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martes, 17 de febrero de 2015

LUIS MARÍN, LA NUEVA NARRATIVA, LOS ROSTROS DE LA MUERTE, JUAN CARLOS SOSA AZPURUA,

Juan Carlos Sosa Azpúrua escribió una novela (La muerte tiene muchos rostros, Ediciones PYV, Caracas, 2014) en la que explora un género novedoso que de manera un tanto provocadora podríamos llamar “realismo-real”, en oposición al famoso realismo mágico y su antecesor real-maravilloso, ambos fenómenos latinoamericanos que tantos favores le hicieron al comunismo internacional, hincando sus raíces comunes en el ya para entonces denostado realismo socialista.
No debe ser casual que sus más conspicuos representantes, Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier respectivamente, fueran ambos castristas, sutiles propagandistas del comunismo y representantes, oficioso y oficial, del régimen de La Habana.
Así que, de entrada, el libro de Juan Carlos implica un conjunto de osadías. La primera, no la mayor, es que incursiona en un espacio de absoluta hegemonía izquierdista. En efecto, en Venezuela hay una larguísima tradición de literatura testimonial, pero en su mayoría, sino toda, ha sido escrita desde una perspectiva de izquierda.
Los textos, sean novelas, cuentos o poesías, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo pasado, describen las peripecias de aventuras guerrilleras, conflictos morales y emocionales de la derrota, testimonios de vida de dirigentes de partidos comunistas o socialdemócratas que, para este efecto, es lo mismo.
Así, ésta sería la primera novela específicamente política escrita desde una perspectiva no comunista, que no sucumbe al temor reverencial que ha impuesto el izquierdismo en el medio cultural, al terror de ser calificado como “de derecha”, lo que implica la exclusión inmediata del medio e incluso al mero poder ser considerado intelectual. Como se sabe, la izquierda acapara la inteligencia y el ingenio, dejando a la derecha el monopolio de la brutalidad y la estulticia.
Este guión era fácil de vender cuando la izquierda estaba en la oposición y tanto más si formaba parte de la resistencia contra las sempiternas dictaduras militaristas; pero cuando acceden al poder trastocando roles con militares y policías represivos, resulta francamente indigerible.
Esta es la razón de los conmovedores lamentos de tantos artistas e intelectuales que claman porque esta tiranía pase pronto para ellos volver a llamarse de izquierda sin sentir vergüenza; así como del empeño exasperante de seguir llamando “fascista” a este régimen siendo como es una franquicia de los Castro Brothers.
Desafiando los análisis habituales de los críticos literarios, esta novela no es un fin en sí misma, ni un mero ejercicio estético o retórico, sino que pretende explícitamente llegar al lector con dos finalidades: Esclarecer una situación deliberadamente oscurecida y cambiar la narrativa con la que se pretende engañar al país y al mundo. Narrativa que comprende dos interlocutores necesarios, el gobierno y su oposición oficial, que se necesitan tanto el uno al otro como una mano a otra para lavarse.
La novela-verdad presupone un guiño entre autor y lector, un pacto tácito que dice así: “Esto es pura ficción; pero todos sabemos que es la cruda realidad”.
ROSTROS DE LA MUERTE
Al contrario de lo que sugiere el título, esta novela no trata de la avalancha de muertes que ahoga al país desde hace años, pero que en estos días ha aumentado al punto que es imposible ocultarlo, a pesar de la imposición de censura y autocensura.
Más bien se trata de modos de morir: una sería la muerte física que acompaña a la vida como su reverso inevitable; discutiblemente, porque el libro es un diálogo permanente, la muerte de los ideales, víctima del cinismo reinante; otra, la de las ilusiones, que sería consecuencia de la anterior y por último, la peor de todas, la muerte del alma, que signa a quienes eligen ser esclavos.
Son los usufructuarios del poder, esa mezcla de fanáticos, psicópatas y oportunistas sin escrúpulos cuyo principio de conducta es la venganza y su norte la destrucción; pero también pueden ser personas obnubiladas por la propaganda oficial, que optan por el silencio, de los que no puede saberse si realmente creen las mentiras oficiales y ofrecen una neutralidad simulada a cambio del quince y último, una misión, la promesa de una vivienda o la precaria seguridad de los indiferentes.
La renta petrolera es una fuente casi infinita para comprar voluntades, sobornar conciencias, neutralizar rebeldías; el poder de la petro-chequera se extiende al exterior aumentando la mudez, ceguera y sordera naturales de la mal llamada comunidad internacional ante las tragedias que ocurren en países vecinos, bajo el tácito acuerdo de que los demás tampoco miren mucho el patio respectivo.
La nueva narrativa implica no aceptar el lenguaje del opresor, por tanto, rechazar el discurso clasista que impone una visión de la sociedad como si estuviera dividida en clases antagónicas; el racismo, incluyendo esa imagen de Bolívar que lo representa como si hubiera sido un mulato cubano; el apelativo “bolivariano” adosado a todas las instituciones públicas; así como los símbolos patrios con ocho estrellas o el caballo puesto al revés, que son parte de la simbología colonialista cubana.
La primera gran denuncia consiste en señalar sin ambages que la oposición forma parte del régimen, es un cómplice necesario sin el cual no sería posible el fraude electoral, pero tampoco el tinglado de instituciones ficticias detrás de las cuales se esconde el nudo poder del crimen organizado transnacional.
