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martes, 4 de marzo de 2014

GABRIEL BORAGINA, ECONOMÍA Y POPULARIDAD POLÍTICA

La economía tiene sus propios instrumentos para medir la popularidad política de un gobierno. Mecanismos -a mi juicio- mucho más precisos y confiables que los más conocidos (que son las tan famosas encuestas o sondeos de opinión).
Por "popularidad" entendernos aquí el grado de aceptación, apoyo o consenso del que goza un determinado gobierno en un país. Utilizaremos -en lo que sigue- todos estos vocablos como sinónimos.
La economía estudia la acción humana como tal, sin interesarle los motivos o razones por los cuales las personas actúan en cierto sentido y no en otro. Analiza el comportamiento concreto de los individuos, ya sea en una dirección o en otra diferente, y saca conclusiones a la luz de las categorías a priori implicadas en dicha acción.
Teniendo pues como base dicha acción humana, el estudio analítico de ciertas variables observadas con cuidado a lo largo de un periodo determinado, permite conocer -con una aproximación bastante exacta- el grado de aceptación o de rechazo de las políticas implementadas por un gobierno, y por lo tanto, el nivel de su popularidad o impopularidad.
La ventaja de medir la popularidad de un gobierno por medio de las herramientas que nos ofrece la economía, es que posibilita hacer un seguimiento casi día a día de aquella, y nos brinda una lectura mucho más fiel que el resultado de las elecciones políticas, que se dan muy espaciadamente cada dos o más años.
Algunos indicadores son extremadamente reveladores. Por ejemplo, una alta tasa de evasión fiscal muestra a las claras un elevado rechazo popular de las medidas fiscales adoptadas por el gobierno y viceversa.
Otro tanto sucede con el aumento de los precios de los bienes de consumo y de capital, ya que suelen exteriorizar insuficiencia de la oferta de los mismos, derivada generalmente de la falta de inversiones, la cual -esta última- es, la mayoría de las veces, consecuencia de fallas institucionales (la más típica de todas la inseguridad jurídica, generada por ataques del gobierno a la institución base de cualquier economía: la propiedad privada).
La inflación también tiene mucho que ver con el fenómeno anterior. Para no perder popularidad (o para recuperar la popularidad perdida) los gobiernos suelen acudir al acrecentamiento del gasto público. Para financiarlo, el gobierno sólo puede hacerlo a través de tres instrumentos: impuestos, empréstitos e inflación. Si todos estos parámetros no cesan de aumentar, ello implica que el gobierno está luchando para no perder popularidad (o para recuperar la perdida) como dijimos. El conjunto de estas medidas -adoptadas generalmente en forma simultánea- ocasiona incrementos y distorsiones continuos en los precios, y a la larga o a la corta, extiende la impopularidad del gobierno que echa mano de las mismas. Si vemos que estas variables se salen de cauce, podemos concluir sin demasiado margen de error, que el gobierno viene en picada en materia de popularidad.
Otro ejemplo es la llamada fuga de capitales, que denota pérdida de confianza en el gobierno de cuyo país los capitales huyen a paso firme. El hecho tiene estrecha relación con las violaciones reiteradas a la propiedad privada por parte de los gobernantes, las que –naturalmente- ocasionan la denominada inseguridad jurídica, y que -a su turno- provoca la salida de los capitales (grandes o pequeños) a lugares más confiables. Aquí debemos incluir las migraciones de mano de obra ("capital" humano o fuerza laboral indistintamente). Si el gobierno gozara de mayoritaria popularidad, esto obviamente no sucedería.
"Ahora, año tras año, el gobierno expropia más de 40 por ciento de los ingresos de los productores privados, lo que hace que incluso la carga económica impuesta a los esclavos y siervos parezca moderada en comparación. El oro y la plata han sido reemplazados por dinero de papel fabricado por el gobierno, y a los estadounidenses se les roba continuamente su dinero a través de la inflación. El significado de la propiedad privada, alguna vez aparentemente claro y fijo, se ha convertido en oscuro, flexible y fluido. De hecho, cada detalle de la vida privada, la propiedad, el comercio y la contratación está regulado y re-regulado por una creciente montaña de leyes de papel (la legislación). Con el aumento de la legislación, se ha creado cada vez más inseguridad jurídica y riesgos morales, y el caos ha sustituido a la ley y al orden."[1]
Si tal es la situación en los EEUU, hay que tener en consideración que en el resto del mundo es muchísimo peor (especialmente si pensamos en Sudamérica, África, Asia y Oceanía), lo que hace que las migraciones, tanto de capital como de mano de obra, se desplacen hacia el país del norte. Pero por otro lado, es innegable que existen diferencias relativas entre los distintos gobiernos, aun dentro de un mismo país, y que los gobernados no son siempre ajenos a las medidas que la cita anterior menciona.
La popularidad de un gobierno decrece en relación directamente proporcional al perjuicio económico que sus disposiciones van provocando en cada uno de los habitantes del país bajo su esfera de jurisdicción. Superado cierto punto crítico, la popularidad cae a cero.
Como es sabido, todos los sucesos económicos no se dan ni se encuentran en "compartimentos estancos", ni son absolutamente independientes el uno del otro, sino que responden a relaciones causales que los vincula a unos con otros, ya sea de forma mediata o inmediata. De tal suerte que, de no adoptarse las correcciones en el rumbo de una o más variables fuera de control, mas tarde o más temprano tendrá su repercusión en una o más de las restantes distintas a la primera.
Estos indicadores económicos son mucho más claros y más fidedignos que las interminables y aburridas peroratas de los políticos delante de micrófonos hablando "maravillas" de ellos mismos sin cesar, a la que nos tienen acostumbrados.
 [1] Hans-Hermann Hoppe. "Sobre la Imposibilidad de un Gobierno Limitado y Perspectivas de una Segunda Revolución en América". Artículo publicado en el Blog del Instituto Mises - Articulo Diario – Junio 28 de 2008, Pág. 7
Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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sábado, 1 de marzo de 2014

