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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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domingo, 1 de enero de 2012

RICARDO VALENZUELA: AÑO 2012, ¿UN AÑO LIBERTARIO? (REFLEXIONES LIBERTARIAS DESDE MEXICO)


 “No hay esclavos mas encadenados que aquellos que creen ser libres permaneciendo en la opresión.” Voltaire

Como cada inicio de año, la mayoría de los mexicanos, al igual que gente alrededor  mundo, inicia una profunda reflexión y dirigiendo la mirada hacia el pasado, evalúan de alguna forma lo sucedido, lo que fue logrado o no logrado en el que termina. Pero más importante aún, enfilan brújula y compás hacia el futuro que ya hemos penetrado en este nuevo año, algunos atemorizados otros con esperanza, millones confundidos. Sin embargo, pienso que en esta ocasión este proceso es más importante que nunca—y lo digo no como cliché—lo digo con un total convencimiento y una sincera espontaneidad.

El mundo entero, a diferencia de hace 12 meses, se encuentra en una profunda recesión económica que afecta de forma especial a México. Los EU se encuentran involucrados en una guerra—la primera del siglo—totalmente diferente a todas las incrustadas en la historia. En México terminamos el penúltimo año de la administración del cambio en la cual depositamos tantos sueños y esperanzas. Sin embargo, surge la famosa pregunta que le hiciera Reagan al pueblo americano en su primer debate con Carter: ¿Están ustedes mejor que hace un año? Desafortunadamente creo la respuesta de casi todos los mexicanos sería un rotundo no. Pero he aquí lo irónico, por primera vez en muchas décadas no podemos ni debemos culpar “totalmente al gobierno.” 

Pero si nuestro análisis es lo suficientemente profundo, nos daremos cuenta de una tendencia aterradora: El esfuerzo mundial para el regreso del viejo Estado opresor, todolólogo, déspota y corrupto. Un evento que me recuerda el regreso de Perón a la Argentina en los 70s. Y más aterrador aun es que muchos de los mexicanos no sólo le dan la bienvenida, lo festejan. La actitud de multitud de nuestros compatriotas es similar a la de alegría de los hijos ante el regreso del padre autócrata, regañón, golpeador, pero el cual nos endulza cada domingo con nuestro raquítico semanario. Ese padre quien gritando los grandes sacrificios que hace “por sus hijos”, tiene aun ese gesto de generosidad para darnos lo suficiente para ir al cine.

Ante los fracasos de las “reformas neoliberales—tercera vía” en la mayoría de los países de América Latina, ese gran liberal Mario Vargas Llosa escribe: “Reformas tan profundas como las que América Latina necesita en economía, educación, justicia, simplemente no serán posibles, ni durables, si no las acompaña o antecede una reforma de las costumbres, de las ideas, de ese complejo sistema de hábitos, conocimientos, imágenes y formas que llamamos cultura. Porque en la cual vivimos no es liberal y ni siquiera del todo democrática. Sigue siendo populista u oligárquica, absolutista, colectivista, dogmática, mechada de prejuicios sociales y raciales, muy poco tolerantes para con el adversario político, amantes de las verdades absolutas, una de las peores formas de monopolio; el de la verdad.”

América Latina es una tierra fértil para la opción liberal. Pero esta no puede ser moderada, debe ser radical. Pues si no se va a la raíz de los problemas, la solución será efímera y lo estamos atestiguando en Argentina. Como la propuesta liberal está en contra del colectivismo y el estatismo que han sido las recetas de la izquierda a los males sociales, se le tilda de derecha. Pero eso ya no importa, las categorías de izquierda y derecha se han vaciado casi totalmente del contenido que alguna vez tuvieron, sobre todo después del desplome de la Unión Soviética. Una cosa es segura; la opción liberal no es conservadora. Es de profunda transformación de las sociedades como existen y como han existido a través de la historia.

Ya lo dijo Revel: “Como el liberalismo en América Latina no puede desarrollarse sin trastornos y tropiezos, ya que durante siglos el continente fue moldeado por el estatismo, el dirigismo, el socialismo, el corporativismo, los liberales no son pues en modo alguno conservadores, sino reformadores: renovadores de los hábitos establecidos y las ideas enraizadas. Más bien deberían de ser llamados revolucionarios.” Eso es, la alternativa liberal supone una revolución para éste país de las esperanzas postergadas. Una revolución que purifique el vocablo de connotaciones de sangre, muerte, demagogia y dogmatismo que tiene entre nosotros y lo impregne de ideas, sentido común, creación, justicia, racionalidad, libertad, pluralismo político y legalidad.

Nos dice James Allen que la mente del hombre es como un jardín que puede ser inteligentemente cultivado, o simplemente permitir que broten las ramas que lo conviertan en un campo salvaje; pero cultivado o abandonado, siempre dará sus frutos. Si se permite que las hiervas salvajes sobrevivan; una abundancia de ellas brotará para tomar control; el campo por lo mismo producirá eso: Espinosas ramas inútiles y venenosas el lugar de frutos y flores. Si se cultiva con amor y con las semillas de la libertad, finalmente seremos libres.

Este año para nosotros será la prueba para una de las agresiones liberales más importantes. Ron Paul, el único precandidato libertario para la presidencia de EU, a pesar de los bloqueos del establecimiento norteamericano, poco a poco a remontado las encuestas amenazando a los otros participantes y eso, provoca que cunda el pánico entre tanto en las filas de republicanos como demócratas.

Ron Paul es el maestro de algo importante para todos los libertarios, la tolerancia; creer en la relatividad de las verdades, estar dispuestos a rectificar el error y a someter siempre las ideas y las convicciones a la prueba de la realidad. Por eso el liberalismo es una filosofía, una doctrina, no una ideología. Porque la ideología es una forma dogmática e inmutable de pensamiento—algo que tiene mucho mas de religión que de ciencia—y la filosofía liberal, además de pluralista, es también cambiante, un sistema flexible que va modernizándose y perfeccionándose al compás de los avances del conocimiento y de la experiencia vivida.

Hay elecciones este año libertario en Mexico, EU, Venezuela, llevemos las ideas y acciones del Tea Party a nuestras naciones ávidas de libertad.

