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lunes, 2 de junio de 2014

CARLOS BLANCO, MINICIDIO Y OTROS CUENTOS, TIEMPO DE PALABRA

El objetivo es desmontar la oposición, no solo contra los radicales, sino contra todos
"DEARB.OBA", CASABLANCA, MARRUECOS

Quería decirle que hemos avanzado en el plan de arrancar el fruto aquél, que ni es verde ni es podrido, sino que está en el mero medio. Hemos hablado con la gente del State, usted sabe, donde están Roberta, Rogelia y Rosita, para aquello de los maletines llenos de lechugas (lettuce-$-in English) que necesitamos para comprar lo de pum-pum-pum y si no, entonces lo de bang-bang-bang. Big Plantain* ha descubierto la trama. Sabe que aunque Putin no está metido, el hijo de Putin sí. Se sospecha que nuestro amigo de París, el Jorobado que pernocta en Notre Dame, nos ha traicionado, por eso agarraron los emails que habíamos enviado por Ipostel. Ya le escribí al inspector Clouseau quien ha dicho con claridad que "hay tiempos de reír y tiempos de no reír, y que este tiempo no es ninguno de los dos". Little Bean** ya estableció los contactos para que cuando GodgivenHair*** intente sustituir a Bullchicken****, sea trasladado al Comando exactamente opuesto al del Norte, en el DroneNumberOne, para que ustedes hagan lo de siempre, llevarlo a pasear a Disneyworld.

Su permanente servidora de usted,

María, la del Barrio.

Traducciones del equipo de Inteligencia: *Platanote, **Frijolito, ***Diosdado Cabello, ****Toripollo"

PERO ES TRÁGICO.

La guasa alrededor de los correos magnicidas ha sido universal. Salvo individuos que han visto la oportunidad de pasarle factura a María C. Machado y a otros, las fuerzas democráticas en sus variadas formas de expresión, así como chavistas con cierto sentido del ridículo, han desestimado el quincuagésimo capítulo del "Magnicidio según San Nicolás".

El tema es serio, sin embargo. El objetivo del régimen es desmontar la oposición. No es solo en contra de los "radicales" sino en contra de todos, porque sabe que las diferencias que ha habido y hay, poco a poco, bajo el estímulo de las luchas y de la presión unitaria, así como de la comprensión del momento, van en una dinámica de superación. Ya muchos han sido sacados del juego y están presos o exiliados, enjuiciados o perseguidos, pero en la etapa reciente la dinámica avanza de modo selectivo: Leopoldo López, luego María Corina, Antonio Ledezma ya amenazado, e intentos de ilegalización de Voluntad Popular. Pero la ruta represiva no se acabará allí si se la deja pasar; si logran el objetivo en contra de estos dirigentes, irán detrás de los demás, incluidos los más moderados. Dividir la oposición y comérsela a pedacitos es recomendación del libro primario del poder. El poder dictatorial apelará a cualquier instrumento legal o ilegal, pacífico o violento, para lograrlo. Por cierto, resulta deplorable por parte de algunos políticos pedir, asépticamente, "que se investigue" la olla de Maduro, lo que es admitir que pudiera ser verdad la obvia y fétida artimaña ¡contra toda la oposición!

1ª RAZÓN: LAS ELECCIONES.

Las victorias democráticas en San Cristóbal y San Diego podrían ser vistas desde una perspectiva polémica en la oposición: ¿calle o elecciones? No por azar la divergencia entre los caminos exclusivamente electoral o exclusivamente de protesta callejera ha estado presente en los años recientes, con argumentos que han ido y venido. Sin embargo, como en un pequeño pero extraordinario laboratorio social se ha visto que las luchas ciudadanas en la calle y las elecciones pueden potenciarse mutuamente, si se cuenta con una dirección decidida y una estrategia adecuada. Esas ciudades se han distinguido por el vigor de la protesta; sus alcaldes se negaron a formar parte de la comparsa represiva en contra de los jóvenes y como represalia el gobierno los encarceló; la protesta siguió y, en ese marco, tuvieron lugar elecciones para sustituirlos y las candidatas ganaron con más votos que los obtenidos por sus maridos en diciembre. Allí ambas formas de lucha se combinaron y han dado los excelentes resultados conocidos.

