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sábado, 18 de enero de 2014

LUIS VICENTE LEÓN, ¿HUBO DEVALUACIÓN? CLAVES PARA ENTENDER EL DISCURSO DE NICOLÁS MADURO,

El presidente Maduro presentó en la Asamblea Nacional un discurso radical y amenazante que tuvo poco sobre su Memoria y Cuenta y mucho de retórica para maquillar algunos anuncios de un ajuste estructural que se hace indispensable en el medio de una crisis económica que se acrecenta a diario.


El envoltorio socialista dentro del cual debe mantener su discurso exige que la adopción de acciones económicas, que será inevitable tomar, no sean ni explícitas ni plenas, comprometiendo su eficiencia desde el nacimiento.

¿Hubo o no hubo devaluación? Luego de una larga introducción llena de citas irrelevantes, el Presidente anunció entrelíneas una devaluación implícita del tipo de cambio, aunque los periódicos nacionales e internacionales resalten en sus primeras planas que el gobierno mantiene la tasa oficial en 6,3 Bs/$, dándole continuidad a una brutal sobrevaluación cambiaria.

Nicolás Maduro informó que mantendría el dólar oficial a 6,30Bs/$, pero que fortalecerá los mercados alternativos con tasas más elevadas (aunque sólo definió por ahora al SICAD), donde probablemente se operarán presupuestos de divisas más altos, desplazando importaciones que hoy se hacen con dólares de CADIVI. Es obvio que el Presidente evadió decantarse por una devaluación abierta (algo que hubiera sido lo económicamente correcto) debido al elevado costo político que esta medida tendría, además del impacto inmediato sobre las estadísticas de actividad económica venezolana, las cuales se deteriorarían en términos de moneda extranjera, mostrándose un poco más reales.

Pero es obvio que el gobierno necesita esta devaluación para cubrir un enorme déficit fiscal y una demanda desbordada de divisas para importación. La ruta que toma es evidente: van a re-jerarquizar las asignaciones de divisas, fortaleciendo a SICAD y reduciendo el número de beneficiarios de CADIVI (ahora eliminada y sustituida por el Consejo que centralizará las importaciones y podrá asignar  las divisas discrecionalmente en uno u otro mercado cambiario). En la práctica, esto significa que el precio del dólar promedio al que se adquirirán mercancías se incrementará, registrándose una devaluación implícita. Debajo del anuncio del mantenimiento del tipo de cambio barato, el gobierno tenderá a devaluar para incrementar los ingresos en bolívares de PDVSA y así reducir sus crisis de flujo de caja en bolívares.

Maduro envuelve también en la retórica del control del consumismo, de corte “construcción del Hombre Nuevo”, el anuncio de una restricción de liquidez y del gasto público, una decisión que era también indispensable para poder bajar la presión inflacionaria que se come el poder adquisitivo de los venezolanos y mantiene a toda la economía nacional en jaque. Y esto no es algo que haya sido desatado por esa “Guerra Económica” que Maduro ha utilizado en clave de campaña política, sino precisamente por el financiamiento que ha tenido que hacer el Banco Central de Venezuela a PDVSA, debido a la fuerte sobrevaluación cambiaria, que le impide obtener suficientes bolívares para financiar sus necesidades básicas y el sostenimiento de las misiones, además del deterioro de la actividad privada como una consecuencia de la hostilidad gubernamental.

¿Qué significan los cambios en el gabinete? Los nombramientos en el gabinete económico forman parte de un mensaje que debe leerse con cuidado. En la Vicepresidencia Económica ratifica a Rafael Ramírez y en Finanzas a Marcos Torres, pero devuelve a Merentes al Banco Central de Venezuela. Éste es un team proveniente de un reciclaje interno del gabinete vigente, así que no puede considerarse como un cambio profundo. Sin embargo, no forman parte de la opción más radical (la más cercana al ministro Jorge Giordani, cabeza de los ideológicos y muy mencionado como “fuente” en la parte política del discurso de Maduro).

