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jueves, 26 de abril de 2012

ANDRES URDANETA CLASE DE HISTORIA DE VENEZUELA PARA EL PRESIDENTE DE LA VENEZUELA BOLIVARIANA EN CARTA IMAGINARIA DE JOSE ANTONIO PAEZ

Esto dijo Chávez:  “Voy a quitar a Páez de mi despacho. No voy a destruir la obra porque es de Tito Salas, pero no merece estar en el despacho presidencial junto con Bolívar y Sucre, fue un traidor”  15 de octubre de 2006  “Nos enseñaron a admirar a Páez y a Gómez. Se hablaba del Benemérito General Gómez…Y del León de Payara…León para la oligarquía… grandes traidores de nuestra historia”  28 de diciembre de 2006.  “No hay corrupto del tamaño de José Antonio Páez y lo tenemos aquí en el Panteón, la oligarquía lo trajo aquí al Panteón claro y lo sembró aquí, no debería estar aquí, desde mi punto de vista, el traidor José Antonio Páez”  
CARTA IMAGINARIA DE PAEZ
17 de diciembre de 2006 Querido Hugo:
Es un placer dirigirme a tí en la oportunidad de aclararte algunas situaciones que al parecer fueron las que te obligaron a pensar en retirar mis restos del Panteón Nacional, donde descansan en sana paz desde el 19 de abril de 1888. Hugo, quiero saber por qué me echas esa broma a mí, tu paisano, recuérdote que nací en Curpa, provincia de Barinas (que algún divisionista convirtió en Portuguesa), el 13 de junio de 1790. 
Yo, al igual que tú, era un pata en el suelo, hasta analfabeta, porque no tuvimos ni el Acude de la cuarta ni mucho menos tu Misión Robinson, pero lo que si puedes tener por seguro es que fui un verdadero patriota, que amaba a mi país, que luchó por la libertad de los venezolanos, por deshacernos del yugo de esos españoles que nos maltrataban y explotaban.  
Yo, Hugo, no entré en ninguna escuela militar para que me dieran el comando de un batallón de paracaidistas como a tí. Yo tuve que convencer a campesinos, vegueros y cuanto bicho de uña se me presentaba para que formaran parte de mi ejército. Luego tuve que parir recursos para vestirlos, armarlos y darle bastimentos para que fueran a dar la vida por la Patria.  Créeme, yo hacía eso por iniciativa propia, ni conocía a Bolívar. Fue el 30 de enero de 1818, en el Hato Cañafistola, cuando, por fin, lo conocí. Él venía de Angostura, ejecutando la Campaña del Centro, y nos pusimos de acuerdo para la prosecución de las operaciones contra el ejército del general realista Pablo Morillo, que nos cargaba azotaos, y debo confesarte que prácticamente tuve que echarle pichón yo solo, incrementando mi ejército y ganándome los méritos y el concepto de El Libertador, con quien nuevamente me reuní el 28 de abril de 1821 para iniciar los preparativos de la Campaña de Carabobo. 
Me tocó a mi echarle pichón para incrementar mi ejército y salir de Achaguas el 10 de mayo, y a caballo (no en aviones y helicópteros VIP, como tú viajas) para incorporarme en San Carlos al Ejército Libertador.  
Por fin, el 24 de junio del mismo año libramos la Batalla de Carabobo, y debe ser que como yo tenía fama de bravo, me pusieron al mando de la primera división, o sea, la que puso el pecho, conmigo al frente. Yo no me metí asustado en museo militar alguno ni nada por el estilo para mandar a mis lanceros… 
Ah, después que ya yo había vuelto leña a los realistas fue cuando mandaron a la segunda, dirigida por el general Manuel Cedeño, pero sólo fue para que los rematara.  
Así que Hugo, la batalla la gané fui yo y la mejor prueba de ello fue que en ese mismo campo de batalla Bolívar me ascendió a General en Jefe, o sea, que esa independencia que tú celebras y que disfrutas hoy, me la debes a mí, quien fue el que se quemó el pecho peleando y arriesgó el pellejo ¿Y tú no crees que esos son suficientes méritos para estar en el panteón? No seas mal agradecido…  
Bueno Comandante, yo entiendo que Bolívar, como lo derrotaron en Venezuela, tuvo que huir a Colombia, y entiendo que los colombianos lo querían mucho ya que les dirigió su independencia, y que desde ahí mismo mandó a Sucre a liberar a Ecuador, a Perú, a Bolivia, pero de eso a querer hacernos a todos colombianos, pues, no se lo podíamos permitir, 
¿Por qué no hizo la Gran Venezuela en vez de la Gran Colombia? Ah no, no sé qué pepera tenía Bolívar con ellos, porque nos quería imponer esa Gran Colombia,ah, y fíjate que hasta el Vicepresidente era el colombiano Santander, no, que va, no nos la calamos, así que iniciamos en abril de 1826 “La Cosiata”, y rompimos relaciones con el gobierno de Bogotá, mas no con Bolívar, y planteamos la separación de Venezuela de la Gran Colombia. Sin embargo, no nos separamos, y disciplinadamente obedecí a Bolívar cuando regresó del Perú y asumió en Bogotá la Presidencia de la República, pero no, aquí los venezolanos no nos convencíamos, nos negábamos a ser colombianos y sin enfrentarme abiertamente a El Libertador tuvimos que desconocer la autoridad de los órganos de Bogotá y consumar la separación de Venezuela de la Gran Colombia a mediados del 27. 
O sea Hugo, que si yo no hubiera hecho eso, hoy no hubiera Venezuela, hoy tú serías colombiano y lo peor, tú no serías Presidente, sino un caliche más.  Entonces reconócelo, me debes el país y tu Presidencia a mí, entonces, ¿por qué me echas esa broma? Mal agradecido. 
Otra cosa que tú me debes Hugo, es la democracia, porque yo no era profesional universitario, pero leía mucho y conocía lo que se hacía en otros países para gobernarlos, me dejaba asesorar y así, el 24 de marzo de 1831, fui electo primer Presidente Constitucional de Venezuela y con mas porcentaje que tú, por 136 votos de los 158 sufragantes surgidos de las asambleas electorales. En este primer gobierno, me tocó organizar el Estado con medidas administrativas en materia de impuestos, inmigración, liberalización del crédito, educación, orden público, y asuntos internacionales.  
Me tocó difícil, hasta me tocó enfrentarme al Arzobispo de Caracas, nuestro paisano Ramón Ignacio Méndez, y enfrentar el alzamiento de los generales José Tadeo y José Gregorio Monagas (el primero con el pretexto loco de restituir la Gran Colombia y el otro con la locura de la autonomía de un Estado Oriental), pues, y no tuve que meterlos presos, ni matarlos, ni nada de eso, pude conciliar con ellos y resolver el problema. 
Pues como yo no tenía control del CNE, ni del TSJ y mucho menos de la Asamblea Nacional, no pude reelegirme, y así en 1835 tuve que entregar el poder a José María Vargas, como lo hace un demócrata, y no me quise perpetuar en el poder como al parecer tú quieres hacerlo.  
En 1838 fui legalmente electo para una segunda presidencia que asumí el 1 de febrero de 1839 y me ocupé de la educación, el crédito exterior, y el mono de deuda pública contraída por la antigua República de Colombia, y para que no creas esa paja que te han dicho de que yo era enemigo de Bolívar, es bueno que sepas que fui yo quien comenzó a solicitarle a Colombia la posibilidad de retornar los restos mortales de El Libertador y ponerlos en el Panteón del cual me quieres sacar.  
Así, sin chimbear resultados, ni infectar el REP, en enero de 1843 entregué la presidencia de la república al general Carlos Soublette, eso como una demostración de que era un verdadero demócrata y que no tenía ni tuve odios contra nuestro Libertador, sólo diferencias. 
Ahora, tú no eres quien para quitarme lo bailao, para despojarme de mi lugar en la historia, y fíjate que el 13 de julio de 1867, el Gobierno de Venezuela me expidió el título que me acreditaba como “Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana”.  
Ahora Hugo, no se por qué tú me acusas de oligarca, de corrupto, de que me aproveché de los dineros públicos, de veras que eres un difamador. ¿Qué pretendías tú?, que luego de todo lo que luché en mi vida, de ser General en Jefe, presidente de este país por tres períodos, de darle realmente la independencia a los venezolanos y hasta luchar en la federación, ¿pretendías que después de todo eso muriera arruinado como un perro en la calle? Pues, tienes que entender que aquí hubo haberes militares y que se nos permitió a todos los que nos jodimos en guerra desarrollar una pequeña fortuna. 
Tú y tu familia son el mejor ejemplo… ¿No has visto como viven ahora todos los que salieron de allá, de tu humilde casita de la avenida Carabobo de Barinas?, ¿no les has visto las prendas de oro en sus manos y pies, en los carros que andan, en las casas que viven, como se visten?  
Hugo, y vete tu mismo, el súper avión que te compraste, los helicópteros VIP que encargaste, tus relojes, tus gastos en trajes y zapatos multimillonarios, los viajes y lujosos hoteles donde llegas. Ves que eso es muy bueno, pues, no chico, lo que es bueno pa’l pavo es bueno pa’la pava. Además, ¿que fortuna? Es que acaso tú ves que los Páez son los oligarcas de Venezuela, no, los Páez están pelando, así como tú tienes a la gran mayoría de los venezolanos y eso porque no les dejé real. Así que no seas injusto.  
Mira cámara, no seas tampoco mal agradecido, no te perdono que tus jala mecates hayan blasfemado el sitio donde reposaba la casa de mi mujer Dominga Ortiz de Páez allá en la Calle Bolívar de la ciudad de Barinas, lugar donde construyeron una plaza con mi nombre y fue erigido mi busto, obra de un artista paisano tuyo. Pues, tus vándalos seguidores, esos ignorantes de este país, quienes hambreados son los únicos que te pueden seguir, dañaron el busto y pintaron mi cara en azul y también quitaron todo el adorno de luces navideñas que había sido colocado en la misma, dejando a todos los vecinos del sector sin Navidad, por tus ridiculeces.  
Fue la única plaza en la ciudad a la cual no se adornó y lo más ridículo fue que ahora van a cambiarle el nombre a todo lo que te recuerde a mí, cuando la historia de Barinas es mi historia. Recuerda, el que escupe hacia arriba le cae la saliva. No sigas sembrando odios, pariente, tú vas a salir de esa presidencia algún día, porque el poder es efímero, no te creas que vas a ser el nuevo Fidel de América, Venezuela no es una isla y a tí no te quiere la mayoría de los venezolanos.  Fíjate en mi, cómo después de todo lo que hice, algunos malagradecidos me metieron preso, me sacaron del país tres veces y tuve que ir a morir el 6 de mayo de 1873 en el olvido, lejos de la patria, en Nueva York, allá en eso que tú llamas el imperio, en los Estados Unidos. Cónchale, chamo y el país gastó un dineral para repatriar mis restos y sepultarlos en el Panteón Nacional, para que, por una puntada de rabo, tú vengas a querer borrar casi 200 años de historia. No jile. Finalmente te recomiendo que “no le hagas a nadie lo que no te gustaría que te hagan a tí” porque vas a terminar peor que tu pana Hussein. ¡Caracha, negro!  
José Antonio Páez  Misiva imaginaria del Tcnel. (GN) Jesús González Cazorla defendiendo el papel del “Centauro de Los Llanos”.

