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viernes, 9 de mayo de 2014

ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ, GOLPE CASTROMUNISTA A PRENSA, CON VOZ PROPIA

"Venezuela ha dejado de ser Estado Constitucional", afirma Academia de Ciencias Políticas y Sociales al analizar fallo de la Sala respectiva del Tribunal de Justicia, que controla el régimen rechazado por 60% de la población. Acoso contra libertad de prensa lo evidencia.
Desde 2002 figurábamos entre los países con medios libres, pero último  informe de Freedom House (FH) nos ubica entre los 5 de Latinoamérica sin libertad de prensa. Cuba, Honduras, Ecuador y México son los otros.
La hegemonía lleva a compra de medios a través de testaferros o de personas identificadas con el régimen. Globovisión,  Cadena Capriles y varias radios, entre varias negociaciones concertadas, así lo demuestran.
FH valora control sobre el contenido de medios, acceso a la información y fuentes, censura, autocensura e intimidación a periodistas. Indica que impacto de corrupción y soborno afecta sostenibilidad de la prensa.
Estudio de  Encuesta Benarometro  revela que en últimas protestas la censura se ha manifestado en Venevisión, con un 63,2%; Televen: 62,6; Globovision: 59,2.
Como en los  tiempos cruciales de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez ahora se  acude a medios del exterior, para saber lo que sucede.
         Intensifica el régimen lo que no logró con el terror mediático del 9 de diciembre 2002 soportado por medios asaltados en 13 entidades. Siguió con  clausura de RCTV, 240 radios y 2 televisoras regionales. 
El castro comunista Nicolás Maduro auspicia política agresiva contra el derecho fundamental. Reporteros sin Fronteras, clasifica a Venezuela y Cuba entre los países con más ataques oficiales a medios y periodistas.
Luchar por la libertad de información es delito para el régimen del país que la consagró por primera vez en el mundo hispano y hoy lo establece constitucionalmente con la mayor cantidad de normas. 
La manipulación forma parte de la política del militarizado régimen. Mientras la policía anunciaba que el homicidio del capitán Eliézer Otaiza se debía al hampa común, Maduro declaraba en cadena que fue planificado en Miami “por los sectores que tuvieron el poder mediático”.
Bajo su primer año de mandato crecieron 240% violaciones a la libertad de expresión. Entre enero y abril se registraron 325, incluyendo 37 detenciones, 67 agresiones, 31 hurtos y una herida de bala, sufridos por comunicadores.
         El abuso de los medios audiovisuales caracteriza al régimen. En abril Maduro habló más de 22 horas por cadena de radio y tv; promedio de 45 minutos por día.
         De la arremetida no escapan impresos independientes. Por falta de papel, la mitad de 105 diarios son afectados; 12 han dejado de circular; 33 recortaron páginas. 30 mil trabajadores podrían perder empleos.
         Para el  diputado Earle Herrera  su régimen ataca la mafia de grandes medios que acusa de golpista y afirma que si diarios de la región donaran   página que le dedican  superarían falta de papel.
La voz militar denuncia un  plan insurreccional de EEUU, para ocultar golpe asestado a la prensa.

