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viernes, 19 de junio de 2015

RAÚL SANZ MACHADO, ¿A QUIÉN SE DEBE LA FUNDACIÓN DE BOLIVIA…?

A los 190 años de la fundación de Bolivia, consagrada en el Acta de Independencia del Alto Perú, firmada en Chuquisaca el 6 de agosto de 1825, es digno de reconocimiento, los méritos del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, a quien se debe la iniciativa de esta obra emancipadora, no obstante las disidencias con El Libertador Simón Bolívar. El glorioso triunfo de Sucre en la Batalla de Ayacucho que otorgó la libertad a Perú y extirpó el poder español, en diciembre del año anterior, tuvo pronta resonancia en la región del Alto Perú, donde soplaban inquietos aires de autonomía, se produjo el natural entusiasmo de sus moradores, fruto de la esperanza emancipadora. Sucre escuchó el clamor, midiendo con prudencia las posibles consecuencias que un pronunciamiento separatista podrían generar en el virreinato del Río de La Plata, aunque desde los tempranos tiempos del régimen colonial hispánico, las poblaciones de La Paz, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca eran territorio peruano y  la voluntad manifiesta de sus pobladores, la autonomía.

Sucre, ante las exigencias de sus ciudadanos, además de la autoridad discrecional de la cual estaba investido, por delegación expresa de Bolívar, asumió sus atribuciones como General de División de las fuerzas colombianas en Perú. En tal virtud, Sucre, no dudó en adoptar la decisión que consideró pertinente y oportuna. El 7 de febrero de 1825 entró en La Paz, en medio de entusiastas aclamaciones y el día 9, redactó y firmó el histórico decreto para convocar la Asamblea de las provincias del Alto Perú y decidir el destino que conduciría a la fundación de la nueva República.  Así se lo comunica a El Libertador quien se hallaba en Lima, pero… Bolívar, dotado de poderes dictatoriales, y no exento de las debilidades del ego, reaccionó enérgico, desaprobando la iniciativa de su leal subalterno: “Ni usted ni yo  –le dice– ni el Congreso mismo del Perú, ni de Colombia, podemos romper y violar la base del derecho público que tenemos reconocido en América. El Alto Perú es una dependencia del virreinato de Buenos Aires. Llamando usted a estas provincias a ejercer su soberanía, las separa de hecho, de las demás provincias del Río de La Plata.  Hay que recordar que la iniciativa a ejercer su soberanía, fue de las provincias, no de Sucre, quien atendió el clamor con idéntica justificación a la asumida por el Congreso de Caracas en 1811, después de la expresión bolivariana de: “¿…300 años de calma no bastan…?” 
Venezuela no pidió permiso a España para asumir y ejercer su soberanía; la conquistó después de 10 años de sangre y sacrificios. Ante el Decreto de Sucre, Bolívar agrega, en ácido reproche: “…convenga usted conmigo, aunque le duela su amor propio, que la moderación de usted le ha dado un paso que jamás pudo ser más lento.  Lo que a mí me hacía dudar y por lo mismo no resolver, lo juzgó usted muy sencillo y lo hizo sin necesidad… primero porque el país no se había libertado, segundo, porque un militar no tiene que meterse sino en el ministerio de sus armas y tercero, porque no tenía órdenes para ello”.  
Si ello es así, ¿cómo explicar el Bolívar estadista, político, pensador, constitucionalista? ¿Cómo explicar el Bolívar de la Carta de Jamaica, del Manifiesto de Cartagena y del Discurso ante el Congreso de Angostura?  Y en cuanto al regaño de que “no tenía órdenes para ello”, valga la firme y respetuosa repuesta de Sucre: “Mil veces he pedido a usted instrucciones respecto al Alto Perú y se me han negado… tomé el camino más noble y generoso que fue convocar la Asamblea General de las Provincias… en mi triste opinión encuentro haber hecho un servicio al país a Buenos Aires y a la América…”.  
Al reconocer el gobierno de Buenos Aires las legítimas aspiraciones de las provincias, Bolívar  rectificó su criterio. Instalada la Asamblea el 10 de julio de acuerdo con la convocatoria expedida por Sucre, ésta fue reconocida por los altoperuanos, como base del acto jurídico que dio a luz la República de Bolívar, mediante el Acta de Independencia firmada en Chuquisaca –ciudad capital Sucre- el 6 de agosto de 1825.
Según el proceso emancipador de los países de América meridional, en 1819, el Departamento de Venezuela –conocida como 3ª República-, se incorpora a Nueva Granada incluyendo la provincia de  Quito y Panamá, para integrar la Gran Colombia. El 7 de agosto del mismo año, Bolívar derrota a los españoles en la Batalla de Boyacá  y dos años después en junio de 1821,  Bolívar logra el triunfo sobre las fuerzas realistas en la batalla de Carabobo y con ella, extirpa el poder español en ambos departamentos. 
Sucre, por su parte, logra la independencia del territorio ecuatoriano con la victoria en la batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822. El 10 de agosto se consagra como República de El Ecuador y se integra a la Gran Colombia. Con el triunfo de Ayacucho, por Sucre, se produce la emancipación de España en la América meridional y tres años después completa la obra con la fundación de Bolivia. Históricamente Bolívar concibe la obra emancipadora integral, mientras Antonio J. de Sucre la realiza en Perú y Bolivia. Honor a quien honor merece.
Raul Sanz Machado
rsanzmachado@gmail.com
@rsanzmachado

