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martes, 10 de diciembre de 2013

ALBERTO MEDINA MENDEZ, LA SIMULACION COMO FORMA DE VIDA, CASO ARGENTINA,

Los gobiernos populistas establecen un vínculo con la sociedad que se sostiene siempre sobre la mentira. El poder es el fin último de todo su accionar. No tienen escrúpulos, ni ideologías, ni siquiera convicciones, que sean más importantes que retener el mando a cualquier costo.

Todo pasa por obtener apoyo popular, por eso las dádivas, las prebendas, los privilegios y el reparto de dinero público para condicionar a sus aliados. La idea es que la mayoría de los ciudadanos se sienta contenido por el régimen, al que le debe favores y por lo tanto debe rendirle sumisión garantizándole respaldo electoral para su sustento político.

En ese juego perverso manipulan todo y bajo esas reglas la economía no soporta demasiado sin mostrar su vida propia. Más tarde o más temprano llegan las consecuencias del intervencionismo y aparecen esas temibles distorsiones que desnudan su impericia e ignorancia como gobernantes.

Argentina vive un nuevo capítulo de este sainete. Por momentos parece una comedia, pero lo burdo y trágico lo convierte en un daño letal para miles de ciudadanos que lo sufren a diario.

El recambio del gabinete, con nuevos personajes a la vista, intenta mostrar un cambio de rumbo aunque con la ambigüedad de la demagogia contemporánea. Hablan de profundizar el modelo y ratificar el rumbo, pero al mismo tiempo se ocupan de mostrar señales de modificación de estilo y final de ciclo de funcionarios que venían restando imagen política.

Los que gobiernan saben que no está todo bien, pero han quedado atrapados en su propio relato. Por un lado no pueden reconocer públicamente que la economía está tropezando y que no hay forma de sostener esa irrealidad hasta el infinito. Por otro lado, su concepción del poder les impide arrepentirse y confesar desaciertos. Creen que admitir errores debilita su fuerza, sin comprender que el ocultamiento serial en el que incurren los hace más ilegítimos aún, al utilizar el fraude intelectual como recurso, lo que la sociedad invariablemente castiga en las urnas.

Suponer que no tienen un plan para tratar de salir del caos sería subestimar la ambición de su proyecto político. Ansían permanecer, pero para ello necesitan resolver parcialmente el desastre. Si no lo detienen se complicará más aún con efectos desbastadores para todos, en especial para su facción.

Como han hecho de la simulación su atributo, no eligen la honestidad como camino. Un gobierno sensato, de hombres íntegros y de bien, con una conducta moral al menos aceptable, optaría por hacer lo correcto.

Todo sería más fácil si se asumieran con dignidad las equivocaciones,  mostrando la profunda voluntad de hacer los cambios para corregir la dirección de las decisiones. Abundan ejemplos en la historia política reciente de gestos de esta naturaleza que, al menos desde lo electoral, rinden frutos y ayudan a la sociedad a reconciliarse con la política.

Pero no se puede esperar actitudes honradas de gente que hace de la farsa su modo de relacionarse. Están acostumbrados a engañar, viven bajo esos paradigmas, se han profesionalizado en esto de decir una cosa y hacer lo contrario, hasta el punto de no lograr contemplar la variante de ser frontales, porque han perdido hasta el pudor en el arte de gobernar.

Ellos han detectado el problema, saben lo que ocurre, lo reconocen pero solo en la intimidad del poder. Avanzan ahora en un nuevo simulacro, que han estudiado minuciosamente. Saben exactamente lo que intentarán hacer, pero también lo que dirán ara cuidar al máximo el discurso.

Tan importante como lo que pretenden implementar es desconocer los errores del pasado, aunque cada tanto, recurrirán a algún desliz para dejar entrever que ALGO están enmendando sin que sea lo esencial del modelo.

