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domingo, 16 de noviembre de 2014

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, ECUADOR: 15 AÑOS DE DOLARIZACIÓN

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS
El nuevo reto para quienes somos partidarios de las sociedades libres es combatir muros intangibles. Uno de estos muros son los controles cambiarios. 

Los argentinos los conocen como el “cepo” y para implementarlo su gobierno hasta utiliza perros bien entrenados para detectar dólares en sus aeropuertos. A los venezolanos cada vez se les dificulta más viajar debido a que el gobierno de su país sostiene una deuda millonaria con las aerolíneas internacionales y a estas no les ha quedado otra opción que restringir su oferta. 

Por ejemplo, en julio de este año un boleto aéreo entre Maiquetía y Miami se vendió en $3.375, mientras que un boleto de la misma aerolínea en un vuelo de distancia similar entre Bogotá y Miami se vendió en la misma fecha en $700.1 En la Venezuela Bolivariana viajar, así como muchas otras cosas más básicas como el papel higiénico y las medicinas, se han vuelto lujos reservados para una élite de la población.

Son sociedades en las que gobiernos saquean —vía la desagradable dupla devaluación/inflación— el bolsillo de los ciudadanos y donde los de ingresos más bajos son precisamente los más vulnerables. Allí impera una especie de apartheid o muro invisible entre los que pueden escapar del saqueo obteniendo moneda en el mercado negro y aquellos que no.

Para celebrar la caída de nuestro “muro cambiario” es que el Instituto Ecuatoriano de Economía Política ha organizado eventos en Quito y Guayaquil durante la semana en que se conmemora la caída del Muro de Berlín. Sucede que la libertad individual está estrechamente ligada al respeto por la propiedad privada, empezando por el hecho de poder ganar, pagar y ahorrar en la moneda que cada ciudadano considere más confiable.

Nótese que deliberadamente omito mencionar al dólar para hacer énfasis en la cuestión realmente importante: que los ciudadanos deberían tener la libertad para elegir la moneda que más confianza les inspire, que no deberían ser clientes cautivos de un monopolio de emisión de moneda. A muchos les podrá parecer disparatada la libre competencia entre monedas (incluso entre aquellas emitidas por entidades privadas), pero ese fue el sistema que existió en gran parte del mundo antes de la era de los bancos centrales, siendo la gran mayoría de ellos creados apenas hace un siglo. Para contarnos de esta larga historia de sistemas alternativos a los monopolios estatales de emisión de moneda asistirá a los eventos del IEEP uno de los más distinguidos académicos en esta área, Lawrence H. White de George Mason University. White considera que esta historia, así como también los casos actuales de Hong Kong o el Norte de Irlanda, aportan valiosas guías acerca de cómo mejorar la dolarización en Ecuador.

Muchos economistas que consideran que la dolarización fue el “peor error” en la historia económica del Ecuador sienten nostalgia por la habilidad que tuvo el Banco Central del Ecuador (BCE) de conducir política monetaria. Varias provisiones del nuevo Código Orgánico Monetario y Financiero indican eso. Los nostálgicos nos hablan de un mundo fantástico donde unos expertos con buenas intenciones pueden “estimular la economía”, direccionar mejor el crédito que las instituciones privadas, y protegerla de los bajos en el ciclo económico. Disfrazadas en lenguaje técnico, todas estas propuestas lo que buscan es quitarle a los ciudadanos la soberanía sobre su bolsillo.

1. “Aerolíneas deberán entregar precio referencial en dólares de su boletería”. El Nacional (Venezuela). 2 de julio de 2014.

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Gabriela Calderón De Burgos
gcalderon@cato.org
@ElCatoEnCorto

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martes, 11 de febrero de 2014

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, ECUADOR: LA FUTILIDAD DE LA POLÍTICA MONETARIA

Muchos consideran que un gobierno es capaz de alterar el tipo de cambio real. Esta variable es, según la define el economista Arnold Harberger, la principal fuerza equilibradora de los pagos y el comercio de un país. Harberger agrega que “Cuando la moneda extranjera es abundante…, el mercado fija un precio real bajo a la divisa extranjera. 