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lunes, 11 de mayo de 2015

PEDRO SEGUNDO BLANCO , ¿CUMANÁ ESPERA LAS OBRAS?


Con motivo del 220 aniversario del natalicio del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre y de los 499 años de Cumaná, el gobierno Nacional en concordancia con la gobernación del estado Sucre y la Alcaldía del Municipio Sucre, organizaron sendos eventos que fueron transmitidos en cadena de radio y televisión, donde anunciaron a los Sucrenses la inversión de más de 5.000 millones de bolívares, para la ejecución de 43 obras destinadas a transformar a Cumaná y prepararla para la celebración de sus quinientos años de fundada, hecho histórico que celebraremos el próximo 27 de noviembre de este año 2015.

El parque Ayacucho fue el escenario seleccionado por los protagonistas, para hacer los anuncios; y al ritmo del ¡Ay Cumaná quien te viera y por tus calles paseara! por el gobierno Nacional el vocero principal fue el vicepresidente de desarrollo del socialismo territorial señor Elías Jaua, quien en compañía de algunos ministros, del gobernador Luis Acuña y el alcalde David Velásquez, fue el encargado de anunciar la construcción de 14.571 viviendas, de las cuales 3.737 se construirían y entregarían de manera inmediata a familias cumanesas, remodelación del casco histórico de la ciudad, culminación de la biblioteca de la UDO “décadas en proceso de construcción”, recuperación y rescate de las riveras del río Manzanares, construcción de un terminal extraurbano de pasajeros, construcción de terminales interurbanos, rehabilitación de la cúpula de la iglesia de la patrona de Cumaná Santa Inés, ampliación y optimización de la red de generación y distribución eléctrica, mejoramiento de las redes de aguas servidas y agua potable, puesta en funcionamiento de la unidad oncológica y el quirófano del hospital Antonio Patricio Alcalá, boulevard turístico en la Av. Arístides Rojas, monumento de doce metros de altura alusivo a los 500 años de la primogénita, terminación del mercado de la economía informal, ahora llamado por el gobernador mercado de los “colibríes”, adecuación de la sede de la orquesta sinfónica de Sucre, plan integral de asfaltado y alumbrado público, empalmes y conexiones entre la avenida cancamure con la autopista Antonio José de Sucre y la avenida Andrés Eloy Blanco con sus respectivas redomas, embellecimiento de espacios públicos y de las plazas Bolívar y Pichincha, entre otras obras que la ciudad cumpleañera, vería realizadas en el marco celebrativo y para concluir prometió declararla capital de la República el próximo 27 de noviembre. 
Colmado de alegría por las promesas hechas por Jaua, el gobernador de la Entidad acuñó, como su apellido lo indica, la frase “hacer es la mejor manera de decir”; pero cuando ya transcurre el mes de mayo y no se observan inicios ni avances en la gran mayoría de las promesas hechas por los gobernantes antes señalados, me corresponde llamar la atención sobre el tema, porque lejos de realizarse las obras y resolverse los problemas, conseguimos que estos se han agravado, como el caso de los apagones, los desechos sólidos, las cloacas y el suministro de agua y si a estos sumamos la inseguridad y la violencia que se adueñaron de Cumaná, entonces no queda otra conclusión que afirmar, que el rosario de proyectos y programas anunciados, correrán la misma suerte y destino, que el famoso, pero fallido eje Orinoco-Apure, que tanto promocionó el fallecido Hugo Chávez.
Señor Gobernador Acuña, Señor Alcalde Velásquez, hasta cuando desidia, ocúpense de trabajar y presionar para que se hagan realidad las obras de los 500 años, están a tiempo de cumplirle a la tierra del Mariscal y del bardo Cumanés Andrés Eloy Blanco, porque de no ser así, los cumaneses y cumanesas, no les perdonarán un nuevo engaño.
Pedro Segundo Blanco
Petersecond1@hotmail.com
pedrosegundoABP