Alberto Jordan Hernandez
Jordanalberto18@yahoo.com
@albertojordanh

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martes, 6 de mayo de 2014

CARLOS E. AGUILERA A., LA PRENSA, SOSTÉN DE LA DEMOCRACIA

"No escribas como periodista lo que no puedes sostener como hombre" Francisco Zarco, periodista y escritor mexicano
A los regimenes dictatoriales, llámense de derecha o de izquierda, les es incómodo que los medios de comunicación desnuden sus mentiras, atrocidades, abusos, atropellos y todo cuanto les viene en gana. Por eso, se afanan –prevalidos del poder que detentan – en crear con los recursos del erario nacional, medios impresos y audiovisuales (radio y televisión), para tenerlos a sus órdenes y conveniencia.
En el caso venezolano vemos como el régimen utiliza estos medios, de manera particular la radio y televisión, para transmitir sus mensajes ideológicos en los que las bondades del socialismo del siglo XXI, son la panacea para el disfrute de una mejor calidad de vida, salud, vivienda y de todo cuanto programa han inventado durante estos largos 15 años, cuando la realidad, la triste realidad es otra.
Se acusa a la oposición de estar conspirando para derrocar a Maduro con la tutela económica y política de los Estados Unidos, hecho que lo califican como una guerra económica, pretendiendo esconder su ineficiencia en el manejo de los asuntos del estado. Hasta la presente fecha no se conoce el o los nombres de sus autores, pero llegan al extremo de acusar a los medios de comunicación social independientes de instigar a que se lleve a cabo la defenestración del inquilino del Palacio de Miraflores.
Y esta ilógica acusación de Nicolás Maduro, ocurrió paradójicamente dos días antes de la celebración del “Día Mundial de la libertad de prensa”, fecha que se conmemora para recordar el pensamiento de hombres y mujeres que en el ejercicio del periodismo utilizaron su profesión para convertirla en estandarte de sus vidas.
El derecho a expresarnos es conocido como la Libertad de expresión y fue promulgado en 1948 mediante la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19. La misma, otorga las garantías para que los ciudadanos tengan el derecho de organizarse y editar medios de comunicación, cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por los poderes del Estado.
Algunos personajes de la historia latinoamericana, fueron indoblegables en esta lucha por la defensa de la libertad de expresión, muchos años antes de la citada Declaración. Solo mencionaré a tres: el mexicano Francisco Zarco, el ecuatoriano Juan Montalvo y el cubano José Martí. El primero sostenía que “la prensa no solo es el alma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización” y también aconsejaba: "No escribas como periodista lo que no puedes sostener como hombre".Montalvo por su parte advertía: "Así pues, el primer cuidado de los tiranos ha sido en todos los tiempos ahogar la voz de los oprimidos, aniquilar el pensamiento público" y agregaba: "La prensa es el 'de aquí no pasarás' de los gobernadores, de los ministros, del monarca y aun del Poder Legislativo". Por su parte Martí enseñaba que "La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante, es proposición, estudio, examen y consejo" y recalcaba: "La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente y hablar sin hipocresía".
Hoy en pleno siglo XXI no podemos hablar de que esta libertad sea garantizada plenamente. Varios casos de violación de derechos humanos ensombrecen los titulares de los medios en todo el mundo, y en particular el caso venezolano, hoy por hoy conmovida por los acontecimientos que vienen ocurriendo desde el pasado 12 de febrero, que hasta la fecha han originado la muerte a 42 compatriotas, que por el solo hecho de protestar contra el régimen han sido y siguen siendo objeto de brutal represión, como jamás había ocurrido en el país. Página negra que  pasará a la historia.
Para algunos, esta lucha que libran los estudiantes a quienes se les ha sumado la sociedad civil resulta infructuosa, pero para otros que son muchos, es un esfuerzo esperanzador  apoyado por un pueblo golpeado por la corrupción, inseguridad, escasez de alimentos y medicinas, alto costo de la vida, pésimos servicios públicos, y muchos sinsabores que han convertido estos duros años en una auténtica pesadilla.
Y todos estos males que esconde el régimen, no es por culpa de los medios de comunicación independientes, como señala Maduro y sus conmilitones del PSUV, sino de la incapacidad, ineficiencia y la ejecución de políticas públicas dictadas por el castro-comunismo desde la isla antillana de Cuba. Al régimen le molesta que la prensa libre e independiente recoja en sus páginas informaciones, tales como el fatídico saldo del número de venezolanos cuyos cadáveres llegan semanalmente a la Morgue de Bello Monte, y sus cifras son alarmantes como si se tratase de un parte de guerra.  En extremo, le causa escozor que articulistas de opinión critiquen o enfoquen temas, que a diario agobian al pueblo venezolano.
En estos dolorosos doce meses han sucedido episodios que pudieron evitarse, más por el comportamiento de quien dirige los destinos del país, negado a gobernar sin exclusión de clases sociales, abocándose únicamente a sus parciales a quienes incita con su obsecuente diatriba violenta, que termina promoviendo un síndrome de natural alarma e inquietud , jamás visto en nuestro país.
La opinión pública venezolana sabe que las judicaturas, el CNE, Poder Legislativo, entidades de control, fuerza pública y otras instituciones son simples apéndices de un partido que lo controla todo, hasta la institución castrense, violando de paso la Carta Magna. A ello se suma la opresión a los medios de comunicación, a los que se les obstaculiza la obtención de los dólares para la importación de papel, originando en consecuencia el cierre de algunos de ellos en la provincia, y otros a punto de salir de circulación, por la asfixia económica a las que se les somete.
Ignora el régimen, que los periodistas somos trabajadores sociales al servicio de la sociedad en general, y los medios de comunicación el soporte y sostén de la democracia, abierta y pluralista, sin ropaje ni tinte de extrañas doctrinas políticas ajenas a la idiosincrasia venezolana.
¡Preferimos una agonía en democracia, que una vida al servicio de una tiranía!!