Esas experiencias se han unido a la necesaria revisión y reflexión que dirigentes opositores y analistas políticos llevan a cabo, por lo cual, salvo los que se han comido el anzuelo del gobierno sobre la necesidad del "deslinde" dentro de la oposición, se puede decir que se marcha hacia un proceso de reunificación. El gobierno pretendió una especie de tente-allá con el diálogo. No pudo cumplir ni siquiera lo acordado con los que asistieron porque Maduro no tiene poder para decidir nada sustancial, que no sea reprimir.


2ª: EL CONFLICTO INTERNO.

Chavistas sigue habiendo como arroz, aunque ahora los más fervorosos sean bastante menos y los partidarios de Maduro bastante pocos. Si se habla con ellos, sean de la base militante, o dirigentes importantes, parlamentarios e, incluso, miembros del poder ejecutivo o judicial, puede advertirse el tono entre lastimero e indignado por el desempeño del heredero. Por supuesto, ningún chavista quiere perder el poder, pero hay un fuerte debate sobre el hecho de que algunos estiman que la continuidad de Maduro pone en riesgo la continuidad del chavismo en el poder. Este sector, mayoritariamente de izquierda y con una tradición histórica de aversión a la represión, considera que descansar sólo en los militares, policías y "colectivos" para resolver la crisis política no dará resultados; el sector militarista sí considera que hay que reprimir fuertemente; pero con la contrariedad de niveles importantes de los mandos militares porque "después los enjuiciados seremos nosotros". Los cubanos son los más entusiastas represores. Chávez logró unificar a los civiles y militares, la derecha y la izquierda, los honrados y los ladrones, ahora toda esa mezcla se dispersó y Maduro no tiene capacidad para meterlos en el redil.

3ª: INCREMENTO DE LA POBREZA.

Se ha añadido el terrible impacto de las cifras sobre pobreza que el régimen no ha podido ocultar. El incremento de pobreza muestra, como una cachetada, que buena porción de los que supuestamente habían emergido (parcialmente) de las penurias, han vuelto a ellas si es que alguna vez salieron; que no fueron las sabias políticas del difunto sino algo más concreto y banal: precios del petróleo y gasto público; ahora de efectos limitados por el despilfarro, la ineficiencia y la corrupción.Ese batiburrillo, en el marco del colosal desastre de las políticas económicas, ejerce una presión inmanejable para un débil dirigente como Maduro y ahora más debilitado por efecto de su propio desempeño. Vendrán nuevos inventos, meterán a más gente en magnicidios y conspiraciones, pero la verdad verdadera es que un gobierno que parecía estar de llegada ahora parece estar de salida. 

Solidaridad sin ambigüedad a mis amigos María Corina, Gustavo Tarre, Henrique Salas Römer, Diego Arria y Pedro Mario Burelli; a los otros acusados no los conozco, pero igual supongo su inocencia.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog .
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lunes, 14 de abril de 2014

CARLOS BLANCO, "LA PROTESTA PERMANECE, YA NADIE SE DESMARCA DE ÉSTA NI DE UN DIÁLOGO GENUINO" EL DIÁLOGO QUE NO HA SIDO...TIEMPO DE PALABRA

EL DIÁLOGO QUE NO HA SIDO...

No hubo diálogo. Hubo debate y lo ganó ampliamente la representación opositora que asistió. Desde la elocuencia de Henry Ramos Allup hasta la parquedad documentada de Omar Barboza, que le dijo a Rafael Ramírez el tipo de fracaso monumental del cual era responsable. La gestualidad de los dueños del poder demostraba con profusión que sólo saben hablar en cadena cuando nadie los contradice o les responde, y que quedan colgados de sus frases hechas, refranerías y lugares comunes en el momento en que se requiere dialéctica argumental. No es que no saben hablar sino que no saben de qué ni cómo, cuando de debatir se trata.

