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miércoles, 30 de mayo de 2012

PACIANO JOSÉ PADRÓN VALLADARES, NO SE VAYAN TODOS

Me angustia constatar que -aun cuando por razones perfectamente comprensibles- los profesores más jóvenes de la Universidad Central de Venezuela se retiran al no encontrar futuro, reciben sueldos de hambre que no les permiten abrir camino, remuneración pírrica obligada por la asfixia económica a la que somete el régimen a la universidad venezolana. Cifras hechas públicas ratifican lo que uno percibe en la convivencia ucevista: “575 profesores han abandonado sus labores en la UCV en los últimos 4 años”. No se vayan todos, por Dios, hay un camino.

         Hace ahora cuarenta años, en 1972, me inicié como profesor en la UCV, de donde había egresado cuatro años antes como Abogado. Espero morir frecuentando las aulas de mi universidad, transmitiendo a la Escuela de Derecho y a la de Ciencias Políticas los conocimientos y experiencia que podamos poseer. Por supuesto que a mi edad, ya con vida hecha -como suele decirse- la remuneración pecuniaria tiene una significación menor que para aquellos que están abriéndose camino.

         El régimen del oscurantismo continuista no quiere a las universidades por ser casas de luz y de aceptación de la universalidad del pensamiento; las persigue y arrincona, les quita recursos y recorta presupuestos. Mientras más dinero ingresa al Tesoro Nacional, proporcionalmente son menores los aportes a las universidades.

         Actualmente un profesor instructor a tiempo completo -el grado menor en el escalafón- gana solo Bs. 2.677. Como si fuera poco, presta su labor docente en condiciones que están lejos de ser las óptimas, con bibliotecas ya obsoletas y laboratorios sin dotaciones, con pocas posibilidades de actualización profesional, sin que sea viable ganarse la vida a pesar de trabajar ocho horas diarias. El abandono del cargo profesoral se hace obligante para muchos jóvenes. En el intento de frenarlos, algunos departamentos se  han visto obligados a flexibilizar los horarios de los profesores a tiempo completo para el “rebusque”. Que expresión tan fea, si bien ese “rebusque” luce inevitable.

          El abandono de los jóvenes profesores es una tragedia para la universidad venezolana, para su actividad docente e investigativa. Se ve renovada demasiado rápido la plantilla de profesores e investigadores, sin que los salientes hayan aquilatado todavía la experiencia necesaria, y sin que los sustitutos,  generalmente más jóvenes, estén en plena forma. Mientras tanto los profesores mayores, incluidos los Jefes de Cátedra, van envejeciendo sin relevo.

         La huida de jóvenes profesores no es exclusividad de la UCV. La  Simón Bolívar ha visto partir en los últimos dos años a 200 profesores, mientras que la UCLA, Barquisimeto, dijo adiós a 15 en los cuatro primeros meses de este año. Por otras razones la UNEFA, creada bajo la inspiración “académica” de Chávez, también ve salir a sus jóvenes profesores, pero por otras razones: el sectarismo y la exclusión. Acaban de botar a 430 docentes porque aparecen en la ominosa Lista Tazcón, esa que el Presidente dijo hace años había enterrado y que nunca más sería tomada en cuenta.

         Venezuela está ante una posibilidad cierta de cambiar su destino el próximo mes de octubre. Me atrevo a pedirles a los jóvenes profesores, algunos de ellos alumnos míos, que no se vayan todos, que no se retiren en julio al concluir el año académico.  Pronto la universidad será valorada como debe ser, como lo era y seguirá siendo. Levanto mi voz de protesta contra el régimen del Presidente Chávez. Si no tuviera suficientes razones para apostarle al cambio, la causa de la universidad sería suficiente.  Rechazo las pretensiones del Tte. Coronel de sumar seis años a los catorce que cumplirá en el poder, para totalizar veinte. Es “como mucho”, no me lo calo. No se vayan todos, hay un camino.

@pacianopadron
pacianopadron@gmail.com

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lunes, 21 de mayo de 2012

RAFAEL DÍAZ BLANCO, MIEDO Y FUGA, ALZANDO LA VOZ

En el país hay mucho miedo. Escribía Ramón Guillermo Aveledo que “el primer deber de una tiranía… es sembrar el miedo. El miedo será su más eficaz aliado. El miedo al poder hace progresivamente innecesaria la represión… El miedo a “los otros” genera la contradictoria, y potente, sensación de que al fin y al cabo el despotismo nos protege de lo que pueda pasar”.


Evidentemente, el miedo puede impedir que las mayorías democráticas se expresen electoralmente. Capriles está derrotando el miedo, sin embargo no es suficiente. Todos y particularmente los líderes y dirigentes debemos vencerlo para completar la estrategia electoral con la movilización nacional que urge comenzar para hacer efectiva la victoria.

También existe y crece diariamente el miedo oficial. Es un miedo distinto. Pudiera cambiar la historia. Se trata del miedo a perder el poder, a la justicia, al fin de los privilegios e impunidad, del pánico a la ley del talión. Es el sálvese quien pueda. Es salvar lo que se pueda a cualquier costo. La vida, la libertad o los bienes mal habidos. Es el miedo que los pone en fuga. Confiesan sus delitos y delatan a sus benefactores, a quienes antes aplaudían, adulaban y seguían. Son los Aponte Aponte que las dictaduras producen y permanecen fieles hasta que temen su fin. Son los que esperan salvarse cuando el barco se hunde. Piensan que el castigo por sus delitos puede ser negociado. Suponen que se puede convenir olvidarlos o perdonarlos. Tratan de excusar su conducta con la obligación de cumplir órdenes o el compromiso revolucionario. Consideran sus delitos menores al lado de los que cometieron a quienes se sometieron.

También hay en fuga muchos “hombres de negocios” que se “limitaron” a aprovechar las oportunidades del proceso para enriquecerse brutalmente. 

Hay otros, que no pueden darse a la fuga. Son los más peligrosos y capaces de todo para mantenerse en el poder. No tienen otra opción. Saben de la magnitud de sus crímenes. Se aferrarán al poder y aumentarán el daño irreparable que ya causan.


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