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PACIANO JOSÉ PADRÓN VALLADARES, ESTADO DEPRAVADO

El que hoy tenemos es un despropósito, un Estado depravado como lo evidencia una vez más Aponte Aponte, coronel y magistrado (así, con minúscula). Si el hombre es libre -tal como lo es por derecho propio- lo único que justifica la existencia del Estado y su fuerza coercitiva es garantizar los Derechos Humanos de todos los ciudadanos. 


El Estado no existe para servirse a sí mismo, sino para servir a los hombres y garantizar la igualdad, para que nadie abuse en detrimento de sus congéneres, para hacer justicia, no para someter, humillar, cercenar las libertades y conculcar los derechos. El artículo 3 de la Constitución reza “El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona”. El Estado depravado que hoy tenemos en Venezuela no es el que la Constitución consagra.
Lo mejor que han tenido las deplorables declaraciones del coronel magistrado es que -aun si decir nada que no supiéramos- nos golpea violentamente, nos da una bofetada que despierta (y es muy importante que despertemos) al poner de bulto sobre el tapete, de un solo golpe, las verdades de un régimen sometido a la voluntad de un solo hombre, del cual todo depende: él legisla, él gobierna, él mueve el brazo de la justicia.  Nada ocurre bajo el cielo de Venezuela si no ha recibido su visto bueno; de lo contrario, su furia se disparará contra quien será llenado de epítetos que bien conocemos.
Montesquieu -de los primeros en resaltar la imperiosa necesidad de la separación de poderes- escribe en el siglo XVIII: “Cuando los poderes Legislativo y Ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona, entonces no hay libertad, porque es de temer que hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo. Así sucede también cuando el poder Judicial no está separado del poder Legislativo y del Ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor. En el Estado en que un hombre solo administrase los tres poderes, todo se perdería enteramente”. Exactamente lo que hoy ocurre en Venezuela, ¿o no?
El militar magistrado confiesa que hay presos políticos y que las sentencias son dictadas desde Miraflores, a través del despacho del Vicepresidente; desenmascara sentencias tomadas “desde arriba” y menciona casos concretos, los paracachitos, el diputado Mazuco y la juez Afiuni, entre otros; divulga que el nuestro es hoy un narco-Estado dominado por el “Cartel de los Soles”, corriendo el velo que muestra narco-complicidad de militares, jueces y altos funcionarios.
Que todos los funcionarios tengan en cuenta que constitucionalmente “El ejercicio del Poder Público acarrea responsabilidad individual por abuso o desviación de poder o por violación de esta Constitución o de la Ley”, de modo que el que “la orden vino de arriba” no exculpa al transgresor”.
Que los jueces recuerden el 254, artículo constitucional que establece la independencia del Poder Judicial, al que se le garantiza “autonomía funcional, financiera y administrativa”; que no olviden los jueces y magistrados que “Con la finalidad de garantizar la imparcialidad y la independencia en el ejercicio de sus funciones… no podrán llevar a cabo activismo político partidista, ni realizar actividades privadas lucrativas incompatibles con su función”, ni siquiera “podrán asociarse entre sí”. Todo esto evidencia la aberración confesada por el militar-magistrado.
El Estado depravado debe abrir puertas al Estado promotor, al que la Constitución estipula “como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad”. Pa’llá vamos, hay un camino.
Twitter: @pacianopadron

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ASDRÚBAL AGUIAR, HA MUERTO LA REPÚBLICA

De los crímenes oficiales que éstos confiesan habla entre dientes el pueblo llano
Y pensar que el enfermo quien ocupa el Palacio de Miraflores se alza en armas, en 1992, arguyendo ante sus compañeros y subalternos la corrupción que mina a las FFAA y arropa, según él, al aparato gubernamental de entonces!
Pero desde 1999, cuando pacta un modus vivendi con el narcoterrorismo colombiano, de suyo predica su voluntad de empantanar a la nación que lo elige gobernante y promete refundar políticamente. Los efectos ominosos de tan perversa empresa, eso sí, los disimula tras la andanada de improperios que dirige contra quienes tacha como enemigos de la patria y su revolución: presos, exilados, expropiados, destituidos, asesinados. Logra que la mirada escrutadora de la opinión voltee hacia el ruido de sus petardos, sin escarbar a fondo. Y así corre la década y un lustro más.
La división que acomete con obsesa dedicación entre los venezolanos le es propicia. Mas la mentira, el engaño, la felonía como política de Estado, en buena hora y como lo muestra la experiencia de la historia occidental, tiene los pies de barro. No hace falta el tino de un opositor, sino la fractura de la confianza entre los socios de una mafia transformada en política de Estado. Basta el final anunciado del gendarme todopoderoso -le ocurre a Hitler, a Mussolini, a Somoza, a Pinochet, y al mismo Perón- para que sus huestes se caigan a dentelladas. Como siempre y como también ocurre entre gente honorable -propio de las miserias humanas- en la hora postrera de un todopoderoso y la distribución de sus haberes entre los sucesores pretendientes, no caben miramientos o lealtades.
Las declaraciones dadas a la prensa, primero por el ex-Fiscal General de la República y actual embajador en Roma, Julián Isaías Rodríguez Díaz, y luego por el traicionado coronel y cabeza de la justicia penal venezolana, Eladio Aponte Aponte, son desdorosas, causan asco como me lo espeta un hombre de pueblo, pero desnudan la trama explicada y en evolución. Muestran en su crudeza el lado mefistofélico del régimen militar y marxista que hace de Venezuela su presa predilecta en pleno siglo XXI. Nada de lo que dicen es inédito. De los crímenes oficiales que éstos confiesan habla entre dientes el pueblo llano, desde hace rato. Pero ahora escandalizan pues revisten de certidumbre hechos que en el fondo todos anhelamos fuesen meras especulaciones. E irrita el argumento cínico de ambos, sin pudor, de la solidaridad o la obediencia debida al dictador enfermo. De modo que, si acaso alguien muere en La Habana, antes se consuma la muerte moral de la república.
El ex-Fiscal dice saber desde un mes antes acerca del 11 de abril de 2002 y su trágico desenlace. Él y el enfermo ausente comparten y departen al respecto, acompañados de los militares "fieles" a la revolución. Optan por no aminorar o hacer desaparecer a tiempo el riesgo conocido, con medidas jurídicas o de alta policía oportunas. Prefieren que la vorágine tome cuerpo y concluya en la Masacre de Miraflores. Nada valen 20 muertos y un centenar de heridos de bala ante la urgencia de pavimentarle el piso al narco-Estado en formación. Se explican, pues, por concordantes las declaraciones del propio Isaías y el juez Aponte Aponte, el perdón de los pistoleros de Puente Llaguno, la injusta condena de los comisarios, y también, probablemente, el asesinato del fiscal Danilo Anderson, por acusador y perseguidor de los primeros.
¡Y el inefable Aponte, ahora víctima como se dice de la misma regla de "injusticia" con la que mide obediente a quienes estorban en el camino hacia esa V República coludida con la criminalidad de Estado, es apenas una guinda! Pero cuesta digerir el torrente de fetidez que brota de sus labios al confesarse ante la DEA, despertándonos a los venezolanos de ese letargo que nos lleva incluso a aceptar, como si nada, el asesinato de 19.000 compatriotas cada año; víctimas -no cabe duda- de la gran cárcel de El Rodeo en que deriva todo el territorio nacional, gobernado por "pranes" y cooperadores en el negocio más corruptor de voluntades que conozca la Humanidad.
Si en algún rincón de sus inconsciencias les queda algo de conciencia a estos personajes, generales, coroneles, líderes y legisladores pro cubanos, jueces y fiscales del horror señalados por Aponte y su amigo Walid Makled, cabeza del narcotráfico revolucionario, mejor les vale ponerse de lado a tiempo; mientras las generaciones del porvenir toman el encargo de reconstituir la república y vacunarla contra la septicemia que padece. No caben opciones democráticas allí donde las mayorías deben decidir, electoralmente, entre la ley y el crimen, entre la virtud o el negocio gubernamental de los estupefacientes. Es una aberración que no soporta la moral de la misma democracia.