Es cierto que este es un régimen criminal, pero no lo es menos que se sostiene gracias a la colaboración y encubrimiento de la oposición oficial, que ni siquiera quiere llamarse oposición, sino que se identifica como “alternativa”, una leal oposición a su majestad.
Otra denuncia contundente señala el bazar en que se ha convertido la política criolla; nos enteramos de que no solo hay empresas de maletín sino también partidos de maletín. Algunos gestores inscriben partidos a nivel nacional en el CNE reservándose una especie de marca comercial; luego ofrecen su apoyo al mejor postor y venden el  partido con todo y siglas, banderas, himnos y hasta un programa ideológico registrado.
Este mercadeo también se extiende al exterior. Aparecen gurúes que ofrecen asesoría en medios y contactos urbi et orbi a cambio de honorarios exorbitantes; en realidad son hábiles embaucadores con mucho rating en los medios y lobbies internacionales.
Hay que salir al exterior y caer en el campo minado de mentiras sembradas por la oposición de que en Venezuela hay una democracia imperfecta, un déficit democrático quizás, pero en vías de superación; que hay elecciones limpias que no han sabido ganar, pero están en eso; la más cruel de todas, por aniquiladora: que el país se divide en mitades exactas, fifty-fifty, entre gobierno y su alternativa, los demás, no existimos.
El mundo político es una jungla infectada de depredadores y parásitos oportunistas; pero hay que pasar por ella para alcanzar la meta: la libertad y por añadidura devolver la decencia a la política.
LA CUESTIÓN MILITAR
En esta como en tantas otras obras literarias tan importante como lo que se dice es lo que no se dice, los vacíos que tiene que rellenar el lector basándose en su propio conocimiento, en la experiencia y en afirmaciones que se hacen desde afuera, lo que se llama el discurso contextual.
Quizás el peor crimen del chavismo fue crear un partido militar o, para decir lo mismo con otras palabras, haber organizado una logia de militares activos como si fuera un partido político. Estos fueron los que a la postre tomaron el control del Estado y dentro de él de las FFAA, con la consecuencia inevitable de destruir su imparcialidad.
Los comunistas no creen en la imparcialidad de las instituciones. Para ellos todo es político y la política la define el Partido. La variante castrista agrega el ingrediente militarista, con lo que la ecuación queda así: “Todo es política. La política es guerra. Luego, todo es guerra.”
Sin instituciones imparciales no puede existir un Estado democrático con igualdad y libertades ciudadanas. Esto es palmario en el caso del Poder Electoral, como en el  Poder Judicial, porque sin jueces independientes e imparciales no hay garantía legal alguna para los ciudadanos.
Ni hablar entonces de las FFAA, que son las garantes de la Constitución. Si se vuelven  partisanas subordinan a todos los demás poderes públicos y las garantías ciudadanas quedan sin respaldo institucional, entonces, la libertad civil desaparece.
Así, el aspecto más importante para salir de una situación que luce trancada por el secuestro de todas las instituciones y la eliminación de garantías legales, consecuencia de la ocupación comunista cubana, es el  papel de los militares.
La solución es militar, se dice; pero no puede ignorarse que toda esta trampa ha sido montada y es administrada por militares, por lo que la propuesta es una paradoja: los militares nos metieron en este embrollo; pero no hay salida sin los militares.
Para salir de la trampa el movimiento debe nacer en la sociedad civil y ser de tal contundencia que obligue a los militares institucionales (no comprometidos a muerte con los comunistas cubanos, con los terroristas de las FARC, con el narcoestado, con crímenes de lesa humanidad) a cumplir con su deber de policía constitucional.
La respuesta no es fácil: ¿Quiénes son esos militares? ¿Dónde están? Pero, ¿existen realmente? Se trata de una apuesta aventurada. El militar institucional no lo es de antemano sino que aparece, nace de la coyuntura, es producto de las circunstancias.
Históricamente ha ocurrido siempre así, en todas las épocas han aparecido los hombres que calzan con las necesidades apremiantes de la sociedad como el zapato en su  horma, no por casualidad, sino porque se modelan sobre ellas.
Pero la apuesta sigue siendo aventurada, la tarea es ardua, peligrosa y luce casi imposible de lograr. ¿Por qué JCSA asume una tarea de tal magnitud (decir la verdad) cuando está científicamente demostrado que la mayoría de las personas prefiere creer una mentira reconfortante que encarar una verdad dolorosa?
Quizás sea porque sabe que la verdad está ahí y rompe inmutable cualquier marejada de mentiras. Ella no necesita justificación, al revelarla se impone y una vez expuesta a la conciencia la expande de tal modo que ésta nunca puede volver a la estrechez original.
Quizás sea solamente un hombre de fe, que ha hecho y sigue haciendo su esfuerzo, en la medida de sus posibilidades y les plantea un reto a sus conciudadanos para que traten de hacer el suyo, sin ingenuas esperanzas, pero en la seguridad de hacer lo que es correcto.
Lo más previsible es que la primera respuesta sea el silencio, ignorar el mensaje no como el que no sabe, sino como el que no quiere saber.
Luego vendrá el halago, el intento de compra, la oferta que no se puede rechazar, según las  prácticas ancestrales de la mafia.
Si esto falla, entonces será el chantaje, la calumnia, la amenaza, hasta llegar a la arena en que se sienten más cómodos, el de la violencia y el terror.
¿Cuántos lo han sufrido? ¿Quién puede resistir y sobrevivir? Es el método de Castro que muy improbablemente haya tomado de Putin, porque la malignidad de la mafia es universal.
El gangsterismo es la fase superior del comunismo.
Luis Marin
lumarinre@gmail.com
@lumarinre