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)
Carlos E. Aguilera A.,
careduagui@yahoo.com
@_toquedediana

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martes, 1 de octubre de 2013

ALEK BOYD, LA HEGEMONÍA COMUNICACIONAL DEL CHAVISMO

El deplorable estado en el que se encuentra la prensa en Venezuela no puede sorprender a nadie. Ya lo decía Andrés Izarra, uno de los multiministros chavistas, poco después de la suspensión de la licencia y robo de equipos a Radio Caracas Televisión (RCTV): “La hegemonía comunicacional yo la lancé como una reflexión en el marco de la construcción del socialismo y lo dije en el sentido gramsciano. Gramsci no habla de hegemonía como lo están haciendo estos intelectuales de derecha, que lo quieren hacer ver como una imposición, como una dictadura, como una coacción sobre la pluridad, sobre la libertad de disentir, en lo absoluto.”

Es evidente que Izarra ha debido leer una versión edulcorada de la propuesta ideológica de Antonio Gramsci. Lo cierto es que en Venezuela, la hegemonía que existía y que mantenía el capitalismo del status quo -según el concepto gramsciano- ha sido suplantada por otra. Un simple enroque. Donde había una pluralidad representada por unos cuantos canales de televisión y periódicos, que en los 40 años previos al arribo del golpista Hugo Chávez al poder criticaban a tirios y troyanos, ahora hay una cuasi hegemonía comunicacional que ha ido apagando una a una las voces críticas. Pongamos ejemplos:

RCTV era el canal de TV con mayor audiencia en Venezuela, su licencia fue revocada en el 2007, y sus equipos robados por el estado venezolano -sin haber pagado hasta el día de hoy la debida compensación. RCTV fue relanzado como TVes y su audiencia desapareció;

Venevisión, tradicionalmente el rival de RCTV, ha erradicado la crítica de su programación desde que en aquella reunión no tan secreta de Jimmy Carter con su dueño (Gustavo Cisneros) y con Hugo Chávez en 2004 se obró el milagro de hacer desaparecer a esa planta del horizonte de blancos mediáticos del chavismo;

Globovisión era el único canal de noticias 24 horas en Venezuela, sus directivos fueron objeto de todo tipo de asedios legales y ataques, hasta que la situación se tornó tan insostenible que decidieron vender a un “grupo de empresarios” (liderados por Raul Gorrín) que se han hecho de oro con el chavismo;

Cadena Capriles, cuyos periódicos Últimas Noticias y El Mundo son, y con mucho, los de mayor tirada en Venezuela, adquirido recientemente por el banquero Víctor Vargas, quien se comenta habría operado como testaferro del gobernador chavista Tareck El Aissami;

El Nacional, uno de dos periódicos (junto a El Universal) considerado como decanos de la prensa en Venezuela, controlado por la exasistente del radical chavista Juan Barreto (Antonieta Jurado) y entre cuyos accionistas mayoritarios se encontraría Danilo Díaz Granados, uno de los operadores financieros predilectos del chavismo.

Tenemos entonces que los medios impresos y de televisión de mayor audiencia en Venezuela han sido o silenciados, o sobornados, o comprados por el régimen o sus testaferros. Habida cuenta del primitivismo que caracteriza la ideología chavista, tenemos que uno de los argumentos favoritos es aquel que mantiene que “los medios están en manos de la oposición”, o aquel otro que propugna que la “revolución bolivariana es víctima de una guerra mediática en su contra”.

El líder de la oposición, Henrique Capriles Radonsky, se ha visto en la necesidad de lanzar un nuevo medio virtual (Capriles.tv) cuyos valores de producción revelan la precariedad de su presupuesto. Este emprendimiento es producto de la disminución del número de medios independientes dispuestos a darle tribuna a sus opiniones. Así de plural es la arena mediática actual en Venezuela.

Mientras el régimen cuenta con una cantidad innumerable de radios comunitarias, canales de televisión nacionales e internacionales, medios impresos, oficinas y agentes de propaganda, sitios web, etcétera, los medios independientes que tradicionalmente proveían una perspectiva alternativa a la linea oficial están ahora en manos de los leguleyos del chavismo.

Es decir, salvo algunas excepciones a nivel regional, los medios de importancia en Venezuela han sido subyugados. Aun cuando las voces disidentes aún presentes en dichos medios no han sido del todo apagadas, en los medios creados por el chavismo -la hegemonía comunicacional de Izarra- no existe la pluralidad, no existe la critica, no existe el cuestionamiento, no existe el derecho a réplica, es decir, en el proceso de contrarrestar a la prensa “enemiga” el chavismo abandonó toda pretensión de objetividad, y presenta una irrealidad tal que ni siquiera sus propios partidarios sintonizan para recibir el dogma.