Este gobierno "ajustará", a su modo, aunque sea mínimamente, con su espíritu timorato siempre sin tocar demasiado los intereses de los propios. Lo hará invocando algún artilugio argumental, pero tratará de moderar el gasto, aunque con la impronta de su inmoral y discrecional mirada. No será austero, ni tampoco transparente, pero apelará a la postergación de pagos, a la dilación crónica y a la inacción para generar cierto ahorro.

Mientras tanto, procurara reemplazar su fuente de financiamiento habitual  derrumbando uno de sus supuestos pilares ideológicos. La tarea será bajar la emisión y endeudarse. El objetivo es disminuir la inflación y aunque no puedan admitirlo, saben que el camino para lograrlo es reducir el ritmo vertiginoso de esta rutina de emitir moneda para financiar gasto estatal.

Necesitan impunidad para evitar el impacto jurídico de la ya inocultable corrupción endémica. Para ello precisan retener el poder y seleccionar al sucesor que se los garantice. No buscan resolver los asuntos de fondo, solo aspiran a encontrar un poco de maquillaje que les permita salir de este brete que ataca sus posibilidades electorales de corto plazo.

Han hecho un hábito de este modo de conducirse por el mundo. Intentaran bajar la inflación, esa que para ellos no es tal y salir de un cepo cambiario que dicen que no existe. Su dualidad es innegable, pero a estas alturas, queda en evidencia que, no hacen lo que hacen como parte de una estrategia general o como un mero recurso táctico circunstancial. La simulación es en ellos una forma de vida.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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miércoles, 23 de enero de 2013