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jueves, 2 de octubre de 2014

LUIS MARÍN, LA MALDICIÓN DE PÍO TAMAYO

PÍO TAMAYO UN HOMBRE DESAFORTUNADO

De José Pío Tamayo puede decirse con toda propiedad que fue un hombre desafortunado. Ninguna de las empresas que emprendió, fueran económicas, políticas e incluso literarias, arribó a buen puerto. Todas, sin excepción, naufragaron en las tormentas del camino.

La tiranía militarista bolivariana de Juan Vicente Gómez lo enterró en vida en el Castillo de Puerto Cabello en 1928 sentenciando que no saldría de allí sino muerto, lo que cumplió a cabalidad porque sólo tuvo una breve dispensa, precursora de lo que hoy llamarían “casa por cárcel”, para morir miserablemente en Barquisimeto el 5 de octubre de 1935, apenas dos meses antes que su verdugo.

En todas las culturas existe un personaje, a veces maléfico a veces sólo travieso, como el diablo de la imprenta, un hado o un jorobadito, que tuerce las cosas, trastoca las señalizaciones de la ruta, se burla de pronósticos, frustra nuestras mejores intenciones y genera los resultados más inesperados.

En Venezuela, por alguna razón misteriosa, se prefiere atribuir este papel a una “mano peluda” que siempre está interfiriendo desde las sombras para desquiciar el curso del destino o quién sabe si, visto de otro modo, no sea más bien su agente encubierto para lograr que sea lo que tiene que ser.

NO ERA UN ESTUDIANTE Y POR TANTO TAMPOCO PERTENECIÓ  A LA GENERACIÓN DEL 28

En el caso de JPT esto es particularmente notorio, considerando que él no aparece a la hora de los homenajes y hasta monumentos conmemorativos de la llamada Generación del 28, con el argumento casi unánime de que “no era un estudiante”. Extremando el argumento, ni siquiera era de esa generación porque ya frisaba los treinta años mientras los demás andaban en sus veinte.