LUIS ALFREDO RAPOZO, LA REVOLUCIÓN HA FRACASADO

El barril del petróleo tiene un precio alto desde hace más de dos años, por encima de los cien dólares. Pero, aquí pareciera que estamos viviendo el desastre que deja una guerra o como si hubiésemos sido devastados por 20 huracanes como el katrina. No se puede dudar que la corrupción roja es espantosa.

Tenemos una inflación insoportable que ya está tomando colores graves, al igual que pasaría en una pecera que se queda sin oxigeno y los pobres pececitos se vuelven como locos y empiezan a saltar desesperadamente...y es, que la delincuencia sigue con el moño suelto, no hay empleo ni seguridad para invertir.

Entonces, uno observa esta revolución bolivariana y aprecia, que ha sido un fiasco, un inmenso timo, cuyas consecuencias son impredecibles para nuestros nietos. No queda otra opción que ponernos de acuerdo para recuperar el país de la peor administración que hemos tenido en tres lustros comparados con cualquier período.

No es habladora de tonterías. Ya este gobierno no se aguanta, así sigan moviendo viejitos a Miraflores a escuchar una perorata desarticulada, populista y hueca con Nicolás Maduro, la cual aprovecha para “sacarle la madre” a algún opositor como si estuviera discutiendo en un botiquín de los años cincuenta, donde cualquier cristiano puede salir apuñaleado fácilmente y quedar en la acera desangrándose como un perro atropellado en la carretera.

La solución, es muy sencilla: El gobierno comunista debe reconocer que el sistema ha fracasado. No sirve, es ineficiente. Pero, es difícil que lo acepte porque siguen manejando esos argumentos ideológicos vetustos y para colmo de males, terminan expulsando diplomáticos de nuestro principal comprador de petróleo y surtidor de tecnología, como si estuviera discutiendo con un autobusero que se comió la luz roja.

