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domingo, 18 de enero de 2015

HUGO MACHÍN, PRESOS POLÍTICOS, EN LATINOAMERICA. EL CANJE DE PRISIONEROS.

HUGO MACHÍN
El 17 de diciembre de 1976, Luis Corvalán principal dirigente comunista chileno, mantenido prisionero en infames condiciones por el dictador Augusto Pinochet, era canjeado por el escritor ruso Vladimir Bukovsky, preso político de la dictadura de Leonid Brézhnev.

Fue un episodio de la Guerra Fria que sería reiterado. [1]
El 4 de enero de 2015, el presidente venezolano Nicolás Maduro propuso canjear -“pelo a pelo, hombre a hombre”- al dirigente político venezolano Leopoldo López, encarcelado desde hace 11 meses, por el líder independentista portorriqueño Oscar López Rivera (72), quien permanece desde hace 33 años en cárceles estadounidenses cumpliendo una condena a raíz de sus actividades como integrante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Puerto Rico (FALN) [2]
El 12 de enero, la dictadura cubana de los hermanos Castro dejó en libertad a 53 presos políticos en el marco de la nueva relación iniciada con la administración Obama. El hecho fue precedido por la liberación, el 17 de diciembre, del ciudadano americano Alan Gross condenado a 15 años y preso en Cuba desde 2009; de los espías Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, tres agentes cubanos de “Los Cinco” que permanecían presos en Estados Unidos desde 1998 y del agente de la CIA, Sarraff Trujillo, detenido en La Habana a mediados de los noventa.
Se trata de hechos -el canje Corvalán/Bukovsky y los recientes- producidos con diferencia de casi cuatro décadas que llevan a analizar diferentes aspectos que hacen al histórico relacionamiento estadounidense con Latinoamérica, continente en el que por primera vez en su historia la mayoría de los gobiernos son de izquierda, “progresistas” y nacionalistas, en pugna con el dominio político - económico norteamericano.
La creciente presencia de China en la región con préstamos a gobiernos latinoamericanos que ascienden a unos 100.000 millones de dólares desde 2005 -según la agencia Reuters- cuyos principales receptores son
Venezuela (50.600); Argentina (14.100); Brasil 13.400) y Ecuador (10.374); así como la presencia de Rusia e Irán en el otrora mare nostrum de Washington, son fenómenos que necesariamente deben ser incorporados al análisis de estos cambios a los que asistimos.
¿Y los derechos humanos? Pero en lo atinente a derechos humanos y a la percepción que de ellos se tiene desde la izquierda latinoamericana, hay un aspecto insoslayable: el reconocimiento de los gobernantes cubanos y venezolanos de lo que hasta ayer negaban urbi et orbi: la existencia de tener prisioneros políticos por disentir con el régimen impuesto, en el caso cubano; y por manifestarse contra las medidas que han precipitado a la crisis actual del país, en el caso venezolano.
La represión cotidiana a las Damas de Blanco cubanas; la masacre producida en la bahía de La Habana donde perecieran 41 persona, -entre ellos diez niños con edades entre seis meses y 12 años- tras ser hundido por la represión el barco en que pretendían escapar de la isla (13.03.94); la detención en 2003 de más de 75 disidentes –entre ellos 27 periodistas-y el fusilamiento de tres jóvenes que intentaron huir en una balsa, en el periodo conocido como “la primavera Negra de Cuba”; la muerte en prisión de Orlando Zapata Tamayo (23.02.10), caso N°12.476 de la CIDH; del ex prisionero político Juan Wilfredo Soto García, muerto tras ser golpeado por la policía luego de una protesta en la ciudad de Santa Clara, en mayo de 2011, son algunos de los jalones de una historia de violaciones de los derechos humanos a ciudadanos cubanos que vastos sectores de la izquierda latinoamericana se empecinan en desconocer.
Jorge Aguirre, reportero gráfico ultimado de un disparo cuando cubría una manifestación el 4 de abril de 2006 en Caracas; Enys Méndez de Garmendia, periodista del diario La Nación, asesinada el jueves 17 de noviembre de 2005; las 43 muertes ocurridas entre febrero y junio pasados durante las manifestaciones en Venezuela, los 873 heridos, los estudiantes comprobadamente torturados por efectivos policiales y los más de 2.500 detenidos -de los cuales 174 permanecían arrestados a mediados de 2014 según la Fiscalía General- así como la farsa imputad a
la diputada María Corina Machado, a quien se la acuso de pergeñar un plan para asesinar a Maduro; la detención de los alcaldes Enzo Scarano, y Daniel Ceballos, encarcelados por protestar; son las trágicas evidencias - antes del reconocimiento de Maduro, que también confirmó la ausencia de un Poder Judicial independiente- de la existencia de presos políticos en el país de Bolívar. Una realidad que también por la pertinacia, cuando no el cinismo, de gobernantes y dirigentes de la nueva izquierda latinoamericana, no es denunciada ni motiva solidaridad.
 [1] Los militares chilenos y los comunistas realizaron otro trueque de prisioneros políticos el 17 de junio de 1977, cuando canjearon 11 disidentes alemanes orientales (exRDA), por el ex-senador comunista Jorge Montes. 
[2] Oscar López Rivera es el único encarcelado de los trece independentistas puertorriqueños que en 1999 rechazó la oferta de liberación que les hizo el entonces presidente de EEUU, Bill Clinton. Considerado un prisionero político por unos y terrorista, por otros, López Rivera integró el grupo clandestino autoresponsabilizado de múltiples atentados en EEUU de los más de 100 realizados, que dejaron seis muertos y decenas de heridos.
Hugo Machín