Quiero por este conducto hacer una invitación a todos los seres humanos amantes de la libertad, a los enemigos de los procesos, eventos, organizaciones que nos han negado la oportunidad de participar en la construcción de un mundo mejor, más prospero, más libre y sobre todo más justo, para que me acompañen en la jornada de la libertad este nuevo año que sin duda será la cultivación de un jardín que aporte frutos y flores, y ya no mas las espinosas hiervas que tanto han desangrado nuestro país. Esta es una invitación a la libertad similar a la de Octavio Paz cuando afirmó: 

“La historia de la literatura, del pensamiento y arte moderno es inseparable de la historia de la libertad. Allí donde perece la libertad, el pensamiento perece. La libertad es la sangre invisible que anima a la sociedad entera.”

Feliz año nuevo……en la libertad.

chero@cox.net
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jueves, 15 de diciembre de 2011

YON GOICOECHEA ‘SANTA NO IRÁ AL REFUGIO’

Más de 12.000 familias pasarán la Navidad en sendos campos de concentración socialista, a los que la ironía ha dado el nombre de "Refugios". Abusos sexuales, drogas, hacinamiento y pobreza serán los regalos para esos venezolanos afectados por las lluvias. A los niños no los visitará Santa pero sin duda habrá comparsas de camisas rojas, declarando a los medios oficiales (los privados no tienden acceso), para convencer a los votantes de que el año próximo les darán las casas prometidas. Lamentablemente, las que hicieron este año se las comió "la iguana".

Ahora mismo, en el Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Interiores y Justicia viven 9 familias refugiadas, que esperan por la Gran Misión Vivienda Venezuela. Desde hace 9 meses, estos "dignificados" deben adaptarse al ritmo de la burocracia roja. Se cepillan los dientes bajo la mirada de transeúntes y gestores de todas clases y hacen el amor clandestinamente en algún escondrijo del ministerio. En otra parte de la ciudad, 140 personas comparten un baño en el centro Vencerámicas. Y miles de niños conviven con los microtraficantes de drogas que operan en cada refugio.


Pero los damnificados no pueden quejarse. Se les chantajea diciendo que si protestan, si declaran a un medio de comunicación privado, no recibirán las viviendas dadas por el Estado. Como si fuera poca su desgracia, se les prohíbe recibir donaciones de activistas de la oposición. Ismael León, dirigente de Voluntad Popular, narra cómo el PSUV incendió un colchón que él había donado a una familia que dormía en el suelo.


Sólo 1200 familias damnificadas han recibido sus viviendas. Mientras tanto, el presupuesto nacional se gasta en propaganda socialista. En Parque Carabobo, la Avenida Libertador y otros sitios, el Ministro Farruco ha invertido en gigantes pancartas que rezan: "aquí se construyen viviendas dignas (...) Para vivir viviendo". Estas piezas de propaganda oficial están por cumplir su primer año, habrá que picarles una torta.


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lunes, 8 de agosto de 2011

ANÍBAL ROMERO: DEUDA Y DEMAGOGIA

Las democracias modernas se encuentran seriamente amenazadas por el veneno de la demagogia. En tal sentido, poco hemos avanzado desde que Platón la señaló como disolvente clave de la forma democrática de gobierno y puerta abierta a su fin.

En nuestros días la demagogia se manifiesta en la incesante propensión, tanto de los políticos como de la ciudadanía en general, a centrarse en los derechos de las personas y grupos, subestimando casi hasta hacerle desaparecer del horizonte el tema de los deberes que los miembros de la comunidad política tienen hacia sí mismos y los demás. En Estados Unidos y Europa dicha tendencia ha convertido las necesidades sociales en meras fuentes de derechos, y hoy es común que los individuos esperen de sus gobiernos no solamente la creación de un marco de condiciones propicias para el desarrollo de las capacidades personales, sino la efectiva satisfacción de sus necesidades materiales.

La más grave y autodestructiva consecuencia de los Estados de bienestar contemporáneos es psicológica: millones de ciudadanos han perdido la motivación de esforzarse, el ánimo de producir y la aspiración de superarse, y se ha establecido un círculo vicioso del bienestar: por un lado los políticos hacen ofertas estrambóticas para ganar votos; por otro los electorados exigen tales ofertas como un derecho; y finalmente la creciente satisfacción de las expectativas genera en amplios sectores el hábito de pedir más y el impulso a sustraerse del proceso productivo, para llevar la vida cómoda que consideran su derecho.

Todo parecía marchar sobre ruedas mientras se perdió de vista que semejante proceso se sustentaba cada vez más en endeudamientos a futuro, que comprometían las circunstancias de generaciones venideras para complacer los apetitos de las que hoy viven y desean colmar su hedonismo. Pero algún día tenía que llegar la hora de la verdad y esos son los que ahora se viven en Europa y Estados Unidos.

La crisis que observamos resulta de la demagogia irresponsable que se ha transformado en dinámica fundamental de las democracias modernas y amenaza con quebrarlas financieramente, si es que ya no lo están. En Europa, las ambiciones desmesuradas de las élites que formularon y han llevado adelante el llamado “proyecto europeo” les marearon y extraviaron, comprometiéndoles en iniciativas como las de la moneda única que eran y son descabelladas, en vista de las enormes diferencias entre los Estados que integran la unión. Es claro que la sostenibilidad del Euro dependerá en adelante de la voluntad y capacidad de los contribuyentes alemanes para subsidiar eternamente a sus aliados del sur.

En cuanto a Estados Unidos, la gota que rebasó el vaso fue la increíble decisión de Barack Obama y el partido Demócrata, una vez electos, de emular en Estados Unidos el modelo europeo de Estado de bienestar, ¡precisamente en el momento en que tal modelo comenzaba a resquebrajarse y naufragar! Un país como Estados Unidos, que se levantó con base en las ideas de responsabilidad individual y familiar, en una ética de trabajo y un compromiso comunitario sustentado en deberes y derechos, se ha transformado hoy en una sociedad en la que vastos sectores no sólo no pagan impuestos, sino que han perdido por completo el estímulo productivo y han optado por acogerse a la benevolencia del Estado.

La decisión de Obama a partir de 2009 de concentrarse en una asfixiante reforma de la seguridad social, en lugar de la renovación económica y la generación de empleos, ha sido fatídica y le está hundiendo, y con él a su país.