En el caso opuesto… el mercado fija un precio real alto para la divisa extranjera”. En su ensayo “Lecciones de la economía monetaria y del tipo de cambio real”1, Harberger da ejemplos que demuestran que no obstante los esfuerzos de gobiernos alrededor del mundo, es la gente la que últimamente determina la oferta real del dinero. Esto sucede tanto en países con moneda propia como en aquellos que no la tienen.

Aquí es palpable la nostalgia que sienten muchas de nuestras autoridades por aquellos tiempos en que el Banco Central del Ecuador (BCE) ejercía una política monetaria. En Argentina, donde los políticos nunca han renunciado realmente a esta capacidad, aún así no han logrado imponerse ante las decisiones individuales de argentinos que por décadas han luchado para defender su ingreso real del apetito voraz de sus gobiernos, que recurrentemente han buscado financiar un gasto público excesivo emitiendo moneda.

A los políticos y otros grupos de interés que añoran aquellas épocas en que el BCE era capaz de devaluar la moneda, les convendría conocer ejemplos de intentos fallidos de manipular el tipo de cambio real en otros países. Por ejemplo, conforme el precio del petróleo comenzó a subir desde 1998, las autoridades rusas se dedicaron a comprar cantidades masivas de dólares intentando detener la apreciación del rublo, pero no lo lograron. Para 2008, el nivel de precios de Rusia se había casi duplicado, reflejando una apreciación del tipo de cambio real. Harberger concluye que “el gobierno junto con el banco central determinaron el tipo de cambio nominal y la oferta monetaria nominal, pero al final el mercado determinó tanto el tipo de cambio real como la oferta real del dinero”. Cuando las autoridades monetarias se proponen intervenir en el mercado cambiario con el objetivo de lograr un determinado tipo de cambio real, lo único que logran es obstaculizar el ajuste natural y automático que se daría en ausencia de su intervención.

Esta obstaculización acarrea costos. Consideremos el caso de Chile después de 1990, donde las autoridades pretendían llegar a un determinado tipo de cambio real acumulando deuda en casa y activos en el extranjero. El problema fue que mientras que el gobierno tenía que pagar un interés de 7 por ciento en casa a los tenedores domésticos de la deuda chilena, sus activos en el extranjero solo rendían un interés de 3 por ciento. La tozudez de las autoridades chilenas en su esfuerzo fútil de llegar a un determinado tipo de cambio real solo cedió cuando las reservas llegaron a más de $18.000 millones y las pérdidas del banco central se acercaron a $500 millones al año.

Mientras tanto en Ecuador, tenemos la buena fortuna de utilizar el dólar, la moneda más universal. Esto nos permite estar automáticamente apegados a un tipo de cambio real, estando así vacunados en contra de las costosas torpezas de nuestros políticos que se creen capaces de manipular las decisiones de los individuos.

  1.- Harberger, Arnold. “Lessons from Monetary and Real Exchange Rate Economics”. Cato Journal, Vol. 28 (2). 2008.

Gabriela Calderón
gcalderon@cato.org

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domingo, 10 de noviembre de 2013