Lo curioso es que ese argumento que parece plausible para excluirlo de toda mención, no lo fue al momento de la organización del evento central de la Semana del Estudiante en el Teatro Municipal, en que Pío Tamayo recitó su famoso “Homenaje y demanda del indio”, que produjo tanta conmoción y que, al fin y al cabo, le costó la vida.

SIN EMBARGO EN LA SEMANA DEL ESTUDIANTE FUE QUIEN TOMÓ LA PALABRA EN EL MUNICIPAL

¿Qué mano peluda puso a JPT allí, en el centro de la escena, para que dijera lo que dijo? ¿Por qué él y no otro, entre quienes había tantas plumas finas, como la de Andrés Eloy Blanco?

Cuenta Isabelita Jiménez Arráiz que le advirtió, cuando le leyó el poema en su casa: “Pío, tú sabes que de allí sales preso”. Y más tarde en una nota clandestina a la prisión: “fíjate que todos los demás salieron y tú te quedaste, eso fue lo que ganaste”.

Pero Pío reaccionó muy airadamente al primer comentario: ¡déjate de veletismo! Y a   éste segundo más bien con cierta melancolía, comparándose con aquellos árboles que echan sus semillas al viento, sin saber dónde van a retoñar.

Y MURIÓ EN SILENCIO SIN SALVAS, MANIFIESTOS O DUELOS PÚBLICOS

“Así he sido yo. No creas que esto se acaba. Esto, como las flores del samán, va a volar por todo el mundo. Y tú no supiste comprender que así era mi palabra. La palabra de Pio Tamayo está en estos momentos volando por el mundo entero. De manera que mi palabra no ha muerto y va a germinar. Y tú vas a ver que será como el samán que donde menos se espera salen nuevos samanes.”

Pero JPT murió en silencio, sin salvas, manifiestos, ni duelos públicos, salvo el de sus antiguos peones que quisieron cargarlo hasta su última residencia en la tierra.

CUIDADO CON LOS POETAS

El drama es más o menos así: el indio se lamenta de que le han raptado a su novia y suplica a la Reina Beatriz I que mande a sus súbditos, los estudiantes, que vayan a buscarla. Su novia se llama… ¡Libertad!

Misteriosamente desde entonces la sociedad venezolana ha descargado sobre los hombros de los estudiantes esta tarea. Son los llamados a buscar la libertad y a ser sus custodios, en un país devastado por sempiternas tiranías militaristas bolivarianas.

Esa situación perdura en nuestros días y esa dialéctica de prisión y rebeldía parece ser el sino de nuestra historia, magistralmente simbolizada con su vida y condensada en muy pocas palabras por José Pío Tamayo, con plena conciencia de su trascendencia.

SU CÁRCEL FUE EJECUTIVA SIN LA CHARADA DE UN JUICIO

Su cárcel fue ejecutiva, sin la charada de un juicio con acusaciones rebuscadas como estilan los militares de hoy en día, sino que fue encerrado arbitrariamente y punto, bajo vagos señalamientos de ser comunista, agente de alguna fuerza antinacional y el todavía más indemostrable de haber traído las huelgas a este país.

Pero simultáneamente era repudiado por los comunistas, que entonces todavía abrigaban la pretenciosa idea de contar con una concepción científica de la sociedad y el Estado, por lo que lo despacharon como un iluso idealista.

CONDENADO A MUERTE POR COMUNISTA SE DECLARÓ A SÍ MISMO MILITANTE DE LA IDEALIDAD AVANZADA

Sólo muy tardíamente trataron de reivindicarlo como una suerte de precursor del socialismo, basándose sobre todo en sus clases en el Castillo Libertador; pero lo cierto es que él no se definía a sí mismo como comunista sino de “idealidad avanzada”, lo que, por supuesto, era un anatema.

Desde los orígenes del pensamiento occidental, los poetas han sido considerados siempre como poco confiables en política, en particular porque privilegian los sentimientos en detrimento de la razón, que es el eje de la acción política.

Nada puede estar más alejado del cálculo frío, de la pretensión de un “comunismo científico”; ni igualmente equidistante de la mezquindad acomodaticia de los corifeos del gomecismo. El sino de Pio Tamayo es, pues, la incomodidad, la molesta inquietud que causan aquellos que no pueden encasillarse fácilmente.