Ramírez es un perfecto representante del modelo bipolar: radical en lo político, pero negociador en lo económico. Y eso es algo que se puede comprobar en las negociaciones que adelantó el año pasado con la petroleras extranjeras. Marcos Torres, por su parte, es un técnico sólido y relativamente abierto, quien viene de desempeñar una labor positiva en el Banco de Venezuela. Y a Merentes se le conoce por sus posiciones más abiertas y sus propuestas cambiarias mas flexibles, aunque también por la poca capacidad de acción reciente.

No es un gabinete moderno, pero tampoco son representante de esa ruta de la comunización del país. Además, todos tienen experiencias previas de negociación con el sector privado. Ahora bien, aunque esta jugada de Maduro incluye algunos parches para atender la crisis, es obvio que no hubo ningún indicio de que el gobierno esté dispuesto a una cirugía mayor, algo indispensable en medio de esta crisis.

¿Dónde estamos parados ahora? Paradójicamente, en medio de un discurso radical, Nicolás Maduro anunció una devaluación implícita, una restricción monetaria y un gabinete de corte moderado. Pero además dedicó una parte importante a atacar a la empresa privada, disminuyendo su capacidad para estimular las inversiones y acciones posibles del único sector que puede garantizar un rescate relativamente rápido de la oferta de bienes y servicios, hoy indispensable para atender los problemas de desabastecimiento y escasez.

La tendencia gubernamental parece ser incrementar las importaciones públicas para sustituir un sector insustituible. Todas las experiencias mundiales de esta estrategia son claramente negativas: no existe ningún ejemplo de importaciones públicas masivas que haya garantizado estabilidad económica y mucho menos desarrollo. Es cierto que la disponibilidad de divisas del gobierno venezolano es suficiente como para evitar un colapso de abastecimiento este año, pero también se puede esperar que sea irregular si consideramos las fallas de distribución y limitaciones de productos, envases y marcas, con altos índices de improductividad.

El Presidente se enfrascó de nuevo en el análisis de las consecuencias y no de las causas de la crisis. Y sus intentos por atacar las razones de fondo son, como diría Hugo Chávez, “pírricos”. Está claro que los anuncios de Nicolás Maduro, limpiándolos de las amenazas y los ataques, permiten presumir que sabe que tiene que adelantar algunos cambios estratégicos o se le vendrá el mundo encima. Sin embargo, las estrategias previstas son tan débiles y están tan encubiertas que no pasarán de oxigenar su gestión apenas un poco durante los próximos meses, pero lo harán arrastrando una crisis de inversión, producción privada y confianza que queda sin resolver.

Todo esto sin considerar las dramáticas consecuencias que tendría una caída en los precios del petróleo. Ojalá no ocurra.

@luisvicenteleon

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lunes, 28 de octubre de 2013

GABRIEL S. BORAGINA, LAS FUNCIONES DEL "ESTADO"