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, POPULISMO Y ‘SOBERANÍA MONETARIA’. CASOS ARGENTINA Y VENEZUELA

La inflación anual oficial en Argentina es de 10,6% y la de Venezuela es de 42,6%, mientras que la inflación anual oficial en Ecuador es de 2%.
En los dos primeros países las cifras oficiales de inflación son sumamente desconfiables.
Por ejemplo, la prestigiosa revista The Economist y el Fondo Monetario Internacional han protestado ante la aparente manipulación de las cifras por parte del gobierno argentino.
De manera que en Argentina y Venezuela abundan los cálculos independientes de esta cifra, aun cuando en Argentina es un delito publicarlos.
Más recientemente, el economista Steve Hanke, de Johns Hopkins University, ha emprendido el Proyecto de las Monedas en Problemas para calcular la inflación implícita en países cuyos gobiernos publican cifras de dudosa precisión y ha estimado que la inflación anual implícita en Argentina es de 59% y la de Venezuela de 320% –casi 6 veces y más de 7 veces la cifra oficial–.
En el extraño mundo en que habita la mente de Nicolás Maduro y sus colegas en el gobierno, ni la inflación, ni la escasez de todo tipo de productos se debe a la muy soberana política monetaria que ellos conducen y otras de sus descabelladas políticas, sino más bien a la “guerra económica” iniciada por “la derecha” que “está creando situaciones difíciles” con “el objetivo de presentar al gobierno como ineficiente”. Esta semana anunció que iba a reforzar los controles sobre el dólar con un operativo militar.
Mientras tanto, reportó El Comercio (Ecuador) esta semana, un gran promotor del turismo en nuestro país ha sido nada más y nada menos que el dólar, sumado a la “política monetaria soberana” del gobierno venezolano: 
“Mientras que el año pasado llegaron 24.357 venezolanos, solo entre enero y agosto de este año arribaron 55.757, según el Ministerio de Turismo”. Según cálculos de El Comercio, estos “turistas” obtienen en Ecuador más de $ 2.000 al cambio oficial de 6,3 bolívares fuertes por dólar y al retorno a su país los venden en el mercado negro por 53 bolívares fuertes –siete veces más que el cambio oficial–. Los argentinos en cambio se dirigen a Uruguay para realizar un operativo similar en búsqueda de dólares más baratos a través de los cajeros automáticos. Al volver al país, tienen que tener cuidado de que sus dólares no sean detectados por los “perros busca dólares” que la Administración Federal de Ingresos Públicos utiliza en los puntos de ingreso desde 2011.
Les cuento todo esto porque aquí muchos políticos, economistas y empresarios suelen lamentarse de que el Estado ecuatoriano haya perdido la capacidad de conducir la política monetaria. Y es que no apreciamos lo bueno que tenemos. La próxima vez que escuche a alguien decir “a pesar de estar dolarizados” o “a pesar de no tener política monetaria propia”, explíquele que más bien deberíamos estar agradecidos por esto. 
La dolarización ha logrado mantener la estabilidad de precios y eliminar el riesgo cambiario, permitiendo que los ecuatorianos puedan planificar con mayor libertad sus decisiones. A un venezolano o argentino promedio, sometido al control estricto de su gobierno sobre quién obtiene dólares y a qué precio, escuchar a un ecuatoriano lamentar la ausencia de una política monetaria soberana podría causarle grandes carcajadas o molestarlo.
gcalderon@cato.org

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viernes, 10 de agosto de 2012

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, ECUADOR: EL CONTROL DEL BOLSILLO