JAMÁS SE GANÓ UN PREMIO NI FUE OBJETO DE RECONOCIMIENTOS

JPT nunca se ganó un premio literario, no fue objeto de homenajes ni reconocimientos, aún en la actualidad, en que la más reciente tiranía militar bolivariana quiso elevarlo de forma oportunista a las honras del  Panteón Nacional, con la manifiesta oposición de sus familiares y amigos, este propósito se extravió en los vericuetos de la burocracia oficial.

Igual suerte corrió la solicitud de darle su nombre a la nueva Sala E de la Biblioteca Central de la UCV, donde su Cátedra ha funcionado por más de treinta años. Las autoridades de esta ilustre casa de estudios prefirieron darle el nombre de Francisco de Miranda, esto a pesar de que la antigua Sala E ya se llamaba así, con lo que hay dos salas homónimas y sin contar que así se llama el Estado Federal lindante con la Universidad, la principal avenida central de Caracas y ser éste un militar sin ningún vínculo conocido con la Universidad.

Y LA CÁTEDRA QUE LLEVA SU NOMBRE ES EXPULSADA HOY POR MOTIVOS DE OPINIÓN

Ora por presiones del gobierno o quejas de la oposición oficial, las autoridades fueron más allá declarando a la Cátedra Pío Tamayo como un “ente externo” a la UCV, para desembarazarse de la incomodidad que causan las opiniones que allí se ventilan.

Debe ser el único caso en la historia universitaria en que toda una Cátedra es expulsada de una Universidad por motivos de opinión.

Así que cercano a los 80 años de su muerte, la nube negra sigue gravitando sobre la cabeza de JPT y por lo que se ve, de cualquiera que se le acerque o invoque su nombre.

EL ALA LUMINOSA

Otro aspecto incomodo que trae el caso de JPT es constatar que aún bajo las tiranías más abyectas hay gente que la pasa estupendamente bien. Aunque haya que reconocer que no sólo bajo el gomecismo existía un ala luminosa, es seguro que puede rastrearse una cáfila de privilegiados a la sombra de cualquier tiranía que haya padecido este país, incluyendo la actual tiranía filo castrista.

El más sobresaliente fue por supuesto Arturo Uslar Pietri, que sí era de la generación del 28, pero al contrario de sus compañeros que se debatían entre la cárcel y el exilio, estaba cómodamente en París junto a la legación gomecista y su familia, que vivía en Maracay en la vecindad del tirano, tenía con él una relación intima, más que amistosa.

Pero también estaba José Gil Fortoul, paisano de Pío Tamayo, de cuyas diligencias a su favor no existen evidencias y no parece que hayan mejorado su situación en cautiverio sino todo lo contrario,  al parecer las empeoró.

Son famosos Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya; pero sería arduo e injusto tratar de nombrarlos a todos porque siempre quedan muchos fuera y además la cuestión central es desbaratar el mito de que las tiranías militares no gozan de apoyos ilustres e incluso de fervor popular.

EL VIVO CONTRASTE ENTRE EL MARTIRIO Y LA EXUBERANCIA

Lo cual crea una eterna controversia de carácter moral, porque no se sabe quién tiene al final la razón, si unos u otros: ¿Qué hubiera pasado si JPT hubiera leído un panegírico de JVG como hacían tantos? ¿Hubiera sido más inteligente de su parte? ¿Le hubieran premiado con una beca al exterior en lugar de la feroz persecución que le tocó sufrir? ¿Cuál sería hoy su imagen? ¿Qué partidarios tendría?

La sola mención de Pío Tamayo vuelve a plantear ese doloroso dilema: pensemos en los privilegiados de la actual tiranía. Los mismos que persiguen hoy la memoria de JPT, que quisieran borrarlo de todo recuerdo son los que advierten la herida social que representa, el vivo contraste entre el martirio y la exuberancia.

JPT desafió a la tiranía de JVG no con las armas, como había sido la costumbre hasta ese momento, sino con la palabra, con el verbo encendido, un enemigo nuevo que incomodaba al régimen y contra el que no estaba preparado para luchar.

Esto fue una ruptura con las montoneras propias del siglo XIX, con las intentonas cuartelarías y las invasiones que eran las formas de acción tradicionales, para dar inicio a una nueva concepción de la lucha política, no militarista sino civilizada. Venezuela entraba sin retorno al siglo XX.

“SOY UN INDIO TOCUYO, YO”

Pero hay otra cuestión embarazosa. Cuando Pío Tamayo tiene la  osadía de pararse en el medio del escenario del Teatro Municipal para decir: “Soy un indio tocuyo, yo”; estaba desafiando también a la buena sociedad, que no era exactamente una aristocracia, pero tenía pretensiones de ascenso, lo que desencajaba con ese discurso.