Correlacionado con el tema de los límites al gobierno se encuentra el de la funciones del "estado". En realidad, se tratan de las dos caras de una misma moneda (para utilizar un símil muy conocido y fácil de entender). Hay dos grandes campos en el análisis de este tema que pueden abordarse: uno es el jurídico y el otro es el económico, y si bien es indudable que las reciprocidades entre ambos son infinitas, conviene no obstante -a los fines didácticos- estudiarlos por separado.
Por ejemplo, el Dr. A. Benegas Lynch (h) advierte sobre una relación de dependencia directa entre las funciones del estado y el gasto público, destacando que la atención debe centrarse más que nada en el primero, dado que el segundo no es otra cosa que una consecuencia de aquel. Así lo explica este profesor:
"El concepto de la reducción de funciones del Estado nacional se contrapone abiertamente a la mera reducción del gasto público a la manera de los habituales ajustes latinoamericanos, destinados a equilibrar el presupuesto sin mayor preocupación acerca de la razón de ser del gobierno ni de los derechos de los ciudadanos. El problema esencial no es de caja: no es el déficit fiscal, sino el excesivo nivel del gasto, en cuanto proviene de funciones no específicas del gobierno republicano (v. Alberto Benegas Lynch (h.), Contra la corriente (Buenos Aires: El Ateneo, 1992), pp. 400- 401). Nuestras preocupaciones en este sentido se inscriben en la línea de los temores de los anti-federalistas americanos sobre la tiranía, inclusive tributaria, que puede provenir de un gobierno central diseñado con atribuciones fuertes, aunque sea elegido mediante procedimientos mayoritarios (v. Alberto Benegas Lynch (h.), “Los Papeles Antifederalistas”, en Libertas, Nº 10, Buenos Aires, ESEADE, mayo de 1989)."[1]
Otros autores, en cambio, como Murray N. Rothbard y Hans-Hermann Hoppe, han señalado, inversamente que, aun cuando las funciones del "estado" se redujeran a una sola, si en ella el gobierno gastara una cuantía similar a la que sufragaba por todas las demás funciones anteriores que hipotéticamente hubiera dejado de cumplir, el problema del gasto excesivo permanecería invariable. Es decir, independizan el número de las funciones del gasto.
Hans-Hermann Hoppe lo expone de este modo:
"Como ha explicado Rothbard, aún si el gobierno se limitara a la "protección" de persona y propiedad, y los impuestos se "limitaran" solamente a la prestación de ese servicio, entonces, cómo podría decidir el gobierno cuánta protección debe proporcionar y cuanto debe recaudar en impuestos? En efecto, contrario a la teoría del gobierno limitado, la "protección" ya no es una abultada “cosa” colectiva, diferente a cualquier otro bien o servicio a la sociedad. Ciertamente, "protección" podría significar cualquier cosa, desde una policía para todo un país, hasta el suministro de una cuadrilla de guardaespaldas armados y un tanque para cada ciudadano - una propuesta que llevaría a la bancarrota a la sociedad. Pero, ¿quién debe decidir sobre la cantidad de protección, ya que es innegable que todas las personas están mejor protegidas contra robo y asalto en caso de estar vigilados por un guardaespaldas armado, que si no lo están? En el mercado libre, las decisiones sobre cuánto y qué calidad, de cualquier bien o servicio, debe ser suministrada a cada persona se hace por medio de adquisiciones voluntarias de cada individuo, pero ¿qué criterio se puede aplicar cuando la decisión la toma el gobierno? La respuesta es, absolutamente ninguno, y tales decisiones gubernamentales sólo pueden ser puramente arbitrarias." (La Ética de la Libertad, pp. 180-81)."[2]
En términos simples, lo que quieren decir estos últimos autores es que si –ejemplificando- por 10 funciones que antes cumplía el "estado" se gastaba 10, y suponiendo que ahora se limite al "estado" a cumplir sólo 1 (por ejemplo, "seguridad") y en ella se siguiera gastando 10 (cuando se debería y correspondería gastar 1) el problema de la ilimitación del gasto no se resolvería limitando las funciones del "estado". Indudablemente se trata de un análisis agudo, dado que estos autores toman como ejemplo lo que se considera en general como una función "esencial" del "estado".
Desde un punto de vista político F. A. von Hayek explica cómo se delimitan las funciones del "estado": "Cuando los individuos se combinan en un esfuerzo conjunto para realizar fines que les son comunes, las organizaciones, como el Estado, que forman con ese propósito reciben sistemas de fines propios y medios propios. Pero la organización así formada no deja de ser una "persona" entre otras; en el caso del Estado, mucho más poderosa que cualquier otra, cierto es, pero también con su esfera separada y limitada, sólo dentro de la cual son supremos sus fines. Los límites de esta esfera están determinados por la extensión en que los individuos se conciertan sobre fines particulares; y la probabilidad del acuerdo sobre una particular vía de acción decrece necesariamente a medida que se extiende el alcance de esta acción. Hay ciertas funciones del Estado en cuyo ejercicio se logrará prácticamente la unanimidad entre sus ciudadanos; habrá otras sobre las cuales recaerá el acuerdo de una mayoría importante, y así, sucesivamente, hasta llegar a campos donde, aunque cada individuo desearía que el Estado actuase de alguna manera, habría casi cantas opiniones como personas acerca de lo que el Estado debiera hacer."[3]
Por nuestro lado, creemos que no hay que perder de vista que detrás de la "noble" máscara que recibe el nombre de "estado" se esconden individuos concretos de carne y hueso, tan humanos y falibles como cualesquiera otros, pero con el ingrediente peligroso del enorme poder conferido.