Este gobierno da pena ajena. Hemos caído en las peores manos sin duda y nos están dejando el país hecho un “chiquero”, por más que quieran demostrar que han repartido más de 3 millones de “canaimitas” y que si patatín y patatín, mientras pelean con los empresarios y le dicen todos los adjetivos descalificativos que se aprendieron en la calle de cualquier barrio.

Así queridos amigos, no se saca un país adelante ni aquí, ni en la China, ni en Rusia, ni en Japón, ni en Berlín. Es imposible. Yo pienso, que este gobierno debe renunciar por la calle del medio: ha fracasado. Y lo peor del asunto, es que se está poniendo insoportable. ¿A dónde nos puede llevar el mantenimiento de Nicolás Maduro por seis años? ¿Quién aguanta eso y a qué costo? Es para reflexionar, ¿Verdad?

No hay ambiente para celebrar carnavales y tampoco hay dinero para comprar y viajar. Tampoco hay alimentos suficientes, pero si hay muchas colas frente a los mercados. Los repuestos no se consiguen,  están caros y hasta los suplidores de cualquier cosa no se ven como antes. Maduro debe renunciar y abrir el juego, de lo contrario el país será un basurero. La revolución ha fracasado y que en paz descanse, amén.

luisrapozo@yahoo.es
@luisrapozo

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jueves, 3 de octubre de 2013

EMILIO NOUEL V., EL DESPEÑADERO DE LA IRRELEVANCIA

Para el observador fuereño, Venezuela, en los últimos años, se ha ido convirtiendo en un país, en muchos sentidos, lamentable. Pero irrelevante es la palabra que mejor le encaja en las actuales circunstancias.

Y no se trata de hablar de la irrelevancia en su máxima expresión de quien está por una carambola del destino en Miraflores, sin disponer de liderazgo propio, formación intelectual, criterio o de una cultura general pasable.

Para ello solo basta ver su patética performance de todos los días desde que está en donde lo puso su amo y señor y, no hay que olvidarlo, el voto de una parte no desdeñable de la población, que cada día que pasa, felizmente, ha ido mermando.

Más bien aludo a algo importante, preocupante, de trascendencia para los venezolanos. Es la relevancia de nuestro país, que a pesar de ser modesta, siempre la tuvo en la región y más allá, y no sólo por la condición de país petrolero.

La imagen de Venezuela se ha ido deslizando por la pendiente de la insignificancia en el plano internacional, gracias a una ejecutoria gubernamental irrisoria y grotesca, y todo a pesar del alto perfil alcanzado como hazmerreir planetario o cuando de apoyar tiranos sangrientos se trata. 

Hasta en el imperio, como diría Cantinflas, ni nos ignoran. Al señor Obama y a la mayoría de la opinión estadounidense, les tiene sin cuidado lo que aquí ocurre. Sólo llamamos la atención por los exabruptos y ridiculeces de quienes desgobiernan, como el de la expulsión de diplomáticos norteamericanos por razones descabelladas. Nuestro gobierno es considerado como uno de bufones, no sólo en las cancillerías.

El extranjero que la conoció antes y se asoma ahora a nuestra realidad experimenta, además de sorpresa, desdén y conmiseración, al ver qué bajo se ha caído.

Hablar con personas de fuera sobre nuestro país, resulta una vivencia que abochorna, a veces, humillante, y siempre deprimente.

Hasta visitantes que desde lejos simpatizaban con el gobierno, cuando palpan la realidad in situ, salen, además de decepcionados, estremecidos al contrastar el desastre con la aberrante mentira de la propaganda oficial en el extranjero.

Distintos organismos internacionales han registrado todos estos años las evidencias de un camino hacia el barranco, que no pocos han advertido, pero que los que mandan, oídos sordos, han permanecido encandilados con una visión equivocada y empantanados hasta el cuello en la peor corrupción jamás vista.

En 1997, Venezuela estaba en el ranking de percepción de corrupción en el puesto 44, hoy está en el 165. En competitividad, en el año 1998, estaba en el puesto 45, en el 2013, en el 134.