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miércoles, 8 de junio de 2011

MERCEDES MONTERO: NECESIDAD DE VIVIENDA Y ABUSO

                                          
Señores, Venezuela es un país sin ley, sin orden, ni respeto, en el cual el abuso es promovido diariamente

En 12 años de gobierno, Chávez sólo ha podido construir unas 300 mil viviendas y ahora promete dos millones entre 2011 y 2017

Todos los seres humanos tienen como necesidad primaria un techo bajo el que cobijarse, algo que se llama casa o sitio para vivir. La adquisición de una vivienda propia siempre ha sido un sueño dorado y no hay algo peor que carecer de ese sitio.
 
Los políticos que aspiran a ocupar un cargo importante incluyen en su propuesta la construcción de viviendas que estén al alcance de las clases desposeídas y medias. Hugo Chávez no es la excepción, pero el caso es que en 12 años  la construcción de viviendas por parte de su gobierno ha quedado en el aire.  Chávez sólo ha podido construir unas 300 mil viviendas y ahora promete dos millones entre 2011 y 2017,  a pesar de haber gozado de los ingresos petroleros más grandes de la Historia de Venezuela, los cuales ha utilizado para regalar urbanizaciones completas, con casas de muy buena construcción y hasta amobladas a otros países del Hemisferio como por ejemplo Perú y otros tan lejanos como Mali, en el continente africano. Algo que el pueblo venezolano que otrora fuera generoso no le hubiera importado, si primero le hubiera cumplido a quien le dio el mandato.
 
Chávez ante un año electoral y por supuesto aspirando a ser reelegido, tiene las manos en la cabeza pues la gestión oficial en lo que a construcción de viviendas se refiere ha sido nula. Al parecer no hay una política para proceder a dar soluciones habitacionales a la población, pero si una política de destrucción a toda la industria relacionada con la construcción.

Además, ha prometido que serán construidas dos millones de viviendas  entre 2011 y 2017 y resulta que en los 12 años de su gobierno, sólo ha podido construir unas 300 mil
Las empresas productoras de cemento han sido nacionalizadas, también las productoras de cerámica, SIDOR ha bajado la producción de  cabillas y muchas de las que produce desparecen cuando son trasportadas en gandolas por las desastrosas carreteras del país, las ferreterías tienen un escaso volumen de productos disponibles, por lo tanto ante tal escasez los precios suben...  Aparte de eso también la industria de la Construcción ha sido atacada hasta casi llevarla  a la extinción. Muchos constructores han sido acusados de estafadores, ladrones, explotadores y han tenido que huir del país. Los poquísimos que quedan cuando tienen una obra a medio terminar, también tienen a los “invasores” con camisa y gorra roja esperando para hacer una “toma revolucionaria” de la edificación, sin importarles en lo más mínimo  que otras personas hayan pagado las cuotas de compra de un apartamento o casita de las que están siendo construidas.
 
El gobierno revolucionario en vista de la seriedad del problema de vivienda ha procedido a “expropiar”, declarar como “de interés nacional” edificios completos (construidos o en construcción) propiedad privada y hasta del propio Estado (que en este último caso se está expropiando a sí mismo), para meter a la gente. Envía grupos de invasores a urbanizaciones para ver si hay alguna casa que crean o esté desocupada para proceder a invadirla. Esta última acción ha puesto a vecindarios completos en vigilancia, a tener gente cuidando, colocando trancas, cadenas y candados en galpones, comercios vacíos, casas en las que vivan pocas personas, para que los invasores no les entren, porque de llegar a entrar, lo primero que hacen es declarar que toman la vivienda en nombre de la “revolución” y si el verdadero dueño tiene suerte lo dejan vivir en un cuarto, si protesta le caen a golpes y hasta lo botan de su casa. Cuando la policía interviene para sacar a los invasores hay batallas campales.
 
En la nueva Ley de Inquilinato, a aquellos arrendadores que poseen varias viviendas para arrendamiento, es el gobierno el que fija los alquileres, tomando en cuenta el sitio y el tipo de vivienda. Los precios fijados hasta ahora son tan irrisorios que no alcanzan ni siquiera para pagar los derechos de frente. Muchos de estos propietarios compraron viviendas como inversión, y forma de sustento, ya que el dinero nada vale. El gobierno olvida  que el arrendamiento es una actividad comercial legal, que atiende a un segmento importante de la población, que no tiene el dinero suficiente para adquirir una casa, pero puede arrendar, de hecho y solo por citar un ejemplo en Europa, una gran parte de la población vive alquilado en viviendas del gobierno toda su vida. Pero estos son gobiernos responsables que le cumplen a la gente.
 
Otra de las facetas del arrendamiento está en las pensiones, hoteles y personas que alquilan una habitación de su casa para completar un ingreso que les permita vivir. Con un gobierno que ha fomentado el abuso, que ha sembrado odio entre los ciudadanos, se ha originado un abuso que no tiene límites. En una pensión en San Agustín en Caracas, funciona un a pensión hace más de 20 años, allí hay 28 cuartos alquilados bajo contrato firmado a igual número de hombres, quienes no pagan el alquiler desde el mes de Marzo del presente año. Cuando la administradora del local llamó  a la Guardia y a la policía le dijeron que el caso no era de su competencia.

Fue a la Fiscalía y le dijeron que no podían hacer nada a menos que fuera agredida físicamente. Cuando fue citada por el Comité Contra Desalojos a una reunión con los 28 inquilinos, estos últimos le gritaron e insultaron, al verse tan afectada decidió no ir más a las reuniones y por esa razón ha sido amenazada con expropiación de un negocio que no es propio.
 
Un caso en un barrio de Petare, reporta algo muy parecido, un hombre que vive alquilado en un cuarto en una vivienda muy humilde no paga la renta porque la revolución dice que no debe pagar, pero si tiene para beber alcohol.
 
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miércoles, 18 de mayo de 2011

ZENAIR BRITO CABALLERO: ¡TRISTE INFAMIA POR LA ALCAHUETERÍA Y LA DESVERGÜENZA!

Estos 12 años de gobierno socialista-comunista, no han servido para que Venezuela adquiera conciencia moral y ética; pues quienes tienen la sartén por el mango, se guarecen en su pujanza para hacer valer su particular enfoque de la realidad, sin importar si lo que aseguran es verdad o es mentira; ya que esta última condición de lo aseverado, ha perdido para los poderosos toda trascendencia, puesto que ellos viven convencidos que su afirmación equivale a la verdad absoluta y, lo peor, saben que la gente les cree.(Veamos el caso del censo para las viviendas y las colas creyendo que cada venezolano tendrá una vivienda). Proselitismo político y campaña electoral adelantada.