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EL ABC DE TULIO HERNÁNDEZ, COMUNICÓLOGO, ESCRITOR Y PROMOTOR CULTURAL, ENTREVISTAS, MANUEL FELIPE SIERRA,

En Venezuela tenemos un “Estado malandro”. Las primarias son la prueba del gran avance que las fuerzas democráticas han logrado. Está planteado un gran programa de reconstrucción nacional. El gobierno que se elegirá en octubre debe despartidizar el aparato cultural, señala el profesor universitario y columnista.
Manuel Felipe Sierra.
El analista considera que una victoria es posible, pero aún no es segura.
Tulio Hernández tiene una amplia experiencia como docente en comunicación y como promotor de actividades culturales. Además, sus columnas periodísticas semanales dejan constancia de un agudo observador del proceso político venezolano. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.
- “Todo 4-F tiene su 11-A”, según opinas. El llamado “Carmonazo” del 2002 sería tan gris y triste como el “Chavazo” de febrero de 1992.
- Tiene sus diferencias. El “Chavazo” fue más sangriento, más golpe de estado típico de militar gorila latinoamericano, más ataque por sorpresa con ganas de matar al Presidente y tuvo menos participación civil. El “Carmonazo” se apoya en una gran movilización de masas, las fuerzas militares no actúan directamente a cañonazos y metralla, los muertos se producen en un enfrentamiento de calle aún confuso, el Presidente de la República pudo haber negociado e impedirlo. Pero en esencia los dos fueron operaciones para sustituir por vía de la fuerza a un Presidente electo quebrando la Constitución.
- Sobre los llamados “sucesos de abril” quedan muchos vacíos, pero ¿piensas que la dirigencia opositora, en todos sus matices, tiene una valoración autocrítica de aquellos eventos?
- No lo sé. Buena parte de la dirigencia opositora reaccionó al comienzo con una especie de solidaridad automática que negaba la ocurrencia de un golpe y defendía la tesis del vacío de poder. Personalmente recibí muchas acusaciones violentas por haber sostenido que lo que ocurrió en Puente Llaguno fue un enfrentamiento y no una masacre y que también había muertos defensores del chavismo. También se negaba que del lado este del enfrentamiento en Llaguno se hubiese disparado contra quienes disparaban en el Puente y que la Policía Metropolitana hubiese intervenido. Pero con el paso del tiempo eso se puede verificar en muchos registros fotográficos y de video. Ahora lo que sí es cierto, es que la dirigencia opositora del presente optó por la vía democrática y, en consecuencia, las minorías de radicales, los que querían salidas fáciles ya porque desconfían de la salida electoral o porque no tienen disposición y paciencia para el trabajo político, quedaron aisladas. Es lo que Chávez, a propósito, no quiere reconocer.
- En 10 años es evidente que la propuesta autocrática del chavismo se ha fortalecido hasta el punto de configurar lo que tú en algunos de tus artículos denominas como un “Estado malandro”.
- Lo denomino “Estado malandro” para reseñar algo que genera mucha perplejidad y es que el modo de proceder del chavismo no es democrático pero tampoco es el de las dictaduras militares convencionales. Por ejemplo, hablando de libertad de expresión, en las dictaduras hay censura previa ya. Los chavistas en cambio, para controlar los medios mezclan estilos distintos de coerción: cierran unos canales de TV pero dejan otros con vida, neutralizados con el aviso de “a ti también te puedo cerrar”; organizan hordas de camisas rojas y van e intimidan a otros en sus oficinas; compran radios; aprueban leyes “tenazas”; golpean a periodistas; utilizan la cuota de publicidad del Estado para silenciar o castigar a los que hablan. Es una forma malandra de violar la Constitución más parecida al fujimorismo que al pérezjimenismo al que también se parece.
- Las primarias del 12 de febrero suponen un punto de inflexión muy importante en la estrategia de la sociedad democrática frente a la autocracia chavista, ¿piensas que ciertamente se despeja el horizonte para una victoria opositora?
- Las primarias son la prueba del gran avance que las fuerzas democráticas han logrado después de las dos grandes debacles. La que representó, primero, el derrumbe del sistema de partidos sobre el que se erigió la democracia en 1958, de la cual nos percatamos plenamente en diciembre de 1998, y la que representó, luego, entre el 2002 y el 2003, los grandes equívocos de El “Carmonazo” y el paro petrolero. Que se haya logrado unir a todas las fuerzas democráticas existentes en el país, desde Bandera Roja hasta Primero Justicia, para hacer las primarias y que hayan participado más de 3 millones de personas, es la prueba fehaciente de la existencia de una gran convicción democrática y un liderazgo que, con todas las dificultades y sus propias carencias, la ha sabido conducir. Una victoria es posible, pero aún no segura porque a pesar del desgaste del gobierno la capacidad de seducción del liderazgo carismático de Hugo Chávez aún es muy grande.
Se necesita una transición
- El regreso a la vigencia del Estado de Derecho, más allá de los resultados electorales, supone un período de transición con la incorporación del mayor número de actores políticos y sociales, ¿compartes esta tesis?
 “El chavismo se ha apropiado de una buena parte del aparato radioeléctrico”.
- Sí. Es lo que Venezuela necesita desde hace mucho tiempo. Era lo que se necesitaba cuando gano Pérez su segunda elección y cuando Caldera también lo hizo por segunda vez: gobiernos de unidad nacional para salir de una crisis que era imposible resolver sin grandes consensos. Y de alguna manera es lo que debió haber hecho Chávez si no hubiese sido poseído por ese espíritu de retaliación tan grande. Lo que está planteado en Venezuela es un gran programa de reconstrucción nacional que recoja los platos rotos de la segunda etapa del bipartidismo y las ruinas precoces –económicas pero sobre todo institucionales y morales– del chavismo. Y un programa de reconstrucción sólo se puede hacer con una gran voluntad política, mucho talento y gerencia y una amplia base de apoyo popular. Si el chavismo, que tiene una fuerza tan grande no ha podido gobernar tranquilamente el país, tampoco podrá hacer una sola de las fuerzas que compone la unidad democrática.
- Como comunicólogo ¿hasta dónde ha avanzado la llamada “hegemonía comunicacional”?
- Ha avanzado mucho. Y es una de las tres bases de sustento del régimen. Las otras dos son el liderazgo carismático de Hugo Chávez y la red de organizaciones de control social de base, a la manera de las misiones, dirigidas por lo cubanos. El chavismo ha desarrollado el más grande aparato de comunicación gubernamental que se haya conocido en América Latina. Si alguien quiere entenderlo que haga zapping por la radio que se escucha en Caracas un domingo mientras se transmite “Aló Presidente” y verificará que aunque no haya cadena son tantas las emisoras rojas que transmiten el programa que da la sensación de que estamos en cadena. El chavismo se ha apropiado de una buena parte del aparato radioeléctrico ya por compra directa ya neutralizándolo como lo han hecho con Venevisión y Televén. Además tiene sus propios diarios, como CCS, que es de reparto masivo y gratuito y dispone de la actividad comunicativa del Ministerio de Cultura que en realidad es una agencia proselitista del PSUV. Sin embargo, y aquí es bueno hilar fino, eso no significa que la capacidad de comunicación se corresponda con su alcance y su eficiencia para adoctrinar a la población. Los niveles de audiencia de las televisoras rojas, como TVES y VTV, que ya no son estatales sino de gobierno, siguen siendo muy bajos. Les pasa lo de Animal Planet, para ver ese canal hay que ser un adorador de los animales, hay que estar previamente ganado para compartir sus contenidos de lo contrario no tienen atractivo alguno. Es eso lo que explica que a pesar del inmenso poderío comunicacional, y del uso tan intenso y diario de la guerra sucia como estrategia, el chavismo no haya crecido en su base y el porcentaje de opositores se mantenga y en las fechas recientes crezca. Porque el discurso político de los medios oficiales se ha vuelto confesional, de predicadores enamorados del mito guevariano, constante promotor de la guerra, el armamentismo y el antiimperialismo. Mientras la Nueva Trova y Carlos Puebla domine el dial oficial hay esperanzas.
Despartidización cultural
- El proceso chavista ha tenido un efecto demasiado significativo en el panorama cultural, ¿cómo estamos hoy en este escenario con relación al pasado y cuáles piensas que son los retos que se le plantean a un gobierno democrático en esta materia?
- El chavismo ha hecho un gran esfuerzo por tener una gran actividad cultural. Construyó la Villa del Cine; una editorial, “El perro y la rana”, que imprime millones de títulos y casi que los regala todos; ha sabido mantener una producción de cine de calidad; creo una empresa productora de discos pero ha incurrido en dos grandes errores que lesionan estos intentos. El primero, es que traicionó su promesa inicial de hacer una gestión cultural para llevar la cultura a la gran mayoría, porque en realidad lo que ha hecho es convertir la institucionalidad cultural en un aparato proselitista al servicio del proyecto político del PSUV. Y la segunda, es que ha sido una gestión improvisada, poco profesional y muy personalista. Fíjese usted que en Venezuela no se ha hecho un Plan Nacional de Cultura como el que, con la participación de miles de personas no necesariamente seguidoras del Partido de los Trabajadores, le encargó Lula en Brasil a Gilberto Gil, un ministro de Cultura de lujo, apenas entró al gobierno. Eso es lo que explica que, una cosa fue lo que intentó hacer Alejandro Armas, el primer presidente del CONAC, otra muy distinta Manuel Espinoza, el segundo, y otra, más de comisario cultural rojo, la que comenzó con Farruco Sesto, cuyos gestos más notorios han sido la censura de artistas, el sectarismo en la asignación de recursos a instituciones, la improvisación de acciones como la ¨Mega exposición¨ que de lo mal concebidas que fueron más nunca se volvieron a hacer y el intento de desmantelar la institucionalidad cultural anterior. Sólo que se encontró con un hueso muy duro de roer, José Antonio Abreu y el Sistema Nacional de Orquestas. La evidencia del fracaso de la gestión cultural del presente es que las políticas culturales venezolanas son reconocidas en el exterior únicamente por un logro de la era democrática bipartidista, el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles.
- Ahora se trataría de volver a la cultura despartidizada y libre…
- Al gobierno que se elegirá en octubre le corresponde, primero, despartidizar el aparato cultural y ponerlo al servicio de todos los venezolanos; segundo, convertir las escuelas ubicadas en las poblaciones con menos recursos económicos en el gran centro de irradiación y encuentro cultural del país; tercero, convenir un plan de desarrollo cultural descentralizado a través de la acción conjunta entre el ejecutivo y los gobiernos locales, no importa si estos están en manos de las fuerzas de la Unidad Democrática o de la futura oposición, haciendo énfasis en la cultura de paz y la convivencia; cuarto, recuperar los grandes logros de la democracia desmantelados en estos trece años –especialmente la red de museos, la Biblioteca Ayacucho, la editorial Monte Ávila y las compañías nacionales de teatro y danza, desmanteladas antes–, ajustándolos a las nuevas condiciones nacionales y mundiales; y, quinto, devolver al Teatro Teresa Carreño y otros teatros nacionales su condición de centros culturales para todos y no su uso de teatro para el proselitismo político del grupo en el poder. Ah, se me olvidaba, y un amplio programa de uso de las redes digitales para la incorporación de los más jóvenes y con menos recursos a la creación musical, plástica y artesanal, tanto popular tradicional como latinoamericana y universal contemporánea.