 [1] Alberto Benegas Lynch (h) Entre albas y crepúsculos: peregrinaje en busca de conocimiento. Edición de Fundación Alberdi. Mendoza. Argentina. Marzo de 2001 pág. 371.

[2] Hans-Hermann Hoppe. "Sobre la Imposibilidad de un Gobierno Limitado y Perspectivas de una Segunda Revolución en América". Artículo publicado en el Blog del Instituto Mises - Articulo Diario – Junio 28 de 2008, Pág. 22

[3] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. Pág. 92-93

gabriel.boragina@gmail.com

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lunes, 7 de octubre de 2013

JESUS ALEXIS GONZALEZ, GASTO PUBLICO E INFLACION, ¡ DESTRUCCION SOCIAL ¡

“Lenin tenía toda la razón, no existe medio más efectivo ni más sutil para destruir la base existente de la sociedad, que destruir la moneda. Por un proceso continuo de inflación los gobiernos pueden confiscar en secreto y sin que nadie se percate de ello, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos. 

El proceso pone en marcha todas las fuerzas económicas del lado de la destrucción, y lo hace de tal forma que ni un hombre en un millón lo podrá diagnosticar” (J.M, Keynes, 1.919). “Muchos países sufren hoy los efectos de una inflación socialmente devastadora, un paro anormalmente alto, una errónea utilización de los recursos económicos y, en ciertos casos, la pérdida total de la libertad” (M. Friedman, 1.976). El Estado ha cumplido tradicionalmente el papel de regulador de la economía en procura de perfilar con éxito el destino del país, hecho que en la actualidad está marcadamente afectado por un nuevo orden mundial caracterizado por particularidades y reivindicaciones infraestatales que obliga a los Estados a introducir profundas transformaciones (y reformas estructurales) en relación a la manera de intervenir directamente en el área económica nacional en un contexto de equilibrio entre el “Estado mínimo” y el “Estado populista”

En tal escenario, la función económica del gasto público ha de tener como finalidad incentivar la actividad económica y nunca “la destrucción de la base existente de la sociedad” (Lenin) a lo cual puede llegarse bien por ignorancia o bien por intenciones soterradas. En lo específico del caso venezolano, el gasto público ha elevado su participación en relación al PIB desde un 29% en 1998 hasta un 44% en 2012 equivalente a unos Bs 472,1 millardos, estimándose que para el 2013 se sitúe por encima de los Bs 750 millardos (sin incluir el efecto electoral), siendo que lo ejecutado en los 8 meses que han transcurrido alcanzó unos Bs 508 millardos para un promedio mensual 2013 de Bs 63,5 millardos; tal accionar gubernamental ha propiciado un gran desequilibrio macro y microeconómico, donde se destacan, entre otros, los temas de liquidez monetaria, inflación, reservas internacionales y el mercado de divisas. Durante el período 2000-2013 la liquidez monetaria creció en más del 6.000% hasta ubicarse en unos Bs 913,2 millardos para agosto 2013, que bajo la forma de oferta monetaria se inyecta a la economía por intermedio de un gasto público estimulador de la demanda interna ( más allá de la inversión), con evidente efecto sobre la elevación de precios (inflación) y el desabastecimiento ante el manifiesto desequilibrio con respecto a la oferta doméstica de bienes y servicios, que al mismo tiempo  impacta sobre un aumento de las importaciones y el diferencial cambiario.