Y aunque nuestros artículos que enviamos no los publiquen en muchos de los diarios regionales como lo hacían antes, uno no puede permanecer callada ante tanta ignominia, ante este derrumbamiento del país; pues, no obstante el actual gobierno socialista-comunista  no haya hecho más que apagar incendios, son tantos los huecos por rellenar, tantos los males a subsanar, tantos los entuertos por deshacer, que no ha quedado tiempo suficiente para planificar. Y es poco en lo que se ha podido avanzar; porque los culpables de tanto descalabro, utilizan el boicot como arma de distracción para desviar las miradas sobre su oscuro pasado. Tomemos unos casos, a modo de ejemplo.

Las catástrofes naturales acaecidas en los últimos meses de 2010 cuando aguaceros torrenciales -en algunas partes del país, provocaron desbordamientos de ríos, inundaciones y deslizamientos de tierras en Anzoátegui, Vargas, Mérida, Trujillo, Falcón, Estados Llaneros, Aragua, Carabobo, Cojedes y especialmente la zona del Sur del Lago de Maracaibo, que llevaron al cierre de carreteras, a la destrucción de viviendas y de cosechas, a la muerte de animales y a la pérdida irreparable de vidas humanas; casi siempre  afectando a inocentes, casi siempre a los más pobres, casi siempre a los menos protegidos.

En los 3 meses de las postrimerías del año pasado, medio país sufrió por estas calamidades; en los casi cinco meses corridos del actual y con una Ley Habilitante aprobada al comandante, varios Estados, pueblos y municipios ya han reportado desastres ocasionados por el mismo motivo, el desfogue de la naturaleza. Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el enunciado inicial?, preguntarán el ingenuo y el necio. -Pues claro que tiene que ver; porque los ríos se desbordan por el exceso de las lluvias y arrasan con todo lo que encuentran en su recorrido, ya para entonces, arrollador. -Pero eso lo sabe hasta Perogrullo, dirán los obcecados contradictores.

-Por supuesto que sí; pero, ¿por qué ha aumentado, de manera tan desmesurada, el caudal de las lluvias? Porque el medio ambiente se ha deteriorado por la invasión de las áreas naturales, puestas allí para la protección y la prevención ecológicas. El mal uso de tierras, causado por la desecación de humedales, el desvío de los cauces fluviales y tantas otras barbaridades ambientales cometidas en los últimos años (con el único fin de acrecentar las áreas dedicadas de manera desaforada a la agroindustria, a la ganadería y a la minería), no han hecho más que desequilibrar la naturaleza en el suelo venezolano. Y de ahí, tanta catástrofe y no, como pretenden hacernos creer quienes manejan los intereses creados: que todo se debe a fenómenos cíclicos del niño, de la niña, del Guri y espontáneos, a los cuales debemos habituarnos.

Antes de que hable el suspicaz o el estulto, vale la pena aclarar que estos tres ejemplos del uso de la tierra, tomados de manera prudente, no sólo son loables, sino además se convierten en motor del desarrollo empresarial y, por consiguiente, en fuente de empleo. Pero cuando se abusa de ellos, la naturaleza tarde o temprano recupera lo que le arrebataron por las malas. Otro ejemplo: la ley de tierras parece que no se cumple. Pues bien, justamente aquellos que desplazaron de sus parcelas a los campesinos para robárselas o permitieron que otros lo hicieran dentro de la mayor impunidad, ahora están tratando -a través de falacias, paralogismos, y hasta con la incitación a la violencia- de entorpecer la aprobación y la posterior puesta en marcha de dicha ley y, así, impedir que se haga justicia y se les restituya a las víctimas, al menos, las tierras que les arrebataron de manera criminal y descarada; porque devolverle la vida a los que cayeron por oponerse al despojo, ya es imposible como lo fue el caso de Franklin Brito.

Por falta de espacio, no se alcanzan a mencionar los mil y un escándalos (descubiertos hace poco, pero sobre los cuales se sospechaba de vieja data), sobre las tropelías que se han cometido en los últimos 12 años, y cuya aclaración está por verse; pues hasta ahora, sigue sucediendo lo de siempre: indagaciones a mandos medios y cortafuegos, con el fin de impedir que las investigaciones lleguen hasta los verdaderos culpables y, de manera invariable, lo más triste y hasta aberrante: los causantes -intelectuales y materiales- de tanta depredación, en su mayoría se arroparán con el manto de la impunidad y, – si acaso- a algunos los alcanza el brazo de la ley, habrán estado en los niveles medio o bajo de la cadena criminal; pues, los de alto coturno están protegidos, en el menor de los casos, por el síndrome del siervo o por el acerbo temor a la venganza o ¡triste oprobio patrio!, por la vestimenta de la alcahuetería y la desvergüenza.

zenairbrito@hotmail.com

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viernes, 25 de febrero de 2011

SOBRE LA DEMOCRACIA VERSUS LA LIBERTAD. STEVE H. HANKE.ELCATO.ORG. CATO INSTITUTE (LOS PADRES FUNDADORES DE LOS ESTADOS UNIDOS)

“El Profesor Hanke brinda uno de los análisis más profundos que he leído sobre los Padres Fundadores y sus documentos. En lugar de analizar los documentos de los Padres Fundadores con nuestros puntos de vista, sesgos y prejuicios del presente, él se enfoca en su significado esencial y original.

Muchos se sorprenderán al enterarse de que la palabra “democracia” no fue usada ni en la Declaración de Independencia ni en la Constitución. De hecho, los Padres Fundadores temían permitir cualquier tipo de tiranía, incluso la tiranía de la mayoría.

Este ensayo debería ser leído y meditado por todos aquellos que piensan que tienen el derecho a influir la sociedad. ¡Una verdadera joya!”

—Jacques de Larosière, consultor para BNP Paribas en París, ex presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, ex director administrativo del Fondo Monetario Internacional y ex gobernador del Banco de Francia.