NELSON CASTELLANO-HERNÁNDEZ, DE LA AUTOCRACIA A LA DOMINACIÓN EXTRANJERA

Hace ya tiempo que no vivimos en democracia, la autocracia instalada en Venezuela utilizó el sistema democrático para alcanzar el poder y desde adentro ir destruyendo sus bases.
Lo perverso de estas nuevas formas de dictadura, es simular jugar con reglas del juego democrático, abusar con el ejercicio del poder, violar leyes y normas jurídicas, disimularlas con decisiones amañadas, que sirven para colocarles el disfraz de legalidad y terminar destruyendo el estado de derecho.
Una Nación que carezca de independencia entre los Poderes del Estado y donde estos se encuentren al servicio de una ideología, no es una democracia, aunque cuente con la complicidad internacional que brinda una chequera petrolera.
La ciudadanía sufre la angustia de sentirse abandonada, de los políticos, de los jueces, de los garantes del orden, de sus fuerzas armadas, quienes por temor o por complacencia aparecen sosteniendo el nuevo orden anticonstitucional.
Con la mayor caradura hablan de revolución, para justificar una dictadura. Hablan de atender las necesidades del pueblo para justificar políticas de regalos que proporcionan subdesarrollo, y dependencia miserable a las dadivas gubernamentales.
Defienden una economía de centralismo estatal, para justificar expropiaciones ilegales y la ruina de los factores productivos, con la consecuente pérdida de fuentes de trabajo.
Hablan de solidaridad latinoamericana, para ocultar que se compran conciencias internacionales a cambio de regalos millonarios, que son utilizados para beneficio de otros pueblos de otras naciones.
Enarbolan un discurso anti-imperialista, pero disimulan con cuidado la inmensa corrupción, el desvío de los recursos del estado, el cobro de comisiones, el enriquecimiento con divisas a título personal, lo que permite engordar en billetes verdes, cuantiosas cuentas bancarias en el exterior.
Las instituciones internacionales se debilitan por alcahuetear estas situaciones, la crisis de dirigentes y estadistas es internacional, la época de pensadores, de hombres cultos y dignos, ha cedido el paso a una pandilla de rufianes interesados en mantenerse en el poder o disfrutar de privilegios a como dé lugar, aunque sea nocivo para las instituciones que representan.
Al parecer todo el mundo tiene su precio, el estudio histórico comparativo no puede sino demostrar, la mediocridad que gobierna gran parte de los países, que prefiere mirar hacia el otro lado para no respirar el olor nauseabundo de ciertos regímenes.
La aplicación de las normas internacionales tiene dos medidas según los intereses en juego, a Hondura y Paraguay se les sanciona, pero se permiten las violaciones de los delfines del “compadre dadivoso”, afín de imponer sus decisiones arbitrarias.
La tragedia Venezolana se acentúa, ante el vacío partidista dejado por la ausencia del líder único. La carencia de talento se sustituye por amenazas, atropellos y violaciones de normas y leyes.
La ausencia del “prestidigitador” preocupa a la corte internacional que se beneficia de sus desvaríos de grandeza, que se traducen en financiamientos de sus propias realidades.
Todo esto nos lleva al lamentable espectáculo que están dando una serie de Jefes de Estado, que se inmiscuyen con descaro, en la política interna venezolana, a fin de garantizar sus cuotas de ayuda económica, con las que se ha caracterizado el estilo de gobierno de estos últimos 14 años.
La falta de experiencia y condiciones entre los nuevos conductores de la autocracia, convertida en triunvirato, los somete al control extranjero que más sabe por viejo que por diablo. Él es en realidad el que coordina las instrucciones que repiten los jefes de estado y sus comisionados, que uno a uno reciben las líneas a seguir en su paso por la isla.
Toda una conspiración orquestada con el mayor cinismo, con la complicidad de los dirigentes oficialistas, destinada a someter al pueblo venezolano a la dominación extranjera.
Nuestra soberanía está en entredicho, sus recursos se invierten en el exterior, la violencia manda en las calles obligándonos al auto secuestro y la injerencia extranjera es pan de cada día.
Nos encontramos con un Presidente ausente de forma indefinida, incapaz de hablar, mostrarse o vivir en su país, pero que misteriosamente firma nombramientos, toma decisiones y aprueba medias que benefician a los nuevos actores políticos y a sus mentores los Castro.
Una sombra misteriosa rodea al Jefe de Estado, los informes ambiguos se suceden y acrecientan la certitud, de que más allá solo existe la intención de ocultar la verdad.
En Venezuela se siente que perdemos nuestra independencia, que ella se diluye con la presencia de fuerzas extrajeras que nos controlan, con la manipulación férrea de las instituciones del estado, con el desmantelamiento de la empresa privada que no pueden controlar.
Con las violaciones constitucionales, con la violencia desatada y la impunidad reinante, que nos lleva a sospechar de complicidad en las altas esferas. Con la instalación de una ficción de democracia, donde se gobierna con el principio “lo hago porque me da la gana y por qué tengo el poder para imponerlo”.
Todo un trágico show con participantes “ilustres”, los presidentes de Bolivia, Evo Morales, de Nicaragua, Daniel Ortega y de Uruguay, José Mujica. Amenizado con amenazas a la oposición, dictámenes jurídicos inconstitucionales y al son de música de orquesta. Opera bananera tercermundista dirigida desde la Habana, con un marco de misas y plegarias de recién convertidos a la fe cristiana, después de haber invocado ritos con brujos, santeros y espíritus de la sabana.
Las graves consecuencias duraran generaciones para que desaparezcan, la barbarie, la incultura, el atraso, la violencia son rápidos en destruir lo que se construye poco a poco con el trabajo, el esfuerzo, con valores y con decencia. Como el tsunami que arrastra la civilización con sus aguas incontrolables, dejando desolación, muerte y destrucción a su paso.
Pero después de la tormenta sale el arco iris, el de la justicia divina que selló un pacto con la humanidad, que permite que un pueblo arrinconado contra la pared, produzca de nuevo a un Bolívar, un Gandhi, un Alcide de Gasperi, un Martin Luther King … que una vez tuvo un sueño.. “que un día los hombres se levantarán y percibirán que están hechos para vivir unos con otros como hermanos”.
nelsoncastellano@hotmail.com

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