La hegemonía comunicacional de Izarra no busca, ni pretende, informar. Es proselitismo puro, estilo Gramsci, que solo busca suplantar valores arraigados en la sociedad venezolana por aquellos del “socialismo del siglo XXI”, algo que ni siquiera el mismísimo Hugo Chávez logró conceptualizar.

Alek Boyd es periodista.
alek.boyd@gmail.com

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jueves, 8 de agosto de 2013

EDUARDO MACKENZIE, LA FARC, LA PRENSA Y LA , INFORMACION, COLOMBIA

Este 7 de agosto, los jefes de las Farc dieron a conocer en La Habana un documento intitulado “Diez propuestas mínimas para la democratización de la información y la comunicación y de los medios masivos de comunicación”.  Ese texto no pretende “democratizar la información” en Cuba. Recoge las ideas más presentables que ellos tienen para acabar con la libertad cultural, de  prensa e información en Colombia.

No hay allí nada original. Son ideas que ya han sido aplicadas por el chavismo en Venezuela, por el correísmo en Ecuador y por el castrismo en Cuba, con resultados desastrosos.
Desde luego el tono que emplean los artistas de las Farc es beato y zalamero. Se diría que con ese decálogo ellos van a hacernos el favor a los colombianos de “ampliar la democracia”,  para satisfacer a la señora Clara López, jefe del Polo Democrático (comunista), quien ha hecho de esa frase su nuevo fondo de comercio.
Las Farc aspiran a que el gobierno de JM Santos y el partido liberal acojan como algo muy progresivo ese nuevo plan estrafalario, como acogieron los otros que llegaron a la mesa de “negociación” en Cuba.
Según el nuevo plan, las Farc están llamadas a “regular la producción de información” en Colombia. Lo primero que harán es apoderarse del organismo que gerencia el espectro radioeléctrico, o electromagnético, del país. Es decir el organismo que otorga y retira las licencias de transmisión a las cadenas de televisión, radio y telefonía. Quien no esté de acuerdo con el nuevo poder, y no se someta a los dictados del régimen que las Farc quieren dirigir, no tendrán posibilidad alguna de existir ni de salir al aire.
Sin el aval de las Farc, ese organismo no podrá atribuirle a nadie nuevas bandas de frecuencia o validar las actuales. Lo dicen así: “De manera especial se garantizará la participación social en la definición del Cuadro Nacional de Atribución de Bandas de Frecuencias-CNABF, instrumento clave de la gestión, la administración y el control del espectro radioeléctrico.”
Nadie ignora que cuando las Farc hablan de “participación social” o de “sector social” o de “sector comunitario”, ellas hablan, en realidad, de ellas mismas, no de los grupos humanos que integran la sociedad libre colombiana.
Esa será la principal palanca para esclavizar e incluso destruir la empresa privada del sector mediático y para ponerle un corsé asfixiante a los ministerios que tienen que ver con los medios de información. Pero no será la única.
Las Farc quieren, por otra parte, restablecer la censura previa y posterior sobre los contenidos de los medios de comunicación e información. Para lograr eso, proyectan crear, como hizo Rafael Correa en Ecuador, un  organismo que ejerza un “control social y popular  sobre los medios de comunicación”. Lo dicen así, sin rodeos.
Para dejar bien atado el tamal fariano,  van a “diseñar una política de información y comunicación” que todo el mundo deberá acatar al pie de la letra. Piensan crear enseguida un organismo “especial” que imparta a toda la población del país  –mediante el concurso obligado de la televisión, la radio, la prensa escrita, la telefonía e internet--  esa “política de información y comunicación” así como la nueva cultura y la nueva doctrina fariana, la cual dirá qué se puede pensar en el país y qué se puede decir en los medios bajo control del nuevo régimen. Tratarán así de introducir en la mente de cada ciudadano la terrible visión del mundo que tienen las Farc. Ellos llaman eso de esta manera: “Programa especial de información y comunicación para la reconciliación y la paz con justicia social orientado a la población en general.”
Vean lo que le echarán a su tóxico coctel: “Tal programa tendrá como contenido principal la difusión y explicación amplia [ah que bien utilizada la palabra amplia] de los Acuerdos entre las FARC-EP y el Gobierno, así como la promoción de una cultura para la reconciliación nacional y la paz con justicia social en medios impresos, en radio y televisión e internet.”