Luego de la Primera Guerra Mundial, el presidente Woodrow Wilson se propuso hacer del mundo un lugar seguro para la democracia. Desde entonces, los presidentes estadounidenses han marchado al ritmo del idealismo wilsoniano. De hecho, gran parte de la política exterior de EE.UU. se lleva a cabo bajo el pretexto —y en algunos casos la genuina creencia— de que EE.UU. está llevando la democracia al resto del mundo. De manera que la justificación del presidente Barack Obama para intervenir en el extranjero no es ni nueva ni extraña.


La mayoría de las personas, incluyendo gran parte de los estadounidenses, se sorprenderían al darse cuenta que la palabra “democracia” no aparece en la Declaración de Independencia (1776) o en la Constitución de EE.UU. (1789). También les sorprendería la razón por la cual la palabra democracia no está en los documentos fundadores de EE.UU. Contrario a lo que la propaganda ha hecho creer a la gente, los Padres Fundadores de EE.UU. eran escépticos y le temían a la democracia. Estaban al tanto de los peligros que acompañan a la tiranía de la mayoría. Los autores de la Constitución se esforzaron considerablemente en asegurarse que el gobierno federal no estuviese basado en la voluntad de la mayoría y no fuese, por lo tanto, democrático.

La Constitución dividía al gobierno federal en las ramas legislativa, ejecutiva y judicial. Cada rama estaba diseñada para limitar el poder de las otras ramas. Los Padres Fundadores no querían depender solamente de los electores para limitar el poder del Estado. Por lo tanto, los ciudadanos recibieron muy poco poder para elegir las autoridades federales. Ni el presidente, ni los miembros del poder judicial, ni el Senado eran elegidos mediante el voto popular directo. Sólo los miembros de la Cámara de Representantes eran directamente elegidos mediante el voto popular. Incluso en ese caso, el derecho era considerablemente restringido.

Si los autores de la Constitución no adoptaron la democracia, ¿a qué se adherían? Para un hombre, ellos acordaron que el propósito del Estado era aquel de asegurarle a los ciudadanos la trilogía de derechos de John Locke: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Los autores de la Constitución escribieron de manera extensa y elocuente. Sobre la propiedad, por ejemplo, John Adams escribió que “el momento en que la idea es admitida en la sociedad, de que la propiedad no es tan sagrada como las leyes de Dios, y de que no hay una fuerza de Derecho y de la justicia pública que la proteja, comienzan la anarquía y la tiranía”.

Las acciones de los Padres Fundadores muchas veces comunicaron más eficazmente que sus palabras. Alexander Hamilton, un abogado distinguido, aceptó varios casos famosos solamente por defender principios. Luego de la Guerra Revolucionaria, el estado de Nueva York estableció medidas severas en contra de aquellas personas que permanecieron leales a la corona británica y de los súbditos británicos. Estas incluían la Ley de Confiscación (1779), la Ley de Citación (1782) y la Ley de Ingreso sin Autorización (1783). Todas estas medidas involucraban la confiscación de propiedades. Desde el punto de vista de Hamilton, estas leyes ilustraban la diferencia inherente entre la democracia y la ley. Aunque las leyes eran ampliamente populares, estas desobedecían principios fundamentales del derecho de propiedad. Hamilton llevó sus ideas a la acción y defendió exitosamente —frente a una hostilidad pública enorme— a aquellos cuyas propiedades habían sido confiscadas en virtud de estas tres leyes del estado de Nueva York.

La Constitución fue diseñada para promover la causa de la libertad, no de la democracia. Para lograr eso, la Constitución protegía los derechos de los individuos de transgresiones del Estado, así como también de sus conciudadanos. Con ese propósito, la Constitución estableció reglas claras, inequívocas y ejecutables que protegiesen los derechos de los individuos. Como resultado, la envergadura y tamaño del Estado fueron estrictamente limitados. La libertad económica, la cual es un requisito para el crecimiento y la prosperidad, fue consagrada en la Constitución.

Después de la colonización europea, EE.UU. consistía en trece colonias inglesas. Estas se beneficiaban de una administración algo superficial desde Londres y de un abandono saludable. Esto contrastaba con las colonias francesas, las cuales eran controladas desde París, y con las colonias españolas, las cuales tenían superestructuras institucionales impuestas desde España.

Sin embargo, no todo andaba bien en las colonias inglesas en Norteamérica. Un importante problema colonial tenía que ver con el dinero. Oficialmente, las monedas de plata inglesas eran la moneda del reino en América. Pero hubo problemas. Las Leyes de Navegación prohibieron la exportación de monedas de plata desde Inglaterra. También hubo una prohibición en contra de que cualquiera de las colonias estableciera casas de moneda. Como resultado, hubo una escasez endémica de monedas de plata en las colonias. Para cubrir esta gran brecha, se emitieron notas de crédito, las cuales circularon libremente durante la primera mitad del siglo XVIII.

Esto resultó en una alta inflación, la cual obligó a que gran parte de las colonias abandonaran los tipos de cambio fijos y las monedas metálicas. Las cosas finalmente empeoraron a tal punto que la Junta Inglesa de Comercio impuso las Leyes de Moneda de 1751 y 1764. Estas prohibían la emisión y uso de notas de crédito no respaldadas enteramente por un metal. Las prohibiciones en contra del papel moneda fueron una enorme fuente de resentimiento en las colonias. Junto con la más famosa Ley de Estampas de 1765, las prohibiciones sobre las notas de crédito crearon el marco para la Declaración de Independencia y la subsiguiente Guerra Revolucionaria.

La Guerra Revolucionaria agravó los problemas monetarios de las colonias. Los mejores cálculos ubican el costo de la guerra entre el 15 y el 20 por ciento del Producto Nacional Bruto de las colonias. Aproximadamente el 85 por ciento de esta guerra fue financiada con dinero fiduciario. Durante el periodo 1775-80, la inflación anual era de alrededor del 65 por ciento. Como consecuencia —y antes de la Convención Constitucional de 1787— la situación económica era tal que los estados individuales aumentaban dramáticamente los impuestos y las regulaciones y el dinero seguía siendo inestable. Además, había mucha corrupción y escándalo en la política. Y por si fuera poco, la economía se encontraba en una depresión general que fue agravada por la crisis de 1787.

