos constitucionales previstos para estos casos.
El vacío de poder debe ser suplido en el acto por el presidente de la Asamblea Nacional, quien deberá proceder según lo indicado anteriormente.
Lo contrario, si se pretendiese obviar la Carta Magna, alegando argumentos supraconstitucionales, estaríamos en presencia de un golpe de Estado y los ciudadanos venezolanos tendremos el deber de contribuir a restituir el orden constitucional vulnerado, tal y como lo establecen inequívocamente los artículos 333  y 350 de la Carta Magna vigente.
Venezuela atraviesa la peor crisis de su historia republicana.  Es hora que los que amamos esta patria exijamos que se respeten los principios y valores que fundamentan la vida civilizada.
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viernes, 19 de octubre de 2012

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA, SER RADICAL

Aclararé lo que significa para los radicales el término "radical". 

La vida es una sola y constituye el bien más preciado que tenemos, porque si lo perdemos, lo perdemos todo.  La Libertad es el idioma de la vida, lo humano se explica gracias a la Libertad, los humanos no somos animales porque somos libres.

Cuando algo atenta contra la Libertad, está atentando contra lo humano, ergo está quitándole a la vida su forma de expresión y su esencia. Un hombre esclavo, no es hombre, es esclavo, que es lo mismo que decir que está muerto, es un zombie, un ser sin esencia, sin posibilidad que su vida tenga algún valor en lo que respecta a la expresión de su naturaleza. 

Cuando algo atenta contra la Libertad, ese algo es un enemigo implacable, porque si tiene éxito, nos mata lo humano que hay en nosotros, volviéndonos esclavos. Por eso un régimen que viola la Libertad, es un régimen que puede y debe ser combatido con cualquier medio disponible, sin matices y sin contemplaciones. 

Atenuar esta premisa es lo mismo que hacen los que deciden negociar con narcoterroristas, conciliar posiciones con asesinos. Los mismos que defienden los derechos humanos de monstruos como Osama Bin Laden pero nunca hacen mención de los derechos humanos de las miles de personas asesinadas por este difunto enemigo barbudo de la Libertad. 

Los conciliadores concilian ambas posiciones, las de Bin Laden y las de sus víctimas; las del pueblo colombiano y las de la narcoguerrila que lo destruye con drogas y bombas.

Los  conciliadores buscan ser comprensivos, usan matices para llegar a posiciones de consenso; y así los Bin Laden, los Marulanda, los Chávez, y un sinnúmero de enemigos de la Libertad logran escabullirse y continuar sus respectivas muecas destructivas. 

En Venezuela la Libertad está en juego con el régimen de Chávez  y por ende el régimen de Chávez debe desaparecer, como sea.  Los radicales entendemos esto muy bien. Los conciliadores buscan explicaciones matemáticas, tratan de descubrirle las cinco patas a la rata…y así se les va la vida y obviamente el país. 

Para los radicales lo que sucedió el 07 de octubre fue una tragedia de proporciones catastróficas. Por eso nos sentimos frontalmente insultados por las posiciones conciliadoras, por las auto felicitaciones pepsodent de los responsables de esa hecatombe y por sus maneras suaves y cínicas de "pasar la página"… sus formas "conciliadoramente democráticas".

Por eso nos hartamos; es imposible de tragar que los individuos que han permitido que esta tragedia ocurriese, cuando hubo muchas formas advertidas de evitarla (y que sabotearon y ridiculizaron), pretendan seguir aplicando sus estrategias fallidas; y mucho menos soportamos a los necios que los aplauden y que además tienen los bríos de insultar a quienes estamos de luto, solamente porque se nos ocurre abrir la boca para decir que es una total y absoluta FARSA todo el proceso que culminó en ese patético discursillo bobalicón que le entregó nuestra Libertad al régimen de Chávez, cual cochino mordiendo una manzana, en bandeja de oro y brillantes, legitimándolo por seis años más. 

¿Para qué otra cosa sirvió esa bufonada del domingo más triste de la historia de este país? ¿Para las cretinadas que alega la MUD, y que taladran la materia gris de quien la tenga? 

Por todo esto somos radicales, porque entendemos que la Libertad solamente se merece cuando se lucha con la vida por no perderla; no cuando se le considera una simple apuesta para jugársela en un hipódromo electoral.