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viernes, 6 de junio de 2014

JOSÉ MIGUEL SALAS MEJÍAS, EL ABEL DE AMÉRICA Y SU ETERNIDAD.

Para entender las razones que llevaron, al asesinato del Mariscal Antonio José de Sucre, conviene examinar someramente la situación que atravesaba “Colombia”; poco antes de decidirse su desintegración.


Por lo menos desde 1826 era una aspiración bastante generalizada entre las élites políticas y militares de Colombia, Venezuela y Ecuador. Por eso eran extraños los movimientos de oposición a partir de esos años entre 1827, 1828  hasta 1830 en contra del Libertador Simón Bolívar.

Sucre, era partidario de conservar la integridad colombiana, apoyando el proyecto de redactar una nueva constitución que confiriera a cada territorio la potestad confederativa que garantizara la propiedad, la libertad y que diera a los ciudadanos garantías efectivas del cumplimiento de las leyes.

En noviembre de 1829, Sucre partió de Quito a Bogotá, investido como diputado por la Provincia de Cumaná del Departamento de Venezuela, al Congreso que debería reunirse para decidirse el destino de  Colombia. El 20 de enero de 1830, se instala el llamado “Congreso Admirable”, teniendo como Presidente al Mariscal Sucre. Allí tuvo la oportunidad de dar a conocer sus ideas y de recomendar al Libertador que no renunciara a la Presidencia de la República, hasta que el Congreso no aprobara la constitución y nombrara los magistrados.

Conocida en Bogotá, la resolución del movimiento llamado: “La Cosiata” de separarse de la República, el Congreso nombró una comisión integrada por los siguientes: El general Sucre, José María Estévez, Obispo de Santa Marta y a la Vicepresidente de dicho Congreso y el diputado Francisco Aranda. Los comisionados debían comunicar, al gobierno venezolano las resoluciones acordadas a favor de mantener su integridad.

Ante la negativa de impedir, el paso los comisionados más allá de la Grita, éstos optaron por regresar a la Villa del Rosario de Cúcuta y esperar la llegada de los enviados de Venezuela, que ya formaban parte del movimiento separatista, entre ellos: El general Santiago Mariño, Martín Tovar Ponte e Ignacio Fernández Peña.

Realizadas las conversaciones, entre el 18 y el 21 de abril de 183, sin llegar a resultados concretos, los comisionados emprendieron, el regreso a Bogotá, a donde arribaron el 05 de mayo de ese mismo año. En Bogotá, Sucre se enteró de la proscripción hecha contra Bolívar y de él como su heredero político, todo lo cual desengañó y llevo a reafirmar en su retiro de toda actividad pública, para dedicarse a su vida familiar al lado de su esposa Mariana Carcelén y Larrea y de su pequeña hija Terezita.

  Existen pruebas suficientes de que fueron, los enemigos políticos del Libertador y de todo proyecto que implicará la continuación de la unidad colombiana, quienes planearon y encargaron al general José María Obando, Comandante General del Cauca para realizar, el asesinato del Mariscal Sucre. Para ese entonces se reunía un grupo conspirador en Bogotá integrado por: Manuel Antonio Arrublas, Ángel María Flores, Vicente Azuero, Luis Montoya, Genaro Santa María y otros.