Como una reacción a la situación político-económica, se convocó la Convención Constitucional de 1787 en Filadelfia. En el debido tiempo, la Constitución fue redactada y ratificada en 1789. Es un documento corto, claro y comprensible. El preámbulo de la Constitución contiene sólo 52 palabras que están seguidas de siete artículos cortos y diez enmiendas conocidas como la Carta de Derechos, ratificada en 1791. La Constitución original establecía el Estado de Derecho y el gobierno limitado. Cabe destacar que alrededor del 20 por ciento de la Constitución enumera cosas que el gobierno federal y los gobiernos de los estados no pueden hacer, mientras que solamente un 10 por ciento de la Constitución concierne la entrega positiva de poder. En total, los poderes legítimos concedidos por la Constitución eran menos que aquellos que habían existido. Gran parte de la Constitución —alrededor del 70 por ciento de ella— se refiere a la concepción de los autores de su principal objetivo: colocar a EE.UU. y a su gobierno dentro del marco del Estado de Derecho.

La Constitución es un documento principalmente estructural y de procedimientos que indica quién o quiénes deberá (n) ejercer el poder y cómo lo deberá (n) ejercer. Se resalta mucho la separación de poderes y los pesos y contrapesos del sistema. No se trata de una construcción cartesiana o de una fórmula para practicar ingeniería social, sino un escudo para proteger a la gente del Estado. En pocas palabras, la Constitución fue diseñada para gobernar al Estado, no a la gente.

La Carta de Derechos establece los derechos de la gente frente a violaciones por parte del Estado. La única cosa que los ciudadanos pueden demandar del Estado, en virtud de la Carta de Derechos, es un juicio con un jurado. El resto de los derechos de los ciudadanos son protecciones frente al Estado. Durante alrededor de un siglo después de que la Constitución fuera ratificada, la propiedad privada, los contratos y el libre comercio doméstico en EE.UU. fueron sagrados. La envergadura y el tamaño del Estado permanecieron muy restringidos. Todo esto era consistente con lo que se entendía por libertad.

Es necesaria una observación acerca de los Padres Fundadores y el público. Hubo 55 Fundadores y 35 de ellos tenían educación universitaria. Los estándares para ingresar a las universidades en ese entonces eran extremadamente exigentes y estrictos. A los 14 y 15 años, la edad normal para ingresar a la universidad, a los estudiantes se les requería tener fluidez tanto en latín como en griego y ser competentes en los Clásicos. Eran expertos en el arte de la retórica y estaban profundamente conscientes de la necesidad de conseguir respaldo popular para su proyecto constitucional. Para los Fundadores, las políticas tenían que ser desarrolladas desde abajo hacia arriba.

En ese entonces, los estadounidenses estaban alfabetizados y bien informados, a través de panfletos y manuscritos, acerca de los debates políticos del momento. La cantidad de periódicos en EE.UU. en esa época cuadruplicaba la de Francia, país que era el centro del pensamiento continental y del debate acerca de muchas cuestiones constitucionales y filosóficas. Los Federalist Papers (Documentos Federalistas) fueron publicados en 1787 y 1788 en el Independent Journal de Nueva York, un periódico común y corriente. Estos importantes ensayos —escritos por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay, bajo seudónimos— eran de alta calidad y crearon el marco para la Convención Constitucional y el producto resultante. Vale la pena mencionar que Hamilton organizó este proyecto, escribió gran parte de los ensayos y, de entre todos los Padres Fundadores, fue él quien desempeñó gran parte del trabajo intelectual por el menor crédito histórico. Dicho esto, dos economistas notables le han dado a Hamilton lo que le corresponde. Lionel Robbins pensó que los Federalist Papers eran “el mejor libro sobre ciencias políticas y sus aspectos prácticos escrito en los últimos mil años”. Y si eso no fuera suficiente, Milton Friedman escribió en 1973 que el Federalista No. 15, escrito por Hamilton, “contiene un análisis más convincente del Mercado Común Europeo que cualquier otro que he visto salir de la pluma de un escritor moderno”.

Luego de que la Constitución fuera ratificada y George Washington fuera electo presidente, el nuevo gobierno federal carecía de credibilidad. Las finanzas públicas oscurecían los prospectos del gobierno. Recordemos que el dinero de papel y la deuda fueron innovaciones de la era colonial y que una vez que empezó la Guerra Revolucionaria, los estadounidenses abusaron de estas innovaciones. Como resultado, EE.UU. nació en un mar de deuda. La mayoría de la gente favorecía una mora en el pago de la deuda. Alexander Hamilton, en su cargo como Secretario del Tesoro de Washington, se opuso firmemente a una mora. Como cuestión de principios, argumentó que la inviolabilidad de los contratos era el fundamento de toda moralidad. Para efectos prácticos, Hamilton argumentó que el buen gobierno dependía de su habilidad de cumplir con sus promesas.

Hamilton ganó la discusión y se dedicó a sacar al país de su debacle financiera. Entre otras cosas, Hamilton era —lo que hoy se llamaría— un ingeniero financiero de primera clase. Estableció un fondo federal de amortización para financiar la deuda de la Guerra Revolucionaria. También diseñó un importante intercambio de deuda en el cual las deudas de los estados individuales fueron asumidas por el nuevo gobierno federal. Para agosto de 1791, los bonos federales se vendían sobre par en Europa y, para 1795, todas las deudas extranjeras habían sido canceladas. La solución de Hamilton para el problema de la deuda de EE.UU. le dio al país una descarga de credibilidad y de confianza.

Hasta aproximadamente la Primera Guerra Mundial, la situación de la política económica de EE.UU. estaba en línea con el espíritu de la Constitución. La economía floreció, con importantes aumentos en los insumos de trabajo y capital, así como también un sólido crecimiento de la productividad. Hubo, por supuesto, una interrupción casi fatal durante este periodo: la Guerra Civil. La guerra consumió entre el 15 y el 20 por ciento del PNB, casi la misma proporción que la Guerra Revolucionaria. Las finanzas de guerra eran algo parecidas en la Confederación (el Sur) a lo que habían sido durante la Guerra Revolucionaria. Alrededor del 60 por ciento del financiamiento sureño venía de la impresión de papel moneda. El Norte también recurrió al financiamiento con dinero fiduciario, pero sólo a una tasa del 13 por ciento. Como resultado, hubo una oleada de inflación. Además del importante trastorno causado por la Guerra Civil, vale la pena mencionar una importante anomalía en la economía estadounidense: las tierras que le pertenecían al gobierno federal, así como a los gobiernos estatales y locales.