Y este es otro problema de Venezuela, el de una sociedad de castas que no termina de asimilar los valores democráticos, por lo que las relaciones se enredan en hipocresía, impostura y simulación. Las élites no han cedido nada, solo se llevan sus prejuicios racistas a la alcoba y no los ventilan en público para conservar la corrección política.

La gran ventaja de Pío Tamayo es que nunca podrá ser el centro de ninguna escuela, ni política ni literaria, las élites no podrán sacarle provecho porque no está dado para el éxito sino para el fracaso, no para el oropel sino para la fría oscuridad del calabozo.

ÚTILES PARA SACRIFICARSE, INÚTILES PARA TRIUNFAR

“¿Somos simplemente unos líricos, los últimos románticos quizás o somos los revolucionarios sanos de conciencia e infantiles de corazón que necesitan los pueblos, útiles para sacrificarse, inútiles para triunfar, pero indispensables siempre para la mejoría de la humanidad?”

EL HIJO DE DIOS RESULTA SER NO EL HOMBRE EXALTADO SINO EL ESCARNECIDO

Una vez más los hijos de apellidos de mucho lustre y abolengo, que abusan del inmenso poder de que disponen para perpetrar el feo vicio del auto-homenaje, le niegan el más mínimo espacio a los “humillados y ofendidos”; no es solo que nieguen el derecho de petición, sino que ni siquiera responden, así sea negativamente, lo que los asemeja más al gobierno títere, que tanto repudian.

Misteriosamente, el hijo de Dios resulta ser no el hombre exaltado sino el escarnecido.

Luis Marín
lumarinre@gmail.com
@lumarinre

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martes, 29 de abril de 2014

LUIS MARÍN - RESISTENCIA A LA OPRESIÓN

Una de las características más exasperantes de   la actual tiranía militar comunista es que la junta militar no se muestra abiertamente, como era tradicional, sino que ejerce el poder embozadamente, ocultándose detrás de unos supuestos poderes públicos que no son otra cosa que altoparlantes o cajas de resonancia de sus decisiones arbitrarias.

Detrás de esta práctica política hay toda una filosofía del poder que lo representa como una máscara, un artificio de teatro, hecho para divertir a las masas o más precisamente para engañar al público.

Todas las instituciones de la democracia occidental, pero también la iglesia, han sido interpretadas por los comunistas como una farsa de los ricos para engañar a los pobres (esa era, por cierto, la consigna del partido de Tibisay Lucena en la Universidad); en consecuencia, la democracia popular debe hacer exactamente lo que ellos ya han decretado: constituir una farsa deliberada pero esta vez no para engañar sino para aplastar al enemigo de clase, a la burguesía. Y nada ni nadie los sacará de ese libreto.

De manera que no puede esperarse nada de estas supuestas instituciones completamente vaciadas de contenido, porque no están hechas para la defensa de los ciudadanos o para garantizar sus derechos fundamentales; sino que son herramientas para una supuesta, ilusoria, fantástica y delirante lucha de clases.

Esto no sólo hace más comprensible el rol de los elementos colaboracionistas que se comportan “como si estuvieran en la república de Platón y no en la sentina de Rómulo”; sino el de auténticos y sinceros opositores que repiten constantemente que, por ejemplo,  la SC del TSJ decidió defenestrar a MC, prohibir las manifestaciones públicas, destituir y poner presos a los alcaldes o el CNE decidió convocar elecciones en esos municipios; siendo la realidad que esos sujetos no deciden absolutamente nada, sino que cumplen a discreción las órdenes de la junta militar comunista para darles una fachada “legal”.

Aquí hay toda una concepción política: ellos creen firmemente que todos los sistemas son así, que ellos descubrieron cuáles son los intríngulis del poder y lo ejercen con desfachatez y plena conciencia de lo que están haciendo; al contrario de lo que ocurre en las democracias “burguesas”, en que se hace lo mismo pero inconscientemente, cubiertos por el manto de una ideología encubridora.

Desafortunadamente para la junta militar comunista, por mucho que se esconda, sus acciones quedan a la vista del público y pueden ser analizadas críticamente describiendo lo que sale a la superficie de toda esta enrevesada tramoya. Por ejemplo, las argumentaciones del abogado Fidel Castro pueden sostenerse sólo porque prohíbe terminantemente que se las contradiga, so pena de muerte; pero en el mundo real no resisten el menor análisis y Castro queda como lo que es, un tramoyero.