Ellos se proponían disolver la Unión de Colombia y crear de la Nueva Granada una República independiente que llamaría “Estados Unidos de Colombia”. Esto a toda costa, así tuvieran que usar la fuerza o eliminar las personas necesarias.
Para ese entonces, el general Juan José Flores, recién encargado por una asamblea del mando supremo de Quito, temía que con la llegada de Sucre, la Asamblea Constituyente próxima en ese momento a reunirse, nombrara al Cumanés Presidente de la República en Ecuador. Por tal razón estuvo de acuerdo con la acción y planificación por Obando, para no dejar salir a Sucre con vida de la Nueva Granada.

El 13 de mayo de 1830, el Mariscal Sucre salió de Bogotá acompañado por 06 personas, las cuales fueron las siguientes: EL diputado por Cuenca Andrés García Téllez, el Sargento de caballería, Ignacio Colmenares, su asistente, el Sargento Lorenzo Caicedo, un sirviente de nombre francisco y 02 arrieros encargados de la mulas de cargas. La lenta marcha los llevó a pasar por varios pueblos y caseríos hasta llegar a Popayán a fines del mismo mes.

El día 28 continuaron, el viaje no sin antes escuchar las advertencias de varias personas, sobre el peligro que corría la vida del Mariscal si seguía la marcha hacia Pasto. Mientras tanto, ya Obando tenía las acciones previamente calculadas. Había recibido a Manuel Guerrero, emisario secreto del general Juan José Flores, planificando los hechos juntos con el general José Hilario López y el Comandante Mariano Antonio Álvarez.

Encargaron las operaciones al Coronel Apolinar Morillo quien junto a José Erazo y el Coronel Juan Gregorio Sarria, quienes llegaban de Quito al Pasto, en el sitio denominado “Salto de Mayo”, donde Erazo tenía una pequeña posada de obligada parada. Allí mismo contrataron al resto de los autores materiales del crimen: Juan Cuzco y los soldados Licenciados del Ejército: Andrés Rodríguez y Juan Gregorio Rodríguez. El plan era sencillo, esperarían a Sucre hasta matarlo con pedazos de plomos cortados con cincel que les llevó Morillo.

El 01 de junio de 1830, llegó la caravana de Sucre al pueblo de Mercaderes, el 02 de junio se alojaron en la posada de Venta Quemada en Salto Mayo, acomodándose para descansar varias personas en poco espacio. Allí encontraron extrañamente se toparon de nuevo con Erazo a quien había dejado en esa casa, por lo que entraron en sospecha.

  El día 04 de junio de 1830, partieron tempranos, adelante los acompañantes, Sucre siguió después y Caicedo se quedó en la posada, una hora después de haber salido, en el desfiladero en la curva del Cabuyal y la Jacoba, Sucre fue asesinado de 04 tiros sucesivos dirigidos a la cabeza, el cuello y el pecho.

Al día siguiente, su asistente Caicedo con la ayuda de varias personas, sepultó el cadáver en un claro de la selva denominado “La Capilla”. El día 06 de junio de 1830 desenterraron el cadáver personas enviadas por Obando, entre ellas: El médico Alejandro Floot, para verificar su fallecimiento.

Enterada su esposa por  Caicedo, del trágico suceso mando a trasladar los despojos de su esposo de manera secreta para darles sepultura en la secuela de su hacienda del Carmen bajo en Quito.