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domingo, 5 de mayo de 2013

NARCISO GUARAMATO PARRA, EL LIBERALISMO ECONOMICO EN LATINOAMERICA, ECONOMIA

Como se vio en artículo anterior, Raúl Prebisch y la CEPAL, con su teoría estructural de la dependencia y la política de sustitución de importaciones por producción interna, marcaron el inicio de  la segunda parte del siglo XX en Latinoamérica.
 Esta política no fue tan exitosa como se esperaba, los estímulos fiscales que se aplicaron a la industria naciente, generó una industria dependiente del Estado, trayendo como consecuencia, un desarrollo regional inestable e ineficiente con una marcada desigualdad en la distribución del Ingreso, dando a lugar, formas dramáticas de pobreza crítica.
Estos elementos, de acuerdo al ex presidente del BID, Enrique Iglesias, los desequilibrios internos, se vieron agravados por el fácil acceso al endeudamiento externo que tuvieron los países de la región en la década de los años setenta, gracias a las peculiares condiciones que caracterizaron a los mercados financieros internacionales, y del cual hicieron intenso uso con el objeto de atenuar los shocks petroleros y la recesión mundial. Al inicio de los ochenta, México tuvo problemas para el pago de su deuda externa, desencadenando de esta forma la mayor crisis de América Latina hasta la actualidad.
A partir de ese momento y, básicamente en los ochenta, se comenzó a hablar de la necesidad de realizar ajustes o reformas estructurales para agrupar un conjunto de medidas encaminadas a la liberalización de los mercados internos, la privatización de empresas estatales y de ciertos servicios sociales, y la apertura de las economías al comercio internacional y a los flujos privados de capital.
Estos ajustes estructurales, inicialmente fueron inspirados por una corriente liberal proveniente de Chicago, mediante un convenio entre la Universidad de Chicago (donde Milton Friedman era el profesor más destacado) y la Universidad Católica de Chile. Los economistas formados bajo ese convenio son conocidos como “Los Chicago Boys”.  Igualmente, estas medidas de ajuste cobraron una inusitada popularidad regional, con el éxito obtenido por Alberto Fujimori, presidente de Perú para la época. Su política económica se centró en la aplicación de conceptos liberales y de libre mercado. Si bien llegó a estabilizar la vida económica y permitió la reinserción del Perú en el sistema financiero internacional, así como la privatización de las compañías del Estado a manos extranjeras, también ocasionó despidos masivos de obreros y empleados públicos, así como la supresión de las protecciones a la ineficiente industria nacional, lo cual llevó a su quiebra y a altos índices de desempleo. En consecuencia, se redujo al mínimo la actividad sindical y aumentó la actividad económica informal. Por otro lado, la reducción del estado y la liberalización de la economía nacional fomentaron la inversión extranjera. Como resultado, en 1994, la economía peruana creció un 13%, a pesar de los despidos masivos acaecidos.
El economista John Williamson  (Hereford, Inglaterra, 7 de junio de 1937, es un profesor y economista británico,. Trabajó en el Departamento del Tesoro británico «1968-70», en el FMI «1972-74» y el Banco Mundial «1996-99», miembro del Institute for International Economics. Acuñó el término de Consenso de Washington, para designar un listado de políticas económicas consideradas por los organismos financieros internacionales y centros económicos (FMI y Banco Mundial), con sede en Washington D.C. (District of Columbia), Estados Unidos, como el mejor programa económico que los países latinoamericanos deberían aplicar para impulsar el crecimiento. A lo largo de la década el listado y sus fundamentos económicos e ideológicos se afirmaron, tomando la característica de un programa general.
A pesar de la popularidad del término, el conjunto de medidas que agrupa no se originan unilateralmente en las instituciones bancarias estadunidenses ni en los organismos financieros internacionales, sino en una combinación –en proporciones diversa- entre sus recomendaciones y os esfuerzos de modernización económica y de apertura externa de los propios países latinoamericanos. Lo es más, el “Consenso de Washington” no es una denominación comúnmente aceptada, sino un título afortunado puesto a este conjunto de recetas por una prestigiosa institución y por sus distinguidos miembros (Enrique Iglesias, 1993).
El “Consenso de Washington”, ha recibido duras críticas, sobre todo por la izquierda latinoamericana, quienes en forma despectiva utilizan el término “neoliberal”. Esta izquierda ha logrado en los últimos años alcanzar el poder en algunos países, revertiendo las medidas liberales realizadas en esos países.
guaramatoparra@gmail.com
@guaramatoparra

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