La reciente sentencia, si puede llamarse así, de la SC del TSJ, que prohíbe las manifestaciones públicas y pone una amenazadora espada de Damocles sobre la cabeza de los alcaldes que creen que la sumisión es una política viable, puede ser ilustrativa.

Veamos, las constituciones no crean derechos humanos fundamentales sino que sólo establecen garantías para esos derechos, que son anteriores y supraconstitucionales, admitiendo que las personas nacen con ellos y los tienen por simple condición humana.

Desde la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 se reconoció que los hombres nacen libres e iguales, con derechos naturales e imprescriptibles que son: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Si los tomamos en serio resulta que resistir a la opresión es un derecho humano fundamental, violarlo o restringirlo es violar derechos humanos. Al contrario, el derecho a reprimir manifestaciones públicas no existe en ninguna constitución, más bien se prohíbe expresamente, incluso el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas, algo que se ha vuelto habitual en este país.

Decir que las manifestaciones deben someterse a la ley es una perogrullada o una tergiversación, porque la ley es para aplicar los derechos contenidos en la constitución y no puede servir para impedir su ejercicio.

Asimismo el concurso de derechos según el cual no es posible manifestar porque se obstruye el libre tránsito y otros derechos es un argumento falaz, no sólo porque tampoco sería posible transitar si se impide el derecho a manifestar, sino porque sería imposible el mismo libre tránsito, porque no podemos transitar todos a la vez, al mismo tiempo y por el mismo lugar. Para eso es que sirve el recurso a la ley, para que los derechos de unos coexistan con los derechos de otros, logrando lo que se llama convivencia pacífica.

Así como está prohibido interpretar un contrato de tal manera que se haga imposible su realización; la Constitución no puede interpretarse en un sentido de haga nugatorios los derechos que por principio debe garantizar, porque para eso es que existe.

 Las constituciones sólo hacen dos cosas: garantizar los derechos y dividir los poderes; si no hacen esto, entonces, no hay constitución.

HACIA LA LIBERTAD

A muy destacados historiadores venezolanos, casi todos de inspiración socialdemócrata, les gusta describir la evolución de la sociedad venezolana como un largo camino “hacia la democracia”; como si esta parte de la humanidad luchara fatigosamente por salir del pantano del caudillismo militar para elevarse a las cumbres de la civilización.

El problema, no pequeño, es que las revoluciones socialistas del siglo XX se empeñaron en hacer compatible la democracia con la dictadura y ciertamente lo lograron, tanto en la teoría como en la práctica, en lo que llaman “dictadura democrática del proletariado” como forma de organización política de la sociedad y “centralismo democrático” como forma de organización del partido socialista, lo que se traduce en el sometimiento irrestricto de la minoría a los dictámenes de la mayoría.

Nótese que todos los países sometidos a la órbita soviética, de Europa del Este pero también Vietnam, Camboya e incluso China, se hacían llamar “democracias populares”, en militante contraposición a las “democracias burguesas” de occidente.

Es un hecho muy curioso que en Venezuela tanto el gobierno como la oposición oficial se autodenominan “demócratas” y no hay absolutamente nadie que cuestione la democracia ni siquiera como la menos mala de todas las formas de gobierno.

La razón es muy sencilla: desvinculada del elemento “libertad”, que siempre debería acompañarla para evitar la tiranía de la mayoría y garantizar los derechos individuales, la democracia es una chaqueta que le ajusta perfectamente a todo el mundo, incluso a los militares golpistas, que se arrogan la representación del pueblo, más que eso, ellos son el pueblo, con lo cual ya no tienen que contarse ni celebrar auténticas elecciones, como en Cuba.

De manera que el giro más importante que la juventud de este siglo XXI le ha dado a su lucha es que se trata de una lucha por la libertad. La democracia no basta e incluso es una gran amenaza si no se atempera con la libertad que es el primero y más fundamental de todos los derechos humanos.

La libertad se ha entendido en dos sentidos: uno, como la posibilidad de hacer lo que se quiera sin más impedimento que la libertad de los demás; otro, como autonomía, esto es, cumplir sólo la ley que nos damos a nosotros mismos, de manera que obedeciendo permanezcamos tan libres como antes.