Alexander Hamilton, el primer Secretario del Tesoro, quería venderle a la gente la tierra tan pronto como fuera posible. Esto no ocurrió. Como consecuencia, el Estado todavía posee una gran cantidad de bienes raíces. Su área superficial es alrededor de seis veces más grande que el área total de Francia. Esta es una empresa estatal. Como podría imaginarse, también es poco productiva. Estudios detallados de las tierras que son propiedad del Estado indican que solamente alcanzan el 25-30 por ciento de la productividad de aquellas que son propiedad privada.

Las tierras públicas en EE.UU. han sido el centro de repetidos debates acerca del sistema de libre mercado en el país. De hecho, la Asociación Estadounidense de Economía se colocó en el centro de uno de estos debates. Un motivo, posiblemente el principal, para fundar la Asociación Estadounidense de Economía era protestar contra las actitudes laissez-faire en EE.UU. ¡No debería sorprender que la edición de mayo de 1885 del American Economic Review contenga tres estudios justificando la retención de los terrenos madereros del Estado!

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el gasto público era menos del 2 por ciento del PNB y el 99 por ciento de la población no pagaba impuesto sobre la renta. Recién se había creado el impuesto sobre la renta, pero la tasa más alta era de solo de 7 por ciento y se aplicaba a los ingresos que excedían los $500.000. El gobierno federal tenía alrededor de 400.000 empleados, menos del 1 por ciento de la fuerza laboral. Alrededor de 165.000 soldados estaban en servicio activo. No existía regulación alguna de los mercados de capitales o de trabajadores. La producción y distribución agrícola tampoco estaban reguladas. No había salario mínimo ni seguridad social. Un área en la que había una intervención relativamente agresiva en la economía era aquella de las tarifas que cobraban los ferrocarriles. La legislación antimonopolios también era fuerte.

La conflagración de la Primera Guerra Mundial marca una ruptura violenta con la letra y el espíritu de la Constitución. Los derechos de propiedad fueron suspendidos a gran escala. Hubo nacionalizaciones de gran envergadura de ferrocarriles, telefonía, telegrafía y, en un grado menor, de las embarcaciones navales. Más de 100 fábricas de manufacturas fueron nacionalizadas. El gobierno se involucró en la relación entre los trabajadores y los patronos con la Ley Adams de 1916. Se estableció el servicio militar obligatorio. La Ley de Espionaje fue aprobada en 1917. La Ley de Sedición de 1918 impuso penalidades sobre las expresiones anti-gobierno, socavando la Carta de Derechos. El novelista Upton Sinclair de hecho fue arrestado por leer la Carta de Derechos y Roger Baldwin, uno de los fundadores de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), fue arrestado por leer la Constitución. El presidente Woodrow Wilson logró todo esto con los poderes de emergencia que el Congreso le concedió en 1916.

Gran parte de este aparato anti-constitucional fue desmontado después de la Primera Guerra Mundial. No obstante, permanecieron algunos residuos y estos resurgieron eventualmente. Todo lo que se necesitó para ello fueron otras emergencias nacionales —la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam, y así sucesivamente. Con cada una, se aprobaron leyes, se crearon entes federales y crecieron los presupuestos. En muchos casos, estos cambios resultaron ser permanentes. El resultado es que las crisis sirvieron de catalizador, desviando la tendencia del tamaño y envergadura del Estado hacia un nivel mucho más alto.

No debería sorprendernos que los estados gastan más dinero y regulan más activamente durante las crisis —las guerras y los rescates económicos son costosos y complicados. Pero un Estado más activo también atrae oportunistas, quienes perciben que una emergencia nacional puede servir de pretexto útil para lograr sus propios objetivos.

EE.UU. y otros países parecen no estar más conscientes de esto hoy que lo que estuvieron en el pasado. Y aún así, la historia ha dado muchos ejemplos que ilustran lo dañino que es. Veamos la Gran Depresión. En ese momento, los grupos de presión agrícolas, habiendo intentado obtener subsidios durante décadas, se aprovecharon de la crisis para aprobar un amplio paquete de rescate, la Ley de Ajuste Agrícola, cuyo título la declaraba ser “una ley para aliviar la actual emergencia económica nacional”.

Casi 80 años después, los agricultores todavía están succionando dinero del resto de la sociedad y la política agrícola ha sido ampliada para satisfacer una variedad de grupos de presión, incluyendo conservacionistas, nutricionistas y amigos del Tercer Mundo. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno representaba alrededor de la mitad del PIB de EE.UU., prácticamente cada grupo de interés intentaba obtener algo del abultado presupuesto del gobierno. Aún departamentos federales aparentemente ajenos al esfuerzo de la guerra, tales como el Departamento del Interior (el cual está a cargo de las tierras estatales y de los recursos naturales), declararon estar desempeñando “trabajos esenciales para la guerra” y tener derecho a presupuestos y un personal todavía más grandes.

Dentro del gobierno estadounidense, la guerra contra el terrorismo le ha dado la excusa a una multitud de oportunistas provincianos, cuyas propuestas incluyen rescatar aerolíneas y nacionalizar la producción de vacunas. Como consecuencia, el ex presidente George W. Bush —supuestamente un conservador— lideró una expansión del Estado que marcó un hito. Esta tendencia continúa con el presidente Barack Obama, un intervencionista.

¿Qué podemos aprender de todo esto? Primero, “democracia” y “libertad” no son palabras intercambiables. Segundo, sólo el primer siglo de la experiencia estadounidense representa un parámetro de libertad. Expandir la democracia es un eslogan que requiere de mucha precaución. Puede convertirse fácilmente en una tiranía electa. La libertad es el concepto. Nuestro reto es convencer a cada ciudadano de los beneficios que fluyen de la puesta en práctica de la libertad. La libertad incluso podría florecer de formas muy diversas e inesperadas en diferentes partes del mundo.

Referencias:

Adams, John. The Works of Johns Adams, Second President of the United States, editado por Charles Francis Adams, Vol. VI. Boston, MA: Charles C. Little y James Brown, 1851.

Friedman, Milton. “Alexander Hamilton on the Common Market”, Newsweek, 4 de Junio de 1973.

Robbins, Lionel. A History of Economic Thought, the LSE Lectures, editado por Steve G. Medema y Warren J. Samuels. Princeton, NJ: Princeton University Press, 1998.