@jcsosazpurua

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viernes, 12 de octubre de 2012

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA/ 07 DE OCTUBRE: CEMENTERIO DE LIBERTAD

Hace más de un año, cuando comenzaron a perfilarse las elecciones presidenciales, insistíamos en que nos parecía un disparate hablar de comicios democráticos cuando todos los poderes públicos, y especialmente el CNE, están secuestrados por un régimen autócrata y totalitario.
Afirmamos con reiterada narrativa que estábamos a punto de producir el clon de una película que ya habíamos visto y que no nos había gustado nada. Nuestro silogismo se fundamentaba en las premisas que si uno repite las mismas estrategias, usa los mismos actores y aplica el mismo guion, el resultado tiene que ser igual y no diferente.
Recordábamos el famoso dicho que se le atribuye a Albert Einstein: la definición de locura consiste en la repetición de las mismas acciones esperando resultados diferentes.

Si aplicamos el pensamiento del genio alemán para construir un silogismo sobre las premisas que acabamos de experimentar, la conclusión irremediable es que Venezuela está loca; que es lo mismo que decir que los venezolanos perdimos la chaveta. El mal que padecemos, la forma de locura que sufrimos, es similar a la que padeció Patty Hearst cuando la secuestraron.
Tras catorce años de vivir secuestrados, hemos demostrado que somos un caso de libro del llamado Síndrome de Estocolmo. La única opción al síndrome, es padecer masoquismo, y eso también es una forma que tiene la locura de manifestarse.
Entiendo que muchos apoyen a Chávez, y esos sí que no están locos. Al final del día, el comunismo sigue siendo una filosofía de vida muy atractiva para decenas de millones de personas en todo el mundo. El comunismo es tan atractivo porque responde perfectamente a la naturaleza humana en sus estadios menos evolucionados, cuando las bajas pasiones dominan la psique y empujan al individuo a resentir del éxito ajeno y querer apoderarse del mismo sin que medie esfuerzo alguno; partiendo de la base que todo aquel que tiene algo es porque se lo quitó a otro.
En el comunismo no se comprende que la riqueza puede ser producto del trabajo, del esfuerzo, del ingenio; esas cualidades jamás  son reconocidas o apreciadas por los comunistas; éstos buscan arrasar con todo, ser genuinas fábricas de pobres, igualar siempre hacia abajo, que todos seamos iguales compartiendo la miseria; evidentemente salvando de la regla a los jerarcas comunistas, quienes nunca aplican para ellos las mismas medicinas (venenos) que pretenden aplicar a sus vasallos.
En el comunismo eventualmente el espíritu involucionado encuentra armonía, deja de sentirse excluido del éxito, que se considera inalcanzable. Al ser todos fracasados, la envidia duerme y entonces se vive mejor.  Allí radica el éxito de Chávez con su público incondicional. Esa es la explicación del porqué tras catorce años de sistemática destrucción, donde el país se parece más a un basurero que a una nación, sean tantos millones de personas los que sigan viendo en Chávez a un redentor y no a una salvaje destructor.
Chávez redime la envidia y lo feo; mientras destruye la riqueza y lo bello; ese es el paraíso comunista. Y en ese olimpo de antivalores, Chávez siempre será un emperador imbatible.
Pero no estoy analizando aquí al comunismo, ni a Chávez ni nada de eso que ya todos sabemos.
Lo que importa tratar de entender es porqué las personas que no comulgan con el comunismo, que tienen a Chávez como lo que realmente es; en lugar de luchar por diferenciarse completamente de lo que representa, buscan en cambio parecerse a él. Y esa fue la estrategia electoral de la MUD y allí reside buena parte de la crítica que necesariamente tenemos que hacerle a los responsables de la estrategia que culminó en la hecatombe del 07 de octubre.
Los resultados electorales fueron para mí totalmente predecibles, incluyendo los porcentajes anunciados por el CNE. Jamás pensé que existiera oportunidad alguna de vencer a Hugo Chávez en una elección presidencial, y de esta convicción dejé constancia de múltiples maneras.
Cuando decidí apoyar a Henrique Capriles, siempre lo hice dándole un voto de confianza a la posibilidad de que al final del proceso, y habiendo conquistado millones de voluntades, Henrique tendría la fuerza necesaria para desconocer lo que fue una farsa desde el principio, deslegitimándola y haciendo un llamado público al desconocimiento colectivo de la autoridad usurpada de un régimen que hace años perdió toda legitimidad, de origen y de ejercicio.