El 31 de Julio de este año Milton Friedman, Premio Nobel de Economía, hubiera cumplido 100 años. Esta semana, mientras se discutía el escándalo de la falsificación de firmas para la inscripción de partidos políticos, la incautación de bienes de la revista Vanguardia, y mientras la Asamblea aprobaba una ley que le da un inmenso poder discrecional a las autoridades sobre la propiedad privada, recordé una de las principales enseñanzas de Friedman: difícilmente podrán existir la libertad política y las libertades civiles sin libertad económica.
El Poder de Opción
A diferencia de lo que Naomi Klein y otros han dicho, Friedman consideraba que estos tres tipos de libertades eran deseables.1 Él creía que las dictaduras eran malas y, por ejemplo, predijo que la libertad económica conduciría a la libertad política en el caso de Chile. Por otro lado, creía que era posible que una sociedad con un Estado de Derecho sólido pueda gozar de libertad económica y libertades civiles (de expresión y asociación, por ejemplo) sin tener libertad política (elecciones para designar a sus gobernantes). Como ejemplo de esto Friedman siempre mencionaba a Hong Kong, país que pasó de ser una colonia inglesa pobre a ser uno de los países más ricos del mundo, teniendo un alto grado de libertad económica y libertades civiles, pero sin libertad política.
En una entrevista en 2002 Friedman explicó su percepción de la relación entre estas tres libertades:
 “se puede tener libertad económica y civil sin tener libertad política, pero me parece dudoso que se pueda tener algún tipo de libertad política efectiva sin tener libertad económica, sin tener alguna fuente independiente de poder en oposición a la autoridad conferida”.2
A medida que el Estado controla cada vez más la actividad económica, va adquiriendo más poder para restringir también las libertades civiles y políticas.
Por ejemplo, las “conquistas laborales” pueden servir para silenciar a quienes incomodan a los gobernantes. Esta semana se incautaron bienes de Vanguardia con el pretexto de varias violaciones al código laboral, como no haber contratado a trabajadores discapacitados, entre otros cargos. Puede ser que Vanguardia haya violado la ley laboral, pero es difícil creer que a todas las empresas se les aplica esta ley con la misma severidad. Simplemente no habrían suficientes policías para montar semejantes operativos.
Otro ejemplo es lo que podría pasar con la Ley para la Defensa de los Derechos Laborales. Esta confiere a las autoridades un inmenso poder discrecional sobre la propiedad privada, pudiendo ejercer jurisdicción coactiva no solamente sobre el deudor principal sino sobre sus herederos y accionistas, e incluso sobre quienes se presume que son testaferros.
Estos son solo dos ejemplos de cómo el control “del bolsillo” puede servir para controlar efectivamente nuestras vidas. El creciente control del Estado ecuatoriano sobre la economía, y la correspondiente pérdida de la libertad económica, ha derivado en la pérdida de libertades civiles y está empezando a mermar libertades políticas.
Ahora, llegamos al desastre ocurrido con las firmas falsificadas en el Consejo Nacional Electoral. ¿Qué clase de libertad política puede haber si este mismo organismo supervisará la campaña electoral y contará los votos? ¿Qué libertad política nos puede asegurar un CNE cuyos vocales todos se deben al oficialismo?
Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 3 de agosto de 2012.
Referencias:
1. Norberg, Johan. “La doctrina Klein: El auge de la polémica del desastre”. ElCato.org. 9 de diciembre de 2008.
2. Entrevista a Milton Friedman. “La libertad económica detrás de las escenas”. ElCato.org. 4 de octubre de 2002.
Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador). 

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martes, 3 de julio de 2012

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, LOS GOLPES MALOS

Se ha vuelto políticamente correcto tildar a casi cualquier remoción de un presidente como un “golpe de Estado”. Solo de esta manera se explica la reacción impulsiva de los medios, de gobiernos y de organizaciones internacionales ante la destitución de Lugo en Paraguay. La otra cara de esta corrección política es que cuando un presidente violenta el orden constitucional, todos los anteriormente mencionados guardan un silencio sepulcral.

Esta corrección política distingue entre los golpes buenos y los golpes malos. Personificando esta condena selectiva a los golpes está nuestro presidente, quien no solo apoyó el golpe de Estado contra Lucio Gutiérrez en el 2005, sino que se unió al gobierno que surgió de ese golpe como ministro de Economía.

Lo que ocurre en América Latina es que nos hemos vuelto tan presidencialistas que cuando una nación, Paraguay en este caso, hace uso del juicio político –un mecanismo provisto en varias constituciones para imponer disciplina a quien ostenta el poder Ejecutivo– la mayoría ve un “golpe”. Esta sospecha, cuando no condena, del juicio político ocurre precisamente en una región donde la conducta de los presidentes no ha sido precisamente respetuosa a los límites constitucionales.

Pero los paraguayos están vacunados en contra de los abusos presidenciales ya que sufrieron bajo la dictadura de Alfredo Stroessner durante 35 años. Así se explica que la Constitución democrática de 1992 contenga varias provisiones para limitar el poder Ejecutivo. Una de ellas es el poder, bastante amplio por cierto, concedido al Congreso para remover al presidente “por mal desempeño de sus funciones” (artículo 225). Así que el juicio contra Lugo podrá haber sido veloz e incluso injusto, pero de ninguna manera inconstitucional.