Ya sabemos qué significa eso de la “promoción de una cultura para la reconciliación nacional”: aceptar a las Farc como los nuevos amos del país, cerrar los ojos ante la impunidad de todos sus crímenes, negar los derechos de las víctimas, aplaudir el desmantelamiento de la fuerza pública, elogiar las medidas anticapitalistas, consentir la abolición de la propiedad privada, tolerar la concentración de los poderes públicos en un poder ejecutivo y alabar el alineamiento de Colombia a la política exterior de Cuba y Venezuela. En breve, esa “cultura” consiste en aprobar la destrucción de Colombia.
Nada de eso podrán hacerlo si los medios de información y comunicación siguen siendo libres y alertas. Las Farc saben que Hugo Chávez se quejaba por no haber abolido desde el comienzo de su tiranía la prensa y los medios libres, como sí logró hacerlo Fidel Castro, mediante el paredón y la cárcel, desde los primeros momentos de su dictadura. La prensa fue siempre una piedra en el zapato para Chávez y lo sigue siendo para Maduro, Correa, Ortega y Evo Morales.
Las Farc no quieren que la prensa, los medios, los periodistas, los blogueros y la ciudadanía en general, tengan medios intelectuales de defensa. Quieren arrebatarles esas palancas de libertad para imponer sin obstáculos su detestable dominación.
Hace unos días, un grupo indígena del sur del país, le pidió al Ejército que cerrara su radio bajo el pretexto de que sus programas “violaban la identidad cultural” de esa comunidad. El gobierno rechazó, por fortuna,  ese abusivo pedido pero no se sabe si cederá más tarde ante el primer descuido de la opinión. Ese episodio muestra cómo las Farc –el verdadero motor de esa exigencia-- ven como una prioridad la manipulación del “sector comunitario”, y llegan a imponerle a éste tareas para destruir las iniciativas mediáticas del Ejército y por ende  del Estado y del sector privado,  y para avanzar hacia el deterioro fatal de las libertades que el país ha tenido en su larga vida republicana.
Hay otros puntos en el programa de las Farc: grandes sumas de dinero del presupuesto nacional y de la empresa privada tendrán que ser vertidas para financiar, óiganlo bien, la creación de la enorme maquinaria de propaganda que quieren montar las Farc en el nuevo periodo que les abren los diálogos de La Habana.
Sacar esa plata del presupuesto nacional será muy fácil, pues el nuevo régimen, según las Farc, habrá desmantelado gran parte de la fuerza pública, acto que en el lenguaje faruco equivale a una simple “reducción del gasto en seguridad y defensa”. En cuanto al sector privado éste “contribuirá con la contratación del diez por ciento de su pauta publicitaria.”
Para erigir el ministerio de Propaganda de las Farc será pues indispensable arruinar el Ejército y la Policía y expoliar a la empresa privada. Grandes economistas, Timochenko e Iván Márquez, tienen la fórmula mágica para eso: echarle mano a los “créditos blandos estatales”,  recurrir a la “cofinanciación estatal” y desviar hacia ellos las “pautas publicitarias”. En el documento del 7 de agosto no hablan de otra cosa y la palabra “control” está en todas partes.
En Ecuador existe un aparato represivo que basa su acción en la reciente “Ley Orgánica de Comunicación”, una camisa de fuerza para la prensa escrita y audiovisual, que es, según la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), una verdadera “ley mordaza”, que rompe con “los estándares internacionales en materia de libertad de prensa y expresión”. Esa ley liberticida de Correa, según la SIP,  “tiene la potestad de controlar la propiedad de los medios, imponer censura directa e intromisión en los contenidos, definir quién puede o no se periodista y crear nuevos delitos de prensa que privilegian a las autoridades y funcionarios públicos por sobre los ciudadanos.”
Las Farc copiaron ese sistema y quieren agravarlo, pues proponen erigir la dictadura de los llamados “sectores sociales” sobre los medios de información y los periodistas. Éstos, sobre todo aquellos que siguen diciendo que en La Habana se está avanzando hacia la paz y que las Farc sí va a convertirse,  esta vez, a la democracia,  deberían leer las diez propuestas de las Farc para la “democratización real” del país.
Tienen que bajarse de esa nube antes de que les llegue el “sector social” y les dicte qué deben escribir y qué deben pensar. Antes de que reciban una orden para comparecer ante una “comisión de control” por haber escrito una frase contra “el sector social”, o por no haber fulminado contra un “enemigo del pueblo”, o por no haber cubierto de elogios las proezas  “sociales” de los nuevos amos.
Con esos instrumentos, las Farc podrán pilotear lo que escriben todos los diarios y semanarios del país, lo que dicen las radios y las cadenas de televisión, y lo que difunden los portales, blogs y otras ventanas de la esfera web.  El paraíso estará pues al alcance de la mano de las Farc.EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,