Y aun dándole mi apoyo personal al candidato, nunca abandoné las suspicacias que me generaban los voceros de su campaña, quienes jamás perdieron la oportunidad de legitimar al CNE y activar una agresiva estrategia para imprimirle a la gente confianza absoluta en el voto.
Partiendo del falso supuesto que hablar de irregularidades en el ente comicial generaría abstención, la estrategia de la MUD consistió en blindar al árbitro y crear un manto protector que tapara cualquier rasgo perverso que pudiese asomarse.
Y una vez anulada toda posibilidad de exigir condiciones mínimas para que al menos el acto de votar fuera menos estéril, la MUD emprendió la segunda parte de su estrategia: el contenido de los mensajes de la campaña.
Otra vez subestimando muchas cosas, la MUD concluyó que confrontar a Chávez sería perjudicial y que mientras más parecido fuera Capriles al autócrata, mayores serían las opciones de conquistar voluntades. Al hacer estos supuestos y activar sus acciones siguiendo esas pautas, se abandonó por completo la posibilidad de enseñarle a los venezolanos que efectivamente es posible tener un país diferente y mejor al que ha ofrecido y logrado Chávez. 
Esta campaña era la oportunidad perfecta para quitarle el velo a la bruja y enseñar toda su fealdad sin anestesia. Horrorizados por el espanto de semejante esperpento, entonces se tenía que haber enseñado lo que puede ser un país liderado por personas que no comparten la filosofía del fracaso, y que son capaces de implementar en Venezuela un sistema genuinamente libre y capaz de generar prosperidad a través de la materialización de una filosofía de vida antagónica al comunismo y los antivalores que le dan forma; una manera de concebir la vida y la humanidad diametralmente diferente a la de Chávez; no rindiéndole culto a nada de lo que el autócrata implementó para engañar al pueblo, para hacerle creer que regalándole cosas la vida mejora.
Una de las implicaciones más terribles de la campaña diseñada por la MUD fue el homenaje que le hizo a la “obra” de Chávez, aplaudiendo sus misiones se reivindicó una mentira y en lugar de ofrecer una alternativa se cayó en la trampa del régimen, en su farsa.
Más allá de la frescura del candidato, de su juventud e ímpetu innegable, la falla mortal consistió en no representar ante los ojos de los comunistas ninguna diferencia respecto al emperador que ya tienen; mientras que en aquellos que no somos comunistas, más que emoción y convicción, la campaña nos generó decepción en su contenido y simple resignación de votar por alguien sencillamente por no ser Chávez, y no por representar intrínsecamente una diferencia en la forma de concebir la vida, en la filosofía que arroparía a las políticas públicas que se emprenderían.
Hasta aquí podemos referirnos a dos fallas: 1) Blindar con titanio las irregularidades del CNE; 2) Una campaña electoral fundamentada en mejorar lo que Chávez ha hecho; sin diferenciarse estructuralmente, lo que conllevó implícitamente a un reconocimiento de la “obra” de gobierno chavista y su consecuente legitimización.
Y a estos puntos hay que añadir un tercero: el caso omiso que se hizo de la naturaleza totalitaria y delincuencial del régimen que se confronta; transformando un evento absolutamente aberrante por lo desproporcionado e injusto; en una carrera de iguales donde el vencedor gana en justa lid y el vencido reconoce su derrota, felicitando al primero por una legítima victoria que ontológicamente jamás podía darse.
Son múltiples las razones por las cuales la carrera era una competencia nula y tenía que haberse suspendido a tiempo para exigir la justicia que le estaba negada.
Primero: Chávez no podía ser candidato. Su candidatura violaba el principio constitucional de alternancia en el poder  y el referéndum que permitió la relección es doblemente inconstitucional, porque viola este principio de alternancia y porque fue producto de una segunda consulta en el mismo período constitucional. Además, su candidatura violaba otra vez la constitución por tratarse Chávez de un militar activo según la nueva ley de las Fuerzas Armadas y constitucionalmente un militar activo no puede optar por la presidencia de la República.  
Segundo: El uso indiscriminado de las arcas del Estado para promover y consolidar la candidatura del autócrata. Nunca fue tan pública y notoria la corrupción administrativa del régimen como en esta campaña.