Las garantías al debido proceso que exigen un coro de presidentes agrupados en organismos como Unasur y la OEA –garantías que varios de estos gobiernos no conceden a sus ciudadanos– no se aplican en este caso, ya que cuando se trata de juicios políticos, la Constitución paraguaya deja en manos del Congreso decidir los plazos. Luis E. Chase Plate, de la Universidad Nacional de Asunción, indica que “El juicio político es un instrumento de la Constitución paraguaya… cuya fuente es el ‘impeachment’ del sistema constitucional norteamericano. No es un juicio judicial, sino uno de los controles esenciales del Parlamento sobre los actos de los miembros del poder Ejecutivo y de los ministros de la Corte Suprema de Justicia”. El juicio político es una herramienta esencial en una república, todavía más importante si la república tiene un sistema presidencialista. James Madison, uno de los autores de la Constitución de Estados Unidos, lo consideraba esencial para evitar que surja un monarca de las urnas.

Naturalmente, estos límites al poder del Ejecutivo son difíciles de aceptar para varios presidentes latinoamericanos que actúan como monarcas electos, pretendiendo intervenir con Unasur y Mercosur en los asuntos internos de Paraguay. El profesor Chase Plate señala que están invocando dos tratados que no están vigentes en su país: (1) el protocolo adicional al Tratado Constitutivo de la Unasur llamado Compromiso con la democracia, y, (2) el Compromiso con la Democracia en el Mercosur o Ushuaia II. Ambos fueron suscritos por Lugo, pero nunca fueron ratificados por el Congreso paraguayo porque muchos congresistas consideraban que hubiesen dejado a Paraguay muy vulnerable ante un bloqueo por parte de los gobiernos vecinos.

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viernes, 22 de junio de 2012

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS *, REDENTORES

En su libro Redentores: Ideas y poder en América Latina, el historiador mexicano Enrique Krauze analiza 12 personajes de la historia moderna de la región. Las ideas importan y este libro muestra cómo ellas explican la historia reciente de Latinoamérica.

Vale la pena destacar la cita de Paz con que el autor inicia el libro —“La Revolución ha sido la gran Diosa, la Amada eterna y la gran Puta de poetas y novelistas”— ya que todos los personajes del libro en algún momento estuvieron enamorados de la idea de construir una utopía desde arriba. Gran parte del capítulo sobre Paz trata acerca de su conversión de un marxismo que profesó hasta final de la década de los sesenta a un liberalismo político. Esa conversión haría de Paz en el universo marxista “el gran hereje”.

En el capítulo sobre Eva Perón Krauze dice que “siguiendo la vieja tradición española de poder patrimonial, Juan y Evita se comportaban como el único y legítimo patrón y amo de Argentina” y luego explica cómo toda la familia de Evita prosperaría bajo el dominio de Perón.

Se puede aprender más sobre el Che Guevara con este libro que con las películas que han salido de Hollywood acerca de él. Por ejemplo, el Che creó el primer campo de concentración de trabajo adonde serían enviados homosexuales, testigos de Jehová, limosneros, disidentes “y todos aquellos que parecían disminuir la imagen de una revolución popular saludable y fuerte”.

Luego el autor analiza la relación entre la política y la novela. A Gabriel García Márquez Krauze lo describe como un eterno enamorado del poder: “Cuando García Márquez se concentra en el déspota, no es para exponer la complejidad interna de un hombre de estado, sino para inspirar compasión por un hombre triste y solitario”. Su novela El otoño del patriarca,  “deshumaniza a las víctimas y re-humaniza al dictador”. Consecuentemente, García Márquez dedicó su fama al servicio de la Revolución Cubana.

Krauze incluye un capítulo acerca de un novelista que se ha dedicado a hacer lo contrario: Mario Vargas Llosa. Particularmente en su novela La fiesta del chivo, Vargas Llosa muestra hasta donde puede llegar el abuso de poder por parte de un caudillo, en este caso Rafael Trujillo de la República Dominicana. Krauze indica que “El Trujillo de Vargas Llosa es una figura muy distinta a los dictadores que se mueven a través de las igualmente grandiosas novelas de García Márquez. . . La fiesta del chivo…es una virulenta acusación del tirano y cualquiera dispuesto a servirle”.

El último capítulo es sobre Hugo Chávez, “el caudillo posmoderno”. En Chávez se juntan el nacionalismo, el anti-yanquismo, la fe en la revolución y el misticismo de varios de los personajes descritos en los capítulos anteriores.