El gobierno tuvo que aceptar esta situación porque está con el agua al cuello. La calle, la protesta encendida, lo obligó a buscar oxígeno con un diálogo que, hasta el momento, no es tal, aunque pudiera ocurrir en la medida en que se apuntara a resultados específicos como los que el movimiento estudiantil y diferentes voceros democráticos han planteado. Los del gobierno es claramente una patraña; dialogar implica negociar, ceder, cambiar, rectificar, sobre todo del lado de quienes ejercen el poder, y sus voceros ya han dicho que no están dispuestos a "ceder", y sólo han cedido -sentarse a un debate ante las cámaras de televisión- porque la calle los ha puesto en ese brete. Si este encuentro inicial se encaminara al diálogo no sería sobre la base de desmontar la protesta sino de acentuarla en los términos democráticos y no violentos que sus dirigentes han planteado; ya se sabe de sobra que al régimen se le obliga por la acción ciudadana y no por la potencia de los razonamientos, por más contundentes que sean.

El procerato rojo maniobra. Busca ganar tiempo para salirse de la asfixia que le han producido sus propios gases tóxicos, la represión y las muertes de las cuales es autor. Aparenta diálogo y busca que las diferencias en la oposición se transformen en división. Por tanto, resulta un contrasentido que algunos dirigentes opositores que asistieron al debate y que acusan a otros dirigentes de la oposición de ser los responsables, por radicales, de las protestas, no asuman que si así fuera, esos radicales les habrían permitido el escenario del debate que ganaron. Si María Corina, Leopoldo López, Antonio Ledezma y los demás dirigentes fuesen "los culpables" del levantamiento que hay en el país también lo serían de haber obligado al gobierno a sentarse con el otro sector de la oposición en cadena nacional, parte del cual ha condenado las protestas que despejaron el camino para decirle unas cuantas cosas a Maduro y su séquito.

Es claro que el gobierno y algunos miopes quieren que las diferencias en la oposición se transformen en ruptura entre los "sensatos" y los "exagerados". Sin duda, le haría más fácil al gobierno la represión contra los dirigentes de #lasalida, Leopoldo López y Voluntad Popular, María Corina y Antonio Ledezma, y también en contra de los estudiantes independientes y de los líderes populares que protestan, pero sería un negocio suicida; los "sensatos" quedarían sin base social significativa a merced del régimen que en ese preciso instante evaporaría estos amagos conversatorios. No hay que olvidar en estos días de abril lo que hizo Chávez después que los militares que le pidieron la renuncia -"la cual aceptó"- lo repusieron: diálogo y mareo, mareo y diálogo, hasta que se sintió fuerte y mandó todo al diablo. Luego de las elecciones municipales de diciembre pasado, hubo un par de reuniones con algunas intervenciones sólidas y otras lamentables, pero cuando el poder sintió que las piernas no le temblaban, volvió a las andadas hasta que la protesta iniciada el 12 de febrero le paró el trote.

La situación ahora es diferente. La protesta permanece, no hay dirigentes que se desmarquen abiertamente de ésta, no hay quienes se opongan a un diálogo genuino, existen exigencias compartidas y los resultados se verán en los próximos días.

LA DIVISIÓN DEL GOBIERNO.

Las fisuras en el régimen florecen, son graves y crecientes. Las diferencias entre los miembros del cogobierno rojo se hacen cada vez más evidentes, especialmente entre Maduro y Cabello, en un pleito en el que el otro factor, el general Rodríguez Torres, se aleja unos centímetros para no ser salpicado. La intervención incoherente de Diosdado Cabello en la reunión comentada no refleja sólo un problema conceptual sino también político; posiblemente todos quieran impedir cualquier amago de diálogo, pero además el Capitán quiere sustraerle todo poder a Nicolás mediante el procedimiento de marcarle la pauta con medidas, desafíos y agresiones que no le consulta.

Esa división al interior del poder rojo aunque viene de lejos, de la decisión sucesoral que salvo Maduro todos sus pares consideran como absurda, se ha incrementado en la medida en que las bases chavistas y niveles importantes de la dirección media, muestran signos de impaciencia por la tragedia económica y la descomposición política. En los corrillos del poder se comentan, ya con algún descaro, las tratativas para que una transición que reemplace al que funge ahora de jefe se realice pronto dentro de los próceres rojos, hacia los más moderados, antes que el poder se desplace a los que consideran de "derecha", es decir, los opositores más firmes.

LA VERDAD ANDA EN COMISIÓN.