(*) Steve H. Hanke es profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins y Académico Titular del Cato Institute.

http://www.elcato.org/sobre-la-democracia-versus-la-libertad

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viernes, 24 de diciembre de 2010

LA MISERIA QUE DESHONRA. ALBERTO MEDINA MÉNDEZ. DESDE ARGENTINA

Los incidentes de Argentina me llevaron a analizar esto que pasa, pero que no es nuevo, ni patrimonio exclusivo de los que vivimos aquí. Muchos creen que la sociedad tiene una deuda con ellos y que apropiarse de sus bienes es el camino

Hay que decirlo claramente, la necesidad no genera derechos.

Espero que sirva para leer, reflexionar y porque no, discutirlo y difundirlo.

Cuando un individuo se apropia de un bien que no le pertenece es simplemente un inmoral. Sus necesidades no pueden ser la justificación. Si aceptáramos esta regla impropia, el saqueo sería la norma que regiría los destinos de la humanidad, solo porque las necesidades son infinitas y siempre subjetivas. Habrá que admitirlo como corresponde, sin peros, sin medias tintas, no es cierto que la pobreza otorgue derechos especiales a disfrutar de bienes por los que no se ha hecho el esfuerzo de obtenerlos de un modo legítimo. No alcanza con tener necesidades no cubiertas.

Un hombre con principios, un ciudadano con valores, no se quedaría jamás con algo que no le pertenece, aun con cuestiones sin resolver en su vida personal y familiar. Y ya no porque se trata de un delito, no por lo que dicen las leyes, sino porque el mas elemental sentido de la honradez, de la honestidad, dirá que solo se puede poseer aquello por lo que se trabajó previamente, por aquello por lo que se pagó con recursos propios, derivados del esfuerzo personal y no esquilmados a otros de modo coercitivo.

Por eso, por ese vital motivo que tiene que ver con las creencias, con los ideales, con los principios, no deberíamos hablar de pobreza como sinónimo de carencias materiales, tendríamos que poder diferenciarla de aquella que se define como la verdadera miseria humana. No es pobre quien no tiene recursos económicos, es pobre quien carece de criterio, de principios, de valores, de ideales y creencias.

Durante mucho tiempo hemos hablado de pobreza como sinónimo de indigencia. Y lo hemos vinculado con cuestiones meramente dinerarias. Tal vez debamos revisar esa visión y concluir que los miserables, los seres despreciables, son aquellos que amparados en supuestas necesidades básicas, se creen con derechos especiales que los hacen merecedores de la dádiva de la sociedad, de ese coercitivo altruismo culposo que algunas culturas pretenden amparar sin chistar.

Mucho más despreciables son aquellos que hacen beneficencia con patrimonio ajeno, con el dinero de todos, con los bienes de los contribuyentes. Recitan grandilocuentes discursos, diciendo que los postergados merecen recibir ayuda de la sociedad y para ello meten mano a los recursos de la comunidad, a esos que les han quitado vía impuestos para distribuirlos como si fueran propios.

Si tan convencidos están de la justicia de esa distribución, pues podrían empezar entregando sus bienes personales, dando el ejemplo con su patrimonio e instando a otros a imitarlos y hasta convocar a grandes colectas voluntarias u organizarse socialmente para reunir esos fondos con gente que posea idénticos ideales altruistas. Pero no resulta demasiado razonable esto de hacer beneficencia con lo quitado a otros, con lo sustraído discrecionalmente, mediante el uso de la fuerza.

Por eso, en tiempos en que la cultura parece marcar mandatos que sostienen “que la necesidad genera derechos”, algunos tendrán que repasar su concepto de pobreza.  La inmensa mayoría de los pobres se esfuerza día a día por salir de su situación, trabajan mas horas de lo aconsejable, se ocupan de actividades que pocos aceptarían, disfrutan casi nada de los tiempos familiares y no pueden darse lujo alguno. Pero tienen principios, creen en sus sueños, luchan para que llegue el momento de salir del pozo, tienen la esperanza que en ese recorrido, encontrarán el camino de salida.

Y si aun no logrado encontrar ese sendero tan ansiado, no es porque les haya faltado esfuerzo en los más de los casos, sino porque los burócratas de siempre se han ocupado de quitarles la libertad, de sacarles con impuestos el fruto de su trabajo, que es su principal herramienta para salir de la indigencia con dignidad y sin actitudes mendicantes e indecorosas.

La política, la demagogia, el clientelismo, el populismo más perverso, no solo los ha sumergido, sino que los humilla, los estigmatiza y se ha constituido en un aplastante techo y no en un piso como pretende, para sus oportunidades.

Pero cada uno de ellos, de los que pelean a diario, se muestran firmes en sus convicciones, ellos no caerán bajo la tentación del robo, no le quitaran sus bienes a otros, no harán la fácil, seguirán enviando a sus hijos al colegio y apostando por la educación como oportunidad para dar el gran salto, tratarán de alimentarlos de la mejor manera que puedan, ya no solo brindándoles comida sino con el impulso espiritual que sus principios potencian, dejando el legado del ejemplo como mayor riqueza.

Decididamente la mayoría de los pobres hace su mejor esfuerzo por sostener sus ideales. Saben que el trabajo, el esfuerzo, el defender lo suyo es lo que deja la luz encendida para que se presente algún día la oportunidad de salir del pantano.

Lo otro, el acceso al dinero sin sacrificio, el prestarse a la esclavitud a la que invita a diario el clientelismo, es ceder en sus convicciones. Algunos han vulnerado ese umbral y hoy son carne de cañón de los perversos personajes del presente. Terminarán en una cárcel como delincuentes, o tal vez solo sigan deambulando por las calles sin mas, pero de lo que estamos seguros, es que se trata de lo peor de nuestra sociedad.  Intentar quedarse con lo ajeno, pretender que la sociedad toda los subsidie y se ocupe de lo que no pudieron no dignifica a nadie. Ser pobre y ser miserable son cosas bien distintas aunque algunos sigan confundiendo conceptos. Definitivamente no tiene que ver con la ausencia de recursos materiales, sino con aquellos, que son los menos, que abandonaron para siempre los principios morales independientemente de sus posibilidades económicas y que han pasado a ser parte de esa miseria que deshonra.


Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
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