Tercero: El abuso desproporcionado de los espacios televisivos y radiales para encadenar el país promoviendo su candidatura; sin que mediara sanción alguna por parte del CNE, organismo que supuestamente es autónomo según la MUD.
Cuarto: De cinco rectores que tiene el CNE, cuatro han estado inscritos en el PSUV, violando la ley electoral.
Quinto: Un REP de 19 millones de personas que rompe toda lógica matemática, estadística; histórica y demográfica.
Sexto: La existencia de presos políticos a quienes se les ha negado toda justicia porque de manera pública y notoria el autócrata ordenó que así fuera. Esto evidencia sin duda el carácter ilegítimo del régimen.
Y podríamos añadir muchos puntos más, pero a los fines de este análisis los anteriores son suficientes para ilustrar el por qué no podía convocarse al país a un proceso que solamente puede darse cuando existe separación de poderes, autonomía de los mismos, transparencia y posibilidades reales de hacer una competencia equilibrada y razonablemente civilizada, con competidores legítimos y capaces de optar para el cargo que aspiran.
De no existir estos supuestos, la convocatoria de unas elecciones presidenciales es un acto que contempla riesgos mortales, haciendo que todo el proceso sea una completa farsa, independientemente de lo que suceda el día específico cuando las personas depositan su voto.
Y es bajo esta premisas que hacen totalmente ilegítimo a Chávez, que abrigamos la esperanza que Henrique Capriles así lo entendiera y usara las voluntades conquistadas para hacer lo correcto: desconocer la autoridad de entidades ilegítimas, convocar a los venezolanos a acompañarlo en su gesta, hacer un llamado a todas las fuerzas vivas del país, convocar a la comunidad internacional y exigir el restablecimiento del orden constitucional vulnerado por el régimen de Chávez. Esa actitud quizás no hubiese rendido frutos inmediatos, pero definitivamente hubiera herido de muerte la legitimidad de Chávez, erosionando su base de poder y conllevando a su desplome en un tiempo perentorio.
Pero en lugar de hacer esto, Henrique hizo lo peor que pudo haber hecho. Al conocer los resultados de las elecciones, su discurso, en contenido y forma, logró lo siguiente:
1)  Consolidación de confianza sobre un proceso que nació abortado, blindando con más fuerza al CNE y despistando cualquier posibilidad de cuestionar su autoridad y su legitimidad como poder público secuestrado por Chávez. También colocó un obstáculo infranqueable para cualquier posible auditoría que cuestionase la veracidad de lo dicho por un CNE que no cumple con las exigencias constitucionales. Los resultados electorales, sean los que fueren, quedaron tapiados con acero indestructible.
2) Legitimación de Chávez como candidato en justa lid y como presidente demócrata de un país libre.  El discurso de Henrique jamás mencionó las premisas que hicieron que todo el proceso fuera una morisqueta; y cuando se aceptó derrotado, lo hizo con una narrativa que ponía a su contendor en igualdad de condiciones en todos los sentidos, jamás poniendo en entredicho la aberrante victoria de un hombre que cometió todas las faltas posibles antes y durante la competencia, viciándola de nulidad absoluta.
Visto lo anterior es evidente que la MUD y su candidato jamás entendieron lo que realmente estaba en juego en estas elecciones. Nunca asumieron el reto como la oportunidad real de salvar a Venezuela de la esclavitud, liberarla para llevarla a estadios donde los valores humanos sean la premisa, no los antivalores que hoy padecemos.
Lo que se deduce de esta historia, es que la MUD y su candidato concibieron este proceso como la oportunidad de sumar apoyos para sus respectivos partidos políticos, y salvaguardar ciertos espacios que les permitan a ellos seguir respirando como entidades partidistas, cuidar algunas gobernaciones, conquistar ciertas alcaldías y obtener recursos financieros para su operatividad.  Esta premisa se evidencia a la luz de todo lo que fue la campaña, de las actitudes tomadas el día de la votación y de las declaraciones que han dado sus voceros desde el domingo hasta el momento de escribir estas líneas.
Afirman que respecto a las elecciones del año 2006, la oposición avanzó dos millones de votos, mientras que Chávez no llegó al millón. Celebran esos resultados como una victoria e invitan al país a acompañarlos en los próximos eventos electorales.