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EDDIE. A. RAMÍREZ S., ANTES Y DESPUÉS DEL 2013

¿Puede Henrique Capriles realizar una campaña contundente antes del 7 de octubre  y ganar las elecciones? ¿Puede gobernar después  de lograr la mayoría de votos? ¿Qué se debe hacer para minimizar riesgos?  Estas preguntas seguramente se las habrá planteado el joven y dinámico candidato y su comando de campaña.
Todo indica que sus probabilidades de triunfar son altas, gracias a  su estrategia de reconciliación, dentro de un buen programa de gobierno cuyos lineamientos fueron aprobados por amplio consenso. El punto está en que ante un CNE parcializado que permite el abusivo ventajismo oficial y frente a grupos violentos que dificultan  el libre voto y hostigan la presencia de testigos y  recolección de las actas en Mesas ubicadas en “territorios chavistas”, las probabilidades de triunfo pueden disminuir. Un eventual triunfo de los rojos es poco probable, pero es posible, y sería mortal para la democracia. Ello obliga a reducir riesgos.
A pesar de algunas dudas,  la Fuerza Armada reconocerá el triunfo de Capriles y  quizá solo se presenten unos pocos hechos de violencia por grupos de fanáticos. El problema no es el reconocimiento y su toma de posesión, sino la gobernabilidad después de enero del 2013, cuando Henrique se encontrará con un ambiente hostil en los otros Poderes del Estado. Desde luego que su triunfo derribará algunos obstáculos, pero la tarea no será sencilla y hay que prever que tenga el mayor apoyo político posible.
Pueden visualizarse dos vías complementarias:1-Tender puentes y 2-Fortalecer el bloque democrático.  La primera es muy importante y hay que navegar  en ese sentido, con un claro mensaje de que no habrá cacería de brujas y que podemos convivir; aunque confiamos que puedan lograrse acuerdos mínimos, no todo dependerá de la buena voluntad del equipo de Capriles.
 La segunda vía sí depende totalmente del Comando Tricolor y de la MUD. La misma implica un reconocimiento de que desplazar a un régimen totalitario no es sencillo y por ello tiene que haber un pacto de transición, como plantea Manuel Felipe Sierra, más allá de los Lineamientos acordados. Un punto necesario, pero no suficiente,  es la declinación de Capriles a su legítimo derecho a la reelección. Ciertamente implica desprendimiento por parte del candidato y de Primero Justicia, pero la situación lo amerita. Esta decisión no solo le ganaría muchos votos, sino que le daría un entusiasta apoyo del resto de los actores de la alternativa democrática.
Como en botica: Agradezco que el teniente coronel me haya quitado el derecho a la jubilación que ya tenía aprobado y que mis compañeros de Gente del Petróleo me designaran Coordinador Nacional. Ello me ha permitido conocer, apreciar y a veces rectificar mi opinión sobre algunos venezolanos. Uno de ellos es Pompeyo Márquez, quien el 28 cumple 90 años de muchos aportes para construir un mejor país, algunas equivocaciones  y valientes rectificaciones. Larga vida a Santos Yorme ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados! 
eddiearamirez@hotmail.comEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

CAS MUDDE, POPULISMO, REFLEXIONES SOBRE UN CONCEPTO Y SU USO

En el campo de las humanidades hay muchos conceptos disputados, pero pocos se discuten en tantos niveles diferentes como el de populismo. Los estudiosos ni siquiera se ponen de acuerdo en torno a la esencia del concepto, es decir, qué tipo de cosa es. Algunos hablan del populismo como de una ideología; para otros, es un movimiento, una estrategia, un estilo... No es sorprendente que varios estudiosos rechacen totalmente el concepto. Pero, tras ese debate, existe un consenso sobre dos elementos que pueden ayudar a explicar en parte la supervivencia del concepto: el populismo trata sobre todo del pueblo, elpopulus (singular) o populi (plural); el populismo está estrechamente relacionado con la democracia (de masas).