En materia de facilidades para hacer negocios, Venezuela está en los últimos lugares; la inflación es la mayor del mundo, la inseguridad es espantosa, y para rematar en altas autoridades se ha entronizado el tráfico de drogas.     
   
En los aeropuertos y puertos gobiernan los traficantes de drogas, que pasan cientos de kilos de cocaína como Pedro por su casa. En las cárceles los gangs de malandros están armados hasta los dientes, con armas más potentes que las de los que los custodian, tolerados por unas autoridades que no sabemos si son, además de incompetentes, cómplices. En el tránsito caraqueño, gobiernan los motorizados, sin que ninguna autoridad ponga coto a su tiranía.

Si esto no es una caída sostenida hacia la intrascendencia anómica, al barranco social ¿qué nombre le podemos poner a este despeñadero por el que estamos cayendo hacia la irrelevancia como sociedad?


@ENouelV
emilio.nouel@gmail.com

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viernes, 4 de mayo de 2012

ELINOR MONTES, NO QUEREMOS NI ACEPTAMOS LA INDIGNIDAD

La fuerza de la razón, la nuestra, prevalecerá. Rescataremos la democracia con oración y resistencia a aceptar la indignidad como normal.
Luego de la confesión del ex jurista del horror criollo Eladio Aponte, sobre algunos de los crímenes horrendos que como cómplice ejecutó mientras formó parte del perverso sistema de injusticia revolucionaria, nos queda claro lo que es una “democracia participativa y protagónica” en este régimen, y que este no es un mal gobierno que pueda ser o no electo democráticamente, sino que es un régimen infecto sin precedentes, denunciado por usar las Instituciones del Estado para el narcoterrorismo, discriminación de millones, éxodo, expoliación-expropiación, persecución, presos de conciencia, asesinatos por razones políticas, genocidio de más de 165000 personas mediante la impunidad al hampa, etc. 
La negación, descarada, de abrir de oficio las averiguaciones correspondientes por quien detenta la vindicta pública, bajo el argumento de que: "Las declaraciones dadas por Aponte…, no son suficientes para iniciar una investigación, porque las denuncias en Venezuela se formulan de acuerdo con un procedimiento", y que se crearía “inseguridad jurídica” si se investiga a cada ciudadano que es denunciado por otro en los medios de comunicación, no sólo configura la desaplicación de todas las normas relativas a la apertura de averiguaciones penales por noticia criminis, Art. 285 de la “Bicha”, Artículos 24 y 283 del COPP y 16, numerales 1, 6 y 8 LOMP, sino que evidencia la toma de los poderes públicos, genuflexos al totalitarismo castrocomunista, la inexistencia del Estado de Derecho y la impunidad como política de Estado para los crímenes de los camaradas.
La inseguridad jurídica en Cubazuela existe desde 1999, cuando la jefatura se juramentó sobre la “moribunda” que fue derogada por mecanismos distintos a los previstos en la misma y desde allí se sentó el precedente nefasto: la violación sistemática de la Constitución desde las instituciones del Estado.
La putrefacción, la pestilencia, la inmundicia de esta secta castrocomunista que oprime a la gente de lo que fue una República libre e independiente, es inaceptable y lo que viene no es joropo. Desde hace tiempo se rumora que ante cualquier conflicto suspenderá las garantías y con ellas las elecciones. El régimen hará lo que sea necesario para mantenerse en el poder. Perfeccionamiento del fraude electoral, los rojos a la calle para promover a la jefatura, endilgar al contrario los propios delitos, campaña sucia, trapos rojos, prender un berenjenal, etc.
No queremos ni aceptamos la indignidad, existimos como personas, no somos cosas que se manipulan, pensamos, razonamos. La gente decente de Venezuela merece vivir en paz, para ello cuenta con su fortaleza moral y su fe que prevalecerán sobre el mal.
    
elmon35@gmail.com

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