José Miguel Salas  Mejías.
Josemiguelsalasmejias1@gmail.com

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sábado, 25 de febrero de 2012

HÉCTOR JOSÉ SÁNCHEZ J: VARGAS, ALBACEA DE LA ANGUSTIA (3) TRANSCRIPCIÓN Y COMENTARIOS)

 “No era la hora de pensamiento. Era la hora de pasión. Tampoco fue la hora de acción. No es acción el simple braceo convulsivo. Un potro encabritado no realiza marcha alguna. Acción entraña ritmos complementarios, hacia un orden final. No era un fenómeno vital; era un fenómeno patológico de regresión y no un signo de aptitud para vivir. El compromiso de 1830 es un estatuto nuevo puesto al servicio de una organización vieja. Cuando no hay ni coetaneidad ni sinceridad entre el medio de acción y el pensamiento, la resultante es la pasión. El pensamiento era viejo; ya no era un pensamiento, era una premeditación; el año 48 sería un remordimiento.
Dos antípodas filosóficas estaban en presencia: la idea de Caudillo y el caudillo de ideas. En éste el nombre es lo de menos; se disuelve en la idea; es la encarnación de ella, no exterioriza valor, no alardea, no personaliza el mito de la hazaña; 1834 no es aun la hora en que Vargas arrastre multitudes, las ama y las esquiva, porque quiere salvarlas de la idolatría; es apóstol, no caudillo, en el sentido personal; no encarna la voluntad del dominio sino la voluntad de perfección.
La otra idea, la idea de Caudillo, se encarna en Páez, pero no es él quien la tremola; es una derivación natural de su mérito, de su valor, de sus heroicos trabajos; no puede enrostrársele el delito de ser famoso, de ser magnificado, de ser idolatrado. 
Quiere mandar y su derecho está escrito en los campos del sacrificio; es la bandera. Pero su abanderado es la forma civil de la voluntad de dominio.
Armados solamente de la Enciclopedia, los oligarcas no habrían podido hacer nada. El pueblo ya quería reivindicaciones: las sabía posibles creía ya en las posibilidades populares; Páez era su ejemplo; si él había ascendido, también ellos podrían ascender. Si Páez hubiera comprendido esto, su gloria habría sido igual a la de Bolívar.
Sólo los hombres de talento lo sabían, y supieron utilizarlo. Sin Páez, ellos no tendrían pueblo. El pueblo desconfiaba de ellos; eran ellos los  que pagaban con fichas o escapularios; ellos eran los godos; si por ellos hubiera sido, con España se habría quedado siempre el pueblo. El pueblo amó la Independencia en Boves, en Páez, surgidos de la nada, en Bolívar, que supo consustanciárseles, gritando: “españoles o criollos” y dormir con ellos en las siestas calientes y en las noches del páramo. Los oligarcas sabían todo eso; porque ellos eran la única conciencia compacta.
La voluntad de dominio no venía de 1828, ni aun de toda la guerra, venía de la hora en que la Conquista se convirtió en un mero sistema de aprovisionamiento al servicio de una Hegemonía europea, desde que la Conquista perdió su sentido filosófico de mundo nuevo. Cierto es que la guerra creó una casta militar que quiso para ella todas las ventajas de la Epopeya. Cierto es también que el cambio de frente en la política de Bolívar en 1828, inspirado ciertamente en el anhelo de salvar la idea de conjunto y prevenir a Colombia del caos, fue un error funesto, de resultados contraproducentes, que avivó los rencores regionales a la vez que separaba. En Bolívar, la política tenía una entraña de candor platónico. El concepto del Poder Moral, la idea del senado hereditario, revelan una fe solo encontrada en el campo de la abstracción. Pero esto es una prueba de que la voluntad de dominio de su sentido despiadado estaba lejos de su intención; su errónea actitud fue respaldada por la “necesidad” de dominio, pero supeditada ésta a la sincera voluntad de perfección.
En cambio, la trayectoria de la voluntad de dominio estaba viva en los herederos del señorío colonial. Ellos estaban utilizando los elementos de la revolución burguesa de Francia; esa Revolución burguesa se produjo contra el sistema de vida feudal; pues bien, ellos, con las armas de la Revolución burguesa, estaban produciendo una pre-revolución que no iba a producir una burguesía sino, por el contrario, un régimen feudal.”
hsanchezbr@hotmail.com

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martes, 21 de febrero de 2012

HÉCTOR JOSÉ SÁNCHEZ J: VARGAS, ALBACEA DE LA ANGUSTIA (1) TRANSCRIPCIÓN Y COMENTARIOS)