Las reservas internacionales muestran una caída sostenida desde 2008 cuando se ubicaron en $ 43,1 millardos, disminuyendo para diciembre 2012 hasta $ 29,8 millardos, en junio 2013 a $ 24,9 millardos, en julio 2013 a $ 23,3 millardos (similar al 2007), en la 1ra. quincena  de septiembre 2013 a $ 22,9 millardos (similar a noviembre 2004) y en la 2da. quincena a $ 21,9 millardos; donde el 70% de dichas reservas está representada por barras de oro (366 toneladas/12 millones de onzas), muy distante del promedio de América Latina que es de un 8%, mientras que la parte liquida de las reservas operativas es de apenas unos $ 1,8 millardos que sólo cubre 1 mes de importaciones, con el agravante que el respaldo de las reservas con respecto al bolívar es de un 20% (1 dólar respalda 0,20 partes de 1 bolívar); e igualmente la cuenta liquidez monetaria/reservas internacionales arroja un tipo de cambio implícito superior a 35 Bs/$ (¡inminente devaluación!); situación que en mucho es causada por la expansión del  gasto público respaldado con emisión de dinero inorgánico. De igual modo en Venezuela la inflación acumulada 1999-mayo 2013 es de un 1.800%, mientras que la inflación agosto 2013 se situó en 32,9% y la anualizada (agosto 2012-agosto 2013) ya supera el 45,4%. En fin, la inflación secular como fenómeno social de largo plazo está destruyendo nuestra moneda, confiscando la riqueza, acabando con la libertad, demoliendo la sociedad; todo ello en el marco de una preocupante inseguridad.

Economista Jesús Alexis González
@jagp611


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jueves, 14 de febrero de 2013