Los voceros de la MUD continúan sus discursos libres de autocrítica, alejados de reflexión, completamente orientados a los siguientes comicios, a la continuación indefinida de su estrategia electoral, que es lo mismo que decir, orientados a la continuación indefinida de su concepción de país y de su entendimiento de lo que representa el régimen de Chávez y las maneras de confrontarlo.
Uno tendría que preguntarse: ¿Ha sido la MUD exitosa en su estrategia?
Sus acciones, ¿han llevado al país opositor a lugares donde queremos vivir, a situaciones que nos den paz y armonía?
¿Ha contribuido la MUD a desenmascarar al tirano disfrazado de demócrata, o más bien sus acciones han fortalecido la máscara, haciéndola parte inseparable del horrendo y verdadero rostro que tiene la tiranía de Chávez?
Esos espacios conquistados por la MUD, ¿han frenado algo el avance de la revolución chavista y su destrucción de Venezuela?
Con cada proceso electoral: ¿se fortalece la sociedad venezolana o se reitera que el interés partidista y temporal respira con independencia del interés trascendental de libertad y progreso de dicha sociedad?
El 07 de octubre apenas marca un capítulo en la historia indefinida y continua de los partidos políticos. Para éstos, el 07 de octubre es un día para sacar cuentas de cuánto dinero recaudaron, de cuántos feligreses reclutaron; de qué posición ocupan entre ellos y cómo enfocarán sus futuras movidas.
Para los partidos políticos y sus dirigentes todo indica que la Venezuela de Chávez es un tablero de juego donde ellos son fichas que pueden circular respetando ciertas reglas impuestas.
Dentro de este tablero, las elecciones son fundamentales. Ganen o pierdan, para los partidos siempre es ganancia una elección, permanecen en el tablero y algunos réditos acumulan con cada ficha que mueven, en cada espacio donde se mueven, sobre los espacios que el dueño del juego les permite tener.
Y el dueño del juego es inteligente y por eso el juego se llama democracia, aunque lo que no sea parte del juego se esté hundiendo en la más oprobiosa tiranía.
Cabe preguntarse, ¿son los intereses de estos jugadores los mismos intereses que tienen los que no juegan?
Si se deslegitima el juego… ¿quiénes pierden y quiénes ganan?
El problema se acentúa cuando extendemos la mirada y nos damos cuenta que efectivamente estamos secuestrados, y padeciendo el síndrome de Estocolmo.
¿Por qué afirmo esto?
Porque es evidente que una matriz de opinión no se crea únicamente con el esfuerzo de los partidos políticos. Que son muchas las personas que a pesar de estar secuestradas piensan que el juego de Chávez puede seguir siendo el juego del país.
Articulistas de prensa, representantes de la iglesia, empresarios, periodistas, amas de casa, otros profesionales y estudiantes contribuyen con sus acciones y palabras al fortalecimiento del juego de Chávez.
Ante la incertidumbre de lo desconocido, optan por lo que creen es el mal menor, aplicando el dicho que mejor malo conocido que bueno por conocer, se resignan a ser seguidores de los dirigentes políticos y, al hacerlo, también se vuelven fichas del juego de Chávez, aunque sin recibir los mismos cuantiosos réditos que reciben las fichas principales.
Y es que deslegitimar el juego implica paralizarlo. ¿Quieren las fichas de un juego ser engavetadas o prefieren continuar jugando?
Cuando un país carece de una dirigencia con visión trascendental, caemos en la trampa donde nos encontramos. El síndrome de Estocolmo que la mayoría padece, ha hecho que los venezolanos se precipiten en el embrujo de una fantasía que jamás se cumplirá, pero que tiene suficiente fuego para mantenerla caliente por mucho tiempo.
A los cubanos les pasó, también a los europeos del Este durante el reinado de la Unión Soviética. En estos países, el sentimiento de rechazo mutó en rabia, para dar paso a la aceptación y finalmente a la resignación. Esta fórmula se está aplicando en Venezuela.
Y ocurre que la única salida que tenemos al dilema que hoy nos condena pasa por asumir actitudes que lucen lejanas.
Se insiste en tapar el sol con un dedo; en decir que la tierra es cuadrada y el cielo es verde.
No hay luz que permita ver a alguien que desea ser ciego.
Lo estamos viendo hoy. Los primeros que insisten en negar la farsa son los primeros que deberían querer evidenciarla.  Y las discusiones caen en terrenos estériles, como tratar de discutir cuántas espinas tiene el erizo. 