La designación de la Comisión de la Verdad en la Asamblea es otro capítulo no por grotesco, menos importante dentro de las estratagemas oficiales. América Latina tiene experiencia en la materia. Una comisión de esa naturaleza no puede estar integrada por los victimarios y, sin duda, sus miembros deben llenar requisitos éticos para la sociedad en su conjunto. El proceso de establecer lo que se denomina "la verdad", requiere que las víctimas o sus relacionados hablen directamente; además, demanda el establecimiento de reparaciones, tanto simbólicas y morales, como pecuniarias y judiciales. Su nacimiento y desarrollo es en extremo complejo y no puede ser decidida ni su composición ni su operación por uno de los principales inspiradores de las agresiones perpetradas contra los demócratas.

LA PRUEBA.

La prueba de todo este proceso se medirá en resultados. Así como el gobierno tuvo que buscar un burladero para aparentar diálogo, en el cual salió corneado, así buscará otros. Por esta razón los motivos de la protesta nacional en marcha se mantienen. La necesidad del reemplazo constitucional del régimen se mantiene. El papel de los dirigentes políticos y de los estudiantes que así piensan es sólido. De todos modos, ahora que los dirigentes democráticos, tanto los que las apoyaban como los que se les oponían respaldan las protestas, se puede decir que la agenda de demandas al gobierno se ha vuelto compartida hoy por toda la oposición. La unidad tiene extrañas formas de florecer, pero florece.