ANDRES ELOY BLANCO
Por una de esas casualidades que se presentan en nuestras vidas, recientemente, vino a parar a mis manos la primera edición (1947) de la obra de Andrés Eloy Blanco que lleva por título: “Vargas, albacea de la angustia”. Se trata de una especie de biografía novelada sobre la vida del Dr. José María Vargas en la que, según mi parecer, la esencia de los planteamientos sobre los procesos de cambio social allí contenidos siguen teniendo plena vigencia en la actualidad. Debido a ello, me he animado a transcribir el extracto a continuación, el cual es una especie de diálogo imaginario que mantiene el Dr. Vargas (de 23 años) con otras personas; entre las cuales se encuentra Antoñito Sucre (Antonio José de Sucre, de 14 años).

JOSE MARIA VARGAS
“… Y cuando pienso en aquella semejanza con esa tierra, mi voluntad se encauza en un designio casi fatal: tengo que ser y realizarme como si la fuera realizando a ella en mí. Tengo que prepararme, tengo que ganar cada día más luz. Cada uno de nosotros ha de ir realizando la Patria en sí mismo, paralela en sufrimiento y perfección. Tengo que estar preparado para el pacto; y si no me alcanza la vida para verla a ella preparada, he de dejar un molde; cuando en uno de nosotros se haya realizado un ciudadano, ese ciudadano contendrá un país. La hora de este país será la hora de su más perfecto ciudadano.

─Se necesita un hombre.

ANTONIO JOSE DE SUCRE
─No! No es eso lo que he querido decir. El estado social que depende de un hombre o de un modelo, es el viejo estado indeseable. El siglo de Pericles! El siglo de Carlomagno! El siglo de Luis XIV! El poder condensado en una mano le da nombres de uno a lo que es hecho por todos. Las personalidades no hacen órdenes sociales! Son producidas por ellos. A un hombre grande lo produce la necesidad anterior y contemporánea. Asimismo se producen las grandes leyes. Antes de que ellas sean dictadas, se siente su necesidad, se clama por un ordenamiento acorde con esa necesidad; si el sistema o el gobierno se oponen a consagrar aquel anhelo general, al cabo de un tiempo más o menos largo, el gobierno o el sistema, se derrumban; la ley se produce fatalmente. Asimismo se revelan los grandes hombres.

Allí está el mar, quieto como auditorio. Han llegado a la orilla del Golfo y en un bote encallado se sientan. Ahora Vargas, de pie, cobra la seguridad del aula, tiene ya la voz del maestro y se recrea en el comentario:

─Dentro del ser físico, cuando el cuerpo se hace inapto para contener la actividad fisiológica, para actuar conforme a los deseos y conforme a las necesidades, el hombre o el animal buscan curarse, amputar el órgano enfermo. O muere. Pero si puede salvarse amputando, o adoptando un nuevo régimen, un nuevo alimento, en una palabra, una nueva economía orgánica, lo hará indudablemente. Es inútil seguir obligando a ese cuerpo a sostenerse y a producir con el mismo sistema anterior. O la muerte o el cambio. Igual cosa ocurre en el orden social. Llega un momento en que la sociedad no puede llenar su actividad, cada día más compleja, cada día más llena de necesidades, si no se cambia el régimen de alimentación, si no se extirpa el tumor que consume todas las fuerzas, si no se extrae la espina que estorba al caminar, si no se amputa el miembro que amenaza con gangrenarlo todo y se adopta un nuevo modo de moverse.

La pequeña audiencia clandestina va exprimiendo los gajos del comentario.

─Un cuerpo de la edad de piedra podía vivir con una piel y unas frutas. Un cuerpo de hoy requiere infinidad de otras cosas. La fuerza de las naciones está en los pueblos; el rendimiento de los cerebros y de los corazones está en el  bienestar de los más remotos órganos. La humanidad que vivió oscura y conforme con los sistemas feudales no podría perdurar hoy cuando los sistemas industriales, la fuerte economía de las naciones requieren el concurso de masas incontables. De los hombres sin suerte, algunos van elevándose hasta planos superiores, allí encuentran a los privilegiados; de abajo vienen ascendiendo los luchadores sin fortuna. Estos no han hecho sino procurar el bienestar de aquéllos; pero algo es evidente: que éstos producen y que la relación de su esfuerzo con su beneficio es injusta.  