El fraude ya no está en cuántos votos sacó uno y cuántos el otro; el fraude ni siquiera pasa ya por el organismo que cuenta los votos; el fraude es todo el juego con sus reglas, lo que hay que erradicar de tajo es el juego entero, y eso tiene costos e implica riesgos, y los jugadores, ninguno de ellos, quiere eso.
Venezuela está atrapada y sin salida. La única solución que yo veo implica asuntos que son muy complejos y no parece existir ni el entendimiento, ni la voluntad, ni tampoco la fuerza para materializarlos.
La dirigencia actual tendría que revisarse, y es obvio que no lo hará.
Los seguidores de esa dirigencia tendrían que exigirle cuentas a la misma, hacerle críticas y solicitarle cambios de estrategias, y nada de eso ocurrirá.
Y aún si esto se hiciera, muy probablemente tendría que surgir una nueva dirigencia con la visión, determinación y apoyos suficientes para implementar las acciones necesarias que permitan romper la pared del callejón sin salida que hoy nos entrampa.
¿Dónde están esos líderes? ¿Quiénes son estos pensadores, políticos y sociedad civil que deben tomar la batuta? ¿Existen entre nosotros?
La respuesta es terrible. Si existieran, muy probablemente ya los conoceríamos, pero todo indica que esto no es así.
Quizás lo que resta es resignarse al juego actual, esperando que suceda un hecho fortuito que cambie la dirección de las cosas para lograr el milagro de curarnos la locura y permitirnos la posibilidad de ser genuinamente libres.  Esta conclusión es desoladora, pero así veo hoy al país, con desolación.
Para aquellos que no somos fichas del juego de Chávez, ni seguidores de los jugadores, el 07 de octubre fue una hecatombe trágica, dura, y final.
Para nosotros, los que ni somos fichas del juego, ni fanáticos del mismo, ni locos ni víctimas del síndrome de Estocolmo, lo que ocurrió el domingo no puede ser positivo en ningún sentido que se le vea.
Para nosotros, el saber que somos seis, ocho o diez es irrelevante, igual de irrelevante que saber que en lugar de cuatro, ahora son seis los pasajeros de un avión al que se le apagó el motor en pleno vuelo.
Para nosotros, el 07 de octubre representa un día de luto, como si hubiese sido el día en que asistimos al entierro de un ser querido asesinado. En este cementerio, el muerto se llama Libertad.
Todo lo que mató a ese ser querido está representado por estrategias fallidas, líderes equivocados y una sociedad integrada por tres tipos de seres: los comunistas (esclavos por decisión propia); los locos (incluyendo a los masoquistas y víctimas del síndrome de Estocolmo) y los reaccionarios, estos últimos los que salimos llorando del cementerio, ese seco 07 de octubre de 2012.
Hasta que los venezolanos estemos dispuestos a ser distintos a lo que hemos sido, estaremos condenados a repetir los errores una y otra vez, hasta la eternidad; tal y como Einstein diría, signados por la locura, con el coco patinando en una pista congelada por el frío de la esclavitud.
Lo primero que deberíamos hacer es sentarnos a reflexionar. Hacer un juicio muy crítico de lo que nos ha ocurrido, y mejorar en nosotros aquello que haya contribuido a traernos hasta donde estamos.
Tenemos que exigir cuentas. Lo que ocurrió el 07 de octubre es muy grave, para los hombres y mujeres libres la muerte de la Libertad es algo serio.
Hecho lo anterior, abracemos a aquellos dirigentes conocidos que estén dispuestos a cambiar, a reconocer sus erradas estrategias, teniendo la capacidad de ofrecer alternativas a los caminos que ya hemos recorrido y que condujeron a este callejón sin salida, al cementerio de la Libertad.
Busquemos nuevos dirigentes y apoyémoslos para que tengan fuerza y puedan liderar al país con más sabiduría y aciertos.
Al final, lo que nos queda es repetirnos que la esperanza es lo único que sobrevive. Pero aquí también hay que hacer una salvedad.
La esperanza que se cultiva en el terreno de la mentira es el arma perfecta de los dictadores.  Todo país esclavizado es víctima de este tipo de esperanza, si no pregúntenle a algún cubano si uno de cualquiera de los 53 años de dictadura sufridos ha sido un año en que ha dejado de pensar que sería el último que viviría como esclavo.
La esperanza se tiene que abonar en el terreno de la verdad. Y la verdad a veces es muy dura.
Pero a menos que tengamos la valentía y determinación de asumir el costo de la verdad y confrontar la realidad, estaremos condenados a vivir en el juego de la fantasía, un juego que se llama democracia pero que no tiene un final feliz.
La opción de ese final es tarea pendiente.
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