Carlos Blanco G.
www.tiempodepalabra.com
@carlosblancog


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lunes, 10 de marzo de 2014

CARLOS BLANCO, REPRESIÓN DESENFRENADA, TIEMPO DE PALABRA

"Maduro, para permanecer en el cargo que usurpa, tiene que seguir con la represión"
Represión desenfrenada
¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Son preguntas que se hacen ciudadanos de todas las tendencias.
Cuando Nicolás Maduro se encaramó en Miraflores a través de una maniobra fraudulenta que le sustrajo el triunfo a Henrique Capriles, como toda la oposición denunció en su momento, tuvo dos opciones: la apertura o la represión; la primera en el caso de que quisiera moderar la catástrofe económica y social mediante el diálogo real; la violenta, en caso de que no quisiera o pudiera moverse de sus reductos político-ideológicos extremos. Maduro hizo un amago que se detuvo abruptamente; luego recurrió al insulto invariable hacia sus enemigos y frenó las sonrisitas pícaras que Nelson Merentes hacía a los empresarios, sobre la base de la promesa de cambiar, pero "que le dieran un tiempito y no declararan tanto".
¿Por qué Maduro no avanzó en la apertura que algunos de sus gestos sugerían? 
La hipótesis más plausible es que los grupos extremistas, tanto de "la derecha endógena" que presidiría el capitán Diosdado Cabello como la izquierda exógena, proteica, gritona y armada, no le permitieron moverse de lo que -según sus censores rojos- "habría hecho Chávez". No se paralizó con desgano y recomenzó la nueva etapa de intransigencia mortífera. Lo hizo, sin embargo, en condiciones diferentes a las que tocó vivir a su mentor, autor de una paternidad política tan absurda como irresponsable: la botija estaba, si no vacía, extenuada de tanto manoseo de camaradas, boliburgueses, bolichicos, bolichulos y otros parásitos. La escasez le estalló en la cara a un Maduro sorprendido de la falta de obediencia de la economía a sus caprichos; no alcanzaba a comprender que para gastar hay que tener ingresos porque los "vales", los fiados y los apretones de mano con promesa de pago, no funcionan en la economía contemporánea; apenas la trampa de corta vida de imprimir billetes sin respaldo.
El telón de fondo de la escasez es el crimen callejero desatado. Los venezolanos saben de esto, ya no por las noticias de periódicos y radios, sino por la dolorosísima experiencia propia o de alguien cercano. La escasez y el crimen entraron en las casas; la escasez preside las mesas mientras el crimen trepa por los muros de casas y edificios, cuando no se atraviesa al vehículo o serpentea en el autobús.
La escasez y el crimen cotidiano condensan la fuente de las rabias, democratizadas por la sórdida incompetencia del régimen. No sabían cómo resolver estos asuntos, a pesar de los planes y programas, porque ambos temas necesitan amplios consensos nacionales que incluyen a los factores de la producción -tenidos como enemigos-, a la oposición en todas sus ramas y facetas -también como enemigos- y la recomposición institucional (Fiscalía, Defensoría del Pueblo, Contraloría, Poder Judicial y, muy especialmente, del CNE) para crear un clima de honradez y decencia en el país. Hoy el Plan Patria Segura yace en la morgue de promesas rojas y la fórmula mágica para proveer dólares en el Panteón de las Ocurrencias Fallidas.
PLAN, PLOMO Y PRISIÓN.
Ante un panorama tan desolador como el referido, Nicolás Maduro podría haber reflotado la idea del diálogo con un mínimo de seriedad. El diálogo debía ser en un espacio neutral, y el régimen no puede construir su muñeco opositor para empezar a dialogar con él. Los representantes opositores tendrían que ser los dirigentes genuinos de las fuerzas democráticas; Maduro tendría que dar muestras palpables de que quiere dialogar con medidas como la liberación de Leopoldo López, de los estudiantes y los presos políticos, así como el enjuiciamiento de los asesinos que han actuado desde el 12 de febrero en adelante y destitución de sus jefes, entre otras medidas; y, finalmente llegar a una agenda convenida. En cuanto a los interlocutores no pueden ser representantes que no representan a nadie, sino los dirigentes estudiantiles y, en el campo político, al menos figuras como L. López, María C. Machado, A. Ledezma, H. Capriles y Ramón G. Aveledo, también los diputados opositores, entre otros relevantes. Si hubiese condiciones para el diálogo genuino habría que impulsarlo; no mientras sea esta farsa.
En el momento de escribir este texto, el camino de un eventual diálogo ha sido sustituido por la mascarada que se conoce. Su lugar lo ha tomado la represión. La más brutal ejercida por quienes se llenaban la boca con la "defensa" de derechos humanos, quienes enarbolaban las banderas de la rebelión social, quienes hicieron de la protesta su religión atea.
Esta represión no es signo de fortaleza sino de extrema debilidad y de tanto aprisionar a los demócratas, a los estudiantes, a los jóvenes, Maduro ha terminado como prisionero de los cuerpos represivos que comanda: no puede vivir sin ellos, no porque lo tumben, sino porque se cae. El recurso a los colectivos es la entrega del alma al diablo; con ellos logra reprimir sin medida y sin que nadie responda por los crímenes pero, al mismo tiempo, los militares y la policía se retiran parcialmente de la labor represiva en la cual unos cuantos oficiales y guardias nacionales se han envilecido hasta el asco.
Maduro se colocó en la situación en la que para permanecer en el cargo que usurpa tiene que seguir con la represión e incrementarla. Cuando se le agoten las municiones, se fatiguen los represores o se produzca desacato de sus órdenes ilegales, será el momento de la partida. Por lo tanto, no es audaz imaginar una transición pacífica debatida entre las fuerzas democráticas y factores del chavismo, que aunque sean tuertos tengan alguna ventaja en ese país de los ciegos ideológicos.
LA CALLE.
Nadie jefea la calle. Ha sido el resultado de una confluencia de factores, varios de ellos fortuitos y otros estructurales. Como todo proceso social vive inmensas contradicciones, por eso es que el pensamiento "políticamente correcto" suele fallar, como si las barricadas estuviesen diseñadas por un alto mando radical, del cual es una papaya deslindarse. Así como el Gobierno inventa su propia oposición; los mandarines inventan sus radicales para caerles a porrazos.
Los mejores métodos son los no violentos. Las barricadas -salvo cuando son para defenderse de una agresión policial, militar o paramilitar, ahora desatada- no suman sino que restan. Sin embargo, la vía del convencimiento es la mejor, antes que denigrar de los jóvenes que las usan, a veces más como instrumento de comunicación (e incomunicación) en la búsqueda de una solución inmediata a la tragedia nacional. Ha quedado demostrado que en la medida en la cual los dirigentes convocan con sentido más inclusivo, las manifestaciones combativas y pacíficas sobrepasan los combates de trincheras, circunstanciales y desventajosos, con los represores.
En medio de la humareda, dirección y organización son nuestras primeras necesidades.
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