Definir el populismo
Existe una auténtica plétora de definiciones de populismo en las distintas disciplinas de las humanidades. Aunque no es sorprendente que los economistas definan populismo de una manera muy distinta, por ejemplo, a los criminólogos, al igual que los historiadores con respecto a los sociólogos, incluso dentro de las diferentes disciplinas académicas son frecuentes definiciones muy distintas. En la ciencia política, el populismo suele definirse como estrategia política, estilo o ideología.
En la primera de esas tradiciones, la definición más influyente es la de Kurt Weyland, que entiende el populismo como “una estrategia política a través de la cual un líder personalista busca o ejerce el poder gubernamental a partir del apoyo directo, inmediato y no institucionalizado de grandes cantidades de seguidores generalmente no organizados”. El principal problema con las definiciones de populismo como estrategia política es que depende mucho de las regiones. Aunque puede definir la mayor parte de los fenómenos que normalmente se consideran populistas en América Latina, no es el caso de América del Norte o de Europa. Si el populismo norteamericano encontró muchas de sus expresiones más relevantes en movimientos sin líderes, desde el histórico movimiento populista al actual Tea Party, en Europa el populismo se expresa de forma especialmente notable dentro de partidos políticos más o menos establecidos.  En resumen, esta definición es demasiado limitada.
Las definiciones de populismo como un estilo particular de comunicación política son populares en la academia y en los medios. El populismo se define sobre todo como un estilo comunicativo específico, excesivamente emocional y simplista, que busca complacer al “hombre común” usando su lenguaje. Si la definición estratégica es demasiado estrecha, la definición estilística resulta demasiado amplia. Complacer al “pueblo” haciendo demasiadas promesas y pronunciando eslóganes simplistas es sin duda válido para todos los fenómenos populistas, al menos en algunos momentos. Sin embargo, hay pocos líderes y organizaciones políticos que no usen ese estilo político, que se ha convertido en el estilo por antonomasia de los debates políticos modernos. Por ello, esta definición combina la ventaja de incluir todos los fenómenos populistas con la desventaja de no excluir a los que no son populistas.
En los últimos años, cada vez más politólogos han definido el populismo como una ideología o discurso. Aunque los detalles de las definiciones varían, casi todas comparten al menos dos componentes: una oposición fundamental entre “el pueblo” y “la élite” y  el populismo está del lado del “pueblo”. Muchas definiciones destacan la importancia del “sentido común” o la “voluntad general” del pueblo, que vinculan explícita o implícitamente con una concepción rousseauniana de la democracia. En la línea del creciente consenso en este campo, propongo la siguiente definición de mínimos: “El populismo es una ideología de núcleo poroso, que considera que la sociedad está dividida en dos grupos homogéneos y antagónicos –‘el pueblo puro’ frente a ‘la élite corrupta’–, y que sostiene que la política debería ser una expresión de lavolonté générale (voluntad general) del pueblo.”
La principal virtud de esta definición es que incluye los fenómenos populistas más importantes que estudia la literatura sobre el tema, en diferentes regiones y períodos históricos, pero al mismo tiempo excluye muchos otros fenómenos políticos. Y, lo que es más importante, según esta definición el populismo se opone fundamentalmente al menos a dos elementos: el elitismo y el pluralismo. Por tanto, importantes ideologías políticas como el conservadurismo o el marxismo-leninismo quedan excluidas a causa de su elitismo, mientras que ideologías como la democracia cristiana o la socialdemocracia son excluidas por su apoyo esencial al pluralismo político.
Sin embargo, esta definición presenta al menos un problema importante: cómo establecer si el populismo es un rasgo ideológico y no simplemente una estratagema política destinada a obtener el apoyo de las masas. En otras palabras, ¿los populistas creen de verdad en su propio populismo? Es un problema importante y no resulta fácil resolverlo, ya que no podemos entrar en las mentes de los populistas ni en el círculo interno de los movimientos y partidos populistas. No obstante, no es un problema exclusivo del populismo: a menudo se ha detectado en el caso del nacionalismo (por ejemplo, en debates sobre el ex primer ministro eslovaco Vladimír Mečiar o el difunto Slobodan Milošević, presidente de la antigua Yugoslavia). Y si tenemos en cuenta las muchas concesiones que realizan los políticos profesionales, especialmente en democracias basadas en el consenso, el problema de establecer la frontera entre ideología y estrategia parece relevante para virtualmente cualquier ideología existente.
Una concisa visión general de los fenómenos populistas
La principal virtud de las definiciones de mínimos es que tienen un máximo alcance (extension), pero esta amplitud se produce a expensas de la profundidad (intension). La definición del populismo que se ha presentado aquí es válida para prácticamente todos los fenómenos populistas importantes que estudia la literatura sobre el tema, independientemente de áreas geográficas y períodos históricos. Al mismo tiempo, excluye muchos agentes políticos importantes, como el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el Partido Conservador británico, el movimiento pacifista europeo, el Congreso Nacional Indio, el movimiento antiapartheid en Sudáfrica o el Partido Demócrata en Estados Unidos.
Los primeros dos movimientos populistas de la historia identificados en la mayor parte de los estudios son los narodniki rusos y los populistas estadounidenses. Estos dos grupos, mayoritariamente carentes de líderes, emergieron en la segunda mitad del siglo XIX, y definían su lucha populista en los términos de unos campesinos puros enfrentados a una élite urbana corrupta. Pero mientras que los narodniki eran un pequeño grupo de intelectuales urbanos, que se fueron a vivir con los campesinos en atrasadas zonas rurales, los populistas estadounidenses eran campesinos locales, que se organizaban sobre todo de forma local y regional, sin una estructura fuerte o un líder poderoso.
En América Latina, en cambio, el populismo siempre ha estado vinculado a líderes poderosos (y de sexo masculino), llamados caudillos, desde el presidente mexicano Lázaro Cárdenas y el presidente brasileño Getúlio Vargas en la década de 1930, pasando por el presidente argentino Juan Perón y el político peruano Víctor Haya de la Torre en los años setenta, hasta llegar a políticos contemporáneos como el presidente ecuatoriano Rafael Correa y el presidente venezolano Hugo Chávez. Aunque estos caudillos presentan grandes diferencias en sus políticas económicas, que varían desde el socialismo hasta el neoliberalismo, y han actuado tanto desde partidos recién formados y débiles como sobre la base de partidos fuertes y establecidos mucho tiempo atrás, todos comparten una ideología populista central que corresponde a la definición anterior.
Europa no tiene una larga tradición populista. A principios del siglo XX existieron algunos movimientos populistas agrarios en Europa oriental, pero la mayoría de ellos fueron conquistados o reprimidos por regímenes autoritarios antes de que cinco décadas de comunismo borrasen la mayor parte de su legado (con algunas excepciones notables, como Bulgaria, Hungría y Polonia). Pese al impacto de la Revolución francesa, las élites dirigieron la mayor parte del proceso de democratización de Europa occidental, y la mayoría de los partidos políticos de la región fueron más elitistas que populistas durante la mayor parte del siglo XX: es el caso de la mayoría de los demócratas cristianos, socialdemócratas e incluso comunistas (exceptuando algunos pequeños partidos maoístas).
En la década de 1980 aparecieron nuevos partidos políticos, en parte como consecuencia de los nuevos movimientos sociales de los años setenta. Mientras que los partidos ecologistas usaban en ocasiones la retórica populista, nunca fue un rasgo ideológico central. En cambio, los primeros partidos de la derecha radical de la “tercera ola” eran bastante elitistas en su fase inicial, pero a mediados de los años ochenta se reinventaron y se presentaron como las más ruidosas y populares “voces del pueblo”. Actualmente, los partidos populistas de la derecha radical –que combinan populismo, autoritarismo y xenofobia– están representados en aproximadamente la cuarta parte de los países europeos y son (de manera intermitente) actores políticos importantes en unos diez países.
Los primeros partidos entraron en los parlamentos de Europa occidental en los años ochenta –es el caso del Bloque Flamenco (VB) en Bélgica y el Frente Nacional (FN) en Francia–, pero hasta los años noventa no empezaron a romper su aislamiento político y a tener un peso considerable en la política europea. La Liga Norte (LN) en Italia fue la primera en entrar en el gobierno, en 1994, y el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) lo hizo en 2000. Además, formaciones como el Partido Popular Danés (DFP) y el Partido por la Libertad (PVV) en Holanda son partidos cruciales en los gobiernos en minoría de sus países.
En la Europa poscomunista también han surgido partidos populistas de la derecha radical. Entre los pocos que obtuvieron buenos resultados en los años noventa se encontraban los republicanos checos (SPR-RSC) y el Partido de la Gran Rumania (PRM): ambos son (casi) insignificantes en la actualidad. Además, los turbulentos años noventa vieron la aparición de una hueste de idiosincrásicos partidos populistas (normalmente de vida breve) que se organizaban en torno a un líder dominante, como el Movimiento Popular de Letonia (con Joachim Siegerist), el Partido Popular X en Polonia (con Stanisław Tymiński) y el Movimiento por una Eslovaquia Democrática (con Vladimír Mečiar). En la actualidad el populismo adopta apariencias muy distintas en la región: desde el populismo de derecha radical de partidos como Jobbik en Hungría hasta el “populismo de centro” de Asuntos Públicos (VV) en la República Checa o el populismo de izquierda de Dirección (Smer) en Eslovaquia.