Piden, claman. Es un hondo fermento en el que van debatiéndose posibilidades y distancias. Un hecho es cierto: que los señores de la tierra quieren conservar la tierra y también la absoluta disposición de los brazos y del esfuerzo de los otros. Para ello, aspiran a conservarlos en la ignorancia. El clamor es apenas un rezongo en la faena. Pero de la zona intermedia, de aquellos que fueron parias y luego alcanzaron cierto bienestar, surge la luz. Ellos supieron de la injusticia. Pero ahora han podido educar a sus hijos; sus hijos pudieron escribir o explicar a los hombres cosas apenas presentidas por ellos; la lucha se hace entonces más clara; el rezongo se transforma en voz incorporada, en pausa amenazante.

Durante años y años, aun sin que lo sepan los privilegiados, el fermento de lucha se ha encauzado. Los dueños del orden anterior pretenden, al percatarse del peligro, sostener con viejos elementos de lucha, con viejas normas, todo el sistema; entre tanto, el alma se cultiva, el comercio y el intercambio entre los pueblos exijen mayor cooperación de fuerzas, de brazos, de voluntades; la mayor parte de las fuerzas rendidoras está precisamente en el sector supeditado; la lucha sigue, sorda; el orden ya caduco quiere meter entre su vieja caja la nueva vida exuberante, pretende solucionar, apretando, contener, empujando; ya no entiende cómo aquel organismo está clamando por un nuevo alimento.

De un lado, la humanidad es otra, nueva, fuerte, crecida en rendimientos y en necesidades, en ciencia y en voluntad, en pensamiento y en acción; del otro, el sistema social permanece inmóvil; el mundo pide trajes nuevos, leyes nuevas. Para los dominadores, la defensa de sus privilegios es la forma exacerbada del instinto de conservación; toda la tierra, todo el zumo del trabajo ajeno, para ellos. La lucha es larga, sorda. Es la lucha social. En sus últimas etapas, empieza a producirse el método y la ciencia de la lucha en los supeditados. Es el estudio.

El hombre preparado sale al frente, a ser guía, a ser iluminador. Pero él no ha sido sino un producto de la hora; en él se vacía toda la aspiración, en él se hace ciencia. El pueblo hace su autorretrato; es el filósofo, copia exacta de la hora de evolución de la sociedad. Es la mejor célula del pensamiento popular que lo dio, que lo sudó, que casi lo lloró. Flor de la hora, él no es la raíz. La raíz está, amarga, en la entraña social que busca, horadando piedra y siembra vieja, florecer y frutecer a la vida nueva.

Hasta que la costra se rompe, la espina salta del pie caminador, la mano tira el viejo traje y por los campos corre la nueva ley que va a regar el árbol en cuya copa florece el hombre de la hora.

La lucha sorda y tarde va preparando la explosión de la lucha política. Mientras tanto, ella va dando de sí sus elementos, sus mártires, sus apóstoles, sus filósofos, sus capitanes. Pero estos no producen el problema; el problema los produce a ellos.

─Es idiota la actitud de los dominantes cuando, al producirse una agitación, como en el caso de Don José España, eliminan a los cabecillas y creen ya solucionado el asunto, pensando que son ellos la fuente de la agitación. Ellos son la flor del árbol social; y están también en la raíz. Cuando pienso en aquella semejanza mía, he de pensar que en la raíz estoy, amargo y he de hacer, hasta la flor, el mismo camino que la tierra ha de hacer. Por eso he dicho que para hacer la Patria, cada ciudadano ha de ir siendo ella y realizando en sí la ascensión fatal que hará ella. Muertos estaremos todos cuando la Patria llegue a la hora de nosotros. Pero aun entonces se dirá que ella nos hizo en el momento en que su entrañable fermentación humana estuvo a punto de transformación y reclamó el alumbramiento.

─La independencia… ─insinúa Illas.

─Vendrá. Está a punto de llegar. Pero todavía faltará mucho; mucho calvario y mucho coloniaje dentro de la misma Patria Libre.


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