Pero oculto bajo este malabarismo rousseauniano, ideado para fundamentar el estado constitucional y el régimen representativo como el único que hace compatible la libertad con la obediencia a la ley, se escurre el segundo gran enemigo de la libertad.

El positivismo extremo considera que la ley es lo que diga el legislador, quienquiera que sea y diga lo que diga. No hay que ser constitucionalista para advertir el peligro que entraña esta facultad de dictar la ley y  el desafío que lanza contra los ciudadanos que se consideren libres y estén dispuestos a defender su libertad.

Igualmente, el positivismo considera que la palabra del juez al resolver la aplicación de la ley al caso concreto es la que crea el derecho entre las partes, sin que haya más nada en la realidad de donde agarrarse.

Y estos son los dos caballos de batalla del totalitarismo socialista, que lo hacen digerible para ciertos ideólogos interesados: la democracia, como dictadura de la mayoría y el positivismo jurídico como dictadura de la ley (y la sentencia como ley).

Se ha dicho muchas veces pero es indispensable repetirlo: una vez que el totalitarismo socialista impone su pseudolegalidad revolucionaria, la única manera de salir de la trampa jaula es rompiendo con esa seudolegalidad, rebelándose, resistiendo.

Aclaramos para tranquilidad del buen padre de familia: la pseudolegalidad socialista es profundamente irracional, ilegal e inconstitucional, es lo que vemos a diario y todos no podemos estar locos; romper con ella significa establecer una legalidad normal, racional, de sentido común, garante y no enemiga de los derechos individuales.

La rebelión es la bendición de la juventud, su sello vital, por eso todavía hay esperanza. A los viejos políticos habría que decirles: “Si van a ayudar, no estorben”.

LEVANTAR LA MORAL

Dicen que las guerras se ganan por la moral de las tropas e igual se pierden. Los grandes logros del movimiento estudiantil eran inconcebibles hace apenas dos meses, no sólo por el cambio de percepción de la llamada “comunidad internacional” que tiene otros asuntos prioritarios de qué ocuparse; sino principalmente de la “comunidad nacional” que se ha visto obligada a rediseñar su agenda por el cambio generado por la irrupción estudiantil.

Cierto que todo movimiento ascendente al llegar a su punto más alto se estaciona, luego tiende a descender, para volver a remontar, si las condiciones son propicias y no cunde el desaliento. Este sería el mayor peligro para el movimiento estudiantil y el cálculo que hacen sus enemigos para dividirlo, con el señuelo de que hay que retirarse cuando estas ganando porque sino puedes perder todo en una apuesta arriesgada.

Cuentan que un cínico secretario de estado americano decía que no hay general latinoamericano que resista un cañonazo de un millón de dólares. ¿Podrán los líderes estudiantiles resistir la tentación de Mefistófeles del régimen y la MUD? Está por verse.

El llamado “diálogo” es una táctica diversionista para encubrir la represión, lo mismo que la política de “paz”, lo más soviético que han hecho los cubanos en Venezuela. Bajo esa consigna se peleó la guerra fría y se construyó el arsenal atómico de la URSS, suficiente para borrar a toda la humanidad del planeta. Es el ejemplo más socorrido de la neolengua totalitaria denunciada por Orwell: “La guerra es la paz”; “la mentira es la verdad”.

Aceptar una oferta de diálogo de paz es admitir que se está en guerra, como pedir una ley de amnistía es aceptar que se han cometido delitos.

Por su parte, el régimen de ocupación y el colaboracionismo pagan un alto costo por el desafío de la protesta y subsiguiente represión, no pueden ofrecer nada a cambio de la sumisión y los problemas que originan y alientan la protesta son cada día más graves.

De manera que se justifica el nerviosismo inocultable ante sus respectivas clientelas, a las que tratan de apaciguar pero que están dando muestras de impaciencia. ¿Qué pasará si esto se sale de control, como la criminalidad, los precios, la escasez, el tipo de cambio y un largo etcétera?

La situación política venezolana no es mejor pero es más clara: los manejos del régimen y de la MUD están al descubierto para quien quiera verlos y ante la fatalidad de caer en un limbo a la cubana se abre una dimensión de incertidumbre esperanzada.

Puede ocurrir algo, piensa todo el mundo; tiene que ocurrir algo, decimos todos. Y mientras más tarde, peor y más caro.

Luis Marín
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