Y aunque la derecha radical es la representante de la política populista que obtiene mejores resultados en (la antigua) Europa occidental, no es la única. Existen los llamados populistas neoliberales –entre los que destacan la (ahora difunta) Lista Pim Fortuyn (LPF) y Forza Italia(FI) del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi–, populistas de izquierda como La Izquierda en Alemania, y un grupo creciente de partidos populistas idiosincrásicos como la Lista Dr. Martin en Austria o el Movimiento de Palikot en Polonia.
Algunas de las nuevas democracias de África y Asia también han visto un aumento de actores populistas.Aunque la mayoría encajan en el modelo latinoamericano de líderes fuertes y partidos pequeños, especialmente el derrocado líder tailandés Thaksin Shinawatra, en otros casos los líderes populistas han llegado al poder al mando de partidos que no tenían tradición populista, como el expresidente coreano Roh Moo-hyun o el actual presidente sudafricano Jacob Zuma.
Finalmente, las crisis económicas de las últimas décadas han producido muchos movimientos populistas, especialmente en América Latina. Ahora que la crisis económica ha golpeado también a los países más ricos de Norteamérica y Europa occidental, la retórica y las protestas populistas se han vuelto todavía más comunes. En ningún lugar resulta más visible que en Estados Unidos, donde los principales movimientos de derecha y de izquierda son fundamentalmente populistas. Mientras que el Tea Party se pone del lado de los “estadounidenses corrientes” en su combate central contra el “corrupto Washington”, Occupy Wall Street defiende al (buen) 99% frente al (corrupto) 1% de Estados Unidos. Incluso los movimientos inicialmente favorables a la democracia que constituyen (constituían) la llamada primavera árabe expresan fuertes sentimientos populistas.
Populismo y democracia
Uno de los aspectos más discutidos del populismo, y sin duda la razón principal del gran interés que despierta el fenómeno, es su relación con la democracia. De nuevo, las opiniones sobre el asunto presentan marcadas diferencias. La mayoría de los estudiosos, especialmente en Europa, creen que el populismo es inherentemente antidemocrático. A menudo usan terminología psicológica y lo califican de “trastorno democrático”, “patología” de la democracia o “estilo paranoico en política”.[12] Sin embargo, algunos estudiosos, especialmente en Estados Unidos, creen que el populismo es totalmente democrático, incluso la forma última de la democracia. Esas diferencias de opinión son en parte resultado de la gran variedad de definiciones empleadas en el campo, y en parte de la falta de investigación empírica. Pese a todo el debate, la relación entre populismo y democracia es generalmente más formulada que investigada. No obstante, tanto en la teoría como en la práctica, esa relación es extremadamente ambigua y compleja.
Teóricamente, el populismo no es antidemocrático; acepta la soberanía popular y el gobierno de la mayoría. Es, sin embargo, contrario a la democracia liberal: el hecho de que muchos autores empleen la palabra democracia para hablar de la democracia liberal puede explicar el predominio de las evaluaciones negativas del populismo. El populismo es esencialmente contrario a la democracia liberal porque se opone al principio del pluralismo y a la práctica de la concesión. Es una ideología monista, que considera “el pueblo” y “la élite” algo homogéneo y carente de divisiones. Por eso, se opone fundamentalmente al pluralismo y percibe los derechos de las minorías como “intereses especiales” de “la élite” que (en un mundo que funciona como un juego de suma cero) se imponen a expensas del “pueblo”. Por eso, también rechaza la política de la concesión: cree que existe una voluntad general de (todo) el pueblo, y defiende que la política puede y debería beneficiar a todo el pueblo. Además, como se basa esencialmente en una divisoria moral, dentro del populismo las concesiones significan que “los puros” son manchados por “los corruptos”, lo que produce la corrupción de “los puros”.
En la práctica, los populistas han fortalecido el sistema democrático en su país (como Morales en Bolivia) y también lo han destruido (como Fujimori en Perú). En línea con la relación teórica, los populistas tienden a apoyar y fortalecer aspectos de la soberanía popular y el gobierno de la mayoría: por ejemplo incluyendo a grupos previamente excluidos o marginalizados y apoyando o empleando instrumentos políticos plebiscitarios como referendos o iniciativas populares. Al mismo tiempo, tienden a tener dificultades a la hora de proteger a las minorías o de crear contrapesos a los poderes del ejecutivo: se acusa a esos contrapesos de socavar la voluntad de la mayoría (o “voluntad general”). Desde Berlusconi en Italia hasta Chávez en Venezuela, los populistas han atacado los tribunales cada vez que estos se oponían a sus medidas, reprochándoles ser voces de una élite corrupta y opuesta a la vox populi (la voz del pueblo): es decir, a los populistas. Pero, aunque pueden impulsar una extrema forma de gobierno de la mayoría organizado en torno a un ejecutivo dominante, pocas veces han buscado el fin de la democracia como tal (es decir, de la soberanía popular y el gobierno de la mayoría).
¿Una teoría del populismo?
No solo no existe ninguna teoría dominante del populismo, sino que poca gente ha intentando desarrollar una. El sociólogo austriaco Werner W. Ernst escribió un capítulo titulado “Hacia una teoría del populismo” en 1987, pero en realidad se trata más bien de un intento de llegar a una definición (más) clara del populismo. Recientemente, un grupo de economistas desarrolló “una teoría política del populismo”. Sin embargo, puesto que definen el populismo como “la ejecución de medidas que reciben el apoyo de una parte significativa de la población, pero que en último término perjudican los intereses económicos de esa mayoría”, su teoría carece claramente de la neutralidad académica y la precisión analítica necesarias para que resulte útil en cualquier estudio serio del populismo.
Ante las diferentes formas en las que el populismo encuentra expresión, incluso en similares regiones geográficas y períodos históricos, no creo que la búsqueda de una teoría aplicable a todos los populismos sea particularmente útil. Me temo que conduciría a teorías muy abstractas que son esencialmente triviales: por ejemplo, las distintas teorías de la modernización que sostienen que los procesos modernizadores (la globalización sería el último de ellos) dan lugar al populismo. En primer lugar, esa tesis es muy vaga. ¿Quiénes son los “perdedores de la modernización”? ¿Se les define en términos de una privación absoluta o relativa? En segundo lugar, la tesis está muy poco teorizada en sus formas actuales. ¿De qué manera el proceso abstracto de la globalización hace que un “perdedor” particular apoye a un actor populista específico? En tercer lugar, y de forma más grave, existen crecientes pruebas empíricas que muestran que –al menos en Europa– los “perdedores de la modernización” (como quiera que los definamos) no son el principal sostén de los partidos populistas.
Por tanto, creo que el desarrollo de teorías de nivel medio sobre el populismo puede dar mejores frutos. En vez de explicar todos los populismos, sin tener en cuenta su contexto, las teorías deberían en primer lugar intentar explicar de forma adecuada ciertos tipos de populismo en regiones o períodos concretos (por ejemplo, el neoliberalismo latinoamericano a finales del siglo XX o la derecha populista radical de la Europa contemporánea). Después, los estudiosos del populismo pueden pasar a teorías de un tipo específico en distintas regiones y períodos (por ejemplo, una comparación entre el populismo de izquierda latinoamericano de los años setenta y el de comienzos del siglo XX), o de distintos tipos de populismo en la misma región o período (por ejemplo, el populismo del Tea Party y de Occupy Wall Street en los Estados Unidos contemporáneos).
Como el populismo va (casi) siempre acompañado de otros rasgos ideológicos (por ejemplo, agrarismo, nacionalismo, neoliberalismo), uno de los mayores desafíos de los estudios sobre el populismo es identificar la contribución específica del populismo a los fenómenos populistas. Por ejemplo, gran parte de la literatura sobre los partidos de la derecha radical populista considera la xenofobia un elemento intrínseco del populismo y, por tanto, explica el ascenso del populismo como una reacción a la inmigración de masas. Aunque esta explicación puede merecer algún crédito con respecto al populismo de la derecha radical en Europa occidental, no resulta muy adecuada para los muchos fenómenos populistas que se producen en otras partes del mundo, como en Latinoamérica, donde el populismo no va unido a la xenofobia, y donde la inmigración de masas no es un fenómeno o asunto importante.
¿Qué añade el populismo a los partidos de la derecha radical? ¿La oposición de esos partidos al pluralismo se debe a su populismo o a su xenofobia? Idealmente, seríamos capaces de comparar los partidos de la derecha radical con los partidos populistas de la derecha radical en un escenario similar. Sin embargo, en la actualidad, acaso como consecuencia de un “Zeitgeistpopulista”, en Europa no hay partidos de la derecha radical que no sean populistas. Quizá resulte más prometedor establecer una comparación entre los líderes de la izquierda populista y la izquierda no populista en la América Latina contemporánea. Dicho esto, la mayoría de los populistas de izquierda también se diferencian de los no populistas de izquierda en factores distintos al populismo.
En conclusión, los estudiosos del populismo deberían dedicar más atención a distinguir empíricamente los populismos que realmente existen de los rasgos ideológicos que los acompañan, e intentar aislar los aspectos específicos que el rasgo del populismo añade a los fenómenos más amplios. Eso exige, antes de nada, cuidadosos análisis empíricos de casos (comparativos) de estudio, basados en teorías más amplias, pero destinados a desarrollar (en el mejor de los casos) teorías de nivel medio que expliquen tipos concretos de populismo en escenarios geográficos o temporales específicos. ~
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miércoles, 25 de abril de 2012