ANGEL ALAYÓN, LA DEVALUACIÓN

El ruido debe ser separado de la señal para poder aumentar la posibilidad de acertar una predicción, sugiere Nate Silver. En este caso, había ruido y mucho: menos de una semana antes del anuncio de la devaluación, el primer vicepresidente del Banco Central de Venezuela había declarado que no existían condiciones para devaluar la moneda. 
Días antes, el Presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional aseguraba que no había necesidad de una devaluación. Lo único bueno es que se sabe que este tipo de declaraciones son ruido: nadie anuncia una devaluación. Las señales, sin embargo, estaban allí para quien quisiera leerlas.
El gobierno incrementó el gasto público en el 2012 a niveles sin precedentes en la historia económica venezolana. El tamaño del gobierno superó la mitad del valor de todos los bienes y servicios de la economía (PIB). Durante el año anterior a las elecciones del siete de octubre, el gasto público aumentó un cuarenta por ciento, en términos reales. Las importaciones alcanzaron cincuenta y cinco mil millones de dólares para acompañar el incremento del consumo. Nada como una elección para que se dispare el gasto en busca de votos. Y nada como el gasto público para ganar elecciones. Pero alguien debe pagar por ese gasto. Y es verdad que no hay almuerzo gratis, pero no siempre pagan los comensales.
El déficit fiscal del gobierno central se estima en 7 puntos del PIB para el Gobierno Central y al menos 16 para el sector público consolidado. Es un déficit elevado: uno de los más altos del mundo si quieren alguna referencia (y no es que las cuentas en el mundo anden muy bien).  El incremento del costo del dólar de 4,30 bs. a 6,30 es un alivio para las cuentas fiscales. Ahora el gobierno recibirá más bolívares por cada dólar petrolero. Tan conscientes del efecto fiscal de la devaluación están que el Ministro de Comunicaciones escribió en su cuenta de twitter: “Cifras oficiales: el déficit del gobierno central baja de 5,5% a 3,3%”. Sí, el déficit bajará, pero no por arte de magia, al menos que haya un conjuro que desconozcamos. El déficit sigue allí, como el dinosaurio, y quizá no hayamos despertado.
Los intentos por desvirtuar el carácter fiscalista de la medida han generado declaraciones curiosas. El Canciller de la República declaró que el “ajuste cambiario” forma parte “de las políticas para fortalecer la producción nacional y estimular la exportación”. Si esto es cierto, deberíamos esperar que en los próximos días el gobierno comience a entregar certificados de demanda nacional satisfecha, requisito indispensable para poder exportar alimentos desde Venezuela, y levantar la prohibición de exportación vigente.
Sí, en Venezuela existe una prohibición de exportar alimentos.
Pretender que la devaluación se llevó a cabo por razones competitivas, una medida vilipendiada como parte del Consenso de Washington, es por lo menos una paradoja. También llama la atención que ningún país haya manifestado su preocupación por la inminente inundación de sus mercados por productos venezolanos, una reacción típica ante devaluaciones que tienen efectos competitivos reales. La única preocupación que hasta hora se ha manifestado se refiere a la posibilidad del incremento del contrabando en una frontera en la que el control de precios y el de cambio distorsionan los términos de intercambio.
El cambio en el sistema cambiario venezolano eliminó el SITME y dejó varias preguntas en el aire: ¿habrá algún mecanismo distinto a CADIVI para la compra de divisas en Venezuela? ¿El gobierno pretende que CADIVI atienda toda la demanda de divisas en Venezuela? Algunos piensan que vienen nuevos anuncios, otros argumentan que aunque durante el anuncio de la devaluación se nombró al innombrable, el gobierno no intervendrá en ese mercado. ¿Se limitará CADIVI a entregar divisas a los bienes “esenciales y necesarios” que determine el novísimo “Órgano para la optimización cambiaria? ¿Cuáles serán los criterios para determinar lo “necesario”? ¿Es este “Órgano” un paso más hacia un modelo de estricta planificación centralizada? Estas preguntas tendrán respuestas pronto. La realidad siempre dice más que cualquier discurso, aunque algunos no quieran escucharla.
Aquel-que-no-puede-ser-nombrado tiene un efecto directo en los precios de la economía. Los precios se forman tomando en consideración no solo cuál es el valor actual del dólar, sino cuál será (cuál se cree que será) el precio del dólar en el futuro. Limitar la entrega de dólares a CADIVI ejercerá presión sobre los precios de la economía por la vía de las expectativas, pero también de los costos actuales, mientras haya agentes que sigan importando al innombrable. Esta situación hace pensar que todavía no está dicha la última palabra sobre el sistema cambiario en Venezuela, pues buena parte de los precios en Venezuela están ligados a la evolución del tipo de cambio. Y ya los precios, como sabemos, encendieron los motores. No necesitan de empujoncitos adicionales. Dejar de nombrar algo no lo hace desaparecer.
Mientras tanto, un fantasma recorre los anaqueles: la escasez. El BCV ubicó la escasez en 20,4% en enero –el nivel de escasez que se considera normal es 5%-. El nivel más alto desde el año 2008. Y ya sabemos que la escasez es dinamita política. El control de precios cumplió diez años mostrando señales inequívocas de agotamiento. Los precios de los alimentos han crecido casi el doble que el resto de los precios de la economía y la gente anda saltando de establecimiento en establecimiento para conseguir sus alimentos. ¿Hace falta algo más para entender que el control de precios es una política fallida? En los países que tienen seguridad alimentaria, los alimentos no son tema de conversación. Aquí parece ser nuestro tópico favorito y no por razones del arte culinario.
La escasez en Venezuela es consecuencia del control de precios, pero también del control de cambio. Parte de los insumos y materias primas de la industria de alimentos son importados y requieren divisas. La insuficiencia de divisas o la entrega inoportuna de los dólares afecta la estructura de costos de producción, lo que complica la producción en el marco de un control de precios en el que hay productos que llevan hasta dos años sin ajustes de precios.
El tema de discusión no es solo cambiario, ni estamos hablando de un problema económico de corto plazo. Es una hora de definiciones en materia de modelos económicos (y políticos). Las arrugas se pueden correr, pero siempre se corre el riesgo de romper la tela. Ante políticas y mecanismos agotados, esperemos nuevas medidas. Frente al abismo, siempre hay al menos dos opciones. Mientras tanto, la economía no espera: desespera.
@angelalayon
http://prodavinci.com/blogs/la-devaluacion-por-angel-alayon/

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