Mary Anastasia O’Grady del Wall Street Journal recientemente destacó que ninguno de los personajes de este libro fue un empresario y que la mayoría de ellos difundieron ideas hostiles al individualismo. O’Grady agrega que “El colectivismo, la igualdad económica, y la socialización del riesgo fueron los temas seleccionados por la filosofía política . . . Millones de estudiantes latinoamericanos alrededor de la región han sido marinados en el mismo guiso”. No debería sorprender que todavía existan en no pocos países de la región instituciones débiles al servicio de un caudillo.

* Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).
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jueves, 7 de junio de 2012

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, LA ILUSIÓN DE RIQUEZA., EL CATO.ORG,

En 2007 España gozaba de indicadores fiscales saludables. Tenía un superávit fiscal de 1,9% del PIB y una deuda pública de 36,1% del PIB y que había venido reduciéndose paulatinamente desde 64,1% en 1998. Hoy, muchos coinciden en que la crisis actual de España se debe a una burbuja inmobiliaria gigante que estalló en 2008. Lo que parecía ser una situación fiscal responsable rápidamente se convirtió en una pesadilla: el superávit fiscal de 2007 se convirtió en un déficit de -4,20% del PIB en 2008 y llegó a ser de -8,9% en 2011; y la deuda pasó de 36,1% del PIB en 2007 a 68,5% en 2011. Además, se cree que dicha deuda superará el 79% este año, dado el rescate de Bankia y posiblemente otros bancos españoles. Las épocas de vacas gordas cegaron a los políticos que administraron el fisco.

El economista español Xavier Sala-i-Martín dice: “Muchos creyeron que hacerse rico era cosa fácil y, sin pensar que la burbuja generaba una importante demanda artificial que tarde o temprano iba a desaparecer, dejaron de invertir en mejorar la productividad de sus negocios”. Además, agrega Sala-i-Martín, los gobiernos “dilapidaron los extraordinarios ingresos fiscales que la burbuja generaba. Incluso se jactaban de mantener superávits fiscales sin darse cuenta de que eran temporales ya que sus ingresos dependían de la burbuja y desaparecerían con ella”.

Si consideramos el saldo presupuestario estructural –que elimina algunos elementos cíclicos propios de la coyuntura, como por ejemplo ingresos fiscales extraordinarios durante épocas de un boom– veríamos que en ningún año entre 2001 y 2007 España dejó de tener un déficit fiscal. Cegados por ingresos fiscales extraordinarios la clase política de España aumentó el gasto público en un 60% entre 2001 y 2007.

Luego vino la intención de solucionar la crisis mediante políticas keynesianas que aumentaron el gasto público, dilatando aún más un déficit fiscal que habría crecido de todas maneras (aunque menos) debido al colapso de los ingresos extraordinarios. Este fue un error del gobierno de Zapatero, seguido por el error del gobierno de Rajoy de hacer de España uno de los países con los impuestos más altos en Europa, justo cuando la economía estaba ya en medio de una recesión.

La experiencia española muestra cómo el despilfarro y descuido en mejorar la productividad y la competitividad durante épocas de vacas gordas dejó a la economía en una posición extremadamente vulnerable para cuando llegaron las épocas de vacas flacas.

Esto debería servir de advertencia para Ecuador. Según el economista Manuel González Astudillo de la Espol, desde aproximadamente 2004 el crecimiento de la economía ha estado estrechamente relacionado al precio del petróleo, que desde ese entonces ha sido inusualmente alto. Un barril de petróleo caro ha resultado en ingresos fiscales extraordinarios, los cuales el gobierno ha gastado a manos llenas. El gasto público se disparó entre 2004 y 2011 en un 222,7% en términos reales, con un crecimiento promedio anual del 18%. De manera que nos encontramos en una posición fiscal tremendamente vulnerable precisamente cuando la crisis europea y la débil recuperación estadounidense amenazan con reducir el precio del petróleo. Niveles de gasto, endeudamiento y déficit públicos que hoy parecen manejables podrían, repentinamente, volverse asfixiantes.

gcalderon@cato.org
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