PEDRO PAUL BELLO, ¿CUAL HA SIDO EL PEOR GOBIERNO DE VENEZUELA? PARTE II

             El 24 de noviembre de 1908, Castro estaba en La Guaira a bordo del barco que le llevó a Alemania para ser operado de la fístula, ya tratada en Caracas, pero entonces agravada.  25 días después, el 19 de diciembre, el Compadre, a quien había dejado al mando de una República en grave crisis, dio el golpe de Estado que lo llevó al poder hasta su muerte, el 28-12-1935.  Poco tiempo luego, el Gobernador de Caracas Pedro María Cárdenas, recibió un cable procedente de Berlín, cuyo texto, igual al que Castro enviara cifrado para ordenar la muerte de Antonio Paredes a orillas del Orinoco, rezaba: “La culebra se mata por la cabeza.” Era la orden del “Cabito” derrocado.
             La llegada de Gómez al poder generó gran alborozó en el país. Hasta el grupo literario “La Alborada” (formado, entre otros, por Rómulo Gallegos, Julio Planchart y Salustio González) acuñó ese nombre para identificarse. Gómez pidió apoyo militar de barcos a los Estados Unidos, que recibió de inmediato acorazados, pues Castro había cortado relaciones con ese país.
Gómez manejó este país a su antojo.  En lo Constitucional, por ejemplo, hizo aprobar las siguientes Constituciones: La de 1909, que es la 12ª, que lo eligió para 4 años y en la que volvimos a la división territorial de 20 Estados que dictó la de 1864; elección indirecta del Presidente por el Congreso; creación del Consejo de Gobierno. El Estatuto Constitucional Provisorio de 1913 pero promulgado en 1914, que impidió la elección prevista por la Constitución vigente por causa de una supuesta invasión de Castro, pero en verdad era porque dicha Constitución obligaba al Presidente a estar en Caracas y él prefería Maracay y, además, se incorporó la figura del Comandante en Jefe del Ejército, quien fue él mismo. La Constitución de 1922 (14ª), por la que fue electo Presidente para el período 1922-1929. La última, que fue la de 1925 (15ª), que fue enmendada en 1928 y 1929,  por la que eliminó la segunda vicepresidencia y también la disposición existente que no le permitía ausentarse del país por más de 25 días.  Las Constituciones en tiempos de Gómez se sujetaron mucho a sus situaciones y caprichos de vida. Gómez supo dejar pesados asuntos del Estado, designando como Presidentes a personas competentes y honestas (Márquez Bustillos, Baptista Galindo), pero atenidas a su voluntad.    Pese a la férrea e inhumana tiranía que se desarrolló en el nuevo gobierno, hay elementos importantes se deben tomar en cuenta a la hora de enjuiciarlo, entre otros: El primero de ellos, es que antes de Gómez, Venezuela nunca había alcanzado a ser un verdadero Estado Moderno. Gómez estableció, en todo nuestro territorio nacional, el núcleo de lo que define la forma política del Estado: una dominación independiente en lo interno y en lo externo, capaz de actuar, con sus propios medios y de manera continua, a fin de garantizar la gobernabilidad en el país. Por supuesto, esto determinó que el poder de Gómez se asentara en el Estado, antes inexistente y por él construido. En efecto, no era difícil entender, en esos inicios, que el Estado pudiese funcionar sin Gómez.
El segundo, es que el requisito histórico y primario del Estado Moderno, es que el gobernante  (el Rey) cuente con una fuerza propia militar que garantice el respeto a las decisiones que permiten el funcionamiento del Estado. Gómez creó la primera Academia Militar seria de Venezuela.
El tercer elemento es que Gómez liquido el caudillismo que hizo que, en casi toda la América Ibera, se desarrollase un modelo feudal sui generis que, en Venezuela, alcanzó sus más críticas proporciones. Los caudillos regionales, señores feudales de sus tierras, que ya había derrotado cuando destrozó la Revolución Libertadora que se alzó contra Castro, terminaron  --muchos de ellos--  sentados en lo que la sal  venezolana llamó “El Pesebre”, suerte de “Consejo de Gobierno.”
El cuarto: Gómez supo rodearse de la élite del país en los diferentes campos del hacer y del saber, fuese en lo intelectual, político, económico, profesional, etc., con lo cual pudo establecer una organización coherente y apta para funcionar.  Obviamente, esto, al mismo tiempo, reforzó y se favoreció del auge petrolero que desde inicios de su gobierno había comenzado a surgir.
El quinto: La importante acción de desarrollar vías de comunicación (carreteras  y ferrocarriles) de larga duración y eficaz planificación y construcción. Eso permitió progresar a Regiones económicas antes aisladas.
Sexto: durante su mandato hubo una paz que por décadas no tenían los venezolanos, aunque un dicho rezaba sobre el lema “Paz, Unión y Trabajo”: “Paz en el cementerio, unión en las cárceles y trabajo en las carreteras”.
Finalmente, hay que mencionar dos factores importantes y que al dictador resultaron favorables: 1º. La ingenua conducta política de sus oponentes, cuyo objetivo era “salir de Gómez” en cualquier forma, frecuentemente mediante aventuras generadas en el extranjero para “invadir” a Venezuela, en las que participaban exilados, militares, políticos y estudiantes que nunca significaron reales amenazas.  2º.  El miedo, vivido por siglos e internalizado en las conciencias  --como ruinas, atropellos, persecuciones, cárceles y muerte--   de una población agotada por guerras y mendicante de paz. 
Gobierno del Gral. Eleazar López Contreras.
Como El Libertador, Gómez murió el 17 de diciembre de 1935 y había nacido un 24 de julio. Dejó como sucesor al Gral. Eleazar López Contreras,  formado en la Academia Militar por Gómez establecida. Los primeros tiempos del mandato de López fueron borrascosos y muy controversiales, por cuanto la familia de Gómez  --en particular su primo Eustóquio)--  no ocultaba sus aspiraciones.  Por otra parte  --y contradictoriamente--  muchos sectores populares pedían a López Contreras que asumiera la dictadura y mantuviera el “status quo.”  Pero éste, hombre de Academia, moderno para su tiempo y amante de su Patria, creía indispensable superar el oscuro pasado para que los venezolanos vivieran en la paz que garantiza el orden y disfrutasen de instituciones inspiradas en democracia.  Levantar un gobierno, con tal mentalidad, significaba, entonces, chocar con privilegios e intereses de antigua data cuyos beneficiarios querían conservar por siempre.
La primera tarea que se trazó López fue dar vida propia a las instituciones existentes, en un país cuya única institución era Juan Vicente Gómez. Además, en el escenario político tampoco existían verdaderos partidos, pero sí una oposición con aspiraciones e ideas sostenidas especialmente, por los estudiantes de las famosas Generaciones del 28 y el 35.
Una circunstancia cuyo autor aún permanece en la sombra de lo secreto, fue el ocasional asesinato de Eustóquio Gómez, el 20 de diciembre de 1935, ocurrido en la sede de la Gobernación de Caracas.  En todo caso, y con la certeza de que el Presidente López nada tuvo que ver en ese hecho, lo cierto fue que abrió alguna claridad al horizonte político de Venezuela. Sin embargo, el 14-2-1936, el gobierno tuvo que controlar una numerosa manifestación popular, encabezada por estudiantes, que en la Plaza Bolívar se reunió para protestar por la suspensión de garantías dictada y censura a la prensa que dictó el Gobernador.
El Programa de Febrero. Con gran habilidad política y conforme a sus planes diseñados, el Presidente López presentó, el 21 de febrero, ese programa que contenía una serie de medidas y proyectos ajustados a la recuperación de Venezuela. Entre sus numerosas medidas, vale la pena destacar algunos títulos de ellas:  Régimen de Legalidad:  la majestad de la Ley debe ser respetada por ciudadanos y funcionarios; Reactivación de los Concejos Municipales, casi inexistentes; Administración de Justicia rápida, eficaz y poco onerosa; Libertad de Trabajo y eliminación de Monopolios; Higiene Pública y Asistencia Social;  Programa de ejecución metódica de un Sistema Nacional de Carreteras; Lucha contra el analfabetismo y reorganización de la Educación; Prioridad para las actividades agrícolas; Política intensa de Inmigración y Colonización; Fortalecimiento de la Política Exterior de Venezuela.
Este Programa se fue ejecutando de manera sistemática y, completado con un Plan Trienal decretado en 1938, modernizó al Estado y creó instituciones que perduraron hasta hace poco.
Finalicemos la breve consideración del Gobierno del Gral. López Contreras señalando que, entonces, se formaron organizaciones políticas que fueron base de los Partidos Democráticos surgidos poco después: ORVE, PAN, UNE, PRP.  Además, el 20 de julio de 1936 fue reformada la entonces vigente Constitución de 1925, reformada en 1938 y 1929, para eliminar la Vicepresidencia y disminuir el período presidencial de 7 años a 5 años, lo que no obligaba al Presidente López, electo con dicho texto antecedente. Fue su decisión personal acogerse al nuevo texto para entregar el mando en 1941.
Gobierno del Gral. Isaías Medina Angarita.
El nuevo Congreso elegido conforme a la Constitución por las Legislativas y los Concejos Municipales de los Estados, designó, el 24-4-1941, al Gral. Medina, nuevo Presidente. Es conocido que López tuvo en mente a Diógenes Escalante, prestigioso diplomático, que fuera su primer Ministro del Interior y luego Secretario de la Presidencia. Aspiraba también a la Presidencia el Dr. Victorino Márquez Bustillos, quien lo había sido en 1914, designado por Gómez. Medina fue lanzado como Candidato por el Movimiento Cívico de Cojedes, idea que acogió gran parte del electorado. Ante eso, se dice que López lo aceptó como Candidato, tanto por ser su Ministro de Guerra, como por su condición de tachirense con apoyo castrense y ser desligado del gomecismo militar. Por otra versión, (fuente muy seria)  parece ser que había un movimiento militar gomecista, apoyado por civiles, que auspiciaba la candidatura del Gral. León Jurado, pues Escalante “era comunista.” Sencillo, afable, popular,  el nuevo Presidente gozó de gran simpatía entre los venezolanos. Muy relacionado en Caracas, pronto Medina designó para su gobierno a personas como Arturo Uslar Pietri, Diego Nucete Sardi, Manuel Silveira, Félix Lairet y otros conocidos y prestigiosos venezolanos.
A pesar de que, en buena parte, lo político copó el interés nacional, destacan importantes realizaciones del gobierno tanto en la institucionalización como en la modernización física del país:  se trabajó mejorando o realizando en materias como el hábitat; obras de infraestructura; desarrollo de la Administración Pública; ingresos fiscales, Educación, etc. De manera particular, destacan: la puesta en marcha del Plan Monumental de Caracas, diseñado por el Ing. Rotival en 1939, la Reurbanización El Silencio dirigida por el Arq. Villanueva y el inició de la Ciudad Universitaria en 1945. La mayor importancia la tuvo la Reforma Petrolera de 1943 que unificó las legislaciones anteriores en esa materia, así como la paridad participativa del Estado y las empresas extranjeras, con lo que la renta petrolera nacional pasó de 6,2 mill/Bs en 1943, a 43,9 mill., en 1944, a 580,55 en 1949, superando 1.600 mill. en 1958.
En lo político, los partidos existentes en el período de López, ya mencionados, se transformaron en AD, Acción Nacional ( en 1946 Copei), PDV que era nuevo y partido del gobierno y las Agrupaciones Cívicas Bolivarianas que apoyaban al ex Presidente López Contreras. Pero el país en general y el mundo político en particular, esperaban y presionaban por lograr el ejercicio total de la democracia en desarrollo, mediante elecciones universales, directas y secretas, esperanza que se fortaleció con la candidatura del Dr. Diógenes Escalante, apoyada por el PDV y el Presidente Medina. Como es sabido, esta esperanza se frustró cuando el candidato fue afectado por un mal cerebral, por lo que Medina escogió como nuevo candidato, a un venezolano muy valioso, el Dr. Ángel Biaggini, pero que carente de atractivo político. Mientras, en las sombras, un grupo de militares algunos de los cuales --entre ellos Marcos Pérez Jiménez--  que venían de la Escuela peruana de Chorrillos, organizó una Logia Militar ( Unión Patriótica Militar) semejante en intenciones a las que, formadas por egresados de la misma Escuela peruana, habían derrocado varios gobiernos en América del Sur. Ese grupo conspirador, aprovechaba la presión de jóvenes militares que no querían ser mandados por los de la vieja escuela, llamados por  ellos los “Chopo e piedra.” Infortunadamente, Medina desaprovechó el prestigio militar de otros valiosos oficiales, como el Gral. Juan de Dios Célis Paredes, quien sería muy aceptado por la oficialidad joven y, esto, habría frustrado la aventura conspirativa en marcha.  La consecuencia fue el golpe militar del 18 de octubre de 1945, que derrumbó al gobierno de Medina, quien, con su bonhomía, tampoco quiso hacer resistencia a la sublevación.
El Trienio.
Los conspiradores militares habían buscado apoyo de los civiles políticos, en partícular de Acción Democrática, cuyo crecimiento en los sectores populares era muy notable. Como lo destacó Rómulo Betancourt en su libro,  dirigentes de AD fueron llamados por el grupo militar que encabezaba Pérez Jiménez, para alcanzar apoyo. A tal reunión, que fue en la casa del Dr. Edmundo Fernández, asistió Betancourt acompañado de Gonzalo Barrios y Raúl Leoni. Relata Betancourt, que los militares les informaron que el golpe era inevitable y que, Pérez Jiménez se dirigió personalmente a él para decirle: “Y Ud., señor Betancourt, es la persona que creemos debe encargarse del gobierno”. A lo que respondió éste que ellos solo representaban al Partido con la misión de oírlos y que al partido ellos se debían.  Cuando aún el Dr. Escalante estaba sano, el propio Betancourt, con Leoni, viajó a Washington para conversar con él e informarle de la grave situación planteada, expresándole que el candidato del oficialismo, que era hasta entonces Escalante, “debía impulsar una reforma de la Constitución, pautando el sistema de sufragio directo, universal y secreto”, pues de lo contrario sería inevitable la insurrección cívico-militar. Escalante les participó su asentimiento, pero después, de manera infortunada, se enfermó.
El día 10-9-1945, Medina hizo público que el candidato sería el Dr. Biaggini, lo que se confirmó en acto oficial el 1-10-1945. La suerte estaba echada.
El 18 de octubre estalló el golpe y se constituyó una Junta Revolucionaria de Gobierno, cuyo Presidente fue Rómulo Betancourt, a quien acompañaron como Miembros: Raúl Leoni Gonzalo Barrios, Luis Beltrán Prieto, el Mayor Carlos Delgado Chalbaud y el Capitán Mario Vargas. El Mayor Marcos Pérez Jiménez, cerebro del golpe, fue el Jefe de Estado Mayor General.
Pese a que han pasado más de 66 años de aquel acontecimiento, el juicio sobre la gestión política y administrativa del gobierno de la Junta, así como el del Presidente Rómulo Gallegos, electo en 1947, está por hacerse.  Debe reconocerse que cabalmente se cumplió, entonces, lo que dijera el Presidente Betancourt en el mitin realizado por su partido, el 17 de octubre, la tarde antes del golpe de Estado: Acción Democrática, expresó con su famoso verbo: “no iría jamás a un gobierno como el pariente pobre que entra por la puerta del servicio doméstico, a ocupar dos o tres de esos llamados ‘Ministerios Técnicos’, y que gobernaría cuando tuviera “en las manos las posiciones-clave del Estado, ésas donde se decide la vida política, económica y social del país”, y así ocurrió.
El 27-10-1946, se eligió Asamblea Constituyente, mediante proceso universal, directo y secreto de todos los venezolanos de ambos sexos mayores de 18 años. Fueron 4 partidos principales: AD obtuvo el 73,43% por 1 millón 100 votos (aprox) para 137 diputados; Copei: el 13,22% por 185 mil votos (aprox) para 19 diputados; URD: el 4,26% por 59 mil votos (aprox) para 2 diputados y el PCV el 3,62% por 50 mil votos (aprox) para 2 diputados. Esta Constitución sustituyó la vigente de 1925 reformada 2 veces por Gómez, 1 vez por López y el 23-4-1945 por el Presidente Medina. Su primer acto fue legitimar la Junta como poder colegiado, antes de facto. La nueva Constitución de 1947 fue aprobada el 5-7-1947. Sus debates, transmitidos directamente por radio, sirvieron de escuela de formación democrática para un pueblo que era ajeno a ello, siempre guiado por la decisión del mandatario de turno. Los venezolanos se formaron juicios propios de partidos y dirigentes, más allá de  demagogias y propagandas deformantes. El Hemiciclo de la Cámara de Diputados agotaba a diario la capacidad de sus barras, lo que, para la democracia naciente, fue más importante aún que el mismo texto constitucional discutido y aprobado. El texto dio orientaciones más sociales al Estado y cumplió la aspiración general de elegir directamente sus autoridades, sin presiones ni fraudes; reforzó el control de los Poderes Públicos; estableció el voto de censura. por mayoría calificada, a los altos funcionarios y la interpelación de los Ministros, así como el Habeas Corpus. Fue muy polémico el darle al Ejecutivo poder extraordinario para detener personas hasta por 60 días en casos de peligro, sin suspensión de garantías, pero si con vigilancia del Congreso. También lo fue el art 77, llamado por la oposición “Inciso Alfaro Ucero” (proponente) en recuerdo del famoso Inciso 6º de la reforma constitucional de López Contreras.
La gestión de gobierno introdujo, tardíamente en Venezuela, el fenómeno latinoamericano del populismo, producto característico en la sub-región --luego del agotamiento del Estado Tradicional--  conformado por alianza de clases. Ello condujo a que sectores del partido gobernante, como en otros países ocurrió, calificaran a sus opositores con epítetos como “reaccionarios”, “oligarcas”, “imperialistas”, “latifundistas”, etc., lo cual abrió la vida política a confrontaciones intensamente crecientes. Fueron frecuentes movilizaciones de masas obreras y campesinas identificadas como “pueblo”, y el desarrollo del modelo de poder sobre el eje Gobierno-Partido-Sindicato.
El sectarismo de algunos dirigentes y partidarios, abrió cauces a conflictividad, que se expresó en saboteos de actos de opositores y reacciones de éstos, lo que condujo, con frecuencia, a situaciones violentas. Muy dañino, por sus repercusiones, fue el decreto 321 del Ministerio de Educación, que estableció diferencias en las evaluaciones de estudiantes de los institutos públicos y los privados, lo que desencadenó manifestaciones muy grandes de protesta y choques entre estos grupos. Igualmente, un decreto de la Junta creó un “Jurado de Responsabilidad Civil y Administrativa” que afectó injustamente a ex Presidentes y personas que habían desempeñado altos cargos en los gobiernos antecedentes, situación que condujo a que el Dr. Rafael Caldera, líder de Copei, renunciara a su cargo de Procurador de la República.
Tales situaciones condujeron a una severa descomposición de la vida política y social de la Nación, lo que no desapareció cuando en 1947 fue electo Presidente el notable escritor venezolano Rómulo Gallegos, con 871.752 votos, contra 264.204 de Caldera y 36.564 de Gustavo Machado, líder del Partido Comunista. También, se produjeron varios intentos de subversiones y golpes de Estado, como consecuencia de la situación que se había venido desarrollando.
 Sin embargo, ambos gobiernos (de la Junta y de Gallegos) alcanzaron otros logros importantes, entre ellos la introducción del concepto y práctica de la Planificación y la creación, para ello, de Cordiplan; el establecimiento de la paridad (fifty-fifty) entre el Estado y las petroleras, orientado por Pérez Alfonso; progresos importantes en salud pública contra las enfermedades endémicas que por siglos azotaron la población, en especial la rural; organización y profesionalización del Ministerio de Agricultura, así como  desarrollos para fortalecer la inmigración y en materias de vivienda, vialidad y urbanismo.
El 24 de noviembre de 1948, un golpe militar dirigido de nuevo por Pérez Jiménez, echó por tierra esta etapa primera de verdadera democracia en Venezuela, pese a los errores y defectos de  gobernantes y opositores. Reaparecería de nuevo, esa experiencia democrática siempre anhelada por los venezolanos, el 23 de enero de 1958.  Estamos hoy en la misma espera.
Continuará con la III parte.
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